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viernes, 16 de junio de 2023

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Mari Carmen y su muñecos a los 80 años: así fue su triste historia de desamor y por qué su hijo fue el único hombre de su vida

El Mundo / Manuel Almanzor y Mari Carmen //

Muere Mari Carmen y su muñecos a los 80 años: así fue su triste historia de desamor y por qué su hijo fue el único hombre de su vida

Juanra López | Mujer Hoy, 2023-06-16

https://www.mujerhoy.com/celebrities/muere-mari-carmen-munecos-caida-tragedia-desamor-divorcio-unico-hijo-20230616080843-nt.html 

La muerte de Mari Carmen y sus muñecos, ha causado una gran conmoción. La conocida ventrílocua ha fallecido a los 80 años en Tenerife tras sufrir una caída Una noticia inesperada pues gozaba de una excelente salud y, según los que la conocían, de una gran memoria y una gran rapidez mental de la que ya había hecho gala en sus legendarios espectáculos.

Mari Carmen y sus muñecos (doña Rogelia, Daisy, el pato Nicol y el león Rodolfo) han dejado huérfana a toda una generación que creció con ella en televisión, en espectáculos, en programas de televisión. Muchos de esos espacios estaban producidos por José Luis Moreno, con quien mantuvo una larga relación profesional y amistosa. También fue durante años una estrella de la radio, donde formó un tándem infalible con Luis del Olmo.

Su última entrevista la concedía a Loc precisamente por su 80 cumpleaños y en ella desvelaba que se encontraba releyendo 'Los estudios sobre el amor' de Ortega y Gasset. Una afirmación que le servía para hacer un diagnóstico sobre su vida sentimental: «No tendría que haberme casado con el padre de mi hijo si hubiera hecho caso a Ortega y Gasset. Lo dejó muy claro: 'Son muy pocos los amados y muy pocos los amantes' y sigo diciendo que ni he amado, ni he sido amada, ni vosotros tampoco».

En la mencionada entrevista en Loc hacía referencia a la difícil situación que vive en la actualidad José Luis Moreno, pero sin pillarse los dedos: «Hablamos de vez en cuando. Conmigo siempre fue un caballero, un productor con el que hicimos grandes éxitos con audiencias geniales. No sé lo que ha hecho, pero desde luego no le hacía falta, ¿o quizás sí? Aunque el que esté libre de pecado... Yo no soy quien para juzgar a nadie, pero le deseo lo mejor».

Quién fue el marido de Mari Carmen y sus muñecos
El 19 de junio de 1980 se había casado por lo civil y un mes después por la iglesia, con Manuel Almanzor, hijo del que fuera representante del mítico boxeador Urtain. El 26 de enero de 1981 vino al mundo su hijo único, Miguel Manuel, pero su matrimonio no atravesaba su mejor momento y poco después se separaron. Aunque años más tarde llegaría la primera de sus reconciliaciones, en agosto de 1988. Estaban ya divorciados, pero decidieron darse una oportunidad, hasta que rompieron de nuevo en septiembre de 1992. No sería la última.

El gran amor de Mari Carmen fue su único hijo, de quien hablaba con enorme orgullo en una reciente entrevista publicada por Pronto: «Miguel es muy especial y tiene mucho talento. El problema es que, cuando uno vale para todo, es muy difícil elegir algo. Un día me sorprendió con un número con una gallina muy expresiva a la que dio un toque francés. Me hizo un show tremendo, me moría de la risa. Es muy creativo, pero está lejos del mundo del espectáculo».

El último adiós a Mari Carmen que deja huérfanos a doña Rogelia, Nicol, Daisy y Rodolfo
A propósito de sus amistades, debemos subrayar una vez más la de José Luis Moreno, con quien tuvo un pequeño affaire de juventud, que ella misma sintetizaba en algunos besos intercambiados, y también con José Manuel Parada, creador de Cine de Barrio, quien ayer manifestaba que su único hijo estaba destrozado y no podía casi ni hablar.

El periodista la despedía así en Instagram: «Mi muy querida Mary Carmen. Qué solos se quedan tus muñecos querida e inolvidable amiga y tu hijo Miguel. Todos te echaremos de menos. Yo muchísimo. Que placer haber trabajado contigo y qué pena no haber podido vernos en Canarias este sábado que yo grababa una tele en la isla de al lado a la tuya. Besos al cielo y tampoco me olvides como yo A TI. Solo me queda el consuelo de que te has ido sin sufrir».

A la espera de más detalles y después de ser encontrada muerta en su domicilio de Tenerife, según publicaba ayer Semana, solo podemos decir que se han quedado huérfanos y mudos sus entrañables muñecos, doña Rogelia, Daisy, Nikol y Rodolfo. Por suerte nos quedan las infinitas grabaciones que nos permitirán seguir disfrutando de su humor sagaz, a veces cáustico y de su inolvidable sonrisa. 
 

Y TAMBIÉN…
Mari Carmen y sus muñecos: su marido, su hijo y el gran patrimonio en el que invirtió
Luis Fernando Romo | El Mundo, 2023-06-16

https://www.elmundo.es/loc/famosos/2023/06/16/648c3ccde4d4d8bc198b45c0.html 

lunes, 25 de octubre de 2021

#hemeroteca #homosexualidad #vih #memoria | Rebecca Makkai: «Si vas a escribir desde una posición de privilegio, no hay margen de error»

Mujer Hoy / Manifestación de Act-Up en 1990 //

«Si vas a escribir desde una posición de privilegio, no hay margen de error»: Rebecca Makkai firma ‘Los optimistas’, una historia sobre la pandemia que tampoco ha acabado, el VIH.

‘Los optimistas’ (Sexto Piso) se mueve entre los 80, los años duros del sida, y un presente cercano. Es la historia de un grupo de amigos homosexuales y de una madre que busca a su hija. Pero también una reflexión sobre el mundo del arte, la autenticidad y quiénes consiguen contar sus historias.
Laura Caso | Mujer Hoy, 2021-10-25
https://www.mujerhoy.com/actualidad/nuevo-libro-pandemia-vih-sida-polemica-hombres-gays-los-optimistas-rebecca-makkai-20211025142610-nt.html 

¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que empecemos a contar historias con perspectiva sobre la crisis del COVID-19? ¿Serán los que fueron niños durante esta pandemia los que mejor puedan contarla? Rebecca Makkai nació en 1978 y tenía 9 años cuando el presidente de su país, Reagan, pronunció por primera vez en público el término 'AIDS', sida, seis años -nada más y nada menos- después de que se descubriera el virus. En 2018, cuando otra epidemia mundial aún era inimaginable, publicó ‘Los optimistas’, que en este 2021 se estrena traducido al español por la editorial Sexto Piso (trad. Aurora Echevarría) y se contempla, quizá, de una manera diferente.

‘Los optimistas’ comienza en 1985 con un grupo de amigos gays en Chicago, casi todos con trabajos intelectuales y en la treintena. Y empieza con Yale Tishman, un curador de arte, acudiendo al funeral de Nico: la epidemia se está cobrando vidas de hombres jóvenes a un ritmo alarmante, y cada diagnóstico es prácticamente una sentencia de muerte. Pero el libro viaja también al presente, treinta años también cuando Fionna, la hermana de Nico, trata de localizar a la hija con la que ha perdido toda relación desde que ésta, en su juventud, se uniera a una secta.

«No creo que la pandemia haya cambiado la manera en que pienso en mi libro pero sí creo que haberlo escrito, con toda la investigación que realicé, me ha dado un entendimiento diferente de la crisis: sobre cómo funciona el sistema de salud estadounidense, cómo los países trabajan juntos para atajar una crisis, cómo la gente confía o desconfía de la ciencia… Fue como un curso preparatorio», explicaba Rebecca Makkai a Mujerhoy un soleado día de octubre en Madrid.

P. En tu opinión, ¿existen paralelismos entre ambas crisis sanitarias?

R. En aquel momento hubo mucha desinformación porque no se cubrió en los medios y el gobierno no hablaba de ello. Ronald Reagan no pronunció públicamente la palabra 'sida' (aids, en inglés) hasta 1987, y la enfermedad se descubrió en 1981. Hubo mucho silencio y desconocimiento. No se investigaba apenas porque no había dinero. Y es interesante porque ahora ha sido al contrario: hay amplia cobertura mediática, se ha invertido mucho dinero y aún así mucha gente no se fía de lo que dicen las autoridades o la ciencia.

P. Se habló mucho de que las emergencias sanitarias como esta «nos igualan a todos», pero una vez más hemos comprobado como eso no es cierto. Las personas con menos recursos vuelven a ser las que más sufren, y esto ya había ocurrido con la pandemia del VIH...


R. Esto es especialmente cierto en un país como Estados Unidos, con un sistema de salud tan injusto… Si no tienes seguro no puedes conseguir tratamientos que cuestan miles y miles de dólares. Seguimos teniendo personas con VIH (1,1 millones en EE.UU.), muchas son infecciones nuevas y gran parte de ellas son gente que no lo sabía, que no tiene acceso a medicación o que, aún teniéndolo, no pueden tomarlo todos los días o renovar sus recetas.

Existe la idea de que el VIH es algo acabado. Y sí, es una condición con la que se puede vivir en países con sistemas públicos excelentes y si no se tienen otras patologías, pero la gran parte de las nuevas infecciones no se producen en esa situación. En lugares como Sudáfrica o India la enfermedad golpea especialmente a las personas con menos recursos.

P. Hace poco ha habido dos pequeños fenómenos audiovisuales que rememoran, como ‘Los optimistas’, los años más duros de la pandemia del VIH: las series Pose y It's a sin. ¿Crees que estas historias están surgiendo porque sus creadores las vivieron cuando eran niños o jóvenes y quedaron muy marcados por ello?


R. Nací en 1978. Cuando el libro comienza, yo tenía solo 7 años, pero el VIH era un tema que me fascinaba y estaba muy preocupada. Creo que sí, que las novelas y las series que ahora están surgiendo tienden a tener detrás a gente de mi generación, gente que empezó a ser consciente del mundo cuando el mundo estaba sumido en esta crisis. Los que eran adultos en aquel momento quizá la vivieron pensando «bueno, es otra crisis, las crisis van y vienen», pero para un niño esta enfermedad lo era todo. Y si lo piensas, era así: murieron decenas de millones de personas.

Es un momento muy interesante, porque hay muchos creadores de esa generación que lo vivieron, jóvenes que no saben casi nada al respecto y personas que sobrevivieron, tienen 70 u 80 años y es la oportunidad para contar sus historias.

P. Casi podemos hablar de una generación desaparecida, que en el caso de las guerras, por ejemplo, sí que se recuerda y se rememora así, pero no existe esa consideración histórica y social en lo referente a aquellos años del VIH.

R. En el mundo del arte sí que hay ese sentido de pérdida y, por supuesto, entre los que vieron morir a sus seres queridos. Pero hay mucho olvido porque hubo mucho silencio: personas que murieron con la enfermedad que no querían que se supiera, o a veces eran sus familias. No hay una lista con todos los nombres, al estilo de la I Guerra Mundial.

P. Es una novela muy coral y compleja, hay muchos personajes que además comparten tantas características que podría haber sido una tentación caer en los estereotipos: hombres treintañeros, urbanitas, con profesiones liberales, gays...

R. Gran parte de la investigación consistió en entrevistar a gente que vivió aquellos años, y eso me proporcionó muchísimos detalles, detalles psicológicos también. A mí me criaron profesores, así que tiendo a escribir sobre intelectuales. Manejar tantos personajes era todo un reto, porque la novela no puede ser eterna. No podía hablar de todos los tipos de personas que sufrieron aquellos años: gente con drogadicción y vih, mujeres con vih... Necesitaba quedarme con un grupo de amigos y ser realista con cómo de diverso podía ser ese grupo en esa época: no ibas a tener a una persona de cada etnia, etc. Pero dentro de esos límites quería toda la variedad posible.

P. Ahora que mencionas a mujeres, también tienen un peso importante en la novela, especialmente como cuidadoras...

R. Sí, en la novela, al final las mujeres son las que cuidan. Está Fionna, que al principio del libro pierde a su hermano por la enfermedad, y hay dos personajes más secundarios, una pareja de lesbianas. Lo que aprendí es que aquellos hombres gays tenían muchas amigas y, cuando enfermaban, el resto de sus amigos o estaban también enfermos o no podían hacerse cargo y eran las mujeres las que estaban ahí. La comunidad lesbiana estuvo realmente a la altura en ese momento histórico. Hasta entonces, las comunidades gay y lesbiana no se habían llevado muy bien, sentían que no tenían nada en común, pero en esta crisis ellas se involucraron de verdad, cuidando y también apoyando desde el activismo.

P. Si uno se deja llevar por la temática o la sinopsis, ‘Los optimistas’ puede dar la sensación de ser una novela en la que no se para de llorar. Pero hay mucho humor, hay tramas casi de thriller, hay ternura...

R. Cuando la gente me pregunta, siempre digo que es un libro triste, no deprimente. Nadie puede vivir en un estado de crisis durante una década. A medida que me informaba más y más sobre este periodo y hablaba con quienes lo vivieron, entendí que era lo más realista.

Sigues teniendo sentido del humor, te sigues divirtiendo. Buscaba la textura de la realidad, y pasan muchas otras cosas que no tienen nada que ver con el VIH. El trabajo de Yale, rupturas, enamoramientos… Esto me permitió llevar alegría y sentido del humor al libro.

P. Además de muchos personajes, la estructura se complica manejando dos líneas temporales. ¿Planteaste así la novela desde el principio?


R. Empecé escribiendo solo desde el punto de vista de Yale y solo en los 80. Avancé 100 páginas, pero cambié de opinión por dos razones. La primera es que estaba preocupada por la cuestión de la apropiación: escribiendo desde el punto de vista de un hombre gay sentía que estaba ejerciendo de ventrílocua. Al meter otro personaje más parecido a mí podía alejarme más como autora. La otra razón es que cuando hablé con supervivientes me fascinó cómo hablaban de la memoria. Un montón de gente hablaba de que no se acordaba de nada porque había estado bebiendo mucho para soportar la situación. Esta cuestión del tiempo se convirtió en algo muy interesante: qué pasa con los que sobreviven. No hubiera podido incluir nada de eso si me hubiera quedado en la misma época.

P. No es comparable por muchas cuestiones, pero con el coronavirus hemos vuelto a vivir la enfermedad asociada a un castigo moral: parece que quien se contagia es, necesariamente, culpable. En el caso del VIH, esta vinculación era tremenda y muy dolorosa, y décadas después parece que no hemos aprendido...

R. En aquel momento, líderes religiosos y políticos dijeron públicamente que esto era un castigo divino, que Dios estaba limpiando la Tierra. Un político muy cercano a Reagan llegó a proponer que se hicieran tests a toda la población y que se marcara a los contagiados. Otro propuso mandar a todos los homosexuales a una isla... Los hombres gays de esa generación se habían criado en el armario. La mayoría fueron educados en la vergüenza. Y que esto ocurriera justo cuando eran adultos y libres les llevó a pensar a muchos: mi párroco tenía razón, mi madre tenía razón...

Tuve un conflicto mientras escribía. Mucha gente me había recalcado lo tóxico que es intentar trazar quién se lo ha transmitido a quién, pero como novelista necesitaba que hubiera causa y efecto. Me daba la sensación de que cada elección que tomaba era, de alguna manera, un juicio moral: si un personaje promiscuo contrae el virus iba a parecer que yo estaba dando a entender que la causa era su promiscuidad. Si se trataba de alguien muy cuidadoso, podía dar la sensación de que quería decir: «da igual lo que hagas, estás jodido».

Me di cuenta de que, como escritora, no podía solucionar ese problema, y tampoco podía evitarlo. Así que se lo pasé a mis personajes, que ellos fueran los que lo experimentaran, porque así era en la vida real.

P. Antes hablabas de tu preocupación por la apropiación al escribir una historia sobre un colectivo al que no perteneces. No sé si te has enterado de la reciente polémica sobre el Premio Planeta, Carmen Mola y los tres hombres tras el pseudónimo...

R. ¡Sí! He escuchado mucho hablar de ello... ¡Vaya escándalo!

P. A muchas personas les ha molestado enormemente que, teniendo en cuenta un contexto histórico en el que muchas mujeres han tenido que publicar con pseudónimos y una industria que sigue publicando a menos mujeres que hombres, tres escritores utilicen el nombre de una mujer para firmar. ¿Cuál es tu opinión?

R. Nadie dice que no puedas escribir sobre ciertos temas, no te vamos a cancelar, pero si vas a hacerlo, si vas a escribir desde una posición de privilegio, no hay margen de error. Y, sobre todo, ¡hay que ser honesto! Otra cosa que me pregunto es... ¿Cómo se escribe un libro entre tres personas?

lunes, 23 de noviembre de 2020

#hemeroteca #memoria | Por qué solo Martes y Trece se atrevieron a hablar de la relación secreta entre Isabel Pantoja y Encarna Sánchez

Imagen: Mujer Hoy / Mila Ximénez, Isabel Pantoja y Encarna Sánchez

Por qué solo Martes y Trece se atrevieron a hablar de la relación secreta entre Isabel Pantoja y Encarna Sánchez.

Isabel Pantoja y Encarna Sánchez fueron la pareja más comentada de los años 80, aunque nadie en aquel momento pudiera decir que eran mucho más que amigas. Solo dos personas se atrevieron a gritar a los cuatro vientos la realidad de su relación: los humoristas Martes y Trece.
Elena de los Ríos | Mujer Hoy, 2020-11-23
https://www.mujerhoy.com/celebrities/202011/23/por-que-isabel-pantoja-relacion-secreta-encarna-sanchez-20201118155605.html 

El caso Pantoja está en un punto de imprevisibilidad prácticamente total: ahora mismo es capaz de dirigirse hacia una larguísima pelea en tribunales o de apagarse mediáticamente sin más explicaciones que un nuevo pacto de silencio familiar. Una cosa sí está clara: las relaciones de IsabelPantoja con los hombres (Francisco Rivera 'Paquirri' y Julián Muñoz 'Cachuli') le han ocasionado quebraderos de cabeza económicos impensables en sus relaciones con las mujeres. Muñoz la llevó nada menos que a la cárcel, mientras que la memoria de Paquirri y sus herederos la está despedazando en televisión. Sin embargo, ni Encarna Sánchez ni María del Monte le han dado problemas que no fuera su propia decisión de ocultar su privacidad. Nadie se atrevió en los años 80 y 90 a hablar de las relaciones de la cantante con sus amigas. Solo dos humoristas: Martes y Trece.

Antes de que Millán Salcedo y Josema Yuste grabaran el sketch en el que parodiaban un viaje de vacaciones de Isabel Pantoja y Encarna Sánchez a Palma de Mallorca, los humoristas ya se habían metido en la piel de ambas divas con éxito. De hecho, en 1986 protagonizaron el que fue, probablemente, su sketch más famoso: las míticas empanadillas. Millán se caracterizó como 'Encarna de noche', trasunto de la rubia periodista que, ante el increíble éxito de la imitación, la celebró muchísimo. Con la Pantoja tenían una vieja amistad, pues hasta habían compartido gira. Tanto es así, que doña Ana, la madre de la cantante, les regaló un vestido suyo para que la imitación que hacían de madre e hija fuera de lo más realista. Estuvieron, por descontado, en la boda de Isabel y Paquirri.

Este factor es importante: Martes y Trece ya habían parodiado a ambas divas por separado, por lo que tampoco suponía una locura imitarlas juntas. Pero, además, Millán Salcedo y Josema Yuste eran prácticamente intocables: su enorme éxito al frente de los especiales de Nochevieja blindaba creativamente todos y cada uno de sus esperpentos. Durante una larga década fueron los humoristas estrella de la televisión, los únicos profesionales capaces de llegar a audiencias hoy imposibles del 75%, en los inicios, además. de la competencia de las televisiones privadas. Además, tuvieron siempre un cuidado exquisito para no traspasar límites que pudieran incomodar al espectador familiar. En su sketch, el hilo conductor de su especial Nochevieja de 1992, Pantoja y Sánchez se iban juntas de vacaciones, sin escenas fuera de tono ni referencias explícitas.

El humor de Martes y Trece siempre ha sido más absurdo que polémico. Solo a ellos se les puede ocurrir vestir a un botones de hotel (interpretado por un aniñado Dani Martín) con un mono color carne con botones cosidos. Sin embargo, a buen entendedor, palabras sobran. En su parodia, Isabel Pantoja aparece absolutamente infantilizada y dotada con muy pocas luces mientras que Encarna se presenta como la voz de la inteligencia y la razón. Josema Yuste interpreta a una Pantoja hiperfemenina y con voz extremadamente aguda, mientras que Millán Salcedo recurre a una voz tan masculina, que el botones contesta a Encarna 'sí señor'. Esa masculinización enfureció a la estrella de la radio. Las palabras prohibidas no se pronunciaban de ninguna manera en aquella época al respecto de Pantoja y Encarna, pero de alguna manera se rompió un tabú.

Encarna Sánchez trató por todos los medios de que el especial no se grabara o no se emitiera: amenazó con destruirles si seguían adelante y llegó a pedir auxilio a sus contactos en el gobierno. Telefoneaba todos los días al hotel donde se realizaba la grabación hecha un basilisco. En sus memorias, Millán Salcedo recuerda que una vez cogió su llamada y Encarna “juró al más puro estilo camionero y me lió la de San Quintín. Ordenaba que se suspendiera todo”. Isabel Pantoja también habló con Millán: le pidió llorando que no lo emitiesen y le anunció que aquello supondría el fin de una amistad que duraba años. Tras la emisión, Encarna entró en cólera y pidió la cabeza de Martes y Trece. Desde su programa de radio pidió a sus oyentes que se olvidaran de ellos y no se cansó en insultarles en meses.

domingo, 9 de febrero de 2020

#hemeroteca #lesbianismo #futbol | Megan Rapinoe: "En el deporte hay homofobia, por eso no hay futbolistas fuera del armario"

Imagen: Mujer Hoy / Megan Rapinoe
Megan Rapinoe: "En el deporte hay homofobia, por eso no hay futbolistas fuera del armario".
Hablamos con la mejor futbolista del mundo, activista por los derechos LGTB, azote de Trump e imagen de Loewe. Una mujer que juega en serio, gana y no se calla.
David Marchese | Mujer Hoy, 2020-02-09
https://www.mujerhoy.com/vivir/protagonistas/202002/08/megan-rapione-futbolista-entrevista-deporte-homofobia-rev-20200207154730.html

La capitana de la selección femenina norteamericana tiene un absoluto dominio de la escena. Descarada, juguetona, carismática, rápida. Cuando marca un gol, Rapinoe extiende los brazos, levanta la cabeza y despliega su sonrisa en una pose que tiene algo de insolencia, de operístico y de grácil entrega. Abiertamente homosexual, se ha convertido en un icono del colectivo LGTB, y tras obtener todos los premios de 2019 con 34 años, es la más deseada por firmas de lujo como Loewe, que ven en ella la encarnación de una audacia con la que nuevas generaciones pueden identificarse. El director creativo de Loewe, Jonathan Anderson, dice que le propuso colaborar con la marca tras verla hablar en la CNN: “Lo que decía resonó en mí. Megan es un increíble modelo a seguir”.

En términos estrictamente deportivos, Megan Rapinoe y la selección de fútbol femenino de Estados Unidos arrasaron en la última Copa del Mundo. Y, sin embargo, a pesar de los goles irrepetibles, lo que ocurrió fuera de los estadios fue aún más importante que aquel triunfo. Rapinoe y sus compañeras ganaban partidos mientras, paralelamente, demandaban a su propia Federación de Fútbol por discriminación de género y se enfrentaban al mismísimo presidente Donald Trump.

Poco antes de la competición trascendió que la capitana rechazaría cualquier invitación a la Casa Blanca si el equipo vencía en el Mundial. Y Trump respondió, como siempre, vía Twitter: “Soy fan de la selección... pero Megan Rapinoe debería ganar antes de hablar”. Finalmente, no solo ganaron, sino que ella recibió tanto el Balón de Oro a la máxima anotadora como el premio a la mejor jugadora del torneo, convirtiéndose, de paso, en un icono del activismo en el deporte mundial. “Es genial que las niñas de hoy puedan ver a diferentes tipos de mujeres en posiciones de poder —dice Rapinoe—. Yo me siento un poco marginal, porque he llegado hasta aquí siendo deportista y sé que mucha gente ahora mismo estará diciendo: “Joder, ahora qué hacemos con esta tía, ¿dónde la ponemos?”.

Mujer Hoy: Durante el último Mundial Femenino que se celebró en Francia el pasado verano, se habló mucho, no solo de deporte o igualdad de género, sino también de su conflicto con el presidente Donald Trump y del componente político que había en él. ¿Se sintió incómoda estando en el centro del debate?
Megan Rapinoe: Hace mucho que elegí participar en el debate político. Obviamente, cuando el presidente de tu país tuitea sobre ti, todo crece exponencialmente, pero en general me siento bastante cómoda hablando de política, así que no tuve que decidir si involucrarme o no. Yo siempre estuve allí. Afortunadamente, en el equipo todas entendimos que teníamos que equilibrar nuestro juego con lo que ocurría fuera para que la política no se viera como una “distracción”.

M.H.: ¿Qué piensa de quienes defienden la idea de que el deporte debería ser un oasis apolítico?
Megan: No les entiendo para nada. Quieren que seamos modelos a seguir para sus hijos, que hagamos publicidad a sus productos, que participemos en desfiles y pasacalles... ¿Pues saben qué? No hacemos lo que hacemos para que luego nos exhiban calladas en sus vitrinas de cristal. Así no funciona la historia.

M.H.: Una curiosidad: ¿de dónde sale su ya clásica celebración con los brazos abiertos cuando marca goles?
Megan: Bueno, de un poco de arrogancia de mi parte. Es como decir: “¿Te lo estás pasando bien? ¿Qué más puedes pedir?”. Aunque para mí también era como decirle a Trump, o a los detractores en general, que no nos robarían la alegría ni al equipo, ni a la comunidad LGTB, ni a los Estados Unidos.

M.H.: ¿Siempre ha sido tan segura de sí misma?
Megan: Sí. En el colegio y en el instituto el tema de la identidad sexual podría haber sido algo incómodo, pero yo no supe que era gay hasta que estuve en la universidad. Creo que verme como gay fue como asumir que no iba a ser “normal”. Y si asumes que no tienes que seguir ninguna regla, vas por todas. Gran parte de mi seguridad viene de ahí, de no sentir la presión social para ser algo más que lo que quiero ser.

M.H.: ¿Y cómo se dio cuenta?
Megan: Redding, el pueblo de California donde crecí es bastante homogéneo en cuanto a raza, sexualidad y política. No tuve una infancia represiva u opresiva de ninguna manera y el concepto de gay simplemente no existía. Una vez que llegué a la universidad, conocí a otras personas homosexuales y estas cosas comenzaron a ser nombradas de manera natural. Me vi obligada a pensar por mí misma y a hacerme preguntas. Fue como si todas esas cosas que yo ya intuía de pronto pudieran decirse en voz alta.

M.H.: ¿Cree que el hecho de que sea una mujer abiertamente homosexual ha provocado que se la sometiera a un escrutinio excesivo?
Megan: No puedo imaginar un escenario en el que yo, una lesbiana que va con el pelo teñido de rosa, le pueda caer bien a cierto tipo de gente. Pero, precisamente, el hecho de no ser la típica chica blanca “normal” me da una perspectiva diferente de las cosas y esa es la base de mi activismo. No he sufrido tanta homofobia como otras, ni he sido perseguida, ni he tenido gente acosándome y llamándome camionera o algo así. Pero es un hecho que ser gay ha determinado que se me perciba de cierta manera.

M.H.: Cuando se plantearon la demanda de la selección contra la Federación de Fútbol, ¿qué cambios deseaban ver, además de la equidad salarial respecto a los hombres?
Megan: La demanda abarcaba muchos aspectos. En un sentido amplio, se trataba de exigir la misma inversión y la misma atención para los equipos masculinos y femeninos. Desde el trabajo con los equipos juveniles, al marketing, pasando por cómo se venden las entradas, la publicidad, los presupuestos para el personal de apoyo, los entrenamientos, los viajes... Es todo eso. Los salarios que cobramos son la culminación de ese proceso. Sin equiparar todo lo demás, es difícil abrir una conversación sobre cuánto vale cada uno, porque nunca podría alcanzarse el valor y el potencial de cada equipo. Y al menos el nuestro no lo ha alcanzado. No sé exactamente qué están haciendo los hombre en esta discusión, pero sospecho que también merecen que se les pague más. Ambos equipos somos la principal fuente de ingresos de la Federación y están ganando mucho dinero a nuestra costa. Tendríamos que comunicarnos más entre nosotros.

M.H.: Teniendo en cuenta que el fútbol femenino es mucho más popular en Estados Unidos que en otros países, ¿por qué le cuesta tanto alcanzar un estatus más rentable?
Megan: La verdad es que no sé por qué no hay más inversión. El equipo nacional es, como dices, muy popular, gana mucho dinero y crece vertiginosamente, entonces, ¿se te ocurre un motivo por el que no se invierta más en nosotras además del sexismo? Las personas que van a ver los partidos de la Major League Soccer [la liga masculina], ¿van porque son fanáticos del fútbol o porque es una experiencia genial? El marketing de la MLS es excelente, la marca se vende muy bien, el ambiente siempre es festivo, es genial ir al estadio y formar parte de todo eso. Y creo que con la liga femenina podría pasar exactamente lo mismo.

M.H.: Seguro que muchas personas que la descubrieron el verano pasado no saben que antes del Mundial no estaba claro que siguiera con la selección. ¿Qué ha cambiado, como jugadora y como persona, para que ahora esté en el mejor momento de su carrera?
Megan Muchos cambios. Como deportista, cuando tienes 20 años físicamente puedes hacer lo que te dé la gana. Cuando cumples 30, no tienes más remedio que evolucionar tanto en tu estilo de juego como en la manera de cuidarte.

M.H.: Porque la alternativa de no hacerlo es...

Megan: Envejecer y retirarte. Por eso me siento tan afortunada de haber conocido a mi novia, Sue [Sue Bird, veterana estrella de la WNBA, la liga femenina de baloncesto y ganadora de cuatro oros olímpicos] en el preciso momento en que sucedió. Fue en 2016, justo después de los Juegos Olímpicos de Río. Fui con la selección, pero probablemente no debería haber formado parte de esa lista. En ese momento no estaba preparada. Acababa de salir de una lesión, tenía 31 años y claramente no estaba en mi mejor nivel. Entonces conocí a Sue, que también había tenido lesiones de rodilla pero que, a sus 39 años está teniendo una carrera increíblemente larga gracias a un cambio en la dieta y los entrenamientos. Hice ese cambio y comencé a centrarme mucho más en la recuperación y el descanso, en cuidarme. Conocer a Sue fue una suerte para mí en muchos sentidos. También en ese.

M.H.: Usted y Sue Bird están entre el puñado de atletas femeninas de élite que han salido públicamente del armario. Pero no hay hombres en la misma posición en las ligas deportivas profesionales más importantes. ¿Cómo se explica ese fenómeno?
Megan: Porque en el deporte hay homofobia. Es la explicación evidente, pero no la única. Para estos tíos decir que son homosexuales es poner en juego su calidad de vida, y creo que tienen mucho miedo a perderla. Has llegado hasta aquí, nadie en tu familia ha hecho algo así, tú y tu familia tenéis la oportunidad de tener una vida completamente diferente durante el resto de tu vida, y no quieres arriesgarte. Pero, obviamente, debe haber muchos deportistas masculinos homosexuales, y en algunos casos es un secreto a voces que lo son. Pero sí, parece una locura que ninguna estrella importante haya salido aún del armario.

miércoles, 9 de enero de 2019

#hemeroteca #inmemoriam | La muerte que ha destrozado a Lolita Flores en este comienzo de 2019

Imagen: Mujer Hoy / Lolita y Manuel Veiga

La muerte que ha destrozado a Lolita Flores en este comienzo de 2019.

Lolita Flores llora en las redes sociales la muerte de su amigo Manuel Veiga.
Mujer Hoy, 2019-01-09
https://www.mujerhoy.com/celebrities/corazon/201901/09/lolita-flores-destrozada-muerte-manuel-veiga-20190109151322.html 

Lolita Flores no termina de reponerse de una pérdida cuando tiene que hacer frente a otra. Si hace escasamente diez días era Moncho, el rey del bolero, el que nos dejaba, ahora acaba de ver cómo se le va su buen amigo Manuel Veiga.

La artista se ha despedido, destrozada por el dolor, de él en su cuenta de Instagram. Lo ha hecho con una foto en la que aparecen los dos juntos y con un sentido texto. "Pensaba verte mañana como siempre que vengo a Barcelona. Te has ido sin avisar, como tú eras: silencioso y observador artista y amigo", comienza esa dedicatoria.

"Yo sigo aquí a tu vera. Mi alma no puede resistir a veces tantas ausencias, demasiadas para este 1,58 que mido. Muchos silencios de gente que quiero, muchos adiós sin despedida", continúa, quizás haciendo alusión, también, a Moncho.

"Ella te espera para darte las gracias que yo no te di, mi amigo Manuel. Allí seguirás escribiendo, actuando y siendo el ser humano maravilloso que eres. No que fuiste, que eres. Te quiero. Mañana 'Fedra' será para ti, sin duda", concluye Lolita.

viernes, 18 de noviembre de 2016

#hemeroteca #libros #mujeres | Cosas que no sabíamos de algunas mujeres negras y cherokees

Cosas que no sabíamos de algunas mujeres negras y cherokees.
Mara Malibrán | MujerHoy, 2016-11-18
http://blogs.mujerhoy.com/taller-lectura/2016/11/18/cosas-que-no-sabiamos-de-algunas-mujeres-negras-y-cherokees.html

No sabíamos, por ejemplo, que Rosa Parks, esa mujer negra que se hizo famosa por negarse a dejar el asiento, en un autobús, a un hombre blanco, en el sur de EEUU, en 1.955, inaugurando así la revuelta por los derechos civiles; esa mujer, a la que se llamó la primera dama de los derechos civiles, era una activista que había recibido por parte de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color el encargo de investigar la violación colectiva de una mujer negra a manos de varios blancos que la dejaron junto a una parada de autobús de Montgomery, dándola por muerta. Y que ese movimiento por los derechos civiles, que Rosa encabezó por EEUU, junto a otras mujeres, se desató como respuesta a las violaciones y el terror sufridos por mujeres negras a manos de hombres blancos.

Lo cuenta la activista y feminista Gloria Steinem en ‘Mi vida en la carretera’ (Edit Alpha Decay), un libro vitalista y conmovedor que sabe a todo menos a amargura, porque Gloria, ya lo habrán intuido por el título de su autobiografía, es una mujer siempre en movimiento, positiva, y con mucho sentido del humor; desde los veinte hasta sus ochenta y dos años, que tiene ahora, siempre en taxi, en autobús, o en furgoneta, ha luchado porque este mundo sea un lugar más justo. Después de recorrer India, y de traerse de allí la experiencia de los círculos de Ghandi, decidió recorrer el sur de EEUU con la abogada negra Florynce Kennedy dando conferencias, “De vez en cuando, sobre todo en el sur, algún hombre daba por sentado que una blanca y una negra que viajaban juntas debían ser lesbianas. A Florynce se le ocurrió la respuesta perfecta, “¿Es usted la alternativa?”

No sabíamos tampoco que en los territorios indígenas está extendida la creencia de que son necesarias cuatro generaciones para curar un acto de violencia. Gloria convivió con mujeres indias en ese vasto país que se llama EEUU y que, por desgracia, para muchos es solo el glamuroso Nueva York. De la mano de algunas de estas mujeres promovió la gran oleada feminista de los años 70 que originó una avalancha de legislación progresista para la mujer. Wilma Mankiller, su gran amiga, fue la primera mujer elegida jefa de la nación cherokee, en 1.987. Wilma era la sexta de los once hijos de una madre medio holandesa, medio irlandesa y un padre cherokee. Creció, se casó, tuvo hijos, se divorció y decidió volver a sus raíces. Abandonó su cómodo hogar y se fue a Oklahoma con sus hijas.

Wilma se convirtió en activista, lo que quiere decir que sacó adelante la comunidad rural cherokee del pueblo de Bell. En 1.990 fue reelegida como jefe de los cherokees con un ochenta y dos por ciento de los votos. En 1.994, el presidente Clinton convocó en Washinton una reunión con líderes de todas las naciones indígenas, la primera de la historia. Aquel grupo compuesto casi exclusivamente por varones escogió a Wilma. Su amiga Gloria Steinem cuenta así ese momento: “Fui con ella a la Casa Blanca y presencié el momento en que Clinton y Hillary le hicieron entrega de una Medalla de la Libertad, el máximo reconocimiento civil. No fui la única del público que al verla, tan fuerte, bondadosa y en absoluto intimidada por otro jefe de Estado, pensó, “Podría llegar a ser presidenta”. También pensé, “En un país justo, lo serías.”