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miércoles, 28 de marzo de 2018

#hemeroteca #arte #violenciamachista | Elena Fraj Herranz: “Los estereotipos de la violencia machista sirven a los hombres que no quieren perder sus privilegios”

Imagen: Ara / Elena Fraj Herranz
Elena Fraj Herranz: “Los estereotipos de la violencia machista sirven a los hombres que no quieren perder sus privilegios”.
Félix A. Rivas · Investigador y etnógrafo | Ara, 2018-03-28
http://arainfo.org/elena-fraj-herranz-los-estereotipos-de-la-violencia-machista-sirven-a-los-hombres-que-no-quieren-perder-sus-privilegios/

Elena Fraj Herranz se dedica al campo de la docencia, la investigación y la producción artística. Da clases en la Universidad de Barcelona. Realiza investigaciones independientes, y produce y realiza audiovisuales comerciales y artísticos. Es comisaria de la exposición “Supervivientes. La violencia machista como tema en el arte contemporáneo del Estado Español”, visitable en la Sala Juana Francés de Casa de la Mujer de Zaragoza.

Llego un poco pronto a la sala de exposiciones y paseo entre fotografías, montajes y monitores apagados. Me detengo mucho rato delante de cientos de pañuelos de papel clavados en la pared, fijándome en los juegos de luces y sombras que producen. Me paro también ante unos cuadros de punto de cruz hasta que un nudo en la boca del estómago me hace dejar de leer y continuar caminando. Uno de los monitores se enciende y muestra el cuerpo de una mujer en el suelo con manchas rojas de sangre.

P. ¿En qué consiste esta exposición?

R. Es un recorrido por las obras de arte producidas en el Estado Español cuyo tema es la violencia machista. Abarca desde los años 70 hasta la actualidad. Surge de una investigación que hago en el 2015 en el Centro de Estudios e Investigación del MACBA de Barcelona, y encuentro que hay un hilo que se puede recorrer a través de las obras para saber cómo se han producido las imágenes de las violencias machistas en el arte, pero está totalmente relacionado con la sociedad, con la percepción de la violencia machista a nivel general. Y veo que hay ahí un recorrido muy interesante que hacer, que no está construido ese relato. En principio iba a hacer un artículo y al final me decanto por hacer una exposición. No están todas las obras que he encontrado, pero por una cuestión de espacio físico y de tema presupuestario he hecho una síntesis.

P. ¿Has seguido un hilo cronológico para mostrar las obras seleccionadas?

R. Sí, lo he hecho un poco cronológico porque hay dos ejes importantes: el jurídico y el político. Las políticas que se hacen desde el Estado repercuten directamente en cómo se perciben las violencias. Y también siguiendo las luchas feministas. No digo que sea una cuestión de evolución pero sí que las obras de los 70 hay que situarlas en el Tardofraquismo o bien en la Transición. Y los activismos feministas y la legislación vigente sobre las mujeres de ese momento son muy diferentes a los actuales.

P. ¿Entonces las artistas podrían ser unas catalizadoras del sentir sociopolítico de cada momento?

R. Para mí lo que están produciendo las artistas está totalmente en relación con los activismos feministas, tanto si perteneces a esos activismos como si no. Pero están poniendo sobre la mesa unos imaginarios de la violencia y unas reivindicaciones que están al lado de las luchas feministas y que, quizá, muchas de ellas no se encuentran en las instituciones.

P. Explícanos por favor algunos hitos del hilo cronológico que articula la exposición.

R. Una primera obra del año 77 es la titulada “Discriminación de la mujer” de Eulalia Grau. En ella trabaja con material apropiado de los medios de comunicación en el que aparecen mujeres en situación de subalternidad respecto a los hombres. Contrasta imágenes de los espacios públicos de los hombres como el fútbol, o los bares, o de hombres consumiendo porno frente a imágenes de mujeres que están trabajando, limpiando, cuidando de los hijos, en cárceles, o mujeres que están deprimidas o enfermas, tratadas médicamente. Ese sería un hito, de los años 70. Es del 77 esta obra.

Y una última pieza es la de Gema Rupérez donde no hay ninguna figura de mujer y representa muy bien la saturación de imágenes y relatos que tenemos ahora mismo. En las noticias cada día se habla de las violencias machistas, hay una hiperrepresentación que yo le llamo, casi una saturación del tema. Y en este caso ella representa los feminicidios, 924 pañuelos de papel, uno por cada una de las mujeres asesinadas desde el año 2003 hasta ahora según datos del Gobierno, que sabemos que son muchas más. Ella está representando de una forma completamente distinta, más propia de la actualidad.

P. Esa es una pregunta que plantea la exposición y que está en el debate de la calle, ¿cómo representar hoy en día la violencia machista y, sobre todo, a sus víctimas?

R. Yo lanzo la pregunta y trato de responderla a través del taller que hemos hecho.

P. ¿Un taller previo al montaje de la exposición? ¿Cómo fue ese taller?

R. Lo que hicimos fue juntar a estudiantes de la Escuela de Diseño de Aragón con mujeres que habían pasado por una situación de violencia. Simplemente con ese encuentro los estudiantes se llevaron una idea muy diferente de lo que ellos creían, de ese estereotipo de mujeres pasivas, quizá con un cierto punto de ignorancia, mujeres que en el fondo quieren eso, que quizás no tienen un nivel cultural suficiente como para entender que las están maltratando. Se dieron cuenta de que una víctima de violencia puede ser cualquier mujer, y percibieron la complejidad de cómo se puede llegar a estar en una situación de este tipo. Entonces, con la limitación de los días que teníamos, generamos unos vídeos con esta idea de fondo, planteando cómo representar estas situaciones teniendo en cuenta estos estereotipos que nos vienen cada día en los medios, de la violencia machista como algo excepcional, de unos perfiles concretos de la víctima y del agresor como “monstruo”.

P. Esos estereotipos tan presentes ¿en qué se apoyan?, ¿para qué sirven?

R. Sirven básicamente para no asumir que es una cuestión estructural, que es un problema colectivo y que los hombres se tienen que poner las pilas. En la sociedad hay unos sujetos que tienen poder sobre otros. Esos sujetos no quieren perder sus privilegios y una manera de no perderlos es relatar que son casos anecdóticos, que lo que ocurre es que el vecino del quinto es un poco agresivo…

P. Y frente a estos estereotipos ¿la práctica artística puede ofrecer una alternativa?

R. Puede hacerlo siempre y cuando se sitúe en el terreno. Es decir, siempre y cuando las voces que hablen sean voces protagonistas que saben de lo que están hablando y se sitúen en lo que está pasando. El arte por sí mismo no va a solucionar nada si los procedimientos artísticos no se insertan en los procedimientos sociales.

He de decir también por qué me interesa investigar las representaciones de las violencias machistas. Lo hago desde mi supuesto lugar como profesional en el mundo de la producción cultural y visual, pero también porque vengo atravesada por un proceso de violencias machistas a través de mi familia. Yo vi una situación de violencia a través de mi padre, también a través de una pareja pero especialmente de mi padre. Y de ahí sale sensación de no sentirme representada en muchas de las cosas que estoy viendo y la pregunta de por qué no me siento representada. Es decir, que también mi figura está muy dentro del proyecto.

P. La propia investigación y el comisariado de la exposición, ¿cómo los has vivido? Si te sientes parte de esto, supongo que habrán tenido una repercusión en ti.

R. Sí. Me ha dado mucha alegría encontrar obras de mujeres que en los 70, en los 80, están ya hablando de esto. Estamos acostumbradas a ver obras de hombres y, de repente, ver obras de mujeres representando mundos de mujeres me ha dado tranquilidad y la sensación de que no estoy sola en el mundo. Me da mucha alegría y, a la vez, momentos duros, de una emocionalidad que te atraviesa, porque hay obras que son duras. Pero ha habido una conexión, sí.

P. Me viene todo el rato a la cabeza la idea de cómo puede ser útil a las mujeres en general, y a las supervivientes en concreto, que se lleven a cabo este tipo de acciones culturales. ¿Qué les aporta, qué beneficios les trae la visibilización de estas visiones artísticas de la violencia machista?

R. También desde el punto de vista más personal, creo que es importante ver que hay muchas obras que representan cuerpos agredidos, mujeres que son víctimas, porque hay un derecho a reconocerse víctima. Como mujer protagonista, primero yo tengo el derecho de que se me reconozca social y colectivamente que soy una víctima. Y segundo que se me respete la privacidad, pero el derecho a reconocimiento de víctima yo lo tengo. Que no se me victimice, yo soy una superviviente porque soy una mujer que no ha parado de hacer cosas. Eso por un lado y por otro, esta exposición está muy centrada en la figura de las mujeres pero creo que falta otra exposición que apele a los hombres. Es que hay una necesidad de expresar esto por parte de las mujeres. Ahora le ponemos nombre, violencia machista, maltrato, pero hace 40 o 50 años quizá no había muchos nombres. El arte es una manera de contar.

P. ¿Has visto alguna conexión entre la violencia más física y privada con esa otra violencia de carácter institucional?

R. La violencia institucional en la Transición la vemos muy obvia. Luego viene el periodo del Partido Socialista que genera las instituciones de las mujeres como el Instituto de la Mujer. A finales de los 80 y en los 90 parece que las instituciones están con el tema de las mujeres, se legisla. Y a finales de los 90 hay un poco de desmovilización de los activismos. Cuando se llega a las instituciones se desmoviliza un poco en la calle. Pero aunque haya legislaciones en contra de la violencia machista nunca deja de haber violencia institucional. Siempre, de una manera u otra, lo privado y lo institucional está conectado.

P. ¿Tal vez sea menos explícita esa violencia institucional?

R. La violencia institucional está en la policía, los psicólogos, los médicos, el sistema educativo…, claro que la hay. Tú te acercas a una institución a pedir ayuda y verás cómo te recibe. Y más si tienes en cuenta las violencias psicológicas. Es acercarte a la policía, decir violencia psicológica y depender totalmente de la persona que te atiende. Es muy difícil poner una denuncia u obtener una condena por violencia psicológica. Y la violencia psicológica simplemente es un paso previo a la violencia física, forma parte de un mismo proceso. Evidentemente los jueces no aplican la ley. Lo estamos viendo cada día en las sentencias porque según cómo va vestida la víctima es más o menos un delito. Eso es violencia institucional. Y eso la sociedad lo ve. Entonces en la violencia privada los hombres saben que están legitimados para hacer todo eso, están amparados por la institución.

P. Hablando de la obra de Gema Rupérez me ha parecido que sugerías que la imagen del cuerpo había desaparecido del tratamiento actual de la violencia machista en el arte.

R. Sí, en la de Sara Berga tampoco hay cuerpos. El giro yo creo que lo da el vídeo de Virginia Villaplana. Es la imagen de una modelo publicitaria que está tendida, como muerta, y ella lo que hace es acercar y reencuadrar la imagen hasta que al final aplica como con un zoom y lo que se ve es la trama, solo puntitos. Es como que no ves la imagen si no la materialidad de los medios de comunicación. Yo creo que ella ahí empieza a reflexionar sobre las violencias sobre las mujeres, el año 97, justo después del asesinato de Ana Orantes, cuando los reality shows empiezan a hablar de la violencia doméstica.

P. La fecha de la inauguración, el 7 de marzo, resulta un poco especial por el efervescente ambiente social en estos días debido a la huelga feminista del 8M.

R. Sí, iba a ser para noviembre pasado pero al final lo retrasamos y ahora vino para el 8 de marzo. Es un momento muy interesante ahora. Yo creo que el feminismo se ha hecho mainstream de alguna manera, se ha puesto casi de moda. Es un momento para hilar fino.

P. ¿Cuál sería el reto ahora?

R. Yo lo vuelvo a decir, que los hombres se pongan las pilas. Los hombres tienen que dar un paso atrás, tienen que hablar entre ellos y tomar cartas en el asunto. Todos los hombres conocéis a otros hombres que no se han portado bien con sus parejas. Hay un mundo de hombres, un lenguaje y unos códigos de hombres. Nosotras no podemos entrar ahí. Nosotras solamente podemos unirnos, apoyarnos para ser fuertes y tirar para delante. Y enfrentarnos a quien haya que enfrentarse si hay que hacer autodefensa. Pero lo que no podemos es encargarnos de convencer a los hombres de que tienen que cambiar, esto os lo tenéis que hacer vosotros. Entonces la siguiente exposición debería ser con un hombre comisariando y con trabajos de hombres.

sábado, 21 de enero de 2017

#hemeroteca #memoria | La Cultura de la Transición fue algo más que fiesta y tontería


Imagen: El Diario / 'Gelatina dura' en el MACBA
La Cultura de la Transición fue algo más que fiesta y tontería.
El MACBA acoge la exposición 'Gelatina dura', que aborda cómo la cultura de aquellos años trató de explorar todos los senderos posibles.
J.M. Costa | El Diario, 2017-01-21
http://www.eldiario.es/cultura/arte/Cultura-Transicion-fiesta-tonteria_0_603690440.html

La Transición, con mayúscula, se encuentra en el centro de la discusión política desde al menos el 15M, que puso de actualidad tan intocable asunto. Dentro de esa Transición, la cultura ha recibido una atención muy especial, seguramente porque siempre ha sido más fácil charlar sobre lo superestructural que sobre lo estructural. Al fin y al cabo, no todo el mundo se siente cómodo hablando de economía, pero nadie se corta un pelo para sentenciar sobre cultura, incluida su política.

Bastantes críticos se conforman con ridiculizar aquella Movida (madrileña, además), supuesto destilado de superficialidad, tontería y falta de conciencia. Sin embargo, la cultura durante la Transición fue algo muy complejo y cuya investigación tal vez ayudaría a comprender mejor ese periodo en general y lo que puede/debe hacerse ahora en particular. Soltar chascarrillos descalificadores sobre sus aspectos más chirriantes no deja de ser tan falsamente nostálgico como presentar esos aspectos como un ejemplo de esplendor cultural. Como toda nostalgia vicaria, de aquello que ni se ha vivido ni se ha estudiado, esas posturas no ayudan a entender los hechos.

Por suerte, hay quien no se aviene a repetir lemas ramplones y trata de investigar lo que unos y otros ocultan, poniéndolo a disposición del público. Esta vez hablamos de artes visuales pero se puede extender a otros terrenos.

Hace casi un año en Sevilla se inauguraba una exposición sobre la Agustín Parejo School, un colectivo malagueño que representaba bien esa otra cultura de la Transición. En La Casa Encendida y en el reducido marco de Inéditos, Luis Berzosa apuntaba en Madrid, activismos la relación entre cultura y política en el Madrid de aquellos años. En noviembre abrió en el MACBA de Barcelona ‘Gelatina dura’ (hasta el 19 de marzo), comisariada por Teresa Grandas y que trata parecidos temas de forma más amplia y genérica.

El periodo que cubre ‘Gelatina Dura’ discurre entre 1977 y 1992. La segunda fecha podría ser objeto de discusión, pero esta se justifica en que 1992 representa el epítome de esa idea de Transición, con los JJOO, la Exposición Universal de Sevilla y Madrid Ciudad Europea de la Cultura. Es un momento de fastos tan abrumadores que debe aceptarse como punto pivotal.

Quienes temían que esta exposición del MACBA entrara en la polémica nacionalista catalana deberían tranquilizarse desde el principio. ‘Gelatina dura’ toma su título de una poesía del maldecido y muy madrileño Eduardo Haro Ibars, "allá tras las montañas de gelatina dura" (en ‘Empalador’, 1980). ‘Gelatina dura’ fue también un proyecto de banda de música de Haro Ibars junto a su hermano Eugenio y el luego famoso Jaime Urrutia (Gabinete Caligari). Todo se relacionaba.

A partir de ahí se traza un trayecto no muy largo pero sí muy heterogéneo, porque mientras las historias oficializadas suelen se monolíticas y lineales, la cultura de aquellos años trató de explorar todos los senderos posibles. Incluso aquellos que conducían a precipicios.

Un viaje por siete caminos
La exposición se divide en siete secciones, la primera de las cuales marca las siguientes: ‘La memoria olvidada, la omisión del pasado reciente’. Esta sección se abre con el ‘Informe general’ (1976) de Pere Portabella. Se trataba de una larga serie de entrevistas donde personajes del momento planteaban los que se planteaba tras la muerte del dictador. ‘Informe General II’, realizado apenas el año pasado y centrado en la cultura, es la obra que cierra ‘Gelatina dura’ y la comparación entre ambos ‘Informes’ resulta desoladora. Allí donde se abrían campos cuando España salía de un siniestro cercado, ahora se reflexiona desde lugares institucionales sobre lo que estaba sucediendo en la calle.

El informe general de hoy es sobre todo aburrido. De lo cual puede ser culpable Portabella, sus invitados, ambos o que ese es el espíritu de los tiempos. Igual lo último.

La segunda sección es ‘Los ángulos ciegos. De las luchas autónomas a la institucionalización democrática’ y trata de unos momentos en que luchas vecinales, asociativas, otras de orden anarquistas -muy importantes en Barcelona-, se daban la mano con el espectáculo / ‘performance’ de pura transgresión que ofrecían casi cada noche Nazario y Ocaña en unas Ramblas que aún operaban como punto de encuentro ciudadano y donde los turistas aún eran pocos y mochileros.

Varios de los trabajos recogidos aquí, como ‘143.353 (los ojos no quieren estar siempre cerrados)’ (2010) de Marcelo Expósito o ‘El Camp de la Bota’ (2004) de Francesc Abad son reflexiones desde el presente de hechos pasados. Sobre lo que no pudo siquiera pensarse en su momento.

‘Del mono azul al cuello blanco. De la desarticulación de los movimientos obreros al neo-liberalismo’ junto a ‘En el barrio de mis sueños’. Del urbanismo feroz a la ciudad espectáculo, refleja un espíritu que en primer lugar conduciría a la fiesta del 92 y por otro lado a la burbuja inmobiliaria, que opera en realidad como signo de una burbuja mucho más general, del sistema surgido de la Transición y de su para-ideología acompañante. Tiempos cuando dirigentes del PSOE afirmaban lo adecuado e incluso aconsejable de tratar de forrarse en el momento (Pata Negra), seguidos sin tanta publicidad por sindicalistas o incluso miembros de una izquierda aún marxista. Esto es, los que no se habían pasado con armas y bagajes desde organizaciones maoístas al PP.

‘Los hermosos vencidos. De drogas y prisiones’ va de otras luchas existentes y como fueron desactivadas cuando colectivos como la Copel (Coordinadora de presos en lucha) peleaban contra una Ley de Peligrosidad Social. Y también de cómo esa lucha, como la de demasiados barrios marginales, se deshizo en un chute de heroína. Esas cosas se recogían en documentales en fotografías como las de Colita o en dibujos de los mismos presos.

‘Las letras arrebatadas. La contracultura versus la institución arte’ trata del momento en que se abren grandes instituciones del arte como el Reina Sofía, el mismo MACBA o ARCO y de cómo junto a la continua celebración de lo espectacular se producían alternativas que, por supuesto, fueron ignoradas. El estado gaseoso. La otredad trata, finalmente de lo diferente en una sociedad que buscaba una imagen homogeneizadora y tranquilizante. Zush en sí mismo o los gitanos en obra de Daniel García Andújar son solo dos ejemplos.

Y, ha de destacarse, toda la exposición esta recorrida por la obra ‘Preguntas al pueblo español por un americano ignorante’ que Francesc Torres redactó en 1990 y que plantean todas las paradojas que envolvieron aquellos tiempos. Siendo de lo más alarmante y triste que aquellas preguntas (más algunas añadidas ahora) sigan hoy de sangrante actualidad. Por ejemplo: “¿A qué se debe que en la España democrática se pueda impunemente dejar de vuelta y media a Fidel Castro y, en cambio, no pueda hacerse lo mismo con Franco o Carrero Blanco sin intimidaciones por parte de los poderes fácticos que ganaron la guerra pero perdieron la paz?”.

Artistas olvidados
Todo lo anterior se cuenta en obras de, además de los ya mencionados, 5QK's; Marcel·lí Antúnez; Txomin Badiola; Antonio Beneyto; Miguel Benlloch; Tino Calabuig; Alan Carrasco; Colita; Societat U de Barcelona; Pepe Espaliú; Joan Gelabert; Eulàlia Grau; Isaías Griñolo y Angustias García; Federico Guzmán; Joaquim Jordà; José Juan Bartolomé y Cecilia Bartolomé; Lluís Juncosa; Manolo Laguillo; Laia Manresa; Muntadas; Antón Patiño; Carlos Pazos; Pere Portabella; Preiswert; Manolo Quejido; Joan Rabascall; Arturo-Fito Rodríguez, Gabriel Villota; Pedro G. Romero; María Ruido; Fernando Ruiz Vergara; Pepe Sales; Mireia Sentís; SIEP (colectivo artístico); Llorenç Soler; Albert Subirats; Carlos Taillefer; Taller Llunàtic; Steva Terrades; Adrià Trescents, Isidoro Valcárcel Medina; Jordi Valls; Ventura Pons; Vídeo-Nou; Jaume Xifra o Zush.

Es una larga lista, pero aunque algunos de estos nombres hayan recibido el reconocimiento que merecen, otros no. Y como esa movida que no fue la Movida, sin tener su trabajo en cuenta estaremos repitiendo solo una determinada parte, la más chispeante y alegre de una realidad que no lo fue tanto.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

#hemeroteca #memoria | MACBA muestra en "Gelatina dura" las "historias escamoteadas" de los ochenta

Imagen: El Diario / 'Gelatina dura' en MACBA, Barcelona
MACBA muestra en "Gelatina dura" las "historias escamoteadas" de los ochenta.
EFE | El Diario, 2016-11-02
http://www.eldiario.es/cultura/MACBA-muestra-Gelatina-historias-escamoteadas_0_576042986.html

La exposición "Gelatina dura. Historias escamoteadas de los 80" revisa en el MACBA un período de España que va de 1977 hasta 1992 y, a partir de más de 200 obras de una sesentena de artistas, reconsidera los relatos generados durante esos años y los cuestiona desde una perspectiva actual.

La comisaria Teresa Grandas, acompañada por el director del centro Ferran Barenblit y el cineasta Pere Portabella, ha explicado hoy en rueda de prensa que no ha querido una "aproximación historicista" a ese momento, sino concebir "un proyecto polifónico, un espacio de confrontación de hipótesis".

A su juicio, cuando se habla del período, con especial preponderancia de los años ochenta, surge "un relato homogéneo de un país moderno, cosmopolita, que superó una etapa anterior, pero hubo voces discordantes, que a través de algunas obras de arte, películas, documentales o recortes de periódicos, permiten articular microhistorias".

Tanto Grandas como Barenblit han coincidido en que no se pretende rechazar lo conseguido en ese tiempo, en el que "es cierto que hubo pactos y consenso, pero también hubo desmemoria y olvidos y esto es lo que queremos recuperar".

La exposición se plantea alrededor de siete ámbitos: "La memoria olvidada", "Los ángulos ciegos", "Del mono azul al cuello blanco", "En el barrio de mis sueños", "Los hermosos vencidos", "Las letras arrebatadas" y "El estado gaseoso".

Gracias a los relatos que aquí se exhiben, el público que se acerque hasta el MACBA tanto podrá visionar los Informe General I y II de Pere Portabella como adentrarse en lo que fue la contracultura, los estragos que causó la droga en algunos artistas o cómo se "desarticularon" los movimientos obreros y se transformaron grandes ciudades como Barcelona, una vez se anunció que acogería en 1992 los Juegos Olímpicos.

#hemeroteca #memoria | ‘Gelatina dura’ o los ochenta a contrapelo

Imagen: Hoyesarte / 'Gelatina dura' en MACBA
‘Gelatina dura’ o los ochenta a contrapelo.
Hoyesarte, 2016-11-02
http://www.hoyesarte.com/evento/2016/11/gelatina-dura-los-ochenta-a-contrapelo/

El Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) presenta 'Gelatina dura. Historias escamoteadas de los 80', una revisión del relato hegemónico en España en el periodo comprendido entre 1977 y 1992, cuestionándolo desde una perspectiva actual. La exposición reúne más de 200 obras de 59 artistas, casi la mitad de ellas procedentes de la Colección MACBA.

Junto a ellas hay una numerosa selección de materiales del Fondo del Archivo y Biblioteca del Museo, además de filmes, documentales, programas de televisión, revistas, cómics,’ fanzines’, trabajos artísticos y ejercicios antiartísticos, entre otros materiales. La muestra ha sido desarrollada en el marco de la red L’Internationale, que invitó a los seis museos europeos que la integran a hacer una revisión de los años 80 en sus respectivos contextos, y visibiliza algunas historias desatendidas, suscita preguntas y cuestiona qué se oculta tras la narrativa oficial y cómo se han articulado los discursos dominantes.

El proyecto comisariado por Teresa Grandas aborda una serie de acontecimientos históricos de orden social, político y económico, al tiempo que presenta el trabajo de algunos grupos, activistas culturales y artistas que se posicionaron en la subversión y la crítica al orden establecido.

El relato oficial de los años 80 en España priorizó la necesidad sobre la razón y consolidó una mirada que privilegiaba el futuro antes que el análisis del pasado reciente, obviando cualquier consideración crítica respecto a la filiación con el poder franquista. “El imaginario popular de aquellos años redunda en clichés de modernidad, consolidaciones democráticas, avances y cultura, mucha cultura”, asegura Grandas.

Instrumento de promoción
La cultura fue utilizada como un instrumento de promoción para ofrecer una imagen de un país que había superado una dictadura, que había consolidado la democracia y que se había vuelto cosmopolita. Si hasta entonces España se había caracterizado por la carestía de instituciones culturales que promovieran el arte y la creación contemporáneas, ahora se intentaba compensar ese vacío impulsando becas de creación, espacios para el arte joven, equipamientos de gran envergadura como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la feria de arte ARCO, festivales y todo tipo de eventos.

En Barcelona, ​​este momento prefiguró la transformación urbanística de la ciudad a raíz de su proclamación como sede de los Juegos Olímpicos y se recuperó la idea de crear el Museu d’Art Contemporani. ‘Gelatina dura’ no pretende rebatir o rechazar los logros alcanzados, sino que se plantea como un espacio de confrontación de hipótesis, más que como un marco-tesis.

En palabras de la comisaria, “la gelatina dura no existe, es precisamente algo opuesto a su propia cualidad, pero explicita muy bien la imagen amable y muy digerible que se vendió de los años 80 en ese momento y que aún perdura”. La exposición esboza microrrelatos y algunas aproximaciones críticas en un recorrido temático que, lejos de querer ser exhaustivo, lo que se propone es indicar algunas líneas de análisis en un marco complejo que resultan especialmente interesantes vistas desde el contexto actual.

El recorrido se estructura alrededor de siete posibles relatos: ‘La memoria olvidada, sobre la antihistoria, la contrainformación y el olvido del pasado reciente’; ‘Los ángulos ciegos, de los grupos autónomos a la institucionalización democrática’; ‘Del mono azul al cuello blanco, de la desarticulación de los movimientos obreros a la reconversión industrial’; ‘En el barrio de mis sueños, del urbanismo feroz a la ciudad espectáculo’; ‘Los hermosos vencidos, sobre drogas y prisiones’; ‘Las letras arrebatadas, la contracultura versus la institución arte’; y ‘El estado gaseoso, sobre la otredad y el escapismo como arma, el mundo imaginado’.