jueves, 14 de abril de 2011

#textos | Con el culo al aire

Ilustración: Sor Veneno | EHGAM
Con el culo al aire
Julen Zabala · EHGAM | IGLU, 2011-04-14 
Presentación del libro "Por el culo : políticas anales", de Javier Sáez y Sejo Carrascosa, en la Biblioteca Municipal de Donostia.
Un libro excelente, cuyo contenido no quisiera desvelar en esta presentación porque su lectura es del todo imprescindible. Un análisis exhaustivo, cuya conclusión es definitoria para seguir abordando lo que podemos denominar el “estado de la cuestión” del heterofascismo.

Palabras, sí, palabras. Baste recordar un par. Un par de palabras que al conocerlas un/a marika –al menos– no puede dejar de sentir un terrible escalofrío por todo su cuerpo, como si le dieran una patada en los huevos y le rompieran el culo a la vez. “Nefando”: horriblemente malo, execrable, repugnante, indigno… Y de ahí “pecado nefando”: aquel de que no se puede hablar sin repugnancia u horror. “Abyecto”: bajo, despreciable, vil en extremo... Y en ambas, nefando y abyecto, se condensan los anales de la sodomía, de la homosexualidad y, cómo no, del culo y su ano a través de la historia. Una historia repleta de injurias, insultos, infamias, desprecios... y hogueras, crímenes, cárceles, psiquiátricos, persecuciones, exilios...

Que el viento no se lleve las palabras. Porque las necesitamos para recuperar nuestra dignidad frente a su odio. El 28 de octubre de 2007 se publicó que un tal Josep Saña, por aquel entonces concejal del PP en la localidad de Berga (¡ay, cuánta saña y cuánta verga suelta!, dicho sea de paso) había escrito y enviado un correo electrónico a Dani Bullich, concejal del PSC en el mismo ayuntamiento y homosexual declarado.

Le confesaba: "No puedo entender cómo es que hay tantos homosexuales en el mundo, con el asco que damos los hombres peludos, dándose por el culo por todas partes, cosa de lo más innatural y depravada". Y le preguntaba si "a los maricones les debemos considerar como anomalías genéticas sin solución o como personas que pueden recuperar el buen camino". La verdad es que semejante homofobia nos indigna y nos deja casi sin palabras. Pero veamos: ¿alguien puede entender que quería decir con “dándose por el culo por todas partes”? ¿Acaso por todas las partes del cuerpo, como si todo fuera un culo? ¿O en cualquier sitio, acá, allá y acullá, como si el mundo fuera un colosal cuarto oscuro?

Somos, como se describe en este libro, un donuts: un cuerpo alrededor de un agujero, el aparato digestivo, cuyos extremos son la boca y el ano. El heterofascismo despliega todo su odio al desear atravesar ese agujero por completo con un palo o algo similar. Pongamos un ejemplo. El 21 de octubre de 2006 Fran y David, dos jóvenes gays, al darse un beso en el bar JH de Sevilla, fueron recriminados por José Hernández, dueño del establecimiento. En el altercado, cuando le pidieron el libro de reclamaciones, éste se dirigió al mostrador y sacando una barra de hierro les gritó: “Te la voy a meter por el culo y te va salir por la boca”.

“Los homosexuales sufren una anomalía”, afirmó Manuel Fraga el 14 de diciembre de 2004. “Las personas que nacen así porque los cromosomas se equivocan, tienen derecho a un cierto reconocimiento”, matizó. Qué buen alumno ha sido su correligionario, el tal Saña, que repite sus mismas palabras. El heterofascismo desea, además de atravesarnos con una barra de hierro, confundir en un “totum revolutum” cuanto le molesta. Sus neuronas sí que se equivocan y a propósito, porque prefiere no distinguir, lo cual le tranquiliza enormemente.

Imagen: Juantxo · EHGAM
Es la misma táctica que utiliza el asociacionismo LGTB normalizador –expresado recientemente, por ejemplo, en una publicación de Gehitu– ante la inseguridad que le produce abordar lo transmarikabollo o lo queer: antes de que se cuestione su propia identidad, hay que meter todo lo inconveniente (y lo sucio y lo perverso) en un mismo saco para invisibilizarlo y darle de hostias, aunque el único argumento sea confundir el culo con las témporas. A lo que íbamos: que no somos un donuts, no; somos un culo y únicamente eso: un inmenso culo.

Y así nos lo dijo Conchi, una oyente de la COPE, el 30 de enero de 2006, hablando de las operaciones de reasignación para las personas transexuales. “Las bocas de los viejecitos que no pueden comer son antes que los culos de los mariquitas. Porque todo es necesario en la vida. Pero los viejecitos no pueden comer porque no tienen dientes y eso la Seguridad Social debe de hacerse cargo en vez de hacerse cargo de los culos de los mariquitas.” Y, al margen de sus amplios conocimientos sobre la transexualidad que podrían hacerle catedrática como a Aquilino Polaino, no deja de ser curioso que la tal Conchi apele a los dos extremos del agujero: la boca y el culo; omitiendo, eso sí, que los viejecitos también tienen culo y, por supuesto, que los mariquitas y las personas transexuales tienen boca.

Palabras, sí, palabras. Mariquitas, mariposas. Qué más da. Pues no, no da lo mismo. ¿Sabéis por qué se nos llama “mariposas”? Lo dejó escrito el jesuita y confesor de la Cárcel de Sevilla Pedro de León nada más y nada menos que en 1616 en su terrible obra denominada Compendio –"Compendio de algunas experiencias en los ministerios de que usa la Compañía de Jesús, con que prácticamente se muestra con algunos acontecimientos y documentos el buen acierto en ellos...”–. Este jesuita denominó "mariposas" a los que practicaban la sodomía.

Así contaba un caso que atendió en la Cárcel Real de Sevilla en 1592: "La historia de este alguacil -un tal Quesada- es que él tenía casa de juego y acogía allí algunos mocitos de los pintadillos y galancitos, y a unos procuraba palparlos y tocarles las manos y caras, y a otros procuraba inducir al pecado consumado. Al fin vino a parar en el fuego y como suelo decir (y aquel día que lo mataron lo dije), que los que no se enmiendan y se andan en las ocasiones de pecar son como las mariposillas, que andan revoloteando por junto a la lumbre: que de un encuentro se le quema un alilla, y de otro un pedacillo, y de otro se quedan quemadas; así los que tratan de esta mercaduría una vez quedan tiznados en sus honras y otra vez chamuscados y, al fin, vienen a parar en el fuego." Este fuego no era una metáfora. El pecado nefando se castigaba con la hoguera si era mayor de edad o con azotes si menor.

Para este jesuita, una vez probado el placer prohibido, era muy difícil dejarlo y tenía mal remedio. Hablando de un clérigo de misa encartado dice que "la experiencia nos ha demostrado cuán pocos son los que se enmiendan de este vicio bestial, y el fuego solamente es el que hace este oficio". Los tribunales de Granada y Sevilla instruyeron 175 casos de sodomía entre 1560 y 1699, en los que sentenciaron a unos cincuenta sodomitas a la hoguera. ¡Ay, mariposilla, mariposa, mariposón, ya sabes, como juegues con fuego te vas a quemar! Pasemos página.

Imagen: Juantxo · EHGAM | Sejo, a la izquierda, angelical
Javi y Sejo, autores o autoras de este libro, “dos biohombres maricas”, son honestos y reconocen ausencias y omisiones. Uno de los motivos es que consideran que corresponde a otras comunidades hacer su propia genealogía e interpretación de lo anal. En ello están. En la lectura, casi paralela, de “Pornoterrorismo” de Diana J. Torres nos tropezamos con este párrafo: “'No soy maricón'. Eso es lo que me dijo un amante cuando, mientras lo tenía encima metiéndomela, le introduje un dedo en el ano. Craso error el mío pensar que sus orificios eran tan funcionales como los míos. Los suyos solo eran canales de expulsión y cualquier inversión en ese orden de circulación le convertía automáticamente en maricón sin remedio, aunque yo fuera una tía y aunque jamás se hubiera visto atraído por otro hombre. […] En mis peripecias –nos dice Diana– con los hombres nunca dejé de tener ese terrible problema, su absoluta impenetrabilidad, el hermetismo de sus anos, la cerrazón de sus cabezas.”

Y quisiera acabar esta presentación con un último culo: un culo rotundo y definitivo, un culo que, bien prietas las nalgas –a imagen y semejanza de aquellas “prietas las filas” del frente de juventudes falangista–, recoge la esencia misma del heterosexismo, la homofobia y la anofobia. Se trata del culo de un tal Camilo José Cela. Un culo que inspiró la exposición sobre “Las caras de la homofobia, la lesbofobia y la transfobia”, precisamente para que las palabras sobre la infamia, lo nefando y lo abyecto no se las lleve el viento. Un culo tan rotundo que convirtió aquella exposición de “Las 101 caras” en “Las 100 caras y el culo de Cela”.

Recordemos, pues, este culo de Cela, cuyas neuronas funcionaban de forma similar a las del tal Luis Aragonés ante un ramo de flores, como se describe y tanto juego da en este libro. El 10 de junio de 1998 Cela arremetió contra la presencia de colectivos homosexuales en los actos conmemorativos del centenario de Federico García Lorca. El gallego afirmó que si alguien le homenajease en el futuro no le gustaría contar con el apoyo de gays, aunque precisó  que no estaba “ni a favor ni en contra” de sus reivindicaciones. “Me limito a no tomar por el culo”, apostilló.

Tan rotundo como contradictorio, pues era bien conocida su fascinación por tragarse líquido por el recto y expulsarlo después. Así es: en octubre de 1983 en el programa de televisión “Buenas Noches”, presentado por Mercedes Milá, Cela explicó que era capaz de absorber un litro de agua por el ano. La presentadora llegó a ofrecerle una palangana para que hiciera una demostración, que, finalmente, nunca se produjo.

Las reacciones a las palabras homófobas de Cela no se hicieron esperar. La periodista Maruja Torres le replicó: “Es mucho más digno tomar por el culo que lamerle el culo al poder, como Cela ha hecho tantas veces.” Esa es, y no otra, la cuestión: defender la dignidad de tomar por el culo, algo que, salvo a quienes realizan el acto –consentido, claro está– de dar o tomar, a nadie le debe importar lo más mínimo.

Palabras, sí, palabras. 80 años después y a nueve días del Día del Libro, construyamos una república, tan democrática como el culo –todo el mundo tiene uno– y llena de utopías como el orgullo pasivo: la República de las Letras. Necesitamos más libros como éste, escritos con nuestras plumas, porque nos hacen más libres y porque hay que recordar al heterofascismo que, pese a quien pese, seguimos dando por culo, “por el culo”.

PUBLICACIONES

Por el culo : políticas anales / Javier Sáez, Sejo Carrascosa
Barcelona : Egales, 2011
ISBN 9788492813353*

IGLU | Por el culo : políticas anales

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