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miércoles, 24 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Fallece Robina Asti... piloto de la II Guerra Mundial y activista trans

Imagen: Reflejos de Venezuela / Robina Asti

Fallece Robina Asti... piloto de la II Guerra Mundial y activista trans.

Elena Hernaiz | Fundación Reflejos de Venezuela, 2021-03-24

https://www.fundacionreflejosdevenezuela.com/transpas/fallece-activista-trams-robina-asti/ 

Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve.
Proverbio griego


Robina Asti muere a los 99 años, dejando una enseñanza de cómo llevar a la vida en paz. Piloto de la II Guerra Mundial... Tuvo hijos y ya adentrada en años siguió siendo una magnífica luchadora de por los derechos humanos LGBTQ+.

Estar en las nueves volando es la mejor forma de saber qué se siente. Estar al límite y dentro de una Guerra tan fea como la II Guerra Mundial, fue lo que la debió hacer valiente.

Robina Asti, piloto de 99 años, ícono transgénero. Ejecutiva de fondos mutuos, madre, abuela y una inspiración para una generación de jóvenes trans… Como todo lo de Robina nace en el año 1921 y muere en el 2021... 21 para ella era el número fijo para recordarla de verdad.

En Legacy.com se señala textualmente un artículo que nos dice: “Fue en la década de 1970 cuando Asti comenzó su transición y luego se casó con Norwood Patton. Después de su muerte en 2012, solicitó recibir sus beneficios de Seguro Social. Se le negó su reclamo porque, según su certificado de nacimiento, era legalmente un hombre en el momento de su matrimonio. Asti contó con la ayuda de Lambda Legal y luchó por recibir los beneficios.

Ella no solo ganó, recibiendo dos años de cheques atrasados; la Administración del Seguro Social y el IRS cambiaron sus pautas para que la situación no vuelva a suceder. Piloto de toda la vida, Asti continuó volando y trabajando como instructor de vuelo hasta 2020, y estaba en proceso de ser certificada por Guinness World Records como la instructora de vuelo más antigua del mundo. Asti fundó la Cloud Dancers Foundation, que «se centra en conceder deseos a las personas, en particular a las personas mayores, que sufren discriminación por su orientación sexual y / o identidad de género».”

Este año cumpliría 100 años... Y buena parte de ellos estuvo dispuesta en el trabajo contra la discriminación. Un centenario de vida y casi la mitad en ello.

Asti realizó su transición en la década de 1970 y vivió tranquila como mujer durante casi 40 años. En esos años solicitó los beneficios de sobreviviente de la Administración del Seguro Social unos meses después de la muerte de su esposo. Durante años se le negó su solicitud, alegando que no era una mujer legalmente en el momento de su matrimonio, pero por fin lo logró.

Lo logró, lo vivió y nos enseñó que insistir es necesario y siempre válido... ¡Qué falta nos hará Robina Asti en el trabajo en pro de nuestros derechos!... estarás siempre en nuestros recuerdos.

martes, 16 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #memoria | Patricia Constant: una historia trans en el mundo rural de los 70

Imagen: El Salto / Retrato de Patricia Constant

Patricia Constant: una historia trans en el mundo rural de los 70.

Aunque últimamente hayan ganado visibilidad, las vidas trans y 'queer' siempre han estado ahí, resistiendo desde sus cuerpos y no necesariamente en las grandes ciudades. Poner la mirada, desde el hecho trans, en el mundo rural, nos ayuda a ser conscientes de la variedad de estas luchas.
Josep Artés / Marta Grimaltos | El Salto, 2021-03-16
https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/patricia-constant-historia-trans-rural-70 

Últimamente venimos asistiendo a un debate alrededor del hecho trans, propiciado principalmente por la propuesta de aprobación de la llamada «ley trans», así como por el aumento de las apariciones mediáticas de ilustres representantes del colectivo y la visibilidad que han ganado expresiones propias de la disidencia de género en el espacio público. Una intensificación que ha ido acompañada por una ruidosa reacción de sectores esencialistas, tanto de la izquierda como de la derecha. Estos sectores, simplificando y caricaturizando tanto la teoría ‘queer’ como la lucha trans, acaban asociando el colectivo con un concepto negativo de la posmodernidad que sería, a su vez, indisoluble de la expansión del neoliberalismo.

También se acusa a las personas trans, por un lado, de caricaturizar el género y, por el otro, de perpetuarlo, alegando que este es, obviamente, una construcción social. Las personas trans, a su vez, afirman sentirse obligadas a cumplir con estos cánones de género incluso más de lo que ya se les pide a las personas cis, con tal de sentirse reconocidas según el sexo sentido.

Tal vez, poner la mirada sobre algunas vidas que, desde el hecho trans, se desarrollaron en el mundo rural —en este caso, el mundo rural valenciano— nos ayude a ser conscientes del recorrido, la variedad y la profundidad de unas luchas que vienen de lejos. Aunque últimamente hayan intensificado su presencia y visibilidad, las vidas trans y ‘queer’ siempre han estado ahí, resistiendo desde sus cuerpos, y no siempre en las grandes ciudades.

Este es el punto de vista con el que, desde el ‘Grup d’Intervenció Comunitària de Castelló’ (País Valencià) nos acercamos a la figura de Patricia Constant, ‘la Patri’, considerada en el pueblo la primera mujer trans operada del Estado. Por este lado, e independientemente de si esto es cierto o no, creemos que su vida tuvo una incidencia considerable en las concepciones alrededor del sexo y el género que podía tener un pueblo valenciano de siete mil habitantes a mediados de los setenta.

Transitar durante la Transición
Patricia nació en Castelló (Ribera Alta) el 8 de agosto de 1947. Creció socializándose como niño y, al llegar el temible momento del servicio militar —más temible aún, si cabe, para las vidas LGTBQ—, intentó disimular sus pechos quedando, aun así, exenta. Esto quiere decir que Patricia presentaba rasgos fisiológicos femeninos incluso antes de la reasignación. Todo un desafío, en efecto, para quienes pretenden basar sus argumentos en la biología.

¿Estaríamos entonces ante un caso de intersexualidad? En cualquier caso, el hecho de que fuera socializada como hombre, asociado al hecho de que muchas mujeres trans presentan ya, antes de todo el proceso de transición, atributos —también fisiológicos— del género hacia el que transitan, nos permite seguir hablando de Patri como de una mujer trans. Y, de hecho, esto aproxima su historia, como la de otras muchas personas trans, a la llamada teoría ‘queer’.

Patricia se operó en el año 1976, pero antes ya había actuado como cabaretera en varios locales de París. Aun así, en la entrevista que Leo Giménez le realizó para la edición comarcal del diario ‘Levante’, asegura que «la frivolidad y la teatralidad que suelen acompañar al mundo de la transexualidad (sic) y el travestismo —que no son lo mismo, según se apresura por esclarecer— no tienen nada que ver con ella». El entrevistador la describe como «una mujer de los pies a la cabeza, con profundas convicciones éticas y religiosas, totalmente aceptada por su entorno familiar y ciudadano». Esta valiosa entrevista desprende los esfuerzos de Patricia, al menos de cara a un documento público sobre su persona, por encajar en un modelo aceptable para su entorno. Pero, de hecho, Patricia nunca llegó a desvincularse completamente del mundo del cabaret, las variedades y la noche.

Después de París estuvo tres años entre Barcelona, Bélgica y Holanda, y fue allí donde maduró la idea de operarse y deshacerse de sus atributos masculinos: «la decisión no la tomé hasta que no estuve muy segura; tengo un gran sentido del ridículo y no quería parecer una cosa rara, pero cuando me di cuenta de que en todos los sitios y ambientes se me tomaba como una mujer, me convencí de que había llegado el momento».

La «transexualidad», tal y como era llamada en aquel momento, no alcanzaría la categoría de «afección oficialmente reconocida» hasta 1980, año en el que fue incorporada al DSM-III, paradójicamente, como una reivindicación del colectivo trans para agilizar las demandas de cambio de sexo, en un primer momento, sobre todo, en Estados Unidos.

Ya en el Estado español, durante la transición, las vidas trans seguían siendo un tabú y los tratamientos hormonales circulaban en la clandestinidad. En 2007 se aprobaría la ley según la cual cualquier ciudadano mayor de edad puede cambiar su adscripción relativa al sexo en el registro civil, cuando no se corresponde con su identidad de género. Mientras que en 2012 el trastorno de género desaparecerá del DSM-V, por lo que el reconocimiento de la reasignación de género no tendrá que pasar ya por el diagnóstico y la medicalización. Más allá de estos datos, más recientes, no existe ningún registro sobre cuál fue la primera mujer trans operada, ya sea en el propio Estado español, de forma clandestina, o en el extranjero.

La Acrópolis como heterotopía
Después de la operación, la familia de Patricia le insistirá para que vuelva. La ‘engañan’ contándole que un familiar ha enfermado. Sus familiares próximos cuentan que los padres de Patricia, al ir a recogerla a la estación, llevaban una manta en el coche para cubrirla, pero que finalmente decidieron no usarla. Al verlos, Patricia ríe y llora, sintetizando una paradoja bien presente en todas las vidas LGTBQ.

Ya de vuelta en el pueblo, Patricia se involucrará en oficios alejados del mundo de la noche, como vendedora de plantas en el mercado o maestra de cocina en un programa del Ayuntamiento. En su última etapa, en los años noventa, inaugurará un bar de copas llamado ‘Acrópolis’, que supone un feliz punto de encuentro entre la gente joven del pueblo y el colectivo LGTBQ, tanto de la comarca como de la ciudad. Esta ‘Acrópolis’ evidencia el carácter indisociable y, hasta cierto punto, constitutivo de la relación de muchas mujeres trans con el mundo de la noche. Incluso hoy en día, muchas de ellas se ven asaltadas por preocupaciones alrededor de sus opciones de futuro, de los espacios a los que se las relega, así como de la posibilidad de recurrir a la prostitución como medio de supervivencia.

Con todo, observamos en Patricia una tensión entre la mujer de pueblo, deseosa de normalización, y la antigua cabaretera que no se resiste a seguir indagando en su propia diferencia; entre la relativa reconciliación con su pasado, bajo el prisma de la nueva asignación de género, y el hecho de no acabar de desprenderse nunca del mundo de la noche, de mantenerlo siempre a mano. En efecto, mientras por un lado buscaban la integración en la sociedad, muchas mujeres trans tenían que crear, a la vez, espacios habitables en los márgenes a los que, precisamente, eran relegadas. Espacios donde no imperasen la norma y las conductas morales que, al fin y al cabo, eran la causa de la opresión que sufrían sus cuerpos. El mundo de la noche supuso, en este sentido, el cobijo de muchas vidas al margen.

Patricia tuvo, pues, un pie en cada uno de estos dos mundos, hasta que acabó unificándolos en la ‘Acrópolis’, su gran obra de madurez. De esta manera, Patricia optó por introducir un reducto de nocturnidad en el propio seno del mundo rural. La ‘Acrópolis’ es, por este motivo, un «afuera interior», la inyección en el mundo rural de formas de vida que siempre habían sido ocultadas en los márgenes. Podríamos incluso decir que nos encontramos ante lo que Foucault, en la conferencia “Des espaces autres” (1967), llamaba una «heterotopía», una especie de «contra-lugar» en el que se subvierten las normas y se permite el desarrollo de formas de vida que, lejos de todo esencialismo, exploran nuevas formas de libertad.

Gracias a gestos como el de Patricia, el colectivo LGTBQ puede dejar de observar su pasado con mirada estrábica, es decir: con un ojo puesto en el mundo rural y el otro en el colectivo. Además, esto no impide que su lucha —su cuerpo y su vida, su existencia, al fin y al cabo, entendida como una lucha en sí misma— no haga intersección con la lucha de todas las mujeres. Lejos de la Academia, fueron sus vecinos y sus familiares —¡habitantes del mundo rural de los setenta!— quienes nunca dejaron de considerarla una mujer referente. Y esto, según nuestro parecer, no tiene nada que ver con el concepto sesgado de la posmodernidad que los sectores transexcluyentes suelen presentar.

Este es, en definitiva, el legado que nos transmite Patricia, el guante que nos lanza a todas aquellas personas que no llegamos a conocerla en vida, que no llegamos a entrar nunca en su ‘Acrópolis’, pero que, de una forma u otra, después de tantos años, seguimos habitándola.

Josep Artés. Profesor de Filosofía.
Marta Grimaltos. Licenciada en Filosofía. Promotora de igualdad.

sábado, 7 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #memoria | "El feminismo desbordó el concepto de huelga"

Imagen: Público / Mireia Bofill y Bárbara Ramajo
"El feminismo desbordó el concepto de huelga".
María Rubio | Público, 2020-03-07

https://www.publico.es/entrevistas/feminismo-desbordo-concepto-huelga.html

Los últimos 8M han estado marcados por la eclosión de las nuevas generaciones. Dos decanas del feminismo catalán hablan de la historia de un movimiento a menudo ignorado y que se almacena en carteles, octavillas y vivencias de sus protagonistas. Mireia Bofill (Santiago de Chile, 1944), traductora que formó parte del colectivo editorial La Sal, y Bárbara Ramajo (Badalona, 1964), doctoranda en los estudios de Género, Diferencia y Alteridad, son dos activistas de base que conocen las entrañas de la lucha por los derechos de la mujer.

¿Todo empezó con las Jornadas Catalanas de la Mujer, celebradas en 1976 en la Universitat de Barcelona?

Mireia Bofill (MB): A ver, teniendo en cuenta que Franco se muere en noviembre de 1975... ¡Imposible que no hubiera nada antes de aquellas jornadas! El año 75 es el año de la mujer según la ONU, y eso posibilitó que se convocara este encuentro.

¿Y qué había antes, en pleno franquismo?

MB: En los años 60 ya estaban pasando cosas. Maria Aurèlia Capmany publicó ‘La dona a Catalunya: conscienciació i sutació en 1966’. Yo participé en un libro colectivo titulado ‘La mujer en España en 1967’, que sirvió de excusa para recorrer el Estado. Íbamos a las parroquias –en el espacio público no se podía hacer estos actos– y hablábamos de las leyes que nos discriminaban, pero sobre todo de los métodos anticonceptivos y de sexualidad, que era lo más tabú. Nos movíamos en la órbita de Dones Democràtiques, más o menos vinculada al PSUC, plataformas de obreros y obreras religiosos. Además, pasaban otras cosas, como lo que siempre denunciaba Julia Adinolfi, compañera de Manuel Sacristán, quien explicaba que ella nunca pudo militar porque en el PSUC solo lo podía hacer una persona de cada familia por seguridad. El movimiento nació bajo condiciones muy precarias.

Llegados los años 70, la sexualidad de las mujeres copó el protagonismo.

MB: Es que las mujeres teníamos muy poca información. Un tema puntal fue el autoconocimiento del propio cuerpo. En ediciones La Sal [editorial feminista nacida en 1978], publicamos unos manuales de salud, y el primero se titulaba ‘Masturbación’. Nos reuníamos en grupos pequeños que, en definitiva, eran grupos de autoconsciencia, como los que había en el Reino Unido. En aquel momento se publicaban cosas como ‘El mito del orgasmo vaginal’, de Anne Koedt. Y el tema de la sexualidad generó un clima diferente, porque teníamos la sensación de que estábamos cambiando algo, a nosotras mismas, a nuestras vidas.

La de los años 70 fue una década intensa para el feminismo en el ámbito internacional. ¿Qué contacto tuvieron desde Catalunya con lo que estaba pasando fuera?

Bárbara Ramajo (BR): Tenemos la idea de que trajimos cosas aquí, sin tener en cuenta que la historia de Barcelona, como referente global, es súper rica. El otro día leía un texto de la poeta canadiense Nicole Brossard, una académica muy famosa, sobre "el laberinto de media noche", que resultó ser el laberinto de Horta durante la fiesta de 400 tías que montamos en 1990 [Ríe]. También aparecemos en la película sobre Harvey Milk, interpretado por Sean Penn, cuando hablan de la primera manifestación del orgullo lésbico en la ciudad. Y qué hay de la feria del libro feminista de 1990 o de las jornadas lesbianas de 1991. Hay que entender que, en esos años, en que no había redes sociales, las conexiones internacionales se hacían con jornadas y congresos. Hicimos mucha red, también a partir de nuestras amistades y enamoramientos.

MB: Sí, es cierto que hicimos mucha red feminista. Incluso más que ahora, diría. Quizás también es algo que viene de la dictadura, porque, claro, si no tenías contactos fuera, aquí te quedabas encerrada.

Tras la muerte del dictador, tras años de represión y clandestinidad, ¿cómo era organizarse en el movimiento feminista?

BR: Yo llegué en 1981, justo después del intento de golpe de Estado de Tejero. Al día siguiente, me organicé en la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) y en el movimiento feminista, porque no quería volver a perderlo todo. Empecé a vivir el feminismo en democracia tutelada, me organicé con nombre de guerra, tomaba precauciones en las reuniones, intentaba no saber demasiado de la gente con la que me reunía... Y, bien, estar en el movimiento feminista en Catalunya quería decir estar muy unidas con el resto de movimientos sociales, los de barrio, los movimientos obreros, así como con el movimiento nacional: las mujeres y el colectivo LGTB íbamos a todos los 11 de septiembre.

Si los años 70 estuvieron marcados por la sexualidad, la lucha por el aborto libre marcó la década de los 80.

BR: Totalmente. Otra de las fechas históricas son las jornadas feministas de 1985 en Mundet. Eran unas jornadas estatales. Hubo ponencias tan importantes como la de la lesbiana María Bielsa, titulada ‘Niña muerde perro’. Había un ambientazo. Pues, bien, fue ahí cuando convocamos a la prensa para practicar un aborto en vivo y en directo. Estaba todo preparado. ¡Eso sí que era desobediencia, que nos podrían haber metido presas a todas! Lo televisaron mientras cantábamos eso de "ole ole, asa asa, que hemos hecho un aborto en la casa, fuera de la ley, fuera de la ley, pa' ver lo que pasa, y si el PSOE, y si el PSOE, y si el PSOE nos echa los 500 años, yo que soy muy feminista me cojo a mis niñas y le quemo el escaño".

MB: Durante esos años el movimiento feminista también organizó los centros de planning, autogestionados entre la Coordinadora Feminista y el grupo de Dones per l'Autoconeixement i l'Anticoncepció (DAIA). Nos ocupábamos de dar información sobre métodos anticonceptivos, ayudar a abortar, hablar de sexualidad... Teníamos uno en la calle Casp. Recuerdo que, a las cinco de la tarde, cuando nos reuníamos, ya había cola de hasta 20 mujeres.

¿Pocas manifestaciones y mucho ruido?

BR: El tono era de acción directa, sí. Cuando vino el papa Juan Pablo II, en 1982, las feministas, los gais y las lesbianas le liamos un pollo. Teníamos una papisa. Otra acción fue encerrarnos en la estatua de Colón y tirar carteles desde arriba. Y una noche, junto al Front d'Alliberament Gai de Catalunya, lesbianas y gais ocupamos la Catedral. Nos encerramos.

MB: Claro, es que, después de la dictadura, había una necesidad imperante de salir a la calle, de enseñarse. Había un clima social de "puedes hacer lo que quieras".

BR: ¡Total, como los medios de comunicación no nos hacían ni caso, ya podíamos liarla parda que no se enteraba nadie! [Ríe]. Durante la transición, la irreverencia era muy potente. Tu ves ahora los videos de las procesiones del Ocaña por la Rambla de Barcelona y yo creo que, si lo hiciera ahora, le meterían una multa por ofensa a los sentimientos religiosos.

Supongo que, tal y como pasa ahora, no todo era tan amistoso dentro del movimiento. ¿Cuáles eran los debates más punzantes en aquella época?

MB: Los 80 fueron los años de la división entre las feministas que tenían una doble militancia y las independientes. El tema generó una ruptura en el ámbito estatal que dura hasta el día de hoy, pero que, por suerte, en Catalunya no nos enemistó, como acostumbra a pasar. Una catalana, Gretel Amman [filósofa y feminista activa durante los años 70 y 80], era una de las líderes de las independientes. Eran las que pasaban de las instituciones, los partidos y los sindicatos, de la agenda política, y dedicaban todo su tiempo a su propia agenda. Había mujeres vinculadas a partidos que habían trabajado mucho, pero las independientes sentían que ellas intentaban dirigir, marcar una línea propia.

BR: ¡Y tenían razón! Te lo digo yo, que era doble militante. Las independientes se quejaban de que aquellas que estaban vinculadas a un partido hacían un desembarco para intentar controlar el movimiento. Y no quiere decir que no fueran feministas, pero, cuando vas a una reunión del movimiento, ya no te representas a ti sola, representas a un partido. Y ya traes un posicionamiento en el cual han participado hombres. Las independientes eran separatistas, feministas radicales, que no querían tener ningún contacto con tíos. Llevaban el separatismo feminista igual que lo llevaban los afroamericanos en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos: las feministas decidieron separarse de su opresor. Pero, bueno, teníamos buen rollo entre unas y otras.

En 1987 también se ocupó lo que hoy es Ca la Dona, una de las sedes históricas del movimiento feminista en Barcelona. En la actualidad está en Ciutat Vella, pero en un primer momento ocuparon en Poble-sec y la cosa acabó con gases lacrimógenos de la Guardia Urbana.


MB: Correcto. Y antes también había habido la Casa de la Dona, en la plaza del Pi, que estaba más ligada a las independientes. Ahí hacíamos reuniones, encuentros y mucho trabajo con el cuerpo.

BR: Es que eso de la habitación propia de Virgina Woolf era algo que realmente necesitábamos. Y, cuando podías, te la hacías. Durante los años 80, nos reunimos mucho en la sede de la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona (FAVB), pero, claro, con la campaña por el aborto éramos muchísimas.

Durante los 2000, pero sobre todo durante los últimos años, una nueva generación ha tomado con fuerza las riendas del movimiento. ¿Lo venían venir?


BR: Yo creo que nadie se lo imaginaba. Ha sido la eclosión de todo un trabajo hecho desde el feminismo de calle, el institucional y las académicas. Cuando me llegó esto de la huelga de cuatro ejes, liderada por chicas de nuevas generaciones, me reí en la cara de quien me lo dijo. Yo he estado organizando huelgas generales desde el sindicalismo y es durísimo. Pero sí, se hizo. Y se desbordó el concepto de huelga, y le robaron el capital sindical a unos sindicatos controlados por los partidos. Enseñaron un camino que luego también tomó el movimiento independentista: huelgas generales que no son huelgas laborales. Y van y lo vuelven a hacer un segundo año, en 2019. Yo recuerdo ver la mani del año pasado con los ojos como platos: había más gente que en la mani contra la guerra de 2003. Tenemos un movimiento de base ilustrado de nuevas generaciones, un movimiento de clase obrera con una capacidad que ya nos hubiera gustado tener a nosotras.

MB: Pero yo no sé hasta qué punto es tan importante hacer una manifestación de un millón de personas. Sí, es importante salir, pero más importante es alimentar a los grupos de base, fortalecer los vínculos, que la gente participe, que se forme... Si no, llega el feminismo institucional y lo absorbe todo, como ya hizo el PSOE con el movimiento vecinal en los años 80. Destruyeron los centros de planning. Y casi el movimiento feminista, institucionalizándolo. Estamos mirando demasiado hacia fuera y poco hacia dentro.

¿Creen que toda esta energía va a puerto o que estamos de capa caída?

BR: Bueno, es que los sectores que habían ninguneado al feminismo de calle durante todos estos años, de repente, han visto una mina. Ahora quieren estar y liderar. Hablo de las mujeres del PSOE, de las instituciones y de las académicas. ¿Y cómo se hacen un espacio? Pues recuperando los chiringuitos de la transición, que hacía años que no se movían, como el Partido Feminista, y promueven debates fantasma que dividen: el tema del abolicionismo o el de la transexualidad. Crean un movimiento paralelo y dicen que hay dos corrientes.

MB: Bueno, y además deberíamos estar pensando qué les damos a estas chicas jóvenes que vienen a las ‘manis’. Nos estamos perdiendo en la reivindicación, en pedirle algo a alguien. Cuando a lo mejor nos lo tendríamos que estar dando nosotras mismas. Quizás deberíamos dejar de pedir el pescado y darnos las cañas de pescar. El sistema, cada vez da menos, ya no nos da ni el dinero para vivir. Cada vez hay menos trabajo, y el trabajo que hay es precario.

viernes, 31 de enero de 2020

#hemeroteca #homosexualidad #franquismo | Rambal, el "homosexual declarado" que se convirtió en leyenda en los márgenes de la España de Franco

Imagen: El Diario / Rambal
Rambal, el "homosexual declarado" que se convirtió en leyenda en los márgenes de la España de Franco.
Alberto Alonso Blanco visibilizó su homosexualidad en el barrio gijonés de Cimavilla y fue asesinado poco después de la muerte del dictador, sin que se haya resuelto el crimen.
David Noriega | El Diario, 2020-01-31
https://www.eldiario.es/sociedad/Rambal-homosexual-declarado-Espana-Franco_0_990051696.html

El franquismo persiguió la disidencia sexual y trató de imponer la moral nacionalcatólica en una España gris por la que, con no poca dificultad, se colaban en ocasiones rayos de luz que alumbraban estratos de una sociedad más tolerante que la permitida por el propio régimen. "A Rambal queríalu tol mundu, menos quien lu mató", recuerdan las vecinas de Gijón.

Alberto Alonso Blanco nació en 1928 en el barrio de Cimavilla, donde vivió como un "homosexual declarado", como recogen las crónicas de la época. Ayudaba a las vecinas por unas propinas, amenizaba las jornadas en el lavaderu entonando ‘Yo le compré al turco una cadena’, actuaba en las calles anunciado por su madre 'Concha la Guapa' y se travestía por las noches para cantar coplas por Marifé de Triana en los locales de una zona dominada por la miseria. "Llamábenla 'la guapa' polo fea que era", recuerdan los vecinos en playo, esa jerga del asturiano propia del barrio alto de Gijón, hoy reconvertido en lugar de encuentro y visita obligada para los turistas que visitan la ciudad.

La madrugada del 19 de abril de 1976, cinco meses después de la muerte de Franco, los vecinos de Cimavilla alertaron a la policía de un incendio en el número 4 del campo de las Monjas –ahora Arturo Arias–, frente a La Tabacalera. Alguien había asesinado a Rambal y había intentado destruir las pruebas prendiendo fuego a su domicilio. Casi 45 años después el crimen continúa sin resolverse y la muerte de uno de los vecinos más queridos del barrio mezcla ya realidad y leyenda. "A la familia le dijeron: 'Nunca vais a saber quién lo hizo'. Y así fue", explica Ida Sánchez, hija de la Tarabica, otra vecina histórica de Cimavilla, y amiga personal de Rambal.

"Tuvo que ser un pexe gordu (pez gordo). Pa mi y pa la mayoría de gente que lu conocíamos tuvo que ser alguien importante y por eso lu taparon", sostiene Ida. Porque por las callejuelas del barrio, en aquella época, marineros, cigarreras y prostitutas se mezclaban con las dobles vidas que escondían los hombres de las clases acomodadas sometidos a la corriente moral de la época. "¡Ay! Si yo hablara...", decía de vez en cuando Rambal. Y esa coletilla pudo ser su sentencia de muerte. "Era muy buenu pa tóos, pero paez que pa alguien no era muy buenu. Perdiolu la lengua por decir eso", dice su amiga, aunque Rambalín nunca habló.

Ni habló, ni siquiera saludaba cuando estaba fuera del barrio, consciente de que un 'buenos días' suyo podía suponer un señalamiento o un castigo. "En Cimavilla cantaba, bailaba y estaba siempre de fiesta, pero luego, en Bajovilla, no saludaba a nadie. Un día íbamos por la calle Corrida la mi fía, el mi home y yo y apartó la cabeza. Debía sentise marginau, pero en Cimavilla era lo que era, con su salero y su cosa", recuerda Ida.

"Una red de protección"
"En Cimavilla estaba permitido lo que no estaba permitido en ninguna otra parte", explica la historiadora, documentalista y escritora Pilar Sánchez Vicente, autora de la novela 'Mujeres errantes', en la que recuerda la figura de Rambal. El barrio "tenía el puerto pesquero y un porcentaje de miseria elevadísimo. Él ganaba unas perras haciendo recados para las prostitutas. Había más bares de alterne que chigres y un dato curioso es que muchas de ellas eran señoritas de bien que se quedaban embarazadas y las echaban de casa, mientras entre las pescaderas era mucho más normal tener hijos de soltera y era la familia quien cargaba con la crianza".

"Hay que tener en cuenta -prosigue- que lo más probable era que no prosperaran. En la posguerra había una elevada mortalidad infantil, la tuberculosis se llevaba a los guajes en bandadas". De hecho, en Gijón hay una estatua a Fleming financiada por los vecinos de ese barrio a la que, aún hoy, acuden cada septiembre a hacerle ofrendas por su descubrimiento de los efectos de la penicilina.

Precisamente, esa hermandad que da la miseria fue la que permitió a Rambal sentirse libre en el barrio que lo vio nacer porque "las redes no eran solo marineras, también eran sociales, de protección: se protegía a los niños y, en ese sentido, él nunca dejó de serlo y, además, era la alegría de la huerta", indica Sánchez Vicente. "Aceptábamoslu porque Cimavilla siempre fue especial, era un barrio aparte. Con mucha fame, muches necesidaés y mucho de tóo, pero yo recuerdo aquella Cimavilla donde no se cerraben les puertes pa nada. Les fames, si... ¡pero les alegríes!", recuerda con cariño Ida, que en febrero cumplirá 80 años.

El coordinador del año temático de Memoria Histórica 2019 de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB), Loren González, explica que durante el franquismo las personas LGBTI se veían aisladas a los rincones más marginales de la sociedad. "Éramos la clase más baja y, realmente, esos eran los lugares donde podías estar más seguro, porque estabas al lado de personas que, de manera muy análoga, sufrían una discriminación que tú también estabas sufriendo", indica.

"Ese sentimiento de vulnerabilidad producía cierta ternura a la gente de su alrededor y se crean estas figuras, desexualizadas y casi sin edad, sin cuerpo, que para sobrevivir tienen que hacer todo tipo de trabajos para ganarse cuatro duros mal ganados", señala González. Rambal era, a su manera, "el asistente social del barrio, un personaje muy querido por esa labor de auxilio social", indica Miguel Barrero, autor de ‘La tinta del calamar’, una de las obras más documentadas sobre la vida de este emblemático vecino.

Homosexual "con orgullo"
Además, "era el único homosexual que no solo lo era, sino que lo admitía con orgullo", desarrolla el escritor, que resalta, no obstante, esa doble vida dentro y fuera del barrio porque, aunque "las autoridades hacían la vista gorda", él "sabía lo que se jugaba". "En su caso, yo creo que su condición de homosexual tenía esa parte de folclore. Era una estrella de barrio, una figura que cantaba por los bares, un ‘showman’ de la época que no molestaba, hacía gracia. No estaba en política ni se significaba de ningún modo desde un punto de vista social o político; era una figura domesticada", explica Barrero. "Dentro del mundo homosexual de Gijón ayudó a crear una conciencia colectiva y sin ningún tipo de conciencia política. Lo hacía porque él entendía que tenía que ser así, que en el fondo es muy político, pero él no lo pensaba así".

"Era una persona que todo el mundo sabía de ella y ya se olvidó, en solo una generación. Alguien tan a reivindicar, que vivió la época más dura del franquismo, que se crió cuando había campos de concentración para homosexuales y que ha vivido con esa libertad...", dice en conversación con eldiario.es el artista asturiano Rodrigo Cuevas, que ha incluido en su último disco, 'Manual de cortejo', un tema dedicado a Rambal en el que rescata su historia, así como audios de Fredesvinda Sánchez 'la Tarabica' del Archivo de Fuentes Orales para la Historia Social de Asturias de la Universidad de Oviedo. "Ya que no hubo justicia real, le quise hacer un pequeño himno, para que haya justicia poética".

Con todo, la identidad de Rambal navegaba entre el jolgorio del barrio, los vestidos de la noche y la seriedad fuera de esa zona de confort que era, en realidad, una cárcel aparentemente segura. "Yo idealizo mucho la vida de Rambal, pero no creo que fuera fácil. Él supo buscarse la forma de vivir y expresarse y era muy querido, pero no era una vida libre como podemos entender", verbaliza Cuevas.

"Uno de los más populares y estimados vecinos", firmaba Margarita Landi en ‘El Caso’. "Homosexual declarado y muy conocido y estimado por sus cualidades personales en el barrio de Cimadevilla", rezan los informes policiales de la época. Se trata de los informes de unas investigaciones que recogen primero la posibilidad de que el asesino fuera un joven desconocido, apodado 'el Pepsicola', y una década después hablaba de dos hermanos, pero que nunca se cerró.

"No hubo justicia, no hubo. Es una pena, porque al prubín dieron-y una muerte que no la merez nadie", lamenta Ida. Lo lamenta ella y lo lamentan también los vecinos de Cimavilla de esas generaciones que aún recuerdan a Rambal y que abarrotaron la iglesia de San Pedro en su funeral. Unos vecinos que se encargaron de recolectar dinero para llenar de coronas de flores su despedida. En una de ellas, como si de una premonición se tratase, ya exigían una justicia que nunca vieron: "Cimadevilla pide justicia".

Su historia se ha replicado en relato de crónica negra de la ciudad, se ha recordado en obras de ficción y se ha recuperado, recientemente, en el documental ‘Rambal. Si yo hablara’, de José Fernández Riveiro, que se proyectó en el pasado Festival Internacional de Cine de Xixón. Pero aún no ha tenido el reconocimiento institucional que quienes conocen su vida y muerte creen que merece.

Pocas cosas hay en Gijón hoy en día que no lleven el nombre de Jovellanos o de Begoña, la patrona de la ciudad. Un colegio, un instituto, un teatro, una calle. Pero nada recuerda a Rambal más allá de los vecinos que compartieron con él las callejuelas de Cimavilla. "Es el referente de una época, era parte del paisaje urbano de esa época y ni siquiera tiene una placa en la plaza donde vivió, donde se le asesinó", lamenta Cuevas. "Ye una persona que merez una calle. Teníen que poné-y una calle en Cimavilla, porque lu adorábamos", coincide Ida.

El pasado 15 de enero, a propuesta de la concejal de Podemos Alba González, el grupo socialista, que dirige el Consistorio, se comprometió a pintar con los colores LGTBI los bancos de algún lugar o lugares para visibilizar el compromiso de la ciudad con el colectivo. Los vecinos de la Asociación GIGIA de Cimadevilla no han tardado en trasladar a la corporación municipal su deseo de que uno de esos lugares sea la plaza donde vivió y fue asesinado Rambal. Porque, según explica su presidente, Sergio Álvarez, "él fue un pionero en la ciudad de Gijón y, en aquella época, a nivel nacional, en defender los valores de la diversidad".

domingo, 12 de enero de 2020

#hemeroteca #homosexualidad #memoria #musica | ‘Rambalín’ de Rodrigo Cuevas recuerda a un icono ultralocal que no debería ser olvidado

Imagen: El Comercio / Rambal
‘Rambalín’ de Rodrigo Cuevas recuerda a un icono ultralocal que no debería ser olvidado.
Jordi Bardají | Jenesaispop, 2020-01-12
https://jenesaispop.com/2020/01/12/380221/la-cancion-del-dia-rambalin-de-rodrigo-cuevas-recuerda-a-un-icono-ultralocal-que-no-deberia-ser-olvidado/

La casualidad ha querido que, este año, dos artistas asturianos hayan publicado sendas canciones dedicadas a Rambal, el transformista de Cimavilla que fue asesinado a puñaladas en 1976 y que se ha convertido en un icono de Gijón. La primera la firmaba hace poco más de un mes Pablo und Destruktion, que en su canción ‘Gijón’ cantaba: “en el puerto de Gijón ahí andaba Rambal / por las noches de hembra, por el día chaval / Bromas, sexo y delito, verdadera bondad / Mucho más que un marica, un héroe nacional”.

La segunda es tan reciente que ha visto luz a mediados de diciembre, dentro del debut oficial del artista de cabaret y cantante asturiano Rodrigo Cuevas. La penúltima canción del Disco Recomendado ‘Manual de Cortejo’ -hecho mano a mano con Raül Refree- lleva directamente el nombre de ‘Rambalín’ y es una emotiva balada con mucha historia dentro de su composición, pues cuenta con la participación del Coro Minero de Turón e integra el testimonio sobre Rambal de La Tarabica -otro personaje muy querido en la ciudad- extraído del Archivo de Fuentes Orales para la Historia Social de Asturias. En la canción, La Tarabica cuenta que Alberto Alonso Blanco era “una cosa mítica en Gijón, porque en aquel tiempo a los maricones los censuraban mucho y los insultaban” -estamos en pleno franquismo-, y habla sobre el modo en que fue asesinado: ya con Franco muerto, cree que fue un “ricachón” quien le mató, le quemó y después prendió fuego a su casa para que no quedara ninguna prueba, y que por este motivo el caso nunca ha sido resuelto.

En ‘Rambalín’, Cuevas narra la historia y el trágico final del transformista con mucha poesía, recordando el modo en que deslumbraba al barrio con su arte y con su “ostentación de libertad” acompañado, a su vez, por el sonido de una guitarra eléctrica y de un acordeón. Tal era la buena fama de Rambal en Cimavilla que era su madre, Concha la Guapa, quien salía a la calle a “anunciar la función” del artista, provocando el “alboroto” de la ciudad. Cuando en este momento entra el Coro Minero de Turón los pelos de punta están asegurados. El ánimo de la canción cambia lógicamente cuando llega el momento de la muerte del transformista (“nun hai cosa más valiosa y difícil d’algamar, con cuchillitos de plata te la fueron a robar”) pero la interrupción de La Tarabica, en lugar de entorpecer la composición, no hace sino enriquecerla. Y lo que hace Cuevas con ‘Rambalín’ es lo mismo, enriquecer con ‘Rambalín’ un poquito el pop español gracias a una historia que merece ser escuchada y que no debería ser olvidada.

viernes, 7 de junio de 2019

#hemeroteca #cine #gais | John Curry, el primer atleta olímpico abiertamente gay

Imagen: El Diario / John Curry
John Curry, el primer atleta olímpico abiertamente gay.
El documental 'The Ice King' cuenta la historia de este patinador sobre hielo, que revolucionó esta disciplina para ir más allá de la técnica y crear arte. Tras su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1976 en Innsbruck (Austria), dejó la competición para crear su exitosa compañía de patinaje. Curry murió en 1994, a la edad de 44 años, como consecuencia de un ataque al corazón relacionado con su enfermedad, el sida.
Edgar Sapiña | El Diario, 2019-06-07
https://www.eldiario.es/catalunya/sociedad/The-Ice-King-John-Curry_0_906759838.html

John Curry fue un revolucionario. Su obsesión por cambiar el patinaje sobre hielo, una disciplina hasta entonces anticuada y muy técnica, hizo que transformara este deporte para llevarlo al campo del arte. Además, fue el primer atleta olímpico que se declaró abiertamente homosexual. Lo dijo en Innsbruck (Austria), la misma noche que cosechó la medalla de oro en esta modalidad, en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1976. La avalancha de reconocimientos, tanto públicos como privados, demostraron que su gesto fue un soplo de aire fresco que oxigenó al conjunto de la sociedad.

25 años después de su muerte, a causa del sida, se estrena este domingo en España ‘The Ice King’, un documental de James Erskine de 88 minutos de duración sobre el rey del hielo. Este film hace un viaje completo por la vida de Curry: desde su atormentada infancia hasta su éxito como deportista y artista, pasando por los demonios que le perseguían, como muestra este relato en el que se han recuperado imágenes, entrevistas y testimonios que pasaron por la vida de este personaje.

"Quería patinar mejor que nadie que hubiera visto antes, de una forma distinta", contaba Curry en una entrevista realizada en los 70. Y lo hizo. Tras un primer tanteo de pequeño con el mundo del ballet, su padre se lo prohibió. Sin embargo, descubrió el patinaje artístico gracias a un campeonato que se retransmitía por televisión. Tras pedirles permiso, sus padres accedieron a que aprendiera esa modalidad. "El patinaje sobre hielo está protegido bajo el paraguas del deporte", apuntaba Curry en otra entrevista de aquella época.

El patinaje sobre hielo fue la vía de escape de Curry, aunque no lo tuvo nada fácil. Durante una época entrenó en el Richmond Ice Rink, una pista de patinaje abierta al público situada en Londres que ya no existe, esquivando a centenares de personas mientras trataba de ensayar. La salida la encontró en 1973 al otro lado del océano, en los Estados Unidos, cuando un patrocinador americano, Ed Molser, le dio su confianza para que se dedicara exclusivamente a lo que Curry amaba: el patinaje. Y con 26 años se convirtió en el mejor patinador artístico del planeta.

Tras dejar en 1976 la competición olímpica, ya con el oro colgando en el cuello, creó su propia compañía de patinaje sobre hielo, la ‘John Curry Skating Company’. Gracias a eso realizó diversas giras por todo el mundo, como si de un grupo de música se tratase. Junto a un enorme despliegue artístico, que contaba con una orquesta en directo, una pista de hielo creada para la ocasión, patinadores y coreógrafos, Curry brillaba en todo tipo de escenarios. Una de sus actuaciones más destacadas tuvo lugar en 1984, en la Ópera Metropolitana de Nueva York. Una de las patinadoras recuerda en el documental que el público se puso en pie y estuvo más de 20 minutos aplaudiendo tras la actuación.

A pesar de los éxitos, también había sombras en la vida de Curry. Aunque era distante, a su vez demostraba una necesidad tremenda de amor. Era rebelde pero elitista, así como ambicioso y autodestructivo. También contribuyó a que los patinadores de su compañía, inicialmente de un nivel medio, se proyectaran como artistas profesionales. De todos modos, fue arrogante con ellos en ocasiones, especialmente con las patinadoras de la compañía que no cumplieran unos cánones de belleza muy estrictos.

En 1987 fue diagnosticado con el VIH y en 1991 con sida. Tres años más tarde y viviendo con su madre, murió de un ataque al corazón, vinculado a su enfermedad, con 44 años.

FIRE!!
Basado en el libro de Bill Jones, ‘Alone: The Triumph and Tragedy of John Curry’ [‘Solo: El triunfo y tragedia de John Curry’, en su traducción al castellano], Erskine ha dirigido ‘The Ice King’, un documental producido por New Black Films que ya se ha estrenado en países como Australia, los Estados Unidos o el Reino Unido. Ahora se estrenará por primera vez en España este domingo a las 20h en el Instituto Francés de Barcelona.

Lo hace en el marco de la 24ª edición del FIRE!!, una muestra internacional de cine gay y lésbico que tiene lugar en la capital catalana del 6 al 16 de junio y que este año tiene como lema "Ni un paso atrás". El mensaje de esta nueva edición surge como reacción al ataque a la sede del centro LGTBI de Barcelona, tan solo una semana después de su inauguración, según explicaron a la prensa Antoine Leonetti y Joako Ezpeleta, director y coordinador de este festival respectivamente.

jueves, 28 de febrero de 2019

#hemeroteca #libros #trans | Presentación en Mérida del libro “La doble transición”, una historia de la lucha trans

Imagen: El Salto / Mar Cambrollé
Presentación en Mérida del libro “La doble transición”, una historia de la lucha trans.
Libro necesario, fundamental para conocer la historia por la libertad, para dignificar y homenajear al colectivo trans, pioneras de las luchas LGTBI y, sin embargo, muchas veces las grandes olvidadas. Aprovechamos, además, para exponer la situación en Extremadura de las personas transexuales.
Abel Álvarez Germán | El Salto, 2019-02-28
https://www.elsaltodiario.com/transexualidad/presentacion-merida-libro-doble-transicion-historia-lucha-trans-

Tras el éxito que está teniendo el libro 'La doble transición' y las presentaciones por localidades de toda la geografía española, por fin recaba en la ciudad de nacimiento del autor, Mérida, acto que tendrá lugar el jueves 28 de febrero a las 20:30 horas en La Librería. Dicho autor, Raúl Solís Galván, es periodista de profesión especializado en reportajes en profundidad sobre pobreza, exclusión y precariedad laboral. El libro ha sido financiado mediante una campaña de ‘crowdfunding’ para la cubrir los gastos de la edición y una parte de la recaudación va destinada a la defensa de los Derechos Humanos y la integración de las personas transexuales.

Raúl nos acerca a la lucha por las libertades, al desafío, como afirma Mónica Oltra en el prólogo del libro, a un régimen y sociedad bajo las normas y valores del patriarcado, el machismo y la LGTBIfobia, del androcentrismo y la misoginia. Y todo ello a través del relato ameno, conmovedor y con gran dosis de empatía, comprensión y complicidad por parte del autor de las vivencias, luchas y sentimientos de ocho mujeres transexuales pioneras y valientes durante el tardofranquismo, la transición y la posterior democracia española, que llegó con mucho más retraso a las personas transexuales.

Rescata del olvido en un ejercicio de catarsis y valentía las historias de ocho mujeres transexuales nacidas entre el año 1943 y el 1959, las historias de Silvia Reyes, María José Navarro, Miryam Amaya, “La Petróleo”, “La Salvaora”, Soraya González, Mar Cambrollé y Manolita Saborido, cuando aún no se utilizaba la palabra transexual y eran tildadas con apelativos como marica, maricón, sarasa o bujarrón.

Como narra Raúl Solís en la introducción del libro, las personas trans fueron las pioneras de la lucha por la libertad afectivo-sexual, las que estuvieron al frente de las movilizaciones el 28 de junio de 1969 en Stonwell o en la cabecera de la primera manifestación del Orgullo que tuvo lugar en España, la celebrada en Barcelona en 1977, dando la cara en una época en la que ello conllevaba duras consecuencias. Incluso, como cuenta una de las protagonistas del libro, Silvia Reyes, la primera manifestación del Orgullo no fue la del año 77 sino la de 1976, también en Barcelona, y que estuvo protagonizada exclusivamente por mujeres transexuales, aunque dicha fecha haya sido en gran parte olvidada por el relato oficial.

Como sigue contando en la introducción, el colectivo trans fue el que más se visibilizó y expuso en la lucha por la libertad, las grandes castigadas de la dictadura y, sin embargo, las grandes olvidadas de la democracia. El autor llega a la conclusión de que han sido borradas y olvidadas por la historia básicamente porque son pobres y no sirven de reclamo para las grandes marcas comerciales, y porque su condición de mujer las convertía en unas traidoras de las reglas patriarcales.

Condenadas a la prostitución o espectáculos
Al cerrarse las puertas del mercado laboral al colectivo trans, y más en una época tan dura con el final del franquismo y comienzo de la democracia, la gran mayoría de las transexuales fueron condenadas a ser prostituidas o al mundo del espectáculo, como se dice en el libro, deseadas de noche y odiadas de día.

Así, por ejemplo, Silvia Reyes pudo haber sido un médico de éxito pero le quisieron obligar, para optar a una beca de acceso a la universidad, a dejarse barba y vestirse como un hombre, cosa que no estaba dispuesta a hacer porque suponía renunciar a su dignidad y a su sexo sentido, algo que se repitió cuando intentó buscar diferentes trabajos. Igualmente, a Myriam Amaya le hubiera gustado trabajar de cocinera pero no le dieron otra oportunidad que trabajar como prostituta o en el mundo del espectáculo.

Otras de las protagonistas del libro desarrollaron parte de su actividad profesional en el mundo del espectáculo. Manolita Saborido, tras alternar con diferentes trabajos precarios pasó a una exitosa carrera artística que le llevaría por toda España y diferente países, así como empresaria de locales de ocio. María José Navarro pasó por diferentes trabajos esporádicos antes de comenzar a imitar a Isabel Pantoja. Por su parte, las gaditanas “La Petróleo” y “La Salvaora” se integraron en un cuadro flamenco, las ‘Folclóricas Gaditanas’, con el que se convirtieron en estrellas de la copla, actuando también por tierras extremeñas. Fruto del cariño que se les tiene en Cádiz se les homenajeó y dignificó en un pleno extraordinario convocado por el actual alcalde de Cádiz, Kichi.

Quizás una de las excepciones fue Mar Cambrollé, que comenzó con un puesto ambulante de artesanía y siguió de manera exitosa como empresaria en un local, aunque trabajó durante un breve periodo de tiempo como prostituta.

Fruto de esta exclusión laboral y de trabajos realizados al margen de la economía formal, las personas trans, como se refleja en algunas de las protagonistas del libro, han de sobrevivir ahora con escasas pensiones. Por otro lado, desde muy jóvenes empezaron a tomar hormonas de manera clandestina, se autohormonaban, con el grave riesgo para su salud que ello suponía.

Cárcel y detenciones
Como afirma Raúl Solís, las personas transexuales han sufrido un “apartheid” social, laboral, afectivo, político y mediático. Una represión que llegaba hasta los aspectos más cotidianos, pero que llegó quizás a su punto álgido con las numerosas detenciones y estancias en prisión por su mera condición y forma de ser.

Así, por ejemplo, Silvia Reyes estuvo recluida en la tristemente conocida cárcel de Badajoz y de detenciones en comisaría no recuerda, pero afirma que fueron más de 50, simplemente por su forma de vestir, andar o comportarse, amparado, primeramente, bajo el delito de peligrosidad social y, después, por el de escándalo público, que no fue eliminado del Código Penal hasta el año 1988.

María J. Navarro fue trasladada a comisaría con tan solo 12 años al ser vista con un chico con el que había tenido un escarceo en el parque. Soraya González recibió una buena paliza de su padre a la edad de los 13 años, la misma edad a la que empezó a ser detenida y llevada a la comisaría que había en Triana. Afirma que en un mismo día le detuvieron hasta 14 veces. Porque otro de los aspectos más duros que tuvieron que soportan las personas trans fue el rechazo, e incluso palizas, de su familiares más cercanos. Una honrosa y aleccionadora excepción fue la de Myriam Amaya, la pequeña de los Amaya, que demostraría la tolerancia y comprensión de una familia gitana y humilde hacia su hija trans.

Activismo
Algunas de las protagonistas del libro fueron pioneras en la lucha a favor de la libertad afectivo-sexual, estando presentes e incluso organizando las primeras movilizaciones. Quizás el referente más conocido es la sevillana Mar Cambrollé, precursora del Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria de Andalucía, que convocó la primera manifestación del Orgullo andaluz y que desde 2007 preside la Asociación de Transexuales de Andalucía y desde 2018 es también la portavoz de la federación estatal Plataforma Trans.

Del mismo modo, Myriam Amaya participó en la primera manifestación de Barcelona y es fundadora de Visión Trans, una entidad de Aragón de defensa de los derechos trans. Silvia Reyes, por su parte, estuvo presente en esa misma manifestación y sigue implicada en el activismo a favor de las personas transexuales.

Pero el verdadero activismo o revolución que llevaron a cabo las protagonistas del libro, y otras tantas personas trans anónimas, es, como muy bien refleja Raúl Solís, su propia vida libre, actuando conforme al sexo sentido, sin símbolos, manifiestos ni discurso político, abriendo espacio en el estrecho cerco del entramado moral, religioso e ideológico del momento con su alegría, irreverencia, picardía y naturalidad.

Extremadura
Aunque no es la pretensión del libro reflejar la realidad concreta de ningún territorio, aprovechamos para dar algunas pinceladas de la situación trans en Extremadura. Si, como hemos comentado, la primera manifestación del Orgullo tuvo lugar en Barcelona en el año 1977 y al año siguiente se produjeron sus réplicas en diversos puntos del territorio peninsular, es significativo que, como publicamos en El Salto, en Extremadura la primera manifestación del Orgullo no se celebró hasta el año 2018.

En este mismo sentido, Extremadura fue la última Comunidad Autónoma en contar con una asociación o colectivo LGTBI, en concreto “De Par en Par”, actualmente inactiva. En cuanto al tema específico de la transexualidad, las diferentes colectivos LGTBI lo abordaron, incluso con área específica en asociaciones como Fundación Triángulo Extremadura, y ya en 2017 nace en Extremadura la delegación regional de Chrysallis, Asociación de Familias de Menores Trans.

Quizás este retraso en la lucha por los derechos de las personas trans en Extremadura sea debido al mayor peso de las tradiciones, el control social y la presión familiar, lo que conllevó un significativo nivel de emigración a núcleos urbanos de hombres y mujeres para poder vivir su orientación sexual y/o identidad de género, así como a la falta de referentes donde poder verse reflejados. Seguramente faltó en Extremadura una Manolita Saborido, que recientemente recibió un premio de la Asociación de Transexuales de Andalucía en reconocimiento a la lucha por la libertad y visibilidad de la realidad trans en el mundo rural.

Sin lugar a duda, una de los hitos normativos en materia LGBTI en Extremadura lo constituye la aprobación en 2015 de la Ley 12/2015 de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales y de políticas públicas contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género.

Ya con la entrada de la actual legislatura, se reclama que pongan en práctica las medidas contempladas en esa Ley, aparte de que se elabore y se apruebe el desarrollo reglamentario, pues gran parte de las reivindicaciones han sido contempladas en la Ley pero no se han llegado a implantar. Lo comienza solicitando el Partido Popular a principios de 2016 con una propuesta de impulso que es aprobada por unanimidad de los grupos parlamentarios, a la que se añaden diferentes enmiendas de Podemos, entre ellas las de tomar las medidas necesarias para aprobar el protocolo de atención integral a personas transexuales, siguiendo los pasos de la Unidad Funcional sobre Identidad de Género existente en la región, así como el protocolo contra la transbofia.

Especialmente activa en reivindicar los derechos de las personas trans en esta legislatura ha sido la diputada de Podemos Jara Romero, que ha presentado o defendido varias iniciativas en este sentido, como preguntar a la Junta por el desarrollo de la Ley de Igualdad y denunciar su incumplimiento, pues considera que “veintiocho meses después de su aprobación, la mayor parte del articulado sigue en barbecho”.

Destaca la propuesta que presentó la diputada de la formación morada, con la consulta de Fundación Triángulo y la Asociación Crhysallis, para que la Junta elaborase un protocolo de actuación para que el SES emitiera las tarjetas sanitarias individuales con el nombre del género sentido para las personas transexuales que lo solicitasen, sin que fuese necesario una modificación previa de los datos inscritos en el Registro Civil, en el DNI o la aprobación de los juzgados y tribunales, en el caso de menores, que posteriormente fue implementada por la Junta de Extremadura. Si las iniciativas sobre esta temática habían contando anteriormente con el consenso de la Asamblea, está vez, con los nuevos vientos de la derecha, esta propuesta contó con el apoyo de Podemos y PSOE y la abstención del PP y Ciudadanos.

Por último, la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Extremadura, aprobada recientemente por PSOE y Podemos, incluye entre su objeto recuperar la memoria de las personas perseguidas por su género o identidad y orientación sexual durante la Guerra Civil y la dictadura, así como asentar los valores de la la diversidad afectivo-sexual y de identidad de género o identificar y procurar el reconocimiento jurídico de todas las víctimas que sufrieron represión, torturas, tratos degradantes, inhumanos o similares por su orientación afectivo-sexual, expresión o identidad de género.

Aún cuando queda por avanzar, se ha conseguido grandes logros para las personas transexuales desde que esta ocho pioneras de ‘La doble transición’ comenzaron su andadura, y no hay que olvidar lo que decía Mar Cambrollé: "de lo que más orgullosa me siento es de haberles asegurado a los menores transexuales un presente y un futuro de normalidad y felicidad que yo no pude disfrutar".

domingo, 2 de diciembre de 2018

#hemeroteca #testimonios #vih | La historia detrás de las dos últimas fotografías de Freddie Mercury, hechas poco antes de su muerte

Imagen: El País / Freddie Mercury
La historia detrás de las dos últimas fotografías de Freddie Mercury, hechas poco antes de su muerte.
Fueron tomadas en la primavera del mismo año en el que murió. Aparece relajado, muy delgado, sin bigote, junto a su gato Óscar. La persona que se las hizo le acompañó hasta su último aliento.
Noelia Fariña | Icon, El País, 2018-12-02
https://elpais.com/elpais/2018/11/28/icon/1543401746_945856.html

Tiene una sonrisa relajada. Está extrañamente sin bigote. Delgado. Mucho. Con una camisa hawaiana que le queda holgada y unos pantalones de pinzas con el tiro hasta el ombligo. Está en el jardín de su casa en lo que parece un día soleado. Cuando se disparó esa foto tenía 44 años. Unos pocos meses después, muy cerca de ese jardín, en el dormitorio de su mansión londinense (a la que llamó Garden Lodge), Freddie Mercury, una de las estrellas del rock más queridas de la historia, moría a causa del sida.

La mayoría de los estudiosos de la vida de Freddie Mercury (1946-Tanzania, 1991-Londres) señalan que estas que se ven en este artículo son las dos últimas fotos tomadas al cantante de Queen. Fue en primavera de 1991: él moriría ese mismo año en noviembre. Al menos son las últimas fotos en las que él posa (existe otra, capturada a traición por un paparazi y publicada en el tabloide ‘Daily Mirror’).

Las imágenes están tomadas por Jim Hutton, su pareja durante sus últimos seis años de vida. Cuando el cantante descubrió su enfermedad quiso terminar la relación con Hutton, pero este no quiso ni oír hablar del tema. "Te quiero, Freddie. No voy a ir a ningún sitio", le contestó. Y así fue. Y el caso es que la relación entre los dos no empezó muy bien. Se conocieron en un local en 1984. Pero en ese momento Hutton tenía pareja y rechazó a Mercury.

"John Alexander, mi novio por aquel entonces, fue al cuarto de baño y un tipo aprovechó para coquetear conmigo. Yo tenía 34 años y él un poco más. Estaba vestido informalmente con jeans y un chaleco blanco y, como yo, llevaba bigote. Era delgado y no el tipo de hombre que yo encontraba atractivo. Prefería los hombres más grandes y toscos. 'Te invito a tomar una copa', me dijo. Yo tenía mi cerveza casi llena y contesté: 'No, gracias'. Después me preguntó qué estaba haciendo esa noche. 'Sería mejor que se lo preguntaras a mi novio', le dije". Así relata Hutton en su libro ‘Mercury y yo’ cómo fue su primer encuentro con el cantante, y cómo rechazó a toda una estrella del rock.

Cuando su novio volvió del baño, Hutton le contó que alguien acaba de intentar ligar con él. "Le señalé quién había sido y me dijo: '¡Ese es Freddie Mercury!'. Algo que para mí no significó nada porque nunca estuve a la última en música y no había oído hablar de Queen. John, por su parte, se sintió halagado por el hecho de que un cantante famoso se hubiera interesado en su chico", afirma Hutton en su libro.

Sin embargo, el destino quiso que se encontrasen dos años después, en 1986, en otro club nocturno. Hutton estaba entonces soltero y aceptó la proposición del artista para salir a cenar. Y ya no se separaron más. Hutton pasó a trabajar como peluquero y estilista del artista. "La reacción de Freddie ante su enfermedad fue de total incredulidad. No se hundió hasta las últimas semanas, cuando realmente se estaba muriendo", recordó Hutton.

En una de estas dos últimas fotografías a Freddie Mercury le acompaña Oscar, uno de los cinco gatos que adoptó. Pocos meses después de que se tomara la instantánea, tanto el animal doméstico como el artífice de esta improvisada sesión fotográfica (Hutton) permanecerían al lado del músico durante sus últimas horas de vida. Días antes, Mercury se había asegurado de que sus mascotas recibieran los cuidados necesarios una vez él no estuviera para velar por ellos.

La muerte de Mercury ocurrió poco antes de que los avances científicos permitieran tratar y aliviar los síntomas del sida. "Si todo hubiera ocurrido un poco más tarde, Freddie todavía estaría con nosotros gracias a los avances en la investigación del sida. Estoy seguro", declaró Brian May, guitarrista de Queen, a ‘Sunday Times’.

“Freddie me dijo que, cuando muriera, quería que se lo llevaran de inmediato. Quería que todo se acabara cuanto antes, con el mínimo alboroto posible. A él le habría gustado que lo incineraran el mismo día de su muerte para acabar de una vez con todo y que todo el mundo pudiera volver a la normalidad”, revela Hutton en ‘Freddie Mercury: la biografía definitiva’, el libro escrito por Lesley Ann-Jones.

En su testamento, Mercury dejó la mansión Garden Lodge que aparece en las imágenes (valorada en 22,5 millones de euros de la época) y la mitad de su fortuna (y futuras ganancias por derechos de autor) a Mary Austin,la mujer con la que convivió durante seis años, hasta que Mercury le reveló que era gay en 1976. A su novio, Jim Hutton, que le acompañó hasta que exhaló su último aliento, Freddie dejó 560.000 euros. Tras la muerte del cantante, Hutton tuvo que pasar por el trago de abandonar la casa donde había convivido casi seis años con el cantante: Austin pidió a Hutton que dejara la mansión. De hecho, Austin (que hoy tiene 68 años) sigue viviendo en esa casa.

Sin muchas opciones, Jim Hutton decidió regresar a su Irlanda natal, donde vivió hasta que falleció de cáncer en 2010, con 61 años. Eso sí, publicó el libro ‘Mercury y yo’. "Lo escribí para aliviar todo el dolor que sentía", explicó en una entrevista donde promocionaba el libro.

"Una vez le pregunte por qué, de todas las personas del mundo que podía haber tenido me había elegido a mí para pasar los últimos momentos de su vida. Me miro y me dijo: 'Luchaste por mí, me ganaste'. Freddie fue el mayor amor de mi vida y sé que nunca volveré a amar así", reveló Jim Hutton en ‘Mercury y yo’.

miércoles, 7 de marzo de 2018

#hemeroteca #adulterio | Las pioneras de 1976: “Yo también soy adúltera”

Imagen: El Plural / Maaruja Torres también es adúltera en la mani de 1976 en Barcelona
Las pioneras de 1976: “Yo también soy adúltera”.
Miles de feministas en Barcelona y Zaragoza apoyaron a dos mujeres acusadas del delito de adulterio.
El Plural, 2018-03-07
https://www.elplural.com/politica/las-pioneras-de-1976-yo-tambien-soy-adultera_121035102

A las puertas de la Transición, el feminismo despertaba con una gran manifestación en Barcelona, en 1976, contra la discriminación y el delito de adulterio que se usaba como arma arrojadiza contra las mujeres.

Miles de mujeres de toda condición social, entre ellas escritoras como Maruja Torres, salieron a la calle al grito de "Yo también soy adúltera", en apoyo a María Ángeles Muñoz, una obrera a la que querían retirar la custodia de su hija acusándola de adúltera.

El marido de María Ángeles Muñoz, que la había abandonado, regresó y la acusó de adúltera para obtener la custodia de su hija. El movimiento feminista, liderado por Lidia Falcón, colaboró para esconder a la niña y que el hombre se saliera con la suya. La obrera contó con la defensa de la abogada Anna Mercadé.

Inmaculada Benito también fue acusada de adulterio
Ese mismo año, en Zaragoza, la abogada Gloria Labarta defendió a Inmaculada Benito, una mujer también acusada de adulterio. Las feministas llegaron de toda España para apoyar su lucha.

En 1978 se derogó
El empuje de ese movimiento consiguió que el 26 de mayo de 1978 se derogaran los artículos 449 y el 452 referentes a la penalización del adulterio. Un año después se creó el Partido Feminista, legalizado en 1981.

viernes, 23 de junio de 2017

#hemeroteca #homosexualidad #liberacionsexual | Deseo, represión, revolución: Jean Nicolas y “la cuestión homosexual”

Imagen: La Izquierda
Deseo, represión, revolución: Jean Nicolas y “la cuestión homosexual”.
En los años ´70, Jean Nicolas, militante trotskista y activista del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria francés, publica “La cuestión homosexual”: un brillante análisis de la historia de la opresión a los homosexuales y la lucha por su liberación, y un manifiesto estratégico para luchar por el socialismo y las nuevas relaciones humanas.
Ana Rivera | La Izquierda, 2017-06-23
http://www.laizquierdadiario.com/Deseo-represion-revolucion-Jean-Nicolas-y-la-cuestion-homosexual

Corren los años ´70. En plena época de ascenso revolucionario a nivel mundial, desde el Mayo Francés a la segunda ola del movimiento feminista, desde la resistencia de Vietnam y el movimiento anti-guerra en Estados Unidos, el Cordobazo y la revolución chilena sofocados sangrientamente por las dictaduras latinoamericanas, hasta la Primavera de Praga contra la invasión de los tanques soviéticos, desde el movimiento de liberación de los negros hasta la revuelta gay en Stonewall, y bajo el influjo de las revoluciones en Cuba y en China, la clase obrera y la juventud viven un proceso de radicalización política y hacen tambalear al orden social burgués -sostenido con el pacto con la URSS a la salida de la Segunda Guerra Mundial-.

La explotación capitalista, la dominación colonial, el racismo y el sexismo, las relaciones cotidianas, la familia: todo está sujeto a la lucha y la transformación. En este contexto, en el país donde los estudiantes lanzaron su grito de guerra: “la imaginación al poder”, ve la luz el artículo “La cuestión homosexual”. Escrito por un militante de la Liga Comunista Revolucionaria francesa cuyo seudónimo es Jean Nicolas, y publicado en la revista teórica de la LCR, Critique Communiste, en su edición de Diciembre 1976-Enero de 1977, el mismo busca nuevos lazos entre la izquierda marxista y el movimiento de liberación sexual que está en efervescencia y del cual forma parte con su militancia en el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria y posteriormente en el Grupo de Liberación Homosexual.

A banderas desplegadas, traza las líneas de acción: “para los militantes revolucionarios esto supone una doble tarea: por una parte, convencer al movimiento obrero de la importancia y significación de la lucha por la liberación de la homosexualidad, y por la otra, convencer al movimiento homosexual de la necesidad de combinar su lucha por la liberación sexual con la lucha de la clase obrera en pro del socialismo”. El texto se publica como libro y es ampliamente discutido entre los activistas gais y también en los círculos marxistas y de trabajadores.

La sexualidad, entre la normalización y el deseo
Para Jean Nicolas, lo más precioso de las elaboraciones marxistas sobre la sexualidad es que plantean que ésta se inscribe en el ámbito de las relaciones sociales, y por lo tanto, también está determinada históricamente, de acuerdo a las relaciones de producción dominantes en una época determinada. La opresión a los homosexuales es una de las partes de un “proceso de normalización sexual” construido históricamente, y del cual la burguesía se apropia, profundizándolo, con el objetivo de consolidar el matrimonio heterosexual, monogámico, basado en la propiedad privada, la opresión de la mujer y los niños y la represión de la “homosexualidad latente” en todos los individuos, a fin de reproducir estas relaciones sociales que se ajustan al modo de producción capitalista y crear individuos aptos para insertarse en él.

Estas relaciones penetran profundamente en nuestra psiquis, tiñen toda nuestra vida cotidiana, nuestras emociones, nuestra conciencia: son parte de un proceso de sometimiento indispensable para sostener el dominio burgués. La norma sexual es inculcada por la familia, la escuela, la iglesia. El discurso social sobre la sexualidad es normativo, pero no puede dominar al deseo completamente: las prácticas sexuales y las aspiraciones de la vida sexual y social no se corresponden nunca completamente con la norma, sino que existe un desfase permanente: siempre hay una rebelión del deseo contra lo instituido. Según la época, las necesidades económicas, demográficas, históricas, políticas, se sancionará de una u otra forma la “desviación” de la norma sexual. La burguesía logra, por primera vez, no sólo instaurar un discurso normativo sobre la sexualidad, sino comercializarla y obtener beneficios de la represión sexual.

Homosexualidad y represión
Mientras que la antropología da cuenta de que en las sociedades comunitarias primitivas la homosexualidad estaba fuertemente integrada al cuerpo social, la opresión de la homosexualidad es parte de todas las sociedades basadas en la propiedad privada, como también la opresión sobre las mujeres. El desarrollo del monoteísmo, el surgimiento del Estado y de la familia también son parte de este proceso histórico. La herencia de padres a hijos (varones) es la motivación no tan sagrada del tabú de la homosexualidad y la represión de la sexualidad femenina. Las sociedades de la Antigüedad que permitían o valoraban la homosexualidad masculina van transformándose en sociedades basadas en la familia patriarcal y agudizando las restricciones contra la libertad sexual; luego, la tradición cristiana recogerá el tabú contra la homosexualidad y Dios y la Iglesia se convertirán en los guardianes del discurso social sobre la sexualidad.

La penalización de la homosexualidad surge en el Bajo Imperio Romano, cuando el cristianismo se convierte en religión de estado y Constantino sanciona la “sodomía” con la pena de muerte. Durante la Edad Media esta represión se desarrolló y el mito de la relación homosexual como un acto contranatural es creado por Santo Tomás; mito que hoy todavía persiste aún después de ser destrozado por Freud. El sodomita era hereje, y el hereje, sodomita: estas acusaciones de perversiones sexuales eran un arma contra quienes osaran desafiar el poder religioso, y también una herramienta para minar el poder de los señores feudales y quedarse con sus tierras. Y si no, ¡pregúntenle a Cersei Lannister de Game of Thrones!

Pero la burguesía en el poder y en el Estado desacraliza el mundo, la sociedad, la familia. “Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas”, dijo Marx. El centro de la vida humana es el hombre mismo... siempre que pueda pagárselo. ¿Cómo mantener entonces ese orden? ¿Cómo reemplazar el miedo a Dios por el miedo a salirse del rebaño moderno en el capitalismo? Estableciendo categorías de “excluidos”, “asociales”, “desviados”, “enfermos”, reforzando el poder estatal y creando instituciones que se encargarán de ellos, como la cárcel y los hospitales psiquiátricos. Estos desviados son justamente quienes no se integran en el cuerpo social, quienes están por fuera de la producción (y la reproducción) del sistema capitalista. Por primera vez existe una “identidad homosexual”: ya no se sancionan los “actos” homosexuales, sino a los individuos inadaptados, a los que se criminaliza o patologiza. Son los desviados, los enfermos. A la vez, oprime en todos el deseo homosexual, haciendo una separación arbitraria entre las categorías heterosexual/homosexual. Por el contrario el psicoanálisis demostró que no es más natural uno que el otro, y que sólo bajo los efectos de la sociedad la sexualidad se desarrolla en un sentido o en el otro. Es por esto que Jean Nicolas considera esto como el “mito” de la identidad homosexual, afirmando que bajo una sociedad que no oprima sistemáticamente el deseo homosexual el corte arbitrario entre homosexualidad y heterosexualidad cambiaría para dar paso a una auténtica liberación sexual. Por esta razón, critica a las teorías de la homosexualidad como un “tercer sexo” surgidas a fines del siglo XIX, que buscaban darle fundamentos teóricos a las primeras luchas del movimiento homosexual, o las que estaban ligadas al surgimiento del FHAR que postulaban que la homosexualidad en sí misma representa una subversión contra el orden social existente. Esta identificación, el apropiarse de la etiqueta, de la cruz que viene con la estigmatización como “marica”, esto que hoy llamaríamos una “resignificación”, es la respuesta a la represión sistemática y a la desvalorización, cuando la norma no es internalizada llevando a intentos de “corregirse”, a la locura, el suicidio. En ese caso, la burguesía recluye a quienes se identifican como “homosexuales” a su propio ghetto.

El “ghetto” homosexual: si no puedes derrotarlos, lucra con ellos
Las múltiples formas de encierro de los homosexuales no están sólo en las cárceles o los hospitales psiquiátricos, sino también en circuitos comercializados o no comercializados donde encontrar la posibilidad de ejercer el deseo de forma más o menos clandestina. Nicolas distingue entre un ghetto no comercializado que tiene lugar en los espacios públicos, los parques, los baños, donde se frecuentan los homosexuales para encuentros clandestinos, y un ghetto comercializado en las fiestas, clubs, bares, boliches “para homosexuales” donde pueden acceder quienes tengan la capacidad económica para hacerlo. Señala que la burguesía tiene un interés especial en reprimir sistemáticamente los espacios “no comercializados” para canalizar el deseo homosexual a un circuito comercial, del cual obtener ganancias, a la vez que banaliza la identidad gay y la normativiza. Este análisis es cada vez más actual, en tiempos donde el “mercado rosa” se extiende a fronteras inimaginables, con todo tipo de productos, eventos, espacios y lo que se pueda imaginar para el consumo gay. Claro está, sólo para quienes puedan acceder a este circuito. Ciudades enteras hacen gala de ser “gay-friendly”, aunque allí mismo los gais, lesbianas y trans sufran la discriminación laboral, la violencia policial y la falta de derechos. Pensemos, sin ir más lejos, en la “tolerante” Buenos Aires donde “Higui” fue atacada por lesbiana y presa por defenderse, por torta y pobre, y la movilización en la calle logró su libertad.

“Cabe prever que, si continúa la actual tendencia hacia una relativa «banalización» de la homosexualidad, el poder trate de eliminar el ghetto no comercializado, de sanear los lugares públicos, favoreciendo al mismo tiempo la ampliación del ghetto comercializado sobre el que puede, además, ejercer más fácilmente su control”, dice Nicolas, y parece estar hablando del presente. Por ello plantea la necesidad de que el marxismo revolucionario luche codo a codo contra la represión dirigida al ghetto, y acompañe la lucha de quienes se rebelan contra la brutalidad policial, como en el estallido de Stonewall. Pero el ghetto y su represión sistemática persistirán mientras las raíces de la opresión a los homosexuales se mantengan en pie: en la misma Francia en la que escribía Jean Nicolas se libraba una fuerte lucha para tirar abajo la legislación anti-homosexual establecida por De Gaulle y agravada por la enmienda Mirguet, que llamaban a terminar con esta “plaga social” y castigaban las “relaciones contra-natura” entre individuos del mismo sexo. El movimiento revolucionario debía apoyar incondicionalmente al colectivo gay frente a estas luchas.

Esto suponía también una fuerte pelea contra el Partido Comunista y las corrientes stalinistas que reavivaban los prejuicios homofóbicos en la clase trabajadora, rechazando a la homosexualidad como una “tara”, herencia de la “decadencia burguesa”. La represión a los homosexuales en la URSS fue la política de Stalin, que liquidó las enormes conquistas que había significado la revolución para ellos y para las mujeres, luego de que los bolcheviques transformaran a Rusia en el primer país que legalizaba el aborto y despenalizaran la homosexualidad.

Generaciones de lucha por nuestros derechos
“Las tres generaciones del movimiento homosexual” se titula el capítulo, quizás, más interesante y conmovedor del libro de Jean Nicolas. Marca el surgimiento del movimiento, que continúa hasta hoy, en Alemania y Gran Bretaña hacia finales del siglo XIX, cuando Karl Ulrisch, que pasó a la historia como el “primer abogado” de la causa gay, encabezó la lucha contra la legislación anti-homosexual prusiana, que se extendió a toda Alemania con el famoso Párrafo 175, que establecía la cárcel por el delito de sodomía.

El párrafo 175 estuvo vigente bajo sus diferentes formas hasta 1994 y cientos de miles de personas fueron condenadas a la cárcel por su homosexualidad. Aunque la batalla de Ulrisch no tuvo éxito dio nacimiento a la primera generación que lucharía por nuestros derechos. Ulrisch desarrolló una teoría biologicista de la homosexualidad sobre la cual se apoyó Hirschfeld para su teoría del “tercer sexo”, refutada en el libro por Nicolas y que fue muy cuestionada por el movimiento. Esta primera generación del movimiento homosexual a pesar de ser impulsada por sectores de la burguesía y de la intelectualidad, fue apoyada por las organizaciones marxistas, y el partido socialdemócrata alemán apoyó públicamente la lucha contra la legislación homosexual.

Desde Ferdinand Lasalle hasta August Bebel y Eduard Berstein (quien defendió públicamente al escritor Oscar Wilde, que fue detenido en prisión por su homosexualidad), junto a personalidades de la literatura y la ciencia como Thomas Mann, Herman Hesse o Albert Einstein.

Esta generación y el movimiento homosexual fueron brutalmente aniquilados con el advenimiento del fascismo, y durante la Segunda Guerra Mundial decenas de miles de personas fueron recluidas en los campos de concentración nazis por ser homosexuales, marcadas con el “triángulo rosa” como símbolo de su condición. Esta realidad no fue conocida sino décadas más tarde ya que en un principio se invisibilizó el horror al que fueron sometidas las víctimas homosexuales del Holocausto. El stalinismo se encargó de borrar las huellas de la solidaridad del marxismo revolucionario con la causa homosexual y persiguió brutalmente a los homosexuales en la URSS. La segunda generación del movimiento homosexual surgirá después de la Segunda Guerra mundial entre los años ´50 y los ´60, dirigido a lograr reformas legales y del cual serán exponentes el Comité Científico Humanitario estadounidense y el grupo Arcadia en Francia.

Finalmente, Nicolas marca el surgimiento de una tercera generación del movimiento homosexual, mucho más radicalizada y que criticaba la integración de la homosexualidad a la sociedad burguesa, un movimiento que tomaría las calles y del cual la rebelión de Stonewall fue la chispa que se extendió como pólvora. Esta generación apuntará al capitalismo como raíz de la opresión y a la unidad con las mujeres, los negros y los sectores oprimidos. La vinculación con el movimiento obrero resultó más compleja, especialmente por la ideología reaccionaria de los Partidos Comunistas y las organizaciones reformistas en el movimiento obrero que reproducían los prejuicios homofóbicos en el movimiento obrero y alejaban a los homosexuales que se acercaban a sus filas. Es en el desarrollo de este movimiento que Jean Nicolas escribe este libro, aspirando a contribuir a los lazos entre homosexuales, trabajadores y organizaciones revolucionarias. No había sido derrotado aún el enorme ascenso revolucionario iniciado con el Mayo Francés, ni habían surgido todavía el movimiento gay de los años ´80 que se nucleó alrededor del activismo contra el SIDA, ni la teoría queer que sigue siendo fuente de agrupamientos y organizaciones.

La verdadera liberación sexual
Para Jean Nicolas la represión ideológica sobre la homosexualidad tiene su base material en el capitalismo: se niega a reducir la lucha contra la opresión a la lucha contra la norma, ya que el poder de la burguesía radica en el poder del capital sobre el trabajo y de él se derivan y refuerzan todos los tipos de opresión. Así como sería estéril pelear contra la explotación capitalista sin pelear contra la opresión y luchar por una verdadera liberación en las relaciones humanas en otro tipo de sociedad, sería inútil dirigir todos los esfuerzos a la lucha por la liberación sexual sin atacar la fuente del dominio burgués, la apropiación de los medios de producción y el control de la riqueza social. El capitalismo nos condena a la miseria sexual, es dueño de nuestros cuerpos en penosas jornadas laborales, nos quita el deseo o lo regimenta. Sin liberar los cuerpos de la esclavitud asalariada, la auténtica liberación sexual será imposible de concretar. Ya en estos años concluye en la necesidad de reducir el tiempo de trabajo, que es una posibilidad al alcance de la mano por el desarrollo de la técnica, y de esta forma abrirle paso al verdadero goce sexual para todos:

“Una de las condiciones previas para una auténtica liberación sexual pasa por el derrocamiento de las relaciones de producción capitalistas y por una masiva reducción del tiempo de trabajo. En efecto, hay que subrayar que uno de los fundamentos más poderosos de la miseria sexual en el régimen capitalista proviene del sometimiento del cuerpo de los trabajadores a un trabajo prolongado y penoso. La posibilidad hoy día concretada gracias al desarrollo del automatismo, de reducir masivamente el tiempo de trabajo y de eliminar aquellas tareas más pesadas, abre paso a una auténtica liberación sexual para socavar, al propio tiempo, las bases de la ideología burguesa, la cual valora el trabajo a la vez que trata de reprimir la actividad sexual (...). Así es como el cuerpo, liberado de un trabajo largo y penoso y del peso de una maternidad no deseada, podrá entregarse verdaderamente al placer”.

En épocas donde el mercado rosa alcanza grados obscenos, y el llamado “pinkwashing” o barniz rosa convierte a los derechos de las personas LGTB en legitimación de gobiernos neoliberales o aún de la extrema derecha –como en Alemania, donde la nueva referente de la ultraderecha es la lesbiana Alice Weider, abiertamente xenófoba y antisemita-, y en la que la represión a los gais, lesbianas y transexuales pobres se recrudece al calor de la crisis capitalista internacional, la lucha por la auténtica liberación sexual y por la unidad del movimiento LGTB y la clase trabajadora contra los capitalistas que nos condenan a la explotación y la opresión cobra más fuerza que nunca.