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lunes, 9 de octubre de 2023

#libros #lgtbi #sexilio | Tú a Soria, yo a Barcelona : o como cambian las vidas ‘queer’ en función de dónde vivimos

Tú a Soria, yo a Barcelona : o como cambian las vidas ‘queer’ en función de dónde vivimos / Ignacio Elpidio Domínguez Ruiz.
Barcelona [etc.] : Egales, 2023 [10-09].
166 p.
Serie: Apuntes.

/ ES / Libros / ENS / Ciudades / LGTBI / Queer / Sexilio / Vida rural

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419728296 / 19,95 €
📝 APA-7: Domínguez Ruiz, Ignacio Elpidio (2023). Tú a Soria, yo a Barcelona: o como cambian las vidas ‘queer’ en función de dónde vivimos. Egales.

Un libro sobre el sexilio. El abandono de las personas LGTBI de su lugar de residencia por sufrir rechazo, discriminación o violencia, especialmente en las zonas rurales. Hay un conjunto de expectativas sobre las grandes ciudades como espacios en esencia mejores para las personas LGBTI. ‘Tú a Soria, yo a Barcelona’ busca ser divulgativo, para transmitir ideas teóricas y empíricas sobre cómo la vivencia del espacio cambia en función de nuestra orientación sexual o de nuestra identidad y expresión de género. Primer libro sobre el sexilio, sobre las dificultades de la población LGTBI en el mundo rural frente a las grandes ciudades. Este autor ha publicado con Egales "Más que visibles", "Bifobia", "Se vende diversidad" y "Cuando muera Chueca". Ignacio Elpidio es un autor con mucha relevancia en el mundo académico.

martes, 26 de julio de 2022

#hemeroteca #mujeres #movilidad | Dbus quiere promover el servicio de paradas a demanda para mujeres

Noticias de Gipuzkoa / Un bus de Dbus en una parada //

Dbus quiere promover el servicio de paradas a demanda para mujeres.

Funciona en la líneas búho y se ofrece viernes, sábados y vísperas de festivos.
Arantxa Lopetegi | Noticias de Gipuzkoa, 2022-07-26
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/donostia/2022/07/26/dbus-quiere-promover-servicio-paradas-5854081.html 

La preocupación por evitar y poner freno a las agresiones sexuales que, desgraciadamente, aumentan en número en las citas con las fiestas de pueblos y ciudades ha hecho que distintas instituciones y organismos hayan tomado cartas en el asunto adoptando medidas en esta línea.

Dbus fue pionera a la hora de implementar el servicio de paradas a demanda para mujeres en aquellos desplazamientos que se llevan a cabo en horario nocturno. Esta propuesta se puso en marcha en 2019 en las líneas búho, que operan en la ciudad viernes, sábados y vísperas de festivos, además de en aquellos eventos en los que se requiere de un refuerzo de los servicios nocturnos.

Además de las mujeres, las personas menores de 18 años pueden solicitar que el autobús en el que viajan pare en un punto más próximo a su hogar o mejor iluminado. Y es que este servicio permite solicitar la bajada del vehículo entre las paradas oficiales del recorrido. Siempre que las mismas cumplan con los requisitos necesarios para ello.

Desde 2019 en todas las líneas
Tras la puesta en marcha de este sistema en 2018 en algunas líneas de prueba y en 2019 en todas las líneas que operan en horario nocturno irrumpió el covid que alteró drásticamente el día a día de las y los donostiarras y que hizo desaparecer del calendario de la ciudad los eventos festivos.

Este verano, cuando las citas festivas previstas se están desarrollando con normalidad, Dbus ha tomado de editar nuevos materiales informativos para promover el uso de este servicio entre las usuarias y usuarios del transporte público, siempre en aras a mejorar la seguridad.

Con este material se pretende extender el conocimiento de la existencia de este servicio en especial entre las mujeres, el colectivo que más viaja en autobús en Donostia.

Además de en Donostia, este servicio también se ha empezado a ofrecer en otras ciudades del Estado, buscando mejorar la experiencia de viaje de las mujeres.

sábado, 9 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #urbanismo | Itziar González: "Hay que 'levantar' el asfalto y reducirlo al mínimo necesario"

Imagen: El Periódico / Itziar González
Itziar González: "Hay que 'levantar' el asfalto y reducirlo al mínimo necesario".
Gemma Tramullas | El Periódico, 2020-05-09
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20200509/itziar-gonzalez-hay-que-levantar-el-asfalto-7955149

Seamos porosos, pide la arquitecta social Itziar González (Barcelona, 1967), sintamos, vivamos para no olvidar, para marcar esta crisis. Referente del activismo vecinal, impulsora del Parlament Ciutadà...

Ha estado muy silenciosa durante toda la pandemia...
He sentido en mi cuerpo los efectos, leves, del Covid-19, y he estado concentrada en vivir intensamente a nivel sensorial el silenciamiento de Ciutat Vella. Hace 32 años que vivo en el barrio y solo ahora escucho el trino de los pájaros cuando abro la ventana. El día que tuve que ir a mi CAP, crucé la plaza Reial ¡y podía escuchar el agua de su fuente! En cierta manera, a mí el Covid me ha devuelto la ciudad.

Pues es una enfermedad ‘urbanicida’, se ceba en las ciudades.
Lo que realmente mata la ciudad no es el virus, sino la mercantilización extrema. Hace tiempo que nuestras calles y plazas no nos pertenecen. Plataformas como Amazon y Airbnb han contribuido a la destrucción del tejido comercial y vecinal y han hecho más daño a la vida en la ciudad que el Covid-19, que al final nos ha devuelto la conciencia de nuestra vulnerabilidad.

¿La arquitectura y el urbanismo son factores de prevención de la salud?
El lugar desde el que tenemos que repensar la arquitectura es el cuerpo vivo, no el mercado ni la higiene. En las últimas décadas se han tomado decisiones urbanísticas poco empáticas con las necesidades ambientales de las personas y se han utilizado materiales que priman más la idea de impermeabilización que la de porosidad. Hay que ‘levantar’ el asfalto, dejándolo reducido al mínimo necesario y ‘ablandar’ la calle para aumentar su capacidad drenante y porosa.

¿Volver a los barrios sin asfaltar de los años 60?
Suscribo el lema de la ‘slow city’ frente a la ‘smart city’, pero cuando hablo de levantar el asfalto no es para volver al arenal que cuando llueve se convierte en un barrizal, sino para quitarle espacio al coche y al mercado y darle a la vida y a los entornos relacionales que las nutren. Y, sobre todo, hacer transformaciones que demuestren que los cambios han venido para quedarse.

Llevamos años repensando la ciudad, ¿es ahora o nunca?
Es una oportunidad importante, y espero que no la única, para comprometernos todos. Pero poner toda la carga del cuestionamiento de la ciudad en la pandemia es un error, porque una vez haya pasado volveremos a estar igual. En Barcelona se ha hecho un esfuerzo increíble con las superillas, pero sin una comunidad detrás, estos espacios se pueden degradar con facilidad.

¿Qué hacer para que los cambios sean permanentes?
No se trata solo de la voluntad política de nuestras administraciones, sino de una cuestión general de supervivencia que nos atañe a todas. Para rescatar la vida en la ciudad, toda la sociedad debe contribuir a esta transición hacia un nuevo paradigma.

¿Piensa en algún referente?
La red internacional de “Ciudades en transición”, un modelo creado por Rob Hobkins en 2006 en el que la comunidad se organiza desde la base para no depender del petróleo, para consumir productos locales y prepararse en general para la resiliencia social. Escuchando estas voces y escuchando el silencio de nuestras ciudades, solo así cambiará nuestra visión del mundo y mejoraremos nuestros hábitos de consumo.

Su proyecto de reforma de La Rambla está previsto para 2021.
La mejora de los materiales, la iluminación, los árboles y un uso del espacio no consumista contribuirá a la transición de un espacio económico rentable para unos pocos a un espacio de vida. Hay que generar espacios de cooperación pública, privada y comunitaria para evitar que se instalen negocios que solo buscan que la Rambla funcione como un espacio de alta rentabilidad económica.

viernes, 1 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #controlsocial | Densidad de población y aceras estrechas, ¿podemos contagiarnos por la calle?

Imagen: El Correo / Parque Etxebarria, Bilbao
Densidad de población y aceras estrechas, ¿podemos contagiarnos por la calle?
El 65% de las aceras de Madrid no tiene un ancho necesario para respetar la distancia social.
Rafael Ordóñez | El Independiente, 2020-05-01
https://www.elindependiente.com/vida-sana/salud/2020/05/01/densidad-de-poblacion-y-aceras-estrechas-podemos-contagiarnos-por-la-calle/

Mantener la distancia social, entre un metro y medio y dos metros en la calle, no es igual de fácil en todas las ciudades, ni en todas las partes de una ciudad. Con el reparto horario anunciado por el Ministerio de Sanidad el ritmo de la ciudad, a partir del día 2, estará marcado por unas pocas actividades. Su limitación horaria va evitar que se produzcan concentraciones que aumenten las posibilidades de contagio. Un riesgo que se disipa en municipios de menos de 5.000 habitantes porque la poca densidad de la población es enemiga de las enfermedades infecciosas como la causada por el coronavirus. 

Sin embargo, en lugares como Madrid hay distritos como el de Centro con 179.000 habitantes que son, prácticamente, los mismos habitantes que tienen ciudades como Logroño, Salamanca y Huelva. A la concentración humana hay que sumar el hecho de que la densidad hace años que había dejado de ser un problema, desde el punto de vista de la salud. Como resultado de ello en ciudades como Madrid nos encontramos que sus aceras no están diseñadas para mantener la distancia social recomendada, tanto en sus distritos antiguos como en otros de construcción más reciente. 

“El 65% de las aceras de Madrid no tiene un ancho necesario para respetar la distancia social. Hay muchas calles trasversales en las que no cabe una persona”, asegura a ‘El Independiente’ María Eugenia López Lambas, subdirectora TRANSyT-UPM Centro de Investigación del Transporte de la Universidad Politécnica de Madrid. 

“Cuando hablamos de urbanismo siempre hablamos de las 3 des: diseño, densidad, y diversidad. Diseño es que la ciudad sea amable, agradable para pasear; diversidad es la mezcla de usos, que una zona esté el trabajo (que el ocio, el colegio, que esté todo cerca de manera que se pueda ir andando) y la última es la densidad. Claro la densidad de población con el coronavirus se nos ha caído, y nos la estamos replanteando por culpa de la distancia social”, explica López Lambas. 

La startup española Inspide, especializada en información analítica geoespacial ha desarrollado una herramienta para “informar del ancho de las aceras en cada punto de la ciudad de Madrid y con ello conocer si es posible mantener la distancia recomendada de seguridad al cruzarse con otro peatón o un adulto con un niño”, como explican en su web. 

La herramienta permite ver por qué partes de la ciudad son las aceras más seguras en caso de cruzarnos con otros usuarios y así planificar tus desplazamientos esenciales a pie: ir al supermercado, farmacia o dar paseos. 

Pasear sin miedo

¿Debemos tener miedo a contagiarnos por la calle? El peligro existe, por ese motivo el Gobierno hace una “recomendación alta” del uso de la mascarilla. Con todo la posibilidad de contagio en el aire libre es remota sin concentraciones de personas. “Al salir en distintos horarios el riesgo es pequeño, pero lo que sí que es probable que pase es que la gente, tras estar encerrada en casa, vaya a salir con más asiduidad a la calle. La probabilidad de contagio al cruzarse por la calle es baja, pero hay que evitar que se formen grupos de gente parada, si en un cruce o un semáforo se juntan diez personas la probabilidad aumenta”, nos cuenta Pedro Gullón, epidemiólogo de la junta directiva de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE). 

Para este epidemiólogo la decisión del reparto horario tiene sentido, porque “estamos en la fase de dejar salir, pero hay que reducir los contagios todo lo que se pueda. Tiene sentido al principio, para poner orden en las salidas”, añade. 

En este sentido destaca que “en las ciudades más grandes y en las que tienen más densidad de población hacer el distanciamiento físico es más complicado. Diez personas no pueden ir por la misma acera, hay que intentar que el flujo de gente permita que exista el máximo distanciamiento posible”, concluye.

Y TAMBIÉN…
Bilbao prohíbe subir al monte y pide «responsabilidad» para evitar aglomeraciones.

Otras urbes apuestan por ampliaciones de aceras, cierre de avenidas al tráfico y más bidegorris para afrontar el desconfinamiento.
Luis López | El Correo, 2020-05-02
https://www.elcorreo.com/bizkaia/bilbao-prohibe-subir-20200502224216-nt.html

martes, 21 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #urbanismo | Piden ampliar de modo temporal las aceras para asegurar la distancia social

Imagen: Google Imágenes / Chueca, Madrid
Piden ampliar de modo temporal las aceras para asegurar la distancia social.
Además de reducción en los límites de velocidad. La Asociación A Pie y la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid reclaman una anchura mínima de tres metros.
Denís Iglesias | El Mundo, 2020-04-21
https://www.elmundo.es/motor/2020/04/21/5e9f512bfdddffa5128b4660.html

La crisis del coronavirus ha dejado imágenes para la historia. Grandes vías de ciudades habitualmente recorridas por millones de peatones y que ahora están semidesérticas. Aunque todavía hay tránsito por las aceras para los desplazamiento esenciales. Aumentará con los paseos que podrán hacer los niños acompañando a sus padres al supermercado, la farmacia o el banco. Cuando se produzca el desconfinamiento progresivo, se recuperará parte de la normalidad. Pero ello provocará el aumento del contacto humano.

Es una de las preocupaciones que muestran la Asociación A Pie y la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), que piden, entre otras cuestiones, aumentar temporalmente las aceras para garantizar el distanciamiento y la seguridad vial en la fase de desconfinamiento. La recomendación de las autoridades sanitarias es mantener distancias de 1,5 o hasta 2 metros entre personas, por lo que estiman que "la anchura mínima de las aceras debería ser de tres metros".

Piden a las administraciones que se anticipen aplicando esta medida, entre otras en "aquellas calles donde no tienen la anchura adecuada y donde hay múltiples carriles de circulación y/o se dispone de una banda de aparcamiento. La ampliación podría convertirse posteriormente en definitiva para el cumplimiento de la legislación de accesibilidad".

De igual modo reclaman lo que denominan como 'Ciudad 30', reduciendo la velocidad a este tope en la mayoría de las vías de las urbes, algo que está en la hoja de ruta de la DGT. Proponen asimismo nuevos carriles bici temporales y este medio de transporte como prioritario. Este martes, el ayuntamiento de Madrid anunciaba el restablecimiento de BiciMAD, el servicio de préstamo municipal de bicicletas. Será obligatorio el uso de guantes.

Señalan así el establecimiento de zonas de prioridad peatonal mediante cortes localizados de calles donde las aceras tienen una anchura inferior a los 3 metros y el tráfico sea reducido para evitar el tráfico de paso y mejorar las condiciones para caminar. Por último, la Asociación A Pie y la FRAVM apuntan a revertir "el cierre indiscriminado de las zonas verdes y espacios libres de la ciudad con el fin de aumentar la oferta de espacios urbanos y la distancia de seguridad de las personas que caminan".

Medidas similares en varias ciudades europeas y americanas
Sustentan su argumentación en medidas tomadas en otras ciudades. Es el caso de Viena, donde se han delimitado zonas temporales de calmado de tráfico y de prioridad peatonal. "Además se han cerrado más de 20 calles al tráfico motorizado para aumentar el espacio disponible". En Oakland (EEUU) han apostado por crear calles para el uso recreativo. El objetivo es cerrar más de 75 kilómetros de la red viaria de la ciudad al tráfico motorizado. "Philadelphia, Minneapolis y Denver están trabajando en el mismo sentido, así como otras ciudades en Canadá, Colombia y Nueva Zelanda".

Habría que sumar a la lista Nueva York, donde el ayuntamiento que dirige Bill de Blasio se plantea suprimir el tráfico en las grandes arterias con dos objetivos: aumentar el espacio para que las personas puedan moverse con distancia y frenar, precisamente, el aumento de las sanciones de velocidad a pesar de la caída en picado del tráfico. Por último, en Berlín están estudiando el cierre temporal de 30 calles para crear más espacio público para niños y familias. La atención se centra en los distritos más densamente poblados.

Y TAMBIÉN…
Aceras más anchas, menos coches y más árboles: así será el barrio de Chueca tras la reforma.

El proyecto, que costará «cerca de 3 millones de euros», afectará a 11 calles de la zona. El Ayuntamiento espera tenerlo listo a principios de 2017.
M. R. Domingo | ABC, 2016-04-14
https://www.abc.es/espana/madrid/abci-aceras-mas-anchas-menos-coches-y-mas-arboles-sera-barrio-chueca-tras-reforma-201604131912_noticia.html

lunes, 20 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #movilidad | COVID-19 y ciudades: “No daremos un paso atrás para permitir que el coche recupere terreno”

Imagen: Ciclosfera / La Rambla de Barcelona
COVID-19 y ciudades: “No daremos un paso atrás para permitir que el coche recupere terreno”.
Ciclosfera, 2020-04-20

https://www.ciclosfera.com/covid-19-ciudades-coche/

Webinar excepcional en Ciclosfera: hemos reunido a los responsables de movilidad de Barcelona, Valencia, San Sebastián, Bilbao y Logroño, junto a la Asociación de Marcas de Bicicletas de España, para debatir sobre el presente y futuro del ciclismo urbano frente a la situación generada por el Covid-19.

Durante más de una hora y cuarenta minutos, los responsables de movilidad y sostenibilidad de algunas de las principales ciudades de España debatieron con Ciclosfera sobre el papel de la bicicleta durante y después de la crisis provocada por el Covid-19. Los participantes fueron Janet Sanz (Teniente de Alcalde de Ecología, Urbanismo, Infraestructuras y Movilidad de Barcelona), Giuseppe Grezzi (Concejal de Movilidad Sostenible y Espacio Público de Valencia), Pilar Arana Pérez (Concejal Delegado de Movilidad y Transporte de San Sebastián), Alfonso Gil (Teniente Alcalde de Políticas de Medioambiente, Movilidad, Regeneración Urbana y Transporte) y Jaime Caballero (Concejal de Desarrollo Urbano de Logroño), además del Secretario General de AMBE, Asociación de Marcas de Bicicletas de España, Carlos Núñez.

Situación actual
Janet Sanz, Teniente de Alcalde de Ecología, Urbanismo, Infraestructuras y Movilidad de Barcelona, explicó que la ciudad vive “una bajada muy grande de la movilidad en general. El transporte público ha estado en un 5-7% de los usuarios habituales, y mucha alerta. De cómo reducir los contagios, por ejemplo, y por eso nos pidieron que parásemos los servicios de bicicleta pública, y desde ahí fortalecer que todos los esfuerzos económicos se dirigiesen a la desinfección del transporte público”. Después, viendo lo realizado en otras ciudades del mundo, Sanz adelantó también que estos próximos días “plantearemos medidas para priorizar la movilidad sostenible, priorizando carriles bici, aceras tácticas más anchas o repensar los cortes de calles. Se trata de ir innovando con mucha gestión táctica, y movilizando presupuestos, para reconfigurarlo. Se ha parado todo, y el que se quiera mover ahora debe tener una opción sostenible para evitar un repunte de la contaminación o de los accidentes de tránsito”.

En Valencia, por supuesto, la situación es similar, como explicó Giuseppe Grezzi, Concejal de Movilidad Sostenible y Espacio Público de la ciudad. “Han sido semanas muy complicadas ante una emergencia para las que no estábamos preparados. La movilidad se ha reducido en un 75%, nuestras calles y ciudades se han transformado en lugares fantasmas. En zonas donde teníamos 6.000 usuarios de carril bici al día ahora hay cien. Así que lo primero era dar un transporte público esencial y seguro, y por ejemplo el uso autobús ha bajado un 90%, lo que provoca también ver qué hacemos con la caída de presupuesto. Respecto a otros lugares del planeta… En cinco años hemos aumentado la red de carriles bici, creo que tenemos una red adecuada actual y queremos reactivar, por supuesto, el proyecto de repeatonalización de la Plaza del Ayuntamiento, una más de las muchas cosas que hemos tenido que parar. Esperamos también reactivar Valenbici, que por orden superior se paralizó por poder ser una fuente de contagio, pero creo que es el momento de reactivarlo como se ha hecho en otras ciudades”.

Desde Bilbao, el Teniente Alcalde de Políticas de Medioambiente, Movilidad, Regeneración Urbana y Transporte, Alfonso Gil, distingue dos momentos: “El de la toma de medidas supeditadas a la emergencia sanitaria y, después, al de cómo saldremos de todo esto. En una primera instancia hemos reducido transportes urbanos colectivos, metros, autobuses, adaptándolos al uso, con una bajada muy similar a las comentadas en Barcelona y Valencia. La gente ha sido muy sensata, nos ayuda a parar la pandemia, y hemos visto una reducción del coche. Nosotros pusimos por delante de todo la salud, y después el abastecimiento de la población. Dejamos en vigor el sistema de estacionamiento para que el espacio público se quedase libre y solo pudieran usarlo los sanitarios o la distribución. Esta medida, controvertida y en la que fuimos de la mano con San Sebastián, era para no permitir que el coche campara a sus anchas. Respecto a la bicicleta, ha sido un mazado. La bicicleta estaba creciendo en Bilbao. Con dificultades, pero el uso de la bici público crecía de forma exponencial. Poco a poco estaba conquistando la ciudad. Pero la bici será una de las grandes referencias de movilidad en el futuro. Hemos visto que BiciMAD ha vuelto en Madrid: nosotros somos más prudentes, es complejo desinfectar la bicicleta...”

Pilar Arana, Concejal Delegado de Movilidad y Transporte de San Sebastián, destacó que “el vehículo privado, coches, ha bajado el 85%. El autobús ha bajado un 90%. Y en bicicleta, los contadores dicen que el uso ha bajado de manera radical. Estamos dando un mensaje de tener cuidado de no usar el transporte público a menos que sea necesario, y además nos limitarán el aforo de autobuses, con lo que los ingresos van a caer tanto que se va a generar un agujero. Nos va a marcar mucho todo esto”.

Finalmente, en este primer bloque, Jaime Caballero, Concejal de Desarrollo Urbano de Logroño, explicó que la movilidad “ha caído un 65%. En un primer momento de alarma nos vimos obligados a suspender el sistema de bicicleta pública, pero también el del estacionamiento regulado de automóviles. Vimos que el uso de la bicicleta sería mínima, así que decidimos suspenderlo. Lo que sí hemos mantenido es el autobús: pensábamos que habría una disminución mucho más significativa, pero tuvimos que reforzar líneas para el personal sanitario. Tuvimos que indicar qué asientos se podrían usar para mantener distancia personal de los viajeros. Y esforzarnos por aclarar que la bicicleta estaba permitida para los desplazamientos permitidos, y que era un medio incluso aconsejable”.

Medidas concretas: nuevos carriles bici, cierre de calles al tráfico…

Para Janet Sanz “ha sido muy inspirador ver cómo han trabajado algunas ciudades. La crisis ha sido muy bestia en Barcelona, lo que hacía difícil pensar en medias estratégicas, pero nos hemos puesto las pilas muy rápido y creo que en pocos días veremos los resultados. Pero avanzo estrategias: hemos concretado con la Agencia de Salud Pública cómo, en primer lugar, reabrir el Bicing, algo que nos parecía súper importante y en los próximos días habrá buenas noticias y se hará con la máxima seguridad. También estamos reacelerando una medida importantísima que era rebajar la velocidad de la ciudad. Queríamos llegar al 75% de las calles a 30km/H, y ahora lo queremos acelerar en zonas como colegios, e impulsándolo con el Programa Abrir Calles, que abrimos hace unos meses, incorporaba calles como Avenida Aragón o Vía Laietana. Actuaciones tácticas de fin de semana que estamos estudiando el ampliarlo entre semana para que, por ejemplo, los niños puedan salir mejor a la calle o la gente pueda hacer deporte garantizando los espacios. También hay una triple estrategia: sacar coches, que Barcelona tenga más calles con menos coches; más infraestructura segura y bien señalizada para que los usuarios se sientan más seguros, aun reconociendo que a veces en este sentido cometemos errores; y un tercer punto clave: impulsar la ciclologística. En un contexto en el que se dispara el abastecimiento domiciliario me parece fundamental que en todo ese reparto se meta la bicicleta. Con el transporte público... Tenemos que ser muy rápidos y contundentes para trasladar que el transporte público siempre juega a favor de la salud. Y urbanismo táctico, para poder caminar de forma más rápida y ágil. Y otra medida estratégica que es la reconversión industrial de todo el sector automovilístico de nuestro país. Es ahora o nunca. Hay que evitar que todo eso se reactive, por lo que necesitamos un plan estatal para que esa industria y esos trabajadores se puedan trasladar a sectores más limpios”.

Desde Logroño, Jaime Caballero explicó cómo “sin duda, es una oportunidad. Estamos pensando en hacer ciertas acciones para favorecer la movilidad ciclista, como convertir en carril ciclista todos los carriles derechos de las vías de doble carril. Pero también estamos muy preocupados por los peatones, ya que hemos visto que muchas calles principales no tienen suficientes aceras para las medidas de seguridad. Hay que restarle todo ese espacio a los vehículos. Tenemos un argumento de peso adicional para transmitírselo a la ciudadanía: evitar el contagio debe impulsar la ganancia de espacio público para peatones, sobre todo, mientras además se favorece la movilidad ciclista. Pero en este ámbito esa infraestructura exige un estudio mayor, y no iremos al mismo ritmo que las áreas peatonales”.

¿Qué vamos a hacer en Valencia? Giuseppe Grezzi dice que “hay que aprovechar esta crisis para no volver a lo que teníamos antes. Hay que reducir los coches: ocupan mucho espacio, se mueven poco, consumen mucha energía y generan mucha contaminación, ruido y nos hacen dependientes de un sistema de movilidad muy equivocado. Ya estábamos reflexionando sobre eso desde 2015, ampliando un 26% la red de carriles bici con iniciativas como el Anillo Ciclista, muy importantes. Y seguiremos con estas medidas, más que temporales reactivando proyectos que ya teníamos en marcha, con obras de carriles bici que empezarán dentro de poco. Pero, insisto, con un agujero importante de los fondos municipales, con gastos para paliar la emergencia y pérdida de ingresos. Pero en la Avenida de Fernando el Católico, por ejemplo, habrá carril bici, y trabajaremos con medidas para crear cultura de la bicicleta, cambiando la mirada de que es una herramienta para hacer deporte y que la gente vea que es un medio de transporte alternativo al vehículo motorizado. Más del 64% de nuestras calles ya son Calles 30, y hacemos carriles bici porque nos parece que van más seguros, pero no es obligatorio circular por ellos, y medidas de apoyo a la ciclologística. Durante esta emergencia la Oficina de la Bicicleta ha trabajado en redes sociales, ha dado a conocer temas como la ciclologística. Y el espacio que recuperamos con la reducción de espacios para coches durante estos cuatro años y medio han supuesto más de 100.000 metros cuadrados de jardines o zonas peatonales. Y, cogiendo el guante de la Ministra de Transición, hemos reclamado en intervenciones de estos días de la necesidad de un pacto social, económico y político para que la bici sea protagonista, que adaptemos la Ley de Tráfico de 2011 muy anticuada, aprobemos un nuevo reglamento de circulación y que haya una memoria económica y unas inversiones para un Plan Estratégico de la Bicicleta. Es un plan muy importante, pero sin apoyo económico no se podrá cambiar el paradigma, porque no tendremos los recursos suficientes, y si no hay un impulso desde el Estado será muy complicado aprovechar este momento para hacer un cambio definitivo”.

Pilar Arana quiso decir que “las medidas con la pandemia y el estado de alarma son prioritarias. Entendedme bien: estamos en un estado de alarma tal que exige medidas a muy corto plazo. Los presupuestos se han dado la vuelta. La mayor necesidad es lo social, y a eso se han ido todos los recursos. Por mucho que estemos por la bici y el transporte público las necesidades son las que son. En otro escenario contaría más planes que teníamos hace dos meses y ahora están dinamitadas. En Donosti hay cultura y uso de la bicicleta, pero también los usos actuales han bajado mucho. Tenemos que recuperar a los que se han perdido, conseguir más, pero es muy difícil. Que la gente vaya por la calzada aunque sea muy segura. Traer la movilidad del trabajo o escolar a la bici es difícil. Me parece factible compatibilizar calles 30 para que la gente vaya andando o en bici, pero muchas medidas a corto-medio plazo que requieran presupuesto será difícil, porque no habrá presupuesto. Hay mucha incertidumbre, no sabemos cómo será verano u otoño. Hay temas muy potentes, preguntas que habría que contestar, pero en una situación normal. En esta situación pensar en ciclologística en el centro de la ciudad, o ampliar un sistema pidiendo más presupuesto... Es ponernos trampas. Veo factibles, en cambio, compartir un carril de calzada con bicis o peatones, pero mi experiencia es que a los usuarios no les gusta bajar a la calzada, incluso aunque apenas pasen coches. Preferimos ir por bidegorri aunque sea estrecho y malo. Pero es una de las tareas que nos empeñaremos en hacer”.

Alfonso Gil, en Bilbao, cree que “los Ayuntamientos estamos en un momento muy complejo, sobre todo en lo presupuestario. Dicho esto, hay un campo en el que se puede actuar sin presupuesto. Hay ciudades que han aprovechado para meter bicis en calzada, o quitarle espacio a los coches... Yo bajo en bici todos los días al Ayuntamiento y bajo solo. La conquista ahora es total, porque no hay tráfico, y tenemos que seguir con ello. El 87% de Bilbao está limitado a 30 km/h, y quizá sea el momento para hacerlo en toda la ciudad. Pero lo queremos unir a planes con empresas, con escuelas, con instituciones públicas... Nos preguntan si nos enfrentaremos al lobby del coche. Pero no es cuestión de enfrentarse, sino de que las ciudades sean competitivas con otras formas de transporte. En Bilbao solo el 11% de los desplazamientos se hacen en coche, y ahí es donde intentaremos sacar ciclistas. Yo lo digo categóricamente, y me voy a mojar: se puede ir en transporte público sin miedo al contagio y se puede ir en bici, o incluso el taxi. Recomiendo no coger el vehículo privado, en la medida en la que se pueda la bici puede conquistar la calle y debemos aprender de estas situaciones para que esta conquista se asiente. Ahora estamos en pleno trabajo del Plan de Género de la Movilidad: el 76% de BilboBus son viajeras. El único problema era la bici, las mujeres piden más seguridad, y estamos trabajando para que en este sentido terminemos con esta brecha”.

Desde la Asociación de Marcas y Bicicletas de España, Carlos Núñez explicó que “ahora mismo hay que tomar medidas urgentes, y es verdad que la bici ha saltado a la actualidad porque es más segura. Pero no es más aconsejable solo por el distanciamiento social, sino que ya lo era porque es una manera activa de desplazarse. Y si la sociedad poscovid se preocupa por hábitos saludables habrá que recordarle que la bici es el medio de transporte lo es. Tenemos una gran oportunidad, pero también un gran riesgo. Que el 50% de los peatones de Bilbao o el 25% de usuarios de transporte público se pasen al coche. Las ciudades tendrán un papel todavía más fundamental, es donde más riesgo de contagio hay, así que hay que aprovechar para restarle espacio al coche, sino lo que haremos será trasvasar gente de transporte público al motor. Y lo que comentaba Grezzi, es importantísimo: embarcar a las empresas. Si desde los ayuntamientos podéis embarcar a las empresas en estas formas activas de desplazarse… Lo urgente es quitar coches. Pero lo importante también es la contaminación, los gases que provocan el efecto invernadero...”

El peligro de un uso masivo del coche
En China, por ejemplo, se está disparando la venta de coches, y los usuarios del transporte público se están pasando al automóvil. Pensar que en ciudades como Barcelona se dispare el uso del coche privado... ¿cómo se puede combatir? “Es inasumible pensar en eso”, explica Janet Sanz, “porque la ciudad no está preparada. Quiero pensar que el trabajo colectivo que hemos hecho este tiempo, con una ciudadanía que no nos permite ir hacia atrás, no caerá en saco roto. Hay medidas concretas que hay que empezar a dibujar. Estoy de acuerdo en superar la emergencia, pero también debemos pensar en la ciudad del futuro con esta nueva normalidad y no aparcar lo importante. Los gobiernos locales tenemos un gran problema con la financiación, pero quiero pensar que desde el Estado o la Generalitat se nos apoyará con las actuaciones y se movilizarán recursos para combatir el Covid-19, la contaminación o el cambio climático. Esas son las próximas crisis, y ya hemos visto lo que pasa si no nos preparamos para ellas. Necesitamos un pacto con las empresas para fomentar esa movilidad. Hay que ser imaginativos, buscar medidas de poco coste y que sea fácil. El problema es cuando no se facilita desde empresas, cuando el ayuntamiento no pone carriles bici… En clave Barcelona, estamos trabajando en medidas concretas. Creo que el ámbito metropolitanos es el clave, cómo conectar la ciudad con la periferia. Garantizar una red de carriles bici que sean ágiles y rápidos, que permitan incluso ir caminando, que la gente apueste por esos medios si se les facilitan los accesos. Gran Vía, Meridiana, Aragón serían susceptibles de este tipo de acciones. No tenemos que perder el horizonte de que ahora tenemos un problema de salud, pero lo tendremos todavía mayor si no observamos y priorizamos este tipo de cosas. Las ciudades tendremos que ejercer una presión contra las contradicciones de, por ejemplo, pedir desde el Gobierno el fomentar la bicicleta y al mismo tiempo estar pendiente de apoyar el sector automovilístico”.

Hay un riesgo claro de volver hacia atrás, y en lugares como Valencia no es descartable que la gente vuelva a usar de manera masiva el coche. Como explica Giuseppe Grezzi, “es uno de los riesgos mayores, obviamente. En Valencia y en casi todas las ciudades. Y no había otro misterio que aprobar un Modelo de Movilidad en el que el coche no resolviera los problemas, y ver que era más un problema que una solución. Efectivamente, podría desandarse ese camino. Se genera una idea de que no hay que usar el transporte público porque podemos contagiarnos, pero es un mensaje muy peligroso. Se han hecho estudios en Italia y demuestran que en zonas más contaminadas hay una relación muy directa con las enfermedades pulmonares. Debemos lanzar un mensaje de tranquilidad y decir que podemos viajar con seguridad el autobús, y medidas como las mascarillas permitirán compartir todavía más seguros ese espacio. Cada noche los autobuses se desinfectan, y eso ya lo estamos haciendo. Por otro lado, tenemos que poner al mismo nivel la bici que los vehículos motorizados. ¿Cómo? Con infraestructura de calidad, con anchura suficiente, bien conectada… Lo hemos visto en todo el mundo. No es una novedad que en ciudades de Europa y el Mundo se están poniendo en marcha estas medidas. Pero queremos ver una intervención decidida no solo con palabras de la Ministra de Transición Ecológica, sino os demás. Porque una apuesta por la movilidad sostenible es un futuro ahorro económico, porque el coste del impacto de la motorización lo tenemos desde lo económico y desde la salud público, gastando dinero en paliar los estragos de la motorización que podrían ser reinvertida en sectores más productivos. Desde el Estado se tiene que aprobar la financiación del transporte público y metropolitano. Porque desde las ciudades podemos tomar medidas, pero hay organismos supramunicipales que no están dotados de un presupuesto para que la gente deje el coche y tenga un transporte publico en condiciones, muchas veces combinándolo con la bicicleta. Esa es la clave: papel menos importante del vehículo motorizado privado y más importante de transporte público y vehículos individuales no contaminantes”.

Es clave: la gente puede percibir que ir en coche es seguro y que la bicicleta es peligroso. ¿Cómo luchamos contra ese miedo de ir en bicicleta? Grezzi explica que “en Valencia se ha reducido ese temor porque hemos hecho una red de calidad, y hemos gestionado la demanda de aparcamientos poniéndolo difícil. Si ir en coche es incómodo, porque no se puede aparcar”. Pilar Arana cuenta también que “en Donosti no se percibe que la bici sea peligroso. Ha bajado por la situación excepcional actual. A cortísimo plazo ya estábamos trabajando en la nueva ordenanza de circulación. Estamos trabajando en mejorar la infraestructura ciclista con Kalapié, la asociación ciclista de San Sebastián. Y, por el contrato de bici pública en la que ampliábamos bicicletas y estaciones, esperamos que en otoño esté funcionando, con muchas bicicletas a disposición de los ciudadanos. Y quiero insistir en una medida que mucha gente no se cree: en dos o tres años tendremos un mini metro de alta capacidad, trabajando en quitarle muchísimo espacio a coches para dárselo a peatones y ciclistas. Pero quiero tranquilizar a peatones y ciclistas, porque estábamos trabajando para hacer una ciudad absolutamente sostenible a medio plazo”.

¿Cómo subimos a la gente a la bicicleta? “Os veo muy asustados respecto a la invasión de los coches”, dice Jaime Caballero desde Logroño, “pero a las personas nos gusta ir rápido y fácil a los lugares. Si no facilitamos a los automovilistas aparcar dónde quieran. Si para hacer un desplazamiento se va más rápido en bicicleta, con calles calmadas, la gente irá reduciendo el hábito de usar el coche porque verán que no es interesante. Si además creamos infraestructura ciclista conseguiremos doblemente ese efecto. Si pensamos que el 80% de los desplazamientos es al trabajo... Es fundamental impulsar medidas que favorezcan la movilidad activa a los puestos de trabajo. Los trabajadores y las empresas se verán beneficiadas. Hay que penalizar lo que no queremos, e impulsar lo que queremos”.

¿Cómo en lugares como Bilbao no va todo el mundo andando o en bici? Para Alfonso Gil, “hemos llegado tarde a la cultura de la bicicleta. Aquí no se había desarrollado. Gobiernos en lugares como San Sebastián ya tienen mucho camino andado. Pero voy a tocar otro tema muy importante: tenemos que desarrollar el nuevo Reglamento General de Circulación, donde hay que hacer una apuesta clara por la bicicleta. Este país ha estado en un permanente pimpampum sin poder pactarse nada. Estoy viendo imágenes como ver Barcelona o Madrid sin boina de contaminación. Que los animales están entrando en la ciudad. Que las partículas contaminantes o el ruido han bajado. Hay que hacer un esfuerzo: el sector del automóvil va a moverse y lanzar ofertas estrepitosas. El sector y la industria de la bicicleta tiene que moverse. Hay mucho que puede hacerse y que generan un estímulo para que el ciudadano se compre su bicicleta”.

Carlos Núñez, secretario general de la Asociación de Marcas y Bicicletas, recogió la sugerencia. “Llevamos muchos años demandando una apuesta no solo por el sector de la bicicleta, donde damos trabajo a unas 25.000 personas, y el automóvil da empleo a mucha más gente. Y ahí está la clave. Pero es que nosotros no debemos pedir ayudas desde el sector, sino desde los usuarios. Hemos hablado con el Ministerio de Hacienda hace años, y nos miraban con caras de incredulidad. Hubo planes como el plan PIMA con 200 euros, desde el Ente Vasco de la Energía o el Área Metropolitana de Barcelona... Hay cuatro formas. La subvención directa al comprador de una bicicleta, especialmente eléctrica, porque universaliza la bici y permite que cualquiera suba cualquier cuesta. Hubo experimentos y planes pero el Ministerio de Industria lo veía muy complejo y dejaron de hacerlo. Otra opción es rebajar el IVA de la bicicleta. Se ha barajado mucho, porque la bici paga un 21% y si la consideramos prioritaria habría que reducir ese IVA, y sería muy buena medida. Otra medida, más de fomento, es la de los céntimos por kilómetro recorrido, como en Francia. Personalmente, me quedo con la política llevada a cabo en el Reino Unido. Cada persona pide a su empleador un bono para comprarse una bici en la tienda, y con ese bono la compra para ir a trabajar en bici. Y es la empresa la que paga la bici a la tienda, y le va descontando de la nómina el coste o, si lo prefiere, se la sufraga por completo. Y además está exento de IRPF, es una retribución flexible, como el cheque guardería o los tickets restaurantes. Es un modelo muy bueno para que las empresas se impliquen en el fomento de la bici. Llevamos tres años con el Plan Estratégico de la Bicicleta, que no se ha firmado por la inestabilidad política, pero que contiene más de 26 herramientas muy concretas, muchas de ellas dirigidas directamente a los Ayuntamientos, y que esperamos que se apruebe este año en el Congreso. Y recojo otra idea: creo que los Ayuntamientos deberían unirse en un manifiesto pidiendo a las administraciones autonómicas y estatales diciendo cómo debe ser la movilidad del futuro. Cómo debe ser y qué hace falta para conseguirla. Creo que es un buen momento para hacer esas solicitudes”.

Demanda de la ciudadanía
Janet Sanz, desde Barcelona, concluyó su intervención señalando que “es importante que las ciudades lideremos cómo aprovechar esta situación para generar retos y oportunidades. Debemos ser optimistas, estamos sacando recursos de todos lados para no dejar a nadie atrás, y debemos pensar cómo hacemos nuestras ciudades más saludables de forma permanente. Creo que la unión y la fuerza del sector del ciclismo más activista, de las familias que no quieren contaminación para sus hijos, y de muchos más podremos exigir el priorizar a las ciudades como primera trinchera de relación con la ciudadanía. Lo estamos haciendo, pero necesitamos ese apoyo. Creo que falta un empujón para saber cómo superar esta crisis y las que vienen, como el cambio climático. El objetivo es salir más fuertes, convencidos del camino a seguir y con muchas ganas”.

Desde San Sebastián, Pilar Arana explicó que “no vamos a dar un paso atrás para que el coche vuelva a aparecer más. No le vamos a dejar. La tendencia en Donosti es quitarle sitio, y es lo que vamos a seguir haciendo. Trabajaremos por traer usuarios de la bicicleta a corto plazo. A medio plazo volverá el sistema de bicicleta compartida de San Sebastián”.

Jaime Caballero, desde Logroño, quiso incidir en que “esta crisis nos tiene que hacer repensar el espacio público. El confinamiento nos ha dado la oportunidad de ver las calles, y cómo casi todo el espacio está ocupado por el coche. Creo que la ciudadanía va a reclamar un espacio público donde se pueda ir con seguridad y espacio. Qué decir de la contaminación o el ruido. Las emisiones en Logroño han bajado y, con ellas, la contaminación. Hemos visto el rango de mejora. El reto es poder mantener unos mejores niveles de aire, de ruido y un mejor espacio público, y todo eso pasa por reducirle espacio y facilidades al coche, respondiendo a a la demanda de la ciudadanía y lecciones de lo sucedido”.

“Estamos en un momento muy interesante”, dijo Giuseppe Grezzi para despedirse, “y debemos transformar la crisis en oportunidad para cambiar de modelo y mejorar las ciudades. En Valencia la reforma nos ha dado buenos resultados. Las cifras dicen que hemos reducido el uso del coche y subido el de la bici y el transporte público. Es importante un pacto por la movilidad sostenible, y el papel del Estado es fundamental. En las ciudades debemos seguir reduciendo la demanda de tránsito motorizado. Y aprender unos de otros para ir mejorando la experiencia de ir en bici y recuperación de espacios peatonales, para poder mirar al futuro de forma más optimista y mejoras económicas para salir de esta situación”.

Y ya para cerrar, Alfonso Gil de Bilbao expresó un dato: “El año pasado murieron 10.000 personas por contaminación atmosférica. Con el Covid-19 van 20.000. Si quieres vivir más camina, anda en bici, Racionaliza tu forma de vivir aprovechando los modos que te garanticen la salubridad. Hay que pensar en global y actuar en local. Si creemos que la bici garantiza la salud apostemos por ella, hagamos normas para impulsarla. Y ahí los políticos tenemos mucho que hacer”.

viernes, 17 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura #urbanismo | De la cerca para que no entren apestados al derribo de murallas: las ciudades llevan siglos intentando evitar epidemias

Imagen: El Diario / Restos de la cerca de Madrid en Puerta de Toledo
De la cerca para que no entren apestados al derribo de murallas: las ciudades llevan siglos intentando evitar epidemias.
Los sistemas de alcantarillado, el emplazamiento de los cementerios, la anchura de las calles... Muchas características que hoy definen la vida urbana se implementaron tras enfermedades pasadas. La España encerrada: así son las viviendas en las que el país sobrelleva la cuarentena.
Analía Plaza | El Diario, 2020-04-17
https://www.eldiario.es/economia/apestados-murallas-ciudades-intentando-epidemias_0_1016649030.html

Aunque apenas quedan restos porque fue "una auténtica chapuza", Madrid tuvo a partir del siglo XVI una cerca que ejercía —entre otras cosas— de barrera para contener enfermedades. El primer perímetro lo estableció Felipe II en 1566, tras una peste que mató a 10.000 personas en Zaragoza. Pero no llegó a completarse en su reinado y fue su nieto, Felipe IV, quien la terminó.

"En la época antigua, las ciudades eran pequeñas y estaban amuralladas para defenderse de los enemigos. Las murallas siguen siendo defensivas durante la Edad Media, pero cuando hay grandes epidemias sirven como elemento de control: si no entran los apestados, hay menos probabilidad de contagios", explica Ricardo Aroca, arquitecto y autor de 'La historia secreta de los edificios'. "También son un elemento de control económico, para recolectar impuestos sobre lo que entra y lo que sale".

"La cerca es una chapuza que hizo Felipe II, en principio, para las epidemias", añade Alberto Tellería, vocal técnico de la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio. "Cuando había una, las ciudades se cerraban. El confinamiento era a lo bestia. Madrid no tenía murallas, así que cuando el rey ordenó cerrarla se rellenaron los huecos entre las tapias. Poco a poco se hizo más firme". El trazado de esta cerca resultará familiar a muchos madrileños, porque, quitando el Retiro, se asemeja a lo que hoy es Madrid Central.

No han hecho falta murallas para cerrar ninguna ciudad española durante la crisis del coronavirus, aunque sí hemos sabido de municipios costeros que han levantado barricadas para bloquear el acceso de turistas a sus playas (el Gobierno ordenó retirarlas). Sin embargo, una cuestión que aflora ahora que estamos a punto de entrar en fase de 'desescalada' es si las ciudades, que concentran altas densidades de población, están preparadas para mantener el distanciamiento social.

De Berlín a Bogotá pasando por Auckland (Nueva Zelanda), llegan noticias de proyectos que habilitan carriles temporales, habitualmente dedicados al coche, para peatones y bicicletas. El objetivo es que haya más espacio entre personas. Ninguna urbe en España ha contado aún sus planes: solo el Gobierno ha dicho que, en una primera fase, estudia dejar salir con niños o a hacer deporte.

Hay hipótesis sobre cómo cambiará el coronavirus las ciudades de todo el mundo. Pero no es necesario viajar al futuro para saber cómo impacta una epidemia en una ciudad. Sorprendentemente, muchas de las características que hoy definen la vida urbana se implementaron tras enfermedades pasadas. "Las epidemias de cólera han influido sobre los temas de agua. La peste, sobre los cementerios. La tuberculosis, sobre los parques y jardines. La lepra, sobre los lazaretos", resume Javier Ruiz, profesor de urbanística y ordenación del territorio en la Universidad Politécnica de Madrid. Los lazaretos son recintos aislados, normalmente en puertos marítimos, para 'aparcar' a los enfermos durante su cuarentena.

Cuando los cementerios salieron del centro
Las pestes europeas de los siglos XVII y XVIII provocaron, en muchos casos, la prohibición de cementerios parroquiales. En España fue la peste de Pasajes (Guipúzcoa) en 1781 la que impulsó este cambio. La epidemia causó 83 fallecidos en un mes y llevó a Carlos III a promulgar una real cédula por la que se prohibía la inhumación dentro de las iglesias y se establecía la construcción de cementerios en el exterior.

"En el País Vasco y otras zonas era costumbre enterrar dentro de la iglesia. En el siglo XVIII ya se hacía fuera, pero en terrenos aledaños", cuenta Adrián Aginigalde, médico especialista en medicina preventiva y autor de un trabajo sobre el tema presentado en el Museo Vasco de Historia de la Medicina. "Lo que ocurre en Pasajes desencadena un cambio urbano relevante. Carlos III promulga que los cementerios deben ir fuera de las iglesias. Luego ya empiezan a hacerse extramuros, aunque costó mucho que se desarrollase". La ocupación napoleónica y los brotes de cólera, a partir de 1833, favorecieron esta adopción.

"A finales del s.XVIII se extiende la idea de que las iglesias son un foco de contaminación. Por lo visto, los olores eran horribles", añade Tellería. "Pero hay mucha resistencia de la gente y tardan en hacerse fuera. De hecho, el primero que se construyó en despoblado no fue por una epidemia sino por un derrumbe: se cayó la iglesia de un pueblo de Palencia (Villarramiel de Campos) y se murieron los vecinos dentro. Lo hizo Ventura Rodríguez, era un cementerio sencillito".

En Madrid, los cementerios de fuera se concentraron en el barrio de Chamberí hasta que en 1879 se construyó La Almudena. Precisamente durante su construcción hubo una epidemia de cólera, así que se habilitó un cementerio provisional llamado "de epidemias".

Según explica Aginigalde, la falta de espacio en las urbes y el marco científico de la época también tuvieron mucho que ver. Por aquel entonces aún imperaba la teoría del miasma, de que las enfermedades se propagaban en forma de aire venenoso. "Pensaban que cualquier cuerpo en descomposición liberaría las miasmas", continúa. "Tenía sentido sacarlos fuera de las murallas como forma de limpiar el aire".

Objetivo: sanear la ciudad
En 1854, un brote de cólera mató a 650 personas en quince días en Londres. La idea del miasma seguía presente, pero un médico llamado John Snow sospechaba que la calidad del agua —que en la época dejaba mucho que desear— podía ser relevante en la transmisión de la enfermedad. Junto al reverendo Henry Whitehead, Snow visitó las casas de familias afectadas, trazó un mapa de la enfermedad, encontró al paciente cero y a la culpable de la propagación del brote. Resultó ser una fuente pública en la calle Broad Street de la que salía agua contaminada.

El mapa de Snow es muy conocido porque sentó las bases del método epidemiológico, aunque murió cuando aún no estaba ampliamente aceptado. Solo cuatro años después del brote, Londres vivió el verano del Gran Hedor: aún no había hecho nada para evitar que las aguas residuales fueran al río Támesis y una ola de calor provocó muy malos olores. El Gobierno encargó un sistema de alcantarillado al ingeniero Joseph Bazalgette. Este cambió la apariencia de la ciudad porque se hizo bajo terraplenes construidos sobre el río.

Justo antes de terminarlo, hubo otro brote de cólera en una zona donde aún no había llegado el alcantarillado. El reverendo Whitehead, que ayudó a descubrir su origen, pudo entonces demostrar que la teoría de Snow era cierta y que la finalización del sistema de Bazalgette evitaría nuevos brotes.

"A mediados del siglo XIX hubo un desarrollo muy importante de las ciencias. Fueron dos movimientos: el higienismo y la estadística", apunta Vicente Guallart, que fue arquitecto jefe del Ayuntamiento de Barcelona. "En Barcelona hay un antecedente. La revolución industrial se producía dentro de las murallas, las fábricas estaban ahí. La población creció en 150.000 personas. El Ayuntamiento lanzó un concurso para sacarlas. Y lo ganó un médico higienista con un manifiesto que se llamaba 'Abajo las Murallas'. Era Pere Felip Monlau".

Las ciudades eran aún lugares donde la gente vivía sin agua corriente, sin cloacas y sin ventilación. Actuaciones como el alcantarillado de Londres o el derribo de murallas de Barcelona venían a sanearlas para evitar nuevas enfermedades. "El higienismo era un movimiento que trataba de mejorar la vida de los espacios habitables", continúa Guallart, "algo que hoy en día es muy recurrente".

¡Abajo las murallas!
"Los salubristas, llamados higienistas en la época, abogaron por derruir las murallas en casi todas las ciudades, especialmente con el fin de las Guerras Carlistas. La ciudad no ventilaba, era un criadero de mosquitos y restos orgánicos. Derribándolas evitarían las miasmas y disminuirían el hacinamiento intramuros. Querían que la ciudad creciera", agrega Aginigalde.

El derribo, en el que París toma la delantera, se produjo en multitud de ciudades españolas: en San Sebastián, Valencia, Barcelona, Bilbao y en Madrid, aunque su cerca fuera "una birria".

Es curioso que lo que siglos atrás había servido como método de contención de epidemias fuera ahora el problema. Pero la población aumentaba tanto que no quedaba otra. "Fue una cuestión estructural. La calidad de vida era muy baja. ¿Qué ocurrió? Una vez comenzó el derribo de murallas, Ildefonso Cerdá, que había estudiado arquitectura, economía y estadística, se basó en todas estas corrientes y estudió la Teoría General de la Urbanización".

De hecho, una de las cosas que hizo Cerdá fue analizar las muertes del brote de cólera de 1865 en Barcelona por pisos y edificios, para ver dónde se concentraban y saber si los muertos vivían mejor o peor.

Tras su estudio, Cerdá diseñó el plan de ensanche de Barcelona. "Su respuesta no fue para responder a una epidemia concreta, sino a todas de manera estructural. En Valencia hicieron un ensanche similar. También hizo uno para Madrid, aunque no se llegó a ejecutar. La idea era el higienismo a través del urbanismo: cambiar la calidad de las calles, poner alcantarillado, que las ventanas fueran más grandes... Eso ocurrió a mediados de siglo". En Madrid, donde la cerca seguía siendo útil para cobrar impuestos, el plan Castro (otro plan de ensanche) mantenía un foso con el mismo fin. A diferencia de la cerca, el foso permitiría airear. Cuando cambió la forma de pagar los impuestos perdió su sentido y lo que se había excavado se llenó de nuevo.

El higienismo abogó por la instalación de parques y jardines. En Estados Unidos, el máximo exponente fue el arquitecto paisajista Frederick Law Olmsted, diseñador de Central Park. Olmsted argumentaba que los grandes parques públicos funcionarían como "pulmones" que limpiarían el aire (aún no se había derribado del todo la teoría del miasma).

"Olmsted estableció principios de jardines que intentaban reproducir el campo dentro de la ciudad. Viene del paisajismo inglés", comenta el vocal de Madrid Ciudadanía y Patrimonio. "En Londres había 'squares' (parques) porque la gente echaba de menos la vegetación. En París se estableció una política de 'squares'. Influyó en Madrid: en la plaza de Santa Ana, en la de Pedro Zerolo... se tiraron edificios para construir plazas ajardinadas. Todo eso era para sanear la ciudad. Pero después se hicieron parkings subterráneos, se perdió el arbolado y nos las cargamos". Cerdá tenía la idea de llevar la naturaleza a la ciudad poniendo vegetación en el interior de las manzanas de Barcelona. Pero, al final, se construyó dentro de ellas.

¿Cambiará el coronavirus el paisaje urbano? "El gran debate, a nivel internacional, es el de utilizar bien las calles y el espacio destinado al automóvil para renaturalizar y peatonalizar. Las supermanzanas de Barcelona van en esa línea", concluye Guallart. "Una de las consecuencias será que habremos experimentado cómo son las ciudades con aire limpio y cómo la gente puede usar las calles para pasear e ir en bici".

Para el resto de consultados, sin embargo, el problema no está tanto en las calles como dentro de las casas. "Hay sitios donde nos acumulamos mucho, pero en la calle procuramos espaciarnos. El problema está en las viviendas", dice Tellería. "Te diría que, en principio, no hay grandes medidas a adoptar. Es verdad que las ciudades son irrespirables, pero las medidas ya se adoptaron", concluye Aginigalde. "El tema está en cumplir las ordenanzas. El baño y la cocina están separados del lugar de dormir por un motivo de salubridad, pero eso se incumple a través de las reformas. También en oficinas se puso de moda el espacio abierto en los 80 y 90. Es posible que eso se vea afectado. Nosotros lo llevamos viendo en la tuberculosis de siempre: se ve favorecida por el hacinamiento. En vivienda, hay mucho por recuperar y hacer cumplir".

lunes, 13 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #arquitectura #urbanismo | Una mirada urbanística de la pandemia

Imagen: Izquierda Diario
Una mirada urbanística de la pandemia.
Si realmente queremos minimizar futuras pandemias, es necesario modelar una alternativa que posibilite una nueva distribución territorial, unas nuevas dinámicas poblacionales, una economía que no se base en la deuda y el crecimiento infinito, pero sobre todo es necesario un nuevo sistema que lo permita.
Ángel Lezcano Orús | Izquierda Diario, 2020-04-13
http://www.izquierdadiario.es/Una-mirada-urbanistica-de-la-pandemia

Una de romanos...
En el 165 d.C. el Imperio Romano sufrió una gran pandemia en la que murieron más de cinco millones de personas. Conocida como plaga o peste Antonina, tuvo su origen en oriente, y fue propagada por las tropas militares romanas. La falta de higiene, el agrupamiento masivo de las tropas y el desplazamiento de miles de soldados a lo largo del Imperio fueron los principales factores de expansión y el aumento del riesgo epidemiológico.

Según los historiadores afectó a todas las clases sociales, entre un 7 y un 10% de la población, pero en las ciudades la mortandad fue de entre el 13 y el 15% debido a la gran concentración de población y la falta de higiene que previniera la expansión y permitiera el control de la enfermedad.

Los emperadores antoninos promulgaron numerosas leyes que incluían sanciones al incumplimiento de las normas establecidas, pero a pesar de que el Imperio Romano era pionero en la ingeniería civil y medidas higiénicas con el sistema de alcantarillado, los baños públicos o los sistemas de agua corriente, éstas no fueron suficientes para evitar que las condiciones de insalubridad fueran la constante en la época.

La gente apenas se lavaba las manos, la contaminación de los alimentos era la norma general, los propios baños públicos eran focos de infección, las ciudades estaban infestadas de ratas y moscas, la alta densidad de población y la gran conectividad dentro del Imperio facilitaba la transmisión de todo tipo de bacterias y virus.

Los romanos transformaron el paisaje y lo modificaron a su voluntad, talando y quemando bosques, modificando ríos y drenando cuencas fluviales enteras. Tal y como menciona el historiador Kyle Harper en su ensayo 'El fatal destino de Roma': "Los romanos vivieron en una encrucijada fatídica de la historia humana y la civilización que crearon fue, en aspectos que no podían ni imaginar, víctima de su propio éxito y los caprichos del medio ambiente". La pandemia afectó principalmente a las ciudades, pero su origen estaba fuera de ellas.

Higienismo y especulación bajo el primer capitalismo

Dejemos atrás al Imperio Romano y viajemos en el tiempo hasta la Ciudad Condal, Barcelona, a 1854, a finales de la Primera Revolución Industrial en España. Durante los siglos XVIII y XIX la población fue creciendo hasta tener una densidad de población tal que se estaba poniendo en peligro la salud de las personas. La ciudad por aquel entonces todavía conservaba sus murallas y su crecimiento estaba limitado por el propio espacio definido por su perímetro. Los problemas de salud pública no solo eran frecuentes en Barcelona; las epidemias azotaron duramente las grandes urbes, cada vez más pobladas y con serios problemas de hacinamiento.
 
A pesar de las cuarentenas impuestas para lidiar con la expansión de las enfermedades, la ciencia fue clara respecto a las soluciones que se debían aplicar: era necesaria una ciudad higiénica y funcional que permitiera la igualdad de todos los habitantes.

El urbanismo asumió la responsabilidad que le correspondía y propuso una serie de transformaciones que fueron factores clave para la mejora de la ciudad y de las condiciones de vida de las personas, y en 1859 se abre el proyecto de creación del Eixample de Barcelona.

El responsable del proyecto de expansión de la ciudad derribando las murallas que la constreñían fue Ildefonso Cerdá, ingeniero, urbanista y político. Cerdá, considerado como uno de los fundadores del urbanismo moderno, que pertenecía a la corriente de los socialistas utópicos, muy concienciado con la lucha contra la desigualdad y la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera desarrolló numerosos estudios y tratados en torno a ella defendiendo un equilibrio entre los valores urbanos y las ventajas del medio rural.

Propuso una ampliación de la ciudad en forma de cuadrícula regular, integrando espacios verdes y servicios, calles de anchuras que minimizaban la gran densidad de población y anteponiéndose a las necesidades del futuro, proponiendo un modelo basado en manzanas con patios interiores, que favorecía la ventilación, la entrada de luz natural, e incorporaba una batería de medidas de los movimientos higienistas pero también de necesidades de la clase obrera.

Lamentablemente, en 1859, a pesar de que su proyecto se llevó a cabo, contribuyendo enormemente a la transformación de la ciudad, las presiones del capital hicieron que éste sufriera multitud de modificaciones, como la eliminación de la propuesta de edificar únicamente dos de los cuatro lados de cada manzana, y dedicar los dos restantes a zonas verdes.

Todas estas modificaciones fueron resultado del rechazo y la presión de la burguesía dominante, que no comulgaba con el carácter antiautoritario, antijerárquico, igualitario y racionalista del proyecto de Cerdá; pero también de muchos arquitectos e instituciones públicas que continuaron la inercia del sistema, vaciándolo de gran parte de sus fundamentos ideológicos, de clase e higienistas. La especulación y la densificación acabaron desvirtuando completamente el proyecto, y a pesar de todo ello supuso un claro cambio de paradigma en la forma de planificar las ciudades.

A lo largo de la historia, vemos cómo el conocimiento y la lógica no solo tiene que luchar con el desconocimiento o la ignorancia, sino que el principal obstáculo reside en los poderes económicos y políticos de cada época. Cada fase histórica del capitalismo se puede analizar desde una perspectiva urbanística y geográfica, cualquier sistema socioeconómico modifica directamente el espacio para adaptarlo a sus necesidades, y la propia ejecución de las dinámicas sistémicas y la configuración del espacio influyen directamente en la aparición y dispersión de enfermedades, epidemias y pandemias.

El capitalismo no atiende más que sus propios intereses. Sus respuestas no serán nunca un proceso de reversión de sus propias inercias sistémicas, sino la propuesta de medidas adaptativas a las nuevas condiciones históricas. El propio capitalismo se modifica a sí mismo y se adapta como si de un virus se tratara.

El capitalismo adapta el urbanismo a sus necesidades según la etapa

La industrialización de los siglos XVIII y XIX provocó importantes cambios en el modelo territorial y urbanístico debido a las nuevas necesidades del sistema capitalista y sus diferentes sectores económicos, que requerían una gran concentración de mano de obra y servicios auxiliares.

Esta fase de transformación territorial se compuso de tres factores principales: la migración poblacional del medio rural a las ciudades, la vinculación entre avances industriales y urbanísticos, y la construcción de infraestructuras con una red de carreteras y ferrocarriles. Tal y como refleja Saskia Sassen, de la Universidad de Columbia: "la primera fase keynesiana se caracterizó por la producción en masa, el consumo de masas y la construcción de grandes zonas suburbanas; las personas solo eran consideradas como trabajadores y consumidores."

El capitalismo del siglo XX requirió un modelo territorial y urbanístico concreto, caracterizado por la concentración poblacional y de los centros de producción, una alta sectorización del espacio público, la especulación, gran impacto medioambiental y limitación de la mejora de las condiciones de vida.

En los años setenta y ochenta muchas ciudades sufrieron la ruina económica, los centros urbanos se vaciaron de las empresas tradicionales y de clase media, y se llenaron de firmas especializadas e innovadoras que, aunque contribuyeron a la recuperación económica, profundizaron en la especulación del suelo y la vivienda, así como en la pérdida de capacidad adquisitiva con el aumento de costes de manutención y necesidades básicas.

Este hecho es el mismo que hemos observado en la última fase del capitalismo tardío, con la gentrificación y turistificación de muchos de los barrios obreros y cascos históricos. En la actualidad, con el aumento del comercio electrónico, vemos cómo la ciudad se vacía de tiendas de comercio local, se llena de camiones de reparto, se construyen grandes centros logísticos, y aumenta la congestión con el consiguiente aumento de la contaminación.

¿Y cuáles son las propuestas del capitalismo? Más capitalismo, de manos de soluciones tecnológicas, apostando por la Inteligencia Artificial, el Big Data, la implantación del 5G, el empleo de vehículos eléctricos autónomos y de drones.

Vemos cómo el actual modelo económico y social, basado en el crecimiento exponencial de la economía, en la deuda, en el extractivismo masivo de recursos naturales y el consumismo moldea el espacio natural y urbano a su antojo, sin asumir la responsabilidad de las consecuencias que genera con su funcionamiento (incluyendo las crisis cíclicas que forman parte de su dinámica natural). Y ahora, a paso cambiado, experimentamos otra consecuencia más, hasta ahora infravalorada: el aumento de las enfermedades urbanas y el riesgo epidemiológico.

Según el estudio "Targeting Transmission Pathways for Emerging Zoonotic Disease Surveillance and Control" (Loh et al, 2015): "las principales causas de la aparición de enfermedades zoonóticas (transmitidas de animales no humanos a humanos) son la deforestación y cambios en el uso del suelo (31%), la agricultura industrial (15%), el comercio y el transporte internacional (13%), la industria médica y farmacéutica (11%), las guerras y las hambrunas (7%), el clima (6%), la demografía y el comportamiento del ser humano (4%), el desmantelamiento de la sanidad pública (3%) y el mercado de carne de alimentos silvestres (3%)."

Si atendemos a los agentes que influyen en la dispersión de enfermedades, podemos destacar el clima, la estacionalidad, la demografía y la globalización. Según estimaciones de la ONU, en tan solo un siglo, desde 1950 a 2050, la población mundial que vive en ciudades o zonas urbanas pasará de 700 millones de personas a cerca de 6,5 mil millones.

Actualmente más del 55% de la población mundial vive en ciudades o zonas urbanas. En la UE esta cifra llega a ser superior al 73%, y en España del 79%, además de tener una enorme concentración en las ciudades más pobladas. Para el año 2050 se estima que las cifras mundiales aumentarán hasta casi el 70%, por lo que se puede llegar fácilmente a la conclusión de que el riesgo de dispersión de enfermedades también aumentará.

Es evidente que las enfermedades urbanas y las pandemias son también un problema de planificación urbana y territorial, pero sobre todo son un problema sistémico, ya que es éste el que genera la mayor parte de las causas y factores de dispersión de las mismas. La actual crisis sanitaria, ecológica y económica debe hacernos cuestionar radicalmente el propio sistema, siendo indispensable acudir a la raíz de los problemas, y realizar un análisis deductivo e inductivo del capitalismo.

Capitalismo y pandemias en el siglo XXI
Si atendemos a la particularidad de los espacios urbanizados debemos cuestionar cómo modificamos y habitamos el espacio natural, qué tipo de espacios urbanos generamos, a qué causas responden o qué consecuencias generan. La aglomeración masiva de millones de personas en un mismo espacio, dentro de un mundo globalizado e interdependiente genera inevitablemente una serie de complejidades sistémicas mayor que las soluciones que propone y lleva a cabo.

La interrelación de las actividades socioeconómicas de los diferentes territorios, la elevada influencia de las grandes ciudades sobre los territorios circundantes, la densidad poblacional, y la elevada cantidad de desplazamientos diarios favorece la dispersión de cualquier enfermedad.

Es necesario realizar un análisis profundo y una crítica fundamentada que cuestione la idoneidad de nuestro actual modo de vida, la actual ordenación del territorio, los modelos urbanos de concentración de población, producción y economía; el aumento del tejido urbano, el impacto medioambiental de las zonas urbanas, la dependencia de recursos de las ciudades, etc.

Si trasladamos la reflexión a la cotidianeidad actual, podemos hacer un claro autoanálisis de cómo todas esas consecuencias urbanas del capitalismo condicionan nuestras vidas. Basta con responder una serie de sencillas preguntas sobre la vivienda en las que estamos confinados: superficie, número de estancias, personas que habitamos en ella, existencia de zonas exteriores (balcón, terraza o jardín), cantidad de sol que recibe, si es interior o exterior, número de estancias que tienen ventanas, existencia de problemas de habitabilidad (acústicos, térmicos, de ventilación y de confort espacial y visual), accesibilidad, antigüedad de la vivienda, acceso a servicios básicos (agua, electricidad, gas, calefacción, comunicaciones), proximidad de zonas verdes, distancia al centro de trabajo o de estudios o la proximidad de servicios básicos (hospitales, centros médicos, tiendas, etc.).

El análisis debe ser extendido a la forma en que el entorno urbano condiciona nuestras vidas directa o indirectamente: población total, densidad de población, densidad de viviendas, compacidad del espacio urbano, distancia, tiempo y modo de desplazamientos; morfología de la ciudad, existencia de zonas sectorizadas o no (en barrios residenciales, zona empresarial, zona monumental, zona de servicios y ocio), tipos de transporte más empleados, superficie del área urbana, superficie y distribución de zonas verdes, calidad del aire, confort acústico, confort térmico, accesibilidad, proporción de calles, cantidad de árboles, distancia a redes de transporte público, etc.

Estos indicadores intervienen en la dispersión de enfermedades y la generación de epidemias o pandemias, pero también en la habitabilidad de los entornos urbanizados en el caso de que esas enfermedades se propaguen. El urbanismo no puede desentenderse jamás de su dimensión sanitaria y ecológica, ni del sistema socioeconómico que lo genera. La ruptura del equilibro natural suele desencadenar una serie de cambios ecológicos con consecuencias fatales.

En la crisis sanitaria actual, vemos que existen una serie de factores potenciadores de la probabilidad de riesgo de propagación e impacto: las zonas más castigadas se corresponden con las más densamente pobladas, las más dependientes del turismo, las que más desplazamientos generan, y las que tienen niveles más altos de contaminación.

La transformación del urbanismo hacia una sostenibilidad real no puede darse sin la conformación de una alternativa al capitalismo. Todas las propuestas reactivas adaptativas que se planteen en las ciudades serán insuficientes al intervenirse en un nivel intermedio en la responsabilidad de las causas y propagación de esas enfermedades.

Si realmente queremos minimizar futuras enfermedades y pandemias, es necesario modelar una alternativa que posibilite una nueva distribución territorial, unas nuevas dinámicas poblacionales, una economía que no se base en la deuda y el crecimiento infinito, pero sobre todo es necesario un nuevo sistema que lo permita. Dejemos de normalizar y convivir en la distopía, y luchemos por crear y hacer realidad la utopía.
 
 
NOTA DE IGLU: A pesar de que se afirme en este artículo que algunas de las zonas más afectadas por la actual crisis sanitaria son las más dependientes del turismo, los datos disponibles hasta este momento no lo corroboran: tanto Canarias como Baleares, por ejemplo, son las menos afectadas, siendo las zonas más turísticas de España. El resto de consideraciones parecen bastante acertadas, pero será necesario realizar análisis más precisos al respecto.

jueves, 20 de febrero de 2020

#hemeroteca #urbanismo | ¿Brillante o aterradora? Así es la ciudad del futuro que Google está construyendo en Toronto

Imagen: El País / Quayside
¿Brillante o aterradora? Así es la ciudad del futuro que Google está construyendo en Toronto.
Introduce innovaciones en urbanismo, construcción e ingeniería, pero sus críticos denuncian que la tecnológica quiere dirigir una ciudad sin pasar por las urnas y los residentes recelan del sistema que vigilará sus movimientos para mejorar los servicios.
Victoria Zárate | Icon Design, El País, 2020-02-20
https://elpais.com/elpais/2020/02/20/icon_design/1582204265_404361.html

Durante siglos, la humanidad ha querido construir ciudades utópicas en las que hacer realidad sus más deseos. Fue el caso de Chandigarh, la metrópoli que esbozó Le Corbusier para implementar una nueva India con la que Jawaharlal Nehru ponía fin al colonialismo británico. O ese laboratorio eco-arquitectónico que el italiano Paolo Soleri y su mujer Corolyn Woods construyeron en 1970 en medio del desierto de Arizona bajo el nombre de Arcosanti.

Pero, ¿qué ocurre cuando la creación de una ciudad debe responder a una forzosa necesidad y no a un sueño de identidad en medio de la nada? Los datos no engañan: el crecimiento de las ciudades se nos va de las manos. Según un estudio de la ONU, en 2050 el 68% de la población vivirá en zonas urbanas. Para hacer frente a este incontrolada migración centrípeta, la organización señala como fundamental establecer el desarrollo urbano sobre objetivos sostenibles, poniendo el foco en la vivienda, el transporte, la energía, los servicios educativos y sanitarios y el empleo para poder satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

Para Alphabet, la compañía matriz de Google, llevar a cabo semejante proeza con éxito es cuestión de datos. El futuro sostenible solo será posible si lo ligamos a la creación de metrópolis inteligentes, basadas en inteligencia artificial, alta conectividad y habilitadas por medio de sensores y cableados que permitan que funcionen por sí solas. ¿Suena a ciencia ficción? En 2022 dejará de serlo. Sidewalk Labs, la firma de innovación urbana del gigante tecnológico, hará realidad su proyecto más ambicioso hasta la fecha creando la ciudad del futuro de Quayside.

Esta idea de construir un barrio a camino entre ‘Gran Hermano’ y las ciudades ideales que se planificaron en la Antigüedad de Platón y Aristóteles, surgió como respuesta a la demanda de las fuerzas gubernamentales en Toronto que querían revalorizar una tierra industrial en proceso de abandono. Aquella anatomía sombría que sirvió de escenario a la película ‘La forma del agua’ de Guillermo del Toro sería el lugar perfecto para crear el primer vecindario del mundo construido a partir de Internet.

Para ello cuenta con un equipo de unas 130 personas y colaboradores externos, entre decenas de asesores, como Heatherwick Studio, creadores del macro jardín botánico de Shanghái ‘1.000 Trees’; el estudio noruego Snøhetta, autores del nuevo papel moneda del país o del edificio del Opera Ballet nacional de Noruega; o el estudio Micheal Green Architecture, que firma varios aeropuertos en Norteamérica o la Galería de Arte de Vancouver, entre otros proyectos, y es una de las puntas de lanza en el estudio de la madera como material constructivo del futuro.

Dirigir una ciudad sin pasar por las urnas
La unión de sus fuerzas, según señala Sidewalk Labs, conseguiría catalizar decenas de miles de empleos y ayudar a abordar los principales desafíos y la problemática que asume Toronto en la actualidad. Las herramientas para conseguirlo serían la gestión digital y el desarrollo de aplicaciones como Commonspace que permitirían a los administradores de espacios públicos recopilar datos fiables sobre el uso que las personas hacen de estos lugares, para responder así mejor a las necesidades cambiantes de la comunidad.

Las voces críticas no tardaron en llegar, cuestionando la alianza entre Google y Waterfront Toronto, el organismo público formado por tres niveles de gobierno (municipal, provincial y federal) que supervisa el proyecto. Jathan Sadowski, investigador en ética de las tecnologías, hizo saltar la alarma señalando que las ciudades no son plataformas con usuarios ni negocios con accionistas, sino lugares reales con gente real. "Google quiere dirigir ciudades sin pasar por las urnas", declaró a The Guardian.

Cuestiones como "¿sabría una empresa tecnológica dirigir una ciudad viva y en continuo movimiento?", "¿es la tecnología la herramienta veraz y necesaria para mejorar nuestras vidas?" o "¿quién controlará y será dueño de toda la data generada en pleno rendimiento?" dieron lugar a decenas de artículos recordando el papel de Canadá como una democracia occidental que se toma en serio los debates sobre la privacidad de la información y la propiedad de los datos.

Magdalena Mak, residente de la zona, narra el descontento generalizado sobre la falta de privacidad que supondrá tener a Google "vigilando" sus pasos: "No nos sentimos muy cómodos con la idea, será como vivir en un ‘Gran Hermano’. Los residentes sabrán a lo que se exponen pero los transeúntes que paseen por el parque o visiten a alguien, no tienen por qué estar vigilados...".

Por otro lado, pondera: "Es verdad que se revitalizará una zona que está desaprovechada y en muy mal estado". Mak apunta también a la generación de empleo y el surgimiento de zonas verdes y modernas como dos de los grandes beneficios. "En general, nos gusta el concepto, pero debería haber partido de una compañía local. Se terminará convirtiendo en un barrio ‘hipster’ para ‘millennials’".

Para fomentar la transparencia, Sidewalk puso en marcha una serie de consultas –la última el pasado noviembre– a ciudadanos, empresas privadas y académicos con el fin de aportar más información sobre el proyecto y escuchar dudas y sugerencias.

Una ciudad en la que todo estará a 15 minutos
Mientras tanto, se van desvelando detalles sobre cómo será la primera ciudad autónoma del mundo. Con una inversión inicial de 1.300 millones de dólares (unos 900 millones de euros), su plan de desarrollo urbanístico arranca en el barrio de Quayside, junto al río Tyne y uno de los puntos calientes del ocio nocturno en la actualidad, con la creación de IDEA, el Distrito de Diseño Innovador y Aceleración Económica. Esta iniciativa pretende aprovechar todo el potencial de la costa y crear 44.000 empleos para 2040.

Pero es la segunda fase la que mayor interés despierta. El área de River District, denominado así en honor al río Don y por el papel decisivo que jugará el agua en el futuro de las ciudades y también en esta, pretende revolucionar el diseño convencional de los núcleos urbanos con la máxima de ‘15-minute neighbourhoods’, barrios en los que los residentes puedan acceder a todas sus necesidades sin emplear más de 15 minutos en su desplazamiento.

Compuesto por cinco vecindarios unidos al centro por un tren ligero, Villiers West será el elegido para albergar la nueva sede de Google en Canadá, que incluirá un instituto de investigación sin fines de lucro diseñado para unir a la industria y los empresarios con los organismos públicos.

Integrar vehículos autónomos es uno de los puntos clave de su plan de movilidad. Su propósito es acortar el viaje hasta el lugar de trabajo, haciéndolo más confortable y sin necesidad de un automóvil propio. Para promover el uso de la bici y que los residentes vayan a pie, diseñarán las calles bajo el concepto de ‘people-first’ (las personas primero), con aceras más anchas, sin curvas y bordillos dinámicos que se puedan transformar en espacios públicos durante los picos de menor tráfico.

¿Por qué no creamos nuestro microclima?
Con la incorporación de pavimentos inteligentes, bien iluminados y con calefacción, no solo se evitará el hielo y la nieve, sino que se hará posible –en un lugar como Toronto de clima frío y ventoso en invierno, con máximas de cero grados en febrero– una de las máximas del proyecto: vivir la ciudad al aire libre.

Diseñar zonas verdes y espacios abiertos no será la única medida para animar a los residentes de Quayside a salir a las calles. El proyecto va a más. Con el eslogan ‘Winter is coming, but good design can help’ (se acerca el invierno, pero el buen diseño puede ayudar), el grupo empresarial de ingenería RWDI es la responsable de aumentar la cantidad anual de horas diurnas que de verdad pueden disfrutar los vecinos de Quayside, que, con sus sistemas de control climático pasivo y activo, podrían pasar del 30% al 74% de las horas de luz.

Esto no se traducirá en un verano sin fin, sino en un mayor confort gracias al aprovechamiento de la radiación solar. Por un lado, "al estudiar los patrones climáticos a un nivel muy local, la cuadrícula de un barrio y las masas de edificios se pueden adaptar para proteger las calles del viento o dar paso a la luz solar", señalan desde Sidewalk a ICON Design.

Por otro lado, el sistema Raincoat (impermeable), controlado de forma digital, será la herramienta que permita promover brisas frescas o aumentar el número de horas de luz al año, así como detener el viento frío del invierno. Se trata de una membrana, más o menos transparente, que puede abrirse y cerrarse, y que cuelga de la fachada de los edificios, cubriendo las aceras.

Casas asequibles y de una madera tan resistente como el hormigón
En el apartado de vivienda, Sidewalks lo tiene claro: hay que edificar rápido, sostenible y a un módico precio para todos. La herramienta de software BIM coordinará toda la cadena de suministro hasta su ejecución, con un código basado en los resultados obtenidos por los sensores ambientales. La madera en masa –tan fuerte y resistente como el acero o el hormigón, pero reutilizable– o el yeso Shikkui –elaborado con algas y cáscaras de huevo–, contribuyen a contrarrestar el efecto invernadero, además de disminuir los tiempos de aplicación.

La transversalidad aplicada a la construcción de edificios es uno de los grandes retos que asume el proyecto: la creación de espacios inteligentes y flexibles que se acomoden a nuestras necesidades de manera ágil. Raphael Gielgen, jefe de investigación y búsqueda de tendencias de Vitra, lo describe como una de las claves para la creación de espacios inteligentes: "Hay dos aspectos fundamentales que hemos aprendido en la arquitectura desde nuestra experiencia. Lo primero, que la construcción de una ciudad hay que verla como un objeto escultórico que forma parte de un paisaje. Caminamos por su estructura para disfrutar y comprender tanto su aspecto externo como su forma global, así como el juego de luces y sombras que envuelve su volumen".

El segundo, señala, "tiene un lado más experimental y se basa en la experiencia directa que mantenemos con el edificio a través del tiempo. Si nos movemos de un lugar a otro, este también cambiará también con nosotros". La vivienda loft que plantea Sidewalk Labs busca asumir esa función modular con un sistema de muros flexibles que se pueden mover y reemplazar fácilmente, reduciendo el coste de futuras reformas. Así, los edificios podrían adquirir diferentes usos a lo largo de sus ciclos de vida.

Las herramientas digitales son también la base de su plan sostenible. Diseñar edificios de eficiencia energética que incluyan wifi en la parte frontal podría optimizar los sistemas de construcción y gestionar el uso de energía para hacerla más limpia sin depender de combustibles fósiles. Otros cometidos de su gestión digital serán mejorar el reciclaje en el hogar o la protección del agua en toda la costa. Para ver si las expectativas se cumplen, tendremos que esperar a 2022, cuando los primeros residentes se instalen y la ciudad del futuro se ponga en funcionamiento.