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viernes, 4 de enero de 2019

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Los feligreses de un pueblo de Ourense piden que regrese un sacerdote investigado por pederastia

Imagen: El País / Juan Antonio Menéndez
Los feligreses de un pueblo de Ourense piden que regrese un sacerdote investigado por pederastia.
Ángel Sánchez Cao fue apartado por el obispo de Astorga el pasado martes, acusado de abusar de menores en los ochenta en un seminario.
Julio Núñez | El País, 2019-01-04
https://elpais.com/sociedad/2019/01/04/actualidad/1546596276_739748.html

Los feligreses de dos parroquias de O Barco de Valdeorras (Ourense) han hecho público un comunicado en el que solicitan el regreso del sacerdote Ángel Sánchez Cao, apartado por la diócesis de Astorga -a la que pertenece- el pasado martes por supuestos abusos a menores en el seminario menor de La Bañeza (León) durante los años ochenta. "Las autoridades eclesiásticas se quejan de la falta de vocación, pero hay que tener mucha, no solo vocación, sino también paciencia cuando ves que tu 'propia casa', la Iglesia a la que perteneces, es la primera en señalarte con el dedo de la culpabilidad", recriminan los vecinos al obispo José Antonio Menéndez, también presidente de la comisión antipederastia de la Conferencia Episcopal Española. En señal de apoyo al supuesto abusador, los vecinos de Arcos y Veigamuiños (parroquias donde ejercía dicho cura) no acudieron a misa de Año Nuevo y afirman en la nota que tampoco lo harán el próximo día 6, día de la Epifanía. Los feligreses han remitido el comunicado al obispo, donde también anuncian una recogida de firmas en contra de las medidas adoptadas.

La decisión del obispado se produce dos años después de que Emiliano Álvarez, supuesta víctima de Sánchez Cao, denunciase en 2017 en los medios y en la diócesis a dicho cura por abusos a finales de los años setenta. La diócesis abrió un proceso canónico que, a día de hoy, no ha concluido. "Aún recuerdo despertarme por las noches y verle, rubio con gafas doradas, quitándome el pijama mientras me apuntaba con una linterna", relató a El País el denunciante en una entrevista el pasado septiembre. Durante los últimos dos años, el supuesto abusador continuó oficiando misa en la parroquia y en contacto con niños. El pasado mayo, según informó El Diario de León, celebró las comuniones de los niños de la localidad. En la nota de prensa del pasado martes del obispado justificaban el apartamiento de Sánchez Cao por nuevas "noticias fundadas" que le acusan de abusar de otro menor durante su estancia en La Bañeza.

Los vecinos de las parroquias ourensanas subrayan que la Iglesia no ha confirmado la veracidad de dichos delitos y que las nuevas acusaciones son fruto "del pecado capital de la envidia", del que, dicen, "el mundo eclesiástico tampoco se libra". La veintena de catequistas que imparten clases a más de 130 niños de las parroquias de Sánchez Cao han decidido dimitir como muestra de "repulsa ante la decisión del obispo, ya que nunca ha sido testigo de ningún comportamiento o queja similar a los hechos relatados".

Los feligreses describen a Sánchez Cao como un sacerdote entregado que, a pesar de haber sido "portada de periódicos y medios de comunicación" durante dos años, no ha dejado de lado su labor como clérigo. "Los curas, en su afán cristiano de predicar con el ejemplo, afirman y reafirman su cuestionada reputación y se convierten en los que lideran las parroquias que más niños tienen recibiendo catequesis, con el mayor número de catequistas impartiendo". Los feligreses de dicho sacerdote también defendieron su inocencia cuando se hizo pública la primera denuncia en 2017. El sacerdote siempre ha negado los delitos de los que se le acusa. "Lo hasta aquí relatado bien podría ser ciencia ficción, pero lejos de serlo, es la realidad que está viviendo un cura valdeorrés a quien el obispado ha considerado culpable sin ni siquiera atreverse a juzgarlo", concluye el comunicado.

Otro cura de Astorga apartado una década por abusos
Junto con la decisión de apartar a Sánchez Cao, el obispo de Astorga anunció el inicio del cumplimiento de la condena por parte del sacerdote José Manuel Ramos Gordón por abusar de, al menos, cuatro menores en el seminario menor de La Bañeza, centro donde supuestamente también abusó el sacerdote de O Barco de Valdeorras. Ramos Gordón fue apartado por Menéndez en 2017 tras un juicio canónico a un año de ejercicios espirituales. El obispo silenció a los medios la condena y permitió que Tábara, localidad donde hasta entonces dicho sacerdote era párroco, le hiciera un homenaje. La primera víctima, insatisfecha con la pena, lo hizo público en los medios y ese mismo año se sumó otra denuncia. El Vaticano ordenó reabrir el caso y Ramos Gordón fue nuevamente sentenciado el pasado septiembre, pero recurrió el fallo. Motivo por el que hasta esta semana no ha comenzado a cumplir la condena.

viernes, 21 de septiembre de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | “Todas las drogas eran pocas para calmar los daños que me habían causado”

Imagen: El País / Emiliano Álvarez
“Todas las drogas eran pocas para calmar los daños que me habían causado”.
Una víctima de un cura en un seminario de La Bañeza describe el trauma que sufrió por ser acosado sexualmente a los 10 años.
Julio Núñez | El País, 2018-09-21
https://elpais.com/sociedad/2018/09/20/actualidad/1537443811_939441.html

Emiliano Álvarez asegura que fue incapaz de soportar “la losa del miedo” que cayó sobre sus hombros cuando, con tan solo diez años, un sacerdote abusó sexualmente de él en el Seminario Menor de San José de La Bañeza (León). El recuerdo de despertarse por la noche mientras un hombre rubio con gafas doradas le quitaba el pijama mientras le apuntaba con una linterna es imborrable. Esa primera experiencia “terrorífica” seguiría repitiéndose durante dos años. El miedo se transformó en trauma. "Cuando me acostaba, tenía alucinaciones. Veía cómo un enano se me subía encima del pecho. Sentía la misma sensación que cuando venían a abusar de mí", cuenta 42 años después a las puertas de la iglesia de su pueblo, Borrenes (León).

Corría el año 1976. Una década después, en el mismo centro, otro sacerdote, José Manuel Ramos, abusó sexualmente de, al menos, cuatro niños. Álvarez asegura que el delito del padre Ramos demuestra que a lo largo de una década ha habido más casos. Según dice, tiene constancia de que 14 de los 50 niños que dormían en aquel dormitorio durante 1976 y 1978 sufrían visitas de otros sacerdotes. “Había noches que [los curas] daban el paseo y se iban. Entonces, sabías que podías dormir tranquilo. Pero cuando se quedaban, te quedabas despierto y te asomabas. Cuando veías la luz en el dormitorio, intentabas contar la cama, para ver a quien le había tocado”, narra.

La presunta víctima cuenta que, además de soportar la vergüenza de “tener que ver” al día siguiente al supuesto abusador, tenía que aguantar los insultos de varios compañeros que sabían lo que estaba pasando. "Me llamaban Emiliana porque creían que era homosexual. Teníamos un compañero que en los vestuarios se tiraba encima de nosotros y hacía que nos violaba. Con el tiempo te das cuenta de que, posiblemente, también habrían abusado de él", opina.

En febrero de 2017, cuando el diario La Opinión de Zamora destapó el caso del padre Ramos —el obispado ocultó a la opinión pública su decisión de apartar al sacerdote de la iglesia donde ejercía por dichos abusos—, Álvarez puso una denuncia en el obispado de Astorga, diócesis a la que pertenece dicho seminario. Aún, dice, espera impaciente la resolución. No le importa dar su nombre y mostrar su cara. No tiene miedo.

Ahora, afirma sentirse recuperado y con ganas de vivir. Llegar ahí no fue fácil. Tras dos años interno, fue expulsado del seminario. Pero el terror de aquellas noches le siguió acompañando: incontinencia nocturna, problemas sexuales, adicciones, prostitución, cárcel. “Empecé a estudiar molinerías con una beca. Me dijeron que era de los mejores. Hasta me ofrecieron un trabajo en Marruecos por un millón de pesetas (6.000 euros). Pero por aquellos años fue cuando se entrometió mi amiga la heroína”, dice. Ahora, Álvarez cuenta que lleva 14 años limpio. “Todas las drogas eran pocas para calmar los daños que me habían causado”, asegura. A las adicciones se le sumaron problemas con la prostitución. Montó con una novia prostituta una casa de citas de relax. El consumo y los problemas siguieron aumentando hasta tal punto de que, por razones de las que prefiere no hablar, pasó un tiempo en la cárcel. A raíz de su estancia en prisión, acudió a terapias y fue entonces cuando comenzó a entender de dónde venía todo: “cuando te pasa una cosa como esa, se te incrusta en el cerebro y no sale”, comenta.

Otra de las secuelas que, hasta hace poco, le ha acompañado ha sido el de no haber tenido una vida sexual normal. “En mis primeras relaciones tenía que emborracharme. Dudaba de cuál era mi identidad sexual”, explica. La primera vez que contó que sufrió abusos fue hace dos años, a su madre. Después de hacerlo, afirma, se siente mejor, aunque añade que es una experiencia que “nunca se puede superar del todo”.

Álvarez comenta que ese miedo estaba presente las 24 horas del día. Tanto por las noches, como por las mañanas, cuando iba a clase y se cruzaba con el supuesto abusador. “En el colegio te pegaban. Era peor que una cárcel”, compara. En una ocasión, comenta, un compañero le dijo que un profesor le llamó para que fuera a su habitación e intentó abusar de él: “Varios compañeros intentamos decírselo al director, Gregorio Rodríguez [hoy fallecido]. Pero no tuvimos valor. Bastante tenía con sobrevivir allí como para pedir auxilio y que luego te humillaran”. La presunta víctima cree que en el seminario de La Bañeza siempre se ha tapado todos estos casos y que la dirección tampoco tomaba medidas. “Con el tiempo, empiezas a unir y piensas que ese cura [Sánchez] tuvo que aprender de alguien. Recuerdo que varias veces lo vi [una de las noches de abusos sexuales] junto a otro que le acompañaba. Lo vi por detrás, pero no le reconocí”, puntualiza

El camastro de Álvarez era el tercero desde la puerta, junto a una ventana. Muchas noches, a finales del séptimo curso, se salía de la cama y se fugaba con otros compañeros a fumar un cigarrillo. “Muchos no fumaban. Con el tiempo te das cuenta de que todos teníamos el mismo miedo y nos escapábamos para que no nos tocasen. Nunca hablamos de esas cosas entre los amigos. Pero todo sabíamos lo que nos hacían por las noches”, relata.

Cuándo se le pregunta si cree que a Sánchez, actual párroco de El Barco de Valdeorras (Ourense) y bajo investigación por la diócesis de Astorga, puede ser absuelto de los delitos que él le acusa, la supuesta víctima dice: “Imposible. Cuando yo denuncié, un hombre de Francia afirmó en los medios que él también sufrió abusos sexuales de Sánchez. No estoy solo”. El párroco de El Barco de Valdeorras se reunió con él el pasado verano y le pidió perdón, aunque Álvarez precisa que no fue explícitamente por los abusos sexuales. Sánchez ha negado en varias ocasiones los hechos.

Para Álvarez, la última resolución del Vaticano contra el padre Ramos por otros abusos que cometió entre 1981 y 1984 en el colegio zamorano de Juan XXIII de Puebla de Sanabria, es una “vergüenza” y una “locura”. Cree que se deberían reparar a las víctimas y a sus familias. “Yo tengo un cáncer, un mieloma múltiple, ¿De qué me sirven 300.000 euros ahora? Esto también ha destrozado a mi familia. Mi padre [enseña un tatuaje en el hombro de una cara] murió preguntándose en qué se había equivocado para ser tan mal padre. Pero él no se equivocó, se equivocaron los curas”, subraya.