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viernes, 25 de octubre de 2024

#hemeroteca #homofobia | Bob Pop, contundente con un analista de '59 segundos' en TVE: "Dios no existe, los maricones sí"

El Diario / Bob Pop //

Bob Pop, contundente con un analista de '59 segundos' en TVE: "Dios no existe, los maricones sí"

El famoso activista y escritor, creador de la serie 'Maricón perdido', debatió sobre homofobia en el programa de TVE '59 segundos'
Redacción verTele | El Diario, 2024-10-25
https://www.eldiario.es/vertele/noticias/bob-pop-homofobia-59-segundos-dios-no-existe-maricones-si-pablo-hertfelder_1_11766063.html

Aunque la estruendosa dimisión de Iñigo Errejón se comió buena parte de su tiempo, ‘59 segundos’ (La 1) también trajo a la mesa de debate una cuestión que, lejos de generar consenso entre los tertulianos, enfrentó a unos con otros.

“¿Es España un país homófobo?”, les preguntó la presentadora del programa, Gemma Nierga. Bob Pop y Valeria Vegas, conocidos activistas LGTBI, tuvieron pocas dudas al respecto: en nuestro país todavía impera una cultura machista que, con más o menos sutileza, desprecia y castiga a las personas del colectivo. No solo importan los datos de agresiones; también la mentalidad colectiva.

Pero Pablo Hertfelder, presidente del Instituto de Política Social, fue menos categórico en este sentido, aunque reconoció que 'marica', “por desgracia”, todavía se utiliza como insulto. “Al igual que también se utiliza la expresión 'me cago en Dios'. Esto también se escucha, y esto es cristianofobia”, señaló acto seguido.

A Bob Pop se le atragantó la comparativa. “Dios no existe y los maricones, sí”, exclamó desde la otra punta del plató, molestando con sus palabras a Hertfelder, quien le hizo saber que “los católicos también se sienten ofendidos” con estas “declaraciones de que Dios no existe”.

Lejos de darle la razón, el creador de ‘Maricón perdido’ se mantuvo fiel a su argumento de partida: “No se pueden ofender por algo que es una verdad absoluta y científica, chiquillo”, respondió a su oponente, quien se revolvía en su asiento de pura indignación. “La fe es otra cosa. Que alguien crea, no significa que Dios exista. Yo respeto muchísimo que la gente crea en lo que quiera, pero los maricones, las bolleras, las personas transexuales, los bisexuales y las bisexualas no somos una cuestión de fe”, insistió el famoso escritor.

Dicho esto, la controvertida comparación pasó a un segundo plano y el debate se centró de nuevo en la pregunta inicial, así que Bob Pop aprovechó para recordar que “la homofobia no es solo un delito”, por lo que no se puede medir la homofobia de España en función del número de agresiones: “La homofobia es una cultura”, subrayó.

sábado, 1 de julio de 2023

#hemeroteca #trans #testimonios | Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Nacha Sánchez //
Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Alex Ander | El Asombrario, 2023-07-01

https://elasombrario.publico.es/nacha-sanchez-trans-de-vestida-de-azul-vuelve-a-la-tele-con-los-javis/ 

‘Vestida de azul’ (1983), de Antonio Giménez-Rico, ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. De las seis protagonistas del filme, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962): “Estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios”.

‘Vestida de azul’ (1983) ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. En un primer momento, su director, Antonio Giménez-Rico, pensaba rodar una película de ficción. Sin embargo, cambió de opinión cuando empezó a documentarse para escribir el guion y comprobó la triste y brutal realidad de las personas trans de la época, quienes, en muchos casos, debido a la escasez de oportunidades laborales, se veían abocadas a la prostitución callejera (o, en el mejor de los casos, el cabaré, donde los empresarios de las salas de fiesta que las contrataban buscaban exhibirlas como fenómenos de feria).

«Esta película la hice con mucho amor», contó luego el cineasta en el libro ‘Vestidas de azul’ (Dos Bigotes). «Es un mundo que nada tiene que ver conmigo, pero no se juzga a nadie. En un principio podría haber tenido morbo, pero luego la ves y no hay morbo alguno. Se presenta una realidad, esos chicos que deciden ser chicas con todas sus complicaciones. Mi acierto fue no hacer una película moral, sino una película documental».

De las seis protagonistas del filme, que se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián y funcionó bastante bien en taquilla, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, que frente a la cámara protagoniza un curioso reencuentro con quien entonces era su ex mujer en la vida real, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962).

¿Tuviste dudas a la hora de aceptar aparecer en la serie de los Javis?

No, ninguna. Sucedió de la mano de Valeria Vegas, con la que participé en la semana del Orgullo en Pontevedra. En un principio, los Javis no me querían, porque me quisieron dar un papel para hacer de puta en el Parque del Oeste en ‘Veneno’ y les dije que no. Cuando empezaron a buscar gente para su nueva serie, Valeria les dijo que yo debía estar en ella. Me llamó un día Javier Ambrossi y me invitó a viajar a Madrid para conocernos. Cuando me presenté allí, las guionistas me hicieron una prueba. A mí no se me da bien la lectura, pero me dijeron que tanto ellas como Valeria me querían en la serie, y que tenía que estudiar el guion, aunque luego no lo siguiera al pie de la letra. A partir de ahí, se portaron muy bien conmigo: me dieron dinero para mis gastos, me pagaron hoteles y me llamaron varias veces. En una de las llamadas, me explicaron que Penélope Guerrero iba a hacer de Nacha en la época de 'Vestida de azul'. La chica exigió conocerme antes de firmar su contrato, así que volví a Madrid para ello. Ahí ya les pregunté si realmente pensaban contratarme o solo me querían para que les diera información de cara a la escritura del guion. Al rato, el principal productor me llamó y me dijo ‘Mira, Nacha, yo no tengo un papel en la serie para ti, pero sí te ofrezco una colaboración especial y un capítulo entero’. Es cierto que yo salgo solo al final, pero realmente aparezco en toda la serie, porque esa chica que hace de mí está representando mi vida.

¿Y cómo ha sido el rodaje?

Al final han sido 15 sesiones, más tres especiales que se han grabado. Me pagaron un dinero bastante considerable y me han tratado divinamente, aunque no me ha gustado mi vestuario en la serie. Decían que, al ser la estrella de la serie, tenía asignado un color concreto. Me tocó el dorado, pero ese es un color que no me gusta para nada.

En su día fuiste amiga de Cristina la Veneno. ¿A ti te pasó como a ella, que durante su etapa como prostituta callejera se ganó el respeto de sus compañeras a base de broncas y alguna que otra hostia?

No, yo nunca me he peleado con nadie. Solamente tuve problemas con la famosa Manola, que me odiaba. El respeto no me lo gané peleando con nadie, sino ayudando a la gente, dando consejos, acogiendo en mi casa a las personas que no tenían dónde vivir… Cristina era muy agresiva. A ella vinieron a agobiarla y atosigarla porque, de la noche a la mañana, se convirtió en una bomba de tía. Encima, ella tenía un carácter muy malo. Se reía de la gente fea y se creía que era la mejor.

A raíz de su muerte, el movimiento asociativo de las personas trans empezó a reivindicar a Cristina, después de haber pasado muchos años rehuyéndola. ¿Entiendes su postura?

Hombre, muy buen ejemplo no daba. Cristina no gusta hoy a todo el mundo. La que gusta es Dana [Daniela Santiago], la actriz que hace de Cristina en ‘Veneno’. Cristina era muy buena persona, pero tenía un carácter terrible. Justo estás hablando con la única persona que nunca tuvo un problema con ella. Los primeros pendientes que tuvo se los regalé yo. Ella no bebía ni se drogaba nada entonces, fue al final de su vida cuando le dio por esas locuras.

Creo que tenías apenas 14 años cuando te escapaste de casa.


¡Tenía 13! Justo ayer lo estaba comentando con mi hermana, que también es una mujer trans y ahora cuida de mi madre, que tiene demencia senil. Mirábamos fotos antiguas y hablábamos de lo diferentes que eran mi padre y mi madre. De niña, me peleaba todos los días con él. Por las noches me escapaba, me iba de petardeo y tenía otra hermana que luego me abría la puerta. Una noche, mi padre me pilló y me pegó una paliza. Después de eso le dije: ‘Bueno, creo que me voy a ir con unos amigos míos de vacaciones’. En realidad, cogí un dinerito que tenía ahorrado y me fui a Barcelona.

¿Con qué apoyos contaste cuando empiezas en Barcelona tu proceso de transición social y modificación corporal?


Al principio fui con unas personas a un hotel y, cuando me vine a dar cuenta, todas ellas desaparecieron de allí sin pagar la cuenta. No tenía dinero, pero sí tenía algo de plata, porque entonces me gustaba mucho, así que tuve que venderla para poder pagar la cuenta del hotel. Después me tiré a la calle para ver qué hacía o qué no hacía. Ahí me encontré con una mariquita de Huelva, Toñi ‘la Pómulos’, que me vio sentada en un banco y me preguntó qué me había pasado. Me dijo que me fuera con ella a su casa, donde vivían cuatro o cinco chicos que por las noches salían a prostituirse por el Boulevard Rosa de Barcelona. Un día me fui con ellos, pero no conseguí ningún cliente vestida de hombre. Pasaron dos o tres días ayudándome y luego, una noche, me picó la curiosidad y me asomé a una calle que había por delante para ver por qué pasaban tantos coches por ahí. Me encontré en la puerta del hotel Calderón con una mujer enorme, vestida con un abrigo de piel, que empezó a hablar conmigo. Me dijo: ‘Lo que tienes que hacer si te sientes más chica que chico es esto, y si quieres venirte por aquí, te echaré una mano’.

Esa misma noche, cuando ya me iba para casa, encontré en un contenedor de basura unos zapatos y un vestido, y los cogí. Al día siguiente les dije a los chicos con los que vivía que iba a salir con ellos, pero que esta vez me iba a poner a trabajar con aquellas chicas, que yo ni sabía que eran travestis o trans. Así fue como empecé en la prostitución, con 13 o 14 años. No podía vivir del aire, y no encontré otro medio. Entonces ganaba dinero y todo era barato. Recuerdo que pagaba 80 o 90 pesetas de pensión más 150 pesetas de comida, pero que igual conseguía hacer 10.000 o 15.000 pesetas trabajando.

¿Tu familia sabía a qué te dedicabas?


Sí. Mi familia lo sabía perfectamente. No lo aceptaban, porque eso no lo acepta nadie, pero tampoco me lo criticaban. Procuraba además hacerlo discretamente y, de hecho, pasé muchos años viviendo fuera. Cuando vivía en Madrid, tenía primos taxistas que le decían a mi padre: ‘Uy, hemos visto a tu hijo vestido de mujer en la calle’, y otras cosas así, por lo que decidí quitarme de en medio. He estado viviendo en Italia, Francia, Suiza, Alemania, Austria... Me lo he recorrido todo.

¿Y dónde dirías que has sido más feliz?

Ay, no sé. Creo que aquí, en Vigo, porque es donde mejor me encuentro. En todos los sitios en los que he vivido ha habido muchas drogas, mucho alcohol y mucho vicio. En esta ciudad, a la que ya vine hace 40 años para trabajar en un espectáculo, la mentalidad de la gente es muy abierta. Los gallegos son los primeros que han viajado por el mundo y lo han visto todo.

¿Qué relación has mantenido tú con el alcohol y las drogas?

¡Yo me he drogado como loca y he bebido como loca! Pero ya hace como cinco o seis años que dejé de hacerlo. Vendí un piso que tenía en Madrid para poder operarme del pecho, porque lo tenía muy duro y resulta que por dentro estaba con necrosis. Si no me lo llego a cambiar entonces, hoy estaría muerta. El médico tuvo que arrancarme la silicona de los huesos y aquello me dejó destrozada. En ese momento decidí que no iba a volver a meterme una raya ni a beberme un whisky. Ahora, cuando bebo, me pongo malísima y me da como asco. Cuando me meto una raya, tengo la sensación de que ese pecho que el médico me arregló como pudo se me va a salir de su sitio.

Además, me he hecho mayor. Ahora soy muy casera, me gusta hacer mi comida, ir a hacer la compra y estar tranquila. Como he conseguido tener una buena pensión, tengo un dinero guardado y además hago muchas cosas, no necesito salir a la calle. Además, salir solo sirve para discutir con las demás ‘maricas’, porque el alcohol y las drogas siguen existiendo y la que no los toma se siente desplazada. Por otro lado, la prostitución callejera murió a raíz de la pandemia. Ya no hay trabajo y, sinceramente, para salir a ganar 20 euros, prefiero administrarme un poco mejor y no hacerlo.

¿Pasaste mucho miedo durante tus comienzos en la calle?

No, porque yo entonces era tan atrevida como lo soy ahora. A mí me echaban de todos los sitios, porque no tenía tetas (me ponía unos calcetines) y no te puedes ni imaginar lo guapas que eran las transexuales que había en esa época en Barcelona. Luego, poco a poco, fui haciendo amistad con una y con otra. No he pasado miedo nunca en la calle, aunque sí me han pasado muchas cosas. Me han robado, me han puesto una pistola en la cabeza, y hasta me han llevado en el coche a un lugar en el que había tres o cuatro hombres más que han hecho conmigo lo que han querido y luego no me han pagado.

¿A qué se debe tu mote ‘la Poderosa’?

Ese mote me lo pusieron estando ya en Madrid, donde empezaron a llegar muchas chicas de las Canarias, que tienen otra forma de hablar. Cuando acabábamos de trabajar, nos íbamos a cenar o a la discoteca. Allí sacaba el dinero de mi cartera y me ponía a frotarlo mientras decía: ‘¡Qué poderío!’, y ahí es cuando las otras empezaron a llamarme ‘la Poderosa’. Luego, además, soy una tía que ha ganado mucho dinero y que ha guardado mucho también. Igual me compraba un bolso bueno y me quedaba luego sin comer. Tuve buenas joyas, buenas pieles y apartamentos divinos. Ahora no, ahora vivo de alquiler, porque cuando me operaron de la uretra tuve dificultades y necesité vender para no tener que pedir nada a nadie.

¿Cómo apareció en tu vida Antonio Giménez-Rico?

Apareció porque, cuando trabajaba como prostituta, hice un reportaje para televisión titulado 'Alma de mujer' que él vio. Me reuní con él y con otro productor, me dijeron lo que estaban preparando y les dije que sí. Luego conocí muy bien a Giménez-Rico, que conmigo fue el hijo de puta más grande del mundo. A nosotras no nos quería, para él éramos un negocio. Nunca me he llevado bien con él. Cuando presentó el libro de Valeria Vegas con ella, dijo que yo pasé de ser un ser humano tranquilito y normal a convertirme en un monstruo de la cirugía estética y de las joyas. Nunca le caí bien, porque soy muy descarada y si hay algo que no me gusta, lo digo.

Por ejemplo, en la serie que acabo de hacer, tuve que pasar 14 horas rodando una de las secuencias. Cuando me enseñaron los zapatos que tenía que llevar puestos, les dije que no rodaba así, porque necesito llevar algo con lo que me sienta cómoda. Querían que saliera al lado de las otras chicas, que miden 1,80, con unos taconcitos bajos, dando el aspecto de señora mayor que trabaja de puta callejera y está ya como acabada. Podré tener 60 años, pero me gusta ponerme zapatos con tacón de 18 centímetros y me muevo divinamente con ellos. Los de vestuario lo consultaron y lo acabaron entendiendo. Al final salgo con unos tacones que me permiten estar a la misma altura que las demás. No hay dinero suficiente para que alguien me diga lo que tengo que hacer.

¿Desconfiaste en algún momento del resultado final del documental ‘Vestida de azul’?

Sí, siempre dudé. El día que la vimos por primera vez, en San Sebastián, lloré y me asusté. Nada más empezar el documental, se nos ve pegándonos con la policía. Mi vida tenía que continuar, y yo debía seguir acudiendo a esos mismos sitios en los que había rodado el documental. Me daban miedo las represalias, que pudieran pasar por mi lado y pegarme un tiro en la cabeza por haber hecho aquello. Recuerdo que un día aparecieron dos coches llenos de gitanos que se bajaron y me preguntaron dónde estaba Tamara. Les dije que no lo sabía, y uno de ellos comentó a otro: ‘Pues córtale los huevos a este maricón’. El documental era tremendo. Tanto, que al cabo de seis meses dejó de poder verse.

‘Veneno’ cosechó un gran éxito a nivel nacional e internacional. ¿Estarías preparada para convertirte en una estrella?

Me siento preparada, pero veo un poco difícil que la serie pueda competir con ‘Veneno’. Aunque la idea de todos los productores con los que he hablado es que tiene que superarla. No sé, podría ser. A fin de cuentas, ‘Veneno’ habla de una sola vida, pero ‘Vestidas de azul’ cuenta muchas historias. Aunque ya estoy algo mayor para estas cosas, estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios. Si es para hacer cosas de ese tipo, mejor que se olviden de mí.

domingo, 9 de abril de 2023

#hemeroteca #trans | Valeria Vegas: “Cuando dije en casa que era trans fue el primer día de mi vida”

La Vanguardia / Valeria Vegas //
Valeria Vegas: “Cuando dije en casa que era trans fue el primer día de mi vida”

Periodista, escritora y referente trans después de su biografía de La veneno, publica su primera novela
Elena Castells | La Vanguardia, 2023-04-09
https://www.lavanguardia.com/magazine/protagonistas/20230409/8883654/valeria-vegas-trans-la-veneno-referente-gt.html 

Valeria Vegas (Valencia, 1985) saltó a la fama con la serie ‘Veneno’. Ella fue la autora de las memorias de Cristina Ortiz, ‘¡Digo! Ni puta ni santa’, en la que los Javis se basaron para la ficción televisiva.

Siete años después de ese éxito de ventas, la periodista y escritora se lanza a publicar su primera novela, ‘La mejor actriz de reparto’ (Temas de hoy). “Tenía la historia en la cabeza a raíz de una breve noticia que en los últimos años de Gracita Morales, que habían sido difíciles para ella. Leí entonces que Aisge le había puesto una asistenta para ayudarla. Eso me iluminó y me fascinó indagar en el vínculo que podían tener estos dos personajes”, cuenta la autora, que se declara fan de la obra de Terenci Moix, Maruja Torres, Espido Freire, Jackie Collins y de las biografías bien escritas.

Valeria tiene 37 años y aunque ni lo quería ni lo buscaba se ha convertido en un referente trans que lucha por la normalidad. En el 2021 fue incluida en la lista Forbes de personas influyentes por su labor como defensora de los derechos del colectivo LGTBI. Actualmente es tertuliana del programa ‘Y ahora Sonsoles’ en Antena 3, y los domingos está en la SER con Macarena Berlín. También ha dirigido la serie documental sobre Nadiuska que se estrenará próximamente en Atresplayer.

“Yo no me he postulado para ser un referente trans pero tampoco lo puedes evitar. A mi me pesa porque detrás hay una responsabilidad que yo no quiero asumir. Yo tengo un montón de referentes, y me veo en el otro lado y me veo rara”. Pero sabe que si su ejemplo puede ayudar a otros, ahí está ella para lo que haga falta.

Cuenta que sus referentes han sido muy variados, “y nunca los he clasificado en trans o cis”. Desde Pamela Anderson, Sara Montiel, Alaska, Elvira, que es una presentadora americana de programas de terror, Nadiuska, Susana Estrada, en definitiva, “mujeres que se salían un poco de la norma”. Con esos referentes Valeria se construía “un poco en plan Frankenstein”.

Recuerda que durante su infancia aprendió a hablar sin género. “En lugar de decir que estaba cansada o cansado, decía ‘qué cansancio tengo’. Supe vivir sin género. Supe ser una cosa ficticia. Pero nunca me oculté”, recuerda. Tenía unos 7 años cuando en el patio del colegio ya le decían que hacía “cosas de niñas”. “Yo ya sentía esa identidad y el mundo también me lo reafirmaba. En mi cabeza ya pensaba que me encantaría ser mujer, pero no pensaba que existía la palabra transexualidad, no sabía que eso era posible, para mi era como ciencia ficción”.

Pero en 1995, cuando tenía 10 años, estaba viendo la televisión con un compañero del colegio y apareció Bibiana Fernández. “Él me contó que Bibiana era trans y yo recuerdo que esa noche me acosté superfeliz pensando que todo lo que yo me estaba inventando sobre un yo de otra manera era posible hacerlo realidad”.

Contarlo a la familia ya fue otra historia. “No quería decepcionarlos y tardé mucho en verbalizarlo, aunque ellos ya se lo imaginaban”. A los 20 años se produjo su transición. “El día que lo dije en casa lo recuerdo como el primer día de mi vida. Si mi familia me quiere, que explote el mundo, ya me era igual. Yo siempre he asumido que no le tengo que gustar a todo el mundo; que lo importante es mi círculo y que ellos me quieran”.

Por eso tiene claro que el único consejo que puede dar a quienes se encuentren en el punto donde estuvo ella es: “Que se preocupen por ser felices. A veces tenemos la felicidad mucho más a mano de lo que creemos, y no damos el paso por miedo. Tomar la decisión por un mismo es un gustazo, poder elegir, poder ser dueño de tu propia vida, eso no tiene precio. Cuando rompes esa cadena vale todo el oro del mundo”.

En el amor es una mujer muy tradicional. Lleva 15 años al lado de su pareja, un arquitecto “con el que cada día nos decimos ‘te quiero’”. Asegura que cuando empezó con él a los 23 años no era su intención que se alargase tanto. “Pasamos el primer año y fuimos a por el segundo, y así llevamos casi 15. Cuando estás bien no te planteas cambiar. Es como cuando tienes un sofá cómodo, ¿para qué lo vas a cambiar?.

martes, 16 de agosto de 2022

#hemeroteca #trans #lgtbi | Valeria Vegas: «Ya se huele a los que se suben al carro LGTBI solo por audiencia»

La Razón / Valeria Vegas //

Valeria Vegas: «Ya se huele a los que se suben al carro LGTBI solo por audiencia»

La periodista adapta con Atresplayer en una serie su obra «Vestidas de azul» y ha hecho un podcast con Amazon Music.
Rodrigo Carrasco | La Razón, 2022-08-16
https://www.larazon.es/television/20220816/b5ehvvos5bcalek7ufd6re3hbu.html 

Tras poner voz a la adaptación en español del podcast «Cruda Telerrealidad» y participar en la docuserie de Locomía, la escritora Valeria Vegas seguirá arrojando luz sobre el fascinante final del pasado siglo. Lo hará con la nueva serie de Atresplayer y Los Javis, que adaptan su libro «Vestidas de azul», que continúa el universo «Veneno». Pero justo antes promociona su podcast, con Amazon Music, sobre la experiencia de Miriam Rivera, la primera mujer trans que participó en un reality. Todo el mundo conocía su cambio de sexo, salvo los concursantes y pretendientes que compitieron por conquistarla.

¿Habría forma correcta de hacer aquel reality hoy?
Es solo cuestión de transparencia, que además comparte la raíz trans (se ríe). Sobre todo hacia los concursantes, ya que la audiencia sí conocía el «secreto». Convirtieron en morbo su condición trans, parecía un circo romano.

¿Le consta que este formato se intentase adaptar en España?
Si aquí no imitamos la idea fue porque no estuvimos agudos. Creo que sí habríamos sido capaces de hacer algo así aquí, en pleno «boom» de la telerrealidad. En esa época la televisión no era muy amiga de visibilizar de forma positiva ciertos colectivos.

¿Cómo se distingue a las plataformas audiovisuales que se suben al carro del colectivo por el mes del Orgullo de las que tienen un verdadero compromiso?
Cuando se utiliza lo LGTBI como un producto de marketing solo para ganar audiencia queda muy en evidencia. Sobre todo a nivel comercial, el Orgullo parece el nuevo San Valentín, otra excusa para decorar momentáneamente el «escaparate». Eso ya huele a tufillo. Aunque, en definitiva, creo que todo lo que signifique sumar apoyos para el colectivo es positivo, a pesar de que lo ideal sería que mantuviesen ese ejercicio a favor de grupos vulnerables durante el resto del año. Hay que evitar que se convierta en una moda.

¿Cómo han hecho para evitar el morbo sobre la misteriosa muerte de Miriam Rivera?
Un podcast tampoco es un análisis forense, pero creo que ayudamos a sacar conclusiones a través de testimonios cercanos e hipótesis muy verosímiles, sin caer en teorías extravagantes.

Recientemente ha participado en la serie documental de Locomía. ¿Le fascinan las últimas décadas del pasado siglo?
Totalmente, desde los 70 hasta finales de los 90. Porque, aunque nací en el 85, creo que no empecé a vivir con plena consciencia y madurez hasta los 2000 y por eso me gusta recuperar esos años. Soy una estudiosa de La Movida y toda esa época.

Un reto pendiente de la sociedad es integrar al colectivo trans en las competiciones deportivas de élite, siempre bajo la sospecha de la «ventaja hormonal».
Creo que va a costar años porque el deporte, obviamente, está muy condicionado por el factor físico. Pero creo que falta formación sobre el tema. Creo que si el atleta ha pasado por un proceso hormonal exhaustivo su «ventaja» se ha tenido que reducir casi por completo. Nacer en un sexo que no te corresponde o identifica no te convierte en Conan. Pero si algún día lo vuelven a regularizar creo que no habría que generalizar, sino estudiar medidas según cada caso o constitución. No todos los hombres y mujeres son iguales.

Cuando se habla de telebasura o televisión cruda, ¿cree que se culpa mucho a las cadenas y se es benévolo, en cambio, con su audiencia?
No, de hecho, creo que se juzga mucho socialmente al espectador de realities. En las encuestas telefónicas resulta que todos ven los documentales de La 2. La gente adora sentirse culta, aunque no lo sea. Por eso los concursos de preguntas han bajado tanto la dificultad en las últimas décadas. Pero como sigamos bajando, la gente solo consumirá los contenidos a la carta que le interesen y abandonará para siempre los medios convencionales. A veces el entretenimiento se utiliza como excusa para destruir principios básicos.

¿Tu próximo proyecto con Atresplayer y Los Javis «Vestidas de azul» se retroalimenta de «Cruda telerrealidad»?
En mis conclusiones sí. Lo que conecta ambas historias son las ilusiones que depositaron todas esas mujeres. Al ser un colectivo tan marginado y castigado por aquellos años, la televisión se convirtió en la esperanza que podía cambiar sus vidas. Cruel inocencia. La televisión cambió sus vidas, pero en la mayoría de casos no a mejor. Las recuerdo como pequeñas cenicientas cegadas por las ilusiones y sin final feliz.

sábado, 19 de febrero de 2022

#libros #transformismo | Travestí

Travestí / Mista [Louis Bou].

Madrid: Mista Studio [autoedición], 2022 [02-19].
224 p. : il.

/ ES / Libros / ENS / Artistas / Drags / Fotografía / Testimonios / Transformismo / Travestis / Travestismo

📘 Ed. impresa: ISBN 9788409365289 / 45,00 €
📝 Cita APA-7: Mista (2022). Travestí. Mista Studio.


‘Travestí’ es un recorrido a través de la escena drag en España. Contiene más de 190 fotografías a todo color. El 90% de las imágenes incluidas han sido realizadas en exclusiva para este libro. Incluye entrevistas de Valeria Vegas y textos de Ana Locking, Juan Flahn, Paco Tomás, Agustín Cascales y un prólogo de Mista.

‘Travestí’ es el título que da nombre a este libro. El acento en la “i” hace referencia a la manera con la que se nombraba a una transformista o drag-queen en España, en los años setenta y ochenta. Tomamos esta particular palabra como inicio para el recorrido de este libro, en el que encontraremos leyendas del transformismo patrio como Psicosis Gonsáles, La Prohibida, Supremme Deluxe , Kika Lorace, Diva Houston, Sharonne , Yogurinha Borova o Krystal Forever, junto a las nuevas generaciones que vienen cargadas de contouring y nuevas propuestas artísticas como por ejemplo Venedita Von Däsh, Porca, Hornella Góngora, Ariel Rec, Miss Khristo o Sansanonas. ‘Travestí’ pretende ser una celebración del travestismo como una forma de arte y una exploración emocionante de lo que ese modo de expresión artística significa para cada una de estas rutilantes estrellas.

“Las travestis son las nuevas folclóricas, y este libro da fe de ello. Un recorrido fotográfico de la mano de Mista, que convierte magistralmente a las retratadas en auténticos iconos pop, dispuestas a pasar a la posteridad a través de estas páginas, con sus mejores sonrisas, sus más espectaculares atuendos y sus miradas más retadoras. Arte sobre arte. Un mundo de ficción que se torna más real que nunca, donde están todas las que son y son todas las que están. No digas artista, di travestí”. —Valeria Vegas

jueves, 23 de diciembre de 2021

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Ágata Lys, «sex symbol» de una España que empezaba a despertar

La Voz de Galicia / Ágata Lys //

Muere Ágata Lys, «sex symbol» de una España que empezaba a despertar.

La actriz, que inició su carrera como azafata del 'Un, dos, tres...', encontró los papeles que buscaba al final de su carrera a las órdenes de Carlos Saura y Fernando León. Falleció hace 40 días, pero la noticia no trascendió hasta ahora.
Oskar Belategui | La Voz de Galicia, 2021-12-23
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2021/12/23/muereagata-lys-sex-symbol-espana-empezaba-despertar/00031640278032113358536.htm 

Su nombre permaneció siempre asociado al cine del destape, a las películas que poco antes y después de la muerte de Franco vendieron carne para los españolitos reprimidos que habían sufrido la censura durante décadas. Los títulos ya alertan de sus bondades: ‘El juego del adulterio’, ‘Sex o no sex’, ‘Una mujer de cabaret’, ‘El último tango en Madrid’, ‘Strip-tease a la inglesa’, ‘El erotismo y la informática’ o ‘La nueva Marilyn’, una cinta de José Antonio de la Loma, el de Perros callejeros, que llevó a medio millón de espectadores a las salas en 1976. Desde entonces le acompañó el sambenito de La Marilyn española a una actriz que también frecuentó el cine de terror patrio durante la Transición, junto a otros mitos eróticos como Helga Liné, María José Cantudo e Inma de Santis. Películas como ‘Vacaciones sangrientas’ o ‘Las alegres vampiras de Vögel’ transcurrían en los Cárpatos, pero se habían rodado en un parador de Cuenca. Vampiras que llevaban doscientos años dormidas se levantaban con la marca del biquini y camisones del Corte Inglés.

Ágata Lys, nacida como Margarita García Sansegundo en Valladolid en 1953, poco podía sospechar lo que el cine le tenía reservado cuando debutó a los 17 años como Doña Inés con el cabello rubio platino en el teatro Lope de Vega de su ciudad natal. Según ha desvelado la Unión de Actores, la actriz falleció el pasado 12 de noviembre a los 68 años, aunque la noticia no ha trascendido hasta ahora. La última vez que la vimos en la pequeña pantalla fue en la serie ‘Amar es para siempre’ hace 15 años. Desde entonces, vivía retirada en la Costa del Sol.

Su belleza le abrió las puertas de la popularidad gracias a ser una de las azafatas del ‘Un, dos, tres’ en la primera temporada. Por eso, a las siete semanas de aparecer en el programa de Chicho ya la reclamaban en películas que hicieron de ella una de las mujeres más deseadas de su tiempo. Pero, poco a poco, Ágata Lys demandó mayores retos actorales y, ya en 1977, fue la primera actriz en interpretar a una mujer transexual en el cine español en ‘El transexual’, un hito que compartió ese mismo año con Victoria Abril, que estrenó casi a la vez ‘Cambio de sexo’, de Vicente Aranda.

«Yo era muy transgresora para la época. Era la chica que brillaba en aquella España gris; si de joven no eres transgresora y rebelde, ¿cuándo lo vas a ser?», afirmaba la actriz en una de sus contadísimas entrevistas hace diez años. Ágata Lys volvió a llamarse Margarita García Sansegundo y se alejó del cine y de los periodistas. Cuando se puso un biquini en Valladolid con 15 años, su padre estuvo dos meses sin hablarle. Nunca se avergonzó de mostrar su cuerpo. «Siempre tuve claro que el desnudo no era algo impúdico. Impúdico es robar, mentir, estafar», comparaba.

El papel de amante del señorito que encarnaba Juan Diego en ‘Los santos inocentes’ de Mario Camus marca el inicio de una segunda etapa de su carrera en la que encuentra respetabilidad y papeles de fuste. Tras ser la Duquesa de Longueville en ‘El regreso de los mosqueteros’ de Richard Lester se puso a las órdenes de Carlos Saura en 'Taxi' y de Fernando León en ‘Familia’. El teatro y la televisión también le proporcionaron trabajo en series como ‘Vecinos’, ‘Curro Jiménez: El regreso de una leyenda’ y ‘Mamá quiere ser artista’.

Ágata Lys defendía que, en su caso, el talento le había sido más útil que el cuerpo: «En mí, el físico no ha sido lo más importante, aunque supe sacarle partido. Lo más importante ha sido mi cabeza, mi capacidad para aprender cada día». Vegetariana, aficionada a pintar cuadros surrealistas desde que tenía 15 años, disfrutaba de la paz del Mediterráneo en Benalmádena junto a su marido Fernando Soto, con quien se casó en 1982. Aquel mito al que, según asegura la leyenda, despidieron del ‘Un, dos, tres...’ porque la mujer de un ministro consideró que era demasiado sexy, murió hace algo más de 40 días «en un silencio misterioso (e injusto) que no ha trascendido a los medios ni la profesión», ha escrito Valeria Vegas, la guionista de la serie ‘Veneno’.

miércoles, 10 de febrero de 2021

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Valeria Vegas: “Rocío Jurado es un icono gay porque no era políticamente correcta”


Valeria Vegas: “Rocío Jurado es un icono gay porque no era políticamente correcta”.

La periodista, y biógrafa de La Veneno, publica “Libérate” (Dos bigotes), una documentada enciclopedia sobre la historia de la farándula “queer” en España.
Matías G. Rebolledo | La Razón, 2021-02-10
https://www.larazon.es/cultura/20210210/g6ncisaqyrhu5iy3k6tmsgulae.html 

“¿Qué le debes tú a los ‘mariquitas’?”, le preguntaba en 1986 Mercedes Milà a Rocío Jurado en una entrevista en Televisión Española que, a pesar de lo que muchos puedan llegar a pensar, no ha envejecido del todo mal: “Son una raza que ha creado Dios y respeto como a todas las demás. Les debo un mundo de ilusión, que es el que ellos crean para el artista”, respondía la folclórica. Testimonios accidentales como el de la intérprete de “Como una ola”, otros más obvios como los de Alaska o Pedro Almodóvar e incluso algunos olvidados, como los de Eloy de la Iglesia o Paco España, dan forma a “Libérate”, el nuevo libro de Valeria Vegas (Valencia, 1985) que publica Dos Bigotes.

El exhaustivo trabajo de la periodista, que ha alcanzado reciente relevancia por la adaptación que han hecho Javier Calvo y Javier Ambrossi de la biografía que escribió junto a Cristina Ortiz “La Veneno”, compila un siglo largo de historias de esa farándula que acotamos en las siglas LGB y T, pero también en la Q: “A la Q de “queer” le falta todavía instalarse en España, porque hay mucha falta de información. Yo no soy nada chovinista y eso hay que reconocerlo. España no ha aprendido a diferenciar condición sexual de identidad sexual, porque seguimos teniendo personas que se piensan que un transexual es un homosexual elevado al cubo”, explica la autora en entrevista con La Razón, antes de añadir: “Si mi libro viene a llenar un hueco, es el de la España no reivindicada. Hay que reivindicar la España cutre, o la que creíamos cutre. La cultura LGTB, que es cultura más allá de que uno le quiera poner un condicionante sexual, se está conformando todo el rato. Una película como “Priscila, reina del desierto” fue “mainstream” y la veía el gran público comercial y heterosexual. ¿Por qué respetamos lo de fuera y no lo nuestro?”.

Esa misma pulsión de la que habla Vegas, bien podría aplicarse a la propia serie sobre “La Veneno”, que tan bien está funcionando allende el Atlántico: “Necesitamos que venga alguien de fuera a decirnos lo bonito que es lo nuestro. Cuando viene un americano y nos dice “qué buen clima, qué bien se come” solo ahí lo respetamos muchísimo. Vamos muy lentos en ese aspecto de aceptación de lo propio”, explica. Y sigue: “Me escribe gente que yo no esperaba que fuera el público objetivo del libro. Yo pensaba que esto calaría en gente más mayor, que hubiera visto a Paco España, por ejemplo, o que hubiera apoyado a artistas como La Prohibida desde el principio, pero no. La mayoría es gente joven que sienten curiosidad por una historia que nunca les han enseñado”.

Filias folclóricas
Ordenadas de la A a la Z, las figuras de que han dado forma a esa otra España de la que habla Vegas desfilan con cronología dispar: mientras Antonio Amaya, célebre bailarín y homosexual podía “permitirse” afirmar con alegría que tenía novio por estar bien considerado durante el régimen franquista y ser adepto del movimiento, Eloy de la Iglesia tuvo que sortear en el cine la censura que todavía quedaba instalada en el consciente colectivo y hacer menos explícitas su escenas de sexo, algo que inmediatamente recogió Almodóvar en celebrada alegoría gay. La importancia de este último detalle es clave, según Vegas: “Ocurre algo extraño, porque ni siquiera es generacional, ya que ambos directores rondan las mismas edades. Cuando Almodóvar empieza a despuntar, Eloy empieza a decaer. Como lo tenemos más reciente, el cine de Almodóvar nos parece más transgresor. Hacer cine comprometido en los setenta era más complicado que en los ochenta, pero el tiempo ha hecho que consideremos más atrevido por más moderno lo de Almodóvar, aunque Eloy se posicionara de una manera más directa a nivel político, por ejemplo”.

Ese posicionamiento, que según la escritora no ha de ser explícito o “estrictamente consciente” para tener cabida en su libro, lleva a preguntarse inequívocamente por la lucha política y la conquista de derechos legislativos: “Mi libro está totalmente fuera de la política. Por eso decidí que no entraran figuras como Pedro Zerolo, con todo lo que lo merecería. Quien está muy reivindicado es Pedro Zerolo, quien no lo está tanto es Paco España, que era el transformista más puntero de los setenta. Lo importante es que los personajes hubieran transmitido más en su arte o en el escenario que en lo puramente político. No siento que mi libro esté nada politizado. Si fuera así, no hubiera puesto a Fabio McNamara, que es un icono más allá de su presente”, explica, antes de matizar sobre esas figuras que, a ojos de la opinión pública hegemónica, quizá no han envejecido con el mismo nivel de transgresión que antaño y que ahora incluso se han pasado a lo reaccionario: “En el caso de McNamara, creo que hay cierta coherencia en su juego, que siempre ha sido el de la provocación. Más allá de compartir o no sus ideales, sigue consiguiendo provocar. Yo creo que no se han cansado de ser pioneros. Sobre Alaska, por ejemplo, creo que es una persona extremadamente educada y este país no sabe valorar a la gente educada. La transgresión no se puede defender a gritos”, remata.

Si bien el ruido pueda distorsionar el discurso de los y las pioneras que hacen acto de presencia en “Libérate”, la historia de bolsillo de Vegas no se olvida de Dolly, Yeda, La Esmeralda de Sevilla, La Margot, o Walkiria, rimbombantes nombres que ocultan detrás historias de valentía y superación frente al rechazo social. Pero, ¿qué pasa cuando estos discursos y reivindicaciones del espacio cultural vienen desde lo que está “bien visto”, lo que manda en el mercado? Ese espacio de gloria se reserva en el libro para las folclóricas: “Lola (Flores), Rocío (Jurado), Massiel... siempre se han reivindicado de una forma un poco superficial, sin saber muy bien el por qué. Casi todo el mundo tiene claro que eran figuras pro-gay y que encajaban en ese concepto internacional de la “diva de lo gay” que han encarnado figuras como Cher, RuPaul o Barbra Streisand por ejemplo. Pero no sabemos por qué lo son. Y yo he querido buscar las razones de esa adoración”, relata sobre su investigación antes de despedirse sentenciando: “Me puse a recopilar frases que ha dicho Esperanza Roy, momentos en los que Sara Montiel se ha posicionado políticamente... Quiero que cuando la gente lo lea, entienda que no hay solo un comportamiento frívolo respecto a estas personas, sino que hay una historia detrás. Que no nos gusten solo por los “memes” y que apreciemos sus contradicciones, que las tuvieron, y que sepamos que mujeres heterosexuales como Rocío Jurado se convirtieron en iconos precisamente por ser políticamente incorrectas respecto a su época”.

domingo, 10 de enero de 2021

#hemeroteca #libros #lgtbi | Valeria Vegas: "Figuras como Carmen de Mairena son parte de nuestra historia LGTBI+"


Valeria Vegas: "Figuras como Carmen de Mairena son parte de nuestra historia LGTBI+".

La escritora publica 'Libérate', una guía en la que aparecen artistas, espacios, películas y canciones imprescindibles para la memoria LGTBI+ de nuestro país.
Clara Giménez Lorenzo | El Diario, 2021-01-10
https://www.eldiario.es/cultura/libros/valeria-vegas-figuras-carmen-mairena-son-parte-historia-lgtbi_1_6699363.html

Cuando uno piensa en los primeros referentes LGTBI+ patrios, es sencillo remontarse a los años iniciales de la Transición y a la Movida madrileña: la apertura de salas míticas como Gay Club, las películas de Almodóvar, los himnos en los que se han convertido ‘A quién le importa’ o ‘Libérate’. Tendemos a olvidar que la libertad de los 80 se cimienta sobre aquellos que comenzaron a ser visibles durante el franquismo; no solo en los grandes escenarios de la capital, frecuentados por artistas como Antonio Amaya y Coccinelle, también fue imprescindible la disidencia sexual desde las periferias: el País Vasco tuvo a Francis, Asturias a Rambal, Valencia a La Margot.

El mundo del espectáculo siempre ha acogido, incluso en los tiempos de más represión, a quienes se encontraban fuera de la norma. Por eso, la periodista Valeria Vegas (Valencia, 1985) lo reivindica en 'Libérate: la cultura LGTBQ que abrió camino en España', publicado por Dos Bigotes. "Desde el escenario o a través de canciones y películas se ha hecho mucho activismo cuando todavía no se empleaba la palabra activista", explica la escritora a elDiario.es. Ella lleva años intentando ampliar nuestro imaginario colectivo, recuperando referentes españoles en un mundo donde tal vez nos suene más RuPaul que La Prohibida, o conozcamos los disturbios de Stonewall antes que los de Pasaje Begoña. "Muchas veces nos llegan mejor envueltos los referentes internacionales y dejamos de ser conscientes de los nuestros", opina la autora.

‘Libérate’ es el cuarto libro de Vegas tras ‘Grandes actrices del cine español’ (2015); ‘¡Digo! Ni puta ni santa. Las memorias de La Veneno’ (2016), biografía en la que se basa la aclamada serie de Javier Calvo y Javier Ambrossi; y 'Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición española' (2019). Este bagaje ha facilitado que la escritora desglose, con el orden alfabético de un diccionario, la precisión de una guía y el tono didáctico de un manual, una serie de artistas, canciones, espacios, películas claves para entender la historia LGTBI+ de nuestro país. Inevitablemente, hay ausencias: "Este no es un libro de ‘outing’, donde un actor o una cantante tengan que ocupar un lugar por el simple hecho de su orientación sexual sin haberse manifestado abiertamente al respecto, siendo esto igual de respetable pero poco representativo en cuestiones de liberación", advierte la autora en el prólogo.

Porque fueron, somos
Para Vegas, ser visible es posicionarse, exponerse públicamente con actitudes o declaraciones. Cita como "huracanes de liberación" a Paco España o Yeda Brown, cuyas extensas biografías aparecen en el libro. "Creo que el de travesti es un trabajo como otro cualquiera", dijo Paco España en una entrevista con ‘Gaceta Ilustrada’ que revolucionó a la opinión pública en 1976. También hay espacio para quienes se marcharon pronto pero dejaron huella, como Francis, transformista e icono de la lucha LGTBI+ en el País Vasco tras ser asesinado en 1979 por un policía.

"Casi nadie pensaba: 'voy a transgredir', simplemente les nacía por su propia identidad y circunstancias", señala Vegas. El libro, además de poner en valor a los que disentían desde la periferia, intenta dignificar a personajes como Carmen de Mairena, fallecida en marzo de 2020, apenas una semana después de que se decretase el estado de alarma. "Carmen de Mairena o Cristina ‘La Veneno’ fueron descubiertas por programas de máxima audiencia, eso las hizo visibles, pero de una manera en la que la sociedad las ridiculizaba", recalca Vegas. "Figuras como Carmen de Mairena son parte de nuestra historia LGTBI+; España está llena de Cármenes de Mairena, personas muy auténticas pero sin esa exposición mediática, para mí son vidas totalmente irrepetibles".

Sobre el proceso de documentación, principalmente a través de las hemerotecas de revistas y diarios nacionales, Vegas destaca cómo ha cambiado el tratamiento de las personas LGTBI+ en los medios. "Antes, por ejemplo, había una confusión entre términos como transformismo, travestismo y transexualidad que no se subsanaba nunca; ahora diferenciamos entre orientación sexual e identidad de género, hay mayor conciencia y mucho menos sensacionalismo en los medios". Entonces, el reclamo con el que se anunciaban espectáculos o películas LGTBI+ solía ser morboso, con excepciones como Dolly Van Doll, que regentaba su propio ‘music hall’. No obstante, Vegas subraya un cariz positivo: "Somos uno de los pocos países con cultura del transformismo". También reivindica, como hizo Paco España, que se equipare con cualquier otra profesión artística.

"En España hemos tenido un transformismo ligado a algo muy nuestro, como la copla. Ya existía en la II República y volvió a resurgir en la Transición", prosigue. Algo que achaca a "las divas hispánicas que permitían ese tipo de imitaciones tan ‘sui géneris’". Precisamente, este 2020 arrasó '¡Ay Campaneras!', un podcast sobre folclóricas en el que la investigadora Lidia García ahondaba, más allá de la mítica frase de Lola Flores, en la vinculación de mujeres lesbianas y bisexuales a la copla. Pero en los 80, según Vegas, "las folclóricas fueron asociadas a algo antiguo, y ocurrió lo mismo con los transformistas, eran asociados al régimen, a algo cutre, como de barraca de feria". Entrando en los 90 se reivindicó ampliamente el concepto de ‘drag queen’, que para la autora no difiere de este término en desuso. "Suena más glamouroso, pero para mí no hay una línea que separe uno de otro".

Ampliar referencias para el futuro
"Aún quedan muchos territorios por conquistar", escribe Vegas. Por ejemplo, la intersexualidad todavía es una realidad patologizada y fuera de las principales estadísticas, como apuntó el periodista Rubén Serrano en ‘No estamos tan bien: nacer, crecer y vivir fuera de la norma en España’ (Temas de Hoy), un ensayo que dialoga a la perfección con ‘Libérate’. De hecho, hay quien erróneamente piensa que ‘Mi querida señorita’ (Jaime de Armiñán, 1972), representante de España en los Oscar como película de habla no inglesa, abarca la transexualidad y no la intersexualidad, denominada entonces hermafroditismo. "Podemos presumir de tener en España una película tan singular como esa", asevera la autora.

Cree que ha sido exhaustiva "aunque lo bueno de este libro es que siempre se puede ampliar”. Varias de las figuras citadas en él siguen trabajando, otras están retiradas; en general, los mayores LGTBI+ "acaban por ser silenciados si no están envueltos en ‘glamour’ o algo comercial", denuncia Vegas. Ahora, ella misma se ha convertido en referente tras el éxito de ‘La Veneno’, que refleja, además de su labor como biógrafa de Cristina Ortiz, su propia transición. Aunque viva como algo "bonito y positivo" el hecho de ser reconocida como ejemplo, señala que "no es algo que una se plantee, o no lo sería nunca". ¿Quién podría estar en ‘Libérate’ pasados unos años? "Personas como Kika Lorace o Samantha Hudson, ya están dejando su huella".

La periodista espera que ‘Libérate’ no llegue solo al colectivo, porque "parece que las personas LGTBI+ sí podemos implicarnos en la cultura mayoritaria y no al revés; me gustaría que recordar que probablemente los padres y madres de los lectores han ocurrido a salas de fiestas a ver a Paco España o a Dolly”. "De hecho, no hay nada que me enamore más que un hombre heterosexual disfrutando de un espectáculo de transformismo, ¿por qué no podemos disfrutar todos de todo?", se pregunta. "Aún tenemos que reivindicar que los espacios LGTBI+ no sean nichos LGTBI+, reconquistar que los espectáculos ‘drag’ no se queden para despedidas de soltera, y que vuelvan los matrimonios a las salas".

lunes, 28 de diciembre de 2020

#hemeroteca #libros #lgtbi | Valeria Vegas: «Me gustaría que pasen diez años y que alguien pueda volver a acudir a este libro para darse cuenta de dónde venimos»


Valeria Vegas (‘Libérate’): «Me gustaría que pasen diez años y que alguien pueda volver a acudir a este libro para darse cuenta de dónde venimos».

Sofía Haze | Los Lunes Seriéfilos, 2020-12-28

https://www.loslunesseriefilos.com/2020/12/entrevista-valeria-vegas-liberate-veneno.html 

‘Libérate’, el libro de la autora y periodista Valeria Vegas, da visibilidad a «la cultura LGTBQ» que abrió camino en España. Una obra que abarca personajes, películas y música, a modo de una novedosa enciclopedia de la comunidad.

–Valeria, antes de hablar del proyecto en sí, me gustaría saber. ¿Cómo te has sentido al terminarlo y que sensaciones te ha dejado?
Pues, para como un tópico, ¿no? Pero muchas veces, sí que es verdad que es como un parto. Un parto no sé cómo es, pero hay un proceso que conlleva toda la ilusión que le pones. Este tipo de libros, además, conlleva mucha documentación... Entonces le pones mucho énfasis, y luego, una vez sale, da mucha alegría.

Me he quedado muy satisfecha, sobre todo porque no existía un libro así. Existen dos o tres libros sobre la historia LGTB, que son traducciones, pero creo que son internacionales. Libros que abarcan desde Rue-Paul a Andy Warhol, pero no tenemos nada que abarque personajes, canciones y películas made in Spain. En ese sentido me he quedado contenta de haber aportado ese granito de arena.

–Tú misma lo describías un poco como una reivindicación para dejar constancia de artistas y proyectos españoles que abrieron camino a la cultura LGTB. ¿Cómo surge la idea de este proyecto? ¿Cuánto tiene de ti como admiradora de estas personas?
Surge, en parte, precisamente de eso, de la no existencia. Muchas veces no me nace hacer algo que no existe, entonces, pienso «pues, si no hay nada que abarca a toda este gente, yo quiero hacer algo que consiga que al final se recuerde y se descubra», porque yo pienso que lo interesante del libro también es que se descubre a mucha gente que está olvidada o que no se conocía. No son mediáticas. Son gente que se quedó en el ámbito de las salas de fiesta, de los cabarets… muy de provincias también.

Entonces tiene para mi algo de reto. Es un poco reto personal, hacer una lista de todas estas entradas, porque no son sólo personas. También hay proyectos, películas y canciones. Surgió de la necesidad de que quedara algo así plasmado.

Además, yo me daba cuenta, y este año lo he reafirmado, que cuando fallecen algunas de estas personas, los obituarios suelen ser constantemente un copia y pega porque no hay información. No porque los compañeros no quieran hacerlo mejor, sino porque hay tan poca información... como cuando falleció Carmen de Mairena, Violeta la Burra... ahora cuando ha fallecido Juan Gallo, que era el imitador de Lola Flores... estas son personas que están en el libro y han fallecido en 2020. Y si tú lees esos obituarios se repiten constantemente y yo me daba cuenta de que faltaba a veces información. Parecía que se hubieran hecho, a veces, de pasada.

Y el libro tiene eso; la intención de que en adelante esos obituarios sean un poco más completos y pueda servir un poco de manual para recurrir. Es una labor de hemeroteca.

–Como tú dices es un proceso de documentación complejo. ¿Puedes hablarnos un poco de cuánto a durado y en qué ha consistido?
Ha durado, increíblemente, poco más de medio año. Medio año con mucho sueño y mucho insomnio. Quitándole tiempo a muchas cosas. Te diría que llevo seis meses sin ir al cine. Es verdad que tampoco ha sido un año como para ir al cine, pero te lo pongo como ejemplo de que no he tenido vida social prácticamente los últimos seis meses. No por los trabajos paralelos. Por eso he podido hacerlo en estos últimos meses. Y, sobre todo, ha sido un proceso de investigación, que eso se hace mucho recurriendo a la hemeroteca nacional, a revistas, a periódicos antiguos... porque en internet es que realmente hay muy poca información.

–El libro abarca desde la década de los 60 hasta acercarse a la actualidad y está dividido en secciones por orden alfabético. ¿Por qué esta decisión de décadas y la elección del orden?
El hecho de que sea alfabético es porque la idea original es que fuera un ABC LGBT, y porque me parecía más fácil ordenarlo. Además, la mezcla le daba mucha vida. De repente en la A puede estar un cantante como Antonio Amaya, un personaje de ficción como La Agrado o un comic como ‘Anarcoma’ o una diva LGTB como Alaska, me parece que es una mezcla que dice muchísimo cuando lo ves en ese índice.

Me parece que englobarlos como de transformistas, las drags, las divas… me parece un poco como si fuera un safari. Y luego ya la cuestión cronológica fue una pauta mía, porque, obviamente, hay mucha gente actual o de los últimos quince años, que a mi me encanta, que me parecen maravillosas, pero son los últimos quince años. Es verdad, que los últimos quince años, son los años en los que ya existía la ley del matrimonio igualitario, la ley de identidad de género… vamos, no son años de ruptura o transgresión.

Es como un embudo que en los años setenta se encuentra más abierto y conforme van llegando los noventa se va estrechando, porque necesito que sean méritos transgresores.

–Como tú bien has dicho, algunos de los artistas que mencionas en el libro, han fallecido. Sin embargo, otros, están vivos y siguen en el panorama artístico. Incluso son amigos, como, por ejemplo, Alaska. ¿Sabían estas personas que ibas a hablar de ellos en el libro? ¿Te han dado algún ‘feedback’?
¡Nadie! ¿Te puedes creer que nadie? Me gusta un poco también el factor sorpresa, entonces, pues no le he comentado nada ni a Alaska, ni a Bibiana, ni a Dolly Van Doll, que es amiga mía.

Sí que se lo dije, por ejemplo, porque se dio la ocasión a Psicosis González. Que fue la primera Drag de España, en ese cambio del transformismo al concepto «Drag Queen». Ella fue la que irrumpió más fuerte. Como hay una amistad se lo conté y le alegró muchísimo. Pero a muchas no se lo he dicho.

Ayer me llegó un mensaje de Deborah Ombres, otra drag que irrumpió por ser quizás la primera presentadora de MTV en España. Creo que tiene un mérito suficiente. Y me mandó un mensaje y me dio las gracias por haberla incluido, porque no les digo nada, prefiero que haya ese factor sorpresa.

–Has mencionado muchas películas y muchos proyectos, más allá de los artistas. ¿Podrías elegir alguna película y personaje de los que has mencionado en el libro que te haya marcado?
Pues, de películas, me quedaría ahora mismo ‘Gay Club’, que es una película bastante rara. Porque habla un poco del caciquismo con humor. Ese tipo de humor, que quizás, según la visión del espectador puede ser rancio, pero que en los ochenta tenía un valor más del momento. Trata de un grupo de amigos que intentan montar un gay club en un pueblo y las autoridades se lo impiden. Entonces, el pueblo se divide a favor y en contra. Me parece un fiel reflejo de la sociedad, también.

Además de ‘Gay Club’, también me quedaría con ‘Calé’, que lo que me parece transgresor es que se hizo en el año 87 y, en el fondo, es un poco madre de la película de hace unos años que contaba la historia de amor entre dos gitanas, Carmen y Lola. Con peores medios, quizás, pero con un buen reparto, como son Mónica Randall y Rosario Flores. Al final trata de una paya y una gitana... y me parece que no está hecha desde el sensacionalismo.

En películas me podría posicionar, pero en personas me resulta súper difícil. Por ejemplo, como diva LGTB, sí que me quedo, muy especialmente, con Alaska y con Esperanza Roy, porque son mucho más conscientes que las demás del movimiento LGTB. Lo viven con mayor uso de razón y eso se nota muchas veces. Y luego, de artistas, Paco España me parece que fue alguien tan importante en su momento... ocupó centenares de páginas en los años 70 y no somos hoy en día conscientes de una persona así. Fue el transformista más importante de la transición, si lo trasladamos a un extremo, podemos decir que fue nuestra Rue-Paul de los 70.

–Este año hemos podido saber de ti por varios proyectos. Además de la ‘Veneno’, por el documental ‘Ellas’ y ahora viene el libro. ¿Por qué has elegido este momento?
No ha sido sólo una cuestión de elección, realmente. Ha sido porque yo también por algo que yo me había impuesto. Desde el libro de la Veneno hasta ‘Vestida de azul’ pasan tres años, y yo sentí que para el siguiente libro no podía volver a dejar pasar tres años. Entonces yo misma me impuse que de un libro a otro no pasara más de año y medio.

Cuando me propuse esto, de hecho, no sabía que iba a haber una pandemia de por medio. E incluso, recibí una propuesta durante el confinamiento de la editorial más grande de España, la editorial Planeta. Porque querían reeditar el libro de Cristina y ocurría que parte de ese contrato era no poder sacar nada en X meses. Como yo ya tenía este libro en mente y estaba en proceso, me daba igual. Era como decir, «yo quiero parir un hijo nuevo, no el mismo hijo otra vez» .

Entonces, para mi este libro ha sido una cuestión de empeño.

–Mucha gente piensa que estamos en el auge de la representación, de la diversidad, pero realmente parece que se están empezando a hacer las cosas bien ahora. ¿Podrías hablarnos un poco sobre tu visión acerca de la necesidad de una representación responsable?
Estoy de acuerdo, creo que es desde hace dos o tres años que se ha empezado a hacer bien y con cierta ética por parte de los medios y el entretenimiento. Y a veces, ni siquiera, todavía sigue habiendo errores. Pero si lo comparamos a hace veinte años, estamos muy bien.

La visión responsable, y digamos, ejemplar, que eso ya depende de cada cuál, porque es muy subjetivo, es importante. Porque hay personas que están creciendo ahora y necesitan referentes. Necesitan información, pese a que tienen muchísima más información de la que podíamos tener años atrás, cuando no teníamos internet. Pero necesitan esa visibilidad. Y necesitan una visibilidad que no sea unilateral.

A mí no me sirve sólo que los referentes o la imagen que se de del colectivo LGTB sea la belleza. No me vale. Tiene que tener un ejemplo que sea una monologuista con un sentido del humor maravilloso como Elsa Ruiz o una chica muy vital y guapa como pueden ser ahora mismo Lola Rodríguez o Daniela Santiago.

Tiene que haber un abanico muy amplio. Yo de lo que tengo miedo es de que ese abanico se reduzca y volvamos otra vez al cliché.

–Somos una página especializada en series y cine, así que no quería terminar la entrevista sin preguntarte sobre ‘Veneno’. ¿Qué ha significado para ti acercarte de nuevo a esta historia después de tantos años? ¿Cómo vives todo lo que ha pasado con la serie ahora que han pasado unos meses desde su último capítulo?
Yo he tenido que ver la serie con mucha distancia. Mucha distancia en el sentido de que hay algo que me transmite pudor. Por ponerte un ejemplo, es como si te pones un vídeo casero que ha grabado tu madre en verano.

Y la he visto con distancia también por el tema emocional, al final, pesa a que hay una parte que es ficción, hay una gran mayor parte que es verdad. Esas pequeñas historias han ocurrido y entonces, muchas veces, a mi sí que me deja impactada. Pese a que hayan pasado años, para mi ha sido un viaje fuerte. Tan fuerte que el capítulo 8 no lo he querido ver todavía. Sé de qué va perfectamente, porque me enseñaron el guion y he visto cosas porque la gente cuelga partes y ves cosas.

Creo que ahora ya estaría preparada, pero cuando se estrenó el último capítulo, yo pensaba «es que no quiero rememorar la muerte, la tengo presente igualmente, pero no quiero ver ese momento«. Pero también, a la vez, he sentido mucha felicidad, porque siento que se ha dado un paso muy grande en cuanto a la visibilidad y que el espectador sienta empatía.

–Ahora la serie se va a emitir en Estados Unidos. ¿Cómo vives el impacto que está teniendo en periodistas y medios estadounidenses? Porque la gente se está volviendo loca.
¡Sí! He visto algo del ‘Times’... y la verdad es que me llega un poco de rebote. Me voy enterando, a lo mejor porque me avisa alguien, es decir, no estoy buscando información. Intento tener los pies en la tierra, pero me alegra muchísimo, porque no olvidemos que, además, la sociedad americana suele ser bastante puritana. Es decir, suele ser muy receptiva de los productos pop. Se empapan de productos pop como nadie, pero si encima captan el mensaje, me parece que es algo maravilloso.

–Para cerrar me gustaría volver a tu libro. ¿Qué impacto o qué acogida te gustaría lograr para este proyecto?
Me gustaría que fuera un libro de consulta, que es lo que es al final, y que pasen diez años y que alguien pueda volver a acudir a este libro para darse cuenta de dónde venimos. Es decir, que si España tiene algo de colorido y tiene algo de libre o de original... y tiene algo de mariconeo, en le sentido más bonito de la palabra, es quizás, por todas estas personas y películas que están ahí.

Quiero que sea un manual de consulta imperecedero.

–¿Nos recomendarías una serie y un libro?
De libros estoy leyendo «Reina del grito» de Desirée De Fez. Un ensayo sobre la mujer y el terror. Me está gustando muchísimo. Y, luego, de series, la última que he visto ha sido ‘Ratched‘, que me gustó muchísimo. Cada capítulo que pasaba me gustaba más y me parecía que tenía reminiscencias de ‘Twin Peaks’ en cuanto a exteriores. Me gustaba viniendo de Ryan Murphy el puntito a lo ‘American Horror Story’.

Enganchada, en cuanto a las series de mi vida, te diría que son ‘Expediente X’ y de comedia ‘Las Chicas de Oro’.

jueves, 17 de diciembre de 2020

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Valeria Vegas: «Bibiana Fernández es el gran referente LGTB de este país»


Valeria Vegas: «Bibiana Fernández es el gran referente LGTB de este país».

La periodista publica 'Libérate', un manual que repasa la trayectoria de esos héroes olvidados que abrieron camino a la cultura LGTB en España.
Leticia García | S Moda, El País, 2020-12-17
https://smoda.elpais.com/placeres/valeria-vegas-liberate-lgtb/

José Pérez Ocaña, Pavlovsky, Manolita Chen, los cómics de Anacorma, ‘Adela‘, los cabarets del Paralelo... España está repleta de héroes no tan anónimos pero sí poco reconocidos; personas que se dejaron la piel durante el franquismo y la Transición por abrir camino al resto o por posicionarse en favor de los silenciados. La periodista y escritora Valeria Vegas ha querido rendirles en homenaje que se merecen en 'Libérate' (Ed. Dos bigotes), un compendio a modo de diccionario en que se repasa la trayectoria de todos esos pioneros que abrieron camino a la cultura LGTB en España y en el que, como dice la autora, «no están todos los que son pero sí son todos los que están». «Siempre hago libros por deseo, cosas que me gustaría leer. Estos dos últimos años me fijaba mucho en que los libros que son un referente para el colectivo LGTB eran todos americanos. Está muy bien hablar de RuPaul, Elton John y Marlene Dietrich y he aprendido mucho gracias a ellos, pero me asombraba que no hubiera nada similar en España. Además en un caso tan especial como el nuestro, que hemos pasado por una dictadura y una época de explosión de artistas y referentes durante la Transición», comenta.

¿Por qué crees que depreciamos nuestra historia en este aspecto? Aún hoy se sigue hablando de los 80, el aperturismo, la Movida, etc. pero muchas de estas figuras siguen silenciadas.
Creo que lo hemos visto como algo ‘cutre’, como manifestaciones artísticas de segunda. Los medios, sobre todo la televisión, siempre han silenciado el cabaret, el transformismo... Es una cuestión de complejos. Lo menospreciamos pensando: «Mira, un transformista que imita a Lola Flores o, mira, una ‘vedette’» pero luego ensalzamos a Dita von Teese o nos parece la bomba una ‘drag’ americana que imita a Madonna...

Si contextualizamos el momento, y partiendo de muchas de las películas que mencionas en el libro, parece que hace 40 y 50 años había una corriente más aperturista en la forma de mostrar al colectivo LGTB en el cine o la cultura.
Opino lo mismo. Hoy es todo muy políticamente correcto, y en aquel momento había cintas que tocaban temas gais o trans desde distintos puntos de vista. Entre los setenta y los ochenta todo implosionó, y supongo que los productores vieron estos temas con cierto oportunismo: muchas veces se trataban desde el morbo, sobre todo las películas con contenido lésbico tipo ‘Me siento extraña’ (1977) que estaban hechas desde el punto de vista masculino, como una especie de fantasía erótica. pero luego había otras como ‘Calé’ (1987), la película de Rosario Flores, que aborda el tema de una manera más justa; es una relación afectiva entre una mujer gitana y una paya. Ahora hemos visto ‘Carmen y Lola’, pero no era lo mismo verlo en 1987.

Tanto esas películas como toda la amplia cultura de los cabarets de la época se han perdido de alguna manera. Incluso cuando nos referimos a ellos siempre hay cierta confusión...
Cuando se ha abordado el tema no se ha hecho con la suficiente información, y esa confusión se ha ido transmitiendo en el tiempo. Muchos creen por ejemplo que la primera película que aborda la transexualidad es ‘Mi querida señorita’ (1972), cuando es una película que trata la intersexualidad, lo que antes llamábamos hermafroditismo. Incluso a día de hoy a la gente le cuesta distinguir entre travestismo y transexualidad, la falta de información lleva a la confusión terminológica.

En el libro recoges muchas crónicas de la época. Sorprende para bien el tratamiento, muchas veces respetuoso, que se daba a estas manifestaciones culturales y a estos personajes.
Sí, en algunas ocasiones me he llevado una grata sorpresa. De hecho, la idea de este libro es que sirva como hemeroteca. Por ejemplo, este año morían Carmen de Mairena, Violeta la Burra o Juan Gallo ‘la otra Lola’ y los obituarios, escuetos, se repetían de un medio a otro porque no hay información; aunque en realidad sí la hay, a mí me ha costado 15 minutos buscar el título de una obra o un espectáculo.

¿Crees que, de algún modo, no se les reconoce su labor real y los medios han tratado a estas personas como caricaturas?
En el caso por ejemplo de Carmen de Mairena, ella eligió prestarse a dar esa imagen en televisión, pero no es alguien que haya comido del aire en los 70 o los 80. Ha hecho muchas cosas que no se han reconocido lo suficiente. Muchas de estas personas vivieron en el momento que les tocó vivir, un momento muy duro, y no se escondieron ni derivaron su talento hacia otro lado; explotaban la diferencia. Al menos, los hombres. Los casos femeninos se han silenciado más.

De hecho, la cultura del transformismo, por ejemplo, no era una cultura ‘underground’. Todo el mundo la conocía. Y los referentes que utilizaban los artistas eran masivos.
Por supuesto que no. España estaba llena de salas, y la mayoría de los artistas hacían dos funciones a la semana. Tiene que pasar por ahí mucha gente para que eso ocurra.

¿Por qué crees que todo este movimiento acabó muriendo?
Más que se fue transformando; en los 90 ya se pasa del transformismo a las ‘drag queen’ como La Prohibida o Psicosis González, que son grandes admiradoras del transformismo de los 70, por otro lado. En el cine también ocurre lo mismo, porque esos productores que lo hacían por oportunismo vieron que el tema dejaba de ser morboso y comercial. Igual que las salas de fiesta, los empresarios dejan de explotar el tema y pasaron a otra cosa.

En el libro mencionas a Carmen Xtravaganza, la gran diva del ‘voguing’ neoyorquino (y de Cádiz), que regresa a España en los 90. Al final el ‘voguing’ tiene mucho que ver con la cultura del cabaret español.
Totalmente, en ambos casos se trata de imitar o fijarse en referentes culturales muy masivos. Es llevar la cultura popular al ‘ghetto’ y transformarla. Carmen llega a España hace 30 años con sus espectáculos, llega 30 años antes que ‘Pose’...

En nuestro caso el gran referente eran las folclóricas. De hecho, dedicas entradas en tu libro a Sara Montiel, Lola Flores o Rocío Jurado.
Tenía esa duda al principio, no sabía si introducir a las grandes divas LGTB, pero al final pensé que era importante porque ellas siempre se han posicionado, y en una época en la que el país no tenía ni idea de estos temas y seguían siendo pacato. Que Lola, Sara, Rocío o Esperanza Roy se posicionaran así, ante los cientos de fans hetero que iban a verlas a los teatros, hizo muchísimo por la cultura LGTB. Quería, además, transcribir textos de prensa que se iban a perder, no solo fijarme en las declaraciones televisivas (como el «yo soy progay» de Rocío Jurado, etc.). Creo que fueron fundamentales para la normalización de estos temas.

¿Cuál es tu gran referente LGTB en España?
Tengo varios, pero destacaría a Bibiana Fernández. Creo que es el gran referente… Tú no te levantas por la mañana queriendo serlo, pero en su caso creo que el tiempo ha demostrado lo generosa que ha sido. Ha hablado abiertamente cuando tenía que hablar, y después dejó de hacerlo, porque a veces cuando las cosas dejan de repetirse es cuando realmente se normalizan. El otro gran referente, por supuesto, es Alaska; su entorno siempre ha sido LGTB y ha logrado naturalizarlo para el gran público.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

#hemeroteca #trans #testimonios | Lola Rodríguez: “En mi clase de la universidad era ‘la trans’, pero el personaje de ‘Veneno’ me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”


Lola Rodríguez: “En mi clase de la universidad era ‘la trans’, pero el personaje de ‘Veneno’ me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”.

La actriz que da vida a Valeria en la serie sobre la vedette Cristina Ortiz forma parte de una nueva generación de creativos que, a través del amplio espectro del colectivo LGTBQ+, inspiran orgullosos la lucha por una mayor diversidad, representación e igualdad.
Carlos Megía | Icon, El País, 2020-12-16
https://elpais.com/icon/cultura/2020-12-16/lola-rodriguez-en-mi-clase-de-la-universidad-era-la-trans-pero-el-personaje-de-veneno-me-ha-ayudado-a-reconciliarme-conmigo-misma.html

“¡Qué guapa! Valeria, ¿no? Ay, tengo los pelos de punta. ¿Te haces una foto conmigo? De verdad, muy pocas personas en el mundo me han emocionado como tú. Espero que recibas todos los premios del mundo. ¡Trabajo, premios y Hollywood!”. Con un entusiasmo al borde de la lágrima, un transeúnte espontáneo de un barrio del este de Madrid acaba de personificar con su irrupción la importancia de los referentes en la ficción. “Tampoco te creas que estoy acostumbrada a estas cosas”, se excusa ruborizada la aludida, Lola Rodríguez, de 21 años, que en pocos meses ha pasado de ser una estudiante de Erasmus en Lisboa a una de las intérpretes del momento. A la actriz canaria, que da vida a Valeria Vegas, la biógrafa de la vedette trans Cristina Ortiz en la celebrada serie Veneno, le cambió la vida cuando Los Javis le dijeron “eres tú” y ahora ella, con su trabajo, está ayudando a cambiar la de miles de jóvenes.

La transición de Lola comenzó cuando apenas tenía nueve años, y reconoce haber sufrido la discriminación habitual que persigue a las niñas trans en nuestra sociedad. “Siempre he sido ‘la otra’, ‘la rara’... En mi clase de la universidad era ‘la trans’. El personaje me ha empoderado y me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”, sostiene, orgullosa de que el éxito nacional e internacional de Veneno, que ha logrado que iconos como el presentador y veterano transformista Ru Paul compartan su fascinación por la ficción, suponga un paso adelante en pedagogía y visibilidad. “Cristina es un referente de lucha, de fuerza, de carisma, pero sobre todo de cómo no podemos actuar como sociedad. Lo de La Veneno no se puede repetir, tenemos que darnos cuenta de que un niño necesita un entorno seguro por derecho, sin importar si tiene la suerte de tener buenos padres o no”.

Antes de copar portadas, protagonizar editoriales de moda y entregar galardones a grandes estrellas en mediáticas galas de premios, la canaria ya practicaba el activismo formando parte de diversas asociaciones y ofreciendo charlas sobre su experiencia. Dice desechar el papel de abanderada de la lucha trans –”es algo que tenemos que construir entre todas”–, pero abraza la responsabilidad pública que supone haberse convertido en un referente a raíz de su papel en la serie. “Me da un poco de miedo porque tengo 21 años y no quiero ser el foco de atención, pero lo acepto. Voy a luchar porque siempre lo he hecho, no porque sea famosa”. Una batalla que, en el caso del colectivo trans, se da por diferentes frentes, hasta dentro de una corriente del feminismo más radical y transexcluyente –bautizada como Terf por sus siglas en inglés– y que indigna a la actriz por su “falta de sororidad y empatía”. “Es una rueda de poder: como las mujeres siempre hemos estado por debajo de los hombres, ahora ellas quieren un colectivo inferior para sentirse más mujeres. Eso no es feminismo, sino un chiste barato”.

Mientras vislumbra cómo compaginar su recién estrenada faceta de intérprete y el último año de sus estudios de Psicología, Lola Rodríguez sigue labrándose un futuro en la industria. En el momento de nuestra charla, está grabando la nueva comedia de Fernando Colomo Poliamor para principiantes, y, aunque admite que la etiqueta de “actriz trans” la acompañará durante un tiempo, considera que conquistar espacios y mostrar el talento del colectivo es mucho más importante que pelear con una sociedad proclive a catalogar. “Soy trans como también tengo los ojos verdes, no es algo que me defina. Son experiencias que he tenido, soy muchas otras cosas. Pero, al fin y al cabo, lo importante es estar y que esa diferencia no sea un estigma, sino algo que nos enriquezca”, explica la canaria que, en cada una de sus palabras, manifiesta ese “romanticismo empedernido” que guía su futuro. “Soy muy optimista y creo que vamos a ir a mejor. Ya lo estoy viendo ahora. Solo pido que sigamos creando, teniendo espacios... Que sigamos luchando”.

#hemeroteca #libros #lgtbi | Valeria Vegas condensa en ‘Libérate' la cultura LGTBIQ+ que abrió camino en España

Valeria Vegas condensa en ‘Libérate' la cultura LGTBIQ+ que abrió camino en España.

Tras el fenómeno surgido por la serie que adapta su imperdible biografía de La Veneno, la escritora y periodista traza en este manual de consulta un colosal arco de personajes del cine, la música y el espectáculo de nuestro país que merecen ser recordados, dignificados o, simplemente, celebrados.
Mario Ximénez | Vogue, 2020-12-16
https://www.vogue.es/living/articulos/valeria-vegas-liberate-libro-veneno-lgtbi

En la última década, Valeria Vegas (Valencia, 1985) lleva inmersa en una misión que le ha quitado hasta el último aliento: contar las historias de aquellas personas relegadas históricamente a los márgenes. A los vértices sociales de lo corriente y lo ‘normal’ que tantas veces –y tantas más en un país como este– la sociedad ha rechazado en base a algo tan absurdo como el desconocimiento. Tras un debut bautizado ‘Grandes actrices del cine español’ (2015) donde desgranaba las biografías de idolátras intérpretes del celuloide patrio, su voz tomó fuerza con las memorias de Cristina Ortiz Rodríguez, La Veneno, que en 2020 han mutado de novela a serie de televisión –Javis mediante– hasta el punto de aparecer reflejada como la columna vertebral de la mujer trans más célebre de España. Y aún con la resaca de un fenómeno que ha probado las mieles de Estados Unidos –ahí están, desde la crítica de Vulture a la espléndida MJ Rodríguez, aplaudiendo feroces–, Vegas se ha atrevido con un coloso literario que ella misma define como un manual de consulta adaptado a gustos. Una suerte de ‘Rayuela’ a leer sin orden ni concierto que rinde un acto de justicia poética a los personajes, películas, canciones y lugares –físicos o emocionales– que abrieron camino a la cultura LGTBIQ+ en España. O como bien dice Lola Rodríguez (en el papel de Valeria en ‘Veneno’), la historia colectiva de “aquellas que caminaron para que hoy, nosotras, podamos correr”.

P. ¿De qué idea nace condensar en un libro la cultura LGTBIQ+ que abrió camino en España?

R. Siempre había querido crear o escribir una especie de abecedario de iconos queer de nuestro país, algo que rindiera tributo –e hiciera justicia– a muchísimos nombres que han existido antes de llegar adonde estamos. Cuando pensé por primera vez en escribir el libro, de hecho, la idea es que este se titulara ‘ABC Queer’, pero acabé dándome cuenta de que te hacía pensar en un diccionario más internacional y más amplio del que yo tenía en mente. Hay retales de aquí y allá, de cosas que ya había escrito y temáticas que ya había desarrollado, pero fue en junio cuando me lancé a investigar y recopilar todo lo que me faltaba, y estos seis meses he estado metida de lleno en ello. Hay gente que aún piensa que es poco tiempo pero ojo, que no he estado escribiendo novela. Eso sí, he estado bastantes horas sumergida como una loca en hemeroteca.

P. Algo que me parece importante resaltar del tomo es que se centra en personajes del espectáculo, por lo que hay, deliberadamente, ausencia de algunos nombres en ámbitos como el activismo o la literatura. ¿Qué propició que cercaras así la búsqueda?
R. Quería que fuera una suerte de manual de consulta, y que no tuviera que ser leído necesariamente desde la primera hasta la última página. Lo que me parece interesante del libro es que puedas abrirlo por el índice y ahí empiece tu propia lectura personal. Tú ves el listado de nombres y dices: ‘Uy, me apetece ver lo que ha puesto sobre Carla Antonelli’. Y un nombre del que muchos conocen su versión política y activista, pues descubres que encierra mucho más. Como, por ejemplo, espectáculos en la sala Ladies, que estaba al lado de Gran Vía, o películas como ‘Pepe, no me des tormento’ (José Mª Gutiérrez Santos, 1981) o ‘Corridas de alegría’ (Gonzalo García Pelayo, 1982). Y de repente te puedes ir a la ‘M’ para enterarte un poco de ‘Mi querida señorita’, la película de Jaime de Armiñán de 1972. Es un libro para ir saltándotelo, para ir picoteando a tu antojo.

P. Tal y como vemos en la serie ‘Veneno’, tu obra sobre Cristina Ortiz fue un esfuerzo colosal que, tras meses de buscar editorial y no dar con una que quisiera invertir, se acabó convirtiendo en un libro autoeditado. ¿Cómo ha funcionado la experiencia, en esta ocasión, junto a la editorial Dos Bigotes?
R. Pues afortunadamente, con una libertad absoluta. Creo recordar que, cuando firmamos por ‘Libérate’, me pidieron que el texto estuviera listo para principios de octubre, lo cual me vino muy bien porque me conozco y si no, lo habría ido retrasando. Pero lo cierto es que esa fecha límite me dio bastante ritmo para organizarme bien. Lo positivo es que ya tuviera cierta información por muchos de los personajes que aparecen, a quienes admiro profundamente, y en algunos casos era una cuestión de pura autorreferencia a artículos que he escrito estos años. Se me ocurren ejemplos como el del Gay Club de Madrid, del que hablé en la cadena SER con Macarena Berlín hace unos meses, o de Coccinelle, de la que escribí en ‘Vanity Fair’ en 2017.

P. Me contabas cómo habías descartado ese título de ‘ABC Queer’, y finalmente el tomo se titula ‘Libérate’. ¿Por qué esta palabra?
R. Porque me parece simple, sencillo y además apela directamente al lector. Es un guiño a la canción de Rafael Conde 'El Titi’, o al espectáculo de La Otxoa, una transformista de Bilbao que bautizó así su propio espectáculo en 1980. ‘Libérate’ puede hacer referencia a que lo hagas con tu condición sexual, tu identidad o cualquier otro aspecto. Mira que hay muchos himnos, como el ‘Noa Noa’, ‘La Noche Es Guy’ de Martirio, ‘A Quién Le Importa’, o incluso ‘Sobreviviré’. Pero me gustaba esa idea de que busques tu momento y te liberes, como reza la canción original.

P. En el libro figuran nombres como Alaska, Susana Estrada o Paco Clavel, más reconocibles en la retina colectiva, pero también personajes olvidados o relegados por una u otra circunstancia, como Paco España o Dolly Van Doll. ¿Cómo has equilibrado la selección para que no se decantara por la reivindicación de los segundos o la mera celebración de los primeros?
R. La verdad es que tuve que establecerme a mí misma un patrón desde el principio, porque sino iba a ser imposible abarcar todos los nombres que se merecen estar en un manual sobre referentes LGTBIQ+. Desde la primera reflexión, tuve claro que este libro no va de personas que son gais y lesbianas, porque, por ejemplo, un gran actor como podría ser Vicente Parra, que luego es sabido dentro de la industria que era homosexual, yo no tengo que ponerlo solo porque era homosexual, lo pondría en un libro de actores excelentes, pero no en este libro. ¿Por qué? Porque Vicente Parra, desgraciadamente, no se liberó, no habló abiertamente de eso. A diferencia de Antonio Amaya, de El Titi, de Miguel de Molina. Para mí un patrón es que la persona estuviera liberada, que se posicionase dentro de esa libertad sexual. Ahí te quitas a muchísima gente, igual que en las divas, por ejemplo. Dices: “¿y por qué Rocío Jurado y no Isabel Pantoja?” Porque Isabel Pantoja no se ha posicionado nunca pública ni activamente al respecto. El patrón era que la persona se posicionase en torno a condición o identidad y que un poco, abriese camino. Y obviamente, no todas las personas que están en el libro me gustan, hay gente de la que no soy admiradora.

P. En el libro vemos cómo hace 20 años, la figura musical más importante de este país, que era la folclórica, solía alabar y defender a la comunidad LGTB. Esa defensa, sin embargo, ha ido menguando con el tiempo en pos de posturas más políticamente correctas. ¿Por qué crees que ocurre así, teniendo en cuenta que pasamos de una etapa que priva la libertad a otra que la permite?
R. Creo que fundamentalmente las artistas de antes eran políticamente incorrectas con toda su mejor intención, sin ser conscientes de ello, y eso les permitía posicionarse, o incluso decir algo erróneamente y cometer fallos como cualquier ser humano. Y eso es lo que hoy hace que las veamos como más libres. Las artistas de ahora tienen miedo de hablar, de dar entrevistas, de mojarse en asuntos de sexo o de política, e incluso de cómo vestir, porque se sienten más juzgadas, y parece que sólo sea correcto seguir el modelo imperante.

P. También es importante la cuestión de la visibilidad. Muchas de las mujeres trans de los años 70 u 80 no eran activistas, ni defendían públicamente su lucha en los medios. Se me viene a la cabeza, por ejemplo, que en la placa dedicada a La Veneno en el Parque del Oeste no se apele a ella como un icono de la lucha LGTBIQ+, sino que la frase escrita sea: ‘Valiente mujer transexual visible en los 90’. De alguna manera, ser visible como mujer trans en esta época ya era una declaración en sí misma.
R. Exacto. He tenido ese debate con mujeres no solo con Cristina o con Bibiana Fernández, de las que muchas personas hoy no conocen su verdadera historia. Pero era clave incluirlas porque todas esas mujeres, hace 30 o 40 años, no hacían activismo, pero eran ellas mismas. Y ser ellas mismas, en ese momento, era un acto de valentía.

P. ¿Por qué crees que sigue habiendo ignorancia, en la juventud actual, de muchos de esos referentes?

R. Creo que ha habido mucho silencio, que afortunadamente tú o yo estamos convencidos y dedicados a romperlo. Y creo que es un silencio estrechamente relacionado a la vergüenza que nos caracteriza en este país. Es decir, nos viene muy bien que una ‘drag queen’ imite a Madonna, pero que un transformista imitase a Lola Flores nos parecía cutre. Y nos viene muy bien un ‘striptease’ de Dita Von Teese, que es divina, pero un ‘striptease’ de Yeda Brown, la vedette brasileña que se cita en el libro, era algo sonrojarte o mediocre. Y no era culpa de la vedette, es que la sala era cutre y la mentalidad del público lejana a su espectáculo. Ojalá hubiese tenido Yeda Brown la copa de Martini que tiene Dita Von Teese. Creo que ese es el complejo español que arrastramos. Creo que de ahí viene que las nuevas generaciones no se enteren de quien vino antes de todas nosotras: porque las anteriores tampoco lo valoraron, y jamás se lo inculcaron a las que venían después.

P. El punto de partida en la selección de ‘Libérate’ está en los finales de los años 60, con España sumergida aún en la dictadura franquista. ¿Por qué decides que empiece aquí?
R. Porque en estos años tiene lugar en la Gran Vía madrileña el estreno de una película, ‘Diferente’, que sortea los obstáculos de la censura y muestra algo que poco o nada tenía que ver con lo que ofrecía la gran pantalla en esa época. Digo sortea porque, veladamente, burla la censura y hace que los censores no sean conscientes de la historia real. Me parecía que un momento de germen para esa visibilidad de la que hablábamos antes. No he incluido, sin embargo, ‘No desearás al vecino del quinto’ (Tito Fernández, 1970) un film posterior en el que Alfredo Landa interpreta a un hombre que se hace pasar por gay para que los machotes llevaran a sus mujeres a vestirse al piso de arriba. ¿Por qué no está? Porque simplemente, esa película no estaba visibilizando a favor de nuestro colectivo. No era una cuestión de ser moralista en la selección, pero creo que debía primeramente poner en valor de forma positiva. Y hay muy pocos casos en la dictadura en los que la homosexualidad se visibilizase de alguna manera abierta. Miguel de Molina, que tuvo que exiliarse, por ejemplo. Y también decidí no incluir a literarios y dramaturgos, por la razón que te decía antes. Podría haber dedicado capítulos enteros a Federico García Lorca, Eduardo Mendicutti, Terenci Moix... pero tuve que cercarlo por algún vértice, y esos vértices fueron el cine, la música y el espectáculo.

P. Hablabas de visibilizar en positivo, y me viene a la cabeza el documental ‘Disclosure’ de Netflix, donde se ve perfectamente cómo el colectivo LGTBIQ+, en el cine, siempre ha estado ligado a conceptos terribles. De la asociación constante con el VIH, las hormonas o a trastornos mentales que suelen derivar en psico o sociopatía. Llevándolo al ámbito españoles, ¿qué directores españoles consideras que han hecho una labor por salir de esos lugares comunes?
R. Si tuviera que reducirlo a dos o tres, creo que por un lado estaría Eloy de la Iglesia, porque tocó temas que eran incómodos como el proxenetismo, los chulos, los chaperos, los urinarios… Tocaba un mundo gay, que, además, no iba solo enfocado al público LGTB: las películas de Eloy de la Iglesia las veía todo el mundo. También ‘El Pico’ o ‘Navajeros’, donde también hay todo el rato ese homoerotismo de los chicos en los billares. Lo estaba poniendo muy de frente porque era su mundo. Y hablando del cine marginal, lo veía el gran público. También, por descontado, Pedro Almodóvar. Si vuelves a ver ‘La ley del deseo’ es muy probable que pienses: ‘Qué manera tan natural de abordar el sexo entre dos hombres. ‘Amantes’ (Vicente Aranda, 1991) que es una película maravillosa que está llena de sexo entre Victoria, Maribel y Jorge Sanz, y lo vemos como tiene que ser, con ese naturalismo. Pues Almodóvar hizo lo mismo con ‘La ley del deseo’, pero seis años antes. No existe ninguna película que previamente hubiese hecho algo parecido; las de Eloy de la Iglesia no contienen ese sexo tan explícito.

P. Otro nombre que aparece en el libro, y que con el anuncio de la llegada de ‘RuPaul’s Drag Race’ a España ha vuelto a sonar como posible candidata a presentar el formato, es Deborah Ombres.

R. Era obligatoria esa referencia, sí. La figura de Deborah Ombres se ha reafirmado aún más con el paso del tiempo. Al final tenía un programa propio en MTV España y aunque el fenómeno duró solo unos años, para una generación entera fue el referente más cercano. Y lo mismo ocurría con alguien como Falete. Creo que nos hemos ido olvidando, pero hace 16 años cuando su nombre comenzó a sonar y su rostro comenzó a aparecer en televisión, el murmullo siempre era: ‘¿Es hombre?’ ‘¿Es mujer?’. Todas las entrevistas que se le hicieron en esa década de los 2000 tenían una pregunta que giraba en torno a su identidad, a tener que sentirse una cosa u otra. Simplemente por morbo o curiosidad. Casi inconscientemente, lo que Falete estaba haciendo era romper con el género binario en un país bien distinto al de hoy.
 
P. El papel de los medios de comunicación también es esencial como motor de cambio y de conciencia social. ¿Crees que a este agente también le quedan tareas pendientes en su labor?
R. Sí, la información es clave y los medios no siempre se han comprometido con la causa. Creo que sobre todo queda mostrar pluralidad, porque la visibilidad ya está ahí desde hace mucho tiempo. De hecho casi todas las personas que salen en el libro fueron visibles en algún momento dado, pero lo que le ha faltado sobre todo a la televisión, y también al cine, es mostrar diversidad dentro de la propia diversidad.

P. ¿Cuándo empezaste a escribir, y por qué crees que lo hiciste?
R. De manera profesional, hace seis años. Pero es algo que siempre he hecho por gusto, de empezar a escribir con 15 años lo que podía haber sido una novela y de pronto dejarlo cuando llevaba cuarenta páginas. Así, muy a menudo. Incluso Alaska, hace poco, me recordó que todavía conserva una especie de libritos, que eran simplemente unos folios impresos y encuadernados en anillas, en los que hablaba sobre artistas y películas y luego le enviaba un ejemplar, por su afinidad con el tema en cuestión. De esto hace ya casi quince años, y aquellos escritos obviamente no iban a ningún lado, pero ya me daba por reivindicar y ponerme ensayística.

P. Empezaste escribiendo ‘Grandes actrices del cine español’ (2015), después vino ‘¡Digo! Ni puta ni santa. Las memorias de La Veneno’ (2016), ‘Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición española’ (2019) y hemos aterrizado en ‘Libérate’. Curiosamente, prácticamente todas las personas de las que has escrito en esos libros aparecen ahora reflejadas en este libro. ¿No es cerrar, de alguna manera, el círculo?
R. Claro. En este libro, por ejemplo, salen esas mujeres, que también salían en el de las actrices, como Esperanza Roy, Sara Montiel… A la vez, vuelve a salir La Veneno porque, fíjate que yo pensaba no iba a poner la Veneno porque ya hice un libro, pero luego lo pensé y dije: ‘Tú olvídate de que has hecho ese libro’. Si yo tengo que ser objetiva, como bien pone en la placa, fue visible en los años 90. Por eso Estados Unidos está alucinando con ella: a esta mujer la cogieron de un parque, se fue a una especie de ‘reality’ y contaba que la maltrataban en su pueblo. Eso era visibilizar en los 90, más allá de que ella lo contara con un falso Versace y con el pecho medio fuera. Dejando mi primer libro a un lado, creo que este libro cierra una trilogía: ‘Veneno’, ‘Vestidas de azul’ y ‘Libérate’.

P. ¿Qué te ha sorprendido más del fenómeno que se ha formado en torno a la serie?
R. Me ha sorprendido la implicación de todos, que hoy en día los políticos se acuerden de la placa. Hace cinco años, dignificar a La Veneno era simplemente impensable. Y por supuesto, la reacción de personajes internacionales como Janet Mock, las actrices de Pose o RuPaul, que están fascinadas. Me alucina porque no tendrían que rendir pleitesía a un país que la mayoría no sabrían ni ubicar en un mapamundi. Que estén hablando de una serie de otro continente, y concretamente de España con ese cariño y aprecio, y de una historia que no la viven con la misma pasión que la vivimos aquí… es mágico.

P. Hace unas semanas leí que no habías sido capaz de ver la serie completa, por la implicación emocional que implica. ¿Has conseguido hacerlo finalmente?
R. Llegué a ver el capítulo siete hace poco, pero con el octavo no he podido todavía. Sé de qué va porque leí el guion en su día, y por eso mismo he tenido tanto recelo a verlo. Pero creo que ahora estoy preparada. Con los otros capítulos te juro que sentí un profundo pudor. Creo que soy una persona que tiene el ego muy controlado, podría estar meses en los que no subo fotos mías y apenas sé manejar filtros. Y esto, en cambio, era darme de bruces conmigo misma. Solo escuchar a Paca [La Piraña] diciendo: ‘¡Ven aquí, Valeriana!’ Ya me daba escalofríos, por la intimidad del asunto. Y si con la última media hora de la serie lloré como loca leyendo el guion, no quiero ni pensar cómo será el día que la vea. No solo por la llorera, sino porque no puedo evitar pensar qué habría sido de Cristina si aún estuviera aquí.