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miércoles, 13 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lesbianismo #mujeres #historia | Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo: pioneras del feminismo... y de lo 'queer'

Imagen: El Mundo / Victoria Kent, Victoria Ocampo y Gabriela Mistral
Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo: pioneras del feminismo... y de lo 'queer'.
Ni la Guerra Civil, ni los nazis ni el franquismo pudieron con la amistad entre Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo, que se escribieron durante cinco décadas. Ahora se publican sus cartas.
Leticia Blanco | El Mundo, 2019-11-13
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/11/13/5dc55b8d21efa0b07a8b459b.html

[Otro título: Relaciones lésbicas, guerras y un hijo oculto: las cartas entre Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo]

Victoria Ocampo, Gabriela Mistral y Victoria Kent fueron confidentes y se cartearon incluso antes de conocerse en persona, movidas por la admiración mutua. Las misivas se reúnen en ‘Preciadas cartas (1932-1979)’ (Renacimiento), en un volumen editado por Elizabeth Horan, Carmen de Urioste Azcorra y Cynthia M. Tompkins que se lee como la amistad de cinco décadas entre tres mujeres excepcionales y un ejemplo de que lo personal y lo político son inseparables.

¿Qué tenían en común Kent, Ocampo y Mistral? No compartían orígenes, educación, estatus económico, ni siquiera ocupación, aunque las tres escribían. Eran decididamente feministas, de izquierdas, las tres tuvieron apasionadas vidas íntimas que no se ajustaban al canon de la época y cuando se conocieron ya habían decidido rechazar el rol de obediente esposa-madre que la sociedad les deparaba. Las tres se preocuparon por el bienestar de los huérfanos de la Guerra Civil y los refugiados en el exilio. Todas tuvieron contacto en algún momento con la directora de la Residencia de Señoritas María de Maeztu (todo un carácter por lo que se desprende de las cartas), quien orquestó el encuentro entre Ocampo y Mistral.

Mistral, a la que el Nobel de Literatura pilló por sorpresa en Brasil, es la más literaria de las tres. «Me lava mucho el alma costruda volver a la poesía. No es verdad que una la haga, ella es quien manipula al pobre poeta», escribe. Kent y Ocampo son más directas en sus misivas, puede que porque se sentían más cómodas en el papel de editoras. La española escribió ‘Cuatro años en París’, una novela inspirada en la etapa que vivió bajo una identidad falsa durante la ocupación nazi para no ser detectada por la Gestapo, pero la obra donde más años y esfuerzo invirtió fue ‘Ibérica’, la revista antifranquista editada en Nueva York que se publicó entre 1953 y 1974 y que sufragaba su pareja, la filántropa Louise Crane (ex, por cierto, de Elizabeth Bishop). Ocampo también volcó su tiempo y dinero en ‘Sur’, una revista (y editorial, allí se publicó la novela de Kent) en la que escribió toda la intelectualidad de la época, de Borges a Bioy Casares pasando por Ortega y Gasset, García Márquez, Lorca y Neruda.

De las tres, la que quizá resulte más familiar para el lector español es Victoria Kent. Heredera de Concepción Arenal en su preocupación por el pésimo estado de las cárceles españolas y tristemente recordada por negarse al sufragio femenino (pensaba que las españolas no estaban suficientemente educadas para votar en 1931), fue la primera abogada española y diputada por el Partido Republicano. En el exilio coincidió con Mistral en México y desde los 50 vivió en un entorno sofisticado en Nueva York.

La vida de Mistral es la más atribulada de las tres, que ya es decir, y eso se refleja en las cartas, a las que dedicaba varias horas al día. Está el desliz diplomático que la apartó fulminantemente del consulado madrileño, el hijo al que tardó años en reconocer (al que apoda cariñosamente Yin Yin en las cartas y que acabaría suicidándose por acoso escolar en Petrópolis), su infatigable nomadismo entre Europa y América Latina y su relación con Doris Dana, de familia aristocrática neoyorquina, igual que Louise Crane.

A las poderosas Crane, madre e hija (la madre fue cofundadora del MoMA), Ocampo las había conocido mucho antes, en los 30. Así le comenta Mistral a Ocampo el noviazgo entre Kent y la rica heredera: «Por ahí nuestra Vict. Kent se ha hallado una joya de niña que la aloja y la alimenta con una nobleza grande, porque ella seguramente ya ha gastado sus ahorros». Los contactos de las Crane sirvieron para que, años después, Ocampo fuera liberada tras ser encarcelada por el peronismo.

La correspondencia está marcada por las guerras, la política y el exilio. Ocampo y Mistral sabían que durante la ocupación Kent estaba escondida de los nazis y la correspondencia se interrumpe esos años. Del mismo modo, Mistral se abstuvo de contactar con Kent el primer año de Guerra Civil porque sabía que su correo estaba bajo vigilancia. Durante los cuatro años que los submarinos alemanes patrullaron el Atlántico, la correspondencia se paralizó. Más anécdotas de película de espías: Ocampo recogió el manuscrito de ‘Cuatro días en París’ de Kent en Nueva York antes de zarpar hacia Europa y es muy probable que lo llevara consigo cuando asistió a los juicios de Nüremberg. Las cartas eran muy importantes: Kent las empacó las tres veces que se mudó.

Más allá de lo político, lo íntimo se cuela en las cartas. Los achaques de salud de Mistral (una diabetes que le causó semiceguera, problemas de riñones y recurrentes gripes) son una constante. La chilena es la menos formal y más espontánea: lo mismo comparte con Kent un sueño que ha tenido con Manuel Azaña que los violentos anónimos que recibió durante un tiempo, que la dejaron tocada.

‘Preciadas cartas’ también es, tal y como apunta el prólogo, un documento importante en la historia LGTB «para entender la manera en que el género y las identidades sociales se entretejieron» durante la Guerra Civil y el franquismo. Tanto Mistral como Kent construyeron ámbitos que hoy llamaríamos queer en el Madrid de la Segunda República y el Nueva York de los 50, 60 y 70. El ansia de libertad se respira en las cartas, como cuando Mistral le escribe a Ocampo: «Escribe lo tuyo; suéltate, no pulas demasiado, atrévete a ser criolla. Olvida la cultura, que es una mala palabra. Tírala y escribe con olvido de lo que sabes y que es extraño en tu sangre». Físicamente coincidieron pocas veces. La última, cuando a Mistral le diagnosticaron cáncer de páncreas. La última frase que Mistral le dijo a Kent fue: «¿Qué hay de aquel país? La miseria es grande». La última música que quiso oír fue la canción ‘Sefardita española’.

lunes, 11 de noviembre de 2019

#libros #lesbianismo #mujeres #historia | Preciadas cartas (1932-1979) : correspondencia entre Gabriela Mistral, Victoria Ocampo y Victoria Kent

Preciadas cartas (1932-1979) : correspondencia entre Gabriela Mistral, Victoria Ocampo y Victoria Kent / edición de Elizabeth Horan, Carmen de Urioste Azcorra y Cynthia Tompkins.
Sevilla : Renacimiento, 2019 [11-11].
668 p.
Colección: Biblioteca de la Memoria. Serie Menor ; 77.
ISBN 9788417950378 / 29,90 €

/ ES / Correspondencia
/ Exilio / Franquismo / Lesbianismo / Mujeres - Historia / Segunda República / Sexilio / Testimonios

La presente colección de cartas representa la amistad de tres mujeres excepcionales a lo largo de cinco décadas. Comienza poco después de los primeros encuentros de sus protagonistas en el Madrid de la Segunda República y termina en 1979 con la muerte de Ocampo. Las autoras del epistolario son Gabriela Mistral (1889-1957), Victoria Ocampo (1890-1979) y Victoria Kent (1882-1987). Proceden de tres distintos países, pero encarnan un mismo interés común en el desarrollo político y social de las sociedades que transitaron. La correspondencia supera las barreras del tiempo y del espacio debido a la distancia física sufrida como resultado de guerras, enfermedades, exilio y encarcelamiento. La relación de amistad transatlántica evidenciada a lo largo de las cartas abarca un amplio recorrido. Un libro imprescindible para establecer la historia LGBTQ y revelar cómo el género y las identidades sociales se entretejieron en las redes humanitarias durante la Guerra Civil española y el posterior franquismo.

Gabriela Mistral. Se consideró «mestiza de vasco». Maestra desde los 14 años en escuelas rurales de Chile. Colaboró en la reforma educacional de México. Poeta, periodista y diplomática, fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1945. Sus escritos incluyen todo el mundo hispanoparlante y sus seductivas cartas revelan la astucia política y la eficaz conciencia moral detrás de las maniobras para salvar vidas y proteger niños.

Victoria Ocampo. Gran mecenas argentina, es reconocida por la fundación de la revista y la editorial Sur y los textos autobiográficos publicados en Testimonios y Autobiografías. Su correspondencia permite entrever la relación con los intelectuales y el funcionamiento de Sur. Estas cartas constituyen un cambio de paradigma al iluminar su intimidad con Mistral y Kent y sus intervenciones políticas.

Victoria Kent. Fue una distinguida abogada y política durante la II República. Ocupó el cargo de Directora General de Prisiones y trabajó activamente en favor de los presos republicanos durante la Guerra Civil. En el exilio fue editora de Ibérica, revista para los republicanos exiliados. Su correspondencia con Mistral y Ocampo muestra su preocupación por los derechos humanos.

sábado, 2 de julio de 2016

#hemeroteca #testimonios | Victoria Kent y Louise Crane, el amor que desafió al franquismo

Imagen: El Español / Elizabeth Bishop, Victoria Kent y Louise Crane
Victoria Kent y Louise Crane, el amor que desafió al franquismo.
Su labor en el Nueva York de la Guerra Fría reforzó las posiciones que pedían el fin de la dictadura.
Miguel A. Delgado | El Español, 2016-07-02
http://www.elespanol.com/cultura/historia/20160701/136736897_0.html

En mayo de 1931, la noticia de que el Gobierno de la recién proclamada República nombraba a una mujer directora general de Prisiones, algo inédito en el mundo, corrió como la pólvora entre las élites internacionales, y el nombre de Victoria Kent se convirtió en uno de los símbolos de la nueva España que estaba naciendo. Uno de los lugares donde más resonancia tuvo fue entre la intelectualidad estadounidense, que en gran número se agrupaba en torno a Josephine Crane, una de las siete fundadoras del MoMA, y su hija Louise.

Como relata Carmen de la Guardia en ‘Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York’ (Sílex), había algo inevitable en que, cuando los caminos de Louise y Victoria se cruzaran, acabaran estableciendo una relación íntima que se prolongó durante casi cuarenta años y tuvo una influencia decisiva en el exilio español.

Para cuando Victoria Kent llegó definitivamente a Nueva York en los años cincuenta, tras permanecer escondida en París para no ser capturada por la Gestapo que la buscaba por orden del Gobierno franquista, y tras pasar por México, Louise ya desarrollaba una intensa labor cultural y política: manager musical de artistas como Billie Holiday, era amiga y mecenas de poetas como Elizabeth Bishop (de quien fue además pareja sentimental) o Marianne Moore. También se hallaba volcada en un profundo compromiso político que llevó a las Crane, poseedoras de una gran fortuna, a colaborar con la CIA en promover acciones culturales con artistas e intelectuales iberoamericanos para contrarrestar la fascinación que el comunismo despertaba entre muchos de ellos. Además, favorecieron, desde sus puestos clave en instituciones como el MoMA, la promoción del expresionismo abstracto norteamericano como forma de ganar la Guerra Fría cultural.

Victoria Kent pudo conocer a Louise Crane a principios de la década de los cincuenta, cuando comenzó a trabajar como asesora en las Naciones Unidas y donde, al poco tiempo, fue nombrada representante del Gobierno de la República en Nueva York, puestos que acabó abandonando para disponer de mayor independencia política. Daba clases de español a la norteamericana, y ésta la ayudaba con el inglés. Rápidamente se convirtieron en inseparables y la confluencia de sus intereses hizo que Victoria se volcase inmediatamente en la causa del partido republicano al que tanto apoyaban las Crane, que colaboraron intensamente en la elección de Eisenhower como presidente en 1952.

Con los medios y la proyección de Louise en todos los ámbitos de poder norteamericanos, así como la ascendencia, aunque no exenta de cierta polémica, que la Kent tenía entre los expatriados españoles, fue inevitable que acabaran embarcándose en uno de los mayores proyectos intelectuales del exilio. La edición de la revista ‘Ibérica por la Libertad’, entre 1954 y 1974, pretendió dar voz al exilio moderado y mantener viva la exigencia del fin de la dictadura en España en un momento en el que la Administración estadounidense establecía lazos con el régimen franquista en su estrategia de contención del influjo soviético en Europa.

Durante todos esos años, además, se estableció una red intensa de colaboración entre mujeres cosmopolitas que, en muchos casos, fue más allá de lo meramente afectivo para ayudar en los problemas del día a día. La correspondencia entre Victoria y Louise con nombres como Victoria y Angélica Ocampo, Gabriela Mistral, Carmen Conde, Rosa Chacel, Julia de Meabe, Marianne Moore, Elizabeth Bishop, Mary McCarthy, Sylvia Marlowe, Mary Maigs, Margaret Miller, Nancy Macdonald, Sofía Novoa, Concha de Albornoz, Pilar de Madariaga y tantas otras, refleja un denso mapa de influencia intelectual que rebasó fronteras y que, en demasiadas ocasiones, ha sido obviado en la historia oficial del exilio. Si en general sigue siendo una asignatura pendiente recuperar la obra de cuarenta años de los que se tuvieron que ir, eso es aún más evidente en el caso del exilio femenino.

Con la llegada de la democracia, Victoria Kent visitó España junto a Louise Crane. Pero su decepción ante la Transición, que había optado por restaurar la monarquía a la que atribuía gran parte de los males de España, y su percepción de que nadie contaba con ella para la labor pendiente, hizo que convirtiera su residencia provisional en Manhattan en definitiva. En 1972, a la muerte de la madre de Louise, se trasladó a vivir con ella a su lujosa casa en la Quinta Avenida, que había acogido a gran parte de la intelectualidad neoyorquina y del exilio español en su paso por Nueva York. Allí compartieron sus últimos años, hasta la muerte de Victoria en 1988 y de Louise en 1997, cerrando más de tres décadas de una intensa relación afectiva e intelectual que tuvo en la casa de los Crane en Redding (Connecticut), una preciosa construcción del siglo XVIII donde Victoria disponía de estudio propio, uno de sus escenarios principales.

martes, 22 de marzo de 2016

#hemeroteca #libros #testimonios | Kent y Louise, una pareja de mujeres en Nueva York

Imagen: 20 Minutos / Louise Crane y Victoria kent, 1952
Kent y Louise, una pareja de mujeres en Nueva York.
Violeta Assiego | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2016-03-22
http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2016/03/22/victoria-kent-y-louise-crane-una-pareja-de-mujeres-en-nueva-york/

Es curioso como hasta ahora se ha venido contando la historia de Victoria Kent y Louis Crane. La primera, una de las más prestigiosas juristas españolas y la segunda, una prominente filántropa neoyorquina que fue un apoyo imprescindible para muchos intelectuales tras la Segunda Guerra Mundial. Si ustedes teclean sus nombres en cualquier buscador encontrarán multitud de información sobre su vida y obra (más de Kent que de Crane), pero prácticamente ninguna sobre su relación. Hasta ahora.

Carmen de la Guardia acaba de publicar 'Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York. Un exilio compartido' (Editorial Sílex). Uno de esos libros que cuenta, a base de mucha investigación, una etapa clave en la vida de estas dos mujeres sin necesidad de ocultarlas en el armario ni recrearse en una relación que duró 37 años.

Da que pensar que, incluso ahora, haya quienes todavía hagan referencia a Victoria Kent sin hablar de su orientación sexual, si bien es cierto que ella prefirió no mostrarla en el ámbito público. Sin embargo, todavía a fecha de hoy, admitir su homosexualidad, parece que afecta a su credibilidad y al valor de su legado en la historia de España. Exactamente igual que les pasa a muchas grandes mujeres en pleno siglo XXI prefieren salvaguardar su orientación sexual para salvaguardar su prestigio y logros profesionales. ¿Por qué? Los clicks de homofobia, inconscientes o no tanto, siguen saltando cuando nos enteramos de que una gran mujer es lesbiana (o bisexual) para desmerecerla.

Lesbiana o no, Victoria Kent fue la primera mujer de la historia de España en:
  • ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid (1925), en plena dictadura de Primo de Rivera,
  • ejercer como abogada defensora ante un tribunal militar (1931) al hacerse cargo de la representación legal de los acusados en el consejo de guerra contra los dirigentes de la revuelta de Jaca, y
  • ocupar un cargo político al asumir la Dirección General de Prisiones (1931). Cargo que ocupó durante tres años y cuyo objetivo principal fue dignificar y humanizar las prisiones así como priorizar la inserción por encima del castigo.
Lesbiana o no, protagonizó uno de los debates más intensos del Congreso de los Diputados con Clara Campoamor por su rechazo al sufragio femenino al sostener que si las mujeres tenían posibilidad de votar, lo harían a favor de aquella opción que les dijera la Iglesia o sus maridos. Y lesbiana o no, ya en el exilio, adquirió un fuerte compromiso con los refugiados, especialmente los niños de la guerra. Fue una gran mujer.

París y México fueron sus destinos antes de recalar en Nueva York a petición de las Naciones Unidas, que valoró su trayectoria profesional en el ámbito de prisiones para ficharla en su Sección de Defensa Social. Y fue en esta etapa donde aparece Louis Crane, la mujer con la que compartiría vida, proyectos e ideales hasta que Kent murió a los 90 años (1987).

Esta es la gran aportación del libro de Carmen de la Guardia, dar a conocer el legado de ambas a partir de su relación como la red de apoyo y cobertura a los exiliados, especialmente a las ‘mujeres modernas’ que huyeron de España y de Europa. Ambas fundaron la ‘Revista Iberia por la Libertad’, editada en inglés y castellano, un importante medio de información desde el exilio.

‘Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York. Un exilio compartido’ es un alegato al compromiso político que dos mujeres, que se amaban, adquirieron con la Libertad. Hay personas que en la calle son mucho más que dos y el que la Historia no lo reconozca porque su orientación no es la heterosexual es añadir sombras a figuras que están llenas de luz además de restarle rigor a tan respetada profesión.

Por eso es importante desde donde narra Carmen de la Guardia la historia de Kent y Louis, posiblemente de sus entresijos nos quede mucho por saber. Mientras se van atando cabos, yo sigo dándole vueltas a como todavía, a fecha de hoy, muchas mujeres importantes tienen que preservar públicamente sus historias de compromiso social y de amor. Tienen que desenfocarse suavemente para poder conservar un respeto cuya orientación sexual no debería cuestionar.

miércoles, 17 de febrero de 2016

#libros #testimonios | Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York : un exilio compartido

Victoria Kent y Louise Crane en Nueva York : un exilio compartido / Carmen de la Guardia Herrero.
Madrid : Sílex, 2016 [02-17]
328 p.
Colección: Cuentahilos.
ISBN 9788477376187

/ ES / BIO
/ Exilio / Historia – Siglo XX / Lesbianismo / Louise Crane / Mujeres - Historia / Parejas / Relaciones amorosas / Testimonios / Victoria Kent

En este libro Carmen de la Guardia analiza, a través de las vidas de dos de las mujeres más interesantes de la generación que comenzó su edad adulta en los años veinte y treinta del siglo XX, Victoria Kent y Louise Crane, el poder de una red de amigas y los enormes logros conseguidos gracias al apoyo y cariño entre todas ellas. Además, se asoma a la vida de estas dos emblemáticas mujeres en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo; el Nueva York donde creció Louise Crane y al que se exilió Victoria Kent terminada la Guerra Civil, después de refugiarse en Francia y México. En la década de los cincuenta, Victoria y Louise iniciaron su relación afectiva, mientras el franquismo condenaba al olvido la trayectoria de todas “las modernas” españolas; años en los que las niñas que crecían y estudiaban en España fueron educadas con ejemplos equivocados, que debían conducirlas a los espacios de sometimiento y silencio deseados por la dictadura.

Carmen de la Guardia es Profesora titular del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid y Profesora de los estudios de Postgrado del programa de Middlebury College en Madrid y del Máster en “Filosofía de la Historia: Democracia y orden Mundial” de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido Vicerrectora de Estudios de Grado de la Universidad Autónoma de Madrid y Vicedecana de Investigación, Cultura y Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad.

domingo, 8 de marzo de 2015

#hemeroteca #mujeres #politica | Las tres primeras diputadas de la historia de España

Las tres primeras diputadas de la historia de España
Victoria Kent, Margarita Nelken y Clara Campoamor entraron en el Parlamento en 1931, cuando las mujeres aún no podían votar pero sí ser elegidas
Sara Medialdea | ABC, 2015-03-08
http://www.abc.es/espana/20150308/abci-dia-internacional-de-La-Mujer-201503072004.html

Las tres primeras mujeres que fueron elegidas diputadas en España fueron Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. Curiosamente, resultaron electas en 1931, en los primeros comicios generales de la II República, en un momento en que al colectivo femenino sin embargo no le estaba permitido votar. En la actual legislatura, las mujeres diputadas son 149 un 42,5 por ciento del total de miembros del Parlamento- y las senadoras 89 -el 33,5 por ciento de la Cámara Alta-.

Clara Campoamor, nacida en 1888 en Madrid, fue elegida por el Partido Radical. Formó parte de la comisión encargada de elaborar el proyecto de Constitución de la nueva República, y allí luchó por principios como la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio o el voto femenino.

Para esto último, paradójicamente, tuvo que enfrentarse a las otras dos diputadas mujeres, Victoria Kent y Margarita Nelken. Ambas coincidían en que las mujeres españolas estaban demasiado condicionadas por la iglesia: poco antes de votarse el sufragio femenino, fueron entregadas al Presidente de las Cortes un millón y medio de firmas de mujeres católicas pidiendo el cambio del proyecto de Constitución para que respetara los «derechos de la Iglesia».

La propia Victoria Kent explicaba así su postura en el debate sobre esta cuestión que se mantuvo en las Cortes el 1 de octubre de 1931: «Creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española. Lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal.(...) Lo pido porque no es que con ello merme en lo más mínimo la capacidad de la mujer; no, Sres. Diputados, no es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República». El artículo 35, que hizo posible que las mujeres votaran, se aprobó finalmente con 161 votos a favor y 121 en contra. Y se puso en práctica por primera vez en 1933. Ni Kent ni Campoamor consiguieron sin embargo renovar su escaño.

Kent, licenciada en Derecho en 1924 por la Universidad Central, se hizo famosa en 1930 por defender ante el Tribunal de guerra a Álvaro de Albornoz, mientro del Comité Revolucionario Republicano, detenido y procesado a raíz de la sublevación de Jaca. Fue la primera mujer en intervenir ante un consejo de Guerra en España, y consiguió la absolución de su defendido.

El presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora la nombró Directora General de Prisiones en mayo de 1931. Su mandato siguió la labor ya iniciada por Concepción Arenal, con la meta fijada en la rehabilitación de los presos. Ordenó mejorar la alimentación de los reclusos, estableció permisos por razones familiares, cerró penitenciarías por sus pésimas condiciones y ordenó construir la nueva cárcel de mujeres de Ventas, en Madrid.

Margarita Nelken, madrileña nacida en 1894, era una joven treintañera cuando ganó su escaño en las Cortes de la II República, por el Partido Socialista. Fue también elegida en las elecciones de 1933 y 1936, siendo la única mujer que consiguió las tres actas parlamentarias durante el tiempo que duró este régimen.

Durante la guerra civil, estuvo en los frentes de Extremadura y Toledo, se incorporó al PCE y pasó la última etapa de la guerra en Barcelona, siendo la única diputada que estuvo presente en la última reunión de las Cortes republicanas en suelo español, que tuvo como escenario los sótanos del castillo de Figueras, el 1 de febrero de 1939.

DOCUMENTACIÓN
Las «valientes» mujeres que fueron a votar en 1933

Hace hoy 80 años ellas votaron por primera vez en España, llegando algunos historiadores a asegurar que su participación fue clave en el triunfo de la derecha
Israel Viana | ABC, 2013-11-19
http://www.abc.es/archivo/20131119/abci-voto-mujeres-elecciones1933-201311191534.html

lunes, 16 de diciembre de 2013

#hemeroteca #sufragismo | La polémica historia del voto femenino

Imagen: Google Imágenes
La polémica historia del voto femenino
Víctor Arrogante | Diario Progresista, 2013-12-16

http://www.diarioprogresista.es/la-polemica-historia-del-voto-femenino-42885.htm

El 1 de octubre de 1931, las Cortes españolas aprobaron el sufragio femenino; no fue hasta las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933, cuando pudieron ejercerlo. Ocurrió lo que algunos habían vaticinado: la izquierda perdió las elecciones; las mujeres ganaron en derechos y la sociedad en dignidad. Hoy como ayer, algunos pretenden, de forma oportunista, utilizar los derechos de la mujer, como moneda de cambio, para beneficio de sus intereses políticos.

En 1948, Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en ella su artículo 21, que declara el derecho de toda persona a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente elegidos: «La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público» y esa voluntad se expresa en elecciones periódicas, por sufragio universal, libre igual y secreto. Por su parte la Convención sobre los derechos políticos de la mujer (1954) —Convention on the Political Rights of Women— dispuso (artículo 1): «Las mujeres tendrán derecho a votar en todas las elecciones en igualdad de condiciones con los hombres, sin discriminación alguna». La República española se había adelantado a su tiempo.

En las Cortes de 1931 —las mujeres tenían reconocido el derecho de sufragio pasivo— muchos temían que la mujer, tachada de «regresiva» y falta de espíritu crítico, pusiera en peligro a la joven República. Pese a todo, el 1 de octubre, hace ochenta y dos años, se consagró, por primera vez en la historia española, el derecho al voto femenino. En los debates parlamentarios, Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken —las únicas mujeres diputadas—, protagonizaron posturas contrapuestas. «No es cuestión de capacidad, es cuestión de oportunidad para la República», sostuvo Kent, representante del Partido Republicano Radical Socialista, propugnando aplazar el voto femenino. Campoamor, en contra de su propio partido, el Republicano Radical, apostó por el reconocimiento del derecho. Por su parte, Nelken, del Partido Socialista Obrero Español, se opuso al sufragio femenino, sosteniendo que la mujer estaba sometida a la voluntad e influencia clerical, y por tanto carecía de preparación para la acción política.

Para los contrarios al reconocimiento del voto femenino, no era el momento. Decía Victoria Kent en sus argumentos: «No es que con ello merme en lo más mínimo la capacidad de la mujer. No es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República. (...) Cuando la mujer española se dé cuenta de que sólo en la República están garantizados los derechos de ciudadanía de sus hijos, de que sólo la República ha traído a su hogar el pan que la monarquía no les había dejado, entonces, la mujer será la más ferviente, la más ardiente defensora de la República; pero, en estos momentos, es peligrosos conceder el voto a la mujer» (Julián Santos, La Constitución de 1931, 2009).

La respuesta de Clara Campoamor, defensora de la concesión inmediata del derecho al voto a las mujeres fue categórica: «Precisamente porque la República me importa tanto, entiendo que sería un gravísimo error político apartar a la mujer del derecho del voto. (...) He visto que a los actos públicos, acude una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. (…) La única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos, es caminar dentro de ella». (Julián Santos, Ibid)

La votación fue nominal y el resultado: 161 votos a favor y 121 en contra, con un 40% de abstención. El artículo 34 quedó aprobado y el derecho al voto femenino fue una realidad: «Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes». La mujer adquiría, por un escaso margen de diferencia, la condición de electora.

Pasado el tiempo, el ministro de Justicia Ruiz Gallardón, negando la evidencia histórica y con mala fe, en defensa torticera de sus planteamientos reaccionarios y machistas, defendiendo la reforma de la ley del aborto, echó en cara a los socialistas, que en la Segunda República «se opusieron a reconocer el voto a las mujeres». Como sería la cosa que su propio gobierno ha salido al paso, respondiendo a la pregunta parlamentaria socialista (Boletín Oficial de las Cortes Generales, 3 de diciembre), admitiendo que Gallardón mintió al decir que el PSOE votó en contra del sufragio femenino en 1931.

La respuesta del ejecutivo, se remite al estudio de Juan Carlos Monterde, Algunos aspectos sobre el voto femenino en la Segunda República, Anuario Facultad de Derecho 2010. Destaca el estudio que: En un ambiente tenso, se llegó a la votación definitiva del citado artículo 34. Fue aprobado, nominalmente, por 161 votos a favor y 121 en contra. Votaron a favor el Partido Socialista «con la destacada excepción de Indalecio Prieto y sus seguidores, quien lo consideró una puñalada para la República», pequeños núcleos republicanos —catalanes, federales, progresistas, galleguistas— y la derecha. En contra lo hicieron Acción Republicana, y los Partidos Radical y Radical-socialista, salvo excepciones. No votaron 188 diputados, de los 470 escaños que componían la Cámara.

Lo cierto es que la Constitución republicana aprobó el derecho de sufragio femenino, gracias a los votos del Partido Socialista —aunque no tuviera una postura unánime; de los 115 diputados, votaron a favor 83—. También lo es que la mayoría de los partidos republicanos, partidarios de aplazarlo, entendían que las mujeres votarían a la derecha, poniendo en peligro la República. Que partidos como Acción Republicana o el Partido Radical Socialista, se opusieron salvo excepciones, como la diputada Campoamor. Y es innegable que el franquismo eliminó todo derecho a todos, especialmente el derecho de sufragio a las mujeres, que no volvió ha recuperarse hasta 1976.

También es cierto que la derecha española, desde la transición, ha estado en contra del divorcio, en contra de las leyes del derecho a interrumpir voluntariamente el embarazo, de la ley de igualdad y del derecho mismo a la igualdad real y efectiva de las mujeres. La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), del PP, presidida por Aznar, pretende que la mujer retorne a ser una pieza secundaria en la sociedad. Las mujeres, dicen, está poniendo en peligro el estado de bienestar.

Mientras el mundo sigue en su trasiego, la derecha reaccionaria, contrarios al devenir de la historia en su avance en el reconocimiento de derechos políticos, laborales, civiles y sociales, quiere mantener a la mujer en casa y con la pata quebrada. Y yo celebro que aquel 1 de octubre de 1931, se reconociese el derecho de sufragio femenino. Las mujeres ganaron en derechos y la sociedad en dignidad.