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martes, 22 de octubre de 2019

#hemeroteca #historia | La tercera vía de la historia de al-Ándalus

Imagen: El País / 'Expulsión de los moriscos', de Gabriel Puig Roda
La tercera vía de la historia de al-Ándalus.
Un nuevo estudio de la España musulmana supera las visiones del choque de civilizaciones entre el islam y la cristiandad o el paraíso de las tres culturas.
F. Javier Herrero | El País, 2019-10-22
https://elpais.com/cultura/2019/10/07/actualidad/1570447471_917117.html

Pocos periodos históricos suscitan tanta fascinación como el de al-Ándalus. Su carácter singular en el entorno medieval europeo atrae como un potente imán a investigadores españoles y extranjeros. Precisamente, ese carácter singular es el que ha generado ríos de tinta y polémica interpretativa. Y, muy probablemente, distanciarse del debate ideológico que se ha dado en España ha facilitado las cosas a los especialistas extranjeros, que han aportado mayor objetividad cuando se trata de mostrar ese periodo de manera global. Así, la historiografía de las últimas décadas ha adoptado nuevos enfoques que han transformado el conocimiento del Medievo hispano y los investigadores prestan ahora más atención a los procesos sociales que se vivieron en al-Ándalus y los cambios culturales que conllevaron.

La última, y muy sugestiva, propuesta la ofrece el historiador canadiense Brian A. Catlos, que ha publicado ‘Reinos de fe. Una nueva historia de la España musulmana’ (Pasado y presente). Catlos, profesor en la Universidad de Colorado y en la de Santa Cruz de California, ha realizado un intenso trabajo de investigación sobre la sociedad del mundo mediterráneo medieval que le ha reportado numerosos premios. ‘Reinos de fe’ trata los 900 años de presencia musulmana en la península Ibérica —la expulsión de los moriscos sucede en 1609— a través de los relatos que se han conservado de la vida de mujeres, funcionarios, teólogos, científicos, esclavos, artistas, renegados... y las alianzas y amistades interétnicas que tejieron; los intereses comunes que les movieron para colaborar o entrar en conflicto al margen de las diferencias religiosas. Califas, emires y pueblo llano; cristianos, musulmanes y judíos. Con este hilo conductor, Catlos ha escrito una obra de estilo ágil apoyada en la amplísima investigación que durante los últimos años ha visto la luz en España, en Europa y en el norte de África.

En el prólogo del libro, Eduardo Manzano ya avisa a navegantes: “Es muy probable que las páginas de este libro frustren las expectativas de aquel lector que busque reforzar con su lectura los manidos tópicos sobre la existencia de una idílica convivencia entre culturas o sobre la presencia ya en la Edad Media del choque de civilizaciones que anuncian los agoreros de hogaño”. Catlos, en declaraciones realizadas a El País por correo electrónico, recuerda que si la idea de que los conflictos en la Edad Media tenían una motivación religiosa está muy arraigada es porque muchas fuentes históricas se refieren a dichos conflictos en esos términos. “Las instituciones religiosas y las monarquías, encargadas de controlar y salvaguardar las crónicas y documentos de la época (la base de lo que usamos para entender la historia) prefirieron presentar el conflicto religioso como causa o justificación de sus guerras”, refiere el autor. Los 900 años de coexistencia de cristianos y musulmanes en la Península podrían verse, a distancia, como un proceso en el que los cristianos conquistan el territorio a los musulmanes, pero sería “un error pensar en esta historia como un conflicto entre la cristiandad y el islam”.

La Edad Media en la Península se caracterizó por los conflictos entre poderes cristianos y musulmanes y también por la alianza entre ellos. “Realmente, las disputas más enconadas se dieron entre gobernantes de la misma religión. Por eso es normal que, en muchos casos, musulmanes y cristianos fuesen aliados naturales”, señala el autor canadiense. “La guerra se daba por motivos económicos y políticos principalmente. Por oportunismo, avaricia, y por la ambición de los gobernantes, las élites religiosas y militares y la gente común de ganar riqueza y poder”.

En un periodo histórico tan largo la paz fue más habitual que la violencia y si algo diferenció a la Península del resto de su entorno fue, según Catlos, “la percepción de las elites de las comunidades dominantes de que se beneficiaban o necesitaban de la presencia de las comunidades minoritarias —judíos y cristianos en al-Ándalus; musulmanes y judíos en los reinos cristianos— dentro de sus sociedades mientras estas minorías ocupasen nichos socioeconómicos vistos como complementarios por el grupo dominante”. Pactaron un estatus legal inferior (‘dimmíes’) pero obtenían “seguridad, prosperidad y autonomía, y mantuvieron el tamaño y riqueza suficientes para defender sus intereses sin ser vistos como una amenaza”. Catlos define este patrón de comportamiento como ‘conveniencia’. Un término que va más allá de la manida convivencia, “un concepto bastante vacío que, si acaso, describe una situación pero no da ninguna idea de cómo o por qué esta ocurrió”, añade el autor. “Cuando los intereses comunales ya no fueron vistos de esta manera llegó la marginalización, la represión, la expulsión o la conversión forzada”, concluye.

La lacra del 'presentismo' y la manipulación de la historia
La visión de que España se forjó en la lucha contra el islam durante la Reconquista ya no goza de ningún predicamento en los ambientes académicos, pero eso no impide que sea agitada por políticos u opinadores interesados en justificar su ideario nacionalpopulista o xenófobo apelando a un pasado que no existió. Es un tipo de ‘presentismo’, la proyección en el pasado de una determinada idea de la España actual, que contribuye al desconocimiento de la historia.

En contra de este uso espurio del pasado, Brian A. Catlos trae a la memoria a algunos de los personajes protagonistas de la Reconquista. Habla de un espacio donde se desenvuelven “personajes como el Cid [que luchó por la dinastía Ibn Hud en la Zaragoza taifa]; Sancho VII de Navarra [que fue aliado de los almohades antes de vencerlos en las Navas de Tolosa], o Rodrigo Jiménez de Rada [el arzobispo propagandista de la cruzada de las Navas de Tolosa que mandó traducir el Corán] , muy ambiguos o complejos cuando extraemos las capas de barniz mitológico que oscurecen su naturaleza real”.

Reiterando el cuidado que hay que tener al tratar las crónicas y documentos de la época —construidas con un fin ideológico y para transmitir la supremacía de algún rey o dinastía— que nos han llegado, “a menudo”, continúa Catlos, “les digo a mis alumnos que imaginen cómo los historiadores futuros verían el siglo XX si el único documento histórico que pudiesen manejar fuesen las retransmisiones de la cadena televisiva Fox News”.

“Me parece absurda la posición de los ‘presentistas’. España es un concepto y fenómeno moderno y la España de la Edad Media era muy diferente. No hay otra España eterna o esencial que la que nos imaginemos”, apunta el investigador.

lunes, 20 de mayo de 2019

#libros #historia | Reinos de fe : una nueva historia de la España musulmana

Reinos de fe : una nueva historia de la España musulmana / Brian A. Catlos ; prólogo de Eduardo Manzano ; traducción de Alberto Canto García y Alberto J. Canto García.
Barcelona : Pasado & Presente, 2019 [05-20].
499 p.
ISBN 9788494970634 / 37 €

/ ES / ENS
/ Al-Ándalus / Edad Media / España / Historia / Historiografía / Ideologías / Poder

En medio de un agresivo y politizado debate abierto sobre la historia de al-Ándalus, Reinos de fe supone una nueva manera de entender siete siglos de civilización islámica en la península. Ni el campo de un choque de civilizaciones, ni un idílico paraíso de la convivencia pacífica, al-Ándalus fue una construcción política y religiosa muy compleja que tuvo que buscar equilibrios entre facciones enfrentadas y muy a menudo estableciendo importantes lazos de conveniencia con los poderes cristianos. Este libro marca un hito en el análisis de un período de nuestra historia que algunos pretenden negar desde la ignorancia y la xenofobia y que nos aporta ejemplos muy interesantes para establecer unas bases de una mejor convivencia.

lunes, 7 de diciembre de 2015

#hemeroteca #historia | Alejandro García Sanjuán: «Negar que los musulmanes conquistaron la Península Ibérica es un disparate»


Imagen: ABC / Batalla de Guadalete
Alejandro García Sanjuán: «Negar que los musulmanes conquistaron la Península Ibérica es un disparate».
Hoy, más que nunca, se necesita comprender la historia del Islam y desprender los mitos de lo ocurrido durante la invasión musulmana de la Península Ibérica.
César Cervera | ABC, 2015-12-07
http://www.abc.es/historia/abci-alejandro-garcia-sanjuan-negar-musulmanes-conquistaron-peninsula-iberica-disparate-201512070530_noticia.html

En los últimos años, una teoría sin resonancia académica ha tomado forma en ciertos círculos andalucistas: los musulmanes nunca conquistaron la Península Ibérica. ¿Tiene algún fundamento este peculiar negacionismo? El profesor titular de Historia Medieval de la Universidad de Huelva, Alejandro García Sanjuán, se ha encargado de desmontar estas ideas basadas en «disparates» y «sin consistencia» histórica. En un libro escrito en 2013, «La conquista Islámica de la Península Ibérica y la tergiversación del pasado» (Marcial Pons), García Sanjuán sale al paso de este nuevo negacionismo y, además, desmitifica muchos episodios sobre lo que fue Al-Ándalus y la llamada Reconquista cristiana.

–¿Cuál es el propósito de las teorías que niegan que los musulmanes conquistaron la península?
–Estas teorías negacionistas nacieron de un historiador aficionado, Ignacio Olagüe, que intentó potenciar las características autóctonas de lo andalusí frente a la naturaleza árabe e islámica de la sociedad de Al-Ándalus. Fue una formulación de carácter nacionalista y españolista. Quería vincular los grandes logros de Al-Ándalus a algo autóctono, y no foráneo. Con este propósito, Olagüe planteó una hipótesis donde afirma que el Islam es una evolución del arrianismo —una versión del cristianismo que practicaron los visigodos y otros pueblos germánicos en la Península Ibérica–. No en vano, son unas ideas inconsistentes, sin respaldo en los testimonios históricos, que se basan precisamente en el soslayo de ciertos testimonios y en la tergiversación de otros.

–¿Y quién toma el relevo a Olagüe, que falleció en 1974?
–Las ideas de Olagüe nunca tuvieron resonancia a nivel académico, hasta que hace diez años un arabista de la Universidad de Sevilla decidió retomar la hipótesis. El interés de Emilio González Ferrín (profesor titular de Historia del Islam de la Universidad de Sevilla) se explica por sus conexiones con el político andalucista Manuel Pimentel. De hecho, González Ferrín publicó un libro con estas teorías en la editorial de Pimentel, Almuzara.

El andalucismo siempre ha visto con buenos ojos las teorías de Olagüe, puesto que les permite dotar de un sentido autóctono a Al-Ándalus, siendo la época más dorada de la nación andaluza. Además, niegan que el origen de Al-Ándalus tenga un componente de conquista, sino una visión más amable. Por otra parte, el que Ferrín haya recuperado estas teorías obedece simple y llanamente al afán de protagonismo. Su notoriedad no responde a su resonancia académica.

–Uno de los argumentos que emplea González Ferrín para negar la invasión es que el Corán no estaba codificado en ese periodo y no se puede hablar de los musulmanes como tales.
–González Ferrín dice disparates enormes y sus ideas están completamente desacreditadas a nivel académico. En muchos casos son medias verdades y, en otros, se acoge solo a los testimonios históricos que a él le interesan. Desde el punto de vista historiográfico, sus obras no son consistentes. El Islam, como todas las religiones, protagonizó una evolución y un proceso de elaboración de los textos sagrados (el Corán y la tradición profética de Mahoma). En las épocas omeya y abasí ya existía el inicio de ese desarrollo de la tradición religiosa, pero todavía no estaba conformada por completo. Los textos de Olagüe y Ferrín se dedican a soslayar los testimonios históricos que acreditan que en el año 711 se produjo una conquista de la península por contingentes militares bereberes enviados por el gobernador omeya del norte de África. Ignorando, a su vez, las evidencias arqueológicas, cada vez más numerosas.

–Si bien hay evidencias para confirmar esta invasión, ¿cómo se explica la derrota tan fulminante de los visigodos?
–El Islam era en ese momento una fuerza expansiva que avanzó desde el Próximo Oriente, conquistando Siria, Palestina, Egipto, hasta el Norte de África. Allí los árabes se entretuvieron bastante con los bereberes, pero luego se lanzaron de golpe a por la Península de la mano de esos contingentes bereberes. La explicación del derrumbe visigodo, más allá de esa fuerza expansiva, está en que la Monarquía visigoda era un estado muy débil en proceso de feudalización, donde existían facciones nobiliarias enfrentadas contantemente entre sí. Cuando los musulmanes llegaron a la zona del Magreb más occidental, la Monarquía visigoda estaba viviendo precisamente una de esas situaciones de crisis periódica. Había muerto el rey Witiza y se estaba produciendo un enfrentamiento interno. La intervención musulmana se produjo en el contexto de esa disputa interna por el poder.

En cualquier caso, la facilidad de la conquista a nivel militar se explica en que el rey Rodrigo murió en batalla y no hubo posibilidad de reconstruir la Monarquía visigoda. Se desencadenó una especie de sálvese quien pueda. Amplios sectores de la nobleza visigoda optaron por pactar con los musulmanes acuerdos ventajosos antes de continuar la lucha.

–Se han conformado muchos relatos para interpretar esa conquista. Todavía hoy están cargados de mitos
–En todos los conflictos históricos coexisten dos visiones, la del vencedor y la del vencido. Los perdedores vieron en la derrota la señal de un castigo divino. Esa visión catastrofista ya aparece registrada en los textos latinos inmediatamente posteriores a la invasión, que hablan de «la ruina de Hispania» para referirse a la conquista musulmana. Esta visión catastrofista es recogida por la historiografía del siglo XIX, que estaba imbuida por el concepto de Reconquista, hasta convertir a los conquistadores en bárbaros que producen «una catástrofe nacional». El primer error es no matizar la diferencia histórica entre Hispania y España, que son dos nombres con un vínculo etimológico similar pero que no pueden equipararse.

–La visión de los conquistadores tampoco se corresponde con lo que realmente ocurrió.
–Todo conquistador tiene que justificar sus actos. Los musulmanes desarrollaron una visión providencialista que interpreta los éxitos militares de los musulmanes como la mejor prueba de la veracidad del mensaje religioso del Islam. No en vano, la historiografía árabe actual ha dado continuidad a ese mismo discurso. Ellos se ven como los civilizadores, es decir, como exportadores de la civilización árabe, que ciertamente alcanzó hasta el siglo XII niveles de desarrollo cultural, pensamiento y desarrollo científico mucho más adelantados de lo que se conocían en Europa. Pero eso en el momento de la conquista no se podía saber o prever. Esta visión mitificada trata de explicar el pasado a través del presente, y eso nunca es válido.

–¿Esa religión que movió a los musulmanes a invadir la península era violenta? ¿Lo era, en cualquier caso, más que el Cristianismo?
–Ambas religiones tienen tradición de sacralizar la guerra. En eso se diferenciaban poco. Lo que se suele olvidar es que hubo importantes sectores de la aristocracia laica y la eclesiástica visigoda que, ante la desarticulación del estado, optaron por entenderse con el invasor. Esto facilitó la conquista y probablemente redujo en muchos niveles la violencia. Sin olvidar que, en cualquier caso, toda invasión está protagonizada irremediablemente por contingentes militares.

–¿Hubo una conversión masiva al Islam por parte de la población?
–La masa de la población no tuvo protagonismo destacado en los hechos. Hay que hablar de la actuación de las élites sociales, que, a largo plazo, se vieron influenciadas por el proceso de islamización y arabización que vivió la sociedad. Es la consecuencia habitual del predominio de los parámetros socioculturales de las élites conquistadoras, como ocurrió con los romanos o con los españoles en América. Los árabes, la élite conquistadora, hicieron exactamente lo mismo. Al-Ándalus se puede definir como un país árabe e islámico en la Península Ibérica

–¿Y esa élite visigoda se ve forzada a convertirse al Islam?
–Es algo que se desarrolla de forma progresiva. No es que la fuerza invasora imponga su religión, sino que es el producto de la convergencia natural entre élites. Una forma de integrarse en la nueva élite del estado y adaptarse al nuevo orden social. Eso explica por qué la islamización y la arabización fueron predominantes.

–Posiblemente el mito más extendido sobre Al-Ándalus es que se vivió una convivencia ejemplar entre las tres religiones, ¿es cierta esta coexistencia pacífica?
–Se ha abusado significativamente de esta idea de la tolerancia religiosa. Los invasores no quisieron imponer sus creencias, porque no estaban en condiciones de provocar una relación de tensión con la población local. Además, el Corán establece que la fe islámica no se puede imponer por la fuerza a nadie, y esto es un precepto que está claramente estipulado en la tradición religiosa musulmana. Sin embargo, el concepto de tolerancia es algo contemporáneo, que no podemos extrapolar a la Edad Media. Ni en relación con los cristianos ni en relación con los musulmanes. Evidentemente había una coexistencia, y había unos determinados márgenes de tolerancia en ciertos aspectos, pero no hay que olvidar que había una separación de carácter legal entre unas comunidades y otras.

–¿Se puede hablar de Reconquista para englobar un mismo hecho histórico que se extendió durante 800 años?
–El concepto historiográfico de la Reconquista ha tenido una proyección importante en la tradición española. Es cierto que los cristianos de la Edad Media tuvieron el proyecto ideológico de recuperar un territorio que ellos consideraban que se les había sido arrebatado. No obstante, el trabajo del historiador no consiste en legitimar cierta visión o proyecto de guerra. Si hablamos de Reconquista estamos legitimando que esos territorios les fueron realmente arrebatados. Por lo tanto, no soy favorable a la utilización del concepto de Reconquista. Además la noción de Reconquista es algo asociada a una determinada ideología.

–El tercer protagonista del periodo es la comunidad judía ¿cuál fue su papel durante la invasión de 711?
–En la época visigoda se aprecia ya una intensa animadversión de los cristianos hacia los judíos. Se puede comprobar en los textos legales de la época visigoda y también en los textos de los concilios (las reuniones de la jerarquía laica y eclesiástica que se realizaba en Toledo). Poco antes de la conquista musulmana se llegó a acusar a los judíos de estar conspirando con sus correligionarios del Norte de África para atacar a los visigodos. A raíz de este clima se ha especulado con la opción de que, de alguna forma, los judíos pudieron facilitar la llegada de los conquistadores musulmanes. No tenemos constancia histórica de que esto llegara a suceder, pero no sería algo discordante con la situación de los judíos y la inestabilidad interna en la península. Las propias élites cristianas fueron ampliamente colaboracionistas con los conquistadores, como pone de relieve la figura del famoso obispo Don Opas, que es el prototipo del obispo católico colaboracionista con los musulmanes.

–¿Qué opina usted cuando escucha a los grupos terroristas reivindicar la recuperación de Al-Ándalus? ¿Es una forma de asustar o realmente existe ese anhelo en la tradición árabe?
–No creo que hablen en broma. Son fanáticos y son capaces de cualquier cosa. Pero ciertamente ha existido siempre en el imaginario árabe una mitificación de Al-Ándalus como el paraíso perdido. Para los árabes, los poetas y los logros de Al-Ándalus forman parte de su cultura. Los extremistas solo han exagerado esa tradición árabe de interpretar Al-Ándalus como el paraíso perdido. No en vano, es algo exclusivo de una minoría. Si hablas con cualquier árabe con cierta capacidad o formación cultural, lo de Al-Ándalus se queda en un ejercicio de nostalgia.