sábado, 17 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lesbianismo | Lesbianas en el espacio

Imagen: 20 Minutos / Fotografía de Richard Overtoom
Lesbianas en el espacio.
Charo Alises | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-11-17
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/11/17/lesbianas-en-el-espacio/

Las lesbianas aún no hemos conquistado el espacio. El espacio público está prácticamente desierto de mujeres con sexualidades no normativas.

Durante la dictadura franquista, las lesbianas se relacionaban tejiendo redes secretas ente ellas que propiciaban encuentros en lugares privados para evitar las represalias del poder, que reprimía con dureza la disidencia sexual. Las reuniones en domicilios particulares eran la forma de socialización más común de las libreras, término utilizado por las mujeres lesbianas en aquella época para reconocerse sin nombrarse.

Con la democracia, las lesbianas no alcanzaron el grado de representatividad pública de los hombres gais, que empezaron a ocupar lugares hasta ese momento vedados a las personas LGTB. Todavía hoy, en el imaginario colectivo, la homosexualidad está vinculada al hombre gay, blanco, joven y físicamente atractivo. Las mujeres lesbianas seguimos prácticamente desaparecidas. Esa invisibilidad es aún más flagrante en el caso de las lesbianas racializadas, mayores o con discapacidad, ya que la interseccionalidad multiplica la discriminación.

Las voces lésbicas siguen sin escucharse en el espacio público. El miedo a la reprobación familiar y a la discriminación social y laboral, todavía coarta la libertad de muchas lesbianas que no se atreven mostrar públicamente sus afectos ni a participar en movimientos LGTB. Además, la doble barrera del género y la orientación sexual es un hándicap para las mujeres con sexualidades no normativas.

La presencia de lesbianas visibles en la esfera pública es fundamental para paliar el problema de la falta de representación lésbica, pero también es imprescindible la promulgación de leyes que favorezcan nuestra intervención en todos los espacios en condiciones de igualdad real y efectiva. No es propio de un Estado democrático la existencia de normas que vulneren derechos fundamentales de las personas en base a su orientación sexual y esto ocurre hoy en España.

Como muestra de la discriminación que sufrimos, la ‘Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida’ obliga a las parejas de mujeres a contraer matrimonio antes del nacimiento de sus hijos para que pueda determinarse la filiación de éstos a nombre de ambas madres. Esta norma es discriminatoria con respecto a las parejas heterosexuales y, por tanto, contraviene el derecho fundamental a la igualdad consagrado en el artículo 14 de la Constitución.

Las mujeres lesbianas necesitamos conquistar nuestro espacio en la esfera pública para que se oiga nuestra voz y se respeten nuestros derechos. ​No dejemos que decidan por nosotras.

#hemeroteca #transfobia | Una mujer con pene

Imagen: El Periódico / 'Som aixi', un 28J en Barcelona
Una mujer con pene.
Lucía Etxebarria | El Periódico, 2018-11-17
https://www.elperiodico.com/es/opinion/20181117/una-mujer-con-pene-por-lucia-etxebarria-7147590

Ella se llama Lara. En su DNI pone otro nombre. Cuando usaba ese otro nombre y no se ponía falda ni tacones y no llevaba el pelo largo, trabajaba como diseñador gráfico, y cobraba bastante bien. Era bisexual, igual que lo es ahora, y había tenido novios y novias.

Tardó mucho en tomar la decisión porque sabía lo que iba a perder. Y lo perdió. Perdió el trabajo. Ni siquiera le dieron explicaciones. Lo que le dieron, eso sí, fue la indemnización. Bastante escasa, teniendo en cuenta que con la última reforma laboral sale barato despedir. Después perdió al novio. Le dijo que él no le acompañaba en la aventura. También perdió mucha vida sexual. Cuando era un chico guapo, se le abalanzaban encima (ya sabes: 'Everybody wants you when you’re bi, looking at the girls and eyeing all the guys') pero ahora que es una chica guapa... con pene... Pues sí, hay quien se atreve. Pero o va borracho y puesto de coca, y Lara odia el alcohol y las drogas, o dice que lo hace porque le da morbo. Y a Lara lo de dar morbo no le da morbo. Ella quiere que se acuesten con ella por sexo, no por satisfacer una curiosidad malsana.

Ahora se le abalanzan encima, pero de otra manera. Cuando vuelve a casa de noche, lo hace con miedo. Los grupos de hombres le dan miedo, como nos lo dan a las demás mujeres. Hace poco le agredieron unos 'canis' que volvían a casa borrachos. Lara ya forma parte del 82% de los transexuales españoles que han sufrido una agresión en su vida. Solo un 18% se han librado de la paliza que les cae por eso, por ser diferentes.

Aquí yo no tengo espacio para hablarles de 'gyrus' angular izquierdo y lóbulo parietal inferior izquierdo o de área tegmental ventral o de córtex somatosensorial primario. Pero es importante que entiendan eso: Lara nació así.

Hace unos días vi una película, 'The Miseducation of Cameron Post', que trata sobre la 'conversion therapy', las terapias de reconversión que se han intentado durante decenios y que aún se aplican en muchas partes del mundo para que gais y lesbianas cambien de orientación sexual. Ni 'electroshocks', ni hipnosis, ni psicoanálisis, ni condicionamiento aversivo (aplicar descargas eléctricas mientras se ve porno homosexual), nada tiene éxito. Como mucho, lo que se consigue es que el paciente (ejem, más bien la víctima) se suicide. Ahora, por fin, una parte del mundo entiende esto.

El Reino Unido ha prohibido estas terapias, pero en España, por el momento, sigue pendiente la aprobación a nivel nacional por parte del Parlamento de una ley unificada, por lo que actualmente es cada región la que regula cómo luchar contra la LGTBIfobia. Por ejemplo, en Navarra estas terapias aún existen.

Lara tampoco puede cambiar quién es. ¿Quién, en su sano juicio, perdería un trabajo, un novio, una vida sexual y social normalizada, la seguridad de volver tranquila a su casa por la noche, por un simple capricho o por una moda?

¿Me hace a mí algún daño Lara cuando se pone falda y tacones? Ninguno. ¿Interfiere en mi vida? Para nada. Lara a mí no me hace daño, se lo hacen a ella todos los días. Discriminada en el trabajo, discriminada por parte de su familia, discriminada como amante por parte de quien temía el qué dirán, insultada en la calle por el solo hecho de caminar...

Lara tiene todo el derecho de vestir y actuar como le salga del pene que aún tiene. Nunca estaré de acuerdo con las feministas que no vean como mujer a una mujer cuya condición de mujer voluntaria le cuesta tan cara.

Yo creo que Lara es una mujer. No es una mujer como yo. Tiene su diferencia. También una mujer con síndrome de Down tiene su diferencia, o una mujer autista, o una mujer con síndrome de Asperger. Todas ellas son neurodivergentes. Sus cerebros son neuroatípicos, tienen diferencias con los cerebros que llamamos normales. Pero también una mujer ciega es diferente a mí, o una mujer albina. Y una mujer negra es diferente a mí.

Hay algunas que me dicen que como soy «blanca y burguesa» no puedo entender a una mujer negra y pobre. En algunos momentos de mi vida he sido pobre, muy pobre. En cuanto a lo de blanca, en Estados Unidos no me consideran así. Allí, soy latina (mis sobrinas, de hecho, constan así en sus becas de universidad, donde se les exige adscripción a grupo étnico). En cualquier caso, la cuestión es que todas somos mujeres, y lo que nos une es más de lo que nos diferencia.

Lo que nos une es que a todas nos han maltratado o discriminado alguna vez por el mero hecho de ser mujeres.

viernes, 16 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Bodas homosexuales como resistencia a Bolsonaro

Imagen: El País / Luanna y Deise
Bodas homosexuales como resistencia a Bolsonaro.
Las uniones civiles entre la comunidad LGTBI se disparan ante la llegada al poder del ultraderechista.
Tom C. Avendaño | El País, 2018-11-16
https://elpais.com/internacional/2018/11/14/america/1542216213_918450.html

El plan siempre fue comprarse el piso primero y casarse después, con una gran recepción de final de cuento de hadas, pero entonces Jair Bolsonaro ganó las elecciones. Luanna Bulhões, de 30 años, profesora en una escuela pública de São Paulo, tuvo un pequeño ataque de pánico al oír, el domingo electoral del 28 de octubre, que la extrema derecha gobernaría Brasil. No paraba de pensar en el coche que, dos días antes, se había desviado de su camino y subido a la acera por la que corría su novia, en São Miguel, en el desprotegido sur de São Paulo.

“Ella lo esquivó de milagro: la quería atropellar, estaba claro, o asustarla, al menos”, cuenta ahora Luanna con el ceño fruncido de indignación, entre un pelo afro y gafas de pasta. A su lado, la novia, Deise Oliveira, estudiante universitaria de 23 años, murmura con voz grave y tímida: “Iba con camisa de cuadros y pantalón corto ancho, muy de estereotipo de lesbiana”. Y se resigna: “Cuanto más estereotipo, más estigma. Más violencia”.

Para ellas, las dos cosas, el ataque y las elecciones, están íntimamente relacionados. Creen que tanto el nuevo Gobierno como sus muchos seguidores en las calles van a poner a prueba la frágil seguridad de la comunidad LGTBI en Brasil, así que quieren protegerse. Han decidido que se casan. Ni piso, ni gran recepción. A su modo de ver, es esto o a lo mejor no habría final feliz de cuento de hadas.

“No tenemos dinero ahorrado: lo que tenemos es una boda montada a matacaballo”, se lamenta Luanna, sentada en la notaría civil número 34 de São Paulo, la más popular para tramitar uniones homosexuales en una ciudad que es, a efectos prácticos, la capital gay de Brasil. Y no está sola. A estas oficinas no paran de llegar parejas en busca de una boda in extremis, siguiendo el mismo razonamiento. “La demanda se ha disparado”, alerta el director de la oficina, el notario Adolpho Bastos da Cunha. Han pasado de casar a seis parejas en agosto a 11 en octubre y 12 están en la agenda para diciembre. Y esperan más.

Algo parecido ocurre en los despachos de otros 120 notarios de São Paulo, que inscribieron el año pasado 2.835 de las 5.816 bodas que hubo en Brasil entre personas del mismo sexo. Aquella cifra supuso un aumento del 25% con respecto a 2016. Ahora, la subida se prevé mucho mayor.

En parte es una respuesta a la amenaza política que la comunidad LGBTI percibe ante la presidencia de Bolsonaro, homófobo declarado, y la actuación de un Congreso más evangélico que nunca (91 diputados de 513). El Tribunal Supremo brasileño declaró constitucional la unión homosexual en 2011 a raíz de una demanda. Dos años después, el Consejo Nacional de Justicia se basó en aquel fallo para obligar a las notarías del país a celebrar los matrimonios gais.

El Congreso, sin embargo, no ha aprobado ninguna ley que proteja ese derecho, y la comunidad LGBTI teme que con el nuevo escenario político se produzca un retroceso. “Retirar un derecho como el del matrimonio es imposible en un Estado de derecho”, tranquiliza Mario Solimene, uno de los pocos abogados de Brasil especializado en uniones homoafectivas. “Aunque muchos se están poniendo en lo peor”.

Hostilidad cotidiana
Estas bodas son, sobre todo, un gesto político. Las agresiones y amenazas físicas, como la de aquel coche que casi arrolla a Deise, se han multiplicado desde las elecciones. Las muertes violentas entre la comunidad LGBTI ya se habían disparado un 30% en 2017, con 445 homicidios al año. Un récord para el país.

Pero ahora se suma una nueva hostilidad cotidiana. El País ha preguntado a docenas de personas LGBTI, en asociaciones y foros. Sus testimonios dibujan un país cada vez más hostil con la homosexualidad. Está Priscila, una travesti asesinada a puñaladas al grito de “Bolsonaro presidente” en el centro de São Paulo el 16 de octubre. Y una lesbiana, que prefiere no ser citada, que recibió un puñetazo en el metro días después. Varios entrevistados contaron haber sido amenazados de muerte con frases del estilo de “los maricones van a morir con Bolsonaro” en la calle o en redes sociales para hombres gais.

“Estamos notando un recrudecimiento en la relación entre la comunidad y el resto de la sociedad”, alerta Claudio Nascimento, coordinador de la ONG Grupo Arcoíris. “Y es fruto del discurso de odio del presidente electo. Se ha entendido una autorización para discriminar”. Casarse supone una unión, entre sí, y con las instituciones. Una forma de resistencia.

Luanna y Deise van a celebrar su boda sin la familia de esta última: son evangélicos y no aceptan que ella sea lesbiana, y mucho menos que se case. “Eso los que saben de la boda”, añade. El auge de los evangélicos en la política brasileña es solo uno de los elementos que ha elevado la tensión entre el colectivo y la sociedad.

Pero no están solas. El traje, por ejemplo, se lo diseña gratis una modista transexual. La tarta, las fotos, también ha sido regalos de desconocidos: los más de 600 profesionales que han observado a través de las redes sociales el furor que existe por las bodas homosexuales y han respondido ofreciéndose a trabajar gratis en las ceremonias.

#hemeroteca #feminismo #lgtbi #gais | La cuarta ola del feminismo y el mundo gay se miran de reojo

Imagen: El País / Manifestación 8M en Madrid
La cuarta ola del feminismo y el mundo gay se miran de reojo.
La pelea por los vientres de alquiler ha aflorado antiguas y nuevas fricciones entre el colectivo homosexual y el movimiento de la mujer.
Carmen Morán Breña | El País, 2018-11-16
https://elpais.com/sociedad/2018/11/16/actualidad/1542392343_090003.html

El feminismo y el mundo gay, antaño compañeros de viaje, se miran hoy de reojo. Muchos lo saben, pero no todos lo quieren reconocer públicamente. No se trata solo de los vientres de alquiler, aunque este asunto ha abierto una grieta que no se cierra, si acaso se agranda. La que ya se reconoce como cuarta ola del feminismo, que hoy en día saca a la calle a millones de mujeres, organiza un revolucionario MeToo, trata de cambiar la política, abraza la ecología y rechaza el capitalismo en su versión más dura, esa ola no se compadece con ciertos comportamientos del mundo gay. Choca con algunas formas de vida de la G del LGTBI.

En los últimos años, algunas feministas volvían la cara ante la ostentación de la caravana que reivindicaba los vientres del alquiler en el Orgullo Gay. Una práctica, la mercantilización del cuerpo de la mujer, que al feminismo en buena medida le espanta. “¿Qué podemos hacer las feministas con ese orgullo de mercado? La cuarta ola del feminismo es marcadamente anticapitalista, muy crítica con el neoliberalismo como fuente de desigualdad inagotable y de explotación. Pero no solo son los vientres de alquiler. El mercado tiene una capacidad infinita para articular las demandas patriarcales: vientres, prostitución, pornografía, la industria del sexo en general. Y ha tenido la misma capacidad y rapidez para satisfacer las disidencias sexuales”, dice la feminista Rosa Cobo Bedia, profesora de Sociología del Género en la Universidad de A Coruña.

“Para el feminismo radical, ciertos gais, no todos, están faltos de una reflexión profunda sobre la igualdad de género. Esto ya ocurre desde hace años. Ellos estaban más por homologarse con el mundo heterosexual y el feminismo preconiza cambios entre iguales, quiere combatir los roles de género y la supremacía masculina”, dice Luz Sanfeliu, militante feminista y profesora de la Universidad de Valencia.

En esa supremacía masculina en la que también se detienen ciertos gais, los que salen a la calle en julio en una manifestación paralela y minoritaria que se hace llamar Orgullo Crítico, más del gusto de algunas feministas. “El patriarcado está instalado en el colectivo gay. Muchos son machistas, yo lo sé porque soy activista LGTB y bisexual y me relaciono mucho con ellos. No entienden el movimiento feminista como lo entienden las mujeres. Algunos también son plumófobos, al gay más afeminado le miran mal. La masculinización física es la norma, si sales de eso no eres más que un mariquita gracioso”, critica sin ambages Javier Bujarrabal, colaborador del Orgullo Crítico. “Muchos gais no han hecho el camino del feminismo. Con su imagen musculada, machuna, a veces desprecian la pluma. Y algunos no se relacionan con las mujeres más que desde la superioridad”, asiente Beatriz Gimeno.

¿Qué opina de este divorcio entre feminismo y mundo gay Jesús Grande, el presidente de Cogam, el colectivo gay de Madrid? “Hay un poco de separación de ideas, pero es solo con el feminismo más radical. Sobre la gestación subrogada hemos llegado a cierta comprensión, aunque no con todo el feminismo. Como colectivo estamos completamente a favor [de esta práctica], reconoce. “Yo ya he atendido tres casos y los tres eran mujeres. Los que están en contra están muy mal informados”, asegura. Sobre los planteamientos del Orgullo Crítico sostiene que colaboran con ellos en algunas actividades y que “en algunas cosas tienen razón”.

Cuando se pregunta a las activistas vinculadas de siempre al feminismo, la cosa cambia notablemente. Uge Sangil no cree que el movimiento LGTB se haya posicionado abiertamente a favor de los vientres de alquiler. Tampoco todos los gais opinan así. “Yo estoy en contra de los vientres de alquiler. También sé de algunas polémicas entre el feminismo y el colectivo LGTB, pero creo que nuestra lucha es hereditaria del movimiento de las mujeres. Es verdad que algún sector del feminismo es transfóbico”, empieza Toni Poveda, un histórico activista LGTB. Pero reconoce que “el machismo y la misoginia impregna a toda la sociedad”, incluido a los gais. “Esto ha pasado siempre, ahora se está exagerando. Mi objetivo siempre ha sido la transversalidad del feminismo”, añade.

Sangil, presidenta de FELGTB, la federación nacional, reconoce que malestar hay, aunque no diría brecha, entre el movimiento feminista y el colectivo LGTBI, si acaso un “movimiento sísmico”. Y ella sitúa el epicentro en otro asunto: el sujeto político del feminismo, cuestionado también ahora. Se refiere a la división entre algunas feministas y las mujeres transexuales, de donde afloran extrañas palabras que ayer no existían: cismujer, bifobias, transgénero, terf.

Cismujer (o cishombre) es un término que quiere distinguir a las mujeres de las transexuales, por simplificar. Es decir, a quienes han nacido mujeres y están conformes con ello de aquellas que nacieron con genitales masculinos pero se saben mujeres. Y de esta diferencia nacen las siglas terf (trans-exclusionary radical feminist), con las que se señala a las que discriminan a las segundas o no quieren que formen parte del mismo club. Algunas feministas entienden que desplazar a la mujer como objeto del feminismo hará daño a la causa.

“Hay una parte del feminismo muy transfóbica, pero es porque no lo conocen. Yo soy crítica con parte del discurso trans, pero no con ellas. Por mucha discrepancia que haya, no creo que eso nos esté poniendo en peligro”, opina Beatriz Gimeno, en la actualidad diputada por Podemos en la Comunidad de Madrid, de siempre activista por los derechos LGTB.

Sexo y género
“El feminismo acogió a las trans y nos invitaron a ir en su pancarta del 8-M”, recuerda la activista Carla Antonelli, enfadada hoy porque algunas feministas, “no todo el colectivo”, se muestra en contra de las trans: “Las terf”, señala. “Y negar a las mujeres no es nada feminista”, añade. Ese mismo argumento es el que las feministas exponen a ciertas transexuales.

La cosa es que el sexo está permeando el movimiento feminista. Lo que antes era patriarcado ahora es heteropatriarcado. La cuestión de género como roles atribuidos a hombres y mujeres es ahora una cuestión de identidades sexuales. “Mis alumnos solo quieren hablar de género, de deseo, de sexualidad y ese debate fue vital para el feminismo en los años sesenta pero la libertad sexual es solo una parte del feminismo, la igualdad es otra”, explica Isabel Morant, catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Valencia. “La discusión sobre los debates de identidad sexual está muy de moda entre los jóvenes, es algo que viene del mundo estadounidense. Creen que los derechos ya están superados y muchos de los estudios feministas en EEUU toman ahora como objeto la identidad: negras, hispanas... el cuerpo da la medida de todas las cosas. La gente mezcla cada vez más los colectivos LGTB con el feminismo que es mucho más amplio”, añade Morant, que fue directora de la colección Feminismos, de la editorial Cátedra.

He aquí otro de los obstáculos donde la alianza entre el colectivo LGTB y el feminismo encuentra alguna grieta. “El movimiento gay, desde su acta fundacional en Stonewall, en 1969, ha crecido mucho y rápido, con menos resistencia social, por cierto, que el feminismo. Para ellos, el problema fundamental es la opresión sexual, las disidencias sexuales, la proliferación de los géneros, la forma de vivir la sexualidad. El feminismo es mucho más que eso, las feministas ya hicimos esa lucha por la emancipación sexual, junto con el colectivo LGTB”, analiza Rosa Cobo.

Efectivamente, gais y mujeres caminaron juntos durante mucho tiempo. El patriarcado, que quiere a la mujer mujer y al hombre hombre, ha machacado a ambos por igual. Por eso, no es casualidad que en España la ley de matrimonio homosexual llegara a España con el primer presidente declarado abiertamente feminista, José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero la lucha ha tomado muchos matices. Y hay quien defiende que algunos gais siguen siendo hombres machistas. O que el machismo no es solo cosa de heteros. “Ellos, como hombres, han sido socializados en la idea de que su sexualidad es un derecho y nosotras no”, sostiene Rosa Cobo. Cierta hipersexualización o la consideración de que el deseo sexual de los hombres es distinto (y a veces irrefrenable) es un reproche que el mundo feminista hace a menudo a los hombres, también a los gais. “El movimiento por la libertad sexual ha sido tan fuerte que ha acabado impregnándolo todo hasta el punto de que a parte del feminismo se le acusa de pacato. Se vio con el Me Too, que algunas feministas francesas acusaron a otras de puritanas, pero creo que están muy lejos de serlo”, dice Morant.

Mercado rosa es otra de las expresiones que surgen al abordar este divorcio entre el mundo morado y el multicolor. Define una forma de vida acomodada y sin freno entre algunos gais. Barrios que fueron humildes cuando no depauperados y ahora han experimentado una fuerte gentrificación. Son la élite.

“No tienen un movimiento social articulado como el feminismo, que ya cuenta tres siglos. Y no lo tienen porque en buena medida lo han vendido al mercado”, critica Rosa Cobo, consciente de que sus palabras no son cómodas. Las comparte Bujarrabal, del Orgullo Crítico: “Patrocinios, marcas, es el negocio del Orgullo actual, muy comercial y capitalista. En Chueca unos pocos empresarios gais se reparten el territorio: hoteles, bares; se han convertido en un parque de atracciones”. Matiza Uge Sangil: “Creo que ese mercado rosa es una minoría. No todos los gais son capitalistas. Muchos jóvenes no tienen ni para pipas”.

Nada a cambio
A la filósofa española Celia Amorós le debemos el término “relaciones ruinosas”, que define aquellas causas a las que el feminismo prestó su apoyo sin encontrar nada a cambio. Ocurrió en la Revolución Francesa, que acabada la revuelta mandó a las mujeres a la cocina, o con el abolicionismo de la esclavitud, que de nuevo las dejó en la estacada. Hay más ejemplos en el pasado. Ahora es la ecología otra de las grandes luchas del feminismo y ya hay quien avisa de que se está pidiendo a la mujer más de lo debido para la salvación del planeta.

“Siempre seremos aliadas de las causas justas, pero el objetivo de muchos gais no es la emancipación de la mujer, sino de su colectivo. El feminismo es anticapitalista neoliberal, contrario al sistema patriarcal y tenemos una relación diferente con la sexualidad. Creo que el movimiento gay se ha apoyado en el feminismo. Fueron nuestros aliados, pero quizá a partir de ahora no lo serán, o solo una parte de ellos. La brecha es un hecho. Podremos coincidir en algunas cosas pero no establecer alianzas ruinosas”, dice Cobo.

Todos templan gaitas. Dicen que cualquier división definitiva puede afectarles a ambos. Carla Antonelli, zanja: “No caigamos en las falsas trampas y en debates ácidos y estériles porque podemos ir a una batalla campal. Hay que rescatar las alianzas”.

Un programa de igualdad o un asunto de diversidad
Las feministas reconocen que el movimiento gay es fuerte e influyente: “Tiene complicidad con las instituciones, los partidos, los medios de comunicación; la ley de matrimonio fue en España al tiempo que la de violencia de género, por ejemplo”, recuerda Rosa Cobo. Pero el auge del feminismo en los últimos tiempos parece haberlo dejado pequeños. “Tras compartir unas metas comunes, el movimiento gay ha hecho sus conquistas y se ha independizado mientras que el feminismo ha inundado a la sociedad con un programa de igualdad que quizá ahora es el principal programa de progreso. El feminismo lo abarca todo, incluidos los gais. Van por caminos paralelos, pero no distintos. Y no veo la necesidad de que vayan aliados”, dice Juan Sisinio Pérez, catedrático de Historia Contemporánea y autor de 'Historia del Feminismo'.

Pero lo cierto es que durante mucho tiempo han ido de la mano. O los unos se han apoyado en las otras, como piensa Rosa Cobo. Por ejemplo, ciertas conquistas del feminismo que dieron como resultado la creación de concejalías, consejerías de la mujer, o incluso un Ministerio de Igualdad, se han encargado finalmente del asunto global de la “diversidad”, que también es una cuestión de igualdad, pero distinta. Incluso compartiendo recursos económicos. “Pues me parece genial. Mientras las feministas nos hemos quedado detrás el LGTB ha avanzado”, dice Uge Sangil, de la Federación estatal de gais y lesbianas.

Sin embargo, su colega Jesús Grande de Cogam, cree que más que discrepancias entre feminismo y gais es “el activismo, en general, el que se está desenganchando. Está paralizado y manipulado por los poderes fácticos”. 

NOTA DE IGLU: Nada es lo que parece o sí, vaya usted a saber. Lo único que nos queda claro es que nada está claro entre la más que 'extraña' relación, ruinosa o no, que se presenta en este 'artículo' entre el feminismo y el 'mundo gay'. Les propies informantes parecen decir una cosa y también la contraria. Habrá que leeerlo en paralelo o entre líneas, como si una quisiera trascender al género fluido e ir más allá. Digno de tenerlo en cuenta y mirarlo, de vez en cuando, de reojo. Y que no se nos olvide subrayar eso de que 'el feminismo es anticapitalista neoliberal'. Modelazo de periodismo de coctelera. ¡Ay, xadre, menudo batiburrillo!

#hemeroteca #futbol #homofobia | Olivier Giroud: «Es imposible declararse gay en el fútbol»

Imagen: ABC / Olivier Giroud
Olivier Giroud: «Es imposible declararse gay en el fútbol».
El delantero francés del Chelsea ha concedido una entrevista a 'Le Figaro' en donde ha hablado del tabú de la homosexualidad.
S. D. | ABC, 2018-11-16
https://www.abc.es/deportes/futbol/abci-olivier-giroud-imposible-declararse-futbol-201811161825_noticia.html

En una entrevista para el medio francés 'Le Figaro', Olivier Giroud ha abordado uno de los temas tabú del mundo del fútbol: la homosexualidad de los jugadores.«Es imposible declararse gay en el fútbol», ha afirmado el delantero del Chelsea.

Giroud ha hablado sobre la dificultad de los jugadores homosexuales para salir del armario, recordando la experiencia de Thomas Hitzlsperger, ex jugador del Alton Villa que se declaró homosexual en 2014: «Cuando Hitzlsperger tomó su decisión fue cuando me dije a mí mismo que actualmente es imposible mostrar la homosexualidad en el fútbol. En un vestuario hay mucha testosterona, compañerismo, duchas colectivas... Es complicado, pero es así».

«Entiendo el dolor y la dificultad que tienen los deportistas profesionales para salir del armario. Soy muy tolerante con este tema. Cuando estaba en Montpellier, participé en esta lucha haciendo la portada de Têtu. En el Arsenal también me puse los colores del arcoíris en apoyo de los comunidad gay. Queda mucho trabajo por delante en el fútbol al respecto a la tolerancia a la homosexualidad». Según su opinión, el mundo del fútbol «aún no está maduro» para esto.

#hemeroteca #futbol #homofobia | Giroud: “Es imposible declararse homosexual en el fútbol”

Imagen: El País / Campaña 'Rainbow Laces' de Premier League
Giroud: “Es imposible declararse homosexual en el fútbol”.
El delantero francés, concienciado con la causa LGTB, ha recordado el caso del alemán Hitzlspelger, que fue criticado por declararse gay en 2014.
David Vázquez | El País, 2018-11-16
https://elpais.com/deportes/2018/11/16/actualidad/1542386386_843488.html

Olivier Giroud, delantero del Chelsea y de la selección francesa, ha reconocido en una entrevista a ‘Le Figaro’ las enormes dificultades que aún existen para que los jugadores de fútbol digan abiertamente que son homosexuales: "Es imposible declararse homosexual en el fútbol". El jugador, de 33 años, ha recordado además el caso del futbolista internacional alemán Thomas Hitzlspelger, que en 2014 se atrevió a declarar en el semaniario Die Zeit: "Solo en los últimos años he visto con claridad que prefiero vivir con un hombre".

El germano, que disputó con Alemania el Mundial de 2006 y la Eurocopa de 2008 (jugó la final contra España hasta que fue sustituido por Kuranyi), se convirtió entonces, junto con el inglés Justin Fashanu, en uno de los pocos futbolistas de élite que reconocía sentirse atraído por otros hombres. Aquellas declaraciones suscitaron críticas sobre todo entre los propios futbolistas, con el central brasileño Álex Rodríguez, entonces central del PSG, a la cabeza. En un documental emitido por Canal Plus pocas horas después de la entrevista a Hitzlsperger, el jugador declaró: "Si estuviera de acuerdo con eso, Dios no habría creado a Adán y a Eva, habría creado a Adán y a Yves, por ejemplo".

Aunque jugadores como Joey Barton, jugador en 2014 del Olympique de Marsella, salieron en defensa de Hitzlsperger, el rechazo de buena parte de la comunidad futbolística indujo a Giroud a considerar que el deporte en general, y el fútbol en particular, no han progresado lo suficiente como para que la orientación sexual de cada uno se asuma con naturalidad. "[La declaración de Hitzlsperger] fue muy emotiva. Pero fue entonces cuando me dije que era imposible que alguien dijera que es homosexual en el fútbol", ha declarado el galo este viernes.

"En un vestuario hay mucha testosterona, todos juntos, duchas colectivas... Es difícil, pero es así. Entiendo el dolor y la dificultad de los chicos que salen del armario", ha explicado Giroud, antes de recordar que su compromiso con el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGTB le llevó a posar desnudo en 2011, cuando aún no pasaba de ser un prometedor delantero del Montpellier, para la revista francesa ‘Têtu’, especializada en temas contra la homofobia.

No ha sido la única vez que Giroud ha mostrado públicamente su postura favorable a que el deporte se abra. En 2014, ya en el Arsenal, unos meses después de que Hitzlsperger consiguiera poner sobre la mesa el debate, participó junto a otros jugadores de la plantilla (entre ellos, los españoles Mikel Arteta, hoy ayudante de Guardiola en el Manchester City, y Santi Cazorla, jugador del Villarreal) en la elaboración de un vídeo para la campaña ‘Rainbow Laces’, que animaba a los jugadores a ponerse unos cordones con los colores de la bandera arcoíris para contribuir a erradicar la homofobia del fútbol.

Las acciones del fútbol inglés para combatir la discriminación por razones de orientación sexual han continuado durante estos años. Este jueves, la Premier ha anunciado a través de su web la campaña Rainbow Laces para la temporada 2018/2019, que se desarrollará entre el 30 de noviembre y el 5 de diciembre, en vez de solo durante un día, como se ha hecho desde que empezaron estos gestos colectivos en 2013. En esta ocasión, los colores arcoíris no se limitarán a un elemento tan poco visible para los aficionados como los cordones de los jugadores, sino que estarán también presentes en elementos del juego más relevantes como los banderines de córner o la tablilla en la que se anuncian los cambios. Todo para que algún día Giroud no tenga razón y declarar la homosexualidad en el fútbol no sea pronto algo imposible.

#hemeroteca #abolicionsimo | La culpa es de las abolas

Imagen: El Diario / Marcha contra la trata de personas en Bilbao
La culpa es de las abolas.
No, no somos nosotras las que dividimos a las mujeres en putas y santas; eso lo hace muy bien el patriarcado. El sistema prostitucional se basa hoy en una industria que hace crecer la demanda cada vez más pero que se encuentra con el problema de que necesita cada vez más mujeres para cubrirla. Esta columna es una respuesta a la de Gabriela Wiener, 'Nosotras y las otras'.
Beatriz Gimeno | El Diario, 2018-11-16
https://www.eldiario.es/zonacritica/Prostitucion-feminismo_6_836476346.html

Decía ayer Gabriela Wiener en un artículo-exabrupto que la culpa de todo es de las abolas. Nunca dejará de sorprenderme la ira que se gastan algunas contra nosotras y que jamás vemos aflorar ante la noticia, casi cotidiana, de la policía rescatando a mujeres esclavizadas o ante las filas de puteros abriendo sus braguetas para que una mujer depauperada y con la mirada perdida les chupe la polla en una rotonda. Ni ante los negocios que se cierran en prostíbulos, ni ante los niñatos que acuden en manada a los puticlubs y que luego dejan en las páginas web sus calificaciones sobre las bocas y las vaginas de las "perras", ni ante los políticos que se premian unos a otros con volquetes de putas, por no hablar de los países cuyas mujeres y niñas pobres literalmente no tienen más opción vital que ser prostitutas. Eso nunca genera la misma ira en las regulacionistas que la que generamos las abolicionistas. Es, como poco, extraño.

En su exabrupto, lleno además de inexactitudes, Gabriela Wiener descubre con pasión a la puta; a esa figura fantasmática que recorre la literatura y que tantos y tantos escritores y pensadores han descubierto antes que ella. La puta como esa figura romántica, libre, empoderada, destinada a derribar las barreras de la moral conservadora que todas las feministas denostamos. Esa figura mítica y consoladora (en todos los sentidos) destinada, en realidad, a servir de pantalla para ocultar a las verdaderas putas.

Siempre que alguien descubre a esa puta como epítome de alguna liberación no puedo dejar de sorprenderme de la fuerza propagandística de esa imagen. Siempre que alguien descubre la fuerza transgresora de la prostitución me sorprende su capacidad para ocultar la realidad, que no es otra que el hecho de que desde su origen la prostitución ha estado siempre institucionalizada, regulada, protegida e incentivada por todos los poderes conocidos (Iglesia, Estado y ahora industria global) y que sólo comienza a problematizarse cuando unas mujeres del siglo XIX, las sufragistas, se escandalizan y se rebelan ante las leyes británicas que pretendían obligar a las putas a pasar un humillante examen médico.

Aquellas que seguramente nunca se verían obligadas a someterse a dicho examen sintieron como propia la humillación de esas otras y rompieron así la separación patriarcal y de clase entre ellas y nosotras; estas feministas supieron entonces que para el patriarcado putas somos todas o podemos serlo y comenzó la lucha feminista por la abolición de la prostitución.

No, no somos nosotras las que dividimos a las mujeres en putas y santas; eso lo hace muy bien el patriarcado. Esa es, en realidad, una de las bases del patriarcado y del sistema prostitucional, y somos las feministas las que denunciamos y combatimos esa división. Nunca dejará de sorprenderme que se pueda escribir un artículo-exabrupto sobre prostitución sin mencionar, en realidad, ni la prostitución, ni a los puteros ni a la industria, la segunda mayor del mundo, sino sólo a las abolas.

El hecho de que una megaindustria global haya convertido a las mujeres pobres del planeta en materia prima muy barata, que no necesita costes de transformación y cuya plusvalía es una de de mayores posibles... eso no parece tener nada que ver con la prostitución ni con las políticas que se hacen alrededor de ella, ni con los discursos, ni con nada en realidad, sólo con las abolicionistas.

El hecho de que los gobiernos de los países pobres, incitados por el Banco Mundial y los poderes económicos hayan decidido que utilizar a millones de sus mujeres como materia prima les garantiza una subida de su PIB, eso tampoco merece un comentario... somos las abolas. Y el hecho, como bien explica Rita Segato, de que ante una desigualdad creciente causada por el neoliberalismo y ante los avances feministas cada vez más hombres estén utilizando la prostitución como uno de los espacios que les quedan de refuerzo de una subjetividad fragilizada y de una masculinidad basada en la desigualdad, eso no tiene nada que ver tampoco con la prostitución.

El sistema prostitucional se basa hoy en una industria que hace crecer la demanda cada vez más pero que se encuentra con el problema de que necesita cada vez más mujeres para cubrirla. Para eso necesita fabricar putas. Y lo hace. Lo hace de múltiples maneras, pero sobre todo utilizando su poder económico global para bloquear y desincentivar cualquier posibilidad que implique que las mujeres pobres puedan hacer otras elecciones.

Lo que las abolicionistas defendemos es un derecho que en muchos lugares del mundo ya no existe, y es el derecho a no ser prostituidas, usadas como mercancía, como materia prima al servicio de un sistema económico y patriarcal depredador que funciona, además, con las mismas lógicas y los mismos mecanismos que las industrias extractivistas globales.

No, no queremos putas sin derechos; queremos mujeres con todos los derechos pero combatimos un monstruo que crea falsos sindicatos de prostitutas para legalizarse como industria normalizada y legal. Lo ha hecho en todo el mundo ¿No te lo crees? Pues lee a las prostitutas anti regulación, cuyo discurso no llega a los medios con la misma facilidad que el otro, pero que existe. Se puede estar o no de acuerdo con las abolicionistas pero detrás de nosotras no hay nadie más que nosotras mismas.

¿Quién podría estar interesado en el abolicionismo sino las abolicionistas? La prostitución es una industria millonaria con ramificaciones en muchas otras industrias y negocios; da inmensos beneficios a los países y a muchos sectores económicos relacionados indirectamente con ella; la prostitución tiene millones de "clientes" interesados en que no desaparezca, clientes que pertenecen a todas las clases sociales y a todas las instituciones, que son jueces, policías, curas, políticos, médicos, obreros, taxistas, funcionarios... votantes, en definitiva. Y hombres, muchos de ellos con poder.

Y esa maraña inmensa de dinero e intereses obviamente presiona incentivando hasta el infinito la demanda, comprando voluntades, generando discursos legitimadores, comprando medios de comunicación... En el mejor de los casos esta industria hace lo mismo que haría cualquier industria de este tamaño.

Yo no digo nunca que todas las regulacionistas sean proxenetas, en absoluto; sabemos de sobra que hay regulacionistas a las que sólo mueve el ánimo de mejorar las condiciones de vida de las mujeres en prostitución. Con estas seguimos debatiendo y tenemos muchas cosas en común puesto que todas queremos combatir el patriarcado y mejorar las condiciones de vida de las mujeres en prostitución.

Pero como con Wiener está claro que no se puede debatir le diría que para construir un pensamiento independiente hay que leer a gente que no te da la razón. Le recomiendo a Wiener que lea, no ya a abolicionistas no vaya a salirle un sarpullido, pero sí a algunas activistas de la prostitución con discurso autónomo que explican de manera muy clara por qué las regulaciones estatales, todas, lo que hacen es perjudicarlas y no beneficiarlas. Una cosa es la despenalización (en España ser prostituta no es ilegal; Wiener parece ignorarlo también) y otra la regulación de la actividad como actividad laboral para terceros que, inevitablemente, se hace siempre en beneficio de los empresarios y que empeora, y mucho, las condiciones de la mayoría, especialmente de las más vulnerables. No sólo lo dicen muchas de ellas, sino que ya tenemos experiencias de sobra para comparar.

No, no queremos impedir que las prostitutas se asocien y, de hecho, están asociadas hace mucho tiempo sin problemas y también forman parte de algunas secciones sindicales. Me pregunto por qué Wiener no ha hablado con aquellas prostitutas que están en contra de este llamado sindicato. Es posible que dado el nivel de su ira concentrada contra las abolicionistas, la posibilidad de complejizar su discurso hablando con prostitutas que piensan otras cosas, o con abolicionistas con discursos diferentes a los que ella supone, la sumiría en una perplejidad irresoluble.

Lo que ha ocurrido es que después de muchos años de lucha si hay una ola que recorre el mundo (y para liberarlo) es la del feminismo. Y lo que ha ocurrido también es que esa Ola feminista, que ha puesto el foco no sólo en las consecuencias de la desigualdad sino también en cómo se construye la misma, no podía dejar de ver la prostitución como una de las grandes instituciones generadoras de desigualdad. Y ha estallado. Y el abolicionismo se ha llenado de jóvenes que no están dispuestas a pasar por alto esa estructura que se alza contra nosotras desde hace miles de años para reforzar y reconstruir permanentemente la desigualdad y un sistema de opresión que condena a millones de mujeres a ponerse al servicio de uno de los privilegios masculinos intocados e intocables desde hace miles de años, el de eyacular, cuando a ellos les apetezca, en una mujer. Va a ser que no.

#hemeroteca #delitosexuales | Los expertos juristas optan por sacar el “abuso sexual” del Código Penal

Imagen: El País / Protesta feminista contra la sentencia a La Manada
Los expertos juristas optan por sacar el “abuso sexual” del Código Penal.
Hay acuerdo también en considerar violación aquellos casos en los que la penetración llegue tras haber ingerido la víctima alguna droga que merme su voluntad.
Fernando J. Pérez / Reyes Rincón | El País, 2018-11-16
https://elpais.com/sociedad/2018/11/15/actualidad/1542313309_454639.html

La Sección Penal de la Comisión General de Codificación, el grupo de expertos al que Justicia le ha encomendado la reforma del Código Penal, considera que se debe sacar de la ley española el término “abuso” y considerar como “agresión” todos los atentados contra la libertad sexual, según fuentes del organismo asesor. Hay acuerdo también en considerar violación aquellos casos en los que la penetración llegue tras haber ingerido la víctima alguna droga que merme su voluntad. El delito de violación se recupera y todos los definidos en este ámbito serán considerados contra “la libertad sexual”.

El grupo, formado por 28 juristas —15 mujeres y 13 hombres—, se reunió ayer para abordar la posible modificación del capítulo sobre delitos sexuales. Los expertos, según tres miembros de la comisión consultados, reconocieron dificultades para recoger y estructurar en la ley conductas de muy diverso tipo —desde los tocamientos al acoso callejero, pasando por las penetraciones con intimidación— lo que impidió que de la reunión saliera un texto consensuado. Sí están de acuerdo en que la violación (salvo que sean delitos acumulados) no supere la pena máxima de los homicidios, 15 años.

El dictamen no es vinculante para los legisladores.

Ante la falta de acuerdo, la ministra de Justicia, Dolores Delgado, amplió hasta el 31 de diciembre el plazo para entregar el informe, según fuentes del departamento. La próxima reunión se celebrará el 13 de diciembre. Este grupo fue reactivado por el anterior ministro de Justicia, Rafael Catalá, del PP, tras la ola de indignación social que suscitó la sentencia de La Manada, por la que se condenó por abuso sexual —y no por agresión— a cinco hombres que violaron en grupo a una joven de 18 años en los Sanfermines de 2016 al entender que no medió violencia.

El organismo consultivo, presidido por el abogado Esteban Mestre, se ha reunido en tres ocasiones desde 1982 y solo lo integraban 20 hombres. En mayo, Catalá modificó su composición. Todos son expertos en Derecho Penal.

Fuentes de la Comisión destacan que la principal dificultad del trabajo estriba en “lograr un texto útil que no cree más problemas de los que trata de solucionar”. En este caso, comenta un experto, se trata de “atender las exigencias de la opinión pública sin olvidar los aspectos técnicos y el respeto a las garantías procesales penales”. Los consultados están satisfechos por la “buena sintonía” lograda en la reunión y confían en lograr un texto consensuado.

En cualquier caso, los expertos coinciden en la necesidad de sacar de la legislación penal el concepto de “abuso sexual”. Este término, coinciden, “se presta a equívoco y puede herir la sensibilidad de la sociedad”.

jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #trabajosexual | Al debate sobre la prostitución le falta renta básica

Imagen: El Salto / Trabajadoras del sexo en una protesta en Madrid en 2014
Al debate sobre la prostitución le falta renta básica.
En el debate sobre la prostitución estamos desterrando la capacidad de equivocarse y todo son sospechas. Escribimos con miedo a decir cosas que luego no podremos enmendar, de hacer aseveraciones que nos invaliden como feministas, casi como personas.
Sarah Babiker | El Salto, 2018-11-15
https://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/al-debate-sobre-la-prostitucion-le-falta-renta-basica

Tomaba un café en un barcito de mi barrio, una chica dominicana atendía la barra. Iban llegando parroquianos y ella les escuchaba con una sonrisa cálida y neutra. Un señor entró. “¿Qué tal?”, le saludó, y enseguida empezó a contarle sus penas. Tenía un piso cerca de ahí, en uno de esos bloques avejentados, se lo alquilaba a una pareja joven con dos hijos. “Dominicanos también, llevan meses sin pagarme el alquiler y me lloran que si no tienen trabajo, que si está muy difícil... Pero ¿qué quieren que yo le haga?”, dijo el señor apelando a la empatía de la camarera. “Además, ella es así como tú, joven y guapa, y le digo ‘pero con esa carita que tú tienes, con ese cuerpo que dios te ha dado, te vas a Colonia Marconi un par de noches y me saldáis la deuda’”, concluyó risueño.

Esto fue hace más de un año. Por aquella época el barrio estaba lleno de papelitos. En los parabrisas de los coches, desparramados por el suelo, toda una oferta de culos y tetas iba tomando las calles. Chicas nuevas y calientes. Latinas, negras, asiáticas. Dóciles y rebeldes. Complacientes y díscolas. No venían las tarifas pero se prometían precios asequibles para bolsillos obreros. Que ningún hombre se quedase sin su ración de coño exótico.

Un día, saliendo del metro, me crucé con unos chavales. Hablaban de acostarse con chicas, de enrollarse, cosas de adolescentes. Uno empezó a presumir de la felación que le había hecho esa chica tetona del grupo. “¡Porque le pagaste 20 euros, cabrón!”, le vaciló otro. “Bueno, yo quería una mamada y ella una copa, al final todos contentos”.

Últimamente me parece que la ciudad está llena de repartidores. Con sus chaquetas y sus app, sus aguerridas bicis y sus nulos derechos laborales se buscan la vida en las cada vez más grandes afueras de un mercado de trabajo digno. Quienes sobran se tienen que apañar con lo que tienen. Sus piernas que pedalean, sus manos que limpian váteres, sus vaginas que son penetradas. Hace poco tuve una pesadilla, soñé que una puntera aplicación nos permitía ofrecer y recibir sexo por dinero.

Así, si no tenías una habitación para alquilar en Airbnb, piernas fuertes para recorrer la ciudad llevando comida, o no te alcanzaba para alimentar a tus hijas con tu salario de dependienta podías crearte un perfil y elegir a tus clientes. Sería el colmo de la libre elección y la flexibilidad, y en lugar de tratar con oscuros proxenetas, generarías plusvalía para aseados emprendedores con cuentas en paraísos fiscales. La próxima maravilla de la economía colaborativa.

Yo no consigo pensar en la prostitución como una opción desmarcada del contexto neoliberal, no consigo ver en qué sentido es empoderante mercantilizar nuestros cuerpos, no alcanzo a entender qué tiene de moralista denunciar la extrema cosificación de las mujeres que implica, ni qué tiene de aburguesado y blanco desear que nadie tenga que ganarse la vida prostituyéndose. Así que sí: comparto la visión del abolicionismo que considera que la prostitución es un refugio del patriarcado y que en un horizonte feminista nadie debería tener que someterse al deseo masculino por dinero, asumirlo como única forma de supervivencia.

Pero a veces las miradas estructurales tienen sus falencias: se alejan de la realidad concreta y cotidiana de las personas, sus peleas diarias, su supervivencia, lo que ellas perciben como urgente y necesario. Y aquí yo creo que el abolicionismo aporta una panorámica necesaria para marcar horizontes, pero rígida para el camino. Señala tanto la estructura que acaba negando la agencia de los sujetos que en ella habitan y luchan. Es importante conocer lo que es el patriarcado del consentimiento, los mecanismos que estrechan el marco de lo posible hasta el punto de que no hay prácticamente margen para otra cosa que consentir, que barnizan esa única elección posible como deseable. Pero siempre se corre el riesgo de ver las cosas tan claras que acabes pertrechada en una verdad indiscutible.

¿Quieren las abolicionistas putas sin derechos? Yo creo que no. El abolicionismo quiere mujeres con derechos y considera que esto no es compatible —ni individual ni colectivamente— con la prostitución. ¿Pueden las políticas públicas abolicionistas cuando aplican medidas punitivas empeorar la vida de las mujeres que se prostituyen, aun cuando los penalizados sean los clientes?

¿Quieren las regulacionistas acabar con el feminismo de la mano de proxenetas y puteros? Yo creo que no. Que piden derechos y posibilidad de sindicación para las prostitutas porque creen que es lo justo. ¿Puede su defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales contribuir a la normalización de la prostitución como salida individual a la precarización de nuestras existencias, dejar zonas francas al patriarcado?

Puedo errar en lo que pienso, pero reivindico mi derecho a hacer preguntas. Estamos desterrando la capacidad de equivocarse y todo son sospechas. Escribimos con miedo a decir cosas que luego no podremos enmendar, de hacer aseveraciones que nos invaliden como feministas, como anticapitalistas, como periodistas, casi como personas.

Conozco y respeto a feministas abolicionistas. Y si bien ando espantada con la virulencia con la que algunas de ellas están señalando a lo que consideran el otro bando, no puedo pensarlas como personas antiderechos ni comparto que a muchas se las impugne que se centren en una forma de explotación y no en otras. El ataque que se hace a la sindicación no tiene tanto que ver con los derechos de las prostitutas, lo que cuestionan es que los sindicatos sean maniobras del empresariado para legitimar su negocio.

Estoy rodeada de gente más cercana a planteamientos regulacionistas, a quienes escandaliza que se haya denunciado a un sindicato de prostitutas. Puedo discrepar cuando hablan de puritanismo o de que las abolicionistas dividen a las mujeres en buenas o malas. Calentarme si siento que están banalizando la explotación sexual cuando dicen que es lo mismo limpiar váteres que comer pollas, o revolverme cuando entran en una especie de cultura ‘cool’ de la prostitución. Pero no dudo ni por un momento en que ellas son tan feministas como yo.

Y entonces salgo de Twitter, del cruce de acusaciones, de los artículos que polarizan. Salgo de la velocidad y de los miedos de ser etiquetada de una forma u otra, de la tentación de cerrar filas en territorio conocido y sentirme arropada. Vuelvo al bar donde ese señor plantea que una mujer se prostituya para pagarle el alquiler. Me la imagino a ella, agobiada, con sus dos hijos, la cuenta en números rojos, el casero mirándole de arriba abajo, evaluando su valor en el mercado de los cuerpos. Y me vuelvo abolicionista hasta la médula. Pero también pienso en Colonia Marconi, en las mujeres que no han encontrado otra salida, o en quienes defienden que su elección es esa. Y me hago preguntas.

Pienso en el aquí y el ahora, pero también en el largo plazo. En cuánto ganaríamos si todo el esfuerzo que estamos dedicando las feministas a este debate lo dedicásemos a exigir una renta básica universal, para todas nosotras, para que todas tengamos más opciones que elegir si limpiamos un millón de váteres por una miseria o comemos 20 pollas al día contra nuestro deseo. Para que, si decidimos lo segundo, no tengamos que prostituirnos de cualquier manera, en cualquier lugar y a cualquier precio porque nuestra supervivencia depende de ello.

#hemeroteca #libros #historia | España, país de acomplejados

Imagen: Hoyesarte
España, país de acomplejados.
Luis Pardo | Hoyesarte, 2018-11-15

https://www.hoyesarte.com/literatura/ensayo/espana-pais-de-acomplejados_242248/

“Llegó bailando por el agua con sus galeones y sus armas buscando el nuevo mundo en aquel palacio al sol”. Son los primeros versos de 'Cortez the killer', una de las mejores canciones de Neil Young, escrita en 1975, con esos largos y emocionantes solos de guitarra que definen el sonido eléctrico del canadiense. Basta leer el título para saber que arroja un retrato poco favorecedor del conquistador español Hernán Cortés. Y escuchado el temazo de un grande del rock, pensemos en cuánta gente habrá evitado leer la increíble peripecia de Cortés sabiéndole un indeseable y cómo se las gastaba el extremeño con la población indígena en tierras mexicanas. Por eso es inevitable acordarse del viejo Neil cuando se miran los detalles de la portada de 'Imperiofobia y leyenda negra', de la profesora María Elvira Roca Barea (El Borge, Málaga, 1966). Está ilustrada con el 'Lienzo de Tlaxcala' (1522) y en él vemos a Cortés con cuatro caudillos indios, uno de los cuales explica las condiciones de la alianza alcanzada.

El propio Neil Young ha confesado alguna vez poco conocimiento histórico del asunto. Caso muy distinto es –o debería ser al menos– el de la BBC con su colección de documentales sobre la época de los descubrimientos de los siglos XV y XVI de la mano de ingleses, holandeses, portugueses, turcos o españoles. Y sin embargo, oh sorpresa, en estos documentales, con distribución mundial incluida nuestra televisión pública, únicamente los españoles fueron los que “robaron, mataron y acabaron con edénicas culturas indígenas”. ¿Manía a los españoles? ¿Hispanofobia? Más bien, antipatía crónica a un país que fue un imperio, uno de los cuatro más grandes en términos de extensión territorial tras el británico, el mongol y el ruso.

Escrito en un tono de transparente indignación e incluso a veces de muy saludable cabreo, el libro de Roca Barea analiza todas esas leyendas negras asociadas a los imperios hasta casi formar parte de ellos, explicando al detalle cómo se producen y propagan y por qué oscuros intereses algunas de esas leyendas siguen vigentes tantos años después, hasta hoy mismo, sustituyendo a la historia como la canción de Young. Concretamente la obra repasa las fobias varias que despertó Roma y aún hoy despiertan Rusia, Estados Unidos y España.

No es imperio si no se le odia
Merece la pena sumergirse en un relato que comienza antes de Cristo y llega hasta la actualidad, que sabe trazar conexiones del pasado con el presente y está bien condimentado con no pocas reflexiones de enjundia. Cada imperio tiene su propia cruz, amplificada, pervertida o directamente inventada por la anti-propaganda de los envidiosos: la Roma imperial con la destrucción de Corinto; el todopoderoso Estados Unidos como fuente y plaga de todos los males del mundo (“ahora mismo, una parte grande de la humanidad está convencida de que los estadounidenses, además de medio tontos, son unos ignorantes”) y su “colisión con el islam”; o el gigante ruso contemplado desde los años de la Ilustración como un lugar moralmente inferior habitado por verdaderos bárbaros pese a su aspecto de gente civilizada.

El odio a los distintos imperios que en el mundo han sido no es exactamente igual en todos los casos, pero sí hay elementos comunes que la profesora Roca Barea desmenuza con claridad meridiana: el racismo aunque sea el que proyecta el débil hacia al poderoso; el rechazo al diferente a veces apoyado en el color de la piel y otras en la religión; o el apoyo de una clase intelectual capaz de transformar con eficacia los prejuicios en realidades aceptadas por todos que no admiten discusión.

La religión como arma arrojadiza
La religión fue el fundamento de la hispanofobia profesada por los ingleses desde que Enrique VIII se proclamara cabeza de la Iglesia anglicana en 1534. Desarrollaron un sólido y perdurable aparato propagandístico capaz, como escribe Roca Barea, de convencer “al mundo occidental (y sigue convencido) de que los anglicanos eran grandes defensores de la libertad de conciencia y de la tolerancia religiosa mientras que los católicos eran la encarnación misma de la falta de libertad, la intolerancia, el atraso y la barbarie”.

Una máquina de enorme eficacia a la hora de ensuciar la reputación española cuyas debilidades y contradicciones la autora no se cansa de poner en evidencia con multitud de ejemplos. Uno especialmente revelador: hasta 1850 estaba perseguida por ley la presencia de cualquier miembro de la jerarquía católica en Inglaterra mientras que en España hacía ya unos cuantos años que había desaparecido la institución encargada de velar por la pureza católica. Aun hoy los miembros de la familia real británica deben renunciar al trono si se hacen católicos.

Es éste un ensayo sin tiempos muertos que sin duda alcanza sus mejores momentos cuando pone el foco en las dos cargas más pesadas del imperio español: la Inquisición y su relación con las colonias. Roca Barea admite que es poco menos que imposible derribar la idea sesgada que la mayoría de la gente tiene de la Inquisición como sinónimo de mutilaciones y torturas. Éstas se realizaron en no más del 1 o 2% de los casos y no eran barbaridades de patrimonio exclusivo español. “En Inglaterra una persona podía ser torturada o ejecutada –descuartizada para ser más precisos– por dañar unos jardines públicos, y en Alemania las torturas podían llevar a perder los ojos. En la vecina Francia era admisible desollar viva a la gente”.

Batalla perdida de antemano
Lo que irrita a la autora es las pocas ganas, por parte del ‘personal’, de conocer hoy todo aquello que ayude a desmontar los mitos más denigrantes: a estas alturas parece dar igual que los inquisidores fueran abogados que apoyaban sus conclusiones en pruebas y evidencias y no en rumores ni acusaciones anónimas; o que resulte innegable el papel pionero que tuvieron los legisladores del imperio español en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas.

A la luz del merecido éxito editorial de esta obra se acaba de reeditar 'La leyenda negra', de Joseph Pérez, que con un estilo bastante más neutro profundiza en los elementos definitorios (la Guerra de Flandes, la Inquisición, las matanzas en las colonias…) de ese periodo de nuestra historia. En la introducción, el hispanista francés se pregunta si España no ha sido desde entonces víctima de una discriminación de orden ideológico, religioso o racial.

La mirada del otro
Lo que es seguro es que la imagen actual de España –la que tienen los propios españoles y la que proyecta fuera de sus fronteras– tendrá no poco que ver con su imagen pasada por mucha modernización, globalización, turismo y redes sociales que hayan contribuido y contribuyan al cambio más favorable. Aun así las transformaciones del siglo pasado y lo que llevamos del actual son innegables. De ello dan buena cuenta en un volumen admirable una veintena de autores, especialistas en historia, política, economía, deporte, literatura o gastronomía. En 'La mirada del otro' queda de manifiesto el papel del arte en el modo en que nos perciben desde fuera más de allá de don juanes y de cármenes, que también: puede ser como seres idealistas y generosos bajo la influencia de Cervantes; puede ser en el otro extremo como seres crueles, fratricidas y brutos con algunos dibujos de Goya en la cabeza; o divertidos, libres y desinhibidos gracias a la mirada almodovariana.

La obra es una excelente oportunidad para conocer cómo nos ven hoy los italianos, los ingleses o los chinos. No está mal que nos perciban como un país capaz de paralizar al planeta cuando se enfrentan sus dos equipos de fútbol más punteros. Y es estupendo que vendamos fuera nuestra cocina insuperable cada vez más y mejor. Pero sería bueno también que en esa poda de complejos nos desprendamos también de algunos otros asociados a nuestro pasado. Nunca es tarde.

  • Imperiofobia y leyenda negra. María Elvira Roca Barea. Editorial Siruela
  • La mirada del otro. La imagen de España ayer y hoy. José Varela Ortega, Fernando R. Lafuente y Andrea Donofrío (eds.). Editorial Fórcola
  • La leyenda negra. Joseph Pérez. Editorial Gadir

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Condenado a 11 años de cárcel por abusos sexuales el profesor del colegio del Opus Dei Gaztelueta

Imagen: El Diario / José María Martínez Sanz
Condenado a 11 años de cárcel por abusos sexuales el profesor del colegio del Opus Dei Gaztelueta.
La Audiencia Provincial de Bizkaia da por probado el abuso sexual continuado denunciado por un antiguo alumno del centro del Opus Dei.
Iker Rioja Andueza | El Diario, 2018-11-15
https://www.eldiario.es/norte/euskadi/Condenado-carcel-sexuales-profesor-Gaztelueta_0_836066535.html

El profesor del colegio masculino Gaztelueta de Leioa y numerario del Opus Dei José María Martínez Sanz ha sido condenado por la Audiencia Provincial de Bizkaia a once años de cárcel por un delito "continuado" de abusos sexuales a un antiguo alumno cuando éste cursaba los dos primeros cursos de la ESO. La sentencia prevé también una "prohibición de acercarse" a la víctima durante 15 años.

El fallo, muy largo, de 70 páginas, puede ser recurrido ante el Tribunal Supremo. Hay un plazo de cinco días hábiles. Con todo, la familia ha mostrado su "enorme satisfacción" por ver resarcidos tantos años de denuncias que cayeron en saco roto. Todavía en el juicio el colegio rechazó que hubiera pruebas e incluso puso en marcha una página 'web' en la que se cuestionaba la denuncia del joven, ahora ya mayor de edad.

Los hechos se produjeron en los cursos escolares 2008/2009 y 2009/2010, cuando el alumno tenía entre 11 y 13 años. Martínez Sanz era el tutor del adolescente y, según el relato de la víctima, lo sacaba a preceptuar con más frecuencia que al resto y, en esas sesiones en su despacho, le realizaban en un inicio tocamientos que fueron a más hasta acabar en prácticas más graves.

Fue en diciembre de 2012 cuando el caso saltó a los medios de comunicación. El colegio replicó con un comunicado: "Nos duele especialmente el trato hacia el antiguo profesor, ya que el relato publicado está construido a través de una versión unilateral de los hechos. Él no ha realizado ninguna declaración a los medios. No tenemos ninguna prueba que acredite y avale las acusaciones que se hacen contra el profesor. Al contrario, tenemos el testimonio de profesores y alumnos que contradicen los supuestos hechos publicados".

El asunto fue investigado y archivado en la propia justicia eclesiástica. Finalmente, al cumplir la mayoría de edad, la víctima decidió presentar en nombre propio una querella contra su profesor. Esa investigación desembocó en el juicio que se celebró el pasado mes de octubre y en que el docente negó los hechos y denunció haber sido perseguido. Parte de su estrategia de defensa fue acusar a su madre de haberle inducido el relato y a su padre de exhibirle fotografías eróticas de un 'blog' personal de cine.

La Fiscalía reclamaba tres años de prisión y, durante el juicio, no sólo se mantuvo en segundo plano sino que cuestionó que las acusaciones más graves de la víctima, que incluían la penetración, fuesen ciertas, lo que le llevó a plantear al final del proceso una pena "alternativa" todavía más baja, de 20 meses. Por el contrario, todos los expertos médicos que le trataron le daban plena credibilidad a su relato y destacaron que sí al inicio no contó todo fue por miedo y porque es habitual que en estos casos la realidad se vaya haciendo paso poco a poco. Fue la letrada de su familia, Leticia de la Hoz, la que mantuvo la acusación más alta hasta el final, exigiendo hasta 14 años de cárcel.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...