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lunes, 27 de noviembre de 2017

#hemeroteca #politica #homofobia | Susan Sarandon cree que Hillary Clinton habría sido muy “peligrosa” como presidenta

Imagen: El País / Susan Sarandon
Susan Sarandon cree que Hillary Clinton habría sido muy “peligrosa” como presidenta.
“Si hubiera ganado ahora estaríamos en guerra”, asegura la actriz sobre la candidata demócrata que se enfrentó a Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos.
El País, 2017-11-27
https://elpais.com/elpais/2017/11/27/gente/1511798168_798827.html

Un año después de las elecciones presidenciales que colocaron a Donald Trump como presidente de Estados Unidos, la actriz Susan Sarandon, de 71 años, asegura que todavía sigue recibiendo críticas por no haber apoyado a Hillary Clinton. La protagonista de ‘Thelma y Louise’, que siempre se ha declarado una mujer de izquierdas y una gran activista, fue una de las pocas figuras públicas que se mostró contraria a la política de la candidata demócrata. “Ella es muy peligrosa. Si hubiera salido presidenta seguiríamos divididos o estaríamos en guerra”, ha comentado ahora la intérprete en una entrevista a ‘The Guardian’.

Sarandon, que era partidaria de Bernie Sanders —el rival de Clinton en las primarias del Partido Demócrata—, votó por la candidata del Partido Verde Jill Stein en las elecciones presidenciales estadounidenses. Los sondeos de entonces mostraban que ni Stein ni el candidato Libertario, Gary Johnson, tenían posibilidades de ser elegidos presidente, por lo que muchos consideraron dañino el voto para estos partidos ya que pudo mejorar las posibilidades de que Trump ganara el 8 de noviembre de 2016.

Desde entonces, todos los moderados están en contra de Susan Sarandon, hasta el punto, cuenta la actriz, de que tuvo que cambiar su número de teléfono porque las personas identificadas como “los ‘trolls’ de Hillary” le enviaron mensajes amenazantes. “Recibí mensajes muy feos que decían: ‘Espero que te violen’ y cosas así”, explica.

En 2001, Sarandon apoyó la candidatura de Hillary Clinton para el Senado, pero su relación se enfrió un año después cuando la demócrata respaldó la resolución de guerra en Irak, que se votó bajo el mandato de George W. Bush. Desde entonces no ha sido partidaria de la política que ha llevado la esposa de Bill Clinton tampoco como secretaria de Estados. “Algunos de mis amigos homosexuales lamentaron que Hillary perdiera las elecciones y yo les dije: ‘Ella no es auténtica. Ha sido terrible con los homosexuales durante mucho tiempo. Ella es una oportunista”, cuenta al diario británico la estrella de Hollywood.

Sarandon, que siempre ha defendido que no solo por ser mujer había que elegir como presidenta a una mujer, sino a la adecuada, ha reiterado en esta entrevista su controversia también con Barack Obama y su política de deportación de inmigrantes. “Él deportó a más personas de las que han sido deportadas nunca. No entiendo cómo consiguió el Nobel de la Paz. Creo que era muy importante tener a una familia negra en la Casa Blanca y creo que algunas de las cosas que hizo fueron buenas, como su política sanitaria, pero no siempre acertó”, asegura la ganadora de un Oscar por la película ‘Pena de Muerte’, en 1995.

Durante la entrevista, la actriz, que siempre se ha declarado feminista, también tiene palabras para el escándalo sexual que está viviendo Hollywood con el caso Harvey Weinstein. “Hubo mujeres que dijeron que no, pero la cuestión es la moralidad con la que Hollywood normalizaba el asunto”, afirma sobre un tema sabido desde hace años en la industria. Sarandon también admite que ella experimentó alguna proposición indecente, pero siempre tuvo suerte y su determinación nunca fue puesta a prueba. “Simplemente dije que no, de manera más torpe o estúpida, pero la gente no insistió. No apareció nadie en mi habitación. No me maltrataron, ni acorralaron, ni me agredieron. Me invitaron y simplemente lo rechacé”, revela la actriz, que asegura que nunca se ha sentido ofendida porque nunca fue una situación difícil para ella.

martes, 3 de enero de 2017

#hemeroteca #politica | El sexo de la izquierda

Imagen: El País / Hillary Clinton admitiendo la derrota
El sexo de la izquierda.
A fuerza de insistir en los derechos de unos grupos, ha dejado de ser vista como representante de la sociedad en su conjunto.
Víctor Lapuente Giné | El País, 2017-01-03
http://elpais.com/elpais/2017/01/02/opinion/1483363407_177719.html

A diferencia de los ángeles y los partidos de derechas, la izquierda tiene sexo. Se declara feminista, como el PSOE desde Zapatero; o quiere feminizar la política, como Podemos. La izquierda ha ganado etiquetas. Además de socialista, es ecologista, feminista y defensora de las minorías. Esta diversidad ofrece oportunidades, pero también riesgos.

Por una parte, la izquierda se ha adaptado a los cambios sociales que han diezmado a su electorado clásico, los trabajadores varones. No se puede vivir de la nostalgia y, en el siglo XXI, la defensa de la igualdad debe incorporar consideraciones culturales, de género, o de orientación sexual. La izquierda hace bien en proponer medidas contra la discriminación de cualquier colectivo en cualquier frente: escuela, trabajo o esfera privada.

Pero todo lo bueno que tienen estas políticas integradoras lo tiene de malo el discurso político que las acompaña. Este es el telón de Aquiles de la izquierda contemporánea. A fuerza de insistir en los derechos de unos grupos, la izquierda ha dejado de ser vista como representante de la sociedad en su conjunto. Ha caído en lo que Bo Rothstein, para Europa, y Mark Lilla, para EE UU, denuncian como la política de la identidad. La izquierda enfatiza más las diferencias entre distintos grupos sociales que las semejanzas entre todos los ciudadanos.

La fallida campaña de Hillary Clinton es una seria advertencia para los progresistas en todo el mundo. Hillary sustituyó una visión general para el país por menciones a colectivos concretos: afroamericanos, latinos, LGTBI y, sobre todo, mujeres. En principio, parecía un buen ‘marketing’ político. Singulariza tu producto. Pone nombre y apellidos, sexo y etnia, a tus potenciales clientes. Pero la política no es como la moda. Cuando apelas a un grupo concreto, alienas a otro. En este caso, al hombre blanco.

La izquierda en muchos países corre el peligro de deslizarse por la misma pendiente: que la defensa de políticas para los más desfavorecidos desemboque en un conflicto identitario. Para evitarlo, los progresistas tienen que ser como los ángeles, inteligentes y asexuados.

domingo, 13 de noviembre de 2016

#hemeroteca #politica | Un sondeo apunta a que la xenofobia de Trump desató un récord de voto latino

Imagen: El País / Jóvenes latinos anti-Trump en Minneapolis
Un sondeo apunta a que la xenofobia de Trump desató un récord de voto latino.
'Latino Decisions' indica que salieron a votar al menos dos millones de hispanos más que en 2012.
Pablo de Llano | El País, 2016-11-13
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/12/estados_unidos/1478990549_595498.html

El voto de los hispanos de Estados Unidos fue uno de los factores más esperados de las elecciones presidenciales. Los insultos de Donald Trump a los inmigrantes mexicanos se veían como un motivo para que hubiese una reacción electoral latina contra él. Y así fue, según la encuestadora Latino Decisions, que indica que la minoría más numerosa del país aumentó su participación y apoyó abrumadoramente a Hillary Clinton. Aunque no bastó.

Según sus previsiones en estos comicios acudieron a votar entre 13,1 y 14,7 millones de hispanos, al menos dos millones más que en 2012 (11,2 millones).

La demócrata Clinton, que perdió las elecciones por votos por colegio electoral pero obtuvo más votos totales que Trump, habría recibido un 79% del apoyo latino (cuatro puntos más que Obama en 2012) y el republicano tan sólo un 18%. Nunca antes un candidato presidencial había cosechado un porcentaje de apoyo tan bajo entre la población de origen hispano. El republicano Mitt Romney logró un 23% hace cuatro años y en 2004 George W. Bush un 40%.

Los datos de ‘Latino Decisions’ son una aproximación basada en una encuesta hecha días antes de la votación del 8 de noviembre con 5.600 entrevistas.

Los expertos de la casa de sondeos han criticado la encuesta nacional electoral que hace el día de las elecciones la firma Edison Research por encargo de varios medios de comunicación. Consideran que no está diseñada para captar con solvencia el voto hispano. Edison estimó durante el día de los comicios cerca de un 30% de voto para Trump entre los latinos.

El sufragio por anticipado (por correo y presencial) mostró en las dos semanas previas a la jornada final de votación un auge del voto hispano en territorios de fuerte demografía latina. En Florida se registró más de un 100% de aumento. También en Texas se disparó su votación en varios condados. Sin embargo, Trump se llevó esos dos estados (67 de los 290 votos electorales que logró).

La campaña de Clinton y organizaciones progresistas hicieron un esfuerzo por alentar la participación de los hispanos. En buena medida parece que lo lograron, aunque fue insuficiente.

Sin embargo la subida del voto hispano apunta a una tendencia decisiva a corto plazo en la política de Estados Unidos. Los latinos son 56 de los 324 millones de americanos y su crecimiento demográfico es el mayor del país junto al de los asiáticos. Si se añade a su poder demográfico al alza una mayor implicación política de las nuevas generaciones el voto latino será determinante y los demócratas cuentan con todas las pepeletas para verse beneficiados de ese poder político en futuras elecciones.

Ni siquiera el voto cubanoamericano sigue siendo fiel a los republicanos. Según ‘Latino Decisions’ en estas elecciones han votado más demócrata (50% para Clinton) que republicano (48% para Trump).

Entre los mexicanos, siempre según la encuestadora, Clinton tuvo un 81% de los votos y Trump un 15%. El republicano inició su campaña calificando de "violadores" a los mexicanos indocumentados. La demócrata recabó el 79% de apoyo de los puertorriqueños, el 82% de los centroamericanos y el 81% de los sudamericanos. El mejor dato para Trump fue el 27% de votantes que logró entre los latinos con ingresos superiores a los 80.000 dólares anuales.

Tras la victoria de Trump en las elecciones, en los medios de Estados Unidos se han podido leer titulares como ‘¿Por qué los latinos no salvaron América?’ y análisis más ponderados como el del New York Times, que resumía: "Si usted está en ‘shock’ por el resultado, no culpe a los latinos".

En cierto modo, la conclusión es que el voto hispano hizo su trabajo en favor de la causa demócrata, pero no en los guarismos necesarios para contrapesar el aún preponderante voto anglosajón.

sábado, 12 de noviembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #politica | Ganó el machismo

Imagen: El País / Homenaje a la sufragista Susan B. Anthony, 2016-11-08
Ganó el machismo.
Si el retrato de una mujer cuelga en la Casa Blanca será como primera dama, no como presidenta.
David Alandete | El País, 2016-11-12
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/12/actualidad/1478938164_217643.html

Está claro a estas alturas que Estados Unidos ha estado dispuesto a abrirle la Casa Blanca a una persona de raza negra pero no a una mujer. En los ocho años de presidencia de Barack Obama se pueden haber curado muchas heridas raciales, pero las de género siguen abiertas y muy sangrantes. Si no, no puede explicarse que la misma nación que tuvo la audacia de darle una merecida oportunidad a Obama en 2008 haya preferido ahora a un extravagante magnate sin la educación o experiencia necesarias, y no al candidato mejor preparado de la historia electoral estadounidense que, además, da la casualidad de que es mujer.

El martes Donald Trump cosechó menos papeletas que John McCain en 2008 y Mitt Romney en 2012. Hillary Clinton logró 445.000 votos más que él, pero no con la distribución que le hubiera permitido ganar. Con el recuento ya acabado, no solo es que las clases medias y bajas de raza blanca apoyaran decididamente a Trump, es que gran parte de las minorías hispana y negra ni se presentaron a votar por la candidata demócrata.

Ni siquiera puede hablarse de cierta solidaridad de género. El 53% de mujeres de raza blanca votó por Trump (como lo hicieron el 32% de mujeres hispanas y el 6% de afroamericanas).

No ha importado que los ataques machistas de Trump y sus acólitos hayan rozado la injuria en sus cotas más bajas. Rudy Giuliani, alcalde de Nueva York durante el 11-S y posible ministro de Justicia, dijo en septiembre que si Clinton no se dio cuenta de que su marido la engañó con Monica Lewinsky “es demasiado estúpida para ser presidenta”. Trump, en octubre, decidió que no había nada malo en hacer de la vida personal de su oponente un asunto central de la campaña y la acusó en un mitin televisado de haber engañado a su marido: “Creo que no le es fiel, sinceramente”.

Mucho se ha escrito en la prensa rosa de las propias infidelidades de Trump, con las que se pueden llenar libros y libros. Pero Clinton no recurrió a ellas. Se centró en sus propuestas para un país mejor: avanzar en la reforma sanitaria, reforzar la seguridad social, reforma migratoria, protección de las minorías, igualdad de derechos. Mientras en sus mítines ella hablaba de política económica y reformas sociales, en los medios provocaban estupor todo tipo de grabaciones de Trump llamando a una modelo hispana “cerda” por su sobrepeso o jactándose de que puede agarrar a las mujeres por sus partes íntimas cuando quiera por el mero hecho de ser famoso. Cuando le acusaron de acoso sexual, respondió que quienes lo hacían eran demasiado “feas” para que él se fijara en ellas.

A pesar de todo, Clinton perdió cinco millones de votos con respecto a Obama en 2012. Las posibles razones de su derrota son muy variadas: su papel en la fundación de su marido, una supuesta fragilidad física o avanzada edad, su relación con adinerados donantes o el uso de un correo privado cuando era ministra. Trump, en concreto, ha dirigido sus ataques al carácter de Clinton, al hecho de que es, según sus propias palabras, "deshonesta", "una mentirosa", "asquerosa".

Como esas, la mayoría de críticas a Hillary Clinton no se han centrado en su preparación para el puesto. No ha sido un factor decisivo que sea licenciada por el prestigioso Wesleyan College, tenga un máster en derecho por la exclusiva Universidad de Yale y haya sido una abogada de éxito, admirada senadora y eficiente ministra de Exteriores. Ni siquiera que como primera dama no se resignara a servir el té y cuidar el jardín, sino que impulsara una abortada reforma sanitaria que solo se aprobaría más de una década después.

Su principal lastre es el del apellido, ser una Clinton.

Y no hay nada más injusto que describirla a través de con quién está casada, y no por sus aptitudes. Se la ha convertido en un apéndice, en una nota al pie. Trump ha acertado con su estrategia de retratarla como la pérfida consorte de un clan familiar corrupto y sin escrúpulos. No se ha prestado atención a sus propuestas, solo a su imagen y a su familia.

Cuando Clinton nació, en 1947, solo había ocho mujeres en un Congreso de 435 escaños. Hoy no son ni una cuarta parte: 84 asientos, un 19%. Similar es la situación en el Senado. Cuando la candidata nació no había ni una senadora, y hoy son 21 de 100. A las puertas de la Casa Blanca quedaron dos candidatas a la vicepresidencia: la demócrata Geraldine Ferraro en 1984 y la republicana Sarah Palin, en 2008. Y ahora ella, que varias veces quiso romper el techo de cristal y no pudo, porque el mensaje de la mitad del electorado está claro: si el retrato de una mujer debe colgar en la Casa Blanca debe ser solo como primera dama.

viernes, 11 de noviembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #politica | ¿Por qué visten de violeta Hillary y Michelle Obama tras la victoria de Trump?

Imagen: El País / Hillary y Bill Clinton, 'en violeta'
¿Por qué visten de violeta Hillary y Michelle Obama tras la victoria de Trump?.
Tanto el traje pantalón de la ex candidata demócrata en su discurso de derrota como el vestido de Narciso Rodriguez de la Primera Dama junto a Melania Trump transmiten un fuerte mensaje político.
Noelia Ramírez | SModa, El País, 2016-11-11
http://smoda.elpais.com/moda/visten-morado-hillary-michelle-obama-tras-la-victoria-trump/

Se ha especulado largo y tendido sobre los mensajes secretos que Melania Trump lanzó durante la campaña con sus elecciones estilísticas. ¿Estaba boicoteando al magnate vistiendo una camisa ‘pussy bow’ (con connotaciones históricas feministas) en uno de los debates presidenciales? ¿Se vistió de blanco cuando fue a votar –y su marido, desconfiado, espió su voto– para reivindicar el uniforme de las sufragistas de principios de siglo? ¿Lo volvió a hacer vistiendo ese mono blanco de Ralph Lauren en la noche electoral (firma de cabecera de Hillary durante la campaña), respondiendo al hashtag #WearAllWhiteToVote que reclamaban las feministas estadounidenses? Intencional o no, o bien a Melania le encanta trolear a los analistas de moda, expectantes por descodificar cualquier mensaje político en la vestimenta, o bien está lanzando un grito silencioso contra las políticas de Trump (ella mismo emitió un comunicado que decía “las palabras de mi marido son inaceptables y ofensivas para mí”, en referencia al famoso vídeo en el que el futuro presidente apostaba por agredir sexualmente a las mujeres diciendo aquello “de cuando eres famoso, ellas te dejan hacerles cualquier cosa: agarrarlas por el coño”).

Las que también han lanzado dos sonoros mensajes con su ropa tras la derrota de los demócratas en las urnas han sido la aspirante a presidenta, Hillary Clinton, y la Primera Dama, Michelle Obama. Hillary lució un traje negro y violeta de Ralph Lauren en su discurso de derrota y Michelle ha optado por un vestido bicolor (violeta y naranja) de Narciso Rodriguez para recibir a Melania Trump en la Casa Blanca. ¿Casualidad? Creemos que no y aquí van las razones.

El mensaje de Hillary, ¿conciliador o reivindicativo?
Por un lado están los que defienden la teoría de que Hillary vistió de morado (la corbata de Bill Clinton también era de ese color) porque el violeta es el color que nace de la unión de los colores rojo –color del partido republicano– y azul –color del partido demócrata–. Es decir, su traje llamaba a ese tono de calma que transimitió en su discurso (“Donald Trump es nuestro presidente y le debemos una mente abierta y la oportunidad de liderar”). También están los que opinan que el atuendo quería representar la estética de un funeral (en la liturgia cristiana, el violeta también es el color del luto durante la Cuaresma).

Por otro, la teoría de que Hillary quiso reivindicar a las feministas que la han apoyado durante toda la campaña. El violeta es el color internacional del movimiento por la igualdad de derechos. Está la leyenda urbana lo atribuye al color de las camisas que fabricaban las ‘shirtwaists’, las 123 trabajadoras que fallecieron calcinadas el 25 de marzo de 1911 en el incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York. Mujeres que cobraban una miseria en condiciones infrahumanas y cuyo trágico final sirvió para reafirmar la necesidad de que el 8 de marzo fuese el día de la mujer trabajadora. Lo que sí es cierto es que ese color ya lo adoptaron mucho antes las sufragistas estadounidenses como Susan B. Anthony, cuando las británicas importaron el púrpura al movimiento a EEUU –tenían el violeta, amarillo y dorado que simbolizaba la lealtad, la pureza y la esperanza–. En 1978, las 100.000 mujeres que marcharon en Washington a favor de la Enmienda por la Igualdad de derechos vistieron con ese color.

En EEUU, además, el color también se corresponde con el activismo de las lesbianas. La ensayista Betty Friedan lo acuñó cuando renegó de incluirlas en el movimiento feminista llamándolas la “amenaza violeta“. Las mujeres gays decidieron vestir de ese color en el II Congreso para unir a las mujeres en Nueva York en 1970 y revindicar su hueco en la igualdad de derechos. Siete años después, tal y como explica Gloria Steinem en el recién editado ‘Mi vida en la carretera’ (Alpha Decay), se firmó la reconciliación con el movimiento cuando la propia Friedan pidió en el Congreso de Houston que se aprobase el controvertido artículo que “apoyaba el derecho a la igualdad para las lesbianas en el terreno laboral y en la custodia de menores”. No extrañaría que Hillary también optase por vestir ese color para lanzarles un guiño, ya que en su propio discurso recalcó en el movimiento, cuando pidó a Trump que fuera un presidente inclusivo, porque en el sueño americano, dijo, caben todos: las mujeres, los inmigrantes, el colectivo LGTBI, quienes tienen minusvalías, todos. “El sueño americano es suficientemente grande para todos”

Michelle, también
No hubo posado en dobles parejas como sí hicieron los Bush con los Obama hace ocho años, pero sí ha trascendido la foto del encuentro entre Melania Trump y Michelle Obama en la Casa Blanca. El encuentro entre la mujer que plagió su discurso y la actual primera dama se ha inmortalizado con una foto oficial en el que Michelle viste un traje bicolor morado de Narciso Rodriguez. Michelle, experta en transmitir con su ropa (ella ha instaurado la diplomacia en el vestuario, escogiendo a diseñadores específicos de cada país que visita EEUU) eligió por un lado a un diseñador estadounidense con ascendencia cubana y, por otro, también tiró de morado tras la derrota. ¿Casualidad? Viendo su historial con la moda, apostamos todo al violeta a que no lo fue.

Y TAMBIÉN…
¿Cuál es el significado del traje negro y morado de Hillary Clinton?.
La ex-candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos compareció ante los medios vestida con unos tonos opuestos a los que llevó durante toda la campaña.
Carmen López Álvarez | La Vanguardia, 2016-11-09

miércoles, 9 de noviembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #politica | "Con Trump como presidente, el progreso de las mujeres sufrirá"

Imagen: Google Imágenes
"Con Trump como presidente, el progreso de las mujeres sufrirá".
Varias mujeres estadounidenses aseguran que el triunfo de Donald Trump hará que se tambaleen las políticas de género y frenará los derechos de las mujeres. El multimillonario se ha mostrado contrario al aborto: "Los derechos sexuales y reproductivos quizás se vean amenazados", apunta la periodista Liza Featherstone. No olvidan el vídeo en el que presumía de abusar sexualmente de mujeres en un país en el que una de cada seis mujeres han sido víctimas de violación –o de un intento–.
Marta Borraz | El Diario, 2016-11-09
http://www.eldiario.es/sociedad/Mchismo-Trump-efectos-mujeres_0_578492702.html

No hace muchas horas que lleva despierta, pero todavía está "en estado de shock". Therese Lawless teclea desde la ciudad californiana de San Rafael un e-mail de pocas líneas: "Es un día terrible. Muchos pensamos que es una muestra de lo machista que es nuestra cultura...", afirma. Se refiere al triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, una victoria que hace un par de días no podía imaginar.

"Se me hace difícil pensar en cómo van a retroceder las mujeres porque no creo que gane", afirmó cuando este diario se puso en contacto con ella días antes de los comicios. Ahora reina la incertidumbre sobre qué será capaz de hacer el nuevo inquilino de la Casa Blanca con la mitad de la población, a la que ha despreciado en un discurso con el que ha atacado no solo a las mujeres, sino también a latinos, personas negras o musulmanes.

Por eso, Juana Flores, de origen mexicano, asegura tener miedo del lugar en el que quedarán a partir de ahora las políticas de género. "Me siento acosada, Donald Trump no respeta a nadie, pero a la mujer la considera un objeto", asegura Juana desde San Francisco poco antes de volver a su trabajo como parte de la organización Mujeres Unidas y Activas.

La periodista Liza Featherstone afirma que el triunfo del multimillonario es una forma de "legitimar el desprecio y el abuso que este hombre ha mostrado hacia las mujeres durante toda la vida". Además, añade, Mike Pence, elegido vicepresidente, "es muy conservador con los derechos del aborto", así que, "los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres quizás se vean amenazados".

El aborto es legal en todos los estados de EEUU, pero algunos de ellos han impuesto restricciones en los últimos años. Hace cinco meses el Tribunal Supremo de Estados Unidos emitió una sentencia que rechazaba las limitaciones establecidas por el estado de Texas. "Estoy en contra del aborto y designaría jueces contrarios al aborto", aseguró Trump en el último debate con Hillary Clinton.

La desigualdad estadounidense
Todas las mujeres consultadas para este reportaje coinciden en la enumeración de los obstáculos y discriminaciones a las que se enfrentan las mujeres en Estados Unidos. Y también concluyen que esa discriminación se recrudece en las mujeres afroamericanas, latinas, empobrecidas o con discapacidad. "El sistema estadounidense, lejos de ayudar, hace más pobre", sentencia Flores.

Laura Geller es rabino del Templo Emanuel de Berberly Hills, en Los Ángeles. Apunta a que la situación de las mujeres ha avanzado, pero la victoria de Trump es "un desastre para nosotras" porque "Make America Great Again" ("Hacer a América Grande de Nuevo"), el eslogan de campaña del ya presidente, significa "hacer a los hombres blancos y estadounidenses poderosos de nuevo", sostiene Geller.

Las mujeres siguen dedicándose mayoritariamente a las tareas de cuidado, ganan 79 centavos de media por cada dolar que perciben los hombres (la comunidad negra y latina gana 64 y 56 centavos por cada dólar de un hombre blanco) y sufren acoso sexual y laboral. "Los problemas de las mujeres afectan más a mujeres pobres, y las mujeres negras y latinas son más propensas a ser pobres", dice Featherstone.

El relato de acoso sexual de Trump
En 2015 Naciones Unidas documentó la desigualdad de género todavía existente en una visita al país. "Si bien todas las estadounidenses son víctimas de violaciones de sus derechos; las pobres, las indígenas, las afroamericanas e hispanas, las migrantes, las que pertenecen a la minoría LGTB, las personas con discapacidad y mujeres de avanzada edad son particularmente vulnerables", concluye la ONU.

"Con Donald Trump como presidente, el progreso de las mujeres sufrirá", sentencia Geller, que apunta a que la victoria "legitima su odiosa retórica sobre las mujeres como objetos sexuales y parece normalizar el acoso sexual". No olvida el relato hecho público por The Washington Post en el que presumía de que podía "coger" a las mujeres "por el coño" porque es una estrella.

Eso en un país en el que una de cada seis mujeres norteamericanas han sido víctimas de una violación –o un intento– alguna vez en su vida, según Rainn, la mayor organización contra la violencia sexual de Estados Unidos. Las mujeres sufrirán, dice la abogada Lawless, porque Trump ha demostrado "que no le importan los asuntos que nos afectan".

El feminismo, a vueltas con Clinton
Muchas feministas tampoco veían en Hillary Clinton una candidata alineada con políticas de género amplias. Ha sido criticada por potenciar un feminismo "para mujeres blancas de clase media alta". "Un feminismo neoliberal, que solo beneficia al 1% que se sitúa en la cúspide de la pirámide", ejemplifica Featherstone, autora de "Falsas elecciones: El falso feminismo de Hillary Clinton".

En el libro asegura que es "simplista" pensar que su triunfo habría supuesto "un logro para todas las mujeres en todas partes". Una mirada detallada, dice, a su historial sobre "políticas de bienestar social, vínculos con Wall Street, justicia penal, educación o política exterior revela que ha potenciado leyes y decisiones que han hecho un daño real a las vidas de mujeres del país y de todo el mundo".

Otras como Flores tampoco encontraban en Clinton una candidata ideal a la presidencia de Estados Unidos, pero confiaban en que impulsara "avances en los derechos de las mujeres". Justo en el extremo contrario al análisis de Featherstone, se encontraban mujeres como Lawless o Geller. "Ha dicho que los derechos de las mujeres son derechos humanos, verdaderamente cree en la igualdad y lidera con el ejemplo", decía la primera.

#hemeroteca #mujeres #politica | Las mujeres blancas 'traicionaron' a Clinton y dieron la victoria a Trump por 10 puntos pese a su machismo

Imagen: Google Imágenes
Las mujeres blancas 'traicionaron' a Clinton y dieron la victoria a Trump por 10 puntos pese a su machismo.
Todas las previsiones y encuestas que auguraban un voto femenino masivo a favor de Hillary, o en contra del magnate misógino, fallaron estrepitosamente en la jornada electoral en EEUU. La primera aspirante a la Casa Blanca se topó con un rechazo inopinado entre amplios sectores de las norteamericanas blancas, que obviaron esa oportunidad histórica de sentar a una presidenta en el Despacho Oval y apoyaron al ultraderechista.
Carlos Enrique Bayo | Público, 2016-11-09
http://www.publico.es/internacional/mujeres-blancas-traicionaron-clinton-y.html

Desde el primer momento, el duelo presidencial Trump-Clinton fue calificado en EEUU como el de "la brecha de géneros", es decir la diferencia entre los porcentajes de hombres y de mujeres que votan a cada uno de los aspirantes a la Casa Blanca. Ciertamente, el resultado de este 8 de noviembre ha batido el récord de esa brecha, puesto que el republicano ganó entre los hombres por 12 puntos de diferencia, mientras que la demócrata ganó entre las mujeres por 13, acumulando un abismo de 25 puntos porcentuales entre los dos.

El único candidato que se acercó a semejante "brecha de géneros" fue el demócrata Al Gore, quien obtuvo en 2000 una ventaja sobre George W. Bush de 12 puntos entre las mujeres y se sumó un ‘abismo sexual’ de 22 puntos entre los dos. Sin embargo, a Hillary Clinton esa enorme fosa entre géneros no sólo no la ha impulsado hacia la victoria, sino que ha sido en parte responsable de su derrota, a causa de la traición de las norteamericanas blancas, que han desoído el descarnado machismo de Donald Trump, en palabra y hechos, para decantarse a su favor... o en contra de la ex primera dama de Bill Clinton.

Los EEUU de las mujeres y los EEUU de los hombres
Trump se lanzó a la palestra electoral con una campaña de descarada prepotencia masculina, sin ahorrar palabras denigrantes contra las mujeres ni avergonzarse cuando salió a la luz una grabación en la que se jactaba de acosarlas como si fueran "perras". A continuación, empezaron a dar la cara diversas mujeres que relataron sus experiencias de acoso sexual a manos del multimillonario, sin que él tampoco las respetase en sus reacciones ante esas denuncias. Todo ello parecía conducirle hacia un brutal choque en las urnas con el electorado femenino de EEUU, que asciende al 52% de todos los votantes registrados y frente al cual casi todos los observadores le consideraron derrotado de antemano.

Incluso se hicieron extrapolaciones preelectorales sobre cómo podrían resultar las presidenciales si sólo votasen mujeres o sólo votasen hombres, como la que encabeza este artículo –elaborada por FiveThirtyEight (CincoTreintayOcho, el número 538 de delegados al Colegio que escoge al presidente)–, en la que una votación femenina produciría supuestamente una arrolladora victoria de Clinton por 450 a 80 delegados, mientras que una exclusivamente masculina haría ganador a Trump por 350 a 188.
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Pero, al cerrarse los colegios electorales este martes, todas estas previsiones y encuestas demostraron estar erradas, porque se sobrevaloró enormemente el rechazo que se suponía tendría entre el electorado femenino el machismo de Trump. Sobre todo, entre las mujeres blancas, quienes dieron una sorprendente ventaja de 10 puntos en las urnas al magnate (53% del voto de esas féminas) por encima de la exsecretaria de Estado (sólo el 43% de esos sufragios).

Por supuesto que Trump arrolló a su rival en el voto de los hombres blancos (63% a 31%), pero su victoria no se debió sólo a ese fenómeno –más que previsible para los gabinetes demoscópicos– sino a la sorprendente falta de sensibilidad de las estadounidenses de raza blanca frente a las humillaciones a las que las había sometido el potentado que se convertirá –en parte, gracias a ellas– en el presidente más peligroso que jamás se haya sentado en el Despacho Oval.

Clubes femeninos contra "Killary"
Ni que decir tiene que ese 53% de mujeres blancas que votaron por Trump estaba formado en su mayor parte por electoras republicanas, pero aún no se explican los analistas norteamericanos cómo tuvieron tan poco impacto entre ellas las barrabasadas del magnate: a pesar de la evidente misoginia del candidato, clubes femeninos furiosamente enemigos de Clinton –que inundaban las redes con tuits con el hashtag #Killary, juego de palabras entre su nombre de pila y el término "asesina"– siguieron engrosando sus filas con afiliadas, como 'Females For Trump' (80.000 seguidoras) o 'Women For Trump' (53.000 seguidoras).

En total, el 91% de las electoras republicanas votaron por Trump –casi el mismo apoyo que el que recibió de los hombres republicanos (92%)– a pesar de su sexismo. Más aún, Clinton también perdió frente al millonario (49% a 41%) entre las mujeres registradas como "independientes" (que no apoyan ‘a priori’ a ninguno de los dos grandes partidos).

Históricamente, las norteamericanas siempre se han inclinado más en favor del Partido Demócrata que hacia el republicano, pero en esta ocasión Hillary ha obtenido unos resultados decepcionantes entre el conjunto de las mujeres: el 54% de las electoras la votaron, pero Obama obtuvo el apoyo del 55% de las votantes en 2012.

Esta situación de desapego de las estadounidenses frente a la primera posibilidad real de que una mujer se convirtiese en la primera presidenta de EEUU quedó más que patente en los estados ‘bisagra’, donde se libraban las verdaderas batallas que iban a decidir la guerra por la Casa Blanca. Por ejemplo, en Florida, esencial para las aspiraciones de Hillary y cuya numerosa población hispana había hecho creer a los demócratas que negaría su apoyo al candidato racista, xenófobo y antiinmigrantes. Allí, Clinton obtuvo un miserable porcentaje del 51% del voto femenino y se vio condenada a la derrota.

Pero Hillary tampoco obtuvo un respaldo femenino masivo en el resto de los estados clave para ganar la mayoría del Colegio que elige al presidente: 53% de las votantes en Michigan y New Hampshire; 54% en Ohio, Wisconsin, Georgia y Colorado; 55% en Carolina del Norte, y 58% en Pennsylvania. Exiguas mayorías femeninas que no le permitieron superar la abrumadora superioridad de Trump entre los hombres blancos sin formación (72% a 23% en el conjunto de EEUU).

En definitiva, Clinton sólo logró superioridad en el voto de las mujeres blancas (y tampoco mucha: 51% a 45%) entre las licenciadas universitarias (como ella misma). Mientras que dos de cada tres norteamericanas blancas sin estudios apoyaron a Trump.

Un panorama desolador para las feministas estadounidenses.

#hemeroteca #mujeres #politica | La testosterona de Clinton (Hillary)

Imagen: Google Imágenes
La testosterona de Clinton (Hillary).
Ana Pardo de Vera | Público, 2016-11-09
http://www.publico.es/opinion/hillay-clinton-testosterona-trump.html

"El primer presidente negro en EEUU y, ahora, la primera mujer presidenta". Así de simplistas eran los titulares que celebraban por adelantado la victoria de la candidata demócrata, Hillary Clinton, frente al republicano-denostado-por-republicanos, Donald Trump, en un país que no ha dejado de ser racista con Obama al frente y con una mujer ya excandidata que no representa, ni de lejos, la lucha feminista.

Hace tiempo que concibo como un mal menor y como parte del camino a la igualdad la presencia de mujeres ‘testosteronizadas’ en puestos de responsabilidad, ya sea en el sector público como en el privado, pero eso no significa que la batalla por la igualdad deba terminar ahí. Dijo hace tiempo la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que "cuando una mujer entra en política, la política cambia a la mujer, pero cuando muchas mujeres entran en política, son las mujeres las que cambian la política". Poco más cabe añadir.

Las mujeres hemos ido abriéndonos paso con mucha dificultad en un mundo copado por hombres e impregnado de testosterona (literalmente, "la hormona sexual principal masculina, que juega un papel clave en el desarrollo de los tejidos reproductivos masculinos como los testículos y la próstata") y, por el camino, nos hemos dejado muchas cosas, no sólo los estrógenos.

Clinton (Hillary), por ejemplo, se dejó por el camino la dignidad mínima que debe exigirse, en mi opinión, a una mujer que quiere presidir EEUU por primera vez, y se cubrió de testosterona apoyando incondicionalmente al presidente Clinton (Bill) cuando fue sometido a un proceso de ‘impeachment’ histórico desencadenado por mantener relaciones sexuales con la denostada Lewinsky y en el que confluyeron intereses republicanos, geoestratégicos y testosterona, mucha testosterona hedionda y cruel con todas las mujeres implicadas.

Clinton (Hillary) se refirió a la relación que mantuvo su marido con Lewinsky en su libro ‘Historia viva’ (2003) asegurando que no pidió el divorcio de Clinton (Bill) por "el amor que ha persistido durante décadas (...) Nadie me entiende mejor y nadie me puede hacer reír de la manera en que Bill lo hace. Después de todos estos años, él sigue siendo la persona más interesante, enérgica y plenamente viva que he conocido". Ésta fue y es la opinión pública de una mujer engañada por su marido, pero además -y sobre todo-, éste sigue siendo un atisbo de la visión del mundo de quien buscó incansablemente ser la primera mujer presidenta de EEUU, aunque fuera a costa de sí misma.

Es verdad; con Trump perdemos mucho las mujeres, pero con Clinton (Hillary) no habríamos ganado nada.

#hemeroteca #politica | Por qué perdió Hillary Clinton

Imagen: El Diario / Hillary Clinton
Por qué perdió Hillary Clinton.
La economía, la desconfianza, un mensaje débil y los errores en los sondeos han favorecido una explosión política que ha cambiado para siempre el mapa electoral de Estados Unidos. La campaña ha girado en torno al mensaje de que ella era la candidata mejor preparada y esto ha eclipsado ideas y proyectos importantes. El FBI estuvo investigando a la candidata demócrata hasta dos días antes de las elecciones. Ello reforzó la noción de que los Clinton creen que están por encima de la ley.
Dan Roberts · The Guardian | El Diario, 2016-11-09
http://www.eldiario.es/theguardian/claves-explican-derrota-Hillary-Clinton_0_578492577.html

Lo que hizo Hillary Clinton para perder unas elecciones contra un candidato tan impopular y polémico frustrará a los analistas y atormentará al Partido Demócrata durante los próximos años. Una vez pase el shock, se harán visibles los primeros atisbos de explicaciones racionales.

Los partidos en la presidencia raramente mantienen el poder después de ocho años en el cargo. El caso de George Bush, después de dos mandatos de Reagan, fue una excepción, pero la política se ha polarizado cada vez más.

El desafío de Trump a las expectativas se ha convertido en sí mismo en una especie de regla de oro en la política estadounidense de 2016. Ridiculizado repetidamente durante las elecciones primarias y solo tomado en serio en raras ocasiones, Trump representa el estado de ánimo que llevó a Reino Unido a votar para abandonar la Unión Europea y a los demócratas en 22 estados de EEUU a nominar a Bernie Sanders en las primarias. Justo o no, en la mente de los votantes, Clinton no podría haber estado más alineada con ese establishment.

La economía
“Es la economía, estúpido”, fue una frase acuñada por un consejero de Bill Clinton, James Carville, en las elecciones de 1992 y, en cualquier caso, debería haber ayudado a los demócratas de nuevo en 2016. Obama ayudó a rescatar a Estados Unidos de la crisis financiera y dirigió una serie de periodos de crecimiento del empleo.

Desafortunadamente para Clinton, muchos norteamericanos no son tan optimistas. Los salarios estancados y las desigualdades desorbitadas son síntomas del malestar de los votantes. Trump les hizo creer que esto está causado por acuerdos comerciales malos y una economía falseada.

A pesar de haber sido empujada por Sanders en esta dirección durante las primarias demócratas, Clinton nunca encontró la respuesta adecuada. Su repentino cambio de opinión sonó poco convincente, en el mejor de los casos, y profundamente cínico, en el peor. Posteriormente, los correos electrónicos filtrados lo corroboraron.

Tampoco el socialismo ni las homilías protofascistas de Trump ofrecen muchas alternativas coherentes, pero el resultado fue que Clinton no logró articular una defensa convincente del capitalismo estadounidense moderno.

Confianza
La falta de confianza socavó medidas políticas que eran plausibles. Los estadounidenses dejaron de confiar en una candidata que pronunciaba discursos pagados por Goldman Sachs y que utilizaba su fundación para tejer una oscura red de contactos.

El FBI estuvo investigando a la candidata demócrata hasta dos días antes de las elecciones. El hecho de que Hillary se enfrentara a la amenaza de que se presentaran cargos en su contra por haber vulnerado la normativa relativa a la seguridad de las comunicaciones virtuales de los altos cargos solo fue la punta del iceberg.

Esta situación dañó a los Clinton, no solo porque la investigación del FBI tuvo lugar en el peor momento posible y finalmente llegó a un punto muerto, sino también porque reforzó la noción de que los Clinton creen que están por encima de la ley.

Mensajes sin contenido
El hecho de que Clinton haya hecho campaña en torno a su persona también ha propiciado la derrota. La campaña ha girado en torno al mensaje de que ella era la candidata mejor preparada para el cargo. Aunque esto es verdad, y más si se compara su trayectoria con la inexperiencia política de Trump, el problema es que este mensaje eclipsó ideas y proyectos que eran sumamente importantes.

Podría haber abordado miles de temas que eran relevantes para los ciudadanos, como el sistema sanitario. También podría haber presentado medidas para mitigar la deuda de los estudiantes universitarios, siguiendo la propuesta de Bernie Sanders, pero con matices.

Los eslóganes de la campaña no tenían fuerza. El mensaje “esperanza y cambio” de Obama se quedó en “esperanza”, pero el mensaje de “más fuertes unidos” de Clinton ha parecido más una respuesta a la división en el seno del Partido Republicano en torno a Trump. Es un eslogan que atrajo a muchos demócratas pero que, al mismo tiempo, reforzó la noción de que era Trump quien fijaba las reglas de juego de esta campaña.

Sondeos erróneos
Sin duda, en el momento de buscar culpables, hay que señalar a los sondeos, que afirmaron que Clinton aventajaba a Trump por tres o cuatro puntos.

Algunos, como la página web FiveThirtyEight, de Nate Silver, señalaron la posibilidad de que los estados que tienen un voto fluctuante pudieran hacer decantar la balanza hacia Trump, pero incluso en este caso y en la víspera de las elecciones se consideró que las posibilidades de Trump para ganar eran de menos del 30%.

Este cúmulo de sondeos erróneos es una muestra de que han dejado de funcionar. Intentan comprender a unos votantes que ya no utilizan líneas fijas de teléfono y que, de hecho, tampoco atienden tantas llamadas de teléfono móvil. En los últimos tiempos, estos métodos estadísticos del siglo XX han sido incapaces de prever los resultados de elecciones que se han celebrado por todo el mundo.

Sin duda, otro de los principales errores ha sido el análisis de voto en función de las estadísticas demográficas. Trump se sitúa a la izquierda de Clinton en algunas cuestiones e intenta atraer a un creciente grupo de votantes que ya no se identifica con ningún partido. Sin embargo, los analistas estaban convencidos de que si los demócratas que están registrados como tales votaban por anticipado, o simplemente decían en los sondeos que iban a votar, eso suponía que iban a votar a Clinton.

Todo esto ha cambiado en 2016. Estamos ante una “zona cero” tras una explosión política que ha cambiado para siempre el mapa electoral de los Estados Unidos.

#hemeroteca #politica | Estados Unidos: La campaña demócrata fracasa en la movilización del voto hispano

Imagen: El País
La campaña demócrata fracasa en la movilización del voto hispano.
La victoria de Trump abre una enorme incógnita para los 56 millones de latinos que habitan EE UU.
Pablo de Llano | El País, 2016-11-09
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/09/actualidad/1478672034_485321.html

Donald J. Trump lanzó su campaña en junio de 2015 hablando de los inmigrantes indocumentados mexicanos en términos de una xenofobia inimaginable en un candidato presidencial en EE UU, fuera progresista o conservador: los calificó de traficantes de droga, de “violadores”. Dijo él, magnate de la construcción, que completaría un muro de cemento inexpugnable para detener lo que presentaba como la marea criminal que llegaba del sur. Ante un discurso de voltaje tan agresivo contra los mexicanos, inmediatamente se pensó que los latinos, no solo los mexicanos (11% de los habitantes de EE UU) sino los demás hispanos, por solidaridad étnica y cultural, responderían apoyando a la demócrata Hillary Clinton al ver al republicano como enemigo, o al menos como figura hostil.

A medida que avanzaba la campaña, los datos parecían reforzar esa hipótesis. En Estados decisivos y de significativa demografía latina, como Nevada (28% de hispanos) o Florida (24%), se detectó de hecho un aumento de participación latina en la modalidad del voto anticipado, por correo o en persona. Los expertos y los medios americanos empezaron a dibujar la hipótesis del despertar de un gigante dormido, el poder electoral hispano.

Clinton vio en los exabruptos de Trump contra la comunidad latina una veta por explotar. De por sí tendente al voto demócrata, pero más absentista que ninguna otra comunidad (48% de participación en 2012), su influencia podía crecer de forma exponencial si se trabajaba metódicamente en ella. Los voluntarios de Clinton y sus grupos de apoyo satélite, echando mano de las nuevas tecnologías y de la disponibilidad de las bases de datos electorales, rastrearon casa por casa el voto de la minoría más influyente del país, conscientes de que podían aportar las décimas necesarias para tumbar a Trump.

Los cabos que tendían los demócratas a los hispanos se multiplicaban. El presidente Barack Obama daba una entrevista a un famoso locutor de radio hispano. El candidato a vicepresidente Tim Kaine pronunciaba un mitin en español en Arizona. Clinton acudía a un programa de variedades latino y aparecía en un concierto de Jennifer López.

Los sondeos, en mayor o menor medida, ponían a Clinton por delante de Trump a nivel nacional y una de las razones que se vislumbraban como trasunto era ese despunte de la implicación política de los hispanos, 27,3 millones con derecho a voto. Se hablaba de que en las urnas le iban a cobrar al empresario dorado de Nueva York sus faltas de respeto.

¿Y qué hacía Trump? Primero, contar con el enorme potencial de su granero de votos, los electores blancos con menor formación y mayor frustración socioeconómica. Segundo, tratar de rascar votos entre un sector muy particular del electorado latino: los cubanoamericanos de Florida. Fieles a los republicanos desde los tiempos del exilio originario, cuando su apoyo a los conservadores implicaba casi un pacto de sangre con ellos para mantener y reforzar las políticas contra el régimen castrista, todavía conservaban su cuota de poder y Trump llamó a su puerta. Un mes antes de las elecciones empezó a decir que no seguiría la política de deshielo de Obama, que no negociaría con La Habana si La Habana no aceptaba sus condiciones: plenas libertades políticas y religiosas en la isla. Se acercó a la Pequeña Habana de Miami y rindió honores a los veteranos de Bahía de Cochinos, el fracasado desembarco auspiciado por la CIA cuando arraigaba la revolución comunista. Parecía un brindis al pasado sin perspectiva de rédito político. Otro día, en Miami, se fue a su club de golf de lujo y se rodeó de empleados hispanos. Sonriente, se hizo la foto con ellos, luciendo ante las cámaras como el buen patrón de las minorías.

Pero los sondeos, contumaces, seguían marcando el camino de una victoria de Clinton en buena medida fundamentada en el acelerón hispano. La consultora ‘Latino Decisions’ publicaba este mismo martes una encuesta que pronosticaba que la demócrata se llevaría el voto de un 79% de los latinos, ocho puntos más que Obama en 2012, y que Trump no alcanzaría el 20% de su respaldo, peor que Mitt Romney hace cuatro años.

El candidato republicano se había jugado una carta explosiva, recorría el filo de la navaja racial, y sus rivales crecían por ello incluso entre sus propias filas. Este martes, por ejemplo, publicaba su voto por Clinton una notoria estratega republicana de origen hispano, Ana Navarro. “Voté en contra de Trump”, escribió. “Lo hice sin alegría ni entusiasmo. Lo hice por deber ciudadano y por el amor que siento por este país”. Increpando a la minoría hispana, igual que a los musulmanes, el millonario que aspiraba a presidir Estados Unidos desafiaba uno de los principios sagrados de Estados Unidos: la hospitalidad. En una pared de un barrio artístico de Miami, se parodiaba su desafío a dicho valor fundacional con un grafiti en el que el magnate aproximaba su mirada furiosa a la Estatua de la Libertad.

Jugando con las palabras, se decía que si Trump había prometido un muro, el muro que se toparía sería el del voto hispano, como un cortafuegos contra la intolerancia.

Y entonces llegó la realidad. Que no desdijo de un plumazo todo lo que se había pronosticado sobre el factor latino, pero mostró sus matices internos y su relatividad en el complejo e inabarcable contexto de la demografía electoral estadounidense.

Eduardo Gamarra, experto en análisis del voto hispano de la ‘Florida International University’, decía esta noche, cuando iba fraguando la victoria de Trump, que los últimos sondeos de su universidad habían alertado de que el republicano ganaba terreno en Florida, un estado que lo ha catapultado al Despacho Oval, y que los latinos no estaban tan volcados hacia Clinton como habían indicado mediciones anteriores. “Trump tocaba el 35% del voto hispano en Florida, así que los latinos estaban más divididos de lo que parecía”. Gamarra afirma que la movilización hispana creció pero no fue tan unidireccional como se creía, mientras que la masa blanca de corte ‘trumpista’ cerró filas en torno a él con solidez. “El único voto netamente leal a Clinton fue el afroamericano”, apunta el académico.

La victoria de Trump se abre ahora como una enorme incógnita ante los 56 millones de latinos que habitan Estados Unidos, unos diez de ellos indocumentados. El futuro, dicen las proyecciones demográficas, es latino. Para el año 2060 se calcula que casi un tercio de la población será de origen hispano (120 millones) y que los anglosajones ya no sumarán más ciudadanos que las minorías (hispanos, negros y asiáticos) juntas. Pero para el 2060 faltan 44 años. Y los cuatro próximos, el presidente se llamará Donald Trump.

#hemeroteca #politica | La lista de todos los insultos sexistas que ha recibido Hillary Clinton

Imagen: El País / Hillary Clinton
La lista de todos los insultos sexistas que ha recibido Hillary Clinton.
Trump le ha arrebatado la elecciones a la primera mujer candidata a la Presidencia de EEUU, tras una campaña llena de ofensas machistas. Son muchos los improperios y muy fuertes. Aquí recuperamos algunas de ellos.
Noelia Ramírez | SModa, El País, 2016-11-09
http://smoda.elpais.com/moda/la-lista-todos-los-insultos-sexistas-recibio-hillary-carrera-la-casa-blanca/

“Hillary Clinton sí que tiene una enfermedad que no ha sufrido ningún otro presidente en la historia de EEUU: el mal crónico del ‘no pene'”. Cuando el presentador de ‘late night’ Stephen Colbert quiso resumir irónicamente (y humorísticamente) todo el revuelo mediático que originó en verano el estado de salud de la que por aquellas fechas era la candidata demócrata, destacó el factor diferencial por el que muchos quisieron desmerecerla: Clinton tiene vagina.

Para algunos misóginos con altavoz mediático, nacer siendo mujer parecía condición ‘sine qua non’ para vetar su acceso al Despacho Oval. El mismo Colbert bromeó en 2014 con el tufo sexista que desprendían las críticas a la voluntad de la por entonces secretaria de Estado de llegar a la Casa Blanca. “¿Cómo lanzará la presidenta las bombas nucleares si el botón para activarlas tiene forma de pene?”. El presentador tiró de chascarrillo y carcajada fácil para contestar y evidenciar el sinsentido las declaraciones de Bill O’Reilly en un programa de la FOX, cuando dijo aquello de que “tiene que haber algo de malo en tener a una mujer presidente” y aseguró que como los líderes internacionales son inherentemente machistas, no se fiarían de una presidenta de EEUU, y por tanto, el sindios internacional y el caos absoluto reinaría a nivel diplomático. “Algo no terminará de encajar en esa oficina. Las mujeres son mujeres y los hombres son hombres”, concluyó O’Reilly, muy en la línea ideológica de aquello de las peras y manzanas que vivimos en España hace unos años.

Hillary Clinton ha resistido estoicamente al alud de críticas que ha recibido por el simple hecho de ser mujer. Ha soportado portadas denigrantes (aquí y aquí) e insultos de todo tipo en los medios que, lejos de estimar su valía profesional o su programa electoral, se han centrado en su condición de mujer. Eso, sin contar cómo se han convertido en superventas las camisetas machistas proTrump vistas en la campaña presidencial con lemas con “Golpea a esa zorra” o “si Hillary no pudo satisfacer a su marido, cómo va a satisfacer a América.” Hoy todos esos mensajes misóginos pasarán a la historia como parte de la campaña del nuevo Presidente de EEUU: Donald Trump.

Así, en estos últimos años, hemos leído, visto o escuchado que Hillary no era de fiar como presidenta porque…

“Es la típica zorra”
Glenn Beck en su programa de radio en marzo de 2007: “Hillary no podría ser elegida presidenta porque… hay algo con su voz, no es lo que dice, es cómo lo dice. Ella es la típica –perdonen la expresión, pero es que es así–, la típica zorra, ¿saben lo que digo? Después de cuatro años, ¿no creen que habrá vuelto locos a todos los hombres de América?”. Otros han tirado por esos derroteros en los que el término ‘bitch’ (zorra o puta) se toma como un insulto no de índole puramente sexual (donde subyace el miedo a una mujer liberada), sino que busca denigrar su connotación social con el máximo desprecio del lenguaje. A Hillary también se le ha acusado de ser una “white bitch” (zorra blanca) durante las primarias de 2008, cuando el colaborador político de la CNN, Alex Castellanos, tergiversó una columna del New York Times en la que Maureen Dowd denunciaba lo ofensivo de esa broma. “Muchas mujeres la ven así y la apodan así. Es dura, dura en la política, esa ha sido su gran arma. Pero, asumámoslo, puede ser algo abrasiva, agresiva e irritable y muchos votantes la ven así” (Castellanos después pidió perdón).

“No queremos ver a una presidenta que se haga vieja”
Desde la estupidez de decir en la CNN que Hillary se afeitaba las piernas y posiblemente hasta la barba (Glenn Beck, de nuevo, en 2007), o de si la aspirante en las primarias de 2007 vestía colores brillantes para solucionar su problema de gustar poco a los estadounidenses –cuando ya los había vestido en el pasado– (Fox News, 2007), el ultraconservador presentador Rush Limbaugh fue más allá cuando se preguntó en su programa de radio si los ciudadanos podrían asimilar la dura carga de ver cómo una mujer envejece durante su mandato: “¿Querrán los americanos ver a una mujer hacerse vieja frente a sus ojos día a día? Y esa mujer, de hecho, no querrá parecer que se hace vieja, porque impactará en las encuestas. Impactará en su percepción” (The Rush Limbaugh Show, 17 de diciembre de 2007).

“Enseña demasiado escote”
La polémica que surgió en torno a un artículo en la sección de estilo del Washington Post (escrito por la ganadora del Pulitzer, Robin Givhan) sobre el escote en uve que lució Clinton en el Senado, abrió un auténtico debate televisivo durante esa semana sobre si era adecuado o no para una posible presidenta. Según recoge Media Matters, la CNN le dedicó cuatro minutos, la MSNBC le dio seis segmentos (23 minutos y 43 segundos de cobertura). En el Meet the Press de la NBC, el jefe de corresponsales de Washington, John Harwood, defendió que “ella sabía lo que quería comunicar cuando se puso ese escote”.

“Tendrá cambios de humor por ser mujer”
Año 2008, Marc Rudov, escritor conservador contestó a la pregunta de Bill O’Reilly “¿Qué es lo peor de tener a una mujer como presidenta de los Estados Unidos. Además de los cambios de humor, ¿verdad?”. Tras lanzar la bomba machista sin gracia y los “jajas” de los tertulianos, Rodov dijo: “Bueno, estaba bromeando. Por supuesto, el mayor problema es que tiene una agenda femenina”.

“Es del sexo débil”
Lo dijo Charlotte Allen en un ensayo del Washington Post, cuando culpó a Hillary de simbolizar el “sexo débil”, al “sexo estúpido” y al “sexo imbécil” y de estar relacionada con “todos las fallas estereotipadas del sexo femenino”. También le echó en cara ser “dependiente” de su marido y tener a un equipo en su mayoría femenino (aunque eso era incierto).

“Es débil por rodearse de mujeres”
El presentador de la NBC Chris Mathews se sentía amenazado por ver a Hillary siempre rodeado de mujeres, algo que, en su opinión, la debilitaba. En 2007 dijo: “Cada vez que veo a Hillary en una comida, son todo mujeres. Está anunciando su hermandad femenina. ¿Es algo que ella puede usar para venderse como una futura persona fuerte defendiendo su país o es un estorbo? Un editor después trató de corregir su conducta cuando le dijo en antena: “¿Estás sugiriendo que se tiene que menospreciar su papel como comandante en jefe porque se rodee de mujeres?”. Mathews contestó: “No, la idea es que, bueno, déjame ponerme histórico. Nunca hemos tenido a una mujer como comandante en jefe”.

“Tiene voz de regañona”
Marc Rudov entonó en medio de las primarias contra Barack Obama que “cuando Obama habla, los hombres escuchan ‘afrontemos el futuro’, pero cuando Hillary habla, los hombres escuchan ‘¡Saca la basura!'” y atribuyó a su tono vocal el hecho de que hubiese perdido el voto masculino. Glen Beck también diría que “la voz de Hillary hace a los ángeles llorar, preparáos, hombres de América”.

“Es una bruja”
En las primarias contra Bernie Sanders, el Washington Post publicó un estudio basado en cómo eran los adjetivos que Twitter dedicaba a los candidatos demócratas. Mientras para Bernie Sanders no había insultos de género, para Hillary, el 1,16% de sus menciones eran con palabras como “zorra, vagina, bimbo, feminazi o bruja”.

#hemeroteca #politica | Hillary Clinton fracasa con las mujeres y los latinos

Imagen: El Mundo
Hillary Clinton fracasa con las mujeres y los latinos.
Lejos de lo que se preveía, la demócrata no ha conseguido movilizar el voto mayoritario entre los inmigrantes iberoamericanos ni entre las mujeres.
Irene Hndez. Velasco | El Mundo, 2016-11-09
http://www.elmundo.es/internacional/2016/11/09/5822bbca468aebc1048b4679.html

Digámoslo claramente: Hillary Clinton es una mujer que cae mal a una parte importante de los estadounidenses. Y desde hace tiempo. No les gusta su arrogancia, no les gusta que lleve en política toda la vida, no les gusta que simbolice el establishment de Washington, no les gusta el tejemaneje que se trae entre manos con su marido en la Fundación Clinton... No les gusta. Pero, ante un candidato como Donald Trump, se suponía que muchos la iban a mirar con benevolencia y a votar por ella, aunque fuera tapándose la nariz.

Pero no ha sido así. Los latinos y las mujeres, las dos comunidades que supuestamente con mayor fuerza se iban a movilizar a favor de Hillary, no lo han hecho. A pesar de los comentarios xenófobos lanzados por Donald Trump durante la campaña (especialmente en contra los inmigrantes mexicanos) y del vídeo plagado de comentarios sexistas del millonario que ha salido a la luz, ni los inmigrantes ni las mujeres han acudido en masa a votar por ella, como algunos pensaban que ocurriría.

La prueba más lacerante está en Florida, el estado que agrupa el mayor porcentaje de hispanos de Estados Unidos. Se creía que los puertorriqueños, que ahora mismo son la comunidad hispana más importante de Florida por delante de los cubanos (tradicionalmente republicanos), iban a dar la vitoria a la candidata demócrata. Pero nada de eso ha ocurrido. Los primeros análisis subrayan que muchos más latinos de los que se pensaba inicialmente habrían votado por el millonario, convencidos de que los inmigrantes sin papeles son su gran competencia en el mercado laboral y apoyando los planes de Trump de expulsar a 11 millones de ellos. Y otros, sobre todo cubanos, espantados ante la apertura de Obama y de ella misma como su secretaria de Estado, con la Cuba de Fidel Castro.

Con las mujeres pasa un poco lo mismo. Sobre el papel, Hillary tendría que desatar una oleada de entusiasmo en la mayoría de ellas, ante la perspectiva de poder convertirse en la primera mujer en llegar a la Casa Blanca en 227 años. Pero, de nuevo, eso no ocurrido. Pesan mucho más sus contras (el llevar media vida en primer plano de la política, el que haya sido ya primera dama, senadora, secretaria de Estado, el ser percibida como casta pura y dura) que el que pudiera haber hecho añicos más de dos siglos de presidentes todos hombres.

La abierta antipatía que despierta Hillary entre los estadounidenses viene de lejos. Ya en 1996 la revista New Yorker publicaba un artículo titulado "Odiando a Hillary" en el que decía: "Al igual que las carreras de caballos, odiar a Hillary se ha convertido en una deporte nacional que une a la élite con el lumpen".

martes, 8 de noviembre de 2016

#hemeroteca #politica | Susan Sarandon explica su rechazo a Clinton: "No voto con mi vagina"

Imagen: Público / Susan Sarandon
Susan Sarandon explica su rechazo a Clinton: "No voto con mi vagina".
La actriz, una de las grandes defensoras del senador Bernie Sanders, considera que el "miedo" a un Gobierno de Trump no justifica el apoyo a la ex secretaria de Estado.
Público, 2016-11-08
http://www.publico.es/internacional/susan-sarandon-no-voto-vagina.html

"No voto con mi vagina". Así de contundente se ha expresado la actriz Susan Sarandon para explicar por qué no apoya a la candidatura de Hillary Clinton. La intérprete, preguntada durante una entrevista en el programa de la BBC Newsnight sobre la importancia de que una mujer sea elegida por primera vez presidenta de Estados Unidos, respondió que lo importante no es tener una mujer como mandataria, sino tener a la mujer correcta.

"La razón por la que estamos en esta situación es porque hemos votado al menos malo durante mucho tiempo. Es importante que los candidatos independientes tengan el 5% de los votos. Y Clinton probablemente ganará: tiene el apoyo de los 'neo-con', el de toda la prensa, todo el mundo está con ella", declaró Sarandon.

Al día siguiente a la entrevista, la actriz defendió en una carta abierta que el "miedo" a un Gobierno de Donald Trump no es suficiente motivo para optar por la ex secretaria de estado dado su "historial de corrupción". En la BBC, la intérprete negó que votar a un candidato independiente, como Jill Stein, candidata del Partido Verde, Gary Johnson, del Partido Libertario, o incluso no acudir a las urnas, favorezca a Trump. "Todo lo que me preocupan son las guerras, como la de Siria, el TTIP, el fracking, el medio ambiente... No importa quién gane, ninguno de los dos habla sobre ello porque el dinero domina nuestro sistema, así que no me importa", incidió.

Sarandon ha mostrado su apoyo a Stein. Durante las primarias por la candidatura presidencial demócrata, fue una de las mayores defensoras de Bernie Sanders, un senador casi desconocido a nivel nacional que se autodefine como "socialista" y que plantó cara hasta el final a Clinton y su potente maquinaria con su "revolución política". En las elecciones del próximo martes se verá si los seguidores de Sanders, de perfil joven y progresista, dan un voto de confianza a la ex secretaria de Estado o se decantan por las otras alternativas de una contienda que ha sido todo menos predecible.

Y TAMBIÉN…
“No voto con mi vagina”, dice Susan Sarandon para explicar por qué no votará a Hillary Clinton.
La estrella de Hollywood votará a la candidata del Partido Verde, Jill Stein.
Nicolás Alonso | El País, 2016-11-04
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/03/estados_unidos/1478184911_513128.html

lunes, 7 de noviembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #politica | Las pioneras acarician el sueño de una vida

Imagen: El País / Hillry Clinton
Las pioneras acarician el sueño de una vida.
Las mujeres que rompieron otros techos de cristal y afrontaron en juventud el machismo en el mundo laboral siguen con emoción la gesta de Hillary Clinton.
Silvia Ayuso | El País, 2016-11-07
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/07/estados_unidos/1478544218_699132.html

Geneva America Joyner Thomas nació el 21 de mayo de 1920, dos meses y 28 días antes de que se ratificara la 19ª Enmienda de la Constitución que posibilitó el sufragio femenino en Estados Unidos. Hoy, 96 años, cinco meses y 18 días más tarde, su hijo Frederick Thomas la recogerá en el asilo de ancianos donde reside y la llevará hasta el centro de votación de su condado en el Estado de Virginia, donde emitirá una vez más su voto. Aunque por primera vez en su larga vida, lo podrá hacer por una mujer.

Thomas se cansa pronto y tiene algunos problemas para entender lo que se le dice. Pero cuando se le menciona el nombre de la candidata demócrata, Hillary Clinton, su mirada se enciende.

“Es un avance para todas nosotras. Y tener a una mujer después del primer afroamericano en la Casa Blanca, hace que me sienta muy orgullosa”, coincide desde Iowa Susan Woods. Esta psicoterapeuta retirada acaba de cumplir 70 años, uno más que la candidata demócrata. “¡Ya era hora!”, dice con ganas de empezar a celebrar este “hito” por anticipado.

Woods ya emitió su voto, por adelantado, igual que Grace Papagiannis, una trabajadora social neoyorquina de 82 años que ahora vive retirada en Maryland. También ella aguarda con impaciencia el momento. “Siempre imaginé que las mujeres podían hacer grandes cosas, pero ¿presidenta? No tienes ni idea de cómo me hace sentir”, dice con una gran sonrisa.

Thomas, Woods y Papagiannis son mujeres de entornos geográficos y culturales muy distintos. Pero todas tienen una cosa en común: nacieron y crecieron en el mismo EE UU que cuestionó durante décadas a mujeres profesionales como ellas y como Clinton, un país que en muchos aspectos, como la equidad salarial o la baja por maternidad, sigue estando a años luz de otras naciones del primer mundo, y hasta de algunas del tercero.

Por eso sienten como suyas las batallas de la mujer que más cerca ha llegado a estar de gobernar desde la Casa Blanca, a la que hasta ahora las mujeres solo han entrado como esposas del presidente, y que ha hecho de la lucha por los derechos de la mujer su propia batalla.

“Supongo que podría haberme quedado en casa cocinando galletas y tomando té, pero lo que decidí es ejercer mi profesión, que comencé antes de que mi marido se dedicara al servicio público”, dijo Clinton en 1992, en plena campaña de su esposo Bill para llegar a la Casa Blanca. Como muestra de lo poco preparado que estaba el país para una primera dama nada convencional como ella, quedan portadas como la de la revista Time, que en esa época se llegó a preguntar si “el factor Hillary” podría estar dañando la carrera presidencial de su marido.

Dos décadas más tarde, el voto femenino será uno de los responsables, si se cumplen los pronósticos, de llevar a Hillary Clinton hasta el Despacho Oval. Las mujeres suponen el 53% del electorado. Según los analistas, son clave las mujeres blancas con educación superior, que en 2012 constituyeron uno de cada cinco votantes. Woods, Papagiannis y hasta Thomas, que pese a crecer en el Estados Unidos de la Gran Depresión y proceder de una familia humilde de Kentucky completó sus estudios superiores gracias a una beca, forman parte de ese sector de voto crucial. Jessie, una profesora treintañera de educación primaria, también. Pero reconoce que, aunque votará por Clinton, no lo hará con el fervor de las generaciones mayores. “No tengo la misma sensación que mi madre o mi abuela, para esas generaciones esto es algo más grande”, admite.

Según el Pew Research Center, hay una “brecha” generacional incluso dentro de las mujeres que apoyan a Clinton: para un 93% de las mujeres por encima de 50 años, Clinton es “inspiradora”. Entre las mujeres por debajo de los 50, esta percepción baja al 80%. Muchas otras, aunque la votarán, como Jessie, habrían preferido otra candidata, como la combativa senadora Elizabeth Warren, o el senador por Vermont, Bernie Sanders, la mayor amenaza durante las primarias a la nominación de Clinton. Pero todas son conscientes de que si Clinton se impone hoy, habrá roto el famoso techo de cristal del que la demócrata lleva décadas hablando. Y agrietando.

Papagiannis sabe que incluso entonces la batalla no estará completada. Pero se habrá dado un paso de gigante. Al fin y al cabo, “desde Thomas Jefferson, la política ha sido un mundo de hombres. Eran todos hombres, no hay una sola mujer entre los firmantes de la Declaración de Independencia”, recuerda. Con Clinton, las futuras leyes tendrían, por primera vez, la firma de una mujer.