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lunes, 26 de agosto de 2019

#hemeroteca #mujeres #historia | Me llamo Isabel Oyarzábal y fui embajadora, periodista y escritora

Imagen: ctxt / isabel Oyarzábal
Me llamo Isabel Oyarzábal y fui embajadora, periodista y escritora.
Susana Hernández | ctxt, 2019-08-26
https://ctxt.es/es/20190821/Culturas/27650/Susana-Hernandez-retrato-sonoro-Isabel-Oyarzabal-biografia-Kollontai.htm

Isabel Oyarzábal (Málaga, 1878 - Ciudad de México, 1974)
Me llamo Isabel Oyarzábal y vengo de una familia bien. Eso me ha facilitado las cosas. Como mi madre era escocesa, desde muy pronto me familiaricé con el movimiento sufragista de su país y me di cuenta de que la mujeres teníamos que luchar por nuestros derechos. De mi padre, de raíces vascas, tal vez me viene la fortaleza de carácter. Soy obstinada, terca, tozuda, cabezona, testaruda. Jamás estuve dispuesta a recibir un no como respuesta, así que cuando quise ser actriz fui actriz, y terminé subida en un escenario. En el mundo en el que me tocó hacerme mayor, ya lo he dicho, me volqué en la lucha feminista. No había otra salida que pelear. Como lo habían hecho otras. Por ejemplo, Aleksandra Kollontai, aquella mujer que estuvo al lado de Lenin en el Sóviet de Comisarios del Pueblo durante la Revolución de 1917. Dicen que fue la primera mujer en ocupar un puesto de gobierno en un país. Ella también procedía de un ambiente sofisticado, era de una familia aristocrática, y me atrajo tanto que escribí su biografía. Todo era posible mientras te empeñaras, ésa fue su lección. Así que en 1936 cuando estalló la guerra me empeñé, me hice una gira de conferencias por EE.UU. y Canadá, 42 ciudades en 53 días para recabar apoyos a la República. Un día de 1937 me encontré haciendo las maletas camino a Estocolmo. No creo que tenga demasiada importancia en el mundo de la política y las letras esa carrera de obstáculos para llegar en primer lugar. Así que si lo digo, que fui la primera embajadora de España, lo hago para celebrar a la República, que también en eso rompió moldes, y para que entiendan que el diplomático al que fui a sustituir, un caballero de aquellos casposos que se pasó al bando de Franco, cerró las puertas de la delegación como si acabara de llegar el demonio. Mujer y republicana, eso para muchos era entonces lo peor. Y, encima, actriz y diplomática. Y periodista y escritora: si tuviera que decantarme, si de cuanto hice fuera obligado elegir algo, yo me inclinaría por las palabras. La primera aventura grande en la que me metí cuando nos instalamos en Madrid con mi madre a principios de siglo fue fundar la revista ‘La Dama y la vida Ilustrada’. Luego trabajé para una agencia de noticias inglesa y terminé de corresponsal de ‘The Standard’ y haciendo colaboraciones para un montón de medios. Elegí firmar como Beatriz Galindo, la humanista que le enseñó latín y gramática a Isabel la Católica y fue preceptora de sus hijos. Quería decir así que hay una conexión. Y que una mujer viene de otra mujer. Y que supimos elegir el saber, los valores humanistas, la República, la lucha feminista. Y no nos rendimos nunca.

domingo, 28 de febrero de 2016

#hemeroteca #mujeres #historia | Sin nombre y sin sombrero: las artistas borradas de la Generación del 27

Imagen: El Diario / Las Sinsombrero
Sin nombre y sin sombrero: las artistas borradas de la Generación del 27.
El proyecto transmedia ‘Las Sinsombrero’ recupera a las mujeres eliminadas de la historia oficial de la Generación del 27. Maruja Mallo, Concha Méndez, Margarita Manso... ¿le suenan estos nombres? Compartieron influencias y amistad con Lorca, Buñuel o Dalí. "Las mujeres ya no tenemos que pedir permiso para participar, pero sí para tener poder", dice Tania Balló, una de las descubridoras.
Sofía Pérez Mendoza | El Diario, 2016-02-28
http://www.eldiario.es/cultura/feminismo/Sinsombrero-artistas-olvidadas-generacion_0_488551823.html

"¿Por qué no podremos ser nosotras sencillamente sin más, no tener nombre, ni tierra, no ser de nadie ni nada, ser nuestras, como son blancos los poemas y azules los lirios?", escribía Ernestina de Champourcín a Carmen Conde el verano de 1928. Probablemente no podrán citar ni una sola de las obras de estas autoras ni les pongan cara. Incluso es posible que nunca hayan escuchado sus nombres, a pesar de que los poemas de la primera, por tomarla como ejemplo, fueron incluidos en la antología de ‘Poesía española contemporánea’ de Gerardo Diego de 1934 junto a otros artistas que de seguro les sonarán: Luis Cernuda, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre o Pedro Salinas.

Aunque es posible que aún no lo sepa, todos -ellos y ellas- son artistas de la Generación del 27. Convivieron en el espacio y en el tiempo, compartieron amistad, se influyeron mutuamente y fueron condenados al exilio. La obra de ellos volvió, se reconoció y se incluyó en los libros de texto, algo así como el instrumento de la historia oficial para perpetuarse. Los nombres de ellas siguen, 89 años después, sin formar parte de la nómina de creadores que les pertenece. Sus creaciones se borraron con disimulo de un relato histórico que Tania Balló se ha empeñado en reescribir en Las Sinsombrero.

"Para mí, ‘Las Sinsombrero’ son todas las mujeres que tomaron la decisión de irrumpir en un mundo tan masculinizado como el arte y en un modelo cultural que las relegaba a la sección femenina o, como mucho, al arte para mujeres", explica la coordinadora del proyecto, una iniciativa coral de la que también forman parte Serrana Torres y Manuel Jiménez.

El término para aglutinar a todas las artistas del 27 no se lo ha inventado ella. De hecho, ya existía en la época y responde a un gesto muy simbólico de quitarse el sombrero en público que protagonizaron Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca en la Puerta del Sol. "Nos apedrearon llamándonos de todo", relata la misma Mallo en unas grabaciones tras volver del exilio.

Aunque no les suene de nada, esta pintora influyó y fue influida por su compañero Dalí en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En el exilio se codeó con Picasso, Magritte o Miró y fue referente surrealista en Nueva York. Murió en España sin un ápice de reconocimiento, atormentada por el olvido.

Posiblemente en todos los momentos de su vida las artistas fueron muy conscientes de que la permanencia de su legado artístico iba a ser complicada. "Cada vez que pienso en una autobiografía tengo una sensación muy rara [...] porque cada vez que me pongo seria, siento que me sale bigote y me digo: ¡qué barbaridad!", solía decir la editora Concha Méndez, pareja de Luis Buñuel durante siete años.

Apenas las recuerdan tampoco sus propios compañeros de generación. "En esa sociedad machista donde las mujeres estaban predestinadas a ser madres, esposas y beatas, los hombres se enfrentan a un grupo de artistas que no piden permiso, que están dispuestas al trato del tu a tu. Ellos las aceptan pero no las recuerdan, y no porque no sepan sus nombres", afirma Balló tras empollarse las biografías de diez esas diez mujeres. Solo conocerlas en detalle le ha llevado siete años. "Son todas las que están, pero no están todas las que son", recalca.

"No supe verlas hasta que me las señalaron"
La semilla de tan titánica tarea está en 'Lorca y el mundo gay', una obra del biógrafo oficial del poeta en la que se mencionan repetidamente varios nombres de mujeres. Y entonces algo hizo click: "No nos habíamos fijado en algo tan obvio como que en la lista de artistas de la generación del 27 no había ni una sola mujer". A partir de ahí, reconoce Balló, aprendió a mirar. "Se dieron una serie de casualidades. Tal vez lo tuve toda la vida delante pero no supe verlo hasta que me lo señalaron".

Precisamente uno de los objetivos del proyecto transmedia, que incluye también un documental, es la entrada de ‘Las Sinsombrero’ en las aulas. "Es la parte más ambiciosa, la más difícil", incluso para las artistas actuales cuya proyección pública (y en los libros) es mucho menor. "Las mujeres ya no tenemos que pedir permiso por participar, pero sí para tener poder. Ya es hora de dejar de utilizar el falaz argumento de la calidad para explicar la menor presencia de las artistas en la cúpula", indica Balló.

La autora evita ponerse catártica, pero de algún modo descubrir a Las Sinsombrero le ha reconciliado con la historia y sobre todo con su propia memoria. "He aprendido a tener una inmensa paciencia y descubierto que todas las historias tienen su momento. Para este momento hubo que esperar siete años". Porque si largo ha sido el olvido, pausada tenía que ser la recuperación.

'Las Sinsombrero' son Ernestina de Champourcín, María Teresa León, Concha Méndez, Maruja Mallo, María Zambrano, Rosa Chacel, Josefina de la Torre y Marga Gil Roësset. Aquí puedes consultar una pequeña biografía de cada una de ellas.

martes, 23 de febrero de 2016

#libros #mujeres #historia | Las sinsombrero

Las sinsombrero / Tània Balló.
Madrid : Espasa, 2016 [02-23].
312 p.
Colección : Espasa Narrativa
ISBN 9788467046038 /19,90 €

/ ES / ENS
/ Arte / Cultura / Exilio / Historia – Siglo XX / Las Sinsombrero / Mujeres – Historia / Segunda República / Vida intelectual
 
Este libro recupera la memoria y los avatares de varias mujeres, artistas y pensadoras de la generación del 27, cuyo legado resulta determinante en la historia de nuestro país, al igual que el de sus compañeros pertenecientes a esa ineludible generación literaria. Mujeres que se quitaron el sombrero, ese corsé intelectual que las relegaba al papel de esposas y madres, y participaron sin complejos en la vida intelectual española entre los años veinte y treinta. Entre ellas destacan escritoras, artistas plásticas, dramaturgas y pensadoras: Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Marga Gil Röesset, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Ángeles Santos, María Zambrano, Josefina de la Torre… Mujeres libres y rompedoras también en sus vidas privadas, apasionadas y apasionantes, que anticiparon, e hicieron posible, a las mujeres de hoy, a pesar del zarpazo de la Guerra Civil que acabó con tantos sueños de libertad e igualdad.

Tània Balló (Barcelona, 1977) es productora y directora de cine. Estudió en el Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya (CECC) y cursó un posgrado sobre Documental, Investigación y Desarrollo en la Universidad de Nueva York. Sus primeros proyectos fueron dos obras colectivas, ‘200 Km.’ (2003), presentada en el Festival de San Sebastián, y ‘Entre el dictador y yo’ (2005), un film donde varios directores nacidos tras la muerte de Franco reflexionan sobre su memoria perdida. Produce también el film argentino ‘Infancia clandestina’ (2013), de Benjamín Ávila, largometraje de ficción estrenado en Cannes. Posteriormente aborda la producción y la codirección, con Serrana Torres y Manuel Jiménez-Nuñez, de ‘Las Sinsombrero’ (2015) un proyecto transmedia coproducido por TVE que logra amplia repercusión social. Su siguiente film documental, ‘Oleg’, dirigido por Andrés Duque, se estrenará en la sección oficial del Festival de Rotterdam 2016.

#hemeroteca #mujeres #historia | Las mujeres de la Generación del 27: Ellas, el género neutro

Imagen: El Mundo
Las mujeres de la Generación del 27: Ellas, el género neutro.
'Las Sinsombrero' de Tània Balló nos muestra las historias olvidadas de las mujeres que formaron parte de la Generación del 27.
Lotero Sánchez Seoane | El Mundo, 2015-02-23
http://www.elmundo.es/cultura/2016/02/23/56cb53b2ca4741db028b45b9.html

El cambio necesita ser visible para ser cambio. Así lo entendieron y lo llevaron a cabo un grupo de mujeres que escribían, pintaban, componían y esculpían bajo la sombra de intelectuales masculinos. Pasaron por la Puerta del Sol, en el Madrid de la década de los 20, quitándose el sombrero, dejando salir cada una de sus ideas, de sus inquietudes. Mostrándose deseosas, que no objeto de deseo.

Eran compañeras de la Generación del 27, de Lorca, de Dalí, de Alberti. Eran las mujeres que en el Lyceum Club Femenino formaron un grupo paralelo, con la intención de, más que pedir un espacio en la sociedad, de agarrarlo, sabiendo que era suyo. En palabras de Maruja Mallo, una de las integrantes, "un día se nos ocurrió a Federico, a Dalí, a Margarita Manso y a mí quitarnos el sombrero porque decíamos que parecía que estábamos congestionando las ideas y, atravesando la Puerta del Sol, nos apedrearon llamándonos de todo".

Margarita Manso, Maruja Mallo, Ángeles Santos, Concha Méndez, Marga Gil Roesset, María Zambrano, María Teresa León, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcin y Josefina de la Torre. Diez personas insultadas que se sentían independientes y libres y a los que ocultamos detrás de sus coetáneos. Vivieron con frenesí esas décadas en la que el rol empezaba a cambiar, se aliaron con las chicas del 14, crearon como artistas sin género y tuvieron que exiliarse para seguir luchando, para seguir pensando.

Todas ellas, todas sus historias, han sido investigadas hasta la saciedad por Tània Balló, que publica ‘Las Sinsombrero’ (Ed. Espasa) tras años de descubrimientos. "Nos encontramos con un blog en el que una profesora había hecho que sus alumnos quitasen el polvo a las vidas y obras de estas mujeres. A partir de ahí empezó todo, empecé a descubrir lo que se nos había olvidado y gracias a la investigación ha nacido el documental [del mismo nombre] y este libro".

Tània lo llama el "mal endémico de la Historia". La masculinización de lo intelectual. "Salían en las fotos de la Generación del 27, pero no en los pies de foto explicativos. Sus obras, en cualquiera de las disciplinas que escogieron, rezumaban independencia y libertad. Pero igual que ellos volvieron del exilio como héroes, ellas se encontraron con el más profundo de los olvidos. No eran nadie".

No todas se fueron al comenzar la dictadura. Margarita Manso, la pintora, la más desconocida de todas ellas, aceptó vivir una vida que no le correspondía. Aceptó quedarse en España aunque eso suponía quedarse callada. "Es la historia no contada; en esta mujer se pueden ver todos los problemas de género de aquella época. De todo lo que les tocó vivir", explica Balló. Lo mismo que Josefina de la Torre, la definición del vanguardismo, multidisciplinar, poliédrica. "Quizá por eso la ‘ninguneamos’, porque no se centró en ningún arte sino en todos y no llevaba encima el exilio".

A otras las conocemos/desconocemos por sus amantes. Marga Gil Roesset, aquella joven escultora para la que todo era un mundo idílico, se quitó la vida por no ser correspondida por Juan Ramón Jiménez. "Vivía en el ideal. Cuando te fijas en su evolución te das cuenta de que respiraba al más puro estilo artístico. Parece que su suicidio fue parte no sólo de un despecho sino, de ese ideal en el que vivía". Marga no luchaba como las demás, la guerra la llevaba dentro.

Lo mismo, aunque distinto, cuando hablamos de María Teresa León. "Al llegar el franquismo, recorrió el mundo luchando contra el fascismo. Cambió las ideas teatrales de España y la conocemos como la mujer de Rafael Alberti. Creo que pensó que para culminar su proyecto de vida tenía que dar un paso atrás, dejar que él hablase. Ser la cola del cometa". Se convirtió en su altavoz para poder ser escuchada. Y lo consiguió. 

Otras, con algo más de suerte, no tuvieron que desprenderse de la primera persona del singular. Concha Méndez, la mujer sin fronteras, vivió viajando y escribiendo. "Poeta y dramaturga, es el fiel reflejo de la libertad. Rompió con todo para poder ser ella misma. Murió en el exilio, en México, aunque ya había acabado la dictadura". También Mallo, la gran Maruja, la gran pintora. Para Balló, "consigue ser reconocida por su obra sin tener en cuenta su género, algo que hasta entonces era inaudito". Fue la primera y la única durante años. 

Y nos topamos con la valentía, con María Zambrano. La filósofa y ensayista que resistió con fuerza durante la Guerra Civil. Se marchó la última, luchando por su pueblo mientras sobrevivía en la más dura de las miserias. "No conocer el pensamiento zambraniano es no conocer la Historia, su ideas son totalmente aplicables a la actualidad", asegura Balló sobre esta mujer, que ganó el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1981 y el Cervantes en 1988. "Fue la primera mujer en hacerse con este galardón". 

Luego están Rosa Chacel y Ángeles Santos. Ambas, una escribiendo y la otra pintando, hicieron los mejores retratos de la mujer de aquella época, o de lo que esperaban ser. Santos mostró esa necesidad de independencia que ardía dentro de ella y Chacel, que sólo escribió una obra antes del exilio, plasmó en ella la mayor de las libertades intelectuales. 

"El descubrimiento más fascinante, para mí, ha sido el de Ernestina de Champourcin. La más transgresora de todo el grupo y a la que se sumió en el olvido más cruel", explica Balló. La poeta optó por el Opus Dei al final de sus días, alegando su libertad para compartir su vida con quien quisiese. La religión no fue un problema para que durante los 20 y los 30 su objetivo fuese la igualdad, pero no tardaron en tachar su obra de religiosa, quitándole toda relevancia. 

Todas ellas, las 10, mostraron esa lucha. Mostraron esa necesidad de ocupar el lugar que les correspondía. Al contrario que las del 14, ellas no querían pedir permiso, no compartían las ideas feministas de sus antecesoras. Querían ser artísticas a secas, no las artistas. "Ambas generaciones se juntaban en el Lyceum y discutían. No compartían la forma pero si el fondo y eso era lo importante. La mayoría, de ambas generaciones, tuvieron la misma suerte: acabaron en el exilio y ninguneadas por su sexo". 

Ahora, tras años en el olvido, una propuesta de Izquierda Unida hará que estas mujeres formen parte de los textos educativos. En ella se cita la labor de ‘Las Sinsombrero’ en su redescubrimiento. "Esto es lo mejor que podía ocurrir. Estas historias se han hecho de todos y la sociedad quiere que tengan el lugar que les corresponde. Llevamos años estudiando la Historia en masculino". La Generación del 27, por fin, alcanza el género neutro. 

Margarita Manso
"La historia no contada, la única de la que no se sabía nada. Representa a aquellas mujeres que tuvieron que aceptar vivir una vida que no les pertenecía". 

Marga Gil Roesset
"Se suicidó por amor a Juan Ramón Jiménez. Cuando te fijas en su evolución te das cuenta de que vivía en un mundo idílico, en el que ella es puro arte". 

Concha Méndez
"Es la libertad. La que mejor representa el quitarse el sombrero. El viajar, el identificarse como mujer libre sin fronteras. Rompió con todo para ser ella misma. Murió en el exilio".

Maruja Mallo
"Es la única que consigue ser reconocida por su propia obra, más allá de su género. La primera que cumple con este sueño".

Ángeles Santos

"La pintora de la excelencia vanguardista, la que mejor retrata a la mujer que deja de ser objeto de deseo para desear. No a un hombre, a la independencia".

María Zambrano

"Refleja el pensamiento de una generación. Muchas de sus ideas son aplicables a la actualidad. Fue la última que se marchó en la Guerra Civil y la que más luchó por su pueblo".

María Teresa León
"El ejemplo de que no eran ‘mujeres de’ sino ‘mujeres que’. Se la ha conocido por ser la mujer de Alberti pero se fue por el mundo luchando contra el fascismo. Pero el exilio pasó a ser la cola de la cometa para reivindicar a su compañero y lo hace porque entiende que para culminar su proyecto de vida tiene que dar un paso hacia atrás. Tiene que hablar a través de Rafael".

Rosa Chacel
"La mayoría la conocemos pero merece un redescubrimiento. Sólo publicó una obra antes de irse al exilio pero es la que mejor representa lo que significó ser mujer hace unos años".

Ernestina de Champourcin
"Ha sido el descubrimiento más fascinante, es la mujer más transgresora y a la que se le ha impuesto el olvido más cruel. Al final de su vida, se metió en el Opus Dei y se la tachó de autora religiosa. Pero ella nunca perdió el objetivo de la libertad".

Josefina de la Torre
"La gran desconocida. Es una mujer poliédrica. Tuvo más olvido porque se dedicó a muchas cosas. Junto con Margarita Manso se quedó en España. Es el mejor ejemplo del vanguardismo".

lunes, 22 de febrero de 2016

#hemeroteca #mujeres #historia | Tània Balló: “La mejor manera de denunciar el fascismo es recuperar la memoria de las mujeres”

Tània Balló · Productora y autora del libro ‘Las sinsombrero’: “La mejor manera de denunciar el fascismo es recuperar la memoria de las mujeres”.
Isabel Cadenas Cañón | ctxt · Contexto y Acción, 2016-02-22
http://ctxt.es/es/20160217/Culturas/4395/generacion-27-cine-independiente-maruja-mayo-Rosa-Chacel-feminidad-Artes-y-letras-Entrevistas.htm

Es la mañana después. Ayer, ‘Oleg y las raras artes’, la última película de Andrés Duque, ganó, el 13 de febrero, el gran premio del jurado en el festival internacional de cine documental Punto de Vista de Navarra. El documental se centra en Oleg Karavachiuk, el único pianista que está autorizado a tocar el piano que custodia el Hermitage de San Petersburgo. Lo habían producido tres mujeres: Tánia Balló, Serrana Torres y Marta Andreu.

En una cafetería de la parte vieja de Pamplona, Balló desayuna antes de coger el tren. Su agenda no hace concesiones ni para celebrar el premio: tiene que llegar a Barcelona lo antes posible, queda apenas una semana para el homenaje a ‘Las sinsombrero’, aquellas mujeres de la generación del 27 que la historia oficial quiso olvidar –y que Tánia no: tras 6 años de investigación sobre ellas, en 2015 dirigió y produjo, junto a Serrana Torres y Manuel Jiménez Núñez, el documental 'Las sinsombrero'. El martes 23 de febrero, en ese acto de homenaje, presentará su libro sobre ellas ('Las sinsombrero', Espasa, 2016). Y, como prometiera Rosa Pereda en un artículo hace unos meses, toca dar cuenta de ello.

Charlar con Tánia es un poco como lo que debe ser su vida: se habla rápido, se salta de un tema a otro porque para qué poner fronteras, pero después se entiende que toda conversación con ella tiene siempre el mismo poso: las mujeres y la memoria. Y eso, al hablar de Las sinsombrero, claro, pero también al hablar de cine, de la película de Duque y del oficio de productora.

El jurado ha premiado su película “por su innovadora, coherente y sensible aproximación al retrato de un artista”. La primera pregunta es, necesariamente, ¿quién es ese artista, Oleg Karavachiuk?
Lo primero que quiero decir es que para mí esta película no es un retrato, sino una experiencia sensorial. Es una película que se aleja del sentido común y que te invita a suspender el juicio y, sobre todo, los prejuicios. Porque Oleg es un ser que ya no existe. Vive fuera del tiempo: una no tiene claro en qué tiempo le hubiera tocado vivir, como si estuviera a destiempo en cualquier época. Para mí, más allá de ser el compositor genial que es, Oleg representa ese mundo de dejarse vivir por el arte. Lo que he aprendido con él es que, cuando quieres hacer una película sobre un personaje tan efímero y a la vez tan presente como él, lo último que puedes hacer es pensar que esa película será mejor si consigues que ese personaje juegue en tu línea. El cine es un artefacto que observa una realidad imprevisible, y la genialidad de Andrés reside en haber hecho suya esa improvisación.

Oleg y las raras artes es una película con clara vocación independiente, y a veces da la impresión de que la libertad que requiere una directora o un director en un proyecto así puede estar reñida con la faceta más técnica de la producción. ¿Cuál es el papel de los productores en el cine independiente español?
Durante mucho tiempo, el cine independiente ha vivido de espaldas a la propia posibilidad de financiación. Se ha mantenido esa imagen de que el director o la directora podía ejercer ese papel, porque la entrada de un productor encarece, en cierto sentido, el proyecto. Esto ha cambiado en los últimos años, y al mismo tiempo que los directores independientes se vuelven más ambiciosos, ha surgido una generación de productores y productoras que somos, sobre todo, afines al objetivo creativo de los directores: no somos mujeres y hombres de negocios, somos gente de cine. En mi caso, lo que me atrapa es la posibilidad de producir cosas que no existen, y para ello es fundamental hacer algo que parece “la antiproducción”: preservar la libertad del director por encima de todo.

¿Y cuál es el papel de las productoras?
Me parece que lo que pasa con la producción es un claro ejemplo de cómo funciona el poder masculino. La producción en sí va mucho mas asociada a los quehaceres que tradicionalmente se asocian con el género femenino que con el masculino: organizar, las relaciones públicas, la cordialidad, etc. Por eso, la gran mayoría de jefas de producción son mujeres, pero en el momento en que entra el factor económico, las mujeres desaparecen. Es decir, desaparecemos cuando entra en escena el poder. Y esto no pasa solo en el cine, evidentemente.

Pero quizá el cine independiente sea un lugar donde esas fronteras entre, digamos, los cuidados y el poder, estén menos definidas, ¿no?

Creo que el cine independiente ofrece un lugar muy interesante de reconciliación en ese aspecto, donde la sensibilidad y la necesidad de experimentación tienen otro papel, quizá más afín a nuestra manera de ver el mundo. Pero la clave es entender que no tenemos que pedir permiso para hacer aquello que deseamos. Yo me niego a masculinizar cualquier faceta de mi vida para ejercer el poder. Prefiero no ejercerlo. En nuestra sociedad, en cuanto salimos del espacio íntimo del hogar, las cosas se hacen a la manera que han decretado los hombres, y hemos tardado muchos años en que se entendiera que nuestra presencia en el ámbito público no es algo que nos hayan regalado, sino que es nuestro derecho y podemos hacer con él lo que queramos, desde utilizarlo hasta no utilizarlo. No estamos obligadas, por ser mujeres, a reaccionar críticamente a todo lo que se nos proponga. Quizá mi problema es que yo no identifico los límites: cuando más feliz soy es cuando la gente hace lo que le dé la gana.

Esta conversación está acercándose mucho a esas otras mujeres que también trataron de vivir sin límites, pero a las que la sociedad, o la historia, sí se los puso. O sea, que ha llegado el momento de hablar de su otro gran proyecto actual, el libro de 'Las sinsombrero'.

‘Las sinsombrero’ son un buen ejemplo de lo que hablamos: cuando terminó la Primera Guerra Mundial, los hombres volvieron de la guerra y vieron que las mujeres habían tomado el poder en la sociedad. Por eso, una de las primeras cosas que se hace en la Europa de la postguerra es ir ferozmente en contra de los movimientos feministas, porque se necesita que esos hombres que llegaron anímicamente destrozados de la batalla recuperaran el poder como única manera de regenerar el sentimiento patriótico. Muchas mujeres entonces decidieron alejarse de la idea de la feminidad porque sentían que las oprimía, que era una construcción que servía para invisibilizarlas.

Y ese es el contexto en que se forman estas mujeres de la Generación del 27.
Sí, las mujeres del 27 comparten, por primera vez, esa conciencia de grupo que tiene su generación –aunque, por supuesto, esto no fuera del agrado de todos--. Estas mujeres no hacían lo que se consideraba “arte para mujeres”, sino arte, sin género. Querían huir de la feminidad para reconstruirla. Y es en sus obras donde emerge esa nueva feminidad: es una feminidad de rasgos fuertes, de libertad, en la que las mujeres dejan de ser objeto de deseo para pasar a ser sujetos. El ejemplo más claro está en los cuadros de Ángeles Santos, con sus mujeres lánguidas, sin ningún rasgo sexualizado, o en los de Maruja Mallo, o en las obras de Rosa Chacel, donde hablan del amor, pero no por un hombre, sino del amor por su libertad.

Parece que este proyecto, y sobre todo este libro, además de hablar de ellas, habla de usted.
Todos los proyectos que hacemos hablan de cada una de nosotras. Pero es cierto que a mí estas mujeres me han cambiado la vida. No digo esto en el sentido catártico. De esto me di cuenta hace muy poco tiempo: conocer su legado ha sido increíble, pero curiosamente su influencia ha sido más a nivel vital: me han enseñado a no renunciar. Yo llevo ocho años en este proyecto, y en mi vida han pasado muchas cosas, pero siempre he tenido claro que no iba a renunciar a este proyecto. A veces ni siquiera sabía de dónde me venían estas fuerzas –era un proyecto imposible de financiar, ha habido que esperar mucho--, pero había algo en mí que me decía que no podía renunciar a él.

Esto que dice tiene que ver con la paciencia, porque este ha sido un proyecto de muy largo aliento. ¿Cuánto tiempo lleva trabajando en él?
Pasaron siete años desde que conocí su historia hasta que hicimos la película, y uno más hasta que terminé el libro. Cuando empecé a escribir y tuve que acercarme a ellas con una responsabilidad diferente, dándoles voz, entendí que la espera había sido imprescindible: este proyecto nunca se hubiera podido hacer en dos años. De repente estas mujeres pasaron a ser mis mujeres, pasaron a ser nuestras mujeres, pasaron a ser las mujeres de todos y de todas. En ese proceso yo empecé a vincularme con sus familias, a sentir con ellas el aplomo del olvido. Es difícil entender que unas mujeres que murieron hace 20 años y de las que estás tratando de recuperar lo que hicieron hace 80 años puedan cambiarte la vida, pero es así. Es probable que ellas no hayan cambiado mi visión del mundo, pero sí han cambiado la paciencia desde la que observo ese mundo.

¿Y en qué cambió ser directora y productora de este proyecto a ser la escritora?
Cambió sobre todo la voz. El cine es un arte colectivo, donde todas las decisiones son compartidas, pero con el libro tuve que encontrarme yo sola con ellas. Esto propició que el encuentro fuera más íntimo. Cuando estábamos haciendo el documental, tratábamos de hacer hablar a otra gente, conseguir de los demás una narrativa que diera cuenta de la historia de estas mujeres. En el libro, tuve que encontrar mi propia voz.

¿Qué va a pasar el 23 de febrero alrededor del libro?

El 23 va a pasar algo maravilloso. Y ha ocurrido de la manera en la que ocurren las cosas maravillosas: no es algo que hayamos decidido el equipo de 'Las sinsombrero', sino que ha venido desde fuera, lo que confirma que este proyecto ya no nos pertenece, que es un proyecto de todo el mundo. Nos ofrecieron presentar el libro en el Palacio de la Prensa de Madrid, y yo sentí que era el marco ideal para hacer algo que se debía haber hecho hace mucho tiempo: un homenaje a aquellas mujeres. Es algo que la historia les debe, que les debemos. Así que el 23 se proyectará el documental, por primera vez, en pantalla grande, y estarán allí familiares de las protagonistas del libro y el documental. Y vendrán familiares de mujeres que, sin estar necesariamente en el libro, son también ‘sinsombreros’, son también esa parte olvidada de la historia de nuestro país que estamos reivindicando.

Parece un acto de justicia poética que este homenaje se haga, justo, el 23-F.
La verdad es que sí. Debo admitir que no fue algo premeditado, que nos dimos cuenta después. Pero evidentemente es una coincidencia feliz. Qué mejor manera que denunciar el fascismo que recuperar la memoria de las mujeres. Ellas fueron quienes más derechos y libertades perdieron cuando llegó el franquismo. Me gusta pensar que el martes estaremos, en cierta medida, cambiando la historia.

Y TAMBIÉN…
Carmiña y las demás.
Rosa Pereda | ctxt · Contexto y Acción, 2015-10-28

http://ctxt.es/es/20151028/Culturas/2757/

lunes, 30 de noviembre de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | Sin noticias de Las Sinsombrero

Imagen: Jot Down / Maruja Mallo y Josefina Carabias
Sin noticias de Las Sinsombrero.
Jenn Díaz | Jot Down, 2015-11-30

http://www.jotdown.es/2015/11/sin-noticias-de-las-sinsombrero/

En caso de llevar sombrero, llevaría un globo atadito a la muñeca con el sombrero puesto, y así cuando me encontrara con alguien conocido, le quitaría el globo al sombrero para saludar. (Maruja Mallo)

Llevar sombrero los distinguía —los hacía de mejor clase social, más elegantes, respetables—. Así que cuando les dio a Federico García Lorca, Margarita Manso, Salvador Dalí y Maruja Mallo por salir sin el suyo, les gritaron de todo. ¡Maricones! Eran el tercer sexo, sin identificar. Había que apedrearlos. Les habría ido mucho mejor si hubieran llevado, atadito a la muñeca, un globo para saludar a los conocidos. Pero esta no es más que una excusa, una anécdota, para hablar de las mujeres de la Generación del 27 que quedaron extraviadas en la historia de los grandes nombres: por exiliadas y por mujeres. Con el documental 'Las Sinsombrero' se intenta hacer justicia a todas ellas, reivindicarlas, haciendo un breve repaso por la vida y las obras de ocho mujeres que estuvieron a la altura de las circunstancias, pero no del paso subjetivo, masculinizado del tiempo.

La voz de Concha Méndez sirve de hilo. Lo que en principio tendrían que ser unas memorias se acaba convirtiendo en un relatario de anécdotas. Quizá en ninguna otra época como la que les tocó vivir —república, guerra, dictadura— se puede entender la vida de una intelectual sin referirse a los de su generación. Méndez se extraña de su propio relato, de cómo está construyendo su biografía. «Estamos haciendo una cosa muy distinta de lo que se hace en las memorias», dice. Pero cuenta que si no relata anécdotas y cuenta historias, le parece que le sale bigote. Se ríen quienes le graban; se ríe ella también. «Qué barbaridad». Aunque es cosa seria. Quizá de esa broma se entienden actitudes sociales de lo que fueron las mujeres desde que ellas fueron omitidas en la historia. La mujer se comprende a partir de las anécdotas; si no lo hace, le parece que está siendo demasiado seria… y se quita el sombrero, pero le sale bigote.

Concha Méndez, escritora (1898-1986)

Un amigo del padre de Concha Méndez va a visitar a la familia y pregunta a los niños —no a las niñas— qué quieren ser de mayores. Concha se adelanta y dice que quiere ser capitán de barco, pero le contestan que las niñas no son nada. Las niñas no son nada. Que las niñas no podían ser nada no hizo mella en el crecimiento de una mujer como Concha. Su primer novio fue Luis Buñuel y tuvo por amiga a Maruja Mallo, a los que conoce veraneando en San Sebastián y que influirán en ella de manera determinante.

Las mujeres de la época debían ser autodidactas, aprender leyendo. Aunque Concha, por su condición burguesa, estudió en un colegio francés, lo que la sociedad le requeriría como poeta formada era muy sencillo: ‘nada’. Pero nada, insisto, la frenó. Absolutamente desubicada en el núcleo social y familiar, se marchó a Londres, Montevideo y Buenos Aires. Es en Argentina donde Concha encuentra el buen nicho cultural que necesita, donde empieza a publicar un poema a la semana en el diario La Nación. Es también en Argentina donde publica un libro con ilustraciones de Nora Borges. Sí, la hermana de Jorge Luis.

Al volver a España, y gracias a que Lorca le presenta a Manuel Altolaguirre, aprende imprenta y crean La Verónica, donde editarán la revista Héroe, de gran importancia cultural. Como siempre ocurre en las poetas del 27, hay una gran necesidad por compararlas —ya que no se las conoce y a ellos sí— con los varones. Concha, pues, recibe influencia de Rafael Alberti, en la primera época, y de Antonio Machado más tarde.

Marga Gil Roësset, escultora y poeta (1908-1932)

Vestidas muy distintas al resto de niñas, Marga y su hermana iban siempre con unas capas y unas caperuzas que las diferenciaban de las demás. Pero no solamente la vestimenta la distinguía: a los siete años ya era una pequeña genio y una gran lectora. Ilustraba los cuentos que publicaban sus hermanas y otros familiares. Marga era autodidacta en la escultura, atreviéndose con el granito, disciplina difícil que los escultores no acostumbran a tratar al inicio de su carrera. Pero Gil Roësset tenía prisa: antes de cumplir los veinticinco años se suicidó.

Nadie espera que una mujer joven haga lo que ella hizo. Lo tenía todo para que desconfiaran de su trabajo: sexo femenino y corta edad. Pero tenía un talento, decían, viril. Como le ocurría a Alfonsina Storni, para que una mujer pudiera ser tenida en cuenta necesitaba un adjetivo que aludiera al hombre. Marga se sirve de la sensualidad y la fealdad, de la expresividad, las emociones.

Al conocer a Juan Ramón Jiménez se enamoró de él. Al momento, decidió hacer un busto de Zenobia Camprubí, la esposa del poeta. Lo que queda en el aire es el motivo de su suicidio. Por una parte, aseguran que la imposibilidad de aquel amor —puesto que era un hombre casado— hizo que se disparara en la cabeza. Por otra, versión que se defiende en Las Sinsombrero, que la imposibilidad de tener una vida artística consciente y plena la motivó a quitarse la vida. En cualquier caso, antes de dispararse, destruyó gran parte de su obra. «Parece que tendré que morirme triste», dejó escrito en su diario.

Josefina de la Torre, actriz y poeta (1907-2002)


Gerardo Diego incluyó a Josefina en una de sus antologías. En la que hizo en 1932 no había ninguna mujer. En la de 1934, Josefina de la Torre y Enriqueta Champourcín. Tal como ha ido la historia, parece relevante que los poetas hombres de su generación la tuvieran en cuenta. Pero no solo era una excelente poeta, sino que Josefina era tan polifacética que también destacó como cantante y actriz. Si Alberti era la voz andaluza de las letras, se dice en el documental, Josefina era la voz insular.

En su familia había novelistas, músicos y hombres de negocios, así que no es difícil comprender ese lado polifacético que hizo de Josefina de la Torre una mujer con múltiples caras y disciplinas. Su primer poemario tenía prólogo de Pedro Salinas. La muchacha-isla, cuando acaba la guerra civil y empieza el exilio de muchos de sus compañeros, escribe el poema «Mis amigos de entonces». En él reconoce cómo los poetas varones de su generación, la que pasó a la historia prescindiendo de los nombres femeninos, la ayudaron a sentirse una más. Luis, Jorge, Rafael, Manuel, Gustavo, Enrique, Pedro, Juan, Emilio, Federico. Todos ellos ayudaron a la blandura del que fue su nido. «Amigos que de mí hicisteis nombre». El final del poema da buena cuenta de cómo una mujer que pudo formar parte de una edad de oro ve pasar de largo su oportunidad. Dice: «ignoro en qué ciudad / y si llegará el día / en que vuelva a sentirme descubierta». Así es: la mujer necesitaba ser descubierta por el hombre para que se la tuviera en cuenta. Exiliados o muertos aquellos que la descubrieron, ¿cuándo volverán a hacer de ella, nombre?

Maruja Mallo, pintora (1905-1995)

Gracias a que la familia Mallo se traslada a Madrid, Maruja entra a estudiar a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y se relaciona con Dalí, Lorca, Concha Méndez, María Zambrano, Margarita Manso. El documental empieza con ella contando cómo los insultaron en la plaza del Sol al quitarse el sombrero.

Maruja Mallo, que de las olvidadas es, quizá, de las menos olvidadas —junto a María Zambrano—, podría haber cobrado la importancia de Frida Kahlo, pero la historia de las mujeres de su generación y su nacionalidad la mantienen al margen. En sus cuadros aparece la mezcla que convivía en el Madrid de entonces: lo pueblerino y lo intelectual. El extrarradio, las ferias, el movimiento, las manifestaciones, la libertad. Hay color en ella y en su obra, un universo más que particular. Las mujeres que se atrevían, como ella, a dedicarse al arte, no exponían en sus obras lo que Maruja Mallo sí proyectaba. La discreción era un valor para ellas, pero Mallo era todo lo contrario a la discreción. Sin embargo, al contrario de lo que ocurre en la actualidad con Frida Kahlo, Maruja Mallo no es mencionada por sus compañeros. Cuando vuelve de Argentina, su exilio, nadie la reivindica como autora nacional. Al otro lado del charco había tenido un gran éxito, pero en España es una olvidada más.

La República propiciaba una sociedad más libre y democrática, apta para la revolución social y doméstica de la mujer, pero la gran oportunidad de todas ellas desapareció con la guerra y el exilio. Por suerte, algunos de sus compañeros más ilustres, como Lorca o Alberti, le dedicaron unas palabras que sí reconocen su talento. «Ascensión de Maruja Mallo al subsuelo», de Alberti, es un ejemplo.

TÚ,
tú que bajas a las cloacas donde las flores más flores son ya unos tristes salivazos sin sueños y mueres por las alcantarillas que desembocan a las verbenas desiertas para resucitar al filo de una piedra mordida por un hongo estancado, dime por qué las lluvias pudren las hojas y las maderas. Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes.
Despiértame.


Ernestina de Champourcín, poeta (1905-1999)

Ernestina era moderna. Hablaba en sus poemas de jazz, baile, velocidad. Incluso al imaginar su posible suicidio —como Marga Gil— cree que lo haría saltando de un coche en marcha. Igual que Concha Méndez, viene de una familia burguesa, lo que la convierte en la distinta. Por eso Ernestina vive diversos exilios. El primero, el familiar. Para una familia aristocrática como la suya una hija republicana es una desgracia. Así es como se produce el desapego natural con los Champourcín. No será el único, porque al morir su marido y quedar viuda, tendrá un nuevo exilio —este como crisis anímica, espiritual. El último retiro, en el que permaneció, fue el de la fe. Ernestina escribió como religiosa y consideró sus poemas como una comunicación directa con Dios. Así, quedó exiliada dentro de los exiliados, creyendo que la libertad no podía entenderse como paredes a su alrededor. La página no podía ser pared, no podía vivir tan aislada. Discípula voluntaria de Juan Ramón Jiménez, fue incluida en la antología de Gerardo Diego en 1934. La exiliada de exiliadas, «resucitó hacia dentro y fue distinta y la misma».

Entre Ernestina y Chacel se oye la voz de Concha Méndez hablando sobre dichas antologías, de las que quedaban excluidas las mujeres. «Oye, mira, tú nos excluirás, pero yo debajo de la falda… llevo un pantalón».

Rosa Chacel, escritora (1898-1994)


«Me levanto si quiero, y si no quiero no me levanto». Ana Rodríguez Fischer se pregunta qué es lo que convierte una generación en generación: ¿cómo se valora la nómina de una generación, a partir de lo que un historiador dijo, escribió o sentó? Si fuera así, las sinsombrero no cabrían en la historia de dicho historiador —algo olvidadizo. Si nos atenemos a lo que dicha generación produjo, Rosa Chacel sería una indiscutible de la del 27.

En ‘Memorias de Leticia Valle’ Rosa Chacel es una escritora atrevida, valiente. Una novela poco adecuada para la España de entonces, y por eso fue acogida en Buenos Aires. El exilio permitió que muchas autoras de la época pudieran desarrollarse gracias al olvido de su propia patria, donde no habrían podido disfrutar de la misma libertad. Relaciones extramatrimoniales, incluso relaciones peligrosas como las de Lolita, habrían recibido no más que críticas, cortando la fluidez de una carrera literaria poco valorada en la actualidad. Fischer, gran conocedora de Chacel, nos presenta a la escritora como una mujer desvinculada de la línea lacrimógena. Hay una derrota en su vida, la fallida República, la única oportunidad que tenían para avanzar como sociedad y como mujeres, pero Chacel no es dada a recrearse en la desgracia —una actitud poco femenina entonces. No dio paso jamás a la nostalgia de su tierra, porque la España victoriosa que había dejado a su espalda no era la España que ella quería: ¿por qué añorarla?

María Teresa León, escritora (1903-1988)

El reto de María Teresa de León no era tanto como escritora, sino como partícipe del movimiento político del momento que vivió. Fue una mujer comprometida con su obra pero también con su condición de ciudadana, aunque la sociedad no se la requiriera. Secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas, también se encargó de un segundo encuentro: Intelectuales en Defensa de la Cultura. Su mirada era una mirada política y poética, y además era la mirada de una mujer: lo tenía todo para ser olvidada. No le bastaba con luchar desde la cultura, sino que además debía defenderla de los bárbaros. Por desgracia, pasará a la historia únicamente como la mujer de Rafael Alberti.

Como tantos otros, María Teresa León tuvo que exiliarse. En Memoria de la melancolía escribió:

Estoy cansada de no saber dónde morirme. Esa es la mayor tristeza del emigrado. ¿Qué tenemos nosotros que ver con los cementerios de los países donde vivimos? […] ¿No comprendéis? Nosotros somos aquellos que miraron sus pensamientos uno por uno durante treinta años. Durante treinta años suspiramos por nuestro paraíso perdido, un paraíso nuestro, único, especial. Un paraíso de casas rotas y techos desplomados. Un paraíso de calles desiertas, de muertos sin enterrar. Un paraíso de muros destruidos, de torres caídas y campos devastados […] Podéis quedaros con todo lo que pusisteis encima. Nosotros somos los desterrados de España […] Dejadnos las ruinas. Debemos comenzar desde las ruinas. Llegaremos.

María Zambrano, filósofa (1904-1991)

Dicen que no hay mejor discípulo de Ortega y Gasset que María Zambrano, aunque, como dice Rodríguez Fischer, la filósofa fuera una pipiola. Para Zambrano la realidad no se da únicamente en ideas, sino que antes se da en un sentir. Bajo esa premisa, su filosofía es la filosofía de la intuición, del vitalismo. La filosofía era para ella un modo de vida. Antes de hablar de la historia social, hay que referirse a la historia personal, individual. Esta visión la aleja, como muy acertadamente apuntan en Las Sinsombrero, del filósofo estricto y serio. La acerca, pues, a la poeta y a la escritora.

María Zambrano, al contrario que la mayoría de intelectuales de la época, estaba exiliada antes de la Guerra Civil Española y vuelve al finalizarse —considera que el país la necesita. Ciertamente, después de una guerra, la cultura, como bien defendía María Teresa León, es un arma. Su razón poética es lo que necesita un país que acaba de sucumbir a una dictadura —es lo que todavía hoy necesitan las sociedades. Lo que Zambrano desea es utilizar la filosofía y la poesía para conseguir la libertad individual, la construcción personal.

Todos estaban apenados por la realidad que les había dejado tras de sí la guerra. María Teresa se lamentaba: «Pobre Federico, no puede estar con nosotros, no puede aparecer con su chistera, tan divertida… quitársela, y que vuele una paloma». Pero la poética de Zambrano es lo que persigue, es lo que propone a ese pueblo que se ha quedado sin tantos federicos: a través de la filosofía, preguntar; a través de la poesía, hallar.

jueves, 8 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | Olvidadas y silenciadas. Las mujeres de la generación del 27 que debes conocer

Imagen: Cadena SER
Olvidadas y silenciadas. Las mujeres de la generación del 27 que debes conocer.
El documental 'Las Sinsombrero', que emite RTVE este viernes, trata de recuperar la memoria de las artistas e intelectuales de la generación del 27 que apenas aparecen en los libros de Historia.
Pepa Blanes | Cadena SER, 2015-10-08
http://cadenaser.com/programa/2015/10/08/la_script/1444288990_684693.html

Decía Simone de Beauvoir que el problema de las mujeres siempre ha sido un problema de hombres. En realidad la historia de las mujeres y, podemos ir más allá, la historia en general, solo la han escrito los hombres. Solo así puede entenderse que la generación de oro de las artistas e intelectuales españolas, la del 27, apenas aparezca en los libros de texto y apenas sea conocida por el imaginario colectivo de nuestra sociedad.

Es aquí donde surge la iniciativa Las Sinsombrero. Un proyecto liderado por un documental, que este viernes por la noche estrena La 2 de RTVE. Dirigido por Tania Balló, ‘Las Sinsombrero’ retrata el perfil de algunas de estas mujeres que tuvieron un peso enorme en la profusión de las vanguardias artísticas y también en la política de la España de principios del siglo XX. "No es solo por el hecho de ser mujeres por el que deban estudiarse; es que más allá del género, el relato debe cambiar porque está incompleto. Como bien decimos en la película, sin ellas la historia no está completa", explica la realizadora.

Maruja Mallo, Marga Gil-Roësset, María Zambrano, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín o Concha Méndez son algunas de las representantes de una generación que sufrió, como la de los hombres (Lorca, Dalí, Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Buñuel, Alberti...) el exilio y la Guerra Civil; pero sumó otra discriminación, la de género.

"¿Quién decide la nómina de una generación?", se pregunta una de las muchas expertas consultadas en este documental que combina el testimonio académico con imágenes de archivo, vídeos, audios y fotografías. De hecho, en el filme se escucha a la escritora Concha Méndez explicar cómo Gerardo Diego creaba las antologías poéticas que incluían a los autores más destacados de esa generación.

Sobre la actividad de sus compañeros masculinos, los representantes por antonomasia de esta generación, habla Balló e insiste en la importante que hubiera sido que ellos las mencionaran. "Aunque la revisión histórica ha estado hecha por hombres, si ellos hubieran puesto a estas mujeres en el nivel que se merecían, seguramente el propio historiador se hubiera visto obligado a saber más de estas ellas para saber más de la generación del 27". Dalí no habla casi nada de Maruja Mallo, Juan Ramón Jiménez no menciona a Marga Gil-Roësset, Buñuel no se refiere a niguna, ni siquiera a Concha Méndez que fue su novia siete años. "Ellas quedaron reducidas a ser mujeres de", repite la directora.

El proyecto consta, además, de una exposición, que recorrerá distintas ciudades españolas; de un libro, que profundizará en los perfiles de ellas; de una página en Wikipedia; de un proyecto educativo, que se encargará de suministrar material a los docentes y, por último, de una campaña de comunicación a través de las redes sociales, en la que todo el mundo puede participar enviando una foto de una mujer anónima de nuestro pasado reciente.

Las claves del proyecto
#WEBDOC
Documental Interactivo. Un viaje único a través del conocimiento de una parte de la Historia olvidada. A través de distintas capas el usuario irá profundizando en el conocimiento sobre la vida de las artistas pertenecientes a la Generación del 27 y de la época que les tocó vivir. Esta experiencia interactiva se construirá a través de propuestas de contenido y acciones virales, que podrán ser compartidas en las redes sociales. Coproducido y emitido en la url de TVE.
#DOCUMENTAL TV
Bajo el título de Las Sinsombrero, el documental de 60’ está coproducido y será emitido por TVE (1ª cadena pública española). En esta pieza audiovisual se tratarán las vidas de nuestras protagonistas, las artistas pertenecientes a la Generación del 27, y se las contextualizará en la época que vivieron.
#PROYECTO EDUCATIVO
Ofrece a la comunidad educativa material y propuestas que les permita, de forma original e innovadora, el estudio y la divulgación de la vida y legado de las artistas de la Generación del 27. Este proyecto es en colaboración del Ministerio de Educación.
#WIKIPROYECTO
Se ha firmado un acuerdo con Wikimedia España para la creación de un Wikiproyecto bajo el nombre de Las Sinsombrero que albergará toda la información sobre el tema tratado. Este Wikiproyecto será traducido a distintos idiomas.
#SOCIAL MEDIA
Storytelling. Una Campaña en facebook que descubre, narra y difunde la vida de las mujeres olvidadas de principios del s XX. A través de las redes sociales difundimos también las novedades del proyecto.
#EXPOSICION
Creación de una instalación expositiva itinerante sobre la vida y obra de las artistas de la Generación del 27 y su aportación social a la época. Hemos recibido una propuesta de la Universidad de Málaga para crear una instalación dónde se invitará al conocimiento y reflexión del legado artístico e intelectual de estas figuras.
#LIBRO
Recopilación de las historias de las artistas pertenecientes a la Generación del 27 en formato papel.

miércoles, 7 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | Las del 27

Imagen: Concha Méndez
Las del 27.
Todavía hoy una mujer se ve obligada a quitarse el sombrero para ser alguien susceptible de ser recordado.
Elvira Lindo | El País, 2015-10-07
http://elpais.com/elpais/2015/10/06/estilo/1444147701_525953.html

Quitarse el sombrero, en 1927, era una actividad de riesgo. Lo hicieron en plena Puerta del Sol tres jóvenes valientes, Margarita Manso, Concha Méndez y Maruja Mallo, musa, poeta y pintora, secundadas por dos compañeros de radicalismos artísticos y correrías madrileñas, Lorca y Dalí. Las tres convirtieron aquel gesto en una performance de la que salieron a pedradas. Ya quisiera Marina Abramovic cosechar tal éxito. El documental de Serrana Torres y Tània Balló, LasSinsombrero, se estrena el viernes en La 2 y no estaría de más que lo vieran. Trata sobre mujeres que habiendo pertenecido por actitud y obra a la generación del 27 han sido casi marginadas de los estudios dedicados a aquel grupo de jóvenes brillantes. No ha consistido sólo en el ninguneo de los académicos, tampoco sus compañeros de generación, que tantas experiencias vivieron con ellas, tienen a bien recordarlas en sus memorias. Están Rosa Chacel, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, María Zambrano, Ernestina de Champourcin, Josefina de la Torre y una vibrante Marga Gil Roësset, que con su suicidio truncó una prometedora carrera.

Poco estudiadas y poco recordadas, estas mujeres que se quitaron el sombrero irrumpieron en un mundo hecho a la medida de los hombres. La conclusión a la que intuyo nos conduce sutilmente el documental es que todavía hoy una mujer se ve obligada en demasiadas ocasiones a quitarse el sombrero para ser alguien susceptible de ser recordado no como mero adorno del simpático anecdotario de una época.

Dejar de ser la cuota o paternalmente definidas como sabiondas avispillas, qué difícil parece.

lunes, 13 de julio de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | 8 intelectuales españolas que la historia olvidó (pero nosotras no)

Imagen: Las Sinsombrero
8 intelectuales españolas que la historia olvidó (pero nosotras no)
El proyecto transmedia Las Sinsombrero tiene como objetivo recuperar el nombre y las obras de las mujeres de la Generación del 27 cuya memoria quedó olvidada.
Carmen López | S Moda, El País, 2015-07-13
http://smoda.elpais.com/articulos/las-sinsombrero-tambien-tienen-su-lugar-en-la-historia/6548

Según quien la cuente, la historia toma determinados caminos y hace hincapié en ciertos detalles y personajes mientras que deja de lado a otros. Es evidente que no se pueden recoger todos los matices de lo que ocurrió en el pasado, pero sí es llamativo que, en ocasiones, el mensaje que llega al público (el lector, el alumno, el espectador) es casi más importante por lo que calla que por lo que cuenta.

El caso de las mujeres que formaron parte del grupo de intelectuales que pasaría a la posteridad cultural como Generación del 27 es especialmente injurioso. Mientras que nombres como los de Federico García Lorca, Rafael Alberti o Luis Buñuel son conocidos mundialmente, los de autoras como el de Ernestina de Champourcín o María Teresa León ni siquiera se recuerdan en su propio país. Su olvido es injusto tanto para ellas como para las generaciones posteriores que por desconocimiento no disfrutarán de las obras de estas mujeres claves en el movimiento cultural de principios del siglo pasado. Para poner remedio a esta realidad nace el proyecto LasSinsombrero.

Serrana Torres, Manuel Jiménez Núñez y Tània Balló son los responsables de este trabajo que nació en 2009 a partir de una idea que el escritor y guionista Jorge Carrasco tuvo tras leer Lorca y el mundo gay de Ian Gibson. Balló explica que: “Se dio cuenta de que en él se hablaba de una serie de mujeres que compartían espacio vital y creativo con Lorca, Dalí y Buñuel. Además coincidió con que, por aquel entonces, la Fundación Mapfre había inaugurado una exposición sobre Maruja Mallo. Enseguida nos preguntamos si esas mujeres habían vivido con igual intensidad esos años tan importantes en la historia cultural española y qué había sido de ellas”. A partir de esa curiosidad empieza un proceso de documentación en el que aparece una cuestión clave a la que Ana María Cid Prolongo, del CEIP Tartessos de Málaga, intenta dar respuesta en su blog tras la pregunta de una de sus alumnas: ¿No había mujeres poetas en la Generación del 27?

Serrana afirma que: “Desde el comienzo siempre tuvimos muy claro que lo más importante de este proyecto era la visualización y viralización con la intención de tener el mayor impacto posible y con el gran reto de que Las Sinsombrero llegue a las aulas. Por este motivo decidimos crear un proyecto Transmedia, donde los diferentes formatos nos acerquen a públicos diversos, aportando diferentes maneras de relacionarse con el tema con diferentes formas y niveles de participación”. Dichos formatos son: un webdoc, una campaña en las redes sociales a través de la cual se conforma un storytelling, un wikiproyecto, un libro, una exposición, un documental televisivo y un proyecto educativo con el Ministerio de Educación. El documental se estrenará en TVE, aunque por el momento aún se está decidiendo la fecha.

La lista de LasSinsombrero está conformada por ocho nombres, aunque los responsables del proyecto tuvieron que aplicar un criterio de selección exhaustivo, ya que el número de ellas que habían participado activamente en la escena de la época era muy extenso. “Había una columna vertebral que era el largometraje para televisión, que ya nos condicionaba en tiempo, así que calculamos cómo optimizar este espacio para contar el número de mujeres que pudiésemos de una forma lo suficientemente rica. A esto unimos el criterio de la representatividad, teníamos que mostrar que eran muchas y que estaban en todos los ámbitos de la creación. Así que finalmente nos quedamos con nuestras ocho magníficas”, comenta Manuel Jiménez.

La modernidad eran ellas

Ernestina de Champourcín (Vitoria 1905 - Madrid 1999): poetisa. Vivió en Madrid desde los inicios de su juventud y a los 21 años publicó su primer libro de poemas. La Guerra Civil la llevó a trabajar de enfermera, experiencia que influyó profundamente en su obra posterior. Volvió a España en 1973, después de décadas de exilio junto a su marido en Toulouse, París y México. Su actividad como escritora siguió después de haber cumplido los 90 años. Siete años antes de su muerte, en 1992, fue candidata al premio Príncipe de Asturias de las Letras.

María Teresa León (Logroño 1903 - Madrid 1988): escritora. Estudiante en la Institución Libre de Enseñanza fue la primera española en conseguir un doctorado en Filosofía y Letras. Escribió bajo seudónimo en un diario de Burgos y en 1929 publicó su primera novela. No sólo escribió narrativa (llegó a publicar más de 20 libros) sino que también fue activa en el género teatral. Junto a su pareja, Rafael Alberti, puso en marcha proyectos como la revista Octubre y durante la Guerra Civil fue secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas, además de fundadora de la revista El Mono Azul y una de las activistas por la salvación de las obras del Museo del Prado de Madrid.

Concha Méndez (Madrid 1898 - México 1986): poetisa y creadora de la editorial La Verónica junto a su marido Manuel Altolaguirre, también poeta. Editaron la revista Héroe y fueron grandes divulgadores de la actividad cultural del momento. Exiliados en París y La Habana, finalmente se asentaron en México, en donde volvieron a recuperar su actividad editorial, con una imprenta en la que publicaban la obra de sus amigos españoles en el exilio. En 1976 publicó su último poemario "Vida o río".

Maruja Mallo (Lugo 1902 – Madrid 1995): pintora. Con 20 años se trasladó a estudiar a la Real Academia de Artes de San Fernando de Madrid e inmediatamente entró a formar parte de la intelectualidad de la ciudad. Fue ella, junto a Margarita Manso, la que ideó y llevó a cabo la performance de cruzar la Puerta del Sol sin sombrero, todo un acto subversivo para la época. Pintora genial, obtuvo su reconocimiento en el exilio: después de Portugal, viajó a Argentina y finalmente a Nueva York, donde se asentó. Contemporánea de artistas como Andy Warhol (que catalogó su obra como un precedente del arte pop) volvió a España en 1963 sin que su país natal le prestase nunca la atención que se merecía, pese a que ella permaneció activa hasta su muerte.

María Zambrano ( (Vélez-Málaga 1904 – Madrid 1991): filósofa. Alumna de Ortega y Gasset o García Morente, no sólo empezó pronto a destacar dentro de la intelectualidad española sino que además fue una importante defensora de la República. El exilio la llevó a París, La Habana, Puerto Rico o México y volvió a España en 1984. Durante todos esos años mantuvo su actividad como ensayista, profesora y filósofa.

Rosa Chacel (Valladolid 1898 – Madrid 1994): novelista. Tras formarse como escultora, comenzó su actividad como escritora, convirtiéndose en una de las autoras más relevantes de su generación. Publicó artículos en la revista Occidente de Ortega y Gasset. Exiliada en Suiza y Brasil, tras pasar muchas dificultades económicas, cuando ya había cumplido 70 años recibió varias becas, una de las cuales le permitió volver a Madrid y publicar una de sus novelas más exitosas, Barrio Maravillas.

Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria 1907 – Madrid 2002): escritora y actriz. Gerardo Diego la incluyó en su Antología Poética de 1934. Ella había publicado su primer poemario en 1927, con el título "Versos y estampas". Además, junto a su hermano fundó una compañía de teatro, disciplina en la que también sobresalió. Durante la dictadura permaneció en España y publicó varias novelas con el seudónimo Laura de Cominges. Su último trabajo conocido como actriz fue en la serie de TVE Anillos de Oro.

Marga Gil Roësset (Madrid 1908 – Madrid 1932): pintora. Hija de una familia bohemia, a los 24 años ya empezó a ser conocida por su obra artística, fama que aumentó al relacionarse con el matrimonio formado por Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Tras destruir gran parte de su obra, en 1932 se suicidó sin que nunca se supiese el motivo.

Los usuarios y usuarias de internet pueden contribuir a la ampliación de la lista a través del hashtag #misinsombrero, adjuntando una imagen y la historia de la mujer a la que se quiere reivindicar. Porque la historia también se puede y se debe recuperar colectivamente.
ENLACES
Web | Las Sinsombrero
http://www.lassinsombrero.com/
Webdoc | Las Sinsombrero
http://www.rtve.es/lassinsombrero/es
Facebook | Las Sinsombrero
https://www.facebook.com/lassinsombrero