Mostrando entradas con la etiqueta 19781226-PRS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 19781226-PRS. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de diciembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Víctor Mora: «La trampa es seguir pensando que debemos movilizarnos solo para apoyar las causas de aquella categoría a la que pertenecemos»

Imagen: Google Imágenes / Víctor Mora
Víctor Mora (escritor): «La trampa es seguir pensando que debemos movilizarnos solo para apoyar las causas de aquella categoría a la que pertenecemos»
Aashta Martinez | Dos Manzanas, 2019-12-10
https://www.dosmanzanas.com/2019/12/victor-mora-escritor-la-trampa-es-seguir-pensando-que-debemos-movilizarnos-solo-para-apoyar-las-causas-de-aquella-categoria-a-la-que-pertenecemos.html

Hace 41 años que la homosexualidad fue despenalizada —o, mejor dicho, excluida de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social— en España. Un hito lo suficientemente importante como para que la fecha sea conmemorada de múltiples formas. Por esa razón, Víctor Mora acaba de publicar ‘40 años después’ (Egales), una obra colectiva que el escritor y activista coordina junto a Geoffroy Huard y en la que un grupo de activistas e investigadores analizan de forma crítica estas cuatro décadas transcurridas desde la despenalización de la homosexualidad en nuestro país. Dosmanzanas ha charlado con el autor valenciano sobre su libro.

P: La despenalización de la homosexualidad no significó el fin de la represión de gais, lesbianas y trans. De hecho, la policía siguió deteniendo a ‘invertidos’ y ‘travestis’ (como les llamaban entonces) y a cualquier otro sujeto que pudiera ser sospechoso de ‘escándalo público’, ley vigente hasta 1988. ¿Cuál crees que fue el verdadero punto de inflexión en esa lucha?

R. La despenalización, el 26 de diciembre de 1978, fue desde luego un punto de inflexión. Sin embargo, creo que lo fundamental llega antes, en 1970, cuando por un lado entra en vigor la LPRS y, por otro, comienza el activismo organizado en la clandestinidad. Es esa toma de conciencia como colectivo lo que sentará las bases de una transformación social. Comenzarán a formarse frentes de liberación homosexual en distintas ciudades y a organizarse la protesta. Creo que esa es la clave originaria que ha permitido después la proliferación de asociaciones y asambleas que han ido haciendo frente a la situación precaria de ‘alegalidad’ en la que la exclusión de la homosexualidad como elemento punible dejó a las invertidas, travestis y trans. Ya no éramos ilegales ‘per se’, como dices, pero se seguía persiguiendo la conducta disidente de la norma, por expresión del género o del deseo, y estábamos aún lejos de ser consideradas sujetos de derecho.

El largo camino hacia el reconocimiento, que aún continúa, comenzó ahí, con la toma de conciencia de que somos colectivo. Un camino que se inicia por inspiración de lo que estaba ocurriendo en otros contextos, como el norteamericano o el francés, con los que se tejieron también alianzas; y que después ha ido mutando y ocupando ramas diversas del mapa político.

P. El franquismo sentó sus bases ideológicas sobre el predominio de la masculinidad hegemónica. Hasta el punto de que, tal y como señalas en uno de tus libros, una de las palabras que más repitió Franco en sus discursos durante el Régimen fue ‘viril’. ¿Por qué fue utilizado durante el franquismo el homosexual para definir por oposición al hombre (o a lo que, según algunos, debería ser un hombre)?

R. El franquismo se asienta sobre una misoginia estructural que impregna su relato político, social y cultural. Es el ‘machismo orgánico’ del que habla Olmeda en ‘El látigo y la pluma’. La virilidad era una cuestión de Estado que llegaba para imponer el orden frente al caos social, que asociaba al auge del feminismo, a la creciente visibilidad de los invertidos y también (entre otras cosas) a las vanguardias artísticas. El fascismo es en síntesis la muerte contra la vida, ‘lo seco contra lo húmedo’ que diría Litell (es decir, lo rígido frente a lo que fluye y lo único frente a lo ‘diverso’). Lo ‘viril’ en el franquismo es la imposición de esa pretendida rigidez que se simbolizaba como dices en la masculinidad. Una teoría que debía valerse de oposiciones absolutas. por tanto, lo opuesto al ideal viril era lo femenino o afeminado, sinónimo de debilidad y crisis. Por tanto sí, en lo social, el mal hombre era el hombre femenino, y su extremo era el homosexual.

Comienza a penalizarse como tal en 1954, con la inclusión de la homosexualidad como objeto punible en la Ley de Vagos y Maleantes, justo después de haber firmado el Concordato con el Vaticano, una amalgama ideológica totalitaria que devino en el llamado ‘nacionalcatolicismo’. La institución eclesiástica tuvo todo que ver en la construcción social del género, y también la producción científica de psiquiatras como Vallejo Nágera o López Ibor. Discursos en principio nada relacionados, como el de la medicina y la religión, se hermanaron para definir lo femenino como enemigo interno. El homosexual era un traidor social y un peligro de salud pública por su ‘contagiosidad’.

P. Es evidente que en estos años transcurridos desde 1978 se ha avanzado bastante en materia de derechos LGTBI. Las mujeres transexuales del Régimen franquista, por ejemplo, estaban en cárceles de hombres, porque no se hacía distinción entre orientación e identidad de género (la identidad era algo totalmente desconocido y que, por tanto, no se contemplaba). ¿Cómo definirías la evolución de la lucha social y política de las personas trans en estas últimas décadas? ¿Dirías que sigue habiendo mucho desconocimiento en lo que a la identidad de género se refiere?

R. Sigue habiendo desconocimiento, pero eso apunta a dos objetos. El primero es que desde luego hay quien habita el negacionismo sobre las experiencias trans y vive anclado en los tiempos en los que ‘no existían’ para el discurso hegemónico, y no eran vidas que debieran ser consideradas. El segundo es que seguimos investigando y cuestionando el género, su espectro pragmático y sus posibilidades, entonces no hay ‘una verdad’ sobre lo trans como no hay una verdad sagrada sobre ninguna cuestión, porque toda cuestión es móvil, avanza y va transitando con el tiempo. Eso es algo que aprendes con los testimonios y las entrevistas, no hay una experiencia trans o queer que sea igual a otra, atravesada por lo transgeneracional, lo transcultural o los marcos de tránsito geopolítico. Lo que es incuestionable es que se ha avanzado en materia de derechos y en el reconocimiento de las realidades trans, sin duda, como es incuestionable también que lo indiscutible es (o debiera ser) el respeto y respaldo público y privado a la autodeterminación y a la escucha de cada experiencia. En el franquismo la negación era tal que se llamaba a las mujeres trans ‘invertidos con pechos’, y se las consideraba invertidos con ‘alto grado de homosexualidad’, porque no existía la diferencia entre identidad y orientación, y se explicaba todo mediante el binarismo más implacable. Hoy sigue ocurriendo, no nos hemos desprendido de lo binario como forma de acceso al mundo, aunque se vaya abriendo la brecha poco a poco. Y creo que lo alarmante respecto a las vidas trans, como vengo diciendo en varias columnas de ‘Quién teme a lo queer’, son los ataques, ya no de la extrema derecha que reproduce los fantasmas franquistas, sino de sectores conservadores y reaccionarios de un feminismo autodenominado radical, que pretende retrotraer el discurso feminista a los esencialismos biológicos y a patrones realmente peligrosos, frente a los que tenemos que ser contundentes.

P. Sin duda. Tu nuevo libro demuestra que la historia de las personas LGTBI no es una historia lineal desde aquel mes de diciembre de 1978, ya que la represión continuó como constante, incluso hasta nuestros días. ¿Cuáles dirías que han sido las principales estrategias y formas con las que la represión ha continuado?

R. Precisamente porque la historia no es lineal creo que no hay que conceder crédito a entender nada como ‘progreso’, como si hubiera un camino trazado que estuviera claro en el que avanzamos o retrocedemos. No, la historia nunca se repite, siempre cambia de escenario y paisaje político, siempre cambia según se escribe. La represión se ha mantenido, pero no creo que como ‘constante’. Ha ido cambiando de estrategias y hemos atravesado escenarios muy distintos en estos 40 años. Vivimos la institucionalización de algunas asociaciones, nos enfrentamos a retos como la crisis del SIDA y la consecuente transformación de la colectividad, la protesta y la demanda. Hemos asistido igualmente a una proliferación de narrativas audiovisuales LGBT+ que también han hecho que cambie el panorama, así como al reconocimiento de derechos como el matrimonio igualitario o la ley de identidad trans. Todo ello nos ha dejado un panorama nuevo que precisa de nuevos análisis, no es tan sencillo como un avance y un retroceso. Las estrategias de la opresión también han tenido que desempolvarse y buscar nuevos modos de control social. Creo que hoy en día destaca la victimización de los sectores conservadores frente a lo que llaman ‘dictadura de lo políticamente correcto’, por resumir, y que directamente busca criminalizar toda forma de protesta. Que los verdugos hayan usurpado el lugar simbólico de las víctimas es la estrategia más llamativa actualmente.

P. Manuela Carmena, que ha escrito el prólogo del libro, asegura que el colectivo LGTBI debe permanecer en estado de alerta, «más aún en un tiempo en el que nos llegan ecos que nos transportan a tiempos pasados y amenazan con un viento de regresión, de intolerancia que amenaza todo lo conseguido». ¿Pintan bastos para las personas LGTBI en España? ¿Debería preocuparnos el increíble auge del populismo en el siglo XXI?

R. Debe preocuparnos el auge del fascismo en España. Pintan bastos para todas, porque la trampa es seguir pensando que debemos movilizarnos solo para apoyar las causas de aquella categoría a la que pertenecemos. Ese es uno de los problemas del colectivo, que parece que tiene una G muy grande y que además no contempla más allá de las siglas, y también que muchas veces se resiste a comprender que se trata de una lucha contra todas las formas de opresión. Eso lo transmitió muy bien Sylvia Rivera en el Orgullo de Christopher Street en 1973, cuando las gais blancas burguesas la abucheaban y le gritaban que se bajara del escenario apenas unos años después de Stonewall. Sylvia Rivera les gritaba ‘¿Qué hacéis aquí? ¿Qué hacéis que no estáis en las cárceles, apoyando a los presos, a los marginados, a los pobres?’. Ese es también nuestro problema. Hasta que no asimilemos que el ‘a por ellos’ es a por todas, no podremos avanzar en materia de derechos LGBT+, porque no se trata de proteger a una sigla frente a otra dentro de ese paraguas, se trata de tejer una red que comprenda que el feminismo es un agente de transformación social total, queer, antirracista, transfeminista y contra la supremacía. ¿Qué hacemos aquí? ¿Nos preocupa que Vox pida los nombres de educadores LGBT+ en los institutos, o que niegue nuestras familias y nuestros derechos básicos? Por supuesto que sí, pero ¿qué hacemos aquí? ¿Qué hacemos que no estamos además protestando frente a los CIES, frenando desahucios, pidiendo los derechos de las putas y exigiendo sanidad pública universal y derechos equivalentes para todas? No se trata de fiscalizarnos ni de caer en la trampa del ‘todos contra todos’. Se trata de comprender que frente al fascismo somos todas cuerpos vulnerables y que tenemos que aliarnos colectivamente de forma más amplia, diversa y solidaria. Pintan bastos para todas.

lunes, 2 de diciembre de 2019

#libros #homosexualidad #despenalizacion | 40 años después : la despenalización de la homosexualidad en España. Investigación, memoria y experiencias

40 años después : la despenalización de la homosexualidad en España. Investigación, memoria y experiencias / Víctor Mora y Geoffroy Huard (eds.) ; prólogo de Manuela Carmena.
Barcelona [etc.] : Egales, 2019 [12-02].
301 p.
Colección: G.
ISBN 9788417319779 / 20 €

/ ES / ENS / REC
/ Despenalización / España / Homofobia / Homosexualidad / LPRS / Memoria histórica / Transición

Se suele afirmar que la homosexualidad fue despenalizada en España en 1978. En realidad, el 26 de diciembre de 1978 la homosexualidad fue excluida de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Esta exclusión fue posible gracias a las múltiples manifestaciones y protestas que, desde al menos 1977, pedían su derogación. Sin embargo, esta exclusión no significó la despenalización o el fin de la represión de gais, lesbianas y transexuales. La policía siguió deteniendo a «invertidos» y «travestis» (como se decía entonces), a putas, chaperos y a cualquier cuerpo que pudiera ser sospechoso de «escándalo público», ley vigente hasta 1988.

Hoy, 40 años después de la exclusión de la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, este volumen colectivo mira críticamente este periodo para reivindicar la memoria sexual y de género de nuestro país. Compuesto por textos de activistas e investigadorxs que analizan este recorrido de la historia reciente, y también por testimonios en primera persona de aquellxs que sufrieron la represión sexual durante la dictadura y la transición a la democracia.

Este libro demuestra que la historia de gais, lesbianas y transexuales no es una historia lineal desde la «despenalización» de 1978, pues la represión continuó como constante, incluso hasta nuestros días, con estrategias y formas diversas. Este volumen colectivo no solo pretende volver sobre la historia de la represión sexual durante la dictadura franquista y la posterior transición, sino que pretende ser una herramienta crítica y testimonial que sirva como continuación de una lucha que está lejos de haber terminado.

miércoles, 19 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Cuando ser y amar eran delitos

Imagen: Diario de Cádiz / Ilustración de Miguel Guillén
Cuando ser y amar eran delitos.
El ensayo ‘Lo personal es político. Historia del activismo homosexual en Andalucía’, de Juan Ramón Barbancho y Pablo Morterero, y editado por la Diputación de Cádiz, se presenta mañana jueves en el café teatro Pay Pay
Tamara García | Diario de Cádiz, 2019-06-19
https://www.diariodecadiz.es/ocio/historia-activismo-homosexual-Andalucia-delitos_0_1365163975.html

La historia del activismo homosexual es la historia de la lucha por ser, por la reivindicación de la propia identidad, y por amar, por la libertad de elegir y mostrar a quien amar. La historia del activismo homosexual es una historia individual, colectiva y pública porque ‘Lo personal es político’, como apuntan Juan Ramón Barbancho y Pablo Morterero en el título de su libro conjunto que acaba de publicar la Diputación de Cádiz y que mañana jueves 20 de junio, a las ocho de la tarde, se presenta en el café teatro Pay Pay.

Una obra que nace “al calor del 40 aniversario de la aprobación del decreto ley que excluía la homosexualidad de la ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social”, explica Morterero, presidente de la asociación Adriano Antinoo que en 2018, dentro de los actos con motivo de la efemérides, planteó “comenzar una investigación histórica sobre la historia del activismo homosexual en Andalucía” ya que su asociación, fundada en 2012, tenía como objetivo principal “recuperar la historia de aquellos homosexuales que habían sufrido la represión y discriminación en tiempos de Dictadura, Transición y primera Democracia”.

El resultado es una obra con la que se pretende “recuperar la voz de los que, por desgracia, no han podido tenerla o que la han tenido pero no han creído que sus vivencias tenían valor” además de realizar un acercamiento “a los movimientos y asociaciones que, en algunos casos, por ser más débiles o efímeros, no habían dejado demasiado rastro de su existencia”.

Con todo, Morterero advierte que ‘Lo personal es político. Historia del activismo homosexual en Andalucía’ apenas es “un bosquejo”, “una primera cartografía”, sobre una materia de la que “todavía queda mucho por descubrir”, con lo que la considera como “un comienzo y no una obra definitiva”, animando así a “otros investigadores” a explorar este campo e, incluso, “a refutar o confirmar algunas hipótesis” que los autores han introducido en la obra.

Y es que en este libro, “que tiene dos partes, una primera sobre la recuperación de la memoria de estas personas víctimas de la Ley de Peligrosidad, y otra sobre el activismo propiamente dicho”, llega en un momento importante en la historia política andaluza con la irrupción en el Parlamento de un partido que ha puesto en cuestión los derechos conseguidos por el colectivo LGTBI. “De todas formas –opina Morterero– creo que tenemos que esperar un poco de tiempo porque no hay que olvidar un hecho fundamental y es que, según la ONU, los derechos LGTBI son Derechos Humanos y quien cuestione los Derechos Humanos está a un lado de la raya. Así que cuestionar, por ejemplo, el matrimonio homosexual no es una opinión es ponerte, según la ONU, del lado de los que no están de acuerdo con los Derechos Humanos, por tanto, Vox está en contra de los Derechos Humanos pero espero que partidos como Ciudadanos y PP, que yo creo que defienden los Derechos Humanos, pues nos respaldarán”.

‘Lo personal es político’, desde luego, viene a abundar en esa historia de cómo las personas LGTBI han conseguido concienciar sobre la importancia del reconocimiento de la identidad y de la orientación sexual para conseguir una sociedad verdaderamente democrática a través de la construcción de un activismo que en Andalucía, en sus orígenes, fue “muy transformador y muy revolucionario pero apenas tuvo repercusión a nivel estatal”.

Por eso, es importante recuperar los nombres de esos movimientos y activistas que desde finales de los años 70 realizaron las primeras acciones reivindicativas. Morterero y Barbancho nombran a la Unión Democrática de Homosexuales de Málaga como el primer movimiento de nuestra Comunidad con una primera acción callejera en enero de 1977, año en el que también parece que surgieron en Granada el Movimiento de Liberación Homosexual y el Frente de Acción Revolucionaria.

“De todas formas, eran movimientos muy localistas en el sentido de que lo que pasaba en Granada no se sabía en Sevilla o lo que pasaba en Sevilla no se conocía en Málaga”, aduce el autor que, sin embargo, habla de “dos realidades que parecen trascender a nivel regional” como “la actitud de apoyo del párroco de la iglesia San Idelfonso de Granada, donde personas de otras provincias acudían para salir de situaciones de discriminación y marginación” y “la organización del Frente de Liberación Homosexual de Andalucía con implantación en Cádiz, Córdoba, Sevilla, Málaga y Granada” convirtiéndose en la primera estructura de ámbito regional aunque Morterero recuerda que un poco antes el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria, localizado en Sevilla, intentó llegar a Córdoba.

En la obra, además, se recuperan diferentes hitos de esta lucha en Andalucía como la presencia de Manuel Alejandre, del Frente de Liberación Homosexual en Andalucía, en una mesa sobre VIH con médicos especializados y el arzobispo de la Diócesis, Carlos Amigo, en Sevilla en el año 1987; o la participación también en Sevilla, a través del Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria, en la red de las primeras ciudades donde se celebraron en el año 78 las manifestaciones y mítines que después derivarían en el Orgullo Gay, entre otras.

martes, 12 de marzo de 2019

#hemeroteka #homosexualitatea | Hitzaldia egingo dute, homosexualitatearen despenalizazioaren 40. urteurrenean

Imagen: Irutxuloko Hitza / Imanol Alvarez
Hitzaldia egingo dute, homosexualitatearen despenalizazioaren 40. urteurrenean.
Irati Salsamendi | Irutxuloko Hitza, 2019-03-12

https://irutxulo.hitza.eus/2019/03/12/hitzaldia-egingo-dute-homosexualitatearen-despenalizazioaren/

1979ko urtarrilaren 11n despenalizatu zuten homosexualitatea, eta 40. urteurrenaren harira Javi Larrauriren ‘Testigos de un tiempo maldito’ dokumentala proiektatuko dute Koldo Mitxelenan. EHGAMek (Euskal Herriko Gay-Les Askapen Mugimendua) antolatuta, asteazkenean, martxoaren 13an, egingo dute jarduera, 18:30ean, eta proiekzioaz gain, Imanol Alvarez EHGAMeko sortzaileak hitzaldia egingo du.

Amets Martinez de Heredita militanteak Hala Bedi irratian azaldutakoaren arabera, 70eko hamarkadan homosexualek ‘Ley de vagos y maleantes’ moduan ezagutzen zen legeari aurre egin behar zioten. Haietako askok atxilotuak izan ziren, eta Badajozeko eta Huelvako espetxeetan sartu zituzten. Ustezko “sexu jarrera pasiboa” zutenak Badajozera eramaten zituzten, eta ustezko “jarrera aktiboa” zutenak Huelvara. Espetxe horietan homosexualitatea sendatzeko terapiak erabiltzen zituztela azaldu du, hala nola, lobotomiak eta elektroshock-ak. Lesbianak “ez zirela existitzen” gaineratu du: “Existentzia eza izan zen zigorrik handiena”.Garai haietan hainbat ekintzaile antolatzen hasi ziren eta 1977. urtean Bartzelonan egin zuten lehen mobilizazioa: amnistia, LGTB taldeen legeztapena eta homosexualitatearen legeztapena eskatzen zuten.

domingo, 13 de enero de 2019

#hemeroteca #memoria #homofobia | Sejo Carrascosa: “Tuvimos prisiones que eran verdaderos campos de concentración. El trato allí era cruel y salvaje”

Imagen: Noticias de Álava / Sejo Carrascosa
Sejo Carrascosa · Activista ‘queer’, integrante del colectivo Lumagorri HAT: “Tuvimos prisiones que eran verdaderos campos de concentración. El trato allí era cruel y salvaje”.
La Ley franquista de peligrosidad y rehabilitación social dejó de poner el foco sobre la población LGTBI hace anteayer 40 años. Toca echar la vista atrás, pero también mirar hacia adelante.
Carlos Mtz. Orduna | Noticias de Alava, 2019-01-13
https://www.noticiasdealava.eus/2019/01/13/araba/tuvimos-prisiones-que-eran-verdaderos-campos-de-concentracion-el-trato-alli-era-cruel-y-salvaje

Esta norma que durante la recta final de la dictadura reemplazó a la vieja Ley de vagos y maleantes trataba de mantener bajo control a todos los elementos considerados “antisociales” por el régimen, desde las personas que practicaran la mendicidad o el proxenetismo hasta aquellas que se salieran de la norma heterosexual, y fue utilizada de forma sistemática para reprimir a la población homosexual y ‘trans’ junto a la de escándalo público. Sejo Carrascosa (Madrid, 1959) vivió en primera persona la eliminación de los artículos de la ley referidos a los actos homosexuales en 1979, un primer gran logro para el movimiento LGTBI de la época, que sin embargo siguió sufriendo durante años la persecución y el acoso, entre otros agentes, de la Policía. “Siempre las personas transgénero, transexuales o travestis eran el cebo perfecto. Bastaba con llevar un fular, unos pendientes o ir un poco pintada para que te metieran la Ley de escándalo público”, rememora el activista, que se instaló en Gasteiz el día de Nochevieja de 1994, curiosamente pocos meses antes de que la Ley de peligrosidad fuese por fin derogada por completo. Pese a los avances conseguidos, Carrascosa, integrante en la actualidad del colectivo Lumagorri HAT, no olvida la “fuerza” que todavía hoy acumulan sectores “muy reaccionarios” de la sociedad y critica que la legislación que persigue los delitos de odio se esté aplicando “mal y al revés”.

-¿Cómo recuerda aquellos días?
-Yo ya en aquella época estaba de activista en Madrid, en una organización que se llamaba Frente de Liberación Homosexual de Castilla. Por aquel entonces no existía Madrid como entidad, era una provincia (ríe). Y por supuesto, una de las grandes reivindicaciones del movimiento era la derogación de esta ley, que permitía que las personas homosexuales pudiéramos ser detenidas y encarceladas en cualquier momento totalmente a discreción de la policía y los chivatos. Todo esto hay que situarlo en el contexto de la transición, que tenía una efervescencia política salvaje. En aquella eclosión de libertades que hasta entonces habían estado reprimidas, surgieron diferentes movimientos no sólo para lograr la democracia, la libertad o la amnistía, sino también grupos feministas y también los gays. Había muchas luchas e incluso se creó una Coordinadora de marginación social, donde se organizaron los sectores más vulnerables de la sociedad contra los que precisamente esta ley iba habitualmente. Y por eso era una prioridad que se aboliera.

-¿Cómo solía actuar la Policía contra la población homosexual?
-A veces se ponían cebos para coger a las personas que iban a lugares donde había encuentros homosexuales. Y sobre todo se metían con cualquier homosexual afeminado, principalmente travestis o personas que por su vestimenta o sus ademanes fuesen consideradas homosexuales.

-Para la historia reciente más oscura quedan los campos de trabajo donde eran internadas.
-Sí. Era una ley bastante cruel, porque tuvimos prisiones que eran verdaderos campos de concentración. Parecidas a los campos de trabajo que la Cuba castrista también tenía para los homosexuales, que trataban de ‘reeducar’ mediante el trabajo. El trato que daban allí era totalmente cruel y salvaje. La más conocida fue la de Tefía, en Canarias. También hubo otra en Badajoz y creo recordar que en Málaga [Huelva]. Era muy curioso porque a una mandaban a los activos y a otra a los pasivos. Ignoro cómo consideraría el juez esto, si hacían exámenes anales o vete a saber tú qué aberración. Aparte, durante la dictadura, había ciertos psiquiatras del régimen como Vallejo-Nájera que lo que intentaban era curar la homosexualidad experimentando no sólo con ‘electroshock’, sino también con las lobotomías.

-Álava también tuvo en Nanclares su particular cárcel para gais.
-Aquí en Nanclares también hubo homosexuales, pero sí se sabe que la cuestión fue un poco más paternalista. Los presos tenían nombres femeninos y se dedicaban un poco a hacer el servicio doméstico de los funcionarios de la prisión. No era de las peores cárceles, pero se construyó siguiendo el diseño de los campos de concentración nazis y también hubo nazis presos. Aunque supongo que vivirían bien y nos les faltaría mucho rancho. Digamos que no era tan dura dentro de lo que supone estar recluido. Y a saber luego lo que te tocaría dentro.

-¿Existe alguna estimación sobre cuántas personas del colectivo pudieron llegar a estar allí?
-No. Hay mucha gente que está intentando estudiar el tema, pero el acceso a los archivos policiales es complicado. No sé sabe cuánta gente pudo estar ahí y tampoco por qué, porque muchas veces esta ley se aplicaba por proxenetismo, por drogas, por ser transeúnte...

-¿Vivió alguna detención o algún encarcelamiento cercano?
-Yo era muy joven entonces, pero en el grupo que estábamos en Madrid sí había mucha gente mayor que había tenido algún tipo de problema. Esto muchas veces pasaba sólo por tres días en la comisaría o una paliza y en otras ocasiones iba a más. Dependía mucho de la clase que tuvieras. Yo conocí un par de casos, como el de un señor adinerado de Bilbao, constructor, que cayó alguna vez pero después podía ‘tirar’ de la familia para quedar libre después de hacer unas llamadas. Yo no viví en ningún momento una actuación de la policía en esta época porque estaban a otra vaina, me refiero a finales de los 70. Chueca ya existía, también los bares de ambiente y los sitios de encuentro... Estaban a otras cosas.

-A pesar de todo, la persecución al colectivo siguió.
-Claro, a partir de 1979 ya no podían detenerte por homosexual, pero sí por escándalo público. Y esto era un concepto moral también totalmente a discreción de la Policía o los jueces. Podía ser por morrearte en la calle, pero más que nada era, por supuesto, para la gente con pluma o travestis. Siempre las personas transgénero, transexuales o travestis eran el cebo perfecto. Bastaba con llevar un fular, unos pendientes o ir un poco pintada para que te metieran lo de escándalo público.

-¿Y cómo afectaba la ley a las mujeres de la época?
-Normalmente no se les aplicaba. Por entonces, nunca se pensaba que dos mujeres pudiesen tener una sexualidad, no cabía esa visión. Entonces, digamos que las mujeres podían pasar mucho más desapercibidas, porque eran casi invisibles. Si dos mujeres vivían solas y juntas, podían ser familia, primas o no eran más que formas de vida de resistencia. Pero también es cierto que se aplicaba más, por supuesto, a aquéllas que jugasen más con el género, a las que fuesen más varoniles. Y con dureza también, aunque se podía aceptar un poquito más que una mujer fuera masculina a que un hombre fuera femenino. Así que era más difícil que a ellas se les aplicara. Por suerte.

-¿Qué efecto tuvo la derogación definitiva de la ley en 1979?
-Una vez que se derogó, los espacios de encuentro gais ya estaban más o menos normalizados, había bares y tal, y el movimiento decayó bastante. Todas las reivindicaciones que había en torno a la libertad sexual, que tenían que ver más con mayo del 68, empezaron a olvidarse. Había un movimiento importante, que estaba aglutinado en la Coordinadora estatal de frentes de liberación homosexual, y era curioso porque estaba organizado territorialmente, en Euskal Herria, en Cataluña, en Valencia, en Galicia... Estaba bien organizado, pero una vez derogada la ley y conseguido lo más prioritario, muchos grupos desaparecieron o se quedaron en plan testimonial. Hubo una bajada muy grande del activismo y la militancia, no porque no hubiera cosas por las que luchar.

-Usted llegó a Gasteiz unos años después, a las puertas de 1995. ¿Cómo fue la adaptación a una ciudad pequeña que siempre se ha dicho ‘de curas y militares’?
-Bien. Yo venía de una ciudad grande y Vitoria tenía ya sus bares y sus cosas. Y en esos espacios había ya cierta comunidad, aunque todavía muy consumista, en el sentido de que se iba a los bares y se hacían fiestas pero había bastante invisibilidad de la gente todavía. Yo recuerdo las primeras manifestaciones de aquí en el Orgullo y verdaderamente eran un poco patéticas. Éramos ‘cuatro’ los que salíamos a la calle a dar la cara, aunque luego a la fiesta vinieran 100. En aquella época yo llegué a contabilizar tres o cuatro bares de ambiente. Era un ambiente mixto, en el que todavía no había muchas mujeres, pero que sí te permitía hacer cierto recorrido. Había un sector empresarial muy interesado en ese ‘target’, los gais y la noche. Ahora la situación ha cambiado mucho, hay un cambio muy grande. Ya no tenemos tantos bares de ambiente, pero alucino mucho con toda la gente joven que sale todos los 28-J. Ha sido un proceso lento, de dar la cara durante años, pero en cuanto a visibilidad se ha logrado mucho.

-Las leyes han avanzado, pero da la impresión de que el machismo y una de sus múltiples caras, la LGTBI-fobia, se está rearmando y ha sacado los ‘tanques’ a la calle. ¿Lo comparte?
-Es cierto, esto es como todo. Hay sectores todavía muy reaccionarios en la sociedad que tienen su fuerza y que siguen incidiendo en que la homosexualidad es una enfermedad que tiene cura. Entonces no nos engañemos, no se puede bajar la guardia. La reacción está ahí, como pendiente. Y no lo digo sólo por el caso de VOX, sino por otros sectores como la iglesia evangelista, con toda la influencia que tiene en Sudamérica, y también la católica. Aquí tenemos una legislación contra los delitos de odio y me parece bien, pero que la Iglesia esté financiada por el mismo gobierno a través del concordato con el Vaticano y que se le permita lanzar mensajes de odio es una contradicción muy grande. Pero es normal que se produjese este rearme y que fuese a cargo de los sectores más tradicionalistas.

-¿La legislación contra los delitos de odio a la que se refería está funcionando como se esperaba?
-La legislación de los delitos de odio se supone que era para proteger a los colectivos más vulnerables, pero en realidad se está aplicando mal y al revés, contra quienes cuestionan a la Policía, a la monarquía o a la propia Iglesia. No creo que sean los más vulnerables de la sociedad. Me parecen interesantes este tipo de legislaciones, pero lo que hay que hacer es una implementación verdadera. Lo mismo pasa con la educación, que es una de nuestras grandes reivindicaciones de siempre, pero que choca con una pared muy grande, como es la educación concertada. No creemos que las escuelas religiosas puedan dar verdaderamente una educación de diversidad sexual.

-Parece claro que en pleno 2019 queda todavía mucho camino por andar para el colectivo.
-Sí. Como decía antes, veo mucha gente joven implicada, pero echo de menos mucha otra gente con diversidad funcional, con otros orígenes culturales y étnicos que verdaderamente no sé qué problemáticas tendrán, aunque me las imagino, y que están un poco abandonadas en su desarrollo personal y sexual desde la Administración. Es importante utilizar miradas interseccionales para que, cuando hablamos de toda la sociedad, no sólo lo hagamos sobre esa parte ‘bonita’, la que vemos.

viernes, 11 de enero de 2019

#hemeroteca #memoria | Plantando cara 40 años después

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Olca Alarcón
Plantando cara 40 años después.
Hoy se cumplen 40 años desde que se publicase en el BOE la modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que supuso la despenalización de la homosexualidad. Quienes vivieron el momento lo recuerdan. “El camino de los hombres homosexuales era la cárcel y el de las mujeres lesbianas, el manicomio ”
Arantxa Lopetegi / Aner Gondra | Noticias de Gipuzkoa, 2019-01-11
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2019/01/11/sociedad/plantando-cara-40-anos-despues

Era una noche más de fiesta y trabajo en Las Cortes de Bilbao hasta que apareció la policía. Era una redada con un objetivo claro. “Se llevaron a todos los travestis”, recuerda Imanol Álvarez, uno de los fundadores de EHGAM. La asociación, que ya trabajaba por los derechos del colectivo a finales de los años setenta, se dedicó a hablar con los locales en los que trabajaban las personas detenidas y con las autoridades.

Pasaron los días y se hicieron manifestaciones. Una semana después los travestis aparecieron de nuevo en sus casas. Habían pasado todo ese tiempo en calabozos y regresaban con los cuerpos llenos de cardenales. “Les dieron candela”, se lamenta Álvarez.

Es un ejemplo de la represión que sufrieron los homosexuales hace cuatro décadas. La herramienta utilizada para ello tenía nombre: Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. “No formaba parte del Código Penal, era un ley por la que con la mera sospecha de que alguien era homosexual bastaba para que fuera internado en algún centro de rehabilitación”, relata Imanol. Estos centros, de los que no había ninguno en Euskadi, eran verdaderas cárceles camufladas en las que se incluían los trabajos forzados. Era tal el colapso en estos centros que los hombres que no cabían en ellos eran derivados a cárceles como la de Basauri.

El caso de las mujeres era otro y lo recuerda Olga Alarcón, veterana activista del movimiento LGTBI que evoca que para cuando el 11 de enero de 1979 se publicó en el BOE la modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, “el camino de los hombres homosexuales era la cárcel y el de las mujeres homosexuales, el manicomio”, instituciones en las que acababan, en muchas ocasiones, empujadas por sus familias. “No se ha podido investigar mucho porque un gran número de esos centros se han cerrado. Es una historia que yo doy por perdida”, afirma.

Encuadra aquel momento de despenalización de la homosexualidad en sus “primeros meses de ‘armarización’”. La noticia “le sorprendió”, le provocó “sensaciones extrañas” y le hizo pensar “que las cosas podían cambiar”. Y es que la ley no fue derogada hasta 1995, aunque en 1978 se eliminara la palabra homosexualidad.

Olga Alarcón se sumó casi desde el inicio al movimiento LGTBI, en torno a 1979, poco tiempo después de que en incluso en el Congreso se planteara “que lo que pasaba, socialmente era insostenible. De hecho se reflejó en que 288 diputados votaron que sí a la despenalización y hubo 6 u 8 abstenciones”. “Empezábamos a abrirnos a Europa y había que limpiarse un poco la cara”, añade Alarcón.

Fue una victoria importante para el colectivo LGBTI, pero la represión continuó, “que es de lo que la gente se olvida”, señala Imanol Álvarez. No acabó la represión porque seguían utilizando contra los homosexuales tres artículos del Código Penal: dos que hablaban del escándalo público, que fue cambiado en 1985, y otro que hablaba de corrupción de menores. “Hasta 1989, aunque la mayoría de edad eran los 18 años, en el Código Penal seguía considerándose la corrupción de menores hasta los 23 años”, detalla Álvarez.

Esa persecución hizo que gays y lesbianas mantuvieran parte de su vida en la clandestinidad. Un síntoma de ello era que entre los homosexuales se extendiesen los motes. “Se usaban porque públicamente tú no podías decir el nombre de una persona gay”, recuerda José Ignacio Sánchez, un bilbaino nacido en Cuba que acumula décadas de activismo por los derechos LGBTI. “Por ejemplo, yo tenía un amigo que trabajaba en una naviera y por eso le llamaban ‘Onassis’. Como yo nací en Cuba, me llamaban ‘La Coquitos’, que era una vede-te cubana”. A pesar de la injusticia y de la precariedad en la que tenían que desarrollar su vida social, no faltaba el humor: “A otro chico le llamábamos ‘La Salipum’, porque salías de fiesta y ¡Pum! te lo encontrabas en todos sitios. Más tarde se quedó solo con ‘La Sali’”.

Imanol Álvarez advierte de que aquellos alias eran “un 99% en femenino para hombres”. “La mitad era por cuestión folklórica, pero también había un contenido inconsciente de rebelarse contra lo que ahora se llama binarismo, para romper el concepto de género”, explica.

La hazaña de ligar
Pero, ¿cómo podían conocer y entablar relación con otros gays y lesbianas si tenían que ocultarse? Mientras que Imanol Álvarez asegura que era “una comunicación a base de miradas”, José Ignacio asegura que tenían sus propios códigos: “Si a las 12.30 de la noche no habías ligado, te dabas un paseo por la Gran Vía, pero tenías que subir por la acera de la izquierda. Si te cruzabas varias veces con una persona ya sabías lo que había”. Durante años los váteres públicos de Bilbao e incluso los de El Corte Inglés fueron puntos de encuentro para gays.

Yolanda, por su parte, asegura que las lesbianas lo tenían más complicado. “Las miradas no funcionaban con nosotras”, lamenta. Por lo que apostaron por otro tipo de señales: “Optamos por llevar el pelo corto y ropas más ambiguas. Jugábamos a la ambigüedad para poder diferenciarnos del resto”.

Activismo
EHGAM fue el pistoletazo de salida para el activismo LGBTI en Bizkaia. Imanol lo vivió en primera persona y fue, junto a Antonio Quintana, uno de sus precursores. “Él venía de estudiar en el Reino Unido y allí había visto grupos gays en la universidad”, relata el hoy presidente de EHGAM. “Yo le conocí por casualidad porque era la pareja de un alumno mío. En noviembre de 1976, en la feria del libro de Durango, me los encontré y empezamos a hablar. En menos de una hora me propuso hacer algo así en Euskal Herria. Mi contestación fue que era imposible, porque esto es muy católico y muy tradicional, pero que, si tenía ganas, por intentarlo no pasaba nada”.

Para su sorpresa fue todo sobre ruedas y a finales de enero de 1977 organizaron una asamblea pública en una sala de los Franciscanos de Iralabarri. “Convocamos a gente de nuestro entorno y nos pusimos el nombre oficial”, recuerda con nostalgia, “nos sorprendió el éxito de convocatoria, porque vinieron unas 40 personas”.

Pero tras la despenalización la situación seguía siendo dura y la de la mujeres más compleja por estar invisibilizadas. “Todo se enfocaba a los hombres. El tema del lesbianismo también se condenaba, pero las mujeres que pasaban por las cárceles fueron bastante menos y a nosotras no se nos adscribía a un centro determinado. Íbamos a cualquiera y, en general, rodeadas de prostitutas”.

“Con las lesbianas no se metían tanto porque las mujeres eran invisibles, sobre todo las homosexuales”, recuerda Yolanda Martínez, una empresaria y activista nacida en Burgos pero que lleva la mayor parte de su vida en Bilbao. “La situación de la mujer era catastrófica y se daba por hecho que no había mujeres lesbianas. Si dos vivían juntas era porque eran amigas”.

Estos días Olga Alarcón ha estado investigando el tema y ha encontrado dos fallos judiciales contra dos mujeres homosexuales. El primero data de 1951 y se sitúa en Barcelona, con una mujer a la que se aplicó la Ley de Vagos y Maleantes.

Otro caso mucho más tardío ocurrió en Granada en 1974. “Afectó a una mujer muy joven y la sentencia dice que era una rebelde contra la familia. A la novia no la encarcelaron”. Aquella mujer recuerda hoy que no vivió mucha agresividad, rodeada de otras mujeres que le decían cosas como “¿tú lesbiana? Tú eres es una puta como nosotras”.

A aquella mujer “le fue bien la vida”, actualmente regenta un negocio con su compañera pero relata que “durante mucho tiempo tuvo manía persecutoria y que a día de hoy sigue teniendo costumbre de mirar hacia atrás”. Sobre los casos de lesbianas en la cárcel, afirma, hay poco investigado.

“En aquella época si ya hablar de sexualidad era una escándalo, hablar de sexualidad de mujeres que se suponía que solamente estábamos para el placer del hombre... ¿Qué hacían con nosotras que no había hombre por medio?”, reflexiona esta mujer que reconoce “que el castigo visibilizaba y era más sutil el camino de la discreción de la familia hacia el manicomio”.

“Seguimos siendo más invisibles que los hombres. No en el mismo grado que entonces pero sí”, afirma Alarcón, que tiene claro que “han hecho bien los deberes”. “Tengo muchas amigas que hemos sido visibles hace tiempo, también como activistas, pero parece que incluso en prensa es más espectacular sacar a los hombres” critica, e ilustra esta denuncia con un ejemplo: el mundo del deporte en el que “han salido más mujeres del armario que hombres y no trasciende. ¡Imagina si lo hubiera hecho el capitán de un equipo de medalla olímpica!”.

Volviendo la vista atrás hay que recordar que hubo que esperar veinte años más, hasta 1988, para que se suprimiera del Código Penal el delito de escándalo público por relaciones entre personas del mismo sexo. “Darte un beso en la calle era un escándalo. No sé si cuando Rafaella Carrá hizo la canción pensaba en nosotras, pero era un escandalazo” apunta Alarcón.

Cuenta una anécdota. En 1983 les recibió por vez primera la Alta Asistencia de Justicia y también Rafael Vera, en aquellos tiempos director general de Seguridad del Estado. Hay que recordar que, pese a la despenalización, las fichas policiales de las personas detenidas por ser homosexuales no se destruyeron. Cuando una delegación, en la que participaba Alarcón, reclamó a Vera esa eliminación respondió que la suya, “por lo visto había sido rojo antes, la tenían todavía”.

Desde 1995 esas fichas, explica, solo pueden ser consultadas por estudiosos de la materia.

“Posteriormente la represión siguió y siguió hasta 2005”, declara y hace una pausa para afirmar “que sigue hoy”. “Ahí está el acuerdo de Vox y el PP y aunque no hayan derogado la ley para proteger a la comunidad LGTBI, en materia de educación volvemos a ser ideología”. Y es que, incide, “ la reivindicación siempre ha sido que no hablamos de ideología, sino de derechos humanos. Cualquier ser humano tiene derecho a ser como es”.

jugar con el odioLamenta que se abran las puertas a que padres y madres se nieguen a que sus hijos “reciban información sobre diversidad de todo tipo, no solo la sexual”. “Espero que en Andalucía, como en todo el Estado, tanto el movimiento feminista como el LGTBI sigan la consigna de que nos tendrán enfrente. Lo vamos a tener que pelear”.

“Están jugando con el odio, y cuando se despierta este odio las consecuencias pueden ser terribles”, apostilla e informa que los últimos días ya se han dado agresiones en algunos municipios andaluces, ataques que “no son producto del azar”.

Aunque en el marco legal estatal considera que el colectivo LGTBI está en “plena igualdad”, cree que el problema reside en trasladar esta igualdad “a un derecho real”. La ley en defensa de este colectivo “está en el parlamento y esperamos que salga más pronto que tarde”.

Mientras, diversas comunidades autonómicas se han armado con herramientas legales propias en este sentido, como Valencia, Catalunya, Nafarroa y un largo etcétera. La de Euskadi está en marcha y, según Alarcón, “un poco verde”.

“Lo que se pretende es abarcar todas las etapas vitales de las personas LGTBI e incorporar como obligación a las administraciones lo que está en la ley y que se hagan políticas proactivas. Para ello hay que hacer un estudio sobre las necesidades reales que tenemos”.

Los ejes fundamentales son la sanidad/salud, el sistema educativo y la formación en materia jurídica y enseñanza. “Hay un tema que preocupa mucho: garantizar la seguridad de los y las jóvenes que sufren acoso en los centros escolares, que sigue siendo un número muy, muy alto”, añade esta activista de Gehitu, que asegura que siguen atendiendo numerosos casos en esta línea.

“Creíamos que no se podía dar un paso atrás y estoy convencida de que el discurso del odio no se impondrá”, analiza Alarcón. “Nos encontrarán enfrente y creo que tenemos por detrás la suficiente resistencia para no recular, pero hay que pelearlo. Es increíble que a un partido del que se ve claro que es inconstitucional no se le haya pedido la ilegalización”, más cuando propugna un discurso que aboga por dar acicate “al odio al de al lado”.

Han pasado 40 años desde la despenalización de la homosexualidad y más desde que el franquismo planteara que el trato a este colectivo era de delincuentes. “No sé si estos son los hijos de aquellos, pero es verdad que en la política de la derecha se repiten muchos apellidos del pasado. Pero no es justo criminalizar a toda la derecha, porque ha habido voces contra este pacto, como en Euskadi”, concluye Alarcón.

#hemeroteca #lgtbi #mayores | José Ignacio Sánchez: “Es difícil ser gay en la vejez, los heteros lo tienen más fácil”

Imagen: Deia / José Ignacio Sánchez
José Ignacio Sánchez: “Es difícil ser gay en la vejez, los heteros lo tienen más fácil”.
Zaharrok trabaja para visibilizar el colectivo LGBTI en la tercera edad.
Aner Gondra | Deia, 2019-01-11
https://www.deia.eus/2019/01/11/sociedad/euskadi/es-dificil-ser-gay-en-la-vejez-los-heteros-lo-tienen-mas-facil

Hoy se cumplen cuarenta años de que entrase en vigor la legalización de la homosexualidad en el Estado español, pero cuatro décadas después la misma generación de personas que sufrió aquella represión legal y policial sigue hoy luchando contra otro tipo de discriminación y prejuicios. La tercera edad también aguarda días difíciles para las personas LGBTI, tal y como lamenta José Ignacio Sánchez, directivo de la asociación Zaharrok.

Los colectivos EHGAM y Aldarte editaron un libro titulado ‘Miradas indiscretas’ en el que se recogían testimonios en primera persona de hombres y mujeres que habían participado en el activismo por los derechos LGBTI. “Vimos que se estaban perdiendo los testimonios de muchas personas”, recuerda José Ignacio, “y nos dimos cuenta de que hay mucha gente que está sola, que tiene que afrontar la recta final de sus vidas en soledad porque no se han casado, porque no tienen familia o por veinte mil razones. Y pensamos que sería bueno hacer una asociación que los amparase”. Y así nació Zaharrok.

Este colectivo ha puesto en marcha unas reuniones abiertas, que se organizan cada quince días, en las que diversas personas acuden a exponer sus miedos, temores y problemas. “Hay algunos que incluso no habían salido del armario”, advierte Sánchez. Pero las inquietudes de Zaharrok van más allá y quieren ampliar su trabajo a las residencias y centros de día. “Nos enteramos de que hay gais que, por circunstancias, están en residencias y que están volviendo al armario”. Las residencias y centros para la tercera edad no parecen ofrecer toda la comprensión y respeto necesarios hacia el colectivo LGBTI: “Creo que se trata de un problema educacional. Una de las cosas que queremos trabajar con la Diputación es un plan de educación hacia los cuidadores, celadores y demás profesionales de las residencias para que, si detectan algún tipo de homofobia, lesbofobia o cualquier tipo de agresión sepan de dónde viene y cómo educar a la gente con la que está viviendo el afectado”.

José Ignacio Sánchez no carga contra las personas mayores que conviven en las residencias. “Hay algunos que tienen mucha pluma y los compañeros que están alrededor son a veces personas que tienen una mochila homófoba”, detalla a Deia, “no porque ellos sean homófobos, sino porque su educación ha sido homófoba”.

Zaharrok se creó hace poco más de un año, pero ha sido recientemente cuando ha empezado a poner en marcha sus proyectos. “Estamos empezando poco a poco”, confirma Sánchez, “hemos tenido contactos con la Diputación Foral de Bizkaia, de quien dependen las residencias, y la acogida ha sido muy buena. Con el Ayuntamiento de Bilbao también queremos hablar sobre los centros de día, para poder acudir a ellos con algunas charlas y actividades”.

En cualquier caso, desde Zaharrok advierten de que no trabajan para la creación de nuevos espacios para las personas LGBTI: “Lo que no pretendemos, ni hemos pretendido, ni pretenderemos es crear residencias o centros de día para gays o lesbianas, porque eso es crear guetos. Nosotros lo que queremos hacer es vivir y convivir con todo el mundo alrededor y que respeten nuestra diferencia como nosotros respetamos a ellos”.

“No es protección”
En Euskadi y en Bizkaia existe un espeso tejido asociativo en cuanto a colectivos LGBTI se refiere, pero hasta ahora nadie había abordado de forma tan directa la problemática de las personas LGBTI de la tercera edad. “Es una cosa que estamos empezando y llama la atención de otros grupos, porque todos vamos hacia ahí delante”, confirma José Ignacio. Y a pesar de lo que pudiera parecer, el dirigente de Zaharrok asegura que “no es para protegerlos, no es una cuestión de protección. Es una cuestión de que sepan que para defender sus derechos estamos nosotros”.

El objetivo es facilitar a los mayores que puedan vivir sin que tengan reparos a expresar su orientación sexual. “Es difícil ser gay en la vejez”, asegura Sánchez, “los heteros lo tienen más fácil. En esta sociedad a los 65 años sexualmente ya no eres válido. Pero la gente es activa todavía a los 65 y 75 años. No hay una discriminación muy grande respecto a parejas, pero a un gay de 70 años le es muy difícil ligar. Es difícil porque hay muchos que no han salido del armario, se han ocultado o no han querido hacerlo público. ¿Y ahora esa gente dónde está?”.

Desde Zaharrok apuntan a una problemática social que afecta a toda la tercera edad. “Ser viejo es ser inservible”, protesta José Ignacio, “se hacen programas de centros de día, un Bilbao muy ‘friendly’ para los mayores, pero se está quedando mucho en palabras más que en acciones. Se piensa en fiestas, conciertos y cosas para gente joven y la gente mayor está relegada. Las personas mayores siguen siendo válidas, tanto socialmente como sexualmente. Siguen siendo personas. Toda la sociedad oculta a los mayores. Lo que hay que hacer es visibilizar a esos mayores. Y Zaharrok quiere visibilizar a los mayores gais, lesbianas, transexuales, etcétera”.

martes, 8 de enero de 2019

#hemeroteca #transexualidad #memoria | De Carmen a Kano: cuatro décadas de historia trans

Imagen: El Salto / Carmen García de Merlo
De Carmen a Kano: cuatro décadas de historia trans.
Carmen lee a Gloria Fuertes y a Kano le gusta el anime. A Carmen, reconocer su identidad sexual le ha supuesto romper con parte de sus seres queridos. A Kano, sus padres le arropan y defienden. En las cuatro décadas que separan el comienzo de sus historias, mucho ha cambiado en torno a la transexualidad. En 2019 se esperan algunos cambios más.
Patricia Reguero | El Salto, 2019-01-08
https://www.elsaltodiario.com/transexualidad/de-carmen-a-kano-cuatro-decadas-de-historia-trans-

¿Cómo le explicarías a un chico de 17 años lo que era la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social? “Pues cualquier persona que veían en la calle y les molestaba era detenida y llevada a comisaría”, resumen Carmen García de Merlo. Nació en 1962 en un municipio de Ciudad Real. Recuerda ser muy pequeña cuando, a escondidas, se ponía la ropa de sus hermanas. “No se trataba de disfrazarme, quería verme como yo me sentía”, dice.

“No sé lo que es”, dice Kano sobre esa ley, aprobada en 1970 y cuya derogación ha cumplido en diciembre 40 años. Él tiene 17. En su mesilla de noche hay libros de anime. Escucha rap y música koreana. En el parque frente al Museo de la Evolución Humana, lugar de encuentro de jóvenes LGTB de Burgos, cuenta cómo, en su segundo primero de la ESO (“repetí primero”, aclara), se cortó el pelo. Fue el gesto con el que pasó a presentarse oficialmente como chico, aunque desde los ocho años él ya se reconocía así fuera de casa.

“Algunos compañeros me decían que parecía una chica lesbiana y que nunca conseguiría ser un chico; creo que al principio solo me apoyó una persona”, recuerda. “A los profesores les costó tratarme en masculino y no conseguí que me llamaran por mi nombre hasta el año siguiente”, dice. En su casa, sus padres necesitaron algo de tiempo para entender lo que pasaba. “Al principio me decían que eso era imposible, que yo era una chica... pero lo fueron aceptando, investigaron... Y aquí estoy”, explica Kano, que forma parte de la Asamblea Diversa en Burgos.

Entre el año de nacimiento de Carmen (1962) y el de Kano (2001) hay cuatro décadas de historia. Muchos años en los que, “tras la muerte del otro”, como se refiere Carmen a la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, la realidad de la diversidad sexual ha ido saliendo de la zona de sombras gracias al trabajo de tantos y tantas que han decidido hacerse visibles para enseñar que hay mil maneras de ser personas trans.

Como Carmen y Kano. “Hay gente que cuando no ve algo que existe no sabe que eso puede pasar, la gente necesita saber que existimos”, dice Kano, cuya seguridad asombra a ratos: “He aprendido que hay un montón de formas de personas y que hay gente que no merece la pena tener en tu vida”, zanja. Hoy explica a quien lo necesite quién es: “A veces la gente asume que soy una chica, y yo les digo: ‘Oye, soy un chico’. Y no lo toman a mal, no me cuestionan mucho”.

Para Carmen, sin embargo, fue más complicado. “En los años 80 empiezan las revistas y entiendo que hay más gente como yo, recuerdo a Bibi Andersen o a Carla [Antonelli]”. Carmen, que ha vivido La Movida madrileña y lee mucha poesía (Gloria Fuertes, Pedro Salinas, Luis Cernuda), explica que las revistas iban a por el morbo, “a ver si se habían operado esto o lo otro”. “A finales de los 80 fui a Barcelona, estuve en contacto con lo que se llamaban entonces ‘travestis’... vi la vida que llevaban y me desanimé”, cuenta.

“En ese momento se hablaba de ‘travestis’ y ni se consideraba la identidad de género de estas personas, sino que eran considerados hombres homosexuales que se vestían de mujeres”, explica Mané Fernández, vicepresidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB). “Pese a no estar mencionados explícitamente en las leyes, las personas transexuales no escapaban a ellas y muchas fueron a la cárcel, sobre todo mujeres”, dice.

La palabra “transexual” llega a la sociedad española de la mano de Interviú. “Aunque en Europa ya se conocía antes el término por los tratamientos de la Harry Benjamin en Holanda, en España se empieza a oir a finales de los años 70, y en un principio siempre en relación con las mujeres transexuales y con el espectáculo”, dice Mané Fernández, que señala dos hitos que marcaron la visibilización de realidades trans en la sociedad española: Bibi Andersen y la película 'Cambio de sexo' que protagoniza Victoria Abril.

Fue ese contexto el que propició que Carmen decidiera seguir en el armario. Fue a Inglaterra, se enamoró, se casó, tuvo dos hijos, pensó “puedo superarlo”. Pero hace diez años, su relación se deteriora. “Me acojoné, afortunadamente, y un día de los muchos que me pasaba llorando llamé a COGAM: estuve con un psicólogo siete meses”. Decidió dar el paso, contárselo a su familia y empezar a vivir de otra manera hace dos años.

Imagen: El Salto / Kano
De la rehabilitación a la despatologización
En esos 54 años, ha pasado mucho. “La derogación de la ley de Peligrosidad en 1978 fue un avance, pero el mayor avance a nivel social fue el dejar de ser invisibles”, dice Mané Fernández, que recuerda que tanto en la manifestación por los derechos del colectivo LGTB de Stonewall en 1969 como en la que se produjo en 1977 en Barcelona, las personas que encabezaron las marchas fueron mujeres trans. “Pese a ello, cuando hablamos de memoria histórica hay que decir que la T somos los más olvidados y los que menos derechos hemos conseguido”, dice.

Entre los hitos de las últimas décadas Mané cita la apertura a mediados de los 90 la apertura de la primera Unidad de Tratamiento de Identidad de Género, en el Hospital Carlos Haya de Málaga. Sin embargo, lo que marcó el camino en el plano estatal hacia el reconocimiento de las realidades trans fue la aprobación de la Ley 3/2007 reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo, una ley que está a la espera de que se aprueba una modificación en 2019. “Esa reforma creo que puede hacerse realidad en 2019, porque la propuesta de modificación está ya en trámite parlamentario”.

Entre los asuntos que se podrían resolver este 2019 está también la aprobación de la Ley de Igualdad LGTB, un texto impulsado por la FELGTB y que, según Mané, está poniendo en evidencia también las reticencias que aun existen sobre la realidad trans. “Los artículos referidos a las personas trans son los que se están encontrando con más oposición, y esto tiene que ver con el discurso social que estamos viendo”, explica. “Demandamos cosas como la paternidad de los hombres transexuales o la autodeterminación de género y eso cuesta entenderlo”, explica, aunque confía en que esta ley salga adelante a lo largo de 2019. Menos posibilidades tiene de salir adelante la Ley Integral Trans que fue registrada en febrero de 2018.

Entre los últimos hitos hacia el reconocimiento de los derechos de las personas trans está la salida de la transexualidad del apartado de enfermedades mentales en la nueva clasificación de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un cambio anunciado en 2018 que se llevará a debate en asamblea a lo largo de este año. De este modo, la “incongruencia de género” saldría del apartado de “enfermedades mentales” para pasar al de “disfunciones sexuales”, y dejará de ser considerado un trastorno psicológico para quedarse en una referencia a la situación física.

“Realmente te hacen sentir enfermo desde el momento en el que te dicen que tienes que ir al psicólogo para que te reconozcan la disforia de género y poder ser como quieras ser”, explica Kano, que ha participado en talleres y charlas sobre transexualidad para dar a conocer la realidad de los menores trans, aunque espera que en el futuro un “chico trans” sea solo “un chico”. De esa necesidad de ser visible habla también Carmen, que el día que contó lo que le pasaba “fue como soltar una mochila de cincuenta kilos”. “He estado 54 años de mi vida luchando contra mí”, dice para resumir lo que supone las múltiples capas de invisibilidad y prejuicios a los que se han enfrentado.

Cuarenta años de la derogación de la Ley de Peligrosidad
La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) celebró el 26 de diciembre el 40 aniversario de la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, y presentó el arranque oficial del año temático ‘Mayores Sin Armarios: ¡Historia, Lucha y Memoria!’. Esta ley, que consideraba a los miembros del colectivo LGTBI “enfermos” y “delincuentes”, fue aprobada en 1970 por el régimen franquista para sustituir a la antigua Ley de Vagos y Maleantes de 1933. En la enumeración de personas “peligrosas” de esta ley están los vagos, rufianes, proxenetas, los que comercien con material pornográfico, mendigos, ebrios y toxicómanos, además de “los que realicen actos de homosexualidad”. Aunque la ley no menciona específicamente la transexualidad, que en los años 70 ni se nombraba. Entonces, se hablaba de personas “travestis” y las personas trans eran condenadas como homosexuales que se vestían de mujeres.

lunes, 7 de enero de 2019

#hemeroteca #memoria | Se cumplen 40 años de la legalización de la homosexualidad

Imagen: Deia / Yolanda Martínez, José Ignacio Sánchez e Imanol Alvarez
Se cumplen 40 años de la legalización de la homosexualidad.
Este viernes se cumplen cuarenta años de que entrase en vigor la legalización de la homosexualidad en España, cuando la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social dejó de poner el foco sobre el colectivo LGBTI.
Aner Gondra | Deia, 2019-01-07
https://www.deia.eus/2019/01/07/sociedad/estado/corazones-clandestinos

Era una noche más de fiesta y trabajo en Las Cortes hasta que apareció la Policía. Era una redada con un objetivo claro. “Se llevaron a todos los travestis”, recuerda Imanol Álvarez, uno de los fundadores de EHGAM. La asociación, que ya trabajaba por los derechos del colectivo a finales de los años setenta, se dedicó a hablar con los locales en los que trabajaban las personas detenidas y con las autoridades. Pasaron los días y se hicieron manifestaciones. Una semana después los travestis aparecieron de nuevo en sus casas. Habían pasado todo ese tiempo en calabozos y regresaban con los cuerpos llenos de cardenales. “Les dieron candela”, se lamenta Álvarez.

Es un ejemplo de la represión que sufrieron los homosexuales hace cuatro décadas. La herramienta utilizada para ello tenía nombre: Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. “No formaba parte del Código Penal, era un ley por la que con la mera sospecha de que alguien era homosexual bastaba para que fuera internado en algún centro de rehabilitación”, relata Imanol. Estos centros, de los que no había ninguno en Euskadi, eran verdaderas cárceles camufladas en las que se incluían los trabajos forzados. Era tal el colapso en estos centros que los hombres que no cabían en ellos eran derivados a cárceles como la de Basauri.

“Con las lesbianas no se metían tanto porque las mujeres eran invisibles, sobre todo las lesbianas”, recuerda Yolanda Martínez, una empresaria y activista nacida en Burgos pero que lleva la mayor parte de su vida en Bilbao. “La situación de la mujer era catastrófica y se daba por hecho que no había mujeres lesbianas. Si dos vivían juntas era porque eran amigas”.

Esta ley no sería derogada hasta 1995, pero en diciembre de 1978 se eliminó de ella la palabra ‘homosexualidad’, entrando en vigor su legalización el 11 de enero de 1979. Fue una victoria importante para el colectivo LGBTI, pero la represión continuó, “que es de lo que la gente se olvida”, señala Imanol Álvarez. No acabó la represión porque seguían utilizando contra los homosexuales tres artículos del Código Penal: dos que hablaban del escándalo público, que fue cambiado en 1985; y otro que hablaba de corrupción de menores. “Hasta 1989, aunque la mayoría de edad eran los 18 años, en el Código Penal seguía considerándose la corrupción de menores hasta los 23 años”, detalla Álvarez.

Códigos secretos y alias
Esa persecución hizo que gais y lesbianas mantuvieran parte de su vida en la clandestinidad. Un síntoma de ello era que entre los homosexuales se extendiesen los motes. “Se usaban porque públicamente tú no podías decir el nombre de una persona gay”, recuerda José Ignacio Sánchez, un bilbaino nacido en Cuba que acumula décadas de activismo por los derechos LGBTI. “Por ejemplo, yo tenía un amigo que trabajaba en una naviera y por eso le llamaban ‘Onasis’. Como yo nací en Cuba, me llamaban ‘La Coquitos’, que era una vedette cubana”. A pesar de la injusticia y de la precariedad en la que tenían que desarrollar su vida social, no faltaba el humor: “A otro chico le llamábamos ‘La Salipum’, porque salías de fiesta y ¡PUM! te lo encontrabas en todos sitios. Más tarde se quedó solo con La Sali”.

Imanol Álvarez advierte de que aquellos alias eran “un 99% en femenino para hombres”. “La mitad era por cuestión folklórica, pero también había un contenido inconsciente de rebelarse contra lo que ahora se llama binarismo, para romper el concepto de género”, explica.

¿Pero cómo podían conocer y entablar relación con otros gais y lesbianas si tenían que ocultarse? Mientras que Imanol Álvarez asegura que era “una comunicación a base de miradas”, José Ignacio asegura que tenían sus propios códigos: “Si a las 12.30 de la noche no habías ligado, te dabas un paseo por la Gran Vía, pero tenías que subir por la acera de la izquierda. Si te cruzabas varias veces con una persona ya sabías lo que había”. Durante años los váteres públicos de Bilbao e incluso los de El Corte Inglés fueron puntos de encuentro para gais.

Yolanda, por su parte, asegura que las lesbianas lo tenían más complicado. “Las miradas no funcionaban con nosotras”, lamenta. Por lo que apostaron por otro tipo de señales: “Optamos por llevar el pelo corto y ropas más ambiguas. Jugábamos a la ambigüedad para poder diferenciarnos del resto”.

Activismo
EHGAM fue el pistoletazo de salida para el activismo LGBTI en Bizkaia. Imanol lo vivió en primera persona y fue, junto a Antonio Quintana, uno de sus precursores. “Él venía de estudiar en el Reino Unido y allí había visto grupos gais en la universidad”, relata el hoy presidente de EHGAM. “Yo le conocí por casualidad porque era la pareja de un alumno mío. En noviembre de 1976, en la feria del libro de Durango, me los encontré y empezamos a hablar. En menos de una hora me propuso hacer algo así en Euskal Herria. Mi contestación fue que era imposible, porque esto es muy católico y muy tradicional, pero que, si tenía ganas, por intentarlo no pasaba nada”.

Para su sorpresa fue todo sobre ruedas y a finales de enero de 1977 organizaron una asamblea pública en una sala de los Franciscanos de Iralabarri. “Convocamos gente de nuestro entorno y nos pusimos el nombre oficial”, recuerda con nostalgia, “nos sorprendió el éxito de convocatoria, porque vinieron unas cuarenta personas”.

A pesar de que todavía estaba vigente la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social ellos no sintieron miedo. “Era el momento de dar pasos hacia delante”, confirma Yolanda Martínez. En los siguientes meses una serie de acontecimientos sirvieron para azuzar la lucha activista en Euskadi. En noviembre de 1977 una prostituta falleció quemada en su cama de la cárcel de Basauri. “Nadie sabe lo que pasó, pero estaba encerrada y nadie abrió la puerta de la celda”, lamenta Imanol Álvarez, “estaba ahí porque le habían aplicado la misma ley que nos oprimía a nosotros”. EHGAM ya había tenido contacto con movimientos feministas, antimilitaristas y con un comité de prostitutas, por lo que lanzaron juntos una ‘coordinadora de marginados’. “Hicimos varias movilizaciones”, relata Imanol, “la más grande fue el 25 de noviembre de 1977, una manifestación de unas 4.000 personas. Desfilamos por Las Cortes, San Francisco, la Ribera y el Casco Viejo”. Pero en cuanto la comitiva se dispuso a cruzar el puente de El Arenal aparecieron ‘los grises’. “Nos pararon y nos pegaron”. Para mucha gente esa manifestación fue todo un hito: “Hay quien lo considera el primer día del orgullo gay de Bilbao, un 25 de noviembre”. En Gipuzkoa, sin embargo, la gota que colmó el vaso fue en 1979, cuando un policía mató a un travesti en Renteria: “Se armó la ‘marimorena’, huelga general en el pueblo, asambleas y manifestaciones”.

El 11 de enero de 1979, sobre el papel, desapareció una amenaza para el colectivo LGBTI, pero los cambios en el día a día tardaron en llegar. “Quitas la palabra ‘homosexual’ de la ley, pero sigue la represión. Y tú estabas luchando contra las represiones”, sentencia José Ignacio Sánchez. Tras décadas luchando contra la injusticia, lamenta que las nuevas generaciones no sean conscientes de lo que sufrieron: “Nos tocó luchar contra una represión por nuestra orientación sexual y contra un dictador. Esta gente ha vivido en libertad y sus prioridades son diferentes”. Su amigo Imanol advierte de que no hay que relajarse: “Tenemos que volver a tomar conciencia de que todos y todas debemos trabajar juntos si queremos conseguir algo. No debe haber compartimentos estancos. La lucha es de todos. Es luchar por la libertad y la libertad nos afecta a todos”.

jueves, 27 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homofobia #memoria | Hace cuarenta años la homosexualidad dejó de ser delito en España: "Éramos la escoria de la escoria"

Imagen: 20 Minutos / Antoni Ruiz
Hace cuarenta años la homosexualidad dejó de ser delito en España: "Éramos la escoria de la escoria".
Antoni Ruiz fue violado en la cárcel con 17 años. Su único delito era ser homosexual.
Óscar Gutiérrez | 20 Minutos, 2018-12-27
https://www.20minutos.es/noticia/3525273/0/cuarenta-anos-homosexualidad-delito-espana-antoni-ruiz/

El pasado miércoles 26 se cumplieron cuarenta años desde que la homosexualidad dejo de ser delito en España. Entonces, allá por 1978, en los inicios de la democracia española se modificó la ley franquista de Peligrosidad y Rehabilitación Social que supuso que formar parte del colectivo LGBT dejara de ser delito en España. Antoni Ruiz, fue una de las víctimas de esta legislación, con 17 años acabó encarcelado y violado por ser gay.

P. ¿Qué recuerda de ese día, hace cuarenta años, cuando la homosexualidad dejo de ser delito?
R. La alegría, porque aunque yo saliera en el 76, había compañeras que seguían allí. La ley les afectaba y había que ponerles en libertad.

P. ¿Recuerda la salida de esas compañeras que estaban en la cárcel?
R. Claro que la recuerdo. La mayoría no llegaron a ver el matrimonio homosexual o el reconocimiento de que el Estado les pidiera perdón.

P. ¿Qué había supuesto esta ley para el colectivo LGBT durante el franquismo?
R. La represión, palizas y la discriminación absoluta. Nos avocó a hacer trabajos infames como la prostitución como a mis compañeras transexuales. Nos obligó a marcharnos de nuestros pueblos a más de 100 kilómetros. Por ello cuando esta represión fascista, en comunión con la Iglesia acabó, nos dio algo de esperanza.

P. ¿Cómo era la vida para ustedes entonces?
R. Era clandestinidad total, cuando quedamos no lo podía saber nadie aunque había lugares públicos donde antes ligábamos. Era una represión enorme, no hacían más que vigilar a homosexuales entonces.

P. ¿Qué trato tenían dentro de la cárcel cuándo les encarcelaban por su condición sexual?
R. Teníamos el peor trato, éramos la escoria de la escoria. Cuando entraba un homosexual en la prisión, los guardias se encargaban de hacerlo público ante personas que eran asesinos o delincuentes. Era una historia muy amarga. Ahora por suerte ya hablamos sobre ello, pero hay que dejar claro que hay que educar en la igualdad, en el respeto y en la diversidad.

P. ¿Cómo fue su propia experiencia?
R. Me reafirmó en mi homosexualidad, una vez cumplí el año de destierro cuando volví a Valencia, empecé mi activismo, no político, simplemente era porque nos veíamos como seres humanos.

P. Dentro de su activismo llegaron a protagonizar a partir del 77 las primeras marchas del Orgullo a pesar de que estaban prohibidas. ¿Cómo recuerda esos días?
R. Yo participé en la de Barcelona y la de Valencia, que fueron las primeras que se hicieron. Ahí había grandes activistas como Jordi Petit. Fueron días maravillosos, ver a mis compañeras transexuales delante, recibiendo más palos que las mulas y ver compañeros que se retiraban. Coreábamos lemas como "no nos mires, únete" o "libertad". Ahí es cuando vi yo que se estaba germinando algo en España.


60 hombres fueron encarcelados en la Transición por ser homosexuales.
Óscar Gutiérrez | 20 Minutos, 2018-12-27

https://www.20minutos.es/noticia/3526027/0/60-hombres-encarcelados-transicion-homosexuales/

Sesenta personas, todos hombres, fueron encarceladas por ser gais durante la Transición desde 1976 hasta que la homosexualidad dejo de ser delito el 26 de diciembre de 1978, según datos de una tesis universitaria a los que ha tenido acceso 20minutos.

Estos datos suponen apenas un 2,7% del total de 2216 expedientados durante esos años. Entre los delitos que tenían los otros expedientados estaban las drogas, habitualidad criminal y conducción peligrosa pero también ser deficiente mental, vago o vender material pornográfico.

El año 1976 fue el año con más casos de este período con un total de 38 homosexuales expedientados. En 1977 bajó a 16, al siguiente a cuatro, y en el último a dos. De este total de sesenta personas, la inmensa mayoría, 46, estaban solteros en el momento de la detención. Sín embargo, doce estaban casados y dos eran viudos.