Mostrando entradas con la etiqueta Nacho Moreno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nacho Moreno. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Orgullo Gay: 25 frases aparentemente inofensivas que la comunidad LGTB sigue oyendo a diario

Imagen: El País / Celebración del Orgullo LGTBI
Orgullo Gay: 25 frases aparentemente inofensivas que la comunidad LGTB sigue oyendo a diario.
No hay en ellas intención de hacer daño ni discriminar, pero tienen en su base mucho desconocimiento y prejuicio. Cuatro miembros de la comunidad LGTB las desmontan para nosotros.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2018-06-29
https://elpais.com/elpais/2018/06/27/icon/1530087823_953252.html

‘Microhomofobia’, ‘lgtbfobia’ de baja intensidad o, para entendernos todos, que se te vea el plumero. Se han creado muchos términos –al estilo del ya popular "micromachismo"– para definir aquellos comportamientos y comentarios discriminatorios que salen de alguien que, ‘a priori’, está familiarizado con una causa e incluso la defiende, pero que peca de expresar todo lo contrario a lo que defiende cuando sus palabras surgen de un sitio mucho más profundo que sus ideales: de su educación cultural.

O sea, que pese a que intentemos adaptarnos a las evoluciones sociales, tenemos muchos prejuicios impregnados en nosotros mismos. Y a menudo se manifiestan en comentarios inocentes e inofensivos o en preguntas que parece que solo pecan de cotillas, pero que incluyen algo más. La comunidad LGTB lo vive a diario en una sociedad que ha avanzado a pasos agigantados en materia de derechos e igualdad (España es uno de los países del mundo a la cabeza de aceptación), pero que todavía tiene ideas muy claras de lo que es un hombre, lo que es una mujer y cómo deben comportarse.

Hemos pedido a algunos miembros destacados de la comunidad LGTB (activistas, periodistas, escritoras y expertos en materia de género e igualdad) que comenten para nosotros algunas de estas frases con las que se encuentran a menudo y por qué deberían desaparecer de nuestro discurso.

“Pues no se te nota nada”
“Supongo que me lo dicen como un halago”, comenta Valeria Vegas, escritora, periodista y activista transexual, “y mentiría si dijese que las 10 veces que me lo han comentado no me ha encantado, porque al final estamos un poco obligadas a eso que ahora llaman ‘passing’ (la concepción de que un hombre o mujer transexuales deben pasar como hombres o mujeres ‘cisgénero’ -cuya identidad de género coincide con el sexo que les fue asignado en el momento del nacimiento. Lo opuesto a ‘cisgénero’ es denominado transgénero). Siempre me ha producido un sentimiento positivo, pero tiene cierta trampa, porque te hace creer que si se te nota es como si se tratase de un delito y se acaba perdiendo cualquier valor de reafirmación. Una mujer transexual es una mujer sea cual sea tu aspecto”.

A Agustín Gómez Cáscales, redactor jefe de la revista Shangay y uno de los DJs más reclamados de la capital, le molesta “la plumofobia latente” que hay en esta frase. Con ella se parece “perpetuar la idea de que el gay perfecto es el que no tiene pluma”. “A mí siempre me han dicho que no se me nota porque no tengo pluma”, argumenta Nerea Pérez, autora del proyecto ‘Feminismo para torpes’, desde hace unos meses también un exitoso videoblog en El País. “Eso está fenomenal para el colegio porque no te pegan, pero fatal cuando eres adulta porque no ligas nada”.

"Nunca sé cómo reaccionar a este tipo de frases”, comenta Nacho Moreno, escritor del ensayo 'Ladronas Victorianas' y uno de los responsables del recorrido temático de 'Amor Diverso' en el Museo Thyssen de Madrid. “Creo que una de las mejores cosas de ser bisexual es que no es una identidad definida, y por tanto permite más experimentación y libertad”, añade.

“Me encantan las personas transexuales”
“Esto suena muy mal en dos casos”, explica Valeria Vegas. “Cuando te lo dice un tío que está ligando demuestra claramente que no ve en ti una persona, sino un fetiche. Y luego hay cierto tipo de gay que parece coleccionar amigas ‘trans’, por el simple hecho de serlo, sin importar la categoría personal”.

“¿No te apetece probar con una mujer?”
“El sexo hetero como camino de redención, el universo heteropatriarcal sobre nosotros como una losa siempre”, se lamenta Agustín Gómez Cáscales. “Desesperante. Sobre todo porque esa pregunta suele implicar la idea de que ni se ha probado ni que igual ha gustado. No se debe dar nada por sentado en esta vida”.

“¿Y cómo hacéis en la cama?”
“A mí lo que me preocupa es cómo lo hacen en la cama los heterosexuales", argumenta Nerea Pérez, "con todo ese trajín de empalmarse o no empalmarse, con el riesgo de procrear sin querer, con toda esa insistencia de que el orgasmo vaginal es una cosa que sí existe. Las lesbianas nos metemos en la cama con alguien que sabe qué es un clítoris, dónde está y cómo proceder a este respecto. Eso es una bendición”.

“Los gais podéis tener sexo cuando queráis”
Para Agustín Gómez Cáscales, esta frase “tiene mucho de verdad, pero no es una realidad halagadora. Esa necesidad de asociarnos siempre a la promiscuidad (que, ojo, no critico, siempre que las etapas promiscuas vayan asociadas a una libertad de acto consentida y con el juicio no químicamente alterado) no solo demuestra una visión del sexo caduca, también muchos prejuicios. Yo a eso respondería lo siguiente: si tienes menos de 30 años y una relación muy estrecha con las mancuernas, seguro. Pero si valoras tu diferencia y el deseo de una relación sexual satisfactoria y no un ejercicio acrobático narcisista, no es así, ni mucho menos”.

“Me encantan las lesbianas”
"A mí esto me lo han dicho mucho cuando salía con otra chica con poca pluma", recuerda Nerea. "Me molesta ese tono condescendiente que se usa cuando las lesbianas no respondemos a los estereotipos y al interlocutor le parecemos sacadas de un videoclip o una película porno y por lo tanto más digeribles", añade.

“¿Pero tú estás seguro de que no eres gay?”
Este es un comentario que escuchan muchos bisexuales, tanto hombres como mujeres. Nacho Moreno afirma no estar seguro de “ser gay, tampoco de ser ‘hetero’. Los heterosexuales y homosexuales se ponen un poco cansinos a veces con lo de la seguridad. Para mí la seguridad no es un valor, ¡al contrario! No entiendo cómo las personas tan seguras de su sexualidad pueden seguir adelante sin ese motor, esa emoción, ese misterio… Eso sí: yo ya he procurado que mi inseguridad no sea una excusa para hacer daño a las personas que quiero. ¿Puede decir eso todo el mundo?”.

“¿Te has operado del todo?”
Para Valeria Vegas ese tipo de pregunta “ha hecho que durante décadas muchas mujeres ‘trans’ llegasen a la reasignación sexual –o sea, la sustitución de sus órganos sexuales externos por unos acordes a su identidad de hombre o mujer– no por voluntad propia, sino como una imposición social. Una debe llegar a esa intervención porque quiere y no porque le hagan creer que solo de ese modo es una mujer completa. Se estaría reduciendo la esencia femenina a unos genitales”.

“Es una lesbiana muy femenina”
“Lo primero que hay que desmontar”, afirma Nerea Pérez, “es la concepción de lo que es femenino y lo que no, que es una construcción artificial, aburrida y dañina. Creo que estamos en ese camino”.

“Me encantan los gais”
“Me irrita escuchar eso continuamente”, afirma Cascales. El fenómeno 'pinkwashing', o sea, "lavado rosa", ha sido denunciado por muchos activistas. Denomina la estrategia de ciertas empresas, partidos y colectivos de mostrarse como aliados del colectivo LGTB para conseguir ciertos objetivos monetarios o para lavar su imagen ante aspectos menos amables de su funcionamiento. “Qué cómodo parece para muchos meternos en una jaula en la que somos ideales solo para cuando les interesamos", añade Cascales. "Consumo rápido, interesado y ocasional. Que no somos fast food, oiga”.

“Todos somos bisexuales”
“Pues mira, no, no todos somos bisexuales”, rebate Nacho Moreno. “De hecho, hay tantos tipo de personas bisexuales que me cuesta imaginarlos. Puede que tu bisexualidad te defina o puede que sea solo uno de tus muchos atractivos. Puede que ese aspecto de tu personalidad esté fijo o puede que vivas muchas sexualidades, muchas vidas. Puede que seas un/a bisexual que encuentre la persona que encaja contigo o puede que no”.

“Si un chico está con una mujer transexual es gay”
“¡Sería un gay perdiendo el tiempo!”, advierte Valeria, “frente a unos pechos que no deberían excitarle y una barba inexistente. Hay gente que todavía no sabe distinguir bien condición de identidad, y ahí vienen estas dudas. Tu novio está contigo en el momento presente, no en el pasado, por lo que no tiene cabida. Tampoco la genitalidad debe condicionar quién eres, del mismo modo que una mujer con el pelo corto o a la que han amputado un pecho no es menos mujer. Esta pregunta me hace pensar que nunca he ligado con un gay, ¿por qué será?”.

“¿Cuándo te diste cuenta de que eras gay?”
Para Agustín Gómez Cáscales, “ese deseo de convertirlo en una revelación es sintomático del daño que ha hecho la Iglesia Católica. Dejemos de dar importancia trascendental a un hecho similar al de cuándo empezó a gustarte la horchata”.

“No querría que mi hijo/a fuese transexual porque la vida sería más dura para él/ella”
“Entiendo perfectamente a esos padres, sobre todo a los de antes”, concede Valeria Vegas. “Lo que diferencia a la transexualidad frente a gais y lesbianas es la exclusión social y laboral, es un hecho. Afortunadamente cada vez menos, también porque el principal apoyo ha de venir del núcleo familiar. Cuando eso se rompe, se desmoronan más fácilmente muchas otras cosas. Presiento un futuro bastante apacible para las próximas generaciones, gracias en parte a todas esas personas que lucharon y fueron ellas mismas en un momento en el que no había tanta etiqueta y ni tan siquiera se planteaban tener un DNI acorde con su situación”.

“No querría que mi hijo fuese gay porque la vida sería más dura para él”
“Desgraciadamente, madres de amigos míos me lo siguen diciendo a veces, qué triste”, se lamenta Agustín. “¿Hasta cuándo se va a perpetuar la idea de que nuestra orientación sexual puede ser un condicionante a la hora de realizarte en la vida? ¿En qué año estamos? A los que dicen eso les recomendaría ver 'Call Me By Your Name'. Si no quiere entera, que vaya directo/a al monólogo de Michael Stuhlbarg”.

“No querría que mi hija fuese lesbiana porque la vida sería más dura para ella”
“A mí esto me lo ha dicho mi propia familia”, confiesa Nerea. “Y ya les he explicado que ser lesbiana en una gran ciudad española en 2018 es la vida ‘pirata’. Todo el día rodeada de amigas, de exnovias, yendo a 450 fiestas de chicas al mes, a conciertos de grupos de lesbianas, a sesiones de DJs lesbianas, a exposiciones de artistas lesbianas... Yo vivo mi sexualidad con apertura y alegría, soy más visible que la muralla china. Y en parte lo entiendo como una responsabilidad para las chicas que se sienten menos libres”.

“Si eres bisexual siempre te faltará algo”
“Los monosexuales tienen una manera muy divertida de ver las cosas”, medita Nacho Moreno. “El género o los genitales de otra persona no son un objeto mágico que me tenga que colmar de felicidad. Cuando dicen estas cosas recuerdo que los y las bisexuales estamos muy fetichizados y muchas veces nos asocian a ser promiscuos o hipersexuales, a buscar constantemente sexo, sin estar nunca plenamente contentos. Esas cosas, en realidad, no pasan”.

“Si te gustan las mujeres, ¿por qué estás con una chica que parece un tío?”
“Eso de 'parecer una mujer’ es verdaderamente agotador, todo ese rímel, esos tacones, el ‘contouring’... ¡pregúntale a RuPaul!”, opina Nerea. “Espero que las cosas estén empezando a cambiar hasta el punto de que ir con ropa cómoda, el pelo corto y sin maquillaje no implique parecer un tío, sino simplemente parecer una persona con ropa cómoda, el pelo corto y sin maquillaje”.

“Si te gustan los hombres, ¿por qué estás con un chico que tiene tanta pluma?”
“Es muy triste que las relaciones más allá de lo físico estén infravaloradas”, responde Agustín. “El hecho, como siempre, de considerar el afeminamiento como una cualidad que resta, y no que suma, implica que sigue habiendo gente, desgraciadamente, que aceptaría una dictadura feliz. A esos les invitaría a escuchar a artistas como Anohni, Prince o Arca”.

“Si un bisexual está ahora con una chica es que se ha vuelto hetero”.
“Cómo le gusta a algunos una buena traición”, bromea Nacho Moreno. “El traidor a la opción sexual, la lesbiana que se echa novio o el gay que se empareja con una mujer. A mí, en el colmo del mal gusto, me han llegado a decir: 'Tu eres como un exfumador'. En fin, lo que les molesta, en realidad, es descubrir que las opciones sexuales no son compartimentos estancos sino algo continuo, gradual. Y eso, por algún motivo que no entiendo, da vértigo. Existe otro elemento que es muy desestabilizador de la norma: cuando todo el mundo te lee como gay hasta que empiezas a hablar de tus hijos”.

"Te has puesto mucho pecho, no hay mujeres así"
“Sé de muchas a las que se lo han dicho”, cuenta Valeria. “Personalmente me encanta cualquier ser humano que acabe saltándose la norma establecida y no entienda de medidas. Pero cuidado también a todas esas cabecitas que piensen que a cuanto más pecho, más mujer, porque la ecuación no es esa”.

“No pasa nada por ser gay pero tampoco hay que ir pregonándolo”
Para Agustín, “el miedo que subyace bajo esa afirmación es preocupante. Porque igual si lo pregonamos de más acabamos dominando el mundo. Lo triste es que conozco gais que también lo usan como argumento… para seguir en el armario. Sobre todo porque creen que a nivel profesional les puede perjudicar mostrarse como son”.

“No pasa nada por ser lesbiana pero tampoco hay que ir pregonándolo”
“¡Por supuesto que sí hay que ir pregonándolo!”, señala Nerea. “A ser posible hay que llevar camisetas impresas y un megáfono porque visibilizar y normalizar la homosexualidad puede ayudar, por ejemplo, a chicas y chicos que sufren bullying o a sus padres que aún se están haciendo a la idea de que ser homosexual no es nada malo o extraño que hay que aceptar como si fuera una enfermedad crónica. Mientras sea una característica humana que se use como excusa para discriminar, agredir e incluso encarcelar a personas en otros lugares del mundo, pregonarlo tendrá un efecto positivo”.

“Todos los guapos son gais”
“Todavía me enerva más el “todos los gais son guapos”, comenta Agustín. “Una vertiente u otra implica tanto desprecio hacia quienes no tienen una belleza propia de ‘influencer’ con más de 50k en Instagram que duele. ¿Hasta cuándo seremos minoría quienes apreciamos bellezas no dignas de un post viralizado? Que se lo comenten a Soy una pringada, a ver qué dice”.

“¿Orgullo LGTB? ¡Pero si ya lo tenéis todo!”
“Existe la visibilidad, las leyes favorables y otras cosas, pero no estoy segura de que todavía se haya logrado la empatía y el respeto”, opina Valeria. Agustín es más negativo: “Está todo por conseguir, desgraciadamente, porque las libertades son tan fugaces hoy como las modas. El Orgullo, eso sí, es de las pocas modas que permanecen inalterables. Mutará la manera de vivirlo, pero estar, tiene que estar”. “Sigue habiendo agresiones homófobas”, remata Nerea, “acoso en colegios e institutos y eso hablando solo de lo que tenemos cerca. Mira lo que pasa en Rusia, en Irán o en Egipto. Hay mucho avanzado para una parte del colectivo, pero hay que seguir por el resto. Si viviera sin preocuparme de la situación de las bolleras rusas, sería una cucaracha”.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

#hemeroteca #lenguaje #mariconeo | Del gueto a ‘Operación Triunfo’: así se democratizó la palabra “maricón”

Imagen: El País / 'Los amantes pasajeros', de Pedro Almodóvar
Del gueto a ‘Operación Triunfo’: así se democratizó la palabra “maricón”.
Es un insulto que fue primero apropiado por el colectivo LGTBQI y ahora, mediante figuras ultrapopulares que lo repiten en espacios de máxima audiencia, por España entera.
Guillermo Alonso | El País, 2017-12-20
https://elpais.com/elpais/2017/12/12/icon/1513087264_551314.html

“Marica”, se podía leer el lunes pasado en una pantalla gigante tras el escenario de Operación Triunfo mientras todos los concursantes cantaban el clásico del pop español A quién le importa. No era la primera vez que la palabra se escuchaba en la Academia. Los 'Javis' (los guionistas y directores Javier Calvo y Javier Ambrossi, profesores de interpretación en el programa) usan la palabra “maricón” a menudo en sus clases. Pero el espectador casual podría pensar que es normal dentro de su discurso porque ellos dos son gays. Más llamativo fue la bienvenida que Noemí Galera (directora de la Academia, mujer heterosexual casada y madre de dos hijos) dio a todos los concursantes (mujeres y hombres heterosexuales, homosexuales y bisexuales) tras la primera gala: “Estáis dentro, maricones”. Se lo decía a todos. Y nadie levantó una ceja. La palabra “maricón”, definitivamente, saltaba a la fama.

El camino de este término hasta llegar aquí fue, antes que nada, la historia de una reapropiación por parte de un colectivo del término que históricamente se utilizó para humillarlos, acosarlos y agredirlos. El mecanismo se asemeja al de "nigger" ("negrata") en Estados Unidos, cuyo uso adopta connotación fraternal si se utiliza entre afroamericanos, pero es un insulto inaceptable si lo pronuncia un blanco: la presentadora estadounidense Paula Deen perdió contratos televisivos, editoriales y publicitarios por ello. O al de "feminista" en Europa: el término era inicialmente utilizado de forma despectiva para las mujeres, pues describía una ‘enfermedad’ que afectaba a los varones, pero el movimiento se apropió de la palabra en la década de 1880.

El caso de la española “maricón” caminó paralelo al del término “queer” inglés. “Los nombres con los que se han designado a la homosexualidad masculina por ser vejatorios están cargados de connotaciones históricas”, cuenta el escritor y especialista en género Nacho Moreno, autor del ensayo Ladronas victorianas (Ed. Antipersona) y del recorrido LGTB del Thyssen. “Por ejemplo, hay teóricos que afirman que ‘finocchio’ en italiano o ‘faggot’ en inglés vienen de elementos de tortura y de quema de homosexuales. La reivindicación de esos términos insultantes se produce a finales del siglo XX, en la década de 1990, con el término queer, que podríamos traducir por ‘rarito’ pero, como todo lo homosexual, seguía muy vinculado a lo delictivo”.

El caso del español ‘maricón’ es único en el mundo, tal vez, por haber sido un término que primero pasó del terreno del insulto al de la confraternalización entre los propios homosexuales y, después, en los últimos años, a la fama absoluta. La palabra no es nueva para nadie, pero sí el uso extendido y coloquial que se le está dando hoy. En los años ochenta el término estaba presente en el cine de Almodóvar, en los noventa se extendió de forma natural por la obra de sus herederos artísticos (las comedias urbanas de Alfonso Albacete y David Menkes o de Felix Sabroso y la fallecida Dunia Ayaso, por ejemplo) y ya en la década de los 2000 la multiplicación de programas de sociedad en los que presentadores, directores y redactores eran (hombres) homosexuales hizo que la palabra surgiese de vez en cuando en los platos con tono de camaradería.

¿Pero cómo hemos pasado de ese rincón minoritario a que en la televisión pública aparezca la palabra escrita en una pantalla en horario de máxima audiencia y a que la directora de la academia de 'Operación Triunfo' llame "maricones" a todos sus concursantes? Dos factores han sido capitales. Primero están Alaska y Mario Vaquerizo. En el 'docureality' 'Alaska y Mario', producido por el Terrat, emitido por MTV y convertido en un fenómeno mediático en 2011, la palabra campaba a sus anchas para definir a un hombre, a una mujer o a una cosa.

"Para mí no es noticia que alguien diga 'maricón' en ‘Operación Triunfo’, porque yo uso esa palabra en mi día a día", nos cuenta Vaquerizo a través del teléfono. "No es una democratización, es una normalización. Los que la usamos todos los días somos los que hemos conseguido quitarle ese tono peyorativo, hacer que algo que era un insulto se convierta en una palabra habitual y normal". Vaquerizo quiere establecer también la diferencia que él ve entre el término ‘maricón’, considerado despectivo, y el más aceptado ‘gay’. "El gay se toma más en serio, es combativo. El ‘maricón’ es más de andar por casa. Tiene asumida su forma de ser. Por eso a mí me gusta más palabra ‘maricón’".

Algo que hace particular el caso de Vaquerizo es que él –al contrario que Noemí Galera, por ejemplo– sí la ha sufrido como un insulto. "Y me lo siguen llamando, pero no tengo ningún problema porque para mí no es ningún insulto", señala. Él ha pasado de utilizar la expresión en su ‘reality’ (cuya audiencia en MTV rondaba el 2 %) a hacerlo en el espacio de entrevistas de Bertín Osborne ‘En tu casa o en la mía’, en RTVE, en el espacio familiar ‘El hormiguero’, en Antena 3, y en la tertulia de ideología conservadora de Federico Jiménez Losantos en EsRadio, todos ellos mucho más masivos.

"Y nunca he tenido ningún problema. Bertín Osborne, Pablo Motos y Federico Jiménez Losantos no son nada dogmáticos, comparten el mundo maricón y están cerca de muchos amigos maricones. Lo viven con mucha normalidad. Donde he podido tener problemas es en círculos que en principio parecen más cercanos a ti ideológicamente, pero acaban siendo los más políticamente correctos", analiza Vaquerizo.

Además de Alaska y Mario, han llegado una nueva generación de figuras influyentes entre los ‘millennials’ que han normalizado el discurso ‘queer’ tanto en vídeos de YouTube enormemente populares (por ejemplo Soyunapringada o Los Tripletz, cuyos canales en YouTubre suman casi 50 millones de visualizaciones) como en ficciones emitidas en plataformas web. 'Paquita Salas', serie de la plataforma Flooxer de Atresmedia que ha saltado a Netflix y en la que el actor Brays Efe interpreta a una mujer de mediana edad, tiene como 'gag' constante la pluma de algunos de sus actores representados.

Cuando un intérprete de su agencia es rechazado en ‘El secreto de Puente Viejo’ porque “se les sube de pluma”, ella chilla: “¡Ha habido maricones toda la historia de la humanidad! ¡Toda la historia! ¿No puede haber un maricón en puente viejo? ¡’El secreto de Puente Viejo’, el secreto! ¡Pues ese es su secreto!”. El gag es, tal vez, el más celebrado de toda la serie.

“Paquita dice mucho 'maricón", nos cuenta Brays Efe. "Las palabras tienen un viaje, la gente se apropia de ellas y las dota de otro significado. A mí me parece fenomenal. Creo que Paquita Salas lo usa como una secuela de los noventa, del mismo modo en que uno dice 'amore'. Como ella ha estado allí, quiere sentirse parte del grupo. Joan Rivers, mi humorista favorita de toda la vida, utilizaba la palabra “cocksucker” ("chupapollas" en inglés), que se usa como un insulto, porque ella decía: 'Siempre pensé que ‘cocksucker’ era una palabra de unión'. Para mí, 'maricón' es eso: una palabra de unión, no de separación”.

Esa unión parte también de elementos que pertenecen puramente a la estética del sonido. "Maricón" es una palabra sonora, poderosa, parecida fonéticamente a un "chimpón" que puede cerrar una frase, una gracia o un aforismo dejándolo en todo lo alto. "¡Es una palabra muy bonita!", apunta Vaquerizo. "A mí me recuerda a todo el folclore de los sesenta, los setenta y los ochenta, a aquellas travestis que ya usaban la palabra con libertad".

Durante una entrevista a ‘Vanity Fair’, Alaska confesó: "Mis amigos y yo usamos la palabra 'maricón', 'bollera', 'enana', 'ciego'… ¡entre nosotros! Si a ti no te gusta que te lo aplique, no te lo voy a aplicar. Pero creo que es un ejercicio de quitar hierro a las palabras". Mario, en un ejercicio de pontificar con el ejemplo, se lo llama a ella: "Yo estoy casado con 'un maricón', que es Alaska. Pon eso, pon que te lo he dicho".

Agustín Gómez Cascales, DJ y redactor jefe de la revista Shangay, está de acuerdo. "¿Cómo no iba a estar a favor de que se democratize y se destigmatice el término 'maricón'?", nos cuenta desde la redacción en Madrid de la histórica publicación dirigida a un público LGTBQI. "Siempre se agradece escucharlo sin ánimo de acritud ni de señalar a alguien de manera despectiva y prejuiciosa. Para aquellos a los que nos lo han llamado –y en ocasiones siguen haciéndolo– como si de un insulto se tratara es muy positivo comprobar que cada vez son más los que no lo ven así. A aquellos que no sean –o no se consideren– maricones, está bien que se lo llamen alguna vez; si no le dan importancia, genial, si se la dan, que se lo hagan mirar. Aunque tampoco lancemos las campanas al vuelo y pensemos que con que se utilice dicha palabra con cariño en ‘Operación Triunfo’ está todo conseguido. Porque también estamos celebrando un tímido morreo entre dos tíos como algo rompedor en la televisión pública, a estas alturas... Es evidente que queda mucho por lograr, pero esos pasitos son muy positivos, aunque seamos ya muchos –¿o no tantos?– los que utilizamos la palabra 'maricón' con naturalidad, o no nos sobresaltamos al ver a dos personas del mismo sexo besarse en público. La democratización en cuestiones como esas, que siguen descolocando a algunos, es tan justa como necesaria", explica Gómez Cascales.

No todos ven con buenos ojos la popularización de este término. Nacho Moreno es uno de ellos. “Personalmente tengo reacciones negativas con la popularizacion de términos como 'maricón', ya que por un lado arrebatan elementos de una subcultura en beneficio propio (los gestos y las palabras eran herramientas de reconocimiento y pertenencia al ámbito gay), pero al mismo tiempo no eliminan su poder como insulto, como herramienta de ataque homófobo en las calles, tal y como demuestran la escalada de tales actos en ciudades como Madrid".

"Nos comenzaron a insultar diciéndonos ‘maricones de mierda", declaró el periodista que tuvo que abandonar su vivienda de Alcalá de Henares con su novio por los continuos ataques. "¡Maricón! Suerte que tengo al niño en brazos”, gritó un hombre en el metro a un pasajero tras propinarle una patada por ser homosexual. "Deja de mirar mal a mis amigos, maricón", dijo otro hombre antes de agredir a un homosexual también en el metro de Madrid.

Todos estos casos han tenido lugar en el último año. La palabra se extiende y se hace popular en lo más alto de la parrilla televisiva mientras sobrevive en lo más bajo de la condición humana. "La popularización de ese término tendría gracia si viviésemos en una sociedad post-homófoba, en la que hemos superado la homofobia", remata Moreno. "Pero, desgraciadamente, no es así".

lunes, 20 de febrero de 2017

#libros #mujeres #historia | Ladronas victorianas : cleptomanía y género en el origen de los grandes almacenes

Ladronas victorianas : cleptomanía y género en el origen de los grandes almacenes / Nacho Moreno Segarra.
Madrid : Antipersona, 2017 [02-20].
250 p.
ISBN 9788461783106 / 9 €

/ ES / ENS
/ Gran Bretaña / Historia – Siglo XIX / Historia – Siglo XX / Mujeres - Historia / Mujeres – Trabajo / Sufragismo

El ruido de los cristales rotos se oye por toda la calle. Los escaparates de Oxford Street acaban de estallar. En una acción coordinada, el 1 de marzo de 1912 cientos de sufragistas convergieron en la zona comercial de Londres para hacer saltar por los aires los escaparates de los establecimientos. Una calle cada quince minutos. Cuatrocientos comercios atacados. Más que un sabotaje, un acto de guerra. La elección de los comercios como objetivo del ataque no había sido casual. La aparición de los grandes almacenes unas décadas antes no sólo había cambiado la geografía de las ciudades, sino también los discursos sobre el género. Sufragistas, dependientas, psiquiatrizadas y ladronas desafiarán a la sociedad victoriana y subvertirán los roles que les habían sido asignados.

Nacho Moreno Segarra nos abre las puertas de los primeros grandes almacenes del siglo XIX para contarnos la historia de las cleptómanas que escondían sus pequeños hurtos entre los pliegues de su falda, de las dependientas que sufrían jornadas interminables de doce horas diarias y eran obligadas a vivir en las dependencias del establecimiento, de las paseantes que miraban los escaparates mientras sufrían el acoso callejero de los hombres, de las sufragistas que se reunían en los salones de té para planear la siguiente acción.

DOCUMENTACIÓN
Victorias de las ladronas victorianas.
María Unanue | Pikara, 2017-05-03

http://www.pikaramagazine.com/2017/05/victorias-las-ladronas-victorianas/
El inesperado giro feminista en la historia de los grandes almacenes.
Nacho Moreno publica ‘Ladronas victorianas’, un ensayo sobre la cleptomanía como revolución femenina en los albores del consumismo. Las primeras galerías comerciales provocaron que las mujeres de toda clase social frecuentasen las calles y también las enfrentaron al acoso sexual. Las ladronas ricas evitaban la cárcel y la vergüenza a sus maridos al ser diagnosticadas de histeria y varios trastornos por culpa de la menstruación.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2017-03-28
http://www.eldiario.es/cultura/libros/maridos-victorianos-actuaban-infantas-corruptos_0_627137483.html
Cuando se creía que las mujeres robaban por culpa de su menstruación.
“Ladrones victorianas”, el nuevo libro de la editorial Antipersona, habla de cómo la apertura de los primeros centros comerciales en plena época victoriana transformó el discurso feminista y propició la aparición de un nuevo tipo de mujer: la cleptómana.
Diego Parrado | Tribus ocultas, Atresmedia, 2017-03-19
http://cultura.atresmedia.com/libros/cuando-creia-que-mujeres-robaban-culpa-menstruacion_2017031558cb0bbd0cf2453280c19fa4.html
Ladronas victorianas: Las cleptómanas que arramblaron los primeros grandes almacenes.
Iñaki Berazaluce | Strambotic, 2017-03-08

http://blogs.publico.es/strambotic/2017/03/ladronas-victorianas/