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miércoles, 13 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lesbianismo #mujeres #historia | Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo: pioneras del feminismo... y de lo 'queer'

Imagen: El Mundo / Victoria Kent, Victoria Ocampo y Gabriela Mistral
Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo: pioneras del feminismo... y de lo 'queer'.
Ni la Guerra Civil, ni los nazis ni el franquismo pudieron con la amistad entre Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo, que se escribieron durante cinco décadas. Ahora se publican sus cartas.
Leticia Blanco | El Mundo, 2019-11-13
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/11/13/5dc55b8d21efa0b07a8b459b.html

[Otro título: Relaciones lésbicas, guerras y un hijo oculto: las cartas entre Victoria Kent, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo]

Victoria Ocampo, Gabriela Mistral y Victoria Kent fueron confidentes y se cartearon incluso antes de conocerse en persona, movidas por la admiración mutua. Las misivas se reúnen en ‘Preciadas cartas (1932-1979)’ (Renacimiento), en un volumen editado por Elizabeth Horan, Carmen de Urioste Azcorra y Cynthia M. Tompkins que se lee como la amistad de cinco décadas entre tres mujeres excepcionales y un ejemplo de que lo personal y lo político son inseparables.

¿Qué tenían en común Kent, Ocampo y Mistral? No compartían orígenes, educación, estatus económico, ni siquiera ocupación, aunque las tres escribían. Eran decididamente feministas, de izquierdas, las tres tuvieron apasionadas vidas íntimas que no se ajustaban al canon de la época y cuando se conocieron ya habían decidido rechazar el rol de obediente esposa-madre que la sociedad les deparaba. Las tres se preocuparon por el bienestar de los huérfanos de la Guerra Civil y los refugiados en el exilio. Todas tuvieron contacto en algún momento con la directora de la Residencia de Señoritas María de Maeztu (todo un carácter por lo que se desprende de las cartas), quien orquestó el encuentro entre Ocampo y Mistral.

Mistral, a la que el Nobel de Literatura pilló por sorpresa en Brasil, es la más literaria de las tres. «Me lava mucho el alma costruda volver a la poesía. No es verdad que una la haga, ella es quien manipula al pobre poeta», escribe. Kent y Ocampo son más directas en sus misivas, puede que porque se sentían más cómodas en el papel de editoras. La española escribió ‘Cuatro años en París’, una novela inspirada en la etapa que vivió bajo una identidad falsa durante la ocupación nazi para no ser detectada por la Gestapo, pero la obra donde más años y esfuerzo invirtió fue ‘Ibérica’, la revista antifranquista editada en Nueva York que se publicó entre 1953 y 1974 y que sufragaba su pareja, la filántropa Louise Crane (ex, por cierto, de Elizabeth Bishop). Ocampo también volcó su tiempo y dinero en ‘Sur’, una revista (y editorial, allí se publicó la novela de Kent) en la que escribió toda la intelectualidad de la época, de Borges a Bioy Casares pasando por Ortega y Gasset, García Márquez, Lorca y Neruda.

De las tres, la que quizá resulte más familiar para el lector español es Victoria Kent. Heredera de Concepción Arenal en su preocupación por el pésimo estado de las cárceles españolas y tristemente recordada por negarse al sufragio femenino (pensaba que las españolas no estaban suficientemente educadas para votar en 1931), fue la primera abogada española y diputada por el Partido Republicano. En el exilio coincidió con Mistral en México y desde los 50 vivió en un entorno sofisticado en Nueva York.

La vida de Mistral es la más atribulada de las tres, que ya es decir, y eso se refleja en las cartas, a las que dedicaba varias horas al día. Está el desliz diplomático que la apartó fulminantemente del consulado madrileño, el hijo al que tardó años en reconocer (al que apoda cariñosamente Yin Yin en las cartas y que acabaría suicidándose por acoso escolar en Petrópolis), su infatigable nomadismo entre Europa y América Latina y su relación con Doris Dana, de familia aristocrática neoyorquina, igual que Louise Crane.

A las poderosas Crane, madre e hija (la madre fue cofundadora del MoMA), Ocampo las había conocido mucho antes, en los 30. Así le comenta Mistral a Ocampo el noviazgo entre Kent y la rica heredera: «Por ahí nuestra Vict. Kent se ha hallado una joya de niña que la aloja y la alimenta con una nobleza grande, porque ella seguramente ya ha gastado sus ahorros». Los contactos de las Crane sirvieron para que, años después, Ocampo fuera liberada tras ser encarcelada por el peronismo.

La correspondencia está marcada por las guerras, la política y el exilio. Ocampo y Mistral sabían que durante la ocupación Kent estaba escondida de los nazis y la correspondencia se interrumpe esos años. Del mismo modo, Mistral se abstuvo de contactar con Kent el primer año de Guerra Civil porque sabía que su correo estaba bajo vigilancia. Durante los cuatro años que los submarinos alemanes patrullaron el Atlántico, la correspondencia se paralizó. Más anécdotas de película de espías: Ocampo recogió el manuscrito de ‘Cuatro días en París’ de Kent en Nueva York antes de zarpar hacia Europa y es muy probable que lo llevara consigo cuando asistió a los juicios de Nüremberg. Las cartas eran muy importantes: Kent las empacó las tres veces que se mudó.

Más allá de lo político, lo íntimo se cuela en las cartas. Los achaques de salud de Mistral (una diabetes que le causó semiceguera, problemas de riñones y recurrentes gripes) son una constante. La chilena es la menos formal y más espontánea: lo mismo comparte con Kent un sueño que ha tenido con Manuel Azaña que los violentos anónimos que recibió durante un tiempo, que la dejaron tocada.

‘Preciadas cartas’ también es, tal y como apunta el prólogo, un documento importante en la historia LGTB «para entender la manera en que el género y las identidades sociales se entretejieron» durante la Guerra Civil y el franquismo. Tanto Mistral como Kent construyeron ámbitos que hoy llamaríamos queer en el Madrid de la Segunda República y el Nueva York de los 50, 60 y 70. El ansia de libertad se respira en las cartas, como cuando Mistral le escribe a Ocampo: «Escribe lo tuyo; suéltate, no pulas demasiado, atrévete a ser criolla. Olvida la cultura, que es una mala palabra. Tírala y escribe con olvido de lo que sabes y que es extraño en tu sangre». Físicamente coincidieron pocas veces. La última, cuando a Mistral le diagnosticaron cáncer de páncreas. La última frase que Mistral le dijo a Kent fue: «¿Qué hay de aquel país? La miseria es grande». La última música que quiso oír fue la canción ‘Sefardita española’.

martes, 4 de noviembre de 2014

#hemeroteca #lesbianismo | Que no quede huella

Que no quede huella
El documental ‘Locas mujeres’ sobre Gabriela Mistral, insiste en descubrirnos lo evidente, que la poeta chilena tenía una relación de pareja con la escritora estadounidense Doris Dana. ¿Por qué esta insistencia en demostrar? Porque sobre las relaciones afectivas y sexuales lesbianas impera la normativa historiográfica -y vital- de que no quede huella.
Xara Sacchi | Pikara magazine, 2014-11-04
http://www.pikaramagazine.com/2014/11/que-no-quede-huella/

“Que no quede huella, que no, que no, que no quede huella…” Bronco, Que no quede Huella

“Marginación, postergación, misoginia, no son sino eufemismos que suavizan una realidad llamada odio. Punto.” María Elena Walsh, Carta a una compatriota

Hace unos días vi un documental sobre la poeta chilena Gabriela Mistral y su compañera, amante, amiga, pareja, la escritora estadounidense Doris Dana. ‘Locas mujeres’ -así se llama el documental realizado por María Elena Wood -revuelve, entre los archivos que ha ordenado y guardado Doris Dana a través de los años, los papeles, manuscritos, telegramas, recuerdos de Gabriela Mistral, la escritora, y su vida en común con Doris Dana.

En la clase de literatura en la secundaria leímos a Mistral, también a Storni y a Walsh. Fue una suerte tener a una profesora apasionada por la literatura sudamericana. De esta profesora se rumoreaba que estaba enferma. Una compañera me dijo en tono despectivo en un recreo: “Es que tiene Chagas”. La enfermedad de Chagas es una enfermedad endémica, no de la pobreza como se suele decir, sino de la desigualdad económica y social, y el racismo. Por eso, apuntar a alguien de chagásico es marcarlo como amenaza social. Esta profesora siempre nos contaba sobre las vidas de l*s escritor*s. Así, creo que varias generaciones habrán escuchado la palabra lesbiana por primera vez, aunque sea como un rumor o como un “pero” o como un “puede ser”, “dicen” o “soltera, no se casó nunca, tenía una secretaria, amiga, hermana, empleada que siempre la ayudó y estuvo con ella”. Y entonces saltaba la palabra: Lesbiana. O Chagásica, o gris, o solitaria, u odiosa, o loca.

No recuerdo que la profesora haya pronunciado la palabra lesbiana, pero sí recuerdo las risas burlonas en el aula. Las caras de asco. La sanción.

El documental pareciera todo el tiempo insistir en descubrirnos lo evidente, mostrarnos pruebas de que Gabriela Mistral tenía una relación de pareja con Doris Dana y había tenido igualmente otra relación con Palma Guillén, con la que habían adoptado un hijo, Yin Yin.

¿Por qué esta insistencia en demostrar? El porqué es perfectamente comprensible, porque sobre las relaciones afectivas y sexuales lesbianas impera la normativa historiográfica -y vital- de que no quede huella. Que no quede huella. Entonces ‘Locas mujeres’ va rastro por rastro, papel por papel, documento por documento. Aquí los papeles de tutela compartida de Yin Yin de Palma y Gabriela. Allí las notitas de amor en una libreta de Gabriela y Doris. Acá las grabaciones de su vida en común. Ahí, la única cama de la casa.

Dicen que Doris Dana nunca hablaba de su relación con Gabriela. Y en el documental dan varias explicaciones sobre eso. Yo pienso que el porqué también es muy sencillo: porque tenían una relación de diez años juntas. No recuerdo muchas parejas de escritores dando pruebas de su relación diciendo algo así como “es verdad, estamos juntos, somos heterosexuales”. No es necesario. Se da validez al amor, al cariño, se asume que les gusta darse placer sexual, estar juntos, adoptar niñ*s, vivir como se les de la gana, en una casa, en dos, con dos camas, con una. Se asume que hay una “verdad” en esa afectividad conyugal. La relación de Doris y Gabriela (y de Gabriela y Palma) era evidente y visible. Hay todo un esfuerzo por acallarla, por “protegerla”, por cubrirla, por negarla, un inmenso esfuerzo por ponerla en duda… ¿Por qué será? Por “locas”, claro, no será por la tremenda opresión social, económica, cultural y política sobre las prácticas afectivas y sexuales disidentes, no, ¡claro! Qué va. “Si eso no es amor”, y cuando dicen esto, quieren decir: del bueno, del verdadero, del bello, del sano, del real, del limpio, del productivo…

La discriminación, el odio, la “fobia” -espantoso eufemismo para justificar la violencia- hacia las afectividades sexo-genéricas no normativas, es decir, en este caso particular, de las tortilleras, bolleras, zapatas, lelas, camionas, sáficas, bomberas, chong*s… y un largo etcétera es estructural. Vamos a decirlo tod*s junt*s otra vez: e-s-t-r-u-c-t-u-r-a-l.

Eso significa que no es un caso aislado, una cuestión de temperatura del ambiente, de mal humor de una persona, sino que, como existe una normativa social, cultural, económica, racial y política que funciona con la fuerza de la obligatoriedad compulsiva, que es en este caso la heterosexualidad obligatoria o la presunción de esta, entonces lo que disiente, resiste, tuerce, desvía, itera, ignora esta normatividad es considerado como lo que está fuera, lo que amenaza, lo que no tiene forma, ni verdad ni belleza, lo que no es más que errado, sin sentido, ilegible, intratable, intraducible… y un larguísimo etcétera aquí también.

Hace un tiempo hicimos con otras compañeras un videíto para un 28J, “Yo no perdono”, se llamaba. El video era bastante simple, y con cosas básicas y obvias que constituyen la discriminación de cada día. Tenía una un tinte identitario lesbiano bastante clásico. No es que fuéramos ingenuas, no, sólo queríamos hablar de pequeñas cosas que van haciendo doler al cuerpo. No grandes discursos, sino cosas de entre casa. No queríamos tampoco “ofender” a seres queridos. Pero claro, eso es una trampa. Así que, como ya he superado ese tema, voy a contar algunos ejemplos cotidianos de lo que significa eso de la “lesbofobia” estructural y espero ofenderlos y que eso deje huella -disculpen la profusión de comillas que vendrá a partir de ahora en el texto.

Estaba hablando con un profesor muy amable de literatura inglesa y me comentaba que su hija adolescente “también” andaba noviando con una “amiguita”, entre comentarios de qué suerte que ahora los tiempos están mejor, no como en su época, bla, bla, bla… Me larga: “Para mí mucho mejor que esté con chicas, así no me viene un día con un ojo morado y tengo que ir a partirle la cara al hijo de puta”. No me sorprendió, tengo una categoría para ellos, les llamo los padres, hermanos, tíos, ex, machos comprensivos con las practicas afectivas y sexuales lesbianas. Generalmente “la mejoría” implica aserciones como “así no se quedará embarazada”, “así no anda puteando”, “así no deja de estudiar” y otro largo etcétera misógino en el cual “sus” hijas, hermanas, ex, sobrinas son unas especies de muñequitas muermo idiotas que no sabe nada de la vida, no saben lo que desean ni lo que quieren y que ellos tienen que proteger de otros hombres que piensan como ellos, “porque ellos saben como son los changos” -dirían en mi pueblo.

Una amiga me comenta sobre su nuevo amor, un chico feminista, me lo presenta, muy amable el chico. Lo veo un tanto incómodo ante mi presencia. ¿Inseguro? Pasan los días y quedamos con mi amiga para tomar una cerveza, hablamos de todo y le pregunto: “¿qué tal el feminista?, no le caí muy bien, ¿no?” Entonces, “no, para nada, es que estamos experimentando con la pareja abierta y bueno habíamos quedado que yo con chicas sí, pero con chicos, no”. Ajá. Digo yo -y no le salto al cuello porque la quiero- y digo: “y entonces…”. Ella dice no, nada, habrá pensado “algo”… Qué se yo… pero le pregunté luego y me dijo que nada que ver, que ni se le había cruzado por la cabeza. Tampoco me sorprendí, no educo soberanos ni amigas, así que la dejé ahí con mi silencio. Otra categoría, el novio feminista, antes el pajero de toda la vida. Antes su masculinidad alternativa lo dejaba fuera de juego, ahora puede ejercer ampliamente su machismo pasivo agresivo. Traducción: con chicas sí, pero la única pija que vale es la mía. Porque claro, es imposible que un lazo sexual con una lesbiana tenga el mismo valor que uno con otro imbécil como él. Y ella claro, porque quiere probar no se qué, pero sin perder los privilegios de ser una buena chica heterosexual.

Fiesta. Relación de cuatro años de pareja. Madre: “Te presento a la amiga de mi hija, sabe hablar muy bien francés. Desde que vino aprendió un montón”. Está bien, ya sé, da risa. Pero no te hará gracia si eso significa que no quede huella de una relación compleja, intensa, profunda. Crisis de pareja. La pareja heterosexual del hermano de una de ellas se va de casa. Crisis de pareja. Me llama mi amiga llorando y me dice: “Sabés que a la novia de mi hermano le siguen hablando, le preguntan cómo van, qué van a hacer. Y a mí, de mi novia nada. Como si nunca hubiera existido. Claro, ¿si nunca tuve pareja, de quien me voy a separar?” Negar el duelo, se llama eso. Negar la vida.

“La mascota esa que tienen”, “ese gato”, “el perro ese”, “dejate de joder con esa rata y tené un hijo”, “ay pobrecitas, sin su perro se mueren”. Largo sería hablar sobre la relación entre animalidad, exclusión, derecho a decidir, violencia y discriminación médica, aborto de lesbianas y personas y hombres trans…

“Una cosa es que seas lesbiana y yo te acepte como amiga, otra que permita que lo andes demostrando frente a mis hijos, eso sí que no lo puedo permitir”. Ella, profesora de filosofía. Cuando me dicen “de qué discriminación me hablás si ahora está todo bien”, suelo preguntar: ¿Desearías que tu hija fuera tortillera? Generalmente la respuesta es “bueno, si lo pones así… Prefiero que no, es muy difícil, pero bueno, que sea lo que sea…” Si te digo, “¡ay, qué lindo, estás embarazada, ojalá sea lesbiana!” Bueno, ojalá que sea lo que ella quiera…, y sonrisa de “siempre la misma extremista” y cara de “será normal, tendrá un novio bueno que la cuide y la quiera, ¿por qué lesbiana? Esta siempre con sus cosas de torta resentida, el mundo ha cambiado querida” (sic).

Y podría seguir.

Ni siquiera el desamor está permitido, ni el amor no correspondido pero enunciado y compartido, respetado. Ni los malos polvos. Ni los amores platónicos. Nada absolutamente nada es “verdadero” en las afectividades, prácticas sexuales y performances de género lesbianas para la mirada de la heteronorma. Y sí, sé perfectamente el valor para la producción de ficciones disidentes, mundos posibles, nuevas realidades que tiene “no estar en la verdad”. Sí, sé que muchas cosas cambian y siguen cambiando. Sé que existe el matrimonio igualitario -que legitima la distribución de la propiedad privada entre personas que comparten vínculos afectivos sexuales estables-, pero no cubre contra la discriminación y el odio. Como me dijo una amiga hace unos días: “Sí, ya tengo el documento, ayer se lo mostré a un cana y el culiao me dijo: felicidades, más fácil pintarte los dedos”. Es como decir: ¡¿Cómo es posible que sigan matando mujeres con la excelente ‘Ley contra la violencia hacia las mujeres’ que tenemos?!, o ¡¿cómo es posible que haya racismo en EE.UU. si el presidente es Obama?!

“Lesbianas políticas”. Siempre me pregunté por qué la aclaración. ¿Qué se aclara con la diferencia? Soy lesbiana, pero política. Me mata de risa. ¿Soy lesbiana pero no ejerzo? ¿Soy lesbiana pero prefiero novio, casa, coche e hijos? ¿Soy lesbiana pero quiero sólo pijas naturales? -¿y quién le tiene miedo a la naturaleza?-. Soy lesbiana, pero no soy lesbiana-lesbiana, soy lesbiana pero soy hetero, pero no quiero estar ligada a la parte en la que se considera que soy rara, monstruo social, machona, guarra, come coños, anormal. Soy lesbiana pero no lo intentes conmigo porque lo mío es político. “Quiero probar” -una y otra vez, ¡¿probar qué?!

Siempre me da ganas de decirles esa consigna de los ochenta: “Tranquila, una noche conmigo no te hace lesbiana. Ni siquiera lesbiana política”.

Leído en Facebook: Una lesbiana política no tiene que salir una y otra vez del armario porque suponen que tenés un buen chico en casa esperándote porque no te ves como una “lesbiana política”. Me estuve riendo dos horas. Una “lesbiana política” no tiene miedo que la echen del trabajo si se enteran que es lesbiana, no tiene que mentir e inventarse novios en otros países para contener el acoso constante porque el compañero de trabajo piensa que como es lesbiana no le importará follar con él. Una “lesbiana política” no tiene que mudarse a otro país y no poder ver a su familia y amigos porque su vida y la de ellos corre riesgo de muerte. Una “lesbiana política” no muere por la bala de un padre ofendido de que su hija esté con la machona del barrio. Una “lesbiana política” seguro tiene varón como indica la ley para hacerse una inseminación en la salud pública. Una “lesbiana política” no tiene que alquilar un piso con dos habitaciones y decir “somos estudiantes de máster”. A una “lesbiana política” no le llaman del hospital diciendo que “aquí una señorita dice que usted es el contacto para emergencias”, “sí, estamos casadas. ¿Que ha pasado? ¿Está bien?”, “tiene politraumatismo craneal, parece que ha sido una pelea callejera”. En realidad le han partido la cara al grito de lesbiana. Una “lesbiana política” era mi compañera de trabajo, ella era la novia del jefe, un día me cuenta: “Vino uno de ‘esos’ a venderme rosas para mi novio y le dije tengo novia, y entonces me dice el hombre ¡ay, que pena! ¡Te podés creer que ignorante!”. Entonces yo le digo, no te preocupes, si tenés novio.

Y podría seguir.

Y luego… Pero hay lesbianas ricas, blancas y malas. Y sí, pero ese no es el tema. También hay heterosexuales así y si zafan de la justicia son considerados héroes, ¿Y? Es que también “hay maltratadoras” y perseguidoras, y se obsesionan, y no se cuidan o quieren parecer hombres o no quieren parecer lesbianas, bla, bla, bla… Y así como si rezaran el rosario repiten uno y cada uno de los diferentes prejuicios y lugares comunes que producen a la lesbiana como “anormal”, como “peligro moral”, como “desvío insano”. Y también, otra vez… Pero no tenés que estar tan enojada, la vida es linda, disfruta tu sexualidad -falta que te digan que “dios te dió”-. Gracias, no hace falta que me des permiso, ni autorización, para hacerlo, lo haré o no lo haré, eso es asunto mío. Pero no me digas que no siga enojada. Estoy muy enojada. No olvido y no perdono porque siguen persiguiendo, matando, insultando, discriminando, excluyendo a personas por no adecuarse a tu heteronormatividad obligatoria. Y lo hacen para que no quede huella.

Y TAMBIÉN...
Gabriela era lesbiana: ¿qué hacemos?
Benjamín Prado | El País, 2009-09-19

http://elpais.com/diario/2009/09/19/babelia/1253319159_850215.html

jueves, 6 de mayo de 2010

#hemeroteca #testimonios | "Niña errante", las cartas de amor de Gabriela Mistral a su secretaria

Imagen: Vanguardia / Gabriela Mistral
"Niña errante", las cartas de amor de Gabriela Mistral a su secretaria.
EFE | Vanguardia, 2010-05-06
https://vanguardia.com.mx/ninaerrantelascartasdeamordegabrielamistralasusecretaria-496015.html

Un libro que se publica en España de la mano de Lumen y que muestra la apasionante relación entre la premio Nobel de Literatura (1945) y Doris Dana, secretaria y compañera de sus últimos años de vida y albacea de sus bienes materiales e intelectuales.

"Yo sé bien que nadie, ninguna persona en este mundo, puede saber qué cosa es nuestra vida sino (excepto) nosotros mismos". Así escribe la poeta chilena Gabriela Mistral en una de sus cartas a su asistente personal y compañera sentimental Doris Dana, reunidas ahora en "Gabriela Mistral. Niña errante".

Un libro que se publica en España de la mano de Lumen y que muestra la apasionante relación entre la premio Nobel de Literatura (1945) y Doris Dana, secretaria y compañera de sus últimos años de vida y albacea de sus bienes materiales e intelectuales.

Un epistolario que tiene su origen a finales de los años cuarenta, en el verano de 1948, cuando Gabriela Mistral vivía en Santa Bárbara (California) y Doris en Nueva York, y que comenzó después de que ambas hubieran mantenido un fugaz encuentro personal en el Bernard College de Nueva York, donde la poeta dio una charla sobre "la industria del odio", con eco internacional.

Así lo cuenta y desgrana minuciosamente Pedro Pablo Zegers B., editor del volumen y autor del prólogo.

A partir de ese momento, la joven Doris, de 28 años de edad, perteneciente a una aristocrática familia estadounidense, se queda prendada de la autora de "Desolación", entonces de 58 años. Y ya en las primeras cartas, y sin conocerla personalmente, se dirige a ella como "mi querida y venerada maestra".

Aquí comienza el vínculo entre ambas mujeres, que luego se acrecentaría con la publicación de un libro de Gabriela sobre Thomas Mann que tradujo al inglés Doris. Una relación de más de una década que queda plasmada en las 250 cartas que ha seleccionado Zegers para esta publicación.

Y una correspondencia que ha podido salir a la luz porque, tras la muerte de Dana, en noviembre de 2006, su sobrina y heredera Doris Atkinson donó al Gobierno chileno el legado literario de Mistral, que Dana había tenido guardado durante casi 50 años, con más de 40.000 documentos entre poemas, manuscritos, inéditos y fotografías, para que se guardara en la Biblioteca Nacional.

Ese legado incluía todo este material, más de 10.000 cartas con las que ha trabajado Zegers, jefe del Archivo del Escritor de la citada Biblioteca.

El libro, que ha despertado polémica en Chile por sacar a la luz la vida íntima de la que es todo un símbolo de la nación, pasa por el amor, la política, el pensamiento, los viajes, los celos o la historia de la literatura.

"Cuando leí por primera vez estas cartas, yo sabía lo que tenía entre manos y cuál iba a ser el impacto que iban a provocar en Chile, de manera que las trabajé con mucha altura de miras, pero también con mucha cautela", dijo Zegers cuando presentó en Chile "Niña errante", el pasado 4 de septiembre.

Tema delicado, sobre todo teniendo en cuenta que Mistral era muy celosa de su intimidad y nada propensa a airear cartas, y que se volvía a especular con su sexualidad.

"Estoy tratando de acercar al ser humano que fue Gabriela Mistral, al ser de carne y hueso, bajarla del pedestal en el que la hemos tenido durante más de 50 años y ponerla en la tierra, y, tal vez con esto, incitar a la lectura de su trabajo", explicó el editor.

sábado, 19 de septiembre de 2009

#hemeroteca #lesbianismo | Gabriela era lesbiana: ¿qué hacemos?

Gabriela Mistral y Doris Dana
Gabriela era lesbiana: ¿qué hacemos?
Benjamín Prado | El país, 2009-09-19
https://elpais.com/diario/2009/09/19/babelia/1253319159_850215.html

La correspondencia de la Nobel chilena con Doris Dana, reunida en ‘Niña errante’, se lee como si fuera una novela que cuenta la hermosa historia de amor de estas dos mujeres, que compartieron parte de sus vidas en equilibrio entre el amor, el deseo, los celos y la distancia.

En su país, Gabriela Mistral está por todas partes, tal vez porque así se puede esconder a Neruda detrás de ella: a la hora de elegir escritor nacional entre los dos premios Nobel de Literatura, la autora de ‘Tala’ o ‘Lagar’, que lo ganó en 1945, es menos comprometedora que el de ‘Residencia en la tierra’, que lo obtuvo en 1971 y que sigue siendo un personaje controvertido a causa de su militancia comunista. Así que mientras él parece algo recluido en sus casas-museo de Isla Negra, de Valparaíso y de la capital, su colega y amiga mantiene una presencia pública extraordinaria. Como ejemplo, podemos decir que su cara protagoniza los billetes de 5.000 pesos y que el Centro Cultural que se acaba estos días en Santiago de Chile, construido para celebrar el bicentenario del país en el año 2010 y que presume de ir a ser el más grande de América, también lleva su nombre. Que, por cierto, era tan falso como el del propio Pablo Neruda: en realidad, uno se llamaba Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto y la otra Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga. Si pronuncias seguidos esos once nombres y apellidos, te sale un equipo de fútbol entero.

Ahora, la parte más reaccionaria de la sociedad chilena, la que aún pasea con orgullo por la céntrica avenida 11 de Septiembre, en Santiago, bautizada de ese modo para conmemorar la fecha en que los militares golpistas derrocaron a Salvador Allende, se hace cruces ante la polémica que ha propiciado la aparición del libro ‘Niña errante. Cartas a Doris Dana’, en las que quedan claras las preferencias sexuales de la autora de ‘Desolación’. Hace poco, el semanario ‘The Clinic’ incluyó en su portada una foto a toda plana de Gabriela Mistral y este titular irónico: "¡Era lesbiana! ¿Qué hacemos?". Y no parece que ése vaya a ser el último episodio que obligue a replantear su biografía, porque se sabe que la parte inédita de su poesía, que también estaba en poder de su novia y albacea norteamericana, fallecida en el año 2006 en Florida, duplica la publicada y es muy explícita en sus contenidos.

La correspondencia reunida en Niña errante, que ha salido en Chile en el sello Lumen, se lee como si fuera una novela que cuenta la hermosa historia de amor de estas dos mujeres, que se conocieron en Nueva York tras una conferencia que dictó allí Mistral, al año siguiente de haber sido galardonada por la Academia Sueca, y que compartieron parte de sus vidas en equilibrio entre el amor, el deseo, los celos y la distancia, esto ultimo porque la joven Dana, que también escribía poesía, aunque de forma esporádica, tenía que pasar gran parte de su tiempo en Estados Unidos, lo cual desesperaba a su famosa amante, quien al final consiguió que el Gobierno de su país la nombrase cónsul en Nueva York, para poder estar juntas.

En el libro, conocemos los problemas de salud de la pareja, que hacía difícil que la preciosa Dana, una joven que guardaba un parecido asombroso con la actriz Katharine Hepburn, acompañase a Mistral a sus viajes, como ella quería. También vemos cómo crece su amor. "Desde que te fuiste yo no río y se me acumula en la sangre no sé qué materia densa y oscura. Yo no puedo saber aún, amor mío, lo que ocurra conmigo a lo largo de los sesenta días de nuestra separación. (...) Estoy viviendo la obsesión, amor. (...) Yo no sabía hasta dónde eso -lo vivido- ha cavado en mí, hasta dónde estoy quemada por ese punzón de fuego, que duele igual que la brasa ardiendo sobre la palma de la mano", escribe Mistral a Dana, y ésta responde: "Mi amor. Todo lo bonito me habla de ti. ¡Siempre tú estás conmigo! (...) Veo el cielo y pienso: este mismo cielo toca la cabeza de mi querida. (...) Yo me pongo en el viento y en la lluvia para que puedan abrazarte y besarte por mí".

También hay momentos de desconfianza, y reproches con los que Gabriela le hace saber a Dana "el infierno puro que ha sido para mí tu silencio de siete o más días", o le dice: "En cuanto a tu miedo de perderme, tu falta completa de confianza, yo no me merezco eso, que me da un poco de cólera y un mucho de tristeza, casi de amargura. Yo no soy una sinvergüenza, no, mi amor, yo no soy eso que tú imaginas. Soy una desgraciada si tú sigues sin tener fe en tu Gabriela". Las cartas siempre están firmadas así, pero es curioso que en muchas de ellas Mistral hable en masculino: "Soy arrebatado, recuérdalo, y colérico, y torpe. Por favor, no vuelvas nunca a sufrir así, a padecer por mi culpa, tienes que saber que así me das una enorme vergüenza de mí mismo".

La poeta ayudaba económicamente a su compañera, y parte del epistolario lo ocupan los cheques que le anuncia Mistral que va a mandar o la oferta de que se quede con la renta que produce una casa que tiene alquilada en Monrovia. Pero, sobre todo, ‘Niña errante’ demuestra la desesperación de un amor acosado por las separaciones. "Tengo ganas de morirme, porque dudo de que vuelvas", le escribe Mistral a Doris Dana; y hacia el final del libro, cuando demasiados asuntos domésticos rodeaban ya su paraíso, le da instrucciones para que cuide sus cuentas, y le dice: "Te encargo que tú veles porque yo tenga siempre en caja el valor de lo que cuesta un entierro en tu país. No quiero cargarte a ti con ese gasto grande".

Gabriela Mistral murió en Nueva York, en febrero de 1957. Su novia la sobrevivió cincuenta años, y custodió su legado hasta su fallecimiento. Sólo entonces su sobrina donó al Gobierno chileno los cuarenta mil documentos que forman el legado inédito de la autora de ‘Lagar’, en el cual estaban incluidas estas cartas.