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miércoles, 29 de diciembre de 2021

#hemeroteca #feminismo | Un año de crisis, luchas y debates feministas

ctxt / Manifestación 8M, 2019 //

Un año de crisis, luchas y debates feministas.

Las polémicas dentro del feminismo se han polarizado como nunca. De un lado, posiciones esencialistas que dejan de lado a las migrantes, precarias y diversas. Del otro, quienes pretenden construir alianzas.
Josefina L. Martínez | ctxt, 2021-12-29
https://ctxt.es/es/20220101/Firmas/38282/crisis-feministas-2021-polemicas-josefina-martinez.htm 

Este año nos hemos enfrentado a una crisis de múltiples dimensiones. Para las mujeres de todo el planeta, la pandemia significó un incremento de los agravios cotidianos. Mientras como trabajadoras esenciales resistían en la “primera línea” de trabajos precarios y mal pagados, y organizaban huelgas o protestas, en los hogares asumían el peso de una renovada crisis de la reproducción social. Con su afán de ganancias rápidas, el capitalismo destruye sus propias condiciones de reproducción a largo plazo, mediante un conjunto de procesos socio y eco destructivos que llevan al agotamiento de recursos y la multiplicación de catástrofes.

Todo indica que esta pandemia, que pensábamos despedir en 2021, nos acompañará más tiempo. No se trata de un virus infalible, sino de la irracionalidad de un sistema que prioriza las ganancias de unos pocos por encima de la vida de millones. Las grandes farmacéuticas aumentaron sus beneficios un 66% el último año gracias a las vacunas, mientras decenas de países africanos no han superado el 10% de vacunación –ómicron está ahí para recordarlo–. La liberación de las patentes es una demanda que se explica por sí misma, pero está bloqueada por los Estados más ricos y las multinacionales. Como escribimos en otra ocasión, la pandemia generó una acumulación de ultrajes y desigualdades para los sectores más precarios de la clase trabajadora, las mujeres, las migrantes y la juventud. El virus no ha sido igual para todos. La fortuna personal de Jeff Bezos supera ya los 210.000 millones de dólares mientras sus empleadas de Amazon en Alabama y Chicago luchan para poder organizar un sindicato.

Si miramos al sur, este 2021 arrancó unos días antes para las mujeres argentinas. El 29 de diciembre de 2020 el Congreso de Diputados aprobaba la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y miles festejaron en las calles. Así culminaba más de una década de protestas, encuentros masivos y movilizaciones. El triunfo de la marea verde por el derecho al aborto encendió la esperanza de las mujeres en el resto de América Latina. Tuve la suerte de estar allí, y contarlo en CTXT. Hace unas semanas, un muchacho rojipardo me quiso provocar en una charla: “¿Qué ha logrado el movimiento de mujeres con su movilización?”. Pensó que me ponía contra las cuerdas. “Mira Argentina, le respondí. Si a ti no te parece importante que las mujeres no tengan que morir por abortos clandestinos, no sé de qué hablamos.” De todos modos, sabemos que en esta sociedad ninguna conquista es duradera. Este 2021, las mujeres de Estados Unidos tuvieron que salir a movilizarse, porque en estados como Texas quieren volver a limitar el derecho al aborto. Otro tanto ocurre en Polonia, donde el Tribunal Supremo ha restringido de forma considerable el derecho al aborto.

En medio de esta crisis, se endurecen los discursos de una extrema derecha negacionista, xenófoba, machista y homófoba. Desde el Brasil de Bolsonaro a los ultras castizos de Vox, pasando por Milei en Argentina o los conservadores polacos. Los movimientos feministas, LGTBI y antirracistas son considerados una amenaza para su objetivo de recuperar el viejo orden y la familia patriarcal. La extrema derecha exacerba la homofobia, el racismo y la violencia contra las mujeres, pero estas forman parte del ADN del sistema capitalista patriarcal. Por eso no deberíamos perder de vista la trampa de aquellos discursos “progresistas” que llaman a poner freno a la derecha, pero sirven copas en la fiesta del capital. En todo caso, los debates en el feminismo también pasan por aquí. ¿Se trata de escalar posiciones en un mundo desigual o nos proponemos transformarlo todo?

Debates colectivos para un feminismo transformador
Sabemos que las polémicas en el interior del feminismo se han polarizado como nunca. De un lado, posiciones conservadoras, esencialistas y restrictivas que en nombre del “verdadero feminismo” dejan de lado las reivindicaciones de las mujeres migrantes, precarias y diversas. Del otro, quienes, aun con muchos matices, pretenden construir alianzas y luchas en común.

Pero este año también hemos visto interesantes debates y reflexiones para enriquecer las armas de un feminismo transformador. En noviembre, se celebró la IV Conferencia MarxFem de forma online desde Bilbao. Durante tres días, reconocidas feministas anticapitalistas, trabajadoras y activistas intercambiamos ideas acerca de la lucha contra el patriarcado, el racismo y el capitalismo. Silvia Federici, Nancy Fraser, Jule Goikoetxea, Tithi Bhattacharya, Lorena Cabnal, Elsa Dorlin, Frigga Haug, Ochi Curiel, entre otras. Tuve el gusto de participar en una mesa junto con Andrea D’Atri, Cynthia Burgueño, Diana Assunção, y Alejandra Decap de Pan y Rosas, donde compartimos ideas sobre feminismo y estrategias para la emancipación. La relación entre género, clase y racismo; el auge de la extrema derecha y cómo enfrentarla; la crisis de la reproducción social y la polémica sobre identidades y clase obrera.

La filósofa y activista feminista vasca Jule Goikoetxea fue parte de la organización del evento este año. Nos contó que la participación superó las expectativas iniciales, con más de 600 personas de diferentes países en algunos de los plenarios. “Se ha podido ver que no estamos de acuerdo en todo y que aun así estamos en la misma trinchera. Hemos conseguido poner en primera línea las diversas prácticas y críticas provenientes tanto de dentro como de fuera del feminismo marxista donde diversas escuelas filosóficas y políticas tienen cabida”, señaló.

“Hemos tenido debates teóricos desde la interseccionalidad o la imbricación en diversos ámbitos, como el valor, el Estado, el derecho, el sujeto, el cuidado, la producción y la reproducción social. Aquí tuvimos propuestas en torno a nuevas organizaciones y repertorios de lucha y protesta. Hubo, por otro lado, casos de estudio concretos, ejemplos de lucha, resistencia y organización que incluyeron no solo las diversas huelgas feministas en el norte y el sur global, sino resistencias locales y específicas en empresas, en internet, universidades y esfera pública”.

Por mi parte, abordé algunos aspectos de la Teoría de la Reproducción social, cuyo aporte más importante es poner el foco en la relación necesaria, pero contradictoria, entre los trabajos de cuidados en el hogar y la acumulación de capital. Una aproximación teórica que permite explicar el papel que desempeñan esas tareas del ámbito doméstico como parte esencial de la reproducción de la fuerza laboral. Desde la reposición de energías diarias de trabajadores y trabajadoras, al cuidado de las personas que están por fuera de la fuerza laboral activa (como ancianos, niños y enfermos) y el recambio generacional de la fuerza de trabajo. En este marco, propuse un contrapunto con la feminista norteamericana Nancy Fraser acerca del feminismo del 99% y la idea de formar un “bloque contrahegemónico”. Una formulación, que, si bien busca superar las divisiones entre la clase obrera y otros sectores oprimidos, a mi modo de ver termina en una política de suma cero si se canaliza por las vías institucionales de los “gobiernos progresistas”. En todo caso, los debates completos de la Conferencia Marx Fem se pueden ver en vídeo.

Por último, para recuperar otros debates colectivos en el feminismo este 2021, termino con una recomendación: 'Alianzas rebeldes. Un feminismo más allá de la identidad' (Bellaterra, 2021). Se trata de un libro “coral” de varias autoras: Clara Serra, Paloma Uría Ríos, Santiago Alba Rico, Cristina Garaizabal, Miquel Missé, Nuria Alabao y Mamen Briz, entre otras. Los matices y enfoques cambian en cada capítulo y algunos me resultaron más interesantes que otros, pero en conjunto son aportes muy buenos para problematizar posiciones que ciertos sectores conservadores del feminismo consideran “incuestionables”.

Como plantean en la introducción, una de las grandes apuestas del libro es “la crítica al poder punitivo” y por eso sus páginas “dan espacio a las voces que estos últimos años se han manifestado contra la incorporación por parte de algunos feminismos a la lógica del castigo.” Mientras que en la escena política han crecido las respuestas penales y punitivas, las autoras señalan: “Si el feminismo quiere ser una alternativa a las formas tradicionales y autoritarias del poder y a las amenazas de la ultraderecha no podrá serlo si no es renunciando a las recetas reaccionarias”.

El libro reúne textos que cuestionan “el auge de discursos puritanos y moralistas y frente a la instauración por parte de algunos feminismos de nuevas normatividades sexuales”. En este sentido, me gustó especialmente el artículo de Miquel Missé con una crítica fuerte a las perspectivas esencialistas y reduccionistas biologicistas, planteando al mismo tiempo algunas polémicas al interior del activismo trans. También los textos de Clara Serra y varias autoras, debatiendo sobre el punitivismo y el puritanismo del feminismo identitario. La última parte agrupa reflexiones sobre la precariedad laboral, el racismo institucional y la pobreza. Entre otros, destacan los textos de Nuria Alabao, que aborda estos temas desde un feminismo anticapitalista y de clase.

Para terminar este repaso del año en clave feminista, pensemos en tiempo futuro: falta muy poco para el 8M. Este año, vivimos con indignación la prohibición de las manifestaciones de mujeres por parte del gobierno “más progresista de la historia” que nos envió a la policía. ¿Cómo vamos a construir el 8M del 2022? Algunas pensamos que debería poner en el centro los reclamos pendientes de las que vienen peleando en primera línea, organizando huelgas y protestas contra la precariedad, la violencia laboral y el racismo institucional. Que este 8M sea un día de lucha por las limpiadoras, las trabajadoras del hogar, las cuidadoras, las jornaleras y las enfermeras, por las maestras y las cajeras del supermercado, por las Kellys, las limpiadoras del Museo Guggenheim y las del SAD, por todas ellas. Feliz nuevo año para todas y gracias por estar ahí.

Josefina L. Martínez. Periodista. Autora de 'No somos esclavas' (2021)

miércoles, 17 de febrero de 2021

#libros #feminismo | ¡No somos esclavas! : huelgas de mujeres trabajadoras, ayer y hoy

¡No somos esclavas! : huelgas de mujeres trabajadoras, ayer y hoy / Josefina L. Martínez ; ilustraciones de Emma Gascó.
Madrid : Libros y Rosas, 2021 [02-17] [Asociación Izquierda Diario].
220 p.

/ ES / Libros / Feminismo / Memoria histórica / Mujeres – Historia / Mujeres - Trabajo
📘 Ed. impresa: ISBN 9788409282043 / 18,00 €

[.es] La mañana del 11 de enero de 1912 el frío cortaba la respiración en Lawrence, Massachusetts. Antes de las 6 am, miles de bocas tragaron pequeños trozos de pan en cocinas oscuras; las mujeres alimentaron a los niños y se calzaron los abrigos para ir al trabajo. Ese día invernal, sin embargo, la tensión se transmitía en las miradas, en frases intercambiadas en diferentes lenguas, en rostros endurecidos. Las polacas fueron las primeras en salir a la huelga. 200 mujeres que al recibir la paga semanal y comprobar que les habían bajado el salario estallaron con furia y pararon la producción. Bajaron los brazos y al dejar caer hilos y agujas, condenaron a las máquinas a su impotencia de cacharros sin alma. Con ese gesto, iniciaron una lucha que iba a ser imparable, con más de 25.000 trabajadoras en huelga y una ciudad industrial paralizada por los piquetes. Una de las huelgas más importantes de la historia de la clase obrera en Estados Unidos fue protagonizada por decenas de miles de trabajadoras textiles, jóvenes, inmigrantes y precarias. Se desarrolló en Lawrence entre el 11 de enero y el 14 de marzo de 1912 y pasó a la historia como la huelga de Pan y Rosas.

Esta es una de las huelgas que Josefina L. Martínez recorre en la primera parte del libro “¡No somos esclavas! Huelgas de mujeres trabajadoras, ayer y hoy”. Un libro sobre las luchas de las mujeres, atravesadas por la clase y las migraciones. En otros capítulos, la autora recupera la historia de la Revuelta de las mujeres contra el aumento de los precios en Barcelona, Málaga y Alicante en 1918; las huelgas de las inquilinas en las primeras décadas del siglo XX, las jornadas de lucha de las obreras que iniciaron la Revolución rusa y otros conflictos importantes, pero menos conocidos, como la huelga que hicieron las trabajadoras textiles de Induyco contra el Corte Inglés, en Madrid y Cáceres en 1977 durante la Transición española, entre otras.

La segunda parte del libro pone el foco en "algunas luchas actuales de mujeres trabajadoras, en medio de una pandemia mundial que afecta a las mujeres migrantes y precarias: historias de mujeres en la primera línea". Desde el grito de las jornaleras contra los abusos y la explotación en los campos de la fresa, pasando por las protestas de las enfermeras y limpiadoras en los hospitales en Madrid o Nueva York. Las nuevas organizaciones de trabajadoras del hogar contra la esclavitud moderna y las huelgas salvajes de las jóvenes que desafían la explotación en las maquilas globales, así como las que defienden los recursos naturales de sus territorios de las multinacionales.

lunes, 17 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Contornos de un feminismo conservador

Imagen: ctxt / 8M 2017 en Madrid
Contornos de un feminismo conservador.
Las posiciones esencialistas pretenden excluir a las migrantes, a las precarias, a las racializadas, a las trans, y de tanto excluir a mujeres concretas, se quedan solas con su definición de mujer.
Josefina L. Martínez | ctxt, 2020-02-17
https://ctxt.es/es/20200203/Politica/31021/feminismo-trans-migrantes-precariedad-mujeres-historia-josefina-martinez.htm

El debate sobre el sujeto del feminismo ha estado presente en toda la historia del movimiento y en diferentes contextos se han delineado los contornos de un feminismo conservador, con una noción abstracta o esencialista de las mujeres, sin considerar las contradicciones de clase, el racismo, o la diversidad sexual. Hoy nos encontramos de nuevo con feministas que pretenden excluir a las migrantes, a las precarias, a las racializadas, a las trans, y que, de tanto excluir a mujeres concretas, se quedan solas con su definición de mujer.

¿Acaso no soy una mujer?
“¡Yo he arado, he sembrado y he cosechado en los graneros sin que ningún hombre pudiera ganarme! ¿Y acaso no soy una mujer? Podía trabajar como un hombre, y comer tanto como él cuando tenía la comida ¡y también soportar el látigo! ¿Y acaso no soy una mujer? He dado a luz a trece niños y he visto vender a la mayoría de ellos a la esclavitud. ¿Y acaso no soy una mujer?”.

Sojourner Truth, una mujer negra que había sido esclava, pronunció estas palabras en la conferencia sufragista de Ohio en 1851. Era su respuesta a quienes sostenían que las mujeres no podían votar porque eran el “sexo débil”. El discurso de Sojourner impugnaba ese modelo ya que sus brazos labraban y recibían tantos latigazos como los de sus compañeros. Pero su alegato apuntaba también a las mujeres blancas de clase media que buscaban limitar las reivindicaciones del movimiento sufragista, sin considerar los agravios de las trabajadoras y las esclavas.

En ‘Mujeres, raza y clase’, Angela Davis señala que el movimiento abolicionista de la esclavitud, el movimiento sufragista y las organizaciones sindicales tendieron a converger a comienzos del siglo XIX en Estados Unidos, algo potencialmente explosivo. Sin embargo, en tiempos de la Guerra Civil norteamericana, crecieron las posiciones excluyentes dentro del feminismo liberal hegemónico. Mientras algunos líderes del movimiento abolicionista mantuvieron posiciones misóginas, organizaciones del movimiento de mujeres como la Asociación Americana por el Sufragio de la Mujer (NAWSA) adoptaron posiciones racistas. Hasta allí podemos rastrear los antecedentes del ‘separatismo’ en el movimiento de mujeres, que devino en posiciones reaccionarias.

A finales del siglo XIX, la cuestión de clase también delimitó corrientes enfrentadas en el feminismo sufragista en Inglaterra. Las Pankhurst (Emmeline y sus dos hijas, Christabel y Sylvia) eran las figuras más representativas del sufragismo radical, que había adoptado métodos de acción directa en las calles contra la represión del Estado. Lo que se conoce menos es que la madre y la hermana mayor terminaron expulsando a Sylvia Pankhurst de la WSPU (Unión Social y Política de las Mujeres). ¿El motivo? Sylvia y sus compañeras socialistas se dedicaban a organizar a las mujeres trabajadoras de las barriadas pobres del East End de Londres. Esto no era del agrado de quienes pensaban que las protestas de las trabajadoras contra la miseria social, las huelgas por igual salario o sus reclamos en las fábricas podían alejar a los políticos moderados de la causa del voto femenino. Sylvia Pankhurst escribió más tarde, seguramente pensando en su hermana: “Algunas dicen que las mujeres trabajadoras tienen unas vidas demasiado duras y su educación es tan escasa que les impide tener una voz poderosa a la hora de ganar el voto. Las personas que piensan así han olvidado su historia”.

Lo que aparecía primero como una diferencia sobre cuál era el sujeto del movimiento –las mujeres de clase media alta o las trabajadoras precarias– llevaría a profundas divergencias en las posiciones acerca del Estado y la guerra imperialista. Mientras Sylvia Pankhurst encabezó el movimiento de protesta de las mujeres obreras contra la guerra y apoyó la revolución rusa, Christabel y Emmeline promovieron campañas nacionalistas reaccionarias a favor del alistamiento en el ejército y en defensa del Estado imperialista. Una anécdota ilustra este giro conservador: como muestra de su patriotismo, rebautizaron el periódico de la WSPU, ‘The Suffragette’, que pasó a llamarse ‘Brittannia’.

Lo personal es político, pero la biología no es destino
Con la Segunda Ola del feminismo a fines de los sesenta se renovaron los debates al calor de las confluencias, desencuentros e intersecciones con el movimiento por los derechos civiles y el poder negro, los colectivos LGTB, las luchas antiimperialistas, las rebeliones obreras y las revueltas estudiantiles.

El feminismo logró instalar en el debate público la idea de que lo personal es político, desnaturalizando el orden sexual y visibilizando el trabajo de las mujeres en el hogar. En medio de una ebullición política de carácter antisistémico y antiestatal, la definición del patriarcado como exclusivo sistema o eje de dominación que afectaba a las mujeres, tal como definía el feminismo radical, fue cuestionado por múltiples feminismos. El feminismo socialista, los feminismos negros, el feminismo lésbico, los feminismos antimperialistas y otras corrientes disputaron sobre el sujeto del feminismo y las vías de emancipación.

Pero llegados los años ochenta, se producirá un nuevo giro conservador. Con el neoliberalismo se institucionaliza un feminismo liberal que prioriza el empoderamiento individual mientras ganan peso lo que algunas autoras denominan el feminismo cultural y el feminismo punitivo. Estas corrientes van a focalizar la opresión de las mujeres exclusivamente en el ámbito de la sexualidad, construyendo una falsa polaridad entre una sexualidad masculina esencialmente agresiva y depredadora frente a una supuesta naturaleza femenina asexuada y emocional, que condena a las mujeres a la victimización. Mediante un desplazamiento hacia planteamientos esencialistas y biologicistas, algunas feministas terminarán pensando la liberación femenina en oposición a la liberación sexual. El punitivismo, las campañas antipornografía y las mociones para engordar el código penal de feministas como Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon pasan a ocupar un lugar central, mientras el movimiento abandona las calles para centrarse en los tribunales. Paradójicamente, estos planteamientos tendían a confluir con los valores que promovía la New Right norteamericana en su lucha contra el feminismo, el aborto y los derechos de la diversidad sexual.

En ese contexto, se publica en 1979 el libro de Janice G. Raymond, ‘El imperio transexual: la creación de la mujer-varón’. Esta exmonja católica desarrolla una visión transfóbica que ha hecho escuela hasta hoy, llegando a afirmar que “los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir la verdadera forma femenina a un mero artefacto”.

¿Nos encontramos hoy ante un nuevo giro conservador en algunos sectores del movimiento de mujeres? Cuando leemos columnas de reconocidas feministas que lamentan que el 8M tome las reivindicaciones de las mujeres migrantes, de las trabajadoras, la diversidad sexual y las mujeres trans, todo indica que lo estamos presenciando. Cuando el debate acerca de la abolición de la prostitución se transforma en punta de lanza para polarizar y romper espacios de autoorganización, sin considerar que existen múltiples posiciones en el movimiento de mujeres, que no se reducen a dos campos enfrentados, esta intuición se comprueba. Y cuando desde el nuevo Gobierno se promueve incrementar las penas del código penal para delitos de violencia de género, pero no se piensa derogar la ley de extranjería, ni cerrar los CIEs, ni terminar con las reformas laborales que precarizan a las mujeres, o separar la Iglesia del Estado, solo se refuerzan los contornos de este giro conservador.

Aun así, este 8M volvemos a movilizarnos, porque las trabajadoras, las migrantes, las trans y las mujeres precarias también decimos: ¿acaso yo no soy una mujer?