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lunes, 31 de octubre de 2016

#hemeroteca #lamovida | "La Movida fue disfrazar de David Bowie a los enanitos toreros"

Imagen: El País
"La Movida fue disfrazar de David Bowie a los enanitos toreros".
Entrevistamos al periodista y escritor José Luis Moreno-Ruiz, autor de 'La Movida Modernosa. Crónica de una imbecilidad política'. Y nos derriba varios mitos sobre ella: "cuando veía a Ramoncín, yo decía que quería ser como Milikito".
Sergio C. Fanjul | Tentaciones, El País, 2016-10-31
http://elpais.com/elpais/2016/10/27/tentaciones/1477584937_127584.html

La Movida madrileña ya es casi un misterioso objeto de estudio del que se ha dicho de todo, especialmente ahora que se cuestiona con frecuencia todo lo sucedido antes, durante y después de la Transición. El relato oficial es el de la explosión creativa que vino abrir las mentes españolas tras el gris franquista, la nueva ola española. Otros la critican por su falsedad, por su irrelevancia, por su superficialidad o por su pijismo; últimamente, a raíz de la novela de Chimo Bayo, también se señala el agravio comparativo con la Ruta del Bakalao valenciana, que, muy lejos de ser apoyada por las autoridades, como La Movida, fue perseguida como un problema de orden público: la modernidad de clase alta contra la modernidad de la clase trabajadora.

José Luis Moreno-Ruiz (Santander, 1953) se une al debate con ‘La Movida Modernosa. Crónica de una imbecilidad política’ (La Felguera Editores / Beat Generation Libros), en el que con verbo ácido y florido desmonta desde el recuerdo personal un movimiento cultural que considera inane y promovido desde el poder. Moreno-Ruiz era entonces anarquista de la CNT y trabajaba en Radio 3 (dirigió y presentó el programa ‘Rosa de Sanatorio’), ha sido jefe de edición de ‘Interviú’, colaborador de ‘Ajoblanco’ o ‘El Viejo Topo’ y ganado un premio Ondas. Es autor de varias novelas y libros de relatos y ha grabado discos con Javier Corcobado. La ilustración de cubierta, de Mario Rivière, muestra a un personaje que, como muchos otros de aquella época, sigue teniendo su peso: Felipe González. Eso sí, con una colorida estrella muy pop maquillada sobre la cara.

¿Qué fue La Movida?
Yo diría que La Movida fue disfrazar de David Bowie a los enanitos toreros.

¿Y qué más?
También fue una especie de reformatorio para acabar con la efervescencia que realmente existía previamente. La Transición se le había ido de la mano en muchas partes de España. Primero, el golpe de Estado fue un aviso y luego surgió La Movida, un corral de paniaguados, para convertir a España en un país moderno.

Dentro del nutrido ámbito de crítica a La Movida, también hay sectores que dicen que ni siquiera existió.
Existió la imagen de marca, existió la intención política, pero lo cierto es que no fue nada serio, nada importante. Para los que entonces ya éramos un poco mayores lo divertido era ir a las fiestas. Mi compañero en la radio Fernando Poblet decía: "Lo mejor de esto es que te puedes tirar a una famosilla por hacerle una entrevista". Pero la gente que hacía entonces cosas importantes ya venía de antes y las siguió haciendo después. ¿Qué ha quedado de aquella pintura (‘Ceesepe’, ‘El Hortelano’, ‘Costus’, etc.), cuando hablaban de Madrid como si fuera la cuna de los prerrafaelitas? Y en literatura no hubo nada.

¿Cómo se promovió desde el poder?
Lo de las subvenciones era tremendo. Es ahí donde empieza todo esto que luego fue una lacra. Había grupos muy apoyados, que estaban en todas las verbenas y fiestas municipales. Se utilizaba mucho dinero en subvencionar chorradas de las que se beneficiaban cuatro, como el caso de la revista ‘Poesía’, del ministerio de Cultura. Cesaron a Semprún como ministro de Cultura porque quería meter mano en el cine y se enfrentó directamente con Pilar Miró. Al mismo tiempo que se nos hablaba de Europa se reivindicaba el nacionalismo español más cutre: los toros, el peor flamenquito, etc. Los músicos se gastaban 250.000 pesetas de juerga tras los conciertos, total, pagaba el Ayuntamiento... Los ‘indies’ también lo hicieron después, pero sin dinero público.

¿Qué hacías tú en aquella época?
Estaba en Radio 3. Nos pidieron que hiciéramos algo rupturista, pero en cuánto empezamos a romper, empezaron también los palos. Con la UCD, que la creó, era mejor, había programas inusitados porque necesitaban hacerse los modernos. El PSOE, desde el 82, empezó a controlarlo todo.

¿Qué opinión te merece Tierno Galván, considerado casi un santo por lo civil?
Era un simulador. Se tuvo que fusionar con el PSOE porque su partido no iba a ninguna parte. Lo llamaban intelectual porque era profesor y sabía latín, y, en efecto, era más listo que muchos del PSOE y más culto y curtido. Pero no era para tanto.

Se le ha comparado con Manuela Carmena.
Tierno tenía más presencia escénica, mejor verbo, y había leído un poco más. Supo aprovechar todo aquello. Veías no solo al pijerío de La Movida, sino a cierto lumpen que lo aprobada. Tierno dijo aquello de "rockeros, al loro, y quien no esté colocado que se coloque". Esa demagogia, mientras España se llenaba de salas rocieras.

¿Qué pasaba en los barrios?
La Movida transcurría más bien en el centro. Desde mucho antes en los barrios ya había otra historia, el rock urbano, Rosendo, Leño, Burning. Luego han querido asociar a Burning a La Movida, parece un chiste, cuando ya estaban antes y no entraron en ese juego. En lugares como Vallecas había una efervescencia muy interesante.

¿Qué salvarías de La Movida?
Al socaire de La Movida aparecieron en Vigo Siniestro Total, que tenían canciones como la de ‘Ayatollah’ que hoy no pondrían en la radio. También Antón Reixa y Os Resentíos. Derribos Arias son, con mucho, el mejor grupo de aquellos días, original, que rompía la lírica... Parálisis Permanente o Los Desechables. También artistas como Corcobado, Ana Curra o Alberto García-Alix, gente con fundamento y sustancia.

¿Y quién no salvarías?
Cosas como Nacha Pop. O Alaska. Algunos de La Movida siempre fueron más bien artistas de la tele, como se ha comprobado con el tiempo. Cuando veía a Ramoncín, yo decía que quería ser como Milikito, y mira cómo terminó, presentando concursos. Son una manifestación más del ‘show business’, pero pretenderse vanguardia, como Mario Vaquerizo... Ha habido personajes parecidos y más divertidos, como el travesti Ocaña, habitual de Las Ramblas, que además fue un revulsivo social.

Dices que La Movida en el exterior se veía como turismo de borrachera.
Era tremendo: veías revistas alemanas u holandesas, en las que se decía que España era barata, había fiesta, y podías follarte a muchachos o a muchachas si los invitas a drogas. Luego había otros más integristas, gringos que venían por aquí a aprender a tocar flamenco, y se lo tomaban en serio. Había uno que se llamaba el Pollito de California, que era muy malo.

¿Cómo ves Madrid ahora?
Muy aburrido, muy sucio, muy feo. Pero a lo mejor es que me estoy haciendo mayor, mi hija de 27 años dice que se lo pasa muy bien. Yo veo un ambiente raro, una violencia muy contenida. Hay gente muy plasta, muy pesada, y en cualquier sitio por ahí puede formarse una pelea. Pero recuerdo que los mayores en mi época también se quejaban, así que no quiero caer en eso.

En el libro te muestras muy duro con todo este asunto, con un tono nada amable.
Bueno, es que hoy en día hay mucha corrección política. Y eso a mí me da igual. Yo me lo paso por el forro.

domingo, 23 de octubre de 2016

#hemeroteca #memoria | Orgías y censura: por qué la movida madrileña ganó a la ruta del bakalao

Imagen: El Español / Chimo Bayo

Orgías y censura: por qué la movida madrileña ganó a la ruta del bakalao.
Varios libros buscan los motivos por los que la movida se celebró en medios de comunicación mientras que la ruta fue denostada. El primer fenómeno se entendió como algo cultural y el segundo más bien como una anomalía.
Lucía Lijtmaer | El Español, 2016-10-23
http://www.elespanol.com/cultura/musica/20161021/164734301_0.html

José Luis Moreno-Ruiz publica ‘La movida modernosa. Crónica de una imbecilidad política’ (La Felguera), sobre la movida madrileña. Chimo Bayo la novela ‘No iba a salir y me lié’ (Roca editorial), basada en su propia experiencia como cara visible de lo que fue conocido como la Ruta del Bakalao. El primer fenómeno fue entendido como una explosión cultural que situó a España en el mundo en plena Transición. El segundo, una anomalía en el apartado de “sociedad”, jamás cultura. ¿Por qué la movida se celebró en medios de comunicación, museos y libros, mientras que la ruta fue carne de documental televisivo?

Una cuestión política
José Luis Moreno-Ruiz argumenta en ‘La movida modernosa’ que la movida fue puro oportunismo político socialista, y que se fomentó un espacio acrítico -dejando de lado a todos aquellos artistas que cuestionaron y por tanto quedaron en la marginalidad. “No es casual que los únicos artistas que realmente triunfaran incluso en el arte fueran pop, puro vacío en esa cohabitación entre ‘The Velvet Underground’ y la bolerización de la flamenquería”, argumenta. En cambio, “la Ruta se les fue de las manos y no la pudieron controlar como la movida, que en realidad fue un supositorio del Capitán Garfio para un montón de peter panes rupturistas”, dice.

Moreno-Ruiz aduce también a lo que él define como una “censura mediática” impuesta por el primer gobierno socialista. Las directrices en Radio 3, dónde él trabajaba, eran claras: “si no pinchabas algo de la movida no eras moderno. Se vetaba el rock radical vasco, la música catalana que apuntara a algún tipo de cambio o de disidencia política”. En ese sentido, la movida fue sedante políticamente.

La ruta es definida por todos los que la vivieron como inabarcable. Chimo Bayo, su máximo estandarte, recuerda: “se movían hasta 35.000 personas cada fin de semana, esa era su importancia. Nada en contra de la movida, yo siempre la he respetado, cualquiera que mueva cultura en este país tiene que tener muchos cojones. Pero lo que ocurrió en Valencia no ocurrió en Madrid.”

Moreno-Ruiz apunta hacia el mismo lugar: “la ruta se les fue de las manos y nadie la pudo controlar. Especialmente con el tema de las drogas”. Bayo, creador del himno “Así me gusta a mí” cuyo estribillo animaba a gritar “Exta sí, Exta No” lo define de la misma manera: “Nosotros fuimos demasiado, era pura libertad. Y ansiábamos la búsqueda del placer, te diría que casi el placer nihilista. Éramos hedonistas”.

El parlamentario de la Comunidad de Madrid e investigador Isidro López -coautor junto a Roberto Herreros de ‘El estado de las cosas de Kortatu’ (Lengua de Trapo)- se resiste a encontrar una trascendencia explícitamente política a la Ruta: “fue radical culturalmente, no creo que tanto políticamente, a menos que hablemos en términos de sociabilidad y en temas de género, dónde para las mujeres las discotecas dejaron de ser un espacio de asalto”, argumenta. “Sus homólogos en el Reino Unido y Alemania sí tuvieron un componente de autoorganización y autogestión mucho más relevante”.

Una lógica de clase
Si algo caracterizó a ambos movimientos fue la barrera de clase. Que una gran parte de los grupos de la movida eran de clase media-alta está ampliamente documentado. Isidro López apunta que “la movida fue algo de punkitos de clase media alta que vino muy bien para vender una renovación de imagen de Madrid, pero que en realidad fue algo muy controlado y restringido. El verdadero bofetón cultural fue la ruta”.

José Luis Moreno-Ruiz añade en la movida una fascinación erótica por el extrarradio: “por supuesto, la movida era pija. Era tremendo ver cómo se llevaban a gente marginal a sus fiestas, orgías incluidas. Era normal ir a buscar a gente a los supermercados de la droga para que amenizaran sus reuniones, algo lastimoso”.

El bakalao, en cambio, pese a ser muy variado en su composición social, se estigmatizó como “de catetos ignorantes, aunque no tanto como se dice”, explica López. “Las reticencias tenían que ver mucho más con la peligrosidad que se les atribuía a los eventos”. Chimo Bayo confirma que las multitudes eran heterogéneas: “Allí había de todo. Abogados, arquitectos, mecánicos y recogedores de basura”.

Una narración mediática
La Movida resistió como relato mediático incluso mucho después de los ochenta. Lo que se explicó como el triunfo cultural de la Transición española ha devenido mito, como sus integrantes. “La revisión de la movida ha sido un gran negocio y ha tenido mucho rendimiento económico para mucha gente. Fíjate en Almodóvar, presentándose como 'Emperador de la Movida' en el Baile de la Rosa en Mónaco, el culmen de un despropósito”, explica Moreno-Ruiz.

En cambio, la Ruta, despreciada en su momento, recupera en documentales y libros un espacio que le negaron los medios. “Que la Ruta fue pionera, como lo fue el verano del amor [la eclosión de la cultura rave entre 1988 y 1989] en el Reino Unido fue evidente desde el principio”, explica López. “Pero de la misma manera, por incomprensión y temor a lo desconocido, se hablaba de ella desde la peligrosidad: accidentes de coche, excesos con las drogas...el relato era de los que estaban fuera, intentando relatar algo que pasaba dentro y de lo que no formaron parte”.

lunes, 10 de octubre de 2016

#libros #lamovida | La Movida modernosa : crónica de una imbecilidad política

La Movida modernosa : crónica de una imbecilidad política / José Luis Moreno-Ruiz ; prólogo de Javier Corcobado.
Madrid : La Felguera, 2016 [10-10]
216 p.
Colección: Narrativas del Desorden
ISBN 9788494420894 / 16 €

/ ES / ENS
/ Crónicas / Cultura / Historia – Siglo XX / La Movida / Música / Política / Testimonios / Transición

La crónica más cruda, divertida, políticamente incorrecta y descarnada de una época, los llamados años de «La Movida» y los primeros años del gobierno del PSOE. Prologado por Javier Corcobado, es un libro incómodo escrito por una voz con autoridad para revisitar lugares y personajes del mundo del arte, el pop, la política, la literatura, el cine, los medios de comunicación y decir lo que hasta la fecha muy pocos se han atrevido: que aquello fue un invento subvencionado que dio alas a una generación de artistas en su mayoría mediocres, una lamentable expresión de arribismo y miserabilidad genuinamente «progre», la falsificación de la memoria histórica y el compadreo con el antiguo régimen, el esnobismo sonrojante. Este es un ajuste de cuentas con un país que marchaba de celebración en celebración mientras dejaba en la cuneta a una generación marcada por la heroína, el sida o el paro.

José Luis Moreno-Ruiz (1953) es autor de más de una treintena de traducciones y ha publicado igualmente novelas y volúmenes de relatos. Periodista de larga trayectoria, colaboró en publicaciones ya históricas como ‘Ajoblanco’ y ‘El Viejo Topo’, entre otras, así como en una buena cantidad de periódicos y revistas. Sin embargo, es más conocido por haber dirigido y presentado en Radio 3 (RNE) el programa ‘Rosa de Sanatorio’, de cuyas vicisitudes se habla en este libro, y por sus años en el semanario ‘Interviú’, del que fue jefe de edición.