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lunes, 9 de noviembre de 2020

#hemeroteca #lgtbifobia | Viaje a la Polonia de la homofobia

Imagen: El País / Cezary Nieradko
Viaje a la Polonia de la homofobia.
Krasnik es uno de los más de cien municipios del país autodenominados “zonas libres de ideología LGTB”, una iniciativa auspiciada por el Gobierno en la que los derechos de los homosexuales son una amenaza.
María Hervás | El País, 2020-11-09
https://elpais.com/internacional/2020-11-07/viaje-a-la-polonia-de-la-homofobia.html

Cezary Nieradko posa para la foto. Los puños cerrados, la cabeza erguida, el gesto serio. Alguna vez mira hacia la carretera, y lo hace desconfiado, como si sintiera vergüenza de que algún conductor le pudiera reconocer frente al cartel de la entrada del pueblo. En letras grandes se lee: Krasnik. Una localidad de unos 34.000 habitantes al sureste de Polonia, en una de las regiones más pobres del país. Desde hace más de un año, este es uno de los municipios polacos autoproclamados como “zonas libres de ideología LGTB”. Aquí la homosexualidad no está prohibida, pero pocos se atreven a salir del armario por miedo a represalias, a que les peguen o a que los excluyan. Nieradko, de 21 años, no tiene problemas en decir que le gustan los hombres, aunque lleva años sufriendo las consecuencias de ser gay en este ambiente opresivo. Él solo sueña con acabar de una vez sus estudios de Secundaria para irse lejos de Krasnik. Y del país. “A un lugar donde pueda besar a mi pareja en la calle sin temor a que me den una paliza”.

Más de un centenar de localidades de Polonia, casi un tercio del país, han firmado en el último año una declaración contra la “ideología LGTB”, en una cruzada contra la libertad sexual auspiciada por el Gobierno ultraconservador de Ley y Justicia y apoyada por gran parte de la Iglesia católica. Se trata de una declaración no vinculante, pero cargada de valor simbólico que defiende a ultranza el peso de la familia heterosexual y que ve como una amenaza para la sociedad tradicional el matrimonio entre personas del mismo sexo, así como la posibilidad de que puedan tener hijos.

La proliferación de estas “zonas libres de ideología LGTB”, cuyo lema recuerda demasiado a las “zonas libres de judíos” que los nazis colocaban en la Polonia ocupada, ha convertido a este país en el más hostil de la UE para el colectivo LGTB, según la ONG por los derechos de la comunidad homosexual ILGA. También ha generado una oleada de rechazo internacional que va desde el corazón de la UE (la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha llegado a definirlas como “zonas sin humanidad”) hasta el otro lado del Atlántico (el demócrata Joe Biden dijo en Twitter que estas zonas “no tenían lugar en la UE ni en ningún otro sitio del mundo”). Hartos de que la sexta economía del club comunitario incumpla las normas y valores de la UE, Bruselas retiró en julio una ayuda económica a seis de estos municipios que representan la cara más homófoba de Polonia.

Pero todas estas advertencias parecen quedar muy lejos en Krasnik, donde los ecos de la historia pesan todavía en la sociedad. “Krasnik fue una zona muy castigada por las dos guerras mundiales, durante la Segunda Guerra Mundial perdimos a la mitad de la población, que era judía. Luego vivimos la represión soviética. Los habitantes de Krasnik lucharon heroicamente por el derecho a practicar su religión. Todo esto nos ha marcado como sociedad, por eso no queremos perder la libertad y los valores que son importantes para nosotros”, explica Tomas Saj, de 52 años. Él fue uno de los concejales que en mayo de 2019 votó en amplia mayoría a favor de la declaración. “La ideología LGTB es una ideología de extrema izquierda, neomarxista, que quiere imponer una nueva revolución cultural”, añade desde uno de los despachos de la casa de la cultura del pueblo, uno de los pocos lugares abiertos un sábado por la mañana en plena pandemia.

No piensa así Pawel Kurek, un concejal del partido liberal Moderna que votó en contra de lo que él define como “una aberración contra los derechos de las personas”. El ambiente está tan enrarecido y polarizado entre los concejales de diferentes formaciones que hay que evitar a toda costa que la entrevista de uno coincida con la del otro en el mismo lugar. “Esta declaración solo nos ha traído más pérdidas económicas y ha hundido la imagen de Krasnik”, sostiene este profesor de Informática que ahora tiene miedo de perder su trabajo por involucrarse a favor de los homosexuales.

Pérdida de ayudas europeas
Krasnik depende en gran parte de los fondos europeos para salir adelante. En los últimos dos años ha recibido unos siete millones de euros de la UE. El pasado septiembre, la ministra de Asuntos Exteriores noruega advirtió a las autoridades locales que si seguían autodenominándose “zonas libres de ideología LGTB”, el país nórdico no les concedería una ayuda económica para un programa de desarrollo rural que oscila entre los tres y los 10 millones de euros.

Días después de esa advertencia, el pleno del Ayuntamiento, de mayoría conservadora, volvió a votar a favor de seguir siendo una zona libre de LGTB. El alcalde de la localidad, de la centroderechista Plataforma Cívica, el principal partido en la oposición del país, rechazó entrevistarse personalmente con este periódico, pero a través de un correo electrónico explica que todavía Noruega no ha tomado una decisión y que él está intentando explicarles que el Ayuntamiento de Krasnik trata a todos los habitantes por igual. “Todo eso es mentira, nos sentimos desprotegidos. Cuando yo le conté a la psicóloga de mi instituto que era gay, me dijo que la había decepcionado. Cuando mi profesora particular de Química se enteró de mi condición sexual, me echó de su casa. Es difícil ser un homosexual valiente aquí”, explica Cezary Nieradko. “Es una ciudad de la que todos huyen”.

Varsovia queda a dos horas y media en coche de Krasnik. Desde allí trabajan las principales asociaciones del colectivo LGTB que han visto cómo en los últimos años ha crecido el activismo en defensa de los derechos de las personas homosexuales, bisexuales, transgénero e intersexuales. Ola Kaczorek, de 29 años, es la vicepresidenta de la asociación El amor no excluye. “No somos una ideología, eso es la propaganda que se ha inventado el PiS para ganar todas las elecciones del último año”.

Los sondeos muestran más tolerancia
El presidente de la República, Andrzej Duda, llegó a decir este verano durante su campaña para la reelección que la “ideología LGTB” es peor que el comunismo. En el país eslavo, la orientación sexual se ha convertido en un arma política. Hace un mes, el vice primer ministro y líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, declaró en un semanario conservador que “Polonia podría convertirse en un desierto católico” si se permitía una “ideología LGTB desenfrenada”. Según la reconocida socióloga de género, Malgorzata Fuszara, la sociedad polaca está avanzando en la tolerancia hacia este colectivo, pero la continua maquinaria política del Gobierno ha polarizado el debate.

Las encuestas de los últimos años revelan que, efectivamente, el número de polacos que se declaran abiertamente homófobos ha bajado del 41% al 24% en casi las dos últimas décadas. El apoyo a las uniones civiles entre parejas del mismo sexo ha crecido un 8% entre 2017 y 2019, hasta alcanzar una aceptación del 60%, según un sondeo de IPSOS. Muy lentamente, la tolerancia se abre paso, como demuestra el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo del año pasado, donde el tercer partido más votado fue Primavera, liderado por Robert Biedron, el primer alcalde abiertamente homosexual que ha tenido Polonia.

Pero Biedron ve con mucha preocupación lo que sucede en localidades como Krasnik. “Es un infierno vivir en sitios así. Lo digo por experiencia. Todavía nos queda tanto por avanzar...”, comenta el ahora europarlamentario. “Los partidos políticos en mi país siguen siendo muy conservadores, no tenemos un Zapatero que se atreva a luchar por los derechos de los homosexuales”, critica. Uno de los regidores que levantó la voz a favor de la comunidad LGTB fue el alcalde de Varsovia, Rafal Trzaskowski, de Plataforma Cívica. Trzaskowski firmó una declaración en apoyo a este colectivo en febrero de 2019, que recogía, entre muchas iniciativas, la inclusión de temas relacionados con la comunidad LGTB en las escuelas para promover la tolerancia desde la infancia. Esto destapó la caja de los truenos.

El PiS no tardó en acusar al alcalde de promover contenidos que sexualizan a los niños. Idea que secundaron los principales representantes de la Iglesia católica. Como contraofensiva, la organización ultraconservadora legal Ordo Iuris redactó una carta en defensa de los derechos de la familia. “La idea de explicar a los más pequeños que dos hombres pueden casarse puede originarles un caos mental que les afecta en su subconsciente. Tenemos que proteger a los niños de esa ideología”, afirma Rafal Dorosinski, de Ordo Iuris. Mientras, desde Krasnik, Cezary Nieradko se pregunta: “¿Cómo yo con mi pareja puedo ser una amenaza para una familia polaca?”.

viernes, 19 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | Pegatinas homófobas de un semanario polaco provoca oleada de críticas

Imagen: Google Imágenes
Pegatinas homófobas de un semanario polaco provoca oleada de críticas.
La Vanguardia, 2019-07-19
https://www.lavanguardia.com/politica/20190719/463586347898/pegatinas-homofobas-de-un-semanario-polaco-provoca-oleada-de-criticas.html

La campaña homófoba del semanario polaco "Gazeta Polska", que reparte en su última edición pegatinas donde puede leerse "zona libre de LGTB", ha recibido una oleada de críticas, entre ellas la de la embajadora de Estados Unidos en Polonia, que dice estar "decepcionada por tanta intolerancia".

"Debemos trabajar codo con codo por la diversidad y la tolerancia", expresó hoy la diplomática estadounidense, Georgette Mosbacher, a través de su cuenta en la red social Twitter, unas declaraciones que rompen la aparente neutralidad de Washington ante las políticas impulsadas por los sectores más radicales de la sociedad polaca.

Por su parte, el redactor jefe de "Gazeta Polska", Tomasz Sakiewicz, se defendía y afirmaba que "la libertad significa el respeto a todos los puntos de vista, incluidos aquellos con los que no se está de acuerdo".

"Nos oponemos a que se impongan puntos de vista por la fuerza, y creemos que ser un activista del movimiento gay no hace que alguien sea más tolerante", explicó Sakiewicz, quien recordaba que "el pueblo polaco sabe lo que es la libertad y la tolerancia desde hace siglos".

Entre las críticas a los adhesivos también destacan la del activista gay y líder del partido Primavera, Robert Biedron, quien los calificó de "escándalo", y subrayó el hecho de que el semanario mantiene una línea editorial muy afín al Gobierno polaco del partido Ley y Justicia (PiS).

Desde el partido liberal Nowoczesna también se lamentó la "intolerable" campaña de" Gazeta Polska", y uno de sus líderes, Pawel Rabiej, ha asegurado que llevará la cuestión a la fiscalía.

"Los fascistas alemanes crearon zonas libres de judíos, el Apartheid hizo lo mismo con los negros", denunciaba Rabiej a través de su cuenta en Twitter.

Hoy el portavoz del Gobierno polaco, Piotr Mueller, reconocía que él no usará esas pegatinas, a la vez que calificaba de "innecesarias" las declaraciones de la embajadora de EE.UU. en Varsovia.

"En general soy critico con lo que están haciendo algunos colectivos LGBT, pero soy partidario de abordar esto de manera constructiva y de no crear una atmósfera de tensión entre los diferentes grupos o entornos, como suelen hacer las comunidades LGTB", señaló Mueller.

sábado, 25 de mayo de 2019

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | El colectivo LGTBI, en el punto de mira del Gobierno polaco

Imagen: El País / Manifestación pro LGTBI en Cracovia, 2019-05-18
El colectivo LGTBI, en el punto de mira del Gobierno polaco.
El Ayuntamiento de Varsovia firma una declaración a favor de los derechos del colectivo que el Ejecutivo nacional considera un ataque a los valores tradicionales.
Paula Chouza | El País, 2019-05-25
https://elpais.com/internacional/2019/05/24/actualidad/1558702028_880033.html

La salida de la estación del metro Centrum de Varsovia, muy cerca del Palacio de la Cultura y la Ciencia, en el corazón de la capital, es la imagen de las dos ‘Polonias’ que traza el Gobierno de Ley y Justicia en sus discursos de campaña. A menos de cinco metros de distancia, los altavoces instalados en dos pequeñas carpas lanzan proclamas encontradas: una reúne firmas contra la supuesta sexualización temprana de los más pequeños (“el 'lobby' LGTBI quiere enseñar a los niños de cuatro años a masturbarse”, reza un cartel, “en virtud de los estándares de educación sexual en Europa”) mientras la otra, adornada con paraguas de los colores del arcoíris, aboga por la separación Iglesia-Estado.

“Algunos compañeros minimizan los insultos. Dicen 'solo me escupieron'; 'me lo estaba buscando porque llevaba un pin a favor del movimiento LGTBI”, afirma Ola Kaczorek, copresidenta de la organización 'Miłość Nie Wyklucza' (el amor no excluye), en las oficinas de esta pequeña asociación en Varsovia a favor del matrimonio igualitario (que no está reconocido en Polonia). En febrero pasado, tras meses de negociaciones, el nuevo alcalde de la capital, Rafał Trzaskowski, del liberal Plataforma Cívica, firmó una declaración a favor de los derechos del colectivo que incluía la creación de un albergue para aquellos adolescentes que son expulsados de su casa cuando sus padres descubren que son homosexuales y la introducción en las escuelas de la capital de programas sobre educación sexual y tolerancia. "Queremos hacer de Varsovia una ciudad abierta y para todos, tenemos que ser consecuentes con nuestros valores", señala el viernes por la tarde Paweł Rabiej, vicealcalde de la urbe, un político que se ha declarado públicamente gay, algo poco frecuente en el país.

La iniciativa fue vista por el partido en el Gobierno como un ataque a los valores tradicionales de Polonia -cerca de un 90% de la población se declara católica- y el líder del PiS, Jaroslaw Kaczyński, no tardó en atacarla: “Todo se reduce a la sexualización de los niños desde la infancia más temprana”, afirmó. “Debemos combatir esta situación. Debemos defender a la familia polaca con furia porque nos enfrentamos a una amenaza a la civilización, no solo para Polonia, sino para toda Europa, para toda la civilización basada en el cristianismo”.

“Somos el nuevo chivo expiatorio del Gobierno, igual que antes lo fueron los migrantes”, afirma Kaczorek. A comienzos de mayo, la activista Elżbieta Podleśna, de la ciudad de Płock, a algo más de 100 kilómetros de Varsovia, fue arrestada durante varias horas acusada de ofender las creencias religiosas después de que la policía registrara su casa y encontrara carteles que mostraban a la Virgen Negra de Częstochowa, una de las más veneradas en Polonia, con un halo de los colores del arcoíris. Los carteles habían sido colocados en distintos puntos de la ciudad en abril. Asociaciones de derechos humanos denunciaron la detención y se organizaron manifestaciones en su apoyo.

“Lo que ha cambiado con la llegada del PiS al poder es este discurso vejatorio, que antes no existía o era muy marginal. A diario hay cada vez más insultos hacia nosotros porque el ciudadano oye al político y se siente legitimado”, explica Kaczorek. “En Polonia no existe una ley relativa a los delitos de odio por la identidad sexual, lo que nos impide denunciarlo”. Esa es una de las reivindicaciones firmada por 27 asociaciones de apoyo al colectivo LBTBI tras un congreso celebrado en abril.

“Jaroslaw Kaczyński lanzó recientemente una campaña homofóbica, pero Polonia no es la Rusia de Putin. La sociedad polaca es mucho más liberal que la antigua élite política”, afirma en declaraciones a a El País Robert Biedroń, líder de Wiosna (primavera), un partido creado a comienzos de año y que aspira a convertirse en la tercera fuerza política del país (las encuestas le dan en torno a seis eurodiputados). “Soy gay y salí del armario hace mucho tiempo. Ya no puedes asustar a los polacos con la homosexualidad, porque saben cómo viven los homosexuales, tienen amigos que lo son y los ven como a cualquier otro”, afirma en correo electrónico.

A pocos kilómetros de las carpas, Ewa Moisan, la dueña del café ‘gay friendly’ ‘między nami’ (entre nosotros), que lleva abierto 25 años, apoya esta tesis al concluir que nunca ha sufrido ningún tipo de altercado.

“El apoyo al matrimonio igualitario está creciendo y ahora se encuentra en torno al 46%”, asegura Ola Kaczorek, aunque todavía una gran parte de la población se opone. Entre las estadísticas más dramáticas, señala que hay “un 75% de los adolescentes LGTBI a los que se le ha pasado por la cabeza la idea del suicidio”. Hasta el momento, el alcalde Trzaskowski no ha materializado ninguno de los compromisos de la declaración de tolerancia. “Hemos querido darle un margen de tiempo, pero volveremos a llamar pronto a su puerta”, afirma consciente de que los comicios europeos y las legislativas de otoño hacen que los políticos midan al milímetro cualquier movimiento que les pueda restar votos.

jueves, 13 de octubre de 2016

#hemeroteca #testimonios | El político gay que revoluciona Polonia

Imagen: El Español / Robert Biedron, en el sofá rojo con una ciudadana
El político gay que revoluciona Polonia.
Robert Biedron es el primer alcalde abiertamente homosexual en un país gobernado por el ultraconservador Ley y Justicia. Aún hoy siente que no puede ser él mismo y su mayor deseo es vivir con dignidad.
María Torrens Tillack | El Español, 2016-10-13
http://www.elespanol.com/mundo/europa/20161011/162234775_0.html

Robert Biedron ríe cuando le preguntan si alguna vez imaginó que acabaría siendo el primer parlamentario en Polonia o el primer alcalde del país abiertamente gay. Creció en una zona montañosa del país, “una región muy conservadora, más que el resto de Polonia, así que se puede imaginar cuánto”, apunta. No soñaba con una carrera política. “Quería vivir mi vida con dignidad”, repite a lo largo de la conversación telefónica con El Español desde Slupsk, la ciudad a 18 kilómetros de la costa báltica en la que lleva el bastón de mando desde 2014.

Recuerda que a su madre le costó mucho digerir la noticia. Se enteró por un amigo que llamó a su casa cuando él tenía 18 años para decirle a su progenitora que estaba enamorado de él y que su hijo era homosexual. Ella no quiso creerle. Pero aquel chico volvió a llamar y ella acabó preguntándole: “¿Eres eso?”. “Ni siquiera se atrevió a pronunciar la palabra, a decir homosexual”, recuerda sin un ápice de rencor. Sólo la ha visto llorar tanto en dos ocasiones: aquel día y cuando el padre de Biedron falleció hace dos años. Su hijo entiende la reacción de entonces, sabe que fue una noticia difícil de digerir en un lugar donde la homosexualidad era un completo tabú. Corrían los años 90.

Biedron era el único homosexual -que se supiera- de su pueblo… Aquellas ataduras en las que no podía mostrarse cómo era, le impulsaron a luchar por los derechos de lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales, además de defender los derechos humanos en general, como consultor de diversas organizaciones.

“Empecé a luchar por los derechos humanos, pero tampoco estaba cambiando demasiadas cosas. Necesitaba hacerme político para cambiarlo”, cuenta. Graduado en Ciencias Políticas y Sociales, su salto a la vida pública como activista primero y después como político -consiguió un escaño en 2011- no fue fácil. “Al principio incluso desde el colectivo LGBT me decían que era un tema privado, que no hacía falta mostrarlo. No hace tanto de eso”, lamenta. “Tuve que persuadirlos”.

En Slupsk los votantes le han permitido cumplir su sueño. “La sociedad [polaca] ha cambiado, pero los políticos siguen viviendo en la Edad Media”, opina. Sigue teniendo que escuchar reproches homófobos de otros políticos, incluso le han llegado a pegar a él y su pareja varias veces. “Aún a día de hoy no puedo hacer muchas cosas (...). Una vez que mandé reparar una carretera, dijeron que lo hacía para que mi amante pudiera venir a verme”, rememora.

En la ciudad de la que es alcalde es bien distinto. Allí hasta parece un confesor laico de algunos de sus aproximadamente 96.000 habitantes. Cuando saca su sofá rojo a la calle para hablar de tú a tú con quien lo desee, la gente se puede poner a la cola para contarle “todo tipo de problemas que se pueda imaginar: para la gente hablar con un alcalde es casi como hablar con un cura”. La gente le cuenta sus problemas familiares, de amor, de la escuela…

“La sociedad polaca y la de toda esta zona se llaman 'no participativas'. Tenía que encontrar formas innovadoras” para cambiar eso, justifica la idea del sofá. “Cuando estaba en el Parlamento, no teníamos ni idea de lo que era la vida real”, sostiene.

Lo que más le preocupa resolver en su ciudad es la deuda de 283 millones de zlotys (73,8 millones de euros) que tenía el municipio cuando él tomó las riendas. Ahora ya ha conseguido reducirla a 250 millones (65,2 en euros) y no tiene déficit, presume. “Debo ser muy cuidadoso con el dinero. He conseguido estabilizar (el problema financiero). Estoy orgulloso de eso”.

Su prioridad por llevar las finanzas de Slupsk a buen puerto es hacerlo con un “desarrollo sostenible, sin dejar a nadie atrás”. Por ello está “invirtiendo mucho en viviendas sociales”, pero reconoce que con las arcas municipales en tan mal estado es un “proceso muy difícil”.

“Si tiene amigos que busquen un trabajo, serán bienvenidos aquí”, dice medio en broma medio en serio. Asegura que basta con hablar inglés y destaca la presencia de empresas de tecnología en su municipio. Una de ellas, por ejemplo, ahora mismo busca 80 trabajadores. Pero “en toda Polonia hacen falta 3 millones de trabajadores, si nuestra economía quiere crecer en esta dirección”, porque los profesionales polacos han emigrado a países como Reino Unido o España. “No los tenemos, aunque algunos están volviendo”, señala.

Esa política aperturista al trabajador extranjero no es habitual en la actual Polonia, donde el partido euroescéptico y ultraconservador Ley y Justicia -que llegó al poder hace un año- no quiere ni oír hablar de los inmigrantes o refugiados, aunque la afluencia de demandantes de asilo ni siquiera ha llegado a este país vecino de Alemania, por una situación geográfica que lo dejaba fuera de la denominada “ruta de los Balcanes”.

Su primera ministra, Beata Szydlo, dijo en marzo pasado, tras los atentados en Bruselas: “Digo muy claramente que no veo ninguna posibilidad en este momento de que vengan inmigrantes a Polonia”. Pero no hace falta remontarse tan lejos. Esta misma semana la mandataria ha declarado: "Queremos para el Ejército polaco material producido en Polonia por trabajadores polacos", después de cancelar un contrato por el que Varsovia iba a comprar a Airbus 50 helicópteros, explica Efe.

Biedron, que desde 2016 es miembro del Grupo Asesor de Género, Desplazamiento Forzado y Protección del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados, asegura: “La mía es una de las pocas ciudades en Polonia que está abierta a la llegada de refugiados. No sólo por solidaridad, sino también por una cuestión económica: los necesitamos. Pero debido al Gobierno, no acogemos a ningún refugiado”.

Con su vida de alcalde, este activista reciclado como político se encuentra en su salsa luchando por los derechos humanos a su manera y a pequeña -o no tan pequeña- escala. Biedron no pretende volver a dar el salto a la política nacional, aunque algunos ya le estén pidiendo que se presente a las presidenciales de 2020. No le interesa “para nada” y reitera: “Sólo quiero vivir mi vida con dignidad”.

Su madre ya hace tiempo que asumió que su hijo es homosexual y han podido recomponer su relación. Incluso ella ha tenido que sufrir amenazas de gente que desprecia a su hijo por su condición sexual. “Ahora llora de lo orgullosa que está de mí. Soy muy afortunado por tener a una familia que me apoya”.

sábado, 9 de mayo de 2015

#hemeroteca #homofobia #polonia | Un arcoíris sobre Polonia


Imagen: El País / Robert Biedron
Un arcoíris sobre Polonia
Con el primer alcalde gay en una ciudad, el católico país se enfrenta a los cambios sociales
Jerónimo Andreu | El País, 2015-05-09
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/05/09/actualidad/1431181620_307044.html

Nadie escucha a los artistas. Aunque Julita Wojcik repitió hasta el agotamiento que su Arcoíris representaba la armonía y la tolerancia y no específicamente el movimiento homosexual, demasiados en Varsovia no la oyeron. La obra, un arco de flores artificiales plantado en la plaza Zbawiciela de la capital polaca, ha sido quemada cuatro veces desde su construcción en 2012. Hasta que Wojcik se cansó y cambió su discurso: si no os gustan los homosexuales, mi arcoíris simbolizará ahora su lucha por el respeto.

La comunidad gay ha ido abriéndose paso en un país orgullosamente tradicionalista. Uno de los incendios del arcoíris, durante una manifestación el Día de la Independencia de hace dos años, enfrentó a Polonia a una imagen de sí misma de la que no se sintió orgullosa. El Ayuntamiento aseguró que el monumento sería reconstruido las veces que hiciera falta y para los más progresistas se convirtió en un símbolo de la falta de respeto por la diversidad en un país en el que el 86% se declara católico practicante, por oposición al 45% de la muy católica Irlanda.

Cada conquista de los homosexuales ha comportado tragos amargos. En 2011 un diputado gay y una transexual fueron elegidos parlamentarios. Entonces Lech Walesa, padre de la Polonia moderna y Premio Nobel de la Paz, les pidió que se sentaran en la banca del final “o incluso detrás de una columna”. Nada hacía prever el gran salto de este año, cuando Robert Biedron, ese mismo diputado gay, ganó la alcaldía de la ciudad de Slupsk (97.000 habitantes) en el norte del país. Polonia tiene su primer alcalde públicamente homosexual.

Mariusz Kurc no sólo es amigo de Biedron, también dirige la revista Replika, dedicada a la visibilización de los homosexuales. “Robert es un hombre de izquierdas que comenzó como activista LGBT [Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales] y que brilló como parlamentario. Slupsk lo ha reconocido por su eficacia, no por su orientación sexual”, cuenta en un café de la capital.

El impacto de este político ha sido tal que Mariusz habla de efecto Biedrot: “Antes de cada elección mi revista propone a los políticos gais que salgan del armario. En años sólo cinco lo hicieron pero, en las últimas municipales, gracias al tirón de Robert, hubo 20”.

Pequeños gestos kamikazes impulsan la liberación del colectivo. En los últimos meses a Mariusz le ha sorprendido que en la página Facebook de su revista muchos jóvenes cuenten que han acudido al baile del fin de bachillerato con una pareja del mismo sexo. “Al principio de la ceremonia se baila una polonesa en la que hombres y mujeres forman dos filas. Imagínate a esa chica con un vestido que está esperando a su novia en mitad de una fila de chicos trajeados”.

Las explicaciones para este lento cambio social abarcan la economía, la moral e incluso la geopolítica. Varias conversaciones con ciudadanos y analistas recuerdan que la homofobia se ha convertido en una bandera de la Rusia de Putin y que el este de Europa debe apostar por todo lo que no huela a putinismo. De forma más sobria, Agnieszka Lada, del Instituto de Asuntos Públicos, explica que la tendencia entronca con la apertura internacional del país. “La integración europea está influyendo sobre las costumbres. Los polacos viajan mucho y ven cosas que suceden en el extranjero. Eso amplía su tolerancia”.

Pero enfrente queda un rival fabuloso. La todopoderosa Iglesia católica siente estos cambios como un desafío a su influencia en un momento en el que desde la proliferación de publicaciones anticlericales a cierta (mínima) desafección de los jóvenes cuestionan la legitimidad de la religión para regirlo todo, por mucho que la mitad de los polacos afirmen pasar por el reclinatorio una vez a la semana. Esa es la razón de que, en la campaña que ha precedido a la votación de hoy para elegir un nuevo presidente para el país, la curia haya multiplicado las llamadas contra la tentación, apoyando abiertamente al partido ultranacionalista Ley y Justicia (PiS, en polaco). El arzobispo Henryk Hoser incluso ha avisado de que Polonia está en un proceso de “zapaterización” hacia la pérdida de valores.

En un desvencijado barrio popular de Varsovia en el que se venden trajes de novia de raso en los mercados y hay pequeños altares con vírgenes en las esquinas, esta amenaza a los valores tradicionales parece menos inmediata. En la puerta de una sede del PiS, Adam busca votos para su candidato presidencial, Andrzej Duda, que probablemente pase a segunda ronda contra el liberal e igualmente católico Bronislaw Komorowski. El local es muy modesto y lo presiden una cruz, un águila imperial polaca y un retrato de Juan Pablo II. Adam, 57 años y empleado de seguridad, desgrana el programa de su formación: una amalgama de reivindicaciones en defensa de las capas sociales desfavorecidas y el carácter cristiano del país. “Europa quiere destruir la religión como ha hecho en Francia o Inglaterra. Aquí ha empezado, pero lo vamos a parar”, explica. El PiS está obsesionado con el aborto (que no es legal), la píldora anticonceptiva y la natalidad, de las más bajas de Europa con 1,23 niños por pareja. Para revertir esa tendencia, entre sus recetas incluye subvenciones por el segundo hijo, guarderías gratis y bajar los impuestos para la ropa infantil.

No se trata de un problema menor. La preocupación por la caída de nacimientos la comparten todos en el país: desde los liberales económicos a los izquierdistas más recalcitrantes. Coinciden en identificarla con el trabajo femenino, los matrimonios más tardíos o la pérdida de interés en los patrones de pareja clásico, pero todos los que quedan a la derecha y a la izquierda de los liberales (en el poder) subrayan que es también un resultado directo de la precariedad a la que se enfrentan los trabajadores peor remunerados. Basta preguntar a una joven limpiadora en la Universidad para confirmar que el diagnóstico puede ser acertado: “Yo querría, pero es difícil tener una familia. Duda y el PiS hablan mucho de ella, y por eso los voy a votar”, cuenta. La mujer no quiere dar su nombre porque, tras años de contratos basura, al fin ha conseguido uno fijo.

Mientras el país se enfrenta a cambios sociales que lo alejan de su rígida tradición, el Arcoíris incendiario se levanta en la plaza entre los jóvenes que beben en los modernos bares de alrededor. Sus flores de plástico son el último test de Roschard nacional. Unos lo miran y ven en él la Sodoma que llega, otros la intolerancia que no se va. También hay quien piensa que habla de cosas más íntimas, como los nervios de una chica entre una fila de corbatas, esperando su turno para coger por la cintura a otra mujer y salir a bailar.

Un ‘tigre’ contra la discriminación
Los avances no deben llamar a la confusión. No se trata sólo de que en la ultramoderna Varsovia la visibilidad gay sea nula: en Polonia el colectivo no tiene derecho a las uniones civiles y los comentarios homófobos de políticos y figuras públicas son una constante. En muchas otras materias, como el aborto, con una legislación muy restrictiva y decenas de miles de mujeres que viajan a otros países de la Unión Europea para interrumpir su embarazo, la influencia de los sectores más tradicionales es incontestable.

Una decena de iniciativas para impulsar una ley a la que se pudieran acoger las parejas del mismo sexo ha terminado en fiascos parlamentarios. Los analistas más críticos aseguran que toda la influencia que la Iglesia ha comenzado a perder en la calle respecto a temas relativos a la vida privada la mantiene en las esferas de poder, donde desde el fin del comunismo ha desempeñado un papel fundamental.

“Hay gestos que se agradecen”, reconoce Marius Kurc, “pero hace 11 años era más optimista sobre los cambios. Aquí los gais tienen miedo. En muchos sitios no puedes decir que lo eres, y ni siquiera en la capital es posible coger de la mano a tu pareja”, apunta.

En este contexto, ha sido notable el impacto de campañas como la del popular boxeador Dariusz Michalczewski, conocido como El Tigre, en la que se declaraba un aliado del movimiento homosexual y pedía el derecho a adopción del colectivo, un tabú sobre el que, por el momento, ni se discute en el país.


DOCUMENTACIÓN
Los conservadores fuerzan la segunda vuelta en las presidenciales polacas
El ultranacionalista Duda impone el descontento social al discurso sobre la confrontación con Rusia del liberal Komorowski
Jerónimo Andreu | El País, 2015-05-10
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Y TAMBIÉN…
Polonia no investigará la sexualidad de 'Tinky Winky'

Las autoridades polacas reculan ante la polémica que ha generado su intención de analizar si este 'teletubbie' es o no gay
El País, 2007-05-30
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2007/05/30/actualidad/1180476010_850215.html
La homofobia que llega del este
La investigación en Polonia para ver si existe contenido gay en una serie infantil muestra el conflicto de valores en Europa
Cristina Galindo / Emilio de Benito | El País, 2007-05-30
http://elpais.com/diario/2007/05/30/sociedad/1180476008_850215.html
Bruselas censura la decisión polaca de investigar la supuesta homosexualidad de los 'Teletubbies'
El personaje 'Tinky-Winky', morado y con bolso, está en el centro de la polémica
El País, 2007-05-29
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2007/05/29/actualidad/1180389607_850215.html
La UE actuará si Polonia prohíbe a los homosexuales ser docentes
El proyecto de ley propuesto supone la persecución a quien propugne o hable sobre la homosexualidad en escuelas y universidades
El País, 2007-03-20
http://internacional.elpais.com/internacional/2007/03/20/actualidad/1174345212_850215.html
Polonia quiere excluir a los profesores homosexuales de la enseñanza
El viceministro de Educación aboga además por prohibir totalmente el aborto y la propaganda gay
EFE | El País, 2007-03-16
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2007/03/16/actualidad/1173999604_850215.html

sábado, 13 de diciembre de 2014

#hemeroteca #politica | Robert Biedrom, el primer alcalde gay de Polonia

Imagen: El Mundo
Robert Biedrom, el primer alcalde gay de Polonia
A sus 38 años, ha ganado en las urnas de la ciudad de Slupsk. Lech Walesa no ha dejado de atacarle, sin embargo Biedrom dice admirar al viejo político. Su ejemplo ha abierto la veda. Otros políticos están saliendo del armario.
Rosalía Sánchez | El Mundo, 2014-12-13
http://www.elmundo.es/loc/2014/12/13/548b1bc222601d38208b457a.html

Robert Biedron ya hizo historia en Polonia, cuando se convirtió en el primer parlamentario abiertamente homosexual en 2011. Y ahora ha obtenido por sorpresa la mayoría de los votos para convertirse en alcalde de la ciudad de Slupsk y, sumados los dos éxitos con sólo 38 años, parece claro que el carismático defensor de los derechos de los homosexuales ha llegado para quedarse.

Su entrada en el parlamento dio lugar a una agria polémica cuando el histórico líder sindical Lech Walesa reaccionó afirmando que "ninguna minoría debería pasar por encima de la mayoría" y que "los homosexuales deberían sentarse incluso detrás un muro y no en la primera fila" del Parlamento. Walesa fue denunciado ante la fiscalía por el conservador Ryzsard Nowak acusado de promover el odio por las minorías sexuales. La reacción de Biedron, en cambio, fue muy distinta. "Walesa ha sido siempre para mí un héroe. Sueño con poder sentarme junto a él, reunirme con él y hablar con calma sobre esas declaraciones", dijo entonces, "intuyo que Walesa no se da cuenta en qué tipo de sociedad vivimos ahora. Walesa se extravió en algún lugar, pero todos somos recuperables", dijo.

¿Quién es?
Pero ¿quién es este Robert Biedron que está removiendo los cimientos de la ultraconservadora Polonia? Comenzó a hacerse popular en 2004, durante las marchas de protesta por los derechos de los gays, en un momento en que la homosexualidad seguía siendo un tabú en ese país. "En los últimos 10 años Polonia ha aprendido un gran lección de tolerancia", decía hace apenas tres días el mismo Biedron en una entrevista con la agencia France Press, "así que soy muy optimista y feliz con el futuro que nos espera".

Ese optimismo que está paulatinamente sustituyendo al victimismo es parte de lo que los medios de comunicación polacos llaman el efecto Biedron y que ha tenido como consecuencia que un número récord de candidatos se hayan declarado homosexuales durante la campaña a las recientes elecciones municipales. Eran en su mayoría jóvenes y candidatos por primera vez. Los resultados obtenidos, salvo la excepción Biedron, dejan entrever que todavía tienen un largo camino por recorrer y han sido objeto de mofa por parte de sus adversarios políticos, pero el síntoma de cambio no lo discute nadie.

Insultos homófobos
"Son personas que han mostrado un enorme valor, en mi opinión, y la sociedad terminará reconociéndolo", dice Mariusz Kurc, editor de la revista gay polaca Replika, que cree que hay muchos más políticos homosexuales en Polonia que siguen ocultando su identidad sexual. En la campaña electoral de 2011, Replika ofreció su página de Facebook para que a través de ella los candidatos salieran del armario, pero ninguno respondió a esa llamada. En la actual campaña han sido 20 los que han respondido. Una de ellos ha sido Joanna Erbel, en Varsovia, que reconoció su bisexualidad cuatro días antes de la primera ronda del 16 de noviembre y obtuvo para el Partido Verde menos del 3% de los votos.

Biedron, por su parte, se presentaba con una candidatura independiente y, al margen de su orientación sexual, ha recibido apoyos mediáticos considerables basados en su potencial político. La revista 'Polityka', por ejemplo, lo ha nombrado uno de los mejores legisladores del país este año. Su llegada a la alcaldía de Slupsk pondrá a prueba ese talento, puesto que se pone al frente de uno de los ayuntamientos más endeudados de Polonia y se ha comprometido a limpiar las cuentas a base de eliminar corruptelas y revivir su moribunda economía con inversiones en energías verdes.

Además de homosexual, Biedron es un convencido de la austeridad y lo primero que ha hecho ha sido renunciar al tradicional uso del coche oficial de de lujo que corresponde al cargo de alcalde, junto con el correspondiente chófer y espacio de aparcamiento. En su primera jornada de trabajo ha ido hasta el ayuntamiento en bicicleta, su transporte habitual. Y ha prometido que seguirá hablando con la gente en la calle. Durante la campaña, visitó incluso un partido de fútbol para repartir folletos de propaganda y fue increpado con insultos homófobos. El día de las votaciones, uno de los que le gritaron aquel día le abordó a la puerta del colegio electoral para decirle: "De los ocho candidatos usted era el último al que queríamos ver allí, pero fue el único que se acercó a hablar con nosotros, por eso le he votado".