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martes, 9 de mayo de 2017

#hemeroteca #lenguaje | “Sarabuca de rabo de cuca”

Imagen: El País / Niñas jugando al corro de la patata
“Sarabuca de rabo de cuca”.
El lingüista José Antonio Millán explica el ritmo que late en cantos infantiles, refranes, conjuros o nanas.
Germán R. Páez | El País, 2017-05-09
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/05/09/actualidad/1494335688_900636.html

Si la lengua fuese un jardín, sería uno donde junto a los podados setos de los usos normativos crece, desde hace siglos, la maleza de un lenguaje oral y salvaje transmitido al margen de la cultura oficial. Canciones infantiles, refranes, trabalenguas, nanas, encantamientos y modernos juegos verbales, todos comparten algo que nos acompaña desde el primer latido, y cuyo sentido es exclusivo del ser humano: el ritmo. “Tal como recogen neurólogos como Oliver Sacks, el sentido del ritmo es algo que está muy profundamente grabado en el cerebro humano”, asegura el lingüista José Antonio Millán, que ha publicado ‘Tengo, tengo, tengo’ (Ariel, 2017), un ensayo donde investiga la función de la estructura métrica, la rima, las pausas y acentos y los paralelismos internos en unas producciones orales “sin un propósito directamente literario o artístico”, al contrario que la poesía.

“Los niños, que son una muestra de lo que es un ser humano en proceso de socialización, usan palabras que muchas veces no tienen sentido para jugar con ritmos”, explica Millán, que pone como ejemplo el soniquete de los cantos de sorteo en los juegos infantiles: “Sarabuca / de rabo de cuca / de acucandar / que ni sabe arar / ni pan comer / vete a esconder / detrás de la puerta / de San Miguel”. Es un ejemplo que aparecía en un diálogo del siglo XVII, pero como este hay cientos de producciones orales, en todas las lenguas, donde “la verosimilitud semántica o narrativa se deja de lado para favorecer el uso de las palabras en el juego”. “A mí no me extrañaría que emisiones orales todavía no ligadas a un significado fueran una de las vías con las que empezó el lenguaje”, asegura el lingüista.

El ritmo puede servir tanto a un fin lúdico como a otro mágico (encantamientos), proverbial (refranes) o puramente práctico: dormir a un niño (nanas), acompasar los movimientos de un grupo humano (cantos de trabajo). “¡Pan, pan! En el lavadero / ¡pan, pan! Margot con la pala / ¡pan, pan! negra de dolor / ¡pan, pan! lavará su alma”, cantaban unas lavanderas del siglo XIX, aprovechando sus golpes de pala para marcar el ritmo. “Estamos acostumbrados a pensar en el lenguaje como un puro envoltorio que envuelve una comunicación conceptual, pero eso no siempre es así”, afirma Millán, que incide en una energía básica y no racional del lenguaje que aflora cuando lo fónico domina sobre el significado.

Palabras que hacen cosas
Gran parte de este mundo oral y rítmico apela a la vez a la necesidad humana de asimilar o intervenir en una dimensión de la realidad regida por el azar o la providencia (¿Quién saldrá elegido en el juego? ¿Se dormirá el niño? ¿Sanará la herida? ¿Lloverá? ¿Me querrá Fulanito?): “En los encantamientos, igual que en ciertos juegos y refranes, hay una intención clara de trascender lo que se dice y de hacer que la palabra tenga una operatividad. Se quiere realmente actuar sobre el mundo: sobre una persona, para recuperar su afecto, o sobre algo que se ha perdido”, asegura el autor sobre un uso del lenguaje que pretende ser performativo: hablar para hacer.

Los refranes, antes que consejos, son “una forma de asumir lo que te sobreviene”, afirma el escritor, para quien decir algo en forma de proverbio equivale a “salirse de la lengua normal, de todos los días, para usar una lengua especial” que dota de solemnidad los hechos cotidianos. “Cuando alguien presencia un accidente en la calle y dice: 'Van como van, y pasa lo que pasa', no significa nada, su valor lingüístico-lógico es cero, pero con esa repetición está situando los hechos en otro nivel, en un nivel trascendente”.

Cuando alguien suelta hoy en día un “La cagaste, Burt Lancaster”, está inconscientemente participando de ese salvaje universo oral que, desde tiempos inmemoriales, es patrimonio común de unos hablantes que lo han trasmitido “al margen de la cultura oficial”. “Los juegos infantiles han ido pasando de niño en niño a lo largo de muchísimo tiempo. Ha habido épocas en que se han enseñado algunas canciones o trabalenguas en la escuela, pero en general los grupos de niños son muy autónomos: hay una continuidad de décadas o siglos de transmisión al margen de todo: de los padres, de la escuela…”, cuenta Millán, que incide en que esa falta de normatividad explica que haya “vasos comunicantes” por los cuales un conjuro reaparece en un pregón o un proverbio se acaba utilizando como estribillo de una canción.

Aunque los cantos y juegos de palabras tradicionales han sufrido diversas contaminaciones desde el siglo XX hasta la actualidad —las canciones patrióticas y religiosas enseñadas en la escuela durante el franquismo, la influencia de la cultura pop y de los eslóganes publicitarios...—, el escritor cree que la gente seguirá usando el ritmo y la sonoridad “para cualquier fin que le apetezca”. “Así ha venido ocurriendo, y así ocurrirá”. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

#hemeroteca #lenguaje | Tus hijos cantan canciones franquistas para saltar a la comba

Imagen: El Español / Fotograma de 'Manolito Gafotas'
Tus hijos cantan canciones franquistas para saltar a la comba.
El divulgador lingüístico José Antonio Millán explica las claves del ritmo: desde el refrán a la nana pasando por la consigna del manifestante y el adoctrinamiento infantil.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2017-05-09
http://www.elespanol.com/cultura/libros/20170508/214479045_0.html

La vida es -también- cuestión de ritmo. ‘A otra cosa, mariposa’. ‘Póntelo, pónselo’.’ Luego diréis que somos cinco o seis’. ‘Sana, sana, culito de rana’. ‘Un desalojo, otra okupación’. Saber que las cadencias no siempre son poéticas y que en muchas ocasiones responden a una identidad cultural -del soniquete de la nana al cántico de la manifestación- ayuda al activista, al votante, al padre que duerme al niño, al televidente que traga eslóganes a llegar a las entrañas de las palabras que usa.

Y, muy especialmente, a reconocer qué ‘mensajes’ se nos han quedado grabados por los siglos de los siglos amén sin que entendamos bien por qué los decimos. Por qué su sonoridad nos ha medio embrujado, por qué volvemos siempre a ellas como un mantra.

Dice el divulgador lingüístico José Antonio Millán en ‘Tengo, tengo, tengo. Los ritmos de la lengua’ (Ariel) que "la desaparición de la sociedad tradicional habrá terminado, quién lo duda, con muchas actividades ligadas a los juegos y a la transmisión oral, pero asombrosamente las culturas infantiles siguen manteniendo una gran autonomía". Explica que la escuela "ha aprovechado la inclinación infantil al ritmo para influir ideológicamente a los niños, por ejemplo, introduciendo canciones y juegos patrióticos y religiosos en la época de Franco, o intentando desterrar otros considerados machistas en la actualidad". ‘Musiquita y adoctrinamiento’.

Reconoce que el caso de la infancia es muy permeable porque "les atrapan los soniquetes y las palmas", y, por lo general, "se transmiten dentro de sus propios grupos sus ritmos y sus canciones, a veces al margen de la escuela y de los padres". "Se apropian de cosas que no tienen nada que ver. Hace siglos se hacían con un romance para saltar a la comba, y ahora cogen una canción de los Beatles o un eslogan publicitario. Son muy receptivos y es difícil eliminar estas influencias, sobre todo cuando son ideológicas o nocivas".

Don Federico mató a su mujer
Cuando se le pregunta al autor por ejemplos concretos, relata que ha habido un "afán en la posguerra española, y sobre todo, en la sección femenina -en la formación de las maestras- por meterles a los niños canciones y juegos que eran tradicionales -en esa afición por recuperar la tradición- y otros directamente políticos". Cita los himnos de la falange u otras canciones extraídas del acervo cultural, como "Don Federico mató a su mujer". "Esta última está implantadísima en España y en Latinoamérica. Y no deja de hablar del asesinato de una mujer por parte de su pareja".

En cuanto a las canciones infantiles en las que pervive el legado franquista, habla de "esos temas que han sido cogidos de los medios de comunicación y a los que se les ha incrustado elementos asombrosamente religiosos": "Un caso muy típico es el de Popeye El Marino. Sus canciones tuvieron muchísimo éxito entre los niños de todo el mundo y se han localizado extrañas versiones: canciones infantiles con su música y con un contenido que nada tenía que ver con Popeye", sostiene.

"Hay una muy sonada de saltar a la comba que decía 'Popeye y La Betty Boop se fueron a confesar, Popeye perdió el rosario y La Betty lo fue a buscar...'. Esto es absurdo porque Popeye era un personaje laico y meterle aquí en el acta de la confesión y el rosario demuestra que se han fusionado tendencias de la cultura popular y de la cultura oficial religiosa, nacionalcatólica".

'Lo llaman democracia y no lo es'
Y ¿cómo funcionan las consignas en las manifestaciones? El experto comenta que, por ejemplo, del 15-M salieron grandes eslóganes que se quedarán en el imaginario popular mucho tiempo. ‘Lo llaman democracia y no lo es’; ‘Que no, que no, que no nos representan’; ‘Esto es una desgracia, esto no es democracia’; ‘Poco pan para tanto chorizo’, etc. "En las manifestaciones se unen dos dinámicas muy típicas del ritmo de la lengua, uno es la repetición individual que acaba en repetición en común, lo que aumenta el sentido de pertenencia a un grupo", argumenta.

"Uno está coreando rítmicamente un tema individual, pero acaba armonizándose con el resto. Es un buen efecto. Además, los eslóganes de las manifestaciones están hechos también para acompasar el paso de las personas que desfilan, suelen tener un número par de sílabas de tipo fuerte y no débil, que corresponden a la secuencia de un pie y otro pie. Del mismo modo en el que las voces de un mando militar hacen que los soldados desfilen al unísono".

Los ritmos refuerzan las nanas, el aprendizaje del deletreo, de las tablas de multiplicar, hasta los conjuros mágicos. "Muchos conjuros están muy vivos en el español de América, pero no faltan entre nosotros. Se supone que son unas frases que, al pronunciarlas, tienen un efecto sobre el mundo; y están muy marcadas por un ritmo machacón. En Barcelona es muy típico el conjuro de San Cucufato, los cojones te ato...".

'No fue tu culpa, era una puta'
Millán asume que en España no hay "buenos oradores políticos", empezando porque "muchos leen sus discursos en vez de enunciarlos, lo que genera una enorme diferencia". "Un buen discurso político tiene que tener cierta repetición de elementos, ciertos paralelismos. En el libro analizo un discurso de Zapatero cuando era presidente, en el que arranca párrafos con una misma frase pero sigue con distintas terminaciones, y esto consigue arrastrar al auditorio". Es importante, sin embargo, que este efecto no sea demasiado "machacón", ya que si se excede en la resonancia interna, "la gente atiende sólo a la forma del discurso y no a lo que se dice".

Y, con la perspectiva de 2017, ¿cómo deshacernos de algunos cánticos deplorables pero pegadizos? ¿Qué hacer con el miserable ‘Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien’, himno en defensa de la violencia machista con la musiquita de ‘Bajo del mar’, de la Sirenita? ¿Cómo dejar de perpetuar mensajes abyectos sólo porque la música o ritmo acompañe; cómo seleccionar lo bueno y lo malo? "Es una buena pregunta, porque nadie puede dirigir completamente la transmisión oral. No se puede predecir lo que va a permanecer y lo que se va a olvidar, aunque tú decidas machacar con un refrán si a la gente no le gusta, se perderá", reflexiona.

"Da la impresión de que estos contenidos tienen su vida propia, compleja y autónoma, algunos hasta se contradicen, como 'al que madruga dios le ayuda' o 'no por mucho madrugar amanece más temprano'", sostiene. "Pero es peligroso que a veces den cabida a insultos, injurias o mentiras, incluso". ‘Arderéis como en el 36’. O ‘Refugiados no, españoles sí’. A gusto del consumidor.

jueves, 27 de abril de 2017

#libros #lenguaje | Tengo, tengo, tengo : los ritmos de la lengua

Tengo, tengo, tengo : los ritmos de la lengua / José Antonio Millán González.
Barcelona : Ariel, 2017 [04-27].
296 p.
Colección: Ariel.
ISBN 9788434425675 / 17,90 €

/ ES / ENS
/ Lenguaje / Ideologías / Juegos / Sociología

Una visión diferente y rica de los mecanismos que oculta la lengua que hablamos todos los días. Hay ritmo y música en muchos aspectos de nuestra lengua. Recorrerlos a través de este libro nos llevará a esquinas extrañas de la vida de las palabras: unas risibles, otras sobrecogedoras; unas antiquísimas y otras que son creaciones recientes. Cuando alguien dice «a otra cosa, mariposa», cuando se aplaca a un niño con el «cura, sana...», cuando se nos quiere consolar con un «ojos que no ven, corazón que no siente», cuando los manifestantes repiten «luego diréis que somos cinco o seis», cuando la televisión pregunta «si no tomas Danao, ¿qué has desayunao?»... Un libro para aquellos que disfrutan reflexionando sobre su lengua y aprendiendo nuevas cosas sobre ella.