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martes, 15 de septiembre de 2020

#hemeroteca #trans #derechos | Miquel Missé. Activista trans: “Los derechos de las trabajadoras sexuales deben ser una prioridad de la agenda trans”

Imagen: ctxt / Miquel Missé

Miquel Missé. Activista trans: “Los derechos de las trabajadoras sexuales deben ser una prioridad de la agenda trans”.

Nuria Alabao | ctxt, 2020-09-15
https://ctxt.es/es/20200901/Politica/33413/Nuria-Alabao-Miquel-Misse-entrevista-activismo-trans-prostitucion-sexo-genero.htm 

Activista y pensador de lo trans, Miquel Missé (Barcelona, 1986) no parece tener miedo de resultar polémico, en un momento en que la heterodoxia parece estar penalizada aunque se plantee desde el compromiso y la militancia política.

Su último libro ‘A la conquista del cuerpo equivocado’ (Egales, 2018) es una lucha contra las visiones de la transexualidad que la definen como una patología que puede ser curada “cambiando el cuerpo”. También es una confrontación contra aquellas corrientes que quizás ahora mismo son hegemónicas y que sitúan el origen del malestar de las personas trans en algo innato o esencial. “Nadie nace transexual”, dice Missé, y también afirma que otra vida habría sido posible si las personas trans viviesen en sociedades con valores menos rígidos en torno al género y al cuerpo, donde cupiesen más realidades. En realidad, señala, sería mejor la de todos.

P. En esta legislatura se quiere aprobar una nueva ley trans que todavía no es pública. De momento contamos con la que presentó Podemos en el 2018. Una de sus principales propuestas es la despatologización y desmedicalización –que deje de necesitarse un diagnóstico médico para cambiarse el nombre y sexo en el DNI–. ¿Qué opina de esa propuesta?

R. A mí me parece importante que el legislador entienda al sujeto trans como un sujeto de derechos. Eso es ya un avance. Y creo que también es interesante que se esté produciendo un debate, aunque sea super beligerante porque obliga a todo el mundo a leer más, a informarse.

Después, a nivel de articulado esta ley elimina los requisitos de modificación corporal –al menos dos años de tratamiento– y la exigencia del certificado de disforia de género [un diagnóstico médico que dice que eres trans] para poder cambiar el nombre, lo que es un avance muy importante porque era muy estigmatizante. También reconoce que hay que tomar medidas en muchos ámbitos para mejorar la vida de estas personas.

Ahora, creo que es verdad que hay que pensar mejor el ámbito deportivo, el de la salud, lo que se registra y cómo se registra… Creo que la ley tiene que trabajarse mucho más, pero que cumple con esa voluntad de mejorarle la vida a la gente trans. Aunque tiene un riesgo y es que de alguna forma reifica [convierte en inmutable, esencializa] quién es trans y quién no lo es. Hay una gente que es trans y otra que no. Esto es interesante porque, a pesar de que la ley habla todo el rato de identidad sexual y también de expresión de género de hecho está dirigida a personas que se identifican como trans, no para otras realidades como los hombres femeninos y las mujeres masculinas. ¿Por qué? Porque no hay un sujeto y una identidad vinculada a las expresiones de género no normativas.

P. Pero ¿podemos pedirle eso al Estado, a una ley, que transforme la normatividad de género?


R. Probablemente no solo es responsabilidad del Estado, pero creo que el Estado no debería fomentar la rigidez de género. Lo hace permitiendo que dispositivos culturales educativos y sanitarios refuercen esas lógicas. Igual podríamos hacer políticas más potentes para que los niños pueden expresar su feminidad y las niñas su masculinidad. Si lo pensásemos a más largo plazo, ¿no podríamos hacer una política que combatiera directamente aquellos malestares que le produce a la gente la rigidez de género independientemente de cómo se llamen y cómo se apelliden, sean o no LGTB?

P. Precisamente otro de los debates más enconados es el de la infancia trans, ¿cómo se tendría que abordar esta discusión para que sirva para ampliar las posibilidades de niños y niñas, y de todos?

R. Pues exactamente igual que con los adultos. Yo creo que no es que haya unos niños que son auténticamente trans y otros que no lo son. Creo que la transexualidad es una posibilidad, es un itinerario que a alguna gente le mejora mucho la vida, y es el caso de algunos niños. Ahora, de nuevo creo que es un parche. Yo mismo lo habito, pero hay cosas que, aunque son funcionales para sobrevivir, no van a la raíz del problema. La cuestión es ¿cómo llega un niño a pensar que la única manera de poder ser sí mismo es siendo una niña? ¿Que terrorífica es la categoría niño como para que tú no puedas ser tú? De esto no tienen la culpa los niños nacidos hoy ni hace diez años, ni yo. No tenemos la culpa, pero es una pregunta pertinente de cara al futuro.

Me gustaría que cuando un niño siente que sus elecciones son persistentemente femeninas no pensara que la única manera de habitarlas es ser una niña y lo pienso para los niños y para los adultos. ¿Tiene que resolverlo el Estado? No. En cualquier caso, el Estado siempre está haciendo algo. De momento, define lo que es la transexualidad infantil y permite que los niños de dos años puedan modificar su documentación. Eso sí lo hace. Y eso esencializa y refuerza un imaginario que el Estado no debería reforzar.

Por lo demás, sí hay muchos niños y muchas niñas a los que la transición mejorará sus vidas. Tenemos que acompañar esos procesos y también dejar todas las puertas abiertas para cuando esas transiciones les hayan servido para explorar lo que querían explorar pero quieran abandonarlas. Sobre eso se tiene que trabajar también mucho, porque creo que en los próximos años habrá algunos niños y niñas que quizá no desearán seguir haciendo la transición de género porque esa transición en ese momento que vivieron les sirvió para entender cosas, pero cuando se imaginan como adultos igual quieren elegir otros caminos. Eso es un tabú actualmente en la política trans.

Los adultos trans hemos llegado muy tarde a poder hablar de eso. Hay mucha gente trans que en algún punto de su vida decide abandonar la transición, lo que pasa es que nunca se habla de ello. En los próximos años me parece que vamos a tener que desarrollar muchas metodologías de acompañamiento empoderadoras, positivas y no culpabilizadoras sobre la gente que dice: “Vale, yo viví eso, quise ser una niña trans, pero igual quiero ser un chico adolescente a ver cómo me va”.

P. ¿Crees que estas leyes pueden tener un impacto importante para enfrentar el estigma asociado a lo trans?

R. Hay un jurista trans americano que es fundamental, Dean Spade, que explica que dentro de la gente trans o el colectivo LGTB hay quien está mejor y quien está peor –los que tienen problemas de salud, o no tienen papeles, los que vienen de contextos de pobreza, las que están en la cárcel, la gente que se dedica al trabajo sexual o a algún tipo de trabajo estigmatizado en la economía sumergida–. Él cree que la política que hagamos tiene que beneficiar principalmente a esa gente y se pregunta qué efectos ha tenido la legislación sobre el tema LGTB, en qué ha mejorado la vida de esa gente.

Trasladado aquí, ¿la ley trans del 2007 en qué le mejoró la vida a esta mujer trabajadora sexual que tiene 55 años que no ha cotizado nunca, que se ha dedicado siempre a eso? La ley que se va a aprobar ¿mejorará la vida de estas mujeres? ¿O la de las mujeres trans que están en la cárcel? Esto es lo que preguntaría Spade. Él responde que en su experiencia estas leyes solo mejoran la vida de aquellos cuyo único obstáculo era ser homosexual o trans. Creo que el caso del DNI es muy paradigmático. ¿A quién beneficia el cambio de nombre el DNI en la comunidad trans –más allá de lo que tiene como representación simbólica para sí misma, para su propia autoestima–? A la gente que pasa desapercibida como trans y que solo tiene como obstáculo el DNI, que con eso encontrará un empleo, encontrará una vivienda. Pero la gente que, aunque se cambie el DNI, sigue siendo un “travolo” para el que le hace la entrevista de trabajo, ya se puede cambiar el DNI que la transfobia seguirá actuando. Entonces, ¿estas políticas qué transformarán? El tema no es que se cambie el DNI, el tema es combatir el estigma.

A la vez que digo esto, también creo que hay que legislar, pero hay que ser muy consciente de los efectos colaterales que tienen estas medidas.

P. ¿Cuáles deberían ser las prioridades del movimiento trans, o los movimientos trans?

R. La política trans a corto plazo tiene que mejorar la vida de la gente trans en su agenda cotidiana y tratar de combatir las posiciones de vulnerabilidad en las que mucha gente se encuentra a raíz de transitar. Combatir la pobreza empezando por el trabajo sexual. Si queremos mejorar la vida de la gente trans, consigamos derechos sociales y laborales para las personas que ejercen el trabajo sexual, principalmente mujeres trans. Vamos a ir mucho más rápido que con el cambio del nombre en el DNI. O el tema del acceso a la vivienda. La gente trans, sobre todo las mujeres trans, tienen una dificultad enorme para acceder a la vivienda. La cuestión de que a la gente se la trate con respeto en algunos contextos médicos, que pueda contar con acompañamientos en su tratamiento hormonal sin tener que pasar procesos patologizantes… Son muchos los temas y estamos aquí peleándonos por qué es la identidad de género. No, me niego. Es muy perverso construir el DNI como la prioridad número uno de la agenda trans.

Creo que la cuestión es que vivimos en un mundo en el que las categorías de género son rígidas y eso lleva a alguna gente a realizar transiciones de género, lo que puede colocarla en un lugar de vulnerabilidad. Se trata de combatirlo. Pero a la vez una política trans que solo se preguntase eso es una política pobre, porque la pregunta originaria es ¿en qué mundo vivimos que hay una gente que para ser sí misma tiene que pasar por unos procesos muy dolorosos en los que pierden muchas cosas para poder vivir como quiere vivir?

P. ¿Qué diría que tienen en común el feminismo y las luchas trans?

R. Creo que es interesante lo que pone sobre la mesa el feminismo que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales y que tiene que ver con las luchas trans: que las estrategias de supervivencia que uno elige en un mundo, con unos códigos que no ha elegido, son válidas, son importantes. Hay que respetarlas.

Lo que me parece importante es que en esta negociación de ganar derechos para la gente trans no traicionemos a las trabajadoras sexuales. El otro día leí un artículo de Beatriz Gimeno que decía que el feminismo abolicionista de la prostitución no tiene que excluir a nadie, y que las mujeres trans son bienvenidas a ese proyecto. Esta posición me pareció muy problemática por distintas razones. En primer lugar, respecto a las mujeres trans no creo que se pueda defender su libertad para elegir su identidad, pero no para elegir su trabajo. Reconocer los derechos de la gente trans es reconocer también sus estrategias de supervivencia. ¿Qué concepto de la agencia y de la emancipación es este y por qué es tan selectivo? Si quieren mejorar la vida de las personas trans, que concedan derechos sociales y laborales a las trabajadoras sexuales; será muchísimo más transformador que cambiarles el DNI.

En segundo lugar, me parece perverso decir que las mujeres trans son bienvenidas en el feminismo abolicionista en un momento en el que tantas voces exigen que las mujeres trans queden fuera del feminismo. Es una invitación envenenada porque muchas mujeres trans y travestis en este país tienen como ocupación el trabajo sexual. ¿Me pregunto qué feminismo es ese que te invita a su casa, pero siempre y cuando estés dispuesta a renunciar a tu principal forma de subsistencia y a combatirla? A mí me parece que Gimeno, que está a cargo del Instituto de la Mujer, debería tener más cuidado cuando enarbola la defensa de los derechos de las personas trans mientras la institución que ella representa rechaza reunirse o tan solo escuchar las demandas de las trabajadoras sexuales. Para mí no es aceptable. Sin hablar de que las mujeres trans y las trabajadoras sexuales no son colectivos distintos, sino que en muchas ocasiones es el mismo.

A la vez, el movimiento trans que parece muy preocupado por sus derechos, ahora mismo no debería dejar en la estacada a una parte importante de su población. Aunque se haga una ley para autodeterminar el género, muchas mujeres que se van a ver afectadas negativamente por las políticas abolicionistas son trans. Yo confío en que el movimiento trans reaccione frente a esta estrategia y la desvele. Si el Ministerio de Igualdad hace una apuesta muy fuerte por el tema trans y a la vez muy fuerte por la abolición de la prostitución en algún momento el movimiento trans tendría que plantarse y decir: “Oiga, quizás tenemos que hablarlo todo junto”.

Bajo mi punto de vista, los derechos en relación al trabajo sexual deben ser una prioridad de la agenda política trans. Y si este mandato sirve para reformar la ley trans y abolir la prostitución a la vez, creo que será un enorme fracaso político para la lucha trans y un desastre para muchas personas trans y no trans que encuentran en el trabajo sexual su principal vía de supervivencia. Al final, se trata de mejorar la vida de la gente, y muchas de estas mujeres bastante tienen con hacer frente a la ley de extranjería, la transfobia en el mundo laboral o en el acceso a la vivienda, como para tener que soportar la estigmatización de su ocupación o incluso perder su independencia económica.

P. En los debates de los últimos tiempos hay una crítica de cierto feminismo que dice que las personas trans reafirman los roles de género, sin embargo, y tal como está hoy recogido en la ley para cambiar de nombre y sexo hay que pasar por proceso de diagnóstico. ¿Qué pasa con las personas trans que no encajan tampoco en estos roles planteados de forma rígida? ¿Qué pasa con una mujer trans que no sea muy femenina o al revés?

R. Cuando dicen eso de que “las personas trans reafirman los roles de género” no puedo evitar pensar en quiénes son las personas que lo dicen. Quisiera yo escudriñar en su vida privada. ¿Es gente que efectivamente no reproduce los roles de género? ¿No fueron madres, no se casaron, no se pintan los labios? ¿Quién es esa gente que no reproduce los roles de género? O debe ser que estas feministas que dicen eso y que se identifican con algunas cosas de la feminidad lo hacen desde un ejercicio de libertad al que las personas trans no tienen acceso, solo ellas.

Por otro lado, está muy castigado ser una persona trans que no reproduce los roles de género. Durante décadas, los médicos encargados de diagnosticar la transexualidad han tenido un imaginario rígido del género. De hecho, esto es lo que tranquiliza a algunas feministas. Paradójicamente dicen: “Bueno al menos ahora hay alguien que controla”. Vaya, aquí se da una insospechada alianza entre el feminismo y la psiquiatría. Efectivamente, ahora hay alguna gente que controla la adecuación de roles y en algunos casos no se realizan esos diagnósticos. Hay mucha gente trans que no logró pasar ese proceso.

P. Por lo tanto, que se pueda cambiar libremente es una necesidad.


R. Cambiar libremente el género en la documentación tendrá problemas, pero es la mejor idea que hemos tenido. Estoy abierto a discutir otras.

jueves, 17 de enero de 2019

#hemeroteca #transexualidad | Miquel Missé: “La ‘conquista’ del cuerpo trans es un estado mental, no tiene que ver con si te has operado”

Imagen: La Marea / Miquel Missé
“La ‘conquista’ del cuerpo trans es un estado mental, no tiene que ver con si te has operado”.
El sociólogo y activista trans presenta su nuevo libro "A la ‘conquista’ del cuerpo equivocado".
Yeray S. Iborra | La Marea, 2019-01-17
https://www.lamarea.com/2019/01/17/la-conquista-del-cuerpo-trans-es-un-estado-mental-no-tiene-que-ver-con-si-te-has-operado/

Los cuerpos solo son equivocados cuando los moldes son demasiado rígidos. Así lo cree el sociólogo y activista trans Miquel Missé (Barcelona, 1986), que aboga por limar, cuando no derrocar, esos arquetipos que nos encasillan en hombres y mujeres. ¿El objetivo? Paliar el malestar que el binomio provoca, plantear más opciones que no pasen solo por transitar –en el caso trans– de un género a otro y que supongan una “conquista” de los cuerpos. La deconstrucción del género es uno de los debates, desde la teoría ‘queer’ y en primera persona, de “A la ‘conquista’ del cuerpo equivocado”. Pero el libro también ahonda en la medicalización / patologización, los referentes trans pop, la infancia trans y los puentes entre la lucha del colectivo y la del resto de mortales: calvos que se implantan pelo o mujeres que se infligen sesiones de láser para no lucir ni uno... Los moldes nos ahogan a todos.

P. En el inicio del libro dice que le han “robado el cuerpo”.
R. Me han robado el cuerpo o la posibilidad de vivirlo de otro modo, porque en un momento determinado quise recuperarlo y ya no estaba a tiempo. Yo también he pensado “este cuerpo no está bien”. Y a pesar de ello, ahora creo que es posible vivir mejor tu cuerpo siendo una persona trans.

P. Cuando habla de recuperar el cuerpo cita la palabra “conquista”.
R. De algunas acepciones concretas, sí. Las que tienen que ver con volver a seducirse a uno mismo respecto a su cuerpo. Era consciente que podía generar polémica, pero hay que abandonar la práctica de quedarse con los ‘tweets’ y leer hasta el final; rechazo las acepciones del término que tienen que ver con la violencia.

P. “El malestar que genera la transexualidad se restaura modificando el cuerpo”. ¿Cómo se resuelve el malestar entonces?
R. El tema del malestar es muy serio. He sido un activista contra la patologización. Pero que no sea una enfermedad no quita que ese malestar exista. La oferta que se nos hace es tentadora y, seguramente, efectiva a corto plazo. Pero incluso sometiendo al cuerpo a modificaciones hay una parte del malestar que persiste. Se debe ser respetuoso con las estrategias individuales; yo mismo me hormono. Pero la solución que se nos da es perversa y la sociedad no puede desentenderse. Los cuerpos trans expresan el malestar colectivo de unas determinadas concepciones del género. Una forma de violencia estructural.

P. ¿Cómo combate esa normatividad de género? Cita el activismo como “salvavidas”.
R. En mi experiencia así ha sido. Aunque yo hice mi proceso en otro momento histórico. Igual hoy, por las vueltas que da la cultura popular, la lectura o una corriente ‘youtuber’ salve también. En mi momento, el cine no salvaba. Pero, como digo en el libro, lo que se interpreta como una cultura trans progresista está reactivando un escenario esencialista respecto al género. El género como algo orgánico, cuando este no habita en los cuerpos.

P. Habla de dejar de mirar el cuerpo para pasar el debate a un estadio cultural.
R. No hay cambio posible, si no. Pero en esta sociedad se siguen tildando las decisiones por elección como frívolas. El tema de ser gay era catalogado como un vicio: tratarlo como enfermedad restableció el orden. En esa maldita trampa está el colectivo trans, que compró la idea de “esto es una enfermedad” y ahora se quiere desprender de ella pero no puede. Esto no es una cuestión biológica sino cultural. Que yo no entrara en la categoría mujer no tenía que ver conmigo: había una cultura determinada detrás.

P. Cuando elevamos ese discurso a las políticas públicas, la cosa se complica.
R. Es un cambio de paradigma. Nos ha costado mucho explicar que la gente trans tiene derecho a modificar su cuerpo. Cuando consigues colocar en la agenda política una demanda, los movimientos se muestran rígidos a problematizarla de nuevo. El argumentario que la solución de las personas trans es la modificación corporal es equivocado. En mi sociedad ideal las personas trans no tienen que operarse para ser felices y hay que ir en transición hacia ello. Pero hay algo perverso: está naciendo una voz de extrema derecha que quiere prohibir las operaciones de reafirmación de sexo, por lo que se me puede acusar a mí de estar alineado ahí. Al contrario. La extrema derecha no está a favor de que los géneros se diluyan. Yo sí. Con este libro quizás seré acusado de transfobia y eso es una paradoja. ¿Digo que a la gente no se la opere más y que todo el mundo conquiste su cuerpo? No. Digo que el acompañamiento basado en cambiar el cuerpo, como política pública, es pobre. Cobarde.

P. ¿Hay que reforzar las conquistas conseguidas y a la vez ampliar otros imaginarios que deconstruyan el binomio? Difícil.
R. Un gran ‘embolao’. Habrá gente que sienta malestar leyéndome, me hago cargo. Pero hay que tener un debate político, no personal. La conquista del cuerpo trans es un estado mental, no tiene que ver con si te has operado o no. Pero si la base sobre la modificación era que la gente trans fuera más libre, dudo sobre su eficiencia. Vayamos más allá.

P. Habla en el libro de buenos tiempos para lo trans. ¿Existe un trans pop igual que un feminismo pop?
R. No sé si se puede establecer un paralelismo. Porque la crítica que le hago a la cultura trans pop tiene más que ver con un imaginario individualista y clasista que con el género. ¿Promueve la diversidad de género esta nueva cultura? Sí. Pero tenemos que andar con ojo, sobre todo en un país donde las referentes trans televisivas han sido ejemplo de frivolidad: La Veneno, Carmen de Mairena... Ahora vienen unas señoras ricas que han logrado ser portadas de revistas y se nos dice “estas trans, sí”. Hay que ver qué formas de transitar adquieren relevancia mediática.

P. La transexualidad infantil la ha adquirido.
R. Es casi imposible competir con la potencia del relato trans infantil. Porque hacen uso de canales que el movimiento trans ha repelido, sobre todo cuando se hacían programas del tipo 'El Diario de Patricia', donde la afirmación política desaparecía. Eso generó resistencia a los medios. Hay una gente ahora que, sin pudor, ocupa esos lugares desde la lógica del testimonio. “Este es mi hijo y lo hemos pasado mal”. Y se acompaña eso con el experto médico. Yo no estoy en contra de esos niños. Es una cuestión de qué paradigma se acaba promoviendo: si a mí ya me parecía arriesgado plantear la transexualidad como esencia en la edad adulta, imagínate en los niños. No digo que no haya niños con conciencia madura de su género pero... Los niños expresan a veces rupturas con su género asignado, y la transexualidad infantil es una interpretación posible, pero no la única.

P. ¿La violencia que ejercen las personas trans sobre el cuerpo es algo comparable con la violencia que nos ejercemos el resto por las presiones de género?
R. Sí, pero hay demasiado esencialismo en los movimientos sociales para crear esos puentes.

P. ¿Esencialismo?
R. Hay gente cómoda estableciendo al otro como otro y ya. Yo no lo estoy. Me interesa la pedagogía, las conexiones para que nos vinculemos: qué te interpela de mi malestar para poder jugar en mi mismo equipo. Habrá a quien le parezca descabellado poner al mismo nivel la violencia que yo siento como trans con la de otras personas cis, pero yo quiero generar empatía, muy transformadora políticamente. Al final se trata de presiones sociales de un mundo en el que todos participamos.

sábado, 12 de enero de 2019

#hemeroteca #transexualidad | Miquel Missé: "No hay nada biológico en ser trans, como no hay nada biológico en ser hombre o mujer"

Imagen: El Diario / Miquel Missé
Miquel Missé, sociólogo trans: "No hay nada biológico en ser trans, como no hay nada biológico en ser hombre o mujer".
El sociólogo Miquel Missé impugna en su último libro, ‘A la conquista del cuerpo equivocado’ (Egales), el discurso sobre la transexualidad que vincula el malestar que sienten muchas personas trans a un problema con su cuerpo. "No comparto la lógica de que lo que hay son hombres y mujeres en cuerpos diversos, pero siempre hombres y mujeres. Creo que ser hombre o mujer es una cuestión totalmente relativa y muy frágil", explica. También se muestra crítico con algunos relatos sobre la infancia trans: "Asociar automáticamente la transexualidad a los menores que repiten una y otra vez que son de otro género, es un problema".
Marta Borraz | El Diario, 2019-01-12
https://www.eldiario.es/sociedad/problema-discurso-hegemonico-diciendo-biologico_0_856015014.html

Sus palabras se debaten entre la crítica y la esperanza, entre lo que no le gusta de lo que ve y lo que cree posible. Miquel Missé (Barcelona, 1985), sociólogo trans, asegura que el privilegio de haber podido estudiar, su familia y su trayectoria activista le han traído hasta aquí. Hasta las ideas que expone en su último libro, 'A la conquista del cuerpo equivocado' (Editorial Egales), en el que, con tono sagaz, impugna el relato más popular sobre la transexualidad. "Siento la extraña sensación de que me han robado el cuerpo", comienza con firmeza el texto.

P. ¿Qué significa eso?
R. Me refiero a que tengo la sensación de que las personas trans en general hemos asumido un discurso por el que el malestar que sentimos tendría su origen en el cuerpo. Yo tengo una relación con mi cuerpo problemática y lo vivo con conflicto, pero creo que esta idea está basada en un conjunto de creencias que en algún momento aprendí. No creo que yo estuviera determinado a no estar a gusto con mi cuerpo, sino que tiene que ver con una cultura que nos lanza una serie de mensajes para interpretar ese malestar, en mi caso el de no encajar en la categoría mujer. A las personas trans nos han dicho y hemos aprendido que nuestro cuerpo es un problema y que tenemos que ponerlo en juego y cambiarlo. Y, de alguna manera, todos esos discursos nos lo han robado, nos han robado la posibilidad de vivir el cuerpo de otra manera.

P. Entonces, ¿cuál es el origen de ese malestar?
R. Creo que tiene mucho que ver con unos códigos culturales muy concretos respecto a la identidad y al cuerpo, con la creencia de que la identidad de hombre o mujer está asociada a una corporalidad biológica y a unos valores muy concretos. Esta correlación es tan potente que si has nacido en un cuerpo que se asigna a la categoría hombre, pero no te identificas en nada con ella, en esta sociedad parecería que la única explicación posible es que eres una mujer. Y yo creo que eso es muy discutible. Sin embargo, no estamos en la deriva de discutir eso, sino en la de transformar, hormonar y operar el cuerpo.

P. Es decir, ser trans no es algo biológico...
R. No, por supuesto que no, no hay nada biológico en ser trans como no hay nada biológico en ser hombre o mujer. Eso tiene que ver con cómo ordenamos nosotros la sociedad, es decir en base a que hay unas identidades asociadas a unos genitales, pero eso es una decisión cultural que hemos tomado. Podríamos haber tomado otra. Yo creo que no hay nada innato en el hecho de ser hombre o mujer y, por ende, no hay nada innato en el hecho de ser trans.

P. Apunta en su libro a la revolución trans que ha estallado en los últimos años, con una mayor presencia de las realidades trans en los medios, la política y la opinión pública, pero hay algo que no acaba de cuadrarle. ¿Qué es?
R. Son muchas cosas, pero principalmente es que parecería que hemos encontrado unas reivindicaciones que son muy transformadoras, y lo que ocurre es que en ellas también se encuentran discursos profundamente esencialistas y conservadores.

P. ¿En qué sentido?
R. Por ejemplo, en muchos discursos sobre la infancia trans. Con este tema, me gustaría hacer un apunte, y es que cada vez es más difícil hablar de la infancia trans sin ser tachado de tránsfobo y eso me parece súper peligroso. No tengo ningún problema con que la gente haga transiciones de género, sino que creo que el discurso hegemónico acerca del género en la infancia que asocia automáticamente la transexualidad a los menores que repiten una y otra vez que son de otro género, es un problema. Ahí es donde tengo conflictos de posiciones.

Ahora bien, entiendo que muchas familias acompañen a sus hijos e hijas en transiciones de género y seguro que a muchos de esos niños y niñas les va bien, solo digo que el relato que se utiliza para explicar lo que está pasando, me parece equivocado. Yo sencillamente es que no creo que exista gente con cerebros de hombre y de mujer, no creo que exista una identidad innata preestablecida. A los discursos que dicen que la identidad de género se fija en torno a los dos o tres años, creo que les faltan complejidad y matices porque tú puedes no tener en la infancia una identidad definida o tener una identidad que no es la que se te ha asignado al nacer porque estás explorando y tratando de entender. En la infancia hay muchos momentos en los que, mientras están aprendiendo que el mundo es binario, hay mucha fluidez y yo creo que la fluidez hay que cultivarla.

P. Ante este escenario, habla de reconquistar el cuerpo. ¿Cómo?
R. Reconciliarse con el cuerpo no necesariamente tiene que ver con no someterte a hormonas u operaciones. Yo creo que uno puede hacer eso porque cree que va a vivir mejor, pero estar en paz con esas decisiones. Sin embargo, veo que muchas veces, aunque uno transforme el cuerpo, el malestar sigue estando. Y eso tiene que ver con que tenemos que plantearnos qué tipo de realidades trans estamos visibilizando, que son las de aquellas personas que pasan desapercibidas y no parecen trans. Hay mucha gente que nunca será invisible por varias razones, entre ellas la propia morfología o los recursos económicos.

¿Cómo se logra la reconciliación? Primero, dejando espacio para hacerse estas preguntas. Para mí es muy liberador haber podido pensar 'bueno, igual en otro contexto no hubiera necesitado tomar hormonas'. Es muy doloroso, pero también me ayuda a entender que mi cuerpo no es una mierda y no tiene un problema de serie, que no es que hubo una vida feliz que pude vivir y no estoy viviendo, sino que hay una vida feliz que podría vivir si no me hubieran dicho según qué cosas sobre mi cuerpo o sobre mi identidad. También hay que hablar de expresiones de género diversas y de que una determinada no tiene que ser por ende el inicio de una crisis de identidad de género. El problema es que solo haya una opción u otra y que las categorías hombre-mujer estén tan encorsetadas y sean tan rígidas. El problema es todo el sistema normativo que hay detrás.

P. Defiende que ese sistema normativo es el que se está reproduciendo en muchos discursos actuales por los derechos de la comunidad trans...
R. Creo que en algunos discursos que abogan por los derechos de las personas trans hay formas de conceptualizar el género bastante esencialistas. Entiendo que el objetivo es la visibilidad trans pero a costa de algunos argumentos que nos van a salir muy caros.

P. ¿Cómo cuáles?
R. Por ejemplo, entender que las categorías imperantes son las categorías de hombre y mujer y lo que pasa es que puedes nacer con un cuerpo X o Y, pero las categorías siguen siendo esas. No comparto la lógica de que lo que hay son hombres y mujeres en cuerpos diversos, pero siempre hombres y mujeres. Creo que ser hombre o mujer es una cuestión totalmente relativa y muy frágil. Si realmente fuera algo totalmente natural, no estaría tan patrullada y vigilada por miles de sistemas de control y castigo hacia quien se sale de la norma.

P. En el libro hace una crítica a todo lo que ocurrió con el polémico autobús de HazteOir...
R. Para empezar, lo de HazteOir me parece un ejemplo paradigmático de cómo se ha relativizado la capacidad de indignación. A veces se producen estas grandes explosiones de enfado que pudiera parecer que hay millones de personas preocupadas por un tema y simplemente son millones de personas que han hecho ‘click’ o han hecho ‘retuit’. No creo que haya que relativizar el autobús ni su violencia, pero creo que hemos reforzado más su lugar en el mundo. Creo que a HazteOir le hicimos una enorme campaña de publicidad.

Y por otro lado, mucha de la gente que respondió lo hizo con campañas y mensajes sobre que la transexualidad está en el cerebro y no en los genitales. Es decir, no se hizo de una forma más profunda en torno a las categorías de género. Pero esa respuesta es igual de biologicista. Decir que el sexo está en el cerebro es igual de problemático que decir que está en los genitales. Al final, es una guerra entre esencialistas de diferentes lados: hay unos esencialistas que nos querrían exterminar y otros que querrían nuestra libertad. Si tengo que posicionarme, sin dudarlo me posiciono con los segundos, pero creo que tenemos que ser capaces de hablar de diferentes posiciones e ideas dentro de una misma lucha.

jueves, 10 de enero de 2019

#hemeroteca #transexualidad | Miquel Missé: “La transexualidad ha pasado de reivindicar el derecho a operarse a casi reivindicar el derecho a no hacerlo”

Imagen: Catalunya Plural ( Miquel Missé
“La transexualidad ha pasado de reivindicar el derecho a operarse a casi reivindicar el derecho a no hacerlo”.
¿Qué mensaje envía la sociedad a las personas trans? ¿El malestar que sufren es un malestar individual o colectivo? ¿Es necesaria la modificación del cuerpo para ser aceptado en nuestra sociedad? ¿Hay que cambiar el imaginario colectivo? Hablamos con Miquel Missé, activista trans y sociólogo, con motivo del lanzamiento de su nuevo libro "A la conquista del cuerpo equivocado".
Maria Antònia Frau | Catalunya Plural, 2019-01-10
http://catalunyaplural.cat/es/la-transexualidad-ha-pasado-de-reivindicar-el-derecho-a-operarse-a-casi-reivindicar-el-derecho-a-no-hacerlo/

Desde siempre, el discurso más extendido sobre transexualidad afirmó que el malestar de las personas trans reside en el cuerpo y, además, que es un problema individual que debe solucionar cada persona. Miquel Missé, sociólogo y activista por los derechos trans, ha editado varios libros donde habla sobre la transexualidad y cuestiona el modelo binario de género y los roles impuestos por la sociedad, como ‘El género desordenado: criticas en torno a la patologización de la transexualidad’, editado junto con Gerard Coll-Planas o ‘Transexualidades. Otras miradas posibles’. Ahora vuelve con un nuevo libro ‘A la conquista del cuerpo equivocado’, en el que reflexiona sobre el malestar que se atribuye al cuerpo de las personas trans y propone cuestionar este discurso extendido y hegemónico sobre la transexualidad.

P. En tu nuevo libro pones en cuestión la idea del cuerpo equivocado, ¿A qué te refieres?
R. El principal imaginario alrededor de la transexualidad está muy centrado en que el malestar que las personas trans tenemos se resuelve modificando nuestro cuerpo. Esta idea la hemos asumida e incluso la hemos reivindicada desde el propio colectivo trans. Lo que propongo en el libro es que entiendo perfectamente la necesidad de modificar el cuerpo porque nuestra sociedad es muy rígida con lo que es aceptable de ser hombre o mujer. Yo mismo modifico mi cuerpo pero es muy importante que en algún momento podamos cuestionarnos al servicio de quién están las modificaciones culturales. Tengo la sensación de que plantear el tema del cuerpo equivocado es una forma muy fácil para nuestra sociedad de desentenderse de que parte de nuestro malestar también se resolvería si se transformara el imaginario colectivo, lo que pasa es que es más fácil que nosotros modificamos nuestro cuerpo.

P. En 2018 la OMS dejó de considerar la transexualidad como un trastorno mental pero incorpora lo que llama “incongruencia de género” en el capítulo de “condiciones relativas a la salud sexual” junto a otros conceptos como “disfunciones sexuales”. ¿Qué supone esta redefinición?
R. Hay una pequeña mejora. Antes el trastorno de identidad de género era una categoría que estaba en un capítulo de la clasificación internacional de enfermedades llamada trastornos de comportamiento. El debate que había sobre la mesa era si había que sacar totalmente la transexualidad del manual. Desde una perspectiva despatologitzadora deberíamos sacarla, pero si pensamos en muchos países que no tienen sistemas sanitarios públicos y que necesitan que las aseguradoras tengan categorías médicas para cubrirte el proceso, si no existe el concepto, ¿por qué deberían darnos medicamentos o tratamientos hormonales?

La gran cuestión fue encontrar una definición que permitiera el acceso a la salud en diversos lugares del mundo pero que no fuera patologizadora. Se introdujo la categoría “incongruencia de género” en el capítulo “condiciones relativas a la salud sexual” donde hay varias situaciones que requieren acompañamiento médico pero no son enfermedades como, por ejemplo, un embarazo. La crítica que hago es que la categoría que proponen me parece problemática porque, de nuevo, establece que hay una manera congruente de articular cómo debe ser tu expresión, tu identidad y tu sexo. Se debe entender que era complicado y arriesgado hacer este cambio, está bien cambiar de un capítulo a otro, pero creo que el concepto no nos ayuda.

P. Actualmente se hace la distinción entre identidad de género y expresión de género. ¿Cuál es el significado de cada concepto?
R. El concepto género se subdivide en dos categorías: identidad y expresión. Es una gran riqueza que aporta al lenguaje y al imaginario porque diferencia que tú te identifiques como hombre, mujer, o en un género no binario, con el hecho de que tengas una expresión masculina o femenina. Hasta ahora parecía que cuando eras un hombre con una expresión muy femenina era porque necesariamente te sentías mujer. Sentirse mujer y ser femenino era el mismo. Ahora no es así y podemos explicar que los hombres pueden ser muy femeninos y ser hombres, que las mujeres pueden ser muy masculinas y sentirse mujeres.

Lo que hacemos es ampliar el abanico de posibilidades de expresión para la gente con una identidad determinada. El principal tema de la transexualidad es que el hecho de tener una expresión de género, unas identificaciones, unas aficiones y un imaginario que te identifica más con el género contrario, te lleva a la conclusión de que lo que está pasando es que tú no debes ser un hombre o una mujer. En cambio, si flexibilizamos muchísimo lo que es ser un hombre y que es ser una mujer, la transexualidad como necesidad disminuiría.

P. Afirmas que nos dicen que ser trans es nacer en un cuerpo equivocado. ¿Cómo definirías tú la transexualidad?
R. Definiría la transexualidad como la experiencia, el deseo o el fenómeno de querer vivir en una identidad de género que no es la que se te asignó al nacer. En algunos casos esto implicará también modificar el cuerpo, en mayor o menor medida, y en otros puede que no. Para mí tiene que ver con la necesidad de vivir con otra identidad de género para sentirte reconocido por la sociedad.

P. ¿Crees que modificar el cuerpo es la solución?
R. Modificar el cuerpo puede ser la solución para un individuo en un momento concreto y puede ser una solución entre comillas, porque después deberíamos ver si realmente modificar el cuerpo transforma nuestro malestar o lo que realmente hace que estemos mejor es el proceso de empoderamiento y autoestima corporal.

Debemos aspirar a más, por ejemplo: aunque a algunas mujeres les ayude hacer autodefensa para sentirse más seguras, lo que resuelve es que los hombres no agredan. Más allá de que modificar nuestro cuerpo nos haga sentir mejor, lo que realmente resuelve el problema de fondo es que nuestra sociedad haga una revolución en la forma en la que entiende la identidad, el cuerpo y el género.

P. Hablemos de los menores transexuales. ¿Hasta qué punto podemos decir que un menor es trans o que es una niña masculina o un niño afeminado?
R. Es un debate muy complejo porque principalmente hay muchas familias que están intentando hacerlo lo mejor posible y es lo que hay que destacar. Hay una situación que es muy difícil de gestionar en relación a la familia extensa, en el espacio público, en la escuela o en el pediatra, que es cuando un niño o una niña expresa con mucha contundencia comportamientos de género o identificaciones que no son las que se esperaban.

Una de las complejidades cuando se habla de menores trans es que hay muchas familias que se sienten cuestionadas. No se trata de culpar a nadie pero hay que poner en cuestión el paradigma de la transexualidad infantil como un paradigma explicativo de por qué los niños y las niñas a veces hacen esto.

Debemos pensar formas mucho más amplias porque lo que está pasando tiene que ver más con la rigidez de género y la poca libertad para expresarse, que con el hecho de que claramente haya unos niños que tengan una situación especifica de no concordancia. Nuestro trabajo es conseguir que los niños tengan otros imaginarios posibles.

P. En tu libro “Transexualidades. Otras miradas posibles” questionas la patologización de la transexualidad y planteas otras maneras de entenderla. ¿Cuáles serían esas miradas?
R. Básicamente es intentar explicar la cuestión trans desde otro paradigma que lo que propone es que la transexualidad no me ha pasado a mí individualmente, sino que es algo relacional y colectivo y, por tanto, para que a mí se me haya ocurrido que yo soy trans ha habido muchos elementos culturales que me han influido en esta decisión. Para mí tiene más que ver con una cuestión estructural que una cuestión biológica.

P. En este mismo libro dices que “Los médicos dejaban de ser médicos y pasaban a convertirse en guardianes del sistema binario hombre / mujer”. ¿A qué te refieres?
R. La gran batalla es transformar la hegemonía que tiene el imaginario biomédico. A pesar de vivir en una sociedad que parece que ha hecho una auténtica revolución en relación a su imaginario feminista, en muchos contextos los grandes expertos en temas de sexo, género y sexualidad siguen siendo los médicos. Debemos conseguir transformar también su imaginario, flexibilizarlo… Además, un trabajo muy importante es visibilizar y promover otros modelos y referentes de hombres que tienen expresiones femeninas y de mujeres que tienen expresiones masculinas. Hay que hablar de que no todo el mundo nace macho o hembra y que no todo el mundo se identifica como hombre o como mujer.

La población trans es muy rica y diversa y se aleja de la normatividad que la visibilidad mediática propone. No hay que rechazar la riqueza de la que partimos porque es inspiradora. Lo más importante es poblar el imaginario colectivo con una gran riqueza de posibilidades de existencia para que la gente sea más libre. Habrá gente que seguirá diciendo que hay una línea entre lo normal y lo patológico, entre la forma correcta y esperable de vivir el género, etc. Mientras esta gente dice eso, vamos llenando el imaginario de todos de muchas formas de existencia hasta que al final su posición quede totalmente relativizada.

P. También hablas del concepto transexualidad normativa, ¿te refieres a la que impulsa el discurso médico?
R. Tiene que ver con los mandatos de la transexualidad. Por ejemplo, aceptar que eres una persona trans pero tienes que pasar totalmente desapercibido, lo que se dice la cultura del passing de la que hablo en el libro. Hay una presión para pasar desapercibido o desapercibida y cuando no se te nota que eres una persona transexual, eres premiado. Por ejemplo, yo vengo a hacer esta entrevista y llevo una camiseta compresora que hace que mi pecho no se note y eso tiene un premio socialmente. Si viniera sin esta parecería trans, por eso si pienso en sacármela siento que la gente me aceptará menos.

Cuando no haces una transición completa según esta normatividad trans, parece extraño. Debemos hacer mucha pedagogía sobre que el objetivo no es que yo pase de A a B sino que yo encuentre mi sitio en la línea entre los dos puntos. Para mí el empoderamiento trans pasa porque yo sepa que si no me pongo esta camiseta compresora, la gente también me premiará. Pero ahora lo que siento es que me tengo que hacer una mastectomía. No está valorado lo difícil que es decir que no me quiero operar. Hemos pasado de un paradigma de reivindicar el derecho de operarse, que nos ha costado mucho, a un paradigma casi de reivindicar el derecho a no operarnos.

P. ¿Cuáles son las consecuencias sufridas por mirar la transexualidad desde una mirada médica y patologizadora?
R. La principal consecuencia la sufrimos la gente trans porque vivimos toda la vida pensando que somos nosotros los que tenemos un problema y que debemos solucionarlo. El momento principal de malestar es al principio, cuando piensas que no eres como los demás, que hay algo que no encaja. Este padecimiento es muy duro y es inaceptable que yo haya tenido que pasar momentos en mi vida donde pensaba que mi existencia no era correcta.

El principal problema del modelo patologizador es que individualiza y responsabiliza del malestar a la persona ya su cuerpo. Se emite un mensaje afirmando que yo soy el responsable de estar mejor, pero toda la sociedad tiene la responsabilidad. La cuestión es si podemos educar nuestra mirada para respetar la riqueza de cuerpos posibles y la manera de vivir el cuerpo de la gente.

P. Al final, ¿”el cuerpo equivocado” es un tema que nos interpela a todas?
R. Todos los cuerpos están equivocados, no hay ninguna que esté bien. Lo que pasa es que se habla mucho del cuerpo de las personas transexuales porque requiere un cambio de sexo. La propuesta del libro es apelar a las alianzas entre la gente. Yo soy trans y quizás tú no lo eres pero estás entendiendo perfectamente lo que te estoy diciendo y te puede molestar y puedes rebelarte. Cabe preguntarse a quién le interesa que haya presión corporal, que nos queramos modificar el cuerpo y que siempre estemos un poco a disgusto. Nos tenemos que hacer cargo de que esta manera de vivir el cuerpo es profundamente desigual y violenta.

P. ¿Una manera de reconquistar el cuerpo es interpelar a la sociedad?
R. Si, reconquistar el cuerpo, lo intento explicar en el libro, no es culpabilizar a la gente que se opera diciendo que no lo reconquistará. Es casi un estado mental o una posición. Por ejemplo, partiendo de la base de que la gente se depila por presión estética y porque si no, no se ve bien, lo importante es tomar conciencia crítica. Tú te puedes depilar porque es una norma sexista que está apuntalando los mitos de la belleza femenina, no porque tu cuerpo esté mal; lo sabes y todo así lo necesitas pero no es que tú seas una loca que no aceptas tu pelo, sino que hay presiones sociales que afectan tu autoestima. Es aquí donde debemos señalar.

jueves, 1 de noviembre de 2018

#libros #transexualidad | A la conquista del cuerpo equivocado

A la conquista del cuerpo equivocado / Miquel Missé.
Barcelona [etc.] : Egales, 2018 [11-01].
172 p.
Colección: G.
ISBN 9788417319366

/ ES / ENS
/ Cuerpos / Estereotipos / Prejuicios / Trans / Transgénero / Transexualidad / Queer

El relato más popular sobre la transexualidad ha señalado que nuestro malestar reside en nuestro cuerpo y la solución es transformarlo. Sin embargo, otras voces han querido impugnar ese relato con nuevas preguntas: ¿y si el origen de nuestro malestar no estuviera en nuestro cuerpo?, ¿seguiría estando en el cuerpo el remedio? Encontrar una respuesta a estas cuestiones es un ejercicio colectivo que lleva décadas fraguándose. Este libro es parte de este ejercicio, de la batalla por ganar el relato sobre el origen del malestar de las personas trans y así desplazar el discurso del cuerpo equivocado para colocar otra propuesta. O, dicho de otro modo: estos cuerpos nuestros, que nos dijeron que estaban equivocados, queremos reconquistarlos.

Miquel Missé
es el autor de ‘El género desordenado’ (junto con Gerard Coll-Planas), ‘Transexualidades. Otras miradas posibles’ y ‘Políticas trans’ (junto con Pol Galofre).