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sábado, 24 de mayo de 2025

#hemeroteca #iglesia #mujeres | El lugar "subalterno" e "invisible" de las mujeres en la Iglesia: "No vamos a seguir calladas"

Montserrat Escribano, presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas //

El lugar "subalterno" e "invisible" de las mujeres en la Iglesia: "No vamos a seguir calladas"

"Es necesario que toda la Iglesia cambie, no solo las jerarquías", afirma la Asociación de Teólogas.
Raúl Bocanegra | Público, 2025-05-24
https://www.publico.es/sociedad/lugar-subalterno-e-invisible-mujeres-iglesia-seguir-calladas.html 

Los techos de cristal para la mujer en la Iglesia católica podrían estar hechos perfectamente de un material más resistente, por ejemplo, de mármol, como el que se ha utilizado históricamente para algunas de las emblemáticas estatuas que adornan la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. La situación de la mujer dentro de la institución es hoy completamente "subalterna", expone a Público Margarita Pintos de Cea-Naharro, teóloga feminista.

"Las mujeres ocupan un lugar subalterno, invisible. No toman decisiones a ningún nivel. Ni eligen al párroco ni [son escuchadas] sobre cuestiones teológicas ni sobre leyes morales que afectan a su cuerpo. Por tanto, no son sujetos teológicos ni legales: no toman ningún tipo de decisión", expone Pintos.

La teóloga pone un ejemplo muy gráfico al respecto. En el cónclave, 100% masculino, que eligió al nuevo papa, León XIV, la teóloga cree que quienes "hacían la comida y lavaban la ropa" a los cardenales, eran "mayoritariamente" mujeres que estaban "trabajando para esos hombres". "Ese es un elemento muy claro de cómo la Iglesia utiliza a las mujeres. Trabajan para ellos y además las invisibilizan", reflexiona.

El catolicismo tiene en España una base social compuesta mayoritariamente de mujeres. El 64,3% de las mujeres se declaran religiosas —un 33,9% afirma no ser una persona religiosa— por un 53,4% de los hombres —el 44,4% dice no ser religioso—.

"El porcentaje de mujeres que se consideran religiosas es notablemente más alto que de hombres para todos los grupos de edad. Las mayores diferencias entre los sexos se dan en el ateísmo, con mayor representación de los hombres, y, en el grupo de los que son considerados practicantes del catolicismo, con mayor presencia de mujeres", recoge la Fundació Ferrer i Guàrdia, en su último informe llamado ‘Laicidad en cifras 2025’.

Las mujeres no pintan hoy apenas nada en la jerarquía y la toma de decisiones es cosa de hombres. Para la filósofa y teóloga Montserrat Escribano, presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas, es necesaria "una Iglesia que no vaya ligada siempre a varones y a varones ordenados".

"Es necesario —añade Escribano, en conversación con Público— que toda la Iglesia cambie, no solo las jerarquías, que es lo evidente. Si queremos tener una Iglesia que sea mucho más representativa, no se pueden seguir estableciendo esas separaciones en cuanto a toma de decisiones y de entender la propia religiosidad".

"Debemos caminar hacia una total representatividad dentro de la Iglesia, los derechos eclesiales no están conseguidos. En el último de los sínodos, ha sido la primera vez que las mujeres han podido votar. Estamos en 2025 y debería ser una cuestión habitual que en cualquier lugar que la Iglesia tome una decisión importante, debe haber mujeres", agrega Escribano.

Durante el pontificado de Francisco, se produjeron algunos gestos, pero claramente "insuficientes", a juicio de Escribano. "Planteó cambios muy significativos por su propia manera de ser, pero también porque él era un hombre acostumbrado a trabajar con mujeres. Eso hizo que tuviera una relación distinta con las mujeres y puso mujeres en lugares más destacados de la jerarquía vaticana".

Escribano señala a Público que el nuevo papa, León XIV, va a seguir los pasos de Francisco en una cuestión que considera relevante: "La Iglesia ha heredado algo que Francisco puso sobre la mesa, la Iglesia sinodal, esto es, todas las personas tenemos que ser escuchadas, tenemos la capacidad de iniciar un diálogo y de abordar las cuestiones que sean necesarias. Es una gran revolución si nos lo tomamos de verdad en serio".

"No es únicamente —abunda— que tengamos que conseguir determinadas cuestiones, desde perspectivas feministas, sino cómo caminar de un modo sinodal sobre esas cuestiones, que nos mueven a muchas personas. Si en el feminismo social ya es complicado, también lo va a ser dentro de la Iglesia".

Derechos de la mujer
"El papel de la mujer en la Iglesia debe ser el que ella quiera. No tenemos que esperar a que nos digan: ‘Ya puede ordenarse’", afirma Pintos. "Las mujeres —remacha Escribano— estamos en otros espacios ya. Si no tenemos espacios, veremos qué es lo que sucede. No estamos dispuestas a seguir callando. Hay una afirmación de San Pablo, que ha tenido mucho éxito: que las mujeres en la Iglesia callen. Pues ya no estamos dispuestas a seguir [así]. Está sacada de contexto, no lo justifico para nada, se ha utilizado esa afirmación paulina como [argumento de autoridad], pero las mujeres no estamos dispuestas a callar".

Hay debates hoy, como el del aborto, que en la Iglesia están prácticamente cerrados en una dirección que afecta directamente a los derechos de las mujeres. "Quiero que mi manera de hacer teología influya y si hablo sobre el aborto, no me silencie. Eso, la visión sobre el aborto, forma parte de la doctrina del derecho canónico. La única manera de cambiar eso o por lo menos quitarlo es en un concilio", argumenta Pintos.

"Es un tema muy complicado de abordar, porque [la jerarquía] mantiene una postura de que el aborto es algo no deseado", expone Escribano. "En el mundo en que vivimos —reflexiona— es necesario atender al propio hecho del aborto y abordar las razones que transitan hacia esas opciones, atender a las razones sociales, cómo vivimos en este sistema que mata la vida. Si mata la vida, significa también que muchas mujeres no tienen espacio, ni un trabajo decente, ni viviendas. Las mujeres son las que están también en espacios de trata, de prostitución, habitan entornos muy complicados. Tiene que haber un debate mucho más profundo".

"Aborto, sí, aborto, no, es una simpleza. [Ahí tenemos] el propio hecho de las maternidades. No es lo mismo la maternidad en algunos espacios de Europa que en Uganda, con la guerra o en la Franja de Gaza. La Iglesia es universal y también tiene que ver diferentes formas de comprensión acerca de todas", señala Escribano.

En los últimos tiempos han surgido movimientos, aún incipientes, y que tienen que coger vuelo, como la Revuelta de Mujeres en la Iglesia. "Teniendo ese papel subalterno que quieren dar a las mujeres desde la cúpula de la Iglesia, hay toda una corriente subterránea que trabaja y hace sus cosas a nivel internacional y esto en algún momento va a emerger, primero porque no va a haber sacerdotes", expone Pintos. En efecto, en el seminario hay ahora menos de mil, según los datos de la Conferencia Episcopal, y la Iglesia católica está en un proceso, sostenido en el tiempo de pérdida de efectivos.

"La revolución se hace desde abajo, No creo en una Iglesia piramidal, en una Iglesia de varones o mujeres debidamente ordenados. Creo en una comunidad de personas seguidoras de Jesús que organizan su manera de vivir en torno al evangelio. Es una visión personal, muy en consonancia de comunidades de base", afirma Pintos.

"La revuelta —analiza Escribano— se establece de una manera muy asamblearia y tiene conexiones con grupos europeos y se van haciendo en cada ciudad. Somos Iglesia y queremos aportar otro tipo de espacios y formas. Se reivindica también eso, la falta de acceso a todos los sacramentos a los que pueden acceder los varones. Por primera vez, las mujeres están movilizándose y eso hace que ellos también se tengan que movilizar. Y no es siempre de arriba para abajo: creemos en esos movimientos asamblearios, una manera sinodal de poder hacer las cosas".

El patriarcado en la Iglesia católica tiene hondas y profundas raíces, en parte relacionadas con la representación de la divinidad como un hombre. "No siempre dios ha sido varón", zanja Pintos. "Desde el Antiguo Testamento, hay distintos nombres de dios, que dependen mucho del momento histórico en el que se escribe el texto y por eso varía el nombre de dios". Luego, cita a Mary Daly, filósofa feminista y teóloga, que ya discutió estos planteamientos machistas y patriarcales y ya planteó la idea a combatir de que "si dios es varón, el varón es dios".

Otras maneras de pensar se van abriendo paso: "La teología feminista le ha dado la vuelta [a esa representación de dios como hombre] y se ha puesto en evidencia que sea la mayoritaria o la única. Se ha tratado de entender por qué ha sido así: respondía a patrones culturales y formas androcéntricas. Las mujeres teólogas producen teologías distintas. También tiene que ver cómo se han entendido los textos, se ha hecho una interpretación muy sesgada sin tener en cuenta ningún criterio de género", afirma Escribano.

"Esto pasa —agrega Escribano— en el mundo artístico y también pasa de igual manera en el mundo litúrgico. Lo hemos visto incluso en las celebraciones, en el entierro cómo se ha acompañado al cuerpo de Francisco, cómo ha sido la misa de inicio del pontificado de León XIV, las mujeres solo acompañan, no están al mismo nivel ni en el mismo espacio litúrgico".

Lucha contra la cultura patriarcal
Hay una cuestión que emerge, a la vista de la evidente discriminación: ¿Tiene el Estado algo que decir, algo que legislar, habida cuenta de que la Iglesia católica es una institución que, en parte, se financia cada año con impuestos? Entre las juristas se ha planteado, en efecto, el debate.

Así lo plantea, por ejemplo, la profesora María José Guzmán Parejo, en un trabajo —publicado en la revista de Derecho de la UNED—titulado ‘¿Mujer, pluralismo religioso e igualdad de género?: desafío jurídico en el siglo XXI en España’: "Los conflictos entre las religiones y los derechos de las mujeres no son recientes. Es más, la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres es, en sí misma, una lucha en contra de la cultura patriarcal que domina todas las sociedades y la mayor parte de las religiones del mundo y es por ello que las contradicciones entre lo que se observa en las prácticas religiosas y los reclamos por los derechos de las mujeres han sido, son y seguirán siendo una constante".

Sin embargo, hoy, "la mayoría considera que, como regla general, el Estado habida cuenta la autonomía institucional de la Iglesia católica, no puede inmiscuirse en la infraestructura y gestión de esta sobre el acceso de la mujer a cargos eclesiásticos en condiciones de igualdad al hombre, y por tanto no están obligadas a organizarse de modo democrático salvo, y de ahí viene la excepción, que por ‘una necesidad social imperiosa’, el Estado debiera revertir esa situación. En esa reversión excepcional se sitúan quienes pretenden una modificación legislativa que evite prácticas discriminatorias, y en ese deseado marco normativo debe reconocerse, respetar y proteger la dignidad de la mujer". Así lo recoge la misma Guzmán Parejo, citando a la profesora de Derecho Eclesiástico del Estado, Paz Fernández-Rivera González en otro estudio, posterior, este llamado ‘La mujer y su posible discriminación en el contexto de la diversidad religiosa del postsecularismo español desde el punto de vista jurídico’ y publicado en la revista de Ciencias de las religiones de la Complutense.

sábado, 8 de marzo de 2025

#hemeroteca #feminismo #terfas #transfobia | Barcelona celebra por primera vez el 8M con dos manifestaciones separadas

La manifestación feminista del 8M, en la Gran Via de Barcelona //

Barcelona celebra por primera vez el 8M con dos manifestaciones separadas

El auge de la ultraderecha y el retroceso de derechos marca los discursos de las políticas catalanas en la marcha principal
Sergi Llanas | El País, 2025-03-08
https://elpais.com/espana/catalunya/2025-03-08/barcelona-celebra-por-primera-vez-el-8m-con-dos-manifestaciones-separadas.html

El centro de Barcelona ha asistido por primera vez en el 8M, Día de la Mujer, a la convocatoria de dos manifestaciones feministas, ambas con recorridos en paralelo. La más masiva, convocada como es habitual por la Asamblea 8M, se ha centrado en los cuidados y ha salido de la plaza de la Universidad para recorrer Gran Via, paseo de Gràcia y Ronda Sant Pere, hasta Arc de Triomf. La segunda manifestación, convocada por el Moviment Feminista, ha salido de plaza de Cataluña, ha bajado Via Laietana y ha acabado en la plaza de Sant Jaume, un recorrido alternativo en con el que las feministas abolicionistas de la prostitución y contrarias a los derechos de las personas trans se han desmarcado de la convocatoria oficial, como ocurre en Madrid desde hace cuatro años. Después de un viernes y una noche tormentosas, la lluvia ha dado este sábado por la tarde una tregua a las marchas. La Guardia Urbana ha cifrado en 25.000 personas la asistencia a la marcha principal y en 400 la alternativa.

En la protesta principal, ‘castelleres’, tambores y bengalas moradas han abierto la manifestación feminista. La cabecera de la Asamblea 8M ha iniciado la marcha con la pancarta en la que se lee: “Los cuidados sostienen la vida. Exigimos derechos y corresponsabilidad para vivir con justicia y libertad”. Antes de iniciar el recorrido, las manifestantes se han tapado la boca con mascarillas durante un minuto de silencio por la “muerte” de los derechos de las mujeres afganas. Joana Amat, portavoz de la organización, ha protagonizado una actuación para denunciar la falta de derechos de las mujeres en el país asiático. “La ley del silencio es la política de los talibanes”, ha afirmado. La marcha ha sido festiva y familiar con más familias de lo habitual, porque al ser en sábado la logística es menos compleja. Y han abundado las pancartas caseras, con lemas como “Te cansas de oírlo, nosotras de vivirlo”, “Ni de rosa, ni de azul, nos vestimos de lucha cada día” o “La de al lado es compañera, no tu competencia”.

Media hora después, el bloque convocado por el Moviment Feminista empezaba su concentración. Desde la plaza de Catalunya, manifestantes con máscaras e indumentaria blanca han iniciado el paso hasta la plaza de Sant Jaume. El lema de la manifestación sostiene que la prostitución es violencia y las manifestantes han lanzado consignas sobre la prohibición total de la pornografía. También han lanzado mensajes como “las mujeres no tenemos pene” o “ser mujer no es un sentimiento”. Un pequeño grupo de activistas por los derechos trans ha caminado al lado del colectivo abolicionista mostrando pancartas llamando a la solidaridad con las trabajadoras sexuales. La escena ha sido seguida de cerca por agentes de los Mossos d’Esquadra motorizados.

El manifiesto leído por una decena de mujeres de distintos colectivos al final de la marcha alternativa ha cargado contra la Ley Trans. “Esta ley es un fraude. ¿Dónde quedan los espacios seguros? Ahora en las cárceles las mujeres deben compartir celda con sus agresores”, han pronunciado. El discurso contra los derechos de las personas trans se ha recrudecido este 8M por lo que se refiere al deporte. “Basta de hombres en el deporte femenino. Los cuerpos son distintos. La pubertad masculina proporciona ventajas físicas cruciales en los deportes. Si los hombres compiten en categorías femeninas, no hay igualdad ni oportunidad para las mujeres. Exigimos que se blinden las competiciones femeninas”, han concluido. Un grupo de activistas por los derechos trans ha interrumpido la lectura del manifiesto y, escoltado por los Mossos, ha acabado expulsado de la plaza de Sant Jaume al grito de “¡Fuera, fuera!.

“El feminismo plantará cara al fascismo”
En el plano político, y en el marco de la marcha principal, las referencias a la ultraderecha que amenaza con recortar derechos y el papel del feminismo en combatir estos retrocesos han sido unánimes entre las representantes de los partidos. La secretaria general adjunta de Feminismos del Govern, Ares Tubau, ha defendido “salir a la calle más que nunca cuando el fascismo campa por Europa, porque quien plantará cara será el feminismo, lo hemos visto en Alemania donde las mujeres han votado masivamente a la izquierda porque los derechos de las mujeres están amenazadas”.

Lluïsa Moret, del PSC, ha apelado también al “convencimiento de que en el contexto actual hay que hacer más visible que nunca el compromiso con la agenda feminista, cuando hay planteamientos reaccionarios que niegan el feminismo, la igualdad de género o la violencia de género”. Jèssica Albiach, líder de los comunes en el Parlament, ha llamado a salir a la calle “ante un contexto de internacional reaccionaria para mandar dos mensajes”. “Que los derechos conquistados no pueden retroceder ni un milímetro y estamos trabajando para blindar constitucionalmente el derecho al aborto, como ha hecho Francia; y que ante quienes quieren pasar la motosierra a los servicios públicos y tumbando reglas fiscales para comprar armas, creemos que hay que aplicar la cultura de feminista de invertir en vida y no muerte”.

La portavoz nacional de la CUP, Suu Moreno, ha defendido el feminismo como “proyecto transformador, emancipador y que busca la libertad y que ante los discursos que nos quieren calladas seguirá conquistando derechos”. Y Judit Toronjo, secretaria de organización de Junts y diputada, ha recordado que Cataluña fue “pionera en aprobar una ley de Igualdad” y ha reivindicado “el feminismo y la justicia social con transversalidad, en la vida cotidiana, en las instituciones y ámbitos como la economía, la educación o la salud ante discursos de odio que ponen en cuestión algunos derechos”.

sábado, 27 de julio de 2024

#hemeroteca #queer | ¿Abolimos el género o reescribimos la teoría queer con mirada perinatal?

¿Abolimos el género o reescribimos la teoría queer con mirada perinatal?
Debemos reflexionar sobre el sistema sexo-género en relación a los cuidados de las infancias y pensar cómo hacemos compatible los debates identitarios con las responsabilidades individuales y colectivas de sostener la vida.
Paco Herrero Azorín | El Salto, 2024-07-27
https://www.elsaltodiario.com/opinion/disputa-del-genero-cuidados-parentales

El sistema de género, en la medida que define roles sociales, es una construcción cultural que se puede modificar e incluso aspirar a abolir. Muchos son los estudios de filosofía política que han reflexionado sobre ello profundizando en su potencia de transformación social.

Desde un análisis antipatriarcal es claro que el sistema actual de género, basado principalmente en la aceptación del dimorfismo sexual como la base de la estructura social, sirve para perpetuar la opresión y la explotación de la mujeres, además de promover unos modelos de masculinidad tóxica que llevan a la infelicidad (más o menos consciente) de muchos hombres y, por extensión, de las personas con las que éstos se relacionan desde dichos postulados mutiladores y depredadores.

Hemos de pensar también el género en función de lo reproductivo, y viceversa, para que la alternativa sea, además de performativa y subversiva, responsable con los cuidados y comprometida con la supervivencia.

Por tanto, “el género en disputa”, como decía Judith Butler, y disputar el género, es una de las principales batallas culturales y sociales en las que hemos de participar para promover un orden social al servicio del bienestar. Se hace preciso transformar los mandatos y las expectativas que acciona la cultura hegemónica para que podamos convivir todas en libertad, independientemente de cómo vivamos nuestra sexualidad y de cómo expresemos nuestra identidad.

Pero pienso que hay un límite: jugar con lo social, con los roles y las identidades de género —y “jugar” es lo más sagrado, nos jugamos la vida y vivimos jugando cuando hacemos de la política desde un lugar creativo, como hacen los niños y niñas que ensayan sus nuevos mundos en su sagrado juego simbólico—,, no nos puede hacer perder el rastro de la base material en la que se sustenta todo ello, que no es otra que nuestros cuerpos en relación y las condiciones que precisa la vida para manifestarse. Esto es, hemos de pensar también el género en función de lo reproductivo, y viceversa, para que la alternativa sea, además de performativa y subversiva, responsable con los cuidados y comprometida con la supervivencia. Un sistema de sexo-género anclado exclusivamente en las identidades individuales (binarias o no binarias) nos puede venir bien puntualmente, pero no sirve para vertebrar comunidad

El planteamiento radical respecto al género defiende que los cuerpos van detrás, que vemos los cuerpos con nuestra visión de género y que por tanto cuando, por ejemplo, definimos “mujer” u “hombre” hay mucho más género que cuerpo, mucho más de proyección cultural que de materialidad objetiva. Más allá del debate metafísico, políticamente es muy interesante pensarlo así, ya que cuanto más género aceptemos más capacidad de intervención tenemos y más posibilidades de transformación política se despliegan, más potencia antipatriarcal.

Pero la cosa se nos complica cuando llevamos el debate a lo identitario y queremos relacionarlo con los cuidados: reforzar (o disolver) las identidades de género, teniendo en cuenta principalmente el lugar social que se desea ocupar para dialogar con las demás en términos individualistas, puede entrar en conflicto con los roles sociales que se derivan de las funciones reproductivas necesarias para el cuidado de las personas, y específicamente para el cuidado de las infancias.

Es muy fácil (incluso pasa sin querer) que la práctica performativa de género adopte formas adultocéntricas —entre otras cosas, no todos los sujetos están autorizados por el sistema neoliberal a ensayar diferentes posiciones identitarias—. El sistema con nuevas representaciones puede tanto subvertir como reforzar la estructura del privilegio, y la reforzará sin duda si no se entrenan paralelamente posibilidades compatibles con las necesidades de los y las bebés y de las personas que protagonizan los procesos sexuales-reproductivos, como son la gestación, el parto/nacimiento, el puerperio, la exterogestación o la lactancia.

Hablar “género” en clave de reproducción no es definir una expectativa social fija para los distintos roles de las personas en los cuidados -y a partir de ahí entrar en las nocivas dinámicas de juicio- sino integrar en el sistema de género la realidad de interdependencia que nos caracteriza como sociedad humana.

Así, cuando hablamos de “padres” o de “madres” (o de “mapas” no binarias), cuando pensamos en “identidades reproductivas”, esto es, en identidades que surgen directamente de la participación, con un cuerpo físico y sexualizado, en los procesos reproductivos mamíferos de nuestra especie —y que, pese a todas las transformaciones culturales que ha habido y a la participación intensa del mercado y de las tecnologías reproductivas, como la fecundación in-vitro, o de las tecnologías sociales, como la gestación subrogada, no han variado sustancialmente en miles de años— no es tan fácil subordinar el sexo biológico al género, máxime cuando en la función reproductiva las mujeres y los hombres (o como queramos llamarnos) son objetivamente diferentes.

El hecho reproductivo de nuestra especie es un hecho sexual, un proceso biopsicosocial autorregulado con dinámicas libidinales en las que la necesidad y el placer, el deseo y la supervivencia, se entremezclan para posibilitar la vida y garantizar el bienestar necesario para que ésta acontezca. No parece muy razonable, ni prudente, vincular todo esto exclusivamente a un sistema de género que queremos volátil y modificable, al menos sin una reflexión profunda al respecto que sirva para salvaguardar lo imprescindible.

El término medio —y pretendidamente el lugar de encuentro de la necesidad de corresponsabilidad con un sistema de género funcional al orden social— es plantear el “género reproductivo” en términos igualitarios, que la función social de un padre y una madre sean intercambiables en términos de parentalidad y cuidados: de ahí lo de los permisos iguales e intransferibles, o que los chicos podamos disfrutar del permiso de lactancia.

Más allá de las ventajas que puede tener como propuesta política en igualdad, los beneficios en clave de parentalidad no están tan claros. En lo concreto, a efectos prácticos, implica una homogenización de la crianza, un modelo de mínimos, un low cost que devalúa lo singular, lo que sólo pueden hacer determinadas personas —de nuevo se devalúa la particularidad de las mujeres-madres—, e instaura como paradigma parental el que “solo es importante para cuidar a las criaturas lo que pueden hacer por igual todas las personas, todos los cuerpos reproductivos”, el factor común, desestimando aquellos elementos que nos obligan a abordar el debate no solo en términos de género, sino también de sexo.

Se da la paradoja de que por huir de la violencia del marco esencialista, en el que el género está absolutamente condicionado por lo reproductivo en un sistema de opresión y explotación de las mujeres, validamos un sistema que no garantiza el respeto a los procesos perinatales ni el bienestar de las infancias. Validamos una organización social de desamparo y descuido.

Esa construcción salomónica y funcional al sistema —que además conecta con la precariedad que viven la mayoría de las familias que necesitan conciliar para llegar vivas a fin de mes— puede llegar a amenazar los mecanismos biológicos fundamentales para la autorregulación y la salud comunitaria, y afianzar que la reproducción en nuestra sociedad se dé siempre en condiciones precarias.

Así, con nuestra organización social y con el sistema de roles sociales que la sustenta —el género— mutilamos el ecosistema de la vida en vez de nutrirlo y vertebrarlo en clave de respeto y derechos. La potencialidad política que se abre por la performatividad del sistema de género se acaba cerrando al poner este juego al servicio de las estructuras de violencia patriarcal que agreden la vida.

Esto no quiere decir que estemos obligadas a vincular para siempre el sistema de género al sistema de sexos y a la capacidad reproductiva de las personas, ni tampoco que haya que abolir el sistema de género para que las diferencias sexuales operen sin filtro cultural desde el determinismo biológico. Hemos de ser creativas y proponer un sistema de representaciones en sintonía con el cuidado y el bienestar, un sistema de género producto de la fragilidad humana, de las necesidades de amparo y de las dinámicas saludables de interdependencia. Un sistema de género al servicio de la sexualidad “colectiva” del “cuerpo social” y de sus procesos reproductivos, y que esté emancipado de las identidades que sostienen, y fijan, el sistema de privilegios.

Lo “masculino” y lo “femenino”, y otras muchas caracterizaciones que podamos inventar, no tienen que estar lastradas por las diferencias sexuales de los cuerpos en sus identidades biológicas. Podemos, y en mi opinión debemos, fantasear con emancipar el género del sexo, pero lo que sería un desastre social es dejar los procesos reproductivos -que a su vez necesitan unos roles y una organización social para hacerlos viables- en un territorio de nadie, sin respuesta, abandonados, porque no nos va bien cargar con esto en la batalla cultural.

Se nos complejiza el juego y nos obliga dialogar con la diferencia y el dimorfismo en la reproducción, y parece que así no se hacen amigas en la izquierda transformadora.

Así, por ejemplo, la identidad parental “madre”, o la identidad parental “padre”, no deberían ser simplemente la evolución en base al sistema de sexo-género “del hombre o mujer que se reproduce”, de manera que los hombres devengan automáticamente en padres (independientemente de que sean padres ausentes, igualitarios o corresponsables) y las mujeres devengan automáticamente en madres (independientemente de si paren o no). Estas identidades, en un sistema de sexo-género que estuviera en sintonía con las necesidades de cuidado, se tendrían que definir teniendo en cuenta la participación diferenciada en el hecho reproductivo desde sus roles como personas cuidadoras —podría darse el hecho de que personas con identidad de género “hombre” devengan en “madres”, y viceversa—, y hoy por hoy, las madres y los padres son diferentes y no son intercambiables.

Si bien “madre” y “padre” como identidades de género siguen reproduciendo el sistema binario, al menos son identidades que -si se basan en los cuidados y no el el Código Civil-, surgen en relación y por tanto tanto integran la alteridad, y es justo la aportación de los hijos, hijas, hijes, las necesidades de las criaturas, lo que hace que se definan como diferentes -y por ello es problemático hablar de igualdad de género en términos reproductivos, pero, por otro lado, ambas identidades son compatibles con identidades de género masculinas y femeninas, lo que multiplica las posibilidades en los roles de acompañamiento a las infancias, a la vez que se tienen en cuenta los procesos libidinales que necesitan para crecer saludables-.

No es lo mismo parir que no parir, gestar que no gestar, poder o no poder amamantar, Independientemente de cómo llamemos (o se llamen desde una autodeterminación de género) a las personas que protagonizan estos procesos sexuales y reproductivos. Además, necesitamos que los y las bebés —sujetos políticos que suelen quedar fuera de los discursos de vanguardia— no queden en una situación de desamparo sin cuerpos ni prácticas que les sostengan, y necesitamos también que se puedan reivindicar, si se quiere, el parto o la lactancia como elementos propios de la identidad sexual (o de identidad de género), sin recibir un rechazo social y militante por ello.

Tan nocivo es defender el determinismo biológico como obviar que la biología tiene un papel fundamental en la sexualidad y la reproducción humana. Si sacamos la biología de la ecuación dejamos la reproducción (y la identidad) a merced del capitalismo, a expensas de su tecnología y consumo. La biología es lo que da la dimensión sexual a lo reproductivo, y esa dimensión sexual es la que hace que lo reproductivo no sea una mera “fabricación industrial de individuos nuevos”, sino un elemento de cohesión y de vertebración comunitaria desde la que edificar el sistema de cuidados y bienestar.

No deja de ser un sin sentido que defendamos la sexualidad como una construcción cultural que opera sobre los cuerpos y activa los procesos libidinales, sin reconocer que el deseo tiene una función biológica esencial para la supervivencia de la especie y que forma parte de nuestra existencia como animales mamíferos que somos.

Sabemos lo importante que es el lenguaje para crear realidad, y aunque aún no sepamos cómo hacerlo de manera precisa, hemos de empezar a nombrar e integrar en nuestros discursos los procesos reproductivos, con sus bases biológicas y con la organización social que precisan, y no dejarlo de lado porque pueda significar un inconveniente en nuestra propuesta política de disputar el género. Lo queer precisa también de su versión perinatal y de cuidados si se pretende reivindicar como una teoría política emancipatoria antipatriarcal.

Porque, parafraseando el título de la última obra de Judith Butler, ¿quién teme al género si éste se pone al servicio de la vida?
Paco Herrero Azorín. Educador social y coordinador del proyecto @femdinamo de la Dinamo Acció Social (Valencia)

lunes, 17 de junio de 2024

#hemeroteka #feminismoa | «Feministak behar ditugu kalean, mundua suntsitzen ari den botere kapitalistari aurre egiteko»

Berria / Silvia Federici //

«Feministak behar ditugu kalean, mundua suntsitzen ari den botere kapitalistari aurre egiteko»

Mugimendu feminista «ezinbestekotzat» jo du Federicik, «bizitza erdigunean» jartzen baitu. Haren ustez, «erreprodukzio modu komunitarioagoak» sortu behar dira, bizitza hondatzen ari den sistema aldatzeko.
Olatz Silva Rodrigo | Berria, 2024-06-17

https://www.berria.eus/euskal-herria/feministak-behar-ditugu-kalean-mundua-suntsitzen-ari-den-botere-kapitalistari-aurre-egiteko_2126185_102.html

«Ezinbestekoa da aldaketa sistemiko bat», Silvia Federici pentsalari feministaren esanetan (Parma, Italia, 1942). Haren iritziz, sistema «kapitalista eta genozidari» aurre egiteko, emakumeak dira «subjektu politiko kualifikatuenak». Hori dela eta, mugimendu feministak kalea hartu behar du. Hain justu, Euskal Herrian izan da duela gutxi, eta aitortu du feminismoak bizia salbatu diola berari. Txalapartak euskarara ekarri duen ‘Hitzak palmondo’ liburua aurkezten ibili da. Ez da lehenengo aldia Federiciren liburu bat euskarara ekartzen dutela, baina honek badu berezitasun bat: ez da saiakera bat, poema bilduma bat baizik. Begonia Santa-Ceciliak egindako akuarelekin jantzi dute liburua.

Inoiz argitaratzea espero ez zenuen poemak argitaratu dituzu. Zergatik?
Espontaneoa izan zen. Pandemia garaian banatuta egon ginen Begonia eta biok, eta mezuak bidaltzen genizkion elkarri. Begoniak akuarelak bidaltzen zizkidan, eta nik poemekin erantzun. Horrekin istorio bat sortu genuela ikusi nuen. Liburuan, mezu trukeak ere sartu ditugu; gertatzen ari zenaz hausnartzen genuen bertan. Istorioa aberasteko aukera eman digu horrek.

Zertarako balio dizu poesiak?
Nerabezarotik idatzi izan ditut poemak, nire barrua sendatzeko batik bat. Oinazea, amorrua edo beste emozio indartsuren bat sentitzen dudan bakoitzean idazten ditut. Ez dira soilik posizio teoriko batetik ateratzen, nire emozioetatik eta nahietatik ateratzen zaizkit. Emozio indartsu bat dagoen bakoitzean, ulertu behar dugu zer den; errealitatearen esplorazio moduko bat da. Horregatik, poemak sendatze bat dira, emozio horrek zer esan nahi didan aztertzeko beharra.

30 eta 40 urte inguru igaro dira liburuko poemak idatzi zenituenetik, baina batzuek gaurkotasun handia dute. Ez al da ezer aldatu?
Gauza asko aldatu dira. Nazioarteko politika hartu behar dugu kontuan. Esan ohi dut Palestina mundua dela: desplazamendua, sarraskia, pobrezia. Palestinan munduko leku askotan gertatzen ari diren logikak eta errealitateak ikusten ari gara, muturreko modu batean: genozidioa. Kapitalismoa beti izan da genozida, baina une jakin batzuetan gune berriak bilatu behar ditu. Orain, lurralde berriak inbaditzen ari da. Horrek milioika pertsonaren desplazamendua behar du; horregatik ikusten ditugu hainbeste gerra. Jendeari bere bizitza erreproduzitzeko aukera ematen dioten azpiegitura guztiak suntsitzen ari dira.

Noski aldatu dela zerbait. Egun, logika hori modu bortitzago eta argiago batean egiten ari dira. Lehen, AEBek Irakeko gizartearen azpiegitura suntsitu izana salbuespen gisa ikus genezakeen; orain, berriz, salbuespen gisa ikusi ahal genuen hori, logika eta ekonomia politiko baten parte dela ikusi dugu. Kapitalismoa lurralde berrietara hedatzen ari da, energia iturriez, nekazaritza iturriez eta abarrez jabetzeko.

Liburuko mezu batean diozu Bigarren Mundu Gerraz geroztik pandemia izan dela gizartea kontrolatzeko egin duten esperimenturik handiena, etxean bakartuta egon ginelako. Kapitalismoari mesede egin dio horrek?
Jakina. Europan, batez ere, izugarria izan da kontrol soziala: jendeari ez zioten kalera irteten uzten, baimenik ez bazuten. Instrumentu oso indartsu bat esperimentatu dute. Borroka sozial indartsu baten erdian, esan diezagukete osasun arrisku bat dagoela, eta denok etxera bidali. Era berean, ezin da ondorioztatu pandemiak eragindako suntsipen handia COVID-19aren ondorioa izan denik bakarrik. Arrazoi handiago bat dago horren atzean: osasun erakundeen kolapsoaren ondorioa. COVIDaren garaian, munduaren amaiera zela zirudien, baina ez. Gizarte zerbitzuen inbertsioa une oro mozten duen sistema baten amaiera zen, gerran eta errepresioan gehiago inbertitzen duen sistemarena. Milioika euro bideratzen dituzte gastu militarrera eta ez, adibidez, pobreziari aurre egitera.

Esango zenuke, bestalde, pandemiak ikusgai jarri dituela andreek egiten dituzten erreprodukzio eta zaintza lanak?

Erreprodukzio eta etxeko lanen krisia ikusarazteko leiho handi bat izan da, bai. Azkenik, krisi handi bati buruz hitz egin da. Halere, pandemiak ez du krisia eragin; krisia areagotu egin du. Emakume gehienak etengabeko krisian bizi baitira. Lanean erabat kontsumitutako bizitza dute; antsietatearekin bizi dira, eta estualdian. Gainera, miseria bat irabazten dute, eta diru hori hainbat zerbitzu ordaintzeko erabili behar dute, gizarte zerbitzuak murriztu dituztelako. Hain justu, gizarte zerbitzuak dira mozten dituzten lehenengo gauza.

Iazko azaroaren 30ean, mugimendu feministak greba feminista orokorra egin zuen Euskal Herrian, zaintza eskubidearen alde. Zaintzaren auzian, zein da lehentasuna?

Hainbat bide daude jorratzeko. Hasteko, ezinbestekoa da gizarte zerbitzuen aldeko borroka. Estatua derrigortu behar dugu gizarte zerbitzuetan inbertitzera. Baina behetik kontrolatu behar dugu. Ezin diogu utzi estatuari erabakitzen zein haurtzaindegi mota izango dugun. Behetik adostu behar dira gizarte zerbitzuak. Esperientziak erakutsi digu estatuak gutxienekoa emango digula. Bestalde, erreproduzitzeko modu komunitarioagoak sortu behar ditugu. Kapitalismoak bizitza erreproduzitzeko sistema oso indibidualizatua sortu du. Familia nuklearra, etxea, bakoitza besteengandik aldenduta bizitzea... Eta emakumeak izan dira indibidualizazio horren biktima nagusiak.

Zergatik?

Emakumeek, lan guztiak bakarrik egiteaz gain, bakarrik egin behar diete aurre munduari eta eguneroko krisi guztiei. Hori porrot posizio bat da: bakarrik zaudenean, galduta sentitzen zara. Leku askotan ikusi dugunez, hala nola Latinoamerikan, jendea antolatu egin da, kolektiboki, eta erreproduzitzeko modu berriak sortu dituzte: hiri baratzeak, hiri nekazaritza, erabakiak hartzeko modu asanblearioa... Bakartzearen eta banantzearen aurka, elkartu egin behar gara. Horrek, emakumeak elkartzeko eta indartzeko balioko du, baina baita gizarte berri bat eraikitzen hasteko ere, badakigulako egungo erreprodukzio soziala antolatuta dagoen moduak ez duela funtzionatzen. Gizarte berria ez da ezerezetik sortuko, borrokaren prozesuan jaio behar da.

Nolakoa izan behar da borroka hori?

Borrokak eraikitzailea behar du izan. Hau da, ezin da soilik negatiboa izan eta ezin du bakarrik estatuaren aurka egin. Aldaketaren aldekoa izan behar da: borrokak aldaketa eragin behar du. Niretzat, hori da garrantzitsuena, batez ere zaintzaren eta bizitzaren erreprodukzioaren auzian. Zerekin nahi dugun bizi, eta nola bizi nahi dugun. Bizitzari bere balioa eman behar diogu. Izan ere, sistema honen aurka egin dezakegun salaketarik handiena da esatea sistema honek bizitzari balioa kentzen diola, eta heriotzari balioa jarri. Egun, baliabideak hiltzeko jartzen dira, eta ez bizitzari balioa emateko. Sistema genozida batean bizi gara. Horregatik, uste dut mugimendu feminista gaur egun ezinbestekoa dela, bizitza erdigunean jartzen duen mugimendua delako, eta bizitzari balioa ematen diolako.

Zer iritzi duzu, oro har, egungo sindikatuen eginkizunaren inguruan?
Sindikatuak aldatu behar ditugu: diruagatik eta denboragatik soilik borrokatzeari utzi behar diote; zer ekoitziko dugun erabakitzeko ere borrokatu behar da. Zergatik sortzen dira bonbak? Nork sortzen ditu? Langileek. Hortaz, beharginek eta sindikatuek borroka bat hasi behar dute, enplegatzaileei eta kapitalistei aurre egiteko. Guk erabaki behar dugu zer ekoitziko dugun. Niretzat, oinarrizko printzipioa da honako hau: inoiz ez jarri zure zoriona, zure oparotasun ekonomikoa, besteen sufrimenduaren gainean. Horixe gertatzen ari da, ez baitago sindikaturik hori salatzen duenik, eta hilko duten gauzak erreproduzitzeari uko egiten dionik.

Etxeko langileen hitzarmen kolektiboa aldarrikatu izan dute Euskal Herriko sindikatu batzuek. Zer iruditzen zaizu?
Etxeko langile batzuek aldarrikatu izan dute sindikatu propio bat egin nahi dutela. Ikusi dute gizonek kudeatzen dituzten sindikatuek, oro har, ez dutela etxeko lana lantzat hartzen; ez dute balioesten. Are, etxeko langileak ziur daude sindikatuek ez dutela lan horren garrantzia ulertzen. Hortaz, sindikalizatu egin nahi dute, eta eurek hartu kontrola.

Prostituzioaren abolizionismoaren aurka agertu zara beti. Zein da sindikatuen rola auzi honetan?
Tradizio sindikal oso maskulinoa izan dugu. Etxeko langileek bezala, sexu langileek ere uste dute garrantzitsua dela kontrola eurek izatea, eurek erabaki ahal izateko. Euren aldarrikapenik handienetako bat da despenalizazioa; ez, ordea, legeztatzea. Bi kontu diferente dira. Sexu langileek argi bereizi dituzte beti legeztatzea eta despenalizazioa. Despenalizazioa da euren lana beste edozein lan gisa tratatzea, eta legeztatzeak esan nahi du estatuak hartuko duela kontrola. Hau da, aukera emango du, baina baldintza askorekin.

Eskuin muturraren gorakadak kezkatzen zaitu?

Bai, noski. Garapen kapitalistaren eta genozidaren olatu honek klase politiko bat sortzen du, faxista gisa definitzen duguna. Ez daude prest inolako legerik negoziatzeko, eta, funtsean, indarrarekin gobernatzen dute. Ameriketako Estatu Batuetan, esaterako, demokratak ere faxistizatzen ari dira. Errepresio bortitza ikusi dugu azken hilabeteetan; adibidez, Palestinako sarraskiaren aurka protesta egin duten ikasleen aurka oldartu da polizia.

Euren interes ekonomikoak defendatzeko, errepresio sistema guztiak erabili behar dituzte. Horregatik dago faxistizazio prozesu bat. Nik ez dut uste pentsamolde hori nahitaez biztanleei dagokienik, bozkatzen dutenak beti gutxiengoa baitira. Jende askok itxaropena galdu du, eta ez du uste botoarekin eta politika instituzionalarekin zerbait lortu daitekeenik.

2018 eta 2019ko greben ostean erreakzio bat etorri da, eskuinetik ez ezik, ezkerretik ere, eta talde batzuk esaten ari dira emakumeen borroka nolabait bigarren mailakoa dela. Zer esango zenieke?
Niretzat, hain justu, kontrakoa da. Bizitza suntsitzen ari diren honetan, bizitzaren balorizazioaren aldeko borroka lehen mailako borroka da. Lan banaketa maskulino, genozida eta arrazista batean bizi gara, non gizonak sarraskiaren lanean espezializatu diren. Diferentea da soldadua izatea, erizaina izatea edo haurren zaintzaile izatea. Munduaren ikuspegi diferente bat ematen dizu. Horregatik, uste dut emakumeak direla borroka oso handi baten subjektu politiko kualifikatuena. Emakume feministak behar ditugu kalean, mundua suntsitzen ari den botere matxista, patriarkal eta kapitalistari aurre egiteko.

Zeintzuk dira, gaur egun, mugimendu feministaren erronkak?
Ezinbestekoa da aldaketa sistemiko bat. Erronka da kalera irtetea: Palestinaren askapenaren alde borrokatzea eta su etena aldarrikatzea, baina baita Israelek palestinarren bizitzaren gainean duen dominazioa amaitzea exijitzea ere. Modu zabalago batean, desplazamenduen aurka borrokatu behar gara, eta militarizazioaren aurkakoa. Are, estatuari exijitu behar diogu erreprodukzio sozialarekin lotutako gaietan gehiago inberti dezan. Jarduera komunitario baten aldeko borroka ere egin behar dugu. Eta erreprodukzio sozialerako modu berriak behar ditugu. Kontu asko daude, baina denak konektatuta: gure indarrak elkartu behar ditugu.

Liburuaren aurkezpenean adierazpen indartsua egin zenuen: feminismoak bizia salbatu dizula.
Feministatzat jotzen dut neure burua, feministak direlako bizitzaren balorizazioaren diskurtsoa erdigunean jartzen dutenak.

jueves, 30 de mayo de 2024

#libros #feminismo #urbanismo | La renovación del sueño americano : el género, la vivienda y la vida familiar

La renovación del sueño americano : el género, la vivienda y la vida familiar / Dolores Hayden ; traducción de María Hernández Díaz.
Barcelona : Reverté, 2024 [05-30].
Serie: EUA ; 36. 

/ ES / EN* / Libros / ENS / Arquitectura / Cuidados / Espacio público / Feminismo / Perspectiva de género / Urbanismo

📘 Ed. impresa: ISBN 9788429121360 / 30.00 €
📝 Cita APA-7: Hayden, Dolores (2024). La renovación del sueño americano : el género, la vivienda y la vida familiar. Reverté.

Este libro se publicó originalmente en 1984, con una segunda edición, revisada y ampliada, en 2002, que es la que se presenta aquí en versión española. Dolores Hayden aborda el mito del 'sueño americano' y estudia unos modelos más satisfactorios de vivienda, trabajo y vida familiar en los Estados Unidos, así como en otros países donde el trabajo remunerado de las mujeres ha creado tensiones similares. Primero se hace un recorrido por la historia de los tipos de viviendas desde la época colonial, con especial atención a la casa unifamiliar suburbana, y se analizan los retos para esa 'casa de ensueño' planteados por ambientalistas, grupos de mujeres y defensores de los derechos humanos. Luego se identifican las necesidades y los deseos más profundos asociados al ideal de hogar, y se describen tres modelos de vivienda: la 'estrategia del refugio', la 'estrategia industrial' y la 'estrategia del vecindario', de los que se analizan los puntos fuertes y débiles. Además de las experiencias estadounidenses, se incluyen ejemplos de China, Cuba, Dinamarca, Suecia y Rusia.

Por último, se examina la relación entre los proyectos de vivienda y el espacio público; se estudia en qué circunstancias y lugares la vivienda coincide con el desarrollo comunitario; se considera la rehabilitación del tejido de viviendas y barrios; y se incluyen muchos ejemplos de proyectos experimentales realizados por particulares, grupos pequeños y gobiernos locales y nacionales. La vivienda es un problema que afecta a los padres trabajadores preocupados por sus hijos y por el futuro que les aguarda, así como a las personas solteras y los ancianos que buscan nuevas opciones. Esta edición incluye un epílogo de Daniel Díez Martínez, profesor del Departamento de Composición Arquitectónica de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid.

😏 Dolores Hayden estudió arquitectura en el Mount Holyoke College (Massachusetts), la Universidad de Cambridge y la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard, donde obtuvo su título profesional en 1972; ha impartido docencia en la Universidad de California (Berkeley y Los Ángeles), el Massachusetts Institute of Technology y la Universidad de Yale, de la que es profesora emérita; de sus numerosos libros, en 2023 se publicó la versión española de ‘The grand domestic revolution’ (1981); es una de las principales pensadoras sobre temas de arquitectura y urbanismo analizados desde la óptica feminista.

domingo, 21 de abril de 2024

#hemeroteca #cuidados #familia | Sophie Lewis: “Abolir la familia no trata de separar a la gente, sino de unirla”

Sophie Lewis: “Abolir la familia no trata de separar a la gente, sino de unirla”
La pensadora Sophie Lewis cuestiona la institución familiar desde un feminismo marxista que apunta a superar el parentesco en la búsqueda de la liberación y el reparto de los cuidados en base a la interdependencia.
Sarah Babiker | El Salto, 2024-04-21
https://www.elsaltodiario.com/feminismos/sophie-lewis-abolir-familia-no-se-trata-separar-gente-unirla

Sphie Lewis //
En ‘Abolir la familia, un manifiesto por los cuidados y la liberación’ (Traficantes de Sueños, 2023), la pensadora y traductora Sophie Lewis revisa el pulso feminista contra la institución familiar como espacio de violencia y coerción, indagando con pasión divulgativa en los antecedentes teóricos de la crítica a la familia, así como en las experiencias y vivencias que han intentado superar los límites de las relaciones de parentesco.

En esta conversación con El Salto, además de adentrarse en las razones personales y políticas que le empujaron a escribir este libro, comparte en voz alta reflexiones que siguen intentando entender, interpeladas por el contexto actual marcado por el genocidio, qué horizontes políticos abre la superación de la familia, y qué resistencias encontramos dentro de nosotras mismas para afrontar esta revolución de la autonomía y los cuidados.

P. Me gustaría que para empezar nos explicaras cómo empezaste a interesarte por la familia como institución.

Creo que me interesaba el sufrimiento de mi madre, para ser sincera, sí, hay una parte de eso. Aunque en realidad mi familia no era una familia especialmente infeliz. Yo me volví infeliz en mi adolescencia. Pero en realidad, durante mucho tiempo, como niña, tuve una experiencia bastante agradable de la familia como un pequeño equipo, disfrutamos de la pequeña privacidad de nuestra pequeña unidad.

Por otro lado, siempre he sentido curiosidad por la intensidad de la propaganda a favor de la familia en la literatura, la televisión, el cine y la publicidad, pues siempre me ha parecido exagerada. Incluso cuando era adolescente, me preguntaba por qué tenían que obligarnos a querer casarnos hasta ese punto. ¿Por qué hay que insistir tanto, si se supone que es una elección natural que todo el mundo hace? Creo que probablemente por eso sentí curiosidad por la historia y todo lo relativo a la familia y el feminismo, y después a la reparación gay.

Me sentí bastante indignada cuando me di cuenta de lo mucho que se ha reescrito y borrado la historia de nuestros movimientos. Sentí casi como un crimen que mis camaradas transgeneracionales no me hubieran enseñado que, en cierto modo, toda la historia del feminismo puede contarse como una insurgencia contra el hogar privado y contra la familia patriarcal privada. De hecho, ya sabes, la invención de la palabra feminismo viene de un tipo abolicionista de la familia, Charles Fourier, en Francia. Esto a veces choca y molesta a las feministas porque, obviamente, al menos en el contexto anglo-occidental, se considera que el punto de partida es Mary Wollstonecraft con su ‘Vindicación de los derechos de la mujer’.

En todo caso, no me interesan tanto los puntos de partida y tampoco quiero limitar mi feminismo al contexto occidental. Lo que sí es cierto es que, en la historia de Occidente, incluyendo el feminismo burgués, se puede trazar una línea de análisis de esta opresión de género y del trabajo reproductivo, que surge de la privatización de la atención en el hogar —que comienza con los cercados [de las tierras] y la caza de brujas— y la invención del ama de casa como una figura para ese trabajo. Se puede trazar una forma de feminismo como política que quiere abolir la familia. Sé que suena un poco exagerado, pero en realidad no es tan controvertido si se amplía la mirada. Pero sí, ¿sabes esa acusación de la derecha de que las feministas quieren destruir la familia?, pues tienen algo de razón.

P. Para aclarar qué implica esta ampliación de la mirada destinas una buena parte del principio del libro a explicar por qué usas el término abolición a pesar de sus ecos.


No todos los marxistas están interesados en reflexionar sobre los elementos persuasivos de tipo psíquico o emocional y expresarlo. Yo creo que es importante hacerlo. Por supuesto, cada texto tiene una función diferente. Creo que el mío es un poco más accesible y seductor, o eso espero, en comparación con el tipo de marxismo histórico de peso pesado, los relatos de la aparición de la familia capitalista en las sucesivas etapas de la industrialización y así sucesivamente. Hacen falta estas reflexiones, simplemente, porque nos sentimos, naturalmente, muy asustados ante una propuesta que intuimos, y creo que correctamente, ataca nuestra propia constitución como sujetos. Intuimos que algo sobre nuestra propia composición como seres se ve amenazado por la idea de que podríamos haber sido cuidados y traídos a la existencia de otras formas, no exclusivamente en esta situación de escasez.

El miedo más obvio es simplemente: ¡oh! ¿entonces quieres separarme de mi gente? Una vez que superas eso, te das cuenta de que no se trata de separar a la gente. De hecho, y no tan abstractamente, diría yo, se trata de unir a la gente. Esta fue la gran visión sublime de gente como Alexandra Kollontai, cuando pensó que la gente sólo sería capaz de alimentarse realmente juntos, no coaccionados por la economía, en una situación en la que el hogar privado había sido liberado de la responsabilidad de la práctica totalidad de la crianza y la prestación de cuidados, la provisión de alimentos y de vivienda, de ropa, limpieza, trabajo emocional… El “amor rojo” como la idea de que hay que crear condiciones de posibilidad para que surja un amor libre y económicamente no forzado. Si amas a las personas de tu familia, quieres la abolición de la familia para ellos, porque quieres su máxima autonomía, así como su máxima inmersión en el cuidado. Pero esta lógica que hace que nuestras relaciones sean casi de propiedad, que el amor sea exclusivo y se defina a través de los celos y la escasez, es una lógica que nos dice que hay algún tipo de amenaza en la idea de abolición, la idea de que tu madre o primo o padre o hermano es, en cierto sentido, libre de pasar el rato contigo sin una sensación de miedo y escasez impulsando esa relación.

P. Justamente en tiempos de neoliberalismo e incertidumbre, la tendencia es volver a la idea de familia como espacio de seguridad, ¿qué implica esta pulsión?

Me encantaría saber más sobre cómo se está desarrollando en España esta reestructuración económica del capitalismo que se está produciendo desde hace un par de décadas. Sí, a veces se presenta a la familia como una especie de último bastión contra la atomización neoliberal, como un antídoto contra el individualismo y como un lugar donde hay solidaridad y refugio frente a las fuerzas del mercado. Pero esto es una fantasía. Es sociológicamente demostrable que la intensificación de esta retórica en torno a la familia se produce precisamente cuando el neoliberalismo requiere que la familia intervenga, que asuma cada vez más la provisión de servicios que podrían estar cubiertos, por ejemplo, por el Estado.

Hay una razón por la que esos arquitectos del neoliberalismo y neoconservadurismo, entonan casi la misma canción sobre la familia. El familiarismo es individualismo en realidad. Tal vez no sean sinónimos exactos, pero el uno presupone y requiere el otro en esta sociedad, teniendo en cuenta la forma en que se ha constituido: los valores familiares presuponen un sujeto autogestionario, neoliberal, responsable de todos los riesgos que puedan ocurrir a esta persona. Así que lo que esto crea es una situación de intensa vulnerabilidad y coacción. Las mujeres que sufren violencia doméstica no son, objetivamente, capaces de huir, de salir de sus relaciones abusivas en este tipo de condiciones.

El movimiento de mujeres hizo un análisis de esto a principios de los años 70, fueron las feministas del movimiento de liberación de la mujer las que hicieron el trabajo de descubrir toda la violencia que estaba ocurriendo en el hogar privado al que se presentaba como un santuario y un refugio frente a la idea del “stranger danger” [que todo individuo extraño puede ser peligroso] que se proyectaba en el hombre racializado, proletario, por lo general, y a veces también, históricamente, en una especie aristocrática de desviado sexual, es el tipo de proyección más común sobre dónde está el peligro.

Pero las feministas descubrieron y demostraron —esto ocurrió a finales del siglo XIX, y luego de nuevo a principios de los 70— que es la familia la que daña a los niños, que es la familia la que daña a las mujeres, que los asesinatos los perpetra generalmente una pareja íntima o ex pareja íntima o un miembro de la familia todavía hoy. Y, sin embargo, el feminismo ya no habla de eso. La crítica a la familia ha desaparecido totalmente.

P. Introduces un análisis interseccional de la familia, ¿por qué es este importante y a qué conclusiones llegas?

Diría que es crucial. De hecho, un capítulo entero de este libro tan corto está dedicado a este análisis. No abordo todas las cuestiones sobre la racialización de las familias, eso sería un gran reto y tal vez imposible, sé que de hecho hay muchas lagunas que no he desarrollado suficientemente, aunque quizá no debería centrarme en lo que no he abordado (ríe). Pero pienso que es necesario que sean otros quienes desarrollen más los elementos que sugiero: en general sobre el parentesco indígena y decolonial.

Nos encontramos ante esta especie de historia dual, en la que por un lado están los movimientos explícitamente feministas, no exclusivamente blancos, pero, a veces dominados por blancas que se hallan “dentro de la casa”, de la familia. Y luego, en el otro lado de este orden simbólico de la familia, están los que han tenido la familia impuesta colonialmente, o que están excluidos incluso después de esa imposición de los beneficios limitados reales de la familia. Cuando hablo de indígenas, hablo de los pueblos de América del Norte como mi principal ejemplo. Vivo en Filadelfia, soy un poco angloamericana en mi lente, me temo. Espero que esto quede explícito en el libro, pues entiendo estas limitaciones.

Hablo de la historia de la familia como una historia necesariamente racial. Así que, si quieres usar el término “interseccionalidad” para esto, creo que está bien. Extrañamente, no tiendo a usar esa palabra para describir mi análisis porque creo que un buen marxismo queer, trans y feminista tiene que incorporar el carácter racial y colonial de la historia capitalista. De lo contrario, apesta. Cuando miras cómo se construyó la familia, cómo se perfeccionó y diseñó una familia capitalista, tenía que haber un exterior, una población en oposición a la cual definirse. Y así es como se hizo, la familia tenía que construirse contra las prácticas de parentesco de otros colonizados, ya sea en Irlanda o la India o América del Norte. Así que tienes que partir de esto para entender por qué no tiene sentido decir que sólo se trata de abolir el hogar colonial burgués blanco, pues la privatización de los cuidados ya lleva implícita, en cierto sentido, esa dinámica de racialización.

Así que si dices: “Oh, sí, vamos a romantizar y dar un pase a los hogares que resultan estar habitados por descendientes de personas cautivas o, migrantes y así sucesivamente”, creo que acabas siendo bastante condescendiente, mientras pretendemos protegerlos de un cierto tipo de crítica. Mucha gente me dice “no entiendes a las familias iraníes, tienen hermosos rituales extendidos y prácticas de inclusión. La familia es extremadamente amplia en este contexto”. Entiendo que hay muchas formas de hogares privados que sobrepasan los límites de la definición de familia. Pero hay una razón por la que hay feministas abolicionistas en Irán, en la India, en estos lugares donde el hogar es más amplio y grande, y es porque las características clave de la privatización del cuidado con un concepto biogenético están presentes, la presencia de la forma de pareja, la presencia de la herencia y las estructuras hereditarias, estas cosas están presentes incluso en estas formas culturales alternativas. Así que, si miras el tema de otra manera, empiezas a percibir que es una especie de gigantesca artimaña que la crítica de la familia es de alguna manera blanca o privilegiada. En realidad, es al revés, y me parece muy interesante que nos hayan contado esa historia y nos la hayamos creído.

Yo en cierto modo me la creí también. Nos cuentan la historia de Shulamith Firestone [feminista que falleció en soledad en 2012], se insiste en ella: Una pensaría que la extrema derecha, ya sabes, los conservadores, no habrían oído hablar de esta persona, pero en realidad lo han hecho. Y es sólo ella: si tienes una alerta de Google para Shulamith Firestone verás como la sacan a colación una y otra vez y dicen: “era una persona loca que terminó muerta en su apartamento sola. Es una pena, necesitaba una familia, obviamente. Y esto es lo que pasa cuando pierdes la cabeza e intentas abolir la familia. Es Shulamith Firestone”.

Creo que la izquierda y los liberales hasta cierto punto aceptaron esta historia sobre la abolición de la familia, como algo que una mujer dijo… pero si nos fijamos en el archivo, vemos que las enfermeras negras anti-imperialistas en Oakland fueron mucho más intensas respecto a la destrucción de la familia si las comparamos con Firestone. Cuestionan la familia los movimientos de gays y lesbianas del sur global, con numerosas redes y grupos. Es el movimiento de liberación gay, la anti-psiquiatría, los grupos de liberación de las personas con discapacidad, sus alianzas para desinstitucionalizar, los que desbordan la idea de familia. Hubo una conferencia llamada Schizo Culture donde la gente hablaba de la opresión de los niños dentro del hogar. Hablamos aquí de formas de solidaridad profunda.

P. Hablabas antes de que la abolición de la familia ha desaparecido de la conversación actual de los feminismos. ¿Podrías recuperar aquí una breve genealogía de esta tradición?

Creo que, si se mira de cierta manera, se utilice o no el lenguaje del trabajo, hay toda esta historia de entender lo que sucede dentro de los hogares como trabajo. Podemos entender así el análisis del capitalismo de Charles Fourier como una especie de historia de la familia. La propuesta no es impecable, de hecho. es bastante defectuosa. Pero su forma de ver cómo la acumulación burguesa depende de los dones libres, el trabajo gratis, de la cocina privada, de la división marital del trabajo, es realmente brillante e importante y con razón influyó en Marx y Engels y muchos otros. Lo que dice Fourier es que los niños y las mujeres no serán miembros de pleno derecho de cualquier tipo de colectividad a menos que sean liberados de la cocina privada.

Saltando en el tiempo, Kollontai también dice cosas similares, aunque tiene un sesgo muy productivista. Considera que el verdadero trabajo es el que está mediado por el mercado, algo que resulta paradójico, siendo ella una figura tan brillante en el pensamiento sobre el amor, el cuidado y la transformación. Pero tiene una especie de prejuicio machista contra ciertos tipos de trabajo, algo que me parece que es un tema común en el feminismo, que es casi como una especie de elemento patriarcal dentro del propio feminismo, algo muy fascinante. De hecho, mi próximo libro es sobre eso.

Si nos fijamos en este análisis de Fourier, Engels y Marx lo pusieron en su manifiesto, Kollontai lo desarrolla en programas que se suponía que —y así fue de forma muy limitada— iban a cambiar las vidas y traer justicia reproductiva para millones de personas. Luego Lenin le dijo que tenía que parar, y que ya se ocuparían de la abolición de la familia más tarde, pero por desgracia no hubo un más tarde, como sabemos.

Saltamos 50 años y tenemos a la nueva generación del movimiento por la liberación de las mujeres retomando este análisis de lo que ocurre en la familia, como medio del capitalismo, y luego refinándolo y refinándolo. Yo soy muy fan, muy apologista, del análisis del salario por el trabajo doméstico. Y digo apologista porque parece que sigue habiendo muchos malentendidos a su alrededor. Sigo, como un disco rayado, insistiendo en que hay una reacción en contra de lo que proponían, que es también emocional, algo que no se reconoce lo suficiente.

Creo que lo que realmente está ocurriendo es una especie de respuesta emocional a la idea de que las mujeres están trabajando incluso cuando limpian la nariz de un niño. Creo que están escuchando: “limpiar la nariz de un niño apesta. No hay amor de por medio. No quiero hacerlo a menos que me pagues”. Están oyendo cosas que no están realmente en el texto, pero desde luego, son muy sintomáticas y muy comprensibles. Lo difícil de entender sobre este trabajo de maternidad es que hay una parte de él que es, —especialmente cuando se hace colectivamente, o tal vez sólo cuando se hace colectivamente— potencialmente muy satisfactorio para nuestros deseos, es potencialmente una maravillosa forma de hacer historia contribuyendo al desarrollo relacional de otro compañero. Pero al mismo tiempo, lo que estás haciendo es un recurso para el capital. Y eso es tan trágico y difícil de entender.

Realmente duele darse cuenta de que el mercado y el capital penetran en las relaciones íntimas y las partes de nuestras vidas que nos sientan bien y hacen que la vida valga la pena. No niego estas cosas íntimas que se romantizan en la propaganda sobre la familia, las intimidades profundas son lo que hace que la vida valga la pena para la mayoría de nosotros. Así que cuando desde el movimiento de salarios por trabajo en el hogar apuntan: “Ellos dicen que es amor. Nosotras decimos que es trabajo no remunerado”, toca explicarlo todo el tiempo: ¿Te das cuenta de que no dicen “nosotras decimos que no es amor?” Están diciendo que de hecho es trabajo y amor juntos. Ese es el problema. Y el marxismo hasta ese momento no había apreciado la magnitud del problema.

Es un caramelo amargo. Así que podemos ver que hay gente que piensa que si así es como funciona el capitalismo, entonces prefiere negarlo. ¿Conoces esa frase en la que Marx dice, “queremos mirar dentro de la fábrica y ver lo que realmente sucede”? Lo que decían en los años 70, desde el análisis de salario por trabajo doméstico es: “mira en la parte de atrás de la fábrica, hay otra puerta. Y detrás de esa puerta está el ama de casa cocinando sin salario”. Si no ves esa trastienda aún más oculta, no tienes ninguna esperanza de ganar de verdad al capitalismo. Entonces la gente inmediatamente quiere saber. Bueno, ¿qué podría significar eso? ¿Qué quieres que hagamos? Yo tampoco lo sé. Tenemos que resolverlo juntos. Es una constatación vertiginosa.

No creo que haya maneras fáciles de saber por dónde empezar. Y al mismo tiempo, paradójicamente, creo que hay muchas maneras en las que ya empezamos y hemos empezado, porque vemos incluso en los llamados hogares tradicionales cosas que vale la pena preservar. Eso es lo que significa la abolición, significa preservar y destruir, transformar todo a la vez. Por eso es la palabra correcta en mi opinión. No expandir o reformar o destruir.

Los abolicionistas siempre han enseñado que se pueden haber roto las cadenas de los esclavos, pero aun así no se ha logrado la abolición. La abolición no llega hasta que se haya creado un mundo en el que el humanismo sea digno de este nombre porque la idea de la esclavitud o la práctica de la esclavitud se ha convertido en algo imposible, impensable, algo que no se puede materialmente repetir. Eso es lo que sería la abolición.

En el caso del abolicionismo carcelario, no se trata de quemar las prisiones, sino de construir un mundo en el que la seguridad y la protección se proporcionen de verdad, que es lo que las prisiones y los tribunales y el sistema judicial dicen que nos dan. Así pues, la abolición es en realidad una superación positiva. Así que, con la familia, es el mismo tipo de abolición: No estoy intentando quitarte a tu abuela, pero tenemos que preguntarnos por lo que se supone que la familia debe hacer por nosotros. ¿Lo está haciendo? Hay pequeños trozos, conocimientos, prácticas y sabidurías, incluso dentro de la familia, que son parte de la respuesta, que nos dan pistas.

P. En esta era de limitada imaginación política, ¿cómo podemos pensar en esta superación positiva de la familia?


Yo veo dos cosas: una de ellas es concentrarse en fortalecer los proyectos e iniciativas de la izquierda como, ya sabes, recuperar las cosas que nos han robado y los bienes comunes. En España me siento bastante absurda hablando de comunidades porque aquí hay muchas y donde yo vivo no tengo el privilegio de ver los logros de los movimientos feministas materializados en el paisaje. Aquí hay una revuelta, la gente se apodera de un edificio, y desde ahí da comida gratis para todos en el barrio. Estos espacios autogestionados, en cierto modo, son parte de mi respuesta: ya hay conocimiento sobre cómo empezar a desarrollar ese “amor rojo”, no desde la propiedad, sino desde las lógicas de la interdependencia. Una interdependencia consensual, en la que empiezas a quitarte la bota de la coerción económica del cuello.

Y habría que decir, aunque quizás esta respuesta sea un poco decepcionante, que no se puede abolir la familia de manera aislada, de hecho, yo no recomendaría intentarlo. No estoy diciendo que esté en contra de las iniciativas independientes para ir a vivir en comunidad al campo, tal vez hay maneras de conseguir poder de esa forma. Pero en realidad creo que este libro, a pesar de que tiene “abolir la familia” en el título, es más un texto sobre cómo podríamos describir la reproducción social comunista, más que un eslogan o una llamada a las armas. No creo que se pueda vivir la abolición de la familia sin construir antes el poder para poder sostener un impulso revolucionario.

La ficción especulativa ayuda a ello. M. E. O'Brien y Eman Abdelhadi, mis queridos colegas, son escritores de ficción realmente brillantes que imaginan un futuro en el que el caos y el desorden llevan a una situación revolucionaria en la ciudad de Nueva York. En ‘Everything for everyone: An Oral History of the New York Commune, 2052–2072’ insisten realmente en el trauma y la dificultad de atravesar estos periodos de la historia en los que se está produciendo una transformación y de repente surge la posibilidad de sanar. Pero eso no se siente necesariamente bien porque estamos acostumbrados a las estructuras que nos han hecho quienes somos. Es una visión fascinante de lo que se puede sentir al empezar a abolir la familia, liberar Palestina, restaurar la ecología, incluso hay un elemento de lucha armada.

Lo que también me recuerda que la lógica de “todo para todos” se ha vuelto a poner en práctica en la lucha de los palestinos por su liberación. En el sentido de que la destrucción genocida del parentesco, de los linajes de sangre, de las familias forma parte de la lógica del genocidio. Y, por lo tanto, desde cierto punto de vista, se ha dicho, ¿cómo se puede hablar de problemas con la familia cuando todos estamos viendo el sufrimiento de las familias palestinas?

Me tomo muy en serio esta crítica. Pero también creo que hay otra lectura. En cierto sentido, creo que los supervivientes del genocidio estás defendiendo una lógica que supera la familia cuando dicen explícitamente: todos los niños son nuestros, nos pertenecen. Los palestinos rechazan la lógica xenófoba invirtiendo la deshumanización vertida sobre ellos por los colonos, cuando rechazan esa mirada nacionalista de lo nuestro y lo vuestro, la familia frente a los extraños, pues en todo este contexto de devastación y todo este genocidio, hay prácticas que van más allá de la solidaridad familiar.

Es en estos momentos que vemos también, y esto es desgarrador, la culpa que la gente siente cuando no pueden proteger a sus hijos con la familia como escudo. La gente habla de la culpa porque los niños mueren de hambre, y esto también nos dice que la familia es siempre un poco una fantasía de seguridad. No se trata solo de la seguridad para todos los palestinos que trabajan por la supervivencia mutua. Todos los habitantes de esa tierra son casi una familia porque están unidos. Están atrapados juntos, que es un poco como la familia, la familia también es un espacio violento. Y la única salida es encontrar una especie de autonomía mutua y la inmersión mutua en el cuidado.

Puede parecer una locura, cuando estamos hablando de uno de los ejércitos más grandes del mundo contra un pueblo indígena, luchando por su liberación, calificar esto como una “situación familiar”. Pero la única solución realmente está en la lógica que los familiares de los prisioneros israelíes han articulado cuando pedían todos por todos, es decir, liberar a los 15.000 prisioneros palestinos, a cambio de los 240 israelíes. Estaban diciendo que realmente rechazan la idea de este tipo de oposición fundamental entre los dos pueblos. Todos por todos es en realidad una de las mejores condensaciones de mi política que he escuchado nunca. Decimos todo para todos también. Decimos que todo es de todos, todo en común.

No son sólo palabras vacías, como vemos en estos momentos de la historia: lo que realmente queremos y lo que realmente merecemos se vuelve de hecho más fácil de ver, precisamente por lo insoportable del momento. No sé cómo justificar hablar de otra cosa que no sea Palestina. En los últimos meses, en todo lo que escribo o pienso, están las lecciones de la liberación palestina, su lucha y el genocidio al que se enfrentan. Una publicación alemana me pidió un ensayo sobre la familia. Me acaban de decir que quieren que quite todos los párrafos que mencionan Palestina, que es como la mitad del texto. Les he respondido que no, por Dios.

P. No puedo evitar preguntarte sobre la renta básica universal (individual e incondicional) y si ves que podría dar un sustento material que permitiese esta abolición de la familia en cuanto que aliviaría la coerción económica dentro de los hogares.

Apoyo la idea con cierta cautela. He leído muchos argumentos de Katie Weeks a favor. No estoy en desacuerdo. Creo que ella enfrenta las mismas dudas que yo al respecto. Quiero decir, desde una especie de perspectiva comunista un poco más antiestatal, tengo dudas sobre cuál podría ser el mecanismo que distribuya esta renta básica, especialmente si tenemos el poder para obligar al Estado a hacer algo así, ¿sería esto lo primero que deberíamos forzar a hacer al Estado? ¿Qué pasaría, por ejemplo, con las personas sin documentación? En resumen, me pregunto cómo haríamos para que el Estado haga esto. Y si pudiéramos: ¿no deberíamos simplemente deshacernos de él? No sé si deberías poner eso (ríe).

Me parece que hay demandas que surgen de los movimientos sociales que son beneficiosas independientemente de si la política que se pide realmente se transmite y se aplica. Así que realmente estoy a favor de la formulación de la demanda, para decirlo sin rodeos: “pagadnos”, esto es lo que decía el ala radical de las organizaciones nacionales por los derechos del estado de bienestar (‘Social Wellfare Movements’). En cierto sentido, es lo mismo que lo que pide el movimiento de salario por el trabajo doméstico. Ambos estaban muy relacionados: El colectivo de mujeres negras por salario por el trabajo doméstico, y el ala radical de la organización de derechos del estado de bienestar en Estados Unidos, decían: “necesitamos dinero, no porque queramos ser trabajadoras o porque estamos tristes porque no trabajamos. Estamos trabajando porque somos madres. Deberíais pagarnos por el trabajo de ser madres”. Es una retórica que se resistía a la moralidad de las madres como trabajadoras temporales incapacitadas. Decían: “nos lo debéis, es nuestro dinero, dádnoslo”. Es una demanda muy pura, y muy poderosa. La renta básica universal que se demanda así es algo con lo que estoy de acuerdo: Devolvednos lo nuestro. Expropiar a los expropiadores es la lógica del comunitarismo.

En general, creo que hay que recordarle a la gente, especialmente en el lugar donde vivo, Estados Unidos, que “They owe us a living” [nos deben una vida] —¿Conoces esa canción punk de los 80 en el Reino Unido? “¿Nos deben una vida?” Por supuesto.— La lógica neoliberal de que nadie te debe la vida y de que “yo no quiero dádivas”, contiene una gran mentira, y pura fobia machista a la interdependencia.

domingo, 7 de abril de 2024

#hemeroteca #feminismo #cuidados | Alva Gotby: “Se utilizan ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos de minorías”

Alva Gotby: “Se utilizan ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos de minorías”
Alva Gotby, escritora y feminista británica, ha impactado en el debate feminista al analizar el papel de las emociones en la perpetuación del sistema capitalista en su obra más reciente.
Laura Pérez Castaño | El Salto, 2024-04-07
https://www.elsaltodiario.com/feminismos/alva-gotby-cuidado-trabajo-reproductivo

Alva Gotby //
Alva Gotby, escritora inglesa y destacada voz en el ámbito del feminismo contemporáneo, ha dejado una profunda huella en el debate feminista con su análisis de las complejidades de la reproducción social en el contexto del capitalismo actual. Con una sólida formación académica en Estudios de Medios de Comunicación y Filosofía y Teoría Crítica Contemporánea, en su obra más reciente, ‘Ellos lo llaman amor. Una política de las emociones’, publicada por Verso, Gotby desentraña el papel fundamental que desempeñan las emociones en la reproducción del capitalismo.

A través del concepto de “reproducción emocional”, Gotby expone cómo actividades cotidianas, tales como consolar a un ser querido o brindar apoyo emocional en el trabajo, son elementos cruciales para el funcionamiento del sistema económico y social. Desafiando las concepciones convencionales, la autora muestra que el trabajo emocional, mayoritariamente realizado por mujeres, no solo asegura el bienestar individual, sino que también refuerza las jerarquías de poder y la estabilidad del ‘statu quo’. Además, aborda las implicaciones políticas de estas dinámicas, destacando la necesidad de una reestructuración radical de la sociedad para mejorar las relaciones humanas y abordar las desigualdades sistémicas.

Gotby representa hoy el feminismo visionario del que hablaba bell hooks en ‘El feminismo es para todo el mundo’, cuando diferenciaba entre el feminismo que aboga por una revolución total, desafiando directamente las estructuras de poder establecidas, y un feminismo reformista que no pretende acabar con el orden social discriminatorio, sino reformar algunas cuestiones, particularmente las que afectan a las mujeres blancas de clases sociales favorecidas. Durante su visita a Barcelona para presentar su último libro, tuvimos la oportunidad de dialogar con ella sobre esta propuesta de transformación radical del sistema de género, la familia y el trabajo. Eso que ellos llaman amor.

P. Desde la década de los 70, la lucha feminista se ha considerado un gran eje de transformación radical de las desigualdades y ha conseguido enormes avances. A pesar de ello, la feminización de la pobreza y la división sexual del trabajo persisten... ¿siguen intactas las estructuras de dominación o ha cambiado algo?
Creo que ambas cosas, de alguna manera. Definitivamente hay muchas cosas que han cambiado desde los años 70. En la mayoría de los países de Europa, ha habido un cambio de una mayoría de mujeres dedicadas al trabajo en el hogar a más mujeres trabajando en diversas formas de empleo remunerado, e incluso algunas de ellas tienen ocupaciones de alto estatus, de las que habrían sido completamente excluidas hace solo 50 años. También es cierto que los hombres están más involucrados en el cuidado de los niños y asumiendo parte del trabajo doméstico. Pero la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado siguen haciéndolo las mujeres y buena parte de ese trabajo se ha trasladado de las amas de casa a trabajadoras mal remuneradas en sectores feminizados como servicios infantiles o de atención a personas mayores. Aún queda trabajo por hacer para lograr una distribución justa de las responsabilidades de cuidado.

P. En el libro dices que hay que rechazar el papel femenino que el capital ha inventado para nosotras, ¿en qué consiste ese papel y qué tiene que ver el amor en todo eso?
Creo que ese papel se centra en el cuidado de los demás, en estar atenta a sus necesidades y a menudo implica sacrificar el propio bienestar. Aunque este trabajo puede ser difícil, a menudo no se reconoce como trabajo, sino como una expresión de amor y casi se glorifica. Quiero desafiar la idea de que este rol femenino sea natural; cuestionar la noción de que amar a tus hijos implica sacrificar tu propia vida. Podemos organizar el cuidado de una manera diferente.

P. Le das mucha importancia a la parte emocional dentro de los trabajos de cuidado ¿De qué hablas cuando hablas de “reproducción emocional”?
Hay un componente emocional bastante importante en los cuidados. Y eso es algo que mucha gente menciona cuando habla de trabajos reproductivos pero rara vez se teoriza por sí mismo. Yo pienso en la emoción como algo que a menudo estructura las relaciones de cuidado. Y también que hace que sea más difícil para las personas decir que no. Puede hacer que esas relaciones sean más explotadoras, porque si tienes una especie de inversión emocional en el bienestar de otra persona, es muy difícil decir: “no quiero hacer esto, voy a reivindicar mi bienestar o hacer huelga”.

P. Hablas del amor como trabajo... ¿cómo se mercantiliza el trabajo emocional y qué rol juega la clase social en la mercantilización?
Desde los años 70, ha habido un cambio notable en las economías capitalistas de Europa y América del Norte, especialmente con la creciente importancia del trabajo de servicios en los mercados laborales. Esta demanda repentina resalta la habilidad tradicionalmente feminizada de satisfacer las necesidades emocionales de otros, lo cual es interesante ya que intenta valorar algo difícil de medir y que cambia su significado cuando se convierte en mercancía. Al contratar a una cuidadora para atender a tus padres mayores, se crea una dinámica diferente a la de cuidar a un padre por cuenta propia, lo que introduce una nueva jerarquía en las relaciones familiares. Aunque se presenta como una solución para las mujeres que trabajan y necesitan cuidado para sus hijos, también genera nuevas formas de explotación.

P. Y aquí hay claramente un factor de clase... de quién puede pagar y quién necesita el dinero.
Creo que muchas personas que tienen ciertos privilegios en términos de su posición de clase, género o raza, a menudo tienen sus necesidades satisfechas sin tener que pensar realmente en ello. Y eso significa que hay otras personas que tienen que suprimir sus propias necesidades o sentimientos, y simplemente tienen que estar ahí para asegurarse de que las personas en la jerarquía social se sientan bien consigo mismas y con su posición en el mundo. Eso es algo que a menudo no se piensa demasiado. Es tan invisible y está tan naturalizado que algunas personas pueden comportarse como quieran con otras, y no tienen que reconocer sus sentimientos o sus necesidades. En cambio, una persona trabajadora del sector servicios, por supuesto no va a expresar sus propios sentimientos o su enojo hacia su empleador o hacia un cliente. Porque simplemente tienen que suprimir sus propios sentimientos.

P. Dice Silvia Federici ¿Más sonrisas? Más dinero...
Sí, creo que la capacidad de cubrir las necesidades emocionales de otros se está volviendo más importante como habilidad de la clase trabajadora. Especialmente, aunque no exclusivamente, las niñas de clase trabajadora están siendo socializadas para realizar ese tipo de trabajo que ofrece bienestar, porque muchas de las oportunidades laborales que estarán disponibles para ellas implicarán alguna forma de trabajo de servicio o cuidado. Por lo tanto, eso se ha vuelto más importante.

P. En tu base teórica recoges el legado del movimiento Wages for Housework ¿Qué discursos y qué prácticas articula este movimiento y qué razones lo hacen tan relevante en tu libro, en el reconocimiento de la reproducción emocional?
Sí, este fue un colectivo feminista internacional fundado en los años 70, en un momento en que muchos movimientos feministas empezaron a enfocarse más en lo que ocurría en el ámbito privado y en las tareas domésticas. Lo que encuentro especialmente relevante en los escritos sobre el salario para el trabajo doméstico es tanto su perspectiva teórica, ya que ofrecen un análisis profundo de las inversiones emocionales que muchas madres, pero también otros tipos de trabajadoras de cuidado tienen en relación con aquellos a quienes cuidan. De esta manera, logran destacar cómo estas dinámicas influyen en nuestra percepción de nosotras mismas y en nuestra comprensión del género. Por otro lado, el colectivo también mostraba un claro deseo de transformar el sistema en sí. Su interés no se limitaba a pequeñas reformas que pudieran hacer la vida un poco más fácil para las madres que cuidan de sus hijos u otras cuidadoras. Más bien, aspiraban a un cambio social más amplio que transformara por completo nuestra manera de relacionarnos entre nosotras como personas, así como nuestra concepción misma del cuidado. Considero que este intento de repensar profundamente cómo nos cuidamos mutuamente es sumamente relevante hoy en día. Aunque el discurso feminista y de derechos de las mujeres más liberal ha tenido un impacto significativo, parece haber alcanzado sus límites. Para superar los desafíos actuales, donde muchas personas luchan por conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades de cuidado, es crucial reflexionar sobre cómo podemos transformar la sociedad en un nivel más profundo.

P. Diría que se relaciona de manera muy directa con la propuesta de huelgas feministas que hemos visto en España desde 2018 y hace pocos meses en el País Vasco.
Sí, el movimiento feminista en varios países ha adoptado la idea de la huelga, lo cual es realmente interesante y emocionante. Es algo difícil de hacer, ya que obviamente no queremos dejar a la infancia abandonada ni a las personas enfermas sin cuidado.

Me interesa esto como una forma de cambiar nuestra forma de pensar sobre el cuidado, tratando de convertirlo en una responsabilidad compartida. A veces, esto implica que las mujeres se alejen del trabajo de cuidado y digan: “Necesitamos un descanso, no podemos seguir así”. Esto puede hacer que el cuidado se convierta en un tema político y que se busquen soluciones que involucren a toda la sociedad. Si las mujeres dicen que no pueden seguir bajo estas condiciones, entonces algo debe cambiar.

P. Ese algo está basado en una ética de apoyo mutuo e interdependencia, según explicas en el libro, para superar la dominación, ¿cómo se transforma ese mensaje en un proyecto colectivo?
Definitivamente no es fácil. Y creo que incluso para mí, a menudo es difícil ver cómo podemos avanzar hacia ese tipo de cambio social. Pero también creo que muchas personas realmente sienten la necesidad de ello. Hay bastante ira, hay bastantes personas que sienten que esto es una injusticia y que las cosas no pueden seguir como están. Se utiliza el término crisis reproductiva para describir el momento en el que estamos ahora mismo, lo que sugiere que algo tiene que ceder o que algo necesita cambiar. Creo que, si ponemos esto en la agenda política, y lo convertimos en una lucha colectiva, habría realmente mucha gente receptiva a esta idea. Porque la gente lo siente en su vida diaria, que simplemente no es sostenible.

P. Me parece particularmente complicado en una época en que la cultura popular exalta el individualismo. Es decir, tu libro ‘Ellos lo llaman amor’ convive con “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan” de Shakira. Es difícil competir con eso.
Sí, entiendo a lo que te refieres. Creo que, desde los años 80 o 90, se están utilizando ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos profesionales de minorías. Y tienes este tipo de feminismo ‘girlboss’ que utiliza ideas feministas para justificar llegar a la cima en cualquier carrera en la que estés. Y eso definitivamente es un gran problema para el pensamiento feminista, y por eso creo que es importante cambiar el enfoque lejos del empoderamiento individual o tener, no sé, igualdad de género en el lugar de trabajo. Por importante que sea eso, no será suficiente para cambiar fundamentalmente la sociedad porque, como sabemos, se basa en la explotación de trabajadoras migrantes y otras personas que terminan asumiendo los trabajos de cuidado que las personas necesitan.

P. En tu libro hablas de grupos autónomos de mujeres negras, lesbianas y trabajadoras sexuales, estas últimas, aseguras a la vanguardia de la lucha contra el trabajo sexual(izado) ¿Qué mundo construiremos las malas madres, las trabajadoras sexuales, queers y otros sujetos reproductivos desviados?
Estoy considerando una amplia coalición que abarque a personas de diversas posiciones sociales. Algunos enfoques feministas han destacado la respetabilidad, perpetuando una dicotomía entre mujeres “buenas” y “respetables” y el resto. Mi objetivo, al igual que el del movimiento salario para el trabajo doméstico, es superar esas divisiones y destacar las similitudes en la lucha contra las condiciones laborales. No siempre es sencillo y es cierto que las circunstancias son diversas, por ejemplo, las condiciones laborales de una ama de casa de clase alta difieren de las de una trabajadora sexual migrante. Sin embargo, propongo explorar cómo mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras más marginadas, especialmente en el ámbito del cuidado, lo cual también podría beneficiar a aquellas más privilegiadas.


P. ¿Puede ser útil para ello la idea de cuirizar la reproducción emocional?
Se trata de ir más allá de la familia nuclear como el epicentro del cuidado en la sociedad y considerar cómo las personas queer han creado arreglos de cuidado más colectivos y creativos, sí. Las estrategias de supervivencia bajo condiciones restrictivas ofrecen ideas para el futuro.

P. La desigualdad en el trabajo de la reproducción emocional se alimenta del sistema de género. Sobre la abolición del género sostienes dos cuestiones: la primera, que se puede hacer a través de la amplificación colectiva de los sentimientos disponibles para sujetos feminizados y la segunda, que el feminismo tránsfobo socava la abolición del género.
Cuando hablo de abolición de género, tengo en mente un proyecto político para superar la forma en que las personas son categorizadas por género y cómo esto afecta su experiencia y el tipo de trabajo que realizan. No estoy abogando por una sociedad más andrógina, sino que defiendo la libertad para expresar el género como se desee. Creo que la socialización de las mujeres, centrada en el cuidado de otros, es problemática en la sociedad capitalista. Sin embargo, creo que, si logramos superar las restricciones actuales del trabajo de cuidado y la división de género en el trabajo, esto podría llevarnos más allá del individualismo que caracteriza a nuestra sociedad en este momento.

P. ¿Cómo?
Imagina una sociedad donde se generalice la responsabilidad de cuidar a otros, al mismo tiempo que se minimiza la carga individual de hacerlo. Esto podría ser una forma radicalmente diferente de concebir la sociedad y también de relacionarnos con nosotras mismas y nuestra expresión de género. Los puntos que quería abordar sobre el feminismo transfóbico... Muchas de ellas se ven a sí mismas como queriendo ir más allá de una sociedad de género, pero la forma en que lo están haciendo termina reforzando normas de género y reinstalando ideas bastante naturalizadas sobre lo que es el género. Para mí, creo que el potencial de liberación radica en que las personas sean realmente libres de explorar su propia expresión de género y gran parte del pensamiento queer en el que me baso no ha establecido un límite claro entre la sexualidad o la orientación sexual por un lado y la expresión de género por el otro.

P. ¿Y el rol de los hombres en una socialización más justa del cuidado?
Supongo que, en este momento, es importante estar más involucrado en reorganizar el cuidado, sin dar por sentado que es responsabilidad exclusiva de otra persona ocuparse de ello. Considero que esto es fundamental y no quiero minimizar su importancia en absoluto. Pero a menudo, hay una tendencia, especialmente en el discurso feminista más liberal, a convertir esto en una responsabilidad individual. Por ejemplo, sugiriendo que, si los hombres aprendieran a cuidar a sus hijos, todo estaría bien, como una cuestión individual a trabajar en el ámbito familiar. Pero claro, hay un papel para los hombres en esto. Se trata de un proyecto que concierne a toda la sociedad y creo que verlo como una cuestión individual dentro de la propia familia no nos llevará muy lejos. Se necesita la participación de todos, incluidos los hombres, en un proyecto colectivo para repensar el cuidado.

P. Tú propones un horizonte en el que construir una unidad de clase en la lucha contra la explotación en la que los hombres se sumen en nuestros términos a una revolución feminista.
Esa es en realidad una línea inspirada en Selma James, quien fue una de las personas más conocidas del movimiento salario para el trabajo doméstico y una pensadora feminista muy importante. Ella tiene esta crítica hacia los movimientos sindicales que veían las luchas feministas como una especie de desviación de la verdadera causa, y decían, ¿por qué las mujeres no se unen a nuestra lucha, la lucha de clases, la verdadera lucha? Creo que ella es realmente buena al darle la vuelta a eso y decir, ¿por qué no podemos reconsiderar la lucha de clases desde el punto de vista de las necesidades de las mujeres y luego exigir que los hombres respalden esas demandas? Creo que es una manera útil de pensar en cualquier lucha política, decir: “Mira, todos necesitamos unidad, pero esa unidad no puede basarse en que algunas personas simplemente guarden silencio sobre lo que necesitan”. Debe ser una unidad que realmente esté considerando las necesidades de las personas que son aún más explotadas.

P. ¿Qué papel pueden jugar las izquierdas en Europa?
Gran pregunta. Creo que hay que entender que las demandas que se plantean en torno a la reproducción social, en torno al cuidado, son cosas que nos conciernen a todas las personas. Todas estamos afectadas por el cuidado y la reproducción, en un momento u otro, todas necesitamos cuidado y todas necesitamos que nuestras condiciones de vida sean mejores. Así que creo que hay bastante potencial de unidad en estos temas porque la mayoría de las luchas políticas de una manera u otra tendrán implicaciones sobre cómo nos estamos reproduciendo y cómo estamos viviendo y sobreviviendo en la sociedad capitalista. Y muchas veces se trata simplemente de poner eso en la agenda. Todas necesitamos acceso a una vivienda digna. Todas necesitamos cuidado de ancianos y atención médica decente. Incluso aquellas personas que no tienen hijos probablemente quieren que el cuidado infantil sea bueno y accesible. Creo que sería muy beneficioso que la izquierda buscara más autonomía del trabajo remunerado para replantear nuestras relaciones de cuidado. Sin embargo, las restricciones del actual sistema social limitan esta posibilidad, impidiéndonos simplemente abandonar el capitalismo para reconfigurar nuestras relaciones personales.