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lunes, 12 de noviembre de 2018

#hemeroteca #mujeres #franquismo | Los tremendos consejos de Elena Francis a mujeres maltratadas o violadas

Imagen: La Vanguardia / María Garriga (d), mujer que dió voz a Elena Francis
Los tremendos consejos de Elena Francis a mujeres maltratadas o violadas.
Un libro habla sobre qué se esconde detrás de este famoso personaje de ficción del franquismo que tenía por objetivo, además de publicitar, reeducar a la mujer tras la República.
Lara Gómez Ruiz | La Vanguardia, 2018-11-12
https://www.lavanguardia.com/cultura/20181112/452813089211/tremendos-consejos-elena-francis-mujeres-maltratadas-violadas.html

Nadie podía imaginar que en una masía abandonada de Cornellà (Barcelona) aparecerían más de un millón de cartas. Era 2005 y la correspondencia estaba repleta de polvo. Se notaba que hacía años que nadie se había preocupado de leer esas misivas. Lo curioso es que todas ellas se dirigían a una misma persona: Elena Francis.

El Consultorio de Elena Francis fue un programa de radio emitido en España entre los años 1947 y 1984. Iba dirigido principalmente al público femenino y se estructuraba en torno a la correspondencia que dirigían las radioyentes a una supuesta experta, Dª Elena Francis, que contestaba a las dudas, consultas y confidencias planteadas. Una estratagema del Instituto de Belleza Francis para publicitar sus productos que resultó ser todo un éxito.

El Archivo Comarcal del Baix Llobregat asumió la custodia de 100.000 cartas y quemó el resto. De estas, 4.325 han sido analizadas por Rosario Fontova y Armand Balsebre, así como las respuestas enviadas por un equipo de contestadores. Una investigación que ha salido a la luz en forma de libro (‘Las cartas de Elena Francis, una educación sentimental bajo el franquismo’, editorial Cátedra) y que tiene por objetivo retratar tanto al personaje como a sus atormentadas seguidoras.

Mujeres que no sólo enviaban consultas de belleza, como en un inicio se estipuló, sino que también confesaban ser víctimas de violencia de género o de violación. “La palabra violación no aparece explícitamente, pero las víctimas, no siempre conscientes de que lo son, la describen con eufemismos”, explica Fontova a ‘La Vanguardia’ (“Hizo lo que quiso de mí”; “Me hago la dormida y mi hermano hace lo que quiere…”).

Este tipo de cartas eran marcadas con un asterisco para señalar que su contenido era delicado. Tenían una censura doble: política y religiosa. De hecho, la radio tenía un sacerdote en nómina para ese cometido y, pese a que no se leyeran por radio, sí que eran en su mayoría contestadas. No obstante, las respuestas son más que cuestionables y escalofriantes. Por ejemplo, una madre cuenta que un vecino ha dejado embarazada a su hija de 15 años. El mejor consejo que se le ocurre a Francis es que dé al bebé en adopción.

Cuando la infidelidad era del marido, la receta de Francis era la siguiente: “Es mucho mejor que se haga la ciega, sorda y muda. Procure hacer lo más grato posible su hogar, no ponga mala cara cuando él llegue”. Mucho más terrorífico resulta el consejo que le da a una mujer maltratada: “Sea valiente, no descuide un solo instante su arreglo personal. Y cuando él llegue a casa, esté dispuesta a complacerlo en cuanto le pida”. “No les decía que abandonara el hogar, sino que las animaba a aguantar. Por si fuera poco, les achacaba parte de culpabilidad, pues les decía que ella también había pecado. Actualmente puede parecer una locura, pero el franquismo estipulaba una serie de estrictas normas de conducta que hacían pensar que determinadas cosas eran normales”, explica Balsebre.

“Son cartas mayormente infelices. A ello se le añadían sus respuestas, que remarcan una idea que viene a decir que a este mundo se ha venido a sufrir. Al leerlas, puedes pensar: ‘estas mujeres eran un poco tontas’, pero no eran así porque sí, sino porque las querían tontas. La estructura de Falange, la Iglesia, y el franquismo quiso que estuvieran en la cocina. Y estas cartas reflejan cómo la dictadura les arrebató cualquier posibilidad de autonomía”, añade Fontova.

Muchas de las misivas eran firmadas con pseudónimos: “Corazón triste”, “Una que ha sido descubierta”, “Desgraciada sin remedio”, “Una casada amargada”... Aunque, de poco servía, pues en el remitente constaban las direcciones de sus casas. Poco les importaba o probablemente no se dieran cuenta de ello. “Lo que querían era recibir una carta de Francis. Eso les aportaba autoestima, era incluso terapéutico. Las mujeres se daban cuenta de que sus problemas eran los de muchas y eso, probablemente, fuera el secreto del consultorio”, asegura Armand Balsebre.

Pero, pese a que después se supo que había un equipo detrás, ¿quién era la responsable máxima de tales contestaciones? Pues, como se ha mencionado, Elena Francis era un personaje de ficción. Muchos creyeron que era un hombre, pues después de su emisión, Juan Soto Viñolo confesó ser el último guionista del programa. “Para nosotros, en cambio, fue Angela Castells (la primera guionista) quien sentó las bases narrativas para los contestadores de cartas”, cuentan los autores. Castells pertenecía nada menos que a la sección femenina de Falange y al Patronato de Protección de la mujer, que, lejos de proteger a la mujer, hacía, entre otras cosas, informes con los datos recogidos por un organismo llamado Liga Española contra la Pública Inmoralidad.

sábado, 20 de octubre de 2018

#hemeroteca #mujeres #franquismo | “Hágase la ciega, sorda y muda. Es lo mejor”

Imagen: El País / Una pareja de novios celebra el 18 de julio de 1950
“Hágase la ciega, sorda y muda. Es lo mejor.”
Un libro analiza las cartas del consultorio de Elena Francis, la policía moral del franquismo para reeducar a mujeres tras la República.
Natalia Junquera | El País, 2018-10-20
https://elpais.com/cultura/2018/10/18/actualidad/1539855489_006243.html

Sobre una montaña de polvo, humedad y bichos, repartidas por todas las estancias de una masía abandonada en Cornellà (Barcelona), aparecieron, en 2005, más de un millón de cartas con una única destinataria: Elena Francis. El Archivo Comarcal del Baix Llobregat asumió la custodia de 100.000 y quemó el resto. Rosario Fontova y Armand Balsebre han analizado 4.325 escritas entre 1950 y 1972, así como las respuestas enviadas por un equipo de contestadores (se guardaba copia) y los guiones del consultorio radiofónico. El resultado es un libro (‘Las cartas de Elena Francis, una educación sentimental bajo el franquismo’, editorial Cátedra), que retrata al personaje de ficción —“una policía moral”— y a sus atormentadas seguidoras —mujeres de carne y hueso a las que la dictadura alejó de las cotas de libertad alcanzadas en la República—.

La audiencia compartía en el consultorio sus problemas y su frustración. Una madre con cuatro hijos confiesa la infidelidad de su marido. Elena Francis le da el siguiente consejo: “Es mucho mejor que se haga la ciega, sorda y muda. Procure hacer lo más grato posible su hogar, no ponga mala cara cuando él llegue”. La receta es parecida para otra mujer que se presenta como “esposa desgraciada” y habla de las palizas que le da su marido en presencia de su hija de diez años: “Sea valiente, no descuide un solo instante su arreglo personal. Y cuando él llegue a casa, esté dispuesta a complacerlo en cuanto le pida”.

“Pertenecemos a una generación que nació después de la creación del consultorio (la primera emisión fue en noviembre de 1950) y antes de sumergirnos en las cartas nos parecía algo ridículo, tontorrón, pero Elena Francis fue el personaje más importante de la radio española durante el franquismo”, explica Fontova. “Al leerlas, puedes pensar: ‘estas mujeres eran un poco tontas’, pero no eran tontas porque sí. Eran tontas porque las querían tontas. La estructura de Falange, la Iglesia, y el franquismo quiso que estuvieran en la cocina. Y estas cartas reflejan cómo la dictadura les arrebató cualquier posibilidad de autonomía”. Elena Francis, añade Balsebre, “fue un instrumento legitimador del franquismo. Y así como las 'Cartas a la Pirenaica' [su anterior libro, donde analizan la correspondencia enviada a la radio clandestina por los vencidos en la Guerra Civil], son la memoria del antifranquismo, las cartas a Elena Francis son la memoria del franquismo, de esa amnesia mental a la que se sometió a las mujeres”. Las dos Españas en dos epistolarios coetáneos, pero radicalmente diferentes.

Los empleados del Instituto Francis tenían obligación de guardar el secreto sobre el personaje al que decenas de miles de mujeres escribieron durante 33 años convencidas de que no solo era real, sino un pozo de sabiduría. Con los años, explica Balsebre, “la mayoría de la gente creyó que Elena Francis era, en realidad, un hombre por su último guionista, Juan Soto Viñolo, que escribió un libro sobre el programa. Pero para nosotros la creadora del personaje fue su primera guionista, Angela Castells, que sentó las bases narrativas para los contestadores de cartas”. Castells pertenecía a la sección femenina de Falange y al Patronato de Protección de la mujer, que, entre otras cosas, hacía informes con los datos recogidos por un organismo llamado Liga Española contra la Pública Inmoralidad.

No todas las cartas se radiaban, pero casi todas se contestaban, porque el Instituto Francis entendió que esa era la forma de fidelizar a la audiencia y vender los productos de belleza que se anunciaban en el programa. En algunos sobres, el equipo de contestadores anotó un asterisco. Era la señal que indicaba que el contenido de la misiva era delicado: amenazas de suicidio o incluso violaciones, y rara vez llegaban a la antena, porque había una censura doble: política y religiosa (la radio tenía un sacerdote en nómina para ese cometido). La palabra “violación” no aparece en ninguna carta, pero las víctimas, que no son conscientes de que lo son, la describen con eufemismos (“Hizo lo que quiso de mí”; “Me hago la dormida y mi hermano hace lo que quiere...”). Una madre cuenta que un vecino ha dejado embarazada a su hija de 15 años. Elena Francis le sugiere que dé al bebé en adopción. El Código penal franquista de 1944 castigaba el estupro de una “doncella” mayor de 12 años y menor de 23 o mayor de 16 y menor de 23 si no era “doncella”.

La mayoría de mujeres que escribían al consultorio trabajaban en el servicio doméstico o de modistas —empleos que permitían oír la radio mientras se trabajaba—. Muchas habían emigrado del campo a la ciudad. Y eran muy ingenuas. Una de ellas admite en su carta que ha “deformado” su letra para que nadie la reconozca. Eran habituales los pseudónimos: “Admiradora de morfeo”; “Campesina”; “Cuatro preocupadas y una enamorada”; “Desgraciada sin remedio”; “Doña manchas”; “Fierecilla”; “Corazón Triste”; “La Fea”; “Una casada amargada”; “Una golondrina del Pacífico”; “Una que ha sido descubierta”…

Tras la muerte de Franco, el consultorio trató de adaptarse a los nuevos tiempos —en 1978 se legalizó la píldora anticonceptiva; en 1981, llegó la ley del divorcio—, pero era luchar contra su propia naturaleza. “Ninguna corriente liberalizadora justifica el libertinaje que, como se habrá escuchado en este consultorio, muchas veces solo produce madres solteras, hijos ilegítimos e intentos de suicidio”, sonó en la antena en 1977. El consultorio cerró sus puertas en 1984.

Y TAMBIÉN…
La Pirenaica, el altavoz de los vencidos.

Un libro analiza las 15.500 cartas enviadas a la radio clandestina durante la dictadura. Huérfanos, viudas y presos dejaron allí constancia por primera vez del genocidio franquista.
Natalia Junquera | El País, 2014-04-06
https://elpais.com/politica/2014/04/06/actualidad/1396816895_145138.html 
Con un pequeño gemido, basta.
En el sexo, el trabajo y la familia, la Sección Femenina de la Falange trató de cercenar la libertad de la mujer. Una exposición revive el adoctrinamiento.
Tereixa Constenla | El País, 2009-05-10
https://elpais.com/diario/2009/05/10/cultura/1241906403_850215.html
El adoctrinamiento ideológico de la Sección Femenina.
El País, 2009-05-09

https://elpais.com/cultura/2009/05/09/album/1241820002_910215.html

jueves, 18 de octubre de 2018

#hemeroteca #mujeres #franquismo | Las cartas de Elena Francis

Las cartas de Elena Francis / Armand Balsebre, Rosario Fontova.
Madrid : Cátedra, 2018 [10-18].
512 p.
Colección: Historia. Serie mayor
ISBN 9788437638782 / 25 €

/ ES / ENS
/ Control social / Elena Francis / España / Gandula / Machismo / Memoria sentimental / Mujeres en el franquismo / Patriarcado / Radio

Elena Francis, un personaje de ficción, se convirtió en la consejera sentimental de las españolas a través de un consultorio de radio. Aunque fue concebido como motor publicitario de una empresa de productos de belleza, la influencia del programa trascendió hasta convertirse en un fenómeno de masas del brazo de la ideología nacionalcatólica. El presente estudio analiza un conjunto de cartas, datado entre 1951 y 1970, que establecen el escenario sentimental, laboral y familiar en el que se movían las mujeres de la clase trabajadora. Las cartas, que en su mayoría no se radiaron, constituyeron una vía de comunicación paralela al programa de radio y se contestaron particularmente, puesto que su contenido excedía la inocente consulta de belleza para describir graves casos de marginación, malos tratos y frustración personal. Este fondo documental confirma la supeditación de la mujer durante la dictadura a un sistema patriarcal que le vetaba la posibilidad de equipararse al varón en el ámbito educativo y social. Asimismo, revela las claves comunicativas que convirtieron a Elena Francis en un potente altavoz ideológico que se escuchaba religiosamente en los cuartos de servicio, los talleres de costura, las fábricas y las cocinas de un país amordazado.

martes, 3 de octubre de 2017

#hemeroteca #mujeres #franquismo | ¡Niñas, firmes!

Imagen: El País
¡Niñas, firmes!
'El florido pensil (niñas)' hace una profunda revisión al esqueleto de la educación machista, religiosa y represiva de varias generaciones.
Isabel Valdés | El País, 2017-10-03
https://elpais.com/elpais/2017/10/03/mujeres/1507043905_160917.html

Había que ser juiciosa, llevar las uñas limpias, no correr, no alzar la voz ni reír demasiado alto, no cantar si no te lo pedían. No contestar si no te lo pedían. Llevar el pelo adecuado (quién sabe qué es eso). Atender al padre, al hermano, al abuelo, al primo, al amigo. Era necesidad llevar los calcetines altos bien subidos, los zapatos lustrosos, la tabla de la falda bien planchada, sentarse como una niña decente, el babi impoluto. No se podían decir tacos, ni jugar con demasiado estruendo, ni leer nada que no estuviese ordenado por el cura o la monja de rigor. Obedecer.

El colegio en época de sonsonete de ríos y reyes visigodos no era solo un colegio. Era una máquina de crear amas de llave, planchadoras, cocineras, limpiadoras, madres, criadas y esposas. ‘El florido pensil’, en este caso de niñas, lleva algo más de un mes en el Teatro Marquina (Madrid) recordando que si hoy hay mujeres que pasaron por aquel adoctrinamiento y hoy se sienten libres es, desde luego, a base de voluntad propia, un mucho de progreso y una pizca de olvido. “Desde luego la temática da para risa…”, dice Chiqui Fernández (Madrid, 1969), una de las niñas sobre el escenario en la obra de Andrés Sopeña.

Desde que el catedrático publicara aquella sátira de sus propios recuerdos han pasado 23 años; desde que la compañía vasca Tanttaka Teatroa estrenara la primera versión, 21; y desde la versión cinematográfica de Juan José Porto, 15. Tanttaka volvió el pasado año a poner la pieza en activo, bajo la dirección de Fernando Bernués y Mireia Gabilondo, y protagonizada por mujeres. A la adaptación de Kike Díaz de Rada no hubo que hacerle mucho: un fragmento de la 'Guía de la buena esposa' de Pilar Primo de Rivera por aquí, un poco del consultorio de la Francis por allá. La versión femenina ya estuvo en Barcelona, el País Vasco y distintos puntos de España el pasado año y ahora, una nueva (y conocida) hornada de actrices son el cartel en Madrid: África Gozalbes, Esperanza Elipe, Nuria González, Chiqui Fernández y Mariola Fuentes.

El resultado es, si cabe, más hilarante y surrealista para ese público que se sienta a verlo sin haberlo sufrido; más nostálgico y hacedor de suspiros para quien le tocó ocupar aquellos pupitres y cantar “a la escuela / que ya es hora, / sin demora / vamos pues. / Nos lo exige, / nos lo manda, / la voz santa del deber”. Chiqui Fernández entona rápido, recordando la letra, sobre un escenario con todas las luces encendidas y un patio de butacas vacío, a su lado, la directora, Mireia Gabilondo, la sigue en el canturreo. Ambas están de acuerdo en una premisa esencial: es el pasado inmediato, sí, sobre todo para quien tiene más de 55 años. “Convertido en un recuerdo del que puedes reírte, acaba siendo como una catarsis… ahora si lo miras con distancia dices ‘¿cómo puede ser que eso pasara?’. Pues pasaba”.

Esta revisitación a aquella escuela de posguerra es, según Gabilondo, un éxito sobre todo sociológico: “Somos lo que somos porque vivimos lo que vivimos, al menos en parte”. La actriz, que cabecea a las palabras de Gabilondo, asegura que, tras leer este libreto, entendió un poco mejor a su madre. Ambas reconocen que en aquel momento, cuando ir a la escuela ya era “horrible” de por sí, hacerlo siendo niña era todavía peor: “Solo por haber nacido niñas éramos ciudadanas de segunda. Y todavía sigue pasando, habría que revisitar muchas otras cosas”.

Y recordarlas. “Cuando no haya ya nada que luchar entonces vale, se podrá dejar algo más lejos el pasado, pero por el momento hay que seguir recordando para que no vuelva a ocurrir”, explica Fernández, que se queda pensando. “Mira, voy a poner un ejemplo, todavía, entre la gente joven, ellas quieren agradar sexualmente al hombre porque creen que eso les da valor”. Cada vez más temprano, la hipersexualización entra como un torrente. Niñas de 12, 10, a veces ocho años, adiestradas bajo el bombardeo publicitario y las redes sociales para posar, y no precisamente saltando en un charco. Labios pintados, ojos entornados, pelo milimétricamente colocado. “Seguimos un poco perdidos”, apostilla Gabilondo.

Aunque ahora sea en otra dirección. Prólogo y epílogo de la obra están enfocados a apuntar que sí, que han cambiado (mucho) las cosas, y a la vez, siguen siendo un poco como eran. “En España, cada ocho horas se viola a una mujer”, recuerda Fernández, haciendo alusión a los datos sobre violencia de género y machismo que se dan al final de la obra. “Nunca hemos tenido una presidenta de Gobierno. Nuestra actual reina dejó de trabajar. Es un poco todo en general”, añade la directora.

Esa generalidad, desde el arte y lo lúdico, se puede cambiar. O intentarlo, al menos. Los discursos culturales tienen no solo peso sino cierta responsabilidad social. A Fernández, si algo le gusta, es la facilidad de seguir adelante y de perdonar que se ve en la obra y que tienen las niñas (los niños también, claro). “Se dicen cosas brutales, pero pasan dos minutos y lo han olvidado”. Algo que cuesta más cuando la ofensa, la reprimenda o el ataque no viene de un igual sino desde arriba. La actriz, mano en mentón, codo en pupitre, dice: “Mi paso por el colegio fue una mierda”. Sin paños calientes. Se sintió vejada y humillada por las monjas, se aburría, suspendía, pensaba en historias que no tenían nada que ver con el encerado… “Recuerdo un vídeo sobre el aborto que me dejó tocada. Fue absolutamente terrible, y aunque yo estoy totalmente a favor, a mí me costaría hacerlo. Y es por aquella educación que tuve”.

Aquellos años de reglazos en las manos, brazos en cruz aguantando libros, instrucciones para ser la sumisa perfecta y gritos secos para llamar al orden a cualquiera que osara mostrar la más mínima libertad de pensamiento, palabra, obra y omisión, todavía dan sus coletazos, solo hay que echar un vistazo rápido a lo que nos rodea, España y extramuros, aunque haga tiempo que aquellas rigideces pasaran a formar parte del sarcasmo cultural.

domingo, 12 de febrero de 2017

#hemeroteca #mujeres #franquismo | Muere el escritor que inventó el mítico consultorio de Elena Francis


Imagen: El Español
Muere el escritor que inventó el mítico consultorio de Elena Francis.
Juan Soto Viñolo, guionista durante 14 años del famoso programa, falleció a los 83 años en Tarragona.
Crónica Global, El Español, 2017-02-12
http://cronicaglobal.elespanol.com/creacion/muere-el-escritor-que-invento-a-la-mitica-elena-francis_68016_102.html

El periodista y escritor barcelonés Juan Soto Viñolo, guionista durante 14 años del famoso y ya desaparecido consultorio radiofónico de "Elena Francis", falleció ayer sábado en el Hospital del Vendrell, de Tarragona, a los 83 años.

Durante 14 años, de 1966 a 1984, Soto fue el autor de todos los textos de un programa dedicado exclusivamente al público fenemino y que, primero, desde Radio Barcelona y, después, desde Radio Peninsular y Radio Intercontinenral se convirtió en todo un fenómeno sociológico en la España del franquismo. Algunos de esos consejos perpetuaban la imagen de la mujer sumisa de aquella época.

La reconocible sintonía de "Elena Francis" fue la música de fondo de las tardes de muchos hogares españoles, donde mujeres de todas las edades atendían durante treinta minutos a los conservadores consejos sentimentales, domésticos y de belleza que, atendiendo a las cartas de los oyentes, redactaba Juan Soto Viñolo y leía con voz aterciopelada la locutora Maruja Fernández, ya también fallecida.

Cuando el programa desapareció del dial, en enero del 84, el periodista catalán escribió el libro "Querida Elena Francis", en el que relataba casos curiosos y significativos de sus 14 años al frente de la redacción.

Juan Soto Viñolo inició su carrera como redactor en la emisora de Radio España de Barcelona en los años cuarenta, para incorporarse más tarde a la plantilla de Radio Nacional, trabajo que compartió con el de guionista del conocido programa.

Biógrafo
Además de esta faceta más conocida y de su labor como redactor y productor de numerosos programas informativos y culturales radiofónicos, en su amplio curriculum figura la autoría de varias biografías, como las de los toreros Manolete y Paquirri o de las artistas Lola Flores y Rocío Jurado, además de la obra "Los años 50: una historia sentimental de cuando España era diferente".

Otra de las múltiples ocupaciones periodísticas de Soto Viñolo fue la crítica de toros y de flamenco, labor que ejerció en periódicos catalanes como La Prensa, Solidaridad Nacional, Tele-Express y El Periódico de Catalunya, Televisión Española y revistas como El Ruedo, Jano y Aplausos.

Su sepelio se celebrará hoy domingo en la más estricta intimidad, por deseo expreso de sus familiares, entre las que se encuentra su hija Verónica, también periodista.

martes, 4 de noviembre de 2014

#hemeroteca #mujeres #franquismo | Elena Francis, consejos para la mujer sumisa

Elena Francis, consejos para la mujer sumisa
Durante 36 años su consultorio diseñó a la mujer, madre y esposa del franquismo. Un estudio rememora la figura de la 'coach' sentimental más popular de la historia de España.
Rita Abundancia | S Moda, El País, 2014-11-04
http://smoda.elpais.com/articulos/elena-francis-consejos-para-la-mujer-sumisa/5510

Los consultorios sentimentales de antes hacían las veces de los psicólogos, coaches y sexólogos de ahora, incluso cuando hablar de sexo estaba mal visto o era casi pecado. De entre todos esos consejeros, en España, destacó Elena Francis, que durante 36 años y desde la radio recomendó a las mujeres abnegación, aguante, mirar para otro lado, hacer la vista gorda, tener paciencia, esperar a que las cosas cambiasen o sacrificarse por los hijos y la familia. El programa no fue sino la doctrina del régimen franquista disfrazada de consultorio sentimental, aunque llegó a sobrevivir al propio Franco –se emitió entre 1947 y 1984- y agonizó hasta su muerte, al negarse a actualizarse y seguir preconizando una moral de posguerra, cuando el destape, el divorcio, el feminismo y la lucha por la ley del aborto campaban a sus anchas por una España con prisas por sacudirse su pasado reciente.

Pura Sánchez, profesora de secundaria de lengua y literatura en el instituto Velázquez, de Sevilla, trabaja en un estudio ligado al equipo de investigación de la Universidad de esa misma ciudad, dentro del departamento de antropología social. El trabajo es una reflexión de la vida íntima de nuestras madres y abuelas a través del análisis de consultorios de radio y revistas femeninas. Pura espera que su investigación tenga éxito y se convierta, en el futuro, en libro. Leer las cartas que las mujeres de aquella época mandaban a Elena Francis con sus preguntas, ha sido una de las tareas de Sánchez para elaborar su estudio. Unas cartas a las que ella identifica con "mensajes de náufragos en una botella" y que describen un panorama de amas de casa solas, relegadas al hogar y a las tareas domésticas y con poca conexión con el mundo. “Es cuando la mujer sale a trabajar cuando empieza a interactuar con otras congéneres, a contarle sus problemas y a compararse con ellas. En los primeros años de la posguerra el lugar de las féminas estaba en casa y su relación con el mundo era bajo el acompañamiento de sus maridos”, cuenta Sánchez, “por eso muchas recurrían al consultorio de la doctora Francis, porque no tenían a nadie a quién contarle sus inquietudes, o porque éstas eran tan graves que temían ser estigmatizadas por ello”.

El gran engaño: Elena era un cura (y un psicólogo)
En el año 1982, cuando el programa todavía se oía en la radio, Gerard Imbert, actualmente catedrático de comunicación audiovisual en la Universidad Carlos III, de Madrid, destapó en su libro “Elena Francis, un consultorio para la transición” (Península) el gran engaño. El alma y cuerpo del consultorio no existía, era todo un montaje que el Instituto de Belleza Francis, con sede en Barcelona, se había inventado para hacer publicidad de sus productos. Doña Elena era un ser ficticio y las cartas las contestaba un equipo de asesores, entre los que se encontraban un cura y un psicólogo. Más tarde, a partir del año 66, los guiones del programa, que se basaban enteramente en la correspondencia, se le encargaron al periodista y crítico de toros Juan Soto Viñolo. Diversos nombres prestaron su voz al personaje irreal y, entre ellos, Maruja Fernández, actriz de doblaje y locutora –dobló a Anna Magnani, entre otras estrellas– fue la más emblemática. Lo único que era verdad eran las 20.000 cartas que llegaban cada mes al Instituto de Belleza Francis, procedentes de toda España.

El escándalo que siguió a la publicación del libro de Imbert fue tapado por el programa, que emitió un comunicado afirmando que “Elena Francis existe, es un ente físico. Se trata de una señora muy digna, muy preparada y muy amante de su intimidad, que tendrá en la actualidad entre 68 y 70 años. No es posible hablar con ella porque sigue una norma estricta de no conceder entrevistas ni aparecer en público".

La homosexualidad según Francis: "un trastorno que las esposas podían remediar"
Según Gerard Imbert, “lo que en un principio se concibió como un consultorio de belleza para promocionar los cosméticos de la marca, luego se transformó en un confesionario, aunque en el programa cabía de todo. Se hablaba de temas domésticos, del cuidado de la casa, de moda, de cocina”. Las preguntas iban desde cómo sacar un chicle pegado a una colcha de terlenka hasta cómo preparar un bacalao al pil-pil. “Una vez una chica preguntó cómo se colocaban las cosas en la nevera”, cuenta Imbert, que en su libro recoge preguntas curiosas de las oyentes, como si los besos de amor eran malos. El sexo era tema tabú, aunque indirectamente se aludía a él, en el ámbito de las relaciones marido-mujer. La obra de Gerard incluye también la cuestión de una niña de 12 años, que se atreve a preguntar las reglas de la actividad sexual, a lo que Elena Francis responde, “ligada a esta actividad está la función más importante de la mujer, que es la maternidad”.

En otra ocasión, la experta hace una disertación sobre en qué lugar de la cama debe dormir la mujer casada. A una chica, que sale con un novio más bajo que ella y que le prohíbe llevar tacones, la anima a que no se haga muchas ilusiones, “yo, francamente, no le veo para ti”; mientras a una mujer que comprueba que su marido es homosexual y va a bares de gays le aconseja “no hacer demasiado caso de los rumores. Compórtese como si no hubiera ocurrido nada, con el fin de que su esposo recobre la confianza perdida. Extreme sus atenciones pero sin que él advierta nada. Cree un grato ambiente en la casa para que él no sienta la necesidad de salir”. Aunque en otros casos de homosexualidad, doña Elena opina que lo mejor es acudir al médico para que le cure el ‘trastorno’. En cuestiones de embarazos prematrimoniales la experta es tajante y “la falta” o “el fallo”, es siempre culpa exclusiva de la mujer. “Siendo tú la responsable” o “tu enorme equivocación”, son expresiones habituales.

La mujer abnegada y atada al matrimonio
Según Gerard Imbert, “la filosofía del programa era la de proponer un modelo de mujer abnegada, sufridora, entregada enteramente al hogar y capaz de cualquier cosa con tal de salvar la unidad familiar. Infidelidades, malos tratos, alcoholismo… Todo había que soportarlo por el bien de los hijos y su futuro”. “El matrimonio era un contrato en el que el hombre podía romper todas las reglas pero la mujer ninguna”, comenta Pura Sánchez.

A lo largo de sus 36 años de vida en antena, el consultorio adoptó diversos formatos y tiempos de duración, que oscilaron entre 30 minutos y una hora. Se ponían canciones dedicadas, se leían autobiografías o vidas de santos, como modelos a imitar, pero el cuerpo principal del programa consistía en leer las preguntas de las oyentes y darles consejo. Algunas cartas, si así se solicitaba, eran contestadas por correo, lo que servía como confirmación de que doña Francis existía y no era una mera leyenda. Según Imbert, “el formato del programa cumplía también una función que subrayaba la ideología del mismo. Todo estaba muy regulado, la música, la lectura de la pregunta planteada por la oyente, un breve paréntesis amenizado por una melodía, en el que pareciera que doña Francis estaba pensando la respuesta y el comentario. Era como un ritual, una misa. La voz que daba vida al personaje era también cuidadosamente elegida. Debía ser grave, con un cierto tono entre autoritario y maternal, porque había muchas Elenas Francis encerradas en una: la amiga, confidente, directora espiritual; pero también la censora, la juez, la represora. Todo estaba empapado de grandes dosis de maternalismo”.

La ranciedad de los consultorios de la época
Escuchar alguno de aquellos programas puede ser hoy un viaje al surrealismo mágico de la época, pero en realidad casi todos los consultorios para mujeres destilaban el mismo olor rancio y denigratorio para el sexo femenino. Un reciente programa de RNE sobre el tema que nos ocupa, titulado “Elena Francis, el consultorio de la mujer sumisa”, recuerda como existían muchos espacios femeninos, en las ondas o en las revistas, de corte similar. En uno de ellos, “Carta de España”, en la radio, la condesa de Quintanilla, que luego sería la condesa de Romanones –la misma que escribió un libro diciendo que había sido espía de los servicios secretos estadounidenses–, respondía a la pregunta de ¿qué cualidades busca la mujer en un hombre?. “Yo creo que busca las que ella no tiene, que sea muy equilibrado, porque las mujeres somos muy emotivas y menos equilibradas. Necesitamos ver que el hombre supera, muchas veces, las cosas que nos faltan a nosotras”, argumentaba la condesa, norteamericana de origen y española de matrimonio, que sintonizó muy bien con el modelo femenino franquista.

“De mujer a mujer” fue otro programa de RNE, en el que la señorita Teresa, llegada de la ciudad, daba consejos de higiene a las habitantes de un pequeño pueblo. Espacios pensados para ellas, pero que también escuchaban muchos hombres, especialmente taxistas, mecánicos y tenderos. Cualquiera que tuviera una ocupación que pudiera desempeñarla al mismo tiempo que oía la radio.

En 1961 las cortes franquistas aprueban la Ley de Derechos Políticos, Profesionales y de Trabajo de la mujer. Según Pura Sánchez, “el régimen se había apuntado al desarrollo económico y quería pasar de la época del autoabastecimiento a la del fomento del consumo. Necesitaba, por tanto, que las mujeres se pusieran a trabajar para impulsar la economía y para convertirse en potenciales consumidoras, que luego compraran un frigorífico o una lavadora. Era una nueva filosofía, contraria a la de la posguerra, que propició la vuelta de las mujeres al hogar y demonizó a las republicanas, como integrantes de la clase obrera”. Claro que este nuevo papel de la mujer necesitaría también de una nueva moral, pero no fue así. Como cuenta el programa de RNE, “años después de la aprobación de la ley, en 1966, Pilar Primo de Rivera, la delegada nacional de la Sección Femenina de La Falange, aclaraba en la radio: ‘el principal papel de la sección femenina es que la mujer se centre. Porque, indudablemente, en estos momentos la mujer tiene que trabajar, tiene que estudiar, pero por encima de todas estas cosas, lo primero para una mujer casada es la vida familiar, de matrimonio y el cuidado de los niños. Una mujer no puede desentenderse de la educación y el cuidado de sus hijos, de ser una compañera y amiga de su marido. Que si tiene que trabajar, tiene que trabajar, pero sin perder lo primordial, que es esto”.

Ciertamente era difícil centrarse, cuando por una parte debías ser moderna y ponerte a la altura de otros países -España, por aquel entonces, tenía el índice más bajo de Europa de mujeres trabajadoras- y por otra, seguir siendo la abnegada esposa, cuya principal misión era llevar el timón del hogar. Pero el consultorio de Elena Francis no cambió en casi nada su ideología. Según Pura Sánchez, “si abrió la mano algo con la ley del divorcio. Aquí la señora Francis aconsejaba primero resignación, luego irse a casa de la madre y, finalmente, si la cosa estaba muy mal, el divorcio. Pero seguía el discurso del temor de dios y el chantaje emocional con los hijos. También es verdad que con el tiempo, los casos de homosexualidad o alcoholismo, se veían más desde un prisma científico y médico y se trataba a los esposos con estas “dolencias”, como enfermos a los que había que curar. Y, por supuesto, el sexo seguía siendo tema tabú”.

Como cuenta el programa de RNE, los últimos años de emisión del consultorio dejaban traslucir ya el cambio social. Algunas oyentes se interesaban por la obra de Albert Camus; otras pedían la receta del pollo al chilindrón y muchas seguían firmando sus cartas con pseudónimos como “una desgraciada”, “una mujer que sufre”, “una esclava del amor”, “una despechada”, “una víctima de su propio error” o “una pecadora arrepentida”.

ENLACES
Wikipedia | Consultorio de Elena Francis

http://es.wikipedia.org/wiki/Consultorio_de_Elena_Francis
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DOCUMENTACIÓN
Elena Francis, el consultorio de la mujer sumisa

El consultorio de Elena Francis, que estuvo en antena entre 1947 y 1984, fue uno de los espacios más populares de la radio española durante el franquismo.
[Audios] RTVE | Documentos RNE , 2014-07-31
http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/documentos-rne-elena-francis-consultorio-mujer-sumisa-31-07-14/1746194/
[Audio] "Mi querida doña Elena"
Ángeles Afuera | Cadena SER, 2013-10-01
http://cadenaser.com/ser/2013/10/01/audios/1380593614_660215.html 
El consultorio de Elena Francis
El Medio Sonoro, 2009-02-27
http://elmediosonoro.blogspot.com.es/2009/02/el-consultorio-de-elena-francis.html
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LIBROS
Cinematergrafía : la madre en el cine y la literatura de la democracia / María José Gámez Fuentes ; prefacio de Chris Perriam
Ellago [etc.], Castellón : D.L.2004

Biblioteca UPV/EHU
http://millennium.ehu.es/record=b1461935~S1*spi
Elena Francis, un consultorio para la Transición : contribución al estudio de los simulacros de masas / Gérard Imbert
Península, Barcelona : 1982
Biblioteca UPV/EHU

http://millennium.ehu.es/record=b1200973~S1*spi
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ARTÍCULOS
Los concursos y consultorios, géneros radiofónicos para el entretenimiento / Susana Herrera Damas, Enrique Riera Castellano

En: La ética y el derecho en la producción y el consumo del entretenimiento, 2006 [ ISBN 9788461131846], p. 269-281
TEXTO COMPLETO | Dialnet
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2339668