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miércoles, 21 de agosto de 2019

#hemeroteca #cine #queer | Un extraño camino de baldosas amarillas

Imagen: El País / Fotograma de 'El mago de Oz'
Un extraño camino de baldosas amarillas.
La influencia cultural de 'El mago de Oz' no ha cesado desde su estreno en agosto de 1939. La enigmática película es un ensayo del poder político de la rareza.
Carlos Primo | El País, 2019-08-21
https://elpais.com/elpais/2019/08/16/ideas/1565948918_002260.html

Si nos limitamos a los datos objetivos, la película ‘El mago de Oz’ fue resultado de una cadena de expectativas frustradas. Victor Fleming, el director que finalmente la firmaría, tuvo que ausentarse sin terminarla para rematar ‘Lo que el viento se llevó’, la gran apuesta de la Metro-Goldwyn-Mayer. Precisamente la historia de Scarlett O’Hara, estrenada ese mismo año, arrasó en los Oscar; ‘El mago de Oz’ compitió en seis categorías y se hizo solo con dos estatuillas, a la que se añadió un premio honorífico juvenil para Judy Garland. También en esto hay algo de equívoco: la actriz tenía 16 años en el momento del rodaje, pero el personaje que interpretaba, Dorothy Gale, contaba apenas 12, así que Garland, a la sazón una estrella en ciernes de la Metro, tuvo que enfundarse en un corsé y abrazar al perrito ‘Totó’ sin pausa para disimular el volumen de su pecho. Las frustraciones continuaron tras el estreno, en el que este largometraje tuvo resultados más bien discretos. Su éxito, a la larga, fue una bomba de relojería que solo estalló cuando las televisiones comenzaron a reponerla; de manera paradójica, varias generaciones de espectadores descubrieron la película sin disfrutar de su mayor golpe de efecto, que es el momento en que Dorothy abre la puerta de su casa en Oz y la imagen pasa del blanco y negro al brillo chillón del tecnicolor. En las televisiones de posguerra, Oz solo existía en escala de grises.

Sin embargo, lo que debía ser una película gafada por los vaivenes y por su propia era histórica (en muchos países no pudo ser estrenada hasta 1945, tras la II Guerra Mundial) acabó convirtiéndose en uno de esos artefactos estéticos que, a falta de otra etiqueta, se acaba calificando como “de culto”. Contaba Salman Rushdie en una crónica publicada en The New Yorker en 1972 que, en el Bombay de su infancia, ver ‘El mago de Oz’ fue una experiencia iniciática. La historia de una niña que, queriendo salvar a su perro, acaba convirtiéndose en la salvadora de un complicadísimo reino de fantasía ubicado al otro lado del arcoíris era todo un ejercicio de exotismo en el que, aseguraba Rushdie, solo un detalle falla: el empeño de la protagonista en regresar a la aburrida y gris Kansas. “Para mí, la idea de ‘Como en casa, en ningún sitio’ es la menos convincente de la película”, escribió.

La novela de L. Frank Baum (1900) en la que se basa la película era un ‘best seller’ de largo recorrido, un cuento de hadas enclavado en un paisaje típicamente estadounidense. Hay carreteras infinitas, páramos vacíos, localidades rurales y capitales de provincia aparentemente (pero solo aparentemente) sofisticadas. En este escenario conviven arquetipos procedentes de cuentos europeos clásicos. Hadas buenas y brujas malas, puntos cardinales irremediablemente enfrentados y personajes alegóricos. Un hombre de paja, otro de hojalata y un león. Un mago tan charlatán como un político, una terrateniente despótica y los conflictos de clase que, para los historiadores, hablan de las disputas monetarias y la desigualdad social.

Alegorías aparte, esta versión ‘country’ de la Alicia de Carroll podría haber sido material excelente para una película de animación (de hecho, Walt Disney sopesó la idea de adaptarla), pero sus productores decidieron emplearla como salvoconducto para mostrar al público el poder del tecnicolor. De aquella decisión deriva hoy una de sus mayores virtudes, que es la sensación de extrañeza y fascinación que experimenta el espectador ante esta fábula híbrida.

En ‘El mago de Oz’ todo, desde las flores de vidrio hasta el complicado vestuario diseñado por Adrian produce la atracción estética de las creaciones extremas. El 'kitsch' refinado de Fleming está más cerca de las fantasmagorías surrealistas de Cocteau que de las superproducciones de Hollywood. De hecho, es un caso aislado. En los años posteriores, el imperio de Disney estableció que la fantasía era territorio exclusivo del cine de animación, y hay que esperar a ‘delicatessen’ como 'Piel de asno' (1970), de Jacques Demy, para asistir a una cabalgata tan espléndidamente desquiciada.

Los derroteros críticos de la pe­lícula han sido, por lo menos, igual de retorcidos que el camino de baldosas amarillas desplegado en espiral desde el punto exacto en que la casa de Dorothy aplasta a la malvada Bruja del Este. Al fin y al cabo, ‘El mago de Oz’ es una historia de criaturas marginales que no acaban de encajar en el mundo racional del siglo XX. Y Judy Garland, futura estrella maldita del entretenimiento, supo convertir el tema musical más famoso de la película, ‘Over the Rainbow’, en el momento álgido de los espectáculos que ofrecía en los años sesenta en el Carnegie Hall, todo un punto de encuentro para la comunidad gay neoyorquina. Garland falleció en el verano de 1969, 30 años después del estreno de la película que la había consagrado. Tras sus multitudinarias honras fúnebres, muchos de sus fans se fueron a ahogar sus penas en alcohol a The Stonewall Inn, un antro de Greenwich Village. Y pocas noches después la rabia, el desencanto y el cansancio ante el atosigamiento policial fueron la chispa que prendió las protestas que dieron origen al movimiento del Orgullo Gay, y cuya bandera arcoíris es, en parte, una referencia al tema más famoso de la más inclasificable de las películas. ‘Over the Rainbow’, por cierto, suena este verano insistentemente como hilo musical de ‘Camp: Notes on Fashion’, la exposición en la que el Costume Institute del Metropolitan Museum de Nueva York explora fenómenos estéticos entre lo grotesco, lo cursi, lo disruptivo y lo sublime.

Si el ‘camp’ es político, ‘El mago de Oz’, como obra maestra ‘camp’, se adentra en profundidades simbólicas que convierten cada fotograma en un interrogante. El que ha reivindicado el diseñador Virgil Abloh en su colección de este verano para Louis Vuitton es uno de los más inquietantes: en su camino a la Ciudad Esmeralda, Dorothy cae en la trampa de la malvada Bruja del Oeste y se adentra en un campo de amapolas capaces de hacerla caer en un sueño letal. Basta entender la conexión entre la amapola y los opiáceos para que la imagen de Dorothy dormida se transforme en una alegoría y una premonición: la de los estragos que las drogas y la enfermedad hicieron en los años ochenta y noventa entre las filas de los “amigos de Dorothy”, una expresión habitual en la época para aludir a los hombres gais.

Tampoco resulta casual que, en una exposición dedicada a la influencia de la película celebrada en 2008 en el Wattis Institute de California College of the Arts, la obra que diera la bienvenida al público fuera Untitled (Passport II), una de esas instalaciones de Félix González Torres consistentes en una pila de láminas que el público puede coger libremente, decidiendo si contribuir o no a la desaparición final de la obra. La obra data de 1993, tres años antes de que González Torres falleciera de sida, y la imagen impresa en el papel mostraba la sombra de unos pájaros. Una visión del otro lado del arcoíris y una lectura insospechada, pero pertinente, de una película de entretenimiento que es, en realidad, todo un ensayo sobre el poder político de la rareza.

lunes, 27 de mayo de 2019

#libros #cine #culturagay | El mago de Oz : el libro del 80 aniversario

El mago de Oz : el libro del 80 aniversario / Quim Casas, Gerardo Sánchez (eds.).
Madrid : Notorious, 2019 [05-27].
240 p. : il.
ISBN 9788415606819 / 29,95 €

/ ES / ENS / REC
/ 1939 / Aniversarios / Arcoíris / Cine / Cultura gay / Dorothy / Judy Garland / Historia – Siglo XX / Signos y símbolos

En el 80 aniversario del film ‘El mago de Oz’, varios autores de prestigio analizan los diferentes aspectos de la película. El original literario, el rodaje, los personajes, la dirección artística, las canciones, el technicolor, los efectos especiales, las influencias... Todo ello acompañado por un gran despliegue gráfico con fotografías de la película.

‘El mago de Oz’, 80 años de magia, color y simbolismo.
Álex Ander | Culturamas, 2019-07-30

https://www.culturamas.es/blog/2019/07/30/el-mago-de-oz-80-anos-de-magia-color-y-simbolismo/

La vida de Judy Garland —con más de 35 películas y varios discos a sus espaldas— estuvo plagada de éxitos y escándalos. Y su muerte —por una sobredosis de barbitúricos aparentemente accidental, con tan solo 47 años— copó multitud de portadas de periódicos y revistas.

El 28 de junio de 1969 —apenas unas horas después del funeral por Garland—, un grupo de gais de Nueva York se organizó, espontáneamente, para reaccionar frente a una redada policial contra el colectivo homosexual que tuvo lugar en el bar Stonewall Inn, en el barrio de Greenwich Village. Un año después, coincidiendo con la conmemoración del aniversario de aquel episodio, comenzarían oficialmente las manifestaciones del Orgullo Gay.

Desde entonces, se ha hablado bastante de la conexión directa entre las revueltas de Stonewall y el mito de Judy Garland. “Muchas fuentes (por ejemplo, la dueña del Stonewall y otros testigos de aquellos incidentes) han confirmado que, efectivamente, la diva gay, la pena de su pérdida y la frustración que provocaba que no les dejaran rendirle tributo libremente fueron alguna de las chispas que hicieron saltar la revolución”, señala Alejandro Melero en la obra colectiva ‘El Mago de Oz. El libro del 80 aniversario’ (Notorious Ediciones).

Para Melero, la Dorita de Garland —gracias, sobre todo, al paroxismo y la vulnerabilidad que la actriz logró transmitir con esa interpretación— trascendió al paso del tiempo como referente absoluto e icono para muchos homosexuales. “En España es difícil de entender el mito de Judy Garland, entre otras razones porque la mayoría de sus películas ni siquiera se estrenaron aquí en su momento”, asegura el autor a ‘Culturamas’. “Esto puede parecer extraño porque hoy se consideran clásicos, pero fue una actriz poco relevante en comparación con otras de su generación. En Estados Unidos y otros países, sí que fue un gran icono del cine musical, y caló entre gais de distintas edades, hasta nuestros días. Todavía se la sigue imitando en bares de drags, por ejemplo. Su vida es muy dramática, y muchos de sus papeles cuentan esas historias de melodrama que tanto han gustado al público gay. Por ejemplo, ‘Ha nacido una estrella’, que es muy importante para entender su lugar en la historia del cine”.

Pero Stonewall no es el único símbolo que las culturas homosexuales han tomado de la película. Alguno de ellos, como la bandera arcoíris —un homenaje claro al archiversionado tema ‘Over the Rainbow’, considerado un himno gay—, es de sobra conocido. “La canción habla de escapar de un lugar opresor para encontrar un mundo de fantasía y, a partir de ahí, reconciliarse con el hogar. Así que es fácil entender que ese mensaje calara entre gais y lesbianas”, apunta Melero.

Asimismo, el autor recuerda que el personaje del poco valiente y amanerado León guarda bastante relación con las preocupaciones de muchos homosexuales: “El León es, como Dorita, un personaje que tiene que entender que la solución a sus problemas está, más que dentro de sí mismo, en pasar por aceptarse como es. Y luego están los tirabuzones…”.

Eso sí, simbolismos a un lado, no cabe duda de que ‘El Mago de Oz’ de Víctor Fleming no es una película musical más. La cinta sigue influyendo en las distintas generaciones de espectadores y Melero tiene claro el porqué: “Visualmente, sigue siendo muy atractiva, y eso creo que no se va a perder con el paso del tiempo. Su plástica es brutal, y conecta con los espectadores de cualquier lugar o edad. Lo mismo ocurre con la música, que está a la altura de cualquier gran musical clásico, y por eso puede volver a escucharse e incluso revisarse para montajes teatrales contemporáneos. Y, claro, la historia es universal, llena de metáforas que no pierden su valor. El mundo está lleno de magos de Oz”.

sábado, 4 de agosto de 2018

#hemeroteca #memoria #franquismo | La orgía de fusilamientos del verano del 39 en Madrid

Imagen: Nueva Tribuna / Las Trece Rosas
La orgía de fusilamientos del verano del 39 en Madrid.
En la madrugada del 5 de agosto de 1939, cincuenta y seis personas fueron fusiladas en la tapia del cementerio del Este de Madrid. Entre ellas estaban las "Trece Rosas".
Fernando Olmeda | Nueva Tribuna, 2018-08-04
https://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/5-agosto-epicentro-terror/20180725095702154210.html

El mes de abril de 1939 fue caótico en Madrid. En la capital conquistada -donde regía el estado de guerra impuesto por el general Espinosa de los Monteros, comandante del I Cuerpo de Ejército y primer gobernador militar, reinaba la sed de venganza y se produjeron numerosas ejecuciones extrajudiciales. Superados esos primeros días, se puso en marcha la máquina judicial del nuevo régimen, con consejos de guerra sumarísimos sin garantía alguna para los reos, y que solían desembocar, sin piedad alguna, en condenas a la pena capital.

La primera ejecución en la tapia del cementerio data del 16 de abril de 1939. El día más terrible fue el 24 de junio (ciento dos ejecuciones), seguido del 14 de junio (ochenta y dos ) y el día 4 de junio del mismo mes (cuarenta). El 24 de julio fueron ejecutadas cincuenta personas, pero el ritmo se redujo durante una semana (solo cuatro reos fusilados el día 29). El 31 de julio fueron llevados al paredón treinta y cinco republicanos.

Todos los asesinados aquella mañana del 5 de agosto -trece mujeres y cuarenta y tres hombres- residían en Madrid, Puente de Vallecas y Chamartín de la Rosa, salvo uno, de Ciudad Real. Los más jóvenes eran Virtudes González García, José Gutiérrez González, Isidro Hernández de la Fuente, Victoria Muñoz García, Gil Nogueira Martín y Luisa Rodríguez de la Fuente. Tan solo dieciocho años. Una gran mayoría tenía menos de treinta.

Hasta aquel día habían sido fusiladas dieciocho mujeres (María Panticosa Riaza el 7 de mayo; Milagros Albarrán Muñoz el 26 de mayo; Concepción González Martínez el 4 de junio; Manuela y Teresa Guerra Basanta el 24 de junio; Ángeles Pomariega Panizo el 8 de julio; Felicitas Manjón García el 12 de julio; Carmen Santos Bueno el 14 de julio; Francisca Orejón López el 17 de julio; Ángela Jiménez Sebastián, Josefa Perpiñán García y Clotilde Vidal Martín el 24 de julio; Juana Benito Sanz, Visitación Blanco González, Josefa Gutiérrez Moreno, Isabel Huelgas de Pablo, Aurora López Lobo y Josefa Rodríguez Fernández el 31 de julio). Solo aquella madrugada del 5 de agosto fueron fusiladas trece. Las "Trece Rosas". En su carta de capilla, Julia Conesa Conesa escribió: "Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar. Besos para todos, que ni tú ni mis compañeros lloréis. Que mi nombre no se borre en la historia"

Entre 1939 y 1940 se ejecutó en la tapia a unas 2.000 personas. Los fusilamientos continuaron hasta 1944 (el último data del 4 de febrero de ese año), aunque la media diaria fue decreciendo, y posteriormente en las instalaciones militares de Carabanchel. En el listado oficial del Ayuntamiento de Madrid pueden consultarse los nombres de los casi 3.000 ejecutados.