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miércoles, 13 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lesbianismo #mujeres #historia | Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo: pioneras del feminismo... y de lo 'queer'

Imagen: El Mundo / Victoria Kent, Victoria Ocampo y Gabriela Mistral
Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo: pioneras del feminismo... y de lo 'queer'.
Ni la Guerra Civil, ni los nazis ni el franquismo pudieron con la amistad entre Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo, que se escribieron durante cinco décadas. Ahora se publican sus cartas.
Leticia Blanco | El Mundo, 2019-11-13
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/11/13/5dc55b8d21efa0b07a8b459b.html

[Otro título: Relaciones lésbicas, guerras y un hijo oculto: las cartas entre Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo]

Victoria Ocampo, Gabriela Mistral y Victoria Kent fueron confidentes y se cartearon incluso antes de conocerse en persona, movidas por la admiración mutua. Las misivas se reúnen en ‘Preciadas cartas (1932-1979)’ (Renacimiento), en un volumen editado por Elizabeth Horan, Carmen de Urioste Azcorra y Cynthia M. Tompkins que se lee como la amistad de cinco décadas entre tres mujeres excepcionales y un ejemplo de que lo personal y lo político son inseparables.

¿Qué tenían en común Kent, Ocampo y Mistral? No compartían orígenes, educación, estatus económico, ni siquiera ocupación, aunque las tres escribían. Eran decididamente feministas, de izquierdas, las tres tuvieron apasionadas vidas íntimas que no se ajustaban al canon de la época y cuando se conocieron ya habían decidido rechazar el rol de obediente esposa-madre que la sociedad les deparaba. Las tres se preocuparon por el bienestar de los huérfanos de la Guerra Civil y los refugiados en el exilio. Todas tuvieron contacto en algún momento con la directora de la Residencia de Señoritas María de Maeztu (todo un carácter por lo que se desprende de las cartas), quien orquestó el encuentro entre Ocampo y Mistral.

Mistral, a la que el Nobel de Literatura pilló por sorpresa en Brasil, es la más literaria de las tres. «Me lava mucho el alma costruda volver a la poesía. No es verdad que una la haga, ella es quien manipula al pobre poeta», escribe. Kent y Ocampo son más directas en sus misivas, puede que porque se sentían más cómodas en el papel de editoras. La española escribió ‘Cuatro años en París’, una novela inspirada en la etapa que vivió bajo una identidad falsa durante la ocupación nazi para no ser detectada por la Gestapo, pero la obra donde más años y esfuerzo invirtió fue ‘Ibérica’, la revista antifranquista editada en Nueva York que se publicó entre 1953 y 1974 y que sufragaba su pareja, la filántropa Louise Crane (ex, por cierto, de Elizabeth Bishop). Ocampo también volcó su tiempo y dinero en ‘Sur’, una revista (y editorial, allí se publicó la novela de Kent) en la que escribió toda la intelectualidad de la época, de Borges a Bioy Casares pasando por Ortega y Gasset, García Márquez, Lorca y Neruda.

De las tres, la que quizá resulte más familiar para el lector español es Victoria Kent. Heredera de Concepción Arenal en su preocupación por el pésimo estado de las cárceles españolas y tristemente recordada por negarse al sufragio femenino (pensaba que las españolas no estaban suficientemente educadas para votar en 1931), fue la primera abogada española y diputada por el Partido Republicano. En el exilio coincidió con Mistral en México y desde los 50 vivió en un entorno sofisticado en Nueva York.

La vida de Mistral es la más atribulada de las tres, que ya es decir, y eso se refleja en las cartas, a las que dedicaba varias horas al día. Está el desliz diplomático que la apartó fulminantemente del consulado madrileño, el hijo al que tardó años en reconocer (al que apoda cariñosamente Yin Yin en las cartas y que acabaría suicidándose por acoso escolar en Petrópolis), su infatigable nomadismo entre Europa y América Latina y su relación con Doris Dana, de familia aristocrática neoyorquina, igual que Louise Crane.

A las poderosas Crane, madre e hija (la madre fue cofundadora del MoMA), Ocampo las había conocido mucho antes, en los 30. Así le comenta Mistral a Ocampo el noviazgo entre Kent y la rica heredera: «Por ahí nuestra Vict. Kent se ha hallado una joya de niña que la aloja y la alimenta con una nobleza grande, porque ella seguramente ya ha gastado sus ahorros». Los contactos de las Crane sirvieron para que, años después, Ocampo fuera liberada tras ser encarcelada por el peronismo.

La correspondencia está marcada por las guerras, la política y el exilio. Ocampo y Mistral sabían que durante la ocupación Kent estaba escondida de los nazis y la correspondencia se interrumpe esos años. Del mismo modo, Mistral se abstuvo de contactar con Kent el primer año de Guerra Civil porque sabía que su correo estaba bajo vigilancia. Durante los cuatro años que los submarinos alemanes patrullaron el Atlántico, la correspondencia se paralizó. Más anécdotas de película de espías: Ocampo recogió el manuscrito de ‘Cuatro días en París’ de Kent en Nueva York antes de zarpar hacia Europa y es muy probable que lo llevara consigo cuando asistió a los juicios de Nüremberg. Las cartas eran muy importantes: Kent las empacó las tres veces que se mudó.

Más allá de lo político, lo íntimo se cuela en las cartas. Los achaques de salud de Mistral (una diabetes que le causó semiceguera, problemas de riñones y recurrentes gripes) son una constante. La chilena es la menos formal y más espontánea: lo mismo comparte con Kent un sueño que ha tenido con Manuel Azaña que los violentos anónimos que recibió durante un tiempo, que la dejaron tocada.

‘Preciadas cartas’ también es, tal y como apunta el prólogo, un documento importante en la historia LGTB «para entender la manera en que el género y las identidades sociales se entretejieron» durante la Guerra Civil y el franquismo. Tanto Mistral como Kent construyeron ámbitos que hoy llamaríamos queer en el Madrid de la Segunda República y el Nueva York de los 50, 60 y 70. El ansia de libertad se respira en las cartas, como cuando Mistral le escribe a Ocampo: «Escribe lo tuyo; suéltate, no pulas demasiado, atrévete a ser criolla. Olvida la cultura, que es una mala palabra. Tírala y escribe con olvido de lo que sabes y que es extraño en tu sangre». Físicamente coincidieron pocas veces. La última, cuando a Mistral le diagnosticaron cáncer de páncreas. La última frase que Mistral le dijo a Kent fue: «¿Qué hay de aquel país? La miseria es grande». La última música que quiso oír fue la canción ‘Sefardita española’.

sábado, 2 de julio de 2016

#hemeroteca #testimonios | Victoria Kent y Louise Crane, el amor que desafió al franquismo

Imagen: El Español / Elizabeth Bishop, Victoria Kent y Louise Crane
Victoria Kent y Louise Crane, el amor que desafió al franquismo.
Su labor en el Nueva York de la Guerra Fría reforzó las posiciones que pedían el fin de la dictadura.
Miguel A. Delgado | El Español, 2016-07-02
http://www.elespanol.com/cultura/historia/20160701/136736897_0.html

En mayo de 1931, la noticia de que el Gobierno de la recién proclamada República nombraba a una mujer directora general de Prisiones, algo inédito en el mundo, corrió como la pólvora entre las élites internacionales, y el nombre de Victoria Kent se convirtió en uno de los símbolos de la nueva España que estaba naciendo. Uno de los lugares donde más resonancia tuvo fue entre la intelectualidad estadounidense, que en gran número se agrupaba en torno a Josephine Crane, una de las siete fundadoras del MoMA, y su hija Louise.

Como relata Carmen de la Guardia en ‘Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York’ (Sílex), había algo inevitable en que, cuando los caminos de Louise y Victoria se cruzaran, acabaran estableciendo una relación íntima que se prolongó durante casi cuarenta años y tuvo una influencia decisiva en el exilio español.

Para cuando Victoria Kent llegó definitivamente a Nueva York en los años cincuenta, tras permanecer escondida en París para no ser capturada por la Gestapo que la buscaba por orden del Gobierno franquista, y tras pasar por México, Louise ya desarrollaba una intensa labor cultural y política: manager musical de artistas como Billie Holiday, era amiga y mecenas de poetas como Elizabeth Bishop (de quien fue además pareja sentimental) o Marianne Moore. También se hallaba volcada en un profundo compromiso político que llevó a las Crane, poseedoras de una gran fortuna, a colaborar con la CIA en promover acciones culturales con artistas e intelectuales iberoamericanos para contrarrestar la fascinación que el comunismo despertaba entre muchos de ellos. Además, favorecieron, desde sus puestos clave en instituciones como el MoMA, la promoción del expresionismo abstracto norteamericano como forma de ganar la Guerra Fría cultural.

Victoria Kent pudo conocer a Louise Crane a principios de la década de los cincuenta, cuando comenzó a trabajar como asesora en las Naciones Unidas y donde, al poco tiempo, fue nombrada representante del Gobierno de la República en Nueva York, puestos que acabó abandonando para disponer de mayor independencia política. Daba clases de español a la norteamericana, y ésta la ayudaba con el inglés. Rápidamente se convirtieron en inseparables y la confluencia de sus intereses hizo que Victoria se volcase inmediatamente en la causa del partido republicano al que tanto apoyaban las Crane, que colaboraron intensamente en la elección de Eisenhower como presidente en 1952.

Con los medios y la proyección de Louise en todos los ámbitos de poder norteamericanos, así como la ascendencia, aunque no exenta de cierta polémica, que la Kent tenía entre los expatriados españoles, fue inevitable que acabaran embarcándose en uno de los mayores proyectos intelectuales del exilio. La edición de la revista ‘Ibérica por la Libertad’, entre 1954 y 1974, pretendió dar voz al exilio moderado y mantener viva la exigencia del fin de la dictadura en España en un momento en el que la Administración estadounidense establecía lazos con el régimen franquista en su estrategia de contención del influjo soviético en Europa.

Durante todos esos años, además, se estableció una red intensa de colaboración entre mujeres cosmopolitas que, en muchos casos, fue más allá de lo meramente afectivo para ayudar en los problemas del día a día. La correspondencia entre Victoria y Louise con nombres como Victoria y Angélica Ocampo, Gabriela Mistral, Carmen Conde, Rosa Chacel, Julia de Meabe, Marianne Moore, Elizabeth Bishop, Mary McCarthy, Sylvia Marlowe, Mary Maigs, Margaret Miller, Nancy Macdonald, Sofía Novoa, Concha de Albornoz, Pilar de Madariaga y tantas otras, refleja un denso mapa de influencia intelectual que rebasó fronteras y que, en demasiadas ocasiones, ha sido obviado en la historia oficial del exilio. Si en general sigue siendo una asignatura pendiente recuperar la obra de cuarenta años de los que se tuvieron que ir, eso es aún más evidente en el caso del exilio femenino.

Con la llegada de la democracia, Victoria Kent visitó España junto a Louise Crane. Pero su decepción ante la Transición, que había optado por restaurar la monarquía a la que atribuía gran parte de los males de España, y su percepción de que nadie contaba con ella para la labor pendiente, hizo que convirtiera su residencia provisional en Manhattan en definitiva. En 1972, a la muerte de la madre de Louise, se trasladó a vivir con ella a su lujosa casa en la Quinta Avenida, que había acogido a gran parte de la intelectualidad neoyorquina y del exilio español en su paso por Nueva York. Allí compartieron sus últimos años, hasta la muerte de Victoria en 1988 y de Louise en 1997, cerrando más de tres décadas de una intensa relación afectiva e intelectual que tuvo en la casa de los Crane en Redding (Connecticut), una preciosa construcción del siglo XVIII donde Victoria disponía de estudio propio, uno de sus escenarios principales.

martes, 22 de marzo de 2016

#hemeroteca #libros #testimonios | Kent y Louise, una pareja de mujeres en Nueva York

Imagen: 20 Minutos / Louise Crane y Victoria kent, 1952
Kent y Louise, una pareja de mujeres en Nueva York.
Violeta Assiego | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2016-03-22
http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2016/03/22/victoria-kent-y-louise-crane-una-pareja-de-mujeres-en-nueva-york/

Es curioso como hasta ahora se ha venido contando la historia de Victoria Kent y Louis Crane. La primera, una de las más prestigiosas juristas españolas y la segunda, una prominente filántropa neoyorquina que fue un apoyo imprescindible para muchos intelectuales tras la Segunda Guerra Mundial. Si ustedes teclean sus nombres en cualquier buscador encontrarán multitud de información sobre su vida y obra (más de Kent que de Crane), pero prácticamente ninguna sobre su relación. Hasta ahora.

Carmen de la Guardia acaba de publicar 'Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York. Un exilio compartido' (Editorial Sílex). Uno de esos libros que cuenta, a base de mucha investigación, una etapa clave en la vida de estas dos mujeres sin necesidad de ocultarlas en el armario ni recrearse en una relación que duró 37 años.

Da que pensar que, incluso ahora, haya quienes todavía hagan referencia a Victoria Kent sin hablar de su orientación sexual, si bien es cierto que ella prefirió no mostrarla en el ámbito público. Sin embargo, todavía a fecha de hoy, admitir su homosexualidad, parece que afecta a su credibilidad y al valor de su legado en la historia de España. Exactamente igual que les pasa a muchas grandes mujeres en pleno siglo XXI prefieren salvaguardar su orientación sexual para salvaguardar su prestigio y logros profesionales. ¿Por qué? Los clicks de homofobia, inconscientes o no tanto, siguen saltando cuando nos enteramos de que una gran mujer es lesbiana (o bisexual) para desmerecerla.

Lesbiana o no, Victoria Kent fue la primera mujer de la historia de España en:
  • ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid (1925), en plena dictadura de Primo de Rivera,
  • ejercer como abogada defensora ante un tribunal militar (1931) al hacerse cargo de la representación legal de los acusados en el consejo de guerra contra los dirigentes de la revuelta de Jaca, y
  • ocupar un cargo político al asumir la Dirección General de Prisiones (1931). Cargo que ocupó durante tres años y cuyo objetivo principal fue dignificar y humanizar las prisiones así como priorizar la inserción por encima del castigo.
Lesbiana o no, protagonizó uno de los debates más intensos del Congreso de los Diputados con Clara Campoamor por su rechazo al sufragio femenino al sostener que si las mujeres tenían posibilidad de votar, lo harían a favor de aquella opción que les dijera la Iglesia o sus maridos. Y lesbiana o no, ya en el exilio, adquirió un fuerte compromiso con los refugiados, especialmente los niños de la guerra. Fue una gran mujer.

París y México fueron sus destinos antes de recalar en Nueva York a petición de las Naciones Unidas, que valoró su trayectoria profesional en el ámbito de prisiones para ficharla en su Sección de Defensa Social. Y fue en esta etapa donde aparece Louis Crane, la mujer con la que compartiría vida, proyectos e ideales hasta que Kent murió a los 90 años (1987).

Esta es la gran aportación del libro de Carmen de la Guardia, dar a conocer el legado de ambas a partir de su relación como la red de apoyo y cobertura a los exiliados, especialmente a las ‘mujeres modernas’ que huyeron de España y de Europa. Ambas fundaron la ‘Revista Iberia por la Libertad’, editada en inglés y castellano, un importante medio de información desde el exilio.

‘Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York. Un exilio compartido’ es un alegato al compromiso político que dos mujeres, que se amaban, adquirieron con la Libertad. Hay personas que en la calle son mucho más que dos y el que la Historia no lo reconozca porque su orientación no es la heterosexual es añadir sombras a figuras que están llenas de luz además de restarle rigor a tan respetada profesión.

Por eso es importante desde donde narra Carmen de la Guardia la historia de Kent y Louis, posiblemente de sus entresijos nos quede mucho por saber. Mientras se van atando cabos, yo sigo dándole vueltas a como todavía, a fecha de hoy, muchas mujeres importantes tienen que preservar públicamente sus historias de compromiso social y de amor. Tienen que desenfocarse suavemente para poder conservar un respeto cuya orientación sexual no debería cuestionar.

miércoles, 17 de febrero de 2016

#libros #testimonios | Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York : un exilio compartido

Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York : un exilio compartido / Carmen de la Guardia Herrero.
Madrid : Sílex, 2016 [02-17]
328 p.
Colección: Cuentahilos.
ISBN 9788477376187

/ ES / BIO
/ Exilio / Historia – Siglo XX / Lesbianismo / Louise Crane / Mujeres - Historia / Parejas / Relaciones amorosas / Testimonios / Victoria Kent

En este libro Carmen de la Guardia analiza, a través de las vidas de dos de las mujeres más interesantes de la generación que comenzó su edad adulta en los años veinte y treinta del siglo XX, Victoria Kent y Louise Crane, el poder de una red de amigas y los enormes logros conseguidos gracias al apoyo y cariño entre todas ellas. Además, se asoma a la vida de estas dos emblemáticas mujeres en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo; el Nueva York donde creció Louise Crane y al que se exilió Victoria Kent terminada la Guerra Civil, después de refugiarse en Francia y México. En la década de los cincuenta, Victoria y Louise iniciaron su relación afectiva, mientras el franquismo condenaba al olvido la trayectoria de todas “las modernas” españolas; años en los que las niñas que crecían y estudiaban en España fueron educadas con ejemplos equivocados, que debían conducirlas a los espacios de sometimiento y silencio deseados por la dictadura.

Carmen de la Guardia es Profesora titular del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid y Profesora de los estudios de Postgrado del programa de Middlebury College en Madrid y del Máster en “Filosofía de la Historia: Democracia y orden Mundial” de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido Vicerrectora de Estudios de Grado de la Universidad Autónoma de Madrid y Vicedecana de Investigación, Cultura y Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad.