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miércoles, 19 de abril de 2023

#hemeroteca #queer #literatura | Ni queer ni africana ni feminista: por una literatura que no necesite apellidos

El Diario / Trifonia Melibea Obono //

Ni queer ni africana ni feminista: por una literatura que no necesite apellidos

La escritora guineana Trifonia Melibea Obono defiende que “la literatura es literatura; la escriba alguien queer, heterosexual, negra o mujer. Es un bien de la humanidad”
Laura García Higueras | El Diario, 2023-04-19
https://www.eldiario.es/cultura/libros/queer-africana-feminista-literatura-no-necesite-apellidos_1_10129342.html

“No es lo mismo publicar siendo una mujer blanca que una mujer negra. Ni siendo una persona heterosexual a una que no. Es importante especificarlo para visibilizar la discriminación que sufren ciertas autoras y autores para poder hacerlo”. La escritora, politóloga y periodista Trifonia Melibea Obono explica así a este periódico la importancia de nombrar, o más bien poner apellidos, a literaturas como la ‘queer’ o la africana. Pero lo experimenta de forma contradictoria, ya que afirma que “la literatura es literatura; la escriba alguien ‘queer’, heterosexual, negra o mujer. Es un bien de la humanidad que quienes escriben heredan al mundo”.

Al valorar el largo plazo, indica que espera que la actual coyuntura sea “algo temporal. Si tenemos que seguir especificando esto de aquí a cien años es que no habremos avanzado”. Y defiende: “Las soluciones tienen que ser a largo plazo y sostenibles. Si no, se quedan en nada”.

La también docente e investigadora nacida en Guinea Ecuatorial fue una de las participantes del I Encuentro de Literatura Queer organizado por la Librería Mary Read y el Museo Reina Sofía la semana pasada en Madrid. Unas jornadas en las que se abordaron cuestiones como la erradicación del racismo de las prácticas y teorías feministas, con el objetivo de construir feminismos libres de actitudes colonialistas y supremacistas. Melibea Obono estudió Ciencias Políticas y Periodismo y un máster en Cooperación Internacional y Desarrollo en la Universidad de Murcia. Además, forma parte del equipo del Centro de Estudios Afro-Hispánicos (CEAH) de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Como autora, es artífice de títulos como ‘Herencia de bindendee’ y ‘La bastarda’. El primero supuso su debut en la novela en 2016 y versó sobre la desigualdad de género presente en su tribu de origen, la fang. Para ello tomó como protagonista a una mujer que, tras tener a seis hijas, se queda embarazada de un varón. Ese mismo año salió a la luz el segundo ejemplar citado, en el que relató la historia de Okomo, la hija adolescente de una madre soltera fang. Al estar atrapada en un sistema que no la acepta, decide ir a buscar a su padre, del que nadie le ha hablado. En 2019 publicó ‘Yo no quería ser madre’, en el que 30 mujeres guineanas tomaron la voz para denunciar la situación de personas LGTB en su país, rompiendo tabúes.

En su trayectoria, reconoce que ha tenido problemas por su lugar de procedencia, al “no reproducir los estereotipos que se esperan de una persona negra”. Pero también los tiene en su país: “Allí no se puede hablar de temática LGTBIQ+ porque consideran que eso es algo 'de los blancos'. Y el feminismo también. No es solo una cuestión de una editorial, es algo estructural”. “Imagina que encuentro una editorial de Suecia especializada en temas LGTBI que me acepta una obra. Con ella sí que podría entrar en Madrid, pero no en Uganda. Y eso que se supone que soy negra de un país poblado por personas negras”, advierte.

“No existe ningún espacio sano en el que todo esté hecho”, lamenta. Y por ello, convive con una lucha que es “diaria, incluso por minuto”. “Si soy activista en un país como Guinea Ecuatorial, en el que la diversidad sexual está penalizada, me pueden matar. Puede hacerlo el gobierno, un familiar que crea que su hija es lesbiana porque yo le he transmitido un virus y la policía. Me puede matar cualquier persona. Se está focalizando el tema en un contexto occidental como si en el afro tuviéramos aceptación. Y no. Si eres una mujer negra e inteligente sufres misoginia, porque en el mundo negro solo las blancas pueden ser las inteligentes”, sostiene. Dentro de este poco halagüeño contexto, la politóloga y periodista defiende que “la literatura es una solución para muchas cosas porque es inmortal”. De ahí a que la conciba como una herencia que dejan al mundo.

“Yo cuando escribo sobre temática LGTBIQ+ en Guinea, lo hago para la gente que va a nacer de aquí a cincuenta años. Mi literatura es la construcción del mundo que me gustaría que fuera, pero que no existe todavía. La canalización de problemas y reivindicaciones. La forma de mostrar mi disconformidad con respecto a ciertas estructuras”, explica.

Responsabilidad compartida
Entender y utilizar la literatura como herramienta para lograr avances conlleva una responsabilidad que la periodista y docente incide en describir como colectiva. Ha de estar presente a la hora de decidir sobre qué temas hablar, cuáles publicar y cuáles leer. Respecto a la primera parte, Melibea Obono siente que su manera de enfrentarse a la escritura desde que comenzó su carrera ha cambiado.

“Cuando era más inconsciente sobre lo que es el mundo y la discriminación, escribía de lo que me salía. Me ponía a ello sin tener el principio ni el final. Ahora que sé que si escribo sobre según qué tema me va a resultar difícil, y que recibo más violencia, igual empiezo a autocensurarme. Pero tampoco voy a empezar a hablar sobre qué bonita es Barcelona o la playa de no sé dónde”, comenta con ironía, “escribo sobre temas que creo que son importantes, que afectan a la condición humana, como la conquista de derechos o los grupos marginados”. De ahí a que reconozca que su lugar ideal para escribir sea “el caos”. “No se lo recomiendo a nadie, pero es la única forma que las personas que escribimos tenemos para saltarnos las normas. Al revisar, procuro tocar lo menos posible. Si no lo hago así, pienso: '¿Qué estoy haciendo? ¿Reproducir las ideas hegemónicas?'”, relata.

La autora considera de suma relevancia escoger la materia a la que aproximarse sabiendo la “repercusión que va a tener en tu sociedad y más allá de ella. Ese proceso de enfrentamiento constante hace que muchas mujeres no se atrevan a publicar y a escribir”.

El siguiente eslabón de la cadena le corresponde a las editoriales, ya que sostiene que “tienen que regirse por normas más inclusivas en el momento de publicar”. En esta línea, declara que una firma que lance 50 obras, tiene margen como para visibilizar a personas de diferentes partes del mundo. “Es un trabajo colectivo que implica a editoriales, sociedad, organizaciones, subvenciones, etc.”, opina. Sí que dentro de las compañías pone en alza la labor de los consejos editoriales, por “el poder que ejercen a la hora de decidir qué libros o no lanzar. Trabajar para no terminar reproduciendo los mismos esquemas y estereotipos”.

Yendo un paso más allá, Melibea Obono pone igualmente el foco en los lectores, ya que las editoriales, en última instancia: “Se erigen por ideologías hegemónicas. Lo que les demandamos. Si queremos que cambien sus políticas, tenemos que cambiar la sociedad”. Por ello, insta a tomar conciencia de la relevancia de aquello que se pida: “Si preguntamos por un título, estamos condicionando su labor inclusiva. Las editoriales son empresas, no van a imprimir o apoyar libros si no encuentran ningún tipo de demanda”.

La autora defiende que tiene que haber “curiosidad” por saber qué ocurre más allá de las fronteras de cada individuo: “Se tiene que inculcar la educación en la diversidad”. Y considera que se trata de un problema global, no solo de España: “La gente en Guinea puede pedir que se abra una editorial de libros guineanos. Y yo me pregunto: '¿Sólo vas a querer leer a gente de Guinea? ¿Qué pasa con Japón, por ejemplo?'”. Con ello Melibea Obono cierra el círculo de implicaciones, apelando a una responsabilidad colectiva con potencial para sumar cotas de libertad e inclusión en todas las estanterías.

sábado, 9 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia #trans | Homofobia de Estado y ciudadanía de segunda clase

El Salto / Manifestante por los derechos LGTBI en África //

Homofobia de Estado y ciudadanía de segunda clase.

En Guinea Ecuatorial, el rechazo de la familia y la estigmatización social empujan a una gran parte de la comunidad LGTBIQ+, y en particular a las mujeres y niñas trans, a la prostitución como única salida.
Trifonia Melibea Obono | El Salto, 2022-07-09
https://www.elsaltodiario.com/lgtbifobia/homofobia-estado-ciudadania-segunda-clase 

Hasta hace dos meses, la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral en la República de Guinea Ecuatorial solo se relacionaba con las personas migrantes (I) de otros países africanos, América Latina y Asia. Somos parte del Mundo (II), sin embargo, publicó en mayo de este año un informe, el primero que visibiliza esta problemática en el país, certificando que la trata de personas, al contrario de lo que sostiene el discurso oficial, constituye un mal universal. Los datos del informe coinciden con el contenido del Protocolo de Parlemo (III) y las especificidades de Guinea Ecuatorial como país que, desde la independencia, ha delegado en los poderes públicos el rol de romantizar las tradiciones étnicas, relacionando los derechos humanos con la raza blanca de manera exclusiva.

Un total de 305 personas, todas LGTBIQ+, constituyen la muestra de la encuesta, un trabajo de campo titulado Homofobia de Estado. Encuesta sobre trata de Personas con fines de Explotación Sexual y Laboral en la República de Guinea Ecuatorial: el caso de las Minorías Sexuales. Los objetivos de la encuesta, enfocados en la implicación de los poderes públicos en las redes de trata de personas, y las consecuencias —en la salud de las minorías sexuales— de las terapias de conversión, impuestas por las familias gracias al desconocimiento de la resolución de la OMS que eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades en el año 1990, entre otros, se relatan en un artículo publicado el 17 de mayo de este año, Día Internacional de Lucha contra la LGTBIQ+ fobia.

Este artículo representa la continuación del informe anterior y su contenido se centra en el análisis de las fases de captación, traslado y transporte de las víctimas de trata interna: la que se produce dentro del país. Al menos la mitad de las personas encuestadas son transgénero y por esta razón, en el texto, se contrasta que las niñas y mujeres transgénero, uno de los grupos más vulnerables de la comunidad LGTBIQ+, carecen del disfrute de los derechos humanos más básicos, y tanto la sociedad como los poderes públicos, reservan el trabajo sexual para su integración en el mercado laboral. No obstante, gracias a las redes sociales han sabido reinventarse: un porcentaje muy bajo pero significativo, es autónomo.

Las familias, principales tratantes

El informe sostiene que las primeras y principales personas tratantes son familiares, por una causa principal: la romantización de las tradiciones étnicas ancestrales que definen la homosexualidad como una práctica brujeril, mala educación, virus contagioso y enfermedad curable (IV). Las costumbres primitivas, además, están amparadas por los poderes públicos, encargados de penalizar la homosexualidad con el apoyo de la ley número 8/1980 de fecha 9 junio, Reguladora del Orden Público; la Ley de Vagos y Maleantes de 1954; y el Código de Justicia Militar. Por lo tanto, las tradiciones étnicas y las leyes del Estado, marginan y estigmatizan a las minorías sexuales, transformando su condición de individuos con personalidad jurídica adquirida al nacer en ciudadanos y ciudadanas de segunda clase.

El informe sostiene, así mismo, que el repudio constituye la tercera terapia de conversión que utilizan las familias para transformar a sus descendientes LGTBIQ+ en personas heterosexuales mediante tratamientos. El primer y segundo procedimiento de curación son el encierro en el hogar o casas de curación, y las violencias, especialmente la sexual. Así lo reconoce al menos la mitad de las personas encuestadas.

La directiva de Somos parte del Mundo revela, además, que el acceso a la escuela entre la adolescencia precoz y tardía es escaso en las niñas y mujeres transgénero: “Entre los diez y los veintidós años duran las terapias de conversión. En este periodo, las familias priorizan la normalización de sus descendientes y dejan a un lado los derechos de infancia que garantiza la Convención de los Derechos del Niño y la Carta Africana sobre los Derechos y el Bienestar del Niño, ambos convenios ratificados por Guinea Ecuatorial”.

A partir del repudio familiar o la huida de las víctimas de los encierros, entra en escena el primer estamento de captación. La mayoría de las niñas y mujeres transgénero encuestadas reconoce haber caído, a cambio de promesas de salvación, en manos de familiares de segunda línea, cuyo perfil es único. Son personas guineoecuatorianas que viven a caballo entre Occidente y Guinea Ecuatorial. Describen a sus verdugos como individuos de clase media o media alta, o en su caso, familiares de origen humilde y visionarias que, durante largos años, han observado y descubierto en las víctimas a personas trabajadoras, principalmente en labores atribuidas tradicionalmente al género femenino.

En el nuevo hogar y en las primeras semanas, se sienten salvadas de las terapias de conversión, del repudio y el encierro, hasta que poco a poco, se imponen normas nuevas. La nueva familia delega en la persona acogida todas las labores del hogar, la atención a la clientela en algún negocio sin horarios ni salario, la prohibición de identificarse con la familia en el caso de ser descubierta como LGTBIQ+, la prohibición de travestirse de día —solo tienen permiso en las noches—, la prohibición de salir a la calle sin permiso, etc. Y, es más, el derecho a la educación es decisión de la nueva familia y cuando se ejecuta, solo se costea la matrícula. La deuda adquirida y que corresponde pagar es el nuevo hogar. Poco a poco, sostienen, la familia de acogida se convierte en la de nacimiento en la manifestación de la homofobia. En la mayoría de ocasiones las comisarías de policía se convierten en espacios de trifulca familiar. Papá y mamá echan de menos la mano de obra de la niña o mujer transgénero en casa y denuncian el robo de esta ante las autoridades, alegando “mi hermana/o ha robado a mi descendiente, le esconde en casa y le permite ser maricón saltándose las tradiciones africanas”. En estos casos, la policía apenas se pronuncia. La solución, obligatoria, consiste en imponer una multa a ambas partes y mandarlos a casa alegando que “las autoridades no participan en la solución de estos temas. Vayan a resolverlo a nivel familiar.”

La salvación en nombre del amor
El 57% de las personas encuestadas reconoce vivir en pareja. A la pregunta de cómo conocieron a su cónyuge, cerca del 90% señaló a las mujeres heterosexuales de clase media y clase media alta como canalizadoras en materia de captación de las víctimas más demandadas en el mercado de la prostitución masculina: las niñas y niños transgénero, cuyas edades oscilan entre los doce y los diecinueve años. El segundo estamento de captación se produce cuando las víctimas huyen del hogar de sus padres o de familiares de segunda línea. Se marchan sin documentos, sin ropa de cambio, sin formación, sin dinero.

Y, a pesar de que más de la mitad de las personas encuestadas reconocen tener pareja, también admiten que no conviven con ellas: se alojan en viviendas de personas de la comunidad LGTBIQ+. Cerca del 50% sostiene que los encuentros con sus parejas se producen en viviendas de amistades y personas conocidas; el 18% de la muestra se ve con las parejas en las residencias y hoteles; el 6% solo se encuentra en los vehículos personales de la pareja que está en el armario para hablar y mantener relaciones sexuales; y el 10% reside en viviendas particulares cuyo alquiler costea la pareja que está en el armario.

El proceso de captación se produce en espacios como las entradas, permanencia y salidas de los colegios, las curanderías e iglesias y los hogares familiares o de acogida. Además, en las tiendas de ropa, cosmética y de alimentación propiedad de familiares y amistades de personas homosexuales; los restaurantes, pubs discotecas y cualquier espacio relacionado con el ocio. La vida en pareja es muy difícil, sostienen. A la pregunta de “si tienen libertad de entrar y salir de la casa de residencia”, financiada o no por la pareja, solo el 7% reconoce disfrutar de la libertad de circulación, de movimiento, y de elegir amistades. El 38% indicó que tiene prohibidas todo tipo de amistades. Más del 50% de la muestra reconoce que la búsqueda de recursos económicos para sobrevivir sin importar el medio, constituye una recomendación y a largo plazo una imposición por parte de las parejas para traer dinero a casa.

Las mujeres heterosexuales de clase media y clase media alta, además de canalizar la captación y el traslado —esta última función también la ejercen personas de la comunidad LGTBIQ+ y adolescentes heterosexuales—, también disponen de viviendas privadas para acoger a las niñas y mujeres transgénero. En estos casos, las víctimas disfrutan en un primer momento del acceso a bienes básicos —comida, ropa, medicinas, matrícula y material escolar, teléfonos móviles, etc.—, pero el coste de la vivienda, la manutención a las víctimas de la trata y la paga a la tratante, le corresponden al varón o varones que consumen la prostitución.

Las mujeres heterosexuales ejercen el papel de tapadera para los consumidores de la prostitución y de cara a la comunidad, son sus amistades, amantes o parientes. En estas viviendas —en las que se alojan también adolescentes heterosexuales que son trabajadoras sexuales—, las víctimas apenas salen a la calle de día. Las viviendas adaptadas para este fin se rigen por otras normas fundamentales. Tienen prohibido dialogar con el cliente al que solo ven mientras mantienen relaciones sexuales y en habitaciones de muy poca visibilidad. Tienen prohibido tomar el contacto telefónico y redes sociales del cliente. Tienen prohibido saludar en la calle al cliente y hablar de él. La comunicación con el cliente es nula incluso cuando mantienen relaciones sexuales.

La deuda adquirida es infinita. Las parejas y las mujeres heterosexuales la contabilizan a partir de la alimentación comprada desde que residieran con las familias de nacimiento, se amplía desde que empezaran a convivir en los espacios controlados por las tratantes, y finaliza en el momento que pretendieran romper la relación y huir. La deuda se extiende y se contabiliza en la ropa comprada, la peluquería, la manicura, el pelo postizo, el uso de los electrodomésticos, la matrícula y el material escolar si hubiese, etc. En el caso de que las víctimas huyeran de la casa familiar con documentación personal —la partida de bautismo, el documento de identidad personal, el pasaporte, el carnet del censo—, o que la documentación se hiciera en pareja con los fondos de tratante, también se confiscan.

La familia siempre vuelve en nombre del amor
La familia siempre vuelve para salvar a las niñas y mujeres transgénero en nombre del amor. El 9% de las personas LGTBIQ+ encuestadas recuerda que la familia pidió perdón después de mucho tiempo, reconociendo que fue un error el uso de las terapias de conversión, pero cerca del 80% carece de residencia fija por los desalojos y huidas constantes. La persecución familiar, explican, constituye la base de la inestabilidad en sus vidas. Los desalojos se producen de forma abrupta, con ayuda de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado pagados por las familias.

Las familias justifican la persecución en nombre de la salvación. Tienen la misión de salvar a sus descendientes de la homosexualidad. Y a cambio de recuperar el status de hijo/a, las niñas y mujeres transgénero reciben la orden de someterse de nuevo a las terapias de conversión centradas en la maternidad forzada y violencia sexual. El resultado promueve la trata de personas porque las familias, además de sus documentos personales, retienen también a sus descendientes reproducidos mediante maternidad forzada para protegerlos de la enfermedad de la homosexualidad de sus madres. De hecho, el 40% de las personas encuestadas reconoce que la relación familiar mejora notablemente a cambio del dinero mensual que les ofrecen a sus parientes en nombre de la manutención a la descendencia que tuvieron como resultado de las terapias de conversión. Apenas pueden pasar tiempo con los y las bebés y solo en el hogar familiar con la presencia de una persona mayor conocedora de mecanismos de prevención del contagio de la homosexualidad de madres a la prole.

Empleo y traslado
La principal fuente de ingresos de las niñas y mujeres transgénero es el trabajo sexual, reconoce cerca de la totalidad de las encuestadas. Practican la prostitución ajena —facilitando el acceso de los clientes a las niñas y mujeres heterosexuales— y propia —algunas personas de la comunidad LGTBIQ+ los acogen cuando las familias los repudian y en nombre de la salvación, canalizan la clientela que demanda servicios sexuales—.

En el caso de las que han huido de diferentes captoras y captores, la búsqueda de la clientela se concentra en espacios nocturnos de ocio, frecuentado por la clase alta y media alta. El 74% de las personas encuestadas reconocen haber viajado o trasladado a trabajadoras/es sexuales—adolescentes heterosexuales y LGTBIQ preferentemente— alguna vez, por lo que las personas de la comunidad son víctimas de la trata y tratantes, con un pagador principal: el cliente. Los viajes se han realizado en el país entre Bata, Malabo y lugares de ocio ubicados en zonas turísticas de la periferia como la ciudad de Oyala y ciudad de Mbini.

El 10% de la muestra especificó los lugares de empleo, todos relacionados con el ocio y la noche. Al ser preguntadas por el origen de los recursos económicos que disponen para vivir, más de la mitad de las niñas y mujeres transgénero indicó el trabajo sexual, que compaginan con profesiones como la peluquería, la moda, el maquillaje y la estética.

La muestra de la encuesta indica que los recursos adquiridos en el mercado de trabajo tienen varios destinos. El 30% de los beneficios son para miembros de la comunidad LGTBIQ+ a cambio de alojamiento y protección, el 34% se lo llevan las parejas y mujeres o amigas heterosexuales, y cerca del 40% apunta a la familia. El trabajo, formal e informal, se adquiere de muchas maneras. El 41% consiguió empleo a través de las redes sociales, el 31% mediante amigas heterosexuales, el resto de la muestra mediante la comunidad LGTBIQ+.

Sostiene la mayoría de la muestra que existen empresas que solo requieren de personal LGTBIQ+ por varias razones. Primera razón, nunca se acercarían a las instituciones jurídicas para demandar a la entidad por despido improcedente. Segundo, no exigen un contrato de trabajo y aunque lo exigieran, no lo conseguirían. De la muestra seleccionada, ninguna persona está contratada. Tercero, pueden ser expulsadas del trabajo sin necesidad de ser liquidadas, los salarios que cobran son muy pobres en comparación con las personas heterosexuales, etc.

El 10% de las niñas y mujeres transgénero se identifica como autónomo, especialmente en el campo de la estética y el maquillaje. Son lideresas en estas profesiones. Su formación se ha desarrollado a través de las redes sociales. Las escuelas, por el acoso homofóbico, no constituyen un entorno favorable para su escolarización. Trabajan de esteticistas y maquilladoras para las personas más glamurosas del país y en los eventos de moda selectivos.

Al menos la mitad de las niñas y mujeres transgénero entrevistadas indica que las direcciones de las instituciones que cuentan con su mano de obra, al cabo de unas semanas, amplía el abanico de servicios para los que han sido contratadas.

En los establecimientos de trabajo —pubs, restaurantes, discotecas, especialmente en la noche—se reproducen las estrategias de captación que se dan en los colegios. Reciben la orden de “atraer a niñas heterosexuales adolescentes para que los hombres heterosexuales encuentren atractivos los locales de ocio”, reconoce la mayoría de las encuestadas.

Las directivas de las empresas para las que trabajan pactan además citas de encuentros sexuales entre ellas y los clientes como condición para mantenerse en el empleo. Y, es más, aparte del trabajo objeto de contrato, se amplían otras funciones como la realización de labores del hogar sin salario, en las viviendas de la dirección de la empresa. El horario de trabajo y los turnos son inestables, reconoce el 10% y a lo largo del día, cuando son restaurantes y bares, las personas disidentes sexuales solo trabajan en espacios invisibles como la cocina, y casi nunca en atención a la clientela.

Los trabajos que se van agregando a los pactados en el contrato verbal —servicios sexuales a la clientela, tareas de hogar en las viviendas personales de la clientela, captación de adolescentes transgénero, etc.—, según el 38% de las mujeres y niñas transgénero, no se pagan. No obstante, un 3% reconoce haber recibido un porcentaje decidido por la directiva de la entidad empleadora a cambio de servicios prestados extraordinarios.
  • (I) El Plan Nacional de Acción para la Prevención y Lucha contra la Trata de personas (2019-2021) se sustenta, por un lado, en el compromiso de los poderes públicos de la erradicación de la trata de personas a partir del marco legal en vigor. Por otro lado, se visibilizan en el apartado II titulado «Antecedentes», dos particularidades: el no reconocimiento por parte de los poderes públicos de la trata de personas como un problema arraigado en Guinea Ecuatorial sino un mal importado, y la necesidad de complacer a los Estados Unidos —un aliado destacado en materia petrolífera— en las relaciones diplomáticas.
  • (II) Somos parte del Mundo es una asociación en proceso de legalización que trabaja en la defensa de los derechos de las mujeres y de las personas homosexuales.
  • (III) El Protocolo de Parlemo es una herramienta internacional creada para prevenir, combatir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres, niñas y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional.
  • (IV) Gonzalo Abaha, autor de la novela 'Las ratas también se enamoran', publica en breve, en el marco del Worldpride 2022, un artículo que desarrolla el papel de las familias, principal estamento de la trata de personas en Guinea Ecuatorial.

miércoles, 11 de marzo de 2020

#hemeroteca #lesbianismo #lesbofobia | Obligadas a ser madres para 'curar' su lesbianismo: "Sus familias creen que están poseídas por un espíritu maligno"

Imagen: El Diario / Melibea Obongo
Obligadas a ser madres para 'curar' su lesbianismo: "Sus familias creen que están poseídas por un espíritu maligno".
La periodista Melibea Obono recoge el testimonio de una treintena de mujeres guineanas lesbianas, bisexuales o transexuales en 'Yo no quería ser madre. Vidas forzadas de mujeres fuera de la norma'.
David Noriega | El Diario, 2020-03-11
https://www.eldiario.es/desalambre/embarazos-forzosos-lesbianas-guinea_0_1000200323.html

"El imbécil este de marido que me buscaron se caía encima de mí como un loco y mi corazón decía: 'Termina, termina, por dios, termina'"."La familia ordenó que tuviera un bebé que me sustituyera, porque me había perdido". "Casi me muero en la sala de operaciones por un bebé que no quería". "No me sale el amor de madre. Lo odio mucho". "Este que está allí sentado, mi hijo, es una carga. Ya no soy yo. Ya no soy libre. Quienes me obligaron a tenerlo también me han dejado sola".

No lo dice una sola mujer. Son frases que ilustran los testimonios de una treintena de mujeres lesbianas, bisexuales u hombres transexuales de Guinea Ecuatorial que la periodista Melibea Obono ha recogido en su libro 'Yo no quería ser madre. Vidas forzadas de mujeres fuera de la norma' (editorial Egales). Obono, que se ha reunido recientemente en Madrid con representantes de todas las formaciones políticas, menos Vox, en un encuentro organizado por la plataforma 'The Equality Advocacy Project', visibiliza así las terapias de 'curación', exorcismos, torturas, embarazos forzosos y vulneraciones de los derechos humanos a las que es sometido el colectivo LGTBI en su país.

P. ¿Fue difícil encontrar estos testimonios?

R. No es que me costara la vida, pero sí me costó encontrar a personas que viven excluidas de la exclusión. No es lo mismo ser lesbiana que ser una persona transexual. Si bien una persona cisgénero puede pasar desapercibida en algún espacio, no ocurre eso con los transgénero. Hay entrevistas a mujeres a las que llaman ‘Dog Woman’. Los ‘Dog Man’ son como los delincuentes de un barrio, los que controlan el barrio, algo así como 'Ciudad de Dios'. Algunos son transexuales que quieren llegar a interiorizar la masculinidad e incorporan el tema de la violencia en estos grupos para protegerse. Es la única manera que encuentran para que ni la familia ni la calle les agreda y ejerza más violencia sobre ellos. Acceder a estos testimonios ha sido mucho más difícil, porque en un barrio controlado por ellos tienen hasta guardaespaldas.

P. En el libro se aprecia que en las parejas de mujeres lesbianas o de mujeres y hombres transexuales se reproducen los estereotipos de género hombre-mujer.

R. Las personas homosexuales guineanas viven en un entorno donde todo el mundo aprende que ser mujer es parte de la normalidad. ¿Qué ocurre? En Guinea, cuando una familia descubre que su hijo o hija es homosexual, ya no accede a una educación con normalidad. Cuando alrededor de los diez años empiezan a mostrar rasgos de género o sexo contrario, les llevan a los establecimientos de 'curación' de la homosexualidad, a curanderos, a las sectas. Esto hace que la mayoría tenga problemas de alfabetización. El único conocimiento que queda en su mente es lo que les han enseñado en el catecismo y en la sociedad: solo puedes ser hombre o mujer. Viven en constante contradicción con su propia identidad. La educación obligatoria y gratuita no es un derecho accesible para las personas homosexuales o transexuales.

P. Lo que describe de los curanderos son torturas.

R. Sí, pero no se llama tortura, se llama curación. En el año 2019, el colectivo 'Somos parte del mundo' decide enviar un informe a Ginebra, porque la curandería y la Iglesia católica estaba tapando estas prácticas, para que no se visibilizaran y la comunidad internacional no les llamara la atención. Los Estados han hecho unas doscientas y pico recomendaciones donde figura el tema LGTB como una competencia que le corresponde solucionar al Gobierno. Porque en esos espacios, las curanderías, las iglesias, la sectas, practican la tortura.

Una de las prácticas es el ayuno seco: encierran a un niño o una niña LGTBI en una habitación durante una semana, sin comer, con agua de vez en cuando, y sometido a música alta, como en Guantánamo. Cuando se realiza esa práctica para que salga el espíritu de blanco, porque los negros no son homosexuales, cuanto más grita de dolor, mejor, porque te dicen que no llora la persona, que llora el espíritu. Yo lo he visto. Cuando salen de allí ya tienen la salud mental literalmente dañada.

P. Y luego llegan los embarazos forzosos de las mujeres para 'curar' el lesbianismo.

R. La familia considera que es una etapa en la que la niña está un poco perdida, con una posesión de su cuerpo por un espíritu maligno de un varón blanco. El embarazo es como una pastilla. Es tan grave que casi todas han pasado por la maternidad forzada. Cuando no se cura con el embarazo, que obviamente no se cura, hay que ir a por otra pastilla. Es como cuando tienes un catarro y vas al hospital: si no se cura con un medicamento, prueban con otro. Aquí puede ser un segundo hijo, un tercero, un cuarto...

P. En algunos testimonios las mujeres relatan que después les quitan a los niños porque "una lesbiana no puede ser buena madre".

R. Hay varias opciones. Una chica a la que entrevisté me contaba que cuando se iba a la cama por la noche, venía su madre y le quitaba al niño para que no le contagiara con sus espíritus de brujería lésbica y se hiciera maricón. Otra fase suele ser que en la comisaría de policía o en la curandería -depende del pastor o del comisario que te encuentres- le digan a la familia que la mujer se lleve al niño, no vaya a ser que haya nacido ya con el espíritu y contagie a otros niños jugando. Así que se aísla a la madre y a la hija.

P. Muchas de las madres de tu libro afirman odiar a esos niños.

R. Están estigmatizados. No son hijos deseados por las familias, ni por la abuela ni por el abuelo: son el medicamento que viene a curar a su hija. A veces el rechazo surge cuando a la chica le dicen que se embarace, que ella ya es un caso perdido pero que quieren que tenga un bebé para sustituirla. Es decir, tú ya eres una persona sustituida en vida por tu hijo. No puedes querer a un hijo que te está quitando a tu familia. Son muchos los factores que repercuten en los niños. Como nadie lo ha deseado, no es un niño querido y hereda el estigma.

P. ¿En qué situación viven esos niños?

R. Muchas veces cuando visito a las mujeres en las casas familiares me encuentro al niño descalzo, desnutrido, sin ropa decente. Comparas cómo está el bebé con los demás niños y no hace falta que te diga nada. Y la encuentras a ella, quizás fumada... Es solo ir y verlo. O en los casos en los que ya la han echado de casa con todos los niños porque se han cansado de que no se cure te encuentras en la puerta a uno, a otro, a otro. Y la mayoría sin escolarizar, porque la propia mamá no se escolarizó. El repudio social, institucional e individual se extiende hacia los hijos y las hijas de ellas.

P. Muchas mujeres hablan de la presión por encontrar un hombre para sustentar a la familia. ¿Tener una hija lesbiana en Guinea Ecuatorial está visto como una ruina económica?

R. En el caso de los hombres transexuales o mujeres con rasgos físicamente masculinos, desde la adolescencia precoz las familias ya dan por sentado que esa niña no va a representar la productividad económica a nivel sexual de la familia. No va a traer dinero, no habrá hombres que vayan a cuidar de ella a cambio de relaciones sexuales, etc. En el caso de las personas trans, lo asumen. Pero es más duro en el caso de las cisgénero. Tiene un cuerpo de chica generalmente definido, es 'normal', etc. Cuando no sale con un hombre, para la familia es mucho más duro porque rompe con las expectativas económicas que se tenían puestas en ella.

El decreto ley que el Gobierno ha preparado y que no hemos visto hasta ahora habla de regular la prostitución y la homosexualidad, de combatir esos males. De alguna manera, la prostitución en mi país es una práctica normalizada. Lo que no sabemos es qué prostitución va a castigar nuestro gobierno, si la prostitución oficial o la que se practica en todas partes pero nadie llama prostitución.

P. ¿Cómo lo llaman?

R. Pues que eres guapa y los hombres te quieren. Cuantos más, mejor.

P. Algunas mujeres recurren al consumo de drogas

R. Las psicólogas que trabajan con el colectivo nos dijeron que las razones por las que consumen drogas y alcohol en exceso es que, en primer lugar, se sienten como la escoria social, no son aceptadas y, en segundo lugar, buscan alguna manera de olvidarse de lo que les ha pasado. Entonces consumen, consumen y consumen.

P. Cuál es el marco legal en Guinea respecto a los derechos del colectivo LGTBI

R. Guinea, a nivel jurídico, es un estado subsidiario. Fue colonia de España y cuando se independiza en 1968 el marco legal vigente era el franquista. Ya sabemos cómo estaba el tema de la homosexualidad y de la prostitución. Cuando llega al poder el primer presidente -Francisco Macías Nguema-, las relaciones con España se rompen y deroga todo el marco legal vigente, pero no elabora leyes. En 1979 fue derrocado y llega un nuevo presidente -el actual, Teodor Obiang-, y decreta que las normas que estaban vigentes en Guinea Ecuatorial antes del gobierno derrocado volverían a estar en vigor.

¿Qué ha pasado? Que se ha elaborado una constitución aparentemente guay, pero no se han elaborado leyes. Hay una parte de la constitución que establece que todas las normas vigentes en el país que contradicen la constitución de facto quedan derogadas, pero si tú no haces una ley que se aplique en cada situación, se va a aplicar la que está. La que está es la ley de vagos y maleantes o la ley de rehabilitación social franquista. Cuando una familia detecta que su hijo o hija es homosexual y va a la comisaría, los policías son los que hacen esa función que en tiempos de Franco en España hacía el juez de instrucción, de determinar si una persona es peligrosa, vaga o maleante y le dicen a la familia donde hay un curandero, un cura o un exorcista. Ellos son los que determinan cuánto dura tu estancia allí.

Este marco se mezcla con la homofobia étnica. Las etnias guineanas tienen también sus prácticas homofóbicas. La ley de peligrosidad social allí funciona con una estructura que si ellas mismas no te cuentan sus experiencias no sabes lo que pasa. He tenido que ir atando cabos a través de las entrevistas. Cuando te dicen que si ven a un policía echan a correr, lo describen como cuando un gay veía en España a un policía en tiempos de Franco.

P. ¿Hay componentes racistas?

R. Sí, pero allí no se llama racista, se llama bonito -ríe-. La África Negra está anclada en esas independencias mal realizadas de las colonias, donde todavía no se acaba de asumir que las personas negras somos tan personas como las blancas y todo lo malo se atribuye al blanco. Todo lo que desconocemos es culpa de los blancos. Es racismo, claro, pero cuando lo dices entre ellos te dicen que no, que es que los blancos son los malos. Como nos colonizaron... Pero es que eso ya pasó, lo otro aún no ha pasado.

P. ¿Cuál es la solución?

R. Lo primero es que tiene que haber un reconocimiento. El reconocimiento de que existen personas negras homosexuales. Eso no se concibe en Guinea. Parece que los gais son los blancos. Tiene que haber un reconocimiento de que las personas negras somos personas y, por tanto, si las personas pueden amar a quien le dé la gana, siempre que no le hagan daño a nadie, ¿por qué nosotros no?

Segundo, que haya sensibilización a nivel institucional. No es lo mismo que lo haga una ONG por su cuenta a que lo haga el Gobierno a través de los medios, la escuela, que reconozca que existen. El problema es que ni siquiera lo reconoce, entonces cualquier persona tiene vía libre para hacer cualquier cosa con una persona homosexual. Si el gobierno a través de la ley no reconoce que existen personas homosexuales en su país, no hay negociación, no hay nada. Para proteger, primero hay que reconocer. Cualquier ley tiene una exposición de motivos donde se alega por qué se hace.

P. ¿Y con las familias?

R. ¿Por qué razón las familias rechazan a sus hijas o hijos homosexuales? Porque creen que están enfermas, poseídas por un espíritu blanco, tienen brujería... En el momento en el que se empiezan a hacer campañas y le dicen a una familia que tienen un hijo hermoso, que no está enfermo, que ama a otro hombre, que tiene una vida que vivir, que no puedes hacerle unas cosas porque tiene unos derechos... la familia se lo empieza a pensar. Si aquí en España le das una paliza de muerte a tu hijo y acaba en el hospital, el hospital llama directamente a la policía. Ya sabes lo que te espera si tú le haces daño a tu hijo.

miércoles, 19 de febrero de 2020

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | Embarazadas a la fuerza como remedio contra la homosexualidad

Imagen: El País / Trifonia Melibea Obono
Embarazadas a la fuerza como remedio contra la homosexualidad.
La autora Trifonia Melibea Obono compendia, en ‘Yo no quería ser madre’, los testimonios de mujeres lesbianas, trans y bisexuales de Guinea Ecuatorial obligadas a parir contra su deseo.
Analía Iglesias | Planeta Futuro, El País, 2010-02-19
https://elpais.com/elpais/2020/02/17/planeta_futuro/1581961967_262800.html

Las historias de vida de treinta mujeres lesbianas, trans y bisexuales de Guinea Ecuatorial se reúnen en 'Yo no quería ser madre' (Editorial Egales), el último título de la prolífica autora Trifonia Melibea Obono (Afaetom, Guinea Ecuatorial, 1982). Son asuntos que preocupan desde hace años a esta investigadora en temas de género y politóloga guineoecuatoriana. Ahora les da la hondura del testimonio en primera persona en un libro con el que, según ella, “ha roto las estructuras aprendidas en los trabajos de campo de la universidad”.

Con su afable sonrisa pero el implacable discurso contra la discriminación que sufren las mujeres LGTBi de su país, Melibea presentó, la semana pasada, en una librería especializada de Chueca, en Madrid, su séptimo libro, cuyo subtítulo es 'Vidas forzadas de mujeres fuera de la norma'. La obra contiene, además, un informe actualizado sobre la situación de los derechos de este colectivo. “Las palizas no funcionan con las mujeres”, “Dos mujeres juntas es cosa de blancas”, “El embarazo me trajo la desgracia” o “Tendría que haber nacido hombre para ser feliz” son algunos de los jirones verbales de ‘Yo no quería ser madre’, expresiones que desgarran cualquier aproximación académica.

“El único elemento en común entre ellas es el haber sido madres a la fuerza”, resume la autora de la novela ‘La bastarda’ (Flores Raras, 2016). O no querían ser madres de esta manera: “La mayoría lo han sido de manera violenta y en la adolescencia. Se trata de mujeres que aman a otras mujeres, que no quieren estar con hombres, y de todos los grupos étnicos. Para ellas, el medicamento para curar su orientación sexual es el embarazo, y hay que repetir la dosis hasta la sanación. Sus hijos y sus hijas heredan el estigma, en tanto daños colaterales de un tratamiento que no funcionó. Todas ellas hacen referencia a los modos en que se las fuerza desde su propio grupo de pertenencia. La familia amenaza, se embarazan, se deprimen, se encierran, se avergüenzan porque tienen otra identidad de género y terminan trabajando en el único mercado que las acepta, que es el de la prostitución. Yo tenía que dejarlas hablar sobre lo que ellas quisieran, no podía preguntar directamente por la manera en que llegan al embarazo, porque lo han vivido con mucha dureza”.

Melibea sostiene que ellas le han enseñado lo que es ser fémina en su propia sociedad y, gracias a un acercamiento sincero pudo conectar con mujeres de grupos étnicos que no conocía, porque en la escuela no les enseñan a hablar otros idiomas que los occidentales. “Son las personas a quienes se les niega sistemáticamente la palabra las que aquí relatan sus padecimientos y sus emociones; las reflexiones surgen, pues, en una charla que solo es posible con empatía verdadera”, explica. Porque a la persecución y la violencia social e institucional, se suman muchos otros problemas, como “la falta de información y de referentes, la pérdida del arraigo, el odio interiorizado, el consumo de drogas y alcohol para soportar la marginación y la violación intrafamiliar”, agrega Melibea con gesto desconsolado.

Se trata de un libro que denuncia la segregación que sufre cualquier persona que ose expresar su identidad de género o su sexualidad de un modo no normativo, “en el continente africano y en la cultura ‘fang’ (de origen bantú), en particular”, especifica. De hecho Melibea que, hasta 2016, no participaba de lleno en el mundo del activismo, entendió que la invisibilidad de lo que el país no quiere mostrar es superlativa en el caso de las personas excluidas por su diversidad sexual. Y, en algunos casos, más que desprecio hay violencia explícita. Así, en el transcurso de una caminata con una transexual por las calles de Malabo, experimentó que “no había manera de circular en el espacio público sin recibir comentarios despectivos”. En aquel paseo, entre burlas, una frase fue quizá la que marcó el comienzo de este proyecto: “La gente como tú no es de este país”. De nada valió que la chica respondiera: “Sí, soy de Baney”.

Trifonia Melibea había constatado, tras la primera celebración de la semana cultural de expresión LGTB, también en 2016, que “para la sociedad guineana, aquello era algo medio festivo, una cosa de blancos en un centro cultural de ellos y terminaría allí, pero con el segundo orgullo empezó a crecer la tensión social e institucional”. Entonces ya les arrancaron las fotografías que habían expuesto y todo el mundo entendió que eso no era “cosa de blancos”.

Vagos y maleantes de Malabo
En un Estado autoritario, con apenas medio siglo de historia como país independiente, tras haber vivido décadas como colonia de la España franquista, aún existen normativas “contra vagos y maleantes”, como las de hace cuarenta años en España, para reprimir “los vicios”, en palabras de las propias autoridades. Así, el Gobierno argumenta que tiene la “buena voluntad” de escuchar lo que le pide el pueblo, y que es la sociedad ecuatoguineana la que quiere “erradicar dichas prácticas nocivas”. Melibea relata que, después del orgullo del año pasado, el Gobierno emitió un comunicado “expresando su preocupación” por un “colosal aumento de la publicidad y el exhibicionismo tanto de los heterosexuales como de los homosexuales, la prostitución y la promiscuidad sexual”.

En el diálogo de presentación del libro, junto a Gerjo Pérez Meliá, de LesgaiCineMad, se argumentó que si hasta ahora no ha habido una ley que prohíba la homosexualidad, el hecho de que tantas personas estén atreviéndose a ‘salir del armario’ ha llevado al gobierno de Guinea Ecuatorial a considerar “un paquete de medidas para perseguir y limitar estos comportamientos, ya sea de nativos o expatriados”. Estas medidas podrían incluir, según se lee textualmente en despachos oficiales, “sanciones a fin de reducir estas actividades, para protección de la familia ecuatoguineana como base de la sociedad, así como la imagen pública del país”.

En este contexto se refuerza el ‘deber’ moral, y también demográfico, de tener hijos, y la coacción de las mujeres, con especial énfasis en las que consideran que deben ser madres para curarles su homosexualidad. Aunque no todo es imputable a las leyes coloniales, según deja bien claro la investigadora, que ha indagado en la ideología, las prácticas discriminatorias y hasta en la las etimología de palabras con las que en cada etnia se designan a los gais y las lesbianas, y ha concluido en que “todas las etnias son patriarcales, y si bien, en algunas se puede encontrar algún rasgo de matrilinealidad, esto significa que, por esa línea de parentesco, mandan los hombres de la familia de la madre”.

La autora subraya, además, cuánta intersección hay en la manera en que se ejerce la discriminación, ya que no es lo mismo ser soltera y LGTB que ser de un grupo minoritario y homosexual o serlo y pertenecer o no a la Iglesia católica. En cualquier caso, la precariedad y la enfermedad han marcado a fuego demasiadas adolescencias y vidas jóvenes, en Guinea Ecuatorial; incluso más allá de lo que lo han hecho con otros colectivos de su propio continente: “Nuestro día a día es mucho más arriesgado que organizar un ‘World Pride’. Con las altísimas cifras de VIH y sida y lo deficitaria que es la atención primaria en Guinea, estamos de velorio en velorio”. Su escritura de madre guineoecuatoriana seguirá intentando redimir esas vidas.

lunes, 14 de octubre de 2019

#libros #lesbianismo #lesbofobia | Yo no quería ser madre : vidas forzadas de mujeres fuera de la norma

Yo no quería ser madre : vidas forzadas de mujeres fuera de la norma / Trifonia Melibea Obono Obono.
Barcelona [etc.] : Egales, 2019 [10-14].
306 p.
Colección: G.
ISBN 9788417319748 / 20 €

/ ES / ENS
/ África / Guinea Ecuatorial / Lesbianismo / Lesbofobia / LGTBI / LGTBIfobia / Terapias reparadoras / Testimonios / Trans / Violencia lesbófoba

«Yo tenía que haber nacido hombre para ser feliz. Creo que los hom­bres son felices. Y yo no lo soy. Soy una mujer».

«A lo largo del embarazo, el hombre que me embarazó fue declara­do héroe. Todo el mundo le buscaba. La gente se preguntaba quién había sido capaz de embarazar a una lesbiana. Yo estaba muy aver­gonzada».

«Mi familia y yo estamos unidas por el dinero de mi pareja y de la calle que sigo haciendo. Soy como el cordón umbilical que lxs une a mi vagina, de la que esperaron dinero toda la vida».


Treinta mujeres guineanas toman la voz en este libro para denunciar la situación de las personas LGTB en Guinea Ecuatorial. A la per­secución y la violencia social e institucional se suman muchos otros problemas: la falta de información y de referentes, la pérdida del arraigo, el odio interiorizado, el consumo de drogas y alcohol para soportar la marginación... El panorama es todavía más preocupante para las mujeres en una sociedad patriarcal y tribal que las condena a la sumisión, la trata, la explotación sexual y la violencia machista. Por primera vez, este grupo de mujeres rompen el tabú del sufri­miento silencioso y cuentan en primera persona los padecimientos, las emociones y las reflexiones de aquellas a quienes se les deniega sistemáticamente la palabra.

Trifonia Melibea Obono tiene un decidido compromiso feminista que pone de manifiesto las desigualdades e injusticias contra las muje­res, especialmente las lesbianas, bisexuales y trans, en el continente africano en general y la cultura fang en particular.

viernes, 2 de junio de 2017

#hemeroteca #literatura #homosexualidad | Trifonia Melibea Obono: "En Guinea soy la enemiga de la tradición"

Imagen: La Provincia / Trifonia Melibea Obono
"En Guinea soy la enemiga de la tradición".
Trifonia Melibea Obono presenta en la 29ª Feria del LIbro 'La bastarda', una novela sobre la diversidad sexual en su país.
La Provincia, 2017-06-02
http://www.laprovincia.es/cultura/2017/06/01/guinea-enemiga-tradicion/945062.html

"Cuando publiqué el libro, se creó bastante polémica en mi país y me consideraban la enemiga de la tradición, de nuestra tradición africana". Trifonia Melibea Obono (Guinea Ecuatorial, 1982) es la autora de ‘La Bastarda’ (Flores Raras), una novela sobre la diversidad sexual en su país, que este jueves, a las 19.00 horas, se presenta en la 29ª Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria. Periodista y politóloga, docente e investigadora sobre temas de mujer y género en África. Profesora en la Facultad de Letras y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial, forma parte del equipo del Centro de Estudios de Género y Políticas de Igualdad en la Universidad de Salamanca, Trifonia Melibea Obono describe este libro como "un homenaje a las mujeres que vivían [su sexualidad] en el pueblo de forma silenciosa".

Okomo, la protagonista de ‘La bastarda’, es una adolescente de etnia ‘fang’, a la que pertenece la autora. Atrapada en un sistema de valores que no le permite desarrollar su personalidad. Okomo se anima a emprender la búsqueda de su padre biológico cuya identidad le ocultan sus mayores, y durante el viaje, a lo largo de su país, se encontrará secuelas del colonialismo aún vigentes y personajes rebeldes, como ella misma, con las convenciones sociales con quienes vivirá experiencias que la transformarán para siempre.

"Cuando escribí el manuscrito no tenía conciencia LGTB, lo hice cuando estaba en la universidad y escribía sobre lo que vivía en el pueblo de mi padre y mi madre, donde crecí, en una aldea. Cómo vivían las mujeres y demás, y cuando volví a leer el manuscrito corregido fue cuando de alguna manera me preguntaba cómo era posible que la gente viviera así", asegura. Esta novela, prohibida en Guinea Ecuatorial, consolida a la autora como una nueva voz en la literatura africana en español,

Según relata la escritora, que se declara bisexual, "en el libro, los personajes son una chica lesbiana y un hombre homosexual, y en nuestro país se considera la homosexualidad como una enfermedad, como un espíritu maligno, algo diabólico y occidental. Y con este libro digo que la homosexualidad siempre ha existido en la comunidad, que no es ni de los blancos, ni de Occidente, e incluso tiene nombres en la etnia fang, que es una de las seis o siete etnias que tiene Guinea Ecuatorial".

Explica Trifonia Melibea Obono que "un hombre homosexual se llama ‘hombre mujer’, porque en la etnia fang las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer son relaciones de poder. Entonces la postura en la cama, la forma de hacer el amor es un acto de poder, el que ejerce el hombre sobre la mujer. Cuando un hombre permite que otro hombre ejerza su poder sobre él pierde ese rango en la estratificación social. Se le da rango de mujer, y ya no tiene espacio en el mundo de poder masculino. La mujer no tiene nombre porque es un bien, y todo lo que hace prácticamente no tiene interés", lamenta la escritora.

‘La bastarda’ es un relato valiente sobre el conflicto entre la estructura familiar y las creencias ancestrales de los fang por un lado, y los deseos de libertad de las nuevas generaciones en el África subsahariana, por otro. Como autoafirmación de la propia autora, la novela concluye así: "Bastarda yo, una mujer fang; bastarda yo, la hija de una soltera fang; bastarda yo, lesbiana".

lunes, 10 de octubre de 2016

#libros #homosexualidad | La bastarda

La bastarda / Trifonia Melibea Obono ; introducción de Arturo Arnalte.
Madrid : Flores raras, 2016 [10-10].
117 p.
ISBN 9788494601804 / 13,95 €

/ ES / Crónicas
/ Diversidad sexual / Guinea Ecuatorial / Homofobia / Homosexualidad / Literatura / Población fang / Testimonios

La protagonista, Okomo, una adolescente de etnia fang, atrapada en un sistema de valores que no le permite desarrollar su personalidad, se anima a emprender la búsqueda de su progenitor, cuya identidad le ocultan sus mayores. El viaje la llevará a recorrer su país, en el que se encontrará con las secuelas del colonialismo aún vigentes. En su camino, conocerá a otros personajes que, como ella, se rebelan contra las convenciones sociales y con quienes vivirá experiencias que la transformarán para siempre. La obra, que contiene información sociológica y antropológica de primera mano, es un relato valiente y directo sobre el conflicto entre la estructura familiar y las creencias ancestrales de los fang y los deseos de libertad de las nuevas generaciones en el África subsahariana.