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miércoles, 4 de marzo de 2026

#hemeroteca #cine #gais #bdsm | 'Pillion', una historia con sexo de dominación, humor, ternura y transgresión

El actor Alexander Skarsgård y el director Harry Lighton en la Seminci //

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Pillion', una historia con sexo de dominación, humor, ternura y transgresión
Harry Lighton firma, sorprendentemente, una tierna y dulce comedia dramática con sexo gay y prácticas BDSM, protagonizada por Harry Melling y Alexander Skarsgård. La película es una ópera prima reconocida en Cannes, Seminci y los premios del cine independiente británico.
Begoña Piña | Público, 2026-03-04
https://www.publico.es/culturas/cine-tv/pillion-historia-sexo-dominacion-humor-ternura-transgresion.html

Sexo kinky y ternura parecían no encajar de ninguna manera en la misma frase hasta que el debutante Harry Lighton rodó 'Pillion', una película sorprendentemente dulce, con sexo gay, prácticas de dominación y sumisión, cero prejuicios y mucho amor. "Me niego a separar la vida romántica y amorosa del mundo BDSM (bondage, disciplina/dominación, sumisión/sadismo, masoquismo)", sentencia el joven director y guionista, que no ha parado de recoger premios con su ópera prima.

Mejor guion en el Festival de Cannes en 'Un Certain Regard,' mejor película británica independiente, guionista debutante, vestuario y maquillaje en los British Independent Film Awards, y mejor actor para Harry Melling en la Seminci, 'Pillion' es una "comedia dramática" que cuenta la historia de un joven gay, Colin, hechizado por Ray, el líder de una banda de moteros, que le toma como sumiso en una relación que cambiará su vida para siempre.

Todo parece improbable al comienzo de esta película. El romance entre Harry Melling, conocido por su participación en 'Harry Potter', donde interpretaba a Dudley Dursley, un niño con sobrepeso y malcriado, y Alexander Skarsgård, poderosamente atractivo aquí, no es fácil de imaginar. Como tampoco lo es que la ternura y el afecto afloren en una relación de dominio y sumisión o que la pareja viva su encuentro en un mundo en el que hay espacio para la familia, los amigos y el amor. Y, a pesar de ello, todo es felizmente auténtico en esta ficción.

"Yo quería integrar todo eso, enseñar que puedes ir de una orgía a tener un almuerzo con tu padre y con tu madre. Eso sucede en la realidad ¿no? Y puede ser gracioso, pero es la vida real. He intentado que el público sienta ternura por todos los personajes y que se sorprenda de toda la ternura que puede llegar a sentir por ellos", dice el director que reparte provocación y al mismo tiempo honestidad en esta atrevida película.

Políticamente complicado
Inspirada en el libro de Adam Mars-Jones, 'Pillion' no es una propuesta fácil. Muchos espectadores huirán de ver una historia de la subcultura BDSM, otros no querrán acercarse a nada que contenga sexo bastante explícito… y sin embargo, la gran victoria de esta película es arrasar con cualquier prejuicio. Consciente de todos los recelos que puede provocar este relato, Harry Lighton se ha curado en salud, evitando herir algunas sensibilidades.

"Cuando escribí la película sí considere que sería diferente si el sumiso fuese una mujer o una persona negra. Cuando hay una historia de sumisión, creo que la relación natural se convierte en algo más políticamente complicada", confiesa el cineasta, que investigó mucho el tema antes de rodar. "Hablé con muchas parejas que estaban en relaciones de dominación y sumisión, como parejas heterosexuales o interraciales, que encontraron la manera de llevar esa relación de manera consistente. Pero para mí, como hombre blanco, era importante no poner una mujer o una persona negra en el rol sumiso de la relación".

Sexo, humor y transgresión
Sin duda, las escenas de sexo son otro de los elementos 'delicados' de 'Pillion'. Lighton no se ha acobardado y ha rodado encuentros bastante explícitos entre los personajes. "Sé que son las partes más controvertidas, pero creo que si entras en la primera escena sexual… si ésta no te expulsa, creo que ya te quedas dentro", dice y vuelve a insistir en que su intención era "invitar a los espectadores a entrar en este mundo con cierta calidez. Diseñé los primeros diez minutos de la película para seducir al espectador y que disfrutara con lo que estaba viendo".

Y lo que se ve es una hermosa historia que, además, tiene un gran sentido del humor. "Siempre describí la película como una comedia dramática, siempre pensé que tenía que ser divertida y graciosa. Y es algo muy importante ya que la risa te acerca al personaje. El humor es la pastilla dulce que te ayuda a tragar, te permite poner material transgresivo o explícito delante del público porque éste todavía está riéndose y les parece gracioso lo que siguen viendo, aunque sea transgresor. Y me encanta escuchar cómo la gente se ríe".

domingo, 18 de enero de 2026

#hemeroteca #gais #saludmental | Malestar, estrés o soledad: Sevilla pone el foco en la salud mental a la hora de abordar el 'chemsex'

Centro de atención de Adhara, en Sevilla //

Malestar, estrés o soledad: Sevilla pone el foco en la salud mental a la hora de abordar el 'chemsex'

La asociación Adhara pide que esta práctica se recoja como una prioridad dentro de la agenda de salud pública con tal de evitar la estigmatización del colectivo
Carla Rivero | El Diario, 2026-01-18
https://www.eldiario.es/sevilla/malestar-estres-soledad-sevilla-pone-foco-salud-mental-hora-abordar-chemsex_1_12859428.html

Frente al estigma, educación y sensibilización. Dos corrientes en las que avanza la asociación Adhara cuando se habla de chemsex con el fin de contrarrestar el prejuicio que se da en la esfera pública. Más allá del sensacionalismo, los expertos de la asociación advierten de la estrecha relación que hay entre la sensación de malestar, estrés o soledad cuando se acude a esta práctica. Claves dentro de la salud mental para lograr una mayor prevención a la hora de trabajar en materia de salud pública.

El chemsex, término referido al consumo de ciertas drogas durante los encuentros sexuales, está mayormente relacionado con el grupo de hombres gais, bisexuales y aquellos hombres que tienen sexo con hombres, bajo las siglas GBHSH. Un fenómeno que tiene cada vez más peso en el ámbito sanitario y en el que se avanza en conocimiento y divulgación, como ocurre desde el Centro de detección de VIH y otras ITS que tiene Adhara en Sevilla. En 2017, se comenzó a catalogar el término en las atenciones que realizaban y, desde entonces, abordan de forma específica a los usuarios, quienes suelen estar atravesados por otras dificultades, tanto de calado social como por otro tipo de enfermedades.

Hay tres factores principales que motivan a la persona a hacer un uso intencional de drogas, tales como la metanfetamina, GHB/GBL o la mefedrona, explica Jose Miguel Saucedo Águila, psicólogo de la entidad: las motivaciones relacionadas con el bienestar emocional y físico, es decir, la desinhibición, aumentar la duración del encuentro o la satisfacción de sentirse parte de un grupo, “ese espacio relajado, de no juicio y de pertenencia, es muy potente”; por otra parte, estaría la experiencia interna, donde desaparecen las vivencias negativas, “el estima del VIH, la LGTBIfobia, la soledad, el estrés, o cualquier malestar emocional”; y, por último, la estrategia desadaptativa, donde la huida hacia delante permite olvidar ese malestar interior que se intenta ahogar durante unas horas.

En un momento en el que las infecciones de ITS aumentan a nivel nacional, según los datos del Ministerio de Sanidad, como la gonorrea, la sífilis y la clamidia, el chemsex está atravesado por el debate público y, como marcan análisis europeos, se demandan programas de educación sexual. Para tomarlo con perspectiva, un estudio elaborado por la Universidad Antonio de Nebrija y publicado en la revista 'International journal of clinical and health psychology' determina que aquellas personas con una alta homofobia interiorizada tienen mayor probabilidad acudir a estas sesiones donde se utilizan químicos, así como que ser VIH positiva aumentaba cuatro veces el riesgo de participar.

Casos atendidos

“Se vende el chemsex como una manera de pasárselo bien en los medios de comunicación, sin atender a estas cuestiones, por lo que parte del proceso terapéutico es escarbar en la experiencia interna y en la estrategia desadaptativa, ya que, muchas veces, una vez se solucionan estos aspectos, la persona no consume y aprende a análisis europeos otro tipo de disfrute a nivel sexual”, especifica el especialista.

Contra la trampa de la desinformación, la asociación, en colaboración con las entidades Stop y Apoyo Positivo, participó recientemente de la II Jornada Chemsex Andalucía que estuvo organizada por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad. Un espacio en el que se dio a conocer un estudio pionero en Andalucía a cargo del Hospital Virgen del Rocío y enmarcado dentro del Plan Andaluz de ITS, VIH y Sida (PAITSIDA), en el que participaron unas 700 personas. En él, se avanzan algunas cuestiones relacionadas con el perfil de individuo que consume chemsex y que concuerda en varios aspectos con los datos registrados por Adhara.

A partir de su base de datos, la ONG contabiliza que el número de personas atendidas en el ámbito del chemsex fueron un total de 77 en 2019, mientras que en 2020 ascendieron a 118, luego, en 2021 repuntaron a 139, seguido por 2022 con 102 atenciones, mientras que en 2023 acudieron 192 usuarios y, en 2024, unas 131 personas. En lo que va de este año, se registraron 57 de forma específica. Una cifra que varía en función de los recursos económicos de los que disponga la asociación, dado que “es un servicio totalmente gratuito y, en general, el periodo de atención mínimo es de un año, aunque las atenciones individuales suelen ser quincenales”.

Extensión al ámbito rural
Con respecto al perfil, Saucedo determina que la franja de edad se extiende de entre los 20 a los 50 años, aunque hay casos de jóvenes de 18 años que se inician en el chemsex o mayores de 60 años que “sufre de soledad y lo encuentra como una vía de escape”. Además, una mayoría de las personas que lo practican tienen estudios superiores y, en el último tiempo, se aprecia que se extiende a núcleos urbanos fuera de los centros metropolitanos, como en localidades próximas de Carmona, Camas, Utrera o Mairena del Aljarafe. “Antes era específico de ciudades grandes, pero el consumo se normaliza y para tener este ocio sexual se utilizan aplicaciones en las que se comparte una misma jerga e iconografía y, luego, los encuentros se dan en entornos privados, como pisos”, apunta.

También, se observa que hay una incidencia más alta entre la población migrante. Sumado al estrés que soportan por el cambio de país, hay una serie de impedimentos que las aboca a una realidad cruel, sin red ni apoyos. Vulnerables, optan por la venta de drogas o el trabajo sexual, incluso, por el consumo de estupefacientes con tal de sobrellevar las condiciones extenuantes en las que sobreviven. “En España y otros países no son amables con el migrante a la hora de encontrar un trabajo, por ejemplo, y de igual manera pueden pertenecer a otras minorías, como queer, trans”, sostiene el psicólogo, “por tanto, se suman todas estas barreras, al igual que los obstáculos para acceder a recursos sociosanitarios relacionados con la prevención de las ITS, cómo protegerse frente al VIH o al tratamiento PrEP”.

Más allá de la labor de las entidades sociales, al sistema público le ponen una serie de deberes. Entre ellos, dar al chemsex prioridad en la agenda política de Andalucía, así como proporcionar más espacios amables, discretos e inclusivos dentro en las instalaciones sociosanitarias para que este colectivo se sienta escuchado, en vez de juzgado. En paralelo, mantienen que hay que profundizar en la sensibilización del personal sanitario que atiende cada día a estos usuarios. “La formación debería llegar con apoyo psicoemocional para entender los problemas adicionales a la salud que hay en esa persona y que, quizás, en un principio no se vean”, entiende.

Una máxima en este trato debería ser “tener una actitud cero paternalista y, sobre todo, basarse en la educación”. Dar acceso a la información para que, si el individuo finalmente decide tener una sesión de chemsex, sea lo más seguro posible. “En muchas ocasiones, estas personas nunca se han sentido parte de nada, no han sido escuchadas, se han visto como las diferentes, las sensibles, las raras, y, de repente, tienen un espacio agradable en que se les aporta todo lo que se les había negado y, a la vez, desaparecen ese montón de emociones negativas”, determina Saucedo. Así que, tender la mano y actuar de forma preventiva es la opción que toma cada vez que alguien se sienta en su consulta.

lunes, 12 de enero de 2026

#hemeroteca #masculinidad | Cómo los hombres perdieron el miedo al s3x0 anal: “Que te guste ser penetrado hace que algunas mujeres te miren de otra forma”

Desnudo masculino de Patrocolo, de Jacques-Louis David (1780) //

Cómo los hombres perdieron el miedo al sexo anal: “Que te guste ser penetrado hace que algunas mujeres te miren de otra forma”

El auge del ‘pegging’, la penetración anal a un hombre con ayuda de juguetes sexuales, rompe el último tabú para los varones heterosexuales
Marita Alonso | ICON, El País, 2026-01-12
https://elpais.com/icon/2026-01-12/como-algunos-hombres-perdieron-el-miedo-al-sexo-anal-que-te-guste-ser-penetrado-hace-que-algunas-mujeres-te-miren-de-otra-forma.html

En 1998, José María Cano escribió una canción de Mecano en la que un personaje masculino, convencido de que el alcohol lo había vuelto gay, cantaba: “Por otro lao/Por el lao de atrás/No debe estar tan mal/Pruébalo y verás”. Su letra es recordada como una de las más sonrojantes del pop español. Salto a 2020: el Urban Dictionary recogió el término pegging, que es definido como el acto en el que “una mujer usa un arnés con dildo y penetra a un hombre por detrás”. El neologismo nació en realidad entre ambos hechos: en 2001 y de la mano del popular columnista sexual Dan Savage, que organizó un concurso para encontrar una palabra coloquial que describiera el acto. Desde entonces, se ha introducido en la cultura pop de diferentes maneras. “El pegging no es nuevo para mí, pero sí para Disney”, dice Ryan Reynolds, rompiendo la cuarta pared al hacerlo, en Deadpool. Y si lo sabe es porque en la primera parte de la saga, ya hay una alusión a la práctica.

Desde Cara Delevingne en la gala MET de 2021, donde lució un diseño de Dior que rezaba “Peg the Patriarchy” (una frase de la educadora sexual Luna Matatas) hasta el capítulo To peg or not to peg de la serie The Bold Type, en el que el novio de una de las protagonistas le propone poner en marcha la práctica que nos ocupa, pasando por la película de Paul Thomas Anderson Una batalla tras otra, en la que una escena insinúa que Teyana Taylor emplea un arma para hacérselo a Sean Penn, el pegging, o sea, ese acto en el que una mujer penetra a un hombre, se encuentra cada vez más asentado en la cultura popular y en los vídeos pornográficos consumidos por hombres heterosexuales.

Tanto, que según el último informe de la aplicación de citas Feeld, llamado Feeld Raw, el interés por el pegging ha aumentado un 200 % entre los hombres cisheterosexuales. “El pegging ha pasado de ser un tabú a una preferencia generalizada. Los datos de Feeld muestran que los hombres cis están impulsando este auge, una señal de la disminución del estigma en torno al placer anal, independientemente del género y la sexualidad”, explica a ICON el doctor Luke Brunning, que supervisa un departamento de amor, sexo y relaciones en la Universidad de Leeds y colabora en el informe. Para él, la tendencia refleja la expansión de las definiciones de masculinidad y la creciente curiosidad por el placer más allá de las vías tradicionales.

“Cada vez más personas saben lo que significa y sienten curiosidad por el pegging. Su simbolismo cultural también está cambiando, y el debate abierto sobre el asunto ahora es compatible con diversos tipos de masculinidad positiva o con conversaciones sobre bienestar y positividad en torno al placer”, asegura.

Pero como escribió Henry Giardina en un artículo de la web Queerty, a causa de la presencia de la práctica en un episodio de Broad City hasta ser un chiste recurrente en Deadpool, “los heterosexuales se preguntan si no es un poco gay dejar que tu novia te meta algo por el culo”. “Ese, al menos, era el miedo de ciertos aficionados al pegging”, continúa. “Y si algo sabemos de los heterosexuales es que a menudo les paraliza el miedo a ser o incluso a parecer gais. Lo cual es una pena, porque el pegging puede ser divertido para todos, pero especialmente para los hombres heterosexuales que experimentan orgasmos prostáticos intensos, interminables y a veces agotadores”.

“Que a los hombres les deje de dar vergüenza hablar de que les da placer el sexo anal debería ser algo que ya hubiéramos conseguido, pero las cosas no son así”, admite Alex Robles, licenciado en Filosofía y profesional de la comunicación. “Por muy deconstruido que uno esté todavía hay mucha carga simbólica sobre nosotros. Al hablar con una mujer sobre que te podría dar placer ser penetrado, las cosas suelen ser todavía complicadas y tienes que elegir muy bien con que mujer y cuando hablarlo. Por mi experiencia, si estoy con una mujer que también sea bisexual o que haya explorado su sexualidad un poco más allá del misionero, no suele haber mayor problema, pero cuando surge el tema te puedes dar cuenta de que la mujer que creías superfeminista y pro LGTBQI, te empieza a mirar de otra forma. Una, de hecho, me hizo ghosting justo al día siguiente de hablar de esto tras estar un mes hablando y quedando. Parece que para algunas mujeres cis (voy a obviar que para la mayoría de los hombres también), el que te guste ser penetrado te hace menos hombre o que en algún momento vas a necesitar que alguien más te penetre, como si no existieran los arneses o los dildos“.

Paulita Pappel, fundadora de Lustery, considera interesante que algunos hombres estén empezando a cuestionar una masculinidad rígida que durante décadas les ha prohibido explorar su propio cuerpo y su placer. “Es el síntoma de algo más profundo: una masculinidad que se abre a la vulnerabilidad, a la comunicación y a la idea de que el placer no está ligado a dominar, sino también a confiar y dejarse llevar”, explica a ICON. “Seguimos viviendo en una cultura profundamente homófoba y falocéntrica, donde el placer anal masculino se ha asociado erróneamente con la orientación sexual. A muchos hombres se les ha enseñado que su identidad heterosexual depende de no cruzar ciertas líneas, cuando en realidad la orientación sexual no tiene nada que ver con las prácticas, sino con a quién deseas. El miedo viene de la vergüenza, del estigma y de la presión social por cumplir con una idea muy limitada de lo que significa ser un hombre”, remata la autora de Sin sexo no hay feminismo (Bellaterra Edicions, 2025).

Valérie Tasso, escritora, sexóloga y embajadora para España de LELO, coincide en señalar que el miedo persiste porque durante décadas se ha asociado erróneamente el placer anal masculino con una orientación sexual concreta. “A muchos hombres se les ha educado en la idea de que ceder el control en la interacción sexual con su pareja o explorar zonas erógenas no normativas cuestiona su identidad. El problema no es el acto, sino el peso del estigma y de una masculinidad aprendida que castiga cualquier ‘desviación’ de lo establecido en nuestra sociedad heteropatriarcal”. Para Tasso, prácticas como el pegging no hablan de una “inversión de roles”, sino de una ampliación del mapa erótico masculino.

Ally Iseman, coach de relaciones, consultora de estilo de vida erótico y fundadora de la plataforma de educacion de relaciones Passport2Pleasure, hace una recomendación práctica. “No empieces con un arnés, un consolador, ni ningún otro accesorio. Si tienes curiosidad por probarlos, tendrás que ir adaptándote a ese nivel. Existen kits de entrenamiento anal que puedes comprar para que el esfínter se expanda con más comodidad con el tiempo”, dice. “Sinceramente, empezaría con un dedo, envuelto en un condón y lubricándolo (siempre con bastante lubricante), antes de introducir cualquier juguete. De todos los posibles insertos, los dedos son sobre los que tenemos mayor control, y pueden ser una introducción segura a cómo se siente para ambos jugadores a medida que el esfínter interno y externo se vuelve receptivo. Una vez que te sientas cómodo con un dedo y estés listo para ir más allá, puedes ir probando con juguetes. Busca siempre un diseño con un mango con una forma que evite que se resbale o que se introduzca completamente y se pierda”, recomienda. Lo que ha observado en su trabajo con parejas heterosexuales, explica, es que a medida que la autonomía de la mujer aumenta en la sociedad, el rol de su pareja cambia, pues ya no necesita al hombre para su estatus social o acceso a las finanzas. “Como sociedad, estamos acostumbrados a relacionar la figura masculina con la de proveedor, pero estamos viendo un cambio: hoy en día las parejas masculinas deben ser capaces de aportar algo más. Este algo más es la clave para que la relación se considere una verdadera colaboración, en lugar de una cuestión de propiedad: el placer puede situarse en el centro, como algo que ambos pueden proporcionar. De esta manera, él descubrirá nuevas maneras no solo de dar, sino también de recibir placer, fuera de los viejos esquemas que ya no les sirven”, dice.

Tim Lagman, educador sexual de pjur y miembro del podcast Sex Ed With Tim, explica que las aplicaciones de citas y la disminución del estigma social en torno al placer anal han abierto el camino para que más hombres heterosexuales sientan curiosidad por el placer al recibir sexo anal. “Personalmente, me alegra que los hombres heterosexuales estén explorando esta faceta del placer. Sin embargo, espero que esto también abra la conversación sobre el privilegio heterosexual; es decir, ¿por qué el placer anal, una actividad sexual que desde hace mucho tiempo forma parte de la comunidad queer, ahora se acepta simplemente porque los hombres heterosexuales son más receptivos a él?”, se pregunta. Además, para él la práctica normaliza la curiosidad y el consentimiento. “Los hombres se avergüenzan de sentir curiosidad. Normalizar la curiosidad reduce el drama y abre espacio para la exploración sin pánico. Tranquiliza con límites y pruebas graduales. Fomenta pequeños experimentos, como masturbarse con un plug anal o jugar con la superficie del ano, para generar confianza. Deja claro que está bien probar algo y que no te guste, y que el consentimiento siempre es primordial. La homohisteria ofusca la orientación sexual y los actos sexuales: en pocas palabras, que te guste el sexo anal no te hace necesariamente gay. Simplemente significa que te gusta el sexo anal”, concluye.

martes, 29 de abril de 2025

#hemeroteca #franquismo #sexualidad | El sexo en el franquismo o cómo el pecado se convirtió en un crimen

Con los muslos de Silvia Mangano en 'Arroz amargo' llegó el escándalo en 1948 //

El sexo en el franquismo o cómo el pecado se convirtió en un crimen

El sociólogo Manuel Espín ha publicado una investigación en la que trata asuntos como la homosexualidad, las muestras de afecto en público, la censura y la represión sexual durante el régimen franquista, obcecado en no transgredir la moral nacional-católica
Guillermo Martínez | El Diario, 2025-04-29
https://www.eldiario.es/sociedad/sexo-franquismo-pecado-convirtio-crimen_1_12243895.html

Los curas decidían cómo se podía vestir en las zonas de baño. Las mujeres que reunían dinero escapaban de España para poder abortar. Las madres solteras vivían con la losa de la condena social. Desde los púlpitos se cargaba contra los prostíbulos mientras acudir a ellos se convertía en un rito de paso de la juventud a la adultez de un hombre. La doble moral del franquismo en relación con todo aquello que tenía que ver con el sexo fomentó una hipocresía en la que la clase social a la que se perteneciera jugó un papel determinante. El sociólogo Manuel Espín ha publicado ‘Sexo en el franquismo’ (Almuzara), un completo ensayo sobre cómo el régimen tenía sus propias excepciones para castigar a unos y absolver a otros.

El poder que el franquismo otorgó a la Iglesia desde el primer momento en el que la dictadura se expandió por toda España marcó el devenir de una sociedad en la que lo pecaminoso se confundía con lo ilegal. “Desde 1939 hasta 1945 fue Falange quien más poder social tuvo dentro del régimen. Tras la derrota del eje fascista en la Segunda Guerra Mundial, el franquismo viró hacia un sistema nacional-católico”, introduce Espín, doctor de Sociología y director y guionista de numerosos programas de televisión.

A partir de entonces, y sobre todo en la década de 1950, el modelo permite trazar una correlación perversa entre aquello considerado moral por la Iglesia y lo permitido por los estamentos políticos a través de sus leyes y reglamentos. “Cuando los obispos españoles acudieron al concilio de los años 60 se quedaron perplejos, completamente fuera de juego ante una realidad que les resultaba confusa porque en España la doctrina estaba totalmente enquistada en lo preconciliar”, añade el experto.

De esta manera, fue la Iglesia la encargada de instaurar la moral pública de la época. La monografía que ahora presenta Espín resalta algunos fenómenos que prueban esta simbiosis. “Hubo acuerdos tomados puramente en el ámbito eclesial que se trasladaban a la autoridad civil para que los impusiera a la sociedad”, afirma. Es lo que sucedió, por ejemplo, en los Congresos Nacionales de la Decencia en playas y piscinas, celebrados a partir de 1951. En ellos se estableció un código de vestimenta en los que el bikini estaba prohibido para ellas, al igual que el uso de bañador de competición por parte de ellos, y se instaló la segregación por sexos en cualquier zona de baño.

Organizados por los episcopados, sus dictámenes eran tan vinculantes que se trasladaban directamente al Ministerio de la Gobernación, el actual Ministerio del Interior, para normativizar en qué casos podría llegar a ser detenida una persona, que siempre debía abonar una multa. “Si eras extranjero y te veían practicando el nudismo en una playa recóndita, la Guardia Civil te podía llegar a expulsar de España”, apuntilla el mismo Espín.

Prostíbulos que cierran el Viernes Santo
La década de 1950 también fue la de la proliferación de los prostíbulos. “Hasta 1956, el modelo era el de los grandes pisos que todo el mundo conocía y sabía dónde estaban, frecuentados por personas socialmente reconocidas, no eran marginales”, explica el autor del libro. Se trataba de locales abiertos todos los días del año, excepto el Viernes y Sábado Santo. “La hipocresía reinante era tal que desde los púlpitos se condenaba a las prostitutas, mujeres en situación de vulnerabilidad, y al mismo tiempo se las veía con cierto uso social por parte de los hombres, que las utilizaban como un recurso de tránsito entre la edad juvenil y la adulta, sobre todo”, desarrolla.

La sexualidad de las mujeres quedaba anulada, más allá de la férrea educación recibida desde la edad temprana, en el momento del matrimonio. “Los curas llegaban a pensar que las mujeres renunciaban a su propia sexualidad, que no tenían derecho a ella, desde el momento en que se casaban. Es decir, que estaban sujetas únicamente a las apetencias de su marido”, critica Espín, y añade: “Lo que ahora veríamos como un caso de violencia de género, en aquel momento ni siquiera se concebía como algo denunciable”.

Por otra parte, Espín trata en el capítulo ‘La oculta pederastia’ lo que le sucedió a cientos de menores en un tiempo en el que el cura era concebido como una figura de referencia en cuanto a espiritualidad y comportamiento. “Nadie con cierto poder social era denunciable. Cargos públicos, militares, notarios, rara vez recibían alguna denuncia, y mucho menos por agresión sexual. El precio a pagar por la comisión de estos delitos era la total impunidad”, aclara el autor del texto.

Madres solteras y abortos
El clasismo siempre estuvo presente en el franquismo. Mientras unas eran perseguidas, otras recibían los cuidados y prebendas necesarias para intentar salir de una situación tortuosa. Es lo que sucedía con las madres solteras, totalmente condenadas desde la moral pública. En cambio, cuando algo parecido ocurría entre las clases altas, “se activaban una serie de mecanismos para difuminar lo que ocurría y se daba cierta comprensión a nivel social, la gente miraba para otro lado”, expresa el director y guionista.

Los abortos no suponían solo una gran condena moral, sino un delito duramente castigado. “La Policía realizaba continuamente redadas en las que detenían a mujeres y a quienes practicaban los abortos. Esas mujeres pertenecían a grupos sociales con toda clase de problemas, mientras que aquellas con medios económicos podían viajar al extranjero para abortar”, desarrolla Espín. Esta diferencia, agrega, también se dio a partir de la mitad de los años 60 con los medios anticonceptivos, prohibidos en España, pero de libre adquisición en el extranjero, como la píldora.

La homosexualidad ligada a las profesiones
La doble moral permeaba casi todos los rincones de una sexualidad perseguida y castigada. En un tiempo en el que la transgresión de los patrones de género y sexuales podía llegar a ser el único refugio en el que ser uno mismo, ni siquiera la homosexualidad entre hombres era igualmente reprimida que entre las lesbianas, ni en unas categorías sociales y profesiones que en otras. Espín lo ilustra con los cantantes de copla, “vestidos de forma exagerada, que aparecían con tacones, como Miguel de Molina, Tomás de Antequera o Antonio Amaya”.

Como el paso del tiempo ha demostrado, gracias a la apertura de miras y a la lucha del colectivo LGTBIQ, no solo entre los cantantes de este estilo de música había homosexuales, ni tampoco solo entre peluqueros, modistas y criados, como se pensaba. “Los había futbolistas, militares, notarios y maestros, pero la mirada del régimen no era capaz de verlos”, sostiene el escritor. Sin embargo, las mujeres lesbianas pasaban mucho más desapercibidas. “No era extraño que dos mujeres hablaran de sus intimidades, podían ser amigas, estaba bien visto, aunque la relación en ningún caso podría ir a mayores en el espacio público”, explica. Todo tenía que quedar escondido, soterrado, tapado, incluso una caricia a la persona que amabas.

Del 'todo tapado' al 'hasta la braga'
La represión se cernía duramente contra una población que todavía tardaría en rebelarse. Espín atestigua numerosos casos de multas como reprimenda ante el beso en la calle de una pareja o sanciones por caminar únicamente con una camiseta deportiva de tirantes en verano. Este modelo totalitario y asfixiante comenzó a cambiar en los años 60, con la llegada de Manuel Fraga al Ministerio de Información y Turismo, aduce el escritor, quien subraya que “el turismo fue, precisamente, la gran palanca de cambio”. No es baladí el dicho tan repetido en el que se contraponía al viejo ministro de Información con el nuevo: “Con Arias-Salgado, todo tapado; con Fraga, hasta la braga”.

El debate sobre la prohibición de los bikinis en las playas, por ejemplo, dejó situaciones pintorescas, como la que se dio entre el alcalde de Benidorm y el obispo de Valencia. Espín la recoge en su monografía: “El alcalde falangista, vinculado además a los Franco, llegó al Palacio del Pardo en persona para que le autorizaran el uso del bikini en sus costas. El dictador accedió, pero al volver, el obispo de Valencia amenazó al alcalde con excomulgarle”, resume el sociólogo.

La muerte de Franco en 1975 ni siquiera trajo consigo el derrocamiento del régimen. Para eso quedarían todavía algunos largos años. La moral establecida a lo largo de cuatro décadas sería mucho más difícil de echar por tierra. El peso de la Iglesia seguía, y sigue, aplastando el deseo de miles de personas y despertando el castigo social por parte de la institución. En este sentido, el mayor punto de inflexión de aquellos tiempos llegó con la publicación en 1977 [i.e. 1968] de ‘El libro de la vida sexual’ por parte del psiquiatra López Ibor, vinculado al Opus Dei. Más tarde, la feminista Lidia Falcón se atribuyó haber formado parte de su redacción y elaboración. La publicación llegó a convertirse en el libro más vendido del país.

jueves, 27 de marzo de 2025

#hemeroteca #sexo #animales | Ricardo Moure, biólogo y divulgador: “En la naturaleza no hay homofobia”

Ricardo Moure, autor de 'Sexo salvaje' //

Ricardo Moure, biólogo y divulgador: “En la naturaleza no hay homofobia”

En su primer libro, 'Sexo salvaje', el popular comunicador utiliza el humor y el rigor científico para mostrarnos la variedad de comportamientos sexuales que existen en la naturaleza y lo que podemos aprender de ellos
Antonio Martínez Ron | El Diario, 2025-03-27
https://www.eldiario.es/sociedad/ricardo-moure-biologo-divulgador-naturaleza-no-hay-homofobia_128_12163277.html

Desde que ganó el concurso de monólogos científicos Famelab en 2014, muchos sabían que Ricardo Moure era una bomba de relojería divulgativa. Además de biólogo y doctor en biotecnología biomédica, este divulgador científico, que se define a sí mismo como ‘showman’ y farandulero, ha convertido su punto alocado e irreverente en un sello muy reconocible.

Tras pasear su talento por platós televisivos como los de ‘En el Aire con Buenafuente’, ‘Órbita Laika’ o ‘La Roca’, Moure nos presenta ahora su primer libro, 'Sexo salvaje', un “kamasutra de la naturaleza” con el que aprender biología y soltar más de una carcajada. Sin renunciar a su procacidad ni al rigor, en sus páginas hace un recorrido por los más estrafalarios comportamientos sexuales del mundo vegetal y animal y nos recuerda que nosotros también somos parte de esa rueda evolutiva que se mueve por el impulso de perpetuar los genes. Sin olvidar nunca que los humanos nos movemos por otras muchas motivaciones, más allá de las meramente biológicas.

Si los espermatozoides no fueran tan baratos de producir, ¿el comportamiento de los machos sería diferente?

Pues no lo sé. Quizás hubiéramos evolucionado de otra forma. Podríamos ser como los hongos, que no se dedican a lanzar células sexuales por ahí, sino que se encuentran. Pero es verdad que sobran espermatozoides en el mundo, son muy baratos de producir y los hay a puñados. Los óvulos al final son mucho más caros, porque llevan la maquinaria celular y las reservas para crear al nuevo individuo.

Parece que claramente en muchísimas especies al macho le toca llamar la atención con estrategias más estrafalarias. ¿También en humanos?

Es cierto. Al final muchas de las cosas que hacemos en nuestra vida son para tener éxito en el sexo. Incluso el estatus y la imagen personal tienen mucho que ver en última instancia con el sexo. Creemos que no gastamos la misma energía que un león macho como los de los documentales, pero nuestra sociedad gira en gran medida en torno al éxito sexual.

Se aprenden muchas palabras con su libro. Una espermateca, por ejemplo, no es una colección de alguien un poco marrano y excéntrico, ¿verdad?

Ja, ja, ja. Pues no, las espermatecas son órganos que tienen las hembras de diferentes especies para guardar esperma de los machos durante un tiempo. Por ejemplo, las hormigas reina, cuando son fecundadas se pueden quedar 30 años en su hormiguero, poniendo huevos de ese macho. Un macho que, por cierto, murió devorado por cualquier bicho, incluidas otras hormigas, o de hambre, porque no tienen las mandíbulas bien desarrolladas y no sirven para nada.

Como tendencia general, los machos casi siempre están en la miseria...

Un poco sí. Otro ejemplo es el de los zánganos. Las abejas reinas también guardan el esperma de los machos. Salen cada varios años a buscarlos y se dan la “putivuelta” para “chuscar” con ellos. Y los zánganos cuando eyaculan lo hacen tan fuerte que revientan y se mueren. Las abejas reinas llevan durante años el esperma de varios machos que han muerto follando con ellas. Da para novela.

En el libro comenta que de pequeño veía a dos animales copular y le decía a su madre que se estaban “besando con el culo”. ¿Cuál es su primer recuerdo del sexo?

Eso me ha dicho mi madre que decía yo. Pero no sabría decirte cuál es mi primer recuerdo sobre el sexo. No tengo ni idea. Sí que recuerdo etapas de la adolescencia, de confusiones. Recuerdo a un niño de mi clase que me explicó que había estado probando y que le salía un poco de ‘leche’, y yo no sabía de qué me estaba hablando.

Su libro llegará a muchos adolescentes, ¿cree que andan un poco faltos de educación sexual?

La verdad es que creo que no hay buena educación sexual. En mi experiencia como docente, lo que les oyes decir son básicamente guarradas, sobre porno o contenidos de TikTok. Pero no saben lo que es un preservativo o que existen enfermedades que se pueden transmitir mediante el sexo. Y una cosa que me alarmó muchísimo es que cuando les hablan o se trata temas de agresiones sexuales y abuso, sobre todo los chicos, no tienen muy claro el eje víctima-agresor. Una vez estaban hablando del ‘grooming’, que es este tipo de acoso en redes en las que normalmente un adulto se hace pasar por un adolescente para conseguir fotografías, y ellos culpaban a las chicas.

Está todo el mundo muy impactado por la serie ‘Adolescence’ (Netflix), ¿las redes sociales están metiendo ideas raras sobre el sexo en los chavales?

Claro, porque el sexo tiene que ver también con cuestiones afectivas, con dinámicas de poder y roles de género. Y al final este tipo de discursos que se escuchan en redes perpetúan unos roles de género que parecía que estábamos superando. Es tremendamente triste. Mi libro ya advierto que es un poco “woke” y hago una definición de lo que son los ‘incels’, además de dedicar un capítulo a la adolescencia.

Los ‘incels’ son los célibes involuntarios, básicamente hombres que culpan de sus frustraciones sexuales a las mujeres, sin hacer una autocrítica y pensar que a lo mejor no follan porque son unos pedazos de misóginos y a ellas les dan asco. Es un hombre frustrado sexualmente que culpa a las mujeres de su frustración.

¿Cómo es eso de que usted descubrió su homosexualidad “chupando huesecillos”?

Yo hablo ahí de una revelación sexual que tuve cuando estuve de voluntario en una excavación arqueológica en La Garma, que es una cueva cerca de Santander. Cuando encuentras un trozo de algo entre la tierra, la forma de saber si es un hueso o una piedra es chuparlo. Si se queda pegado a la lengua es un hueso y si no se queda pegado es una piedra. Total, que llegué a la excavación y a mi lado había un chico que estaba muy apañado, con cresta, un poco punki… Al llegar a casa yo estaba caliente como una mona y me dije: aquí está pasando algo. Y hasta hoy.

Describe el sexo como “sucio, primitivo, invasivo y pringoso”, y dice que nos expone a enfermedades y peleas, ¿por qué es una gran solución, a pesar de todo?

Pues es una solución fantástica, básicamente, para crear diversidad, porque la diversidad mueve el mundo. Y no es lema, es una realidad científica. La diversidad genética es tremendamente necesaria para que las poblaciones puedan perdurar en el espacio, en el tiempo y además, para que puedan evolucionar.

En el libro lo explica con plátanos.


La variedad de plátanos que comemos mayoritariamente, los Cavendish, es estéril. Principalmente, porque es una especie de híbrido de varias razas creado para que no tenga pepitas y no esté lleno de semillas. El problema es que al ser estéril, los propagamos por esqueje, los vamos clonando. De modo que todos los plátanos que comemos son clones. Eso es un problemón. ¿Por qué? Porque cuando los organismos son todos iguales, si viene un virus o cualquier patógeno que pueda matar a uno, se puede cargar a todos. Y ya hay un hongo que se está cargando a los plátanos en medio mundo, el Fusarium oxysporum.

Ahora explíquemelo con la dinastía de los Habsburgo.

Para no repartir el imperio, los Habsburgo (o los Austrias) se liaban entre primos, tías y sobrinos... ¿Qué pasó? Que al final ahí vas perdiendo diversidad genética y vas cayendo en un problema de endogamia que lleva a malformaciones faciales.

Hay varios problemas de mandíbula que llevan nombres de los Habsburgo...

Mandíbula Habsburgo, labio Habsburgo y paladar Habsburgo. Son problemas maxilofaciales que se llaman de esa forma porque los tenían ellos. Y todo porque al final nosotros de cada gen tenemos dos copias. Una de nuestro padre y otra nuestra madre. Y es muy normal que una de las copias no funcione bien, que tenga alguna mutación o que esté un poco chuchurría, pero si tienes la otra copia normalmente no pasa nada. Pero si tú te vas durante siglos liándote con primos, primas, tíos, sobrinos, lo que sea, al final es muy fácil que termines teniendo un montón de genes en los que las dos copias son exactamente la misma. Las mismas averías en los mismos sitios. Se calcula que Carlos II, “el Hechizado”, que fue el último rey de los Habsburgo y murió sin descendencia por culpa de la consanguinidad, tenía la misma copia de padre y madre en una cuarta parte de sus genes. Eso es una barbaridad.

En su libro cita a un animal que hace poco se hizo muy viral, el pez diablo que se encontró en Canarias, los rapes abisales. ¿El sexo en las profundidades es un poco peculiar?

Ese es otro ejemplo de que los machos pintan muy poco en la naturaleza. Cuando nacen buscan desesperadamente una hembra en la oscuridad. Cuando la encuentran, se quedan pegados a ella y se mueren. La hembra va disolviendo y absorbiendo al macho hasta que solo quedan los genitales, los testículos, y se quedan pegados a ella. De modo que las hembras terminan teniendo unos 20 o 30 genitales de machos por el cuerpo como si fueran medallitas. Y cuando quieren reproducirse, tienen ahí los testículos pegaditos al cuerpo y utilizan el esperma directamente. Es una solución también a esa falta de alimento en las zonas abisales, porque como hay muy pocos individuos, no da para que haya una población también de machos.

De todos los comportamientos extremos animales que menciona en el libro, como el bicho palo que copula durante meses o el pulpo que dispara su pene como un misil, ¿cuál es su favorito?


Mis favoritas son quizás las lagartijas lesbianas. Hay un grupo dentro de las lagartijas de cola de látigo en el que son todo hembras y se reproducen mediante un proceso que se llama partenogénesis, que literalmente significa parto virginal, en la que esos óvulos evolucionan sin que haya fecundación por un macho. Lo curioso es que el estímulo para que las lagartijas hagan partenogénesis y tengan descendencia es tener sexo con otra hembra, tener relaciones lésbicas. Es decir, hacen la ‘tijera’ reptiliana. Me encanta.

También cuenta en el libro que el padre de Nemo, de haber sido realista la película de Pixar, habría cambiado de sexo. ¿Cómo de habituales son estas transformaciones en la naturaleza?

Sí, el hermafroditismo secuencial, que es como se llama a cambiar de sexo a lo largo de la vida, es bastante común, especialmente en especies marinas. En los peces payaso, cuando la hembra reproductora muere, el macho reproductor se convierte en hembra y el siguiente macho en la jerarquía se vuelve el macho reproductor.

Y en los meros pasa algo parecido, ¿no?

En los meros pasa al revés. Empiezan su vida como hembras y cuando alcanzan un tamaño muy grande, normalmente cuando tienen ya más de 16 o 17 años, se vuelven machos. ¿Por qué? Porque como los machos no importan, ¿para qué tener una población de mitad machos, mitad hembras, cuando basta con unos poquitos machos que vivan muchos años? Pero esto hace que sea muy sensibles las poblaciones a la sobrepesca, porque normalmente los peces que se pescan son los grandes.

Todo este conocimiento de la complejidad biológica, incluidos los casos de intersexualidad que se producen en humanos con una cierta frecuencia, ¿puede ayudar a reducir la transfobia?


Supongo que sí, aunque yo en el libro enseguida hago una advertencia. En los humanos, la sociedad, la cultura y la historia son tan importantes como la biología. Hablar de la transexualidad solo desde la biología sería tremendamente injusto para las personas trans. Pero sí que creo que puede ayudar a la gente a entender que es verdad que el sexo biológico no es tan binario como creemos. De hecho, no lo encontramos ni siquiera en nuestra propia especie. Las personas intersexuales, es decir, personas que tienen características en sus genitales un poco ambiguas entre los dos sexos, son muy habituales. Y se debe a que el sexo no es solo una cuestión cromosómica, sino también de cómo reacciona el cuerpo ante las hormonas sexuales.

Eso es lo que pasa con los “güevedoces”, ¿no?

Los “güevedoces”, que es como llaman a estas personas en la República Dominicana, son un caso muy claro. Se desarrollan como chicas y, de repente, a los 12 años les bajan los testículos y les sale pene. Básicamente, porque el cuerpo de estas personas reacciona a la testosterona de forma diferente y en su caso no empieza a hacer efecto en su cuerpo, a masculinizarlo, hasta que tienen unos niveles muy altos propios de la adolescencia, pero no durante la niñez. No sé cómo explicarlo sin entrar en el fango, pero digamos que muestra que nuestro sexo cromosómico puede no ser tan determinante sobre cómo van a ser nuestros caracteres sexuales primarios y secundarios.

Durante años se repitió que el clítoris es un pene atrofiado y, sin embargo, dice usted que es al revés y que es el pene el que es un “clítoris mutante”.

Sí, sí, porque el sexo ‘por defecto’ es el femenino. Todos nosotros empezamos nuestro desarrollo embrionario como hembras. Hasta que se activa el cromosoma Y durante el desarrollo embrionario, en la semana 11, se nos forma algo que se llama el tubérculo sexual, que tiene la forma de los genitales externos femeninos. En los machos, los labios mayores se fusionan para formar el futuro escroto, que es esa línea que tenemos en el escroto, el rafe, es una cicatriz formada por nuestros antiguos labios vaginales. Y el pene se forma a partir del clítoris. Empieza a salir hacia afuera y lo que hace es que se fusiona con la uretra y se rodea de los labios menores. Y esa especie de taco o de burrito, es el pene. Coges el clítoris, le pones una uretra y lo rodeas con la tortilla.

Hablemos de la “falacia naturalista”. Insistir en que la homosexualidad existe en cientos de especies, ¿no es seguir el juego a los que juzgan el comportamiento humano por su semejanza con lo natural?

Claro, es que es un arma de doble filo. A mí me encanta hablar de homosexualidad y bisexualidad en el mundo animal, pero trato de huir de ese discurso de “mira, es natural porque lo hacen los animales y entonces eso nos legitima”. No podemos determinar qué está bien y qué está mal en función de lo que sucede en la naturaleza. No quiero ayudar a una minoría como las personas LGTBI hablando de animalitos gays. No necesitamos que haya animalitos gays, lésbicos o bisexuales para legitimar nuestra existencia. Nuestra existencia la legitima que somos y que estamos y que estaremos y que siempre hemos estado.

Lo que seguro que no hay en la naturaleza es homofobia, ¿no?

Efectivamente, en la naturaleza no hay homofobia. Existen un montón de especies animales con comportamientos homosexuales tanto entre machos como entre hembras o sexo en grupo, y ahí nadie se queja, es superhabitual. Incluso entre algunos animales que son como estandarte de la masculinidad tóxica, como los leones. Los leones se dan por el culo como si no hubiera un mañana (risas).

¿Ser “cuidador de sobrinos” puede tener un valor evolutivo?

Es un término para referirse a los homosexuales que a mí no me molesta. Lo utilizo como ejemplo cuando hablo de qué teorías existen sobre por qué la homosexualidad o los comportamientos homosexuales existen en la naturaleza y no, y no tienden a desaparecer.

¿Qué está pasando ahí? Una de las teorías es la del cuidador de sobrinos, de que al final esos individuos pueden ayudar a cuidar a las crías de otros miembros de la sociedad. Y pasa, por ejemplo, con los carneros y las cabras montesas, entre los que hay un mariconeo brutal. Se suelen emparejar de por vida y quedarse con el rebaño, en el que normalmente solo hay un macho adulto y el resto son hembras o juveniles. Pero esos machos adultos son aceptados, se quedan también allí porque cuidan, protegen también al rebaño. Al final es lo mismo que el tío gay que da la propina al sobrino, el tío gay que, como no ha tenido hijos, cuando son mayores les paga el viaje a Tailandia.

miércoles, 12 de marzo de 2025

#libros #animales #sexo | Sexo salvaje : el kamasutra de la naturaleza

Sexo salvaje : el kamasutra de la naturaleza / Ricardo Moure ; prólogo de Luis Piedrahita.

Madrid : La Esfera de los Libros, 2025 [03-12].
288 p.

/ ES / Libros / ENS / Animales / Biología / Homosexualidad / Intersexualidad / Procreación / Sexo / Sexualidad / Transexualidad

📘 Ed. impresa: ISBN 9788410940109 / 19.90 €
📝 Cita APA-7: Moure, Ricardo (2025). Sexo salvaje : el kamasutra de la naturaleza. La Esfera de los Libros.


Este libro descubre la más sucia, sorprendente y festiva intimidad de las especies. Ahí fuera se vive una orgía permanente en la que los chimpancés blanden sus penes con espinas y los patos, sus enormes «sacacorchos»; los pájaros se ponen los cuernos sin remordimiento alguno y las ranas se hacen las muertas para escapar de los pretendientes más insistentes; los hongos tienen tres, cuatro o hasta miles de sexos, algunos peces cambian de género y otros llevan los genitales de sus examantes pegados a sus escamas; los zánganos eyaculan tan fuerte que revientan; los carneros le dan a pelo y a pluma; las koalas se montan bacanales lésbicas y unos murciélagos ejercitan el sexo oral entre los pétalos de plantas tan seductoras que son utilizadas como consolador por abejorros deseosos de placer carnal. Pero no se asusten, porque estas páginas no son el desahogo fantasioso de un pervertido animalista, sino un asombroso recorrido por la diversidad sexual y la procreación de los seres vivos. Su autor, el conocido biólogo Ricardo Moure, uno de los mejores divulgadores de la televisión, ha conseguido con ‘Sexo salvaje’ lo más difícil: combinar el rigor científico y el más provocador sentido del humor.
«Aunque leas mucha guarrada, mucho chorrazo, mucho ‘froti froti’ y palabras tan técnicas y científicas como huevada o chichi, detrás de todo esto hay un ya no tan joven biólogo que utiliza la risa y el chiste tonto para contagiarte su amor por la biología».
😏 ¿Quién es Ricardo Moure? Es una buena pregunta porque ni él mismo lo tiene claro.Es biólogo y tiene un doctorado en cosas bastantesesudas sobre biología molecular, pero no se le nota nadacuando aparece en la tele disfrazado de pollo, oso hormiguero o Cupido para explicar maravillas sobre culos de mono, langostas inmortales o supergonorreas. Nacido con vocación de biólogo, creció (bastante poco, la verdad) recogiendo bichitos en los prados de Cantabria. Pero un día la diosa Comedia lo picó, puso huevos en su cerebro y las larvas tomaron el control de sushemisferios. Desde entonces, combina humor y rigor científico con un toque ácido y gamberro, convirtiéndose en uno de los divulgadores más peculiares e irreverentes del panorama actual. Todo comenzó hace más de diez años, cuando ganó el concurso de monólogos científicos Famelab (sí, eso existe). Desde entonces ha abrazado farándula y ha sido miembro del grupo de monologuistas científicos Big Van Ciencia, ha colaborado en programas como ‘En el aire’, con Buenafuente, ‘El Club de la Comedia’, ‘La roca’ y ‘Órbita Laika’ (donde, según quién opine, es la estrella o la mascota). También es un habitual de la radio, con maravillas del podcast a sus espaldas como ‘Materia absurda’, ‘Órbita Laika el podcast’ o ‘®Moure oye voces’, un peculiar consultorio científico dentro del programa ‘Serendipias’, de la Cadena SER, donde Ricardo intenta por todos los medios que este mundo absurdo se entienda un poco mejor o que, al menos, nos haga reír mientras se desmorona.

sábado, 25 de enero de 2025

#hemeroteca #homofobia | «Cabinas patera» en una sauna gay mortal: «Cada semana sacan un cadáver»

«Cabinas patera» en una sauna gay mortal: «Cada semana sacan un cadáver»
Según han reconocido fuentes de la Policía Nacional a este periódico, «no podemos hacer nada» porque «tienen todo en regla, tanto a nivel sanitario como a nivel administrativo»
María Curiel | El Debate, 2025-01-25
https://www.eldebate.com/sociedad/20250125/cabinas-patera-sauna-gay-mortal-cada-semana-sacan-cadaver_263560.html 

Entrada de la sauna Center //
A las tres y media de la tarde de este miércoles una ambulancia del SAMUR aterriza en la madrileña calle Valverde. «Es una alteración cardiaca, una arritmia», afirma el equipo de Emergencias Madrid a este diario. «Es así todas las semanas», revela una vecina.

«Desde hace un mes la Policía secreta lleva rondando por esta calle, preguntando en todos los locales. Están buscando droga. Desde diciembre hasta ahora siempre hay policía en esta calle. Ambulancia mínimo una vez por semana; policía casi todos los días», asevera esta vecina en conversación con El Debate.

Esta calle, ubicada en pleno corazón de Madrid, alberga una sauna de temática gay, garito reservado exclusivamente para los hombres y que cuenta con servicios 24 horas de sauna vapor, sauna finlandesa, cabinas, sala de cine y bar, según aseguran en su cuenta de Instagram.

«Siempre da problemas. Una vez me encontré en el patio una prostituta con las rodillas ensangrentadas hablando con un chulo que venía de ahí dentro», explica otra mujer que vive en el barrio. «El otro día me paró un señor que iba puesto hasta arriba, como de unos 40 años, que no tenía mala pinta y me dijo en inglés: 'Oye, perdona, es que me han echado de la sauna porque le he tocado el culo a un camarero, pero ha sido sin querer. He perdido un vuelo. ¿Te importa darle al camarero 300 euros para que me vuelva a dejar entrar y a ti te doy 100 pavos?'. Obviamente yo no entraba ahí ni muerta. Consiguió volver a entrar y al segundo le echaron de la sauna y vino la Policía. Y así siempre», relata esta joven vecina de Valverde.

Interior de la sauna
Las patrullas de la Policía Nacional recorren el barrio de forma constante y siempre acaban estacionando frente a este local. «Todas las semanas muere alguien por sobredosis», comentan dos residentes de la zona. «Desde que llevo aquí, ya he visto tres cadáveres», asegura otra vecina a este medio. «Imagino que si la gente se muere a las 3 de la mañana, limpian todo y llaman a la Policía para que levanten el cadáver a las 11, que es cuando yo los he visto», añade.

Según han reconocido fuentes de la Policía Nacional a este periódico, «no podemos hacer nada» porque «tienen todo en regla, tanto a nivel sanitario como a nivel administrativo», se lamentan. Por su parte, trabajadores de la sauna han afirmado a este diario que desconocen si se han sacado cadáveres del local: «Yo no sé nada de eso», ha afirmado uno de ellos. «No sabría decirle por qué viene la Policía», ha añadido.

«Un antro de mala muerte»
«Ha sido la primera vez que he estado este antro por llamarlo de alguna forma. Más que una sauna es un local de ‘cruising’... He estado cerca de 40 minutos. La gente estaba en las cabinas como si fueran cabinas pateras», reza una de las reseñas de Google sobre esta sauna.

«Primera y última vez que voy. Sauna en muy mal estado, sucia, poca higiénica, gente fumando en cabinas. Sin piscina, sauna de vapor o no sé qué era eso, pero muy descuidado, puertas rotas, suelo resbaladizo. Un antro de mala muerte», denuncia públicamente otro cliente. «Puedes comprar drogas, contratar ‘escorts’. La gente no va a por sexo, van a drogarse», explica otro.

«Las reglas de higiene no se cumplen. La gente te propone drogas delante de los empleados, y fuma por todas partes. Servicio de condones / lubricante casi inexistente», dejó escrito otro usuario hace 9 semanas.

Una vecina del barrio ha afirmado, asimismo, a este periódico que «ya solo por sanidad e higiene no podría tener los permisos. Su sistema de ventilación da a la calle. Eso no puede pasar una inspección de sanidad». Por otro lado, relata que «llamé el otro día a la policía porque un chico que venía de la sauna estaba estampándose la cabeza contra una pared».

viernes, 17 de enero de 2025

#libros #franquismo #sexualidad | Sexo en el franquismo

Sexo en el franquismo / Manuel Espín.

Córdoba : Almuzara, 2025 [01-17].
352 p.
Serie: Historia.

/ ES / Libros / ENS / Censura / Control social / Franquismo / Memoria histórica / Moralidad / Patriarcado / Represión / Sexo / Sexualidad

📘 Ed. impresa: ISBN 9788410524996 / 23.95 €
📝 Cita APA-7: Espín, Manuel (2025). Sexo en el franquismo. Almuzara.

La sexualidad en una España que recorría el extraño camino de la represión al destape y donde anidaba la doble moral y la excepción según la procedencia social
‘Inmoralidad’, ‘indecencia’ o ‘pornografía’ fueron palabras muy utilizadas en tiempos en los que se empleaban anodinos eufemismos para términos impronunciables como ‘braga’, ‘pene’, ‘orgasmo’… mientras se ponía el foco sobre la longitud de las faldas y lo que debían tapar los trajes de baño. Tiempos de ridículas censuras en los que se confundían los conceptos de ‘delito’ y ‘pecado’. A partir de una visión transversal y más allá de la anécdota, se analiza una realidad compleja que abarcaba la prostitución, la homosexualidad, las madres solteras, las «queridas», la censura, la pederastia encubierta o las costumbres sexuales de los españoles bajo un sistema estrictamente patriarcal donde la moralidad se circunscribía a los centímetros de piel mostrados, y que afirmaba que los hombres tenían necesidades sexuales distintas a las de las mujeres, cuyo único destino parecía el matrimonio.

De los tiempos de los Congresos Nacionales de la Decencia en playas y piscinas y la persecución policial al nudismo y al bikini, a su forzada autorización; de los grandes burdeles de posguerra a la prostitución de los años sesenta; de aquello de «con Arias-Salgado todo tapado» al «con Fraga hasta la braga»; de las amenazas de excomunión por ver ‘Gilda’, ‘La fe’ o ‘La blanca doble’, a la puesta al día del postconcilio, ‘Sexo en el franquismo’ nos sumerge en un universo de represión en el que casi todo podía ser pecado, donde anidaba la doble moral, el fariseísmo y la excepción según la procedencia social. Un apasionante itinerario de la represión al destape, repleto de sugerentes testimonios sobre una realidad social cuyas derivaciones llegan hasta nuestros días.

😏 Manuel Espín es doctor en Sociología (UNED) y licenciado en Derecho, Ciencias de la Información y Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Ha impartido clases, cursos y asignaturas en diversos centros superiores y trabajado en importantes medios de comunicación. Director de más de 300 capítulos de espacios y series para TVE, responsable de diversos programas para la pequeña pantalla, y editor y director, entre otros de La Aventura del Saber. Con más de una docena de participaciones en largometrajes en trabajos de guión, música original, etc., en su mayor parte presentados en festivales internacionales. Dentro del mundo del libro ha venido publicando tanto ficción como no ficción. Entre los últimos, ‘Los años rebeldes. 1966-1969’ (2018), ‘La España resignada. 1952-1960’ (2020) y, más recientemente, ‘Vida cotidiana en la España de la posguerra’ (2022) y ‘La España Ye-yé’ (2023), ambos editados por Almuzara.

domingo, 17 de noviembre de 2024

#hemeroteca #sexo #historia | La presencia de penes, vulvas y coitos en iglesias románicas, un asunto de “propaganda política de la nobleza”

Isabel Mellén //

La presencia de penes, vulvas y coitos en iglesias románicas, un asunto de “propaganda política de la nobleza”

La historiadora Isabel Mellén propone en su libro ‘El sexo en tiempos del románico’ una relectura de la interpretación de las explícitas imágenes que adornan portadas y capiteles de templos del norte de España
Manuel Morales | El País, 2024-11-17
https://elpais.com/cultura/2024-11-17/la-presencia-de-penes-vulvas-y-coitos-en-iglesias-romanicas-un-asunto-de-propaganda-politica-de-la-nobleza.html 

¿Qué hace esa mujer enseñando la vulva en un capitel de esta iglesia? ¿Y esa otra con los pechos desnudos que agarra el falo de un hombre? ¿O ese gran pene en erección en un canecillo? ¿Un monje en pleno coito con una mujer? Estas representaciones en iglesias románicas del norte de España llevan ahí unos mil años y sus interpretaciones han sido varias. La doctora en Filosofía y graduada en Historia del Arte Isabel Mellén (Vitoria, 38 años) ha publicado 'El sexo en tiempos del románico' (Crítica), que, más allá de explicar estas imágenes explícitas, desarrolla el contexto en el que se crearon, “el de la abierta mentalidad de la clase nobiliaria, que pagaba esas iglesias y para quienes la sexualidad era fundamental para mantener su estatus a través de la reproducción”, decía a finales de septiembre, en una entrevista en la Casa Árabe de Madrid.

Aviso: esta experta habla de románico sexual, no erótico ni obsceno porque “eso supone un juicio de valor, una mirada patriarcal y heterosexual”. Si lo llamamos erótico, en concreto, “nos posicionaremos desde la mirada pornográfica masculina”, aunque la RAE diga que erótico es lo relativo al amor o al placer sexual.

Mellén despliega en el libro numerosos ejemplos de templos que contienen ese tipo de iconografía, característica sobre todo de la franja cantábrica. ¿Por qué ahí? “Tiene que ver con la situación que había en cada reino peninsular. Donde proliferaba el poder laico hay más representaciones, como en Cantabria”, con el mayor ejemplo del románico español, la iglesia de San Pedro de Cervatos, en cuyos canecillos (voladizos decorativos sobre los que se asienta un alero) vemos coitos, hombres y mujeres que muestran sus genitales o damas pariendo. “En Cataluña hay menos casos porque allí llegó antes, a través de los Pirineos, la reforma gregoriana”, llamada así por impulsarla el papa Gregorio VII, quien quería erradicar, entre otras cosas, el habitual concubinato de los clérigos.

La lista, no obstante, es numerosa. En Zamora está la iglesia de Santiago el Viejo, de finales del siglo X o comienzos del XI. En sus capiteles “hay una escena que podríamos calificar de orgía”, se señala en el libro, “con damas y nobles practicando sexo en distintas posturas”. En el interior, otro capitel muestra a una señora a cuatro patas a punto de ser penetrada por un noble. O coitos, como en la iglesia de San Martín de Mondoñedo, en Foz (Lugo).

Lo que se ve en todos esos casos es “pura propaganda política de la nobleza para legitimar la dinastía”, agrega Mellén, que señala fuentes documentales sobre la construcción de las iglesias a lo largo del libro. Se trataba de transmitir un mensaje: “Tenemos derecho a gobernaros porque somos los descendientes de un linaje”. Así que los nobles ordenaban a canteros y artistas reproducir escenas con las que se jactaban de quiénes eran y lo que hacían, que fundamentalmente era reproducirse. “Se les representa vestidos con elegancia; ellos casi siempre con el rol del guerrero o cazando y ellas en su papel, el de la reproducción, por eso hay tantos partos”.

Estudiosa del románico “con perspectiva de género” —su anterior libro es ‘Tierra de damas. Las mujeres que construyeron el románico en el País Vasco’ y realiza junto a la periodista Naiara López de Munain el ‘podcast’ ‘Divulvadoras de la historia’—, asegura que las féminas de la aristocracia desempeñaban el papel del “matronazgo, diseñaban y gestionaban obras de arte e iglesias románicas, y estas se convertían en panteones familiares”. Así que a estas mujeres se deben “muchas de las representaciones del románico de carácter sexual”. Mientras que en los templos que no costeaban los nobles “la decoración era completamente distinta”: “En los edificios cluniacenses [por la orden reformista fundada en Borgoña en el siglo X, defensora de la conquista del poder laico], la sexualidad es soterrada, no hay nada explícito”.

Eran dos visiones que tuvieron como trasfondo “toda una lucha de poder política e ideológica entre los siglos XI y XIII”. “Estamos en un momento de transición en la sexualidad, entre la que venía del mundo clásico y otra que promociona la castidad. Pugnan esas mentalidades, la primera era la hegemónica, pero la segunda emerge de forma muy potente a través de la reforma gregoriana”. La Iglesia católica quería arrebatar poder político a los señores feudales y un campo de batalla fue la defensa de otra moral, “represiva, que estaba solo en una pequeña parte del clero”. Sin embargo, con el tiempo y los concilios ecuménicos es la que se acabó imponiendo.

Este control tuvo su culmen “en los siglos XIX y XX, cuando permeó toda la sociedad”. De hecho, apunta que la destrucción de algunas imágenes sexuales del románico “es reciente, del pasado siglo, cuando molestaba su visión”.

También estaba por medio en esta “cruzada de la Iglesia contra el sexo” un asunto casi tan viejo como la humanidad: el dinero. “Como los sacerdotes entonces tenían hijos, el reparto de las herencias podía acabar amenazando la unidad cristiana” por ser foco de disputas. Así que la Iglesia impuso el celibato a sus religiosos para “aislarlos de sus familias y que fueran fieles a la institución, influir en ellos”. En este escenario, la historiadora destaca cómo las esposas o concubinas de los religiosos se convirtieron a ojos de la jerarquía eclesiástica en chivos expiatorios: “Se les consideró instrumentos del demonio y tuvieron que pasar a la clandestinidad o se vieron sumidas en la pobreza”.

Mellén critica en su libro y en la entrevista “la costumbre de trasladar al románico el sistema religioso de nuestro tiempo, cuando la sociedad medieval era muy diversa”. Sobre la interpretación que en la historia del arte se ha dado a estas imágenes sexuales, afirma: “Son propuestas que se han centrado en la genitalidad, en gente que está desnuda y practica coitos, y lo que faltaba era investigar temas como el deseo, el poder, y no rellenar los vacíos con nuestros estereotipos”. Y abunda: “La mirada masculina que desea y la que censura han vertebrado todos los discursos en torno al románico que se han vertido hasta la fecha, ignorando aspectos tan relevantes como la sexualidad femenina, la homosexualidad o incluso la transexualidad”.

Si salimos de las iglesias para entrar en las moradas de los nobles de aquellos siglos, la filósofa cuenta que eran las mujeres las que “dirigían la relación amorosa; como eran matrimonios de conveniencia, tenían relaciones extramatrimoniales, conocidas por su esposo”. “Para la pareja, lo importante era tener descendencia. Así que ella podía tener vasallos que hicieran lo que les pidiera. El premio para estos era el sexo”. Lo que no debían era tener hijos, en este caso, bastardos. De modo que “la penetración vaginal era secundaria, se lo pasaban bien de otras maneras, con todo tipo de prácticas sexuales, pero, claro, al final acababan teniendo hijos, que ya colocaban en algún puesto”.

Con tanto sexo, la intimidad era muy distinta a la de los parámetros actuales. En la noche nupcial había testigos alrededor de la cama, normalmente los progenitores de los contrayentes, para ver si se cumplía con el contrato matrimonial. “Además, las casas nobiliarias eran poco más que una habitación en la que convivían todos. Había una cama y los demás dormían alrededor, con suerte tenían algún tapiz de separación”. Por lo tanto, era habitual, como se explica en el libro, que se encontrara a gente copulando “por los rincones de los palacios y, normalmente, entre familiares relativamente cercanos”. Una práctica que, como es sabido, fue habitual en las monarquías en siglos posteriores.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

#libros #sexo #historia | El sexo en tiempos del románico

El sexo en tiempos del románico / Isabel Mellén.
Barcelona : Crítica, 2024 [09-25].
296 p.
Serie: Tiempo de Historia.

/ ES / Libros / ENS / Arte / Control social / Edad Media / Iconografía / Poder / Románico / Sexo

📘 Ed. impresa: ISBN 9788491996712 / 22.70 €
📝 Cita APA-7: Mellén, Isabel (2024). El sexo en tiempos del románico. Crítica.

Una relectura de la intimidad en la Edad Media a través del arte románico. Vulvas, partos, penes erectos y parejas en pleno coito pueblan las iglesias románicas de nuestra geografía repartidos por portadas, capiteles y canecillos. Estas imágenes sexuales, algunas de ellas muy explícitas, han generado estupor, sorpresa e incluso rechazo en nuestra contemporaneidad, dando lugar a todo tipo de explicaciones sobre sus intenciones y significado. Sin embargo, su proliferación y espontaneidad indican que, lejos de tratarse de una representación del pecado, como a menudo se han interpretado, mostraban una sexualidad mucho más abierta y acorde con la mentalidad de quienes promovieron la construcción de estos templos. El libro demuestra cómo, entre los siglos XI y XIII, tuvo lugar una intensa lucha por el poder político en la que el sexo (o su ausencia) se convirtió en uno de los principales argumentos legitimadores de las élites sociales. Una batalla ideológica que dejó su huella en las imágenes sexuales románicas que desafían nuestra lógica actual.

😏 Isabel Mellén es doctora en Filosofía (UNIZAR) con una tesis sobre la construcción del significado en las imágenes y graduada en Historia del Arte (UNED). En la actualidad imparte clases de Filosofía en la UNED y desarrolla investigaciones sobre el arte románico con perspectiva de género. Ha explorado la participación femenina en la creación de iglesias a través del matronazgo y la huella que su autoría intelectual dejó en las imágenes de los templos, especialmente a través del libro ‘Tierra de damas. Las mujeres que construyeron el románico en el País Vasco’. Además, desarrolla otros proyectos de difusión de la historia de las mujeres a través de formatos como el podcast, la radio y publicaciones de carácter divulgativo.

miércoles, 3 de julio de 2024

#hemeroteca #marginalidad #cine | El legado del cine quinqui

El legado del cine quinqui
¿Cine social o extractivismo capitalista a través de la imagen? Volver al cine quinqui es recuperar la periferia como escenario y preguntarse, 40 años después, qué herencia narrativa dejó, qué estereotipos continúan aún vigentes y qué grietas abrió para una representación crítica y politizada de la precariedad juvenil más allá del producto audiovisual
Sonia Herrera Sánchez | Pikara, 2024-07-03
https://www.pikaramagazine.com/2024/07/el-legado-del-cine-quinqui/

José Luis Manzano //
El cine quinqui tiene una narrativa cruda y artificial a la vez, interpeladora y desoladora, aparentemente abandonada en el tiempo y en la historia del cine español, pero, no obstante, actual. ‘La estanquera de Vallecas’, dirigida por Eloy de la lglesia y repuesta hace poco en una conocida plataforma de ‘streaming’, es un claro exponente de este género cinematográfico opuesto al policíaco y más cercano a las aventuras de bandoleros o de ladrones, pero sin la épica de un Robin Hood, ni la fineza de los cacos de Ocean o de ‘The Italian Job’, ni viajes iniciáticos con redención y recompensa como en las grandes historias de piratería. Un género que popularizó un relato supuestamente costumbrista de la precariedad juvenil de los años 70 y 80 del siglo pasado mientras construía una versión ‘made in Spain’ del negocio del ‘exploitation cinema’ de serie B.

Inolvidable resulta aquella secuencia donde Doña Justa se liaba a tiros contra los atracadores dentro de su propio estanco, medio poseída a lo ‘Rápida y mortal’, después de noquear con una maceta a un policía infiltrado. O aquella otra en la que los cuatro protagonistas conversaban y bebían Anís del Mono mientras escuchaban ‘Suspiros de España’ y en la que Leandro decía que “España no hay más que una”, a lo que Tocho respondía “que, si hubiera dos, nos iríamos todos para la otra”.

El cine quinqui, o el quinqui ‘exploitation’ —que diría Rafael Robles Gutiérrez—, se forjó alrededor de la figura de unes jóvenes antihéroes, “talegueros” sin porvenir; adherido al asfalto y a la velocidad desbocada por el hambre, la heroína y un Seat 124. Su puesta en escena fue la del barraquismo, las “casas baratas”, los descampados, los bloques con aluminosis y fibrocemento y las barriadas como Otxarkoaga, en Bilbao, Torre Baró o el Camp de la Bota, en Barcelona, La Mina, en Sant Adrià del Besòs o San Blas y El Pozo del Tío Raimundo, en Madrid. Barrios cuya lucha vecinal pervive, a pesar de la falta de relevo generacional, porque la precariedad testamentaria del desarrollismo franquista persiste crisis tras crisis como una herencia intergeneracional alimentada por las promesas políticas incumplidas y por los deseos de transformación frustrados.
El cine quinqui transformó la aporofobia y la criminalización de la juventud empobrecida y vulnerable en producto de consumo de masas sin asumir una verdadera perspectiva de clase ni politizar el discurso
Aunque con ciertas pretensiones de cinema ‘verité’ y neorrealismo, el cine quinqui nació como un género clandestino y paria dentro de la propia industria cinematográfica de su época, quizás, o precisamente, por la explotación que hizo de aquellos sujetos subalternos que, viendo una posible salida de la marginalidad en el mundo audiovisual, se convirtieron en objetos exprimidos mientras duró el fenómeno pop.

Este aprovechamiento utilitarista anclado en la criminalización de la juventud, la vulnerabilidad y la exclusión, hizo caja con la mirada ‘voyeur’ sobre la fronterización de la vida de aquellos y aquellas que habitaban —y habitan—esas periferias, a veces anómalas y situadas en el centro de la ciudad, marcadas por el paro juvenil y por la desesperanza aprendida.

Víctor Matellano
, en su libro ‘Spanish Exploitation. Sexo, sangre y balas’, define este uso y abuso como “todo un ‘exploit’ a la española”: “Las aventuras y desventuras de los adolescentes marginales se convierten en todo un género explotado por el cine español. En la mayoría de los casos con el exclusivo propósito de hacer taquilla, derrochando únicamente tremendismo, sensacionalismo, acción, sexo y drogadicción de forma explícita”. Un caso paradigmático lo podemos encontrar en la figura del actor amateur José Luis Manzano, protagonista de éxitos como ‘Navajeros’, ‘El Pico’ o ‘Colegas’. Descubierto por Eloy de la Iglesia y tras un fugaz idilio con la fama, Manzano fallecía en 1992, con tan solo 29 años, en el más absoluto ostracismo.

Podríamos decir que el cine quinqui transformó la aporofobia y la criminalización de la juventud empobrecida y vulnerable en producto de consumo de masas sin asumir una verdadera perspectiva de clase ni politizar el discurso para bosquejar siquiera una crítica al sistema político y económico depredador que situaba a las infancias en la encrucijada entre la miseria y la resignación o la resistencia y la evasión, canalizada a través de la navaja y la aguja. Poco o nada contaban esas películas sobre resiliencia y otras posibilidades de organización colectiva en los barrios, estereotipando más aún las posibilidades de futuro para miles de niñes de nuestras ciudades en el tardofranquismo y los primeros años de democracia.

¿Qué tuvo de performativo ese cine en el imaginario de las generaciones posteriores? ¿Qué semillas de cambio dejó en las narrativas cinematográficas de los años 90 y los primeros 2000? ¿Por qué las cineastas no encontraron en el cine quinqui un paraguas bajo el que cobijar un discurso distinto y más complejo y crítico? Son preguntas para las que no he hallado respuesta y que lanzo tras revisionar títulos como ‘Perros callejeros’ (que también tuvo su versión en femenino años más tarde), ‘Los últimos golpes de El Torete' o 'Yo, El Vaquilla’ de José Antonio de la Loma; ‘El pico’, del mismo Eloy de la Iglesia; las pelis de Vicente Aranda sobre ‘El Lute’ o ‘Deprisa, deprisa’, de Carlos Saura, por poner algunos ejemplos del género.

“El carrusel de sexo y delito fascinaba a millones de españolitos crecidos bajo las arengas del NODO. Por militancia ideológica o como coartada para enseñar cacha, el género quinqui exorciza cinematográficamente las formas que le correspondían a un periodo de emergencia de la imagen de la marginalidad urbana, la contracultura y la explicitud en España”, explica Mery Cuesta, crítica de arte y comisariada de la exposición ‘Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle’.
Algunas películas permiten esbozar un imaginario donde la transgresión y los arquetipos más añejos de santas y putas se entremezclan generando narrativas híbridas, grotescas y desafiantes
En ese rasgo del “enseñar cacha”, cabe preguntarse por el papel que desempañaron las mujeres dentro del cine quinqui, un papel —no se puede obviar— que estaba íntimamente ligado al que ocupaban también las mujeres en el llamado cine del “destape” y que la propia historia del cine español y las reposiciones televisivas han invisibilizado. Títulos como ‘Las que empiezan a los quince años’ o ‘Los violadores del amanecer’ (ambas dirigidas por Ignacio F. Iquino en 1978), ‘Maravillas’ (Manuel Gutiérrez Aragón, 1980), 'Nunca en horas de clase' (José Antonio de la Loma, 1978) o ‘Barcelona Sur’ (Jordi Cadena, 1981) permiten esbozar un imaginario donde la transgresión y los arquetipos más añejos de santas y putas se entremezclan generando narrativas híbridas, grotescas y desafiantes sobre cuestiones aún hoy centrales en la agenda feminista como la prostitución, la violencia sexual, el abuso contra las infancias, la relación entre feminización de la pobreza y drogodependencia, la privación de libertad, la heteronormatividad o las representaciones de lo femenino en relación a la criminalidad. Muy a nuestro pesar, queda mucho por decir y analizar desde los feminismos sobre esta versión “patria” del cine de explotación.

Interesante podría ser, por ejemplo, un acercamiento desde la deconstrucción de la masculinidad hegemónica a la escena de ‘Navajeros’ en la que El Marqués, interpretado por un jovencísimo Quique San Francisco, alienta la violación del Jaro entre las risas de sus “secuaces” —aunque la agresión en sí misma la oculte una atinada elipsis temporal, recurso que se utiliza muy poco en el caso de las mujeres— y la venganza multitudinaria posterior.

Y en deuda también está el análisis fílmico feminista con el personaje de Ángela (Berta Socuéllamos) en ‘Deprisa, deprisa’, y esos primeros planos en silencio con la mirada perdida frente el cuerpo moribundo de Pablo, y sus pasos seguros con una bolsa de deporte al hombro con el dinero del último palo, perdiéndose en la noche en el fundido sonoro entre los gritos de la chiquillería y el ‘Me quedo contigo’ de Los Chunguitos.

Desaparecido el cine quinqui como género circunscrito a un momento muy concreto de nuestra historia, debemos y podemos interrogarnos sobre su legado: ¿qué punto de vista y qué relatos de ficción audiovisual encontramos hoy sobre la exclusión social en España?, ¿qué ha cambiado y qué permanece?, ¿quiénes serían los y las “quinquis” hoy?, ¿qué otros ejes de discriminación atraviesan ahora la precariedad económica que hace 40 años no se tenían en cuenta o no eran tan notorios?, ¿se ha caminado en algo hacia la autorrepresentación y los relatos de memoria y denuncia?

Quizás nos vengan a la cabeza películas recientes, protagonizadas además por mujeres, como ‘Techo y comida’ (Juan Miguel del Castillo, 2015) o ‘La hija de un ladrón’ (Belén Funes, 2019) y algunas anteriores como ‘Barrio’ (Fernando León de Aranoa, 1998) o ‘Báilame el agua’ (Josetxo San Mateo, 2000). Y, aunque no sea un leitmotiv homogéneo ni conformen un género propio, podemos constatar que la mirada se ha hecho más compleja, aunque todavía son muchas las inercias y silencios que estos filmes arrastran. Pero ¿qué más le podemos pedir al cine sobre la representación de la precariedad en las periferias, en las comunidades desfavorecidas, más allá de la mera visibilización sin sensacionalismo y de que prescinda de convertirlo en un safari por la pobreza como denuncia Darren McGarvey?

Judith Butler ofrece algunas claves en ‘Marcos de guerra: las vidas lloradas’ cuando explica que “si queremos ampliar las reivindicaciones sociales y políticas respecto a los derechos a la protección, la persistencia y la prosperidad, antes tenemos que apoyarnos en una nueva ontología corporal que implique repensar la precariedad, la vulnerabilidad, la dañabilidad, la interdependencia, la exposición, la persistencia corporal, el deseo, el trabajo y las reivindicaciones respecto al lenguaje y a la pertenencia social”.

Repensar las vidas al límite de las periferias hoy a la luz imperfecta del cine quinqui de entonces nos permite empezar a atisbar también reivindicaciones que continúan vigentes desde hace décadas y otras vulneraciones de derechos que aquel cine —más utilitarista que social— solo consiguió apuntar sin atreverse a involucrarse. Habrá que seguir tirando del hilo y hacerlo desde el reto ineludible de los saberes y luchas del antirracismo, de los movimientos LGTBIAQ+, del anticapacitismo..., desde las narrativas de quienes han forjado su mirada en los márgenes, también del relato oficial de la industria audiovisual.

martes, 16 de abril de 2024

#hemeroteca #consentimientosexual | Clara Serra: “Legislar el sexo con arreglo al deseo es la vía directa al punitivismo”

Clara Serra: “Legislar el sexo con arreglo al deseo es la vía directa al punitivismo”
En ‘El sentido de consentir’, la filósofa defiende que el concepto de consentimiento es precario y ambiguo. Pese a su utilidad jurídica para hacer leyes, argumenta, no puede convertirse en la receta mágica mientras se obvia una conversación más profunda sobre la ética del deseo.
Patricia Reguero Ríos | El Salto, 2024-04-16
https://www.elsaltodiario.com/violencia-sexual/clara-serra-legislar-sexo-arreglo-al-deseo-es-via-directa-al-punitivismo

Clara Serra //
“Cuando se trata de consentimiento, no hay límites difusos” es la frase que encabezaba una campaña de ONU Mujeres que en 2019 defendía la claridad de este concepto que en España ha acompañado el debate en torno a la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual aprobada en 2022. Pero, para la filósofa Clara Serra, el consentimiento es precario y ambiguo. Esa es la línea base de ‘El sentido de consentir’ (Anagrama, 2024), un libro de poco más de cien páginas donde Serra aborda el origen de esta discusión en los feminismos y esboza su propuesta de un consentimiento jurídico y limitado.

Investigadora, activista y profesora, Serra es una de las voces feministas que ha alertado del punitivismo que conllevan las tesis con las que se ha defendido la ley del solo sí es sí que, pese a tener algunas medidas necesarias, se asienta en una confianza total en el contractualismo en su parte penal que ha conducido a medidas nada emancipadoras para las mujeres, argumenta. Serra cree que ha faltado en este proceso un debate político y profundo sobre el consentimiento. Y que no es tarde para que este debate pueda darse.

P. Tras estos meses de presentaciones desde que en enero se publicó 'El sentido de consentir', ¿dirías que el asunto del consentimiento suscita interés? ¿O es un tema que se da por debatido y cerrado?

Creo que el interés que ha suscitado el libro tiene que ver con varias cosas. En primer lugar, con que a pesar de que el consentimiento ha estado muy presente en los debates mediáticos, creo que no se ha abordado el debate político en su profundidad y eso era uno de los motivos principales para escribir el libro. Mucha gente tiene la sensación de que se ha pasado por encima del debate, de que se ha instalado un cierto mensaje, unos ciertos lemas, pero sin dar más profundidad al asunto y sin abordar sus aristas. Más allá de nuestro contexto en particular, creo que el consentimiento es un tema de nuestro tiempo que desborda por completo las fronteras del contexto español. Ahora está debatiéndose en Francia, o hay unas una serie de propuestas europeas, y creo que la perspectiva dominante que yo discuto en el libro es una perspectiva que Europa va a tratar de proponer a todos los países. Porque hay una perspectiva oficial, que muchos organismos van a asumir y, en ese sentido, el debate va a estar abierto en general en las democracias liberales y en el contexto europeo especialmente.

P. Partes de que el consentimiento, que ha servido de base a decisiones legislativas, es un concepto ambiguo.

Sí, aunque esto tiene varios sentidos. Por un lado, yo discuto un discurso oficial que persistentemente, al mismo tiempo que define el consentimiento, insiste en que es un concepto clarísimo y que todo el mundo entiende igual, cosa que yo quiero plantear que debe ser sometida a crítica. Lo que oculta esa insistencia en la claridad del consentimiento es una batalla política; está encubriendo que hay un debate político en juego y que “consentimiento” puede estar significando cosas diferentes y, por tanto, que en su nombre se pueda estar defendiendo proyectos políticos diferentes, incluso diría que confrontados. En el debate español se ha eclipsado un debate político feminista que nos precede. Una de las primeras cosas que pretendo es sacar a la luz una memoria y una historia feminista donde el consentimiento ha sido objeto de las mayores controversias. Si vamos en nombre del feminismo a “defender”, y lo pongo con todas las comillas, el consentimiento, hagámoslo haciéndole justicia a los debates feministas que nos preceden, donde las posiciones han sido radicalmente contrarias y donde se muestra muy bien que, en nombre del consentimiento, se pueden defender cosas muy distintas. Este es el primer sentido del que yo quiero discutir.

En segundo lugar, una vez delimitadas las diferentes posiciones posibles, yo argumento que el consentimiento merece ser defendido, y tiene que ser defendido, como una herramienta jurídica necesaria y que necesitan las leyes, pero no como una receta mágica. Defender el consentimiento como algo imperfecto, precario, que no sirve para todo y que tiene límites me parece muy legítimo. Parece que, o se defiende el consentimiento y se lo convierte en una especie de panacea que resuelve todo, o se lo impugna por completo. Mi posición es que tiene límites.

En ese sentido, yo discuto dos cosas. Una, un discurso de invalidación del consentimiento ligado a un feminismo que yo creo que es un feminismo abolicionista, podríamos decir, un feminismo de la dominación que considera que las mujeres están siempre secuestradas y nunca saben muy bien lo que quieren. Ese es un feminismo que impugna la voluntad de la trabajadora sexual, pero que yo creo que impugna la voluntad de las mujeres en muchos aspectos. Y, segundo, otra línea por la cual hay discursos actualmente muy ‘mainstream’ que están diciendo que consentir garantiza un sexo placentero, gratificante, deseado, que garantiza un encuentro satisfactorio.

Es una especie de idealización total del consentimiento. A mí me parece que el consentimiento es una delimitación de la violencia. Pero más allá de que el sexo no sea violento, el sexo puede ser malísimo, puede ser una mierda, y no ser violento... Discuto esa especie de sacralización, a mi juicio superingenua, por la cual el consentimiento se ha convertido en una promesa de felicidad, en una lógica hiperneoliberal del contrato, donde parece que la libertad de los sujetos depende de que contratemos cosas.

P. Hemos venido escuchando, explicando, que el consentimiento llega al debate en España como respuesta a la necesidad de adaptar nuestra normativa al Convenio de Estambul de 2011, un documento que sirve de guía en Europa para el abordaje de la violencia contra las mujeres. Pero una de las primeras cosas que haces en el libro es recoger una genealogía del debate que se remonta a varias décadas atrás, hasta los años 90 en Estados Unidos.

Sí, la propia expresión “solo sí es sí”, exactamente así, es una expresión que lleva oyéndose en el contexto norteamericano muchísimo tiempo. La hemos importado, y quería llamar la atención sobre el hecho de que hemos sido poco críticos con esto. Porque las izquierdas y los feminismos tenemos desde hace tiempo una posición crítica con respecto a las culturas que dominan otras culturas por razones coloniales o por razones imperialistas y que se imponen sobre otras, pero ha habido poca crítica sobre qué tipo de cosas se importan en el debate sobre las violencias de la sociedad norteamericana, que está en una situación de dominio cultural. Por ejemplo, el ‘MeToo’, que procede de EE UU, viene de una sociedad muy concreta, con una mirada sobre el sexo muy concreta. Creo que la sociedad norteamericana tiene perspectiva mucho más puritana del sexo que, por ejemplo, las culturas latinoamericanas y creo, por cierto, que el ‘MeToo’ viene de una determinada clase social. Localizar la geografía de las ideas y los viajes de las ideas me parece de lo primero que tendríamos que hacer cuando tenemos este tipo de posiciones. Como decía Rita Segato, el ‘MeToo’ vale en un sentido mientras que en otro sentido puede estar adherido a determinadas posiciones puritanas de una sociedad como la norteamericana que no es la nuestra, no es la sociedad latinoamericana.

El solo sí es sí viene del contexto norteamericano y esto ha sido ocultado. Vayamos allí y miremos entonces cuáles son los debates allí. Y entonces veremos que no es para nada algo que haya tenido una posición uniforme del feminismo. Una gran parte del feminismo norteamericano ha hecho desde hace bastante rato unas críticas muy profundas de esa perspectiva, entendiendo que va acompañado de una serie de cosas dudosamente emancipatorias.

P. Tú reclamas el “no es no” cuando el discurso dominante es el del “sí es sí”. ¿Qué supone ese salto de un lema a otro y por qué tú dices estar más en el “no lo sé”?

Cuando se dice “no es no”, lo que se dice es que tenemos que tener la posibilidad del rechazo, de rechazar una oferta, o un deseo masculino o una proposición masculina. ¿Quiere eso decir que cuando no decimos que no es un sí? No lo creo. Igual es un “no sé”, un “estoy viendo” o un “ya veremos”. Me parece importante que exista para las mujeres la posibilidad de no saber, porque la posibilidad de descubrir cosas en el sexo va ligada a que no se nos pida saber siempre de antemano si sí o si no. El terreno del deseo de la exploración sexual, que es eso a lo que no se nos ha permitido acceder realmente, va de la mano de un cierto relax: igual no lo sé, igual tengo derecho a no saberlo, igual yo no tengo por qué ir al terreno sexual con absoluta claridad y teniendo que clarificar lo que quiero y lo que no quiero. El lema de “solo sí es sí” lo que nos promete precisamente es claridad, se dice que es un lema más seguro para las mujeres porque todo lo que no sea un no clarísimo es un clarísimo sí: pero es que esa clarificación acaba posándose en nuestros hombros y nos hace responsables.

Y es como decir que ahora las mujeres vamos a decir clarísimamente “sí” y que la única manera de que el sexo no sea delito es que la mujer clarifique exhaustivamente su deseo. Y yo estoy muy de acuerdo con algunas autoras que están preguntando si eso es liberador para nosotras o si se nos está haciendo a nosotras ser las depositarias de la responsabilidad de que, para no ser violentadas, para estar a salvo de la violencia, para que el Estado nos proteja, tengamos que llegar a la relación sexual con una transparencia total y pudiendo verbalizar nuestro deseo. Creo que no va por ahí la cosa.

Me parece que es mucho mejor un marco en el que las mujeres podamos decir que no, en el que podamos rechazar, refutar al otro. Me parece importante para que, mientras no digamos que no, no tengamos que decir qué deseamos. Hay que construir un mundo en el que la mujer pueda decir lo que no quiere para que, mientras tanto, pueda no tener que saber lo que se quiere y, por tanto, investigar lo que sí quiere.

¿Pero estamos en un mundo en el que la mujer pueda decir lo que no quiere? Yo creo que aquí está el trabajo político. El mundo está lleno de obstáculos para que las mujeres no podamos expresar libremente una negativa. El análisis feminista ha de partir de esta constatación. En este mundo es muy difícil para las mujeres y para otros sujetos subalternos decir que no. No solamente porque nuestro “no”, a veces, no se tiene en cuenta o no se respeta por condiciones estructurales, sino que en un mundo donde tienes menos poder, donde tienes menos dinero o donde tienes menos estatus somos menos libres para decir que no en el terreno sexual o en cualquier otro.

Ahora bien, me parece imprescindible para las izquierdas plantear si un feminismo de la emancipación es ese que renuncia a la ampliación del campo del no. Porque se nos está vendiendo como progreso y como paso adelante una especie de renuncia y de cambio de tercio. Se dice que es más seguro asumir la imposibilidad del no, y por lo tanto que vamos a cambiar de juego. Me parece bastante preocupante: la libertad de la mujer y de cualquiera va ligada a la posibilidad del rechazo. No creo que tenga ningún sentido decir que tú eres libre de elegir una cosa cuando no eres libre de rechazar otra, sea un trabajo, una familia, un novio, un marido o una tradición. La posibilidad del rechazo para mí es inseparable de la libertad en un sentido emancipador. Se nos dice: asumamos que las mujeres no podemos decir que no y trabajemos en un marco de protección. Eso me parece la renuncia del feminismo de la emancipación. Una vez dices que decir que no es imposible, ya no trabajas por hacerlo más posible. Esto es una derrota. ¿Hay que cambiar el mundo para que decir que no sea más fácil? Sí, pero esto nos compromete con toda una tarea política.

Al mismo tiempo, quiero decir que, aunque a mí me parezca que el marco de la emancipación sexual va ligado a la posibilidad de la negativa, me parece que cuando hay coacción y violencia, esas condiciones han sido truncadas. En determinadas circunstancias, tú ya no eres libre para decir que no. No eres libre para decir que no en un portal donde cinco hombres se te imponen amenazantes. Y no eres libre para decir que no si un tipo que se llama Dani Alves te encierra en un baño y no te deja salir. Y el derecho tiene que saber muy bien reconocer dónde eso ha sido vulnerado.

Lo que me parece preocupante es que el discurso diga, no ya que en el portal de La Manada no se pueda decir que no, sino que en general, en el mundo en el que vivimos, no se puede decir que no, que es lo que presupone el cambio de lema. Allí donde no se puede decir que no, y estoy comprometida con la necesidad de que el derecho identifique a veces esas circunstancias, no sé en qué sentido un sí salva la situación. Allá donde no se puede decir que no, el sí es inválido. El caso de Dani Alves no es una agresión sexual porque ella no haya dicho que sí, el caso de Dani Alves es una agresión sexual porque ese tipo ha construido unas circunstancias y una situación en la que ya no se puede decir libremente ni que no ni que sí.

P. Un problema que identificas es el de mezclar violencia y poder. Se banaliza lo que es violencia porque si todo es violencia nada lo es. En un caso como el de Dani Alves, ¿se puede hacer esa distinción?

Estamos en un contexto en el que cuando sale un caso como ese, un montón de gente sale a decir solo sí o sí. Pero este caso es muy nítidamente claro con respecto al Código Penal precedente; ahí sí hay violencia. De hecho, es un caso más nítido que el de La Manada, donde hubo un debate acerca de si se trataba de una intimidación ambiental o un abuso de poder, de si se entraba dentro de la categoría de intimidación o de prevalimiento. En el caso de Dani Alves, el Código Penal anterior a eso es clarísimo. Si un tipo que te encierra en un baño y tú das muestras de querer salir y el tipo no te deja, es un caso donde hay violencia y es un caso de agresión sexual.

Lo que pasa cuando se confunde el poder con la violencia es no solo que el poder empieza a parecer violento, sino que la violencia empieza a difuminarse y no la localizamos bien. Por eso defiendo el consentimiento, porque ha sido ese criterio que ha servido para delimitar el poder de la violencia. ¿Qué distingue una lógica proderechos a la trata y la explotación de la prostitución? Que en un caso no hay consentimiento y en el otro sí. Y que no haya consentimiento en el caso de la trata quiere decir evidentemente que hay violencia, hay un grado de violencia, o de coacción o de intimidación por el cual esa mujer no está en condiciones de dar un sí libre. Es muy peligroso confundir el poder con la violencia, porque el poder está por doquier. En un análisis feminista estructural, no podemos decir que ninguna de nosotras esté a salvo del poder.

Pero claro, si lo confundimos, entonces la violencia está por doquier. Y, si la violencia está por doquier, entonces todo es asunto del Código Penal, porque evidentemente el derecho penal tiene como objetivo, y ha de tenerlo, la persecución de la violencia, su delimitación y su respuesta. En la lógica de un cierto feminismo, se empiezan a difuminar en poder la violencia con lo cual pasa que la prostitución voluntaria es igual de coactiva y violenta que la trata, y esa distinción carece por completo de sentido.

A ese feminismo le dará igual que en una relación sadomasoquista la mujer diga que ha consentido. Dirán: “No, este sexo es violento y por tanto es delito”. A eso nos lleva la confusión del poder con la violencia. Si queremos no acabar ahí, entonces hay que saber que, en condiciones de desigualdad de poder, no obstante, puede haber consentimiento y por tanto, no violencia. Luego, la desigualdad de poder no puede ser el argumento por el cual se invalida el consentimiento. No se puede decir: “Ella tenía 30 años menos que él, hay una gran desigualdad de poder”. Y a mí me parece que en el debate español hemos ido adoptando una cierta lógica de difuminación entre la violencia y el poder.

P. Diría que las trabajadoras sexuales tienen mucho que enseñar sobre el consentimiento y lo han estado diciendo en todo este proceso. Empezaba preguntándote si el debate estaba cerrado, pero también creo que la propuesta del PSOE para “prohibir el proxenetismo en todas sus formas”. El texto propuesto pasa por reformar el artículo 187 del Código Penal, que actualmente solo castiga la obtención de lucro de la prostitución si ha habido “explotación”, que pasaría a castigarse para quien “promueva, favorezca o facilite la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma”. ¿Qué pueden enseñar las trabajadoras sexuales sobre el consentimiento? ¿Por qué vale todo consentimiento excepto el de ellas?

Se va a volver a abrir, efectivamente. Y diría, además, que va a entrar en el debate el porno, un tema que se está abriendo por el lugar, digamos, más posible, que es el de los menores. Que el porno supone un problema para los menores, es algo con lo que estoy de acuerdo. Pero también creo que algunas posiciones feministas quieren prohibir el porno no porque sea malo para los menores, sino porque consideran que es malo en general. Pero se usa el tema de los menores como una vía de entrada a esas posiciones donde hay también una posición de invalidación del consentimiento de la actriz porno.

Y el tema del trabajo sexual hace emerger este este asunto. La gran paradoja de nuestro momento es esta por la cual todo el mundo dice defender el consentimiento y todo el mundo dice hay que “poner el consentimiento en el centro”, con esta fórmula repetida que sugiere algo así como que el consentimiento no solo ha de ser necesario, sino suficiente. Y estas posiciones las están defendiendo las mismas personas que van a traer una propuesta legislativa de invalidación del consentimiento de las trabajadoras sexuales. Es clamorosa la contradicción.

Yo quería parar un momento y preguntarnos a qué estamos llamando consentimiento. Si una posición va a decir que algo es delito, aun cuando la mujer consienta, lo que está en el centro ahí no es el consentimiento. Será otra cosa. Será considerar que eso es tan malo como para que el consentimiento de la trabajadora sexual dé igual. Será considerar que hay un abuso. Pero el consentimiento no está siendo el criterio.

Por otra parte, estoy de acuerdo en que las trabajadoras sexuales pueden decir sobre el consentimiento es muy interesante para el feminismo, no solamente en el sentido de reclamar la validez de su consentimiento frente al Estado, sino porque creo que una trabajadora sexual nos diría también otras cosas como que cuando una consiente no es porque lo desee profundamente, sino que puede ser por otras cosas, y que puede ser por dinero.

Fijémonos en esto. Es algo que se reclama, pero no es algo que las trabajadoras sexuales conviertan en algo así como lo que lo que da cuenta de su deseo erótico profundo. Te diría una profesional: “No, perdona. Yo defiendo que se valide el consentimiento. Pero después que ningún feminismo me imponga que ese consentimiento tiene además que ser mi profundo deseo.

P. Hablas con ironía de un “consentimiento entusiasta”.

Es que el feminismo que está reivindicando el consentimiento también está diciendo una cosa sobre lo que debería ser el consentimiento de las trabajadoras sexuales con la que tampoco estoy de acuerdo, que es que debería ser entusiasta, que debería ser deseoso, deseante, ligado al placer sexual. ¿Por qué? ¿Por qué el consentimiento o nos lo cargamos o tiene que convertirse en una especie de receta de felicidad y de placer y de deseo profundo? Lo que está ocurriendo es una especie de transmutación del sentido del consentimiento.

El consentimiento en una lógica anterior, en todo texto jurídico se suele nombrar junto a la palabra “voluntad”: se habla, por ejemplo, de la voluntad del paciente en el contexto de un consentimiento informado médico. Y la palabra voluntad nunca ha venido, definida por el deseo. Yo me puedo casar sin ganas, pero nadie se plantea invalidar ese matrimonio por eso. Es como si esa noción de voluntad, que siempre ha sido la del consentimiento, estuviera dando paso a otro sentido de consentir. El sentido de consentir se está transformando, está dando lugar a una cosa que me parece que tiene más que ver con el deseo que con lo que clásicamente podríamos decir que es la voluntad de alguien. Y algunos organismos consideran que esto es un paso adelante: a mí me parece que debe ser discutido.

Soy súper partidaria de que, en general, hagamos las cosas con deseo, y más si se trata del sexo, pero me parece que igual no nos estamos dando cuenta de que este debate lo estamos teniendo en términos legislativos, legales, penales, en términos de políticas del Estado. Si vamos a darle al consentimiento la noción de deseo, que tengamos muy claro que le estamos diciendo al Estado que tiene legislar el sexo con arreglo al deseo de los sujetos. Para mí, esto es la vía directa a una perspectiva punitiva de la ley. Yo no quiero que la ley tenga nada que ver con mi deseo. Yo no quiero que la ley crea que conoce mi deseo. Yo no quiero que la ley me exija conocer mi deseo. Y yo no creo que los sujetos muchas veces lo sepamos, mucho menos que lo sepa un tribunal. Entonces, el debate sobre el punitivismo, a mi juicio, está aquí.

Y más allá del caso español, lo que es problemático es una filosofía que muchas veces va en la letra pequeña. Yo en el libro quiero discutir lo que me parece que son presupuestos filosóficos no explicitados, que están sobrevolando. Es el debate que un feminismo no punitivo, tiene que tener: si la ley pretende legislar delitos en función de los deseos profundos de las personas, les estamos dando un poder ilimitado a las leyes.

P. Acabas concluyendo que el sentido de consentir que se ha impuesto es neoliberal, reaccionario y es punitivista, algo que afirmas en un contexto en el que este debate ha estado liderado por un Ministerio de Igualdad de izquierdas, y además de una fuerza a la izquierda del PSOE. ¿Qué crees que ha pasado para que se imponga esto?

La tarea de la filosofía es recorrer la coherencia de las ideas, y yo he querido mostrar esas líneas. Alerto de la posible deriva. Pero no estoy discutiendo con una ley en concreto, porque me parece que habría que hilar mucho más fino con respecto a los distintos aterrizajes de esto. Dicho de otra manera, una ley puede tener una filosofía y luego, en su concreción, llevarla más o menos a cabo de manera más o menos coherente. Lo que me parece más preocupante de la ley del solo sí es sí es el discurso con el que se ha defendido. Porque si entráramos en la materia de la ley, primero diría que hay una gran parte de lo que esa ley propone que me parece defendible: todo lo que no es lo penal, y que lamentablemente no ha sido de lo que más se ha hablado. Ahora bien, la filosofía que esta ley deja, el discurso con el que se la ha defendido, me parece que conlleva un tipo de perspectiva, a mi juicio, muy peligrosa.

Yo acuso a unas ideas de llegar de conducirnos hacia unos lugares peligrosos. Creo que se ha defendido ciertas cosas sin ser muy conscientes de su origen y de a qué han conducido en otros lugares. Por eso creo que es importante que abramos este debate. No es cosa de arrojar todo por la borda con respecto a una ley de la que no he querido entrar en su contenido, sino una filosofía sobre el sexo, sobre el consentimiento, que tiene consecuencias jurídicas, penales, sociales y políticas de largo alcance. Quizás ese es el debate de los próximos años. ¿Estas puertas que abrimos, a dónde nos pueden llevar?

P. Tú llegas a explicar cómo el consentimiento en Estados Unidos está en el mismo centro de la división del feminismo. ¿Crees que eso es extrapolable al contexto español?

Creo aquí que progresará este debate, pero que no lo ha habido. El feminismo se ha dividido fundamentalmente, al menos a nivel más mediático, por la cuestión trans, aunque a mi juicio estas dos cuestiones están vinculadas. Lo que hay en el fondo de la posición de un feminismo contrario a los derechos trans es una acusación de que las personas trans son esclavas de un sistema y de una ideología de género y, por tanto, no saben lo que quieren, que es la acusación que se les hace a las trabajadoras sexuales. El feminismo del PSOE es muy coherente con respecto a esto.

P. Es decir, que el sí de una trabajadora sexual no vale igual de la misma forma que que no vale el sí de una persona trans.

Exacto. Y también hay una discusión sobre el consentimiento aquí, con respecto a la cuestión trans, la hormonación y muchas decisiones de estas. Hay un feminismo muy coherente que siempre opta por invalidar la voluntad de los sujetos, acusándoles de no saber lo que quieren y ser cómplices del poder y de la estructura, aunque no lo sepan. Ese debate se ha tenido poco con respecto a la violencia sexual y algunas hemos querido hacer ver que algo de ese debate tiene que darse, que una cierta posición de victimización total de las mujeres es peligrosa en el terreno de la de la violencia sexual. Que cuando se asume la imposibilidad de decir que no, se está asumiendo una premisa donde creo que lo coherente es la posición abolicionista: si tú asumes la imposibilidad de decir que no, y eres coherente, tienes que cargarte el sí.

Por eso creo que la única manera de defender la validez del sí de la trabajadora sexual y de muchos otros sujetos es el horizonte en el que esos sujetos puedan decir que no; esa es la cuestión que no ha aparecido tanto en el debate, pero está aquí como un elefante en el salón. La llegada de una ley abolicionista por parte del Partido Socialista, y ahora ya no con Podemos, lo va a hacer emerger mucho más.

P. La salida de tu libro es cercana a otro título, 'Ceder no es consentir' (Ned Ediciones, 2023), de la psicoanalista francesa Clotilde Leguil, que también reflexiona sobre la ambigüedad del consentimiento. Sin embargo, el debate francés es diferente en el sentido de que se plantea en torno al consentimiento sexual de las personas menores de edad. ¿Cómo dialogan vuestros libros?

Hice el prólogo a ese libro y me pareció muy importante advertir de la diferencia de contextos, porque si no podríamos estar transportando posiciones que no son hermanas. La pregunta interesante para los feminismos es esta: si defendemos el consentimiento, ¿cuál es el punto de apoyo para que podamos decir que estamos defendiendo algo que no es encubrir una cesión? Lo que diría el feminismo de la dominación es que todas las que defienden el consentimiento están validando la cesión de las mujeres en poder de los hombres. Hasta ese punto el debate es confrontado. Pero algunas queremos defender el consentimiento sin que se convierta en una manera de encubrir o de legitimar lo que más bien es una cesión ante el otro.

Francia viene de una tradición que no quiso legislar el sexo por considerar que era una intromisión ilegítima del Estado el imponer una edad de consentimiento sexual. Esto no solo lo defendieron Jacques Derrida o Foucault, lo defendió Simone de Beauvoir. Nosotras estamos en un momento en el que, en la sociedad española, donde debatimos del consentimiento de las mujeres, y Francia está en una situación de debate sobre el consentimiento de las mujeres menores de edad. Ojo, porque si lo transportamos podemos estar tratando a las mujeres mayores de edad en España como las menores de edad y eso es una de las cosas que yo quería decir en mi libro, que no puede ser así.

Ahora bien, como diálogo con el libro, Clotilde Leguil defiende la ambigüedad del consentimiento, defiende la oscuridad del consentimiento porque es una psicoanalista y porque sabe que, en realidad, aunque el derecho tenga que tratarnos como sujetos que saben lo que quieren, por ejemplo, cuando firmamos un consentimiento médico, ella sabe, como psicoanalista, que el sujeto es mucho más opaco para sí mismo de lo que la ley reconoce el Estado.

Entonces, a mí me parece valiente que como feministas podamos pensar el consentimiento desde ahí. Y me parece muy problemático que al decir que el consentimiento es complejo o ambiguo se considere que se rechaza. Ambas lo defendemos, pero con sus dificultades. Mi preocupación es más jurídica, y Clotilde Leguil lo piensa desde el psicoanálisis. A ella le da un poco igual que una cosa sea delito o no, y me parece muy importante que esta posición exista. Hay un sentido ético del consentimiento en el que el consentimiento sí que tiene que ver con el deseo. Un sujeto puede decir: “¿Por qué le valió con un frío sí y le dio igual mi deseo?”. Los feminismos se tienen que hacer esta pregunta porque creo que muchos de los malestares del sexo tienen que ver con esto. Ahora bien, lo que creo es que eso no se resuelve en un tribunal y eso no va a poder ser resuelto por la ley penal.

P. En el libro mencionas a El Xocas, el ‘influencer’ que explicó en su canal su “técnica” para ligar, que consistía en tratar de tener relaciones con mujeres “colocadas”. Los comentarios en su canal de Twitch desataron una serie de análisis sobre si esto era delictivo. ¿Dirías que El Xocas es un imbécil y no un delincuente?


Lo que vengo a decir es que, si creemos que todo tipo machista es un delincuente, al final nos va a pasar que si no es un delincuente no es un machista. Y no: es que puede seguir siendo machista y una persona deleznable y una persona que debe ser criticada y ante la que tenemos que tener herramientas las mujeres para identificar lo que no es aceptable, pero no porque me lo valide un tribunal. Si se solapa en el terreno ético y el terreno jurídico, no nos volvemos una sociedad más despierta y más abierta a pensar el patriarcado sino una sociedad más sorda a ciertas cosas.

Una de las cosas que hace la película ‘How to have sex’ es mostrar cómo una de las relaciones sexuales que ocurre, ocurre con ella diciendo que sí, lo que no resuelve que el tipo sea un imbécil y que allí haya pasado algo que no debería haber pasado. Hay formas de tratar mal al otro que pasan por utilizarlo y por desoír su deseo, y esa es una conversación sobre el sexo que tenemos que tener. Lo que me preocupa es que una conversación donde todo está emburruñado nos ha hecho pensar que una herramienta de una ley penal nos va a solucionar estos problemas. Eso no solo no es así, sino que está impidiendo que se abra una conversación que tenemos pendiente y que tiene que ver con la ética de la sexualidad, con el machismo y con la utilización del otro. En una ética feminista de la sexualidad, el deseo del otro es importante, y una gran parte de las maneras de utilizar y tratar mal a la otra persona es pedirle su frío sí y en realidad utilizar a la otra persona de una manera en la que eso genera un daño… pero es que esta es otra conversación diferente a la que hemos tenido en España.