Mostrando entradas con la etiqueta Globalización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Globalización. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de marzo de 2024

#libros #cultura #identidades | Ética de la apropiación cultural

Ética de la apropiación cultural / Jens Balzer ; traducción de Alberto Ciria.

Barcelona : Herder, 2024 [03-05]
80 p.
Serie: Salto de fondo.

/ ES / Libros / ENS / Apropiación cultural / Cultura / Ética / Filosofía / Globalización / Identidades

📘 Ed. impresa: ISBN 9788425450488 / 12.00 €
📝 Cita APA-7: Balzer, Jens (2024). Ética de la apropiación cultural. Herder.


¿Es decente imitar peinados originales de pueblos esclavizados para marcar estilo juvenil sofisticado en metrópolis capitalistas? ¿Que los niños se diviertan jugando a los indios no implica una burla de culturas históricamente expropiadas? ¿Está legitimado moralmente un varón europeo para traducir a una poeta afroamericana?

Hasta hace poco, ni siquiera habríamos entendido el sentido de esta clase de preguntas. Pero hoy, cuando la imparable globalización que todo lo homogeneiza ha suscitado como reacción la reivindicación de indigenismos agraviados, ningún debate cultural es más candente y delicado que el de la apropiación cultural. Por tal se entiende la asimilación y reinterpretación por parte de una cultura privilegiada de significantes propios de culturas discriminadas.

Pero la cultura misma es apropiación y reinterpretación, ya sea de la naturaleza o de otras culturas. En este pertinente ensayo, Jens Balzer plantea este complejo debate ilustrándolo con experiencias generacionales y con la historia contemporánea de la música ligera, que a cualquier lector le resultarán familiares. Si la cultura es esencialmente apropiación, la cuestión no es si la asimilación de motivos culturales foráneos es lícita o no, sino qué formas de apropiación cultural son admisibles por respetuosas y cuáles no por explotadoras.

viernes, 20 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #crisissociales | Un golpe tipo ‘Kill Bill’ al capitalismo

Imagen: ctxt / Fotograma de 'Kill Bill: Volumen 2'
Un golpe tipo ‘Kill Bill’ al capitalismo.
La epidemia de coronavirus es una especie de “técnica de los cinco puntos para explotar un corazón” dirigida al sistema capitalista global. Una señal de que no podemos seguir por el camino que estábamos recorriendo.
Slavoj Žižek | ctxt, 2020-03-20
https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31443/Slavoj-Zizek-coronavirus-virus-sistema-Orban-comunismo-liberalismo.htm

La actual propagación de la epidemia de coronavirus ha desencadenado a su vez vastas epidemias de virus ideológicos que yacían latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías conspiratorias paranoicas, explosiones de racismo, etc.

La necesidad de cuarentenas, bien fundamentada médicamente, ha encontrado un eco en la presión ideológica para establecer fronteras definidas y poner en cuarentena a enemigos que supongan una amenaza para nuestra identidad.
Pero quizá otro virus ideológico, mucho más beneficioso, se extenderá y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado nación, una sociedad que se actualice a sí misma en la forma de la solidaridad y la cooperación global.

Se suele oír hoy la especulación de que el coronavirus puede dar lugar a la caída del gobierno comunista chino, de la misma manera que (como el mismo Gorbachov admitió) la catástrofe de Chernóbil fue el evento que desencadenó el fin del comunismo soviético. Pero hay una paradoja en esto, el coronavirus también nos obliga a reinventar el comunismo basándonos en la confianza en la gente y la ciencia.

En la escena final de ‘Kill Bill: Volumen 2’, de Quentin Tarantino, Beatrix derrota al malvado Bill y le asesta la “técnica de los cinco puntos para explotar un corazón”, el golpe más mortífero de todas las artes marciales. El movimiento consiste en una combinación de cinco golpes con la punta de los dedos en cinco lugares distintos del cuerpo del enemigo. Cuando el herido retrocede y da cinco pasos, su corazón explota dentro de su cuerpo y este cae irremisiblemente muerto al suelo.

Este ataque es parte de la mitología de las artes marciales, y evidentemente imposible de realizar en el combate real cuerpo a cuerpo. Pero, en la película, después de que Beatrix lo ejecute, Bill hace las paces calmadamente con ella, da cinco pasos y muere...

Lo que hace que este ataque sea tan fascinante es el tiempo que pasa entre el momento del golpe y el momento de la muerte. Puedo mantener una conversación con normalidad mientras me quede tranquilamente sentado, pero en todo momento soy consciente de que en el instante en que empiece a caminar, mi corazón explotará y yo moriré.

¿No es parecida la idea de aquellos que especulan sobre cómo el coronavirus puede suponer la caída del gobierno comunista chino? Como si fuera alguna clase de “técnica (social) de los cinco puntos para explotar un corazón” dirigida al régimen comunista del país; las autoridades pueden sentarse, observar y tramitar formalidades como las cuarentenas, pero cualquier cambio real en el orden social (como confiar en la gente) resultará en su ruina.

Mi modesta opinión es mucho más radical. La epidemia de coronavirus es una especie de “técnica de los cinco puntos para explotar un corazón” dirigida al sistema capitalista global. Una señal de que no podemos continuar por el camino que estábamos recorriendo hasta ahora, de que un cambio radical es necesario.

Triste realidad: necesitamos una catástrofe
Hace años, Fredric Jameson llamó la atención sobre el potencial utópico de las películas sobre catástrofes cósmicas (un meteorito que amenaza la vida en la Tierra o un virus acabando con la humanidad). Semejantes amenazas globales dan lugar a su vez a una solidaridad global, pues nuestras pequeñas diferencias se vuelven insignificantes y todos trabajamos juntos para encontrar una solución. Y aquí estamos, en la vida real. La cuestión no está en disfrutar sádicamente la expansión del sufrimiento en tanto sirve a nuestra causa, por el contrario, la cuestión es reflexionar sobre el triste hecho de que necesitemos una catástrofe para ser capaces de repensar las características básicas de la sociedad en la que vivimos.

El primer modelo, vago aun, de semejante coordinación global es la Organización Mundial de la Salud; de la cual no estamos recibiendo las típicas sandeces burocráticas, sino advertencias precisas anunciadas sin pánico. Organizaciones como esta deberían tener más poder ejecutivo.

Los escépticos han ridiculizado a Bernie Sanders por su defensa de la cobertura universal de la sanidad pública en EE.UU., pero ¿no nos enseña el coronavirus la lección de que necesitamos incluso más que esto?, ¿de que deberíamos empezar a crear alguna clase de red de sanidad pública GLOBAL?

Un día después de que Iraj Harirchi, viceministro de salud en Irán, diera una rueda de prensa restándole importancia al coronavirus y asegurando que las cuarentenas masivas no eran necesarias, hizo una breve declaración en la que informaba de que él mismo tenía el coronavirus y que iba a aislarse una temporada (ya desde su anterior aparición en televisión había dado muestras de fiebre y debilidad). Harirchi añadió: “Este virus es democrático, y no distingue entre pobres y ricos, entre hombres de Estado y ciudadanos corrientes”.

En esto tenía razón, estamos todos en el mismo barco. Es difícil no darse cuenta de la tremenda ironía de que aquello que nos empuja a unirnos y a abogar por la solidaridad global se manifiesta en el día a día a través de estrictos mandatos de evitar la cercanía y el contacto o incluso del autoaislamiento.

Y no solo estamos lidiando con amenazas virales, podemos ver en el horizonte toda otra clase de catástrofes que se avecinan, o que directamente ya están ocurriendo: sequías, olas de calor, tormentas masivas, etc. En todos estos casos, la respuesta adecuada no es el pánico, sino la acción urgente de establecer alguna clase de coordinación global y eficiente.

¿Solo estaremos seguros en la realidad virtual?
El primer espejismo que hay que despejar es aquél formulado por el presidente de los EE.UU., Donald Trump, durante su reciente visita a la India, donde dijo que la epidemia decrecerá rápidamente y que no tenemos más que esperar al pico de contagios y luego la vida volverá a la normalidad.

Contra semejantes esperanzas de una fácil solución, lo primero que debemos aceptar es que la amenaza está aquí para quedarse. Incluso si esta ola retrocede, reaparecerá bajo nuevas formas, quizá aún más peligrosas.

Por esta razón, podemos esperar que las epidemias de virus afectarán a nuestras interacciones más elementales con la gente y los objetos que nos rodean, incluyendo nuestros propios cuerpos: evitar tocar cosas que pueden estar (invisiblemente) contaminadas, no apoyarse en pasamanos, no sentarse en baños o bancos públicos, evitar abrazar o dar la mano a la gente. Quizá incluso nos volvamos más cuidadosos de nuestros gestos espontáneos: no tocarse la nariz o frotarse los ojos.

Así que no se trata solamente de que nos controle el Estado u otras instituciones similares, debemos también aprender a controlarnos y a disciplinarnos nosotros mismos. Quizá solo llegue a considerarse segura la realidad virtual, y moverse libremente al aire libre esté únicamente permitido en las islas poseídas por los ultrarricos.

Pero incluso aquí, en el nivel de internet y la realidad virtual, debemos ser conscientes de que, en las últimas décadas, los términos ‘virus’ y ‘viral’ han sido principalmente usados para hacer referencia a amenazas digitales que infectan la red y de las cuales no somos conscientes hasta que se desencadena su poder destructivo (el poder de destruir nuestros datos y nuestros discos duros). Lo que ahora vemos es un regreso masivo al significado original y literal del término virus. Las infecciones virales actúan codo con codo en ambas dimensiones, real y virtual.

El regreso del animismo capitalista
Otro extraño fenómeno que puede observarse en esta situación es el regreso triunfante del animismo capitalista, esto es, el tratar fenómenos sociales, como mercados o capital financiero, como si de organismos vivientes se tratase. Si se leen los grandes medios de comunicación, la impresión que se tiene es la de que lo que debería preocuparnos son los “mercados poniéndose nerviosos” y no los miles de personas que han muerto y los miles que aún quedan por morir. El coronavirus está quebrantando cada vez más el funcionamiento fluido del mercado mundial, y, según dicen, el crecimiento económico caerá alrededor de un dos o un tres por ciento.

¿Acaso no es todo esto una clara señal de que necesitamos una reorganización de la economía global para que deje de estar a merced de los mecanismos del mercado? Por supuesto, no estamos hablando aquí de comunismo de viejo cuño, sino simplemente de alguna clase de organización global que pueda regular y controlar la economía, así como limitar la soberanía de los Estados nación cuando sea necesario. En otros momentos los países han sido capaces de hacerlo frente a la amenaza de la guerra, y ahora todos nosotros nos estamos encaminando hacia un estado de guerra médica.

Además, no deberíamos tener miedo en reconocer en la epidemia algunos efectos secundarios potencialmente beneficiosos. Uno de los símbolos de la epidemia son las imágenes de pasajeros atrapados (en cuarentena) en enormes cruceros, lo cual me tienta a decir que se trata del fin de la obscenidad de semejantes barcos. Simplemente debemos tener cuidado de que desplazarse a islas lejanas o a otros lugares de vacaciones no se convierta de nuevo en el privilegio de unos pocos ricos, como pasaba hace décadas con viajar en avión. El coronavirus ha afectado seriamente también a la producción de coches, lo cual no es tan malo, en la medida en que puede inducirnos a reflexionar sobre alternativas a nuestra obsesión por los vehículos individuales. Y la lista sigue y sigue.

En un discurso reciente, el primer ministro húngaro Viktor Orban ha dicho: “No existe tal cosa como un liberal. Un liberal no es más que un comunista con un diploma”.

¿Y si la realidad fuera al revés? ¿Y si llamásemos “liberales” a aquellos que se preocupan por nuestras libertades, y “comunistas” a aquellos que saben que solo podremos salvar tales libertades a través de cambios radicales en un capitalismo global que se aproxima a su propio colapso? Entonces deberíamos decir que aquellos que se reconocen a sí mismos como comunistas son liberales con un diploma, liberales que han estudiado seriamente por qué nuestros valores liberales están bajo amenaza y que se han dado cuenta de que solamente un cambio radical puede salvarlos.

------------------------
Este artículo se publicó originalmente en inglés en RT.
Traducción de Marco Silvano.

martes, 19 de marzo de 2019

#hemeroteca #identidades #politica 1 Identidad : la demanda de dignidad y las políticas de resentimiento

Identidad : la demanda de dignidad y las políticas de resentimiento / Francis Fukuyama ; traducción de Antonio García Maldonado.
Bilbao : Deusto, 2019 [03-19].
208 p.
ISBN 9788423430284 / 19,95 €

/ ES / ENS
/ Globalización / Identidades / Nacionalismo / Política

En algún momento a mediados de la segunda década del siglo XXI, la política mundial cambió drásticamente. Desde entonces, ha estado guiada por demandas de carácter identitario. Las ideas de nación, religión, raza, género, etnia y clase han sustituido a una noción más amplia e inclusiva de quiénes somos: simples ciudadanos. Hemos construido muros en lugar de puentes. Y el resultado es un creciente sentimiento antiinmigratorio, además de agrias discusiones sobre víctimas y victimarios y el retorno de políticas abiertamente supremacistas y chovinistas.

En Estados Unidos, el declive de las instituciones ha facilitado el auge de una serie de aventureros políticos cuyo nacionalismo económico y tendencias autoritarias amenazan con desestabilizar el orden internacional. Pero también en Europa están surgiendo nacionalismos populistas que buscan una conexión directa y carismática con «el pueblo», que a menudo se define con unos términos identitarios restringidos que dejan fuera a gran parte de la ciudadanía.

Francis Fukuyama, uno de los pensadores políticos más importantes de las últimas décadas, hace un alegato urgente y necesario en defensa de la recuperación de la política en su sentido más elevado y generoso. Un ensayo compacto y combativo sobre la importancia de conformar una idea de identidad que profundice en la democracia en lugar de destruirla.

domingo, 3 de febrero de 2019

#hemeroteca #gayfriendly | «Proud» ez da harro

Irudia: Google Images
«Proud» ez da harro.
Galder Perez | 7K, Naiz, 2019-02-03
https://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/7k/editions/7k_2019-02-03-06-00/hemeroteca_articles/proud-ez-da-harro

Gure hizkuntzak duen berezkotasuna isilarazten den bitartean, besteei «welcome» esaten zaie, «gu bezalakoak zarete», esan nahiko baliete bezala. Baina guri, euskaldunoi, zer eta herri «friendly» garela errepikatzen digutenean, «stupid» aurpegia geratzen zaigu.

Garapen ekonomiko eta komertzial konkretua sustatzeko asmotan Bilbo eta Bizkaiko instituzioetako ordezkariak Spainera joan ziren duela gutxi, zer eta to sell gure country. Gure herri eta lurraldeak brand bezala saltzera aspaldi ohitu baginen ere, batzuetan oraindik so hallucinated ikusten ditugu hainbat ekimen. Eleven ikusteko jaioak gara, yes. Center, exhibition, corner, experiencience eta design moduko hitzak txoko zein izkina guztietan erakusten dizkigute, diseinuzko esperientzia zentralak lez.

Ezberdintasunak eta benetakotasunak markatu ohi dute salmenta good baterako bidea. Ingelesezko termino boring eta hain erabiliak oraindik erabiltzen jarraitzea, berriz, estrategia zaharkitua izateaz gain, big konplexuen adierazgarria dirudi. Ingelesak, munduko hizkuntza hegemonikoak, ezberdintasuna beharrean, homogeneizazioa dakar. Ez hori only. Homofiliaz asko ere baduela think dut. Hau da, pertsonek beraien modukoak direnekin erlazioa izateko tendence hutsa. Sare sozialetan oso nabarmena omen da homofiliaren adibidea eta hedapena; zuriek zurien follower izatea nahiago dute, pertsona asiar edo beltzen lagun birtual izan instead. Esan beharrik ez dago, aniztasunari entzungor egiten dion mundu errealean eta birtualean live garela. Teoriko batzuek homofilia berezkoa dugula saldu nahi digute, nola eta hain erabilia den animalien adibideekin. Animaliek ere berdin egiten dutela diote, lumadunek lumadunekin bizi nahi dutela, eta four hankako animalia iletsuek berdin four hankatako animalia iletsuak soilik love dituztela. Txoriek, baina, sare sozialetako marka izan arren, ez dute Interneterako konexiorik. Eta katuek, azokatan saldu aurrean, ez dute inongo feriatan standik jartzen.

Gure hizkuntzak duen berezkotasuna isilarazten den bitartean, besteei welcome esaten zaie, «gu bezalakoak zarete», hello friends, esan nahiko baliete bezala. Meanwhile aldarrikatzen dute lurralde, kultura zein tradizio baten harrotasunak puzten dutela haien salmenta; harrokeria esatea zuzenagoa, of course. Hori dena bagenekien already eta aspaldi. Baina guri, euskaldunoi, zer eta herri friendly garela errepikatzen digutenean, stupid aurpegia geratzen zaigu. Aurten Bilbon antolatuko duten Pride Every Where hori, Bilbo Europride Conference bilkuren egoitza izateko, ez dakit barrena white ala black geratzeko modukoa den. Aukeratu beharko genuke bata zein bestea, homogeneizazioaren mamuak aukera bakarra ematen baitu, make a choice! Bukatu dira erruletak eta loteriak. Dena sold out dago. This way jarraituta, batzuetan nahiago genuke beste place to be batean izan. Baina ez dezagun ahaztu hau dela gure country. Edonork esango du bestela erokeriak jota gaudela jada, please! Hori is not posiblea. Ez dakit my burua ondo explaining ari naizen. Baina euskaldun izateaz proud daude, eta very gainera.

lunes, 6 de agosto de 2018

#hemeroteca #mujeres #trabajo | La lección de la tragedia del Rana Plaza

Imagen: El Diario / Ilustración de Pedro Strukelj
La lección de la tragedia del Rana Plaza.
El peor accidente que se recuerda en la industria textil, que causó 1.134 muertos, puso en el punto de mira a un sector marcado por la explotación laboral, la falta de seguridad y la opacidad. Los gobiernos y las empresas han hecho cambios importantes, pero es preciso seguir mejorando las condiciones de trabajo y la transparencia. El miedo a las represalias lleva a muchas trabajadoras a no afiliarse a los sindicatos para defender sus derechos.
Xènia Domínguez y Carla Liébana | El Diario, 2018-08-06
https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/leccion-tragedia-Rana-Plaza_6_791330878.html

El derrumbe del edificio Rana Plaza en Dhaka, capital de Bangladesh, es la peor tragedia textil conocida hasta el momento y, sin lugar a dudas, la más mediática. El 24 de abril de 2013, 1.134 personas murieron y más de 2.000 resultaron heridas, en su mayoría mujeres, al desplomarse este edificio que albergaba cinco talleres de ropa que producían para marcas europeas y norteamericanas.

Ya han pasado cinco años del derrumbe del Rana Plaza, que puso en el punto de mira una industria caracterizada por la explotación laboral, la falta de seguridad y la opacidad. Gracias a la atención de los medios de comunicación al desastre, salió a la luz que el edificio no había sido inspeccionado adecuadamente y que, como las trabajadoras no estaban sindicalizadas, les fue muy complicado autoorganizarse cuando algunas detectaron que la fábrica tenía grietas y avisaron a sus superiores (quienes les obligaron a golpes a continuar trabajando). Además, no había ningún registro público de las marcas que producían allí, hecho que fue un gran obstáculo a la hora de exigir responsabilidades.

Ante la poca transparencia de la industria de la confección, activistas y periodistas tuvieron que arriesgar sus vidas buscando entre los escombros etiquetas y otros documentos que verificaran la relación comercial entre las marcas internacionales y las fábricas. Benetton, Walmart, El Corte Inglés y Mango son algunas de las casi dos docenas de marcas que finalmente reconocieron tener encargos en el Rana Plaza, aunque hicieron falta más de dos años de presiones por parte de sindicatos y de la Campaña Ropa Limpia para que indemnizaran a las víctimas y familiares de la tragedia.

Desde entonces, ha habido algunos cambios importantes en el sector; sin embargo, todavía hay muchas cuestiones sobre las que seguir trabajando hasta conseguir una industria justa y transparente.

A raíz de la tragedia, se impulsó por parte de sindicatos internacionales, sindicatos locales y redes como la Campaña Ropa Limpia, el acuerdo para la seguridad en edificios y contra incendios en Bangladesh, vigente durante cinco años y legalmente vinculante. Después de meses de presión, más de 200 empresas se decidieron a firmarlo y con él se consiguió mejorar sustancialmente la seguridad en las fábricas de este país.

En estos años se han inspeccionado y reclamado mejoras en más de 1.600 fábricas en las que se han encontrado riesgos graves, anteriormente desconocidos por sus compradores y por las trabajadoras. A 1 de marzo de 2018, el avance global de las tareas de subsanación de riesgos era del 83%, un total de 138 fábricas habían completado la fase inicial de subsanación y 749 se encontraban en una tasa de subsanación superior al 90%. Además, el acuerdo se complementaba con formación y apoyo a comités de seguridad formados por personas trabajadoras y miembros de la dirección de las fábricas, una estrategia para asegurar una seguridad sostenible a largo plazo no sujeta únicamente a las inspecciones. Hasta la fecha, se contabiliza que 846 comités de seguridad han recibido formación y que se han celebrado 1.036 reuniones de trabajadoras de las fábricas adheridas al acuerdo (en el que han participado un total de 1,4 millones de trabajadoras).

El acuerdo supuso un avance revolucionario centrado en resolver los problemas identificados en lugar de únicamente registrarlos o analizarlos y establecía nuevos canales de comunicación con el personal empleado. Con él, las personas trabajadoras han podido comprobar que este mecanismo no solo les permitía expresar sus inquietudes, sino también que fueran tomadas en serio y que se actuara en consecuencia.

Este 2018 finalizaba el plazo pactado en el acuerdo para aplicar medidas de seguridad en las fábricas. Por este motivo, y porque aún hay mucho trabajo por hacer, se ha impulsado una fuerte campaña para que sea renovado bajo la denominación de Acuerdo de Transición de 2018. El nuevo acuerdo, también independiente y vinculante entre las marcas globales y los sindicatos IndustriALL Global Union y UNI Global Union, tiene como objetivo trabajar para conseguir una industria textil segura y salubre en Bangladesh hasta que exista un organismo nacional que vele por ello. A día de hoy, 180 marcas han firmado esta extensión del acuerdo inicial, pero todavía hay muchas que no han querido comprometerse.

Una de las novedades del Acuerdo 2018 es que incluye fábricas que producen textil para el hogar y accesorios de tejidos y telas. Sábanas, cojines, sofás, manteles... Estos productos amplían el listado de fábricas a revisar y, por lo tanto, se beneficiará a muchas más trabajadoras. Entre las empresas afectadas por esta ampliación en la dimensión del acuerdo, encontramos a la conocida marca sueca Ikea, que todavía no se ha decidido a firmar.

Sin embargo, a pesar de los avances en seguridad, imprescindibles para que las personas que cosen nuestra ropa no pongan en riesgo sus vidas cuando van a trabajar, hay otras cuestiones fundamentales que deberían abordarse y que Gobiernos y marcas están evitando.

En primer lugar, la poca organización entre las trabajadoras ante la catástrofe del Rana Plaza puso de manifiesto la necesidad de crear sindicatos en la industria y durante los meses posteriores muchas trabajadoras se movilizaron para reclamar sus derechos. Aun así, la libertad sindical es una falacia en Bangladesh y la continua represión de las personas que intentan organizarse hace muy difícil que consigan sus objetivos. No hay ninguna ley o régimen de aplicación vigente en cuyo marco las trabajadoras puedan denunciar prácticas laborales injustas y no hay un proceso claro para registrar un sindicato, ya que los rechazos de las solicitudes suelen aducir razones inconsistentes o arbitrarias. Esto ha implicado el hecho de que en 2017 solo se hayan registrado 53 solicitudes frente a las 392 del 2014: una disminución que se puede relacionar fácilmente con esta burocracia arbitraria y con la represión antisindical.

Encarceladas por protestar
En diciembre de 2016, más de 35 sindicalistas y trabajadoras fueron encarceladas por participar en las protestas para reivindicar un aumento del salario mínimo en Ashulia, una zona industrial cercana a la capital, Dhaka. Después de este suceso, la represión antisindical aumentó drásticamente en todo el país y se presentaron cargos criminales, se realizaron detenciones y hubo despidos masivos que afectaron a más de 1.500 personas. El miedo a sufrir alguna de estas consecuencias conlleva que muchas trabajadoras no se atrevan a sindicarse, ya que los riesgos que se corren para que sus voces sean escuchadas son muy altos y pueden tener graves consecuencias tanto para ellas como para sus familias.

Y por si lo expuesto ahora fuera poco, hay que subrayar que las trabajadoras de la confección de Bangladesh son las peor pagadas del mundo. En 2013, a raíz del desastre y las presiones internacionales, se revisó la Ley Laboral de Bangladesh que marcó el salario mínimo en 5.300 BDT (53 euros) discutible cada cinco años, cifra que la Campaña Ropa Limpia alertó en ese momento que estaba lejos de ser suficiente para proporcionar una vida decente a las trabajadoras. Actualmente, las trabajadoras piden que el salario es establezca en 16.000 BDT, cifra que sigue aún por debajo de varias estimaciones del coste de vida, por ejemplo, según la Alianza por un Salario Digno en Asia el coste de vida en Bangladesh se estima en 37.661 BDT, que es siete veces el salario mínimo actual. Mientras que el coste de las necesidades básicas como la alimentación y la vivienda sube de forma constante y la tasa da de inflación del país es elevada, la necesidad de un salario mínimo justo se convierte en algo imprescindible para garantizar la dignidad de la vida de millones de personas.

Aunque la situación en Bangladesh es especialmente complicada, no es el único país en el que se producen incidentes recurrentes y donde los salarios de miseria, las jornadas laborales excesivas, los entornos laborales peligrosos, la explotación infantil y la ausencia de sindicatos legalmente constituidos caracterizan las condiciones laborales de las personas trabajadoras en el sector textil. Para denunciar todo esto y luchar para combatirlo, iniciativas como la Campaña Ropa Limpia publican informes constantes que proponen acciones concretas y realizables que, de ser adoptadas por empresas y Gobiernos, nos acercarían a la industria de ropa sostenible prometida tras el colapso de Rana Plaza.

Entre las medidas que se proponen, se pide a las marcas y minoristas que mejoren la transparencia de sus cadenas de suministro, permitiendo tanto a trabajadoras como a las personas consumidoras conocer y monitorizar las condiciones de trabajo. Además, se reclama a la Unión Europea que legisle para asegurar el derecho sindical y que apruebe una regulación que obligue a las empresas al ejercicio de debida diligencia en sus cadenas de suministro, es decir, que se responsabilice de los impactos negativos de su actividad y trabaje para mitigarlos.

Solo con el compromiso de los Gobiernos y las instituciones supranacionales podremos incidir en las prácticas habituales de las grandes empresas textiles, que se benefician de la explotación de millones de personas con total impunidad. Como consumidores, podemos ejercer un consumo responsable, pero, sobre todo, debemos exigir a nuestros gobernantes que tomen partido.

Xènia Domínguez y Carla Liébana son responsables, respectivamente, de la Campaña Ropa Limpia y de Comunicación de SETEM Catalunya.

lunes, 28 de mayo de 2018

#libros #lgtbi #identidades | Inflexión marica : escrituras del descalabro gay en América Latina

Inflexión marica : escrituras del descalabro gay en América Latina / Diego Falconí Trávez.
Barcelona [etc.] : Egales, 2018 [05-28].
352 p.
Colección: G Ensayo

/ ES / ENS / Activismo / América latina / Disidencia sexual / Globalización / Identidades / LGTBI
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417319182 / 20,00 €

En la época actual, una globalizada identidad gay que parece dirigida a la normalización de varias agendas nacionales y representaciones globales convive con diversas voces del activismo, el arte y la academia que cuestionan la genealogía y conceptualización identitaria gay. En tal virtud, resulta clave efectuar una problematización amplia que dé cuenta del ejercicio subjetivo gay contemporáneo y sus complejidades.

Este libro intenta ser parte de esta indagación y para ello recoge análisis teóricos, testimonios, textos autográficos y escritos literarios de voces loca-lizadas en la compleja región latinoamericana. Los disímiles escritos contenidos en este volumen, a través de ratificaciones, interpelaciones e incluso negaciones de la etiqueta subjetiva «gay», comparten sin embargo un «síntoma»: el deseo de emplazar los saberes sexo-genéricos para tener mayor agentividad sobre el propio cuerpo.

Justamente, la inflexión marica, propuesta en el título del libro, busca dar cuenta de registros propios sexo-diversos/disidentes latinoamericanos a través de temáticas, estéticas y metodologías situadas. Este acento particular anuncia, de modo indefectible, un descalabro gay, entendido no como crítica que borra las identidades y teorizaciones gais en la zona para anular su capacidad de acción, sino más bien como un productivo fracaso: el de la narrativa gay dominante gestada en el Norte (nutrida por el capitalismo, el machismo, el racismo, el colonialismo, el capacitismo) insuficiente en lo subjetivo y lo político para comprender la colosal realidad latinoamericana y sus diversas encarnaciones.

Diego Falconí Trávez es abogado en derechos humanos (USFQ) y doctor con mención europea en teoría de la literatura y literatura comparada (Universidad Autónoma de Barcelona) con énfasis en estudios de género. Es profesor contratado en la Universidad Andina Simón Bolívar, profesor a tiempo parcial en la Universidad San Francisco de Quito e investigador del grupo Cuerpo y Textualidad de la Universidad Autónoma de Barcelona. Es uno de los editores de ‘Resentir lo queer en América Latina: diálogos desde/con el Sur’.

martes, 15 de mayo de 2018

#hemeroteca #mayodel68 | Mayo 68, voces y revueltas de la esperanza

Imagen: Google Imágenes / Recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Políticas, 1968-05-18
Mayo 68, voces y revueltas de la esperanza.
Manuel Garí / Jaime Pastor | Público, 2018-05-15

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/13556/mayo-68-voces-y-revueltas-de-la-esperanza/

Cincuenta años después del mítico mayo ¿es útil repensarlo? Sin duda, pues interpretar el pasado en el presente ayuda a construir el futuro. La memoria es un espacio de lucha política (Kristin Ross), por ello no es casual que De Gaulle planteara en junio de 1968 olvidar de inmediato la “pesadilla” de las recientes jornadas de huelga general y barricadas y, mucho más tarde, de forma obsesiva personajes como Benedicto XVI, Nicolás Sarkozy o la misma Esperanza Aguirre sigan combatiendo contra el fantasma del 68 al que, cínicamente, atribuyen ser fuente de relativismo intelectual y moral.

Realmente lo que preocupa a estos personajes al servicio del orden neoliberal es el carácter de acontecimiento global que expresó el “gran rechazo” -como lo calificó en su momento, entre otros, Marcuse- al orden establecido, poniendo “brutalmente a la lucha de clases en primer plano” en palabras de Daniel Bensaïd uno de los impulsores del Movimiento 22 de marzo en la Universidad de Nanterre. Rechazo al orden global que se había ido instaurando desde finales de la Segunda Guerra Mundial, volviendo a poner en el centro del debate la posibilidad de “cambiar el mundo” y “transformar la vida”.

Fue precisamente el temor al retorno de un imaginario revolucionario el que llevó a las clases dominantes a desplegar una estrategia de “contrarrevolución preventiva”, iniciada con el golpe militar de Pinochet en Chile en septiembre de 1973.

El significado de Mayo 68
Algunos intérpretes intentan reducir Mayo 68 a una revuelta generacional, otros limitan su alcance a una revuelta cultural, algo innegable, pero con ello ocultan su dimensión profundamente política, que llevó a cuestionar los regímenes entonces dominantes tanto en Francia como en Checoslovaquia, México, Italia y otros países. Olvidar la dimensión política es banalizar mayo 68 al abordar el fenómeno de forma ahistórica y, con ello, no pueden explicar que los años sesenta también se expresara el malestar y la distancia que importantes sectores de la izquierda social tenían respecto a las políticas de los partidos socialdemócratas y comunistas que globalmente habían aceptado el statu quo capitalista, lo que originó la aparición de nuevos partidos a la izquierda de la izquierda.

Fue un acontecimiento global que se sustanció nacional e internacionalmente, que, de forma desigual, según países, abrió un campo de posibilidades reales, concretas, no ilimitadas para un cambio de rumbo. Ese es su activo simbólico universal y eso es lo que se quiere combatir desde el poder. Pierre Bourdieu, en referencia a Francia, propuso contemplarlo como producto de la sincronización de una multiplicidad de crisis latentes en diferentes universos sociales. Ello puede explicar tanto su extensión geográfica como social, pues por primera vez se incorporaron a las luchas sectores de trabajadores y colectivos sociales que anteriormente no habían participado. Y desde luego puede también explicar su carácter de fenómeno internacional en un “momento bisagra” entre, los treinta “gloriosos” años de expansión de un capitalismo regido por el keynesianismo y el comienzo de la financiarización de la economía global bajo la férula neoliberal. El mundo estaba mutando.

Aunque el epicentro del seísmo de mayo del 68 fue Francia, conviene destacar que el “momento” 68 y aún mejor decir “los años sesenta” (que se prolongaron a los setenta) fueron el marco de procesos que se realimentaban mutuamente. Baste recordar las rebeliones anticoloniales y anti imperialistas en curso cuya máxima expresión fue la ofensiva del Têt vietnamita; las luchas democráticas antiburocráticas en los países del “socialismo real” que tuvo su punto álgido en la Primavera de Praga; las movilizaciones estudiantiles por la democracia en Madrid, México y Pakistán junto a las ocurridas en las principales universidades del mundo industrializado (Berkeley, Paris, Roma, Berlín, Londres...), o las que se produjeron contra la guerra y el racismo en Estados Unidos, donde el pueblo negro se puso en pie contra la segregación y por los derechos civiles; también el auge de las guerrillas latinoamericanas; y algo muy importante que muchos autores olvidan interesadamente hoy: se dio una profunda removilización de las clases trabajadoras en Argentina, España, Portugal e Italia y, por supuesto, la gesta de la huelga general durante semanas en Francia.

Mayo aquí
Todos estos procesos fueron seguidos, aunque con mucha menor extensión e intensidad, en la sociedad española de aquellos años, especialmente por la nueva generación que fue accediendo a la Universidad y a los centros de trabajo. Las particulares y duras condiciones en las que luchábamos contra la dictadura franquista no facilitaron una explosión de la protesta similar a la que se produjo en países como Francia o Italia.

Con todo, desde 1965 se había desarrollado un movimiento estudiantil capaz de acabar con el sindicato vertical del régimen y de ir poniendo en pie un sindicalismo democrático que contó con el apoyo de la mayoría del estudiantado. Y también estaba naciendo el nuevo sindicalismo en torno a las Comisiones Obreras de base asamblearia. El año 1968 fue precisamente la culminación del ascenso de un ciclo de luchas que quizás ha tenido en el recital de Raimon el 18 de mayo en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid el acto que más ha quedado en la memoria colectiva. El curso 1967-1968 en las universidades del Estado español fue excepcional. El premio Nobel André Lwoff describió gráficamente la realidad: “La institución docente franquista estaba en bancarrota con las aulas cerradas por orden ministerial y ocupadas por la policía, los estudiantes permanentemente movilizados y sus líderes expedientados académicamente o juzgados por el Tribunal de Orden Público”.

Luego se produjo el fin del “aperturismo” y se conoció un aumento de una represión que acabaría proclamando un estado de excepción en enero de 1969 tras el asesinato pocos días antes del estudiante Enrique Ruano, militante del Frente de Liberación Popular, por la policía franquista. En la justificación de esas medidas de excepción el entonces ministro de Franco Manuel Fraga Iribarne no ocultó el temor al efecto contagio declarando que “es mejor prevenir que curar, no vamos a esperar a una jornada de mayo para que luego sea más difícil y más caro el arreglo”.

Podemos afirmar que, pese a la represión, el movimiento estudiantil no se amilanó. El franquismo había perdido la universidad y comenzaba a perder las fábricas, ello dificultaba su legitimación, pero también la recluta de nuevas élites. El 68 marcó el final de un periodo de apertura del régimen y el comienzo de otro: el tardofranquismo senil.

Legados del 68, cenizas y brasas
En el caso de los países industrializados se dieron algunos rasgos comunes en los repertorios y formas de lucha y organización: la “liberación de la palabra” (Michel de Certeau), las prácticas asamblearias, la ocupación de las calles y en muchos casos de los centros de trabajo y estudio, el ensayo de experiencias comunitarias alternativas, la enorme creatividad en muy diferentes ámbitos; la conformación, en suma, de una subjetividad rebelde y antiautoritaria compartida.

Los sesenta no trajeron la revolución, pero sirvieron de catalizador de los nuevos movimientos sociales, fueron la brecha por la que entraron inmediatamente nuevos actores y nuevos argumentos. Si bien no cabe calificar aquel acontecimiento de feminista, “sin el 68 no se hubiera producido el feminismo como fenómeno de masas”, ya que “forzó a una generación de mujeres a arreglar sus cuentas con la política” (Lidia Cirillo), llevando así a todas sus consecuencias la fórmula “lo personal es político”. Lo mismo podría decirse del ecologismo, apoyándose en la crítica del urbanismo capitalista y de la vida cotidiana, de la que Henri Lefebvre fue pionero, así como en la denuncia de la sociedad del espectáculo y de consumo. Y lo mismo puede decirse del nuevo pacifismo que cuajó especialmente en Alemania y que tuvo importantes ecos también en nuestro país.

Como planteó Daniel Bensaïd lo que nos interesa “no son las cenizas de Mayo del 68, sino sus brasas, las reapariciones de los posibles vencidos y rechazados.” Y podemos ver reaparecer, años más tarde, en contextos bien diferentes, pero con motivaciones y en ocasiones, palabras, iguales, a las rechazadas, a los nadie, a las y los indignados del movimiento “antiglobalización” y, más recientemente, tras las derrotas de la Transición en el caso español, pudimos volver a albergar la esperanza con el 15M. En todos esos procesos es posible encontrar las brasas de la subjetividad contestataria y desobediente que irrumpió entonces.

jueves, 28 de diciembre de 2017

#hemeroteca #sociologia | Cuidado con Tabarnia, porque esconde algo muy real. Y no es bueno.

Imagen: Google Imágenes / Puerto de Barcelona en 1856
Cuidado con Tabarnia, porque esconde algo muy real. Y no es bueno.
Las tendencias globales apuntan hacia una radical separación entre los territorios conectados y ricos y el resto. Y las ganadoras de ese proceso serán las megaciudades.
Esteban Hernández | ACV, El Confidencial, 2017-12-28
https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2017-12-28/tabarnia-real-globalizacion-megaciudades-cataluna-independencia_1498815/

Tabarnia es una broma, o un espejo en el que los 'indepes' se ven reflejados, o una respuesta a los 'indepes' con su misma medicina, o un ataque españolista a los fundamentos de la nación catalana o una burda estrategia, según quién lo valore. Pero ese territorio de moda es algo más, porque refleja una tendencia típica de nuestra época y que será aún más profunda en los años venideros.

Es cierto que puede interpretarse en el corto plazo como un elemento de tensión respecto del independentismo catalán, porque al asegurar que a través de la voluntad popular la secesión es posible y deseable siempre que la respalde una mayoría, no pueden invalidar ese argumento cuando se aplica sobre esa nueva nación independiente y las distintas partes de su territorio. Con ese mecanismo legal frenó Canadá el aumento del secesionismo en Quebec, ya que al tiempo que accedía a la independencia de esa parte de su territorio si existía una mayoría reforzada, señalaba que el nuevo Estado no podía impedir que otras partes de su población decidieran secesionarse a su vez o seguir vinculadas a Canadá.

De modo que sí, todo esto de Tabarnia está ligado al corto plazo, al intento de combatir el independentismo y a la producción de contraargumentos. Pero no se trata simplemente de eso.

Según el informe Global Strategic Trends - Out to 2045, realizado por el Departamento de Defensa inglés, el impulso separatista irá en aumento, y no solo porque existan regiones que exijan su salida del territorio que las alberga, sino porque las grandes urbes reclamarán derechos especiales, incluso como entidades independientes. Ciudades como las del corredor Tokio-Sídney (que incluye Seúl, Taipéi, Shangái, Hong Kong, Kuala Lumpur, Singapur o Yakarta) están desarrollándose a una velocidad mucho mayor que las regiones y los países en que se sitúan y por lo tanto influirán cada vez más en las políticas de esos Estados o exigirán mucha mayor autonomía.

Territorios en declive
En un entorno en el que la producción se está concentrando en las zonas del planeta donde los salarios son irrisorios, las zonas interiores de muchos países, incluidos los occidentales, están perdiendo población. Las posibilidades de ganarse la vida son mucho menores, ya que apenas hay industria, y la agricultura y ganadería están en un declive acentuado. Sus habitantes se marchan a las ciudades, donde las opciones de empleo son mucho mayores y, como ha ocurrido en otros momentos de la historia, terminan concentrándose en aquellas urbes donde viven quienes tienen recursos y precisan de servicios. Para 2045, señala el informe, el 70% de la población mundial vivirá en grandes ciudades.

Este es un proceso en marcha, y responde a una situación que Richard Florida, urbanista y experto en crecimiento económico, definió bien cuando hablaba de las clases creativas. El mundo se iba a dividir en dos, en las urbes en las que se concentran el sector financiero, el creativo y el gestor y en los territorios que quedarían desconectados del progreso que traían las nuevas profesiones. Habría una gran brecha entre las zonas modernas y ligadas a los flujos globales y aquellas que permanecieran ancladas a las costumbres, a la tierra, al comercio local y a las empresas tradicionales. Las ciudades globales (Nueva York, Tokio, París, Fráncfort, Zúrich, Ámsterdam, Los Ángeles, Sídney o Hong Kong) iban a ser las beneficiadas en este nuevo contexto, ya que se convertirían en los principales centros comerciales y financieros del mundo y recogerían gran parte del capital, del talento y de las ventajas que traen las interconexiones. Y lo que ha ocurrido se parece mucho a lo vaticinado por Florida.

Una lectura doble
Esa ruptura entre urbes globales y regiones atrasadas ya está aquí, está generando nuevas tensiones y provocará más en el futuro cercano. En cierto sentido, Cataluña tiene mucho que ver con esto: la idea de una nación moderna, exportadora, emprendedora y abierta frente a un entorno opresor, ligado a la agricultura y a las viejas costumbres, y claramente atrasado, como sería el Estado español, ha sido parte de la propaganda 'indepe'. Pero es una idea que también tendría sentido si se esgrimiera desde Barcelona respecto del resto de Cataluña.

Ese tipo de argumentos los puso encima de la mesa Boris Johnson, el político liberal inglés, cuando fue alcalde de Londres y demandaba reglas especiales en la emigración y en el terreno fiscal, amén de otras ventajas. Según Johnson, las especiales características de su ciudad y de las empresas que allí se ubicaban precisaban de un trato diferente: en lo económico, para mantener a las compañías y atraer otras; y en cuanto a la mano de obra, porque existía una demanda notable de trabajadores cualificados en los sectores financiero, tecnológico, publicitario y de la moda que no podían ser contratados si eran nacionales de otros países dadas las restricciones que imponía el Reino Unido. Además, en la urbe se aglomeraban empleados poco cualificados que deberían regularse de otra manera: había que deshacerse del sobrante. En ese contexto, el político que precedió a Johnson en la alcaldía, Ken Livingston, declaró que “todo lo que no haga de Londres una ciudad Estado totalmente independiente es una oportunidad perdida”. Una idea que se substanciaba en una declaración contundente: “Somos una ciudad de primer nivel en un país de segunda clase”.

Dos países
Esa brecha entre la capital y el resto del país se ha hecho todavía más evidente con el Brexit, cuando británicos del interior apostaron por la salida de Europa mientras que los urbanitas habrían preferido seguir ligados a la UE. Hay dos Gran Bretaña, que están a la deriva y cada vez más separadas”, aseguraba a 'The Times' Danny Dorling, profesor de la Universidad de Sheffield.

No es Londres, es una constante: las ciudades globales se han alejado de sus Estados de referencia y lo están haciendo cada vez más de las regiones en las que se ubican. La idea de que las urbes tendrán más importancia que sus naciones y que en algunos casos se convertirán prácticamente en ciudades Estado es un lugar común: así se ha señalado desde el Foro Económico Mundial hasta los analistas de inteligencia, pasando por la BBC o por prestigiosos intelectuales.

No sin problemas
Saskia Sassen, premio Príncipe de Asturias, es una de las convencidas: “Más importante que Estados Unidos en términos de geopolítica global va a ser una especie de combinación entre Washington, Nueva York y Chicago. Para China, van a ser Hong Kong, Shanghái y Pekín. Y para Turquía, Ankara y Estambul. Se vuelven más importante que el país en sí”, asegura la socióloga, quien señala que en la Unión Europea “también va a pasar eso, aunque sea difícil de ver”.

Pero esto no ocurrirá sin problemas. Esta bifurcación es una señal más de los procesos de desigualdad que ha generado la globalización. Muchos de los territorios que se han desarrollado en los últimos años son regiones que cuentan con una ciudad fuerte que ha ejercido de locomotora. Y si la mundialización sigue avanzando, esa tendencia no se detendrá, lo cual supone que las diferencias de esas urbes con el resto serán más acuciantes.

La brecha de la desigualdad
Que las ciudades tengan un gran desarrollo ocurre porque el resto del Estado pierde habitantes, recursos y opciones. La separación que estamos viviendo entre el mundo rural y el urbano es una señal evidente, pero habrá muchas otras en un futuro que no sabemos bien cómo será, pero que seguro que traerá mucha más desigualdad si seguimos por este camino.

Y como esa posibilidad es bien conocida, cada territorio está intentando situarse lo mejor posible en el entorno global. Lo que argumentaban los defensores de un Londres autónomo es buena muestra: ¿no se compite mejor si uno se desvincula de esos territorios que actúan como freno? ¿No es más práctico quedarse únicamente con aquello que añade valor? ¿No se corre más rápido cuando no se llevan cargas? Una vez convencidos de que el mundo tendrá dos direcciones, hay quienes aspiran a situarse en el carril bueno dejando atrás todo aquello (y a todos aquellos) que retrasa. Eso es lo que hay detrás de las ciudades Estado, pero también de muchos procesos de secesión de zonas ricas. Tabarnia, con Barcelona en su territorio, sería una de ellas.

martes, 12 de diciembre de 2017

#hemeroteca #controlsocial | “Las redes sociales están desgarrando a la sociedad”, dice un exejecutivo de Facebook

Imagen: El País / Chamath Palihapitiya
“Las redes sociales están desgarrando a la sociedad”, dice un exejecutivo de Facebook.
Chamath Palihapitiya lamenta haber participado en la construcción de herramientas que destruyen el tejido social.
El País, 2017-12-12
https://elpais.com/tecnologia/2017/12/12/actualidad/1513075489_563661.html

Un antiguo alto ejecutivo de Facebook ha entonado el ‘mea culpa’ por su contribución al desarrollo de unas herramientas que, a su juicio "están desgarrando el tejido social". Chamath Palihapitiya, que trabajó en la compañía de Mark Zuckerberg de 2007 a 2011 y que llegó a ser su vicepresidente de crecimiento de usuarios, opina que "los ciclos de retroalimentación a corto plazo impulsados por la dopamina que hemos creado están destruyendo el funcionamiento de la sociedad. Sin discursos civiles, sin cooperación, con desinformación, con falsedad".

Palihapitiya hizo estas declaraciones sobre la adicción a las redes sociales y sus efectos en un foro de la Escuela de Negocios de Stanford el pasado 10 de noviembre, pero la web de tecnología The Verge las ha recogido este lunes y, a tras ella, diarios como 'The Guardian'. Palihapitiya, que en su día trabajó para aumentar el número de personas que usan las redes sociales, recomendó a su audiencia que se tomara un "descanso" en su uso.

Aclaró que no hablaba solo de Estados Unidos y de las campañas de intoxicación rusas en Facebook. "Es un problema global. Está erosionando las bases fundamentales de cómo las personas se comportan ante sí y entre ellas", subrayó, para añadir que siente "una gran culpa" por haber trabajado en Facebook. Habló de cómo las interacciones humanas se están limitando a corazones y pulgares hacia arriba y de cómo las redes sociales han conducido a una grave falta de "discurso civil", a la desinformación y a la falsedad.

En la charla, Palihapitiya, ahora fundador y CEO de Social Capital, desde la que financia a compañías de sectores como la salud y la educación, se declaró una especie de objetor de conciencia del uso de redes sociales y anunció que quiere usar el dinero que ganó en Facebook para hacer el bien en el mundo. "No puedo controlar [a Facebook] pero sí puedo controlar mi decisión, que es que no usar esa mierda. También puedo controlar las decisiones de mis hijos, que no pueden usar esa mierda", declaró, para aclarar que no se ha borrado del todo de las redes pero que sí trata de usarlas lo menos posible.

El ex alto cargo de Facebook alertó de que los comportamientos de las personas están siendo programados sin que se den cuenta. "Ahora tienes que decidir a cuánto vas a renunciar", añadió. Palihapitiya hizo referencia a lo sucedido en el Estado indio de Jharkhand le pasado mayo, cuando unos mensajes falsos de WhatsApp sobre la presencia de supuestos secuestradores de niños acabaron con el linchamiento de siete personas inocentes. "A esto nos enfrentamos", criticó Palihapitiya, que añadió que este caso "llevado al extremo" implica que unos delincuentes "puedan manipular a grandes grupos de personas para que hagan lo que ellos quieran".

Pero Palihapitiya no solo censuró los efectos de las redes en cómo funciona la sociedad, sino todo el sistema de funcionamiento de Silicon Valley. A su juicio, los inversores inyectan dinero en "empresas estúpidas, inútiles e idiotas", en lugar de abordar problemas reales como el cambio climático y las enfermedades curables.

Las críticas de Palihapitiya a las redes se suman a las del primer presidente de Facebook, Sean Parker, que censuró la forma en que la compañía "explota una vulnerabilidad en psicología humana" al crear un "ciclo de retroalimentación de validación social". Además, un exgerente de producto de la empresa, Antonio García-Martínez, acusó a Facebook de mentir sobre su capacidad para influir en las personas en función de los datos que recaba sobre ellos, y escribió un libro, ‘Chaos Monkeys’, sobre su trabajo en la empresa. En el último año se ha producido una creciente preocupación por el poder de Facebook, su papel en las elecciones estadounidenses y su capacidad para amplificar noticias falsas.

domingo, 11 de junio de 2017

#hemeroteca #sociologia | Regreso a la tribu

Imagen: El País / 'Terrenal', de Juan Genovés
Regreso a la tribu.
Frente al individualismo moderno cunde la ancestral necesidad de pertenencia a un grupo, un resorte atractivo y, a veces, peligroso.
Rubén Amón | El País, 2017-06-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/06/09/actualidad/1497007066_342261.html

Ikea nos amuebla la casa, Zara nos viste y Starbucks nos alimenta. Puede considerarse extrema, exótica, semejante trinidad de la globalización, pero la hipérbole plantea tanto la homogeneidad de nuestras sociedades como explica el recelo a ella y la aspiración de diferenciarse: desde la añoranza de los hábitos tribales hasta los fenómenos de énfasis identitario.

Sería una reacción a los grandes procesos integradores. No ya la mundialización en sentido abstracto y las desigualdades que haya podido conllevar, sino la propia construcción de la UE, cuyo destino de fraternidad y de soberanía compartida se ha visto expuesto al nacionalismo y al populismo. Parece atractiva la idea de ser europeo como realidad transfronteriza, como idiosincrasia cosmopolita, como mercado común, como rechazo a la dialéctica de las guerras continentales, pero la dificultad de “sentirse” europeo y el escepticismo que origina la burocracia bruselense incitan la tentación de vincular la desi­gualdad y el deterioro de la calidad de nuestras vidas a la frustración del “proyecto comunitario”.

Es el desengaño donde anida la tentación retrospectiva, la ensoñación de un pasado feliz. Marine Le Pen prometía la Francia de los años sesenta, la Francia preglobalizada. No sólo idealizándola, sino evocando todos los pasajes de identificación que se habían deteriorado en la melé europea: el franco, los manteles de cuadros, el reposo dominical y hasta la grandeur.

Se trata de un mensaje sentimental, pero inculcado desde la psicosis, pues la líder del Frente Nacional, igual que otros colegas xenófobos europeos en el Gobierno —Viktor Orbán, en Hungría— o en la oposición, han exacerbado los miedos y las amenazas —el islam, la inmigración, el euro, la globalización misma— como trasunto de una emergencia y como justificación de un mesianismo que arraiga en el debate hipersensible de la identidad.

'Identidad' (Trotta) es el último ensayo de la investigadora Montserrat Guibernau y se antoja una respuesta elaborada a los enigmas de un mundo en transformación que ubica al hombre moderno en el punto de tensión entre el individualismo y la necesidad de pertenencia a un grupo. “La urgencia de un sentimiento de pertenencia motiva a los individuos a sacrificar sus intereses personales”, explica. “También impulsa a renunciar a cotas sustanciales de libertad, con el objetivo de amoldarse a las reglas, normas y valores de la comunidad. A cambio, disfrutarán de seguridad, protección, solidaridad, compañerismo. En el momento presente, el atractivo de la pertenencia a la nación como comunidad política se mantiene como el más poderoso agente de movilización política, capaz de establecer una clara distinción entre aquellos que pertenecen y quienes son considerados enemigos o extranjeros”.

Este planteamiento sobrentiende una posición jerárquica de la exclusión respecto a la inclusión. Las comunidades de pertenencia enfatizan los rasgos propios, específicos, aunque sea al precio de engendrar una doctrina discriminatoria. Todos los españoles podemos celebrar el gol de Iniesta en Sudáfrica y proclamarlo en las calles con fervor, pero representa un comportamiento colectivo de pertenencia demasiado genérico y coyuntural.

Todo lo contrario, por ejemplo, de cuanto se desprende del 'hooliganismo'. Los hinchas ultras se reconocen en sus ritos, sus tatuajes, sus himnos. Crean una tribu cerrada a semejanza de una secta o de una religión dogmática cuya idiosincrasia se define en la diferencia y en la beligerancia. Se necesita un enemigo para aglutinarse, aunque no todas las comunidades cerradas responden a principios agresivos ni predican la discriminación. Ni siquiera en el fútbol, donde se cultiva también una liturgia sana en la adopción de los cánticos, del vestuario. O en la devoción a los jugadores que desempeñan el antiguo papel totémico, especialmente cuando se prodigan en el arte de los fenómenos sobrenaturales. Maradona creó una religión pagana en torno a sí mismo de la que Messi es un reflejo contemporáneo, como lo es Cristiano Ronaldo en la facultad de proporcionar a sus seguidores un camino de evasión y hasta una manera de peinarse.

El fútbol se prolonga en tribus. Confronta colores y banderas. Estiliza las antiguas batallas campales. Y sube la temperatura de una sociedad en la alegoría del gran caldero, como orientación de los humores de un país. La guerra de los Balcanes estalló primero en los campos de fútbol.

“La naturaleza vinculante del ritual”, explica la profesora Guibernau, “conduce a la distinción entre la lealtad por elección y a la lealtad autoritaria. Mientras que la primera es el resultado de una elección libre e individual que contribuye a la autodefinición del individuo, la segunda es el resultado de las presiones para actuar de una forma determinada”. Existiría pues una diferencia fundamental entre involucrarse en una comunidad desde el libre albedrío y hacerlo por coacción o inducción, si bien es cierto el ensayo ‘Identidad’ menciona el retorno del autoritarismo y alude a la fascinación que ejerce la sumisión.

“La obediencia a una ideología política o a una fe religiosa”, añade Guibernau, “mantiene en el individuo un sentimiento de seguridad, basado en la pertenencia a una comunidad percibida a un tiempo como poderosa y valiosa, y dentro de la cual los individuos son considerados como miembros, con la prerrogativa de acceder a ventajas materiales e inmateriales ligadas a su pertenencia (…) El auge del fundamentalismo islámico puede interpretarse como una respuesta a la globalización y un rechazo a la modernidad. Pretende recuperar la tradición y tiene un poder enorme como fuerza para responder a las cuestiones a las que se enfrentan los individuos contemporáneos, a los aspectos civiles y políticos de la vida social”.

Abunda o redunda en esta dirección un ensayo que acaba de publicarse en Italia a iniciativa del periodista Maurizio Molinari. Se titula ‘El retorno de las tribus’ (Ediciones Rizzoli) y sostiene que el problema externo del yihadismo y el problema interno del nacionalismo provienen del debilitamiento del Estado. Especialmente en Europa, donde prevalece la propaganda eurófoba porque no se ha construido en Bruselas un relato que entusiasme, ni se ha sabido inculcar entre los europeos la relevancia del modelo integrador.

En los países desarrollados se ha percibido por muchos ciudadanos el hecho de que la globalización ha provocado un dominio de las desigualdades económicas que determinan tanto el discurso de los movimientos populistas y antisistema como proporciona energía al nacionalismo exacerbado”, explica Molinari. “Ha cuajado la idea de que hay un establishment, una casta, de forma que se ha predispuesto la aparición de grupos, de partidos, que fomentan la idea vigorosa de una pertenencia y de un credo alternativos. No digamos ya cuando puede apelarse al pasado, exacerbar los símbolos patrióticos propios, resucitar las leyendas fundacionales”.

La endogamia nacionalista coexiste a juicio de Molinari con la amenaza global del yihadismo, cuya pujanza está igualmente relacionada con la debilidad de los Estados árabes-musulmanes. “Se han descompuesto en la inercia fallida de la primavera árabe y se ha producido un poderosísimo resurgimiento de los clanes tribales como fuente de agregación social, económica y militar. El yihadismo propone una revolución, aunque sea una revolución sanguinaria. Y ha logrado fertilizar en las tribus, los clanes, las mezquitas. Es un proyecto poderoso frente a la agonía del Estado débil”.

El ejemplo más elocuente consiste en el Estado Islámico. Técnicamente es un feroz movimiento terrorista, pero representa un modelo de sociedad y aspira a recrear las fronteras de un gran califato. De ahí la importancia que reviste haber comprometido un área geográfica —Siria e Irak— y haber proporcionado una infraestructura educativa, religiosa, sanitaria.

Desde la autoridad, el terror y la propaganda, pero también desde el fracaso de los Estados y desde su papel providencialista, Al Bagdadi, cabeza visible e invisible del Daesh, ha “conseguido” instalar su régimen en el esquema de las sociedades y comunidades previas a la constitución del Estado. “La única manera de ganar esta batalla de nuestro tiempo consiste en combatir el yihadismo como si el populismo no existiese y de combatir el populismo como si no existiese el yihadismo”, razona Molinari. “Son dos emergencias de los países occidentales que deben tratarse por separado, porque en un caso se trata de rediseñar la seguridad colectiva y en el otro de proyectar la prosperidad colectiva”.

El deterioro del propio bienestar y la psicosis hacia las amenazas exteriores —más abstractas que concretas— habría proporcionado a Donald Trump el mejor argumento de su victoria. Molinari sostiene incluso que el nuevo presidente de EE UU ha surgido a iniciativa de la “tribu blanca”. Un huracán protestante y nacionalista que provendría del descontento y que podría vincularse igualmente a la política fallida de Obama “en el ámbito de la desigualdad, la pobreza y el racismo”, precisa el escritor italiano.

El mundo complejo, la globalización, la edad de la tecnología, la hipercomunicación han precipitado una reac­ción hacia dentro, pero Guibernau se resiste a generalizar una visión negativa del fenómeno identitario. “El sentimiento de pertenencia genera el antídoto más potente contra la alienación y la soledad. La pertenencia ofrece al individuo un punto de referencia, permitiéndole así trascender su limitada existencia al compartir intereses comunes, objetivos y características con sus compañeros o compatriotas. La intensidad de los sentimientos que mueve a los individuos a pertenecer es tan fuerte que a menudo consigue que los propios individuos estén dispuestos a renunciar a su libertad a cambio de las ventajas que ofrece la pertenencia a un grupo determinado”.

La libertad nos habría procurado independencia y racionalidad, pero nos habría imbuido con sentimientos de soledad. Y para escapar a ellos, sostiene Guibenau, habríamos encontrado refugio en otras formas de dependencia. Desde las adicciones más conocidas —sexo, drogas, trabajo obsesivo, riesgo, juego, redes sociales, comida— hasta el fenómeno de “la sumisión al líder y la conformidad como tipos de dependencia que están sumando adictos a un ritmo considerable”.

Seríamos pues los occidentales más libres que nunca, pero no necesariamente más felices. Se obstina en demostrarlo un tercer ensayo que ha escrito el periodista estadounidense Sebastian Junger y cuyo título, 'Tribu' (Capitán Swing), es tan elocuente como el predicado que aparece en la portada: 'Sobre vuelta a casa y pertenencia'.

“Si el hogar es el sitio donde, cuando has de ir, tienen que ir a recogerte, la tribu sería la gente con la que te sientes forzado a compartir la comida que te queda. A los humanos no les importa la adversidad; lo que les afecta es no sentirse necesarios. La sociedad moderna ha perfeccionado el arte de hacer que la gente no se sienta necesaria”, escribe Junger.

Es el contexto en el que se explica el elogio de las sociedades tribales, no por reivindicar el adanismo ni la idealización, sino por reflejar hasta qué extremo las necesidades fomentaban la solidaridad, el sentimiento de pertenencia. Los miembros de una sociedad tribal compartían la pobreza, pero también el tiempo y las relaciones, entretanto que la independencia económica de nuestro tiempo habría conducido al aislamiento, favoreciéndose incluso la depresión y el suicidio. Seríamos urbanitas sobrealimentados y al mismo tiempo mal nutridos, competitivos y aislados, por mucho que la comunicación tecnológica nos plantee la sensación de que vivimos hiperconectados.

Hasta la paz se habría convertido en un problema… por no haber sabido revestirla de valor comunitario. “Las comunidades que han sido devastadas por desastres naturales o causados por la mano del hombre casi nunca caen en el caos; si acaso, se convierten en más justas, más igualitarias y más deliberadamente equitativas”. Cuenta Junger que las tasas de suicidio en Europa son mucho más altas en tiempos de paz; y que los desastres o las situaciones extremas producen condiciones mentales más sanas, empezando por los soldados estadounidenses desplazados a los últimos conflictos.

Junger ha concluido que la actividad en el conflicto era mucho más gratificante que el regreso a casa. No por el placer de disparar, sino por cuanto el conflicto proporcionaba a los soldados los sentimientos de solidaridad, jerarquía, respeto, valores y hasta conciencia de la muerte. “La belleza y la tragedia del mundo moderno es que elimina muchas situaciones que exigen que la gente demuestre un compromiso con el bien colectivo. Aliviado de la mayoría de los desafíos de la supervivencia, un hombre urbano puede pasarse toda la vida sin tener que ayudar a nadie”. Junger no pretende que renunciemos a la electricidad ni que nos coordinemos para cazar bisontes. Tampoco hace apología de la catástrofe ni de la guerra. Sus reflexiones conciernen a la insoportable levedad que ya describió Kundera. Y a la paradoja de un mundo infelizmente feliz donde prolifera el aislamiento, el individualismo y la falta de rituales compartidos.

La solución consistiría en comprometerse. Resucitar el principio fundacional de la lealtad y de la pertenencia. Reconocerse en una comunidad. Sería la mejor forma de reavivar la hormona de la oxitocina —esa que se dispara en la lactancia, pero también en la cooperación grupal—, especialmente si elegimos una causa filantrópica y una tribu que no exija renunciar a la libertad.

lunes, 22 de mayo de 2017

#hemeroteca #gestacionsubrogada #derecho | El Derecho y los vientres de alquiler

Imagen: Málaga Hoy / 'Subasta de mujeres' de RECAV en Málaga, 2018-01-20
El Derecho y los vientres de alquiler.
Enrique Álvarez Conde / Rosario Tur Ausina | El Mundo, 2017-05-22
http://www.elmundo.es/opinion/2017/05/22/5921cc8e468aeb304e8b4637.html

En los últimos meses la opinión pública española ha analizado, desde una multiplicidad de perspectivas, la problemática de los vientres de alquiler, ofreciendo juicios y opiniones dispares que no siempre responden a la realidad española. Por ello, y para que nuestros legisladores tomen conciencia del caso, creemos necesario ofrecer nuestra opinión.

Como juristas, hemos de dar la razón, para empezar, a quienes piensan que los vientres de alquiler no están prohibidos en nuestro país. La propia regulación actualmente existente (el art. 10 de la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción asistida), establece la nulidad de pleno derecho del contrato por el que se convenga la gestación por sustitución y, con ello, la ausencia de efectos respecto a la posible filiación que pretendía dicho contrato. Ello significa que la norma, ni dispone expresamente la prohibición de tal práctica, ni sanciona a quienes llevaran a cabo tales técnicas reproductivas. Ahora bien, que ello sea efectivamente así no supone, como creemos, que encaje sin más con nuestro marco constitucional. En efecto, lo que le ocurre a esta norma es que simplemente omitió confrontar la gestación por subrogación con la Constitución misma como suma, no sólo de espacios de libertad, sino también de igualdad entre los sujetos implicados. Y es que debe tenerse en cuenta que, en no pocas ocasiones, la omisión o la tibieza del legislador esconde, en realidad -como ocurre en el presente caso-, un escaso compromiso con los derechos fundamentales y con los valores constitucionales entendidos como un conjunto indivisible e interdependiente. Por ello, antes de legitimar sin más esta disposición e incluso abrirla a nuevos desarrollos jurídicos, conviene plantearnos dos cuestiones: por un lado, la actitud que muestra el derecho y hasta que punto éste quiere llevar a cabo esa confrontación entre el marco constitucional y la institución de la gestación subrogada; por el otro, que en un mundo globalizado resulta muy complicado -por no decir imposible y además estéril- encerrar el debate entre las fronteras estatales.

Respecto a la primera cuestión, el Derecho, al incorporar a su ámbito cualquier interés digno de protección jurídica, puede adoptar diferentes posturas. En primer lugar, el derecho puede desarrollar una función sancionadora, situación que ocurre cuando el ordenamiento jurídico prohíbe una conducta por atentar o violar principios, bienes constitucionales o derechos fundamentales. La expresión más conocida es el Derecho penal, y en sentido mas amplio el Derecho sancionador, que para adecuarse al principio democrático debe tener un carácter de intervención mínima. En segundo lugar, el ordenamiento puede adoptar una postura neutra, consistente en reconocer hechos jurídicos y anudarles determinadas consecuencias jurídicas, pero sin contemplar una prohibición de dichos hechos. Es el caso que nos ocupa. Y una tercera, que pudiera calificarse de función proactiva del Derecho, consistente en que este promueve o favorece determinadas conductas en aras de esa protección de bienes constitucionales y derechos fundamentales a que antes nos referíamos. Esta es la función que debería ser aplicable al caso que nos ocupa.

En efecto, la gestación subrogada difícilmente encaja con la Constitución por los siguientes motivos. En primer lugar, porque atenta contra el carácter inalienable de la dignidad, pues esta práctica hace que el sistema configure a las mujeres como un sujeto cosificado convertido en una propiedad privada susceptible de erigirse en una mercancía (por mucho altruismo que quiera alegarse), lo que es en consecuencia contrario a la idea de que la maternidad por sustitución se produce entre sujetos situados en una posición igual y en base a un libre consentimiento entre las partes. Y en segundo lugar, la posible prohibición de este contrato no afecta al libre desarrollo de la personalidad de los sujetos implicados por impedir el supuesto derecho a la maternidad/paternidad de aquellos, pues efectivamente ésta última (la maternidad/paternidad) no es propiamente un derecho, sino un hecho consentido y regulado por el ordenamiento al que se le anudan efectos jurídicos y que bajo ningún concepto puede dar lugar a prácticas contrarias a otros derechos y valores que están en juego en el supuesto de hecho que comentamos (la dignidad, la libertad y la igualdad).

Por los motivos anteriores no nos convencen argumentos filosóficos o altruistas. La dignidad humana no es, en efecto y constitucionalmente hablando, la que se configuró en el siglo XVIII; y no hace falta acudir a Kant para poner de relieve que la misma tiene en nuestro ordenamiento jurídico unas manifestaciones concretas: es el fundamento del orden político y de la paz social (art. 10.1 de la Constitución) y se proyecta sobre todo el sistema de derechos fundamentales, exigiendo una igualdad «real y efectiva» (art. 9.2 de la Constitución), pero también por citar otros ejemplos, sobre el derecho a una información «veraz» y no mendaz, la educación «en principios democráticos», la tutela judicial «efectiva», el derecho a una vivienda «digna», un medio ambiente «adecuado para el desarrollo de la persona», etc.

Por otro lado, los llamados argumentos altruistas no encierran sino una concepción sexista y negadora de la igualdad de derechos y oportunidades de las mujeres, cuyos cuerpos son objeto de comercialización. Ser feminista, es decir, defender la igualdad de derechos de mujeres y hombres, es lo mismo que ser demócrata; o digamos que lo último conlleva, per se, lo primero. Ambas posiciones van indisolublemente unidas. Y lo contrario es utilizar argumentaciones que van contra el principio democrático y contra la propia dignidad humana, que tanto proclamamos. Por tales razones es posible llegar a la conclusión de que lo que le ocurre a nuestro actual marco normativo es que resulta escasamente garantista y poco comprometido con la igualdad.

Desde la segunda cuestión relativa al fenómeno de la globalización, los estudios de derecho comparado ponen de relieve una disparidad normativa, existiendo países que permiten los vientres de alquiler en el sentido de dar validez al contrato realizado entre las partes y no su nulidad, como acabamos de ver, en el caso español, lo cual implica también una determinada lectura de sus propios marcos constitucionales. Sin embargo, la realidad globalizadora no puede llevarnos, sin más, a dejarnos arrastrar por otras regulaciones jurídicas pero tampoco por meros criterios ligados al pragmatismo liberal, es decir, al margen de nuestra capacidad para discutir y pactar sobre un marco constitucional que hoy es mucho más comprometido con la persona desde sus concretas circunstancias. Así, por un lado, aunque la institución de la gestación subrogada atentara contra determinados valores y principios constitucionales, no cabría negar -en virtud de otro bien constitucional cuál es la garantía del interés superior del menor- la inscripción en el registro de los menores nacidos mediante este tipo de práctica en otros países. Y por otro lado, resultaría también una paradoja que en un marco constitucional europeo que promueve la libre circulación y la generación de ciertas bases democráticas comunes (la idea de un derecho común europeo), las normativas sobre la gestación subrogada sean dispares.

Efectivamente, las consideraciones anteriores ponen de relieve una complicada paradoja: que la globalización lleva aparejada la posibilidad de que hechos jurídicos iguales reciban consecuencias jurídicas distintas en los diferentes países, pero también de que al tiempo haya una acusada tendencia a que las Constituciones resulten más permeables a esas mismas regulaciones diversas. La porosidad de las Constituciones es evidente. Y como además no hay una respuesta jurídica global a la globalización, o como incluso la misma es prácticamente imposible (pensemos en el proceso de creación de la Corte Penal Internacional, sus dificultades de actuación, y el no reconocimiento de la misma por casi la mitad de la población mundial -China, India, Rusia, USA...-), no basta ya con las dos primeras funciones del Derecho (ni la sancionadora, ni la neutra), y se convierte en más necesaria que nunca la actitud beligerante y proactiva del ordenamiento, mostrando su capacidad para construir y generar verdades indivisibles.

De todo lo anterior es posible colegir dos conclusiones. En primer lugar, que hay que reformar nuestra actual legislación prohibiendo y/o sancionando los vientres de alquiler por atentar contra derechos fundamentales, principios, valores y bienes constitucionalmente protegidos. Y una segunda, quizá más importante: que ello ha de realizarse a través de la función proactiva del Derecho, y de otras técnicas de socialización política (educación en derechos fundamentales y en principios y valores constitucionales, enseñar a vivir en Constitución, etc.) con la finalidad de que los poderes privados (en este caso concreto las empresas que comercializan los vientres de alquiler) y la propia ciudadanía adquieran la conciencia de que ello va en contra del marco constitucional al configurar, a la postre, a las mujeres y a sus cuerpos como una auténtica mercancía que se puede comprar, vender o alquilar. Libertad e igualdad son una realidad indivisible, y ésta última, la igualdad, es un derecho fundamental, un principio constitucional y un valor superior del ordenamiento jurídico.

Enrique Álvarez Conde y Rosario Tur Ausina son catedráticos de Derecho Constitucional.

NOTA DE IGLU: Los medios dieron a conocer, a finales del mes de Marzo de 2018, a Enrique Álvarez Conde como director del Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y responsable del máster que 'realizó' Cristina Cifuentes.