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viernes, 10 de junio de 2022

#hemeroteca #pierpaolopasolini | Pasolini: sus ‘apuntes documentales’ de denuncia, sexo y recuperación del pasado

El Asombrario / Pier Paolo Pasolini //

Pasolini: sus ‘apuntes documentales’ de denuncia, sexo y recuperación del pasado.

Liborio Barrera | El Asombrario, 2022-06-10

https://elasombrario.publico.es/pasolini-documentales-centenario/ 

En el centenario del nacimiento de Pier Paolo Pasolini (1922-1975) repasamos sus documentales, la parte menos difundida de su cine. Poéticos, realistas, políticos, acusadores, ensayos de escritura cinematográfica, estas películas constituyen, junto a sus largometrajes de ficción y su producción literaria (lírica, novelística, ensayística, periodística), expresiones de una personalidad fascinante, encrucijada de convulsiones, controversias y contradicciones que marcaron la segunda mitad del siglo XX.

Llevado por sus “ideas políticas” y su “sentimiento poético”, Pier Paolo Pasolini estrenó su primer documental, ‘La rabia’, en 1963. Las ideas políticas nutrirán el resto de su producción documental rodada hasta 1972, tres años antes de su asesinato. Alertó de la injusticia, sondeó a los italianos sobre su relación con el sexo, filmó la pobreza y la pureza, pero también la degradación moral y urbana de lugares como Palestina, la India, Yemen, Uganda, Tanzania o la propia Italia, a la busca de escenarios para películas que hizo y que no hizo. Y denunció la amenaza del progreso sobre sociedades tradicionales sometidas al dilema de cómo acometer un presente de desarrollo frente a la “escandalosa fuerza revolucionaria” del pasado.

Fue un combate irresuelto en aquella época contra lo que él denominaba la “sociedad neocapitalista” y su promesa de un florecimiento que, para Pasolini, arrasaba con el sustrato telúrico de las sociedades y sus gentes: un mundo, el “mundo clásico”, lo denomina en 'La rabia', sucumbía ante otro sustentado en el consumismo, el veneno de la televisión o la producción industrial desaforada. Esta disyuntiva recorre la mayor parte de esos documentales, hechos de una forma pobre, urgente, diarios de viaje en que el tiempo de su duración impone al cineasta decidir casi sobre la marcha qué captar y qué desechar. A su modo, constituyen también ejercicios sobre el propio cine. Pasolini muestra, a medida que filma, el proceso de realización de las películas: reflexiona con su propia voz sobre lo rodado, reconsidera la dirección que va tomando o introduce asuntos ajenos al que le ocupa, de manera que, más que obras cerradas, lo que vemos son, como justamente tituló él cuatro de sus documentales, apuntes de un cineasta.

Si ‘La rabia’ es su documental poético (pues sus textos, leídos por una voz solemne, son poesías del propio Pasolini y sus imágenes de archivo se suceden sin un hilo cronológico ni lógico), de denuncia de un mundo “dominado por el descontento, la angustia, el miedo a la guerra y la guerra”, a partir de ‘Comizi d’amor’e, rodada el mismo año de ‘La rabia’, saldrá a las calles, cámara en mano, para testimoniar las fallas de su tiempo y extraer materiales para su cine.

El sexo como escándalo en ‘Encuesta sobre el amor’
“¿Cómo nacen los niños?”, les pregunta Pasolini a unos chavales en la calle al comienzo de ‘Comizi d’amore’ (‘Encuesta sobre el amor’). “Los trae la cigüeña”, contestan unos. “Dios se los entrega a la cigüeña”, afirma otro. En una época en que el desarrollo industrial de Italia había despegado hacia la ‘modernidad’, Pasolini se propone conocer si ese progreso estaba modificando la relación de los italianos con el sexo.

Soldados, campesinos, universitarios, obreros, empleadas, madres y padres de familia…, con pudor, pero sin rehuir apenas las preguntas, hablan, insólitamente, ante el micrófono que les pone delante el cineasta. Aparentemente, se muestran más liberales en el norte y más reprimidos en el sur; más dispuestos a aceptar el divorcio, aún ilegal en el país, que a reconsiderar la condición de la mujer como un ser inferior que debe someterse al hombre. Aún en Calabria, en Sicilia se exige la defensa del “honor”, la virginidad al llegar al matrimonio.

El escándalo, si Pasolini les pregunta por la prostitución, no es la explotación de las mujeres, sino que se hayan suprimido los burdeles tras la aprobación de la conocida Ley Merlin, que regulaba la prostitución. “Era mejor antes”, afirman unas prostitutas, apoyadas en la pared. “En la calle se escandalizan”, le cuentan. “¿Qué van a hacer los jóvenes ociosos sino recurrir a los animales?”, se preguntan en Sicilia. Pero los momentos más escandalosos los provocan las preguntas sobre la homosexualidad. Las desgarradas respuestas sorprenden hoy, porque uno sabe que quien entrevista era homosexual. Pasolini no parece inmutarse y registra las contestaciones sobre la “repugnancia”, el “asco”, el “horror” que producen los “invertidos”, que es el término que el propio director y sus entrevistados emplean. ¿Por qué este escándalo ante lo diferente? “Lo ven como una amenaza a la propia persona, no tanto porque sea diferente. En el fondo, se escandalizan por el miedo a perder la propia personalidad”, le resume el escritor Alberto Moravia.

No hay caras precristianas en Palestina
Las caras de los drusos, de los judíos le parecen a Pasolini similares a las de los proletarios europeos. ¿No atisbará rasgos, facciones que conserven algo de la pureza de lo antiguo, por los que no haya pasado la historia, esas caras “precristianas” que ansía descubrir en su viaje a Palestina? Rodar ‘El evangelio según Mateo’ en los lugares originales donde sucedieron los hechos recogidos por el evangelista devino en frustración.

Este ‘experimento’ documental, ‘Sopralluoghi in Palestina per Il vangelo secondo Matteo’ (1965) (‘Localizaciones en Palestina para El evangelio según Mateo’), es el primero de los tres que rodó Pasolini con similares pretensiones: dar con rostros y paisajes que le sirvieran para una película que, salvo en el caso de la dedicada a la figura de Jesucristo, nunca rodó. A los tres, como ya quedó anotado antes, los anima la querella entre lo antiguo y lo moderno que ha venido para corromperlo y toman la forma de apuntes, como llevan en su título dos de ellos.

Aún quedaría un cuarto apunte, inacabado, ‘Apuntes para una novela sobre la basura’, del que llegó a rodar una hora y media de metraje en torno a una huelga de basureros en Roma en 1970. Aunque en realidad este último formaría parte de otro bloque de filmes realizados por Pasolini, que atienden especialmente a sucesos italianos y relegan el pasado.

A él pertenecería, además de ‘La forma de la ciudad’, el último que rodó, parcialmente, con el colectivo de extrema izquierda Lotta Continua, ‘12 de diciembre’, sobre el atentado terrorista de fuerzas de ultraderecha contra la Banca Nacional de Agricultura situada en la Piazza Fontana de Milán, que mató a 17 personas e hirió a 88. Pasolini montó la película, pero su nombre, por recomendación de sus abogados y para evitar la posibilidad de que lo procesaran, solo aparecería en el filme como autor de la idea que lo inspiraba.

Casi nada de lo que vio Pasolini en Palestina le convenció para rodar la película en aquella tierra. “Nazaret es inusable para nuestro filme por su modernez”, concluye en ‘Localizaciones en Palestina para El evangelio según Mateo’. “Ni paisajes ni personajes” le inspiran. Sus caras son “modernas, no arcaicas”.

El documental alterna esta búsqueda decepcionante con secuencias de un kibutz, donde entrevista a sus ocupantes sobre las ventajas de vivir en estas colonias de trabajo y vida colectivos; un recorrido por Jerusalén, cuya grandiosidad debería marcar un giro estilístico en el filme, y las respuestas que da el propio Pasolini al sacerdote que lo acompaña, don Andrea, sobre sus impresiones de viaje. Frustrante como cineasta, concluye, pero una “revelación” estética. Ha comprendido, de nuevo, que lo “más humilde es lo más bello”.

Tigres hambrientos en la India
A la India viajó Pasolini a fines de 1967 para rodar ‘Apuntes para un filme sobre India’. En sus primeras imágenes, el cineasta explica que quiere hacer una película sobre dos temas fundamentales del llamado ‘tercer mundo’: la religión y el hambre. Y lo introduce a partir de la siguiente pregunta: si un monje se encontrara en el desierto a unos tigres hambrientos, ¿se ofrecería a ellos como alimento? Varios interpelados le responden impávidos afirmativamente. Otro le explica que lo que importa de la pregunta es la enseñanza de que uno debe ser compasivo.

Entonces, Pasolini decide que la película tratará sobre un marajá que, apiadado al ver a unos tigres muertos de hambre, los alimenta con su cuerpo. Tras morir, su esposa y sus hijos sufrirán las consecuencias de la pérdida de su posición social y sus riquezas. Paralelamente, el cineasta filma rostros de hombres, de mujeres, de niños como posibles intérpretes de los personajes, edificios donde vivirían y paisajes por donde vagarían. Filma la actualidad del país, que debate si aprobar la esterilización de las mujeres: en la ciudad, sus entrevistados apoyan la medida; en el campo, rehúsan responderle. Filma a unos periodistas opinando sobre si debe occidentalizarse la India. “Si es perder personalidad, resistiremos”, “no nos importan otras culturas”, contestan.

La alternancia de las dos películas, la de una India imaginada y la de una India real, se fundirían en ese hipotético filme que Pasolini no llegó a rodar, en el mismo molde que confronta un país antiguo y otro en tránsito hacia el progreso y que repite, otra vez como esbozo, en ‘Apuntes para una Orestiada africana’, basada en el texto de Eurípides.

De nuevo viaja, ahora a Uganda, a Tanzania para hallar fisonomías afines a los personajes de la tragedia griega o dar con espacios que transformaría en escenarios. Recorre mercados, fábricas, escuelas; sondea cuerpos, miradas, estaturas, envergaduras. En su película, la civilización tribal africana representaría la antigua civilización griega y el descubrimiento que hace Orestes de la democracia sería el descubrimiento que han hecho los países africanos de esa democracia tras la descolonización. Pero algunos estudiantes universitarios entrevistados por Pasolini le responden: “África no es una entidad única. No hay que hablar de tribus, sino de países”.

El cineasta discute con ellos. Les pregunta de nuevo: ¿se sienten ustedes Orestes, es decir, ciudadanos del progreso, de una democracia? Sí, responden. Aunque, matizan, lo nuevo que encarna el personaje no es necesariamente mejor, como no es negativo lo que dejamos atrás, sino nuevo. Pero en lo nuevo, viene a decir Pasolini, el pasado va mutando hacia su desaparición. Sus ritos, sus ceremonias ancestrales van perdiendo su ligazón con los impulsos irracionales originarios que se encarnaban en esas formas ceremoniales. Ahora, esas formas no responden tanto a una creencia como a una representación.

La búsqueda de un imposible en Sanaá
Cuando en 1970 ruede ‘Las murallas de Sanaá’, su único documental en color, Pasolini retomará el nudo gordiano de su pensamiento sobre lo antiguo y lo moderno. El filme es una denuncia dirigida a la Unesco para que evite la destrucción de la ciudad yemení medieval de Sanaá. En el fondo, Pasolini persigue un imposible: un estado anterior que no existió en la completitud con que lo añora, un tiempo inmutable, incontaminado que, en esos momentos, “las minorías revolucionarias” quieren cambiar por el desarrollo, el progreso.

Para Pasolini, la lucha por lo antiguo está perdida en Italia, donde “la especulación urbanística del neocapitalismo” ha destruido su paisaje. En Sanaá, de trazas medievales aún intactas en aquel año, empezaba a ocurrir lo mismo. No se dan cuenta, viene a decirles, que la riqueza de Yemen es su belleza. La reclama en nombre de los hombres sencillos que la pobreza ha mantenido “puros”, “de la gracia de los siglos oscuros”. De esta manera concluye ‘Las murallas de Sanaá’ y, por extensión, todo este ciclo documental que lamenta la pérdida del pasado. A la vista de la evolución del mundo, especialmente en Occidente, es difícil no pensar en la herida aún mayor que le hubiera causado a Pasolini el arrasamiento de formas de vida, de paisajes, de costumbres.

Aun así, su voz alerta, independiente, solitaria sigue siendo un testimonio de resistencia ante una idea torcida del progreso.

sábado, 5 de marzo de 2022

#hemeroteca #pierpaolopasolini | Pasolini, en su centenario: Tabú, profeta y poeta del pensamiento

Naiz / Pier Paolo Pasolini //

Pasolini, en su centenario: Tabú, profeta y poeta del pensamiento.

Sobre todas las cosas, Pier Paolo Pasolini fue un poeta de la vida, del cine y del pensamiento. Cien años después de su nacimiento, es un profeta de los tiempos actuales y un tabú. Controvertido y comprometido, su gran legado radica en su obra imperecedera.
Koldo Landaluze | Naiz, 2022-03-05
https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20220305/centenario-pasolini-tabu-profeta-y-poeta-del-pensamiento 

La localidad costera de Ostia amaneció el 2 de noviembre de 1975 con un cuerpo sin vida abandonado en un descampado. Bajo la lona que lo cubría se encontraban los restos de Pier Pasolini (nacido el 5 de marzo de 1922) que evidenciaban la gran y violenta paliza que le habían propinado. Si nos atenemos a la versión oficial, su asesino respondía al nombre de Pino Pelosi, un joven chapero con el que el intelectual italiano mantuvo relaciones sexuales. En realidad, nunca se aclaró quién asesinó al autor de películas como ‘Saló o los 120 días de Sodoma’, porque Pelosi, tras cumplir siete de los nueve años de prisión a los que fue condenado, reveló en un programa de televisión que Pasolini y él no estaban solos aquella noche.

Tres hombres rodearon al director y, tras gritarle «maricón y cerdo comunista», le propinaron la terrible paliza que acabó con su vida. Desde entonces el enigma rodeó a este trágico episodio y todos los indicios apuntan a que el motivo de su asesinato fue un libro que estaba escribiendo, ‘Petróleo’.

Federico Bruno, autor del largometraje ‘Pasolini, la verdad oculta’ reconstruyó la teoría del complot político para explicar la muerte del cineasta, poeta e intelectual italiano. El director acusó a los servicios secretos, en connivencia con la Democracia Cristiana y el Vaticano, de haber orquestado la operación para eliminar al incómodo escritor, quien a diario atacaba al poder en su columna del ‘Corriere de la Sera’ y que preparaba una novela cuyo contenido prometía levantar ampollas.

Según explicó Bruno, «mi teoría es que fueron los servicios secretos. Italia es uno de los países con más delitos políticos. Han matado a jueces, a generales, a periodistas. Pasolini es un tabú, se han abierto cuatro investigaciones y todas se han cerrado en falso. Yo, sin ser abogado ni juez he descubierto muchas cosas, pero este crimen es una página que Italia quiere borrar y olvidar».

‘Petróleo’, aparecida póstumamente en Italia en octubre de 1992, fue su obra más ambiciosa y vasta. Según todos los indicios, el escritor empezó a trabajar en esta novela en enero de 1967 y se dedicó a ella, hasta el momento mismo de su muerte. Pasolini dijo en 1974 sobre ella: «Lo que he hecho desde que nací no es nada en comparación con la obra gigantesca que estoy llevando a cabo. Contiene todo lo que sé, será mi última obra».

En 2010, el ex-senador Marcello Dell’Utri –cofundador junto a Silvio Berlusconi del partido Forza Italia y, condenado por asociación mafiosa en primer grado– reveló la existencia de uno de los capítulos de ‘Petroleo’ que había sido dado por desaparecido. Según explicaron los expertos, los datos aportados por dicho político y en especial sobre ese capítulo desaparecido, revelarían la identidad de los asesinos del propio director y detalles sobre la muerte de Enrico Mattei, presidente de la petrolera Eni, fallecido en 1962 en un accidente aéreo rodeado de incógnitas.

​Un chico de la calle
Pasolini siempre estuvo condenado a mirar hacia delante, con la sombra de huida persiguiéndole. En 1950, huyó de su pueblo, Casarsa, tras ser reducido al ostracismo por masturbarse con unos jóvenes, lo que le valió también su dolorosa expulsión del Partido Comunista. Recaló en Roma y en sus primeros años en una capital machacada por la guerra, el joven conoció la penuria pero pronto se daría a conocer con sus historias en clave picaresca, aunque también como ariete contra una burguesía que Pasolini equiparaba al nuevo fascismo.

Se opuso al movimiento de Mayo del 68 porque decía que «los estudiantes, por tener derecho a estudiar, en el futuro serían clase dirigente, mientras que los policías eran hijos del pueblo que peleaban por dinero».

Sus versos, su prosa, su teatro, sus películas y sus múltiples crónicas constituyen una poética oscura en la que el amigo de Jean-Luc Godard y Federico Fellini cuestionó la modernidad de una Italia a la vez milenaria y adolescente. Aún rural y pobre, el país comenzaba a descubrir los electrodomésticos, la televisión, el automóvil individual, pero también el desempleo, los barrios marginales, el lumpen.

Ejemplo de ello son las palabras que Pasolini puso en boca de su protagonista en ‘Accattone’, su primera película realizada en 1961 y que giraba en torno a un proxeneta de los suburbios, con la que retrata el ‘milagro económico’ desde el punto de vista de los marginados: «Lincoln abolió la esclavitud, Italia la restableció».

Pasolini gozaba de notoriedad en su país por sus colecciones de poemas ‘El ruiseñor de la Iglesia católica’, ‘La mejor juventud’ y sobre todo ‘Las cenizas de Gramsci’ cuando fue conocido posteriormente y a nivel internacional a través del cine. Después de abordar el realismo (‘Accattone’, ‘Mamma Roma’), exploró la adaptación simbolista de clásicos como Boccaccio, Sófocles, y Sade.

En total rodó 23 películas, incluyendo la transgresora ‘Salò o los 120 días de Sodoma’, una libre adaptación del libro del Marqués de Sade, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial y que fue estrenada tres semanas después de su asesinato.

En su faceta literaria también nos legó novelas donde, como en el caso de ‘Muchachos de la calle’ y ‘Una vida violenta’, plasmó su fascinación y atracción por los jóvenes, y por el particular lenguaje de los arrabales romanos que le recordaban la lengua materna de la región del Friuli y sus inicios como poeta dialectal. En ‘Teorema’ desmontó los conceptos de la familia burguesa y reflejó en ella todo lo que le aterraba.

Su amiga y cómplice, la escritoria Dacia Maraini –coautora del guion de ‘Las mil y una noches’ (1974)– dijo de él: «Buscó durante toda su vida un mundo arcaico, pre-industrial, pre-globalizado, que consideraba inocente». Y su amigo, el escritor Alberto Moravia, afirmó ante su tumba: «Ante todo hemos perdido un poeta, y no hay tantos poetas en el mundo».

Finalmente, el propio Pasolini nos recordó esto: «Yo devoro mi existencia con un apetito insaciable. Cómo terminará todo esto, lo ignoro».

El Evangelio, según Pasolini
Pier Paolo Pasolini arremetió contra toda forma de poder, también contra la Iglesia, pero al mismo tiempo rodó la que es considerada por el propio Vaticano como la mejor plasmación de la vida de Jesucristo: ‘El Evangelio según San Mateo’.

Dirigida en 1964, esta obra maestra constituyó un auténtico cambio de registro en lo que a Jesucristos fílmicos se refiere. Por un lado topamos con su director, Pier Paolo Pasolini quien –parafraseando al marqués de Bradomín– por su condición de ateo, marxista y homosexual no resultaba la persona idónea para llevar a cabo este proyecto; y por otro, el guión se remitía directamente al texto original de Mateo, en vez de seguir la tradicional costumbre de mezclar frases de varios evangelistas o añadir diálogos escritos por los propios guionistas.

El interés de Pasolini por la figura de Cristo no resulta del todo incomprensible ya que era ateo, pero un ateo inteligente y culto que no sentía ninguna necesidad de hacer propaganda antirreligiosa; y por otra parte, si bien detestaba el catolicismo desde un punto de vista social e histórico, no tenía reparo alguno en considerarse ‘culturalmente cristiano’.

Tal y como refleja Rafael de España en su excelente estudio ‘El peplum, la antigüedad en el cine’, «‘El Evangelio según San Mateo’ puede verse también como un homenaje al Papa que dio los primeros (aunque tímidos) pasos para acercar la Iglesia al pueblo, ese pueblo del cual surge el Jesucristo de la película para llevar la guerra y la rebelión al corazón de los hombres, a separar al hijo del padre y a subvertir la estereotipada espiritualidad de los tiempos antiguos. Un Jesucristo sin duda radical, pero al mismo tiempo aceptable por cualquier cristiano».

La idea original del cineasta italiano fue la de dar el papel protagonista a un poeta como Yevtuchenko o Jack Keruac con la finalidad de subrayar el cariz rebelde y visionario del personaje. Pero al final se decantó por un joven estudiante catalán llamado Enrique Irazoqui, de profunda ideas antifranquistas y que, al igual que el resto del reparto, jamás había sido actor.

jueves, 3 de marzo de 2022

#hemeroteca #pierpaolopasolini | Pasolini, el ojo implacable de un temperamento intempestivo

Google Imágenes / Pier Paolo Pasolini //

Pasolini, el ojo implacable de un temperamento intempestivo.

Clarividente y demoledor, exigente e insobornable, Pier Paolo Pasolini hubiese cumplido 100 años el 5 de marzo. Reputado como cineasta, destacó al mismo nivel en una abundante obra literaria en la que no faltaron la novela ni la poesía. Rafael Narbona recorre su peripecia existencial.
Rafael Narbona | El Cultural, El Español, 2022-03-03
https://www.elespanol.com/el-cultural/cine/20220303/pasolini-ojo-implacable-temperamento-intempestivo/652185012_0.html 

No parece casual que Pier Paolo Pasolini haya filmado la mejor película sobre Jesús de Nazaret. Pese a ser comunista, homosexual y ateo, comprendió perfectamente al joven que se enfrentó a los poderes terrenales de su tiempo. Pasolini nunca pretendió imitar a Cristo, pero sí asumió el papel de ojo incómodo que saca a la luz las contradicciones de su época.

Aficionado a buscar chaperos en los barrios bajos con su Alfa Romeo plateado, murió brutalmente apaleado en una playa de Ostia la noche del dos de noviembre de 1975. Su asesino, un ratero adolescente que se prostituía de forma ocasional, afirmó después de diez años de reclusión que solo había sido el peón de un plan concebido por la Mafia, la Curia Romana y la Democracia Cristiana.

Nada acredita esa teoría, pero indudablemente Pasolini era un personaje molesto. Sus opiniones, que le enemistaron con intelectuales, políticos y artistas, siempre fueron sumamente polémicas. Su desordenada e incorrectísima vida sexual, que incluía encuentros con menores, no le impidió afirmar que la promiscuidad era tan indigna como un atentado terrorista.

Feroz opositor del estalinismo, elogió el regreso al mundo rural promovido por la Revolución Cultural de Mao. Nunca ocultó su odio al progreso y la economía de mercado. Les acusaba de haber destruido los valores tradicionales, provocando que los chicos se dejaran el pelo largo y las mujeres se olvidaran de la castidad.

Indignando a Alberto Moravia y Natalia Ginzburg, declaró que el aborto era un “crimen legalizado” y exaltó el coito como un acto trascendente que abría las puertas de la vida. Algunos le consideraban un profeta; otros, un payaso y un oportunista. Eso sí, todos se sintieron estimulados por su temperamento intempestivo.

Pier Paolo Pasolini nació en Bolonia un 5 de marzo de 1922. Hijo de un teniente del ejército y una maestra, creció en la región del Véneto. Su padre fue arrestado por deudas de juego y fue el primero en identificar y retener al joven anarquista Anteo Zamboni, instantes después de que disparara sobre Mussolini. Zamboni, de quince años, fue apuñalado, tiroteado y estrangulado por un grupo de fascistas. Su horrible muerte parece un signo del destino, pues contiene el mismo espanto que se abatiría más tarde sobre el cineasta.

Influido por Rimbaud y la belleza natural de Casarsa della Delizia, Pasolini empezó a escribir poesía muy temprano. Disgustado por los continuos traslados de su padre, que implicaban volver a empezar una y otra vez en una localidad desconocida, se refugió en la literatura. Leyó a Tolstói, Shakespeare, Dostoievski, Novalis, Coleridge, distanciándose de la fe católica que había profesado hasta entonces con fervor.

Durante su estancia en la escuela, se aficionó al fútbol y, con unos amigos, creó un grupo de discusiones literarias. En la Universidad de Bolonia, entró en contacto con la filología y las bellas artes. A los diecinueve años publicó su primer libro de poemas, cosechando elogios.

Gracias a las relaciones de su padre, se libró de combatir en el frente durante la Segunda Guerra Mundial, pero tras el armisticio del 8 de septiembre fue movilizado y cayó en manos de la Wehrmacht. Logró escapar, uniéndose a un grupo de partisanos, pero sin convertirse en uno de ellos.

En 1944, empezó a trabajar como maestro y tuvo su primera experiencia homosexual con uno de sus alumnos. Un año después, su hermano Guido moría en el frente, lo cual le provocó una auténtica conmoción. Tras la guerra, continuará con su actividad literaria, publicando nuevas obras caracterizadas por una aguda exigencia artística. Vinculado a la región de Friuli-Venecia Julia, oscilará entre el apego a la tierra y la oposición al tradicionalismo.

Afiliado al PCI, escribirá ensayos y antologías de poesía popular. Con 'Las cenizas de Gramsci' ganará el premio Viareggio. Gramsci le parecía un modelo de rigor intelectual y de intuición política. Periodista prolífico, sus artículos serán parcialmente recogidos en 'Escritos corsarios' (1975), donde ataca indistintamente al marxismo oficial, el capitalismo y la Iglesia católica, afirmando que los tres conspiran contra el humanismo ancestral de los obreros y campesinos. Una nueva cultura sostenida por los medios de comunicación de masas está homogeneizando y deshumanizando a la vieja Europa.

En 1961 comienza su carrera cinematográfica, impulsando una especie de nuevo neorrealismo con tintes patéticos, irónicos y grotescos. Su segunda película, 'Mamma Roma' (1962), con una sobresaliente Anna Magnani, le proporciona un reconocimiento unánime. En 1964, sorprende a todos con 'El evangelio según Mateo'. Expulsado del PCI por “conducta indecente”, apreció en Jesús la santidad y el heroísmo que no había encontrado en la política. “Ya no hay seres humanos”, lamentó.

Proyectó rodar una película sobre Pablo de Tarso, pero nunca llegó a materializar el proyecto. Tras varias obras de gran crudeza, como 'Porcile', dirigió 'Medea' con Maria Callas. Ya había llevado a Sófocles al cine ('Edipo rey'), demostrando su sensibilidad e inteligencia para comprender a los clásicos.

En los 70 conoce el éxito con la llamada 'Trilogía de la vida' ('El Decamerón', 1971; 'Los cuentos de Canterbury', 1972; y 'Las mil y una noches', 1974), pero en 1975 estalla el escándalo con 'Saló o los 120 días de Sodoma¡. Prohibida en varios países y acusada de obscenidad y de explotar la violencia gratuita, Pasolini afirma que se trata de una metáfora sobre el fascismo.

Furio Colombo entrevistó al cineasta poco antes de morir. Pasolini declaró de forma enigmática: “Todos estamos en peligro”. ¿Se refería a una amenaza real o solo fue un comentario nacido de las reacciones de odio que despertaban sus opiniones? Más de una vez había manifestado que se sentía atraído por el radicalismo de Cristo. Indulgente con los pecados individuales, siempre se había mostrado intransigente con los pecados colectivos y sociales. “Yo bajo al infierno y sé cosas que no turban la paz de otros -afirmó Pasolini–. Pero, cuidado. El infierno está subiendo a donde vosotros estáis... No os hagáis ilusiones”.

El infierno al que se refería era ese mundo de pequeños y jóvenes hampones que frecuentaba durante sus excursiones a los suburbios, buscando una aventura sexual. Pensaba que esos rateros, “un subproletariado precristiano, estoico”, destruirían y renovarían la civilización occidental, sumida en la decadencia. No sospechaba que uno de esos muchachos violentos y amorales pondría fin a su trayectoria humana y artística.

Ahora que se cumple el primer centenario de su nacimiento, cabe preguntarse cuál es la herencia de Pasolini. Pienso que un ojo implacable. A veces arbitrario e injusto; otras, clarividente y demoledor. Siempre exigente e insobornable. Si tuviera que escoger una de sus obras, sería sin duda 'El evangelio según Mateo'. Por esos planos minimalistas de Cristo (espléndido Enrique Irazoqui) que solo necesitan la expresividad del rostro y la fuerza de la palabra para transmitir las enseñanzas del joven rabino al que Pasolini no consideraba el hijo de Dios, pero sí un ser divino que encarnaba el ideal de un mundo justo, fraterno y compasivo.

Pasolini, con el cuerpo destrozado en una playa de Ostia, es la confirmación de que el ser humano no es solo materia, sino espíritu. Sus restos podrían ser un argumento a favor del nihilismo, pero yo aprecio en ellos la fecundidad del dolor. Una muerte tan dramática no ha logrado borrar la mirada incisiva de un artista que nos guió por el cielo y el infierno, enseñándonos el poder de la belleza.

martes, 29 de octubre de 2019

#hemeroteca #pierpaolopasolini | Pasolini, un poeta en la banda izquierda

Imagen: ctxt / Pier Paolo Pasolini
Pasolini, un poeta en la banda izquierda.
El dinero carcomía la parte más sacra del fútbol. Por eso, el director siempre defendió el deporte ‘amateur’
Miguel Ángel Ortiz Olivera | ctx, 2019-10-29
https://ctxt.es/es/20191023/Deportes/29156/Miguel-Angel-Ortiz-Olivera-Pasolini-cine-futbol.htm

La madrugada del 2 de noviembre de 1975, la polizia romana encontró el cuerpo sin vida de Pier Paolo Pasolini en un desangelado descampado de Ostia, a las afueras de Roma, cerca de la desembocadura del Tíber. Los forenses informaron de que presentaba heridas por todo el cuerpo: golpes en la cabeza, cortes por todo el cuerpo, magulladuras; hemorragias internas, la más importante provocada por una violentísima patada en los testículos. Y evidencias de atropello. Aquella muerte salvaje, como el desenlace de sus libros, sobrecogió el alma de todo el país.

Con los días, los investigadores reconstruyeron los hechos. Aquella noche, Pasolini había quedado para recoger los negativos de su última película, robados días antes por un grupo de extrema derecha. Llevaba tres mil liras. En un bar del barrio de Termini, invitó a Pino Pelosi, un golfillo de diecisiete años, a dar una vuelta en su Alfa GT plateado. El paseo, no obstante, se torció: discutieron –según Pelosi– porque se negó a aceptar las proposiciones sexuales del escritor. Hubo insultos, algún bastonazo. Pasolini detuvo el coche en aquel descampado porque Pelosi necesitaba orinar. A partir de aquí, comenzaban las incoherencias en la declaración de Pelosi. ¿Había asesinado él solo a Pasolini o había más implicados? ¿Cómo había podido reducirlo, cuando Pasolini era un hombre atlético y en forma? ¿Una discusión por mantener sexo anal había desencadenado aquel atroz asesinato?

La única evidencia cierta es que, horas después del hallazgo del cuerpo, una patrulla de carabineros detuvo a Pelosi conduciendo el Alfa GT a toda velocidad por Roma. Sin embargo, para muchos el golfillo parecía un simple chivo expiatorio de una conspiración más grande. Durante la investigación, la polizia barajó varias opciones. ¿Podría tratarse de un asesinato político, de Estado? Podría: Pasolini se había convertido en un incordio para el poder. “La burguesía no es una clase social, es una enfermedad”, había dicho. ¿Podría ser un simple robo? También. Pasolini había sido un hijo de los ‘borgantes’ de Roma, pero su recurrente vuelta a los suburbios más empobrecidos podría haber levantado envidias entre los más desfavorecidos. ¿Y un crimen pasional? Sí. Y aquellos furtivos encuentros con golfillos la excusa perfecta de la extrema derecha para denostarlo.

Aunque Pelosi se autoinculpó como único asesino, nunca se pudo corroborar la veracidad de su declaración, en parte porque él mismo agrandó el misterio cambiando los detalles con frecuencia. Hace dos años, Pelosi se llevó la verdad a la tumba.

“Hay un destino físico en la ideología”, había afirmado Pasolini. También para él, aunque nunca le importase demasiado. Comunista. Tifoso del Bolonia. Poeta de la miseria. Ensayista polémico. Guionista provocador. Director de cine contracorriente. Católico y marxista para unos; pederasta y pornógrafo para otros.

Sus películas habían escandalizado a toda una generación y sus libros habían iluminado los desgarros más profundos de su país. Y aún le quedaba por delante una brillantísima carrera, tan artística como polémica.

El niño futbolista
Casualidades de la vida, el descampado donde Pasolini fue asesinado estaba cerca del campo de fútbol de Ostia. Casualidades de la muerte, los supuestos chavales que lo abordaron podrían haber sido los protagonistas de sus dos novelas más famosas: 'Los chavales del arroyo' y 'Una vida violenta'. Y casualidades de la literatura –siempre entre vivos y muertos–, la combinación de esos dos títulos resume el tipo de vida de los chavales de los suburbios que tanto amó: una sobrecogedora violencia de la que solo escapan cuando juegan al fútbol.

Una imagen que se repite en ambas novelas: “Dos equipos de chavales trastiberinos están jugando al balón, chillando de mala manera, corriendo como rebaño de ovejas”, escribió Pasolini, “todos al ataque o todos en defensa”. Juegan sin camisetas, a pecho descubierto. La mayoría, descalzos. No tienen miedo ni a los balonazos ni a las patadas porque “la vida es dura para quien tiene los pies blandos”. El fútbol les ha enseñado el juego en equipo: si uno tiene hambre, el otro le consigue una porción de pizza; si uno necesita unas liras para jugárselas a las cartas, el otro se las fía; si uno no puede con tanta chatarra, el otro tira del carro. El fútbol es el último fleco de infancia; lo que les aleja de los navajazos, la tuberculosis, la cárcel, la muerte.

El fútbol no fue el primer amor de Pasolini. De niño, le fascinaba jugar a la guerra hasta que, con catorce años, se enamoró perdidamente de ese “mundo solo de machos. O de machos solos”. Sucumbió a la feibre del calcio viviendo los mejores años de la historia del Bolonia con varios scudettos: en 1925, en 1929, desde 1936 hasta 1939. El paso del tiempo nunca pudo borrar las alineaciones de aquellas temporadas, marcadas a fuego en su imaginación. Ni siquiera cuando la todopoderosa Roma flirteó con él en su madurez: Pasolini había jurado amor eterno al Bolonia.

En la adolescencia, lució el brazalete di capo en el equipo de su universidad. Jugaba de extremo, en la banda izquierda. “Lo llamábamos ‘Stukas’”, recordó su amigo Ninetto Davoli, “por su típica manera de lanzarse por el lateral y su ardiente carrera”. Peleaba cada balón con la misma valentía con la que escribía. Amaba el fútbol como un niño, sí, pero siempre con las botas en el suelo: “Tampoco querría parecer un defensor inconsciente del fútbol porque sé perfectamente que es una evasión”, dijo. Las cosas a su alrededor no estaban para evadirse; había que mirar y atreverse a contarlo. Y él lo hizo.

El poeta goleador
Lo dijo, además, como solía, sin rodeos: “Los deportistas están poco cultivados, y los hombres cultivados son poco deportistas. Yo soy una excepción”. Y no se quedó ahí: “En Italia”, aseguró, “el fútbol no ha tenido todavía el honor de captar una atención inteligente”. Con él, al fin la tuvo.

Estudió el fútbol con la misma pasión con la que lo jugó. Un claro ejemplo fue el artículo que publicó el 3 de enero de 1971 en el diario 'Il Giorno' titulado 'El fútbol es lenguaje con sus poetas y sus prosistas', donde analizó el juego desplegado en la final del Mundial de México. Brasil se había impuesto por un contundente cuatro a uno a la selección azzurra, y Pasolini razonó aquel resultado: la prosa electrizante de los suyos había sido goleada por la poesía brasileña.

Años más tarde, todos sus artículos deportivos escritos entre 1957 y 1971 aparecieron reunidos en 'Sobre el deporte': los traumas de los futbolistas, el sufrimiento o la alegría que flotaba en las barberías cada lunes, el dolor por las derrotas del Bolonia o el cattenaccio de Helenio Herrera. Pasolini recordó los partidos en los Prados de Capara como los momentos más hermosos de su vida. Y confesó que había tenido un sueño: arrancar en campo propio, regatearse a todos los contrarios y marcar el gol de su vida. “Cada gol es siempre una invención, es una perturbación del código”, escribió, “todo gol es fulguración, estupor, irreversibilidad”.

Dejó muchas sentencias para la eternidad: “El máximo goleador es siempre el mejor poeta del año”; pero, sobre todo, legó una teoría: el fútbol como lenguaje. Un futbolista solo tenía una oportunidad para escribir su jugada. El balón era su palabra y los regates, sus adjetivos. Con un pase ponía un punto y final a su jugada; con una pared, un punto y coma. Solo escogiendo bien cada palabra, escucharía el murmullo de la red: la expresión máxima de su poesía.

“Puede haber un fútbol como lenguaje fundamentalmente prosístico”, explicó Pasolini, “y un fútbol como lenguaje fundamentalmente poético”. Los futbolistas se dividían en dos equipos: los que jugaban en prosa y los que lo hacían con poesía. “Un hombre que utiliza los pies para chutar un balón”, explicó, “tal es la unidad mínima, tal es un poema”. La narración del fútbol, en definitiva, no distaba mucho de la de un libro: entre el andamiaje narrativo debía surgir la chispa que iluminase el escondrijo del gol. “El fútbol que expresa más goles es el fútbol más poético”, resumió.

El escritor jugador
“Para mí, el arte es juego, así como también, de algún modo, el juego es arte”, dijo Pasolini. Siempre defendió el fútbol, consciente de que era el opio del pueblo; pero un opio con propiedades terapéuticas para el pueblo: “Las dos horas en el estadio como hincha (agresividad y fraternidad) son liberadoras”.

Pasolini sabía que había pocas sensaciones como ver un estadio lleno hasta la bandera. La cercanía con el ídolo transformaba a las personas. La tragedia o el milagro en los coliseos modernos podía cambiar sociedades enteras. “El fútbol vuelve a ser un espectáculo en el que el mundo real, de carne, en las gradas del estadio, se mide con los protagonistas reales, los atletas en el campo”, escribió. Aunque nunca terminó de fiarse de aquel deporte-espectáculo que abalaban las grandes marcas comerciales, un poderoso imperio que formaban millones de almas y sólo unos pocos controlaban: “¿Qué manos van amontonando los enormes beneficios de la pasión de cada domingo?”

El dinero carcomía la parte más sacra del fútbol. Por eso, Pasolini siempre defendió el deporte ‘amateur’. Soñaba con equipar a todos por igual para que los chavales del arroyo tuvieran las mismas opciones de victoria en el partido de esa vida tan violenta que les había tocado jugar.

En una de sus últimas entrevistas, un periodista le preguntó qué le gustaría haber sido de no haberse dedicado al cine o la literatura. “Un valiente jugador de fútbol”, contestó. Sin duda, fue mucho más que eso.

viernes, 26 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #arte | Arte en defensa propia

Imagen: El Mundo
Arte en defensa propia.
Las Naves acoge la exposición Museari Queer Art aprovechando el 50 aniversario de la revuelta por los sucesos de Stonewall Inn,
Salva Torres | El Mundo, 2019-07-26
https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2019/07/26/5d3ab44821efa0e82e8b46b8.html

El cineasta Pier Paolo Pasolini, aludido en la exposición Museari Queer Art por Ricard Huerta, se refirió a su obra caracterizándola por un «anhelo de vida» que lindaba con cierto «sentimiento de exclusión». Sentimiento que, según él, no disminuía, sino que aumentaba «el amor a la vida». También habló de la soledad inherente al creador que dedica muchas horas para dar forma a algo que, a su juicio, «es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos». Soledad y exclusión con las que imprimió de intenso canto a la vida sus películas.

La muestra Museari Queer Art que, aprovechando los sucesos de Stonewall Inn ocurridos en 1969, acoge en esta ocasión Las Naves, se hace eco de las palabras de Pasolini para insistir en esa voluntad de resistencia a través del arte. De manera que en su cuarta edición, con 50 exposiciones realizadas desde 2015 en su museo online, reúne un total de 14 proyectos, en los que diversos artistas exhiben sus diferentes formas de representar ese anhelo de vida. Anhelo que suele estar asociado con cierta incomprensión.

El escritor Oscar Wilde se refería a esa incomprensión diciendo que no había ningún artista que viera las cosas como son en realidad, «si lo hiciera, dejaría de ser artista». Museari Queer Art acerca al espectador una serie de propuestas artísticas que hurgan en esa dificultad de entendimiento hacia lo propio y ajeno. Pasolini, de nuevo, trillando ese camino: «Hay que decir que mientras los intolerantes creen que la diferencia de los diferentes carece de explicación y, por lo tanto, sólo merece odio, los tolerantes a menudo se preguntan, más o menos sinceramente, por las razones de esa diferencia».

Desde el propio Ricard Huerta, que además de aludir a Pasolini en sus acrílicos se refiere también a Robert Indiana, Patricia Highsmith o Maria Mercé Marçal, al historietista Nazario Luque, pasando por Natividad Navalón, Eva Máñez, Graham Bell Tornado y Anna Maria Staiano (La Erreria), Sebas Martín o Pepa Arróniz, entre otros, la exposición se adentra en los vericuetos de la diversidad sexual, que es tanto como decir en el intrincado universo de las formas que tenemos de relacionarnos con nuestro propio cuerpo y, desde ahí, con el del otro. Incluso con la naturaleza, de cuyo proceso de colonización se hará cargo La Erreria en una visita guiada y performance P.I.N.Q. que tendrá lugar en Las Naves el 1 de agosto.

Nazario, en su propuesta, «convierte el sexo en tema obsesivo de sus cómics, siendo el primer dibujante que usa la temática gay como fuente de inspiración en su obra», según se hace constar en el catálogo de la exposición que hasta el 31 de agosto permanecerá en Las Naves. Temática gay que, asociada a los colectivos LGTBIQ+, fue precisamente el detonante de lo ocurrido en el bar Stonewall Inn de Nueva York un 28 de junio de hace 50 años, como protesta por la actuación violenta de la policía en una redada contra miembros de esa comunidad que frecuentaba el pub.

Eva Máñez refleja, en las fotografías expuestas en Museari, la intervención de un grupo de transexuales invitados todos los años en la ciudad Cusco en Perú, para que bailen en honor de la Virgen de Copacabana la danza denominada 'Morenada', que se remonta a la época colonial de cuando la trata de esclavos. Sebas Martín, utilizando sus propias palabras, se hace cargo en sus ilustraciones de hombres en diferentes entornos históricos, fantásticos o cotidianos: «Hombres, hombres, siempre hombres saliendo de mi lápiz. Historias de hombres con hombres en la fina barrera que puede separar el erotismo de algunos más explícito».

De la persecución de los homosexuales en el franquismo se ocupan Marina Cochet, Juan Sepúlveda y Antonio Santos, en ilustraciones de la novela gráfica 'El Violeta' (Draku Editorial). Un relato que se adentra en los años 50 y en la ley de peligrosidad social que en España llevó a muchos homosexuales a la clandestinidad, el exilio o la integración previa negación de su orientación sexual. Pepa Arróniz, tomando como punto de partida la representación plástica del cuerpo femenino, cuestiona los roles de la mujer, ampliando su crítica al conjunto de la sociedad «en unos momentos en que se está produciendo una polarización en demasiados ámbitos», señala la artista en el marco de su Proyecto Hyster.

Natividad Navalón, mediante unas obras impresas en papel de algodón, contrasta esta textura algodonosa con la más áspera imagen de diferentes cuerpos femeninos con agujas clavadas, fusiles o pistolas tatuadas. Arte en defensa propia contra esa hostilidad que, viniendo del cuerpo social en su conjunto, se inscribe en la propia mujer. Ángel Pantoja, por su parte, realiza un collage digital de bustos, en los que problematiza el binarismo de género mediante la dislocación que tenemos de la estatuaria clásica.

Museari Queer Art se completa con los trabajos de Ricardo Cotanda, Cacho Falcón, Randomagus, Elia Torrecilla y Del LaGrace Volcano. Todos ellos fieles al espíritu de Museari (Museu de l'Imaginari), cuyo objetivo principal es «la promoción de la educación artística y de la historia como instrumentos fundamentales para la defensa de los derechos humanos, con un especial énfasis en el respeto a la diversidad sexual y los colectivos LGTBIQ+». Como diría Pasolini, la tragedia actualmente es que «ya no hay seres humanos, hay máquinas extrañas que chocan entre ellas».

lunes, 26 de noviembre de 2018

#hemeroteca #inmemoriam | Muere el maestro del cine italiano Bernardo Bertolucci a los 77 años

Imagen: El País / Bernardo Bertolucci
Muere el maestro del cine italiano Bernardo Bertolucci a los 77 años.
El director de 'El último tango en París' y 'Novecento' fallece en Roma.
Daniel Verdú | El País, 2018-11-26
https://elpais.com/cultura/2018/11/26/actualidad/1543221277_980833.html

Bernardo Bertolucci, última frontera de una generación de directores italianos capaces de transformar el cine universal, ha fallecido este lunes a los 77 años en Roma. Autor de monumentos como ‘El último tango en París’, ‘Novecento’ o ‘El último emperador’, que obtuvo nueve Oscar en 1988, entre otros, a la mejor dirección y al mejor guion, llevaba años en una silla de ruedas peleando contra una larga enfermedad. En las últimas dos décadas, tras el estreno de ‘Asediada’ en 1998, apenas lanzó dos películas: ‘Soñadores’ (2003), una particular visión del mayo del 68, y su último filme, ‘Tú y yo’, de 2012, basado en una breve novela de Niccolò Ammaniti.

Nacido en Parma, en 1940, era hijo del poeta Attilio Bertolucci y la profesora Ninetta Giovanardi. Fue amigo de Pier Paolo Pasolini y defensor empedernido del Partido Comunista. En 2007 obtuvo el León de Oro a la carrera de La Mostra de Venecia y, en 2011, la Palma de Oro de Honor del festival de Cannes. A lo largo de su carrera, filmó una quincena de películas, entre producciones colosales y minúsculas, obras experimentales y más tradicionales, y dejó un sello inolvidable de autor en el cine italiano e internacional. Fue también guionista, productor, poeta y "polemista", como recuerdan los medios italianos.

Bertolucci llamó la atención ganando todavía bien joven el Premio Viareggio por el libro de poemas ‘In cerca del mistero’. De ahí, de la tradición literaria y musical, surgió también el gusto por los textos, la dramaturgia y el cine dramático. Pero Bertolucci siempre reconoció la descomunal influencia sobre su cine de Pasolini, a quien conoció porque su padre le había editado su ‘Ragazzi di vita’ y se había mudado al mismo edificio. El cineasta lo explicaba así en una entrevista con James Franco en ‘Il Corriere della Sera’: “Un día, cuando tenía 21 años me lo encontré delante de la puerta y me dijo: ‘Eh, te gustan las películas, ¿verdad? Porque voy a rodar una y quiero que me hagas de asistente en la dirección. Se llamará Accattone’. Le dije que nunca había hecho de asistente, y él me respondió que tampoco había dirigido ninguna película”. De hecho, la primera cinta que firmó, ‘La cosecha estéril’, partió de una historia del propio Pasolini.

Así nació una carrera que le llevó a dirigir una quincena de filmes y que absorbió también el aroma de las innovaciones de la Nouvelle Vague francesa, que descubrió pegado tardes enteras en las butacas de Cinémathèque parisina en los años sesenta. Allí más tarde vio de cerca el mayo del 68 que retrató, para algunos de forma un tanto frívola, en ‘Soñadores’. No hubo estudios ni aprendizaje técnico. Al principio, como vio hacer a Pasolini, renunció a actores profesionales y flirteó con las corrientes experimentales.

Pero el pasaporte de Bertolucci al olimpo del cine lo expidió ‘El último tango en París’, su película más polémica, con denuncias de violación de Maria Schneider a Marlon Brando, que el director de fotografía, Vittorio Storaro, negó después. Estrenado en 1972, el filme se prohibió en España, y no pudo verse hasta el 16 de enero de 1978. En una entrevista en el diario El País de 1985 el cineasta comentó la importancia de la personalidad de Marlon Brando en la película: "Sí, influyó mucho. Brando es un monstruo prehistórico del cine del pasado. En principio no lo iba a interpretar él. Los actores elegidos eran Jean-Louis Trintignan y Dominique Sanda, pero resultó que Trintignan era un tímido y no se atrevía a hacer las escenas de la casa abandonada y Dominique Sanda estaba preñada, así que tuve que renunciar a los dos".

‘Novecento’ es un monumento desde todos los puntos de vista. Una descomunal crónica de las primeras cinco décadas de la Italia del siglo XX, partiendo de la muerte de Giuseppe Verdi, en 1901. Justo el día que nacen los dos amigos que protagonizan el filme y que representarán por tanto tiempo después dos italias que, en cierto modo, todavía se cruzan hoy cada mañana en la calle. La del comunismo y el fascismo; la de la izquierda revolucionaria, y la burguesía democristiana mucho más tarde. La del cierre de los puertos y la que hoy, lamentablemente, ha quedado silenciada.

La gran epopeya (314 minutos), producida por Alberto Grimaldi con estrellas de Hollywood como Robert De Niro o un Donald Sutherland que ponía rostro a un fascismo con algunos tics no tan lejanos, tuvo influencia hasta en los registros de recién nacidos, donde toda una generación de padres de la progresía italiana inscribió a su vástagos con el nombre de Olmo: como el personaje con el que Gerard Depardieu dio vida al combatiente obrero.

‘Novecento’ fue la afirmación definitiva de la transversalidad de Bertolucci, también a un lado y otro del Atlántico. Pero el reconocimiento en Hollywood llegó con ‘El último emperador’ (1987), la trágica y novelesca historia de Pu Yi , el último representante de la dinastía manchú, quizá una de sus obras menos lucidas, pero la única que le ha valido a un director italiano el Oscar por la mejor dirección.


Y TAMBIÉN…
Bernardo Bertolucci: “Con el cine busco la poesía”.

Autor de obras fundamentales como ‘Novecento’ y ‘El último tango en París’, está fascinado por la tecnología y la frescura de los jóvenes.
Pablo Ordaz | El País, 2013-07-01
https://elpais.com/elpais/2013/06/27/eps/1372349249_394288.html 

jueves, 1 de marzo de 2018

#libros #mayodel68 | Mayo del 68 : barricadas misteriosas : las críticas de la izquierda ayer y hoy

Mayo del 68 : barricadas misteriosas : las críticas de la izquierda ayer y hoy / Javier Noya.
Madrid : Los Libros de la Catarata, 2018 [03-01].
128 p.
Colección: Mayor ; 666
ISBN 9788490973905 / 14 €

/ ES / ENS
/ 6805-50 / Filosofía / Historia - Siglo XX / Mayo del 68 / Movimientos sociales / Pier Paolo Pasolini / Política / Theodor Adorno / Sociología / Vida intelectual

Mayo del 68 es quizás uno de los acontecimientos que más análisis y debates ha generado, casi tantos como la Revolución francesa o rusa. Para muchos, Mayo del 68 simbolizó el surgimiento de una "nueva izquierda" de la mano de los movimientos estudiantiles. Sin embargo, y pese a la buena acogida que tuvo entre importantes intelectuales izquierdistas, dichas protestas no siempre fueron entendidas ni apoyadas desde las filas progresistas coetáneas. Ese fue el caso de Adorno en Alemania como de Pasolini en Italia, dos pensadores que atacaron duramente, desde posiciones y experiencias distintas, los movimientos de protesta de sus respectivos países. Algo similar, aunque con un carácter más mayoritario, ocurre en el presente, donde ciertos sectores de izquierda, que ensalzan los movimientos de protesta de los sesenta, no dejan de mirar con recelo las protestas juveniles actuales, tachándolas de "antisistema" o de "populistas". Esta obra pretende calibrar la influencia de la "izquierda crítica" tanto en la comprensión de Mayo del 68 como sobre las protestas juveniles actuales, desde los movimientos antiglobalización hasta el 15M o las frustradas primaveras árabes. ¿Se anticiparon sendos pensadores a nuestro tiempo, viendo entonces lo que percibe ahora la izquierda tradicional en las protestas actuales? ¿Son estas últimas equiparables a las demandas y reivindicaciones de entonces?

Javier Noya. Doctor en Sociología, es profesor titular del Departamento de Metodología y Teoría Sociológica de la Universidad Complutense, donde dirige el grupo de investigación MUSYCA (Música, Sociedad y Creatividad Artística). Ha llevado a cabo investigaciones en las áreas de la sociología política y de la cultura. Sus libros publicados más recientes son ‘Armonía Universal. Música, globalización cultural y política internacional’ (Biblioteca Nueva) y ‘Sociología de la música’ (Tecnos).

ÍNDICE
Introducción
Primera parte. Mayo del 68
Capítulo 1. Mayo del 68: revueltas glocalizadas
Capítulo 2. Una comparacion del 15M, La Primavera Árabe y Mayo del 68
Segunda parte. Theodor W. Adorno
Capítulo 3. Adorno: de la comprensión al rechazo
Capítulo 4. Marcuse versus Adorno
Tercera parte. Pier Paolo Pasolini
Capitulo 5. Pasolini: del rechazo a la ambivalencia
Capitulo 6. Godard versus Pasolini

viernes, 3 de noviembre de 2017

#hemeroteca #politica #criminalidad | El laboratorio criminal de Roma

Imagen: El País / Un paseo de Ostia Nuova
El laboratorio criminal de Roma.
Ostia, intervenida judicialmente durante dos años por infiltración mafiosa, vota el domingo en unas elecciones cruciales con un cura y la ultraderecha entre los candidatos.
Daniel Verdú | El País, 2017-11-03
https://elpais.com/internacional/2017/11/02/actualidad/1509648530_624819.html

Ostia es el mar de Roma, su verano, un gran puerto turístico, los chiringuitos, unas extraordinarias ruinas. Pero el décimo distrito de la capital de Italia (250.000 habitantes), intervenido judicialmente durante los dos últimos años por infiltración mafiosa, también ha sido su cloaca. Un laboratorio político criminal donde, a falta de líderes honrados, han gobernado los clanes. Los Spada, los Fasciani, los Triassi. Extorsiones, venta de droga, usura y hasta torturas en garajes insonorizados, según consta en los papeles de la fiscalía. Familias que devoraron los despojos del lugar hasta que vieron en la política y el suelo que pisaban el verdadero negocio. Algunos están muertos o en la cárcel condenados por métodos mafiosos con el 41 bis, el régimen carcelario más extremo. Otros siguen en la calle a dos días de unas extrañas pero cruciales elecciones para formar una nueva Junta Municipal en Ostia. Se presentan los partidos tradicionales, pero también un cura, un profesor y la ultraderecha. Una tormenta perfecta a 20 kilómetros del centro de Roma.

La Piazza Gasparri, delante del mar, cerca del lugar donde fue asesinado Pier Paolo Pasolini hace justo 42 años, ha sido el epicentro de la venta de droga y los trapicheos de los clanes. Gimnasios de boxeo, casas de apuestas, armas. Quisieron más y se lanzaron a la promoción inmobiliaria, a la ampliación ilegal de muchos de los 71 chiringuitos de la playa sujetos a concesión y convertidos en discotecas o restaurantes. Se adueñaron del control de las viviendas de protección oficial. La Junta fue poco a poco carcomida por la corrupción, se construyó un puerto deportivo de cientos de millones de euros, embargado por la autoridad judicial a su promotor, Mauro Balini, propietario de medio litoral y a quien la fiscalía relacionó con organizaciones criminales de la zona.

En 2012 llegaron a la capital Giuseppe Pignatone, nuevo fiscal jefe, y Michele Prestipino, nombrado en 2013 su ‘número dos’. Ambos magistrados, bregados en la lucha contra la Cosa Nostra y la ‘Ndrangheta, empezaron a poner letra a la música que sonaba de fondo desde hacía años en Roma. Explotaron los casos Mafia Capital, Nuova Alba y Sub Urbe. Y fueron cayendo todos los capos e implicados en derivadas de las operaciones. Desde el jefe de policía de Ostia, que avisaba antes de las redadas, hasta el director del municipio, un siniestro personaje llamado Aldo Papalini (ocho años de cárcel) que permitió el crecimiento hormonado de los chiringuitos hasta borrar el horizonte.

El municipio quedó arrasado, social y económicamente, y la única solución fue disolver la Junta municipal, gestionada entonces por el Partido Democrático, nombrar a un administrador y aplicar un procedimiento usado en lugares como San Luca, cuna de la ‘Ndrangheta en Calabria. Porque en Ostia, un distrito con la misma población que Venecia y un litoral de 12 kilómetros, gobernó la mafia. Ni sicilianos, ni calabreses, ni napolitanos, un engendro romano. Al menos eso dicen cuatro sentencias en primera instancia.

La Banda de la Magliana
Una historia criminal que comenzó en los años setenta con la Banda de la Magliana, de la que salieron capos como Carmine Fasciani (hoy en la cárcel) y que fue creando un monstruo de tres cabezas que se repartió las calles con las guerras entre los clanes a principios de los años 2000. Hubo ‘gambizzazioni’ (un disparo en la pierna), muertos, casamientos entre familias para tranquilizar los ánimos y una tregua con la que pacificaron el territorio, recuerda Marco Genovese, responsable en Roma de Libera, la asociación que combate las asociaciones mafiosas en toda Italia. Un material narrativo que dio para un libro —uno de los coautores es el magistrado Giancarlo De Cataldo— y que Netflix ha explotado con una película y una serie: 'Suburra'.

Las elecciones del domingo, cuyas encuestas lideran el centroderecha y el M5S, medirán el trabajo que el comisario Domenico Vulpiani ha realizado en estos dos años. También el poder de los de Grillo en una zona donde Raggi cerró su campaña y obtuvo el 76,1% de los votos. Pero los comicios y sus múltiples candidatos responden a una situación extraordinaria. Don Franco es el vicerrector de la parroquia de Santa Monica y el presidente de Cáritas. Se presenta con una lista cívica de izquierda radical y antiextorsión. Sonriente, de 71 años, ya sin el alzacuellos, explica en un pequeño café junto a las casas de protección oficial los motivos de esta segunda vocación. “Tras dos años de intervención y viendo que los partidos no prestan atención a los problemas reales he decidido dar el paso. Queremos eliminar todos los elementos sociales, políticos y económicos que favorecen las mafias. Queremos reactivar el turismo, dar espacio a los jóvenes”, propone esperanzado.

La antítesis de Don Franco es Luca Marsella, cabeza de lista de la organización declaradamente fascista CasaPound. La formación aspira a obtener en este territorio tan amado por Mussolini y granero de la derecha social de Teodoro Buontempo su mejor resultado en Italia a base de trabajo de campo (las encuestas les dan un 10% y al menos dos consejeros). Pero sus presuntos vínculos con los Spada, mermados después de la operación Sub Urbe (10 arrestados), son evidentes. Más allá de haber organizado fiestas de barrio conjuntamente, el anterior candidato Ferdinando Colloca, ya mantuvo relaciones empresariales con el clan. El líder de CasaPound en Italia, Simone Di Stefano, negaba a EL PAÍS hace un mes que es vínculo fuera más que alguna coincidencia en un acto público. Pero en Ostia, que el domingo busca empezar de cero, pocos creen ya en las casualidades.

Periodistas bajo escolta policial
El caso del escritor Roberto Saviano, condenado a llevar una escolta de cinco ‘carabinieri’ día y noche por sus revelaciones sobre los clanes de la Camorra en ‘Gomorra’, no es único en Italia. Menos mediáticos pero con un coste personal similar por ejercer su profesión libremente, se encuentran otros periodistas como Lirio Abbate, excelente cronista de ‘L'Espresso’ que radiografió la distribución del territorio romano por clanes, o Federica Angeli, una valiente reportera de ‘Repubblica’ que destapó una parte fundamental del caso de Ostia. Ha recibido amenazas, intentos de agresión e intimidaciones constantes.

Todo empezó con una escucha policial donde Armando Spada hablaba con el director de la oficina técnica de Ostia, Aldo Papalini. “Le decía que le diera el kiosko de uno al que habían matado. En Ostia hay 71 kioskos. Fui buscándole hasta que encontré Orsa Maggiore, uno de los más bonitos. Estudié la sociedad y estaba ahí el yerno de Armando Spada, también el líder de Casapound y uno de la marina militar”, recuerda.

Angeli vive justo encima de uno de los bares relacionados con las tramas, se fue a ver al jefe del clan con una cámara. “Me encerró dos horas en una habitación diciéndome que le tenía que dar la grabación o no salía viva. Que me mataban, que mandan ellos y que él tenía a todas las fuerzas del orden y la política compradas. Después de dos horas, sus matones obligaron a los dos operadores de a borrarlo todo y me dijo que si contaba algo yo mis hijos estábamos muertos”.

La periodista siguió con la investigación, que debía publicarse el 20 de julio de 2016. Pero el 16 se produjo un tiroteo justo debajo de su casa y se convirtió en la única testigo ocular. Carmine Spada (actualmente encerrado bajo el 41 Bis) y Ottavio Spada le propinaron 30 cuchilladas en el tórax a uno miembros de los Triassi y cuatro en el cuello a otro. Estos respondieron disparando contra Ottavio, que recibió una bala en el pecho. Los Spada vuelven a amenazar a la periodista, que seis horas después pasó a llevar escolta indefinidamente. 

Y TAMBIÉN…
Un periodista de la RAI, brutalmente agredido en Ostia.

El hermano de un capo del distrito marítimo de Roma, intervenido por infiltraciones mafiosas durante dos años, le rompe la nariz de un cabezazo al reportero cuando le interrogaba en su gimnasio.
Daniel Verdú | El País, 2017-11-09
https://elpais.com/internacional/2017/11/08/mundo_global/1510164753_078817.html

martes, 24 de octubre de 2017

#hemeroteca #literatura | Walter Siti se pasea por los suburbios de Pasolini

Imagen: El Periódico / Walter Siti
Walter Siti se pasea por los suburbios de Pasolini.
El escritor italiano publica por primera vez en castellano con 'El contagio'.
Elena Hevia | El Periódico, 2017-10-24
http://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20171024/walter-siti-novela-el-contagio-6376198

El primer interrogante que se plantea ante un escritor como el italiano Walter Siti (Módena, 1947) - que ha ganado el Premio Strega y es considerado en su país como un pequeño clásico contemporáneo- es por qué no ha sido traducido aquí hasta el momento. La oportunidad llega con 'El contagio' (Entreambos), una novela que retrata con crudeza los suburbios romanos que tanto amó Pasolini. Y no es casual que Siti haya sido editor de la obra completa del autor de 'Una vida violenta'.

Siti, respetado crítico literario, se dio a conocer como novelista cuando a partir de 1994 empezó a publicar una trilogía de autoficción marcada por la visceralidad y una descarnada descripción de su homosexualidad, que seguía su integración de chico sociópata fascinado por los culturistas que acaba aceptando su imagen en el mundo. ¿Aquél era o no era Walter Siti? "El Walter Siti de mis novelas hace cosas que yo jamás me hubiera atrevido -explica esta soleada mañana de otoño en Barcelona, con locuacidad italiana, un jersey con todos los colores del arco iris y una bonhomía irónica-. Eso provocó que al final no supiera quién era yo. Quedé devorado por el personaje". Porque el personaje, con el que el autor defendía que sexo y consumismo eran la misma cosa, acabó siendo un acicate para las audiencias en la RAI -y de paso para las ventas del escritor- hasta que este, hastiado, prefirió declinar las invitaciones a los programas de la tele.

Rue del Percebe
La respuesta a ese colapso personal fue precisamente 'El contagio' publicada originalmente en el 2008, una novela coral que encierra a una serie de personajes en los diferentes pisos de un inmueble de la periferia de Roma (a la manera de 'La vida instrucciones de uso' de Perec o '13, rue del Percebe') en el que el personaje de Walter Siti, aquí más desdibujado, es un testigo de la vida de los demás y de cómo los primeros inquilinos, los travestis, los yonquis, las prostitutas, los pequeños delincuentes, los miserables, se han visto sustituidos por los migrantes extracomunitarios.

La novela empezó como un reportaje dominical que un diario encargó al autor, pero Siti asegura que se aburrió en la investigación y tomó el camino de la ficción, de enamorarse de los personajes. "Me interesaba ese realismo, casi hiperrealista, que muestra, en este caso los suburbios, desde un ángulo insólito. En este caso, el mecanismo de corrupción que une los barrios altos y bajos de Roma porque hay mucha complicidad entre las fuerzas del orden y la mala vida". Su forma de exponerlo es directa y vibrante, insoportable para estómagos delicados, una especie de Dostoievski puesto al día, marcado por la querencia por lo popular, que es la misma que impulsó a Pasolini. Y respecto a las distintas especialidades sexuales que se dan cita en la trama, el traductor, Carlos Vitale, asegura que tuvo que investigar mucho en el plano lingüístico porque no sabía qué nombre darle a aquello en castellano.

Laboratorios de la nueva sociedad
Cuenta Siti que su obsesión amorosa por los suburbios contiene también un afán sociológico: "Los barrios burgueses cada vez se parecen más a los barrios periféricos. Durante años la burguesía se sacrificó para adquirir patrimonio que legar a sus hijos. Pero eso ya es historia. Hoy todo se quiere rápidamente y la publicidad te obliga a ello. Nadie te impulsa a ahorrar. Así que he contemplado y retratado los suburbios como un laboratorio para una realidad social más amplia. Además, allí los hombres y las mujeres tenían menos reticencias a la hora de sincerarse y al cabo de 10 minutos era fácil que te contaran su vida con una ingenuidad que un burgués jamás se permitiría".

Admite Siti que pese a la controvertida dureza de su novelas, el Premio Strega a la novela 'Resistere non serve a niente', le dio una cierta pátina de respetabilidad. “Pero lo he estropeado con mi último libro, 'Brucciare tutto', que apareció el año pasado”. No importa que Siti asegure que él no se identifica con el sacerdote pedófilo que lo protagoniza, toda Italia ha leído la novela en clave condescendiente con el abuso y no se lo han perdonado. Son los riesgos de ir a contracorriente.