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lunes, 19 de febrero de 2024

#hemeroteca #lgtbifobia #deporte | Jesús Tomillero: "Creo que en el fútbol es donde más homofobia hay"

Jesús Tomillero impartiendo la charla en Melilla //

Jesús Tomillero: "Creo que en el fútbol es donde más homofobia hay"
Amlega y la Ciudad Autónoma organizan una conferencia en la UGR para conmemorar el Día Internacional Contra la LGTBIfobia en el Deporte
Juan Luis Espinosa | El Faro Melilla, 2024-02-19
https://elfarodemelilla.es/jesus-tomillero-creo-que-en-el-futbol-es-donde-mas-homofobia-hay/ 

Jesús Tomillero, primer árbitro gay de fútbol en España, ha impartido una conferencia sobre la LGTBIfobia en el deporte a los alumnos de la Universidad de Granada. La charla, que ha sido organizada por la Ciudad Autónoma y la asociación Amlega, conmemora una fecha tan importante en el calendario como es el 19 de febrero, Día Internacional Contra la LGTBIfobia en el Deporte.

Junto a él, han asistido a la ponencia el consejero de Educación y Deporte, Miguel Ángel Fernández, y la viceconsejera de Igualdad, Fadwa Abelhadj, quienes han destacado la importancia de combatir la LGTBIfobia en cualquier ámbito, pero especialmente en el deporte, donde todavía existe mucha discriminación y es fundamental que el respeto sea “la seña básica de identidad” de cualquier deporte, señala Fernández.

Cuando salió del armario públicamente en 2015, Jesús Tomillero lo pasó realmente mal y fue víctima de cientos de insultos y amenazas. Una experiencia que ha querido compartir con los estudiantes de la UGR en esta fecha tan señalada porque, aunque se ha avanzado, el colectivo todavía tiene mucho camino por recorrer para evitar ser objeto de discriminación y de delitos de odio.

Rafael Calatrava, presidente de Amlega, ha querido mandar un agradecimiento especial a todo el equipo y la dirección de la Unión Deportiva Melilla y a las consejerías de Educación, Deporte e Igualdad por hacer posible un acto "tan bonito y cargado de importancia" como el que vivió la asociación este domingo, en el que un miembro del colectivo tuvo el honor de realizar el saque inaugural. Una oportunidad, señalan desde Amlega, para demostrar que el deporte se practica con personas, independientemente de sus orientaciones y diversidades.

Por su parte, Tomillero ha reivindicado la necesidad de que haya una regulación legal dentro del ámbito deportivo para las personas LGTBI. "Sabemos que cuesta mucho salir del armario, por eso yo fui el primer árbitro en 2015 que dio el paso públicamente a nivel español y europeo", afirma. Un paso que, por desgracia, vino acompañado por 1.500 amenazas de muerte.

Asimismo, adelanta que va a dirigir el área LGTBI de la Federación Española de Fútbol para apoyar a futbolistas y entrenadores que pertenezcan al colectivo. Considera que es un gran avance y un "hito" dentro de la propia federación. "Vamos a luchar para apoyar la salida del armario a cualquier futbolista, entrenador o directivo de cualquier club. Creemos que este es el avance que necesita el colectivo para seguir andando en la constitución de nuestros derechos".

El apoyo de la federación al colectivo LGTBI es fundamental para conseguir que en las gradas, estadios y vestuarios la situación consiga cambiar. Pero destaca que es muy importante recibir el apoyo de los principales órganos para conseguirlo. Apuesta porque se legisle un deporte más inclusivo y que "si a los clubes lo que les duele es el bolsillo, le sancionamos doliendo el bolsillo" se podrá erradicar esa LGTBIfobia. Aunque parezca que "venimos de la Prehistoria", cree que en estos últimos años la sociedad ha ido avanzando poco a poco, pero es necesario que haya referentes, es decir, un Cristiano Ronaldo o un Mesi que visibilice el colectivo y consiga acabar con la homofobia dentro del mundo del deporte.

En ese sentido, aunque la discriminación está presente en muchas disciplinas deportivas, cree que el fútbol es donde más homofobia hay. Como ejemplo pone a Victor Gutiérrez, que no sufrió homofobia en el mundo del waterpolo, o algunos jugadores de baloncesto que tampoco han sido víctimas de delitos de odio por salir del armario. Por ese motivo, cree que el fútbol femenino representa los valores del deporte y que si se toma el mundo femenino como ejemplo "avanzaremos en la construcción social del deporte".

Como también activista LGTBI, asegura ser conocedor de muchos futbolistas que no salen del armario por las repercusiones que eso pueda acarrear, y lo hacen una vez que han terminado su carrera profesional.

Para cerrar ha lanzado un mensaje de ánimo a todos los deportistas que todavía siguen en el armario y agradeciendo el apoyo y la labor de Amlega. "Desde aquí animo a todos esos deportistas y a todos esos futbolistas que no tengan miedo y que salgan del armario sin ningún tipo de distinciones. No estamos en 2015, hemos avanzado en una consecución de los derechos. A día de hoy tenemos una ley nacional que nos ampara y apoya, tenemos una federación que está ahí para apostar por el colectivo ante todo. No estáis solos".

jueves, 22 de agosto de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | ¿Me debería declarar culpable de homonacionalismo?

Imagen: 20 Minutos / Orgullo LGTBI en Melilla
¿Me debería declarar culpable de homonacionalismo?
Rafa Robles | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2019-08-22
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2019/08/22/me-declaro-culpable/

Hace unos meses me encuentro el artículo de una activista con motivo de los diferentes Orgullos celebrados este año y me sorprende leer que el Orgullo en el que llevo participando 15 años es un ejemplo de “homonacionalismo”. Se nos compara con orgullos como el de Tel Aviv y, sencillamente, se desacredita nuestra lucha, convertida en bandera de ideologías más cercanas a los nacionalismos y a los intereses económicos occidentales.

Muy felizmente desde este espacio, en el mismo medio, se nos habían pedido que contáramos nuestra experiencia, nuestra historia como orgullo. Y muy felizmente, digo, porque ingenuamente no creíamos que el relato contado, cada historia y emoción expresados, en último término podría ser utilizado por otra “activista LGTB” para decir que lo nuestro, más que lucha, es vendernos a los poderes establecidos, al establishment, acusándonos de pinkwashing (capitalismo rosa), etnocentrismo y otras tantas cosas que acabo de consultar en la Wikipedia a razón de la teoría que sustenta toda la crítica (“pinkwashing” es un concepto acuñado por la académica Jasbir Puar).

Todavía no he entendido del todo la crítica de la compañera, y no es un problema de entendederas –créanme-. Conozco bien la teoría y mejor aún la práctica. En mi formación he tenido varias oportunidades de acercarme a las diferentes teorías sobre movimientos sociales. Pero todo lo importante que tuve que aprender, fue con los colectivos a los cuales tengo la responsabilidad y el honor de dar voz a través de la asociación que fundé hace 15 años y represento como presidente desde hace cinco, AMLEGA. En eso, creo que coincido con la autora del artículo, que tuvo su concienciación real sobre el movimiento trabajando en él.

Ahora me toca desmontar cada argumento esgrimido y poner todo el cuidado en no caer en los mismos prejuicios y la misma falta de empatía en pro de nuestra causa compartida. No respondo para debatir, me siento responsable de todo lo que represento y me parece que debo hacer este ejercicio aclaratorio por el bien del propio movimiento en esta ciudad.

Me remito textualmente a cada punto del artículo que nos afecta para no generar más debate innecesario, estéril y dañino para el colectivo LGTBI en Melilla:

Pero el homonacionalismo no se limita a las políticas de Israel y los EEUU. El fin de semana pasado fue el Orgullo de Melilla, llamada “El XV Orgullo del Norte de África” y celebrado como “el único Orgullo en el continente africano” que proponía “darle voz a quienes no la tienen en esta parte del mundo”. Pero esta perspectiva ignora la historia de la presencia violenta y colonizadora de España en África y el miedo al moro que sigue siendo evidente en la prensa melillense.

Hasta el primer punto y seguido todo correcto, excepto en que como el propio título del Orgullo trata de representar, no somos el único Orgullo del continente africano, Canarias y Sudáfrica también tienen orgullos, gracias a una situación política y social favorable, como ocurre en esta ciudad. Lo que para nada garantiza que se tenga que celebrar. Y es en este punto donde primero me detengo. Porque para los organizadores del “Orgullo del Norte de África” cada orgullo es un logro conseguido, una batalla ganada y, por eso, también enumeramos cada edición. Cada año tenemos que negociar con los responsables políticos y ponernos de acuerdo. No sé si eso supone “vender el orgullo” (como se titula el artículo), hacer pinkwashing o lo que podrá significar para muchos otros activistas. Pero lo que si tengo claro es que sin esa negociación, cada año, el orgullo LGTBI de Melilla no hubiera sido posible. En esto creo que no nos diferenciamos demasiado de otros orgullos locales. Todavía no he conocido ninguna otra propuesta en estos lares, algo así como un “Orgullo crítico”, que sí existe en otras ciudades del país. Quizás quien nos acusa de vendernos podría haberlo organizado durante sus años de estancia en Melilla. Pero entiendo que es difícil ir más allá de la comodidad de las palabras.

Por cierto, el único negocio económico del ‘Orgullo del Norte de África’ es la subvención que ha recibido la asociación este año para organizarlo (12.000€), las cuatro pulseras y banderas vendidas, lo que haya ganado la tienda encargada de las camisetas de la manifestación, el pub con las consumiciones de esa noche y unos pocos gastos más de intendencia. Me gustaría conocer el presupuesto del Orgullo de Tel-Aviv, Nueva York o Madrid, a ver cuánto nos parecemos. Esa ha sido nuestra aportación al capitalismo a cambio de un día de reivindicaciones y varias semanas de visibilización en un sitio tan inhóspito y desigual para la causa LGTBI como es Melilla. En esto último supongo que sí estamos de acuerdo. Seguimos con el artículo:

También esconde el hecho de que para el pueblo amazigh, que vivía en la región antes de las colonizaciones árabe y europeo-católico, las personas homosexuales y trans fueron considerados como una bendición especial. Aunque para las personas que organizan el evento europeizarse parece significar modernizarse, Melilla no puede negar las coincidencias con el caso israelí – también es una frontera ultra desigual y violenta, con devoluciones en caliente y denegaciones de solicitantes de asilo LGBTIQ+.

En este punto voy a negar la mayor. Nuestra acción, ni niega la colonización, ni hemos dicho nunca que modernizarse sea sinónimo de europeizarse. Lo que sí hemos dicho –y lo seguiremos diciendo– es que nuestra lucha tiene como referente el movimiento LGTB en Europa y América (con sus escasos 50 años de vida). Huelga decir que esto es una obviedad que no hace falta explicar, pero sí la comparación con el caso israelí. Más allá de que nuestro Orgullo se celebra en Melilla (compartimos lo de frontera ultradesigual y violenta), ¿en qué blanquea nuestra acción esta realidad? Si ya hemos explicado que en nuestro Orgullo participan las personas LGTBI refugiadas que huyen perseguidas por su orientación sexual e identidad de género y las activistas del país vecino que no pueden hacerlo allí. Si somos los organizadores del Orgullo, la misma entidad, la que con nuestros programas dedicamos mayormente nuestros esfuerzos a tratar a usuarios del CETI que son víctimas de delitos de odio LGTBIfóbico y acompañamos a todas las que nos solicitan ayuda en sus procesos de petición de asilo. Y ahora explíqueles usted a estas personas que sus ancestros incluían la diversidad sexual y de género de manera natural y parte de su cultura en antaño era LGTBIfriendly, cuando aquí estamos esforzándonos en situarles en una realidad de acogida que ni les va a resultar fácil, más bien hostil, y ni es como esperaban o se habían imaginado. Y, todo ello, tratando de no romperles el sueño de una vida mejor, -un “sueño europeo” que no es precisamente aquí donde se está alimentando con nuestro “Orgullo del Norte de África”-. Por cierto, algún dirigente político nos propuso llamarlo el “Orgullo de la España Africana”, a lo que nos negamos rotundamente. No sé si sabe nuestra compañera articulista lo que en esta ciudad representa vindicar que estamos en África y no en Europa por encima de nuestra españolidad. Seguimos con sus conclusiones:

Este tipo de “celebración” nos da un buen ejemplo del homonacionalismo como herramienta para la construcción de una nación “moderna” y por cierto “europeizada”, donde algunos cuerpos de personas gais son reconocidos por el Estado como válidos, como merecedores de protección y visibilidad, en diferencia de los cuerpos más vulnerados que no lo son. Es imprescindible preguntarnos si queremos este tipo de reconocimiento, y pensar nuestra propia posición dentro del país en que vivimos como cómplices en el fomento del homonacionalismo, por ejemplo apoyando el pinkwashing en eventos puntuales.

Entonces somos homonacionalistas porque damos visibilidad a los refugiados LGTBI y a otros grupos vulnerables de nuestro colectivo, además, de a todo el colectivo LGTBI de la Ciudad. Pero, supongo, hemos cometido el error de hacerlo en Melilla. Porque ser de la tierra conlleva que no somos del todo conscientes de lo que aquí pasa. Que tienen que venir mentes más lúcidas, menos contaminadas, a decirnos lo que somos y lo que estamos haciendo. Y encontrar una teoría que sirva para sostener los argumentos sin contrastar demasiado si la teoría se ajusta a la realidad. Pero eso da igual, si pinta bien y encaja.

Si lo que hacemos en Melilla es “homonacionalismo”, me debería declarar culpable de homonacionalismo. Esperemos por el bien de muchos refugiados LGTBI y víctimas de delitos del odio LGTBfóbico que podamos seguir haciéndolo. Solo pido que la crítica sea justa con la realidad, que no oculte ni la esencia y ni la mayor parte del esfuerzo realizado a favor del colectivo. Que no ignore el contexto y se pretenda hacer una reflexión fácil, comparándolo con otros contextos muy diferentes, por mucho que a primera vista se ajuste a la teoría. Las teorías se ponen y contraponen, pero el sufrimiento de las personas solo encuentra consuelo en el trabajo diario, como bien sabe la compañera activista. Y, sobre todo, porque la crítica, depende de cómo se haga y de qué contexto, puede ser más destructiva que constructiva. Melilla, opino como Violeta Assiego, tras vivir la experiencia del orgullo aquí, es un “lugar mínimo”.

Este año he tenido la oportunidad y, por qué no decirlo, el privilegio de viajar a EE.UU. y conocer un poquito cómo se trabaja allí. De allí parte todo, el movimiento, la crítica al movimiento y todo lo desarrollable en materia de recursos y acciones dirigidas al colectivo LGTBI. Entiendo que venir de un contexto así sirve para hacerse una visión global, y que en el contacto con lo local pueda uno sentirse tentado en extrapolar sin profundizar demasiado en los detalles. Pero, como todas hemos aprendido, el movimiento se hace andando, y no es lo mismo pasear por un parque que subir una montaña, aunque a las dos acciones se les llame caminar.

Rafa Robles, politólogo, máster en diversidad cultural y profesor de servicios a la comunidad en el Departamento de Orientación en el Instituto Rusadir de Melilla, donde nació y vive desde hace más de 40 años. Miembro fundador y Presidente de AMLEGA, asociación melillense LGTB que organiza el “Orgullo del Norte de África”.

martes, 25 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | #ConOrgulloVoy: Melilla resiste

Imagen: 20M / Orgullo LGTBI de Melilla
#ConOrgulloVoy: Melilla resiste.
AMLEGA Melilla | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2019-06-25
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2019/06/25/conorgullovoy-melilla-resiste/

En la primavera de 2005, mientras el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo estaba en su punto álgido, tanto en los debates en el Congreso de los Diputados como socialmente con manifestaciones a favor y en contra, en Melilla, varios miembros del movimiento asociativo juvenil de entonces y del actualmente extinto Consejo de la Juventud de la Ciudad, ya habíamos dado los primeros pasos para constituirnos como asociación LGTB.

En junio de ese mismo año celebramos el primer, por aquel entonces, “Orgullo Gay de Melilla”. Ese Orgullo nacía con varias flores, España se convertía en el tercer país en aprobar el matrimonio igualitario, y el Delegado del Gobierno, máximo representante del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero en la Ciudad, acudía a la fiesta organizada por la recién constituida Asociación Melillense de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, AMLEGA, en un conocido local del Puerto Deportivo de la Ciudad. Como artista de honor, traída gracias a la ayuda de la Viceconsejería de Festejos del Ayuntamiento popular, ‘Sandra, Chica Almodóvar’, vieja transformista imitadora oficial de Sara Montiel, saludaba desde el escenario a la auténtica Sara, presente entre el público, cuyas visitas de veraneo en Melilla ya empezaban a ser noticia en la prensa rosa nacional.

España había pasado de ser un país más de la Europa Mediterránea, con esa imagen tan machista y heteropatriarcal que sus sociedades proyectan hacia el exterior, a convertirse en la vanguardia de los derechos de la mujer y del colectivo LGTB, y Melilla, que siempre ha necesitado sentirse cerca de España, quería formar parte de esos cambios que para buena parte de su sociedad significaba europeizarse y, por qué no decirlo, modernizarse. Lo cierto es que siempre ha habido cierta complicidad social e institucional para con el colectivo en esta tierra.

Pero los comienzos no fueron fáciles para un movimiento tan significado políticamente, que había cosechado impensables éxitos legislativos y la confrontación con buena parte de los sectores más retrógrados del país. En Melilla, después del primer orgullo, la asociación se encontró con el rechazo de ciertos grupos sociales y políticos, y no siempre fue fácil continuar organizando un evento que, en los primeros años, se financió con las cuotas de sus socias, en su mayor parte personas heterosexuales. Tras cinco años de sequía, empezaron a concederse subvenciones desde el Área de Juventud de la Ciudad Autónoma. Al siguiente año se perdían y se volvía a hacer todo con las cuotas de las socias. Y en 2012, primer Orgullo a lo grande, con artistas de nivel nacional y conciertazo con más de dos mil personas. Había nacido el “Orgullo del Norte de África”.

Un título con mucho significado nos colocaba en el mapa, éramos el único Orgullo que se celebraba en todo el continente africano, excepto Canarias y Sudáfrica. Una región que penaliza la homosexualidad y la transexualidad con multas, años de cárcel, e incluso la muerte. Lo que empezó siendo un reclamo turístico de cara a la península, pronto se convirtió en lo que realmente debía de ser, el faro de muchas personas LGTBI obligadas a huir de su tierra para poder vivir la identidad sexual y de género sentida sin sufrir marginación y violencia.

Ese conciertazo de dos mil almas había tenido previamente una manifestación de tan solo seis activistas sosteniendo una pancarta que rezaba “Jóvenes sin armarios”. Cuánta soledad en medio de tanto éxito de convocatoria, para ver a los artistas del momento, que no participar en el “Orgullo del Norte de África”. -¡Nunca más!-, nos propusimos. Y desde entonces nuestras manifestaciones han ido creciendo en número, llegando a más de trescientas almas el año pasado. Y las personas refugiadas nos han acompañado desde entonces, primero dos, luego diez, hasta casi la cincuentena en los últimos años. También han venido activistas de Marruecos, que se manifestaban con máscaras para no ser reconocidos al volver a su tierra. La mayoría ya han solicitado protección internacional en España y Europa.

Este año, el 22 de junio, hemos celebrado el XV Orgullo del Norte de África con manifestación, manifiesto, pregón y gala. Como viene siendo normal cada año. Han vuelto ha manifestarse con nosotras las personas LGTBI solicitantes de asilo con sus máscaras y algún que otro activista marroquí que aún puede volver a su tierra. Volveremos a dar premios buenos, ‘Arcoíris’, y su reverso, ‘Nubarrón’. Hemos hecho de Melilla, una vez más, un ejemplo de convivencia en la diversidad.
 
AMLEGA Melilla. Asociación Melillense de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales 

martes, 30 de abril de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | Cárcel y persecución para homosexuales a menos de 20 kilómetros de España

Imagen: El País / Violet y Samira, nombres ficticios, pareja de lesbianas refugiadas en Melilla
Cárcel y persecución para homosexuales a menos de 20 kilómetros de España.
El Código Penal marroquí castiga las relaciones entre personas del mismo sexo con hasta tres años de prisión. Melilla es uno de los principales destinos de paso entre las personas LGBTI que huyen a pie.
José Ignacio Martínez Rodríguez | El País, 2019-04-30
https://elpais.com/elpais/2019/04/22/planeta_futuro/1555935260_673996.html

Youssef (nombre ficticio) apura su mojito antes de dar una respuesta. “¿Qué si alguna vez diré a mi familia que soy gay? No, nunca. Soy hijo único. Preferiría decir a mis padres que he matado a alguien a que soy homosexual. Lo primero lo verían como un error, algo que podría subsanar con un tiempo en la cárcel. Lo segundo no me lo perdonarían jamás”, afirma tajante. De 25 años, figura delgada y vistoso flequillo tupido, Youssef nació y vive en Marrakech, una de las ciudades más grandes y cosmopolitas de Marruecos.

Pero a este joven le gustan los hombres en un mundo en el que ser gay no está permitido. “Creo que la única forma de no tener problemas es usar Tinder, Grindr o Growlr. Los utilizo para conocer gente nueva. Soy homosexual. Y no es un error. Nadie va a cambiar eso. Es simplemente que soy así, aunque tenga que vivir sin mostrarlo en público. Porque aquí existe una hipocresía grande. A los extranjeros homosexuales se les permite venir en pareja, pasear por la calle... Pero a nosotros, que somos de aquí, no. Nos meten en la cárcel”, asegura.

Youssef, como tantos otros, teme las consecuencias que pueden derivar del artículo 489 del Código Penal marroquí, que castiga las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Las penas van desde los seis meses hasta los tres años de prisión y una multa de hasta 1.000 dirhams (unos 100 euros). El juez tiene la facultad discrecional de fijar e individualizar la pena, para lo cual tendrá en cuenta, de un lado, "la gravedad de la infracción" y, de otro, las "circunstancias personales del individuo". No existe una lista explícita de circunstancias atenuantes, sino que corresponde al magistrado su apreciación y motivación. Según el Informe de Procuraduría de 2018, en 2017 fueron perseguidas por su condición de homosexual 197 personas en Marruecos. En el momento de la presentación del informe, en junio del pasado año, todavía había 137 casos abiertos por este mismo delito.

Youssef dice que nunca nadie le ha visto con otro hombre. “Creo que será más difícil cuando llegue una edad en la que se supone que me tengo que casar. Entonces tendré un problema porque voy a tener dos opciones: la primera, por la que opta mucha gente, será fingir que soy heterosexual y vivir una vida ‘fake’ para que nadie me cuestione. La segunda, será ir a otro país y vivir allí como yo quiera, lejos de donde he crecido. Y realmente no me apetece”.

Esta reflexión se repite en personas de otros barrios de Marrakech, por todo el país e incluso hay marroquíes que arrastran esos problemas cuando salen de la frontera. “En Marruecos y en el Magreb se viola la libertad en materia de identidad de género y orientación sexual, que son Derechos Humanos, tanto a nivel ciudadano y social como desde el Estado”, denuncia José María Núñez, presidente de la Fundación Triángulo, una ONG que trabaja en varios países de la región con la financiación de la Agencia Extremeña de Cooperación (Aexcid).

“La homosexualidad en Marruecos es tabú; hay mucha homofobia”, afirma la activista Betty Lachgar. “Hay dos maneras paralelas de combatirla: luchar contra la ley, por un lado, y contra la opinión pública, por el otro”, dice convencida. Lachgar vive en una vivienda de tres plantas en un popular barrio de Rabat, la capital marroquí, y en las paredes se ven banderas y carteles de diversas proclamas sociales. Es cofundadora del Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales (MALI) y una de las activistas marroquíes de más recorrido internacional. Ella también, como Youssef, habla de hipocresía. “También pasa con los colectivos que nos dedicamos al activismo LGTBI. Las autoridades saben que intentamos cambiar las cosas, que estamos en contra de la ley y todo lo que hacemos, pero no nos permiten legalizarlos”, explica.

Chafiq, que como Youssef vive en Marrakech, no ha tenido tanta suerte. Su historia se hizo viral el pasado diciembre, cuando volvía de celebrar el fin de año con algunos amigos. Entonces, al volante de su coche, tuvo un pequeño accidente con una motocicleta. “Seguí conduciendo, pero unos metros más adelante decidí dar la vuelta para ver qué había pasado”, recuerda. Fue la peor decisión de su vida. Chafiq iba vestido de mujer, con un traje morado ceñido, unos tacones altos y una vistosa peluca morena. “Cuando llegué ya estaba allí la policía. Fueron ellos los que me sacaron del vehículo para ridiculizarme, me humillaron, me esposaron, me llevaron a la comisaría y después difundieron mis datos por Internet y también a diferentes periodistas”.

Chafiq, que se define como una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre, reconoce que se viste con ropa femenina desde hace mucho tiempo, pero hasta el pasado 31 de diciembre había llevado una vida admirada por familiares y amigos. Sirvió durante algo más de una década en las fuerzas armadas marroquíes y, cuando finalizó su servicio, encontró un buen empleo en una clínica dental que le permitía llevar una vida cómoda. El accidente con la moto lo cambió todo. “Después de la difusión de los vídeos ya nada fue como antes. Mis vecinos me reconocieron, me insultaban por la calle... Mi madre entró en shock. Fue algo catastrófico”, resume. Pese a que el Gobierno marroquí expedientó a los agentes que lo humillaron, el daño, afirma Chafiq, ya estaba hecho.

Una necesaria huida
Como Chafiq, hay personas que optan por pedir asilo en países europeos desde Marruecos, aunque los procesos burocráticos suelen eternizarse y no siempre desembocan en un resultado positivo. Pero hay otras que, asfixiadas por la persecución, por el estigma o por el rechazo, deciden huir a pie. Desde 2009, cuando se reconoció la persecución LGTBI como justificación para solicitar asilo en España, los demandantes por esta cuestión suben cada año de manera significativa. Aunque el Ministerio del Interior no desglosa las peticiones de asilo según el motivo, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, Acnur, sostiene que entre las nacionalidades con más demandas está la marroquí.

A Said nadie puede darle lecciones de dignidad. Vive desde hace cuatro meses en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla, junto a otras 700 personas, frente a un campo de golf y a la valla que separa España de Marruecos. “Yo estoy aquí por todos los problemas que he tenido con mi familia en mi país por ser gay”, afirma.

De 20 años, nació en una pequeña población al sur de Nador, una ciudad a unos 10 kilómetros de la frontera de Melilla. “Ya he solicitado formalmente una petición de asilo, pero todavía no han resuelto nada”, dice con resignación. Después recuerda cómo era su vida en Marruecos. “No tenía empleo fijo, pero me ganaba la vida con diferentes trabajos. Me iba bien. Un día, mi hermano me vio con mi novio en casa y todo se torció. Me dio una paliza terrible. También se lo dijo a mi padre. Fueron a por mi novio, que ahora mismo está en la cárcel, y yo tuve que irme de allí. Ellos ya no me aceptan. Mi madre sí, pero ellos dos no”. Y, mientras habla, enseña las fotos de las heridas que le produjeron aquellos golpes, de las que ya solo quedan un par de cicatrices, paradójicas herencias familiares.

Por la facilidad para comprar un pasaporte falso, para atravesar la frontera infiltrado entre las 30.000 personas que pasan diariamente de Marruecos a Melilla, esta ciudad autónoma se ha convertido en refugio de la gente que huye de horrores como los que cuenta Said. Primero, en la propia frontera o ya en suelo español, piden asilo en territorio. Luego manifiestan que necesitan protección internacional. Después han de responder un cuestionario y realizar una entrevista en la que deben estar presentes un abogado y un traductor. Por último, para una primera acogida, las autoridades los mandan al CETI, donde deben esperar una respuesta. “Pero a nosotros, los marroquíes, tardan mucho en contestarnos. Los sirios o palestinos se van enseguida. A nosotros nos dejan aquí varios meses. No entiendo por qué”, protesta Said.

“Los solicitantes de asilo por cuestiones de identidad sexual denuncian que, en Marruecos, han sido testigos desde palizas hasta asesinatos por honor”, confirma Rafael Robles, presidente de la Asociación Melillense de Lesbianas y Gais (Amlega). Este colectivo, que trabaja con migrantes con proyectos como el Observatorio Melillense contra el odio LGTBI, cifra en 50 las personas que en esta ciudad piden cada año asilo por cuestiones de identidad de género. “Ya en Melilla, los chavales nos trasladan las trabas que se encuentran en el ambiente familiar, como la imposibilidad total de visibilizar su homosexualidad. Algunos de estos solicitantes de asilo, además, provienen de Nador, por lo que su pesadilla continúa incluso cuando han atravesado la frontera ya que tienen que seguir viendo a sus familias casi a diario”, afirma.

Violet y Samira (nombres ficticios) son dos de esas personas que pasaron por la frontera con pasaportes falsos. Ahora, en Melilla, ni se sueltan las manos ni dejan de sonreír. Van a casarse dentro de muy poco. Pero a su boda no asistirán invitados, ni apenas amigos, ni habrá un gran festejo ni un copioso banquete. Violet y Samira tuvieron que huir de Casablanca por ser lesbianas. “La policía nos pilló juntas y se lo dijeron a nuestras familias. Entonces los insultos comenzaron a ser constantes. Me decían: tú eres lesbiana, una puta. No nos gustas”, recuerda Violet. Pese a que hasta 2016 no se juzgó a las primeras mujeres por lesbianas y con sentencia absolutoria incluida, para Violet y Samira la huida se convirtió en su única opción de vida. La presión social, explican, pudo en su caso mucho más que las leyes.

Una realidad penada y perseguida en 70 países
Mohamed (nombre ficticio) es un activista marroquí que está a punto de registrar otra asociación de respeto a las libertades sexuales. “Aquí nadie lucha por obtener derechos como el matrimonio o la adopción, sino por sobrevivir, por conseguir ser libres y no ser criminalizados”, dice tajante. Pese a lo retrógrado del fondo de la afirmación, no parece serlo tanto si se compara con otros países. El nuevo informe Homofobia de Estado 2019, de la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA por sus siglas en inglés) pinta un panorama todavía algo desalentador en el mundo. Hasta 11 naciones castigan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo con la pena de muerte y, en otras 26, la condena máxima por estos actos puede ir desde los 10 años de prisión hasta cadena perpetua. El mismo organismo califica, además, como “sumamente peligroso” la expresión de la diversidad sexual en los países del Magreb y alertó el pasado año de la presión creciente sufrida por las minorías sexuales debido "al incremento de la influencia y el control del movimiento islámico".

domingo, 25 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | Ceuta y Melilla, la falsa libertad para los gais de África

Imagen: El País
Ceuta y Melilla, la falsa libertad para los gais de África.
Los centros de inmigrantes son la pesadilla de los solicitantes de asilo perseguidos por su orientación sexual.
María Martín / Laura J. Varo | El País, 2018-11-25
https://elpais.com/politica/2018/11/24/actualidad/1543079049_803591.html

Wessam ha sufrido palizas desde que tiene 12 años. Le ha pegado su padre, sus seis hermanos y hasta los vecinos de cada pueblo en los que ha vivido. Está lleno de cicatrices, no sabe decir cuántas veces le han apedreado. “En mi país es así como creen que deben morir los gais”, dice este marroquí de 26 años. Su amigo Yamil, con quien vive en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta, escondió su homosexualidad hasta los 20 años. “Me miraba al espejo y lloraba, le preguntaba a Dios por qué me había hecho así”, recuerda. Cuando se desveló su secreto hace cinco años, su hermano casi lo mata a cuchillazos.

Los dos sortearon la frontera para alcanzar la libertad de Europa. Pero los centros para inmigrantes de Ceuta y Melilla, las dos ciudades españolas del norte de África, se están convirtiendo en el armario cerrado de un continente donde la homosexualidad es delito en 33 de sus 54 Estados reconocidos. En estos territorios fronterizos se aplica una excepción que la jurisprudencia española no respalda y se restringe la libertad de movimiento de los solicitantes de asilo, como Wessam y Yamil. Su libertad se limita a los 18 y 12 kilómetros cuadrados de cada enclave hasta que se resuelva su expediente o hasta que el Ministerio del Interior autorice su traslado. La convivencia con el resto de inmigrantes es un infierno.

En Marruecos ser gay es un delito penado con hasta tres años de cárcel y la persecución, en la mayoría de los casos, comienza en casa. “Mis vecinos le dijeron a mi familia que besaba a hombres. Mi madre se puso muy nerviosa, pero mi padre me pegó mucho. Son muy religiosos”, rememora Wessam, que durante su época universitaria vivió en casa de su tío, aislado en un cuartucho construido en el hueco de la escalera para que no se mezclase con sus primos: “Por ser gay y femenino me tuvieron cinco años encerrado como a un animal”.

Samir (nombre ficticio, como el del resto de protagonistas de este reportaje) se enfrenta a los mismos tres años de prisión si regresa a Túnez, solo por ser algo que él no puede evitar: “Gay, gay, pero gay auténtico”, enfatiza. El joven salió de la conservadora provincia de Kasserine hace dos meses y ya lleva cuatro semanas bloqueado en el CETI de Melilla, donde espera que se resuelva su solicitud de asilo.

En su pueblo ni sus padres ni sus dos hermanas dirigían la palabra al único varón de la prole. No le envían dinero, ni le prestan apoyo, así que malvive pidiendo y saliendo de tarde en tarde del centro para beber con la gente de su mismo colectivo. En el CETI melillense, cuentan, son unos 30. En el de Ceuta, varía, pero ronda la decena. “Yo he dejado mi país para encontrarme aquí con 300 tunecinos”, protesta Samir, “y solo cinco me hablan”.

En Melilla, donde estos trámites se han agilizado, quienes alegan persecución por orientación sexual pueden tardar meses en salir. En Ceuta, el limbo llega a alargarse un año. Wessam y Yamil ya cuentan ocho y seis meses conviviendo con cerca de un millar de africanos, sintiendo el desprecio a diario. Yamil, que muestra un vídeo en el que se ve a más de una decena de subsaharianos intentando echar su puerta abajo, ya ha intentado suicidarse con un puñado de pastillas que recopiló durante días. “No quiero morir, pero ¿qué tengo que hacer para que me saquen de aquí?”, clama. “Todos los días tenemos problemas. Un día me tiraron piedras. Otra vez”, lamenta Wessam. “Nos gritan ‘maricones’, sufrimos racismo como árabes y como gais...”, lamenta Samir, en Melilla.

“Se trata de un grupo especialmente vulnerable alojado en un centro no especializado en el asilo”, explica Rafael Roldán, presidente de AMLEGA, organización LGTBI melillense. “Aunque el centro de Melilla se ha adaptado con baños y cuartos propios, ponen un pie fuera del CETI y les pegan y les roban”.

Morir antes que volver
Hana, una adolescente marroquí que aún no ha cumplido 18 años, ya comparte centro con los adultos, según cuenta, por petición expresa. Antes vivía en un centro melillense gestionado por una congregación religiosa que acoge a menores extranjeras no acompañadas tuteladas por la ciudad. Pidió el traslado, asegura, porque le costaba contenerse. En el CETI, sin embargo, tiene que llamar al vigilante para que dejen de toquetearla. “Los hombres te agarran y te preguntan que si no te vas a casar. Cuando les contesto que sí, pero con una chica, me dicen que necesito un psicólogo”, cuenta.

“La droga es lo único que nos queda”, exclama Hana y ríe elevando al aire una lata de cerveza del pack que comparte con Samir y Sheila. “Ella es lesbiana 100%”, se indigna mirando a su amiga a la que han denegado el asilo. Sheila es parca en palabras, pero cuando se expresa, es contundente. “Mi problema ha sido la entrevista”, comenta sobre su solicitud. “Me daba vergüenza contestar, yo normalmente me trago el dolor y pensarían que estaba mintiendo. Hay que llorar para que te crean, pero yo no lloro”. Sheila no ha firmado la denegación de su solicitud y alerta: “Como me devuelvan a Marruecos, me suicido”.

Wessam descubrió antes de marcharse de Marruecos que tiene VIH. “Ahora solo tienes que esperar a morirte. Todo el mundo va a saber que eres gay y enfermo, me dijo mi padre”, recuerda. Él solo quiere que le dejen en paz. “Soy gay y estoy enfermo, pero no soy solo eso. Quizá me muera pronto, pero me gustaría vivir al menos un año o dos tranquilo. Quiero morir normal, no por una piedra”. Al despedirse, Wessam se emociona cuando recibe un abrazo. “Aquí nunca nadie me toca”.