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viernes, 27 de mayo de 2022

#hemeroteca #homofobia #psicoanalisis | Didier Eribon pone el dedo en la llaga: por qué el psicoanálisis tradicional odia la homosexualidad

Página12 / Didier Eribon //

Didier Eribon pone el dedo en la llaga: por qué el psicoanálisis tradicional odia la homosexualidad.

En 'Escritos sobre el psicoanálisis', recientemente distribuido por El cuenco de plata, Didier Eribon nos invita a pensar fuera y en contra del marco heterosexista del psicoanálisis lacaniano. Más allá de ese objetivo, su libro es muy rico en observaciones para pensar una política cuir.
Daniel Link | Página12, 2022-05-27
https://www.pagina12.com.ar/423869-didier-eribon-pone-el-dedo-en-la-llaga-por-que-el-psicoanali 

Los libros de Didier Eribon ‘Reflexiones sobre la cuestión gay’, ‘Una moral de lo minoritario’, ‘Regreso a Reims’, ‘La sociedad como veredicto: clases, identidades, trayectorias’ y ‘Teorías de la Literatura: sistemas del género y veredictos sexuales’ (que fue ya objeto de la atención de este suplemento) lo confirmaron como un pensador al mismo tiempo afilado y delicadísimo sobre los asuntos que sus títulos despliegan: las identidades de género y los comportamientos sexuales que se reconocen como disidentes. En ‘Escritos sobre el psicoanálisis’ (El cuenco de plata) continúa y radicaliza sus apuestas previas en ‘Escapar del psicoanálisis’ (2005).

A partir de Mayo del 68, escribe Eribon, Barthes, Deleuze y Foucault (por citar sólo tres ejemplos) se ponen bajo el signo de la resistencia al psicoanálisis, cuando no en una directa confrontación, como es el caso de Deleuze y su socio Guattari, con quien escribe ‘El Anti-Edipo’ y ‘Mil mesetas’, dos armas de destrucción masiva que acaban para siempre con el edificio freudiano y su inventor, al que llaman Coronel Freud.

Ese acontecimiento permitió la aparición de colectivos que desestabilizan el orden patriarcal para siempre. El 68 habilitó la toma de la palabra por parte de los movimientos minoritarios y, en particular, sostiene Eribon, el movimiento homosexual. Dado que, como sostuvo Deleuze en su momento, el psicoanálisis odia el deseo, los “dispositivos colectivos de enunciación” que surgieron por entonces llevó a Barthes, a Deleuze-Guattari y a Foucault a una puesta en entredicho radical del psicoanálisis, de todos sus conceptos y de la teoría del inconsciente, así como de la práctica analítica. “Para decirlo con toda crudeza (ustedes me perdonarán): el movimiento homosexual no solo desafiaba al psicoanálisis, sino que lo tornaba imposible” (126), escribe Eribon.

Nada de eso es demasiado novedoso. La tarea de demolición contra el freudismo estaba ya completamente terminada y lo que Eribon viene a agregar es un rechazo revulsivo al psicoanálisis lacaniano, al que considera sostenedor de una fantasía de exterminio que, justo es decirlo, tal vez merezca algún matiz (pero reivindicamos el gesto de ménade enajenada de Didier, porque hay verdad en los gestos).

Las largas citas que hay en ‘Escritos sobre el psicoanálisis’ para probar el desprecio de la homosexualidad por parte de Lacan, por lo general están articuladas en relación con “la función del Edipo”. Por eso habría que recordar que el mismísimo Deleuze (insospechable de complicidad psi alguna) dijo en su momento que “toda la fuerza de Lacan es haber hecho pasar al psicoanálisis del aparato edipico a la máquina paranoica” (clase del 12/02/1973). En cuanto a las críticas y correcciones de Lacan a Freud, son tantas y tan sutiles que no habría espacio para resumirlas.

No es, pues, tanto Lacan el que quiere corregir a los homosexuales, sino que es la freudiana función del Edipo la que merece todas las críticas que, en efecto, Lacan le formula (y por eso piensa la práctica analítica en otra dirección: “la peste lacaniana”). En la famosa entrevista de la revista Panorama, Lacan subraya que “El análisis empuja al sujeto hacia lo imposible, le sugiere considerar el mundo como es verdaderamente, es decir imaginario, sin significación. Mientras que lo real, como un pájaro voraz, no hace más que nutrirse de cosas sensatas, de acciones que tienen un sentido” y censura una práctica inclinada a “la readaptación del individuo a su entorno social”.

Yo creo que todas las bestialidades que en Francia se dijeron últimamente en contra de los feminismos, la homosexualidad y la transexualidad no tienen, en el fondo, base psicoanalítica sino más bien católica: el catolicismo francés es de una solidez y de una capacidad de exterminio como no lo tiene en ninguna otra parte. Pero admitamos que, a lo mejor, Lacan es un impostor y un reaccionario.

Un debate norteamericano
Más interesante para pensar y para actuar políticamente es la afirmación polémica de Eribon, cuando acusa a sus compañeras de ruta, Judith Butler, Eve Kosofsky Sedgwick y Leo Bersani de haber intentado reconciliar a Foucault (el Bien) y el psicoanálisis (el Mal) cuando en verdad hubiera sido “sin duda más simple, eficaz y productivo –en lo político y lo teórico– recusar lisa y llanamente su pertinencia” (pág. 101) para pensar lo cuir, lo trans, lo gay, lo no binario, en fin: todo aquello que se aparta de lo heterosexual tal y como el psicoanálisis lo había erigido en modelo de lo deseable para el deseo.

Judith Butler, escribe Eribon, no puede decidirse a recusar las categorías del psicoanálisis por completo, “debido a que no pone en tela de juicio la evidencia con la cual esas categorías circulan en el campo universitario e intelectual americano en el que ella está inscripta y donde escribe” (pág. 101).

Los intentos butlerianos de reconciliación de una teoría maniquea, binarista y que “odia el deseo” (Deleuze) y el pensamiento ético de Foucault “equivalen, a mi juicio, a desactivar la fuerza radical del pensamiento de Foucault al querer encontrar un compromiso entre lo que él procura hacer –elaborar otro pensamiento de la subjetividad y la relacionalidad– y lo que procura deshacer: la concepción psicoanalítica del deseo y del sujeto de deseo” (pág. 106).

Así, sin quererlo tal vez, Eribon interroga algunas palabras que hemos incorporado inocentemente a nuestro vocabulario. “Invisibilización”, teniendo en cuenta esas complicidades con el psicoanálisis (aún en sus versiones más silvestres), equivaldría e “represión” y nuestra querida “autopercepción” no sería sino el “Yo” tal y como nos lo revela el registro (psicoanalítico) de lo Imaginario.

Si tuviéramos que recusar enteramente el vocabulario psicoanalítico, habría que desprenderse de ciertas palabras claves (o situarlas, como quiere Eribon, en un contexto sartreano). La “autopercepción como víctima”, por ejemplo, debe entenderse en relación con una dialéctica que inmediatamente percibe a alguien como “victimario”. De modo que la “autopercepción” no sería meramente un asunto de soberanía sino también, y sobre todo, de veredicto sobre los demás (y Eribon nos ha regalado en libros previos una teoría preciosa sobre los veredictos sociales).

De modo que 'Escritos sobre el psicoanálisis', a pesar de sus excesos (o precisamente por ellos) nos permite, más allá de debates escolásticos, pensar en las palabras que usamos para definir nuestro mundo y en lo que queremos ser.

jueves, 12 de mayo de 2022

#hemeroteca #homofobia #psicoanalisis | Escritos sobre el psicoanálisis

Escritos sobre el psicoanálisis / Didier Eribon ; traducción de Horacio Pons.

Buenos Aires, Argentina : El Cuenco de Plata, 2022 [05-12].
288 p.

/ ES / FR* / ENS / REC / Libros / Filosofía / Homofobia / Psicoanálisis / Queer
📘 Ed. Impresa: ISBN 9789874489500
Cita APA-7: Eribon, Didier (2022). Escritos sobre el psicoanálisis. El Cuenco de Plata.
 
[.es] A lo largo de toda su obra, desde ‘Reflexiones sobre la cuestión gay’, de 1999, hasta ‘Principios de un pensamiento crítico’, de 2016, pero ya en la obra biográfica que consagró a Michel Foucault en 1989, Didier Eribon se dedicó a elaborar una teoría histórica, social y política de la subjetividad: se trata de comprender cómo se produce a los individuos y los grupos en su carácter de sujetos sometidos por múltiples formas de dominación, lo que él llama los “veredictos sociales”, y cómo pueden ellos oponer resistencia a los poderes y trabajar por la transformación social. Un enfoque como el señalado no podría desarrollarse manteniéndose simplemente al margen de la doctrina psicoanalítica. Aquel debe entrar en conflicto con esta y poner en tela de juicio no solo sus veleidades normativas y sus tentaciones autoritarias, que están inscritas en su lógica misma, sino también su arquitectura de nociones y su concepción del psiquismo y el inconsciente. A ese esfuerzo por “escapar al psicoanálisis” se consagran los textos reunidos en este volumen.

viernes, 19 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #identidades | Elizabeth Duval: “A las personas trans sólo nos preguntan por nuestra identidad”

Imagen: Presentes / Elizabeth Duval

Elizabeth Duval: “A las personas trans sólo nos preguntan por nuestra identidad”.

La escritora española Elizabeth Duval tiene 20 años y acaba de publicar su tercer libro.
Presentes, 2021-03-19
https://agenciapresentes.org/2021/03/19/elizabeth-duval-a-las-personas-trans-solo-nos-preguntan-por-nuestra-identidad/ 

El periodista Franco Torchia entrevistó a la escritora española Elizabeth Duval para su programa radial “No se puede vivir del amor”, emitido en la Radio Pública de Buenos Aires. Duval tiene 20 años y tres libros publicados, entre poemas, novela y ahora ensayo con “Después de lo trans”, aún no editado en Argentina pero disponible en ebook. Reproducimos parte de la conversación radial.

F: En tu producción escrita, en tu poemario ‘Excepción’, en tu autoficción llamada ‘Reina’ y ahora en este ensayo llamado ‘Después de lo trans’, hay una especie de secuencia, por lo menos desde los títulos, vinculada a lo siguiente: tu tránsito de la excepción al reinado y de allí a este tiempo después, a este después que ¿cómo caracterizarías?

E: Sí que hay una progresión, pero creo que en el caso de ‘Después de lo trans’ lo que marca, aunque no sea en absoluto un ensayo intimista o autobiográfico, es de estar hasta el coño del tema trans. Básicamente porque incluso cuando promocionaba los otros libros, que tenían poco que ver con la cuestión trans, había una especie de morbo mediático. Con lo cual un poco sí que me dije: Voy a dejar este ensayo escrito para casi poder pasar página. Decir: Que me pregunten este 2021, pero ya en 2022 si me vuelven a preguntar sobre lo trans estaré haciendo otras cosas y podré decir “no sabe, no contesta”.

F: Una de las preguntas hacia el comienzo de ‘Después de lo trans’, es: ¿Soy una activista por el mero hecho de existir? Esto se recorre todo tu último trabajo y esto resuena de una manera muy especial en la Argentina en este momento y me atrevería decir en ciertos países de la región. De esa dinámica, en líneas generales, en la Argentina nadie ha logrado salir. Yo quisiera en este sentido citar un ejemplo. Vos leés y citás a Camila Sosa Villada, que ha estado en tantísimas ocasiones en este programa, que es alguien tan importante para este programa y ahora por suerte para la literatura, para la escritura de una buena parte del mundo. Pero quizás sea Camila una especie de ejemplo de esa posibilidad. Luego, no es una posibilidad realmente fortalecida o -voy a permitirme una especie de redundancia- no es una posibilidad muy posible. ¿Por qué?


E: Yo creo que hay mucha gente trans que no puede renunciar, no puede dejar de hacer que se la catalogue constantemente como activista por el mero hecho de existir. Porque básicamente si estás en una sociedad en la cual tu identidad se ve cuestionada, si estás en una posición donde eres una persona trans visible, es muy difícil que deje de ser algo que rompe con los esquemas de la gente el mero hecho que tú existas. Pero es una cosa que cansa mucho y cansa mucho emocionalmente.

Ahora en España estamos asistiendo a los debates por el borrador del anteproyecto de la ley trans, que es una cosa que en Argentina vosotros nos tenéis muy avanzades en ese sentido, ya tenéis parte de ese camino recorrido. Pero aquí en España estamos con eso, y sí que noto que ese debate es una cosa que cansa mucho aquí por el mero hecho de que esa gente trans que no necesariamente tiene una vocación activista se ve obligada a tener que defender algo tan básico, tan fundamental, como su existencia. Pero creo que sí hay algo iluminador en lo de Camila, y es que a ella ahora por el éxito también de Las malas ya no se la toma solamente como referente o activista trans, sino que se valora su literatura como literatura. Eso me parece algo enriquecedor.

Identidades y privilegios


F: En otro momento vos decís en ‘Después de lo trans’, “en cualquier caso soy la anulación de categorías, de formas, de generizar”. Ahora bien, ¿esa anulación es accesible para cualquiera, sentís, o es accesible para aquelles que pueden por ejemplo, hoy, autodenominarse no binaries?

E: Yo esto lo comento luego dentro del ensayo en relación con la posición de Paul B. Preciado. Esta cosa de cómo muchas veces las posiciones aparentemente más transgresoras, como la no binaria, también están posibilitadas por el hecho de vivir en un cierto ambiente cultural, de prácticas artísticas de vanguardia, que ve con mejores ojos esa transgresión. Cuando realmente en aspectos más cotidianos de la vida si intentas conscientemente transgredir de forma constante esa norma -es lo que hablo luego cuando hablo de la violencia correctiva-, te conviertes con frecuencia en un foco mucho más claro de violencia y de castigo, porque aquellos comportamientos que se escapan de esa norma, de esas categorizaciones, se ven reprimidos, se intenta silenciarlos, se ven como algo peligroso. Y creo que es tanto el rehuir de ello, o de intentar anular esas categorías, intentar hacer de lo trans algo menos importante como la asunción de las posiciones aparentemente más radicales, necesitan detrás ciertas estructuras que a veces son estructuras de privilegio. Claramente una persona trans que pueda vivir sin estar siendo recordada por la sociedad constantemente el hecho de serlo, seguramente va a ser una persona trans que no tiene que hacer frente a ciertos problemas de precariedad económica o de clase, o a lo mejor no es una persona trans racializada, a lo mejor se trata de una persona trans que tiene ciertos privilegios estructurales que la permiten asumir esa posición. Así que yo creo que, desde luego, no está al alcance de todo el mundo y que de hecho es una cosa que por ejemplo, en España tenemos que tener en cuenta que no todas las personas trans sufren grados de violencia similares. En otro momento del ensayo hablo de la Veneno, de mujeres trans mayores que por situaciones históricas han tenido que estar muy vinculadas al mundo de la prostitución, de la precariedad, del cabaret, y creo que su sufrimiento no es equiparable al de menores trans que empiezan la transicion a los 12 años, y que pueden vivir vidas más facilmente asimiliables dentro del sistema. Creo que España, por ejemplo, tiene una gran deuda de memoria histórica con esas personas trans más mayores a las que prácticamente el Estado incluso no ha dejado existir.

F: Hay una especie, entonces, de sistema -escrito con s escrito con c-, entre esa imposibilidad de, para las personas trans en general, no poder hacer más que contarse a sí misma, es decir ser -como decís vos en el libro-, los mejores y peores relatores posibles para explicar aquello que les pasa. El hecho de que todo el tiempo la esfera pública condene a las personas trans a contar su pasado, a contar su existenciabilidad, por decirlo con un neologismo, y el hecho de que por el otro lado los activismos siempre estén pataleando con las mismas consignas, ¿establece una especie de laberinto sin salida?

E: Yo creo que en parte sí. Pero seguramente por el hecho de que esas narrativas de lo íntimo, de estar todo el rato explicando o justificando la vida propia, a lo que llevan, igual que llevan algunas estadísticas, es a construir un rol social muy específico para las personas trans que es el rol de víctima. Cuando yo creo que no es tan necesario el rol de la víctima o el rol de aquel que está contando su intimidad para ser reconocido. Creo que podemos ir más allá y asumir que puede haber perfectamente, las queramos más o no, existencias trans casi conservadoras o casi bien asimiladas al sistema. Porque creo que el hecho de hacer como que todas las existencias trans son necesariamente de víctimas o revolucionarias, implica que reconocemos menos aquellas existencias trans de mujeres trans más mayores, hablándolo como diríais vosotros, las travas mayores putas que han tenido que pasarlo mucho peor que las generaciones más jóvenes. Y esa especie tabula rasa lo que hace también es ocultar la violencia o sufrimiento que han sufrido aquellas que han estado en las peores situaciones, y hacer como si todos fuéramos lo mismo. Eso me parece una manera igual, que lo digo en el contexto de la Veneno, de desenfocar las violencias, modificar el foco de esa violencia, que es bastante contraproducente.

“A las personas trans sólo nos han dado arco mediático para hablar de nosotras mismas”

F: Se habla siempre de que les trans deben hablar de les trans. Esto vos lo discutís, y lo discutís largamente en el ensayo -no vamos adelantar todo el contenido de tu libro, claro- pero es una idea que aquí tiene un alcance problemático, y a mi criterio un alcance muy bienvenido. ¿El campo de los interlocutores sobre lo trans debe ser un campo reducido a les trans o no?

E: Diría que no solamente en Argentina tiene un alcance problemático, sino que incluso en España. Y creo que está tan integrada esta idea porque es una consecuencia indirecta o ejerce un poco de causa-consecuencia de esto que comentaba antes, de cómo las personas trans solamente se le dio arco mediático o espacio en la opinión pública para hablar de sí mismas o hablar de aquellos problemas o cosas que les suceden por la diferencia de ser trans. Yo cito estas palabras, en un momento del ensayo, de Pier Paolo Pasolini cuando él crítica la noción de la tolerancia. Dice que nunca existe una tolerancia verdadera, una tolerancia real porque a los ojos de la mayoría -él toma el ejemplo de un hombre negro-, la mayoría es incapaz de olvidarse de la diferencia que les separa, de la existencia minoritaria. Y una consecuencia de eso es que se exige que si las personas trans existen dentro de lo público que todo el rato estén hablando de lo trans. Yo creo que es una tesis que puede ser bastante polémica, que mientras por ejemplo la izquierda esté enroscada en esta posición de decir solamente las personas trans pueden hablar de lo trans, o solamente son interlocutores válidos las personas trans. Mientras estemos en eso se va a seguir exigiendo esta reducción a esa parte propia de la identidad, cuando pueden tocar muchísimos más temas.

Esencialismos y biología

F: Por otro lado vos insistís y mucho en una crítica a los argumentos materialistas de las personas trans o de la transexualidad o del transgénero -por decirlo de una manera bien simple- un materialismo que decís roza mucho con lo religioso. Son sólo les fieles quienes pueden terminar hablando de la experiencia trans, y es en virtud de una especie de esencia entendida como materialidad del cuerpo. Esto, me imagino, resulta todavía hoy en España, y acá también, bastante por lo menos alarmante y provocador.

E: Claro. Y no solamente en relación con la cuestión de lo trans. Recordemos cuando en España se empieza a hacer la defensa de matrimonio para personas homosexuales, muchas veces un argumento al que se apela es esta cuestión del “born this way”, se nace esta manera, es una cosa con la que se nace que se es por un tipo de materialidad biológica, no se puede cambiar y por eso merecemos derechos. Cuando desde las ciencias sociales también -no es una manera en absoluto de quitarle validez a la orientación sexual o a la identidad- hay teorías que dicen por ejemplo: si colocáramos a alguien que en la antigüedad griega consideraríamos como homosexual en la actualidad, no necesariamente sería homosexual ahora mismo y viceversa. Las identidades también están circunscriptas a su momento histórico, a un montón de consideraciones y circunstancias socio culturales que hacen por ejemplo que mujeres trans en la actualidad puedan sentir disforia o incomodidad con tener pelos en las piernas. Pero no es que las mujeres sientan una especie de disconformidad biológica con tener pelos en las piernas, sino que hay toda una sociedad detrás que inculca el mensaje de que tienen que ser impolutas, prístinas. Creo que estos análisis tienen que incorporar la perspectiva histórica, la perspectiva sociocultural y desde luego que puede haber desde la ciencia utilizaciones de lo biológico, pero que la biología en ningún caso es destino.

F: Te dedicás y mucho a la serie Veneno. Como hemos contado en más de una ocasión en este programa la serie no se ha estrenado oficialmente en América Latina aún, pero reviste la particularidad de ser a esta altura una serie muy vista ya, muy consumida por el público que puede llegar a tener. El público que tiene en esta parte del mundo es un público que la serie sin estar estrenada oficialmente ya tuvo, por lo que entendemos de qué tipo de fenómeno estamos hablando, de la serie Veneno sobre la vida de Cristina Ortiz y sobre la vida de Valeria Vegas.

E: Yo creo que lo que ha pasado es que la reacción ha sido bastante positiva. La serie surge y a los pocos meses empieza a debatirse el nuevo borrador que es un avance en los derechos humanos de las personas trans, el borrador de la ley trans, y eso implica una reacción conservadora muy fuerte, muy potente en España, que, claro, la serie por sí misma no es tampoco capaz de reducir. Pero los efectos de la serie, aunque yo me ponga a hacer crítica cultural, a criticarla un poco como artefacto discursivo, yo creo que mayoritariamente son positivos, y que mayoritariamente es un trabajo a alabar.

F: Claro. Para entender efectivamente cuál es esta coyuntura que recién nos mencionabas, Elizabeth, ¿qué implica que todos los discursos sobre lo trans en este momento en España insistan en ese ser que no es hacerse, en ese ser que no es un devenir, en eso del orden de lo identitario en el sentido más restringido posible?

E:. Se induce a una especie de debate que yo creo que puede ser muy tóxico sobre si hay personas que son lo suficientemente trans o no, o quién es verdaderamente trans. Si de repente para ser trans tienes que tener un cierto tipo de cerebro, un cierto tipo de características, tienes que haberlo mostrado desde los 4 años porque sino no eres auténticamente trans. Yo creo que eso es problemático en un momento en que lo que se busca es ampliar los derechos para la mayoría.

Volver al psicoanálisis

F: Hay otro capítulo también que es importante en ‘Después de lo trans’, que es ese capítulo en el que vos te dedicás a describir cuál fue tu intercambio con el filósofo español Paul B. Preciado. En estos días, por esta parte del mundo, se armó una suerte de discusión alrededor de la participación de Paul B. Preciado en una campaña de Gucci. Esto es lo que en América Latina, en esta parte del mundo donde no existe Gucci, no es Europa central ni mucho menos, y si existe, existe en la excepcionalidad total. Esto es lo que impacta. Esto es lo que aquí genera mucho intercambio. ¿Qué te pasa a vos con eso?


E: Jo, fue muy curioso, porque lo de Gucci surgió en plenas revisiones del ensayo y metí como una pequeña coda para mencionarlo. Y eso ha generado muchísimo debate también en Francia, también en España, sobre cómo parte de esa estética queer, subversiva, revolucionaria se ve dentro de una recuperación por parte del lujo o de las empresas hipercapitalistas de la industria de la moda. Había un artículo que me parecía muy fino sobre este tema que publicó una revista en línea francesa que se llama Trou Noir o Agujero Negro y ese artículo respondía a la participación de Preciado en Gucci, haciéndose la pregunta de a qué mundo nos atamos en nuestras luchas, y hablaba también sobre cómo una cuestión fundamental para hacer frente no solamente al cisheteropatriarcado sino también por ejemplo a la dominación capitalista era que esas luchas no se hicieran daño las unas a las otras. O que quizás habría que calcular cuál es el beneficio de que ese mensaje subversivo, revolucionario, de la revolución del deseo, tenga el mismo fin cosmético o estético que el resto de productos, vestimentas, actores guapísimos, ropa de lujo en medio de ese spot publicitario para una marca. Un principio fundamental para articular tanto las luchas LGTBI como la lucha feminista, la antirracista, la lucha contra la dominación capitalista, es reconocerse de igual importancia y sobre todo que esas luchas no se dañen las unas a las otras, que peleen por un mundo compartido en el que nos excluyen.

F: Elizabeth, vos volvés al psicoanálisis y mucho en ‘Después de lo trans’, de hecho uno de los epígrafes del libro es un epígrafe bellísimo de Lacan, citás a Lacan, citás a otro montón de psicoanalistas de todas partes del mundo, muchos incluso norteamericanos. Esto también marca una especie de cambio, porque como vos bien sabés, en buena medida las aproximaciones a las cuestiones vinculadas a lo que entendemos como género en la circulación social de los discursos, en estas últimas décadas han dejado muy de lado a la psicología. ¿Esa es una especie de apuesta también, lo pensaste, es en parte estratégico -como decís que es la identidad trans, identidad trans estratégica-, es en parte estratégico de tu parte, Elizabeth, volver a la psicología?

E: Yo creo que sirve como herramienta explicativa también para sobrepasar esas distinciones tan radicales entre lo biológico, lo natural y lo cultural o lo construido. El psicoanálisis parte también de algunas consideraciones biológicas o naturales para cuestionarlas y de las construcciones. Yo no comparto necesariamente esa idea que le hace Preciado. Me parece que es una herramienta que realmente puede ser muy útil, que no solamente utilizo yo. Sino que por ejemplo Judith Butler en sus ensayos, en sus libros, tiene una influencia lacaniana y post lacaniana muy grande, constantemente referencia a estos conceptos que yo creo que son muy útiles sobre para aquellos temas que tienen que ver con la identidad, con el otro y con la mirada del otro. Fundamentalmente algunas de las recuperaciones que yo hago dentro del ensayo son cuestiones tan francesas como son el psicoanálisis lacaniano y la firmenología.

F: En esa cita de Lacan, Lacan habla de un poema. Y vos a lo largo del ensayo también insistís en la ficción identitaria, algo que a mí me interesa sobremanera, dedicándote a lo de que te dedicás, siendo escritora y ‘Después de lo trans’, y después de ‘Después de lo trans’, entiendo que ese es tu proyecto, seguir adelante con la escritura y con la escritura de ficción o de autoficción. Pero en algún punto eso es lo que también creo que resta absorber, la idea de que toda identidad finalmente es una ficción modificable, borrable, desechable.

E: Sí, desde luego. Y esa cita de Lacan lo encapsula muy bien: Me dicen que soy un poeta, pero no soy un poeta, soy un poema que se escribe. Yo creo que es algo muy importante para tomar cuenta de cómo las identidades son maleables.

viernes, 11 de enero de 2019

#hemeroteca #filosofia #queer | Paco Vidarte y la rebelión de las bestias

Imagen: El Salto / Paco Vidarte y Jacques Derrida, verano 2002
Paco Vidarte y la rebelión de las bestias.
Las herramientas dinamitadoras de Paco Vidarte siguen abriendo brechas allí por donde pasan. Nada es negociable con los opresores, con los autoritarismos, con esos monstruos contemporáneos que nos amenazan desde sus discursos homófobos, machistas, xenófobos.
Carolina Meloni González | El Salto, 2019-01-11
https://www.elsaltodiario.com/laplaza/paco-vidarte-rebelion-bestias-resena-etica-marica 

¿Por qué no pensar que un nuevo tipo de revolución está a punto de hacerse posible...?
Gilles Deleuze

Hay toda una tradición de pensadores que han hecho de la filosofía el arte de demoler sistemas. Frente a los que han sufrido la necesidad o perversión de construirlos, están aquellos que han preferido desmontarlos, removerlos hasta los cimientos, cuestionando sus pretensiones de verdad. De este modo, la historia de la filosofía nos ha legado imágenes nada excelsas ni profundas, pero sumamente potentes sobre la capacidad crítico-destructiva de algunos conceptos. Desde el martillo nietzscheano hasta la palanca deconstructiva derridiana, o aquellos filósofos cartógrafos, arqueólogos, tipo Benjamin o Foucault, que trazan mapas y genealogías insospechadas. Hay, parafraseando a Deleuze, en determinados autores un espíritu sísmico, que nos conmueve y, en definitiva, nos revoluciona. Es precisamente en este grupo, que podríamos denominar “los desmontadores”, donde situaríamos a Paco Vidarte, cuyas herramientas dinamitadoras continúan abriendo brechas allí por donde pasan.

“Esto no es un libro. Es un interruptor. Un dispositivo que corta la corriente. Y a la vez permite que algo se ponga en marcha, que algo se encienda” (‘Ética marica’, 2007). Así comienza el último libro de Paco Vidarte, escrito en apenas tres semanas, durante el mes de junio de 2007, en su casa del barrio madrileño de Lavapiés. Hay en cada una de sus páginas y capítulos una repolitización y resignificación de la rabia y el cabreo como herramientas contrahegemónicas para la lucha y la emancipación.

En su ironía habitual, cuando la enfermedad ya se había manifestado en su plenitud, solo unos meses después de escribir este breve pero intenso manifiesto, Vidarte afirmaba que cierta alteridad amenazante latía ya en él, haciéndola responsable de esa fuerza encolerizada que tiñe todo el libro. ‘Ética marica’ es una bofetada, un cortocircuito que nos advierte de la facilidad con la que podemos deslizarnos en la comodidad de la buena conciencia, en el sopor de la despolitización, mientras los dispositivos de poder y dominación no cesan con su trabajo silencioso, fagocitando y apaciguando todo conato de lucha social.

Tras una década de su muerte, hoy más que nunca se torna absolutamente necesario volver a sus propuestas, a sus textos. Nada cómodo encontraremos en ellos. Si vuestro espíritu humanista está a la búsqueda de cierta comunidad reparadora y conciliadora, no lean a Vidarte. No es el filósofo que necesitan para establecer políticas de la concordia. Ninguna posibilidad de reconciliación, diálogo o negociación con el enemigo hallarán en sus páginas. Por el contrario, es el pensamiento como ametralladora, como barricada y máquina de guerra lo que se nos propone, pensamiento siempre dispuesto a perforar y abrir los muros que se levantan ante nosotros, a resquebrajar y denunciar todos aquellos sistemas de opresión que no dejan de asediarnos y atravesarnos.

También es la resignificación del deseo como flujo perverso, la apropiación y colectivización del culo, del cuarto oscuro, el devenir lumpen, perra, trans, puta o migrante, desmontando toda hipócrita seguridad heteropatriarcal, todo resto de microfascismo que pueda anidar en nosotros. “¡A menear el edificio hasta que le salgan grietas!”, hasta dejarlo en la desnudez de sus ruinas.

La trayectoria política, militante y académica de Vidarte se remonta, sin embargo, a años atrás del archiconocido ‘Ética marica’. Su breve, pero intensa vida, nos ha dejado un conjunto de textos dispersos, pasquines, libros de corte académico y traducciones, cuyas temáticas siempre han girado en torno a tres ejes fundamentales: por un lado, la teoría queer y el feminismo, donde encontraremos al Paco Vidarte más activista, miembro fundamental de la Radical Gai a principios de los años 90 y defensor incansable de los derechos del movimiento LGTBQ (los dos libros escritos junto a Ricardo Llamas, ‘Homografías’ y ‘Extravíos’ son un claro ejemplo de esta etapa; así como los primeros cursos de Teoría Queer en la UNED, gracias a los cuales se introdujo en la academia un saber tan poco aceptado por la misma); por otro, la deconstrucción derridiana y el psicoanálisis, en los que se consolida la figura del académico, reconocido internacionalmente sobre todo en Francia y Latinoamérica, por su contribución al pensamiento francés contemporáneo.

En torno a estos ejes, realizaremos un breve repaso por sus obras y pensamiento, intentando rescatar de las mismas su capacidad incesante para generar espacios de crítica, de lucha y de resistencia.

Cadencias derridianas
A mediados de los años 90, un jovencísimo Vidarte, recién licenciado de la Universidad de Comillas, decide continuar sus estudios de doctorado en la UNED. Allí, tomaría contacto con dos figuras que iban a marcar tanto su trayectoria académica como filosófica: Cristina de Peretti y José María Ripalda. A través de Peretti, y su seminario de investigación sobre Derrida, Vidarte se inicia en los textos del argelino, realizando su tesis doctoral sobre el mismo, tesis que sería publicada años después en la prestigiosa editorial francesa L’Harmattan, bajo el título de ‘Derritages -Une thèse en decontruction’. La alianza Peretti-Vidarte nos dejaría como legado las más cuidadas traducciones de un autor como Derrida, cuyo pensamiento y trabajo en el lenguaje no supone un territorio sencillo para el traductor, situándolo siempre en los confines mismos de lo intraducible.

La deconstrucción atravesaría a Vidarte como a un ‘subjectile’ mismo, se haría carne en él y solo se comprenden sus lecturas desde esa escritura en la piel misma, perforada, horadada, por la huella, la grafía, el texto y el injerto. ‘Ça se déconstruit’: literalmente, ello tiene lugar, se produce, acontece. Y en esta implicación tanto personal como filosófica, resulta de extremada importancia ese breve texto titulado “Jacques Derrida: ‘ora pro nobis’”, en el que, en un tono confesional algo extraño en él, Vidarte toma distancia y genera un debate político tanto con el pensamiento de Derrida, como con el propio Ripalda, quien afirmaba su desencanto ante las posibilidades de la filosofía de intervenir en la realidad.

Late en el texto en cuestión la necesidad de repolitizar un discurso filosófico que, desde sus inicios, había sufrido el estigma de la despolitización. En los círculos filosóficos franceses, la obra de Derrida había sido tachada de mero juego lingüístico, demasiado esotérico y oscuro, a la par que inoperante como propuesta para una transformación social. El propio Vidarte es consciente de esas limitaciones deconstructivas y termina afirmando la radical escisión que se produce entre la deconstrucción y la realidad; incluso, entre la propia deconstrucción y la militancia LGTBQ. Y, a pesar del llamado “giro político” de Derrida, producido a finales de los 90 tras su relectura espectral de Marx, Vidarte no ve en estas obras la posibilidad fáctica de una intervención política.

Y es precisamente ahí, en esa imposibilidad, en esa aporía misma, donde tiene lugar el giro ético-político del propio Vidarte, quien va a retomar los caminos de la teoría queer y de cierto feminismo para revindicar otras subjetividades, otros lugares de resistencia, siempre inhabitables, marginales e innombrables. ‘Ça se déconstruit’: algo se deconstruía, algo acontecía en su propio pensamiento. Como un síntoma inmanejable que comenzaba a manifestarse. Paralelo a estas repolitizaciones y resignificaciones, no debemos olvidar que uno de los núcleos de análisis más trabajados por Vidarte, núcleo que a su vez vendría a reforzar su rendición de cuentas con la deconstrucción, es el psicoanálisis.

El amigo del psicoanálisis
Afirmaba René Major que no hay Derrida sin Freud, pero tampoco hay Vidarte sin este complejo cruce entre deconstrucción y psicoanálisis Al igual que el propio Derrida, que llegó a autodefinirse como “amigo del psicoanálisis”, la relación o alianza entre Vidarte y los textos freudianos-lacanianos, pasados por el tamiz de la deconstrucción, tuvo también la forma de una verdadera alianza. Alianza y amistad tejida, además, con psicoanalistas de la talla de Roudinesco, el propio Major o Marguerite Derrida.

Debemos a Vidarte no solo las traducciones más acertadas de aquellos textos derridianos dedicados al psicoanálisis, como es el caso de ‘Mal de Archivo’ (1997), sino también, sus propias lecturas de la compleja relación entre Derrida y Lacan, o sobre la pulsión de muerte y la repetición, ambas presentes, a veces de manera amenazadora, en la propia lógica de la deconstrucción y su tendencia a la parálisis o aporía; sin olvidarnos de su relectura del síntoma como lo que acaece, como aquello que literalmente nos cae, nos tumba, como un verdadero acontecimiento, retomando toda la importancia del porvenir y del ‘évenement’ en la obra de Derrida. Y en estas contigüidades deconstructivo-psicoanalíticas, Vidarte supo ver la potencialidad política de determinados conceptos, como es el caso del resto, de lo inasimilable o indigerible que, bajo la forma de una resistencia transformadora, posee una capacidad de intervención efectiva en un campo de fuerzas. De este modo, el resto derridiano-freudiano será investido por las categorías de clase, raza, género y orientación sexual, siendo todo aquello que un sistema hegemónico expulsa, segrega y desecha.

Devenir horda
Quizás no sea arriesgado por nuestra parte afirmar que su formación clásica y su profundo conocimiento de la filosofía greco-latina hizo que en sus últimos escritos a Vidarte se le viera el plumero (que no la pluma, la cual nunca estuvo oculta ni armarizada). Hay en ese manifiesto político de la rabia, asediado por la inminente enfermedad, un retorno a la tradición del êthos más pura. Hay también un afán de volver a pensar el relato de la polis, para analizar y cuestionar el espacio político, entendido como un espacio de violencia y segregación de determinados cuerpos, sujetos y deseos. Asimismo, encontramos una reivindicación del ‘êthos’ que se hace en las plazas, en las calles, en los mercados, dejando de lado cualquier deseo de universalización de los principios morales. Un êthos, en definitiva, molecular, minoritario y alternativo como herramienta de contrapoder frente a las pretensiones fundamentadoras y, por ende, excluyentes de la Ética con mayúsculas.

Retomando la sentencia aristotélica, que dejaba fuera de la polis a las bestias y a los dioses, Vidarte se hace eco del rumor de esas bestias, de las anomalías y las abyecciones que habitan los no-lugares de lo político. Y, desde esa inhabitabilidad, desde esa precariedad endémica a la que han sido condenadas determinadas vidas, se denuncia el hecho de que la polis se haya erigido sobre la base de la marginación y exclusión de aquellos seres indigeribles para el sistema. En este sentido, afirma de manera rotunda, existe “una responsabilidad inalienable por todos aquellos a los que la lucha por nuestros derechos ha excluido, silenciado, pisoteado y mantenido al margen de cualquier mesa de negociación” (‘Ética marica’, 2007).

El resto disidente, inadmisible e indecente, aquel que tanto había analizado Vidarte en sus lecturas deconstructivas-psicoanalíticas, cobra forma en la tradición de los parias, de las precarias, de la subalterna, la puta, la trans, la marica o la bollera atravesadas y desposeídas, condenadas a habitar esos espacios de segregación, marginación, violencia y exclusión social. Por ello, la única justicia posible, la única ética defendible, afirma, “es aquella que nace de las calles, de las pateras, de las barricadas, de las plazas, de la opresión, de unas nalgas desnudas”. Lejos queda ya el mantra de esa “justicia por venir” derridiana, ante esta justicia que baja a lo material, puesto que como afirma Federici, solo es posible modificar nuestras condiciones de existencia cuando se cuestionan de raíz las condiciones materiales de las mismas.

Poco a poco, las metáforas dinamitadoras dan paso, en sus últimos textos, a las animalizantes: las maricas perras, los chuchos callejeros, los parias de la tierra, dan paso a una política cínica, de aquellos que como Diógenes se atreven a plantar cara al Imperio, riéndose de sus mediocres estratagemas de seducción. De ahí que el término “horda”, de corte más freudiano, sea para Vidarte mucho más interesante políticamente que la multitud de Negri-Hardt. La horda posee ese sesgo de barbarie o primitivismo que la hace indomable, sin jerarquía posible, sin ley ni disciplina, como esos perros callejeros que tanto le gustaban y que supo resignificar. La horda de bárbaros no negocia ni claudica. Nada es negociable con los opresores, con los autoritarismos, con esos monstruos contemporáneos que nos amenazan desde sus discursos homófobos, machistas, xenófobos. “La revolución —afirma Vidarte— no es una cena entre amigos. Ni la negociación política tampoco. Sobre todo en una situación de subordinación, dominación, discriminación y opresión, históricas, seculares y perfectamente actuales, cotidianas”.

Afirmaba Deleuze que concebía la historia de la filosofía como una especie de sodomía: ciertos autores, al leerlos, nos dan literalmente por culo, nos hacen temblar, gozar, produciendo todo tipo de descentramientos, placeres perversos, deseos inconfesados. ¿Se atreverán a dejarse visitar y conmover por los flujos vidartianos y sus revoluciones insospechadas? Acercarse a sus textos supone sucumbir a esa corriente eléctrica, a cierta intensidad que nos contamina hasta el tuétano. Nadie sale indemne tras su lectura.

Carolina Meloni González. Profesora de Ética y Pensamiento Político. Universidad Europea de Madrid.

lunes, 24 de abril de 2017

#hemeroteca #libros #feminismo | Siri Hustvedt: "A un hombre siempre le resulta castrador dar autoridad a una mujer"

Imagen: El Diario / Siri Hustvedt
Siri Hustvedt: "A un hombre siempre le resulta castrador dar autoridad a una mujer".
La autora estadounidense regresa con ‘La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres’, un ensayo que retrata a partes iguales su interés por el arte, la neurología y el pensamiento literario. "Me parece una locura que alguien considere feminista a Picasso".
Lucía Lijtmaer | El Diario, 2017-04-24
http://www.eldiario.es/cultura/entrevistas/Siri-Hustvedt-entrevista_0_636587028.html

La primera vez que veo a Siri Hustvedt está enmarcada en un portal. Sentada en plena calle, posa con la madurez de los escritores de éxito que son a su vez respetados por crítica y público. La fotógrafa dispara y la escena adquiere un tono simbólico: miro a Siri Hustvedt mirada por una cámara. Las mujeres que miran a las mujeres, pienso, un trasunto de su último libro, 'La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres' (Seix Barral), donde desgrana una serie de ensayos que mezclan sus disciplinas favoritas, arte, ciencia y análisis literario.

La carrera de Hustvedt se despliega especialmente desde 2003. Pese a haber escrito y estudiado diversas disciplinas desde hace más de treinta años, fue con la novela 'Todo cuanto amé' cuando llamó la atención del gran público. Desde entonces, el sempiterno título de 'mujer de Paul Auster' dejó de rondarle con tanta frecuencia, especialmente tras la publicación de 'Elegía para un americano' y 'El verano sin hombres', en los que amor, desamor y los tránsitos de la enfermedad mental la hicieron mundialmente conocida.

Ahora, el regreso de Hustvedt se muestra como un complemento de sus intereses: habla con el mismo entusiasmo y humor sobre migrañas, modelos computacionales y feminismo, todos elementos presentes en su último libro, que presenta en plena vorágine editorial del Día del Libro.

Su último libro es extraño puesto que no es confesional, pero sí tiene algo muy personal. Por ejemplo, el psicoanálisis se pone en valor después de mucha desvalorización por parte de la ciencia.

Soy de un grupo de neuropsicoanálisis desde hace diecisiete años. Una de las premisas es que muchas de las tesis de Freud han sido confirmadas por la neurociencia. Él estudió neurología, era científico, escribió un libro maravilloso sobre la afasia. Creo que se trata de una unión interesantísima. Hay psicoanalistas hostiles a la idea de una unión con la neurociencia, mientras que los neurocientíficos suelen ser más abiertos porque han sido declarados los jefes de la cultura. Se pueden permitir ser benevolentes con los psicoanalistas, que han sido marginados y tienen una posición mucho más difícil.

Usted lo usa varias veces a lo largo del libro para hablar de su propio análisis y cómo le ayuda a escribir.

Se trata de una respuesta poética, pero también analítica a mi propio psicoanálisis que fui adaptando con distintos grupos terapéuticos cuando me pedían que diera conferencias. Pese a que había leído y estudiado psicoanálisis desde la adolescencia, especialmente a Winnicott, lo que me fascinó fue que cuando realicé mi análisis, mi conocimiento previo no fue significativo ni útil. Y no entiendo por qué ese proceso, que es una forma de diálogo, ha sido una gran liberación en mi vida. ¡No entiendo por qué! Pero es así [ríe].

Podría ser porque le obliga a verse desde otro lugar, desde otra perspectiva, que es exactamente lo que hace usted al examinar algunas obras de arte en el libro.

Es verdad. La imaginación es un vehículo para habitar al otro, pero también para habitar otras formas de conocimiento. Puede tratarse de otra disciplina, pero también de otra persona.

El ensayo que da título al libro trata una obra de Picasso, ‘Mujer que llora’, y sirve para explorar cómo las mujeres son vistas en el arte y cómo se crean y centran los discursos alrededor de su percepción. ¿Sabía usted que la última exposición sobre Picasso en Madrid le interpreta como feminista?

Me parece una locura que alguien considere feminista a Picasso. No sé cómo pueden decir eso. He leído muchísimos libros sobre Picasso, la biografía de John Richardson y varios otros. Que no sea feminista no devalúa en nada su obra, y se puede admirar igualmente.

Picasso, para mí, siempre ha sido un innovador estilístico, pero sus sujetos son siempre muy tradicionales, muy clásicos, aunque luego los deconstruyera. Lo comenté con un especialista en Picasso: para él, las mujeres eran objetos sexuales y simbólicos. La subjetividad femenina aparece a veces, por ejemplo, con algún retrato de su esposa, donde se ve que le interesa su vida interior. Pero ¿Picasso feminista? ¡Es absurdo!

La exposición comisariada por Anne Wagner habla de que las mujeres se usan en su obra como armas.

Ah, lo pillo. La pintura se "resignifica", como dicen ahora. Y las mujeres en la guerra también son vistas como víctimas. Tampoco me parece una posición feminista, qué quieres que te diga [ríe].

Su libro también trata a los hombres que no dejan hablar a las mujeres: usted describe un caso muy concreto durante un panel en una universidad. No dejaron hablar a una mujer, aunque de manera sutil. Pero no le dejaron hablar.

Sí, ¡aquella fue una situación terrible! Éramos tres mujeres en un grupo de 15 personas. Fue extraordinario ver cómo sucedía. En ese seminario, a mis 62 años yo era la más joven. Y estos hombres simplemente no veían lo que le estaban haciendo a esa persona. No le dejaban hablar.

¿Qué le parecen los libros que se están escribiendo alrededor de esta temática, como 'Los hombres me explican cosas', de Rebecca Solnit?

Yo tengo una posición mucho más teórica, pero Solnit tiene razón. En mi ensayo sobre Karl Ove Knausgard lo interpreto como un problema de emasculación. Como los hombres se valoran de acuerdo al valor que les otorgan otros hombres. Las mujeres pueden ser ignoradas, incluso aquellas que no son especialmente tímidas. He estado en muchísimas conferencias en las que las mujeres son tímidas y no insisten en sus argumentos. Pero esta persona sí lo hacía y no le dejaban existir.

Su descripción de la situación provocaba furia al leerla.

Lo sé, pero el humor es un buen arma. O te lo tomas como algo absurdo o te enfadas. Por supuesto, cuando lo ves sientes muchísima rabia, pero puedes elegir como tratarlo [ríe].

El ensayo sobre Karl Ove Knausgard es extremo, resume cómo las mujeres son invisibles en literatura porque se consideran un nicho y no suponen competencia para un autor como él.

Yo no creo que Knausgard piense que las mujeres no sepan escribir. Creo que cuando le entrevisté me dijo algo que muchos hombres en literatura sienten: que compiten con otros hombres y que las mujeres, aunque sean brillantes, no son parte del juego. Ese es un problema enorme y suele ser verdad. No se trata de un ataque, quiero entender por qué pasa.

Por ejemplo, cuando un hombre quiere que le firme el libro inmediatamente dice que es para su mujer y que él no lee ficción. A un hombre siempre le resulta castrador dar autoridad a una mujer, es una cuestión de autoría.

De la misma manera, usted alude a un estudio de Goodreads que incide en como los hombres no leen a mujeres y que por tanto siempre son categorizadas como "literatura femenina".


Eso es muy común. Las artes se consideran espacios femeninos y la ciencia masculina. Me suele pasar que los hombres leen mi no ficción y las mujeres mis novelas. Soy un sujeto escindido [ríe].

Además, cuando las mujeres crean personajes, inmediatamente son percibidas como el personaje de sus novelas. Toda novela escrita como mujer se percibe como autobiográfica.

Cuando no escribes literatura confesional, creen que sí lo haces. Siempre pasa, ¡aunque te lo hayas inventado todo! Cuando escribí ‘El verano sin hombres’ todo el mundo incluidos mis amigos pensaron que estaba sufriendo una crisis matrimonial. ¡Y no era así! ¡Simplemente me lo inventé! En cambio, cuando un hombre escribe una y otra vez la misma historia, y es siempre autobiográfica y estupenda, se les lee de otra manera.

Me resulta extrañísimo que se reduzca todo a la autobiografía. Mi conclusión es que el hecho de que la mujer tenga imaginación es siempre problemático.

Su ensayo sobre el porno y Susan Sontag activa la idea de lo radical. Algunas feministas son muy contrarias al porno.

No soy una gran consumidora, como explico en el texto. Lo que no entiendo es que la gente lo considere aburrido o que no les excite. Me sorprende muchísimo, a menos que hablen de algo violento, que sí queda fuera de mi espectro erótico. Pero si se trata del debate feminista, soy de las defensoras de la pornografía, evidentemente siempre que se trate de adultos que la realizan de forma consentida.

Su libro tiene algo de gabinete de curiosidades decimonónico, con un montón de compartimentos que dialogan. A usted le obsesiona la pregunta de por qué no se comunican arte y ciencia. ¿Es el conocimiento demasiado estanco en la actualidad?

El diálogo ha aumentado porque ciertas disciplinas han asumido que necesitan aire, y que ese aire puede venir de otras disciplinas. En las humanidades se han adoptado algunas ideas científicas para los estudios literarios, con mayor o menor éxito. Hay algo de diálogo y charlas interdisciplinares pero son pocas. Yo puedo permitirme el lujo de leer sobre muchísimas cosas porque no tengo que ocuparme de escribir trabajos académicos para mantener mi posición en una universidad, pero es muy poco común.

Usted habla de como la especificidad de internet tiene algo que ver con eso.

La gente sabe más y más sobre menos y menos cosas. Y el conocimiento compartido es prácticamente inexistente. En algunos espacios puedes citar argumentos filosóficos muy importantes y nadie sabe de qué estás hablando.

En el ensayo ‘Historia de los peinados’ realiza una labor antropológica: el pelo se usa como marca de género, pero también como un espacio psicoanalizable de sus propias fábulas y relatos.

Sí, está en el centro de todo. Al fin y al cabo "trenzar" es una metáfora muy antigua para el verbo narrar. La rueca en la mitología noruega se relaciona con narrar. La historia de Rapunzel me fascina. Es maternal, trata sobre el amor de una madre, que más adelante se sustituye: hay una madre original y una sustituta, algo clásico de las fábulas.

He leído que también le obsesiona Goya.

Sí, no puedo parar de mirar sus cuadros.

Y encontró una cara en uno de ellos, ‘Los fusilamientos del Dos de Mayo’.

Sí, los historiadores del arte no están muy contentos con eso. Me pasó también con un cuadro de Vermeer, encontré un pequeño huevo que nadie había visto en ‘La muchacha del collar de perlas’, lo que le daba un nuevo significado como pintura de anunciación. Ahora se la considera como tal, pero nadie me reconoció el mérito.

¿No?

Sé que publiqué sobre eso antes que nadie, pero ya se sabe cómo son los amantes de las jurisdicciones [ríe].

viernes, 9 de diciembre de 2016

#hemeroteca #psicoanalisis | Freud y Jung: La extraña pareja

Imagen: El País / Sigmund Freud y Carl Jung con otros psicoanalistas
Freud y Jung: La extraña pareja.
El primer encuentro entre ambos tiene lugar en Viena en 1907, donde conversan sin interrupción durante 13 horas.
J.A. | El País, 2016-12-09
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/12/09/babelia/1481283806_732274.html

Cuando el joven Jung lee los primeros trabajos de Freud sobre los sueños, enseguida reconoce al maestro que abre un camino inédito en la investigación de la mente. Su primer encuentro tiene lugar en Viena en 1907, conversan sin interrupción durante 13 horas, pero no acaban de entenderse. Freud ve en el trauma sexual la causa única de la represión, mientras que el discípulo ya ha tenido ocasión de examinar neurosis en las que la sexualidad desempeña un papel secundario comparado con el estrés económico, las aspiraciones profesionales o la adaptación social. La conversación se tensa, cruje la madera, pero Freud se resiste a admitir otros factores que no sean los sexuales. No obstante, Jung se declarará públicamente a su favor, a sabiendas de que Freud ya es persona ‘non grata’ en el mundo académico. Tiempo después describirá lo importante que era la teoría sexual para el padre del psico­análisis. Desde su perspectiva, cualquier tipo de espiritualidad dejaba entrever una sexualidad reprimida. “Cuando hablaba del tema, su voz se hacía imperiosa, casi angustiosa, y ya no se percibía ese escepticismo que mostraba con otros asuntos”. Para Freud su teoría no sólo era un ‘numinosum’, sino el bastión contra la negra avalancha del ocultismo y la parapsicología. Aunque le gustaba hacer gala de su irreligiosidad, había convertido la libido en el nuevo ‘deus absconditus’, científicamente irreprochable y libre del lastre religioso.

Jung nunca aceptaría esa idea. La sexualidad era demasiado simple para explicar la complejidad de la psique. Lo que emerge del inconsciente puede ser sublime y rastrero. “Si Freud hubiera admitido que la sexualidad era numinosa (es un dios y un diablo), no hubiera terminado encerrado en la estrechez de un concepto biológico”. La psique para Jung no era algo que pudiera dividirse, tampoco se la podía reducir a lo orgánico, o a alguna de sus partes, como pretendía hacer Freud con la libido. Lo numinoso conduce a extremos, ese es su peligro intrínseco. Jung había crecido entre campesinos y sabía muy bien que las berzas crecen sobre el estiércol, eran las gentes de la ciudad las que no conocían el establo humano. Freud le había enseñado a mirar con los ojos del enfermo, le había mostrado que todo el mundo tenía algo de neurótico, pero también que él mismo no había logrado resolver su propia neurosis.

Y TAMBIÉN…
En la mente de Carl Jung.

El final de las obras completas del padre de la psicología profunda coincide este año con la conmemoración del centenario de su aportación más célebre al siglo XX, el inconsciente colectivo.
Juan Arnau | El País, 2016-12-09
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/12/09/babelia/1481283788_980535.html

viernes, 6 de mayo de 2016

#hemeroteca #psicoanalisis | Freud: El fantasma de la calle Berggasse 19

Imagen: El País / Ilustración de Ralph Steadman, 'Sigmund Freud'
Freud: El fantasma de la calle Berggasse 19.
El psicoanálisis freudiano no ha tenido el menor efecto en la neurociencia actual: es otra teoría estéril para la ciencia.
Javier Sampedro | El País, 2016-05-06
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/05/05/babelia/1462444343_344739.html

Si el portal más real de la ficción es el 221B de Baker Street, donde Sherlock Holmes atendía a sus pintorescos clientes, el más ficticio de la realidad es el 19 de la calle Berggasse, donde Sigmund Freud trató a los suyos, durante medio siglo que cambió el mundo y nuestra concepción de él, y también nuestro conocimiento del cerebro y de la mente, que al final han resultado ser la misma cosa. Examinemos aquí tres términos, o conceptos si nos ponemos pomposos, que se asocian a Freud como las dos mitades de un velcro: el significado de los sueños, el poder del inconsciente y el valor clínico del psicoanálisis, los tres lemas o consignas freudianas que prometieron abrir un continente a la vida intelectual del siglo XX.

Los sueños son sin duda un tema sexy. No solo han inspirado grandes obras literarias o artísticas, sino también hipótesis científicas tan terrenales como el anillo de benceno (un avance esencial de la química orgánica, soñado por Kekulé). Freud utilizó los sueños como una especie de droga psicotrópica, una sonda para acceder a los estratos ocultos de la mente de sus pacientes, a su pensamiento automático y libre de la represión defensiva, al tipo de cosa que leemos en el monólogo interior de Joyce. Una gran idea.

En ciencia, sin embargo, las ideas son baratas. Por muy brillantes que sean, solo sirven si son correctas: si salen indemnes de su confrontación con la realidad; y más aún, si resultan fructíferas y conducen a nuevos resultados prácticos, y también a nuevas ideas correctas. Ahí está la verdadera dificultad de la práctica científica, en que sea práctica. Y ahí es donde Freud, uno de los grandes cerebros del anterior cambio de siglo, patina de forma estrepitosa.

Los físicos dicen que hay teorías correctas, erróneas y “ni siquiera erróneas”. Con su característica mala uva, quieren destacar así que la gran mayoría de las ideas sobre el mundo son perfectamente inútiles, porque no proponen un modelo que se pueda demostrar cierto o falso por la observación o el experimento, sino una divagación tan arbitraria o confusa que no merece la pena ni remangarse para refutarla. A esta categoría pertenece la interpretación de los sueños que Freud publicó hace un siglo y pico: la de las ideas que ni siquiera son erróneas.

Seguimos sin saber qué significan los sueños. Sospechamos que no significan gran cosa, pero la neurociencia no lo ha podido demostrar aún. Hay indicios de que el cerebro no para quieto por la noche, de que su actividad automática sigue intentando resolver lo que el día se ha dejado pendiente, despejar la incógnita, resolver el enigma. Ninguno hay, sin embargo, de que nada de ello tenga relación con la histeria, la psicosis o los deseos reprimidos de la mente infantil. Yo creo que la ciencia logrará interpretar los sueños en algún momento no lejano, pero tengo la fuerte impresión de que haber deseado a tu prima cuando eras niño no será la explicación. Vuelvan a preguntarme en diez años.

De los tsunamis de tinta que ha vertido el psicoanálisis, pocos mililitros habrán salido de la ciencia. Si Freud levantara la cabeza y tuviera que vivir de las citas que los neurocientíficos actuales hacen de sus artículos, se volvería a la tumba muerto de hambre sin poder ni pagar la recaída en sus famosas adicciones. El psicoanálisis freudiano no ha tenido el menor efecto en la neurociencia actual: es otra teoría estéril para la ciencia, otra de esas ideas “ni siquiera erróneas” que tanto aborrecen los físicos.

Tal vez la gran idea de Freud es la del subconsciente, y ahí sí que podemos decir, con la mejor ciencia disponible, que acertó de pleno. Los neurólogos saben hoy que la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral está ocurriendo continuamente sin que seamos conscientes de ello: que nuestra consciencia, eso que llamamos ‘yo’, no es más que un pasajero que viaja asomado a la proa de un transatlántico sin la menor noción de la maquinaria prodigiosa que tiene bajos sus pies.

Si eso es freudiano, todos lo somos, amigos, aunque no lo sepamos.

#hemeroteca #psicoanalisis | Sigmund Freud, el hombre que quiso dar significado a nuestros sueños

Imagen: El País / Sigmund Freud
Sigmund Freud, el hombre que quiso dar significado a nuestros sueños.
Hoy se cumplen 160 años del nacimiento del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Sus teorías fueron tan revolucionarias como controvertidas.
David Bernal | El País, 2016-05-06
http://elpais.com/elpais/2016/05/06/ciencia/1462485695_761256.html

Las personas somos como un iceberg del que solo se ve la punta. Todo lo que hay bajo el agua es nuestro subconsciente, un montón de deseos y traumas que reprimimos pero que son los que dan forma a nuestros sueños. El hombre que vislumbró esta teoría tan comúnmente aceptada fue Sigmund Freud, el llamado padre del psicoanálisis, un neurólogo que nació un día como hoy hace 160 años y cambió nuestra forma de pensar con conceptos como narcisismo, pulsión de muerte o complejo de Edipo. Fue una de las figuras más controvertidas e influyentes del siglo XX.

Sigmund Freud nació en 1856 en una ciudad de la República Checa en el seno de una familia judía con grandes dificultades económicas, lo que no impidió que ingresara en la Universidad de Viena, ciudad donde llegó a los tres años y pasó la mayor parte de su vida. Tras graduarse como médico en 1881 se centró en la investigación de las propiedades anestésicas de la cocaína, lo que provocó su primera polémica, ya que según se desprende de algunas correspondencias provocó la adicción de un amigo al que quería curar (e incluso la suya propia).

Tras casarse con Martha Bernays, el amor de su vida, Sigmund Freud montó en 1886 una clínica privada donde aplicó la hipnosis en el tratamiento de la histeria que había estudiado en París e incorporó el método catártico de su mentor Josef Breuer. Pero poco a poco lo fue abandonando y lo reemplazó por la asociación libre y la interpretación de los sueños, germen de una nueva forma de entender al hombre: el psicoanálisis.

La interpretación de los sueños, publicada en 1899, es la obra más importante y conocida de Sigmund Freud. En ella se sientan las bases del psicoanálisis, un método terapéutico al que poco a poco se fueron sumando más adeptos, pese al recelo que despertó en una parte de la comunidad científica, que lo consideraban una especie de filósofo que replanteó la naturaleza humana y ayudó a derribar tabúes, sobre todo sexuales, pero nunca un médico. Su objetivo era mover todos esos pensamientos, sentimientos y deseos reprimidos del subconsciente (lo que hay debajo del agua) al consciente (la punta del iceberg).

Aparte de sus revolucionarios conceptos del inconsciente, deseo inconsciente y represión, Sigmund Freud dividió la mente en tres partes: el ello, el yo y el súperyo. También definió el Eros o pulsión de vida y el Tánatos o pulsión de muerte. Y desarrolló un método psicosexual que -pese a ser criticado por relacionar la sexualidad con conceptos como incesto, perversión y trastornos mentales- incorporó teorías como el complejo de Edipo y derribó tabúes en una sociedad todavía enfermiza y reprimida.

Pese a lo cuestionado que fue por algunos compañeros, la influencia de Sigmund Freud en la filosofía, la política, el lenguaje y el arte del siglo XX es incuestionable. Sin él no podría entenderse la obra de artistas como André Bretón o Dalí y cineastas como Buñuel, Hitchcock o Woody Allen, que con su cine ha modelado la imagen que tenemos del psicoanálisis: un hombre contándole su vida a su terapeuta desde el confort de un diván.

Sigmund Freud fue controvertido hasta el último día de su vida. En 1938 fue declarado enemigo del Tercer Reich y tuvo que huir a Londres. Sus libros fueron quemados públicamente y sus hermanas (tenía cinco) fallecieron en los campos de concentración. Murió un año después por culpa de un cáncer de paladar que le provocó su afición al tabaco. Su médico le suministró tres dosis de morfina y se sumergió, para siempre, en el mar de su subconsciente. Un pequeño cráter en la luna lleva su nombre.

lunes, 28 de marzo de 2016

#hemeroteca #psicoanalisis | Miquel Bassols: “Freud era un misógino, pero se dejó enseñar por las mujeres”

Imagen: El País / Miquel Bassols
Miquel Bassols: “Freud era un misógino, pero se dejó enseñar por las mujeres”.
Es presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, una organización de referencia para los estudiosos de esta disciplina.
Ángela Molina | El país, 2016-03-28
http://elpais.com/elpais/2016/03/21/eps/1458559714_764015.html

Debe de ser un ritual en la consulta de todo psicoanalista, pues igual que Freud tenía en la entrada de su estudio vienés un perchero con un sombrero, un bastón y un maletín, como si acabara de llegar o estuviera a punto de irse, en el de Miquel Bassols (Barcelona, 1958) encontramos además fotografías, bibelots de sus viajes y una gran biblioteca con los escritos de los fundadores de la nueva ciencia. Gran lector de poesía –Lezama Lima, Valente, Ferrater–, de literatura científica y neurociencia –Feynman, Poincaré, Damasio– y de la lucha social de las mujeres en el islam –Fethi Benslama, Ayaan Hirsi Ali–, Bassols se define a sí mismo como “un investigador en psicoanálisis que intenta ayudar a las personas a leer sus síntomas”.

¿Tuvo el psicoanálisis un momento iniciático, un ‘big bang’?
Nació a finales del siglo XIX del encuentro de Freud con algunas mujeres que sufrían de síntomas histéricos. La inventora fue una mujer que le dijo a Freud: “Calle un poco, escuche lo que me hace sufrir y no puedo decir en otra parte”.

Esto explicaría la supuesta misoginia del austriaco cuando afirma: “La mujer es un hombre incompleto” o “La mujer tiene envidia del pene”.
Freud, fruto de su tiempo, era un misógino contrariado, así como hablamos de un zurdo contrariado. A la vez, se dejó enseñar por las mujeres. Le dio la palabra a la mujer reprimida por la época victoriana y planteó la pregunta: ¿qué quiere una mujer?, más allá de las convenciones del momento. Terminó admitiendo que la sexualidad femenina era un “continente negro” cuya topografía desconocía. En todo caso, no quedó satisfecho con la respuesta que puede tranquilizar, hoy incluso, a las buenas conciencias de la igualdad cuando afirman: “No quiere nada distinto que un hombre”. Toda reivindicación de igualdad debe tener en cuenta la asimetría radical que existe entre los sexos, incluso la imposible reciprocidad cuando se trata de sus formas de gozar, del goce sexual en primer lugar. Freud fue el primero que intentó elaborar una teoría de esta asimetría, una teoría que han seguido varias corrientes feministas. El goce femenino sigue siendo hoy rechazado, segregado de múltiples formas.

¿Se refiere a la violencia machista?
Por ejemplo. La violencia contra las mujeres es una verdadera epidemia de nuestro tiempo. Se es misógino de una manera similar a la que se es racista, por un rechazo de la alteridad, de otras formas de gozar que nos parecen extrañas y que intentamos reducir a una sola forma homogénea y globalizada. Y de esta nueva misoginia no se sale tan fácilmente. Cualquier empresa educativa parece aquí destinada al fracaso. El inconsciente, esa alteridad radical que produce sueños, lapsus, actos fallidos, síntomas, está claramente del lado femenino. Y es a este inconsciente al que debemos saber escuchar en este siglo de identidades, amores y fronteras líquidas.

Dos frases más, esta vez de Lacan: “La mujer no existe” y “La mujer es el síntoma del hombre”.
La primera implica que cada mujer debe inventarse a sí misma, que no hay identificación posible a un modelo, menos todavía al modelo de la madre. La lógica fálica, la que suele caer del lado masculino, quiere que un vaso sea un vaso y una mujer sea una mujer, siempre según un concepto previo. Pero precisamente la feminidad es lo que hace que algo pueda ser siempre otra cosa distinta de lo que parece. Es conocido aquel malentendido de un hombre que le dice a una mujer: “Te querré toda la vida”. Y ella le responde: “Me contentaría con que me quisieras cada día, uno por uno”. Y podríamos añadir: “Y que cada día sea de un modo distinto”. Si de algo sufre el amor es de la locura fálica que supone querer el Todo sin soportar la alteridad, hasta querer aniquilarla con el famoso “la maté porque era mía”. No, no era tuya, era siempre otra, incluso Otra para sí misma.

¿Cuándo surgió su interés por el psicoanálisis?
Tuve una crisis de angustia a los 16 años, una caída en el abismo, ninguna identificación me servía. Quería saber pero no sabía qué quería, y los ideales familiares eran una contradicción imposible de resolver. Acudí a un analista y empecé a descifrar el jeroglífico en el que me había convertido. Ahora sigo descifrando jeroglíficos trabajando con otros, en esa especie de comunidad de los que no tienen comunidad y que es la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), fundada por Jacques-Alain Miller. A nivel institucional la llamamos Escuela, un concepto más cercano al de la antigüedad griega que a lo que hoy se puede entender como una escuela universitaria o un colegio profesional. Lacan la definió como una base de operaciones contra el malestar en la civilización.

¿Qué hace un presidente de la AMP?
Ser el ‘agente provocador’ de una comunidad internacional de casi 2.000 miembros que sigue la enseñanza de Lacan, algo parecido a una ONG. De hecho, lo es formalmente, reconocida por la ONU como institución consultora.

¿Cuáles son los problemas más comunes a los que se enfrenta en su consulta?
Problemas con el amor, el miedo a la muerte, la tristeza y el abandono ante el deseo de hacer algo en la vida. Muchas personas ven la felicidad como algo que hay que alcanzar a toda costa y ese imperativo puede llegar a ser tan feroz como otras morales que hoy denostamos por reaccionarias. Es por eso también que la felicidad se ha convertido en un factor de la política, y esta no sabe ya cómo responder a ese imperativo. Se terminó la época en que la política, también la política de la salud mental, daba respuestas a la pregunta de los pacientes por el sentido de la vida con recetas inmediatas. El goce es adictivo y las promesas de goce ilimitado dejan al sujeto profundamente desorientado. Lo vemos en las mil y una adicciones que empujan hoy a las personas al límite de la muerte, también en el propio campo de la sexualidad. El deseo, tal como lo entiende el psicoanálisis y también cierta tradición ética, es el mejor límite al goce de la pulsión de muerte. “Desea y vivirás”, decía Ramon Llull.

La religión nos pide renunciar ahora a un goce para obtener uno mayor… en el paraíso.
Sí, es otra forma de alimentar ese feroz imperativo, pero en diferido, por decirlo así. El propio imperativo de goce se nutre de las renuncias a la satisfacción que la civilización exige a cada sujeto, pero prometiéndole una satisfacción mayor. Es también la maquinaria infernal del yihadismo.

El psicoanálisis dice: Dios es inconsciente. ¿Cómo trata a la religión y al ateísmo?
Dios es tal vez la palabra que ha tenido y sigue teniendo más poder en la humanidad. Se sigue masacrando en su nombre, aunque se hagan también en su nombre las acciones más piadosas. El sentido religioso es viral, se extiende y se cuela por todas partes. No es tan fácil ser ateo, a no ser bajo la forma buñuelesca del “Soy ateo, gracias a Dios”. Lea a alguien tan decididamente ateo como parece ser Stephen Hawking y puedo indicarle párrafos en los que el buen Dios, ya sea el de Newton o el de Einstein, se sigue colando inevitablemente por algunos agujeros de su universo. No es nada fácil tampoco exorcizar a Dios de la ciencia. Sí, Lacan afirmó que Dios es inconsciente, aunque nunca dijo que Dios fuera el inconsciente, lo que sería no solo delirante, sino también entrar de lleno en una nueva religión. El psicoanálisis trata a la religión como una neurosis colectiva y a la neurosis como una religión privada, aunque no siempre como la peor ni la más insidiosa.

Las sombras de Freud y Lacan recorren muchas de las disciplinas del siglo XX hasta hoy. ¿Tiene el psicoanálisis el estatuto de ciencia?
No en las condiciones actuales que se requieren de una disciplina para que sea considerada ciencia: que sus resultados sean reproducibles experimentalmente y falsables en todos los casos. Pero, según este criterio, tampoco es una ciencia la pedagogía o la política, y estamos cada día en manos de sus más nobles agentes. El mundo psi trata de lo más singular e irrepetible de cada ser humano y está siempre a la espera de ser considerado ciencia. El psicoanálisis es hijo de la ciencia, no podría entenderse sin ella, pero le plantea objeciones de principio cuando se trata del sufrimiento humano, nunca reproducible experimentalmente.

¿Puede el arte ser un buen sustituto?
El arte puede producir en algunos casos, y por otros caminos, resultados tan eficaces como un psicoanálisis. Es, por ejemplo, lo que Lacan encontró en James Joyce, que sorteó el precipicio de la locura con una obra que sigue dando trabajo a una multitud de lectores y estudiosos. Acabo de venir de Cuenca, donde he podido volver a ver, después de varios años, las obras de una generación de artistas que me impresionó, el grupo El Paso. Antonio Saura hablaba, por ejemplo, de “fijar las capturas del inconsciente” con su obra, y responde a la psiquiatría de su época, en una interesante carta al doctor López Ibor, contra el cientificismo y la ideología normalizadora que ya invadía al mundo psi. Los síntomas tienen un sentido y es trabajando sobre él como conseguimos verdaderas transformaciones. En esta vía, el artista siempre nos lleva la delantera.

¿Cómo aplicarlo al gran malestar del sujeto contemporáneo, la soledad?
Hay distintas soledades. El gran dramaturgo Eugène Ionesco decía que no es de soledad de lo que sufrimos, sino de falta de soledad. El sentimiento de abandono que a veces llamamos soledad es en realidad encontrarse con la peor compañía en uno mismo. Hace poco tuve oportunidad de comentar en unas jornadas con mis colegas de Argentina el testimonio que recogieron de una monja de clausura. Ella distinguía muy bien la soledad como un medio hacia otra soledad a la que solo podía acceder atravesando la primera para encontrarse a solas con el Otro. Ella lo llamaba Dios, pero costaba poco entender ese Otro como una forma de su propio goce más ignorado por ella misma.

Frente a la cada vez mayor tendencia de la psiquiatría a dar medicamentos, el psicoanálisis propone el deseo de saber como sanación. La palabra como medicina.
Sí, sin excluir el recurso a la medicación cuando sea necesaria. El psicoanálisis es un método terapéutico basado en el único instrumento del poder de la palabra, pero utilizado fuera de los efectos de coacción o de pura sugestión propios de otras prácticas. Vivimos en una sociedad profundamente medicalizada, pero el llamado efecto placebo sigue siendo el enigma inexplicado. Como saben muy bien los médicos desde hace siglos, muchas veces la mejor medicina es el propio médico, sus palabras y su modo de escuchar al paciente.

¿Sirve de algo en la política del día a día?
El psicoanálisis no es una disciplina apolítica, nunca lo ha sido, ha sido perseguido y excluido bajo regímenes autoritarios. Reivindica la libertad de palabra como condición irrenunciable del sujeto. Y eso también en contra de algunas tradiciones psicológicas para quienes esta libertad no ha sido siempre defendida. “La libertad es un lujo, un riesgo, que la sociedad no puede permitirse”, decía B. F. Skinner, padre del conductismo. Frente a eso, cabría recordar las palabras del mejor lector de Lacan, Jacques-Alain Miller: “La insurrección vigilante, perpetua, de Lacan hacía ver por contraste hasta qué punto a cada momento nos resignamos, hasta qué punto somos borreguiles”.

¿Qué diría el psicoanálisis del conflicto de identidades entre España y Cataluña?
Parece la historia de un amor imposible y fatal, al estilo Almodóvar; un conflicto de identidades que no encuentra reconocimiento mutuo, pero es que la propia noción de identidad ha entrado en crisis en nuestras sociedades. Ya no hay identidades verdaderas, identidades únicas de grupo, como no las hay tampoco en una sola persona. El buen padre clásico parecía dar esa identidad con su Ley, pero ya ve lo que ocurre hoy con los padres de la patria. Es un signo del declive de la función del padre, y que nosotros verificamos cada día en el diván. Frente a esto, el recurso único que el Estado español hace a la ley jurídica no resuelve la situación, más bien la agrava. El número de independentistas se ha triplicado en esta última década. Era previsible este reforzamiento de una voluntad de ser que pide ser reconocida de manera creciente como un sujeto de hecho. Imposible ignorarlo ya. Ha faltado el diálogo.

Estamos acostumbrados a ver caricaturizada su disciplina, por ejemplo en las películas de Woody Allen.
¡Pero la vida real es mucho más caricaturesca todavía! Los psicoanalistas tratamos en el diván con esos fantasmas que vemos en la pantalla, están a la vista de todos, pero permanecen indescifrados para cada uno. Descifrarlos ayuda a soportar el sinsentido de la vida, esa necesaria imperfección con la que Billy Wilder terminó magistralmente su película ‘Con faldas y a lo loco’: “Nadie es perfecto”. Me parece una sabia ironía.

¿Contempla el psicoanálisis ese mundo Otro, el de los alienígenas?
Si me permite una mala noticia, o buena según se mire, ¡los extraterrestres ya están aquí! ¿Por qué no? Todo depende, de nuevo, de lo que entendamos por vida, y también por vida extraterrestre. La ciencia-ficción siempre ha imaginado lo extraterrestre a imagen y semejanza de lo terrestre, solo que un poco diferente. Cuando en realidad el primer alien con el que nos las tenemos que ver es nuestro propio inconsciente.

Miquel Bassols. Nacido en Barcelona en 1958, es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y doctor por el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París 8. Su interés por la práctica psicoanalítica comenzó a los 16 años, tras la lectura de un librito que le obsequió su hermana, ‘Psicopatología de la vida cotidiana’ (Alianza), de Freud. Es autor de numerosos ensayos y libros: ‘La interpretación como malentendido’ (2001), ‘Finales de análisis’ (2007), ‘Llull con Lacan’ (Barcelona, 2010), ‘Lecturas de la página en blanco’ (2010), ‘El caballo del pensamiento’ (2011) o ‘Tu Yo no es tuyo’ (2011). Desde 2014 dirige la AMP. Bassols recomienda la lectura ‘Vida de Lacan. Escrita para la opinión ilustrada’ (Gredos), de Jacques-Alain Miller.

jueves, 9 de julio de 2015

#hemeroteka #heterosexismoa | Javier Saez del Alamo. Soziologoa: «Ikuspuntua heterosexuala da beti»

Javier Saez del Alamo. Soziologoa: «Ikuspuntua heterosexuala da beti» Hedabideen ikuspegi «heterozentratua» aldatu beharraz mintzo da Saez del Alamo aktibista: 'www.hartza.com' aldizkari digitaleko editorea da gaur egun.
Eneritz Dueso | Berria, 2015-07-09
http://www.berria.eus/paperekoa/2250/023/002/2015-07-09/ikuspuntua_heterosexuala_da_beti.htm

EHU Euskal Herriko Unibertsitateko Udako Ikastaroetan izan da, Donostian, Javier Saez del Alamo soziologo eta aktibista queer-a (Burgos, Espainia, 1965). «Matrize heterosexualak» hedabideetan duen lekua agerian utzi nahi izan du bere hitzaldian.

Hedabideetan ikuspuntu heterosexuala erabiltzen al da?

Bai, asko. Heterozentratua dela esango nuke. Erreferentzia esparru orokorra beti da heterosexuala, nahiz eta halakoa dela esan ez. Ezkutatu egiten da. Hedabideetan ez da heterosexualitateaz hitz egiten, baina aurkezten dizkiguten pertsonek, bikoteek, irudiek, atzean aurresuposatutako heterosexualtasun bat dute. Esparru heterozentratu hori argitara ateratzean datza gaurko [atzoko] hitzaldia. Gaur egun, badira gayak telesailetan, baita lesbianak ere. Baina, pertsonaia horiek jokamolde oso heterosexuala dute: ezkonduta daude, oso formalak dira, leialak dira. Esparru heterozentratua erreproduzitzen dute. Ez dago egiazko aniztasunik.

Eta aldizkari espezializatuez zer iritzi duzu?
Ia denak desagertu dira Espainian. Bada oraindik doakoa den baten bat, Shangay esaterako, baina, azken batean, lurrinei buruzko publizitatea baizik ez dakar. Pikara Magazine ere badago, eta gustuko dut haien lana, ikuspuntu ezberdina duelako. Ostera, itsas zabalean irla bat baizik ez da.

Sexu berekoen ezkontzei buruz munduan egindako azken erreferendum eta legeztatzeak bolo-bolo dabiltza.
Bai, eta ondo iruditzen zait, baina, eztabaida nekagarria da. Ezkontzaren kontu horrekin, sustatu egiten da soilik gizonak eta emakumeak daudelako ideia, familiaren ideia, ugaldu behar dugulako kontua. Balio horiek guztiek ukitu ere ez dira egiten. Horrek ez du eragiten homofobia, lesbofobia, transfobia desager dadin.

Aniztasuna ikusgarri egiteko zer egin beharko lukete orduan hedabideek?

Ikuspegi heterozentratua dutela onartu. Gero, hori zalantzan jarri, eta albo batera utzi. Lengoaia ere aldatu beharko lukete, sexualitate aniztasun hori erakusteko. Gutxiengo sexualetako pertsonek ere hitz egin beharko lukete, diskurtso propioak, praktikak, eta abar eraikitzeko.

Nola aldatu hedabideak gizartea nahikoa aldatu ez bada, eta nola alda dezakete hedabideek gizartea?
Hedabideak generoaren teknologietako bat dira, eta aipatutako esparru orokor horren barruan daude, Judith Butlerrek «matrize heterosexual» deitutako horretan. Komunikabideek heterosexualiatea nahitaezko duen tradizioa jaso dute oinordetzan, mundua ikusteko modu bakarra balitz bezala. Aldi berean, berriak zabaltzean, matrize hori erreproduzitu egiten dute. Atzeraelikadura bat dago matrize heterosexualarekiko. Hori zalantzan jartzea gai tabua da.

Gizarte gaietan jartzen omen dira maiz politikan beharko luketen generoarekin lotutako albisteak.
Generoarekin zerikusia duten borrokei garrantzia kentzen diete. Feministek askotan kritikatu dute hori, eta pertsonala ere politikoa dela aldarrikatu. Gutxiengoen sexualitateak politika eraldatzeko duen gaitasuna gutxiesten dute komunikabideek. Alderdi politikoetan ere, baita ezkertiarretan ere, ez dute uste gutxiengo sexualen eta genero gaien kontuak transformatzaileak eta politikoak direnik. Nire iritziz, lehen postua beharko lukete agenda politikoan.

Analisi psikoanalitikoa ere egin nahi izan diozu gaiari.

Duela urte batzuk idatzi nuen Teoría queer y psicoanálisis lanean, queer aktibisten eta psikoanalisten artean zegoen eztabaida argitara ematen saiatu nintzen. Psikoanalisia, Freudena eta Lacanena behintzat, batzuetan subertsiboa da. Haiek ez dute normaltasun ideian sinesten. Subertsio hori borroka politikoetarako edo feministetarako erabilgarri izan zitekeela pentsatu nuen: psikoanalisiaren parte subertsibo hori erreibindikatzen dut.

Eta zer da www.hartza.com aldizkari digitala?
1995 aldera sortu nuen, gay eta lesbianei buruzko lanak Interneten zabaltzeko. Jende askorentzat erreferentzia izan zen. Zaharkiturik dago, webguneen arkeologia moduko bat da: duela hogei urte Internet nolakoa zen jakin nahi duenak [barrez] hortxe dauka eredua. Eta garaiko mugimendu erradikalen arkeologia bat ere bada.