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lunes, 7 de octubre de 2019

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | La guerra de orgasmos la ganó Alemania oriental

Imagen: El País / Dos modelos en Berlín en 1960
La guerra de orgasmos la ganó Alemania oriental.
¿Disfrutan las mujeres más de sus relaciones en países socialistas? Las diferencias entre la RDA y la RFA son un ejemplo de cómo el capitalismo afecta a la sexualidad.
Kristen Ghodsee | El País, 2019-10-07
https://elpais.com/elpais/2019/10/04/ideas/1570201563_930103.html

Durante cuatro décadas, las dos Alemanias siguieron caminos distintos, sobre todo en lo que respecta a la construcción de masculinidades y feminidades ideales. En Alemania Occidental se abrazó el capitalismo, los roles de género tradicionales y el modelo del matrimonio monógamo burgués en el que el hombre es el sostén de la familia y la mujer es ama de casa. En el Este, el objetivo de la emancipación de las mujeres, combinado con la escasez de mano de obra, llevó a una incorporación masiva de aquellas a la población activa. Como explicaba la historiadora Dagmar Herzog en su libro ‘Sex after Fascism’ (‘El sexo tras el fascismo’), publicado en 2007, en Alemania del Este el Estado promovió activamente la igualdad de género y la independencia económica de las mujeres como características distintivas del socialismo, en un intento de demostrar su superioridad moral por encima del Occidente democrático y capitalista. Ya a principios de la década de 1950, se animaba desde las publicaciones estatales a los varones alemanes a participar en el trabajo doméstico, compartiendo así la carga del cuidado de la descendencia de forma más equitativa con sus esposas cuando estas también trabajasen a jornada completa.

Según la profesora de Estudios Culturales Alemanes Ingrid Sharp, en Alemania del Este se creó una situación en la que las mujeres ya no dependían de los hombres, y esto les proporcionaba una sensación de autonomía, lo cual redundaba en un comportamiento masculino más generoso en la cama. Si las novias y esposas de Alemania Occidental se sentían insatisfechas con el desempeño sexual de sus compañeros masculinos no tenían demasiadas opciones, pues como dependían económicamente de sus parejas lo máximo que podían hacer era intentar convencerlos para que fuesen más atentos con sus necesidades. En el Este, los hombres que deseaban mantener relaciones con mujeres no podían comprar el acceso a ellas con dinero, por lo que tenían incentivos para mejorar su comportamiento. (...) En 1984, Kurt Starke y Walter Friedrich publicaron un libro con los resultados de sus investigaciones sobre el amor y la sexualidad entre sus compatriotas menores de 30 años. Así, descubrieron que la juventud de la RDA, tanto hombres como mujeres, estaba muy satisfecha con su vida sexual: dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo “casi siempre” y un 18% “con frecuencia”. Starke y Friedrich sostenían que estos niveles de satisfacción personal en la cama eran resultado de la vida socialista: “La sensación de seguridad social, el equilibrio en cuanto a responsabilidades educativas y profesionales, la igualdad de derechos y de posibilidades a la hora de participar en la vida social y determinar su curso (...)”.

En una encuesta de prácticas sexuales femeninas realizada por el Gewis-Institut de Hamburgo para Neue Revue, el 80% de las alemanas orientales respondió que siempre llegaba al orgasmo, en comparación con el 63% de las occidentales. (...) El contexto [de este estudio] era la pugna ideológica entre el Este y Occidente: una guerra fría que se libraba en el campo de batalla de la sexualidad y en la que el potencial de orgasmos sustituía a la capacidad nuclear. Efectivamente, Sharp explica que la continua vinculación que hacían los sexólogos del Este entre el mayor disfrute sexual de las mujeres de la RDA y su independencia económica y su confianza en sí mismas suponía una amenaza para la sensación de seguridad de Alemania Occidental. La respuesta de los medios occidentales contra la idea de que en el Este pudieran tener algo mejor fue contundente y dio paso a lo que Sharp llamó la “Gran Guerra de los Orgasmos”. Los continuos debates sobre las comparaciones entre los niveles de satisfacción sexual de las dos Alemanias animaron a los historiadores Paul Betts y Josie McLellan a explorar el tema con mayor profundidad en su libro ‘Love in the Time of Communism’ (‘El amor en los tiempos del comunismo’), donde se disecciona el tema a lo largo de 239 páginas. Betts y McLellan confirman la idea de que la independencia económica femenina contribuyó a crear una forma de sexualidad única, no mercantilizada, tal vez más “natural” y “libre”, que floreció en el Este y que permite afirmar que, si bien la teoría de la economía sexual proporciona una descripción adecuada de los mercados del sexo, esta solo es aplicable a las sociedades capitalistas. Sin embargo, como apuntan estos autores, otros factores contribuyeron a las diferencias entre las culturas sexuales. En primer lugar, la Iglesia desempeñaba un papel mucho más importante en la regulación de la moral y la sexualidad en Occidente que en el Este, secular y ateo (aunque es importante señalar que el estudio de 1984 realizado por Starke y Friedrich no encontró diferencias entre las respuestas de las ateas y las de quienes profesaban alguna religión). En cualquier caso, resulta incontestable que la cultura de Alemania Occidental abrazó los patrones de género tradicionales de las Iglesias católica y protestante en mucha mayor medida que la cultura de la Alemania Oriental. En segundo lugar, la naturaleza autoritaria del régimen de la RDA restringía el acceso a la esfera pública, por lo que su ciudadanía respondió retirándose al ámbito privado, donde se construyeron vidas íntimas, acogedoras y ajenas a la ideología en las que refugiarse de la omnipresencia del Estado en todos los demás planos. En tercer lugar, en el Este había mucho menos que hacer en comparación con las distracciones comerciales de Occidente, por lo que probablemente la gente dispusiera de más tiempo para dedicarlo al sexo. Y, por último, el régimen de la RDA animaba al disfrute de la vida sexual como medio para distraer a sus habitantes de la monotonía y de las relativas privaciones de la economía socialista, así como de las restricciones en los desplazamientos.

(...) La idea que se tenía del sexo en Alemania del Este sigue resultando conservadora cuando la comparamos con los estándares actuales. Los gais y las lesbianas, aunque no sufrían una persecución abierta, llevaban vidas limitadas, confinadas a la esfera privada. Y, por mucho que el Estado intentase convencer a los hombres de que echasen una mano en casa, las mujeres seguían realizando la mayoría del trabajo doméstico. Pese a la disponibilidad de anticonceptivos y a que el aborto era legal, la RDA, al igual que otros Estados socialistas, seguía manteniendo una fuerte política de fomento de la natalidad: la maternidad se consideraba un deber y los socialistas tendían a ver el sexo como algo que acabaría por llevar al matrimonio y a los bebés. Por último, aunque el sexo placentero se veía como algo deseable para ambos géneros, el Estado nunca estuvo a favor de la promiscuidad descontrolada ni del sexo “hedonístico”: se consideraba que el sexo era una expresión de amor y cariño entre camaradas iguales.

Kristen Ghodsee, etnógrafa, es profesora de Estudios de Rusia y Europa del Este en la Universidad de Pensilvania (EE UU) y autora de varios libros. Este es un extracto de ‘Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo’, que publica Capitán Swing este 7 de octubre.

#libros #mujeres #sexualidad | Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo

Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo / Kristen Ghodsee.
Madrid : Capitán Swing, 2019 [10-07].
220 p.
ISBN 9788412064407 / 18,50 €

/ ES / ENS
/ Capitalismo / Europa del Este / Mujeres – Conducta sexual / Poscomunismo / Sexo / Sexualidad / Socialismo

En un artículo de opinión ingenioso e irreverente que se volvió viral Kristen Ghodsee argumentó que las mujeres tenían mejor sexo en el socialismo. La respuesta fue tremenda: expresó claramente algo que muchas mujeres habían sentido durante años: el problema está en el capitalismo, no en nosotras. Una investigación que explora enérgica y profundamente por qué el capitalismo es malo para las mujeres y cómo, cuando se desarrolla correctamente, el socialismo conduce a la independencia económica, a mejores condiciones laborales, a un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida y, sí, a un mejor sexo.

Kristen Ghodsee.
Es una galardonada autora y etnógrafa que ha pasado los últimos treinta años estudiando las experiencias vividas en el socialismo y postsocialismo en Europa del Este. Se ha especializado en el estudio de la vida cotidiana bajo el socialismo y el postsocialismo, los efectos de género de las transformaciones posteriores a la Guerra Fría y el examen etnográfico de la memoria y la nostalgia en Europa del Este.

jueves, 3 de octubre de 2019

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Kristen Ghodsee, autora y etnógrafa: Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino

Imagen: El Diario / Una pareja hetero de la Alemania Oriental en 1975
Kristen Ghodsee, autora y etnógrafa: Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino.
En ‘Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo’, Kristen Godsee señala al capitalismo como yugo principal de la mujer y destaca algunos aspectos del socialismo de Estado en materia de género. Según la intelectual, todo se basa en la seguridad social porque una sociedad que no castigue a la mujer por tener hijos, ni devalúe su trabajo, provocará que sean más felices y disfruten de su sexualidad sin que esta sea un activo comercial.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2019-10-03
https://www.eldiario.es/cultura/libros/capitalismo-cargo-orgasmo-femenino_0_948055932.html

En la última huelga por el día internacional de la mujer, Ciudadanos rehusó participar porque, en su opinión, ser feminista no es incompatible con ser capitalista. O, en otras palabras, porque faltar a trabajar el día 8 de marzo es un gesto ideológico que no ayuda a la igualdad. Como si el terreno laboral y los cuidados domésticos no fuesen dos de los principales nichos de machismo, al menos, en la sociedad occidental.

Si la escritora y etnógrafa estadounidense Kristen Ghodsee hubiese escuchado a Rivera y a Inés Arrimadas en la víspera de la marcha feminista, se hubiera echado a temblar. Hace un par de años, ella misma fue atacada por el ala republicana y las defensoras del feminismo liberal por una columna en The New York Times titulada ¿Por qué las mujeres tuvieron mejor sexo bajo el socialismo?

La premisa quedaba bastante clara en las siete palabras de la cabecera y no faltó quien la quiso echar a los leones sin siquiera haberse leído el artículo. Estalinista y defensora de los gulags fueron las acusaciones más suaves. Pero, lejos de sucumbir a la presión, Ghodsee convirtió la pieza de opinión en un ensayo de 200 páginas que llega a nuestro país de la mano de Capitán Swing.

Partiendo de la base de que el sexo y el cuerpo femenino hace tiempo que abandonaron la esfera privada, y que incluso los orgasmos fingidos son políticos, la autora encuentra en el capitalismo el peor yugo para la mujer. Su teoría es que, "cuando se desarrolla correctamente", el socialismo conduce a la independencia económica, al equilibrio entre el trabajo y la vida, a mejoras laborales "y, sí, a un mejor sexo".

"Hay evidencias empíricas de que, en el contexto de la Alemania Oriental y Occidental, las mujeres de la RDA indicaron niveles mucho más altos de satisfacción sexual que las mujeres de la RFA", explica la autora a eldiario.es. En concreto, dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo "casi siempre" y un 18% "con frecuencia".

Ghodsee lleva dos décadas estudiando el impacto cotidiano y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín en 1989 y su conclusión siempre es la misma: con la entrada del libre mercado, todos los avances que la mujer consiguió bajo el paraguas del socialismo se fueron a pique. Incluidos los del sexo.

Uno de los conceptos más controvertidos que derivó del libre mercado, según ella, fue la economía sexual. Mientras que en el capitalismo el sexo de las mujeres es un activo que se ven obligadas a vender o regalar para satisfacer sus necesidades básicas, en el socialismo pueden satisfacerlas por sus propios medios y, por ende, serán menos reticentes a venderlo y "más dispuestas estarán a disfrutarlo por placer".

Otros factores que devaluarían el sexo en los estados socialistas son la disponibilidad de anticonceptivos y el aborto legal. Sin embargo, tampoco obvia el papel de Stalin y otros líderes soviéticos en la restricción de todos esos derechos, además de cercenar otros: "Los gobiernos del socialismo de Estado reprimieron los debates sobre acoso sexual, la violencia doméstica y la violación".

Quien crea que Ghodsee llega a esta conclusión a través de un cúmulo de frivolidades, se equivoca. Su ensayo se cuida de parecer un "tratado académico", pero incluye sucesos históricos, encuestas, conceptos económicos y textos sociológicos del siglo XX que conforman de todo menos una lectura ligera. Como hay aspectos que nos llevaría decenas de miles de palabras explicar, qué mejor que los aborde ella misma de su puño y letra.

- Ha tenido que explicar en numerosas ocasiones que no aboga por volver a un sistema como el soviético. ¿Por qué cree que la lucha contra el sistema capitalista se relaciona enseguida con los estados totalitarios?

- ¡Gracias! No estoy defendiendo de ninguna manera volver al socialismo de Estado del siglo XX, y me frustra cuando los críticos intentan definir el libro como una especie de nota nostálgica por el totalitarismo. Hay políticas que han sido aprobadas en países que no son estrictamente socialistas, más bien capitalistas (Europa occidental, Canadá o Australia), y podríamos aprender de ellos en EEUU.

Dondequiera que miremos, el capitalismo contemporáneo está flaqueando. Las políticas de austeridad han destruido vidas y han creado una carga increíble para las mujeres y las familias. Durante demasiado tiempo hemos vivido en un mundo donde las ganancias son más importantes que las personas. Mi libro aboga por un mundo donde las personas y el planeta sean más importantes que las ganancias. Algunas personas dirán que esta es una idea utópica, pero creo que es una visión necesaria para nuestro futuro político y económico colectivo.

- Sin embargo, admite que muchas de las políticas de igualdad conseguidas por el socialismo fueron inmediatamente aplastadas por los hombres que entraban al poder, como Stalin con el aborto. ¿Funcionaba el patriarcado en Europa del Este de forma más velada?

- El patriarcado nunca desapareció en el Este, pero su poder se vio atenuado por la independencia económica y un compromiso fundamental con la emancipación de las mujeres (aunque fuera solo teórica). Aunque no lograron que los hombres contribuyeran al cuidado de los niños y al trabajo doméstico, intentaron apoyar a las mujeres ampliando la red de seguridad social para proporcionar estos servicios públicamente.

En las sociedades capitalistas, el trabajo de las mujeres en el hogar no tiene valor en la economía formal, y los capitalistas pueden aumentar sus ganancias porque las mujeres dan a luz y crían a la próxima generación de trabajadores y contribuyentes de forma gratuita. Piensa en las políticas de austeridad. Cuando el trabajo de cuidar a los niños, a los enfermos y a los ancianos ahora ocurre en el hogar, la carga de ese trabajo recae sobre los hombros de las mujeres.

Por lo tanto, el patriarcado en las sociedades capitalistas es mucho más insidioso que el patriarcado en las sociedades donde hay más provisión pública de servicios sociales.

- ¿Y por qué no sobrevivieron esas políticas socialistas tras la caída del Telón de Acero?

- Porque la transición del socialismo al capitalismo requirió despidos masivos y los estados obligaron a las mujeres a regresar al hogar para ser amas de casa, adonde supuestamente pertenecían. Al abandonar el compromiso con la igualdad de género y las garantías de empleo al mismo tiempo, los estados post-socialistas podrían reducir efectivamente la fuerza laboral a la mitad.

En los países capitalistas, las mujeres siempre han servido como un ejército de reserva de trabajo cuando es necesario, y no importa lo que quieran o no. Las mujeres de Europa del Este fueron en gran medida víctimas del proceso de transición porque los estados podían reducir sus números oficiales de desempleo al reclasificarlas como "amas de casa". En muchos estados, esta fue una política abierta e intencionada que devastó a las mujeres que habían trabajado durante toda su vida.

- Hablemos ahora de la temática del libro y una de las teorías que más ha escamado en su país: el sexo femenino como moneda de cambio para conseguir amor, compromiso y/o manutención. ¿De qué manera ese intercambio sigue existiendo en los países occidentales?

- Sé que esto es muy controvertido, pero claro que todavía existe, y especialmente en los Estados Unidos. La teoría económica sexual tiene muchos problemas, pero lo que me interesa es que la idea del "intercambio sexual" es esencialmente la misma que la crítica socialista del siglo XIX sobre el efecto del capitalismo en las relaciones románticas.

En las sociedades que ponen toda la carga del trabajo de cuidado en las mujeres, ellas tendrán dificultades para combinar el trabajo y la vida familiar. Esto las obliga a depender económicamente de los hombres y esa dependencia a menudo crea una situación en la que las mujeres mismas se convierten en un tipo de mercancía. Los socialistas han hablado de esto durante más de 150 años, pero el problema no ha desaparecido.

Por lo tanto, mi argumento es muy simple pero importante: cuando las mujeres pueden atender sus propias necesidades materiales y las de sus hijos, y ya no dependen económicamente de los hombres, tienen la libertad de dejar relaciones heterosexuales infelices o abusivas o insatisfactorias, si es que las tienen. Esa autonomía básicamente permite una relación más igualitaria con los hombres y más libertad en la sociedad.

- Habla del intercambio sexual dentro del matrimonio. Como Silvia Federici, ¿lo considera más alienante que otras transacciones explícitas y monetarias como la prostitución?

- El trabajo sexual es trabajo. Es un intercambio abierto de fuerza de trabajo. En este caso, servicios sexuales por un salario monetario. Una vez que se transfiere el dinero, se puede reutilizar en la economía para todos los demás bienes y servicios. El trabajo sexual, por supuesto, existía antes del capitalismo.

Pero las mujeres pueden intercambiar el acceso a su sexualidad por una remuneración no monetaria (cena, bebidas, ropa, un anillo de bodas) y estas cosas no se convierten fácilmente en dinero para su uso en el resto de la economía. La mercantilización de la sexualidad no es una transacción negociada explícitamente, sino un conjunto de expectativas sociales cambiantes sobre las cosas que las mujeres pueden o deberían o podrían exigir a cambio del acceso a su sexualidad.

- Por último, ¿qué opina de la defensa del feminismo ‘mainstream’? Es decir, al que ha engullido el capitalismo.

- Ciertamente el capitalismo se ha tragado el movimiento feminista dominante. Creo que todas las feministas deberían ser socialistas si quieren que el gobierno intervenga para corregir las deficiencias del mercado libre en términos de la devaluación del trabajo de los cuidados.

Los mercados libres solo pueden empoderar a las mujeres sin hijos. Y tal vez es por eso estamos viendo una disminución tan profunda de las tasas de natalidad en los países capitalistas avanzados.

Las mujeres saben que su trabajo de cuidado es esencialmente inútil en una economía capitalista moderna, por lo que eligen limitar o renunciar a la maternidad. Pero si las mujeres quieren tener hijos y alguna forma de independencia económica, necesitarán la ayuda de políticas sociales progresivas implementadas por el estado. En definitiva, creo que el feminismo necesita socialismo si quiere trabajar para todas las mujeres.

martes, 2 de febrero de 2016

#hemeroteca #libros #politica | El alma socialista de Oscar Wilde en El Viejo Topo

Imagen: El Viejo Topo / Oscar Wilde
El alma socialista de Oscar Wilde en El Viejo Topo.
Se acaba de reeditar ‘El alma del individuo bajo el socialismo’ de Oscar Wilde con un precioso y oportuno prólogo de Higinio Polo que nos descubre la otra alma de Wilde.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Kaosenlared, 2016-02-02
http://kaosenlared.net/el-alma-socialista-de-oscar-wilde-en-el-viejo-topo/

Se acaba de reeditar ‘El alma del individuo bajo el socialismo’ de Oscar Wilde con un precioso y oportuno prólogo de Higinio Polo que nos descubre la otra alma de Wilde. Lo hace en una colección de “recuperación” de los clásicos de la subversión moral, política, y estética, que no es la menos importante.

Oscar Wilde tuvo un ramillete de personalidades, y entre ellas estaba la socialista, una muy nuestra. Una personalidad dentro de muchas como se encargó de matizar él mismo.

Este libro no era muy conocido, aunque actualmente está “colgado” en numerosas páginas Web y se le suele citar con asiduidad. Si no me equivoco, la primera traducción fue la de Julio Gómez de la Serna –un hermano de Ramón que al parecer no se había exiliado- incluida en la edición de las ‘Obras completas’ que editó Aguilar en 1966, y que el que escribe la pudo comprar a buen precio en Els Encants del domingo mañana del Mercado de la calle Urgell, un lugar especial donde mi “papá político” Francesc Pedra conocía a no pocos de los libreros de segunda mano que, una vez te habían identificado, te ofrecía libros prohibidos, en especial de la editorial Losada creada en Buenos Aires por exiliados, en particular obras de Camus o Sartre, pero también de Howard Fast, y en una ocasión pude comprar ‘La revolución sexual’ según Reich y Kingsley, de Daniel Guérin , y que tanto nos ayudó a situarnos ante una cuestión que afectaba a amigos, luego también a algunos camaradas: la de la homosexualidad que añadía riesgos a los riesgos de la clandestinidad.

En la traducción de Gómez de la Serna figuraba por primera vez en castellano ‘El alma del hombre bajo el socialismo’, y creo que fue bajo este mismo título que lo editaron en una de aquellas colecciones tan exitosas de bolsillo, en el caso de bolsillo pequeño tal como fueron las de Anagrama, y de las Tusquets más dadas al asunto artístico y libertario, y que había publicado también la polémica de Breton contra Louis Aragón con el título ‘Surrealismo contra realismo socialista’… Pues bien, tanto el librito de Oscar Wilde como el de Guérin nos ayudaron a responder a una tentativa de expulsión de dos compañeros del grupo trotsko-anarco del barrio de Pubilla Casas, ambos acusados de “maricas” por viejos comunistas que se habían educado con el único menú de Radio Pirenaica.

La respuesta fue luminosa ya que los disidentes montamos en una sala de L´Hospitalet una representación muy singular de ‘La balada de la cárcel de Reading’, el poema-testamento del Oscar Wilde lanzado a las tinieblas por sus “amores ilícitos”, por el amor que no osa decir su nombre… A mi me tocó hacer una sonada introducción en la que se citaba, como no podía ser menos, a Wilde, Lorca, Reich o Guérin. Paradójicamente, semanas más tarde se montaba en la Asociación de Vecinos un bullicioso cursillo sobre la educación sexual, tema en el que algunos no habíamos pasado de las primeras letras. Lo más singular fue que lo dio un colectivo de “sexólogos” parte de los cuales al menos tenían perfectamente asumida su condición de homosexuales, y además militaban por lo general en el PSUC, el mismo partido de obreros puritanos que hacía poco habían tratado de expulsar a un camarada por separarse de su primera compañera.

Claro que en este asunto –amor libre y sin fronteras o amor reproductivo-, estuvimos de acuerdo en contra de la “vieja” y “joven guardia”, lo que llevó a los maoístas del PCE (i) y otros a proclamar que allí se daba un confabulación trotsko-revisionista, y que estas cosas en China se arreglaban por la vía más correcta: mandando a los “gais” a campos de reeducación, historia sobre la que, por cierto, existe una interesante película, ‘Balzac y la costurera china’, de Dai Sijie…

Ya por entonces pues sabíamos del punto anticapitalista de Oscar Wide, visible sin ir más lejos en el prefacio de la que es seguramente su obra mayor, ‘El retrato de Dorian Gray’, la única novela de Wilde, cuya autoría le reportó feroces críticas desde sectores puritanos y conservadores debido a su tergiversación del tema de Fausto.

Su trayectoria triunfal en los escenarios quedó truncada en 1895 cuando el marqués de Queenberry inició una campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual. Wilde, por su parte, intentó defenderse con un proceso difamatorio contra Queenberry, aunque sin éxito, pues las pruebas presentadas por este último daban evidencia de hechos que podían ser juzgados a la luz de la Criminal Amendement Act.

Como debía de ser sabido: el 27 de mayo de 1895 Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas desde sectores progresistas y desde varios de los más importantes círculos literarios europeos no fueron escuchadas y el escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena. Enviado a Wandsworth y Reading, donde redactó la posteriormente aclamada ‘Balada de la cárcel de Reading’, la sentencia supuso la pérdida de todo aquello que había conseguido durante sus años de gloria.

Recobrada la libertad, cambió de nombre y apellido (adoptó los de Sebastian Melmoth) y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte. Sus últimos años de vida se caracterizaron por la fragilidad económica, sus quebrantos de salud, los problemas derivados de su afición a la bebida y un acercamiento de última hora a cierto catolicismo tan herético como lo había sido su socialismo.

Según escribirá Orwell, Wilde se equivocaba al considerar que la riqueza llegaría a tal grado que las diferencias sociales ya no tendrían sentido, y también en el punto de estimar que, finalmente, las máquinas lo acabarían haciendo todo o casi todo. El suyo era un socialismo propio del optimismo de entre siglos (XIX y XX), pero, añade Orwell: “…esto no quiere decir que Wilde estuviera totalmente equivocado. Lo malo de los períodos de transición es que la dura actitud que generan tiende a volverse permanente. Todo indica que es lo que ha ocurrido en la Rusia soviética. La dictadura supuestamente establecida para un objetivo limitado en el tiempo ha echado raíces y ha permanecido, y hemos llegado a un punto en que se piensa que el socialismo significa campos de concentración y policía secreta. Por lo tanto, el panfleto de Wilde y otros escritos similares –‘Noticias de ninguna parte’ de William Morris, por ejemplo – tienen un valor. Podría ser que en ellos se pida lo imposible, y que a veces parezcan anticuados y ridículos –al fin y al cabo toda utopía refleja necesariamente las ideas estéticas de su propia época-, pero al menos miran más allá de la etapa de las colas para la comida y de las disputas de partido, y le recuerdan al movimiento socialista su objetivo original y medio olvidado de la fraternidad humana.”

La obra de Wilde nos remite además a la existencia de una poderosa tradición crítica y radical en el Reino Unido, una tradición que actualmente está representada por escritores como Owen Jones o por cineastas como Ken Loach que ha aprendido muy bien que las tradiciones valen en la medida en que se ponen al día y al servicio de los movimientos sociales.
ENLACES
El Viejo Topo | El Alma del Hombre bajo el Socialismo

viernes, 1 de mayo de 2015

#hemeroteca #feminismo #historia | Un libro recupera la figura de una impulsora del feminismo socialista

Un libro recupera la figura de una impulsora del feminismo socialista
La obra se acerca a la biografía de la valenciana Maria Cambrils y recoge la mayoría de sus escritos
Carla Aliño / EFE | El País, 2015-05-01
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/05/01/valencia/1430472355_722998.html

Un libro recoge por primera vez la vida, el pensamiento y las propuestas de la valenciana María Cambrils (1877-1939), una de las impulsoras del feminismo desde el punto de vista teórico dentro del socialismo en la España de principios del siglo XX y cuya figura es prácticamente desconocida por el público.

La obra, “María Cambrils: El despertar del feminismo socialista”, ha sido editada por la Universitat de València y sus autoras son la periodista Rosa Solbes, la historiadora Ana Aguado y el archivero de la localidad alicantina de Pego, Joan Miquel Almela. Este miécoles fue presentada en la Feria del Libro de Valencia.

Según explica Solbes, resucitar la figura de Cambrils, nacida en el barrio valenciano del Cabanyal en 1877 y fallecida en Pego en 1939, era "una obligación moral desde todos los puntos de vista", pues más allá del libro que escribió, "Feminismo Socialista" (prologado por Clara Campoamor), era una "completa desconocida, incluso para los ámbitos más cultos y feministas".

Solbes recuerda que cuando empezó a investigar sobre la vida de esta socialista convencida y seguidora de Pablo Iglesias, llegó a encontrarse con la teoría de que María Cambrils no existía, sino que era un pseudónimo utilizado por un hombre para escribir aquella obra y otros escritos.

No obstante, señala que finalmente encontró, con la ayuda de los otros dos editores del libro, referencias catastrales, manuscritos y centenares de artículos escritos en publicaciones, principalmente socialistas, y descubrió que fue pareja de un referente del socialismo provincial y local que fue fusilado al acabar la Guerra Civil.

La obra que se acaba de publicar reúne por primera vez la gran mayoría de esos artículos (publicados entre 1924 y 1934) junto con el libro "Feminismo Socialista", además de incluir el estudio de los referentes biográficos de esta mujer, de su pensamiento y de sus propuestas discursivas.

Los responsables de la obra destacan que María Cambrils fue una mujer comprometida con el socialismo; un referente feminista en su época, y sin duda, una de las primeras y más significativas socialistas que, en los años veinte, analizó la especificidad de la problemática femenina y la subordinación de las mujeres.

Solbes destaca que Cambrils fue una "gran polemista" y una "militante de hierro" que no se cortaba en reprochar a sus compañeros de partido que negaran el voto a las mujeres bajo el pretexto de que éstas votaban a la derecha.

Al respecto, asegura que la figura de Cambrils recuerda a la de Clara Campoamor aunque desde un punto de vista teórico, pues la primera no pudo estudiar ni tuvo una actividad política pública como sí tuvo la segunda.

María Cambrils dedicó su trabajo intelectual a desarrollar el socialismo en clave feminista, igualitaria, democrática y radical, y escribió periódicamente en diferentes publicaciones, entre ellas en El Socialista. En sus artículos analizó la subordinación de las mujeres, relacionando el capitalismo con el patriarcado y sus instrumentos culturales e ideológicos -códigos, leyes o religión- para construir arquetipos y modelos de género hegemónicos.

Escribió también sobre la sociedad y la política española de los años veinte y treinta, pero sobre todo, realizó como socialista importantes propuestas feministas, que la convierten en un referente fundamental para la historia del socialismo y del feminismo en España, según los editores.

Esta socialista valenciana representó un punto de inflexión clave en la formulación de los planteamientos igualitarios y feministas en el seno del socialismo del primer tercio del siglo XX en España, destacan los editores de la obra.

El presente trabajo monográfico profundiza en su vida, sus escritos y su época histórica, y reúne sus publicaciones y su obra periodística, situándolas en su contexto histórico, en el tiempo en el que le tocó vivir, en el que dedicó gran parte de sus energías a difundir lo que se ha definido como feminismo.

miércoles, 22 de abril de 2015

#libros #feminismo #historia | María Cambrils : el despertar del feminismo socialista : biografía, textos y contextos (1877-1939)

María Cambrils : el despertar del feminismo socialista : biografía, textos y contextos (1877-1939) / Rosa Solbes, Ana Aguado, Joan Miquel Almela (eds.)
Valencia : Universitat de València, 2015 [04-22]
424 p.
Colección: Història
ISBN 9788437097237 / 22 €

/ ES / BIO
/ Feminismo / Historia – Siglo XX / Mujeres - Historia / Periodismo / Socialismo / Testimonios

María Cambrils Sendra (el Cabañal, Valencia, 1877-Pego, Alicante, 1939), fue una mujer comprometida con el socialismo y un referente feminista en su época. Sin duda, una de las primeras y más significativas socialistas que, en los años veinte, analizó la especificidad de la problemática femenina y la subordinación de las mujeres. El título de su libro, Feminismo Socialista, es toda una declaración de principios, una propuesta de acción y de proyecto político, en el que la causa del feminismo se vincula al socialismo. Este volumen analiza la figura y la obra de Cambrils, uniendo el estudio de sus referentes biográficos, su pensamiento y sus propuestas discursivas, a la edición de la gran mayoría de sus escritos -sus artículos y su libro Feminismo Socialista-, reunidos por primera vez en una misma publicación.

DOCUMENTACIÓN
Un libro recupera la figura de una impulsora del feminismo socialista

La obra se acerca a la biografía de la valenciana Maria Cambrils y recoge la mayoría de sus escritos
Carla Aliño / EFE | El País, 2015-05-01
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/05/01/valencia/1430472355_722998.html
La Universitat de València publica “María Cambrils: El despertar del feminismo socialista. Biografía, textos y contextos (1877-1939)”
Radio Pego, 2015-04-22

http://www.radiopego.com/index.php?name=News&file=article&sid=5371

martes, 31 de mayo de 2011

#libros #historia | Invertidos y rompepatrias : socialismo y homosexualidad en el Estado Español


Invertidos y rompepatrias : socialismo y homosexualidad en el Estado Español / C. Piro
Algorta, Bizkaia [etc.], Eztabaida : 2011 [05]
198 p. / 3 €

/ ES / ENS / Open Access
/ Activismo / Anarquismo / Comunismo / Historia / Homofobia / Homosexualidad / LGTB /Liberación sexual / Movimientos sociales / Política / Socialismo
TEXTO COMPLETO | Librería Bakakai
https://libreriabakakai.files.wordpress.com/2011/09/invertidosyrompepatrais.pdf

Este trabajo expone las relaciones en el Estado español entre las organizaciones marxistas y anarquistas con el problemático tema de la homosexualidad o no heterosexualidad: su manifiesta homofobia inicial, seguida de un tímido y lento entendimiento y culminando con una supuesta aceptación de otras identidades sexuales por diversos motivos, desde el interesado electoralismo partidista hasta la férrea integración de la lucha y cooperación activa contra el heterosexismo y el patriarcado, desde poco antes de la proclamación de la II República hasta la actualidad.

Paralelamente realiza un amplio repaso del movimiento de liberación homosexual, lesbiana, transgénera y queer desde los últimos años del Franquismo hasta la actualidad, con especial hincapié con su relación con ideologías anarquistas, marxistas, independentistas, así como con organizaciones libertarias o partidos políticos revolucionarios, junto a una dura crítica de la institucionalización de la lucha por parte de los partidos “socialistas” del sistema (PSOE e IU principalmente) acompañados de un circo mediático protagonizado por la homófoba derecha y la colaboración activa de organizaciones LGTB reformistas y desmovilizadoras; pero permaneciendo una semilla de lucha revolucionaria en clave transmaricabollo que aún hoy persiste.

Con este escrito su autor pretende realizar un estudio historiográfico hasta ahora nunca realizado sobre este fenómeno, ya fuera por dejadez o intereses políticos, y a la vez poner sobre la mesa el debate sobre la permanencia actual de la homofobia, lesbofobia y transfobia en los círculos supuestamente revolucionarios y apostar por una lucha por la liberación de las diferentes identidades no heterosexuales en clave eminentemente revolucionaria y libertaria.

Anarquismo, liberación sexual y homofobia
ALB Noticias en Mar | alasbarricadas.org, 2012-10-16

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/22329

Para tratar sobre el tema del título hemos entrevistado al autor del libro "Invertidos y rompepatrias" dónde nos da una idea de como ha ido evolucionando la percepción del anarquismo sobre un tema como la homosexualidad que a día de hoy parece, salvo alguna excepción, asumido como normal dentro del movimiento libertario pero que antaño no era tan extendida esa opinión.

Siempre nos ha gustado pensar que la izquierda en general y el anarquismo en particular han sido siempre muy abiertos de mente, en temas tanto de liberación sexual, como de igualdad de género o respeto de orientaciones e identidades sexuales, pero eso no parece sostenerse viendo algunos ejemplos históricos...¿Qué es lo que te llevo a darte cuenta de que ese trabajo de revisión histórica era necesario?


* Me di cuenta de ello principalmente por dos razones. La primera, por mi propia práctica política. He militado en buena parte del amplio arco de lo que podríamos llamar «izquierdismo»; desde en el marxismo-leninismo «ortodoxo» hasta en el trotskismo más socialdemócrata, pasando por el antifascismo y el movimiento estudiantil, hasta que terminé en un ámbito más antiautoritario y radical, en el cual me encuentro en este momento. Y en todos y cada uno de los grupos, colectivos, partidos, sindicatos o asambleas en los que he estado, siempre me he encontrado con un ambiente de opresión sexual, en el sentido, no ya de discriminación directa homofóbica (eso, salvo excepciones, ya pasó a mejor vida), sino de que hay reparo en hablar ciertos temas relativos a la sexualidad, en que imperan los comentarios de tipo 'machirulo' o heternormativos, en donde, hasta que no se demuestre claramente lo contrario, eres heterosexual, tienes un órgano genital asociado a tu rol social de género y buscas 'pareja' si es que no la tienes ya. En ese ambiente, por muy anticapitalista y liberador que políticamente diga ser, una persona que, como en mi caso, normalmente no mantiene prácticas heterosexuales, no piensa otra cosa que no sea hacer como con su familia o sus compañeros de clase: autorreprimirse y callarse sus inclinaciones sexuales. En mi caso, no comencé a hablar con naturalidad de mis gustos sexuales hasta bien entrados los 18 años, cuando ya había dejado tras de mí más de una organización «revolucionaria». Si bien admito que donde he hallado un clima más propicio donde tratar las sexualidades disientes sin tantos reparos han sido y siguen siendo los círculos libertarios.

En segundo lugar, porque, una vez ya visibilizado públicamente ante mis camaradas, amistades y familiares como 'marica', comencé a indagar sobre el pasado de la 'homosexualidad', y de ahí pasé a establecer puentes entre la liberación sexual y la liberación económica y social, y de ahí a estudiar cómo en el pasado se había tratado esto desde las organizaciones obreras. Leyendo algún libro, rebuscando por Internet y preguntando a algún 'veterano' de los que aún se mantienen al pie del cañón, comencé a pensar que el pasado de nuestras ideas no había sido tan de color de rosa como yo creía y como generalizadamente se cree, y que hacía falta un estudio que evidenciara todo esto y poder llevar a cabo una autocrítica con la retrospectiva que nos permite el paso de las décadas, pues en el Estado español, al contrario que en otros países como Rusia o Alemania, tal estudio no estaba hecho.

Obviando otras corrientes del socialismo de las que también trata tu estudio, el anarquismo, como filosofía política, representa un marco para el respeto a las distintas condiciones sexuales...

* Sí, estoy de acuerdo, el anarquismo desde prácticamente sus inicios se ha preocupado por la sexualidad de una forma u otra. No obstante, el anarquismo que se vive ahora es algo totalmente diferente al de antaño, lo cual se nota bien en lo que en materia sexual se refiere. Actualmente ha evolucionado mezclándose con otras corrientes e ideas derivadas del mayo francés y la autonomía, por tanto la versión que siempre hemos conocido la inmensa mayoría de quienes actualmente pululamos por espacios ácratas ha sido la de un acogimiento sincero y práctico de las libertades sexuales, lo cual en buena parte es cierto. Y, además de eso, considero básico el rechazo al Estado propio del anarquismo, porque, pese a lo que puedan pensar las maricas, bolleras y trans más institucionales y socialdemócratas, mientras prosiga el ejercicio de autoridad estatal proseguirá la homofobia en todos sus derivados, ya que el Estado necesita machacar sexualmente (entre otras cosas) a sus súbditos para dominarlos mejor, tanto mediante la perpetuación del patriarcado y la separación de las personas en dos géneros con lo cual reprimir a uno y ensalzar al otro, como para que las propias personas interioricen estos roles y sean ellas mismas quienes ejerzan de «policías del género» y hagan la vida imposible a quien quiera escapar de ellos. Mientras exista el Estado, existirá el poder, y para que éste sea ejercido el machismo y la homofobia son necesarios.

Sin embargo, históricamente gran parte de los anarquistas se veían condicionados por las ideas de su época. ¿Se podría decir que el movimiento anarquista de los siglos XIX y principios del XX era homófobo? ¿Cuáles eran las concepciones sobre la homosexualidad más difundidas en el anarquismo?


* En varias de las presentaciones del libro que he realizado hasta ahora me han hecho esa pregunta. Y contesto lo siguiente: por una parte, 'homofobia' es un término sociológico que tiene poco más de cuarenta años de vida. Por otra, si bien la sociedad de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, si no era 'homófoba' bien por no existir tal término o por, fruto de lo mismo, no tener consciencia de ello, reproducían actitudes y roles que a día de hoy, desde nuestros planteamientos actuales, calificaríamos de homófobos, o como mínimo, sexófobos. Igualmente un caso que otro, el término es lo de menos; lo que importa es que era la época en la que se encarcelaba a 'homosexuales' (término que ya existía por entonces) por sus prácticas, y que en casos de fama internacional como el de Oscar Wilde, el Estado ejecutó la sentencia, el populacho asintió indignado ante tal aberrantes prácticas, y la intelectualidad progresista de entonces (entre ellos algunos anarquistas de renombre) protestó por mera afinidad política que pudiera tener con el escritor, mientras le decían al oído «chico, modera un poco tus perversiones». Y esto me lleva a decir también que, como se suele decir, los anarquistas critican a 'la gente' y tratan de superar su encasillamiento ideológico en busca de una sociedad mejor, pero es que los anarquistas también son 'gente'. Y 'la gente' de principios del siglo XX era educada bajo una moral sexual tan rígida y opresora que ni quienes machacamos este tema historiográficamente podemos imaginárnosla en toda su magnitud. Es por ello por lo que podemos sorprendernos de que se plantearan tan rápidamente y con tanta decisión cuestiones que aún hoy siguen siendo muy polémicas, como la contracepción, el aborto o el placer sexual no reproductivo; pero en tanto que autodenominados 'anarquistas' con todo lo que el término puede conllevar hoy y conllevaba entonces, es imperdonable que trato que dispensaron a los homosexuales de entones, cuando ya por esa época había grupos y personajes que, desde perspectivas antitautoritarias, luchaban por la liberación homosexual.

La concepción generalizada de los anarquistas de preguerra sobre la homosexualidad es que era una perversión, una inversión en los sentimientos que hacía a las pobres víctimas homosexuales sentirse atraídas sexualmente por sujetos con cuya cópula no podían procrear. El responsable de sistematizar científicamente tal extendida creencia fue el famoso doctor G. Marañón, que, además de ser colaborador asiduo de revistas libertarias, fue el primer médico del Estado en tratar con magnitud el tema, intentando con ello sustituir la homofobia tradicional de estigmatización y represión legal de los 'viciosos' por una comprensiva y caritativa que propugnaba ayudar y buscar una cura para unos pobres 'enfermos', discurso que, dado su 'progresismo' para la época (lo cual, por cierto, para mí no es un avance; simplemente una reconfiguración de la homofobia). Partiendo de esta premisa, desde la comprensión santa anarquista, había varias propuestas, entre las que destacaban dos: la represión del deseo homosexual de manera punitiva desde la infancia, en buena medida defendida por autores y redactores de La Revista Blanca (C. Berneri, F. Montseny...), y el buscar vías curativas no represivas del deseo homosexual, desde el 'tratamiento mental' en sucedáneos de manicomios (lesbianas) hasta la extirpación de testículos e intercambio por los de un hombre 'normal' (maricas), pasando, por supuesto, por que una vez realizada la revolución social, la ausencia de corruptores de menores como la Iglesia y el Capital y la autogestión de una educación heterosexista garantizarán que deje de haber 'invertidos'; éstas tesis eran defendidas sobre todo por la redacción de la revista Generación Consciente / Estudios (F. Martí Ibáñez, I. Puente, G. Marañón...). No finalizaré este apartado sin apuntar que, en plena Revolución Social, cuando la CNT se hizo con el Ministerio de Sanidad, este segundo sector, con el beneplácito del primero, estuvo a poco de crear «sanatorios de homosexuales», pero la disputa de poder en mayo de 1937 y la pérdida de las carteras ministeriales cenetistas lo abortó.

En ese sentido, ¿Existieron excepciones en el anarquismo de entonces?


* Sí, sí que las hubo. Y la existencia de estas excepciones es lo que me legitima para atacar a quienes estigmatizaban la homosexualidad por aquella época, pues, pese a que hicieran un trabajo avanzadísimo para su época, hubo personas iguales a ellos que lograron ir más allá. Además del apoyo a la homosexualidad prestado por anarquistas estadounidenses (B. Tucker, A. Berkman, E. Goldman), del grupo homosexual Der Eigen en Alemania (formado por algunos anarquistas como A. Brandt) o de los textos pro-homosexuales del francés E. Armand, en la II República española tenemos ejemplos como la co-fundadora de Mujeres Libres Lucía Sánchez Saornil, que llevaba su lesbianismo de una manera impresionantemente abierta para la época; intelectuales y literatos como Á. Retana, P. de Répide, A. de Hoyos y Vinent (muy cercano a la FAI), S. Fernández Ferro, J. Gil-Albert... que en algún momento de su vida se acercaron e incluso militaron en organizaciones anarquistas, o el inhóspito artículo de un tal 'Dr. Rutgers' publicado en 1929 en Estudios en el cual se defiende la «Ambisexualidad» (lo que hoy llamaríamos 'bisexualidad') como la más perfecta forma de relaciones sexuales. Todo ello, pese a lo citado, demuestra que en el anarquismo ibérico la homofobia no era dogma, sino que se hizo una interactuación, si bien informal, entre Anarquía y Homosexualidad, guillotinada de repente por la Guerra Civil y el Franquismo.

¿Cuándo y cómo se generaliza un cambio de mentalidad, o al menos de discurso frente a la homosexualidad?

* Durante el Franquismo, el grupo que vive en el exilio, especialmente en Francia, sigue repitiendo los tópicos homofóbicos hasta fechas recientísimas (como un artículo de N. Chozas que desató una virulenta polémica en los medios libertarios en ¡¡1996!! en el portavoz de la Regional Exterior de CNT, CeNiT). Pero el anarquismo que opera en el Estado se funde con el mayo francés, la autonomía obrera, el feminismo, los primeros movimientos de liberación gay... entre la muerte de Franco y la transformación del sistema en una dictadura parlamentaria. Y así en la prensa confederal de los últimos setenta podemos ver combates a brazo partido entre jóvenes anarquistas recién llegados al anarcosindicalismo que asumen la liberación gay como propia (incluso siendo 'invertidos' ellos y ellas mismas en más de una ocasión) y militantes de cierta edad o heteronormativos y fornidos trabajadores fornidos en su oficio que ven que las banderas de rojinegras en las primeras movilizaciones del orgullo gay, los desnudos integrales en los mítines cenetistas y el uso de la prensa confederal como vocero de sus reivindicaciones son un complot de la burguesía o «hacerle el juego al Capitalismo» para que la CNT no llegue a los obreros. El culmen serían las Jornadas Libertarias Internacionales de Barcelona en el verano de 1977, donde confluyeron exiliados de la guerra civil y sindicalistas empedernidos con espectáculos travestis, desnudistas y sexo homosexual entre los setos, dándose un aluvión de cartas, protestas y debates al respecto. Según avanzó el tiempo, abriéndose paso una nueva generación de ácratas en las dos últimas décadas del siglo XX, con la fusión con los autónomos, la okupación, la liberación animal, el ecologismo... la liberación sexual no heterosexual quedó bastante asumida en general.

En nuestra sociedad, muchas personas, especialmente jóvenes, siguen viviendo su homosexualidad de forma dramática. La única salida que se les parece dar es la integración en una subcultura consumista. ¿Qué alternativas deberían construirse?

* Los jóvenes homosexuales van al consumismo en tanto que los heterosexuales también; la única diferencia, que esta sociedad que nos divide en compartimentos estanco homosexual / heterosexual teje un ocio diferente para unos que para otros. La alternativa, creo yo, es la misma: fomentar que la gente se autoorganice sus vidas, para lo cual ya hay mucho escrito y no me enrollaré más. Lo único que puede decirse respecto a la especificidad de no ser heterosexual, pero a su vez ser asumido en prácticas y ocio por un sistema heterosexista, las alternativas podrían ser la creación de un tejido político de apoyo mutuo, con locales (okupados o no), actos más positivos que la autodestrucción del cuerpo nocturna (autodefensa, charlas, talleres de autoconocimiento, de contacto, materiales...), difundir estas ideas de una manera transversal desde el antiautoritarismo (muy importante)... En esta tarea han sido sin duda las luchas queer las que han llevado el protagonismo, tanto en los noventa con los actos antifascistas y contra la «mili» y repartiendo condones para atajar la histeria de entonces con el supuesto virus del VIH, como en la última década ofreciendo alternativas de vida al nuevo «matrimonio homosexual» o desde el transfeminismo apostando por la despatologización de la transexualidad y cuestionando el binarismo imperante en las operaciones de cambio de sexo; todo lo citado desde bases asamblearias y autoorganizadas.

Discursos como el del "lobby gay", "la homosexualización de la sociedad"... ¿Porqué están tan presentes? ¿Ocultan algo?


* Supongo que con esa pregunta os referís al libro La conspiración del movimiento gay, de Rafa Pal. Lo que está pasando es simplemente que estamos ante una nueva reconfiguración del discurso homofóbico: De penarse la 'sodomía' se pasó a patologizarla y tener compasión por ella, después a la 'tolerancia' (bonito discurso tras el cual se oculta una homofobia soterrada, y que sigue siendo el imperante) y ahora, cuando el proceso de asimilación de la disidencia sexual está muy avanzado, ha surgido la siguiente fase: la homosexualidad proviene del Estado, está atacando la heterosexualidad, es un grupo de poder... Si nos fijamos bien en la historia, es lo mismo que ha pasado con los negros (el BlackPower acusado de 'racista'...), con las mujeres (el feminismo radical difamado como 'hembrismo'...), con la liberación animal (el ALF acusado de 'violento' y la lucha vegana de querer 'imponer una dieta'...)... Si ocultan algo, es desde luego, su interés porque sigamos bajo el yugo del heteropatriarcado con un discurso 'progre' y, a veces, hasta 'antiautoritario'. Porque me preocupa bastante que personajes 'famosillos' por nuestros medios como F. Rodrigo Mora o M. del Prado Esteban Diezma estén adoptando tales premisas y propagándolas por la contrainformación antiautoritaria, en especial si además se les invita a dar charlas o se le editan libros. Gracias a la homofobia indirecta y soterrada y a la precaria asunción de las problemáticas de género como propias, existentes tanto dentro como fuera del anarquismo, estos discursos gozan de prestigio y de hasta credibilidad.

¿Podrías contarnos un poco sobre cómo se integra la lucha contra la homofobia y la heteonormatividad dentro de las luchas feministas?

* El tronco represivo del que parten tanto el feminismo como la liberación no heterosexual es el patriarcado, en primer lugar. Además, los medios desde los cuales han actuado tradicionalmente han sido los mismos (organizaciones del movimiento obrero, colectivos autónomos, centros sociales okupados...), así como los métodos (manifestaciones, difusión, acción directa...). El punto de convergencia definitivo de ambas luchas, sin querer menospreciar los enormes contactos de los años setenta, fue la aparición del feminismo autónomo radical por un lado, y del modelo queer por otro, el cual tiene un origen simultáneo en la liberación gay de los setenta-ochenta y la lucha transexual levemente posterior, y en el feminismo radical anti-institucional, y en buena parte lesbiano. Aunque desde el ámbito queer se propugne la abolición de los géneros, ello no quiere decir que la opresión específica a la mujer social no exista: existe, y por eso se han de abolir los géneros desde una perspectiva necesariamente feminista. La operatividad de ambas corrientes ha llegado a configurar una fusión bajo las letras de transfeminismo, que compagina la lucha feminista de emancipación de la mujer con la específica de las identidades trans, sufrientes en grado importante del patriarcado cotidiano fruto de su cuestión perpetua del binarismo de género. Las tesis, perspectivas, debates y prácticas políticas y sociales que están saliendo de esta unión son extremadamente interesantes y muy probablemente marquen de una manera hegemónica la lucha autónoma antipatriarcal de las décadas venideras, línea que se está tomando ahora mismo. Para quienes estamos socializados como hombres pero no actuamos como tal, la lucha feminista sigue siendo igual de transversal por ser el aglutinante actual de la lucha contra el patriarcado y el binarismo sexo-género, que nos oprime de forma muy fuerte, si bien diferente, gracias a nuestro órgano genital 'masculino'. O al menos así lo veo yo y procuro actuar en consecuencia.

Por último ¿Qué grado de homofobia se sigue percibiendo en el movimiento libertario? ¿estamos tan "limpi@s" como nos creemos o estamos al nivel del resto de la sociedad? Si antes nos referíamos a los cambios a impulsar en la sociedad ¿Qué deberíamos cambiar en nuestro movimiento?

* Dicho lo dicho, me ceñiré a lo estrictamente actual. La homofobia dentro del ámbito libertario (prefiero no usar el término 'movimiento' por ser una palabra que creo que sistematiza un conjunto de ideas, pues considero que el anarquismo es lo contrario) sigue latente y con buena salud. Pero, al igual que la homofobia de la sociedad en general a la cual seguimos perteneciendo, se ha readaptado un poco. De las palizas, los insultos y los vacíos, cosas que cada vez están más purgadas (bueno, tengo la anécdota de que al salir de una charla donde yo era ponente, un libertario de unas cuantas décadas más que yo, al ver que leía un libro sobre historia de la homosexualidad, me expresó que consideraba que eso era una enfermedad), prosiguen los roles machistas, los comentarios homofóbicos (no voy a hacer recuento; los conocemos bien), otros que no aluden a la homosexualidad directamente, pero sí a su práctica («que te den por culo», «bajarse los pantalones»...), repetir los clichés del sistema sobre las prácticas sexuales (ésta es más difícil de ver: «ah, claro, vistes con pantalones y tirantes porque como eres bollera»... o algo más habitual: entre dos maricas que follan, quien tiene más pluma es el pasivo y quien tiene menos, el activo; extrapolable a bolleras, trans...), considerar a la peña trans como «enfermos en el cuerpo de otro sexo»... Son esquemas mentales que tenemos en la cabeza, que salen de ese modo porque el contexto actual ha reducido la homofobia por intereses ajenos a los gays, y por tanto éstos prosiguen. Roles que necesitan de trabajo para evitarlos. Y, francamente, quienes los trabajamos con el suficiente ímpetu somos una ínfima minoría en comparación con el resto de compañeros.

Igualmente, tampoco quiero dejar un mensaje pesimista. El grado de trabajo dentro de grupos anarquistas comparado al del resto de la sociedad es, sin duda, aunque sea por estadística, más alto. Y si comparamos el grado interno actual con el de hace cinco o diez años, notamos importantes diferencias positivas: transversalidad del tema en multitud de grupos, jornadas, programas de radio, actos en centros sociales, visibilización, primeros colectivos y sellos editoriales «anarco-queer»... la cosa está interesante y parece ir a bien. Por ello quiero dar ánimo a quienes le 'meten caña' al género dentro y fuera del marco antiautoritario, e instar al resto a hacerlo, pues se encontrarán mejor con su mente, su cuerpo, con quienes le rodeen y abrirán algo más de camino hacia la emancipación integral, individual y colectiva. […]

Salud y Revolución Sexual.

AUDIOS
Invertidos y rompepatrias. Socialismo y homosexualidad en el estado español

Presentación del libro 'Invertidos y rompepaptrias. Socialismo y homosexualidad en el estado español' a cargo de su autor C.Piro el 11 de febrero de 2012 en el Centro Social Eskuela Taller de Alcorcón y organizado por la Biblioteca Anarquista La Revoltosa
Biblioteca La Revoltosa | Ivox, 2012-06-07
http://www.ivoox.com/invertidos-rompepatrias-socialismo-homosexualidad-el-audios-mp3_rf_1274242_1.html
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DOCUMENTACiÓN
Repasamos la presentación de "Invertidos y rompepatrias: socialismo y homosexualidad en el Estado español"

Coordinadora Anfifascista Jaén, 2012-01-09
http://coordinadoraantifascistadejaen.blogspot.com.es/2012/01/repasamos-la-presentacion-de-invertidos.html
Novedad editorial "Invertidos y rompepatrias: Socialismo y homosexualidad en el Estado español"
alasbarricadas.org, 2011-08-06

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/17868