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martes, 31 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #poblacionmigrante | Ordenan el desalojo del CIE de Barranco Seco por un «progresivo contagio» de coronavirus

Imagen: La Marea / Barranco Seco, Las Palmas de Gran Canaria
Ordenan el desalojo del CIE de Barranco Seco por un «progresivo contagio» de coronavirus.
El auto del Juzgado de Instrucción nº8 de Las Palmas de Gran Canaria recoge que las personas internas se encuentran en condiciones de "hacinamiento" que no garantizan el aislamiento de las personas con síntomas o que han dado positivo por coronavirus.
Alba Mareca | La Marea, 2020-03-31
https://www.lamarea.com/2020/03/31/ordenan-el-desalojo-del-cie-de-barranco-seco-por-un-progresivo-contagio-de-coronavirus/

La situación que viven los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) no queda al margen de la crisis del coronavirus. Las plataformas que piden su cierre así lo han denunciado desde que comenzó el estado de alarma. El pasado viernes, el diario Canarias7 informaba de que dos hombres del CIE de Barranco Seco, en Las Palmas de Gran Canaria, habían dado positivo en la prueba de COVID-19. Este martes, el Juzgado de Instrucción nº8 de Las Palmas de Gran Canaria ha ordenado, mediante un auto al que ha tenido acceso ‘La Marea’, el desalojo de este centro.

En este documento, el juez Arcadio Díaz Tejera pide que «se proceda a remitir a los migrantes internos en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Barranco Seco a aquellos centros de carácter social» conforme a la disponibilidad y ritmo que las autoridades administrativas consideren oportuno. «El ritmo de remisión debe ser el más ágil posible debido al progresivo contagio que se está produciendo en el centro por el hacinamiento en el que se encuentran los internos y por la inexistencia de las condiciones adecuadas para garantizar el debido aislamiento de los internos con síntomas o que han dado positivo por contagio del COVID-19″, continúa el auto. El juez insta a actuar con rapidez «por razones de salud pública y por razones de salud de los migrantes y los servidores públicos que están en Barranco Seco».

Esta orden se produce después de que el pasado domingo, el director operativo de la Policía Nacional, José Ángel González, negara en una rueda de prensa que exista hacinamiento en el CIE de Valencia. Lo hizo tras ser preguntado por un vídeo publicado la semana pasada en el medio de comunicación Cuartopoder, en el que varios internos denunciaban la falta de protección que están sufriendo durante esta emergencia sanitaria.

Consultados por ‘La Marea’, desde la plataforma CIEs No Madrid señalan que han denunciado la situación en la que se encuentran estas personas desde el primer momento: «Por el riesgo que tienen y también porque hay unas personas más vulnerables que otras dentro de los CIE». También la Asociación de Abogados Extranjeristas presentó una queja por las condiciones de los CIE en una situación como esta al Defensor del Pueblo, que instó al Gobierno a liberar los internos de este tipo de centros al ser imposible deportarlos por la crisis del coronavirus.

De desalojarse el CIE que se encuentra en Gran Canaria, se sumaría al de Barcelona, donde sus internos ya fueron puestos en libertad el pasado 19 de marzo. Desde 'CIEs No Madrid' explican a este medio que en el de Madrid quedan nueve personas que se prevé que sean liberadas pronto y en el de Murcia quedan 60 personas. «No se puede tener a gente en condiciones de falta de higiene y hacinamiento», insisten desde esta plataforma, denunciando también la falta de alternativas de algunos internos que son puestos en libertad. En muchos casos, por no encontrarse en la ciudad en la que viven sus familias y no tener dinero para comprar billetes de transporte, se ven obligados a permanecer en la calle hasta encontrar una solución, según explican, algo que dificulta su confinamiento conforme a las directrices del Gobierno.

lunes, 23 de marzo de 2020

#hemeroteca #mujeres #prisiones | Las mujeres en prisión: la discriminación del sistema penitenciario en España

Imagen: Público
Las mujeres en prisión: la discriminación del sistema penitenciario en España.
En las cárceles españoles hay 46.544 hombres y 3.830 mujeres. Ellas son un 7,6% del total sobre las que recaen serias carencias frutos de una sistema penitenciario concebido para hombres.
Lucia Muñoz Lucena | Público, 2020-03-23
https://www.publico.es/sociedad/mujeres-presas-mujeres-prision-discriminacion-sistema-penitenciario-espana.html

Menos delitos, más entre rejas. Esta es la conclusión que se obtiene del Informe sobre la situación de las mujeres presas. Tratamiento y derechos de las mujeres privadas de libertad en los centros penitenciarios de España y Andalucía, elaborado por la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA).

Aunque este dato no aparezca tal cual, sí que ha sido trasladado por el colectivo al Congreso de los Diputados, donde el Partido Nacionalista Vasco tenía pendiente presentar en una Proposición No de Ley hace varias semanas, antes de que la la crisis del coronavirus estallara.

"Nuestro sistema penal es especialmente duro con las mujeres. Si lo comparamos, las penas privadas de libertad con los delitos cometidos entre hombres y mujeres se observa que en proporción las mujeres son condenadas más a prisión que los hombres", asegura Francisco Miguel Domínguez Caparrós, coordinador de cárceles de la APDHA.

Lo que no se ve y no se cuenta, es como si no existiese. Eso es lo que le ocurre a las mujeres presas en España. Muy pocos estudios hablan de su situación dentro de las cárceles y menos aún, de la "discriminación indirecta del código penal" que afecta en el ámbito penitenciario, social y personal de cada una de ellas

En primer lugar, en Andalucía solo hay una cárcel específica para mujeres, la de Alcalá de Guadaira en Sevilla, y en el resto de España tan solo dos más. Por tanto, en la mayoría de los casos son encerradas en módulos para hombres con otras mujeres independientemente del delito que hayan cometido, a diferencia de los hombres, para quienes sí existe una diversificación.

"Esto es importante porque, en teoría, una de las principales funciones de la cárcel es, con muchas comillas, la reinserción social, pero al distribuirse en un mismo espacio físico a las mujeres que han cometido delitos muy diversos, ese trabajo de reinserción y de educación queda en papel mojado", apunta Domínguez Caparrós.

En cuanto a lo social y personal, "la cárcel es una institución que reproduce y amplifica los mecanismos de discriminación que ya existen en nuestra sociedad. Si nuestra sociedad es machista y patriarcal, la cárcel reproduce esos mismos esquemas", asegura el coordinador.

Para ellas, costura. Para ellos, cocina
Esto se ve en unas formaciones que responden a los roles sexistas de la sociedad: para ellas, talleres de costura, y para ellos, de cocina. Aunque las mujeres en prisión demanden otras temáticas "la falta de recursos económicos y disponibilidad del personal, el centro penitenciario se niega a ofrecer otro tipo de distribución o de oferta formativa

El reproche y la culpa social, no solo jurídica, también recae sobre los hombros de las mujeres, dejando eclipsado que en "un 80% de los casos, la mayoría de las que están prisión, han sufrido algún tipo de violencia machista", concluye.

Según el informe de APDHA, en 2017 el 83% de las personas en prisión cumplían condena, el 14% estaba en prisión preventiva, mientras que el resto, el 3%, cumplía medidas de seguridad o se trataba de personas condenadas con causas pendientes en situación de prisión preventiva.

Pero para las mujeres los datos no son los mismos: en cifras relativas, las mujeres están en prisión preventiva un 15% y los hombres, el 14%, debido "al modo de determinar el tiempo de la condena del delito, que en el 70% de los casos de las mujeres corresponden a delitos leves ligados a la salud pública y el patrimonio para conseguir dinero en situación de extrema necesidad".

Esto reafirma la teoría del estudio: "Nuestro sistema penal y penitenciario es siempre más duro con las mujeres que con los hombres", sentencia Domínguez Caparrós.

En España, hay 59.398 personas presas, según este informe. Andalucía, al ser la comunidad autónoma con mayor número de población y mayor número de centros penitenciarios, alberga a 13.716, la mayor del de todo el Estado. En total, 943 mujeres están en la cárcel, lo que representa un 7,3% del total de la población presa en Andalucía. El perfil de las mujeres presas suele coincidir: la exclusión social, es decir, carencia en derechos fundamentales como la educación y la sanidad, empleos y viviendas dignas.

Atención sanitaria y maternidad: un agujero negro en prisión
La otra asignatura pendiente en prisión es la cobertura médica. Los problemas de salud mentad prevalecen más en las mujeres que en los hombres, debido al nivel socioeconómico, situación personal y familiar, a lo que hay que sumar la mirada crítica constante de la sociedad. Por ello, "el consumo de psicofármacos es mayor en ellas", aclara el coordinador. Sin una buena estabilidad psicológica, los problemas aumentan.

Uno de los grandes reproches de la mayoría de las mujeres que entrevistó la APDHA para este informe, ha sido la dificultad para acceder a una atención sanitaria especializada, y en particular a los servicios de ginecología que "en la mayoría de los centros no existe, ni cabe la posibilidad de trasladar a las mujeres desde el centro penitenciario al hospital, ni siquiera atendiendo a las recomendaciones del Consejo de Europa que ha barajado en más de una ocasión que en las prisiones haya personal sanitario de ginecología", apunta Domínguez.

En este informe, la maternidad no pasa desapercibida: "Lo que decimos es que hay que evitar por todos los medios que madres con menores entren en prisión. Esto solo se consigue otorgando mayores medidas de libertad condicional, con tercer grado, facilitando un régimen de libertad en lugar de la privación de libertad", explica.

Sin embargo, siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea, el sistema penitenciario en España, permite autorización del menor con la madre hasta los tres años si se considera que es la mejor alternativa, pero APDHA destaca que "existen muy poquitos recursos para ellas y en los últimos años ha habido un retraimiento en cuanto al gasto de unidades de madres con menores en prisión por parte de instituciones penitenciarias" y recoge que el 80% de las mujeres presas son madres.

Un sistema racista
"Una de cada tres mujeres en la cárcel es extranjera", explica que el coordinador a partir de los datos recogidos en el informe, donde comparan esta “hipercriminalización”, ya que según datos de APDHA, “las mujeres extranjeras representan un 10,49% del total de mujeres de la población en general".

Si algo llama también la atención son los datos del Defensor del Pueblo Español en 2018: el 93,6% de las detenciones realizadas en Andalucía se hicieron en virtud de la Ley de Extranjería. Una cifra que atiende tanto a mujeres como a hombres y que coincide con uno de los picos más altos de llegadas de personas migrantes en situación administrativa irregular, debido a la falta de vías seguras, y pasaron directamente un máximo de 72 horas en los denominados CATE (Centro de Atención Temporal para Extranjeros). "Esto que muestra que España no tiene un sistema de acogida, sino un sistema generalizado de detención de personas", recalca Domínguez Caparrós.

Por una reinserción real
El coordinador de cárcel de APDHA lo tiene muy claro: "La mejor reinserción es que no existiera la prisión. Todas las reformas que se han hecho en el Código Penal han sido para endurecerlo más cuantitativamente, con el aumento del numero de años de prisión, y cualitativamente, al número de lo que se considera delito año tras año, desde el 1995 hasta el 2019 con la última reforma".

Por eso, es muy contundente cuando señala que "solicitar que se cumpla el articulo 25 de la Constitución, que es donde se recoge la reinserción social, es algo súper radical ahora mismo. Hay que ir más allá. La reinserción social es insuficiente, hay que encarnar una sociedad libre de prisiones y sistemas represivos".

Entre las propuestas de APDHA, para el cumplimiento de los derechos de las personas privadas de libertad y en concreto hacia las mujeres, "considera imprescindible" que en todas provincias existan plazas de mujeres específicas, en la misma dotación que los hombres, separar según los delitos, fomentar medidas alternativas antes de entrar en prisión, medidas especiales relacionadas con la maternidad, evitar que los menores entren en prisión, así como un tratamiento no sexista en las actividades y en las formaciones de las personas presas.

miércoles, 11 de marzo de 2020

#hemeroteca #lesbianismo #lesbofobia | Obligadas a ser madres para 'curar' su lesbianismo: "Sus familias creen que están poseídas por un espíritu maligno"

Imagen: El Diario / Melibea Obongo
Obligadas a ser madres para 'curar' su lesbianismo: "Sus familias creen que están poseídas por un espíritu maligno".
La periodista Melibea Obono recoge el testimonio de una treintena de mujeres guineanas lesbianas, bisexuales o transexuales en 'Yo no quería ser madre. Vidas forzadas de mujeres fuera de la norma'.
David Noriega | El Diario, 2020-03-11
https://www.eldiario.es/desalambre/embarazos-forzosos-lesbianas-guinea_0_1000200323.html

"El imbécil este de marido que me buscaron se caía encima de mí como un loco y mi corazón decía: 'Termina, termina, por dios, termina'"."La familia ordenó que tuviera un bebé que me sustituyera, porque me había perdido". "Casi me muero en la sala de operaciones por un bebé que no quería". "No me sale el amor de madre. Lo odio mucho". "Este que está allí sentado, mi hijo, es una carga. Ya no soy yo. Ya no soy libre. Quienes me obligaron a tenerlo también me han dejado sola".

No lo dice una sola mujer. Son frases que ilustran los testimonios de una treintena de mujeres lesbianas, bisexuales u hombres transexuales de Guinea Ecuatorial que la periodista Melibea Obono ha recogido en su libro 'Yo no quería ser madre. Vidas forzadas de mujeres fuera de la norma' (editorial Egales). Obono, que se ha reunido recientemente en Madrid con representantes de todas las formaciones políticas, menos Vox, en un encuentro organizado por la plataforma 'The Equality Advocacy Project', visibiliza así las terapias de 'curación', exorcismos, torturas, embarazos forzosos y vulneraciones de los derechos humanos a las que es sometido el colectivo LGTBI en su país.

P. ¿Fue difícil encontrar estos testimonios?

R. No es que me costara la vida, pero sí me costó encontrar a personas que viven excluidas de la exclusión. No es lo mismo ser lesbiana que ser una persona transexual. Si bien una persona cisgénero puede pasar desapercibida en algún espacio, no ocurre eso con los transgénero. Hay entrevistas a mujeres a las que llaman ‘Dog Woman’. Los ‘Dog Man’ son como los delincuentes de un barrio, los que controlan el barrio, algo así como 'Ciudad de Dios'. Algunos son transexuales que quieren llegar a interiorizar la masculinidad e incorporan el tema de la violencia en estos grupos para protegerse. Es la única manera que encuentran para que ni la familia ni la calle les agreda y ejerza más violencia sobre ellos. Acceder a estos testimonios ha sido mucho más difícil, porque en un barrio controlado por ellos tienen hasta guardaespaldas.

P. En el libro se aprecia que en las parejas de mujeres lesbianas o de mujeres y hombres transexuales se reproducen los estereotipos de género hombre-mujer.

R. Las personas homosexuales guineanas viven en un entorno donde todo el mundo aprende que ser mujer es parte de la normalidad. ¿Qué ocurre? En Guinea, cuando una familia descubre que su hijo o hija es homosexual, ya no accede a una educación con normalidad. Cuando alrededor de los diez años empiezan a mostrar rasgos de género o sexo contrario, les llevan a los establecimientos de 'curación' de la homosexualidad, a curanderos, a las sectas. Esto hace que la mayoría tenga problemas de alfabetización. El único conocimiento que queda en su mente es lo que les han enseñado en el catecismo y en la sociedad: solo puedes ser hombre o mujer. Viven en constante contradicción con su propia identidad. La educación obligatoria y gratuita no es un derecho accesible para las personas homosexuales o transexuales.

P. Lo que describe de los curanderos son torturas.

R. Sí, pero no se llama tortura, se llama curación. En el año 2019, el colectivo 'Somos parte del mundo' decide enviar un informe a Ginebra, porque la curandería y la Iglesia católica estaba tapando estas prácticas, para que no se visibilizaran y la comunidad internacional no les llamara la atención. Los Estados han hecho unas doscientas y pico recomendaciones donde figura el tema LGTB como una competencia que le corresponde solucionar al Gobierno. Porque en esos espacios, las curanderías, las iglesias, la sectas, practican la tortura.

Una de las prácticas es el ayuno seco: encierran a un niño o una niña LGTBI en una habitación durante una semana, sin comer, con agua de vez en cuando, y sometido a música alta, como en Guantánamo. Cuando se realiza esa práctica para que salga el espíritu de blanco, porque los negros no son homosexuales, cuanto más grita de dolor, mejor, porque te dicen que no llora la persona, que llora el espíritu. Yo lo he visto. Cuando salen de allí ya tienen la salud mental literalmente dañada.

P. Y luego llegan los embarazos forzosos de las mujeres para 'curar' el lesbianismo.

R. La familia considera que es una etapa en la que la niña está un poco perdida, con una posesión de su cuerpo por un espíritu maligno de un varón blanco. El embarazo es como una pastilla. Es tan grave que casi todas han pasado por la maternidad forzada. Cuando no se cura con el embarazo, que obviamente no se cura, hay que ir a por otra pastilla. Es como cuando tienes un catarro y vas al hospital: si no se cura con un medicamento, prueban con otro. Aquí puede ser un segundo hijo, un tercero, un cuarto...

P. En algunos testimonios las mujeres relatan que después les quitan a los niños porque "una lesbiana no puede ser buena madre".

R. Hay varias opciones. Una chica a la que entrevisté me contaba que cuando se iba a la cama por la noche, venía su madre y le quitaba al niño para que no le contagiara con sus espíritus de brujería lésbica y se hiciera maricón. Otra fase suele ser que en la comisaría de policía o en la curandería -depende del pastor o del comisario que te encuentres- le digan a la familia que la mujer se lleve al niño, no vaya a ser que haya nacido ya con el espíritu y contagie a otros niños jugando. Así que se aísla a la madre y a la hija.

P. Muchas de las madres de tu libro afirman odiar a esos niños.

R. Están estigmatizados. No son hijos deseados por las familias, ni por la abuela ni por el abuelo: son el medicamento que viene a curar a su hija. A veces el rechazo surge cuando a la chica le dicen que se embarace, que ella ya es un caso perdido pero que quieren que tenga un bebé para sustituirla. Es decir, tú ya eres una persona sustituida en vida por tu hijo. No puedes querer a un hijo que te está quitando a tu familia. Son muchos los factores que repercuten en los niños. Como nadie lo ha deseado, no es un niño querido y hereda el estigma.

P. ¿En qué situación viven esos niños?

R. Muchas veces cuando visito a las mujeres en las casas familiares me encuentro al niño descalzo, desnutrido, sin ropa decente. Comparas cómo está el bebé con los demás niños y no hace falta que te diga nada. Y la encuentras a ella, quizás fumada... Es solo ir y verlo. O en los casos en los que ya la han echado de casa con todos los niños porque se han cansado de que no se cure te encuentras en la puerta a uno, a otro, a otro. Y la mayoría sin escolarizar, porque la propia mamá no se escolarizó. El repudio social, institucional e individual se extiende hacia los hijos y las hijas de ellas.

P. Muchas mujeres hablan de la presión por encontrar un hombre para sustentar a la familia. ¿Tener una hija lesbiana en Guinea Ecuatorial está visto como una ruina económica?

R. En el caso de los hombres transexuales o mujeres con rasgos físicamente masculinos, desde la adolescencia precoz las familias ya dan por sentado que esa niña no va a representar la productividad económica a nivel sexual de la familia. No va a traer dinero, no habrá hombres que vayan a cuidar de ella a cambio de relaciones sexuales, etc. En el caso de las personas trans, lo asumen. Pero es más duro en el caso de las cisgénero. Tiene un cuerpo de chica generalmente definido, es 'normal', etc. Cuando no sale con un hombre, para la familia es mucho más duro porque rompe con las expectativas económicas que se tenían puestas en ella.

El decreto ley que el Gobierno ha preparado y que no hemos visto hasta ahora habla de regular la prostitución y la homosexualidad, de combatir esos males. De alguna manera, la prostitución en mi país es una práctica normalizada. Lo que no sabemos es qué prostitución va a castigar nuestro gobierno, si la prostitución oficial o la que se practica en todas partes pero nadie llama prostitución.

P. ¿Cómo lo llaman?

R. Pues que eres guapa y los hombres te quieren. Cuantos más, mejor.

P. Algunas mujeres recurren al consumo de drogas

R. Las psicólogas que trabajan con el colectivo nos dijeron que las razones por las que consumen drogas y alcohol en exceso es que, en primer lugar, se sienten como la escoria social, no son aceptadas y, en segundo lugar, buscan alguna manera de olvidarse de lo que les ha pasado. Entonces consumen, consumen y consumen.

P. Cuál es el marco legal en Guinea respecto a los derechos del colectivo LGTBI

R. Guinea, a nivel jurídico, es un estado subsidiario. Fue colonia de España y cuando se independiza en 1968 el marco legal vigente era el franquista. Ya sabemos cómo estaba el tema de la homosexualidad y de la prostitución. Cuando llega al poder el primer presidente -Francisco Macías Nguema-, las relaciones con España se rompen y deroga todo el marco legal vigente, pero no elabora leyes. En 1979 fue derrocado y llega un nuevo presidente -el actual, Teodor Obiang-, y decreta que las normas que estaban vigentes en Guinea Ecuatorial antes del gobierno derrocado volverían a estar en vigor.

¿Qué ha pasado? Que se ha elaborado una constitución aparentemente guay, pero no se han elaborado leyes. Hay una parte de la constitución que establece que todas las normas vigentes en el país que contradicen la constitución de facto quedan derogadas, pero si tú no haces una ley que se aplique en cada situación, se va a aplicar la que está. La que está es la ley de vagos y maleantes o la ley de rehabilitación social franquista. Cuando una familia detecta que su hijo o hija es homosexual y va a la comisaría, los policías son los que hacen esa función que en tiempos de Franco en España hacía el juez de instrucción, de determinar si una persona es peligrosa, vaga o maleante y le dicen a la familia donde hay un curandero, un cura o un exorcista. Ellos son los que determinan cuánto dura tu estancia allí.

Este marco se mezcla con la homofobia étnica. Las etnias guineanas tienen también sus prácticas homofóbicas. La ley de peligrosidad social allí funciona con una estructura que si ellas mismas no te cuentan sus experiencias no sabes lo que pasa. He tenido que ir atando cabos a través de las entrevistas. Cuando te dicen que si ven a un policía echan a correr, lo describen como cuando un gay veía en España a un policía en tiempos de Franco.

P. ¿Hay componentes racistas?

R. Sí, pero allí no se llama racista, se llama bonito -ríe-. La África Negra está anclada en esas independencias mal realizadas de las colonias, donde todavía no se acaba de asumir que las personas negras somos tan personas como las blancas y todo lo malo se atribuye al blanco. Todo lo que desconocemos es culpa de los blancos. Es racismo, claro, pero cuando lo dices entre ellos te dicen que no, que es que los blancos son los malos. Como nos colonizaron... Pero es que eso ya pasó, lo otro aún no ha pasado.

P. ¿Cuál es la solución?

R. Lo primero es que tiene que haber un reconocimiento. El reconocimiento de que existen personas negras homosexuales. Eso no se concibe en Guinea. Parece que los gais son los blancos. Tiene que haber un reconocimiento de que las personas negras somos personas y, por tanto, si las personas pueden amar a quien le dé la gana, siempre que no le hagan daño a nadie, ¿por qué nosotros no?

Segundo, que haya sensibilización a nivel institucional. No es lo mismo que lo haga una ONG por su cuenta a que lo haga el Gobierno a través de los medios, la escuela, que reconozca que existen. El problema es que ni siquiera lo reconoce, entonces cualquier persona tiene vía libre para hacer cualquier cosa con una persona homosexual. Si el gobierno a través de la ley no reconoce que existen personas homosexuales en su país, no hay negociación, no hay nada. Para proteger, primero hay que reconocer. Cualquier ley tiene una exposición de motivos donde se alega por qué se hace.

P. ¿Y con las familias?

R. ¿Por qué razón las familias rechazan a sus hijas o hijos homosexuales? Porque creen que están enfermas, poseídas por un espíritu blanco, tienen brujería... En el momento en el que se empiezan a hacer campañas y le dicen a una familia que tienen un hijo hermoso, que no está enfermo, que ama a otro hombre, que tiene una vida que vivir, que no puedes hacerle unas cosas porque tiene unos derechos... la familia se lo empieza a pensar. Si aquí en España le das una paliza de muerte a tu hijo y acaba en el hospital, el hospital llama directamente a la policía. Ya sabes lo que te espera si tú le haces daño a tu hijo.

lunes, 17 de febrero de 2020

#hemeroteca #contracultura #transformismo | Cuando el transformismo y las fallas fueron contraculturales en València

Imagen: El Periódico / 'Contracultura', exposición en el IVAM
Cuando el transformismo y las fallas fueron contraculturales en València.
Una muestra en el IVAM repasa las huellas de la contracultura valenciana de finales de los años 60 y los 70. "Nos enseñaron que siempre hay que criticar la ortodoxia, que siempre hay que pensar, tener espíritu crítico", apunta el comisario.
Nacho Herrero | El Periódico, 2020-02-17
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20200217/exposicion-contracultura-ivam-valencia-7849652

«Cuando les preguntas ahora, dicen que solo querían divertirse», cuenta el comisario Alberto Mira, pero entre el final de los años 60 y de los 70 hubo quienes con esa excusa se enfrentaron a una dictadura, plantaron cara a la Iglesia, cuestionaron los roles de género y la sexualidad y, en general, cualquier idea impuesta con el rodillo de la oficialidad.

La contracultura fue su arma de subversión. Música, libros, carteles, pintadas, fancines, películas o transformaciones que rompieron barreras y abrieron mentes y que ahora recoge la exposición 'Contracultura. Resistencia, utopía y provocación en València', que estará en el IVAM hasta el 17 de mayo.

«La contracultura nos enseña que siempre hay que criticar la ortodoxia, que siempre hay que pensar, tener un espíritu crítico», explica Mira. Una cosa es que dos generaciones debatan sobre si Sinatra o Elvis y otra cuestionarlo todo, como pasó primero en los países anglosajones y luego en España. Aquí, además, frente a un descarnado franquismo (o una titubeante transición).

«En España se empieza a entender que se puede ser político de muchas maneras. Hasta entonces todo era antifranquista y antifascista pero entonces llegan el feminismo, el movimiento gay o el vecinal. Se abren muchos frentes de lucha», apunta Mira. «Se trataba de no aceptar ciegamente la realidad que se imponía con la religión, el nacionalismo o la idea de Levante feliz cuando lo que había era desigualdad y abusos», recalca. Y se trataba de divertirse, claro.

No solo mucha calle
Había mucha calle, remarca, pero no solo eso. «Hace falta sentimiento popular pero también un artista que sepa estructurar las cosas. Había mucha gente que leía, que sabía de lo que hablaba, que veía lo de fuera y trataba de adaptarlo», señala.

Esas pequeñas y grandes batallas cuelgan ahora de las paredes del museo entre pintadas. Unas fueron comunes a otras ciudades ('La democracia de Fraga es como follar con bragas', 'La primavera ha llegado y el PC no se ha enterado' o 'No te drogues, somos muchos y hay poco') y otras pintadas tuvieron carácter propio ('Folleu, folleu que el món s’acaba').

La muestra confirma que lo que antes escandalizaba ahora está en los museos. «Se ha asimilado, pero hasta cierto punto. Cuando se crean instituciones como filmotecas o museos, asumen la contracultura pero yo digo que no se trata solo de contenidos. Está la actitud crítica, el no me importa lo que digas o el ¿por qué no?», reflexiona. Actitudes difíciles de domesticar.

Fallas cáusticas
La música es ejemplo de ese tránsito. El punk surgió «como un revulsivo contra la comercialización del rock», recuerda, pero llegó «un momento en el que también se acusó a los grupos punk de estar demasiado comercializados». Ahí está colgada la foto de los miembros de Seguridad Social con firmes crestas para ilustrarlo.

No tuvo València la potente escena musical de Bilbao o la explosión de cómics de Barcelona, pero la contracultura valenciana tuvo rasgos propios. Uno fue el transformismo, del que asegura Mira que fue «capital». Desde la versión política de Rampova a otras más festivas como la Margot, una especie de alter ego underground de Sara Montiel.

El otro fueron las fallas, el particular carnaval valenciano. «Estaban muy controladas por el franquismo para que no fueran críticas y lo desequilibraran todo, pero en esa época recuperaron el espíritu cáustico», explica el comisario, que no olvida el mítico número fallero de 'Ajoblanco' para apoyar esa revolución. Si lo que buscaba era levantar ampollas, lo consiguió con creces.

Internet hace casi imposible hablar en ese marco hoy. En buena medida, incide el comisario Mira, porque «es difícil encontrar frentes comunes cuando todo el mundo está tecleando detrás de un ordenador».

Quedan, apunta el director del IVAM, José Miguel García Cortés, estos homenajes a «los hombres y mujeres creadores que se rebelaron contra la España oscura y se interesaron por temas como el deseo, el placer o la irreverencia». Eso y su legado. «Sin su trabajo nuestra vida sería más fea, más aburrida, más gris», recuerda. Menos divertida.

jueves, 6 de febrero de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Violeta, el maricón y la folclórica, vistos por el foco de Humberto Rivas

Violeta la Burra, vista por Humberto Rivas
Violeta, el maricón y la folclórica, vistos por el foco de Humberto Rivas.
Fernando Morales | Valencia Plaza, 2020-02-06
https://valenciaplaza.com/violeta-el-maricon-y-la-folclorica-vistos-por-el-foco-de-humberto-rivas

Hace unos días fallecía la transformista más famosa de Barcelona desde la etapa predemocrática. Violeta, cuyos retratos firmados por el fotógrafo argentino forman parte de los fondos del IVAM, alegró a los viandantes con sus castañuelas, rosas y CDs de grandes éxitos.

Se creen que es fácil. Pero vivir desnudo, exhibiendo sin pudor la persona con la que te identificas, a veces se convierte en un infierno; un infierno frívolo, ostentoso y fotografiado. La semana pasada murió Pedro Moreno, una persona inusual, valiente, que pasó la vida a la sombra de la mujer en la que se transformaba cuando salía a la calle: Violeta La Burra, o simplemente Violeta. Su historia fue heroica por muchos motivos, pero no habría sido tan conocida de no haberla retratado Humberto Rivas desde el año 1976, en una serie de fotografías que, en parte, podemos disfrutar en la colección del IVAM, y permanecen expuestas estos días en la muestra ‘Tiempos Convulsos’.

Precisamente hace unos meses, La Nau también celebraba una antológica de Rivas, que incluía otra serie de retratos de Violeta, en los albores de su inquietud transformista, cuando posaba ante la Polaroid con los primeros toques de maquillaje, sin ocultar sus rasgos de masculinidad. Esa brecha, entre hombre un mujer, se resistió a desaparecer de los retratos casi obsesivos con los que Humberto Rivas nos regalaba la presencia de Violeta y de Pedro, un transformista homosexual que se popularizó en la época franquista y venció a la represión de la época. Desde su pueblo natal, Herrera (Sevilla) hasta llegar a Barcelona; España tuvo la oportunidad de acercarse a una pionera de las ‘drag’ de la noche.

La conocieron también en París, donde vivió varias temporadas. Allí y aquí se rodeaba de la gente de la calle, de los mendigos, de los que deambulaban y sufrían los efectos de noche, de los narcotraficantes y los bares clandestinos. Pero también fue admirada por el mundo de la cultura. Francisco Umbral la mentaba a menudo: “Va de melenita negra, barba con granos, blusa de flores y sandalias ambiguas, en la mañana laboral y contractual”. Era un icono de la calle, de la noche. Siempre defendía a capa y espada una personalidad llevada al terreno de la estética, irrenunciable, y eso propulsó a Pedro para ser pionero de los movimientos LGTBI en defensa de la diversidad, de la identidad libre.

Convertido en Violeta, con maquillaje y vestimentas muy sencillas, a veces femeninas, pero siempre mostrando su lado su masculinidad, su incipiente barba, su pecho peludo, se daba a conocer cantando copla y flamenco por las calles. Pronto llegó a las salas y los teatros. En el año 1977 editó su primer ‘cassette’, con una carátula en la que aparecía como hombre semidesnudo, maquillándose; haciendo explícita esa transformación diaria a la que se sometía, y que quería visibilizar tanto como su arte vocal. Así, burló la ley de peligrosidad y rehabilitación social, que acababa metiendo en centros psiquiátricos a homosexuales y a quienes se travestían.

El primer corte del álbum con el que se dio a conocer se titulaba ‘Violeta’, autodefiniéndose. Y muchos la recuerdan cantando su versión de ‘La violetera’ por las calles, a viva voz, sin instrumentos. En el mercado barcelonés de La Boquería, “se presentaba y pedía a los tenderos algunas zanahorias o nabos, que daban mucho juego, y cantaba hasta que en el puente de la canción le gritaban ‘¡Violeta Burra!’ y ella se tiraba al suelo”, relata Bibiana Fernández. Sus hitos escénicos los alcanzó formando parte del cuerpo de baile de Lola Flores. Y ya en la cumbre de su carrera, se convirtió en artista residente de la sala parisina Paradis Latin, durante dos años.

Fue una de las pocas supervivientes de una época muy difícil. Ahora cualquier persona puede ponerse falda, peluca y maquillaje y pasar inadvertida. Pero Violeta era una excepción, una estrella con luz propia de barrios oscuros, donde recuerdan haberle visto hace poco tiempo, ambientando las veladas con su personalidad arrolladora, que atravesaba barreras de idioma y de clase social. Igual desayunaba tirada por el suelo, que se tomaba unas copas con Salvador Dalí, con el que mantuvo una buena relación de amistad durante una larga etapa de su vida.

Actuaba para todos desde el escenario de Los Claveles, en la calle Escudellers, junto a Rosarito y Marilí, dos de sus pocas compañeras de trayectoria. Cuando actuaba en otros locales de la Rambla barcelonesa, igual compartía cartel con Estrellita Castro, que con Antonio Machín; una anomalía en la época. El gran público no veía con buenos ojos la mezcla de transformistas y grandes artistas de la canción. Pero Violeta era las dos cosas.

En la última etapa, ya como octogenaria, Pedro salía a las calles con su peluca, casi remarcando la silueta habitual de las señoras del barrio, un poco disfrazada de Marujita Díaz, a la que admiraba. Vendía sus discos compactos en un bazar travesti ambulante; cargado de rosas que mantenía hidratadas desde una botella de plástico reciclada. Hacía chistes verdes, ironizaba con sus espectadores habituales y, a veces, recitaba poesía.

Violeta nunca hacía referencia a su persona como mujer, se definía como maricón, palabra que repetía sin ton ni son, referida a todo el mundo; no había barreras para coartar su homosexualidad, ni para violentar a los conservadores. Su discurso popular le convertía en un personaje muy querido. En Valencia, salvando las distancias, su nivel de popularidad habría tenido reflejo en el personaje de Blanquita, del barrio del Carmen. En Barcelona, hoy queda su memoria impregnada en la corona de Mónica, la reina del Raval.

Umbral, en otro de sus textos, la define con un epitafio perfecto: “Andalucía, trocada y trucada en Violeta la Burra para no ser hombre ni mujer, perder su identidad entre dos párrafos constitucionales que no entiende, como la ha perdido Violeta, que antes era la Dulce y ahora es la Burra y se come las flores”.

Toda esa potencia rebelde que Violeta ilustró durante su vida quedará para siempre en el legado colectivo a través de las fotografías de Humberto Rivas. Un artista del retrato que no solo pretendía documentar momentos, sino darle importancia al protagonista, a la estrella invitada ante el objetivo, crear imágenes artísticas partiendo del costumbrismo. Escenas diseñadas, pensadas y cuidadas como el retrato que el argentino hizo de Pedro en ‘Violeta La Burra y su madre’; una foto encajada entre un taburete, un cristo y una silla de playa. Así, podremos seguir viendo en las salas del IVAM algunas de las tomas más incisivas, más ingenuas y descriptivas de una persona que marcó un antes y un después en las salas de fiestas españolas.

domingo, 2 de febrero de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Una foto de Violeta

Imagen: El Periódico / 'Violeta la Burra y su madre', por Humberto Rivas
Una foto de Violeta.
Lucía Lijtmaer | El Periódico, 2020-02-02
https://www.elperiodico.com/es/opinion/20200202/columna-opinion-lucia-lijtmaer-una-foto-de-violeta-7832646

Comenzó a circular por las redes un retrato de Violeta la Burra en blanco y negro, uno que desde hace tiempo se exhibe en los museos, donde está joven, de frente, mirando a cámara, maquillada para el espectáculo. Lo primero que se me ocurre al verla repetida ahora por todas partes es que en esa fotografía se intuye algo de una Barcelona que parece extinta: cabaretera, nocturna, díscola. Una ciudad directa y sin eslóganes, una ciudad de puerto que huele a salitre y a ultramar.

Quizás por eso fascinó tanto a Humberto Rivas, autor del retrato, migrante como Violeta y cuya mirada, que marcó la fotografía en este país, podía ser clínica, incluso dolorosa y punzante en ocasiones, algo parecido a una autopsia en vivo. Pero no con Violeta. Como explicaba una vez Lucía, la hija de Humberto, él no sabía retratar con dureza a quien tenía verdadero cariño.

A lo mejor de ese respeto y esa admiración que traspasa la imagen salió ese retrato menos conocido de Violeta con su madre, junto al busto de un cristo doliente. En esa foto se transparenta la humanidad, la intimidad y lo cotidiano de un amor filial a prueba de bombas. Y algo más. Rivas, como tantos otros, entendió la ternura de lo que encarnaba Violeta, y la tremenda inteligencia de aquel que ejerce el papel más importante en las circunstancias más complicadas: crear un personaje y utilizarlo puede ser un instrumento para poner en primer plano aquello que a los demás les resulta insoportable, intolerable y que por tanto debe ser reprimido.

Violeta, Pedro Moreno, artista que trascendió décadas y ciudades, encarnó en su última etapa el mito romántico de una florista barcelonesa, siempre sonriente, con su canasta bajo el brazo dispuesta a alegrar la noche a los de las barras de la Esquerra de l’Eixample a cambio de una rosa. Queda en memoria de muchos su simpatía y su dulzura, en esta ciudad que ya es otra. En mi memoria queda la foto de una Violeta nocturna y cabaretera y también esa otra foto de una familia expuesta y transparente, justo antes de que todo cambiara, justo antes de que todos empezáramos a cambiar.

viernes, 31 de enero de 2020

#hemeroteca #homosexualidad #franquismo | Rambal, el "homosexual declarado" que se convirtió en leyenda en los márgenes de la España de Franco

Imagen: El Diario / Rambal
Rambal, el "homosexual declarado" que se convirtió en leyenda en los márgenes de la España de Franco.
Alberto Alonso Blanco visibilizó su homosexualidad en el barrio gijonés de Cimavilla y fue asesinado poco después de la muerte del dictador, sin que se haya resuelto el crimen.
David Noriega | El Diario, 2020-01-31
https://www.eldiario.es/sociedad/Rambal-homosexual-declarado-Espana-Franco_0_990051696.html

El franquismo persiguió la disidencia sexual y trató de imponer la moral nacionalcatólica en una España gris por la que, con no poca dificultad, se colaban en ocasiones rayos de luz que alumbraban estratos de una sociedad más tolerante que la permitida por el propio régimen. "A Rambal queríalu tol mundu, menos quien lu mató", recuerdan las vecinas de Gijón.

Alberto Alonso Blanco nació en 1928 en el barrio de Cimavilla, donde vivió como un "homosexual declarado", como recogen las crónicas de la época. Ayudaba a las vecinas por unas propinas, amenizaba las jornadas en el lavaderu entonando ‘Yo le compré al turco una cadena’, actuaba en las calles anunciado por su madre 'Concha la Guapa' y se travestía por las noches para cantar coplas por Marifé de Triana en los locales de una zona dominada por la miseria. "Llamábenla 'la guapa' polo fea que era", recuerdan los vecinos en playo, esa jerga del asturiano propia del barrio alto de Gijón, hoy reconvertido en lugar de encuentro y visita obligada para los turistas que visitan la ciudad.

La madrugada del 19 de abril de 1976, cinco meses después de la muerte de Franco, los vecinos de Cimavilla alertaron a la policía de un incendio en el número 4 del campo de las Monjas –ahora Arturo Arias–, frente a La Tabacalera. Alguien había asesinado a Rambal y había intentado destruir las pruebas prendiendo fuego a su domicilio. Casi 45 años después el crimen continúa sin resolverse y la muerte de uno de los vecinos más queridos del barrio mezcla ya realidad y leyenda. "A la familia le dijeron: 'Nunca vais a saber quién lo hizo'. Y así fue", explica Ida Sánchez, hija de la Tarabica, otra vecina histórica de Cimavilla, y amiga personal de Rambal.

"Tuvo que ser un pexe gordu (pez gordo). Pa mi y pa la mayoría de gente que lu conocíamos tuvo que ser alguien importante y por eso lu taparon", sostiene Ida. Porque por las callejuelas del barrio, en aquella época, marineros, cigarreras y prostitutas se mezclaban con las dobles vidas que escondían los hombres de las clases acomodadas sometidos a la corriente moral de la época. "¡Ay! Si yo hablara...", decía de vez en cuando Rambal. Y esa coletilla pudo ser su sentencia de muerte. "Era muy buenu pa tóos, pero paez que pa alguien no era muy buenu. Perdiolu la lengua por decir eso", dice su amiga, aunque Rambalín nunca habló.

Ni habló, ni siquiera saludaba cuando estaba fuera del barrio, consciente de que un 'buenos días' suyo podía suponer un señalamiento o un castigo. "En Cimavilla cantaba, bailaba y estaba siempre de fiesta, pero luego, en Bajovilla, no saludaba a nadie. Un día íbamos por la calle Corrida la mi fía, el mi home y yo y apartó la cabeza. Debía sentise marginau, pero en Cimavilla era lo que era, con su salero y su cosa", recuerda Ida.

"Una red de protección"
"En Cimavilla estaba permitido lo que no estaba permitido en ninguna otra parte", explica la historiadora, documentalista y escritora Pilar Sánchez Vicente, autora de la novela 'Mujeres errantes', en la que recuerda la figura de Rambal. El barrio "tenía el puerto pesquero y un porcentaje de miseria elevadísimo. Él ganaba unas perras haciendo recados para las prostitutas. Había más bares de alterne que chigres y un dato curioso es que muchas de ellas eran señoritas de bien que se quedaban embarazadas y las echaban de casa, mientras entre las pescaderas era mucho más normal tener hijos de soltera y era la familia quien cargaba con la crianza".

"Hay que tener en cuenta -prosigue- que lo más probable era que no prosperaran. En la posguerra había una elevada mortalidad infantil, la tuberculosis se llevaba a los guajes en bandadas". De hecho, en Gijón hay una estatua a Fleming financiada por los vecinos de ese barrio a la que, aún hoy, acuden cada septiembre a hacerle ofrendas por su descubrimiento de los efectos de la penicilina.

Precisamente, esa hermandad que da la miseria fue la que permitió a Rambal sentirse libre en el barrio que lo vio nacer porque "las redes no eran solo marineras, también eran sociales, de protección: se protegía a los niños y, en ese sentido, él nunca dejó de serlo y, además, era la alegría de la huerta", indica Sánchez Vicente. "Aceptábamoslu porque Cimavilla siempre fue especial, era un barrio aparte. Con mucha fame, muches necesidaés y mucho de tóo, pero yo recuerdo aquella Cimavilla donde no se cerraben les puertes pa nada. Les fames, si... ¡pero les alegríes!", recuerda con cariño Ida, que en febrero cumplirá 80 años.

El coordinador del año temático de Memoria Histórica 2019 de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB), Loren González, explica que durante el franquismo las personas LGBTI se veían aisladas a los rincones más marginales de la sociedad. "Éramos la clase más baja y, realmente, esos eran los lugares donde podías estar más seguro, porque estabas al lado de personas que, de manera muy análoga, sufrían una discriminación que tú también estabas sufriendo", indica.

"Ese sentimiento de vulnerabilidad producía cierta ternura a la gente de su alrededor y se crean estas figuras, desexualizadas y casi sin edad, sin cuerpo, que para sobrevivir tienen que hacer todo tipo de trabajos para ganarse cuatro duros mal ganados", señala González. Rambal era, a su manera, "el asistente social del barrio, un personaje muy querido por esa labor de auxilio social", indica Miguel Barrero, autor de ‘La tinta del calamar’, una de las obras más documentadas sobre la vida de este emblemático vecino.

Homosexual "con orgullo"
Además, "era el único homosexual que no solo lo era, sino que lo admitía con orgullo", desarrolla el escritor, que resalta, no obstante, esa doble vida dentro y fuera del barrio porque, aunque "las autoridades hacían la vista gorda", él "sabía lo que se jugaba". "En su caso, yo creo que su condición de homosexual tenía esa parte de folclore. Era una estrella de barrio, una figura que cantaba por los bares, un ‘showman’ de la época que no molestaba, hacía gracia. No estaba en política ni se significaba de ningún modo desde un punto de vista social o político; era una figura domesticada", explica Barrero. "Dentro del mundo homosexual de Gijón ayudó a crear una conciencia colectiva y sin ningún tipo de conciencia política. Lo hacía porque él entendía que tenía que ser así, que en el fondo es muy político, pero él no lo pensaba así".

"Era una persona que todo el mundo sabía de ella y ya se olvidó, en solo una generación. Alguien tan a reivindicar, que vivió la época más dura del franquismo, que se crió cuando había campos de concentración para homosexuales y que ha vivido con esa libertad...", dice en conversación con eldiario.es el artista asturiano Rodrigo Cuevas, que ha incluido en su último disco, 'Manual de cortejo', un tema dedicado a Rambal en el que rescata su historia, así como audios de Fredesvinda Sánchez 'la Tarabica' del Archivo de Fuentes Orales para la Historia Social de Asturias de la Universidad de Oviedo. "Ya que no hubo justicia real, le quise hacer un pequeño himno, para que haya justicia poética".

Con todo, la identidad de Rambal navegaba entre el jolgorio del barrio, los vestidos de la noche y la seriedad fuera de esa zona de confort que era, en realidad, una cárcel aparentemente segura. "Yo idealizo mucho la vida de Rambal, pero no creo que fuera fácil. Él supo buscarse la forma de vivir y expresarse y era muy querido, pero no era una vida libre como podemos entender", verbaliza Cuevas.

"Uno de los más populares y estimados vecinos", firmaba Margarita Landi en ‘El Caso’. "Homosexual declarado y muy conocido y estimado por sus cualidades personales en el barrio de Cimadevilla", rezan los informes policiales de la época. Se trata de los informes de unas investigaciones que recogen primero la posibilidad de que el asesino fuera un joven desconocido, apodado 'el Pepsicola', y una década después hablaba de dos hermanos, pero que nunca se cerró.

"No hubo justicia, no hubo. Es una pena, porque al prubín dieron-y una muerte que no la merez nadie", lamenta Ida. Lo lamenta ella y lo lamentan también los vecinos de Cimavilla de esas generaciones que aún recuerdan a Rambal y que abarrotaron la iglesia de San Pedro en su funeral. Unos vecinos que se encargaron de recolectar dinero para llenar de coronas de flores su despedida. En una de ellas, como si de una premonición se tratase, ya exigían una justicia que nunca vieron: "Cimadevilla pide justicia".

Su historia se ha replicado en relato de crónica negra de la ciudad, se ha recordado en obras de ficción y se ha recuperado, recientemente, en el documental ‘Rambal. Si yo hablara’, de José Fernández Riveiro, que se proyectó en el pasado Festival Internacional de Cine de Xixón. Pero aún no ha tenido el reconocimiento institucional que quienes conocen su vida y muerte creen que merece.

Pocas cosas hay en Gijón hoy en día que no lleven el nombre de Jovellanos o de Begoña, la patrona de la ciudad. Un colegio, un instituto, un teatro, una calle. Pero nada recuerda a Rambal más allá de los vecinos que compartieron con él las callejuelas de Cimavilla. "Es el referente de una época, era parte del paisaje urbano de esa época y ni siquiera tiene una placa en la plaza donde vivió, donde se le asesinó", lamenta Cuevas. "Ye una persona que merez una calle. Teníen que poné-y una calle en Cimavilla, porque lu adorábamos", coincide Ida.

El pasado 15 de enero, a propuesta de la concejal de Podemos Alba González, el grupo socialista, que dirige el Consistorio, se comprometió a pintar con los colores LGTBI los bancos de algún lugar o lugares para visibilizar el compromiso de la ciudad con el colectivo. Los vecinos de la Asociación GIGIA de Cimadevilla no han tardado en trasladar a la corporación municipal su deseo de que uno de esos lugares sea la plaza donde vivió y fue asesinado Rambal. Porque, según explica su presidente, Sergio Álvarez, "él fue un pionero en la ciudad de Gijón y, en aquella época, a nivel nacional, en defender los valores de la diversidad".

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Carta a Violeta la Burra: 'La nit és morta'

Violeta la Burra, según Alex Gallego
Carta a Violeta la Burra: 'La nit és morta'.
Has ajudat a fer Barcelona més divertida, amable i gamberra.
Albert Om · Periodista | Ara, 2020-01-31
https://www.ara.cat/opinio/Albert-Om-Carta-Violeta-la-Burra-Nit-morta_0_2390761061.html

"Soy la noche", proclamaves estirant el coll, amb la mirada al cel de Barcelona i un repic de castanyoles per subratllar la frase. La nit s'ha mort i, inevitablement, aquesta setmana se t'ha emportat també a tu, Violeta la Burra, un dels seus personatges més transgressors, estimats i populars.

Com deia Neus Català, l'ocell torna al niu a morir. Tu també, Pedro Moreno Moreno, més conegut per Violeta la Burra –el teu ‘alter ego’ transformista–. T'han enterrat als 84 anys aquest dijous a Herrera, el poblet de Sevilla on vas néixer. Ara tocarà que et facin un homenatge a Barcelona, la ciutat on has viscut més de 50 anys i que has ajudat a fer més divertida, amable i gamberra. Primer, en cabarets i teatres del Xino i del Paral·lel, i tots aquests últims anys en locals de l'Eixample, on et vèiem entrar amb l'abric, la perruca rossa, un pom de roses vermelles i aquella gràcia natural i aquella veu enrogallada que t'obria les portes del Dry Martini i de tot el que sorgís després.

Llàstima que els periodistes –tan ocupats que estem sempre en altres coses– t'haguem deixat marxar sense que haguéssim documentat exactament tota la teva vida. Hi ha algunes excepcions: una entrevista de Toni Vall a l'ARA i una de Carles Flavià a Betevé. Busqueu-la. És un dels pocs documents en què se't sent parlar. A Flavià –la nit tampoc ja no és la nit, sense ell– li expliques com vas arribar a Barcelona, el 1965. La primera nit vas dormir a l'Estació de França. El coixí va ser la maleta de fusta que duies. Ara m'agradaria saber com va ser el teu últim viatge a Sevilla. L'ocell torna al niu a morir. La vida no és el que et quedava en aquell viatge de tornada a casa, que ja era poc, sinó tot el que has viscut i has fet viure.

Ens quedarà un gran record teu, Violeta. M'admirava de tu que sempre mostraves la teva millor cara. El transformisme també deu ser això. Sortir al carrer lluint la millor versió de tu mateix. Alegrar les nits, alegrar la vida. No se m'acut un objectiu més noble i més bo. “ Ay, qué guapa soy y qué chocho tengo”. Vas ser un personatge popular, quan encara no es necessitava la televisió ni Instagram per ser-ho. I vas envellir amb la dignitat de no quedar-te tancat a casa ni arrossegar-te per platós decadents aspirant a ser un altre dels seus friquis. La nit, els bars, el carrer, l'artista al costat del seu públic. I si s'han de vendre roses, es venen roses: “ Hay que ver, hay que ver, lo que hay que hacer pa comer”.

P.D. L'últim cop que et vaig veure va ser una nit de principis de desembre, al Tapas 24. Com aguanta, vam comentar. Potser sense l'eufòria d'altres vegades, però eres allà, cada nit, deixant-nos imaginar per uns instants com devia ser aquella Barcelona de quan nosaltres tot just naixíem.

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Adiós a ‘Violeta La Burra’ artista, maricona y mejor persona

Imagen: La Vanguardia / Violeta la Burra
Adiós a ‘Violeta La Burra’ artista, maricona y mejor persona.
Muere Pedro Moreno, un personaje conocido como ‘Violeta la burra’ en la noche de Barcelona que ya no existe y que defendió su homosexualidad en tiempos de ostias.
Joaquín Luna | La Vanguardia, 2020-01-30
https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20200130/473219487497/violeta-la-burra-barcelona-artista-la-rambla-homosexualidad.html

En los últimos meses Violeta La Burra ya no castañeaba con salero al entrar en los bares y locales nocturnos de Barcelona donde además de vender rosas que portaba en una botella de plástico, aún tabaco y algún CD suyo tenía siempre un piropo al punto. Si uno estaba solo, el piropo era para ti y si estabas acompañado el piropo era para ella. ¡Qué manera de llamar guapo y guapa! Su presencia, entre a lo Sara Montiel y Marujita Díaz, ojos grandes y floripondio con gusto, alegraba la noche porque antes que artista popular o vendedora fue siempre persona y muy maricona, condición que reivindicaba y le había reportado más de un par de ostias en alguna comisaría.

Violeta La Burra se llamaba Pedro Moreno Moreno y ha muerto muy querida en Barcelona y de cuerpo presente en Herrera, su pueblo natal de la provincia de Sevilla, donde nació en 1936, año triunfal y muy jodido porque empezó la guerra y se prolongó la miseria en Andalucía. Su madre quería un varón. “Que mi mare desía que quiero un varón, que quiero un varón, cuando iba a nacé yo, aversimentiendes, que quiero un varón, que quiero un varón, la pobresita, y así nací yo”, le contó tal cual a Francisco Umbral en uno de sus “Spleen de Madrid”.

La pobreza más que la homosexualidad le llevaron antes de los veinte años a Barcelona, que la estaba esperando aunque llegase en tren expreso. Con los años, Violeta se hizo más barcelonesa que Rius i Taulet y tan del Barça como la Feliu (no hay más que escuchar “Soy culé del derecho y del revés”, homenaje al Tiki-taka con segundas, canción de su último disco, “2012, mejor que nunca”, canto del cisne cargado de coña, alegrías y dobles intenciones, como anticipan los títulos: “La crisis me pone”, “Z de zorrón” o “Yo soy mariquita”).

Violeta encarriló su vocación artística y el espíritu alegre en los bajos y artísticos fondos de Barcelona, cabe a La Rambla, en tablados, garitos y cabarets donde el franquismo se desentendía de la moral y se mariconeaba mucho. Finales de los años 50. Los Claveles, El Andalucía de Noche, el Jardínes de Córdoba y de allí el gran salto al Bagdad y el Barcelona de Noche, aprovechando el filón del travestismo en los años de la transición, tiempo de pasiones, nobles y bajas. Violeta La Burra cobró fama por su gracia, arte y desparpajo hasta el punto de que fue contratada en París, de donde venían muchos niños y todas las perdiciones.

Jean Marie Rivière, “rey de la noche de París”, la fichó para el Paradis Latin, meca del travestismo europeo en los años 70. “Yo no lo he inventado, sólo le he dado cartas de nobleza”, decía Rivière del género. El estrellato se prolongó un par de años porque Violeta tenía a su madre delicada y lo suyo era más Barcelona y la Semana Santa de Herrera que la bohemia de París.

Con el siglo XXI y la edad, le llegó el declive y eso tan cursi de “reinventarse” aunque nunca presumía de haberse codeado con Lola Flores o Salvador Dalí ni se lamentaba de los chulos que le sacaron las perras y cosas peores. “Me había llevado unas palizas...”, confesó una noche en el Dry Martini, su segunda casa, donde Javier de las Muelas y su buena gente le daban cobijo, zumo de naranja o alguna copa de champaña en su deambular por ciertos locales y restaurantes del centro de Barcelona donde todos la apreciábamos y mucho, a diferencia de las calles de sus éxitos, como Escudillers, tomadas por extranjeros que nunca hubiesen apreciado el lujo de ver, saludar y charlar con Violeta La Burra, gran amiga o amigo, da igual, tan andaluza y barcelonesa.

jueves, 30 de enero de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Muere Violeta la Burra, icono transformista durante el franquismo

Imagen: El Periódico / Violeta la Bruua
Muere Violeta la Burra, icono transformista durante el franquismo.
Fue un símbolo de los cabarets catalanes, donde actuó siempre en clave de flamenco.
EFE | El Periódico, 2020-01-30
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20200130/muere-violeta-la-burra-artista-icono-transformista-cabarets-espana-franquismo-7828107

El cantante transformista Pedro Moreno Moreno, conocido artísticamente como Violeta la Burra, que se convirtió en un símbolo de los cabarets catalanes en la España del franquismo y llegó a actuar en varios escenarios de París, ha muerto a los 84 años en Sevilla, según ha informado el Ayuntamiento de Herrera (Sevilla). Violeta la Burra será enterrado esta tarde en el cementerio de su localidad natal, tras un funeral que tendrá lugar en la Parroquia de Santiago El Mayor.

Nacido en este municipio sevillano en 1936, de niño trabajó en los campos de olivos de su pueblo, pero con 20 años comenzó a decantarse por el mundo de la música y de las folclóricas que triunfaban en la época, lo que unido a la dureza del trabajo en el campo le hizo emigrar a Barcelona, donde encontró rápidamente trabajo en algunos de los locales de moda de entonces.

Allí, comenzó a actuar como travesti, primero los fines de semana, donde se subía al escenario de Los Claveles, en la calle Escudellers, junto a compañeras como Rosarito y Marilí, actuando siempre en clave de flamenco, para luego pasar a locales de más importancia, entre los que estaban Andalucía de Noche y Jardines de Córdoba, donde el nivel subía hasta estar en carteles con Antonio Machín o Estrellita Castro.

Salvador Dalí y Lola Flores
De allí pasó a la sala estrella de la capital catalana, Barcelona de Noche, donde conoció a Salvador Dalí, con el que trabó amistad enseguida. Posteriormente, se incorporó al cuerpo de baile de Lola Flores en los espectáculos que representaba en los teatros Victoria y Calderón.

La cima de su carrera llegó cuando un empresario francés se fijó en su espectáculo y se lo llevó a París, donde fue artista de referencia en la sala Paradis Latin durante dos años, hasta que su madre enfermó y decidió volver a España con ella.

Con casi 80 años mantenía parte de su actividad artística, durante la que grabó varios discos, que se vendían sobre todo en formato de casetes, y siempre se mantuvo en contacto con su pueblo, donde su madre tiene una calle con su nombre y al que volvía en varios momentos del año, con una visita fija siempre en Semana Santa.

domingo, 19 de enero de 2020

#hemeroteca #menores #violenciasexual | Cuando la tutela de menores falla

Imagen: El País / Viviendas en Camp Redó, Palma de Mallorca
Cuando la tutela de menores falla.
La Fiscalía de Baleares investiga al menos 16 casos de prostitución de adolescentes en centros de acogida tras la denuncia de una niña violada.
Lucía Bohórquez | El País, 2020-01-19
https://elpais.com/sociedad/2020/01/18/actualidad/1579360822_245439.html

A las ocho de la tarde ya es noche cerrada en la Corea de Palma. Cuatro hombres beben, resguardados en un soportal del degradado barrio de Corea, donde bloques de viviendas sencillas, blancas con contraventanas verdes, se alzan en paralelo sobre el pavimento descuidado. En uno de ellos sitúa una menor de 14 años la peor pesadilla imaginable para Nochebuena. La niña asegura que fue violada en un piso por seis adolescentes de entre 15 y 17 años. Una chica que era amiga suya le intimidó para someterse a las exigencias del grupo. Unas horas antes, apenas a tres kilómetros de distancia, varios hombres mayores intentaron explotarla sexualmente en un bar en el que, según confesó a la Policía, ya habían ocurrido episodios semejantes con otras niñas tuteladas que la fiscalía de Baleares investiga.

A la dureza de este relato se suma la situación de extrema vulnerabilidad de una menor que arrastra una historia de desamparo que le llevó a ser tutelada por los servicios sociales de la Administración, hacia la que se dirigen ahora las críticas. La violación grupal ha destapado la existencia de, al menos, 16 casos de menores tutelados que han sido víctimas de agresiones y explotación sexual (aunque no se sabe cuántos llegaron a tutela por ser víctimas de este delito y cuántos sufrieron episodios de explotación estando ya tutelados). Serían en su mayoría niñas a las que terceros han obligado a mantener relaciones con adultos cuando salen a diario de los centros de acogida o los pisos tutelados de régimen abierto, a los que llegan derivadas porque sus familias no pueden hacerse cargo de ellas.

A raíz del caso Corea, ‘El Diario de Mallorca’ publicó el fin de semana pasado un reportaje donde trabajadores sociales y policías denunciaban con frustración la negligencia e inacción del Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS) y describían como un fenómeno habitual, desde hace años y con decenas de menores afectadas, las escapadas de niñas bajo su tutela para ser sexualmente explotadas a cambio de pequeñas cantidades de dinero o regalos.

Según la prensa local, los educadores habían informado a la Administración de los casos pero, por falta de medios, estos no llegarían más allá. Ante la presión mediática y tras admitir los 16 casos de abuso sexual a 15 niñas y un niño a su cuidado, el IMAS convocó una reunión con la Policía y la Guardia Civil, tras la cual aprovechó para rechazar fallos en el protocolo, subrayando que los casos son aislados, sí se investigan y no son más que antes. El presidente del IMAS, Javier de Juan, dijo que esta problemática afecta a “a cualquier menor, venga del ámbito que venga”, no solo a sus tuteladas. Y justificó que la administración no puede supervisar las actividades que sus tutelados realizan fuera de sus centros.

Un psicólogo que ha trabajado durante años en uno de estos centros y que prefiere permanecer en el anonimato, constata que los episodios de “no retorno” (el tecnicismo que usan en servicios sociales para describir que un menor no ha vuelto a la hora que le toca) comenzaron a ser más habituales hace cinco años, aunque no los califica de masivos. “En los últimos años ha habido bastante preocupación por los casos de adolescentes que no vuelven y su relación con la explotación sexual infantil. No sabemos si es a través de una trama organizada o con grupos de chicos de barrios conflictivos que les dan facilidades para acceder a contactos sexuales”, dice. Este trabajador también conoce de la existencia de chicas tuteladas que captan a otras niñas en la misma situación. Los educadores se dan cuenta cuando la menor aparece con más dinero del habitual, objetos de valor o porque ellas mismas lo cuentan.

El IMAS tiene delegadas las competencias en materia de protección de menores y gestiona en la isla 30 centros de niños con 278 adolescentes tutelados, seis en residencias propias y 24 concertadas. “Velamos para que los menores tengan una vida lo más normalizada posible, que continúen yendo al mismo colegio, a las actividades de barrio que hacían antes de ingresar, que mantengan el contacto con la familia”, señala Joan Ferrer, presidente de la Federación de Entidades de Atención a la Infancia y Adolescencia Balear. A los más pequeños se les acompaña en todas las actividades, pero cuando entran en la adolescencia se fomenta la autogestión para cosas como ir solos a clase o coger el autobús. Es ahí donde aumenta el riesgo de que no vuelvan. “Los educadores tienen las mismas herramientas que un padre para saber cómo está un hijo, si hay cambios en el estado de ánimo, si habla menos. La formación continua es imprescindible, porque si un menor no quiere estar en un centro no lo estará”, opina.

“Uno de los primeros acercamientos de las chicas a la explotación sexual son los no retornos a los centros”, sentencia Marc Tur, exdirector de la Oficina de Defensa de los Derechos del Menor, que pone en cuestión la metodología del sistema de tutela y se pregunta si realmente se protege a las chicas “cuando su tiempo libre no está del todo supervisado”. Tur cree que si la institución de acogida facilitase todo lo que precisa un adolescente “no necesitarían buscar nada fuera” y advierte del riesgo elevado que suponen estos no retornos porque muchas de estas niñas tienen pandillas, redes sociales y algunas están envueltas en situaciones muy complejas en las que “se ven engañadas”.

Los protocolos de actuación de los centros obligan a avisar a la Policía o la Guardia Civil en cuanto tienen conocimiento de la ausencia de un menor, pero el protocolo de actuación policial con menores de la Secretaría de Estado de Seguridad no cataloga de “alto riesgo” los casos en los que concurren circunstancias que hacen evidente la voluntariedad de la desaparición. Algo que resulta “preocupante” para Tur, para quien todos los no retornos han de tomarse con gravedad.

jueves, 26 de diciembre de 2019

#hemeroteca #violenciainstitucional | Caso Carioca: “Si no follaba con él, me deportaba”

Imagen: El Salto / Edificio donde se situaba el antiguo Club Eros
Caso Carioca: “Si no follaba con él, me deportaba”.
Concluye la instrucción contra seis agentes policiales por delitos de colaboración con la prostitución coactiva, cohecho y omisión de perseguir delitos. La juez imputa hasta una decena de infracciones del Código Penal en el caso de Manuel Castro González y una docena en el de José Manuel Díaz Suárez.
Fran Pérez | El Salto, 2019-12-26
https://www.elsaltodiario.com/trata/caso-carioca-si-no-follaba-con-el-me-deportaba

Primero fue el turno de la Guardia Civil, después el del sargento de la Policía Local que puso las luces de neón al club Queens y esta vez el de la Policía Nacional y otros funcionarios de Extranjería. Pilar de Lara concluye la instrucción de la última de las piezas principales del caso Carioca implicando a una decena de agentes y funcionarios de Extranjería en delitos relacionados con la red de prostitución que conformarían proxenetas y altos mandos policiales.

Los agentes, encargados de la persecución de este tipo de delitos, serían clientes habituales de locales de la provincia de Lugo en los que se prostituían mujeres víctimas de trata e incluso menores de edad en condiciones gravosas. En estos establecimientos se presentaban en ocasiones uniformados y con el vehículo oficial, contribuyendo así a generar el doble efecto que describen las mujeres, por un lado, de garantía de que allí no se practicarían redadas policiales o serían alertadas con antelación, y por otro, de impunidad e intimidación ante cualquier intento de denunciar los abusos que sufrían, lo que en ambos casos supondría un blindaje para los proxenetas.

Uno de los clientes asiduos a algunos de los clubs investigados, Eduardo Castro, era subinspector de la Brigada de Extranjería, y junto con el inspector Evaristo Rodríguez, el funcionario administrativo Germán Pumares y el jefe de la Dependencia de Extranjeros de la Subdelegación del Gobierno Alberto Linares habrían actuado en connivencia regularizando la situación de las mujeres extranjeras y otros ciudadanos o expidiéndoles orden de expulsión a conveniencia suya o de los proxenetas.

Clientes de uniforme
Además de Eduardo Castro, las testigos detallan cómo los agentes eran invitados a consumiciones gratuitas en clubes como el Eros, el Queens y La Colina, o a veces también relaciones sexuales. En una ocasión la camarera del Eros quiso cobrarle un cubata a José Manuel Díaz Suárez, a lo que él respondería, enfadado: “¿Pero no sabes quién soy yo? ¿Cómo me cobras la copa?”. Según la declaración de una prostituta, uno de los agentes, Manuel Castro González, la amenazó con que “si no follaba con él [gratis] me deportaba”. Otra de ellas dice respecto de este policía que “nunca pagaba chicas ni copas, follaba por la cara, y si te negabas amenazaba con deportar”.

En el club Queens este policía ha sido visto desenfundando la pistola y colocándola en el mostrador al lado de la de Adán, dueño del establecimiento que carecía de licencia para portarlas, para comparar cuál era más grande.

En el auto se refleja asimismo que otro de los agentes, Luis Ferreiro González, era muy amigo también del dueño del club Tara, donde también era invitado a copas y sexo gratuitamente según varias testigos. Además, por el cumpleaños del local el gerente organizó un sorteo en el que el premio era una mujer con la que el ganador tendría un pase gratuito. Esa mujer identifica al policía como el ganador de aquel sorteo.

Precisamente este mes cuatro investigados por trata resultaron absueltos por la Audiencia Provincial de Lugo al justificar en su defensa que no funcionaba como un prostíbulo, sino como un pub en el que quienes lo regentaban se limitaban a cobrar por la estancia sin conocimiento de la actividad que podían realizar las mujeres en las habitaciones. Este agente era el encargado de la custodia de los detenidos en los calabozos, y en alguna ocasión le habría abierto la puerta a alguna de las detenidas. De las intervenciones telefónicas practicadas se extraen escenas dantescas como la llamada que hace el encargado del club Queens a una de las prostitutas, que ella atiende pese a encontrarse detenida, en la que ella le dice que “aquí están todos los policías que van por ahí” y él le pregunta si está Luis Ferreiro, respondiendo la detenida que “está arriba” y pasándole a continuación con él, moviéndose con total naturalidad en la comisaría.

Muchos de estos policías habrían participado en fiestas con prostitutas y orgías organizadas por Adán, dueño del club Queens, en las que corría la cocaína y otras drogas. Cuenta una de ellas que en una ocasión vio a un policía sacar cocaína y colocarla en un plato, y que Adán se la tiró al suelo espetándole: “eso no vale nada, la buena es la que traigo yo”.

La colaboración de la Brigada de Extranjería con la red de trata
Según se desprende de la pieza del caso Carioca que investiga a la cúpula de la Guardia Civil, el cabo Armando Lorenzo Torre, encargado del Equipo de la Mujer y el Menor (Emume), “ponía el cazo” en diferentes clubs de la provincia de Lugo, de manera que actuaba o dejaba de actuar contra ellos en función de si eran colaboradores suyos o no, practicando redadas en aquellos prostíbulos que no lo hacían, para a continuación deportar a las mujeres o enviarlas a los pisos de acogida que él mismo gestionaba, desde donde las derivaba a menudo a los clubs afines.

Las redadas policiales se coordinaban entre el Equipo de Personas de la Guardia Civil —del que hacía parte el Emume— y la Brigada de Extranjería del Cuerpo Nacional de Policía, en la que el subinspector Eduardo Castro y el inspector Evaristo Rodríguez serían sus principales aliados, junto con Alberto Linares Ferrer, jefe de la Dependencia de Extranjeros de la Subdelegación del Gobierno, y Germán Pumares Díaz, funcionario administrativo de Extranjería que participaba junto a los otros tres en la tramitación de los expedientes de las mujeres en los que se resolvía sobre su expulsión, así como de gestionar las solicitudes de prórrogas de estancia.

A lo largo de 190 de las 228 páginas de auto la jueza De Lara explica pormenorizadamente la manera en que realizaban estos trámites de forma interesada, generalmente a conveniencia de los dueños de los clubs afines o bien suya, siguiendo criterios de actuación completamente diferentes en cada caso.

Así, en 2008 Armando le ofrece a una prostituta del club Carús darle la condición de testigo protegido para revocarle una orden de expulsión a cambio de firmar una denuncia en falso por trata contra los dueños del local que el propio Armando redactaría para justificar así una redada. En la redada se identifican dos mujeres amigas de la primera que no fueron avisadas con suficiente antelación, y Eduardo Castro y Armando les tomarían una declaración idéntica al margen del resto de mujeres, asistidas por un abogado que ellos mismos les buscan.

A Evaristo, instructor de los expedientes, se le interviene una agenda en la que figuran distintas anotaciones referidas a la actuación en el club Carús, entre ellas: “reunión con Alberto Linares, dejar caducar los expedientes”, como efectivamente ocurriría con estas dos mujeres, a diferencia del resto cuyo expediente se resolvió con orden de expulsión. Las tres serían trasladadas por Armando a ejercer en el club Queens.

En una ocasión, varios agentes de la Guardia Civil que se escapaban al control del entorno de Armando practican una redada en el club Liverpool contrariamente a la manera de funcionar habitual. En ella se detectan varias mujeres en situación irregular y una menor de edad, que anteriormente había ejercido en el Queens y cuyo expediente había sido consultado por Evaristo. Eladio, dueño del club Liverpool, pide ayuda a Armando para que tratase de evitar que expulsasen entre ellas a su pareja sentimental, refiriéndose Armando a los agentes que practicaron la redada como “estos cabrones”. A continuación, Armando habla con Evaristo sobre Eladio, comentando “tres días en el calabozo, cuando era de dominio público que la menor estaba ahí”, facilitándole por error los datos incorrectos de la pareja sentimental de Eladio a la que “cogieron sin papeles, porque estos van a comerse el mundo y no se comen nada”. Evaristo le responde: “No te preocupes, que yo sé bien con quién trabajo, con los años que tengo ya sé diferenciar”.

La denunciante del caso Carioca, expulsada
Contrariamente, especialmente significativo resultó el trato que recibió la testigo protegida DPA 123B, denunciante de la cual partió toda la investigación del caso Carioca. Esta mujer que ejerció en el Queens describe cómo en una ocasión Armando se presenta en su domicilio, posa la pistola sobre la mesa del salón y le dice: “tus días en España como legal están terminando, dame el pasaporte que yo te lo arreglo para estar tres meses más”, obligándola a practicarle una felación y a mantener relaciones sexuales. Armando cumple esto, pero una vez que abandona la actividad de la prostitución y comienza a trabajar en una cafetería propiedad de su pareja la sigue requiriendo sexualmente de forma insistente, y ante su negativa comienza a ser acosada también por la Policía Nacional.

Así, Evaristo acude a su casa acompañado de otro agente para identificarla y dictarle orden de expulsión, siendo Eduardo Castro instructor del expediente por estancia irregular y trabajo por cuenta ajena sin autorización, pese a no practicarse la identificación en un centro laboral ni constar cómo conocía la Brigada de Extranjería que estaba trabajando. DPA 123B presenta alegaciones por tiempo de residencia, arraigo y encontrarse en trámites para regularizar su situación, ya que estaba a la espera de la primera declaración trimestral del IVA de la cafetería para poder regularizarse. Estas alegaciones, en contraste con los requisitos que se les exigían a otras mujeres para regularizar su situación, no fueron tenidas en cuenta.

Una de estas mujeres que ejercía en el Queens que sí logra regularizar su situación la convence de que vaya a hablar con Linares por mediación de una amiga, quien la anima a solicitar en las dependencias de la Brigada de Extranjería una copia del pasaporte. Al cabo de una semana se dispone a seguir la recomendación de Linares, siendo detenida al instante por Eduardo Castro, quien le dice “mañana o pasado tú vas a tu país”. Le impiden que la asista su letrada, asignándole un abogado de oficio, y le niegan el habeas corpus —derecho a ser presentada ante un juez instructor—, comentando Eduardo Castro y Evaristo que “esta es amiga de Luciano” y ahora su información “ya estaba cortada”, en referencia a uno de los agentes de la Guardia Civil que practicaría la redada en el Liverpool. Al día siguiente sacan a DPA 123B del calabozo, la llevan al aeropuerto insultándola durante el trayecto y la envían en un vuelo de deportación a Brasil.

Durante sus intentos para regularizar la situación, DPA 123B recibe la oferta de retirársele la carta de expulsión a través de Germán Pumares a cambio de ejercer en el club Eros. Germán Pumares era funcionario de Extranjería en turno de mañana, encargado de iniciar los trámites de muchos expedientes de expulsión y solicitudes de prórroga de estancia, y a su vez trabajaba como abogado en turno de tarde, de manera que tenía acceso a información privilegiada.

Algunas de las detenidas declaran que salían de las dependencias de la Brigada de Extranjería con su tarjeta profesional de abogado en mano. Una de ellas declara que “siempre intentaba sacar dinero”, que a “extranjeros que cogen en comisaría detenidos si contratan a Germán las cosas se les solucionan mucho mejor”. Según el propio encargado del club Eros reconoce, Germán Pumares era tío suyo y le llevaba los papeles del club.

No solo prostitutas
En el auto también se relata cómo en una ocasión un guardia civil acude a entrevistarse con Evaristo y Eduardo Castro para que regularizasen la situación del novio de su hija, preguntándole Evaristo si en la Comandancia de la Guardia Civil no conocía a Armando, a lo que el agente contesta “hombre, me está remitiendo al delincuente mayor de la Comandancia”. También trató de solucionar el problema con Linares, que le dice “como no hables con Armando, en Comisaría no me van a hacer el informe favorable que yo necesito”, forma en la que efectivamente consiguió retirar la orden de expulsión.

También se interviene una llamada del policía nacional Manuel Castro a Eduardo Castro para que le ayudase a deshacerse de un hombre que su suegro tenía trabajando de forma irregular en su empresa, advirtiéndolo Eduardo de las repercusiones que podría tener para su suegro y comentándole que la única manera era que tuviese antecedentes y así, “que se joda”, que lo que tenía que haber hecho su suegro era “haberle pegado un palazo en la cabeza y haberlo enterrado en el cemento”.

Turno de la Fiscalía
Pilar de Lara concluye la instrucción contra seis agentes policiales por delitos de colaboración con la prostitución coactiva, cohecho y omisión de perseguir delitos, atribuyendo hasta una decena de infracciones del Código Penal en el caso de Manuel Castro González y una docena en el de José Manuel Díaz Suárez. A un séptimo agente, inspector policial, también asiduo al Queens, le atribuye exclusivamente la omisión de perseguir delitos en relación al robo de ua joya denunciado por un cliente del local que quedó dormido después de mantener relaciones sexuales.

A los funcionarios policiales o administrativos de Extranjería Alberto Linares, Germán Pumares y Evaristo Rodríguez les atribuye entre seis y nueve delitos mayormente de prevaricación y falsedad documental. Fuera queda Eduardo Castro, a quien se le atribuye la mayor carga delictiva y grado de implicación, con motivo de su fallecimiento en julio de este año. Además, dos prostitutas también habrían incurrido en delito de tráfico de influencias al hacer uso de su relación con Eduardo Castro para regularizar su situación y pedirle actuaciones contra otras mujeres.

La magistrada dicta el sobreseimiento provisional respecto de Miguel González, secretario en Galicia de la Unión Federal de Policía (UFP) y el sobreseimiento libre respecto del entonces comisario jefe provincial Maximino Losada y el subdelegado del gobierno Jesús Otero.

Ahora será la Fiscalía quien decida quién se sentará en el banquillo de acusados. Tanto en la pieza relativa a los delitos cometidos en los clubs Queens y La Colina como en la relativa al club Liverpool la Fiscalía echó por tierra la instrucción judicial solicitando el archivo respecto de todos los agentes policiales investigados a pesar de la abrumadora carga indiciaria de su participación, y en el segundo caso también lo solicitó respecto del proxeneta pese a darse por probado que allí se prostituyeron menores.