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martes, 23 de febrero de 2016

#hemeroteca #transexualidad #menores | Mónica Zamora: “Le pregunté a Ane, ¿te gustaría ser un niño? Abrió los brazos y me contestó: Claro, ama”

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Leo entre su hermana mayor y su madre, Mónica
Mónica Zamora · Madre de Leo, un niño transexual: “Le pregunté a Ane, ¿te gustaría ser un niño? Abrió los brazos y me contestó: ‘Claro, ama”.
Leo, de once años y natural de Irun, es el primer menor transexual al que Osakidetza suministra y financia inhibidores hormonales, después del preceptivo informe psiquiátrico. El proceso ha resultado difícil pero, ahora, su madre expresa que “todo han sido sonrisas, muy positivo y liberador”
Aitor Anuncibay / Ruben Plaza | Noticias de Gipuzkoa, 2016-02-23
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2016/02/23/sociedad/le-pregunte-a-ane-te-gustaria-ser-un-nino-abrio-los-brazos-y-me-contesto-claro-ama

- ¿Cómo ha sido todo el proceso de Leo hasta llegar al tratamiento?
-Desde que camina, la mayoría de sus comportamientos siempre han sido como cualquier otro niño. En el momento en el que hubo que ponerle braguitas lloraba y se las arrancaba. Lo intenté tres veces y de ahí me fui al súper a comprarle otra cosa. Y se puso calzoncillos. No hubo problema. En ese primer momento notábamos que no se sentía cómodo, pero no le dimos una importancia máxima. También fue totalmente imposible que heredase algo de Nagore, su hermana mayor. De princesas de rosa y con lazos él no quería ni oír hablar. La tendencia fue cada vez marcándose más: el calzado, los pantalones de chándal, la ropa de fútbol, los juegos... En cuanto entrábamos en algún tipo de grupo social, su primer acercamiento era hacia los niños. Jugando con su hermana, ella asumía el papel de niña y él era el príncipe, el novio...

¿Cuándo se produjo el punto de inflexión?
-Interpretas que es una niña muy chicazo o que le gustan las cosas de niños. Y no hay problema porque nada está vetado. Es cierto que con seis años íbamos camino a un cumpleaños, me miró y me dijo: ‘Ama, ¿por qué me llamo Ane?’ Y le contesté: ‘Porque a tu padre y a mí nos gustó ese nombre cuando naciste. ¿Cómo te gustaría llamarte?’ Y me dijo: ‘Erik o Nico’. Pero eso son nombres de niño, le expliqué. ‘¿Te gustaría ser un niño?’ Entonces me miró, abrió los brazos y me dijo: ‘Pues claro, ama, claro’. Le expliqué que se podía llamar Ane, ser una chica y hacer lo que quiera como los chicos. Luego le hice otra pregunta: ‘¿Cuando seas mayor te ves con barba como el aitatxo?’ Y exclamó: ‘Así quiero’. Fue en ese momento más o menos cuando supe lo que ya intuía. Y esos comentarios fueron un bálsamo que le calmaron. Siempre había vivido con el pelo corto y con vestimenta a su gusto. Cuando jugaba a la Wii o a la Play sus personajes siempre eran de chico y se llamaban Leo o Max. Lo tenía clarísimo. Era un rechazo total a todo lo que pudiera identificarle con una niña.

¿Cuándo llegan a la conclusión de que debería someterse a un tratamiento?
-Ese momento llega a raíz de tres meses superdramáticos y superangustiosos para él. En Navidades de 2014 le empieza a brotar un poco el botón mamario. Empezamos a notar que se sentía muy angustiado. No quería comer. Lloraba constantemente, estaba triste. No quería ir al colegio y la mitad de los días me llamaban del centro para decirme que estaba mal. Él decía que le dolía la tripa. Y empezamos un largo proceso de médico en médico. Le hicimos de todo y, evidentemente, no le encontraban nada. Un día, la pediatra le preguntó si estaba nervioso por algo. Y dijo que no. La doctora ya se había dado cuenta de que iba con calzoncillos. Y le preguntó: ‘¿Igual no te sientes cómodo?’ Pues igual, contestó. Entonces fui a unas charlas sobre transfeminismo y transexualidad en menores y, cuando la presidenta de Chrysallis (Asociación de Familias de Menores Transexuales) no llevaba ni un minuto hablando yo ya estaba llorando como una magdalena. Sin conocerlo, estaba describiendo a mi hijo.

¿Qué hizo entonces?
-Terminó la charla y le pregunté cómo debía afrontarlo. Y me dijo que era algo tan sencillo como preguntárselo. Vinimos a casa, le puse el documental el ‘Sexo sentido’ y, en el momento en el que apareció un niño transexual de su edad, me miró a los ojos y me dijo: ‘Ama, esto es lo que me pasa a mí y me abrazó’. Fue un momento superemotivo. Le expusimos: ‘Hoy en día puedes ser lo que quieras y ser quien quieras, te vamos a querer y a apoyar. Cuando tu decidas, nos dices y empiezas el tratamiento.’ Al día siguiente estábamos en el monte, me vino por detrás y me dijo: ‘Ama, quiero que me den el tratamiento masculino ya.’

¿Cómo fue el proceso hasta llegar a la medicación?

-Conocí en unas ponencias a la responsable del servicio de Endocrinología del Hospital Cruces, Itxaso Rica. En ese momento estaba perdidísima, en un estado de pánico, de no saber cuál es el paso siguiente porque nadie sabe de eso. Me fui donde ella y le expliqué todo. Ella nos puso en contacto con el equipo de la Unidad de Género de Cruces y allí se le hizo un seguimiento psiquiátrico durante seis meses, como exige el protocolo. El 29 de octubre le pusieron la primera dosis de los inhibidores de la pubertad y repite cada 28 días. Le bloquea el desarrollo de los pechos y que no le baje la menstruación.

¿Cómo se siente Leo?
-Hasta que le pusieron la primera inyección se sentía un poco ansioso, aunque contento. Él veía que eso detenía su proceso y le creaba mucha ansiedad el no frenarlo a tiempo. Y la verdad es que a mí también. Le ha generado muchísima paz interior. Está superfeliz, se siente muy seguro. No tiene ningún tipo de miedo, ninguna angustia. La peculiaridad de tener vagina en vez de pene no le supone nada. Es algo tan íntimo y que se evidencia tan poco que ni le preocupa. No siente ningún rechazo a su vida anterior, a su nombre anterior. Lo lleva con una naturalidad abrumadora.

¿Cómo ha reaccionado su entorno social?
-Todos increíblemente bien. Como él mismo dice: Se veía venir. Cualquiera que conociera a Leo una semana antes de hacerse el cambio ya le confundía con un niño. No había nadie que interpretara que era una niña. Personalmente me vinieron un par de compañeros suyos a darme las gracias y me eché a llorar como una tonta porque ese era el mejor regalo. Me siento feliz, estoy emocionado, me decía su mejor amigo. Y en el centro escolar todo ha sido muy natural. Se hizo una presentación y todos los profesores hicieron una clase para explicarlo. Hasta se les informó a las personas que cuidan el comedor. A los alumnos les pusieron un vídeo y Leo hizo su presentación. Todo fue muy bonito y gratificante para él.

¿Y su hermana?
-Un día le miré a mi hija mayor y le dije: ‘¿Tú que opinas?’ Y me contestó: ‘Ama, es que no sé qué duda tienes. Es un niño. No sé qué estás pensando...’ La reacción de su hermana fue increíble. Ella se lo comentó a todos sus amigos con naturalidad. Todo han sido sonrisas, muy positivo y liberador. De repente, la pieza encaja.

¿Han tenido algún problema con la documentación personal?
-En Osakidetza ya tiene puesto Leo en la tarjeta. En el colegio aparece Leo en sus notas, en el casillero, incluso en la plataforma de notificaciones. En su carné de biblioteca pone Leo. En deporte escolar es Leo. Nos falta el DNI. Está en un cajón. Él es un niño muy maduro que entiende que lleva un proceso y, a día de hoy, no le soluciona nada que le cambien el nombre. No es necesario y no le genera malestar. Me da bastante igual. Me importaba mucho más su tranquilidad, su bienestar y su felicidad.

lunes, 22 de febrero de 2016

#hemeroteca #transexualidad #menores | «Para Leo ha sido muy liberador haberle dejado siempre ser un niño»


Imagen: ABC / Leo y su madre, Mónica
«Para Leo ha sido muy liberador haberle dejado siempre ser un niño».
Un menor de Irún, pionero en el País Vasco en bloquear el desarrollo de la pubertad por ser transexual.
Pablo Pazos | ABC, 2016-02-22
http://www.abc.es/sociedad/abci-para-sido-liberador-haberle-dejado-siempre-nino-201602222212_noticia.html

«Ha sido todo muy liberador, muy gratificante. El hecho de haberle dejado ser siempre como él ha necesitado no le genera ningún tipo de rechazo. No le genera rechazo su nombre anterior, sus genitales, su vagina. Va tranquilamente desnudo de su cuarto a la ducha. Le ha dado mucha tranquilidad a la hora de afrontar el siguiente paso». Quien habla, en charla con ABC, es Mónica Zamora, madre de Leo, un chico transexual de 11 años de Irún (Guipúzcoa).

Al nacer le pusieron Ane. Pero «siempre ha manifestado síntomas o comportamientos de niño», explica Mónica. «Nunca hubo manera de ponerle una braguita. El quería el que estaba Cars o Buzz Ligthyear, no quería lacitos ni nada. No tenía ni dos añitos. No quería zapatito ni vestidos ni faldas, ni nada rosa ni nada femenino. Quería la ropa de los niños que veía alrededor».

Leo acaba de dar un paso más, el más importante en su corta vida para ratificar su sexualidad. Desde el pasado 29 de octubre recibe un tratamiento para bloquear el desarrollo de la pubertad. En concreto, bloquea la secreción de estrógenos evitando así el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios femeninos. Aunque se trata de un tratamiento frecuente, que se utiliza de manera habitual en otro tipo de circunstancias de menores, por primera vez en el País Vasco se administra a un menor en situación de transexualidad. En esto Leo es un pionero.

Para llegar al punto actual, Leo y sus padres han recorrido un largo camino. Mónica tiene muy presentes los grandes hitos en la vida de su niño. «Señales nos dio constantemente», advierte. «Sus comportamientos siempre eran muy de los chicos. Tengo una niña mayor y no tiene nada que ver». Recuerda que ya con tres años su gran ilusión era que llegara el fin de semana y desprenderse del uniforme escolar para enfundarse en la equipación del Barça.

Con seis llega uno de esos episodios cruciales. «Le llevaba en un coche a un cumple», evoca la madre. Y ahí Leo, todavía Ane, abrió el inesperado diálogo:

-¿Por qué me llamo Ane?
-Pues porque cuando naciste fue un nombre que nos gustaba a tu padre y a mí. ¿Cómo te gustaría llamarte?
-No sé, Nico o Erik.
-Son nombres de niño. ¿Qué pasa, que tú quieres ser un niño?
-¡Pues claro, amá, pues claro!
-¿Qué pasa, que te gustan las cosas de niño o quieres ser un niño?
-Quiero ser un niño
-Eso signifca que cuando seas mayor tengas barba y tengas pito como tu padre.
-¡Sí, eso, eso quiero!

Punto de inflexión
«El punto de inflexión importante, cuando no aguantó más, fue en las Navidades del año pasado, cuando empezó a ver que le empezaban a crecer las tetas», retoma Mónica su relato. «Nos dimos cuenta porque fueron tres meses super angustiosos. No quería cenar, no quería desayunar, decía que le dolía la tripa, no quería ir al cole, lloraba constantemente. Le notábamos como triste. Y muy irascible, también. Notamos que algo pasaba. No sabíamos muy bien qué».

La historia sigue en la consulta del pediatra: ecografías, análisis... Hasta que una doctora entendió lo que ocurría. «Se bajaba el pantalón y no tenía ningún problema, pero al quitarse la camiseta se tapaba el torso». Durante unas charlas sobre transexualidad en San Sebastián Mónica asiste a una ponencia de Natalia Aventín, la presidenta de Chrysallis, asociación de familias de menores transexuales. «Fue empezar a hablar y lloré como una desconsolada. Estaba describiendo a mi hijo a la perfección».

Fue ella quien le aconsejó que abordara directamente a su hijo y, para hacer más sencillo, el trago, le pusiera el documental «El sexo sentido». «Llegó un minuto en que sale un niño con una edad aproximada a la de él, no pasaron ni cinco segundos, me miró y me dijo: “Mamá, esto es lo que me pasa a mí, es que soy un niño trans”». Nos abrazamos y le dije: «No te preocupes, te queremos, te vamos a querer».

El tratamiento
Diez días más tarde, otra ponencia, en este caso con Itxaso Rica, endocrina, les abre las puertas de la Unidad de Género del Hospital de Cruces (Bilbao). Mónica le confesó que estaba «desbordada». No sabía qué paso dar a continuación. Para entonces Ane ya era Leo, uno de sus alter ego en la videoconsola -«como es tan futbolero, todos hemos intepretado que es por Messi, pero él dice que no»-.

La endocrina les habla de la posibilidad de seguir un tratamiento que bloquea la pubertad. «Lo que Leo llevaba durante tantos años reprimiendo y ocultando a los demás, que era cualquier cosa de rosa se le iba a hacer super evidente con la pubertad. En el momento en que le creciera el pecho para él iba a ser muy complicado justificar que se sintiera un niño». Desde entonces, Leo recibe una inyección cada 28 días. «A priori es reversible pero en el cerebro de Leo no lo es, para él es el siguiente escalón para que los demás le vean como el chico es».

Para muchos niños ese paso, ese escalón, implica cambios radicales. «Leo no ha modificado más que el nombre. Le da muchísima calma. Sí ha modificado algunos comportamientos. Antes no había manera de verle bailar. O llevar cosas de rosa. O mostrar cariño hacia un peluche. Le podía generar un poco de conflicto, de a ver qué podían pensar».

Un mes duro
Para sus padres hubo momentos complicados: «Su padre pasó un duelo de un mes un poco más duro. Le afectaba muchísimo esa incertidumbre, ese desconocimiento, por un lado de lo que es medicarse, que de primeras te genera bastante rechazo. Esa incertidumbre de que pueda llegar a sufrir en lo que es la adolescencia, como puedan llegar a ser sus relaciones íntimas personales. Era lo que más le desestabilizaba de todo».

Incluso Mónica dudó: «Tuve un mes, desde que dijimos socialmente que era Leo... Lo recuerdo con agonía. En el momento en que iba a la cama, era todos los días lo mismo, hacía un retroceso en la vida de Leo para ver si encontraba algo femenino que me hiciera ver que quizás me estaba equivocando. A ver si se me está pasando algún detalle de niña. Cada vez encontraba más detalles que no, que definitivamente es un niño», resume.

«También era un contar y contar y contar a personas cercanas ese cambio que dábamos», continúa. «También ese miedo a ser cuestionado como padre. "Qué barbaridad, cómo le están haciendo eso a su hijo. Qué sabrá un niño de 11 años". Esa angustia de: ¿qué me va a decir el padre de este compañero? ¿Qué va a pensar? ¿Qué le va a decir este padre a su hijo? Me generaba un poco de inquietud».

Hoy Leo y sus padres son felices: «La empatía, el apoyo han sido tan del 100% que todavía me siento más satisfecha del paso y de haberlo contado y de ver a Leo así. Que ese trago de un mes tenga una versión tan positiva. Un final muy, muy, super feliz».

Y TAMBIÉN…
El menor de Irún transexual entendió qué le ocurría viendo un documental.
Europa Press, 2016-02-23

http://www.europapress.es/euskadi/noticia-menor-irun-entendio-le-ocurria-viendo-documental-transexualidad-identifico-protagonista-20160223180012.html

domingo, 21 de febrero de 2016

#hemeroteca #transexualidad #menores | Leo se siente ahora más Leo

Imagen: El País / Leo con su madre Mónica
Leo se siente ahora más Leo.
El servicio de salud vasco suministra bloqueadores de la pubertad por primera vez a un niño transexual de once años de Irún.
Ane Zugadi | El País, 2016-02-21
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/02/20/paisvasco/1455980149_308208.html

“Ahora a los once años está feliz y seguro de sí mismo” “Soy un niño, ¿por qué me llamo Ane?”. A veces, los niños actúan de forma arrolladora. Esta es una de las frases con las que, con toda la naturalidad, Leo expresó el desacuerdo que sentía a su madre, Mónica Zamora. La ruleta biológica hizo que al nacer le asignasen un sexo que su corazón no sentía. “No había manera de ponerle una braguita de su hermana”, recuerda Mónica. Pero el desconocimiento lleva a los adultos a taparse los ojos y pensar que ya se le pasará cuando madure. “No sabemos interpretarles, sin embargo, ellos son contundentes”, reconoce. Leo, de once años y natural de Irún (Gipuzkoa), es el primer menor transexual al que el Servicio vasco de Salud, Osakidetza, suministra y financia inhibidores hormonales, después del preceptivo informe psiquiátrico.

El tránsito "es complejo" cuando las piezas del puzle no encajan en el esquema que la sociedad impone, reconocen los expertos. Una incomprensión, la de los adultos, que se da de bruces con la lógica de la infancia. La hermana mayor de Leo, Nagore, tiene 13 años y también lo tenía claro: “Es un niño, ama, no sé qué dudas tienes”, le solía decir a la madre de ambos. La identidad de género se determina entre los dos y los cinco años. No depende de los genitales: hay niños con vulva y niñas con pene. Con diez años, cuando Ane empezó a intuir que le salía el pecho, fue cuando Leo se hizo fuerte y marcó un punto de inflexión. “No quería cenar, lloraba, tampoco quería ir al colegio… Intuí que podía ser por eso. Vimos juntos el documental ‘El sexo sentido’ y enseguida me dijo: Esto es lo que me pasa a mí”.

Fue tajante. Lo tenía claro. Al día siguiente, fueron a pasear al monte, y dio el paso: “Quiero que me llamen Leo ya”, le decía y “estaba ansioso”, recuerda Mónica. Poco a poco fueron encajando las piezas. Él siempre había sido un niño , pero, a partir de ese momento, fue Leo para el resto. Hizo el tránsito social y pocos meses después se informaron del siguiente paso: frenar la pubertad. Se pusieron en contacto con la endocrino de la Unidad de Género del Hospital de Cruces. Después de recibir el informe psiquiátrico favorable que garantizaba la transexualidad de Leo, tuvieron que esperar seis meses de seguimiento antes de recibir la primera inyección de bloqueadores hormonales.

Se les hizo eterna la espera. “Lo vivió con mucha angustia, con miedo a que le crecieran los pechos. Cuando empezó las clases de gimnasia se ponía delante del espejo para comprobar que no se le notaba nada y preguntaba “¿cuándo vamos a empezar?”. Ese día llegó en octubre. Después de la primera sesión su mundo cambió. Se reafirmó. “Ahora está seguro de sí mismo”, se felicita Mónica. “Antes escondía el rosa, no bailaba, tenía bloqueado todo lo que a los ojos de los demás podía asociarle con una niña. Ahora está súper feliz. ¡Se ha apuntado a clases de hip hop!”. Un paso firme para Leo y Mónica que también abre la puerta a otros menores que puedan verse en el mismo espejo porque es la primera vez que Osakidetza suministra y financia inhibidores hormonales a un menor transexual.

Leo sigue viviendo como él quiere vivir con la complicidad de su familia y del entorno. “Hemos tenido muestras de apoyo a todos los niveles”. Con once años ha alcanzado un grado de madurez que le lleva a no negar su vida anterior, ni su nombre Ane, tampoco su vulva. Mientras Leo sigue avanzando las instituciones siguen estancadas. Tiene su DNI guardado en el cajón. Podría solicitar el cambio de nombre, de Ane a Leo, pero seguiría apareciendo la etiqueta de género. “Que le pongan Leo y sigan etiquetándole como mujer no soluciona nada”, reprocha Mónica. Espera que las instituciones, de una vez por todas, avancen a la par que un niño de once años.

Salir del ala de psiquiatría
“La Unidad de Género debe salir del ala de Psiquiatría del hospital”, reclaman desde la asociación Chrysallis. La Asociación de familias de menores transexuales en Euskadi, Chrysallis, cumplirá un año el mes que viene. Afirman que es un paso en positivo el hecho de que la sanidad pública vasca ofrezca el tratamiento con inhibidores hormonales a Leo, pero denuncian que es “una falta de respeto y que vulnera la ley” el hecho de que la Unidad de Género creada en 2012 está en el ala de Psiquiatría del hospital de Cruces. Su presidente, Aingeru Mayor espera que se corrija en el Plan Integral que prepara el Gobierno vasco “con cuatro años de retraso”.

El Gobierno vasco ha puesto en marcha una comisión de trabajo de cara a aprobar una línea integral de atención a la transexualidad. Incluye, entre otros muchos aspectos, un protocolo específico en los colegios. Un texto del que hay un borrador y desde la asociación consideran imprescindible que, además del respeto a la identidad sexual y un protocolo contra el acoso, incluya un programa de formación para docentes, familias y la intervención pedagógica en el aula. Asegura que ahora mismo lo primordial es divulgar el conocimiento en torno a la diversidad sexual porque “está demostrado que los niños a los que se les niega su identidad están sumidos en la tristeza y cuando hacen el tránsito florecen”.


Leo, primer niño transexual de Euskadi tratado con inhibidor de la pubertad.

El menor de once años, nacido en Irun, se somete desde octubre a un tratamiento para que su cuerpo atienda a la identidad masculina que siempre ha sentido a pesar de tener genitales femeninos.
EFE | El Diario Vasco, 2016-02-22
http://www.diariovasco.com/sociedad/201602/22/primer-nino-transexual-euskadi-20160222161609.html

Leo, un niño de once años nacido en Irun se ha convertido en el primer menor transexual del País Vasco en recibir un tratamiento inhibidor de la pubertad para que su cuerpo atienda a la identidad masculina que siempre ha sentido a pesar de tener genitales femeninos.

El proceso por el que Ane se ha convertido en Leo ha sido doloroso y ha atravesado por fases de "angustia", pero desde que el pasado 29 de octubre le pusieron la primera inyección que bloquea su desarrollo se ha sentido "feliz", ha relatado a EFE su madre, Mónica Zamora.

Las inyecciones forman parte de una medicación inhibidora que se utiliza para objetivos diversos como evitar una pubertad demasiado temprana que impida el crecimiento, por ejemplo, pero ésta es la primera vez que en Euskadi se aplica a un menor transexual, ha señalado Zamora.

Será un pinchazo cada 28 días pautado desde el servicio de Endocrinología de Cruces, pero la decisión es reversible ya que podría interrumpir el proceso.

Sin embargo Mónica Zamora está convencida de que la decisión de su hijo es firme porque "siempre ha sido un chico", aunque naciera con genitales femeninos, por ello ha decidido hacer público el proceso para que la sociedad compruebe que "es una persona totalmente normal" como cualquiera de sus compañeros.

Desde pequeño, cuando todavía le llamaban Ane "era muy masculino, en sus formas de chico, en la vestimenta, en los deportes que le gustaban y en sus aficiones", recuerda.

Pero el punto de inflexión tuvo lugar en Navidad del año pasado cuando comenzó a notar que le crecía el pecho y se "angustió" de tal forma que "no quería desayunar, ni comer, ni siquiera ir al colegio".

Ante esta situación su madre inició un calvario de médicos y pruebas diagnósticas para tratar de saber qué sucedía aunque finalmente hizo caso a su "intuición" y puso a Leo el documental "El sexo sentido" de TVE, protagonizado por menores transexuales con los que inmediatamente Leo se identificó.

A partir de ahí el menor decidió que quería comunicar su auténtica identidad sexual a su padre, a sus hermanos y a sus compañeros de clase, algo que se hizo de forma ordenada "hablando primero con la dirección del colegio, que se volcó al 100 por cien", ha agregado.

"A nadie le pilló por sorpresa el cambio", afirma Mónica quien asegura que su hijo no lo pasó mal en el aula por su condición.

El siguiente paso (el inicio del tratamiento) fue resultado de la "grandísima casualidad" de contactar con la responsable del servicio de Endocrinología del Hospital de Cruces, Itxaso Rica, en un encuentro de familiares de menores transexuales que tuvo lugar en Madrid y que a Leo le fascinó porque pudo comprobar que no era el único que atravesaba por su situación.

Tras la primera cita con la especialista, el protocolo establecido por el Gobierno Vasco para estos casos obliga a que el menor sea atendido durante seis meses por un psiquiatra, que es "finalmente quien da la autorización para iniciar el tratamiento inhibidor".

Precisamente, la eliminación de este paso por una consulta de Psiquiatría es una de las reivindicaciones de las asociaciones de familiares de menores transexuales como Chrysallis, a la que pertenece Zamora.

Una vez concluida esta etapa, Leo iniciará previsiblemente el tratamiento con testosterona.

Por el momento, Zamora no contempla iniciar un proceso de cambio de identidad en el Registro Civil como el que llevaron a cabo los padres de la niña de cuatro años de Asteasu (Gipuzkoa) que cambio el nombre de Luke por Lucía ya que en el documento no consta la modificación de género y supone un trámite burocrático complicado.