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jueves, 5 de abril de 2018

#hemeroteca #sexualidad #mujeres | Por qué las mujeres mayores de 50 deberían tener una pareja sexual más joven (y no al revés)

Imagen: El País / Théo Sarapo y Édith Piaf
Por qué las mujeres mayores de 50 deberían tener una pareja sexual más joven (y no al revés).
Dos estudios analizan los beneficios (y los riesgos) del sexo en edad avanzada.
Silvia C. Carpallo | Buena Vida, El País, 2018-04-05
https://elpais.com/elpais/2018/03/31/buenavida/1522490375_671566.html

Papuchi y Rona Keith, el premio Nobel Salman Rushdie y Olivia Wilde, Hugh Hefner y Crystal Harris o Donald y Melania Trump. El papel cuché está lleno de ejemplos de hombres de sienes blancas acompañados de mujeres mucho más jóvenes que ellos. No obstante, de los estudios que se han publicado sobre el sexo en la edad de oro —pocos en relación a la literatura que se acumula sobre el tema en la edad fértil—, sabemos que la ciencia está más del lado de parejas como la del presidente francés Emmanuel Macron y Brigitte Trogneux, Édith Piaf y su joven marido griego, Théo Sarapo, Joan Collins y el cubano Percy Gibson, 32 años más joven que ella, o Agatha Christie y el arqueólogo Max Mallowan.

El sexo es uno de los temas más abordados por revistas, y también por estudios, libros o encuestas, generalmente, eso sí, en personas en edad reproductiva o, al menos, en menores de 65 años. Y eso a pesar de que, como señala en su libro 'Sin Reglas' (Capitán Swing) la psicóloga especializada en mujer y antigua catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad de Córdoba Anna Freixas, "el aumento espectacular de la esperanza de vida en el s. XX ha otorgado un espacio anteriormente jamás imaginado a la erótica en la madurez".

A todas las edades y para todos los sexos, eso sí —se ha observado en varios estudios—, las relaciones son beneficiosas para la función cognitiva y la memoria. No obstante, en lo que se refiere a la salud cardiovascular de los hombres puede convertirse en una actividad de riesgo a partir de los 50, según otra investigación, más si se acompaña de fármacos que ayuden al vigor masculino. Vayamos por partes.

El sexo mejora funciones del cerebro, pero no las que se creían
Un nuevo estudio realizado en colaboración por las universidades de Coventry y Oxford ha observado que las parejas de entre 50 y 83 años que tienen relaciones sexuales semanales muestran una mejor función cognitiva que el resto; algo que ya se comprobó en ensayos anteriores —aquellos en población joven—, que incluso llegaron a observar que la actividad sexual (heterosexual) puede estimular la creación de nuevas neuronas en el hipocampo.

En esta ocasión, los investigadores analizaron la frecuencia sexual —semanal, mensual o ninguna— de 73 personas comprendidas en estas edades, que después debían completar una serie de cuestionarios destinados a evaluar las habilidades verbales y la visión espacial. Los participantes con mayor frecuencia sexual puntuaron mejor en ambas pruebas.

"Este estudio mejora los hallazgos anteriores que establecen un vínculo entre la actividad sexual y la salud cognitiva de una manera muy breve y generalizada", explica en el informe la doctora Nele Demeyere, coautora y profesora del departamento de Psicología experimental en la Universidad de Oxford. "Estos ensayos más pequeños permiten conocer más en detalle qué aspectos de la función cognitiva se ven beneficiados".

¿Qué aporta este nuevo trabajo? Aunque se trata de un estudio preliminar y los autores expresan la necesidad de seguir investigando de qué manera la actividad sexual parece influir en la función cognitiva, según Demeyere, la principal novedad reside en que el beneficio de la actividad sexual no estaría tanto en la memoria verbal —relacionada con los primeros signos de Alzheimer—, sino "en la memoria de trabajo y la función ejecutiva del cerebro", más relacionadas con otro tipo de demencia, la demencia vascular —o demencia multiinfarto—, "la segunda más común detrás del Alzheimer".

Bueno para el cerebro, pero malo para la salud cardiovascular de ellos
Los resultados fueron igualmente beneficiosos para mujeres y hombres. No así los de una investigación llevada a cabo por la Universidad de Michigan sobre los datos de más de 2.200 personas en la Encuesta Nacional de Salud de Estados Unidos y que se publicó en 2016 en el Journal of Health and Social Behavior. "Encontramos", explicaba Hui Lui, quien lideró la investigación, "que los hombres en edad avanzada que practicaban sexo una vez por semana o más tenían un riesgo de padecer eventos cardiovasculares hasta dos veces mayor que aquellos sexualmente inactivos".

La explicación, según comenta la sexóloga Zoraida Granados basándose en la investigación, pasa por que "los hombres de edad avanzada tienen problemas para conseguir llegar al clímax. Esta tensión provoca que el cuerpo se fuerce más y que el entorno cardiovascular se vea resentido". Todo ello teniendo en cuenta además "la variable de los fármacos que ayudan a los hombres a mantener el vigor sexual, que afectan a su salud de forma significativa". Lo contrario se observó en las mujeres, explica Granados: "Para ellas practicar relaciones en una avanzada edad supone un menor riesgo de sufrir hipertensión arterial y les reporta una mejor salud cardiovascular".

¿Deberían las mujeres mayores de 50 buscarse amantes más jovenes como Édith Piaf? Ellas podrían beneficiarse física y mentalmente del sexo, pero los hombres de su edad deberían, a la luz de este último estudio y según la sexóloga, "mantener relaciones con moderación". Con todo, Granados les anima a "buscar con sus parejas alternativas que puedan ser beneficiosas para ambas partes". Al fin y al cabo, "no hay que olvidar que la sexualidad no se trata solo de coito", recuerda, de manera que el sexo es sobre todo una forma de establecer "relaciones afectivas esenciales para el desarrollo psicoafectivo: fomenta la autoestima, nos hace sentir queridos y, en definitiva, nos hace la vida más agradable", también después de los 70.

El tabú en la consulta del médico
Dado que la sexualidad a partir de los 50 puede influir en la salud, ¿no debería ser algo que se pudiera tratar con el médico de cabecera? Según explica Anna Freixas en su libro, "el personal médico y gerontológico se siente incómodo y falto de conocimientos acerca de la sexualidad de las personas mayores", a la vez que "estas tampoco se sienten a gusto tratando temas sexuales con el personal médico".

Todo ello supone un ‘handicap’ a la hora de abordar la sexualidad tras la jubilación. En opinión de Ana Sierra, sexóloga y autora del libro 'Conversaciones sexuales con mi abuela' (Ed. Kailas), "nos cuesta imaginar a nuestros mayores practicando sexo por una cuestión educacional", tanto que "a veces lo vemos incluso como algo pervertido etiquetando a los mayores que se expresan sexualmente como ‘viejos o viejas verdes’, debido a que la sexualidad la consideramos normal solo en personas mayores de edad y en edad fértil".

Mientras nuestro cerebro funcione seremos seres sexuales
Por eso, quiso centrar su libro en "una mujer nacida en 1920, que mostró un despertar sexual y un crecimiento erótico maravilloso en los 10 últimos años de su vida", pues en su opinión "la sexualidad está en nuestro cerebro, y mientras este funcione, podremos funcionar sexualmente. Aunque nuestro cuerpo no nos siga, nuestra sexualidad puede ser muy placentera".

De esta forma, la experta insiste en que la clave está en entender que la sexualidad existe, aunque varíe con los años. Si bien "los genitales cobran demasiado protagonismo en la sexualidad joven o adulta", en la edad de oro "brilla más la sexualidad consciente", en la que "se aprende a disfrutar con las pequeñas cosas y a saborear el presente".

Por último, Ana Sierra matiza que, como todo, disfrutar de la sexualidad después de los 70 no es una imposición, sino "una elección", ya que "no todas las personas la viven con placer". La cuestión es que las personas que decidan dejar el sexo de lado no lo hagan porque "crean que no es para ellas, ya que la sexualidad está presente, de muy diversas formas, desde que venimos hasta que nos vamos de este mundo".

sábado, 24 de marzo de 2018

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Anna Freixas: “Es posible sentirse más libre sexualmente a los 60 años que a los 25”

Imagen: El Salto / Anna Freixas
Anna Freixas: “Es posible sentirse más libre sexualmente a los 60 años que a los 25”.
Anna Freixas es una de las psicólogas que más ha aportado al desarrollo de la gerontología feminista. En su último libro, ‘Sin reglas’, desmonta varios de los mitos y tabúes en torno a cómo viven la sexualidad las mujeres mayores.
Ter García / Ligia Pájaro | El Salto, 2018-03-24
https://www.elsaltodiario.com/sexualidad/entrevista-anna-freixas-posible-sentirse-mas-libre-sexualmente-60-anos-que-a-los-25

Desmontar mitos, saltar prejuicios, evitar generalizaciones y poner sobre la mesa un tema tradicionalmente invisibilizado e, incluso, negado: la sexualidad de las mujeres mayores. El último libro de Anna Freixas (Barcelona, 1946), ‘Sin reglas’ (Capitan Swing, 2018), explica los resultados de una investigación realizada a partir de 729 testimonios de mujeres de entre 50 y 82 años. Ellas cuentan cómo sienten la sexualidad cuando ya han abandonado su rol reproductivo.

P. ¿Se vuelve diferente el deseo en las mujeres cuando llegan a una edad madura?
R. Creo que el deseo evoluciona. No deseamos lo mismo a los seis años o a los 14 que a los 30 y a los 50. Es posible que, en un momento dado, tu deseo se centre en una mujer, después en un hombre, otra vez en nada... El deseo es realmente cambiante y ha habido una tendencia a patologizarlo, a considerar que, o tienes un deseo tremendo, o estás enferma. Simplemente hay una evolución a lo largo del ciclo vital que ahora es más evidente porque vivimos más años y, al vivir más años, tenemos más tiempo para mostrar todo.

P. Tu trabajo desmonta prejuicios, uno de ellos es que la menopausia acaba con el deseo.
R. La menopausia ha sido el gran chollo del patriarcado. Cuando se define a la mujer como un ser reproductivo, la menopausia se ha expuesto como el principio del fin. Pero es el fin de la reproducción, no el de la sexualidad. El patriarcado ha aprovechado toda oportunidad de liquidar la sexualidad.

Los hombres pueden buscar relaciones con mujeres más jóvenes pero, de alguna manera, se ha mantenido la idea de que la menopausia es el principio del fin del deseo en la mujer. Eso no es verdad, hay multitud de estudios que demuestran que las mujeres, después de la reproducción, sienten deseo. También hay otras que no lo tienen, y algunas de ellas igual tampoco lo tenían a los 40 y a los 30. La menopausia en sí misma no tiene por qué marcar.

Es cierto que hay un cambio hormonal, pero el deseo de las mujeres no está directamente relacionado con lo biológico. Para las mujeres tiene mucho más que ver con el contexto, con quién estamos, cómo estamos, qué tipo de relación tenemos y qué calidad tiene. Para nosotras esto es mucho más importante, ya sea a los 20, a los 50 o a los 80, que una hormona más o menos.

P. También está muy relacionado con la medicalización. Después del Viagra, hace pocos años llegó el Addyi, su equivalente para mujeres. ¿Qué opinas de esto?
R. Creo que las mujeres somos un enorme negocio a todas las edades. Imagínate cuantísimas postmenopáusicas hay en este mundo, ahora que las jóvenes no parís criaturas. Hay que hacer negocio y este consiste en tratar de encontrar una pastilla. Como explico en el libro, esta pastilla tiene cantidad de contraindicaciones.

Me parece absurdo porque, sobre todo, esto implica que no conocen cómo es el deseo femenino. El deseo femenino no está en las hormonas; está en la cabeza, en la relación, en el corazón, en la piel. Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto, en la no dominación, en la comunicación, en la intimidad, en la confianza. También puede estar en un “aquí te pillo, aquí te mato”, que de vez en cuando nos sienta bien a todo el mundo. Buscar una pastilla para animar el deseo femenino es no comprender la sexualidad femenina.

P. Otro dato de tu trabajo es que el 14% de las entrevistadas optarían por una pareja sexual que no se corresponde con su orientación sexual declarada, ¿puede ser que, en la edad más madura, haya menos prejuicios?
R. No me gusta generalizar, pero creo que una conquista que hemos conseguido, sobre todo a partir de la situación de falta de educación afectivo sexual que tenemos en nuestro país, es la libertad para ser agente de tu propia sexualidad.

Es posible que me sienta más libre con 50 o 60 años que cuando tenía 25, porque a los 25 tenemos que demostrar muchas cosas: que somos femeninas, que somos estupendas, que somos hiperheterosexuales... Y llega un momento en el que tienes que demostrar menos, eres más mayor, la vida pasa más de ti, y tú también pasas más de cosas de la vida, por lo que puedes ser más libre.

P. ¿Crees que la visibilidad lésbica ha ayudado a las mujeres heterosexuales en su liberación sexual?
R. Sí. De hecho, es gracioso porque en las encuestas han salido muchas veces respuestas de mujeres que se definen como “heterosexual, por ahora”. O cuando preguntas sobre si te parece que una nueva pareja animaría tu vida sexual, las que dicen que sí, al preguntarles si esa nueva pareja prefieren que sea un hombre o una mujer, bastantes mujeres heterosexuales dicen que prefieren que sea una mujer.

Es decir, creo que la mayor visibilidad lésbica, las leyes a favor del matrimonio homosexual y la normalización contribuyen a la libertad. Hay mujeres que en un momento determinado no se niegan a esto, están abiertas, aunque también hay muchas que dicen que estarían abiertas pero no darían un paso ni para conseguir una pareja sexual hombre ni mujer. Hay veces que simplemente están abiertas a lo que surja.

P. En tu investigación también hay un grupo de mujeres que ya niega el deseo.
R. Sí, y esto también es libertad. Hay mujeres que con 70 años siguen deseando encontrar una pareja y tener una relación en la que haya piel y pasión, y hay otras mujeres que con 50 años dicen que hasta aquí han llegado y que la energía que les supone poner en marcha todo esto prefieren enfocarla en otra cosa.

P. Y cuando no se tiene pareja sexual y apetece tenerla, ¿cómo se plantean la búsqueda?
R. Creo que, en esto, internet ha ayudado mucho. Muchas de las mujeres de mi investigación han hecho incursiones en internet y han encontrado amigos o amigas, relaciones. Esto es un tema importante. Además, internet permite privacidad. No te expones en lo público, al menos inicialmente.

P. Hablas también de los conceptos ‘viejecita sexy’ o ‘mujer puma’. Recuerdan al de MILF —madre que me follaría—. ¿Por qué esta manía de señalar a la mujer activa sexualmente según su momento reproductivo?
R. Me sorprende que se destaque. De toda la vida los hombres lo han hecho y nadie les ha llamado ‘leones’ o ‘tigres’. Por ejemplo, se ha hablado mucho de la mujer de [Emmanuel] Macron, que es 20 años mayor que él, pero no de la de [Donald] Trump, que es 20 años más joven. Al usar términos como ‘puma’ de alguna manera se intenta estigmatizar, limitar, en plan “¿qué pasa, que ahora las tías van a ir a la caza?, ¿ya no van a ser las virgencitas que están en casa esperándome a mí?”. Ellos siempre han ido de caza, pero las mujeres no.

P. También abordas cómo influye en la vida sexual de las personas mayores vivir en una residencia o con los hijos, cómo este cambio lleva a una infantilización.
R. Sí, realmente hay un momento dramático en la vida en cuanto a las posibilidades sexuales de las mujeres y es cuando dejan de vivir por su cuenta. Cuando vas a vivir a casa de tus hijos, que suelen ser muy puritanos y ven mal que sus madres y padres tengan líos de cama, despídete de llevar a casa a un hombre o a una mujer. En las residencias también es como si volvieras a la guardería. No se plantea como un hotel en el que pones un cartelito en la puerta de “no molestar”. No hay cerrojo en la puerta, entran cuando les da la gana, tienes que compartir habitación... No hay respeto a la intimidad de una persona que puede tener deseos de tener una relación. En nombre del amor se hacen auténticas barbaridades. Se controla el dinero, la vida afectiva, sexual, social. Dejas de poder decidir y poder tomar decisiones por tu cuenta para que tus hijos e hijas las tomen con la dirección del centro.

P. Cada vez hay más experiencias de residencias autogestionadas en las que el control y vigilancia desaparece o se disminuye.
R. Conozco estas experiencias y sé que hay algunas residencias también en Estados Unidos en las que no solo se permiten, sino que se estimulan las relaciones sexuales, corporales y afectivas. Poco a poco, habrá mayor reflexión y más sensibilidad y respeto con la dignidad de las personas mayores.

P. También señalas que, en muchos casos, en la sexualidad también influye el miedo a cargar con las tareas de cuidados.
R. Creo que una parte de los hombres, sobre todo los mayores de hoy —quizás los del futuro sean diferentes, pero tampoco estoy segura—, buscan intendencia o compañía. Las mujeres también quieren compañía, pero lo tienen claro. Es curioso porque, en esta investigación, las que quieren más sexo esporádico son las más mayores, las de más de 70 años. Prefieren una relación sexual que no implique vínculos como compartir vivienda, no tienen ganas de cargar con nadie. Luego, muchas mujeres afirman que les gustaría tener una relación, pero no con cualquiera. Ya saben lo que da de sí una relación heterosexual y están poco dispuestas a volver a pasar por determinadas cosas.

P. Desear también es sentirte deseada. ¿Hasta qué punto influyen el propio cuerpo y el imaginario estético de la sociedad?
R. Desde que eres pequeña quieres querer y que te quieran, desear y que te deseen. Gustar gusta a todas las edades. Uno de los problemas con los que nos encontramos de cara a la sexualidad es el tema de la imagen corporal. En qué medida yo tengo un cuerpo que no es el que tenía hace 30 años, lo acepto y me reconcilio con él o tengo tanto problemas de imagen corporal que no quiero que me vean desnuda.

El tema del cuerpo es muy importante a todas las edades. A los 8 años, las niñas ya sufren por su cuerpo, pero, cuando te vas haciendo mayor, el cuerpo tiene sus propias leyes. En algunos casos hay sentimiento de ira o vergüenza y dificultad para aceptarlo. Pero también depende mucho de la pareja que tienes, porque si está por tus huesos, sientes que gustas. Claro, los modelos estéticos son muy restrictivos, están basados en chicas jóvenes hiperdelgadas y tal. Si eres mayor no puedes ser joven, y mantenerte delgada con la edad es difícil porque no hemos sido educadas para tener un cuerpo atlético sino estético. Y un cuerpo estético es estático.

P. En tu estudio, alrededor de la mitad de las encuestadas afirman estar satisfechas con su vida sexual. Son cifras que pueden que no sean tan distintas a las que se den en mujeres de otras edades.
R. Es que las mujeres somos muy condescendientes, hacemos sexo complaciente. Nos lo montamos muy mal, pero desde pequeñas. Las adolescentes practican sexo sin querer para que el otro no la abandone, empezamos mal desde los 14 años. Hasta que llegas a lo que nombro como tener agencia, tener capacidad para ser agente de tu propia sexualidad, para decir sí o no, o así sí y así no, conocer tu cuerpo y tu deseo… Todo esto es una asignatura que se aprende con el tiempo y si tienes suerte. Depende de las parejas que hayas tenido, y en eso nuestros queridos compañeros masculinos dejan bastante que desear, los jóvenes y los mayores. Y con más delito en el caso de los jóvenes, que, en teoría, no han vivido la educación franquista. Por desgracia, no hay tanta diferencia como debería.

jueves, 22 de febrero de 2018

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Anna Freixas: "Mujeres de todas las edades y opciones sexuales reclaman más intensidad, pasión y frecuencia sexual"

Imagen: El Diario / Anna Freixas
Anna Freixas: "Mujeres de todas las edades y opciones sexuales reclaman más intensidad, pasión y frecuencia sexual".
Anna Freixas es gerontóloga feminista y autora de ‘Sin reglas’, un libro sobre la erótica y la libertad femenina en la madurez que critica la medicalización de la menopausia. "Si identificamos la sexualidad femenina con estar disponible siempre para el coito, tendremos estadísticas equivocadas", asegura. "El mundo del trabajo, de la familia, de las amistades, de la pareja, si la hay, suelen invisibilizar y ridiculizar la vida sexual de las mujeres pasados los 50 años", sostiene.
Cristina Barchi | El Diario, 2018-02-22
http://www.eldiario.es/nidos/DESEO-MUJER-DESPUES_0_742975757.html

Anna Freixas, gerontóloga feminista, psicóloga, profesora universitaria, es una mujer a la que le gusta poner luz en la oscuridad. En el mundo de las mujeres sobre todo. Por eso ventila en su libro ‘Sin reglas. Erótica y libertad femenina en la madurez’ (Capitán Swing) los resultados de su encuesta a 729 mujeres españolas que han pasado los 50 años, que confirman que la vida erótica de las mujeres no desaparece en absoluto al perder la capacidad reproductiva. Y que los mitos culturales de talla única y la medicalización inducida por la industria son propios de un mundo juvenista que castiga la madurez y la edad, y se deja llevar por el millonario consumo preventivo.

Freixas ha descubierto que con la edad el sexo de las mujeres tiene menos práctica pero más disfrute, que no se identifica con el coito, que no existe la llamada disfunción sexual femenina. Y que los nuevos mitos vigorizantes de la edad madura pueden ser igual de opresivos que los que dejamos atrás. No, el deseo no desaparece. Pero el de la mujer madura es el secreto mejor guardado.

P. ¿Por qué se hizo gerontóloga y por qué gerontóloga feminista?

R. Hice una tesis hace 30 años sobre autopercepción del proceso de envejecimiento de las mujeres, y en paralelo profundizaba en mi propia formación feminista con lecturas y grupos de trabajo hacia un trabajo de conciencia con otras mujeres. Estudiábamos qué habían dicho otras mujeres para abrirnos camino. Y una cosa me llevó a la otra. Apliqué la mirada feminista al significado del cuerpo de la mujer mayor y desde entonces analizo las normas culturales en las que se desarrolla esto tan complicado que es nacer mujer y hacerse mayor.

P. ¿Cómo diferenciarla de la otra gerontología?

R. Porque la feminista cree que no hay enfermedad sino dificultad en la vida sexual de la mujer. Porque antes que en causas biológicas piensa e investiga en el contexto afectivo, social, laboral y familiar y de ciclo vital de la mujer. Escuchamos, apoyamos, favorecemos y protegemos la intimidad de las mayores. La gerontología feminista habla de una práctica sexual donde sexo no es igual a coito y puntúan igual otras formas legítimas de relacionarse físicamente con una pareja o amante eventual, de tener voz propia para producir esos encuentros y a la vez poner límites, de revindicar el propio deseo cualitativa y cuantitativamente, ante los hijos, las amigas, la sociedad y el mundo.

Pero, sobre todo, como en la gerontología no feminista, si identificamos la sexualidad femenina con estar disponible siempre para el coito, tendremos estadísticas equivocadas. El diseño de cualquier pensamiento sobre la vida erótica de la mujer donde el sexo significa penetración nos llevará a creer que el deseo en la mujer efectivamente se desvanece con la llegada de la madurez.

P. ¿Con qué se encuentra la mujer a la hora de conciliar edad y sexualidad?

R. Su mundo del trabajo, de la familia, de las amistades, de la pareja, si la hay, suelen invisibilizar la madurez y la vejez y sobre todo ridiculizan su vida sexual. Se encuentra con que las parejas son poco estimulantes o difíciles de encontrar. Si las hay, entonces los hijos son puritanos y nos les dejan llevar al amante a casa o las sobreprotegen. Se encuentran con la propia creencia personal sobre el "principio del fin" que representa la menopausia. Las dificultades con la propia imagen corporal y los cánones estéticos (no esperan ser atractivas, se autoexcluyen). El estrés derivado de ser cuidadoras de sus padres, de sus hijos, y profesionales y parejas.

Así que la disminución de la actividad sexual post-menopausia no tiene que ver con un cambio hormonal sino con un cuadro multifactorial que aleja a la mujer momentáneamente de un disfrute personal y contacto consigo misma, de su capacidad de concentrase en su placer en un momento del ciclo vital tan comprometido. Si se producen cambios y mejoras en esos factores, lo probable es que todo mejore también.

P. 'Sin Reglas', su último libro, contra todo estereotipo social dice que después de los 50 el deseo de la mujer no solo no desaparece sino que cualitativamente mejora, y que aunque la frecuencia disminuye, hay más disfrute.

R. Muchas mujeres de esa edad pasan de una sexualidad más pasiva y subordinada al placer masculino a una erótica más implicada y activa en la edad mayor. El cambio hormonal prelude en la mayoría una liberación, autonomía y capacidad de gobierno sexuales. El conocimiento del propio cuerpo permite superar pudores aprendidos. Estas mujeres desean una sexualidad más sensualizada y desdramatizada. Con ritmos más pausados. Prefieren parejas esporádicas pero sobre todo que tengan casa propia como ellas. Las relaciones de larga duración les aportan más afectividad pero limitación en la actividad sexual. Lo que está claro es que mujeres de todas las edades y opciones sexuales reclaman más intensidad, pasión y frecuencia sexual. El autoerotismo es practicado en mujeres de toda las edades. Y trae salud.

P. ¿Hay alguien que piense que después de los 50 la mujer no tiene deseo sexual? ¿De verdad son tan invisibles?

R. Es una concepción basada en la reproductividad la que considera que la mujer post menopausia no tiene deseo sexual. Hay una tendencia transmitida de que algo le pasa al cuerpo femenino que no puede más con ello, se rinde o no siente apetito. Es una mirada biologicista que tiende a la medicación y a la negatividad, aunque solo un 3% padecen consecuencias físicas, esta es la que prevalece.

P. Su estudio dice que la satisfacción (que no el deseo) con la sexualidad propia disminuye con la edad, pero más en mujeres heterosexuales que en lesbianas.

R. La satisfacción depende en todos los casos de la buena gestión, de ser agente de la propia sexualidad, actuar como sujeto sexual supone un elemento central para la satisfacción sexual. Decir sí o no, pedir, sugerir, poner límites…

Las niñas la pierden a los 14 años cuando hacen sexo porque alguien les exige o chantajea. Es muy bueno recuperar lo que perdimos en la adolescencia. De esos barros vienen estos lodos; la carencia de una educación afectivo-sexual en la familia y en la escuela trae estas consecuencias y las relaciones de dominación que sufre una parte de la gente joven. Desde ese comportamiento emocional nace un largo camino hasta que la mujer puede ser dueña de su cuerpo, poner sus límites y adquirir agencia sexual.

Las mujeres maduras heterosexuales, además, todavía son víctimas del yugo del mito social de la belleza, que las mujeres lesbianas supuestamente ya han superado, y dependen de un modelo de sexualidad de corte masculino que a veces a ellas ya no les satisface, lo que posiblemente las lleve a la soledad por periodos.

P. ¿La llamada disfunción sexual femenina no es real?

R. El concepto nació ligado a la disfunción eréctil masculina, así se descargaba cierta responsabilidad sobre la mujer. El primer intento fue entre 1997 y 2004 cuando la farmacéutica Pfizer promueve esta idea investigando a 3.000 mujeres. Los resultados fueron vergonzantes para ellos que lo dejaron, no había mujeres enfermas. El pastel millonario seguía ahí. En 2015 sale al mercado Addy, o el viagra rosa.

Es increíble pero no se habla de las consecuencias y efectos secundarios. El primero, que la mujer soportara hipotensión, desmayos, pérdida de consciencia, a cambio de un afrodisíaco mediocre. Y en segundo lugar, ver el sexo de la mujer de forma descontextualizada y a ella como el único factor a tratar. No hay problema biológico, hay conflicto de relación, falta de pareja, incomunicación, o rutinas poco estimulantes. Creemos que en lugar de medicalizar hay que saber que la posible dificultad sexual de una mujer es contextual y la comunicación, la cercanía, la confianza, la intimidad, son de primer valor porque sin ellas no hay sexualidad placentera, por lo tanto no hay lubricación y, por lo tanto, no hay deseo. El deseo para nosotras esta muy en la cabeza.

P. ¿Son seguros los nuevos cuidados preventivos?

El ‘disease mongering’ o incitación a la enfermedad presiona al público para que se traten los procesos naturales como la menopausia y nos lancemos a consumir. Yo sostengo que las estadísticas sobre los beneficios farmacológicos se manipulan y se magnifican los riesgos del proceso natural. Y se recomienda la tecnología sin importar los riesgos secundarios. Los investigadores Moynihan y Cassels han denunciado el clima de temor creado por las farmacéuticas contra procesos o estados del ciclo vital para favorecer una comercialización intensa de productos (como con la osteoporosis, el síndrome premestrual o la disfunción sexual femenina).

P. ¿Cómo ve los modelos eróticos de las nuevas generaciones?

R. Creo que la presión social y estética es muy fuerte. Es difícil sustraerse a un modelo de belleza o medicalizado de la vida, pero aun así las nuevas generaciones tienen una realidad mejor que la nuestra. Tienen más conciencia, más preparación, más información, más modelos de mujeres que han hechos otros caminos.

El mundo es plural y grande, junto a la erotización estética (sexualización explícita de la mujer) hay movimientos que reivindican la libertad y el cuerpo y el no sometimiento a determinadas normas culturales como el modelo de cuerpo famélico de moda que ha durado tanto tiempo. Hoy conviven todos ellos, no estoy segura de que se equilibren, pero conviven. Los cuerpos no modélicos pasan a llamarse curvy y son integrados para poder hacer más dinero. La industria también nos integra a las mayores porque se ha dado cuenta que somos tenemos más dinero que las chicas jóvenes. Hay que estar atentos a estos vaivenes del interés en el modelo estético de mujer tan cambiante y mantenerse crítico. El imperativo de la belleza es algo que persigue a la mujer en todas sus edades y la edad madura no está exenta; ataca su autoestima constantemente, lo que influye mucho en su desvalorización para mantener una práctica sexual plena. Las generaciones jóvenes ya llegan resabiadas, pero el impacto psicológico es similar.

P. Habla de la dictadura el silencio, pero ha hecho usted hablar a un colectivo sin voz y casi sin colectivo.

R. Nos faltan palabras femeninas para hablar de sexo. Gustar sexualmente es placentero, el placer que genera gustar sexualmente es legítimo en los mayores y los recientemente mayores. Es muy sano que tengan ganas de jaleo y es demostrable que ello existe en la tercera parte de la vida, que es gestionable y que ha de hablarse. El propósito de mi estudio es abrir el debate. Somos muchos, somos diversos y caben todos. La música de fondo sería esta.

lunes, 12 de febrero de 2018

#libros #mujeres #sexualidad | Sin reglas : erótica y libertad femenina en la madurez

Sin reglas : erótica y libertad femenina en la madurez / Anna Freixas ; prólogo de Soledad Gallego-Díaz.
Madrid : Capitán Swing, 2018 [02-12].
216 p.
ISBN 9788494740893 / 17€

/ ES / ENS
/ Cuerpos / Deseo sexual / Diversidad afectivo-sexual / Erotismo / Mayores / Mujeres / Mujeres – Conducta sexual / Sexualidad

La sexualidad de las mujeres mayores es uno de los secretos mejor guardados en nuestra cultura, a pesar de que la evidencia científica confirma que la edad no tiene por qué suponer una dificultad para el disfrute. Freixas aborda los diversos ámbitos que configuran la erótica femenina postmenopáusica, apoyándose en la voz de las propias mujeres mayores. Tras analizar la investigación y el conocimiento sobre el tema y las diversas posiciones teóricas que tratan de explicar la sexualidad después de la menopausia y las actitudes sociales y culturales al respecto, nos adentra en los grandes temas que afectan a la erótica femenina en la madurez. ¿Qué pareja desean las mujeres después de la etapa reproductiva?, ¿cómo se vive la sexualidad en nuestra sociedad globalizada, cuando no se dispone de una pareja cercana?, ¿cómo se viven las opciones sexuales diversas, más allá de la heterosexualidad? La erótica cotidiana se ve afectada por la vivencia de la imagen corporal, por la satisfacción o insatisfacción que sentimos con el cuerpo cambiado por la edad, y también por aspectos relacionados con la salud propia y la de la pareja. Conocer el cuerpo y el deseo y disponer de los recursos necesarios para marcar límites, expresar deseos y rechazos supone un plus de enorme importancia en la satisfacción sexual a todas las edades, que parece más fácil de alcanzar a medida que pasan los años.

Anna Freixas. Escritora feminista y profesora de universidad jubilada. Barcelonesa afincada en Córdoba, se licenció y doctoró en Psicología en la Universidad de Barcelona, donde desarrolló los primeros años de su actividad docente. En 1981 llegó a Andalucía, al ingresar en la Universidad de Córdoba, primero en el Instituto de Ciencias de la Educación y luego en la Facultad de Ciencias de la Educación. Entre 1994 y 2001 creó y dirigió el Aula de Estudios de las Mujeres, transformada luego en la Cátedra Leonor de Guzmán. Sus líneas de investigación han versado sobre el envejecimiento de las mujeres, coeducación y feminismo, y la evolución de la investigación y docencia en Psicología desde una perspectiva de género. Ha tenido aportaciones pioneras para el desarrollo de la gerontología feminista en España. Su obra ‘Mujer y envejecimiento: Aspectos psicosociales’ recibió el Premio Dr. Rogeli Duocastella de Investigación en el Campo de las Ciencias Sociales, otorgado por la Fundación La Caixa, en 1993. En 1999 le fue concedido el VI Premio de Divulgación Feminista Carmen de Burgos, otorgado por la Asociación de Estudios Históricos y sobre la Mujer de la Universidad de Málaga. En 2006 recibió la medalla de plata de la Junta de Andalucía y en 2009 el Premio Meridiana de la Junta de Andalucía, en reconocimiento a su labor en pro de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.