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viernes, 9 de diciembre de 2016

#hemeroteca #psicoanalisis | Freud y Jung: La extraña pareja

Imagen: El País / Sigmund Freud y Carl Jung con otros psicoanalistas
Freud y Jung: La extraña pareja.
El primer encuentro entre ambos tiene lugar en Viena en 1907, donde conversan sin interrupción durante 13 horas.
J.A. | El País, 2016-12-09
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/12/09/babelia/1481283806_732274.html

Cuando el joven Jung lee los primeros trabajos de Freud sobre los sueños, enseguida reconoce al maestro que abre un camino inédito en la investigación de la mente. Su primer encuentro tiene lugar en Viena en 1907, conversan sin interrupción durante 13 horas, pero no acaban de entenderse. Freud ve en el trauma sexual la causa única de la represión, mientras que el discípulo ya ha tenido ocasión de examinar neurosis en las que la sexualidad desempeña un papel secundario comparado con el estrés económico, las aspiraciones profesionales o la adaptación social. La conversación se tensa, cruje la madera, pero Freud se resiste a admitir otros factores que no sean los sexuales. No obstante, Jung se declarará públicamente a su favor, a sabiendas de que Freud ya es persona ‘non grata’ en el mundo académico. Tiempo después describirá lo importante que era la teoría sexual para el padre del psico­análisis. Desde su perspectiva, cualquier tipo de espiritualidad dejaba entrever una sexualidad reprimida. “Cuando hablaba del tema, su voz se hacía imperiosa, casi angustiosa, y ya no se percibía ese escepticismo que mostraba con otros asuntos”. Para Freud su teoría no sólo era un ‘numinosum’, sino el bastión contra la negra avalancha del ocultismo y la parapsicología. Aunque le gustaba hacer gala de su irreligiosidad, había convertido la libido en el nuevo ‘deus absconditus’, científicamente irreprochable y libre del lastre religioso.

Jung nunca aceptaría esa idea. La sexualidad era demasiado simple para explicar la complejidad de la psique. Lo que emerge del inconsciente puede ser sublime y rastrero. “Si Freud hubiera admitido que la sexualidad era numinosa (es un dios y un diablo), no hubiera terminado encerrado en la estrechez de un concepto biológico”. La psique para Jung no era algo que pudiera dividirse, tampoco se la podía reducir a lo orgánico, o a alguna de sus partes, como pretendía hacer Freud con la libido. Lo numinoso conduce a extremos, ese es su peligro intrínseco. Jung había crecido entre campesinos y sabía muy bien que las berzas crecen sobre el estiércol, eran las gentes de la ciudad las que no conocían el establo humano. Freud le había enseñado a mirar con los ojos del enfermo, le había mostrado que todo el mundo tenía algo de neurótico, pero también que él mismo no había logrado resolver su propia neurosis.

Y TAMBIÉN…
En la mente de Carl Jung.

El final de las obras completas del padre de la psicología profunda coincide este año con la conmemoración del centenario de su aportación más célebre al siglo XX, el inconsciente colectivo.
Juan Arnau | El País, 2016-12-09
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/12/09/babelia/1481283788_980535.html

viernes, 9 de septiembre de 2016

#hemeroteca #activismo | La primera revolución sexual mexicana

Imagen: El País / Segunda manifestación del Orgullo Gay en México, 1980
La primera revolución sexual mexicana.
La sensualidad y el erotismo se abrieron paso en el México posrevolucionario a pesar de la Iglesia Católica y sus prédicas de la culpa y el pecado.
Ángel Plascencia | El País, 2016-09-09
http://elpais.com/elpais/2016/09/06/videos/1473170465_401957.html

El pecado y la culpa han sido las principales herramientas de adoctrinamiento de la Iglesia Católica en México. A pesar de éstos, el despertar sexual de la sociedad se dio de la mano de las tesis de Sigmund Freud e intelectuales de la posrevolución. Antes de morir, Carlos Monsiváis quería realizar una exposición sobre esta parte de la historia de México. El escritor que inmortalizó varias dinámicas sociales del país no cumplió su cometido. Pero después de su muerte, el Museo del Estanquillo terminó con el proyecto que el cronista mexicano empezó. La muestra ‘Abran esa puerta, sensualidad, sexualidad y erotismo’ recoge esta iniciativa.

El nombre de la exposición viene de un libro de Monsiváis en donde hace un recuento de las luchas de emancipación feministas y de los colectivos de diversidad sexual: 'Que se abra esa puerta: crónicas y ensayos sobre diversidad sexual'.

En el texto, Variedades del México freudiano, uno de los que inspiraron el proyecto museístico, Monsiváis hace referencia al oscurantismo con el que la Iglesia trataba a la sexualidad: "El sexo existe. Yo lo vi. No me lo han contado". Y esta exposición es una crónica de un matrimonio nunca bien avenido entre la moral católica y las costumbres sexuales de la población, según menciona Alejandro Brito, ayudante del curador de la muestra y director del medio electrónico Letra S.

La Iglesia Católica fue, y todavía es aunque en menor grado, un poder fáctico desde el nacimiento de México. Contra lo que se pueda creer Italia (y no España) es el país europeo que más bienes del México prehispánico tiene. Lo anterior es sólo un ejemplo del poder que ha tenido la institución religiosa en la formación de la nación mexicana. La Iglesia Católica vio en la Nueva España una suerte de paraíso terrenal en el que pudieran cumplirse al pie de la letra los designios divinos. "La Iglesia ha estado constantemente reivindicando su visión de lo que debe ser la vida íntima y sigue tratando de normar las conductas al nivel más privado, y tienes, por otro lado, a una sociedad que ya no se deja normar de esa manera", dice Rafael Barajas "El Fisgón", curador de la exposición del museo fundado por Monsiváis.

"La humillación de la carne no es metáfora: es el pago al aliado y al socio, pero también el cabal recordatorio del deber primordial: la apariencia ascética que de fe de la seriedad con que se construye el Nuevo Mundo", dice el texto de Monsiváis previamente citado sobre la conformación de la moralidad religiosa en México.

El encuentro de la intelectualidad mexicana posrevolucionaria con las tesis de Sigmund Freud fue uno de los detonantes del cambio de mentalidad en el país. "Lo que creo que hubo fue una revolución sexual a partir de las tesis de Freud", señala Barajas. Los hábitos de personajes como Diego Rivera, Frida Kahlo, Salvador Novo, Nahui Olin (Carmen Mondragón), el Dr. Atl, entre otros, permearon poco a poco en el México profundo y metropolitano, donde las doctrinas de la Iglesia no tenían tanto eco. La pública homosexualidad de los escritores agrupados alrededor de la Revista Contemporáneos (entre los que estaba Novo) y las relaciones abiertas como las de Kahlo y Rivera impactaron en un país donde la culpa y el pecado limitaban al deseo.

La educación sexual siempre ha sido materia de debate en México. Durante el Gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) la Unión Nacional de Padres de Familia se opuso a la inclusión de material educativo de este tipo en los libros de texto por temor a que los maestros pudieran "encontrar en la exploración de ese tema extraordinariamente peligroso, medios de violar niños inocentes", según cita Monsiváis en su texto previamente mencionado. El lema "No te metas con mis hijos" que ahora pregonan los grupos conservadores que se oponen al matrimonio igualitario y a los cambios en materia de educación sexual en los libros de texto, no suena tan distinto de esta retórica recurrente en la historia del México moderno. Pero para Barajas la organización de la Marcha Nacional por la Familia, que se plantea para el 10 de septiembre, son los estertores de una estructura moribunda "que ha causado mucho dolor y sufrimiento".

Esta intervención de la Iglesia en la vida íntima de los mexicanos ayuda a entender de dónde viene ese oscurantismo y esa "mojigatería" que ha marcado a la sociedad mexicana desde sus inicios, según menciona Barajas. A pesar de las normas de la Iglesia en México la revolución sexual estalló: "En la población se ha dado lo que Carlos (Monsiváis) llamó un proceso de secularización de la sociedad. La sociedad, sin dejar de creer en Dios, sin dejar de ser católica, se ha deslindado de la jerarquía que quiere imponer de manera dogmática las normas de moral sexual", menciona Brito.

Pero las tesis de Freud dejaron una huella en la memoria colectiva mexicana: el machismo. "La liberación sexual llega a México de manera muy desigual, encaja con una sociedad sumamente machista, los primeros liberados son los hombres", dice Barajas. Personajes como Sor Juana Inés de la Cruz abrieron camino a las mujeres para expresar sus deseos. Nahui Olin escandalizó con sus desnudos y Frida Kahlo con su bisexualidad: la mujer como objeto sagrado fue una de las herencias coloniales más difíciles de vencer, pero las llamadas chinas del siglo 19, es decir, mujeres independientes que no se casaban y elegían a sus parejas; las feministas yucatecas de finales del siglo 19 e inicios del 20, así como las mujeres que lucharon por su derecho a votar lograron un empoderamiento femenino irreversible.

Para Brito el fantasma de esta vieja estructura moral ya no es -como lo fue- el machismo, sino la homofobia, un prejuicio que va cediendo a la modernidad. "La homofobia es el prejuicio más legitimado todavía, más arraigado, pero ya es el último y estamos viviendo un paradigma en la cultura mexicana en donde la homosexualidad, que era considerada una amenaza social, ahora la homofobia es la que está siendo considerada una amenaza a la convivencia social del país", apunta Brito.

Los 60 y los 70, con su desenfado hippie y el Festival de Avándaro, fueron las décadas en las que la exploración sin culpa se consolidó en la sociedad mexicana. De los bailes de salón de Yolanda Montez "Tongolele" en los 50, a las primeras marchas del Orgullo Gay a finales de los 70 e inicios de los 80, las más de 300 piezas de la exposición en el Museo del Estanquillo exploran el cambio de ideología que vivió México cuando convivían los antros gay con portadas de revistas de nota roja que llamaban "nacos degenerados" a los travestis.

viernes, 6 de mayo de 2016

#hemeroteca #psicoanalisis | Freud: El fantasma de la calle Berggasse 19

Imagen: El País / Ilustración de Ralph Steadman, 'Sigmund Freud'
Freud: El fantasma de la calle Berggasse 19.
El psicoanálisis freudiano no ha tenido el menor efecto en la neurociencia actual: es otra teoría estéril para la ciencia.
Javier Sampedro | El País, 2016-05-06
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/05/05/babelia/1462444343_344739.html

Si el portal más real de la ficción es el 221B de Baker Street, donde Sherlock Holmes atendía a sus pintorescos clientes, el más ficticio de la realidad es el 19 de la calle Berggasse, donde Sigmund Freud trató a los suyos, durante medio siglo que cambió el mundo y nuestra concepción de él, y también nuestro conocimiento del cerebro y de la mente, que al final han resultado ser la misma cosa. Examinemos aquí tres términos, o conceptos si nos ponemos pomposos, que se asocian a Freud como las dos mitades de un velcro: el significado de los sueños, el poder del inconsciente y el valor clínico del psicoanálisis, los tres lemas o consignas freudianas que prometieron abrir un continente a la vida intelectual del siglo XX.

Los sueños son sin duda un tema sexy. No solo han inspirado grandes obras literarias o artísticas, sino también hipótesis científicas tan terrenales como el anillo de benceno (un avance esencial de la química orgánica, soñado por Kekulé). Freud utilizó los sueños como una especie de droga psicotrópica, una sonda para acceder a los estratos ocultos de la mente de sus pacientes, a su pensamiento automático y libre de la represión defensiva, al tipo de cosa que leemos en el monólogo interior de Joyce. Una gran idea.

En ciencia, sin embargo, las ideas son baratas. Por muy brillantes que sean, solo sirven si son correctas: si salen indemnes de su confrontación con la realidad; y más aún, si resultan fructíferas y conducen a nuevos resultados prácticos, y también a nuevas ideas correctas. Ahí está la verdadera dificultad de la práctica científica, en que sea práctica. Y ahí es donde Freud, uno de los grandes cerebros del anterior cambio de siglo, patina de forma estrepitosa.

Los físicos dicen que hay teorías correctas, erróneas y “ni siquiera erróneas”. Con su característica mala uva, quieren destacar así que la gran mayoría de las ideas sobre el mundo son perfectamente inútiles, porque no proponen un modelo que se pueda demostrar cierto o falso por la observación o el experimento, sino una divagación tan arbitraria o confusa que no merece la pena ni remangarse para refutarla. A esta categoría pertenece la interpretación de los sueños que Freud publicó hace un siglo y pico: la de las ideas que ni siquiera son erróneas.

Seguimos sin saber qué significan los sueños. Sospechamos que no significan gran cosa, pero la neurociencia no lo ha podido demostrar aún. Hay indicios de que el cerebro no para quieto por la noche, de que su actividad automática sigue intentando resolver lo que el día se ha dejado pendiente, despejar la incógnita, resolver el enigma. Ninguno hay, sin embargo, de que nada de ello tenga relación con la histeria, la psicosis o los deseos reprimidos de la mente infantil. Yo creo que la ciencia logrará interpretar los sueños en algún momento no lejano, pero tengo la fuerte impresión de que haber deseado a tu prima cuando eras niño no será la explicación. Vuelvan a preguntarme en diez años.

De los tsunamis de tinta que ha vertido el psicoanálisis, pocos mililitros habrán salido de la ciencia. Si Freud levantara la cabeza y tuviera que vivir de las citas que los neurocientíficos actuales hacen de sus artículos, se volvería a la tumba muerto de hambre sin poder ni pagar la recaída en sus famosas adicciones. El psicoanálisis freudiano no ha tenido el menor efecto en la neurociencia actual: es otra teoría estéril para la ciencia, otra de esas ideas “ni siquiera erróneas” que tanto aborrecen los físicos.

Tal vez la gran idea de Freud es la del subconsciente, y ahí sí que podemos decir, con la mejor ciencia disponible, que acertó de pleno. Los neurólogos saben hoy que la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral está ocurriendo continuamente sin que seamos conscientes de ello: que nuestra consciencia, eso que llamamos ‘yo’, no es más que un pasajero que viaja asomado a la proa de un transatlántico sin la menor noción de la maquinaria prodigiosa que tiene bajos sus pies.

Si eso es freudiano, todos lo somos, amigos, aunque no lo sepamos.

#hemeroteca #psicoanalisis | Sigmund Freud, el hombre que quiso dar significado a nuestros sueños

Imagen: El País / Sigmund Freud
Sigmund Freud, el hombre que quiso dar significado a nuestros sueños.
Hoy se cumplen 160 años del nacimiento del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Sus teorías fueron tan revolucionarias como controvertidas.
David Bernal | El País, 2016-05-06
http://elpais.com/elpais/2016/05/06/ciencia/1462485695_761256.html

Las personas somos como un iceberg del que solo se ve la punta. Todo lo que hay bajo el agua es nuestro subconsciente, un montón de deseos y traumas que reprimimos pero que son los que dan forma a nuestros sueños. El hombre que vislumbró esta teoría tan comúnmente aceptada fue Sigmund Freud, el llamado padre del psicoanálisis, un neurólogo que nació un día como hoy hace 160 años y cambió nuestra forma de pensar con conceptos como narcisismo, pulsión de muerte o complejo de Edipo. Fue una de las figuras más controvertidas e influyentes del siglo XX.

Sigmund Freud nació en 1856 en una ciudad de la República Checa en el seno de una familia judía con grandes dificultades económicas, lo que no impidió que ingresara en la Universidad de Viena, ciudad donde llegó a los tres años y pasó la mayor parte de su vida. Tras graduarse como médico en 1881 se centró en la investigación de las propiedades anestésicas de la cocaína, lo que provocó su primera polémica, ya que según se desprende de algunas correspondencias provocó la adicción de un amigo al que quería curar (e incluso la suya propia).

Tras casarse con Martha Bernays, el amor de su vida, Sigmund Freud montó en 1886 una clínica privada donde aplicó la hipnosis en el tratamiento de la histeria que había estudiado en París e incorporó el método catártico de su mentor Josef Breuer. Pero poco a poco lo fue abandonando y lo reemplazó por la asociación libre y la interpretación de los sueños, germen de una nueva forma de entender al hombre: el psicoanálisis.

La interpretación de los sueños, publicada en 1899, es la obra más importante y conocida de Sigmund Freud. En ella se sientan las bases del psicoanálisis, un método terapéutico al que poco a poco se fueron sumando más adeptos, pese al recelo que despertó en una parte de la comunidad científica, que lo consideraban una especie de filósofo que replanteó la naturaleza humana y ayudó a derribar tabúes, sobre todo sexuales, pero nunca un médico. Su objetivo era mover todos esos pensamientos, sentimientos y deseos reprimidos del subconsciente (lo que hay debajo del agua) al consciente (la punta del iceberg).

Aparte de sus revolucionarios conceptos del inconsciente, deseo inconsciente y represión, Sigmund Freud dividió la mente en tres partes: el ello, el yo y el súperyo. También definió el Eros o pulsión de vida y el Tánatos o pulsión de muerte. Y desarrolló un método psicosexual que -pese a ser criticado por relacionar la sexualidad con conceptos como incesto, perversión y trastornos mentales- incorporó teorías como el complejo de Edipo y derribó tabúes en una sociedad todavía enfermiza y reprimida.

Pese a lo cuestionado que fue por algunos compañeros, la influencia de Sigmund Freud en la filosofía, la política, el lenguaje y el arte del siglo XX es incuestionable. Sin él no podría entenderse la obra de artistas como André Bretón o Dalí y cineastas como Buñuel, Hitchcock o Woody Allen, que con su cine ha modelado la imagen que tenemos del psicoanálisis: un hombre contándole su vida a su terapeuta desde el confort de un diván.

Sigmund Freud fue controvertido hasta el último día de su vida. En 1938 fue declarado enemigo del Tercer Reich y tuvo que huir a Londres. Sus libros fueron quemados públicamente y sus hermanas (tenía cinco) fallecieron en los campos de concentración. Murió un año después por culpa de un cáncer de paladar que le provocó su afición al tabaco. Su médico le suministró tres dosis de morfina y se sumergió, para siempre, en el mar de su subconsciente. Un pequeño cráter en la luna lleva su nombre.

lunes, 28 de marzo de 2016

#hemeroteca #psicoanalisis | Miquel Bassols: “Freud era un misógino, pero se dejó enseñar por las mujeres”

Imagen: El País / Miquel Bassols
Miquel Bassols: “Freud era un misógino, pero se dejó enseñar por las mujeres”.
Es presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, una organización de referencia para los estudiosos de esta disciplina.
Ángela Molina | El país, 2016-03-28
http://elpais.com/elpais/2016/03/21/eps/1458559714_764015.html

Debe de ser un ritual en la consulta de todo psicoanalista, pues igual que Freud tenía en la entrada de su estudio vienés un perchero con un sombrero, un bastón y un maletín, como si acabara de llegar o estuviera a punto de irse, en el de Miquel Bassols (Barcelona, 1958) encontramos además fotografías, bibelots de sus viajes y una gran biblioteca con los escritos de los fundadores de la nueva ciencia. Gran lector de poesía –Lezama Lima, Valente, Ferrater–, de literatura científica y neurociencia –Feynman, Poincaré, Damasio– y de la lucha social de las mujeres en el islam –Fethi Benslama, Ayaan Hirsi Ali–, Bassols se define a sí mismo como “un investigador en psicoanálisis que intenta ayudar a las personas a leer sus síntomas”.

¿Tuvo el psicoanálisis un momento iniciático, un ‘big bang’?
Nació a finales del siglo XIX del encuentro de Freud con algunas mujeres que sufrían de síntomas histéricos. La inventora fue una mujer que le dijo a Freud: “Calle un poco, escuche lo que me hace sufrir y no puedo decir en otra parte”.

Esto explicaría la supuesta misoginia del austriaco cuando afirma: “La mujer es un hombre incompleto” o “La mujer tiene envidia del pene”.
Freud, fruto de su tiempo, era un misógino contrariado, así como hablamos de un zurdo contrariado. A la vez, se dejó enseñar por las mujeres. Le dio la palabra a la mujer reprimida por la época victoriana y planteó la pregunta: ¿qué quiere una mujer?, más allá de las convenciones del momento. Terminó admitiendo que la sexualidad femenina era un “continente negro” cuya topografía desconocía. En todo caso, no quedó satisfecho con la respuesta que puede tranquilizar, hoy incluso, a las buenas conciencias de la igualdad cuando afirman: “No quiere nada distinto que un hombre”. Toda reivindicación de igualdad debe tener en cuenta la asimetría radical que existe entre los sexos, incluso la imposible reciprocidad cuando se trata de sus formas de gozar, del goce sexual en primer lugar. Freud fue el primero que intentó elaborar una teoría de esta asimetría, una teoría que han seguido varias corrientes feministas. El goce femenino sigue siendo hoy rechazado, segregado de múltiples formas.

¿Se refiere a la violencia machista?
Por ejemplo. La violencia contra las mujeres es una verdadera epidemia de nuestro tiempo. Se es misógino de una manera similar a la que se es racista, por un rechazo de la alteridad, de otras formas de gozar que nos parecen extrañas y que intentamos reducir a una sola forma homogénea y globalizada. Y de esta nueva misoginia no se sale tan fácilmente. Cualquier empresa educativa parece aquí destinada al fracaso. El inconsciente, esa alteridad radical que produce sueños, lapsus, actos fallidos, síntomas, está claramente del lado femenino. Y es a este inconsciente al que debemos saber escuchar en este siglo de identidades, amores y fronteras líquidas.

Dos frases más, esta vez de Lacan: “La mujer no existe” y “La mujer es el síntoma del hombre”.
La primera implica que cada mujer debe inventarse a sí misma, que no hay identificación posible a un modelo, menos todavía al modelo de la madre. La lógica fálica, la que suele caer del lado masculino, quiere que un vaso sea un vaso y una mujer sea una mujer, siempre según un concepto previo. Pero precisamente la feminidad es lo que hace que algo pueda ser siempre otra cosa distinta de lo que parece. Es conocido aquel malentendido de un hombre que le dice a una mujer: “Te querré toda la vida”. Y ella le responde: “Me contentaría con que me quisieras cada día, uno por uno”. Y podríamos añadir: “Y que cada día sea de un modo distinto”. Si de algo sufre el amor es de la locura fálica que supone querer el Todo sin soportar la alteridad, hasta querer aniquilarla con el famoso “la maté porque era mía”. No, no era tuya, era siempre otra, incluso Otra para sí misma.

¿Cuándo surgió su interés por el psicoanálisis?
Tuve una crisis de angustia a los 16 años, una caída en el abismo, ninguna identificación me servía. Quería saber pero no sabía qué quería, y los ideales familiares eran una contradicción imposible de resolver. Acudí a un analista y empecé a descifrar el jeroglífico en el que me había convertido. Ahora sigo descifrando jeroglíficos trabajando con otros, en esa especie de comunidad de los que no tienen comunidad y que es la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), fundada por Jacques-Alain Miller. A nivel institucional la llamamos Escuela, un concepto más cercano al de la antigüedad griega que a lo que hoy se puede entender como una escuela universitaria o un colegio profesional. Lacan la definió como una base de operaciones contra el malestar en la civilización.

¿Qué hace un presidente de la AMP?
Ser el ‘agente provocador’ de una comunidad internacional de casi 2.000 miembros que sigue la enseñanza de Lacan, algo parecido a una ONG. De hecho, lo es formalmente, reconocida por la ONU como institución consultora.

¿Cuáles son los problemas más comunes a los que se enfrenta en su consulta?
Problemas con el amor, el miedo a la muerte, la tristeza y el abandono ante el deseo de hacer algo en la vida. Muchas personas ven la felicidad como algo que hay que alcanzar a toda costa y ese imperativo puede llegar a ser tan feroz como otras morales que hoy denostamos por reaccionarias. Es por eso también que la felicidad se ha convertido en un factor de la política, y esta no sabe ya cómo responder a ese imperativo. Se terminó la época en que la política, también la política de la salud mental, daba respuestas a la pregunta de los pacientes por el sentido de la vida con recetas inmediatas. El goce es adictivo y las promesas de goce ilimitado dejan al sujeto profundamente desorientado. Lo vemos en las mil y una adicciones que empujan hoy a las personas al límite de la muerte, también en el propio campo de la sexualidad. El deseo, tal como lo entiende el psicoanálisis y también cierta tradición ética, es el mejor límite al goce de la pulsión de muerte. “Desea y vivirás”, decía Ramon Llull.

La religión nos pide renunciar ahora a un goce para obtener uno mayor… en el paraíso.
Sí, es otra forma de alimentar ese feroz imperativo, pero en diferido, por decirlo así. El propio imperativo de goce se nutre de las renuncias a la satisfacción que la civilización exige a cada sujeto, pero prometiéndole una satisfacción mayor. Es también la maquinaria infernal del yihadismo.

El psicoanálisis dice: Dios es inconsciente. ¿Cómo trata a la religión y al ateísmo?
Dios es tal vez la palabra que ha tenido y sigue teniendo más poder en la humanidad. Se sigue masacrando en su nombre, aunque se hagan también en su nombre las acciones más piadosas. El sentido religioso es viral, se extiende y se cuela por todas partes. No es tan fácil ser ateo, a no ser bajo la forma buñuelesca del “Soy ateo, gracias a Dios”. Lea a alguien tan decididamente ateo como parece ser Stephen Hawking y puedo indicarle párrafos en los que el buen Dios, ya sea el de Newton o el de Einstein, se sigue colando inevitablemente por algunos agujeros de su universo. No es nada fácil tampoco exorcizar a Dios de la ciencia. Sí, Lacan afirmó que Dios es inconsciente, aunque nunca dijo que Dios fuera el inconsciente, lo que sería no solo delirante, sino también entrar de lleno en una nueva religión. El psicoanálisis trata a la religión como una neurosis colectiva y a la neurosis como una religión privada, aunque no siempre como la peor ni la más insidiosa.

Las sombras de Freud y Lacan recorren muchas de las disciplinas del siglo XX hasta hoy. ¿Tiene el psicoanálisis el estatuto de ciencia?
No en las condiciones actuales que se requieren de una disciplina para que sea considerada ciencia: que sus resultados sean reproducibles experimentalmente y falsables en todos los casos. Pero, según este criterio, tampoco es una ciencia la pedagogía o la política, y estamos cada día en manos de sus más nobles agentes. El mundo psi trata de lo más singular e irrepetible de cada ser humano y está siempre a la espera de ser considerado ciencia. El psicoanálisis es hijo de la ciencia, no podría entenderse sin ella, pero le plantea objeciones de principio cuando se trata del sufrimiento humano, nunca reproducible experimentalmente.

¿Puede el arte ser un buen sustituto?
El arte puede producir en algunos casos, y por otros caminos, resultados tan eficaces como un psicoanálisis. Es, por ejemplo, lo que Lacan encontró en James Joyce, que sorteó el precipicio de la locura con una obra que sigue dando trabajo a una multitud de lectores y estudiosos. Acabo de venir de Cuenca, donde he podido volver a ver, después de varios años, las obras de una generación de artistas que me impresionó, el grupo El Paso. Antonio Saura hablaba, por ejemplo, de “fijar las capturas del inconsciente” con su obra, y responde a la psiquiatría de su época, en una interesante carta al doctor López Ibor, contra el cientificismo y la ideología normalizadora que ya invadía al mundo psi. Los síntomas tienen un sentido y es trabajando sobre él como conseguimos verdaderas transformaciones. En esta vía, el artista siempre nos lleva la delantera.

¿Cómo aplicarlo al gran malestar del sujeto contemporáneo, la soledad?
Hay distintas soledades. El gran dramaturgo Eugène Ionesco decía que no es de soledad de lo que sufrimos, sino de falta de soledad. El sentimiento de abandono que a veces llamamos soledad es en realidad encontrarse con la peor compañía en uno mismo. Hace poco tuve oportunidad de comentar en unas jornadas con mis colegas de Argentina el testimonio que recogieron de una monja de clausura. Ella distinguía muy bien la soledad como un medio hacia otra soledad a la que solo podía acceder atravesando la primera para encontrarse a solas con el Otro. Ella lo llamaba Dios, pero costaba poco entender ese Otro como una forma de su propio goce más ignorado por ella misma.

Frente a la cada vez mayor tendencia de la psiquiatría a dar medicamentos, el psicoanálisis propone el deseo de saber como sanación. La palabra como medicina.
Sí, sin excluir el recurso a la medicación cuando sea necesaria. El psicoanálisis es un método terapéutico basado en el único instrumento del poder de la palabra, pero utilizado fuera de los efectos de coacción o de pura sugestión propios de otras prácticas. Vivimos en una sociedad profundamente medicalizada, pero el llamado efecto placebo sigue siendo el enigma inexplicado. Como saben muy bien los médicos desde hace siglos, muchas veces la mejor medicina es el propio médico, sus palabras y su modo de escuchar al paciente.

¿Sirve de algo en la política del día a día?
El psicoanálisis no es una disciplina apolítica, nunca lo ha sido, ha sido perseguido y excluido bajo regímenes autoritarios. Reivindica la libertad de palabra como condición irrenunciable del sujeto. Y eso también en contra de algunas tradiciones psicológicas para quienes esta libertad no ha sido siempre defendida. “La libertad es un lujo, un riesgo, que la sociedad no puede permitirse”, decía B. F. Skinner, padre del conductismo. Frente a eso, cabría recordar las palabras del mejor lector de Lacan, Jacques-Alain Miller: “La insurrección vigilante, perpetua, de Lacan hacía ver por contraste hasta qué punto a cada momento nos resignamos, hasta qué punto somos borreguiles”.

¿Qué diría el psicoanálisis del conflicto de identidades entre España y Cataluña?
Parece la historia de un amor imposible y fatal, al estilo Almodóvar; un conflicto de identidades que no encuentra reconocimiento mutuo, pero es que la propia noción de identidad ha entrado en crisis en nuestras sociedades. Ya no hay identidades verdaderas, identidades únicas de grupo, como no las hay tampoco en una sola persona. El buen padre clásico parecía dar esa identidad con su Ley, pero ya ve lo que ocurre hoy con los padres de la patria. Es un signo del declive de la función del padre, y que nosotros verificamos cada día en el diván. Frente a esto, el recurso único que el Estado español hace a la ley jurídica no resuelve la situación, más bien la agrava. El número de independentistas se ha triplicado en esta última década. Era previsible este reforzamiento de una voluntad de ser que pide ser reconocida de manera creciente como un sujeto de hecho. Imposible ignorarlo ya. Ha faltado el diálogo.

Estamos acostumbrados a ver caricaturizada su disciplina, por ejemplo en las películas de Woody Allen.
¡Pero la vida real es mucho más caricaturesca todavía! Los psicoanalistas tratamos en el diván con esos fantasmas que vemos en la pantalla, están a la vista de todos, pero permanecen indescifrados para cada uno. Descifrarlos ayuda a soportar el sinsentido de la vida, esa necesaria imperfección con la que Billy Wilder terminó magistralmente su película ‘Con faldas y a lo loco’: “Nadie es perfecto”. Me parece una sabia ironía.

¿Contempla el psicoanálisis ese mundo Otro, el de los alienígenas?
Si me permite una mala noticia, o buena según se mire, ¡los extraterrestres ya están aquí! ¿Por qué no? Todo depende, de nuevo, de lo que entendamos por vida, y también por vida extraterrestre. La ciencia-ficción siempre ha imaginado lo extraterrestre a imagen y semejanza de lo terrestre, solo que un poco diferente. Cuando en realidad el primer alien con el que nos las tenemos que ver es nuestro propio inconsciente.

Miquel Bassols. Nacido en Barcelona en 1958, es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y doctor por el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París 8. Su interés por la práctica psicoanalítica comenzó a los 16 años, tras la lectura de un librito que le obsequió su hermana, ‘Psicopatología de la vida cotidiana’ (Alianza), de Freud. Es autor de numerosos ensayos y libros: ‘La interpretación como malentendido’ (2001), ‘Finales de análisis’ (2007), ‘Llull con Lacan’ (Barcelona, 2010), ‘Lecturas de la página en blanco’ (2010), ‘El caballo del pensamiento’ (2011) o ‘Tu Yo no es tuyo’ (2011). Desde 2014 dirige la AMP. Bassols recomienda la lectura ‘Vida de Lacan. Escrita para la opinión ilustrada’ (Gredos), de Jacques-Alain Miller.

sábado, 9 de mayo de 2015

#hemeroteca #psicoanalisis | Freud, Lacan: El sexo a la deriva

Imagen: Zoozobra
Freud, Lacan: El sexo a la deriva
Javier Sáez | Zoozobra, 2015-05-09
http://zoozobra.com/freud-lacan-el-sexo-a-la-deriva/
“El goce fálico es el obstáculo por el cual el hombre no llega, diría yo, a gozar del cuerpo de la mujer, precisamente porque de lo que goza es del goce del órgano”. - Lacan, Seminario 20, “Aún”.
Un refrán nicaragüense dice que “cuando un sabio señala las estrellas, los tontos miran al dedo”. Creo que a una gran parte del movimiento de liberación de lesbianas y gays les ha pasado eso respecto al psicoanálisis. De la ingente obra de Freud sólo han trascendido en la mayoría de los escritos de muchos teóricos queer dos o tres tópicos, a saber:

– Freud llama “perversión” a la homosexualidad, en su obra "Tres ensayos para una teoría sexual" (de 1905), por lo que parece ser que la considera algo anormal, insertándola en el sistema médico- patologizante homófobo que se inició a finales del siglo XIX.

– Freud establece una especie de desarrollo armónico heterosexual al final del complejo de Edipo, una vez “superadas” esas fases infantiles polimorfas donde hay deseos bisexuales y de otro tipo. Es decir, sería uno más de los que legitiman el sistema hetero-normativo.

- Freud sería un machista homófobo porque plantea que las mujeres tienen “envidia del pene”, o sea, que les falta algo que los hombres tienen, y además las lesbianas quedarían excuidas del mundo del deseo según este proceso falocrático.

En estas críticas habituales a Freud se olvidan bastantes cosas. En primer lugar, que los desarrollos iniciales de su teoría (que he caricaturizado aquí) fueron modificados sustancialmente por el mismo Freud en sus obras de los 30 años siguientes, hasta el punto de no considerar la homosexualidad como algo específico a “tratar”, sino una orientación sexual más en medio de una infinita multiplicidad del deseo donde no hay lugar para la normalidad, ni siquiera heterosexual (“Carta a una madre americana”). También aporta una crítica feroz al psicologismo y a las visiones “organicistas” o biologicistas del deseo, que incluso hoy siguen pensando que el deseo de los sujetos está escondico en ciertas partes del cerebo o en algún rincón de los cromosomas.

Muchos teóricos queer omiten también a otro autor fundamental que puso de relieve el potencial subversivo de la obra de Freud, y que en su enseñanza desde 1950 a 1980 elaboró un desmantelamiento implacable de las categorías de hombre y mujer, de relación sexual y de armonía entre los sexos: nos referimos a Jacques Lacan.

La obra de Freud y la de Lacan suponen dos herramientas fundamentales a la hora de cuestionar la construcción social y discursiva de “la homosexualidad”, siempre y cuando sepamos mirar hacia dónde apuntan y no nos quedemos en la literalidad de sus textos. Evidentemente, es cierto que Freud asume en su lenguaje muchos de los prejuicios positivistas y machistas de su época, pero eso no invalida la totalidad de su obra. De hecho, ya es bastante sorpendente que un médico de la burguesía vienesa de finales del XIX llegue a asumir (por primera vez en la historia de la cultura occidental) que no hay una normalidad en el deseo, que el deseo humano no está relacionado con la biología, que las prácticas sadomasoquistas, lesbianas, masturbatorias, coprófilas, etc, no son algo “especial” o de “los otros”, y que la “heterosexualidad” no es un estatuto natural, sino más bien una aspiración impuesta culturalmente que además nadie cumple sin pagar un precio.

Cuando Lacan afirma que “no hay hombres ni mujeres, sino tan sólo sujetos, todos castrados, todos perdidos”, está abriendo las puertas al terreno de la multiplicidad, a una concepción del deseo humano que no tiene que ver con el discurso de la ciencia, ni con el de la psicología, ni siquiera con esa “incitación a saber sobre el sexo” que denució Foucault en La voluntad de saber, puesto que lo que plantea Lacan precisamente es que “no hay saber sobre el sexo”, y que ese “no saber” tiene efectos sobre los sujetos, pero siempre efectos de singularidad, que no se clausuran en la hermenéutica ni en ningún discurso de salvación o transparencia explicativa.

Otra confusión muy común sobre Lacan, que se da también entre algunas teóricas del feminismo (otras, precisamente, son lacanianas), es la de considerar “el falo” (noción simbólica, que nadie posee) como “el pene”, el órgano. Esa confusión es precisamente la que marca muchas vivencias de la sexualidad llamada “masculina” (esos hombres, esas mujeres, homos o héteros, fascinados por la esperanza de un pene todopoderoso). En la medida en que el falo no da respuesta a la pregunta “qué es ser un hombre y qué es una mujer”, el sujeto no tiene una relación a priori ni con el género, ni con el otro, ni con el cuerpo, ni con el sexo biológico (ni consigo mismo). Mayor carga de dinamita para el orden social y (hetero)sexual, imposible.

jueves, 19 de febrero de 2015

#hemeroteca #sigmundfreud | Carta de Freud a una madre sobre la homosexualidad

Carta de Freud a una madre sobre la homosexualidad
Aparece una carta del psicoanalista Sigmund Freud en la que habla a una madre sobre la normalidad de la homosexualidad de su hijo. Un documento que se puede ver en el Museo de Sexología de Londres.
Kike Gómez | Shangay, 2015-02-19
http://shangay.com/carta-de-freud-una-madre-sobre-la-homosexualidad

Una nueva exposición en Londres ha sacado a la luz una carta de Sigmund Freud, médico neurólogo austriaco y padre del psicoanálisis, en la que habla a una madre sobre la homosexualidad de su hijo.

Freud escribio mucho sobre sexología y homosexualidad. Otro de los autores que te recomendamos que leas es Kinsey, hace unas semanas publicabamos un artículo sobre él y su escala de homosexualidad.

En la carta, escrita a mano en 1935, Freud deduce que la madre pide ayuda por la homosexualidad aparente de su hijo, y el psicoanalista la tranquiliza dándole ejemplos de grandes personalidades en la historia que compartían esa orientación sexual. Además condena abiertamente a aquellos que la tachan de enfermedad o anomalía, y opina que es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como si de un crimen se tratase. Una carta que no nos ha dejado indiferentes y hemos querido compartir con nuestros lectores.

Esta es la traducción del documento:

Estimada señora,

Deduzco por su carta que su hijo es homosexual. Estoy muy impresionado por el hecho de que usted no mencione este término por sí mismo en su información acerca de él. ¿Puedo preguntar por qué evita decirlo? La homosexualidad seguramente no tiene ninguna ventaja, pero no hay nada de lo que avergonzarse, no es un vicio, ni una degradación, ni mucho menos una enfermedad. Consideramos que es una variación de la orientación sexual, quizá producida por un diferente desarrollo sexual. Muchas personas muy respetables de los tiempos antiguos y modernos han sido homosexuales, varios de los más grandes hombres de entre ellos: Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc. Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como si se tratase de un crimen, y una crueldad también. Si no me cree, lea los libros de Havelock Ellis.

Cuando me pregunta si le puedo ayudar ¿qué quiere decir? Supongo que la pregunta es si puedo suprimir la homosexualidad y colocar en su lugar la heterosexualidad. Mi respuesta es que en general no puedo prometer lograrlo. En cierto número de casos tenemos éxito al intentar desarrollar el germen heterosexual que queda presente en todos los homosexuales, pero estos casos son mínimos, y en la mayoría de los sujetos el cambio no es posible. Es una cuestión de la calidad y de la edad del individuo. El resultado del tratamiento no se puede predecir.

¿Qué análisis puede hacer si su hijo transcurre por una línea diferente? Lo importante es si él es infeliz, neurótico, afligido por sus conflictos, inhibido en su vida social. Entonces el análisis puede traerle armonía, la paz de la mente, la eficiencia total. Si él sigue siendo un homosexual o cambia, es lo de menos.

Pero creo que usted necesita más ese análisis que él. Si usted se decide a tener un análisis conmigo, no espero que lo acepte, puede visitarme en Viena. No tengo ninguna intención de moverme de aquí. Sin embargo, estaré esperando su respuesta.

Atentamente con los mejores deseos, Freud.

Pd: No encontré difícil leer su letra. Espero que no encuentre en mi letra y en mi inglés una tarea más ardua.


Una carta que llego a las manos de Alfred Kinsey y fue publicada en el “American Journal of Psychiatry” en 1951. Ahora ha sido rescatada para una exposición en el Museo de Sexología de Londres.

ENLACES
The Institute of Sexology - Exhibition

http://wellcomecollection.org/exhibitions/institute-sexology

jueves, 17 de junio de 2010

#libros #psicoanalisis | Eros y civilización

Eros y civilización / Herbert Marcuse ; traducción de Juan García Ponce
Barcelona : Ariel, 2010 [06-17]
240 p.
Serie: Ariel Filosofía
ISBN 9788434417168 / 16 €
/ ES / DE* / ENS
/ Civilización / Cultura / Filosofía / Psicoanálisis / Sigmund Freud / Sociología

"Eros y civilización" parte de la tesis sustentada por Freud (particularmente en "El malestar de la cultura") de que la civilización necesita una rígida restricción del “principio del placer”. Pero a la luz de la propia teoría freudiana, y basándose en las posibilidades de la civilización llegada a madurez, Herbert Marcuse aduce que la existencia misma de ésta depende de la abolición gradual de todo lo que constriña las tendencias instintivas del hombre, del fortalecimiento de los instintos rivales y de las liberaciones del poder constructivo de Eros. Piensa Marcuse que los logros alcanzados por las culturas occidentales han creado ya los prerrequisitos para el surgimiento de una civilización no represiva, y señala las tendencias sociológicas y psicológicas que actúan en ese sentido.

Esto lo lleva a un replanteamiento de la teoría freudiana en pugna con las escuelas neofreudianas (Eric Fromm, Karen Horney, Harry Stack Sullivan), que, en su opinión, han abandonado algunos de los descubrimientos más decisivos de la teoría psicoanalítica.

"Eros y civilización, no nos saca de la utopía. Utopía de una civilización no represiva, de una sexualidad transformada en Eros creador. El asunto que quizá en último término Herbert Marcuse plantea, es el de que, no obstante ser las utopías imposibles, no nos resulta fácil imaginar el mundo sin esta su peculiar clase de imposibilidad. " Del prólogo de Álvaro Pombo. 

Herbert Marcuse, filósofo y sociólogo alemán, fue una de las principales figuras de la Escuela de Frankfurt. Ante el creciente acoso contra los judíos, abandonó Alemania en 1933, instalándose en Estados Unidos, donde obtuvo la ciudadanía en 1940. Ejerció como profesor en las universidades de Columbia, Harvard, Brendeis y California. Referente de la izquierda, él mismo se definía como marxista, socialista y hegeliano. Falleció en Starnberg en 1979. Entre sus libros podemos destacar: "Razón y revolución", "Eros y civilización", "Tolerancia represiva", ·El final de la utopía", "Cultura y sociedad".

lunes, 30 de noviembre de 2009

#libros #psicologia | El deseo homosexual de Sigmund Freud y su travesía por lo femenino

El deseo homosexual de Sigmund Freud y su travesía por lo femenino / Jorge Marugán Kraus
Manuscritos, Madrid, 2009
291 p.
ISBN 9788492497324 [2009-11] / 21 €
ENS / ES / UCM
Feminidad
Homosexualidad
Piscoanálisis
Psicología
Sigmund Freud

Freud comprendió desde el principio que para desvelar las causas más secretas que animan al ser humano tenía que descubrir esas causas en sí mismo. Por eso, el psicoanálisis comenzó como un gran viaje interior. Y hoy, en gran parte, sigue anclado en aquel viaje iniciático, puesto que la admiración al padre, al fundador de la saga, ha dificultado en sus hijos su cuestionamiento. Pero ha pasado más de un siglo, y quizá sea el momento de reconsiderar el deseo del “fundador” y extraer algunas de sus consecuencias. Así, sus huellas, sus cartas, sus textos evidencian un inesperado (y censurado) deseo homosexual. Si el psicoanálisis nació con el autoanálisis, la relación de Freud con hombres como Fliess y Jung, su identificación con Leonardo da Vinci y Schreber, sus discutidas aportaciones a la comprensión de la homosexualidad y el desenlace de su encuentro con lo femenino quedarán instalados en los cimientos de la teoría.

Este libro propone un cuestionamiento de Freud sin concesiones. Conducirá al lector a lo más personal de su escritura y en su recorrido quedará interpelado lo más profundo de la condición humana. Finalmente, desde la senda abierta, se aborda una pregunta que hoy se sitúa en el ojo del huracán de todo debate sobre la condición sexual humana: ¿Cómo se establece la orientación sexual?

Jorge Marugán Kraus. Nacido en Madrid en 1965, es doctor en psicología y psicoanalista, profesor del Departamento de Psicología Clínica, del Master en Teoría Psicoanalítica y del Master Oficial en Psicoanálisis y Filosofía de la Cultura de la Universidad Complutense de Madrid. Imparte, además, un seminario privado sobre clínica psicoanalítica y es colaborador en diferentes publicaciones especializadas en psicología y psicoanálisis.