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lunes, 27 de mayo de 2024

#libros #cuerpos | Espejito, espejito : la tiranía de la belleza

Espejito, espejito : la tiranía de la belleza / Maura Gancitano ; traducción de Marta Rebón.

Barcelona : Ático de los Libros, 2024 [05-27].
240 p.

/ ES / IT* / Libros / ENS / Belleza / Capital erótico / Cuerpos / Filosofía / Poder

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419703453 / 14.95 €
📝 Cita APA-7: Gancitano, Maura (2024). Espejito, espejito: la tiranía de la belleza. Ático de los Libros.


¿Es posible escapar de la tiranía de la belleza? La belleza es algo muy específico a lo que hay que adaptarse: una determinada manera de vestir, de comer, de hablar, de caminar. No se trata de una cuestión puramente estética, sino de una técnica política para ejercer el poder. Pensémoslo bien: siempre han existido diferentes estéticas y sensibilidades, pero recientemente el culto a la belleza se ha convertido en una prisión. Ahora es una obsesión, una enfermedad, un mito inalcanzable, pero ¿cuándo sucedió? ¿Quién impulsó este cambio? ¿Por qué razón? En este libro, Maura Gancitano cuenta la historia de un mito tan antiguo como el mundo y nos muestra cómo los descubrimientos de la filosofía, la antropología, la psicología social y la ciencia de datos pueden destruir una ilusión que aún nos impide escuchar y seguir nuestros auténticos deseos y vivir nuestros cuerpos libremente.

😏 Maura Gancitano es una escritora y filósofa italiana, fundadora de Tlon, escuela de filosofía, editorial y librería teatral. Trabaja sobre la igualdad de género, la diversidad y la inclusión, los espacios públicos digitales y la comunicación cultural, y colabora con numerosas universidades e instituciones. Ha coescrito varios libros con Andrea Colamedici, entre ellos ‘Tómalo con filosofía’, y copresenta los pódcasts Scuola di Filosofie y Audible Club en Audible. Colabora con ‘Linus’, ‘Donna Moderna’, ‘Vanity Fair’ y Rai Radio1. Vanity Fair la incluyó en su lista «Generación del Futuro», entre los artistas, activistas y pioneros que están diseñando el futuro de Europa. También aparece en la lista «Unstoppable Women» de ‘StartUpItalia’.

viernes, 17 de mayo de 2024

#libros #filosofia | Sujetos obstinados

Sujetos obstinados / Sara Ahmed ; traducción de Javier Sáez del Álamo.

Manresa, Barcelona : Bellaterra, 2024 [05-17]
344 p.
Serie: Serie General Universitaria.

/ ES / EN* / Libros / ENS / Disidencia / Feminismo / Filosofía / Política / Queer

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419160867 / 22.00 €
📝 Cita APA-7: Ahmed, Sara (2024). Sujetos obstinados. Bellaterra.


La obstinación podría considerarse un arte político, un oficio práctico que se adquiere a través de la participación en la lucha política, ya sea por existir o por transformar una existencia. La historia de la voluntad es la historia de los intentos por eliminar la obstinación. Profundizando en textos filosóficos y literarios, Sara Ahmed examina la relación entre la voluntad y la obstinación, la voluntad particular y la general, y la buena y la mala voluntad. Sus reflexiones arrojan luz sobre cómo la voluntad y la obstinación están integradas en un paisaje político y cultural. Atenta a las consideradas como descarriadas, errantes y desviadas, considera el modo en que la obstinación es expresada y afecta a aquellas que la adoptan.

Aquí, como en sus otras obras conocidas por su originalidad, agudeza y alcance, Ahmed nos ofrece un análisis vibrante y sorprendente de la política basándose en usos feministas, queer y antirracistas de la voluntad y la obstinación para explicar brillantemente el desacuerdo inflexible como parte constitutiva de cualquier ética política radical posible.

martes, 5 de marzo de 2024

#libros #cultura #identidades | Ética de la apropiación cultural

Ética de la apropiación cultural / Jens Balzer ; traducción de Alberto Ciria.

Barcelona : Herder, 2024 [03-05]
80 p.
Serie: Salto de fondo.

/ ES / Libros / ENS / Apropiación cultural / Cultura / Ética / Filosofía / Globalización / Identidades

📘 Ed. impresa: ISBN 9788425450488 / 12.00 €
📝 Cita APA-7: Balzer, Jens (2024). Ética de la apropiación cultural. Herder.


¿Es decente imitar peinados originales de pueblos esclavizados para marcar estilo juvenil sofisticado en metrópolis capitalistas? ¿Que los niños se diviertan jugando a los indios no implica una burla de culturas históricamente expropiadas? ¿Está legitimado moralmente un varón europeo para traducir a una poeta afroamericana?

Hasta hace poco, ni siquiera habríamos entendido el sentido de esta clase de preguntas. Pero hoy, cuando la imparable globalización que todo lo homogeneiza ha suscitado como reacción la reivindicación de indigenismos agraviados, ningún debate cultural es más candente y delicado que el de la apropiación cultural. Por tal se entiende la asimilación y reinterpretación por parte de una cultura privilegiada de significantes propios de culturas discriminadas.

Pero la cultura misma es apropiación y reinterpretación, ya sea de la naturaleza o de otras culturas. En este pertinente ensayo, Jens Balzer plantea este complejo debate ilustrándolo con experiencias generacionales y con la historia contemporánea de la música ligera, que a cualquier lector le resultarán familiares. Si la cultura es esencialmente apropiación, la cuestión no es si la asimilación de motivos culturales foráneos es lícita o no, sino qué formas de apropiación cultural son admisibles por respetuosas y cuáles no por explotadoras.

domingo, 3 de marzo de 2024

#hemeroteca #trans | McKenzie Wark, ensayista. “El mundo odia a las trans. No sabe dónde colocarnos”

McKenzie Wark, ensayista. “El mundo odia a las trans. No sabe dónde colocarnos”
La pensadora australiana, activista transgénero y destacada figura de la izquierda, ha pasado de analizar la cultura digital a publicar autoficción como ‘Raving’, donde sostiene que bailar tecno ayuda a pensar una nueva política
Carmen Pérez-Lanzac | El País, 2024-03-03
https://elpais.com/ideas/2024-03-03/mckenzie-wark-ensayista-el-mundo-odia-a-las-trans-no-sabe-donde-colocarnos.html

McKenzie Wark //
McKenzie Wark (Newcastle, Australia) ha sido muchas cosas en sus 62 años de vida: crítica cultural y de los medios de comunicación, activista, marxista, defensora de un internet libre, teórica del pensamiento y padre de familia. De esa fase de su vida son sus libros 'El capitalismo ha muerto' (Holobionte Ediciones, 2021), 'Intelectos colectivos' (La Caja Books, 2023) —donde analiza el pensamiento de una veintena de pensadores— o 'Un manifiesto hacker' (Alpha Decay, 2006), donde habla de la propiedad intelectual y divide a la sociedad en dos clases sociales: la de los ‘hackers’ —los creadores de la información: investigadores, autores, filósofos o programadores— y el vector, la clase poseedora, que monopoliza el producto de los ‘hackers’.

Desde hace cinco años, Wark es una mujer transexual y es autora de una autoficción descarnada ('Vaquera invertida', 2022, y 'Raving', 2023, ambos de Caja Negra). Este subgénero de la escritura autobiográfica, dice, la ayuda a explicarse desde dentro. A los lectores, señala, nos abre un espacio a otras formas de existencia. En su ficha de profesora del Eugene Lang College of Liberal Arts de Nueva York ha añadido una especialidad: estudios de género. En los meses de pandemia, y recién transicionada, redescubrió las 'raves', espacios abiertos en los que se baila música electrónica al ritmo que marca el dj y que tienen su origen en la crisis industrial británica de los años Thatcher. “La experiencia es política”, sostiene Wark, estudiosa de la Internacional Situacionista, y mientras se baila —a veces mecidos por el efecto de alguna droga—, dice que es posible imaginar otra política y reencontrarse con la colectividad. El día 5 participa en Madrid en un coloquio en Condeduque y el 6 estará en La Casa Encendida, donde se leerá 'Raving' coralmente.

Wark nos recibe en algo parecido al paraíso: Casa Sanià, una impresionante vivienda de tres plantas oculta entre los pinos, encima de una recoleta cala de la Costa Brava, cerca de Palamós. Ha sido una de los cuatro participantes del mes de febrero en los Retiros Literarios de Finestres, un proyecto del empresario Sergi Ferrer-Salat, propietario del laboratorio Ferrer, fabricante de Gelocatil. Hace un día gris, lo que aleja la estampa de postal y lo embellece todo. Wark, con falda de flores y chaqueta de cuero, nos recibe en su habitación. Allí, supuestamente, Truman Capote escribió parte de ‘A sangre fría’.

Pregunta. Usted afirma que vivimos en la era de la desintegración. ¿En qué lo ve?

Respuesta. Podemos pensar nuestro tiempo como la era del espectáculo de la desintegración: por un lado tenemos la esfera mediática, que parece estar cayéndose a pedazos. No podemos verificar la información que recibimos ni dejar de mirar ciertas imágenes. Y a la vez todo gira entorno al espectáculo del desastre. Es muy difícil que podamos orientarnos o imaginar salidas.

P. Estudió la Internacional Situacionista en 'La playa bajo la calle' (Hermida ed, 2018). Siguiendo su estela dice que en las raves podemos abrir una nueva mirada política. ¿Por qué pasaría eso al bailar rodeados de gente sudorosa al ritmo del tecno?

R. Las ‘raves’ ayudan con el antagonismo que sentimos hacia los demás en el entorno urbano. Cuando subimos al metro odiamos a los que nos rodean, son tan molestos. También sucede en la pista de baile, pero una vez llevas una hora contoneándote se te pasa. Debería odiar a todas estas perras pero... ¡estamos aquí todos juntitos! Va sobre la proximidad de los cuerpos. Y una buena ‘rave’ te puede sacar de la obsesión de pensar en objetivos futuros y en el esfuerzo necesario para lograrlos. No sabemos si habrá futuro, pero siento que el tiempo se expande e intensifica. Y te tambaleas fuera, son las nueve de la mañana, el sol brilla ahí arriba. ¿Qué ha pasado? Las ‘raves’ cambian la relación con el tiempo.

P. ¿Y qué papel juegan ahí las drogas?

R. Es algo opcional. No soy una defensora de las drogas, pero en las raves muchos las toman, no los juzgo. Me interesan los espacios que no consisten en beber alcohol, una droga mala para el cuerpo, las hay mucho mejores. Conozco a gente que baila estando sobria, yo no soy una de ellos, yo hago un uso recreacional, pero no tiene por qué ser el centro, no tienes por qué drogarte.

P. Dice que las ‘raves’ la rescataron. ¿Por qué regresó a estas?


R. No sé en España, pero en Estados Unidos la vida es bastante desoladora. ¿Dónde puedes ir a esconderte de la vigilancia constante por parte de tu maldito padre? Yo volví a la cultura ‘rave’ durante mi transición, aunque ya la había vivido en los años noventa. Ante la ligera disforia de género que sentía le dije a mi ‘transmother’ [la persona que le ayudó a transicionar] que a mí lo que siempre me había ayudado a sentirme mejor es bailar. Y me invitó a unirme a ella.

P. Tras transicionar, se sumergió en la autoficción. Dice que es una forma de mostrar su construcción interior.

R. En el mundo anglosajón la autoficcion es el género que todos critican. Y me atraen los géneros con mala prensa. Mi escritura es ‘autotextual’. Me interesa ‘Santa María de las Flores’, de Jean Genet. Lo escribió en la cárcel y son básicamente sus fantasías sexuales: describe el espacio en el que Genet puede existir. También Audre Lorde, lesbiana y negra criada en un país comunista, alguien que no existe literariamente, describe el espacio en el que ella podría existir. Los trans tenemos permitido escribir un único tipo de libro: los ‘memoir’. “Siempre supe que estaba en un cuerpo equivocado. Un día conocí a un cirujano y me arregló. Fin”. Algo dirigido a personas ‘cis’ [no trans]. Por eso el ‘autotexto’ se ha vuelto muy importante, es lo que nos hace posibles.

P. El cambio de registro literario, ¿resultó sencillo?

R. Soy profesora de estudios de medios, pero después de salir del armario dejé de recibir obras sobre teoría de medios y me empezaron a llegar análisis sobre estudios trans. Y yo no sabía nada sobre esto, el hecho de ser trans no significa que conozca ese mundo. Pasé un año poniéndome al día. Y ahora quiero, como contribución, dedicar parte de mi trabajo a los estudios trans. Quiero ayudar, es algo muy importante para muchos de nosotros. Pero, ¿por qué me metieron en esa cajita? Me convertí en un sujeto marcado. He tenido que enfatizar que puedo escribir sobre crítica de medios y sobre estudios de género. Pero la realidad es que he perdido el respeto de algunas instituciones por haber salido del armario.

P. ¿Quizá se ha ganado el respeto de otras personas?

R. Sí, pero porque he trabajado para ello. He tenido que currarme una nueva comunidad de lectores. Llevo cuatro años viajando sin parar. Con el autotexto siento que he incorporado capacidades para conectar con los lectores, pero ya voy teniendo ganas de regresar al análisis de medios. Eso es lo que he estado intentando aclarar durante los días que he pasado aquí.

P. Usted inventa palabras y conceptos constantemente en sus libros.

R. Me han influido tanto Marx como el dadaísmo. La idea de crear algo nuevo me interesa, cambiar el idioma. Pero no hay que tomárselo demasiado en serio. Es un juego.

P. ¿Qué ha sido de los grandes pensadores como Sartre? Usted cree que ya no existen.

R. Puede que eso sea algo positivo. ¿Se debe a que los medios y el espacio político no lo permiten? ¿O a que nos hemos dado cuenta de que no es algo especialmente bueno que vayamos corriendo tras los grandes sabios? Podemos pensar de otra forma sobre el siglo XXI. Me interesa lo que sucede en el espacio que hay entre las ideas de dos personas, que pueden ser incompatibles. En esa tensión es donde me siento cómoda.

P. En la universidad donde da clases están valorando vender la vivienda del decano para lograr fondos. ¿Cómo ve al sector?


R. Esta puede ser la era del fin de las universidades masivas. El fin de aquel ideal de posguerra de extender la formación terciaria a todas las clases sociales. Y una de las causas ha sido pasar a un modelo de financiación basado en deuda; algo destructivo.

P. Eso ha provocado que los donantes hayan adquirido mucho poder. En Harvard, su rectora, Claudine Gay…

R. ¡Me importa un bledo lo que pase en Harvard! Se ha convertido en una institución financiada por un fondo de inversión que la mantiene por motivos fiscales. Me importa lo que le sucede en las demás universidades. Son unas 3.000 instituciones y muchas están en la ruina. Las grandes universidades estatales ya no reciben apenas financiación pública. Así que apenas se puede decir que queden universidades estatales. Los estudiantes quedan atados a deudas, se caen de la competición que había antes por entrar en la clase media. Se están eliminando carreras de Humanidades y de Sociales en parte por motivos ideológicos. A menudo son las carreras más baratas, las eligen un montón de estudiantes, pero es por donde llega más presión política. EE UU vivirá o morirá en función de la capacidad intelectual de su fuerza laboral. Y hemos decidido que no nos importa. Resulta que la gente que ha recibido una educación es menos tendente a votar a partidos fascistas. Hay en marcha una campaña para acabar con la educación pública pues no es compatible con el fascismo.

P. Según The Economist solo hay en el mundo 24 países con una democracia sana.


R. La democracia siempre ha sido la excepción. Tras la Guerra Fría nos acostumbramos a pensar que lo natural es el Estado democrático. ¿Y si el estado dominante fuera en realidad el autoritario y tuviera algunas, pocas, excepciones? Además de que las democracias nunca han sido plenas. EE UU nunca ha sido una democracia. Es una república. Sus fronteras democráticas están siendo negociadas en este mismo instante.

P. ¿Se refiere a que algunos Estados están dificultando el derecho a voto a ciertos sectores, como la población negra?

R. Muchos de ellos no votan por estar o haber estado en la cárcel por motivos políticos.

P. ¿En la cárcel pierdes el derecho al voto?

R. En muchos Estados pierdes tus derechos civiles. Así que quizá las democracias eran una excepción momentánea nacida del poder logrado por el movimiento obrero. El desplome del poder de la fuerza obrera va de la mano del desplome de la democracia.

P. ¿Cómo es el marxismo que le interesa?


R. Fui criada en el movimiento obrero. La parte que me interesa sigue los postulados de Marx, pero sin reproducirlos una y otra vez como si no hubieran pasado 100 años llenos de debates sobre cada palabra de El capital. Estoy en desacuerdo con quienes se creen los guardianes de la llama de Marx.

P. Diga un cambio político que le gustaría que sucediera.

R. Me gustaría que hubiera movimientos sociales populares capaces de negarse a la represión. Para mí eso sería axiomático [básico]. Como escritor, estoy con ellos. En estos momentos apoyo el movimiento de liberación de Palestina. Hay que tomar partido. Y hoy lo que hay que decir es: ¡Free Palestina!

P. ¿Se ha alejado Biden, con su apoyo a Israel, de los votantes de izquierdas?

R. Lo primero, no olvidemos que EE UU no es una democracia. El Ministerio de Defensa es ingobernable. Millones de dólares que nadie sabe dónde acaban van al presupuesto militar, ningún partido tiene la capacidad de gobernar. La inteligencia militar va a seguir haciendo lo que hace, y cuidado con quien se meta con ellos. Vivir en EE UU es como ser un rehén. Vas a acabar siendo manipulado. Yo no tengo derecho a votar, no soy residente. Doy gracias por ello.

P. Y si usted pudiera votar, ¿qué haría?


R. Sería un rehén obligado a votar por los demócratas. No hay un tercer partido. ¿Qué prefieres, al partido de derechas cómplice de genocidio o al partido de ultraderechas que va a cargarse el Estado? Cuando cojo el metro en Nueva York cada día me cruzo con unos 20 policías que no hacen nada más que mirar sus móviles. Nos cuestan millones de dólares al año. Y mientras mi hijo va al instituto con el lápiz y el papel que le hemos comprado sus padres porque en el centro no hay.

P. ¿Le puedo preguntar por qué se decidió a transicionar a los 57 años?

R. Es un paso que se puede dar en cualquier momento. La primera vez que pensé en ello tenía 18 años. Conocí a unas mujeres trans por casualidad, eran prostitutas. Pensé, “no puedo hacer eso, no duraré viviendo así”. Hay quien tiene que salir del armario, no lo puede esconder, pero yo pude esconderlo. Durante 30 años he podido sumergirme en la escritura como una forma de evitación. Por un lado he dañado mi vida, pero, hey, estoy vivo. No hay muchos trans de mi edad o mayores. La gente no sobrevive a la violencia, a los problemas de salud mental, a las adicciones, al sida… He tenido la suerte de haber sobrevivido a todo eso, habría tenido muchas menos opciones si hubiera salido antes del armario. Y el miedo… El miedo fue un gran motivador. Siento compasión por quienes no pueden esconder su transexualidad.

P. ¿Compasión? ¿No admiración?

R. Ambas cosas. Entre las personas trans es muy importante no juzgar las decisiones de cada uno. Es como: haz lo que tengas que hacer para sobrevivir, cielo. Porque el mundo nos odia. El mundo nos puto odia, no saben dónde colocarnos.

P. En Oklahoma, con leyes muy restrictivas hacia los trans, un joven no binario, Nex, ha muerto supuestamente por los golpes de compañeros que le hacían ‘bullying’.

R. Por eso la cultura transgeneracional trans es muy importante. Muchos jóvenes no la conocen. Están aislados en instituciones indiferentes u hostiles hacia ellos. Cuando las cosas van bien es muy duro, pero si encima hay campañas fascistas que nos convierten en enemigos de la civilización, no ayuda en nada. La realidad es que siempre hemos existido de distintas formas, todas las culturas tienen hombres, mujeres y otra categoría no específica. Solo en algunas circunstancias la represión se vuelve necesaria para mantener la ilusión de que solo existen dos categorías naturales. Creas la ilusión de que los dos géneros cis son naturales ejerciendo violencia contra esos que no cuadran, ese es nuestro mundo. ¡Gracias Iglesia católica por quemarnos durante años!

martes, 19 de septiembre de 2023

#hemeroteca #inmemoriam | Muere a los 87 años años Gianni Vattimo, el filósofo del pensamiento débil

El País / Gianni Vattimo //

Muere a los 87 años años Gianni Vattimo, el filósofo del pensamiento débil

Considerado el último gran pensador italiano, fue también un miembro del Parlamento Europeo y pionero en la defensa de los derechos del colectivo LGTBI
Lorena Pacho | El País, 2023-09-19
https://elpais.com/cultura/2023-09-19/muere-a-los-87-anos-anos-gianni-vattimo-el-filosofo-del-pensamiento-debil.html

Gianni Vattimo (Turín, 1936), el último gran filósofo italiano, padre de la teoría “pensamiento débil” y de gran parte del análisis de la posmodernidad, ha fallecido este martes a los 87 años en el hospital de Rivoli, en la provincia de Turín, donde permanecía ingresado en estado grave desde mediados de agosto. Vattimo construyó sobre las cenizas del pensamiento de Friedrich Nietzsche un complejo sistema filosófico capaz de dar sentido a la descomposición surgida en el periodo posterior a Heidegger, su otro gran referente.

Partiendo del pensamiento de Nietzsche, Heidegger —al que en sus últimos tiempos interpretó como un pensador religioso—, y Gadamer, reinterpretó la posmodernidad como una “liberación” de la metafísica totalizadora. Vattimo, además, fue miembro del Parlamento Europeo y, como militante de izquierdas, contribuyó activamente a la política italiana y europea. También resultó clave en la divulgación de la filosofía en el país transalpino presentando programas de televisión para la televisión pública italiana, la RAI y trabajando como columnista para los diarios ‘La Stampa’ y ‘La Repubblica’ y para el semanario ‘L’Espresso’.

Vattimo fue también un pionero en la defensa de los derechos de las personas LGBTI, definiéndose como “homosexual y cristiano”. Autor de obras como ‘Las aventuras de la diferencia’ (1979), ‘El pensamiento débil’ (1983), ‘El fin de la modernidad’ (1985), ‘La sociedad transparente’ (1989), ‘Ética de la interpretación’ (1989), ‘Creer que se cree’ (1996), ‘Diálogos con Nietzsche’ (2002) y ‘Nihilismo y emancipación’ (2003).

Encumbrado como el gran filósofo del posmodernismo, su teoría del pensamiento débil, una crítica a la metafísica tradicional, concebida como réplica a la ética del catolicismo y el marxismo, despertó filias y fobias en los años ochenta y noventa del siglo pasado. “El pensamiento débil es una anarquía no sangrante. Es demasiado débil para organizar atentados. Se trata de propiciar áreas de libertad para los sujetos débiles, de emancipar al hombre. Hay una componente emancipadora en la desorganización de las democracias tardoindustriales. La autonomía es un intento de disolución del Estado”, reflexionaba en una entrevista con este diario en 1989, durante su etapa como profesor de hermenéutica de la Universidad de Turín.

El pensador marcó la escena filosófica del siglo XX con varias obras importantes. En ‘El fin de la modernidad’, publicado en 1985, examina la superación de la racionalidad moderna y la aparición de la posmodernidad. En ‘Más allá de la interpretación’, de 1995 profundiza en la idea del pensamiento débil y se focaliza en el papel central de la interpretación en la filosofía contemporánea. En su obra están muy presentes temas como la religión y la fe, como en ‘Creer que se cree’, donde propone un “cristianismo débil” para la era posmoderna. En ‘Después del cristianismo’, por ejemplo, ahonda en la relación entre posmodernidad y religión, y analiza las transformaciones de la fe en el contexto actual. Le encantaba repetir la frase “la religión es un empujón para luchar contra la injusticia”.

En su pensamiento también está muy presente la idea del camino hacia la muerte y la vida. “Si me da a elegir ahora preferiría morirme: sería una forma de cerrar esto. No tengo miedo del más allá, sino del morir [hace un gesto como simulando una parálisis]. Me siento muy naturalizado, soy alguien que en cierto momento cesa”, señaló en otra entrevista con El País en 2019 en su casa de Turín, de la que apenas salía en sus últimos años, antes de recibir en Madrid la medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. Revelaba también que esperaba la muerte “moderadamente”. “Morir me sabe mal por el gato y por algún amigo. Pero no tengo una gran imagen de la muerte. A veces escribo en las necrológicas de mis amigos: ‘En la débil esperanza de un nuevo tiempo…’. Pero, vete a saber, lo que me parece más creíble es que permanezcan las obras leídas. Encontraré a Kant... Y espero no acabar en el infierno. Eso sí sería un problema: imagine a un padre eterno divirtiéndose al verme arder en las llamas”, confesó.

Vattimo no deja herederos de ningún tipo ni reconoce a ningún filósofo relevante en el panorama actual. Su ingente archivo, de hecho, ha terminado en Barcelona porque, como contó en su día, en Italia nadie se lo pidió.

Su asistente y pareja desde hace más de una década, Simone Caminada, de 38 años, dio a conocer su grave estado hace unos días, cuando publicó una foto de ambos en el hospital que causó gran revuelo en el país transalpino y fue él quien confirmó el fallecimiento del escritor.

En los últimos años, su vida privada acabó en manos de la justicia. El pasado febrero, Caminada fue condenado en primera instancia a dos años de prisión por un delito de manipulación de persona incapaz cometido contra el propio Vattimo, quien, sin embargo, durante el juicio, aseguró que nunca se había sentido engañado ni manipulado. El juez consideraba en su sentencia que Caminada se aprovechó de la fragilidad del filósofo, del que comenzó siendo su asistente hasta convertirse en su compañero de vida, para expoliar su patrimonio.

Vattimo siempre rechazó categóricamente este supuesto. El asunto ha generado ríos de polémica en Italia, azuzados por varias personas del entorno del pensador que se han enfrascado en un cruce de acusaciones. Los especialistas que han examinado a Vattimo a lo largo del tiempo han dado opiniones contradictorias y a veces opuestas sobre su estado psicológico. El filósofo asistió a casi todas las vistas del proceso, aunque sus condiciones de salud se habían deteriorado considerablemente. En una de las audiencias, ante las preguntas del fiscal, se definió a sí mismo como “una persona que siempre intentaba ayudar y hacer sentir bien a la gente que le rodeaba”.

Pero los fiscales, que llegaron a utilizar incluso interceptaciones telefónicas, concluyeron que Vattimo se encontraba en un estado de “total dependencia psicológica de Caminada, mezclada con el miedo a la soledad y la conciencia de que ya no podía valerse por sí mismo”. En diciembre pasado, los magistrados intervinieron para suspender la unión civil que iba a celebrarse entre el pensador y su ayudante. Aunque recientemente habían filtrado que tenían intención de volver a intentarlo. Para la justicia, Vattimo se convirtió en sus últimos meses de vida en víctima de un delito y congeló parte de sus bienes. Además, hace unos días la fiscalía designó a un tutor de emergencia para decidir exclusivamente sobre su tratamiento médico.

En su ausencia, que deja a Italia cada vez más huérfana de referentes, sus ideas seguirán viajando por el mundo.

viernes, 27 de mayo de 2022

#hemeroteca #homofobia #psicoanalisis | Didier Eribon pone el dedo en la llaga: por qué el psicoanálisis tradicional odia la homosexualidad

Página12 / Didier Eribon //

Didier Eribon pone el dedo en la llaga: por qué el psicoanálisis tradicional odia la homosexualidad.

En 'Escritos sobre el psicoanálisis', recientemente distribuido por El cuenco de plata, Didier Eribon nos invita a pensar fuera y en contra del marco heterosexista del psicoanálisis lacaniano. Más allá de ese objetivo, su libro es muy rico en observaciones para pensar una política cuir.
Daniel Link | Página12, 2022-05-27
https://www.pagina12.com.ar/423869-didier-eribon-pone-el-dedo-en-la-llaga-por-que-el-psicoanali 

Los libros de Didier Eribon ‘Reflexiones sobre la cuestión gay’, ‘Una moral de lo minoritario’, ‘Regreso a Reims’, ‘La sociedad como veredicto: clases, identidades, trayectorias’ y ‘Teorías de la Literatura: sistemas del género y veredictos sexuales’ (que fue ya objeto de la atención de este suplemento) lo confirmaron como un pensador al mismo tiempo afilado y delicadísimo sobre los asuntos que sus títulos despliegan: las identidades de género y los comportamientos sexuales que se reconocen como disidentes. En ‘Escritos sobre el psicoanálisis’ (El cuenco de plata) continúa y radicaliza sus apuestas previas en ‘Escapar del psicoanálisis’ (2005).

A partir de Mayo del 68, escribe Eribon, Barthes, Deleuze y Foucault (por citar sólo tres ejemplos) se ponen bajo el signo de la resistencia al psicoanálisis, cuando no en una directa confrontación, como es el caso de Deleuze y su socio Guattari, con quien escribe ‘El Anti-Edipo’ y ‘Mil mesetas’, dos armas de destrucción masiva que acaban para siempre con el edificio freudiano y su inventor, al que llaman Coronel Freud.

Ese acontecimiento permitió la aparición de colectivos que desestabilizan el orden patriarcal para siempre. El 68 habilitó la toma de la palabra por parte de los movimientos minoritarios y, en particular, sostiene Eribon, el movimiento homosexual. Dado que, como sostuvo Deleuze en su momento, el psicoanálisis odia el deseo, los “dispositivos colectivos de enunciación” que surgieron por entonces llevó a Barthes, a Deleuze-Guattari y a Foucault a una puesta en entredicho radical del psicoanálisis, de todos sus conceptos y de la teoría del inconsciente, así como de la práctica analítica. “Para decirlo con toda crudeza (ustedes me perdonarán): el movimiento homosexual no solo desafiaba al psicoanálisis, sino que lo tornaba imposible” (126), escribe Eribon.

Nada de eso es demasiado novedoso. La tarea de demolición contra el freudismo estaba ya completamente terminada y lo que Eribon viene a agregar es un rechazo revulsivo al psicoanálisis lacaniano, al que considera sostenedor de una fantasía de exterminio que, justo es decirlo, tal vez merezca algún matiz (pero reivindicamos el gesto de ménade enajenada de Didier, porque hay verdad en los gestos).

Las largas citas que hay en ‘Escritos sobre el psicoanálisis’ para probar el desprecio de la homosexualidad por parte de Lacan, por lo general están articuladas en relación con “la función del Edipo”. Por eso habría que recordar que el mismísimo Deleuze (insospechable de complicidad psi alguna) dijo en su momento que “toda la fuerza de Lacan es haber hecho pasar al psicoanálisis del aparato edipico a la máquina paranoica” (clase del 12/02/1973). En cuanto a las críticas y correcciones de Lacan a Freud, son tantas y tan sutiles que no habría espacio para resumirlas.

No es, pues, tanto Lacan el que quiere corregir a los homosexuales, sino que es la freudiana función del Edipo la que merece todas las críticas que, en efecto, Lacan le formula (y por eso piensa la práctica analítica en otra dirección: “la peste lacaniana”). En la famosa entrevista de la revista Panorama, Lacan subraya que “El análisis empuja al sujeto hacia lo imposible, le sugiere considerar el mundo como es verdaderamente, es decir imaginario, sin significación. Mientras que lo real, como un pájaro voraz, no hace más que nutrirse de cosas sensatas, de acciones que tienen un sentido” y censura una práctica inclinada a “la readaptación del individuo a su entorno social”.

Yo creo que todas las bestialidades que en Francia se dijeron últimamente en contra de los feminismos, la homosexualidad y la transexualidad no tienen, en el fondo, base psicoanalítica sino más bien católica: el catolicismo francés es de una solidez y de una capacidad de exterminio como no lo tiene en ninguna otra parte. Pero admitamos que, a lo mejor, Lacan es un impostor y un reaccionario.

Un debate norteamericano
Más interesante para pensar y para actuar políticamente es la afirmación polémica de Eribon, cuando acusa a sus compañeras de ruta, Judith Butler, Eve Kosofsky Sedgwick y Leo Bersani de haber intentado reconciliar a Foucault (el Bien) y el psicoanálisis (el Mal) cuando en verdad hubiera sido “sin duda más simple, eficaz y productivo –en lo político y lo teórico– recusar lisa y llanamente su pertinencia” (pág. 101) para pensar lo cuir, lo trans, lo gay, lo no binario, en fin: todo aquello que se aparta de lo heterosexual tal y como el psicoanálisis lo había erigido en modelo de lo deseable para el deseo.

Judith Butler, escribe Eribon, no puede decidirse a recusar las categorías del psicoanálisis por completo, “debido a que no pone en tela de juicio la evidencia con la cual esas categorías circulan en el campo universitario e intelectual americano en el que ella está inscripta y donde escribe” (pág. 101).

Los intentos butlerianos de reconciliación de una teoría maniquea, binarista y que “odia el deseo” (Deleuze) y el pensamiento ético de Foucault “equivalen, a mi juicio, a desactivar la fuerza radical del pensamiento de Foucault al querer encontrar un compromiso entre lo que él procura hacer –elaborar otro pensamiento de la subjetividad y la relacionalidad– y lo que procura deshacer: la concepción psicoanalítica del deseo y del sujeto de deseo” (pág. 106).

Así, sin quererlo tal vez, Eribon interroga algunas palabras que hemos incorporado inocentemente a nuestro vocabulario. “Invisibilización”, teniendo en cuenta esas complicidades con el psicoanálisis (aún en sus versiones más silvestres), equivaldría e “represión” y nuestra querida “autopercepción” no sería sino el “Yo” tal y como nos lo revela el registro (psicoanalítico) de lo Imaginario.

Si tuviéramos que recusar enteramente el vocabulario psicoanalítico, habría que desprenderse de ciertas palabras claves (o situarlas, como quiere Eribon, en un contexto sartreano). La “autopercepción como víctima”, por ejemplo, debe entenderse en relación con una dialéctica que inmediatamente percibe a alguien como “victimario”. De modo que la “autopercepción” no sería meramente un asunto de soberanía sino también, y sobre todo, de veredicto sobre los demás (y Eribon nos ha regalado en libros previos una teoría preciosa sobre los veredictos sociales).

De modo que 'Escritos sobre el psicoanálisis', a pesar de sus excesos (o precisamente por ellos) nos permite, más allá de debates escolásticos, pensar en las palabras que usamos para definir nuestro mundo y en lo que queremos ser.

jueves, 12 de mayo de 2022

#hemeroteca #homofobia #psicoanalisis | Escritos sobre el psicoanálisis

Escritos sobre el psicoanálisis / Didier Eribon ; traducción de Horacio Pons.

Buenos Aires, Argentina : El Cuenco de Plata, 2022 [05-12].
288 p.

/ ES / FR* / ENS / REC / Libros / Filosofía / Homofobia / Psicoanálisis / Queer
📘 Ed. Impresa: ISBN 9789874489500
Cita APA-7: Eribon, Didier (2022). Escritos sobre el psicoanálisis. El Cuenco de Plata.
 
[.es] A lo largo de toda su obra, desde ‘Reflexiones sobre la cuestión gay’, de 1999, hasta ‘Principios de un pensamiento crítico’, de 2016, pero ya en la obra biográfica que consagró a Michel Foucault en 1989, Didier Eribon se dedicó a elaborar una teoría histórica, social y política de la subjetividad: se trata de comprender cómo se produce a los individuos y los grupos en su carácter de sujetos sometidos por múltiples formas de dominación, lo que él llama los “veredictos sociales”, y cómo pueden ellos oponer resistencia a los poderes y trabajar por la transformación social. Un enfoque como el señalado no podría desarrollarse manteniéndose simplemente al margen de la doctrina psicoanalítica. Aquel debe entrar en conflicto con esta y poner en tela de juicio no solo sus veleidades normativas y sus tentaciones autoritarias, que están inscritas en su lógica misma, sino también su arquitectura de nociones y su concepción del psiquismo y el inconsciente. A ese esfuerzo por “escapar al psicoanálisis” se consagran los textos reunidos en este volumen.

jueves, 16 de septiembre de 2021

#libros #queer | ¿Quién teme a lo queer?

¿Quién teme a lo queer? / Víctor Mora ; prólogo de Carmen González Marín ; interludio de Gracia Trujillo.

Madrid : Continta me tienes, 2021 [09-16].
216 p.

/ ES / ENS / Libros / Cuerpas / Feminismo / Filosofía / Queer / Transfeminismo
📘 Ed. impresa: ISBN 9788412377378 / 16,95 € 

Lo queer es la tentación desorientada de leernos, en última instancia, como cuerpos vivos. Una afirmación utópica de redistribución, una apuesta por la horizontalidad radical y una tentativa de reapropiación del texto. – Víctor Mora

El escritor y activista Víctor Mora presenta en este ensayo una aproximación a lo queer, sus orígenes, derivas y potencialidades, desde una perspectiva teórica a la vez que encarnada con sus propias vivencias en colectivos y movimientos sociales. A lo largo de estas páginas, la voz del autor se entremezcla con las palabras de pensadoras como Judith Butler, Paul B. Preciado o Susan Stryker, para trazar un recorrido por la genealogía de un concepto entendido a modo de utopía necesaria de reparación y justicia con los cuerpos ‘no llorables’.

Este libro es una puesta en escena de consideraciones sobre lo queer y algunos de sus problemas, un espacio en el que se entiende «problema» como algo no resuelto que, lejos de constituir un callejón sin salida, ofrece la posibilidad de seguir pensando. Este libro es un volcado a texto que parte de la puesta en común de experiencias y aportaciones teóricas que a lo largo de los años se han dado en encuentros híbridos, en asambleas, talleres, itinerarios del activismo y otros lugares de convergencia en los que se imbricaba el análisis teórico, el relato de vida y la práctica política.

Un horizonte hacia el que caminar, lejos de los binarismos sexo-genéricos, donde el amplio espectro de diferentes cuerpos, identidades y expresiones de género, sexualidades, etc. puedan desarrollarse y vivir libremente.


👤 Víctor Mora Gaspar (Valencia, 1981). Doctor internacional en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura por la UAM; master en Teoría Crítica y graduado en Humanidades por la UC3M. Escritor y activista, miembro de la Asociación Internacional de Estudios de Memoria Memorias en Red, del Centro Iberoamericano de Estudios sobre Sexualidades y del colectivo Sección Invertida. Su libro ‘Al margen de la naturaleza’ (Debate, 2016) fue reconocido con el I Premio Pilar Azcárate (2015) y con el I Premio Nacional Sagasta de Ensayo (2016). Recientemente ha coordinado el volumen colectivo ‘40 años después’ (Egales, 2019). Además de publicar en revistas académicas (‘Historia Autónoma’, ‘Filosofía Italiana’, ‘Dossiers Feministes’, etc.), es coordinador del espacio de carácter divulgativo ‘1 de cada 10’ para el periódico 20 Minutos, en el que escribe sobre lo queer desde 2018.

sábado, 21 de agosto de 2021

#hemeroteca #feminismo #filosofia | Ana de Miguel: “Los grandes pensadores han legitimado que las mujeres somos juguetes, regalos y vasijas”

Imagen: El País / Ana de Miguel //

Ana de Miguel: “Los grandes pensadores han legitimado que las mujeres somos juguetes, regalos y vasijas”.

La filósofa feminista Ana de Miguel, autora de ‘Ética para Celia’, defiende enseñar con perspectiva de género: “Saber por qué las mujeres han estado excluidas del conocimiento es conocimiento”.
Pilar Álvarez | El País, 2021-08-21
https://elpais.com/sociedad/2021-08-21/los-grandes-pensadores-han-legitimado-que-las-mujeres-somos-juguetes-regalos-y-vasijas.html

La filósofa y profesora feminista Ana de Miguel (Santander, 59 años) disecciona en su último ensayo cómo la historia del pensamiento ha evolucionado con un mensaje diferente para hombres y para mujeres. En ‘Ética para Celia. Contra la doble verdad’ (Ediciones B), la pensadora revisa mitos y autores con retranca y sin piedad: desde Zeus y su afán violador a la envidia de pene que proclamó Sigmund Freud o la educación de las mujeres para hacer “la vida dulce y agradable a los hombres” que defendía Rousseau. De Miguel pide que ahora sean ellos quienes miren desde el lugar de las mujeres y subraya que no es un libro para chicas igual que ‘Ética para Nicómaco’, de Aristóteles, no era solo para chicos. “La filosofía y la ética han instaurado y legitimado un sentido de la vida distinto, a menudo opuesto, para los hombres y las mujeres”, defiende la pensadora, que imparte Filosofía y Género e Informática y Sociedad en la Universidad. Mientras responde a las preguntas por videollamada desde Santander, está pendiente del técnico que ha ido a cambiarle las persianas y, en un receso, tiende una lavadora. Tareas pequeñas, sí, pero que pueden marcar la visión del mundo, “sobre todo condicionan la de quien ha escrito un libro de ética a su hijo sin haber puesto una lavadora en su vida”. La conversación empieza con la última polémica educativa: incluir perspectiva de género en el aprendizaje del alumnado.

Pregunta. ¿Considera necesario incluir perspectiva de género en las matemáticas de primaria?
Respuesta. El sistema educativo tiene que incluir siempre una perspectiva crítica respecto a cuál es el sentido de la vida en la comunidad humana, sobre quiénes somos, de dónde venimos. Y reflexionar sobre por qué a las mujeres se las excluyó durante miles de años, no ya de la educación, sino de lo que se consideraba bueno y valioso para los hombres. Pensar sobre por qué Platón pone en su academia que allí no puede entrar nadie sin saber geometría y que no puede entrar ninguna mujer. Saber por qué las mujeres han estado excluidas del conocimiento forma parte del conocimiento.

P. ¿Por qué cree que ha despertado tanto recelo este asunto?
R. Lo comprendo muy bien. No tanto el de algunos partidos que lo usan para provocar y marcar territorio, sino el de los docentes. El sistema de dominación patriarcal es el más invisible, solo se nos hace visible si lo estudiamos. Pongo un ejemplo, porque solo con conceptos se ve. Yo tenía 19 años durante el golpe de Estado del 23-F. Estudiaba ya Filosofía en Salamanca y tenía mucha conciencia feminista. Cuando vimos las imágenes, ninguna nos fijamos en que no había mujeres en el Parlamento. Teoría etimológicamente viene de ver. Vemos a través de los conceptos. Eso lo saben las científicas: la tierra es redonda, aunque la veamos plana. No había mujeres y no lo veíamos. Hay que comprender que no lo vean, que les parezca una chorrada. Sin teorías ni conceptos no puedes ver la importancia crucial de la desigualdad entre hombres y mujeres. La humanidad ha tenido un grandísimo progreso científico, técnico y artístico, pero no moral. Es la clave. Podemos hablar en la distancia, como tú y yo ahora, pero no me hace falta señalar Afganistán para ver que el proyecto de vida de la gente está amenazado. Hay tal desigualdad económica y entre mujeres y hombres que no podemos hablar casi de progreso moral. Lo ha habido, pero es raquítico al lado del científico y técnico.

P. ¿Por qué decide escribir ‘Ética para Celia’ y denunciar lo que llama “la doble verdad”?
R. Quería pegar un puñetazo en la mesa para decirles ya a los hombres intelectuales y a los chicos jóvenes que se pongan de una vez en el lugar de las mujeres. El patriarcado siempre les ha dicho ‘ponte en tu lugar, en el de tu deseo y tu proyecto de vida’, nunca en el de una mujer. En el momento en que un chico se pone en el lugar de una mujer, la prostitución desaparece, la violación desaparece. Los grandes filósofos morales han legitimado a los hombres para que ni nos vieran. Cuando se reúnen solos dicen: “Nosotros, el pueblo reunido”. No se dan cuenta de que si están reunidos es porque previamente han prohibido a las mujeres ir a esas asambleas, todo su progreso moral y técnico ha sido a costa de anular a las mujeres.

P. Se remonta a Zeus y a veces parece que no estamos tan lejos.
R. Escribiendo me hervía la sangre, por eso tengo que usar el humor, el único antídoto razonable para asumir que los grandes escritores que forjaron mi visión del mundo, como Homero o Henry Miller, consideraron que las mujeres somos seres insignificantes. Homero nos tomaba el pelo. ¿Cómo puede convencernos de que las tres diosas más importantes del Olimpo están peleadas a morir para ver cuál es la que está más buena y eso, ni más ni menos, es el origen de la guerra de Troya? No podemos tolerar más esta tomadura de pelo. ¿Vamos a seguir leyendo a Aristóteles, a Platón, a Nietzsche, a Lévi Strauss? Sí. Vamos a aprender de ellos, pero sin dejar de señalar que el problema de la humanidad es que estos genios legitimaron que ellas eran juguetes, regalos, o vasijas. Para Aristóteles somos vasijas en las que se cuecen los hijos que engendran ellos, para Strauss somos el regalo más valioso que se hacen unos hombres a otros, para Nietzsche el juguete más peligroso, para Darwin claramente inferiores... Este es el problema y no la religión cristiana que señalan todos mis estudiantes. La culpa es de que Nietzshe, que escribe ‘El Anticristo’, en esto es igual que la Biblia. A las mujeres hay que dominarlas y son nuestro entretenimiento o nuestro botín de guerra. Eso lo han teorizado todos los grandes intelectuales. Y eso es lo que hay que enseñar en el instituto porque si no haremos que chicos y chicas no comprendan la sociedad actual.

P. Utiliza un pseudónimo, Celia, en lugar del nombre de su hija.
R. Es un libro para mi hija y para mi hijo. Elegí un nombre de chica porque mi hijo tiene que leer ese libro como si fuera para él. Es también para ellos igual que nadie cuestiona que ‘Ética para Nicómaco’, de Aristóteles, también es para nosotras. Hay también una consideración moral. En pleno siglo XIX, Hegel consideraba que nosotras no somos sujetos morales porque deseamos lo que debemos y debemos lo que deseamos. Hubiera deseado poner el nombre de mi hija, pero como soy una persona moral y reflexiva, me he puesto el límite de no poner su nombre por si le puede condicionar. Y, en tercer lugar, hago un sentido homenaje a mi maestra, Celia Amorós, y a la niña rebelde de la que escribió Elena Fortuny, que también se llamaba Celia.

P. ¿Por qué cree que no terminan de entrar las filósofas a los libros de texto ni en los exámenes de Selectividad?
R. Porque los profesores y profesoras siguen muy presos de la concepción patriarcal: ¡Cómo no dar a Aristóteles, a Hume, a Nietzsche, a Ortega y Gasset! Simplemente no les queda hueco. Enseñar a filósofas en general es importante, pero más aún es estudiar a Simone de Beauvoir, que hizo ver el inmenso problema de la cultura occidental, que el varón se identificaba con el ser humano neutral. Hay que explicar por qué Kant, el gran humanista, legitima que las mujeres no puedan pensar. Esa es la clave. Introducir a mujeres nunca sería suficiente.

P. En su libro recupera la reflexión de De Beauvoir sobre por qué la humanidad ha valorado más al que quita la vida, el guerrero, que a quien la da, la mujer. ¿Hasta qué punto eso ha condicionado la historia?

R. Absolutamente. Solo los hombres reflexionaron sobre quién es el ser humano y qué es lo importante en la vida porque a las mujeres se lo prohibieron. Y eso ha supuesto una visión absolutamente distorsionada. La mitología griega lo explica muy bien: las mujeres no pudieron expresar nada, estaban encerradas en el gineceo, no se les toleraba hablar de quién es el ser humano. Imaginaron que el ser humano es quien rompe los límites de la ciencia o la técnica para poder volar, pero lo hicieron a costa de limitar a las mujeres a los cuidados. Adam Smith no comprende la economía, porque cuando se hace la célebre pregunta de a quién debe el filete que está cenando, contesta que no es a la benevolencia del carnicero, sino a su interés egoísta. Todos buscamos nuestro propio bien peor, como dice Katrine Marçal en el libro ‘¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?’, este hombre le debía el filete a su madre. Todo ser humano ha recibido cuidados y eso lo olvida la filosofía. Solo puedes conseguir todo si hay seres humanos explotados a tu servicio. La filosofía empieza una vez que ya han teorizado que los cuidados no existen, no forman parte de la reflexión humana porque los hacen mujeres que tampoco forman parte de esa reflexión. Aristóteles sostiene que el ser humano es sociable por naturaleza. En realidad, el ser humano es cuidable por naturaleza.

P. Habla de uno de los fines de la filosofía moral, disfrutar una vida buena. ¿Es posible garantizar eso con la educación y el conocimiento?

R. Garantizado no tenemos nada, pero las personas nos somos tan distintas. Para tener una buena vida necesitamos seguridad. ¿Qué proyecto de vida vas a construir si hoy no tienes trabajo o te echan mañana? La educación y la reflexión nos hacen ver que la primera necesidad del ser humano es la seguridad, por eso inventamos el fuego.

domingo, 27 de junio de 2021

#hemeroteca #libros #testimonios | Un liberal que inspiró las ideas socialdemócratas, un gay que amó a una mujer: Keynes y sus contradicciones

Imagen: El País / John Maynard Keynes //

Un liberal que inspiró las ideas socialdemócratas, un gay que amó a una mujer: Keynes y sus contradicciones.

El economista más influyente del siglo XX vuelve a marcar la agenda. 75 años después de su muerte, los planes de estímulo de EE UU y de la UE para afrontar la crisis desencadenada por el coronavirus se inspiran en sus recetas para salir de la Gran Depresión.
Joaquín Estefanía | El País, 2021-06-27
https://elpais.com/ideas/2021-06-27/un-liberal-que-inspiro-las-ideas-socialdemocratas-un-gay-que-amo-a-una-mujer-keynes-y-sus-contradicciones.html 

John Maynard Keynes, el economista más influyente del siglo XX, era una maraña de paradojas: un burócrata que se casó con una bailarina, un hombre gay cuyo mayor amor fue una mujer, un leal servidor del Imperio Británico que cargó contra el imperialismo, un pacifista que contribuyó a financiar las dos guerras mundiales, un internacionalista que ensambló la arquitectura intelectual del Estado-nación moderno, un economista que cuestionó los propios fundamentos de la economía, y finalmente un liberal que contribuyó a ensamblar el corazón de las ideas socialdemócratas.

Este manojo de contradicciones las desarrolla exhaustivamente el periodista americano Zachary D. Carter en un nuevo libro sobre el genio de Cambridge (‘El precio de la paz. Dinero, democracia y la vida de John Maynard Keynes’, Paidós) que se publica ahora, a los 75 años de su muerte. Este texto se une, entre otros, a la biografía canónica del personaje, de Robert Skidelsky, y a la de uno de sus seguidores más combativos, el norteamericano Hyman Minsky. De todas ellas se desprende que Keynes (1883-1946) es un cadáver ideológico muy incómodo: no se le puede enterrar mientras la economía siga padeciendo altas y bajas tan profundas como las que se turnan en el mundo real. Cuando la economía del mundo va bien, el funeral de Keynes prosigue a cámara lenta entre rezos y admoniciones dolorosas, pero cuando de nuevo pintan bastos, como durante la Gran Recesión y el Gran Confinamiento, incluso los poderosos vuelven suplicantes la vista al economista y entonces la ciencia económica se aleja de la pirotecnia ideológica del ‘mainstream’ político y académico.

El libro de Carter es muy completo. Hoy a Keynes se le recuerda fundamentalmente porque fue en el campo de la economía en el que sus ideas ejercieron mayor influencia. A los estudiantes universitarios de Ciencias Económicas se les enseña sobre todo que ha instado a los gobiernos a aceptar déficits públicos en una recesión y a gastar dinero cuando el sector privado no puede ni quiere hacerlo. Ello sería tan solo un keynesianismo de brocha gorda. Su agenda económica siempre se desplegó al servicio de un proyecto social más amplio y ambicioso. Keynes fue un filósofo de la guerra y de la paz, el último de los intelectuales ilustrados que concibió la teoría política, la economía y la ética como parte de un diseño unificado. Era un hombre cuyo principal proyecto no residía en la fiscalidad o el gasto público, sino en la supervivencia de lo que él denominaba “la civilización”. Su esposa, Lydia Lopokova, dijo que Keynes fue “más que un economista”. Y él, al escribir la necrológica de su maestro Alfred Marshall, definió esta profesión del siguiente modo: el gran economista debe poseer una rara combinación de dotes; debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo; debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes, debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo del pensamiento; debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vistas al futuro; ninguna parte de la naturaleza del hombre y de sus instituciones debe quedar por completo fuera de su consideración; debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario, tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político.

Sus vínculos intelectuales le unieron a algunos de los filósofos más valiosos de la época, como G. E. Moore, Bertrand Russell o Ludwig Wittgenstein. También al círculo universitario de Los Apóstoles, la sociedad más selecta y secreta de Cambridge, a la que pertenecían los citados anteriormente, pero también Lytton Strachey, Leonard Woolf, E. M. Forster, Roger Fry, etcétera (el “apóstol” que ejerció más influencia en Keynes fue G. E. Moore, el autor de ‘Principia ethica’). Casi todos ellos confluyeron en el llamado grupo de Bloomsbury, una comunidad de escritores, pintores, filósofos, novelistas, editores, poetas, artistas y bohemios residentes en Londres que ponían en cuestión la moral victoriana con su forma de vivir y pensar, y proponían un nuevo orden social. Keynes, como persona vinculada a la economía y a los “aspectos prácticos”, era bastante excepcional en este ambiente, aunque no solo perteneció a él, sino que fue parte de su núcleo más central. Bloomsbury fue, posiblemente, el círculo cultural más poderoso de la Inglaterra de su tiempo. Algunos de sus componentes (Virginia Woolf, Gerald Brenan, Dora Carrington, Katherine Mansfield, Duncan Grant, Vanessa y Clive Bell...) devinieron en jueces del buen gusto, que pretendían inyectar en la élite gobernante.

Contaba Luis Ángel Rojo, uno de los keynesianos españoles más ilustres (‘Keynes, su tiempo y el nuestro’, Alianza Editorial), que los participantes en el grupo de Bloomsbury eran partidarios de una nueva sociedad que debía ser libre, racional, civilizada, orientada a la verdad y a la belleza; procedían, en general, del estrato profesional e ilustrado de la clase media británica, aunque se rebelaban contra sus ideas y sus valores. No sentían el deber social, y si se interesaban por la condición de las clases inferiores, era por razones de conciencia, no de solidaridad. Aspiraban a cambiar la sociedad transformando a la clase dominante desde la libertad, la razón, la tolerancia y —muy importante— la estética. Exclusivismo, afectación, intelectualismo y sentido de superioridad moral eran sus características más significativas. En ese ambiente, Keynes era un poco especial; lo consideraban un ser frío, carente de sentido estético (lo que no era cierto), que utilizaba su inteligencia como si fuera “una máquina de escribir”. Virginia Woolf escribió de él: “Maynard me parecía muy truculento, muy formidable. Era como un retrato de Tolstói joven, capaz de acabar una discusión que se pusiera a su alcance con un zarpazo, y sin embargo ocultaba, como dicen los novelistas, un corazón amable y sencillo bajo aquella armadura intelectual tan impresionante”.

El keynesianismo atravesó pronto el Atlántico y se transformó en una cultura política netamente norteamericana, o al menos tan estadounidense como británica: el ‘new deal’ de Roosevelt; el Plan Beveridge, antecedente del Estado de bienestar, o la Gran Sociedad de Lyndon B. Johnson reordenaron de modo esencial las vidas británica y americana logrando que ambas sociedades fueran más igualitarias, más democráticas y más prósperas. Joe Biden trata de proseguir ese camino. Ahora, en el siglo XXI, el mundo de la alta economía estadounidense (aquella de la que realmente dependen quienes ostentan el poder en el país) se divide de hecho en diferentes variantes del keynesianismo, independientemente de que los practicantes más conservadores de la disciplina consideren o no políticamente reconocerlo, y de que sus ideales morales y políticos ya no tengan mucho que ver en muchas ocasiones con los que apreciaba Keynes. Unos y otros habrán tenido que recordar las palabras del economista de Cambridge sobre la Gran Depresión, al tener que enfrentarse a las últimas crisis mayores del sistema: “El mundo ha tardado en percatarse de que (...) estamos viviendo a la sombra de una de las mayores catástrofes económicas de la historia moderna. Pero ahora que el hombre de la calle se ha dado cuenta de lo que está pasando, sin conocer ni el cómo ni el porqué, se siente abrumado por unos temores exagerados; en cambio, previamente, cuando comenzaban a aparecer los motivos de preocupación, no experimentó lo que hubiera sido una inquietud razonable. Empieza a dudar del futuro. ¿Se está despertando ahora de un sueño agradable para afrontar las tinieblas de la realidad? ¿O se está durmiendo con una pesadilla que pasará? (...) Nos hemos metido nosotros mismos en un desorden colosal, fallando en el control de un mecanismo delicado, cuyo funcionamiento no comprendemos”. El keynesianismo adquirió vida propia, en una historia en la que las batallas por los libros de texto en los campus universitarios desempeñan un papel tan destacado en la lucha por las ideas como los despliegues militares o los resultados electorales.

En las opiniones de un hombre intelectualmente tan poliédrico destaca su relación netamente crítica con el comunismo. Una de las paradojas más sobresalientes de la vida de Keynes, quizá la mayor, es que sus ideas hayan sido utilizadas como bandera económica de la izquierda socialdemócrata siendo él un liberal. Su objetivo fue siempre una especie de revolución pasiva del capitalismo, para hacerlo más eficiente. Alguien lo ha calificado como un “bombero del capitalismo”, con el fin de que funcione correctamente y no se autodestruya por sus continuos abusos e inmoralidades. Keynes, conocedor del percal, pensaba que los principales debeladores del capitalismo son los propios capitalistas.

Pero con quien no manifestó simpatía alguna, sino todo lo contrario, fue con el marxismo como doctrina y con el comunismo soviético como su principal aplicación política. En el año 1925, a punto de morir Lenin, viajó a la URSS con Lydia Lopokova y publicó sus impresiones en tres artículos. Primero destruyó dialécticamente 'El capital', la obra seminal de Karl Marx: “¿Cómo puedo aceptar un credo que erige como su biblia, por encima y más allá de la crítica, un libro de texto económico obsoleto, que sé que es no solo científicamente erróneo, sino sin interés o aplicación para el mundo moderno?, ¿cómo puedo adoptar un credo que, prefiriendo el tallo a la hoja, exalta al grosero proletariado por encima del burgués y de la intelectualidad que, con los defectos que sean, posee la calidad de vida y siembra con seguridad la semilla de todo el progreso humano?”. Este párrafo despectivo y altanero ha sido utilizado como prueba por quienes han considerado a Keynes un elitista, producto de su clase y de su formación y, como consecuencia, irremediablemente proclive a analizar los problemas económicos solo desde esos puntos de vista.

En suma, no podía soportar el marxismo como análisis ni el comunismo como método. Sus ataques son continuos a las pretensiones científicas del marxismo como materialismo histórico y como materialismo dialéctico, y a los horrores (todavía no conocidos en su mayor parte: faltaba casi medio siglo para la publicación del 'Archipiélago Gulag', de Aleksandr Solzhenitsyn) del sistema soviético. En sus 'Ensayos de persuasión' escribe una autodefinición que permite colocarlo en su lugar: “Cuando se llega a la lucha de clases como tal, mi patriotismo local y personal, como el de cualquier otro —excepto algunos entusiastas desagradables—, está vinculado a mi propio ambiente. Puedo estar influido por lo que me parece ser justicia y buen sentido, pero la guerra de clases me encontrará del lado de la ‘bourgeoisie’ educada”.

En general, trató de buscar un espacio entre los dos errores opuestos del pesimismo de su tiempo, que son los del nuestro: entre el pesimismo de los revolucionarios, que creen que las cosas están tan mal que no nos puede salvar más que un cambio violento, y el pesimismo de los reaccionarios, que consideran tan precario el equilibrio de nuestra vida económica y social que piensan que no debemos correr el riesgo de experimentar.

El buen divulgador
Keynes dirigió y agitó diversas publicaciones y escribió habitualmente en los medios de comunicación. Odiaba permanecer en una torre de marfil. Quería dirigirse al ciudadano común a través de cualquier soporte, incluida la radio (en julio de 1933, Keynes y el famoso periodista estadounidense Walter Lippmann llevaron a cabo la primera emisión transatlántica de radio). También a auditorios más selectos y de economistas. Su famoso poder de persuasión estaba vinculado a su uso del lenguaje verbal y escrito, pleno de elocuencia e ironía. Ayudó a la fusión de 'The Nation' (fue su propietario cuando la cabecera era 'The Nation and Athenaeum') con 'New Statesman', creando 'New Statesman and Nation'. Se trató de un órgano independiente de la izquierda, con quien no siempre estuvo de acuerdo porque “tenía poco de 'The Nation' y mucho de 'New Statesman” (en algunos momentos, a partir de 1931, la publicación manifestó crecientes simpatías hacia el comunismo soviético).

Siempre se ha dicho que pocos economistas como Keynes han empuñado la pluma con tanta calidad y tanta efectividad. Fue el editor de 'The Economic Journal', revista profesional de la Royal Economic Society, y se conservan artículos suyos en 'The Economist', 'The Times', 'The Manchester Guardian', 'The Sunday Times', 'Evening Standard', 'New York Evening Post', etcétera. Fue editor de 'The Economic Journal' y del 'New Statesman' casi hasta su muerte, para mantenerse al día de la teoría económica y para tener a mano un medio persuasor e influyente con el que comunicar sus ideas.

miércoles, 5 de mayo de 2021

#libros #testimonios | El precio de la paz : dinero, democracia y la vida de John Maynard Keynes

El precio de la paz : dinero, democracia y la vida de John Maynard Keynes / Zachary D. Carter ; traducción de Francisco J. Ramos.

Barcelona : Paidós, 2021 [05-05].
680 p.

/ ES / ENS / Libros / BIO / Economía / Filosofía / Historia - Siglo XX / Homosexualidad / John Maynard Keynes / Testimonios
📘 Ed. impresa: ISBN ‎9788449338151 / 28,00 €
 
[.es] En los albores de la Primera Guerra Mundial, un joven académico llamado John Maynard Keynes montó en el sidecar de la motocicleta de su cuñado para iniciar un viaje extraño y frenético que cambiaría el curso de la historia. Tras dejar atrás su plácida vida en la Universidad de Cambridge, Keynes se vio empujado a los pasillos de los ministerios de hacienda europeos para tramitar préstamos de emergencia y, tras ello, enviado a Estados Unidos para negociar los términos de la lucha económica durante el conflicto. El terror y la ansiedad desatados por la Gran Guerra lo convertirían en el intelectual más influyente y controvertido de su época, un hombre cuyas ideas aún conservan el poder de influir en nuestro tiempo.

Keynes no solo fue economista, sino uno de los pensadores más relevantes del siglo XX, y dedicó su vida a la defensa del arte y las ideas como motores del cambio. Como filósofo moral, teórico político y estadista, Keynes tuvo una vida extraordinaria que lo llevó desde las fiestas de principios de siglo en la desenfrenada escena artística del Círculo de Bloomsbury, hasta las fervientes negociaciones en París que dieron forma al Tratado de Versalles, el colapso del mercado en dos continentes, los avances diplomáticos en las montañas de New Hampshire y los estrenos de ballet en tiempos de guerra en el extravagante Covent Garden de Londres.

Entretanto, Keynes reinventó el liberalismo de la Ilustración para hacer frente a las desgarradoras crisis del siglo XX. En Estados Unidos, sus ideas dieron lugar al auge de la profesión económica, pero también propiciaron enardecidos enfrentamientos políticos en el marco de la Guerra Fría cuando los acólitos keynesianos se enfrentaron a los conservadores en una batalla intelectual por el futuro del país y el mundo. Aunque muchas ideas keynesianas sobrevivieron a la lucha, gran parte del proyecto al que dedicó su vida se perdió.

En esta fascinante biografía, el veterano periodista Zachary D. Carter desentierra el legado perdido de una de las mentes más fascinantes de la historia. ‘El precio de la paz’ restablece un conjunto olvidado de ideas sobre la democracia, el dinero y la buena vida con implicaciones transformadoras para los debates actuales sobre la desigualdad y las políticas de poder que dan forma al orden global.

domingo, 7 de marzo de 2021

#hemeroteca #feminismo | Amelia Valcárcel, “Asturiana del mes” por su fundamental aportación al movimiento feminista

Imagen: La Nueva España / Amelia Valcárcel

Amelia Valcárcel, “Asturiana del mes” por su fundamental aportación al movimiento feminista.
La filósofa y catedrática es autora de “Sexo y filosofía”, una obra que cumple 30 años con plena vigencia y está considerada todo un clásico por sentar las bases teóricas del feminismo.
Mariola Riera | La Nueva España, 2021-03-07
https://www.lne.es/asturias/2021/03/07/amelia-valcarcel-asturiana-mes-fundamental-39202116.html

La filósofa Amelia Valcárcel ha sido distinguida como “Asturiana del mes” de La Nueva España por su aportación fundamental al desarrollo y consolidación del movimiento feminista español, tanto en el aspecto teórico como en su faceta activista. La distinción coincide con el 30.º aniversario de la publicación de la primera obra feminista de la escritora, “Sexo y filosofía. Sobre mujer y poder”, un libro que marcó un hito cuando llegó a las librerías en 1991 y está considerado ya un clásico al sentar las bases teóricas del feminismo.

La figura de Amelia Valcárcel trasciende, por otra parte, su consideración como una de las máximas exponentes del feminismo de la igualdad en España. En la actualidad es consejera de Estado, un nombramiento que le llegó en 2006, y ejerce como catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Nacional a Distancia (UNED). Es, además, vicepresidenta del Real Patronato del Museo del Prado desde 2004.

Nacida en Madrid el 16 de noviembre de 1950, siempre se ha considerado asturiana por orígenes familiares. La trayectoria personal y profesional de Amelia Valcárcel y Bernaldo de Quirós ha estado permanentemente ligada al Principado, una tierra en la que se formó y ejerció su labor docente. En 1970 comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad de Oviedo, donde posteriormente ejercería durante tres décadas. Entre 1993 y 1995 fue consejera de Educación, Cultura, Deportes y Juventud del Gobierno del Principado de Asturias que presidió Antonio Trevín.

No se puede entender el movimiento feminista en España desde la última mitad del siglo XX hasta la actualidad –la llamada tercera ola– sin tener en cuenta los escritos de la filósofa, para quien tal causa debe entenderse como “esa suma de acciones contra corriente, rebeldías y afirmaciones que tantas mujeres han hecho y hacen sin tener para nada la conciencia de ser feministas”. En una definición más reciente, en una entrevista con este periódico, Valcárcel sentenció: “El feminismo no es algarada o calle: es el día a día en que cada mujer gana un espacio de libertad”.

La activista feminista Ángeles Álvarez destaca de la filósofa que “ha entendido, y se esfuerza en hacernos entender, la importancia de que las mujeres aspiren sin complejos al poder y muestren toda su autoridad. Todo esto la convierte en el actor clave del feminismo político en España”. Tan clave como lo fue y es su citada obra “Sexo y filosofía”, reeditada en su 30.º aniversario por la editorial Almud y que incluye un nuevo prólogo de la autora en el que profundiza de nuevo en la naturaleza del verdadero feminismo y en algunos de los peligros que lo amenazan. “Ha sido una suerte poder reeditar el libro. Amelia es alguien totalmente alejada de la hiperespecialización y el parcelismo que marca nuestra cultura actual. Una verdadera sabia, y no hay tantas”, explica el editor Alfonso González-Calero.

Un libro que, pese a sus 30 años, sigue “totalmente vigente”, en palabras de la también filósofa y discípula de Valcárcel Alicia Miyares, “pues la invisibilización de la categoría sexo de la que se habla en el mismo está plenamente de actualidad por la nueva deriva de su negación”, algo que la autora aborda en su prólogo.

La investigación y el activismo son otros dos aspectos de la trayectoria de Amelia Valcárcel que siempre han estado presentes. En su haber figuran, además, numerosos reconocimientos, como la Medalla de Plata de Asturias, en 2006, y la medalla a la “Promoción de los Valores de Igualdad” del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2010). Es doctora honoris causa por las universidades de Veracruz y Nuevo León (México) y Valencia. A todo ello se suma ahora su distinción como “Asturiana del mes” de enero.

miércoles, 3 de marzo de 2021

#libros #trans #identidades | Después de lo trans

Después de lo trans / Elizabeth Duval.

Algemesí, Valencia : La Caja Books, 2021 [03-03].
292 p.

/ ES / ENS / Libros / Identidades / Paul B. Preciado / Política / Queer / TERF / Trans / Transexualidad
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417496494 / 18,00 €

[.es] Hasta el coño de lo trans. Así está Elizabeth Duval. Cansada de ser la jovencísima activista antes que la escritora o la filósofa. Está harta y de ese mismo aborrecimiento nace la rabia que mueve este libro, el último de sus esfuerzos para desprenderse del sambenito de lo trans. Pero esto no es una autoficción ni mucho menos un panfleto que pueda repetirse sin digerir. ‘Después de lo trans’ es un ensayo visceral y ambicioso que acierta en la médula de las guerras culturales e identitarias de nuestro siglo.

La autora planea sobre lo trans para mirarlo desde la ciencia, la sociología, la estética y la filosofía. Busca su significado y detecta sus límites. ¿Qué es? ¿Un colectivo, un adjetivo, un proceso de asimilación o la vía hacia una utopía sin género? Con una crítica implacable y una prosa afiladísima, Duval analiza estas cuestiones y su utilidad para dar cuenta de la realidad diversa e incongruente de lo trans.

Elizabeth Duval emprende en estas páginas un ‘tour de force’ intelectual que atraviesa la socialización de género y la noción de autodeterminación. Que analiza la conflictiva relación entre el transactivismo y el feminismo transexcluyente. Que toma posición entre la izquierda cultural y la izquierda neomaterialista. Que atiende a la representación de lo trans en la ficción a través de ‘Veneno’. Que se enfrenta a la obra de Paul B. Preciado y a los constantes intentos de legislación. Y, con todo, elabora una obra que no titubea al ofrecer un horizonte colectivo donde quepan la justicia, el amor y los afectos.

“Vamos a tomar como nociones de debate los conceptos de lo trans, de la clase, de la mujer, y vamos a hacer el muy abstracto e incluso tremendamente peligroso ejercicio de debatir con los fundamentos mismos que sustentan vidas, que padecen sufrimientos. Debatiremos empleando aquello que para algunas personas, y con razón, pues es imposible negar su dolor, no es debatible: su vida misma, su existencia. Lo haré con el respeto de quien comparte ciertos rasgos comunes, ciertas similitudes, pero eso no me exime de la torpeza, y no me exculpa: lo haré igualmente. Habrá quienes consideren que abrir esos debates es cruzar una línea roja: ya he explicitado por qué son necesarios; si no tocara esas teclas, no habría libro, no tendría un ensayo, sino que solo podría elaborar un panfleto. Y los panfletos no me interesan.”

miércoles, 6 de enero de 2021

#libros #feminismo #filosofía | Sexo y filosofía : sobre mujer y poder

Sexo y filosofía : sobre mujer y poder / Amelia Valcárcel.

Toledo : Almud Ediciones, 2021 [01-06] / Año primera ed.: 1991.
192 p.
Serie: Biblioteca Añil Feminista.

/ ES / ENS / Libros / Feminismo / Filosofía / Mujeres / Poder
📘 Ed. impresa: ISBN 9788412220483 / 15,00 €

[.es] Cuando este libro vio la luz por vez primera, en 1991, “el término ‘género’ estaba en lo mejor de su mocedad. Ahora el feminismo está de lleno en medio de las turbulencias del género. Pero hay que saber que ya estaban presentes hace treinta años”. Este libro, que incluye el muy citado y controvertido ensayo “El derecho al mal”, fue la primera incursión de Amelia Valcárcel en el debate feminista. Y en él están las claves de lo que luego ella misma ha ido desarrollando en su extensa, e intensa, obra dedicada a la reflexión sobre las mujeres. Esta nueva edición, la tercera ya, cuenta con un amplio prólogo de la autora, en el que profundiza en la naturaleza del verdadero feminismo (ética, racional) y nos habla de algunos de los peligros que le acechan: mujerismo, multiculturalismo, proliferación de nuevos términos para encubrir viejas realidades, teorías queer, etc. Un texto fundamental, pues, de Amelia Valcárcel que ahora recuperamos en Añil Feminista.

domingo, 10 de mayo de 2020

#hemeroteca #amor #sentimientos | Sobre el derecho a sufrir

Imagen: ctxt / Forograma de 'Amor', dirigida por Michael Haneke (2012)
Sobre el derecho a sufrir.
No hay utopía más peligrosa que la de creer que se puede amar otro cuerpo sin exponer el propio y sin exponer también el alma; la de creer que la felicidad es un producto sanitariamente garantizado y la infelicidad una enfermedad o un crimen.
Santiago Alba Rico | ctxt, 2020-05-10
https://ctxt.es/es/20200501/Firmas/32201/dolor-amor-utopia-enfermedad-covid-Santiago-Alba-Rico.htm

Creo que todos estamos en contra de los cólicos renales y las migrañas y, desde luego, en contra de la covid-19 y sus consecuencias. No hay ningún plan de la naturaleza que contemple, exija o justifique mis ataques de ciática o mis dolores de cervicales; y por lo tanto es legítimo y sensato intentar aliviarlos. Ahora bien, otra cosa muy distinta es lo que tiene que ver con los “duelos”, cuyo concepto mismo evoca enseguida la dimensión propiamente humana del dolor. ¿Se puede evitar el dolor derivado de la relación con los otros? ¿Es bueno evitarlo? ¿Es legítimo siquiera proponerse o incluso reclamar como derecho una relación con el otro exenta de conflicto y, por consiguiente, de dolor? Pues bien, me parece que nuestras sociedades tecnologizadas y medicalizadas, por motivos al mismo tiempo económicos y culturales, están materialmente conformadas en torno al propósito de bloquear e impedir los “duelos”. El duelo mismo se ha convertido en una enfermedad que hay que tratar, de manera que enseguida aparece un psiquiatra, y no un cuervo, detrás de cada cadáver real o afectivo que sacude nuestra existencia. Lo que antes sólo lo curaba el tiempo ahora hay que curarlo ‘en’ el tiempo, mediante una intervención de emergencia, farmacológica o terapéutica, que borre lo más deprisa posible el acontecimiento luctuoso. ¿Es normal una pancreatitis? No. ¿Es normal que me hunda si se muere mi hijo, que llore si me abandona el hombre o la mujer que amo, que sufra moral y psicológicamente en caso de pérdida, separación o muerte? Me atrevo a pensar que una de las razones por las que nos encontramos sin recursos antropológicos para afrontar la presente crisis es la convicción subjetiva de nuestro derecho a la felicidad, asociado a la consideración de la adversidad misma como una enfermedad, y no como una experiencia, y al abordaje de las relaciones humanas como protocolos de consumo sin consecuencias. Se pueden evitar las relaciones humanas, como hacen los misántropos y hacían los filósofos cínicos en la Antigüedad; pero no se pueden evitar los dolores si se aceptan las relaciones humanas, porque sobre esos “duelos”, jalones en el recorrido de la vida, se construye al mismo tiempo el texto de la comunidad y la propia biografía. El feo, castizo, brutal refrán (“el muerto al hoyo, el vivo al bollo”) se ha convertido en la regla de comportamiento, y de ambición naturalizada, de una sociedad que pretende mirar, tocar, amar sin dolor alguno, olvidando que no puede haber ningún verdadero compromiso en el tiempo –ni ningún verdadero enganche en el espacio, ni siquiera con los ojos– sin conflicto y sufrimiento; y que, por lo tanto, la pretensión de suprimir el dolor sólo puede hacerse a costa de suprimir el tiempo y el espacio mismos como condiciones radicales de nuestra sensibilidad. De alguna manera eso ha ocurrido ya: la tecnología nos ha dejado fuera del espacio y del tiempo, esas dos enfermedades mortales contra las que, en paralelo a nuestras fantasías artefactas, no hay ningún tratamiento posible.

Hasta qué punto esta ilusión de una vida humana sin dolor se ha generalizado como horizonte axiológico lo demuestra el hecho de que incluso el feminismo ha acabado por reivindicar la seguridad total como fundamento de las relaciones sexuales y amorosas. Si hay una frase que me irrita profundamente es esa que proclama que “si es amor, no duele”. Entiendo que se quiera deslindar el amor de los malos tratos, pero no debería hacerse a costa de alimentar la ilusión de que sólo hay verdadero amor si “no duele”, en la serenidad y el equilibrio, porque lo único que no duele entre seres humanos es el intercambio contractual de objetos –mercancía por dinero, por ejemplo–, cuyo modelo más trivial es la relación cajero-cliente en un supermercado, modelo que, extrapolado a las relaciones sociales y afectivas, nos sitúa no en el punto más distante del amor sino en su contrario estricto. El amor duele. La belleza duele. La maternidad duele. Decía el poeta andalusí Ibn Hazm de Córdoba en ‘El collar de la paloma’ que los enamorados “quieren estar juntos allí donde hay mucho espacio y quieren estar solos allí donde hay mucha gente”. Pocas veces se dan en la vida, y menos bajo el capitalismo, las condiciones para que dos enamorados estén juntos y solos mucho tiempo; y cada vez que el espacio los separa y cada vez que la gente se interpone entre ellos, sufren; y si finalmente consiguen estar solos y juntos –con lenguas, brazos, pies y encadenados– también sufren, pues “en medio a tanto bien somos forzados/ llorar y suspirar de cuando en cuando”, como dice otro gran poeta del siglo XVI. Si amo sin correspondencia, sufro; si el amado me corresponde y se va de viaje, sufro; si está a mi lado –y encima y debajo de mí– y gozo infinitamente, sufro incluso más, porque no hay ningún goce infinito que, frenado por el tiempo, no roce dolorosamente en sus raíles. También los amantes apaciguados que envejecen juntos sufren: los reveses del otro, sus malentendidos, sus enfermedades, sus vulnerabilidades crecientes. Entre el “Amor” de Gaspar Noé y el “Amor” de Haneke se puede recorrer todo el arco de dolores que, inseparables del goce, la memoria y el aprendizaje vital, configuran la orografía del amor. Pocos han sabido exponer de un modo más descarnado y sutil este bellísimo dolor, inherente al conflicto voluntad-deseo, de imposible resolución incluso en el más idílico de los romances, como el director chino Wong Kar Wai en sus películas. Podemos adjetivar este amor, con desdén liberador, como “romántico”, pero no hay nada liberador en liberarse del dolor –el miedo, la inseguridad, la muerte– cuando se ama a otra persona, salvo que queramos precisamente liberarnos del amor y llamar a esa ausencia –blindada en la indiferencia de los intercambios digitales o en la seguridad total de los castillos– con el mismo nombre que a su opuesto dolorido.

Entre cuerpos, en el espacio y en el tiempo, todo es potencialmente doloroso. Ese dolor es inseparable de la belleza. El misterio de un cuadro de Rembrandt, que hay que explorar infinitamente, es doloroso, porque es doloroso no acabar nunca de mirar un objeto. Las catedrales, los bosques de hayas, los poemas de René Char, la música de Silvia Pérez Cruz, la ingenuidad de una niña que salta en un charco con zapatos nuevos, el cuerpo luminoso y pasajero que no se ha de tocar, duelen tan intensamente como intensamente nos vinculan a un mundo que hay que proteger y hacer durar. Algún defensor de las pasiones indoloras podría decir que el amor es como una flor: “Si es una flor, no duele”. ¡Pero es que las flores duelen! Más roja que el comunismo, la amapola es la bandera de la belleza más incómoda y modesta. Ese color duele. Y no porque, como la rosa de los poemas renacentistas, nos recuerde la caducidad de la vida; ni tampoco porque, convencidos militantes ecologistas, la vivamos amenazada por el cambio climático. Duele porque es un enigma; que ese rojo exista, y que no lo hayamos inventado nosotros, nos obliga a mirarlo –y vigilarlo– como si nos fuera a matar; y hace daño dejarlo vivir a nuestras espaldas para seguir nuestro camino. Así que ocurre exactamente lo contrario. Proclamar “si es amor, no duele”, y proclamarlo con empaque moralista y displicente, como si se tratara de una evidencia emborronada por el patriarcado, es lo mismo que regañar al amigo que llama “flor” al jazmín sobre el que se inclina: “No, hombre, si es una flor, no huele”. Las flores huelen, los otros duelen.

Hay algo, pues, política y moralmente peligroso en la negación organizada del dolor enraizado en el espacio y en el tiempo. Contra el “duelo” salimos tecnomédicamente de nuestros cuerpos a un exterior donde no corremos ningún riesgo; ni siquiera el de tropezar ya con una cursi amapola comunista. Si queremos acabar con la fealdad, lo mejor es acabar también con la belleza; si queremos acabar con la mentira, lo más eficaz es acabar también con la verdad; si queremos acabar con los duelos, lo más radicalmente seguro es acabar también con los compromisos. Porque todo viene en el mismo paquete, sí, y como en racimo y de la mano; y si se puede –y se debe– aliviar la ciática y buscar una vacuna contra la covid-19 (y contra el machismo, la desigualdad y la ignorancia) no hay utopía más peligrosa que la de creer que se puede amar otro cuerpo sin exponer el propio y sin exponer también el alma; la de creer que la felicidad es un producto sanitariamente garantizado y la infelicidad una enfermedad o un crimen; la utopía de la confusión –es decir– entre felicidad y seguridad. Esa es en realidad la distopía “romántica” en la que vivíamos cuando disrumpió el virus nuestro sueño. Y que deberíamos sacudirnos de encima antes de ceder a la tentación del autoritarismo tecnocientífico y sus promesas de normalidad indolora.

Tenemos derecho a las condiciones sociales para ser felices, pero no la obligación individual de serlo. Es un buen momento, en efecto, para reivindicar, al contrario, nuestro derecho inalienable a sufrir sin cuervos ni paños calientes. Nuestro derecho al luto y sus bellezas. “Antes muerto estaré que escarmentado:/ ya no pienso tratar de defenderme/ sino de ser de veras desdichado”. A Quevedo hoy le hubiesen suministrado un inhibidor de serotonina y no habría escrito más sonetos de amor. Si es amor, duele siempre; y si es solo deseo, al menos escuece.