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lunes, 28 de enero de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | Eres un homófobo

Imagen: ctxt / Ataque al Centre LGTBI de Barcelona
Eres un homófobo.
Isaias Fanlo | ctxt, 2019-01-28

https://ctxt.es/es/20190123/Firmas/24124/Isais-Fanlo-agresion-homofoba-barcelona-tranfobia.htm

Eres un homófobo cada vez que ves a dos chicos o dos chicas besándose en la calle y te hace sentir incómodo. Porque cuando ves a una pareja heterosexual (y blanca, por supuesto), te parece un gesto la mar de romántico.

Eres un homófobo cada vez que piensas o que afirmas que la pluma da mala imagen al colectivo gay. Homófobo y también machista, porque asumes que la feminidad es síntoma de inferioridad, y que los hombres, por defecto, tienen que ser masculinos (siguiendo, por supuesto, una masculinidad estereotípica y tóxica que hemos perpetuado desde hace siglos).

Eres un homófobo cada vez que te molesta ver a personas trans por la calle, o en las carrozas del Orgullo gay. Tú no eres nadie para decidir con qué identidad de género quiere identificarse cada una de nosotras.

Hablando del Orgullo. Eres un homófobo cada vez que afirmas que “El Orgullo ya no es necesario” porque “ya lo tenemos todo hecho”. Que tú te puedas casar no significa que no haya personas que estén sufriendo agresiones homófobas y transfóbicas como la de hace unos días en el metro de Barcelona. Que tú puedas comprarte una casa con tu pareja no significa que haya gente a la que despiden de su trabajo o a la que ofenden sistemáticamente por ser lo mismo que tú.

Eres un homófobo cada vez que explicas un chiste de bolleras o de mariquitas. Por cierto, también lo eres cada vez que te ríes con uno de esos chistes. La mayoría de vivencias de la homofobia, en muchas de nosotras, empieza en edades tempranas, y lo hace mediante la injuria: cuando vemos que alguien llama “marica de mierda” a otra persona, o cuando escuchamos uno de esos chistes que te parecen tan divertidos. Es entonces cuando nos damos cuenta de que nuestras emociones y nuestros afectos son algo de lo que la sociedad, de lo que gente como tú se ríe, o que considera insultante.

Por lo tanto, eres un homófobo cada vez que utilizas expresiones como “sin mariconadas”, o “menuda loca”, por mucho que me digas después que “bueno, tú ya me entiendes”. No, no te entiendo: estas microagresiones sientan las bases para cosas más graves que continúan sucediendo, aquí y en otras partes del mundo. Y no, no es “libertad de expresión” cuando estás agrediendo a alguien: en este caso, es reforzar la estructura de privilegios e injusticias sobre la cual se ha asentado nuestra sociedad.

Eres un homófobo cada vez que algún personaje público sale del armario como LGTBI o queer, y tú espetas aquello de “A mí no me importa con quien se acueste cada uno”. Declararse lesbiana, gay o bi no tiene nada que ver con revelar la vida sexual de una persona, del mismo modo que pasear de la mano de tu hijo no implica presumir de haber mantenido sexo hetero sin protección con nadie. Por lo demás, la cosa no va de ti ni de lo que te importa. La cosa va de que a la sociedad sí que le importa (y si no me crees, échale un vistazo a la estadística de agresiones por homofobia y transfobia que tienen lugar a diario en nuestro país). La cosa va de que cada salida del armario nos hace más fuertes y nos ofrece un ejemplo, un modelo en el cual podemos identificarnos.

Escribo todo esto a causa de la agresión que el Centro LGBTI de Barcelona, inaugurado hace apenas una semana, sufrió la madrugada del sábado a manos de la extrema derecha. Este ataque está cimentado sobre la legitimidad que dan, también, las microagresiones homófobas que las personas LGBTI y queer vivimos cada día. Pero los tiempos cambian, y ya no nos van a callar. A lo largo de la historia nos han agredido de todas las maneras posibles; nos han insultado, nos han metido en la cárcel, nos han asesinado, y seguimos aquí. Llevamos la lucha inscrita en nuestro ADN. Y ahora pedimos la complicidad activa de todas aquellas personas que crean en la democracia, en el civismo y en la igualdad de derechos y obligaciones para toda la ciudadanía. Ninguna agresión, por pequeña que sea, tiene que quedar sin respuesta. Nuestro futuro como sociedad depende de cómo reaccionemos ante la violencia contra nuestros conciudadanos.

jueves, 19 de julio de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia #trabajo | El mundo del trabajo, territorio hostil para las personas LGTBI

Imagen: ctxt
El mundo del trabajo, territorio hostil para las personas LGTBI.
Miedo a mostrar la orientación sexual y la identidad de género, discriminación y menores salarios son las principales manifestaciones de la LGTBIfobia en los lugares de trabajo. Las personas trans son las más afectadas.
Pablo Castaño | ctxt, 2018-07-19
http://ctxt.es/es/20180718/Politica/20642/Pablo-Casta%C3%B1o-orientacion-sexual-genero-LGTBIfobia-mercantilizacion-de-la-identidad.htm

“Vienen llorando ingenieros porque les hacen la vida imposible, les escriben cosas en el baño, les ponen en trabajos infravalorados...”, cuenta Jordi Pilar, coordinador del área laboral de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB). El rechazo explícito a la diversidad sexual es muy minoritario en España: poco más del 10 por ciento de la población afirma que la sociedad no debería aceptar la homosexualidad, cifras que alcanzan el 20 por ciento en países como Francia o Reino Unido. Sin embargo, tener una orientación sexual o identidad de género minoritaria sigue siendo un grave obstáculo en todos los ámbitos de la vida, especialmente en el mundo del trabajo.

La mercantilización de la identidad gay ha creado el estereotipo de que los hombres homosexuales son personas adineradas y libres de problemas laborales, una gran mentira que se suele extender al resto del colectivo LGTBI. La realidad es muy distinta: junto al deporte “es en el ámbito laboral donde las personas LGTBI están más discriminadas”, señala Jordi Pilar. En el caso de las personas trans, la situación alcanza proporciones dramáticas: más del 80 por ciento están en paro. Las manifestaciones más graves de la homofobia, la bifobia y la transfobia en el trabajo son la discriminación en la búsqueda de empleo, el acoso y las agresiones (que conducen a la mayoría de trabajadores LGTBI a ocultar su identidad) y una brecha salarial por orientación sexual que todavía ha recibido poca atención en España.

Siete de cada diez personas LGTBI ocultan en algún momento su orientación sexual o identidad de género en el trabajo, según la encuesta de la FRA (Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE). Cientos de miles de trabajadoras y trabajadores reflexionan y calculan a quién mostrar y a quién ocultar quiénes son, en una situación de estrés permanente inimaginable para un trabajador heterosexual. ¿Cuáles son los orígenes de este miedo, qué les impide hablar libremente de sus relaciones afectivas y sexuales?

Los casos de acoso son “constantes”, denuncia Jordi Pilar, aunque muy pocos se denuncian. Las agresiones leves y la microhomofobia siguen siendo la norma en los lugares de trabajo. Los chistes y comentarios discriminatorios son frecuentes en nuestro país, según el 77 por ciento de las personas encuestadas. Clara, periodista en un medio digital, lo confirma: “Cuando he salido del armario no me he encontrado con una oposición frontal o un ataque personal, pero los comentarios homófobos son frecuentes, incluso cuando se sabe que alguien en la oficina es LGTBI”.

La microhomofobia a veces es particularmente insidiosa, como muestra el caso de Ruth, profesora de música en Madrid: “Mi jefe [en la escuela de música] me decía que él prefería que a los padres no llegara este tipo de ‘información íntima sobre nuestra sexualidad’. Dicho con palabras y tono amable pero creo que es una forma de violencia encubierta. Sin embargo, ahí le tienes a él hablando de su mujer al público de las audiciones de fin de curso. Pero claro, eso no es información íntima sobre su sexualidad. Con los niños, sin embargo, jamás me he sentido discriminada”. El ambiente hostil hacia la diversidad sexual que existe en numerosos puestos de trabajo tiene graves efectos sobre la vida de los trabajadores LGTBI, como relata Jordi Pilar: “Hay gente que se casa y no hace viaje de novios, no pide las vacaciones que le corresponden legalmente para que no se sepa su orientación sexual”. La discriminación es más frecuente en las zonas rurales donde las personas LGTBI “no pueden ocultar su orientación sexual en el trabajo porque en el pueblo se conoce todo el mundo. No los contratan por maricón o por ser trans”, denuncia Pilar.

Tener pluma y la precariedad laboral también agravan la discriminación, como ilustran los testimonios de Marco y Clara. La presión del entorno hace que a veces la ‘plumofobia’ sea interiorizada incluso por lesbianas, gais y bisexuales, como cuenta Marco, que ha pasado por varios empleos en los últimos años: “En algunos trabajos he visto a gais que dejan claro que no les gustan las ‘locas’, como para no ser vistos como gay”. Clara, que ahora tiene un contrato indefinido, ha acumulado unos cuantos empleos precarios en el sector, incluido una beca sin remuneración en Radio Televisión Española. “Conforme ha ido aumentando mi seguridad laboral, he ido contando con más facilidad que soy lesbiana” –explica– “como becaria o ‘freelance’, dependes más de la aceptación del grupo de trabajo y del jefe, y esto afecta a la posibilidad que tienes de salir del armario con un riesgo menor”.

Brecha salarial
Una de las manifestaciones menos conocidas de la LGTBIfobia en el trabajo es la brecha salarial por orientación sexual, que ha sido identificada por diversos estudios en países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Francia. En Francia, un informe del Defensor de los Derechos (equivalente al Defensor del Pueblo) mostró que los hombres gais ganan un 6,3 por ciento menos que los heterosexuales en el sector privado. Las lesbianas no ganan menos que las mujeres heterosexuales, pero sufren la brecha salarial de género, que es mucho mayor que la de orientación sexual. Además, las lesbianas se enfrentan a la vez a la homofobia y al machismo, que en algunos sectores es más grave que la LGTBIfobia, como cuenta Ruth: “En el teatro hay muchos homosexuales (hombres, eso sí) ocupando puestos de liderazgo. He notado más rechazo por ser mujer que por ser lesbiana. Por ejemplo, las técnicas de luz y sonido tenemos que demostrar saber más que un técnico hombre. Un jefe técnico me lo dijo así literalmente.”.

No hay datos oficiales sobre la brecha salarial por orientación sexual en España pero tanto Jordi Pilar como Adela Carrió, secretaria ejecutiva de la UGT, están convencidos de que existe. “Cuando los trabajadores dicen que son gais o lesbianas”, explica Carrió, “a menudo no les permiten promocionar, hay discriminación salarial”. Además, muchas veces “se les atribuyen categorías profesionales inferiores para pagarles menos por el mismo trabajo o se les despide”, precisa Jordi Pilar, una práctica discriminatoria que también sufren muchas mujeres, independientemente de su orientación sexual. La brecha salarial por orientación sexual es mayor en los empleos más masculinizados, como explica Pilar Castañeira, secretaria del área Mujer de la CGT: “Si no te reconocen como igual en un grupo no vas a tener las mismas oportunidades de ascenso y de formación”.

La desigualdad se da también en la búsqueda de trabajo: la han sufrido el 13 por ciento de las trabajadoras y trabajadores LGTBI en España, según la FRA. Raquel Gómez, secretaria técnica de Igualdad de CC.OO., explica alguno de estos casos: “En una entrevista de trabajo les dicen que sí, luego surge en la conversación su orientación sexual y no superan el periodo de prueba”. Las personas LGTBI seropositivas sufren una doble discriminación en la búsqueda de empleo, ya que también se enfrentan a la serofobia. “Algunas personas con VIH tienen certificado de discapacidad y cuando solicitan un trabajo, les piden la segunda hoja del certificado, donde figura la causa de la discapacidad. Es ilegal pedir esta información, pero lo hacen. Entonces temen que si la empresa ve que son seropositivos, no los contraten”, explica Raquel Díaz, de la asociación barcelonesa Stop Sida.

La situación es especialmente grave para las personas trans, sobre todo las mujeres, que sufren una tasa de paro superior al 80 por ciento. “En la mayoría de los casos son despedidas cuando hacen el proceso de transición”, denuncia Jordi Pilar, “y buscar trabajo una vez han hecho el tránsito es difícil”. La llamada Ley de Identidad de Género de 2007, todavía vigente, obliga a estas personas a obtener un diagnóstico de disforia de género y someterse a un tratamiento hormonal de dos años para poder cambiar el sexo en su documentación oficial. “Si no coincide la mención de sexo que aparece en el DNI con la identidad de género de la persona, puede implicar una dificultad en el acceso al trabajo”, explica Rebeca Rullán, activista trans y expresidenta de la asociación Transexualia. “Si ya tiene la documentación puede pasar al revés, que por sus características físicas se le note que es una persona transexual y esto también sea un motivo de discriminación”, denuncia.

Sindicatos y empresas Los sindicatos y las empresas son actores fundamentales para luchar contra la LGTBIfobia en el trabajo, pero su implicación es desigual. Las organizaciones de trabajadores mayoritarias han publicado guías para intervenir en casos de discriminación por orientación sexual o identidad de género y promueven la introducción de cláusulas contra la LGTBIfobia en los convenios colectivos y la formación de los delegados sindicales. Sin embargo, un reciente estudio del Instituto de la Mujer muestra que los delegados sindicales no suelen estar informados sobre la situación de las personas LGTBI en sus empresas y la defensa de sus derechos no siempre es una prioridad. “Hay de todo”, afirma Jordi Pilar, “hay delegados que se dedican solo a las subidas de salarios y otros que defienden los derechos de todas las personas”.

En el lado empresarial, la falta de interés por la situación de los trabajadores LGTBI es la actitud más habitual. “El empresario, cuanto menos problemas tenga mejor”, afirma Jordi Pilar, “entonces, si despidiendo a la persona LGTBI se acaba el acoso, la despiden. Y no hay ninguna ley que nos proteja”. El Estatuto de los Trabajadores prohíbe la discriminación por orientación sexual o identidad de género pero no establece medidas específicas para garantizar su cumplimiento. La proposición de Ley de igualdad LGTBII, impulsada por Unidos Podemos y actualmente en trámite parlamentario, incluye diversas medidas para fomentar la igualdad en el ámbito laboral, pero no establece obligaciones directas para las empresas como sí lo hace la Ley de igualdad entre hombres y mujeres de 2007.

El rechazo directo a la diversidad sexual es muy minoritario en España pero el día a día de las trabajadoras y trabajadores LGTBI sigue siendo mucho más difícil que el de los demás. Las formas leves de discriminación siguen siendo la norma en el mundo del trabajo, ante la indiferencia de la mayoría de los empresarios y de muchos trabajadores. Para los activistas y sindicalistas entrevistados, la aprobación de la Ley de igualdad LGTBI será un paso clave, pero solo el primero para conseguir la igualdad real. Los anhelos del movimiento LGTBI en el ámbito laboral podrían resumirse con una frase del manifiesto del pasado 8 de marzo: “Exigimos plena igualdad de derechos y condiciones de vida, y la total aceptación de nuestra diversidad”.

viernes, 29 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Orgullo Gay: 25 frases aparentemente inofensivas que la comunidad LGTB sigue oyendo a diario

Imagen: El País / Celebración del Orgullo LGTBI
Orgullo Gay: 25 frases aparentemente inofensivas que la comunidad LGTB sigue oyendo a diario.
No hay en ellas intención de hacer daño ni discriminar, pero tienen en su base mucho desconocimiento y prejuicio. Cuatro miembros de la comunidad LGTB las desmontan para nosotros.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2018-06-29
https://elpais.com/elpais/2018/06/27/icon/1530087823_953252.html

‘Microhomofobia’, ‘lgtbfobia’ de baja intensidad o, para entendernos todos, que se te vea el plumero. Se han creado muchos términos –al estilo del ya popular "micromachismo"– para definir aquellos comportamientos y comentarios discriminatorios que salen de alguien que, ‘a priori’, está familiarizado con una causa e incluso la defiende, pero que peca de expresar todo lo contrario a lo que defiende cuando sus palabras surgen de un sitio mucho más profundo que sus ideales: de su educación cultural.

O sea, que pese a que intentemos adaptarnos a las evoluciones sociales, tenemos muchos prejuicios impregnados en nosotros mismos. Y a menudo se manifiestan en comentarios inocentes e inofensivos o en preguntas que parece que solo pecan de cotillas, pero que incluyen algo más. La comunidad LGTB lo vive a diario en una sociedad que ha avanzado a pasos agigantados en materia de derechos e igualdad (España es uno de los países del mundo a la cabeza de aceptación), pero que todavía tiene ideas muy claras de lo que es un hombre, lo que es una mujer y cómo deben comportarse.

Hemos pedido a algunos miembros destacados de la comunidad LGTB (activistas, periodistas, escritoras y expertos en materia de género e igualdad) que comenten para nosotros algunas de estas frases con las que se encuentran a menudo y por qué deberían desaparecer de nuestro discurso.

“Pues no se te nota nada”
“Supongo que me lo dicen como un halago”, comenta Valeria Vegas, escritora, periodista y activista transexual, “y mentiría si dijese que las 10 veces que me lo han comentado no me ha encantado, porque al final estamos un poco obligadas a eso que ahora llaman ‘passing’ (la concepción de que un hombre o mujer transexuales deben pasar como hombres o mujeres ‘cisgénero’ -cuya identidad de género coincide con el sexo que les fue asignado en el momento del nacimiento. Lo opuesto a ‘cisgénero’ es denominado transgénero). Siempre me ha producido un sentimiento positivo, pero tiene cierta trampa, porque te hace creer que si se te nota es como si se tratase de un delito y se acaba perdiendo cualquier valor de reafirmación. Una mujer transexual es una mujer sea cual sea tu aspecto”.

A Agustín Gómez Cáscales, redactor jefe de la revista Shangay y uno de los DJs más reclamados de la capital, le molesta “la plumofobia latente” que hay en esta frase. Con ella se parece “perpetuar la idea de que el gay perfecto es el que no tiene pluma”. “A mí siempre me han dicho que no se me nota porque no tengo pluma”, argumenta Nerea Pérez, autora del proyecto ‘Feminismo para torpes’, desde hace unos meses también un exitoso videoblog en El País. “Eso está fenomenal para el colegio porque no te pegan, pero fatal cuando eres adulta porque no ligas nada”.

"Nunca sé cómo reaccionar a este tipo de frases”, comenta Nacho Moreno, escritor del ensayo 'Ladronas Victorianas' y uno de los responsables del recorrido temático de 'Amor Diverso' en el Museo Thyssen de Madrid. “Creo que una de las mejores cosas de ser bisexual es que no es una identidad definida, y por tanto permite más experimentación y libertad”, añade.

“Me encantan las personas transexuales”
“Esto suena muy mal en dos casos”, explica Valeria Vegas. “Cuando te lo dice un tío que está ligando demuestra claramente que no ve en ti una persona, sino un fetiche. Y luego hay cierto tipo de gay que parece coleccionar amigas ‘trans’, por el simple hecho de serlo, sin importar la categoría personal”.

“¿No te apetece probar con una mujer?”
“El sexo hetero como camino de redención, el universo heteropatriarcal sobre nosotros como una losa siempre”, se lamenta Agustín Gómez Cáscales. “Desesperante. Sobre todo porque esa pregunta suele implicar la idea de que ni se ha probado ni que igual ha gustado. No se debe dar nada por sentado en esta vida”.

“¿Y cómo hacéis en la cama?”
“A mí lo que me preocupa es cómo lo hacen en la cama los heterosexuales", argumenta Nerea Pérez, "con todo ese trajín de empalmarse o no empalmarse, con el riesgo de procrear sin querer, con toda esa insistencia de que el orgasmo vaginal es una cosa que sí existe. Las lesbianas nos metemos en la cama con alguien que sabe qué es un clítoris, dónde está y cómo proceder a este respecto. Eso es una bendición”.

“Los gais podéis tener sexo cuando queráis”
Para Agustín Gómez Cáscales, esta frase “tiene mucho de verdad, pero no es una realidad halagadora. Esa necesidad de asociarnos siempre a la promiscuidad (que, ojo, no critico, siempre que las etapas promiscuas vayan asociadas a una libertad de acto consentida y con el juicio no químicamente alterado) no solo demuestra una visión del sexo caduca, también muchos prejuicios. Yo a eso respondería lo siguiente: si tienes menos de 30 años y una relación muy estrecha con las mancuernas, seguro. Pero si valoras tu diferencia y el deseo de una relación sexual satisfactoria y no un ejercicio acrobático narcisista, no es así, ni mucho menos”.

“Me encantan las lesbianas”
"A mí esto me lo han dicho mucho cuando salía con otra chica con poca pluma", recuerda Nerea. "Me molesta ese tono condescendiente que se usa cuando las lesbianas no respondemos a los estereotipos y al interlocutor le parecemos sacadas de un videoclip o una película porno y por lo tanto más digeribles", añade.

“¿Pero tú estás seguro de que no eres gay?”
Este es un comentario que escuchan muchos bisexuales, tanto hombres como mujeres. Nacho Moreno afirma no estar seguro de “ser gay, tampoco de ser ‘hetero’. Los heterosexuales y homosexuales se ponen un poco cansinos a veces con lo de la seguridad. Para mí la seguridad no es un valor, ¡al contrario! No entiendo cómo las personas tan seguras de su sexualidad pueden seguir adelante sin ese motor, esa emoción, ese misterio… Eso sí: yo ya he procurado que mi inseguridad no sea una excusa para hacer daño a las personas que quiero. ¿Puede decir eso todo el mundo?”.

“¿Te has operado del todo?”
Para Valeria Vegas ese tipo de pregunta “ha hecho que durante décadas muchas mujeres ‘trans’ llegasen a la reasignación sexual –o sea, la sustitución de sus órganos sexuales externos por unos acordes a su identidad de hombre o mujer– no por voluntad propia, sino como una imposición social. Una debe llegar a esa intervención porque quiere y no porque le hagan creer que solo de ese modo es una mujer completa. Se estaría reduciendo la esencia femenina a unos genitales”.

“Es una lesbiana muy femenina”
“Lo primero que hay que desmontar”, afirma Nerea Pérez, “es la concepción de lo que es femenino y lo que no, que es una construcción artificial, aburrida y dañina. Creo que estamos en ese camino”.

“Me encantan los gais”
“Me irrita escuchar eso continuamente”, afirma Cascales. El fenómeno 'pinkwashing', o sea, "lavado rosa", ha sido denunciado por muchos activistas. Denomina la estrategia de ciertas empresas, partidos y colectivos de mostrarse como aliados del colectivo LGTB para conseguir ciertos objetivos monetarios o para lavar su imagen ante aspectos menos amables de su funcionamiento. “Qué cómodo parece para muchos meternos en una jaula en la que somos ideales solo para cuando les interesamos", añade Cascales. "Consumo rápido, interesado y ocasional. Que no somos fast food, oiga”.

“Todos somos bisexuales”
“Pues mira, no, no todos somos bisexuales”, rebate Nacho Moreno. “De hecho, hay tantos tipo de personas bisexuales que me cuesta imaginarlos. Puede que tu bisexualidad te defina o puede que sea solo uno de tus muchos atractivos. Puede que ese aspecto de tu personalidad esté fijo o puede que vivas muchas sexualidades, muchas vidas. Puede que seas un/a bisexual que encuentre la persona que encaja contigo o puede que no”.

“Si un chico está con una mujer transexual es gay”
“¡Sería un gay perdiendo el tiempo!”, advierte Valeria, “frente a unos pechos que no deberían excitarle y una barba inexistente. Hay gente que todavía no sabe distinguir bien condición de identidad, y ahí vienen estas dudas. Tu novio está contigo en el momento presente, no en el pasado, por lo que no tiene cabida. Tampoco la genitalidad debe condicionar quién eres, del mismo modo que una mujer con el pelo corto o a la que han amputado un pecho no es menos mujer. Esta pregunta me hace pensar que nunca he ligado con un gay, ¿por qué será?”.

“¿Cuándo te diste cuenta de que eras gay?”
Para Agustín Gómez Cáscales, “ese deseo de convertirlo en una revelación es sintomático del daño que ha hecho la Iglesia Católica. Dejemos de dar importancia trascendental a un hecho similar al de cuándo empezó a gustarte la horchata”.

“No querría que mi hijo/a fuese transexual porque la vida sería más dura para él/ella”
“Entiendo perfectamente a esos padres, sobre todo a los de antes”, concede Valeria Vegas. “Lo que diferencia a la transexualidad frente a gais y lesbianas es la exclusión social y laboral, es un hecho. Afortunadamente cada vez menos, también porque el principal apoyo ha de venir del núcleo familiar. Cuando eso se rompe, se desmoronan más fácilmente muchas otras cosas. Presiento un futuro bastante apacible para las próximas generaciones, gracias en parte a todas esas personas que lucharon y fueron ellas mismas en un momento en el que no había tanta etiqueta y ni tan siquiera se planteaban tener un DNI acorde con su situación”.

“No querría que mi hijo fuese gay porque la vida sería más dura para él”
“Desgraciadamente, madres de amigos míos me lo siguen diciendo a veces, qué triste”, se lamenta Agustín. “¿Hasta cuándo se va a perpetuar la idea de que nuestra orientación sexual puede ser un condicionante a la hora de realizarte en la vida? ¿En qué año estamos? A los que dicen eso les recomendaría ver 'Call Me By Your Name'. Si no quiere entera, que vaya directo/a al monólogo de Michael Stuhlbarg”.

“No querría que mi hija fuese lesbiana porque la vida sería más dura para ella”
“A mí esto me lo ha dicho mi propia familia”, confiesa Nerea. “Y ya les he explicado que ser lesbiana en una gran ciudad española en 2018 es la vida ‘pirata’. Todo el día rodeada de amigas, de exnovias, yendo a 450 fiestas de chicas al mes, a conciertos de grupos de lesbianas, a sesiones de DJs lesbianas, a exposiciones de artistas lesbianas... Yo vivo mi sexualidad con apertura y alegría, soy más visible que la muralla china. Y en parte lo entiendo como una responsabilidad para las chicas que se sienten menos libres”.

“Si eres bisexual siempre te faltará algo”
“Los monosexuales tienen una manera muy divertida de ver las cosas”, medita Nacho Moreno. “El género o los genitales de otra persona no son un objeto mágico que me tenga que colmar de felicidad. Cuando dicen estas cosas recuerdo que los y las bisexuales estamos muy fetichizados y muchas veces nos asocian a ser promiscuos o hipersexuales, a buscar constantemente sexo, sin estar nunca plenamente contentos. Esas cosas, en realidad, no pasan”.

“Si te gustan las mujeres, ¿por qué estás con una chica que parece un tío?”
“Eso de 'parecer una mujer’ es verdaderamente agotador, todo ese rímel, esos tacones, el ‘contouring’... ¡pregúntale a RuPaul!”, opina Nerea. “Espero que las cosas estén empezando a cambiar hasta el punto de que ir con ropa cómoda, el pelo corto y sin maquillaje no implique parecer un tío, sino simplemente parecer una persona con ropa cómoda, el pelo corto y sin maquillaje”.

“Si te gustan los hombres, ¿por qué estás con un chico que tiene tanta pluma?”
“Es muy triste que las relaciones más allá de lo físico estén infravaloradas”, responde Agustín. “El hecho, como siempre, de considerar el afeminamiento como una cualidad que resta, y no que suma, implica que sigue habiendo gente, desgraciadamente, que aceptaría una dictadura feliz. A esos les invitaría a escuchar a artistas como Anohni, Prince o Arca”.

“Si un bisexual está ahora con una chica es que se ha vuelto hetero”.
“Cómo le gusta a algunos una buena traición”, bromea Nacho Moreno. “El traidor a la opción sexual, la lesbiana que se echa novio o el gay que se empareja con una mujer. A mí, en el colmo del mal gusto, me han llegado a decir: 'Tu eres como un exfumador'. En fin, lo que les molesta, en realidad, es descubrir que las opciones sexuales no son compartimentos estancos sino algo continuo, gradual. Y eso, por algún motivo que no entiendo, da vértigo. Existe otro elemento que es muy desestabilizador de la norma: cuando todo el mundo te lee como gay hasta que empiezas a hablar de tus hijos”.

"Te has puesto mucho pecho, no hay mujeres así"
“Sé de muchas a las que se lo han dicho”, cuenta Valeria. “Personalmente me encanta cualquier ser humano que acabe saltándose la norma establecida y no entienda de medidas. Pero cuidado también a todas esas cabecitas que piensen que a cuanto más pecho, más mujer, porque la ecuación no es esa”.

“No pasa nada por ser gay pero tampoco hay que ir pregonándolo”
Para Agustín, “el miedo que subyace bajo esa afirmación es preocupante. Porque igual si lo pregonamos de más acabamos dominando el mundo. Lo triste es que conozco gais que también lo usan como argumento… para seguir en el armario. Sobre todo porque creen que a nivel profesional les puede perjudicar mostrarse como son”.

“No pasa nada por ser lesbiana pero tampoco hay que ir pregonándolo”
“¡Por supuesto que sí hay que ir pregonándolo!”, señala Nerea. “A ser posible hay que llevar camisetas impresas y un megáfono porque visibilizar y normalizar la homosexualidad puede ayudar, por ejemplo, a chicas y chicos que sufren bullying o a sus padres que aún se están haciendo a la idea de que ser homosexual no es nada malo o extraño que hay que aceptar como si fuera una enfermedad crónica. Mientras sea una característica humana que se use como excusa para discriminar, agredir e incluso encarcelar a personas en otros lugares del mundo, pregonarlo tendrá un efecto positivo”.

“Todos los guapos son gais”
“Todavía me enerva más el “todos los gais son guapos”, comenta Agustín. “Una vertiente u otra implica tanto desprecio hacia quienes no tienen una belleza propia de ‘influencer’ con más de 50k en Instagram que duele. ¿Hasta cuándo seremos minoría quienes apreciamos bellezas no dignas de un post viralizado? Que se lo comenten a Soy una pringada, a ver qué dice”.

“¿Orgullo LGTB? ¡Pero si ya lo tenéis todo!”
“Existe la visibilidad, las leyes favorables y otras cosas, pero no estoy segura de que todavía se haya logrado la empatía y el respeto”, opina Valeria. Agustín es más negativo: “Está todo por conseguir, desgraciadamente, porque las libertades son tan fugaces hoy como las modas. El Orgullo, eso sí, es de las pocas modas que permanecen inalterables. Mutará la manera de vivirlo, pero estar, tiene que estar”. “Sigue habiendo agresiones homófobas”, remata Nerea, “acoso en colegios e institutos y eso hablando solo de lo que tenemos cerca. Mira lo que pasa en Rusia, en Irán o en Egipto. Hay mucho avanzado para una parte del colectivo, pero hay que seguir por el resto. Si viviera sin preocuparme de la situación de las bolleras rusas, sería una cucaracha”.