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jueves, 9 de mayo de 2024

#hemeroteca #genero | Una investigación logra identificar la distribución geográfica de la pobreza energética según el género partiendo de datos públicos

Jon Terés Zubiaga, profesor e investigador de la Escuela de Ingeniería de Bilbao //

Una investigación logra identificar la distribución geográfica de la pobreza energética según el género partiendo de datos públicos

Desarrollan una metodología que facilita la incorporación de la perspectiva de género en las políticas destinadas a reducir la pobreza energética
UPV/EHU, Campusa, 2024-05-09
https://www.ehu.eus/es/web/guest/-/ikerketa-batek-lortu-du-pobrezia-energetikoaren-banaketa-geografikoa-generoaren-arabera-identifikatzea-datu-publikoetatik-abiatuta

Un trabajo codirigido por Jon Terés Zubiaga, profesor e Investigador de la Escuela de Ingeniería de Bilbao de la UPV/EHU, ha desarrollado una metodología que utiliza información de carácter público para analizar la vulnerabilidad energética. Permite detectar las zonas geográficas que podrían ser susceptibles de sufrir pobreza energética y aporta información sobre la incidencia que tiene el género en la vulnerabilidad energética de cada área.

Combatir la exclusión energética es uno de los grandes desafíos actuales, dado que se trata de un fenómeno que afecta a la salud, el bienestar, la inclusión social y la calidad de vida de muchas personas. En la Unión Europea se calcula que 36 millones de habitantes tienen dificultades para satisfacer sus necesidades energéticas básicas, y luchar contra ello es todo un reto para las administraciones públicas. Estas requieren instrumentos de diagnóstico que les permitan conocer cómo se distribuye geográficamente la pobreza energética y de qué manera afecta a diferentes colectivos, dado que la vulnerabilidad energética varía en función de las características demográficas y socioeconómicas.

Un ejemplo de ello es el género. Diversos estudios han demostrado que las mujeres son más susceptibles que los hombres de tener dificultades de acceso a la energía. De manera que para que las políticas destinadas a reducir la vulnerabilidad energética tengan en cuenta la perspectiva de género, se necesitan herramientas que permitan evaluar la incidencia del género en los diferentes factores que afectan al acceso a la energía (edad, situación laboral, número de progenitores de la familia, etcétera).

Con el propósito de contribuir a esa tarea, el Departamento de Ingeniería Energética de la UPV/EHU ha explorado “el potencial de los datos demográficos y socioeconómicos de acceso público para identificar la distribución espacial de la pobreza energética en un determinado territorio”, explica Jon Terés Zubiaga, investigador del proyecto. Se trata de datos disponibles en las bases de datos de acceso público, como estadísticas municipales, catastros o datos obtenidos mediante encuestas realizadas por los organismos autonómicos y nacionales de estadística.

Junto con el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja y la Universidad de Mons (Bélgica), en este estudio se ha conseguido desarrollar una metodología que aprovecha los datos geográficos públicos que se recogen de manera desagregada. Es decir, que presentan información separada para mujeres y hombres. Esto les ha permitido crear un método capaz de localizar las zonas más vulnerables energéticamente indicando de qué manera influye específicamente a las mujeres y a los hombres. De manera que las administraciones responsables de adoptar las medidas para reducir la pobreza energética podrían emplearla para tener una radiografía más específica del lugar y diseñar políticas y ayudas más efectivas.

El profesor de la UPV/EHU destaca algunas ventajas de emplear datos de acceso público: “Facilita la recolecta de información, y como las bases de datos públicas están en continua actualización, permite revisar las evaluaciones de forma periódica. Esto puede ser útil para que una administración que ha implementado unas medidas concretas en aspectos de vulnerabilidad energética pueda analizar si están siendo efectivas”.

Terés Zubiaga subraya que el método es útil para hacer un diagnóstico preliminar. “Permite realizar una primera aproximación; detectar los puntos calientes de vulnerabilidad energética dentro de un territorio. Una vez que salta la alarma en una zona, para que la evaluación fuese más detallada, el siguiente paso sería analizar la situación con métodos más intensivos que permitan realmente diseñar medidas específicas”.

Metodología visual con múltiples posibilidades

Además, la metodología desarrollada muestra los resultados obtenidos de manera visual. Emplea sistemas geográficos de información y representa los datos en mapas. Esto permite identificar si se dan patrones espaciales específicos o correlaciones dentro del territorio analizado. Por ejemplo, en el estudio que han realizado en Madrid, se observa que en el sur hay una mayor acumulación de vulnerabilidad que en el norte. Y estudiando con más detalle las tendencias de las diferentes zonas, la metodología puede ayudar a identificar las posibles variables que están dando pie a esos escenarios.

Otro aspecto positivo de utilizar datos de acceso público es que permite que la metodología sea aplicable en todo tipo de entornos. Si bien el equipo de investigación ha testeado el funcionamiento de la metodología en Madrid, en realidad puede ser aplicada en diferentes contextos (urbanos o rurales) y a escalas variadas (barrio, ciudad, provincia...). Todo depende de las necesidades de quienes realicen las evaluaciones.

Por último, cabe destacar que la metodología es capaz de cruzar los resultados obtenidos con evaluaciones anteriores, dando la posibilidad de comprobar si las conclusiones varían o no cuando se incorpora el análisis de género.

Información complementaria
Este trabajo se ha desarrollado en el marco del Máster Erasmus Mundus en Comunidades y Ciudades Inteligentes (SMACCs), titulación en la que Jon Terés Zubiaga, doctor de la Escuela de Ingeniería de Bilbao, imparte clase. Se trata del trabajo de fin de máster de Nayely B. Capetillo-Ordaz.

viernes, 21 de abril de 2017

#hemeroteca #mujeres | Lo que el ‘big data’ sabe de las mujeres

Imagen: El País / Niñas en India
Lo que el ‘big data’ sabe de las mujeres.
Satélites, móviles y redes sociales visibilizan los problemas con un nivel de detalle sin precedentes. Así lo revela el primer estudio global sobre macrodatos y género.
Glòria Pallarès | Planeta Futuro, El País, 2017-04-21
http://elpais.com/elpais/2017/04/19/planeta_futuro/1492612509_753999.html

Poner medios, no excusas. También cuando se trata de rellenar los enormes vacíos de información sobre el bienestar de las mujeres a escala global para diseñar políticas y programas de ayuda eficaces. Si hace falta, recurriendo al torrente de datos digitales —anonimizados— que ofrecen las imágenes por satélite, las redes sociales y el uso de móviles y tarjetas de crédito. Con esta filosofía, expertos internacionales bajo el paraguas de la Fundación ONU han puesto a prueba durante dos años el potencial de los macrodatos para arrojar luz sobre el estatus social, económico y de salud de las mujeres en cuatro continentes. De aquí han emergido unos retratos en tiempo real y con un nivel de detalle geográfico sin precedentes. ¿Cuánta precisión es esta? Tanta, que "nos preguntamos si los responsables de la toma de decisiones serán capaces de aprovechar el nivel de granularidad que ofrecen los mapas”, apunta Rebecca Furst-Nichols, vicedirectora de la iniciativa de la Fundación ONU para los datos de género —Data2X—.

El estudio se inició en 2014, en vista de que "nadie estaba investigando de qué modo el ‘big data’ puede aumentar el rango, cantidad y calidad de los datos sobre las vidas de las niñas y mujeres", explica Furst-Nichols, al frente de los programas de macrodatos de Data2X. Con este objetivo, pusieron en marcha cuatro proyectos piloto para evaluar las grandes categorías de macrodatos. "También seleccionamos cuestiones con una falta de datos persistente y que suponen un riesgo desproporcionado para las mujeres". Por ejemplo, problemas de salud mental y acceso a la educación. La premisa era sencilla: las fuentes de datos convencionales, como las estadísticas oficiales y encuestas de hogar, no cubren todo el territorio y se realizan con poca frecuencia —a menudo, cada cinco años—. Los datos digitales pueden complementar a los tradicionales porque se generan de forma continua y se recolectan pasivamente, cubriendo zonas, temas y grupos de población que a día de hoy son invisibles para sus propios Gobiernos.

El ‘big data’ también es útil para comprender grandes conmociones —desde desastres naturales hasta recesiones, pasando por vuelcos en políticas macroeconómicas—. "Por definición, los choques son imprevisibles. Planificar y realizar encuestas convencionales con presteza para evaluar sus impactos es difícil, tanto desde un punto de vista logístico como financiero", señala el economista de salud pública y coordinador de la investigación, Bapu Vaitla. "Además, la posibilidad de desglosar los macrodatos permite analizar el impacto en diferentes territorios y sub-grupos de población". Un matiz fundamental, puesto que los efectos de una inundación, por ejemplo, pueden ser moderados en el conjunto de un país, pero devastar sus comunidades más marginalizadas.

Paisajes de desigualdad
Cuatro de cada cinco países sí producen de forma más o menos periódica estadísticas desglosadas por sexo, apunta el informe Big data y el bienestar de mujeres y niñas de Data2x. Sin embargo, estos datos no tienen la precisión geográfica suficiente para orientar políticas o planes de ayuda a escala local —programas sobre cuestiones de tanto calado como el analfabetismo y el acceso a contraceptivos por parte de las mujeres—. Los encuestadores gubernamentales no llegan a todas las aldeas de Kenia, Tanzania, Nigeria, Bangladesh y Haití, pero las imágenes de satélite sí. ¿Y qué tienen que ver el clima, la producción agrícola o la distancia a carreteras que muestran estas capturas con el estatus social y de salud de las mujeres? Lo suficiente para inferir su bienestar en territorios que nunca ha pisado un funcionario.

De hecho, los mapas generados en el estudio para cuestiones como el analfabetismo revelan paisajes de desigualdad —tanto de género como entre regiones de un mismo país— que estaban ocultos hasta la fecha, y abren la puerta al diseño de intervenciones dirigidas a las mujeres más vulnerables. Aunque la correlación entre fenómenos geoespaciales y el estatus de las mujeres varía en cada país, ya hay resultados prometedores. En Nigeria, se han visualizado zonas de clara desigualdad entre niños y niñas en cuanto a retraso en el crecimiento. "Lo revelador es que esta desventaja de las niñas frente a los niños en Nigeria no se puede generalizar", remarca Vaitla. "Lo que se observa es un complejo ‘patchwork’ de desigualdades relacionadas con la zona geográfica, la densidad de población, los sistemas agrícolas y otros factores geoespaciales".

Otro hallazgo destacado parte de los datos sobre uso de móviles y tarjetas de crédito —en concreto, de las gestiones anonimizadas de 150.000 usuarios en México D.F.—. Los investigadores analizaron el tipo de compras, en qué orden se hacían y cómo eran los patrones de movilidad de los usuarios. Ello permitió identificar siete grupos diferentes según el estilo de vida económico. ‘Los que se ocupan del hogar’, por ejemplo, realizan la mayoría de sus compras en verdulerías, tienen menos movilidad, disponen de una red social menos diversa y gastan menos con tarjetas de crédito. Las mujeres no solo están sobrerepresentadas en este grupo, sino que tienen peores indicadores que los hombres en la misma categoría. Las "fuertes diferencias de género" se repiten en todos los grupos, destaca Vaitla. En el caso de ‘Los que viajan para ir al trabajo’, los hombres se desplazan a más lugares y viven mucho más cerca del centro de la ciudad, lo que indica un mayor acceso a oportunidades económicas. En el grupo ‘Jóvenes’, "las mujeres tienen un radio de movimiento mucho menor, lo que vuelve a evidenciar un mundo social y económico reducido".

Este conocimiento tiene aplicaciones prácticas porque los subgrupos tienen necesidades sociales y económicas diferentes. Identificarlos "permite analizar los costes y beneficios relativos de las políticas dirigidas a mejorar el acceso a comida, transporte o servicios de información", apunta el estudio. Analizar el comportamiento de la población en tiempo real también puede alertar del deterioro en la calidad de vida de algunos sectores, y ayudar a diseñar sistemas de protección social efectivos. El desplome de la movilidad en un grupo con niveles bajos de gasto, por ejemplo, podría indicar que los más pobres ya no pueden costearse el transporte necesario para acceder a los mercados y a los servicios gubernamentales. "A largo plazo, este enfoque podría revelar cómo las mujeres enfrentan factores de estrés como desastres ambientales y recesiones".

Ideas y emociones
Interesa saber cómo subsisten las mujeres, pero también qué piensan y cómo se sienten —empezando por su salud mental—. Las mujeres se ven afectadas por condicionantes sociales y psicológicos diferentes a los de los hombres y sufren un mayor riesgo de trastornos vinculados a la pobreza, desigualdad y expectativas culturales. La mayoría de datos sobre salud mental no están desglosados por sexo, sobre todo en países en vías de desarrollo. Las consecuencias son graves: abundan los diagnósticos y tratamientos erróneos, y las pacientes carecen de apoyo para buscar ayuda. Frente a esta realidad, los expertos han desarrollado un método basado en el aprendizaje computacional automático: el sistema ‘ha aprendido’ a rastrear actualizaciones de Twitter en busca de indicios de trastorno mental como la propensión al suicidio. ¿Índice de aciertos?: del 96%.

Este método, que se ha probado en medio millón de usuarios y 1,5 millones de actualizaciones de India, Sudáfrica, Reino Unido y EE UU, tiene aplicaciones a dos niveles. En el plano individual, la propia red social podría conectar automáticamente a la usuaria con servicios de apoyo psicológico. A nivel de población, el sistema permite seguir tendencias de salud mental en tiempo real y ver el impacto diferencial que las grandes crisis tienen en mujeres y hombres.

Un último proyecto explora las prioridades e ideas de las mujeres a través de Twitter de mano de la Universidad de Leiden (Países Bajos) y Global Pulse ONU, iniciativa dedicada al aprovechamiento de macrodatos para el desarrollo y acción humanitaria. Sus expertos han desarrollado una herramienta que infiere el sexo de los usuarios de la red social con una precisión del 74% —cifra que confían en aumentar—. Para probarla, rastrearon 50 millones de cuentas en busca de 25.000 palabras clave. El objetivo era cuantificar las preocupaciones de las mujeres en materia de desarrollo sostenible y comprender como difieren de las de los hombres. En Nepal, por ejemplo, ellas hablaban más sobre igualdad de género y ellos, sobre protección ambiental.

Cuestión de voluntad
Los firmantes del estudio hacen ciencia, no magia. Por ello, admiten las limitaciones de los métodos testados: los proyectos basados en redes sociales se centran en los usuarios anglófonos de una sola plataforma; los pagos con tarjeta de crédito excluyen a los individuos de menor poder adquisitivo, y no siempre se dispone de datos de telefonía desglosados por sexo. En este último caso, tampoco existen algoritmos que predigan con fiabilidad el sexo del usuario —menos aún en países en desarrollo en los que se comparten aparatos y tarjetas SIM—.

La falta de acceso a tecnologías digitales también puede sesgar los resultados, de modo que "es crítico utilizar fuentes de datos convencionales para validar las conclusiones", subraya Vaitla. "No obstante, los móviles y otras tecnologías digitales son cada vez más vitales para el sustento de los hogares empobrecidos. Por ello, pueden ser fuentes de datos valiosas para comprender su bienestar". Los avances científicos son un paso adelante, pero no bastarán para mejorar la calidad de vida de las mujeres en el mundo.

"La invisibilidad de las mujeres en las colecciones de datos es un problema político, no solo técnico", advierte el informe, y aboga por reformas que incluyan a las féminas en todas las esferas de la vida económica y social. "Queda mucho trabajo por hacer en torno a la gobernanza de datos, la privacidad y la protección de los usuarios más vulnerables", constata la vicedirectora de Data2X. Por este motivo, su equipo trabajará con socios públicos y privados "para garantizar que los diálogos sobre privacidad tienen en cuenta las cuestiones que atañen a las mujeres —como una voz o libertad de acción limitadas en muchos contextos—". La colaboración público-privada es imprescindible porque buena parte de los macrodatos y de los métodos para analizarlos tienen propietario. Para Furst-Nichols, se deben acordar fórmulas para proteger la innovación, al tiempo que se permite el uso de estos recursos para el bien social.

Los expertos han demostrado el potencial de los macrodatos para visibilizar los problemas y prioridades de las mujeres. "Ahora debemos asegurarnos que los responsables de la toma de decisiones y los profesionales del desarrollo utilizan estos recursos para promover la igualdad de género", señala la participante en el informe y especialista en comunicación de Global Pulse ONU Felicia Vacarelu. Para lograrlo, Data2X se centrará en explorar cómo los macrodatos se pueden aplicar al diseño de políticas concretas. "Nuestro próximo paso será concentrarnos en un país. Queremos ver si es posible montar un sistema basado en datos para monitorizar el bienestar de las mujeres en tiempo real", informa Furst-Nichols. Vaitla contempla un futuro en el que las agencias nacionales de estadística incorporen estas técnicas en sus procedimientos habituales. Un futuro en el que se pongan medios y voluntades —no excusas— para que esta mitad de la población mundial que son las mujeres afronte la vida en igualdad.

Y TAMBIÉN…
Sunil Gupta: “El poder del ‘big data’ se ha exagerado mucho”.
Este catedrático de Harvard no cree que el uso de grandes bases de datos sea siempre útil.
M.G. Pascual | Retina, El País, 2017-04-21
http://retina.elpais.com/retina/2017/04/21/tendencias/1492798269_113283.html