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domingo, 18 de enero de 2026

#hemeroteca #gais #saludmental | Malestar, estrés o soledad: Sevilla pone el foco en la salud mental a la hora de abordar el 'chemsex'

Centro de atención de Adhara, en Sevilla //

Malestar, estrés o soledad: Sevilla pone el foco en la salud mental a la hora de abordar el 'chemsex'

La asociación Adhara pide que esta práctica se recoja como una prioridad dentro de la agenda de salud pública con tal de evitar la estigmatización del colectivo
Carla Rivero | El Diario, 2026-01-18
https://www.eldiario.es/sevilla/malestar-estres-soledad-sevilla-pone-foco-salud-mental-hora-abordar-chemsex_1_12859428.html

Frente al estigma, educación y sensibilización. Dos corrientes en las que avanza la asociación Adhara cuando se habla de chemsex con el fin de contrarrestar el prejuicio que se da en la esfera pública. Más allá del sensacionalismo, los expertos de la asociación advierten de la estrecha relación que hay entre la sensación de malestar, estrés o soledad cuando se acude a esta práctica. Claves dentro de la salud mental para lograr una mayor prevención a la hora de trabajar en materia de salud pública.

El chemsex, término referido al consumo de ciertas drogas durante los encuentros sexuales, está mayormente relacionado con el grupo de hombres gais, bisexuales y aquellos hombres que tienen sexo con hombres, bajo las siglas GBHSH. Un fenómeno que tiene cada vez más peso en el ámbito sanitario y en el que se avanza en conocimiento y divulgación, como ocurre desde el Centro de detección de VIH y otras ITS que tiene Adhara en Sevilla. En 2017, se comenzó a catalogar el término en las atenciones que realizaban y, desde entonces, abordan de forma específica a los usuarios, quienes suelen estar atravesados por otras dificultades, tanto de calado social como por otro tipo de enfermedades.

Hay tres factores principales que motivan a la persona a hacer un uso intencional de drogas, tales como la metanfetamina, GHB/GBL o la mefedrona, explica Jose Miguel Saucedo Águila, psicólogo de la entidad: las motivaciones relacionadas con el bienestar emocional y físico, es decir, la desinhibición, aumentar la duración del encuentro o la satisfacción de sentirse parte de un grupo, “ese espacio relajado, de no juicio y de pertenencia, es muy potente”; por otra parte, estaría la experiencia interna, donde desaparecen las vivencias negativas, “el estima del VIH, la LGTBIfobia, la soledad, el estrés, o cualquier malestar emocional”; y, por último, la estrategia desadaptativa, donde la huida hacia delante permite olvidar ese malestar interior que se intenta ahogar durante unas horas.

En un momento en el que las infecciones de ITS aumentan a nivel nacional, según los datos del Ministerio de Sanidad, como la gonorrea, la sífilis y la clamidia, el chemsex está atravesado por el debate público y, como marcan análisis europeos, se demandan programas de educación sexual. Para tomarlo con perspectiva, un estudio elaborado por la Universidad Antonio de Nebrija y publicado en la revista 'International journal of clinical and health psychology' determina que aquellas personas con una alta homofobia interiorizada tienen mayor probabilidad acudir a estas sesiones donde se utilizan químicos, así como que ser VIH positiva aumentaba cuatro veces el riesgo de participar.

Casos atendidos

“Se vende el chemsex como una manera de pasárselo bien en los medios de comunicación, sin atender a estas cuestiones, por lo que parte del proceso terapéutico es escarbar en la experiencia interna y en la estrategia desadaptativa, ya que, muchas veces, una vez se solucionan estos aspectos, la persona no consume y aprende a análisis europeos otro tipo de disfrute a nivel sexual”, especifica el especialista.

Contra la trampa de la desinformación, la asociación, en colaboración con las entidades Stop y Apoyo Positivo, participó recientemente de la II Jornada Chemsex Andalucía que estuvo organizada por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad. Un espacio en el que se dio a conocer un estudio pionero en Andalucía a cargo del Hospital Virgen del Rocío y enmarcado dentro del Plan Andaluz de ITS, VIH y Sida (PAITSIDA), en el que participaron unas 700 personas. En él, se avanzan algunas cuestiones relacionadas con el perfil de individuo que consume chemsex y que concuerda en varios aspectos con los datos registrados por Adhara.

A partir de su base de datos, la ONG contabiliza que el número de personas atendidas en el ámbito del chemsex fueron un total de 77 en 2019, mientras que en 2020 ascendieron a 118, luego, en 2021 repuntaron a 139, seguido por 2022 con 102 atenciones, mientras que en 2023 acudieron 192 usuarios y, en 2024, unas 131 personas. En lo que va de este año, se registraron 57 de forma específica. Una cifra que varía en función de los recursos económicos de los que disponga la asociación, dado que “es un servicio totalmente gratuito y, en general, el periodo de atención mínimo es de un año, aunque las atenciones individuales suelen ser quincenales”.

Extensión al ámbito rural
Con respecto al perfil, Saucedo determina que la franja de edad se extiende de entre los 20 a los 50 años, aunque hay casos de jóvenes de 18 años que se inician en el chemsex o mayores de 60 años que “sufre de soledad y lo encuentra como una vía de escape”. Además, una mayoría de las personas que lo practican tienen estudios superiores y, en el último tiempo, se aprecia que se extiende a núcleos urbanos fuera de los centros metropolitanos, como en localidades próximas de Carmona, Camas, Utrera o Mairena del Aljarafe. “Antes era específico de ciudades grandes, pero el consumo se normaliza y para tener este ocio sexual se utilizan aplicaciones en las que se comparte una misma jerga e iconografía y, luego, los encuentros se dan en entornos privados, como pisos”, apunta.

También, se observa que hay una incidencia más alta entre la población migrante. Sumado al estrés que soportan por el cambio de país, hay una serie de impedimentos que las aboca a una realidad cruel, sin red ni apoyos. Vulnerables, optan por la venta de drogas o el trabajo sexual, incluso, por el consumo de estupefacientes con tal de sobrellevar las condiciones extenuantes en las que sobreviven. “En España y otros países no son amables con el migrante a la hora de encontrar un trabajo, por ejemplo, y de igual manera pueden pertenecer a otras minorías, como queer, trans”, sostiene el psicólogo, “por tanto, se suman todas estas barreras, al igual que los obstáculos para acceder a recursos sociosanitarios relacionados con la prevención de las ITS, cómo protegerse frente al VIH o al tratamiento PrEP”.

Más allá de la labor de las entidades sociales, al sistema público le ponen una serie de deberes. Entre ellos, dar al chemsex prioridad en la agenda política de Andalucía, así como proporcionar más espacios amables, discretos e inclusivos dentro en las instalaciones sociosanitarias para que este colectivo se sienta escuchado, en vez de juzgado. En paralelo, mantienen que hay que profundizar en la sensibilización del personal sanitario que atiende cada día a estos usuarios. “La formación debería llegar con apoyo psicoemocional para entender los problemas adicionales a la salud que hay en esa persona y que, quizás, en un principio no se vean”, entiende.

Una máxima en este trato debería ser “tener una actitud cero paternalista y, sobre todo, basarse en la educación”. Dar acceso a la información para que, si el individuo finalmente decide tener una sesión de chemsex, sea lo más seguro posible. “En muchas ocasiones, estas personas nunca se han sentido parte de nada, no han sido escuchadas, se han visto como las diferentes, las sensibles, las raras, y, de repente, tienen un espacio agradable en que se les aporta todo lo que se les había negado y, a la vez, desaparecen ese montón de emociones negativas”, determina Saucedo. Así que, tender la mano y actuar de forma preventiva es la opción que toma cada vez que alguien se sienta en su consulta.

martes, 16 de abril de 2024

#hemeroteca #vih #terminologia | ¿Se debería dejar de utilizar el término “sida”?

Una imagen publicitaria del grupo Stop //

¿Se debería dejar de utilizar el término “sida”?

Miguel Vázquez | gTt-VIH, 2024-04-16

https://www.gtt-vih.org/publicaciones/la-noticia-del-dia/16-04-24/

Según algunos expertos, este acrónimo resulta redundante y está cargado de estigma, por lo que proponen sustituirlo por el término “enfermedad avanzada por VIH”

El acrónimo “sida” ha perdido su utilidad y debería sustituirse por un término más descriptivo en consonancia con los desafíos contemporáneos en relación con el VIH, según afirma un grupo de expertos en un artículo de opinión publicado en ‘The Lancet HIV’. Para muchas personas, el término “sida” se asocia a personas sin opciones de tratamiento disponibles y una esperanza de vida corta. Para los autores, esto puede influir en las decisiones terapéuticas tanto de las propias personas con el VIH como del personal sanitario que las tratan, propiciando que se tomen medidas de control de infecciones sobredimensionadas. En cuanto al uso del término combinado “VIH/sida”, consideran que implica una equivalencia errónea y puede generar confusión en la población general.

El acrónimo sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) fue acuñado en 1982 por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en sus siglas en inglés) para referirse a una enfermedad de origen desconocido que debilitaba la inmunidad celular de las personas. El término se concibió originalmente como una definición de caso con fines de vigilancia epidemiológica. Las decisiones de tratamiento se basaban en si los pacientes cumplían o no el criterio de caso de sida.

Sin embargo, los autores del artículo en ‘The Lancet HIV’ consideran que este término dejó de ser necesario una vez se descubrió que el VIH era el origen de dicha afección. Consideran que seguir utilizándolo hoy en día puede resultar engañoso, e incluso perjudicial. Sin la etiqueta “sida”, el personal médico puede centrarse en aspectos más relevantes del cuidado, como si la persona toma tratamiento y durante cuánto tiempo lo ha hecho o si ha realizado algún cambio terapéutico, entre otros factores que ayudarán a establecer una pauta de atención adecuada para la persona.

Para los autores, su uso fomenta el estigma no solo del personal sanitario, sino de la propia persona con el VIH, el autoestigma, que puede impedir que las personas accedan a la atención sanitaria y al resto de servicios. Por otro lado, la vinculación entre “sida” y los mal llamados “grupos de riesgo”, como, por ejemplo, los hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH) o las personas usuarias de drogas –que se forjó durante los primeros años de la epidemia– induce a error en cuanto a qué personas se consideran en situación de riesgo, lo que puede retrasar el diagnóstico y fomenta la discriminación y la estigmatización de los grupos de población más afectados.

En la actualidad, varias asociaciones profesionales desaconsejan el uso del término “sida”, algunas de las cuales, irónicamente, tienen la palabra como parte de su nombre. No obstante, algunas organizaciones y entidades públicas ya han empezado a eliminar esta sigla de sus nombres como, por ejemplo, la organización comunitaria española STOP SIDA que recientemente decidió sumarse a esta tendencia y pasó a llamarse simplemente STOP tras un proceso de reflexión y consenso entre las personas socias, el voluntariado, el equipo técnico y la junta directiva.

No obstante, existen otros expertos en el ámbito que, aunque reconocen que “sida” es un término anacrónico, consideran que hacer hincapié en este cambio de terminología es un asunto menor, en vista de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la comunidad del VIH. En este sentido, consideran que en un momento en que la financiación mundial frente al VIH se encuentra en una situación muy precaria, el que se use el término “sida” o “VIH” no supone ninguna diferencia a la hora de intentar paliar ese peligro.

También afirman que el estigma y la persecución y, en algunos casos, la criminalización de las personas con el VIH o el sida no van a desaparecer simplemente por un cambio de nombre. Por este motivo, consideran que lo prioritario es centrarse en los determinantes sociales de la salud, ya que eso es lo que va a hacer cambiar la situación de las personas con el VIH, más que el cambio de términos.

Greg Millett –de la histórica Fundación Americana para la Investigación sobre el Sida (amfAR, por sus siglas en ingles), que lleva trabajando en la respuesta frente al VIH desde 1985– hace una equiparación con los debates que hubo en EE UU en los años 90 sobre el uso del término “afroamericano” frente a “negro”. Para este activista, está claro que el hecho de usar la terminología de “afroamericano” no ha servido para solucionar problemas graves de este colectivo, como la pobreza, el racismo estructural, entre otras desigualdades.

En esta misma línea, otros expertos consideran que los autores del artículo malinterpretan el impacto del término “sida” sobre el estigma. Así, “sida” se referiría más bien al carácter mortal de la propia infección sin un tratamiento adecuado y al modo de transmisión. Según este punto de vista, se trata de un término que se utiliza de forma generalizada desde hace 40 años y está reconocido en todo el mundo. Por tanto, eliminar “sida” de la terminología puede aumentar la confusión, contribuyendo a que la gente piense que la epidemia ha terminado.

Es decir, admiten que mantener el término puede resultar dañino, tal como afirman los autores, pero eliminarlo podría empeorar otro tipo de daños ya existente, ya que no puede descartarse la posibilidad de que se reduzca la importancia del problema, sin que ello tenga un impacto significativo sobre el estigma.

Los autores del artículo también consideran que eliminar el término sida no va a erradicar el estigma. Sin embargo, consideran que este término ha superado su utilidad y que se debería hacer una transición hacia un lenguaje más descriptivo que se ajuste a los retos contemporáneos del VIH.
  • Fuente: Medscape Medical News/Elaboración propia (gTt-VIH)
  • Referencia: Núñez I, Piñeirúa-Menéndez A, Valdés-Ferrer SI, et al. Retiring the term AIDS for more descriptive language. The Lancet HIV March, 2024. DOI: https://doi.org/10.1016/S2352-3018(23)00331-4

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #vih | La incidencia del VIH en España desciende, aunque no en hombres gais extranjeros

Imagen: Economía Digital / Presentación de la campaña de CESIDA y Gilead para la detección precoz del VIH
La incidencia del VIH en España desciende, aunque no en hombres gais extranjeros.
Los casos de diagnóstico tardío se mantienen estables y los de sida mantienen su tendencia descendente.
Francesc Martínez | gTt-VIH, 2019-11-29
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/29-11-19

La Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación, en colaboración con los sistemas autonómicos de vigilancia epidemiológica y el Centro Nacional de Epidemiología han publicado el informe “Vigilancia Epidemiológica del VIH y sida en España 2018: Sistema de Información sobre Nuevos Diagnósticos de VIH y Registro Nacional de Casos de Sida”. Un año más, se observa una tendencia estable y ligeramente descendente en los nuevos diagnósticos, un descenso de los casos de sida y el mantenimiento de un grupo poblacional altamente vulnerable: los hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH); especialmente aquellos de origen extranjero (principalmente latinoamericanos).

Entre los principales objetivos del informe se encontraban cuantificar los nuevos diagnósticos de infección por el VIH y sida, determinar las características epidemiológicas de los nuevos casos y contribuir a la vigilancia internacional de la epidemia de la infección por el VIH.

En 2018 se notificaron un total de 3.244 nuevos diagnósticos del VIH en España. Tras ajustar los resultados por retraso de notificación, ello se correspondería a una tasa de 8,65 casos por cada 100.000 habitantes, siguiendo la tendencia ligeramente descendiente observada en los últimos años. El 85,3% de los diagnosticados eran hombres y la mediana de su edad era de 36 años.

La principal vía de transmisión fue la sexual en GBHSH (56,4% de los casos), seguida por la heterosexual (26,7%) y el uso de drogas inyectables (3,2%). El 37,2% de los diagnósticos tuvieron lugar en personas de origen extranjero y el 47,6% de los diagnósticos fueron tardíos (con un recuento de CD4 inferior a 350 células/mm3).

En los últimos 10 años se establece una tendencia global descendente en los nuevos diagnósticos, aunque con diferencias por causa de la vía de transmisión y/o el hecho de ser de origen extranjero. Así, entre GBHSH, el grupo mayoritario de personas con nuevo diagnóstico, se observa que a partir del año 2015 solo descienden los nuevos diagnósticos en españoles, mientras que la tendencia en extranjeros es ascendente a partir de dicho año.

En cuanto a los diagnósticos tardíos, han ido descendiendo durante la última década, aunque tras 2016 se han estabilizado, sin diferencias en función de la vía de transmisión.

El porcentaje de casos con diagnóstico tardío desciende levemente entre 2009 y 2016, manteniéndose estable después. No se observan cambios según modo de transmisión.

En lo que respecta a los casos de sida, en 2015 se notificaron 415 casos (en el registro quedaron excluidos los casos de Comunidad Valenciana y Cataluña por motivos técnicos). Ello conllevaría una tasa ajustada de 1,4 casos por cada 100.000 habitantes. El 82,9% eran hombres y la mediana de la edad era de 43 años. El 34,5% de los casos se produjeron en hombres y mujeres heterosexuales; el 37,1% en GBHSH y el 11,6% en usuarios de drogas intravenosas.

Desde el inicio de la epidemia se llevan registrados en España 88.135 casos de sida. El porcentaje de los casos de sida que representan las personas extranjeras ha ido aumentando con el tiempo hasta llegar a representar el 31,8% de los casos en 2018.

En la última década, la enfermedad definitoria de sida más frecuente ha sido la neumonía por Pneumocystis jirovecii (28,8%), seguida por la tuberculosis (20,1%) y la candidiasis esofágica (12,7%).

Los autores del estudio concluyen que las tasas de nuevos diagnósticos se mantienen similares a las de otros países de la región europea de la OMS, aunque algo por encima de la media de la Unión Europea. La vía sexual sigue siendo la principal vía de transmisión en los nuevos diagnósticos.

Más de la mitad de los nuevos diagnósticos se dan en GBHSH, de los que el 40% son extranjeros, principalmente latinoamericanos. Ello nos muestra el impacto diferencial de la epidemia por orientación sexual y el papel vulnerabilizador que conlleva el hecho de ser inmigrante, que también se observa claramente en los diagnósticos de sida, donde un tercio de los casos se dan en personas de origen extranjero.

Las políticas de apartheid sanitario emprendidas tras la publicación del nefasto Real Decreto-ley 16/2012 en muchas comunidades autónomas españolas durante la crisis económica –revertidas ya en algunas, como Cataluña, pero aún muy vivo en otras- han colaborado, sin duda, en que se haya llegado a un papel tan relevante del origen extranjero como factor de riesgo de adquirir el VIH. De hecho, en el único grupo de GBHSH en el que la incidencia ha aumentado desde el año 2015 ha sido en el de hombres de origen extranjero.

En el plano positivo, se constata que, aunque los casos de diagnóstico tardío aún representan un porcentaje demasiado alto, los casos de sida siguen disminuyendo en la línea de lo observado desde finales de la década de 1990, tras la llegada de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA).
  • Fuente: Elaboración propia.
  • Referencia: Unidad de Vigilancia de VIH y Comportamientos de Riesgo. Vigilancia Epidemiológica del VIH y sida en España 2018: Sistema de Información sobre Nuevos Diagnósticos de VIH y Registro Nacional de Casos de Sida. Plan Nacional sobre el Sida - D.G. de Salud Pública, Calidad e Innovación / Centro Nacional de Epidemiología - ISCIII. Madrid; Nov 2019.