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martes, 14 de diciembre de 2021

#hemeroteca #inmemoriam | Arturo Arnalte, un protagonista de la divulgación de la Historia

Google Imágenes / Arturo Arnalte //

Arturo Arnalte, un protagonista de la divulgación de la Historia.

Dirigió “Historia 16″ y “La Aventura de la Historia” y fue autor de numerosos libros dedicados a difundir el conocimiento temas como la esclavitud, la represión y la literatura de viajes.
David Solar | La Razón, 2021-12-14
https://www.larazon.es/cultura/20211214/njrv4ydewvdszjgayehsqcwg3i.html 

Esta madrugada ha fallecido en Madrid Arturo Arnalte (Meliana, Valencia, 1955), historiador, periodista, autor de numerosos libros y, particularmente, mi amigo y colaborador durante muchos años, desde “Historia 16″ y, sobre todo, desde “La Aventura de la Historia”. Conocí a Arturo, a la sazón redactor de la sección de Internacional del “Diario 16″, cuando se pasó por la redacción de la revista “Historia 16″, que yo dirigía, a ofrecer algunos artículos sobre la esclavitud. Mantuvimos una relación profesional durante algunos años hasta que fundé “La Aventura de la Historia” y en la primavera de 1999, con unos pocos números publicados, apareció Arturo ofreciendo varios artículos sobre la esclavitud, asunto en el que seguía trabajando y que le interesaría hasta hoy. Fue una magnífica oportunidad de que se integrara en nuestra redacción en la que sería todo: redactor, redactor jefe, subdirector y director (2016-2019). Yo había dejado la dirección de la revista años atrás, pero seguía colaborando asiduamente, nos veíamos con frecuencia y quedaba cumplidamente informado de sus investigaciones, no sólo en “La Aventura de la Historia”, sino en su faceta de historiador y escritor.

Para entonces Arturo ya había publicado “Los últimos esclavos de Cuba” (2001), “Redada de violetas” (2003, reeditado en 2020), “Richard Burton, cónsul en la Guinea Española” (2005), “La diáspora Africana” (2006), “Grandes viajeros que cambiaron la Historia” (2008), “Delirios de grandeza” (2009), “Trásfugas, travestís y traidores” (2009)... La dirección de la revista le restó tiempo para seguir sus investigaciones en los tres campos que más le interesaron: la trata africana, la literatura de viajes y viajeros y la represión de la homosexualidad.

Pero tenía nuevos proyectos, algunos tan ambiciosos como la imagen del negro en el arte, para lo que no se ahorraba charlas con especialistas y viajes, cámara al hombro, en busca de todo tipo de representaciones, desde canecillos medievales a representaciones pictóricas y otro, muy ambicioso, la investigación de los movimientos LGTBI y puesto que en España los había abordado tanto en “Redada de violetas” como en numerosos artículos, tratando ahora de presentarlos en su historia, actualidad y efectos en Hispanoamérica, lo que aunaba dos de sus intereses: la investigación y los viajes. Y para que la idea no se le quedara encarpetada en mera acumulación de ideas, fichas históricas y recortes periodísticos, dejó la redacción de la revista y se zambulló en la literatura. Lamentablemente, el Coronavirus interrumpió sus proyectos, primero impidiendo sus viajes y programa de entrevistas y, finalmente, pese a hallarse vacunado, postrándole durante mes y medio en una unidad de cuidados intensivos desde donde emprendería su último viaje. Todavía dos semanas antes de contraer la enfermedad comentaba en una cena de amigos sus esperanzas de poder viajar y seguir su programa de trabajo con la mejoría de la situación que parecía atisbase a comienzos de otoño.

Se nos ha ido un estupendo periodista, un investigador sagaz, un gran viajero y, sobre todo, un amigo, pero –como se desprende de esta breve semblanza- se nos ha ido uno de los profesionales españoles más implicados en la divulgación desde revistas tan relevantes como “Historia 16″ y “La Aventura de la Historia” y, como investigador, ahondando en campos poco transitados por nuestra historiografía. Hasta siempre Arturo, amigo mío.

#hemeroteca #inmemoriam | Obituario: Arturo Arnalte

La Aventura de la Historia / Arturo Arnalte //

Obituario: Arturo Arnalte.

Miembro de La Aventura de la Historia desde casi su fundación y destacado investigador de la historia de la esclavitud y el movimiento LGTBI en España, falleció el 14 de diciembre de 2021.
La Aventura de la Historia, 2021-12-14
https://www.laaventuradelahistoria.es/obituario-arturo-arnalte 

Arturo Arnalte (Meliana, Valencia, 1955-Madrid, 2021), miembro de ‘La Aventura de la Historia’ desde casi su fundación y de su Consejo Asesor, falleció el 14 de diciembre de 2021.

Historiador por la Universidad Complutense y periodista de formación, como redactor de la sección Internacional de ‘Diario 16’ cubrió información en diversos países de África y Oriente Medio durante los años noventa. Tras publicar diversos artículos en ‘Historia 16’, en la primavera de 1999 se incorporó a la redacción de ‘La Aventura de la Historia’ y ‘Descubrir el Arte’, cabeceras donde desarrolló el resto de su carrera y de las que fue coordinador, jefe de sección, subdirector y, finalmente, su director editorial (2016-2019), hasta su jubilación.

Dos décadas, durante las que los lectores de esta revista han podido leer en sus páginas infinidad de artículos y Dossieres coordinados por él, el último, “Negreros de alcurnia” publicado en el pasado número 265 de ‘La Aventura de la Historia’, dedicado a los traficantes de esclavos en la España del XIX y a las pruebas de la implicación de María Cristina de Borbón y el duque de Riánsares en la trata de negros. Fue responsable, asimismo, del diseño y edición de algunas de las colecciones de libros complementarios que se han editado durante todos estos años con la revista.

Especialista en la historia de África, como periodista Arturo Arnalte mostró siempre una gran capacidad para entender los acontecimientos de la política internacional. Como historiador, deja un legado de contribuciones pioneras a la historia de la esclavitud y la persecución de la homosexualidad durante el franquismo, en obras como ‘El tribunal mixto anglo-español de Sierra Leona’ (2000), ‘Los últimos esclavos de Cuba: los niños esclavos de la goleta Batans’ (2001), ‘Redada de violetas: la represión de los homosexuales durante al franquismo’ (2003, reeditada en 2020), ‘La diáspora africana: de la trata de negros a la esclavitud voluntaria’ (2006), ‘Grandes viajeros que cambiaron la historia’ (2008), ‘Tránsfugas, travestis y traidores: rebeldes ejemplares de la historia de España’ (2009), ‘Delirios de grandeza: las quimeras coloniales del siglo XIX español’ (2009). También su labor como comisario de la exposición ‘El derecho a amar’, junto a la fotógrafa Isabel Muñoz, un viaje por el vertiginoso cambio que vivió la comunidad LGTBI en España en la última generación. En la actualidad trabajaba en un ambicioso proyecto de recuperar la imagen del negro en la historia del arte español, desde la Antigüedad a la edad contemporánea, con el que, cámara en mano, recorría la geografía peninsular, rescatando esculturas y retablos desconocidos.

En la redacción de ‘La Aventura de la Historia’, el recuerdo que deja es inmenso. Profesional enorme, con una asombrosa capacidad de trabajo, siempre atento a las tendencias historiográficas internacionales y generoso en el esfuerzo del día a día y la sugerencia de temas y lecturas, el vacío es irremplazable. Como compañero y amigo, aún más. En nuestro recuerdo quedará para siempre haber podido disfrutar de su amistad y los encuentros en su vivienda del centro de Madrid, con vistas a la Puerta del Sol, el corazón de una capital que habitó, disfrutó y amó como el primer madrileño y a la que siempre anhelaba regresar tras alguno de sus viajes al extranjero.

El equipo de Art Duomo Global, los miembros del Consejo Asesor de la revista, sus colaboradores más allegados y los ex compañeros de la redacción trasladan desde esta página su hondo pesar a su familia y amigos.

sábado, 23 de octubre de 2021

#hemeroteca #esclavitud #memoria | La memoria borrada de la esclavitud en España

El País / Juan de Pareja //
La memoria borrada de la esclavitud en España.

La esclavitud fue una práctica muy habitual en España y sus colonias. Pese a su magnitud, son escasas sus huellas en el imaginario colectivo. Muchos historiadores y creadores llenan ahora con sus trabajos ese vacío.
Guillermo Altares | Babelia, El País, 2021-10-23
https://elpais.com/babelia/2021-10-23/la-memoria-borrada-de-la-esclavitud-en-espana.html 

En el prólogo del ‘Quijote’, Miguel de Cervantes escribe: “Pues al cielo no le plugo / que salieses tan ladino / como el negro Juan Latino” para elogiar el manejo de la lengua de este erudito. Se trata de un esclavo negro que daba lecciones de gramática al nieto del Gran Capitán, que acabó siendo catedrático de Gramática en el siglo XVI. El Museo Metropolitano de Nueva York alberga un retrato pintado por Velázquez en 1650 de Juan de Pareja, un artista que a su vez acabó siendo un pintor importante y del que se conservan dos obras en el Prado. Fue también el esclavo del autor de ‘Las meninas’, aunque finalmente lo liberó. La esclavitud está por todas partes en la cultura española hasta el siglo XIX, como forma parte también de los ritmos del flamenco. Cuba, cuando todavía era España, fue el último territorio de Europa en abolirla. Sin embargo, aunque ocupa un lugar cada vez más prominente en la investigación académica y en las librerías, el recuerdo de la esclavitud no existe en el espacio público español.

En muchos otros países europeos el debate, impulsado por el movimiento Black Lives Matter, ya no está solo en que desaparezcan de las calles las estatuas de grandes esclavistas —como ocurrió en Barcelona con el marqués de Comillas, al que Martín Rodrigo y Alharilla ha dedicado el ensayo ‘Un hombre, mil negocios’ (Crítica)—, sino en visibilizar una historia de sufrimiento y explotación. En Burdeos, desde 2019 una estatua de la esclava Modeste Testas recuerda que fue uno de los principales puertos de Francia para la trata del país. En Nantes se inauguró en 2012 un monumento a la abolición de la esclavitud, presente en muchos rincones de la ciudad, como por ejemplo en las fachadas de las casas nobles que dan al río Loira, en forma de esculturas con la cabeza de negros. Simbolizan de dónde venía la riqueza de las familias propietarias de aquellos edificios. En España, donde puertos como Cádiz o Barcelona fueron centrales en la trata atlántica, esa memoria no existe.

“En el ‘Lazarillo’ está la esclavitud, también en el ‘Quijote’. Cuando te das cuenta la ves por todas partes”, explica Aurelia Martín Casares, catedrática de la Universidad de Málaga experta en este tema y autora, entre otros libros, de’ Juan Latino. Talento y destino. Un afroespañol en tiempos de Carlos V y Felipe II’ (Editorial Universidad de Granada). Martín Casares relata que empezó a trabajar en estos temas hace 20 años y que entonces no estaba presente en casi ningún libro de historia. “La memoria de la esclavitud fue silenciada. Nadie pensaba que la población esclava en el Siglo de Oro era tan importante. Ahora es cuando se empieza a tomar conciencia del racismo, de lo que ha supuesto esa historia en el mundo hispano”, sostiene. Cree que uno de los motivos de ese olvido es que no existe en la Península una población de descendientes negro­afri­canos, a diferencia de EE UU, de las colonias holandesas, danesas o de Cuba. En total, los expertos calculan que cerca de 11 millones de seres humanos fueron secuestrados y llevados como esclavos a América. Centenares de miles más murieron durante la travesía.

“La población esclava no se autorre­produce por nacimientos. En todas las épocas las tasas de natalidad son bajas por sus condiciones de vida”, prosigue esta investigadora. “La esclavitud se reproduce por comercio, solo se mantiene donde llegan barcos negreros. Cuando la trata se paraliza o se abole, desciende drásticamente el número de esclavos. Desaparecen las huellas de estas personas esclavizadas, no se ven, sus descendientes son asimilados. También hay que tener en cuenta que en el Cádiz de la modernidad muchos esclavos proceden del Imperio Turco o del norte de África. Estos se integran sin dejar huellas visibles en la población contemporánea”.

“Francia, Inglaterra o Países Bajos han hecho todo lo posible para visibilizar las tratas y dejar claro que se responsabilizan de lo ocurrido”, señala por su parte Fabia Guillén, profesora en la Universidad de Pau y miembro del Ciresc (Centre International de Recherche sur les Esclavages, EHESS-CNRS), en París. “No fue nada fácil y hubo resistencias, pero en conjunto se admite la participación en las tratas negreras. Un aspecto fundamental que puede haber favorecido tal reconocimiento es el carácter colonial de esas tratas y formas de esclavitud. Tanto Inglaterra como Francia o Países Bajos fomentaban aquellas formas de alienación en sus respectivas colonias, muy lejos de los ojos de la metrópoli. Muy distinto parece ser el caso de España y, asimismo, Portugal e Italia, que no conocieron la ley del suelo libre y fueron partícipes de tratas y esclavización no solo en el mundo colonial, sino en su propio suelo desde la Antigüedad hasta por lo menos 1820 (para España). Puede entenderse el malestar y la dificultad a la hora de tener que mirar en el espejo una imagen poco halagüeña de su propia actuación histórica”.

Pero este olvido oficial no se corresponde en absoluto con lo que ocurre en el mundo de la cultura. Solo en los últimos meses se han publicado, aparte del libro de Martín Rodrigo y Alharilla, ‘La esclavitud en el sur de la península Ibérica’ (Catarata), de Rafael M. Pérez García y Manuel F. Fernández Chaves (coordinadores); ‘Negreros. Españoles en el tráfico y en los capitales esclavistas’ (Catarata), de José Antonio Piqueras; ‘Barco de esclavos. La trata a través del Atlántico’ (Capitán Swing), de Marcus Rediker; o ‘El ritmo perdido. El influjo negro en la canción española’ (Anagrama), reedición de un ensayo de Santiago Auserón sobre la huella de las músicas africanas en los ritmos españoles, como el flamenco.

Ese mismo tema aparece en el documental ‘Gurumbé’, del jerezano Miguel Ángel Rosales, o en el filme 'Cachita, la esclavitud borrada', que Álvaro Begines acaba de estrenar en diferentes plataformas. Uno de sus personajes es el esclavista malagueño Pedro Blanco, que protagoniza la novela histórica 'Mongo Blanco' (2019), de Carlos Bardem, que aparece en el filme, mezcla de documental y recreación ficcionada. El Museo de América, en Madrid, acoge hasta febrero la exposición 'La esclavitud y el legado cultural de África en el Caribe', organizada por el CSIC, una muestra que recorre las distintas culturas, lenguas y pueblos de África y la esclavitud en América, desde el siglo XVI hasta su total abolición en 1886 (Cuba) y 1888 (Brasil).

“Los únicos países que no han hecho nada por la memoria de la esclavitud son Portugal y España”, asegura Martín Rodrigo y Alharilla. “¿Por qué? Una de las hipótesis es que en Francia, Gran Bretaña y Holanda hay una población afrodescendiente importante y se ha empujado desde la sociedad civil. En España, no ha sido una causa tan importante y las asociaciones existentes no han tenido la misma influencia. Si las cuestiones de memoria histórica vinculadas a la Guerra Civil y a la posguerra no se han resuelto aún y generan debate político, esta cuestión tampoco. Y es una anomalía, porque fue el último país europeo en abolir la esclavitud en sus territorios”.

La esclavitud en España empieza en la Antigüedad y se prolonga hasta finales del siglo XIX. La primera expedición esclavista directa entre África y América se produce en 1518 y los primeros cautivos llegan en 1520. El último territorio al que llegan esclavos es la isla de Cuba. Son 350 años, sin tener en cuenta la esclavitud en la Antigüedad y la Edad Media. Sin embargo, como explica Aurelia Martín Casares, en el siglo XIX en la Península la esclavitud era un fenómeno bastante marginal. “En 1817, un tratado firmado por Fernando VII con Gran Bretaña prohíbe el comercio de esclavos, pero respeta la esclavitud existente. En el siglo XIX tan solo pueden ser denominadas como auténticas sociedades esclavistas en el mundo occidental el sur de Estados Unidos, el área caribeña y Brasil (donde un tercio de la población eran esclavos en torno a 1860). Por supuesto en África subsahariana y en el mundo árabe sigue existiendo la esclavitud, incluso hasta bien entrado el siglo XX. En general, en la España del XVIII ya no había demanda. Se convierte en un ‘servicio’ suntuario, de aristócratas y ricos, no se trata ya del patrón generalizado del XVI en que cualquiera podía comprar un esclavo o una esclava. En la España del siglo XIX no hubo un movimiento abolicionista de grandes dimensiones, no creo que su influencia marcara el final de la esclavitud, aunque algo contribuyó. No obstante, sí había una ‘sociedad abolicionista’, revistas abolicionistas... El abolicionismo estuvo ligado al sufragismo y la lucha por el voto de las mujeres”.

El profesor de la Universidad Autónoma y coordinador del Equipo Madrid de Investigaciones Históricas, José Miguel López, autor de ‘La esclavitud a finales del antiguo régimen’ (Alianza), subraya que ese olvido está presente “en las calles y en las instituciones” porque no se ha hecho un trabajo de borrado sistemático de personajes que hicieron su fortuna con la esclavitud. “Vivimos una desmemoria completa: Carlos III tuvo 20.000 esclavos”, prosigue este investigador que ha querido buscar “la historia de gente sin historia”, como el último esclavo censado en Madrid, en 1830, que trabajaba para una cervecería. Aunque la esclavitud acaba en España en 1837, el proyecto de ley nunca llegó a aprobarse y muchos investigadores sospechan que hubo esclavos hasta mucho más tarde, solo que escondidos como criados o traídos ilegalmente. Incluso, López sostiene que esa misma práctica —camuflar esclavos como sirvientes— se mantuvo hasta el siglo XX en el Sáhara Occidental.

Precisamente ese enorme olvido colectivo es lo que llevó a Álvaro Begines a rodar su película, en la que mezcla la recreación de historias relacionadas con la esclavitud y la trata con entrevistas a diferentes expertos. “Estaba leyendo un ensayo y señalaba que en el siglo XVI había muchos esclavos en Sevilla, que Lope de Vega sostenía que la ciudad era como un ajedrez: uno blanco y uno negro. Nunca me había planteado que hubiese tantos, empecé a estudiar y me di cuenta de que existían muchos estudios de historiadores. Es entonces cuando me planteé dirigir un documental que abriese los ojos sobre esa realidad. Muchos potentados se enriquecieron con la esclavitud. También el clero y la nobleza”.

Una de las historias que cuenta ‘Cachita’ es la de Cándida la Negra, una antigua esclava que vivió en El Puerto de Santa María (Cádiz) hasta mediados del siglo XX —falleció en 1951— y que demuestra hasta qué punto la esclavitud alcanza la historia de España más reciente. El historiador Manuel Pacheco la conoció a finales de los cuarenta, cuando ya era una anciana, y le dedicó un artícu­lo de investigación titulado “Una cara de la esclavitud: la apasionante historia de ‘Cándida la negra’”. Joaquín García de Romeu publicó en 2018 una novela sobre ella, ‘La última negra’.

Llegó en un cargamento de mujeres de Cuba, seguramente fletado por Antonio López, marqués de Comillas. Se trataba de hijas huérfanas de esclavas que eran exportadas a la Península “para satisfacer los deseos más oscuros” de sus compradores, explica el filme. El barco naufragó en la costa y ella salvó la vida, fue rescatada por un campesino y luego se emparejó con un gitano con el que no tuvo descendencia. Todo esto ocurre en la segunda parte del siglo XIX, cuando la trata ya era ilegal en la Península. La historia de Cándida la negra refleja la cercanía de la esclavitud, pero también las dificultades a las que se enfrentan los investigadores, porque una parte importante de la trata se hizo de forma clandestina, como ocurría con la llegada de barcos esclavistas a Cuba.

La recuperación de la memoria también puede ofrecer sorpresas desagradables: en febrero de 2018 el Tesoro del Reino Unido publicó, con el escándalo consiguiente, que cuando se abolió la esclavitud en 1833 pagó indemnizaciones a los dueños de esclavos (básicamente compró su libertad a sus dueños). No terminó de pagar a los esclavistas hasta 2015, de tal forma que los descendientes de esclavos estuvieron pagando indemnizaciones con sus impuestos a los que esclavizaron a sus padres, que no recibieron ningún tipo de compensación por sus sufrimientos. La memoria nunca es fácil. Tal vez por eso sea tan importante. Como escribe Santiago Auserón en el capítulo ‘El canto esclavo’ de su ensayo: “La presencia de la negritud y su influjo musical en el Viejo Continente pertenece a una clase especial de sucesos que en la historia de España se han visto abocados a hundirse en el olvido, de suerte que nuestra memoria colectiva está como artificialmente labrada por algunos vacíos significativos”.

jueves, 1 de abril de 2021

#hemeroteca #memoria | Y antes de todos, estuvo Ida B. Wells

Imagen: la Marea / Ida B. Wells

Y antes de todos, estuvo Ida B. Wells.

Recordamos a la periodista estadounidense, y su lucha antirracista y feminista, en el 90º aniversario de su fallecimiento. En 2020 se le concedió el premio Pulitzer a título póstumo.
Manuel Ligero | La Marea, 2021-04-01
https://www.lamarea.com/2021/04/01/no-conoces-a-ida-b-wells-pues-deberias/ 

Antes de Rosa Parks, antes de Martin Luther King, antes de Malcom X, antes de James Baldwin, antes de todos ellos estuvo Ida B. Wells. Ignorada durante buena parte del siglo XX, solo recientemente se ha empezado a reivindicar la figura de esta mujer adelantada a su tiempo. Muy adelantada. Tanto que nació siendo esclava, unos meses antes de que Abraham Lincoln dictara la orden de emancipación de los esclavos afroamericanos en septiembre de 1862. Que una niña negra, nacida en el Estado sureño de Mississippi y en una época salvaje, lograra alfabetizarse, estudiar, independizarse, trabajar como periodista de investigación y militar como sufragista y defensora de los derechos civiles es una proeza. En realidad, lo sería para cualquier mujer, pero para una mujer negra, en ese contexto histórico, es algo sencillamente increíble.

Ida B. Wells estaba hecha de una pasta especial. A los 16 años, cuando se quedó huérfana (sus padres murieron a la vez y repentinamente por un brote de fiebre amarilla), en un manifiesto ejemplo de remango, decidió cuidar y sacar adelante a sus seis hermanos pequeños. Así que consiguió un empleo de profesora en una escuela de secundaria de Holly Springs. Profesora a los 16 años.

Es muy revelador colocar su vida y sus escritos en una línea temporal y compararlos con otros similares que ocurrieron mucho después. Fue, por ejemplo, una Rosa Parks ‘avant la lettre’. Wells sufrió un episodio parecido a bordo de un tren, cuando un revisor la conminó a abandonar su asiento en el vagón de mujeres y pasarse al vagón de los fumadores, que ya iba lleno de pasajeros. Ida, que estaba muy alejada del perfil del negro obediente, se negó. Ella estaba donde debía estar, en el vagón de mujeres, y de ahí no la iban a mover. La disputa subió de intensidad y otros dos hombres ayudaron al revisor a arrastrar a la brava Ida fuera del tren. Durante este forcejeo, y antes de ser expulsada, logró morder en la mano al revisor. Era indomable.

¿Qué hizo tras este lamentable suceso? Contó el caso en un artículo publicado en un periódico adscrito a una iglesia negra, con lo que ganó bastante popularidad en su comunidad, y denunció oficialmente a la compañía ferroviaria. El juez falló en su favor y consiguió una indemnización de 500 dólares. Era 1884, setenta y un años antes del sonado incidente protagonizado en un autobús por Rosa Parks.

La activista periodista
La fecha del incidente es importante porque ocurrió en una época y un lugar, los Estados del Sur, en el que los negros podían ser linchados impunemente por el simple hecho de ser «descarados» con los blancos o por «no ceder el paso en la acera a una persona blanca si esta se lo exigía». Así lo explicaba Ida B. Wells en su obra The Red Record (1895), un pormenorizado alegato contra el linchamiento cuya lectura produce escalofríos.

La turba podía linchar a un negro por un delito imaginado (el más común era el de la violación de mujeres blancas, había una verdadera obsesión con ese tema) incluso después de ser declarado inocente por un jurado. Para más señas: por un jurado enteramente blanco y en un tribunal presidido, obviamente, por un blanco. Ni siquiera eso los ponía a salvo. Es lo que le ocurrió a Meredith Lewis en Roseland (Luisiana) en 1893. Algunos días después del juicio por asesinato en el que fue absuelto lo sacaron de su casa y lo colgaron.

Wells denuncia en su obra la impunidad y la frecuencia con la que ocurrían estas atrocidades. Lo hace limitándose a relatar los casos ocurridos en los meses inmediatamente anteriores y el recuento es abrumador. Particularmente espeluznante es el caso de Henry Smith, torturado lentamente y quemado en la plaza pública el 1 de febrero de 1893 en Paris (Texas). El suplicio tuvo lugar ante una masa enfervorecida de 10.000 personas que celebraba con vítores «cada grito, cada contorsión» producida por el efecto del hierro candente en los ojos, la garganta y el cuerpo de Smith. Eso fue antes de que lo rociaran con queroseno y le prendieran fuego. Según varios diarios, aún estaba vivo mientras ardía en el patíbulo.

Aquella barbaridad, «más allá de toda descripción», como apunta Wells, fue cubierta por varios periódicos nacionales. Pero había muchos casos que pasaban totalmente inadvertidos. En el año 1893 nuestra reportera contabiliza cinco víctimas mortales sin que se sepa el motivo por el que fueron linchados. De dos de ellos ni siquiera se sabía el nombre. «El linchamiento es tan común en Estados Unidos que el hallazgo del cadáver de un negro, colgado de una rama entre el cielo y la tierra, tiene tan poca importancia que ni las autoridades civiles ni las agencias de prensa consideran que el asunto sea digno de ser investigado», denuncia Wells. En el prefacio de 'The Red Record', el líder abolicionista Frederick Douglass ponderaba así su ejercicio periodístico: «Usted ha tratado los hechos con una fidelidad fría y minuciosa, y ha dejado que esos hechos desnudos y sin contradicciones hablen por sí mismos».

No te puedes fiar de los blancos
Ida B. Wells aprendió pronto, y por experiencia propia, a desconfiar de los blancos. La victoria que consiguió en primera instancia en su caso contra la compañía ferroviaria fue posteriormente revocada por el Tribunal Supremo del Estado de Tennessee. «El sistema judicial de este país está enteramente en manos de la gente blanca», escribió Wells. «A esto hay que añadir el prejuicio inherente contra las personas de color, con lo que se verá claramente que un jurado blanco encontrará inevitablemente culpable a un acusado negro si hay la menor evidencia para justificar tal hallazgo». Las estadísticas, 126 años después de que escribiera estas líneas, parecen darle la razón: en 2020, más del 41% de los presos sentenciados a muerte en Estados Unidos (2.555 personas) eran negros; en cambio, el porcentaje de población negra del país no llega al 13,5%.

Al no encontrar en casa el suficiente apoyo a su causa antilinchamiento, Ida B. Wells hizo un «llamamiento mundial», con similar resultado. Vio con especial tristeza cómo eran recogidas en la prensa inglesa las noticias sobre la violencia contra los negros americanos. El Times de Londres, en un ejercicio supremo de cinismo y frío cálculo capitalista, desaconsejaba estas prácticas, pero no por inhumanas sino en aras de la productividad: «La matanza de negros por turbas sedientas de sangre no es un hecho infrecuente y no conduce al éxito de la industria. (...) El trabajo negro, que significa, en el mejor de los casos, trabajo ineficiente, aún debe confiarse a ellos en gran medida, y este terrorismo espasmódico disminuye aún más su eficiencia».

Afirmaciones como aquella ratificaron a Ida B. Wells en su idea de llevar la resistencia a otro nivel: «El dólar es el dios del hombre blanco, y detener esto será detener los atropellos en muchos municipios», escribió a principios de la década de 1890 en un artículo recogido después en el volumen 'Southern Horrors: Lynch Law in All Its Phases'. Esta convergencia entre la lucha por la igualdad racial y la lucha obrera podía, a su juicio, tener el beneficioso efecto de una «revolución incruenta». Pero había aprendido a no ser ingenua. Sabía que había que ir más allá y por eso empieza a hablar de autodefensa (una noción particularmente perseguida en nuestros días por los críticos del antifascismo).

«Las únicas veces en las que un afroamericano ha sido asaltado y ha podido escapar ha sido cuando tenía un arma a mano y la usó en defensa propia», afirma Ida en uno de sus escritos más revolucionarios. «La lección que esto nos enseña, y que cada afroamericano debería sopesar bien, es si el rifle Winchester debería tener un lugar de honor en cada hogar negro, con el objeto de ser utilizado para conseguir la protección que la ley le niega».

No es un miembro de las Panteras Negras quien así se expresa (el partido de los Panteras Negras no se fundaría hasta 1966), es una joven periodista afroamericana a finales del siglo XIX. «Cuando el hombre blanco, que siempre es el agresor, sea consciente del riesgo que corre de morder el polvo al atacar a una víctima afroamericana, más respeto tendrá por las vidas afroamericanas», añade. El concepto, en esencia, ya está ahí: las vidas negras importan. Black Lives Matter.

En todos los frentes
Evidentemente, todos estos artículos tendrían consecuencias para ella. Durante un viaje a Filadelfia, sus enemigos aprovechan su ausencia para quemar la redacción del periódico en el que trabaja como editora y del que es copropietaria en Memphis, el ‘Free Speech and Headlight’. Ida B. Wells se mantuvo, bajo amenaza, lejos de su antiguo trabajo. De hecho, no volvería a Memphis en los siguientes 30 años.

Se instaló primero en Nueva York, donde sus artículos contra el fenómeno de los linchamientos en los Estados del Sur armaron un ruido considerable, y después en Chicago. Allí protestó por el hecho de que se excluyera a los afroamericanos de la Exposición Universal de 1893. Solo desde el pabellón de Haití pudo poner en circulación un pequeño libro en el que contaba la historia de opresión que habían sufrido los negros americanos en «la tierra de los hombres libres y el hogar de los valientes».

Como pionera que fue en todos los frentes, Ida B. Wells también militó en el movimiento en favor del derecho de la mujer al voto, una reivindicación a la que tenía sus propios matices que aportar. Creía que había que tener en cuenta todas las discriminaciones de las que somos objeto en su conjunto. No es lo mismo ser marginada por mujer que serlo por mujer, por pobre y por negra. A eso, mucho más tarde, se le llamaría interseccionalidad.

En 1913 fundó en Chicago el Alpha Suffrage Club, una asociación de mujeres negras en favor del derecho al voto. Como presidenta del club participó en la primera manifestación sufragista que tuvo lugar en Washington ese mismo año. Lo hizo a pesar de que la mayoría de sus compañeras blancas eran notorias segregacionistas y quisieron mandarla al final, cerrando la marcha, para que las blancas del Sur no se molestaran. Pero a Ida nadie le iba a decir dónde tenía que ponerse, ni en un tren ni en una manifestación. Así era ella.

Ida B. Wells murió en Chicago hace 90 años, el 25 de marzo de 1931. Tuvo que esperar hasta el año pasado para obtener el más alto reconocimiento de la prensa en Estados Unidos. En 2020 se le concedió el premio Pulitzer a título póstumo.

domingo, 5 de enero de 2020

#hemeroteca #television #correccionpolitica | ¿Hay que censurar las escenas racistas del cine infantil?

Imagen: El País / Fotograma de 'Canción del sur' (1946)
¿Hay que censurar las escenas racistas del cine infantil?
El desembarco de la plataforma Disney + reabre el debate sobre qué hacer con clásicos que, vistos hoy, resultan polémicos o incorrectos. ¿Se eliminan? ¿Se acompañan de rótulos explicativos?
Begoña Gómez Urzaiz | El País, 2019-01-05
https://elpais.com/elpais/2020/01/03/ideas/1578049013_225849.html

Los espectadores estadounidenses que se adentraron el pasado mes de noviembre en la nueva plataforma de streaming Disney+ y apostaron por ver ‘Fantasía', 'El libro de la selva', 'Dumbo' o 'Peter Pan’ se encontraron con que esas películas van precedidas por un rótulo que dice: “Este programa se muestra como se creó originalmente. Puede contener retratos culturales anticuados”. El mensaje se refiere, por ejemplo, a la centaura negra de ‘Fantasía’ que aparece limpiándole las pezuñas a un caballo, al orangután King Louie en ‘El libro de la selva’, que le canta a Mowgli a ritmo de jazz: “u-bi-dú, quiero ser como tú” (es decir, humano, civilizado), al cuervo de ‘Dumbo’, que se llama Jim Crow, como las leyes que segregaban a blancos y negros en el Sur estadounidense, y a la canción de ‘Por qué dicen Au’, que sale en ‘Peter Pan’ y que exhibe todos los clichés posibles sobre los nativos americanos.

Hasta el mismo lanzamiento de Disney+, que llegará a España en marzo, costará 6.99 al mes y dará acceso a un catálogo que incluye clásicos animados, el universo Marvel y la saga ‘Star Wars’, se había especulado con otra posibilidad más radical: colgar esos filmes en la plataforma, pero con las escenas polémicas censuradas.

Al final, solo se han quedado fuera del menú una película infantil de Bill Cosby de 1981 (encarcelado por múltiples casos de abuso sexual), un episodio de ‘Los Simpson’ de 1991 en el que Michael Jackson apareció como doblador invitado y la película maldita de Disney, 'Canción del Sur', musical de 1946 que muestra una visión idílica de la vida de los trabajadores negros en las plantaciones y relativiza, o ignora directamente, el drama de la esclavitud. Este es el único título clásico que jamás se ha comercializado en ningún formato de vídeo doméstico ni se emite en los canales Disney.

El desembarco de la nueva plataforma de ‘streaming’, que inició su andadura el 12 de noviembre y obtuvo diez millones de suscriptores tan solo en su primer día, ha reabierto el debate sobre cómo debemos revisitar determinadas películas. ¿Hay que dejar de exhibir clásicos porque ahora resulten inadecuados?

La historiadora del cine Karina Longworth ha dedicado la última temporada completa de su exitoso podcast, ‘You Must Remember This’, a la película. Una de sus conclusiones es que la caída en desgracia de 'Canción del Sur' no se debe solo a un caso de revisionismo cultural, de mirar al pasado con ojos del presente. De hecho, la película generó protestas antes y después de su estreno en los años cuarenta. ‘The New Yorker’ y ‘The New York Times’ le dedicaron durísimas críticas por su contenido filorracista y estereotipado. En cambio, cuando se reestrenó en 1956 nada de eso sucedió. En 1972, hubo un tímido rechazo. Y en los ochenta de Reagan el filme gustó tanto que Disney la llevó a los cines dos veces y se basó en la película para diseñar la atracción 'Splash Mountain' de sus parques. “Casi se reposicionó como una película sobre la tolerancia racial”, apunta Longworth.

La solución por la que ha optado Disney+ de incluir avisos en algunos títulos tampoco ha contentado a todo el mundo. Para empezar, el texto se considera demasiado aséptico, menos detallado que el que imprime Warner Brothers en algunos de sus dibujos clásicos, como 'Tom & Jerry', en iTunes y Amazon Prime, que deploran los “prejuicio étnicos” de algunos episodios, subrayan que eran “erróneos entonces y erróneos hoy” y explican que se ha optado por no censurarlos “porque hacerlo sería como hacer ver que esos prejuicios nunca existieron”.

También está la cuestión de qué películas merecen el rótulo. De momento, Disney los coloca sólo en películas que llegan hasta los años sesenta y por motivos de discriminación racial y cultural. “Deberían llevarlos también películas más recientes como ‘Aladín’ y ‘Pocahontas’ y dar un paso más, añadir charlas y material educativo que explique los problemas de la película y la historia que hay detrás”, cree Aramide Tinubu, periodista y crítica que suele escribir sobre representatividad en el cine. Tinubu se hace eco de lo que sostienen asociaciones que trabajan por la defensa de la imagen de asiáticos, árabes y nativos americanos, que reclaman la revisión de esos títulos de los noventa, la época que inauguró ‘La Sirenita’ (1989) y que se conoce como el “Renacimiento Disney”. ‘Aladín’ (1993) abría con una canción que dice que el malvado Agrabah “viene de una tierra en la que te cortan la oreja si no les gusta tu cara” y en ‘Pocahontas’ (1995) todos los males del colonialismo se diluyen con un romance entre un capitán inglés y una nativa americana.

“Los rótulos se quedan cortos. Esas películas son sexistas, racistas y, en algunos casos, capacitistas [discriminatorias hacia personas con discapacidad]. Así que los textos deberían ser más claros respecto a la naturaleza problemática de esos filmes”, añade Psyche Williams-Forson, profesora de Estudios Americanos en la Universidad de Maryland. ¿Permitiría a sus hijos ver ‘El libro de la selva’ sin supervisión? “No, no dejé a mi hija leer el libro sin explicarle yo antes ciertos aspectos, y haré lo mismo con la película”. La gestión del pasado no solo presenta dilemas para Disney. Desde el estreno de ‘Frozen’, en 2014, la casa que fundó Walt Disney, furibundo anticomunista y acusado de antisemita y racista, ha entrado en una era progresista o políticamente correcta, según se mire. Sólo hay que ver los remakes en acción real de ‘Dumbo’, ‘La bella y la bestia’, ‘El libro de la selva’ y ‘El rey León’. La videoensayista Lindsay Ellis se refiere a esta época como “Woke Disney”, utilizando el término de moda que se refiere al activismo identitario. “La tendencia a cuestionar y sobrecorregir la moralidad cuestionable de los filmes originales está por todas partes en estos remakes”, señala Ellis en uno de sus vídeos. Pero lo hacen, dice, ignorando los aspectos más espinosos como el racismo y centrándose en otros más digeribles (y exportables) como el empoderamiento femenino o los derechos de los animales. El ‘Dumbo’ de Tim Burton (2019) acaba con la liberación de los animales del circo, un gesto poco creíble en 1910, que es cuando está situada la acción y opta por eliminar los polémicos cuervos.

‘Frozen 2’, estrenada en noviembre, debería haber sido el culmen de ese Disney progresista y multicultural... si Elsa hubiera conseguido la novia que pedían miles de tuiteros. Como no parece que China y otros mercados estén listos para una princesa lesbiana, los productores optaron por hacer hincapié en su soltería e independencia. Algunos, como el profesor de Estudios Queer de la San Diego State University, Angel Daniel Matos, el primero en hablar de la homosexualidad de Elsa en un contexto académico, duda sobre si Disney podrá alargar en el tiempo su ambigüedad. “El viaje de Elsa para convertirse en sí misma, su resistencia a las exigencias de sus padres y de la sociedad, la celebración de los elementos que la hacen rara y distinta son muy similares a los de la gente ‘queer’”. De momento, hay que contentarse con el par de escenas en las que aparece Honeymaren, una nativa de Northuldra con la que Elsa inicia una inspiradora amistad.

viernes, 20 de septiembre de 2019

#hemeroteca #racismo #blackface | El 'blackface' como el de Trudeau es habitual en España

Imagen: El País / 'Baltasar' Ruiz Gallardón
El 'blackface' como el de Trudeau es habitual en España.
En el teatro del Siglo de Oro ya se encuentran algunos ejemplos.
Emilio Sánchez Hidalgo | Verne, El País, 2019-09-20
https://verne.elpais.com/verne/2019/09/19/articulo/1568909174_532482.html

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, acudió en 2001 a una fiesta pintado con maquillaje negro. La revista ‘Time’ ha publicado la fotografía, que ha provocado críticas de representantes sociales y políticos. “El ‘blackface’ es una parte de la historia que deshumaniza, que niega la categoría de ciudadano a las personas negras (...) Es el momento de detener los argumentos que describen el ‘blackface’ como una broma”, ha escrito David Leonard, profesor de estudios de cultura, género y raza en la Universidad de Washington State, en un artículo publicado en The Huffington Post. Trudeau ya ha pedido disculpas.

La asociación SOS Racismo define el ‘blackface’ como “una práctica que perpetúa el racismo hacia las personas negras mediante la ridiculización y exageración de los rasgos característicos de las mismas, usando como punto de partida maquillaje en el que se simula la piel negra y pelucas de pelo afro”.

En España, algunas personas han visto un paralelismo entre lo que hizo el político canadiense y una tradición que sigue vigente: que personas blancas se pinten la piel para desfilar como Baltasar en las cabalgatas de Reyes. En 2014, la entonces alcaldesa de Madrid, Ana Botella, fue cuestionada por el hecho de que una persona blanca con la cara pintada interpretase a Baltasar en la cabalgata de su ciudad. "Si tuviéramos un concejal negro, no habría desde luego ningún inconveniente en que tuviéramos un rey negro", respondió la alcaldesa, amparándose en la costumbre de que tres concejales del Ayuntamiento interpreten en las cabalgatas a Baltasar, Gaspar y Melchor.

Si bien muchos artículos estadounidenses, como este de la web Vox, se remontan hasta el siglo XIX en busca de los precedentes más sonados de 'blackface', en España también encontramos ejemplos en las obras de teatro españolas del Siglo de Oro, que abarca los siglos XVI y XVII, cuando actores blancos aparecían sobre el escenario con la cara pintada.

“Ahí ya vemos ejemplos de ‘blackface’. Después de la expulsión de los musulmanes de la península Ibérica, se emplea esta forma de ridiculizarlos a través de los espectáculos. Esto coincide con un aumento de personas esclavizadas de origen africano”, explica a Verne por teléfono Antumi Toasijé, historiador y director del Centro de Estudios Panafricanos Kituo cha Wanafrika.

Los actores blancos de estas obras del siglo XVI y XVII se pintaban la cara con corcho quemado. “Se representaba a las personas negras como lujuriosas o con acentos que parecen un chiste”, añade el historiador. Asegura que en estas obras también participaban actores negros, normalmente para mostrar los mismos estereotipos que ridiculizaban los blancos con la cara pintada. “Era un tipo de comedia insultante y muy popular”, añade Toasijé.

El director del Centro de Estudios Panafricanos considera que el mayor exponente actual de ‘blackface’ en España es la cabalgata de Reyes de Alcoy (Alicante), la más antigua de España. Se celebra desde 1885. En ella desfilan ‘els negrets’ (los negritos). Son cientos de vecinos que se pintan la cara de color negro y los labios rojos. “Representan a personas esclavizadas. Alcoy es el lugar de España en el que se produce el ‘blackface’ más masivo”, según Toasijé.

La cabalgata de Alcoy cuenta con el reconocimiento como Bien de Interés Cultural y Fiesta de Interés Turístico Nacional. “Nosotros no faltamos al respeto, no es un ‘blackface’, ni una manifestación racista", dijo a Eldiario.es el concejal de festejos del municipio alicantino antes de la última cabalgata, certificando la intención del Consistorio de mantener la celebración.

Toasijé cree que en España no está del todo instalada la conciencia del racismo que impregna al ‘blackface’. “La sociedad española tiene unas características distintas a las de Estados Unidos. Existiendo racismo y violencia racista, el nivel de agresividad social [contra las personas negras] no es el mismo que en Estados Unidos. Para ellos es más evidente. Aquí se camuflan como chistes”.

En diciembre de 2017, el futbolista Antoine Griezmann, entonces en las filas del Atlético de Madrid y ahora en las del Barcelona, compartió una fotografía en redes sociales en la que aparecía disfrazado de jugador de baloncesto con la cara pintada de negro y una peluca afro. La razón de la imagen es que acudía una fiesta de disfraces cuyo motivo eran los años ochenta. El futbolista francés acabó borrando la imagen después de los comentarios recibidos en sus propias redes sociales y las quejas de algunas organizaciones.

“Creo que las redes sociales han ayudado a que nuestras reclamaciones tengan un mayor impacto”, afirma Toasijé. Y si bien las protestas de la comunidad afrodescendiente no han modificado la cabalgata de Alcoy, sí lo han logrado en muchos otros casos. Por ejemplo, en Madrid, el año 2015, el siguiente a las declaraciones citadas de la exalcaldesa Ana Botella, el rey Baltasar ya fue interpretado por una persona negra. “Sigue habiendo algunas cabalgatas donde se hace ‘blackface’, pero cada vez son menos. Eso sí, aún sigue apareciendo algún Baltasar pintado en los colegios”, finaliza Toasijé.

miércoles, 7 de agosto de 2019

#hemeroteca #tratadepersobas #esclavitud | Esclavas nicaragüenses para cuidar ancianos en Logroño

Imagen: El País
Esclavas nicaragüenses para cuidar ancianos en Logroño.
La Guardia Civil desmantela una red que traía mujeres a las que explotaba cuidando a dependientes.
María Sosa Troya | El País, 2019-08-07
https://elpais.com/sociedad/2019/08/07/actualidad/1565171090_785871.html

Mujeres nicaragüenses pobres, jóvenes y sin estudios, la mayoría con hijos a cargo. Un día se les acerca alguien que les promete un trabajo en España. Aceptan y, una vez en su nuevo destino, descubren el engaño. La Guardia Civil ha desmantelado una organización que había obligado a 50 mujeres a trabajar en el cuidado de ancianos, enfermos graves o dependientes, en condiciones de "esclavitud". Siete personas han sido detenidas. Habían ganado más de 750.000 euros a costa de someter a sus víctimas, muchas de las cuales trabajaban como internas y que estaban atemorizadas.

Los agentes detuvieron el pasado 28 de julio a siete personas, cuatro mujeres y tres varones, pertenecientes a la misma familia. Todos proceden de Nicaragua y tienen de 19 a 41 años. Solo dos residían en España de forma legal. Las cabecillas de la trama eran dos hermanas. Comenzaron a actuar en 2016, según un comunicado de la Guardia Civil. Actuaban de forma estructurada, organizada y jerarquizada. Sus bases de operaciones estaban establecidas en Logroño y Alfaro (La Rioja) y en Huesca. En las tres localidades disponían de viviendas.

La red captaba a las mujeres gracias a la colaboración de familiares directos que viven en Nicaragua. Ellos tenían la tarea de identificar a posibles víctimas. Les prometían un trabajo bien pagado en España. Si aceptaban, les compraban un billete de avión y les entregaban 1.000 euros en efectivo para justificar su estancia inicial. Llegaban con un visado de turista que las habilita para permanecer en el país durante 90 días. Una vez en su nuevo destino, les quitaban el pasaporte y el dinero que les habían dado y les comunicaban que tenían una deuda de 6.000 euros que debían saldar en un corto espacio de tiempo.

Pero esta cantidad no paraba de aumentar durante su estancia. Cuando las mujeres descansaban o se quedaban sin trabajo, la red las alojaba en sus viviendas y les cobraban por todos los servicios. En caso de no poder pagarlos, les prestaban dinero a un interés del 20%, lo que hacía que la deuda llegara a cifras astronómicas difíciles de saldar y las ataba aún más a la organización. La explotación era tal, que las cabecillas de la red solicitaban comida y ropa a organizaciones benéficas que ellas a su vez vendían a precios abusivos a las víctimas. Llegaron a exigir entre 20 y 30 euros por un comprimido de paracetamol.

La jefa de la red usurpaba la identidad de las víctimas para poner anuncios en portales de Internet y en redes sociales buscando trabajo como cuidadoras. Cuando cerraba el trato con los demandantes de estos servicios, enviaba a las víctimas. La mayoría trabajaba como internas. A final de mes, los empleadores les pagaban en negro y estas entregaban a la organización el 85% del sueldo como pago por la deuda que habían contraído y se quedaban el resto para tratar de subsistir en España.

El grupo sometía a las víctimas mediante constantes amenazas, intimidación, engaño y coacción, amedrentándolas con advertencias de las consecuencias a las que se enfrentarían sus familiares en Nicaragua, si llegaban a denunciar los hechos. usaban "prácticas mafiosas", según fuentes de la Guardia Civil. Ellas, atemorizadas por la posibilidad de que hicieran daño a sus familias en Nicaragua, guardaban silencio.

Hasta que a los agentes les llegó un aviso el pasado mayo en Alfaro. Entonces comenzaron la investigación que derivó en las detenciones. El primer arresto fue el de una de las cabecillas de la organización, en la terminal T4 del aeropuerto Adolfo Suárez - Madrid Barajas, cuando intentaba introducir en España a tres nuevas víctimas. El resto de las detenciones se llevaron a cabo de forma simultánea en La Rioja y en Huesca. En ambas provincias se practicaron cuatro registros domiciliarios. A todos los detenidos se les considera presuntos autores de los delitos de trata de seres humanos con fines de explotación laboral, pertenencia a grupo criminal y blanqueo de capitales.

La operación, dirigida por el Juzgado de Instrucción número 2 de Calahorra (La Rioja), ha sido desarrollada por la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil en La Rioja, con la colaboración de sus homólogos de Navarra, Huesca y Tres Cantos, así como el Puesto Principal de Calahorra y la Unidad Cinológica Central.

jueves, 21 de marzo de 2019

#hemeroteca #mujeres #derechoshumanos | Cientos de mujeres son compradas y violadas para tener hijos en China

Imagen: HRW
Cientos de mujeres son compradas y violadas para tener hijos en China.
El informe ‘Danos un bebé y te dejamos marchar’ revela la trata de birmanas vendidas a ciudadanos chinos para procrear.
Ángel L. Martínez | El País, 2019-03-21
https://elpais.com/elpais/2019/03/20/planeta_futuro/1553092497_647939.html

“La familia me metió en una habitación. Allí me maniataron de nuevo... Cerraron la puerta durante uno o dos meses. Cuando era la hora de almorzar, me enviaban comida. Lloraba mucho... Cada vez que el hombre chino me traía alimentos me violaba”, explica una mujer birmana vendida a las redes de trata por su cuñada cuando solo tenía 16 años. El testimonio forma parte de un informe desgarrador publicado este jueves por la organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW) en el que se denuncia la pasividad de las autoridades fronterizas de Myanmar y China ante el tráfico sexual de ‘esposas’ al gigante asiático.

Según el ‘dossier’ de 112 páginas Danos un bebé y te dejamos marchar, concluido después de tres años de investigación, mujeres de los estados de Kachin y Shan, al norte de Myanmar, son traficadas a China por la frontera septentrional birmana. Basado en entrevistas con 37 supervivientes así como familiares, miembros de la comunidad local y oficiales de Myanmar, el informe detalla cómo las víctimas confían en las promesas de trabajo por parte de familiares y conocidos que las acaban vendiendo por valor de 2.600 a 11.500 euros a familias en China. Una vez en el país vecino, son encerradas y violadas hasta que se quedan embarazadas.

"Las autoridades de Myanmar y de China miran hacia otro lado mientras traficantes sin escrúpulos venden a mujeres y niñas de Kachin para su cautiverio y abusos indescriptibles", explica Heather Barr, codirectora del departamento de la mujer de HRW y autora del informe. "La escasez de medios de subsistencia y la falta de protección de los derechos más básicos han hecho que estas mujeres sean presa fácil de los traficantes, que tienen pocas razones para temer la aplicación de la ley a ambos lados de la frontera".

Las supervivientes que consiguen escapar del cautiverio y los abusos confiesan que sus captores están más interesados en tener un hijo que una esposa. La población femenina en China ha caído desde 1987 y la brecha entre hombres y mujeres de 15 a 29 años aumenta debido a la preferencia de niños fruto de la política de hijo único vigente entre 1979 y 2015 y a la restricción de derechos reproductivos de la mujer. Según las estimaciones del Boletín Médico Británico, a China "le faltan entre 30 y 40 millones de mujeres” a causa de la flagrante discriminación de la población femenina que afecta a esta y a otras sociedades patriarcales de Asia.

Ante el desequilibrio demográfico, algunas familias chinas optan por comprar a mujeres y niñas que han sido víctima de redes de tráfico de países vecinos. El número de ‘esposas’ que son vendidas al gigante asiático es difícil de cuantificar, pero la Comisión de Derechos Humanos de Myanmar registró 226 casos solo en 2017, mientras que los activistas creen que la suma real seguramente sea mucho más alta. “Es difícil saber si la cifra sube o baja, pero varios expertos creen que el número aumenta a medida que el conflicto en el estado de Kachin continúa”, razona Heather Barr.

Muchas de las supervivientes entrevistadas durante la investigación pertenecen a la población de más de 100.000 desplazados internos por la lucha en los Estados de Kachin y Shan. En 2011, Myanmar acabó con 17 años de alto el fuego reanudando sus ataques contra los grupos étnicos armados. El Gobierno ha bloqueado la asistencia humanitaria en estos campos de refugiados, alguno de los cuales están bajo control de la opositora Organización por la Independencia de Kachin; que cuenta con un brazo armado. Las mujeres son las únicas que ganan sustento para sus familias mientras que los hombres toman parte en el conflicto.

“Los Gobiernos de Myanmar y China, así como la Organización por la Independencia de Kachin, deberían hacer mucho más para prevenir el tráfico, recuperar y asistir a las víctimas y perseguir a los traficantes”, denuncia Barr. “Donantes y organizaciones internacionales deberían apoyar a los grupos locales que hacen el trabajo duro, el que los Gobiernos no se atreven, para rescatar a las mujeres y niñas, y ayudarlas a recuperarse”.

Tras el cautiverio, y después de dar a luz a sus bebés, algunas escapan; aunque dejando a sus hijos en manos de sus captores y violadores. De vuelta en Myanmar, las que sobreviven tienen que lidiar con el trauma y el estigma con la escasa ayuda de las pocas organizaciones que carecen de recursos y capacidades para asistir a las víctimas de un tráfico sexual que no recibe ninguna atención por parte de ninguno de los dos países implicados.

Las dificultades para su reintegración se agravan por la deshonra que supone su situación dentro de una comunidad profundamente cristiana y donde la “gente te mira con desprecio porque has sido traficada a China”, según cuenta Barr que le dijo una de las supervivientes. La experta de HRW asegura haber conocido a una mujer que estuvo cautiva durante nueve años, a otras dos que llegaron a ser víctimas de las redes de tráfico hasta en dos ocasiones y a una de solo 14 años.

Y TAMBIÉN…
No nacen suficientes chinos.
Aunque sea el país más poblado del mundo, el peligro que acecha al gigante asiático está en la caída de la natalidad y el envejecimiento. Algunos expertos aseguran que eso provocará el fin del milagro económico chino.
Zigor Aldama | El País, 2019-01-24
https://elpais.com/elpais/2019/01/22/planeta_futuro/1548176991_039248.html

viernes, 9 de noviembre de 2018

#hemeroteca #identidades #racismo | Estadounidenses negros reclaman judicialmente su ciudadanía india tras haber sido expulsados

Imagen: El Diario / Damario Solomon-Simmons
Estadounidenses negros reclaman judicialmente su ciudadanía india tras haber sido expulsados.
Sus antepasados eran esclavos negros propiedad de los nativoamericanos. Ahora, han interpuesto una demanda contra la nación Creek para reclamar su ciudadanía y sus derechos como miembros de la comunidad indígena.
Caleb Gayle | El Diario, 2018-11-09
https://www.eldiario.es/theguardian/Estadounidenses-reclaman-judicialmente-ciudadania-excluidos_0_833617100.html

Johnnie Mae Austin y su nieto, Damario Solomon-Simmons, pueden darte todo tipo de detalles sobre sus antepasados. De hecho, se pueden remontar a 1810, el año en el que nació un antepasado directo de Solomon-Simmons, Cow Tom [Vaca Tom]. Con un orgullo más que evidente, relatan las hazañas de un valiente ancestro que luchó en la guerra de Secesión y era uno de los líderes de la tribu.

De hecho, tal es su empeño en que todo el mundo conozca la historia de Cow Tom que han demandado a la nación Creek, también conocida como los muscogui, con el objetivo de que reconozca a sus descendientes.

Solomon-Simmons y su abuela son negros, pero afirman que ellos también son creek, una comunidad india. Ahora luchan para que se reconozcan sus raíces.

En 1979, una nueva constitución tribal les complicó el poder demostrar que descendían de los muscogui. Concretamente, a los muscogui negros les resultó prácticamente imposible demostrar que sus antepasados pertenecían a este pueblo indígena y miles de ellos perdieron su ciudadanía creek.

En Agosto de 2018, Solomon-Simmons, que como abogado que lidera esta demanda representa a un grupo de seis demandantes –entre los que se incluye su abuela–, presentó una demanda contra la nación creek muscogui y contra el Departamento de Interior con el objetivo de que se reconozca la ciudadanía plena a los muscogui negros.

Como resultado de todo ello, una minoría está demandando a otra minoría para reclamar su derecho a ser incluido en el grupo de la minoría indígena. Para resolver este caso peculiar será necesario retroceder casi 200 años.

Justin, una anciana de 86 años, nació en Haskell, Oklahoma. Afirma que su abuelo, Jake Simmons, "era creek hasta la médula". Simmons hablaba maskoki (la lengua creek) con fluidez. De hecho, Austin es capaz de recordar algunos insultos en maskoki que utilizaba su abuelo. Cuando la entrevisté en su casa de North Tulsa, me cantó una de las canciones que su abuelo le enseñó, también en maskoki.

Jake Simmons era el nieto de Cow Tom. Como otros esclavos negros de indígenas, él participó en el llamado 'Camino de las lágrimas', una deportación forzosa de las naciones amerindias, que se desplazaron de Florida a Oklahoma.

Algunos de los descendientes de Cow Tom incluso ponen en duda que este fuera esclavo. Algunos documentos señalan que en un inicio, sí lo fue. En cualquier caso, llegó a Oklahoma a principios de los años treinta del siglo XIX y se convirtió en un pilar de la comunidad negra muscogui y un hombre que consiguió amasar un poder político y económico considerable. Sus nietos lo recuerdan como un hombre con la tez de color negro azabache y de complexión media cuyo éxito procedía de su aparentemente "ilimitado suministro de ganado".

Cow Tom se movía bien entre las distintas culturas, entre otros factores porque hablaba bien el inglés y estaba familiarizado con la cultura de los blancos. Llegó a ser el responsable de Canadian Town, un pueblo negro liberado que formaba parte de la nación Creek. También se convirtió en representante de los creek ante el Departamento de Interior.

De hecho, la de Cow Tom no es una historia de éxito aislada entre los creeks negros de Oklahoma oriental que trabajaban duro. El 18 de noviembre de 1910, el periódico The Topeka Plaindealer informó que "un gran porcentaje de población negra que se ha asentado en el este del estado tiene un gran patrimonio procedente de sus raíces indígenas".

Según este artículo, muchos fueron esclavos de los muscogui en un inicio, pero consiguieron ser ciudadanos libres tras la Proclamación de Emancipación. El Gobierno de Estados Unidos obligó a los pueblos indígenas a "firmar tratados mediante los que permitían que los esclavos negros de estos pasaran a ser los titulares de parte de su patrimonio". Es decir, los antiguos esclavos negros de los pueblos indígenas pasaron a ser titulares de terrenos que pertenecían a la comunidad creek.

"Actuaron con parámetros racistas"
En la Oklahoma de finales de los años setenta del siglo pasado, Austin solía recibir cartas de la nación Creek. Le mantenían informada de las últimas noticias, le enviaban papeletas para votar en asuntos tribales y cheques con lo ganado de la venta de ganado o la explotación de las tierras.

Austin siempre pensó que esta correspondencia demostraba una pertenencia. "Esta es mi identidad", señala. A partir de 1979 dejó de recibir esas cartas.

Esta interrupción fue el resultado de una demanda federal de 1976, a partir de la cual los creek consiguieron limitar algunas de las actitudes paternalistas del Gobierno de Estados Unidos. Los muscogui votaron y volvieron a determinar cuáles eran los parámetros para pertenecer a su pueblo y fue precisamente entonces cuando muchos negros muscogui que habían sido considerados miembros de la tribu quedaron excluidos.

Según Daniel Littlefield, del Centro Nacional de Investigación Sequoyah: "En esta decisión jugó un papel importante el sentimiento de 'somos una tribu'". Creo que estas personas actuaron con unos parámetros absolutamente racistas a la hora de excluir a los negros.

En estos momentos, para poder reclamar la ciudadanía es necesario tener antepasados registrados en un censo especial de 1906 conocido como Dawes Rolls. Se trata de un censo federal que define a los miembros de los pueblos indígenas en función de un principio poco definido de "sangre indígena".

Cuando se elaboró el censo, no se disponía de los test genéticos de la actualidad y la lista se basó en entrevistas y evaluaciones que daban resultados cuya precisión dejaba mucho que desear. Austin recuerda una anécdota familiar sobre sus abuelos. Uno tenía la piel muy oscura, y todos daban por hecho que no descendía de los creek, mientras que otro tenía la tez clara y todos pensaban que era creek. En realidad los dos eran muscogui.

"En estos momentos, si quieres que te den la ciudadanía creek tienes que demostrar que eres un descendiente directo de alguien que figura en el censo", inidca Nathan Wilson, de la Oficina de Ciudadanía Creek.

Austin no puede demostrar que es una descendiente directa de un "creek de sangre" del censo. Sin embargo, el nombre de su familia sí figura en el censo. El hecho de que tanto ella como sus antepasados sean negros impide que puedan ser muscogui "de sangre".

El caso girará en torno a un tratado que firmaron el Gobierno de Estados Unidos y el pueblo Creek en 1866 y que especifica qué criterios de ciudadanía tenían los creek en ese momento.

"Entre los Creek hay muchas personas afroamericanas", señala el Tratado, que también menciona a Cow Tom como un delegado oficial del pueblo Creek.

El tratado establece que "las personas que residan legalmente en el territorio del pueblo Creek" o incluso las que se hayan marchado temporalmente, así como sus descendientes, "podrán regresar en el plazo de un año a partir de la ratificación de este tratado", al igual que "sus descendientes y otros de su misma raza que en virtud de las leyes del pueblo creek se asienten como ciudadanos dentro de los límites de la jurisdicción de esta nación".

Según el tratado, todos los descendientes "deberían tener y gozar de todos los derechos y privilegios del pueblo indígena […] y las leyes de este pueblo son vinculantes y otorgan las mismas garantías a todas estas personas, y a otras, con independencia de su raza o color, que sean admitidas como ciudadanos o miembros de estas tribus".

Solomon-Simmons indica que pertenecer a la nación Creek "no es cuestión de raza, ya que sus miembros están unidos por una identidad política y tienen obligaciones". Afirma que el tratado todavía está en vigor.

El abogado avanza qué argumentos utilizarán los muscogui para defenderse de la demanda: "Van a decir que tienen el derecho a decidir quién es miembro de su tribu". Técnicamente, él está de acuerdo con esta afirmación. "Creo que, como cualquier otro pueblo soberano, tienen derecho a decidir quién lo integra, pero como cualquier otro pueblo soberano, no lo pueden hacer por motivos de raza, firmaron un tratado".