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viernes, 1 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #memoria | 'Washington Blade', más de medio siglo informando sobre la comunidad LGTBI

Público / Kevin Naff (d), director de 'Washington Blade', junto a un compañero //

'Washington Blade', más de medio siglo informando sobre la comunidad LGTBI.

La revista 'Washington Blade', que nació en la capital de Estados Unidos en octubre de 1969, es la publicación más antigua del país dedicada a informar sobre el colectivo LGTBI.
Manuel Ruiz Rico | Público, 2022-07-01
https://www.publico.es/sociedad/washington-blade-medio-siglo-informando-comunidad-lgtbi.html 

El viernes 10 de julio de 1981, una revista llamada ‘Washington Blade’ llevaba en su portada una información con el siguiente titular: "Neumonía rara, fatal, golpea a los hombres gais". Sin saberlo entonces, hacían historia: era una de las primeras veces, sino la primera, que el sida aparecía en la portada de un medio de comunicación.

No era ni sería la única vez que el ‘Washington Blade’ hacía historia. La publicación, que se publica todos los viernes en la capital del país, había nacido en octubre de 1969 tras las protestas neoyorkinas de Stonewall como el nuevo medio de información para la comunidad LGTBI. En esos primeros números, se llamaba ‘The Gay Blade ‘y era casi un folleto que se repartía a escondidas.

Hoy, ‘Washington Blade’ es la publicación LGTBI más antigua de Estados Unidos y toda una referencia en el país. Tras los cuatro años de Donald Trump y con la actual ofensiva legal del Partido Republicano a la comunidad LGTBI y tras las recientes sentencias del Supremo, su director, Kevin Naff, defiende tanto como siempre la necesidad de un medio LGTBI: "Tenemos que estar ahí porque, como se suele decir, si no estás sentado a la mesa, estás en el menú".

“La situación de la comunidad LGTBI en Estados Unidos es preocupante", dice Naff, "vivimos un período de inflexión, tras la opinión del Tribunal Supremo sobre el caso Roe y el derecho al aborto, sabemos que somos el próximo objetivo que quieren atacar".

Según Naff, tras los años de Obama en la Casa Blanca, "que fueron fantásticos, los mejores de la historia de Estados Unidos para la comunidad LGTBI, todo el mundo daba por hecho que ganaría Hillary Clinton y que cimentaría todos los avances realizados por Obama. Pero ganó Trump y ahora todo vuelve a estar en riesgo de nuevo".

‘Washington Blade’ surgió a consecuencia de las revueltas de Stonewall en el Nueva York de 1969. Stonewall era un bar gay del Greenwich Village, en pleno corazón de Manhattan. Los llamados "actos homosexuales" eran ilegales en ese momento en todos los Estados del país, salvo Illinois, precisamente, el Estado del que muchos años después saldría elegido un joven senador llamado Barack Obama.

La mayoría de los bares gais de Nueva York estaban operados por la mafia, que sobornaba a la policía para que hiciera la vista gorda. Solo que una noche, con la excusa de tener una licencia inadecuada para vender alcohol, la Policía realizó una violenta incursión en el Stonewall. Empezaron a golpear y a detener a gente y sucedió lo que nunca antes había ocurrido: los gais devolvieron el golpe y se montó una revolución en el barrio contra la actuación policial y por los derechos de la comunidad LGTBI. Por suerte, aunque hubo decenas de heridos, no hubo ningún muerto. Esto fue un 28 de junio de 1969.

En octubre de ese año salió el primer número del ‘Washington Blade’, entonces un folleto de una página llamado ‘The Gay Blade’. El 28 de junio del año siguiente se produjeron las primeras marchas del orgullo en Chicago, Los Ángeles, San Francisco y Nueva York.

El origen del nombre procede de la expresión ‘gay blade’, típica en la época victoriana. Según explica la web de la publicación, en esa época un ‘gay blade’ (literalmente, una espada alegre) era un espadachín elegante y encantador.

A principios del siglo XX, la frase pasó a significar "joven apuesto", mientras que, en los años 60 del siglo pasado, la expresión ‘gay blade’ se empezó a usar como sinónimo de "soltero empedernido", lo que muchas veces no era sino una forma más o menos sutil de referirse a un hombre gay, generalmente en el armario.

"En octubre de 1969, ‘The Gay Blade’ salió del armario", dice la web de la revista, "como la publicación de referencia de la comunidad gay en Washington D.C. lanzando un irónico golpe a una frase que en su día se utilizó para imponer una cultura de ocultación y vergüenza".

La revista fue haciéndose cada vez más profesional y más conocida durante los años 70: dejó de ser un folleto y empezó a ser una revista; dejó de estar redactada por activistas y empezó a tener una redacción con periodistas profesionales.

Llegó así otra especie de salida del armario de la propia publicación. Primero, consciente de que su información no sólo cubría a la comunidad gay sino a todo el sector LGTBI, en junio de 1975, la publicación quitó la palabra Gay de su título y pasó a llamarse simplemente ‘The Blade’. En enero de 1978, el entonces recién nombrado director Don Michaels, prohibió el uso de seudónimos en el periódico.

Histórica cobertura del sida en los 80 y 90
Todo eso había ocurrido en los años de Richard Nixon, una etapa que, tras el oasis de cuatro años de Jimmy Carter, enlazó con los Estados Unidos del muy conservador Ronald Reagan, quien tomó posesión en enero de 1981.

La redacción de aquella primera información sobre el sida de julio de ese año decía: "Cinco hombres homosexuales de Los Ángeles han contraído recientemente una rara forma de neumonía; dos de ellos han muerto a causa de ella. Los Centros Federales de Control de Enfermedades sugieren que el tipo de neumonía puede estar relacionado con una enfermedad vírica de transmisión sexual [...]. Los cinco hombres declararon haber consumido popper, pero se sabe poco sobre la posible relación de esta droga con la neumonía o con los cambios en el sistema inmunitario [...]. El candidato más probable para causar esta depresión es la infección por citomegalovirus".

Se leen ahora con estupor y fatalidad estas líneas cándidamente ajenas a lo que estaría por venir: según la ONU, entre 27 y 47 millones de personas han muerto en el mundo debido al sida desde el comienzo de la epidemia. El virus se identificó por primera vez en 1983 y hasta que a finales de 1995 llegó la llamada triple terapia antirretroviral con la aprobación del primer inhibidor de la proteasa, contagiarse de sida era una condena a muerte casi segura. Ese inhibidor de la proteasa en combinación con otros dos fármacos lograba por primera vez reducir la carga viral en las personas infectadas.

Había una carrera contrarreloj contra el virus. Los que ven con recelo la velocidad con la que se han aprobado las vacunas de la covid19 deberían repasar este dato: la Agencia del Medicamento de Estados Unidos validó el expediente presentado por la compañía farmacéutica en 97 días.

Muchos meses antes, el ejemplar del Washington Blade del 5 de agosto de 1994 había publicado una información adelantando que aquellos nuevos fármacos serían la clave para combatir el sida. "El futuro de la investigación del VIH puede reposar en un nuevo tipo de medicamento", informaba el titular de la página 25 y la información mencionaba hasta nueve veces los "inhibidores de la proteasa", como el que no deja de repetir un conjuro para hacer realidad una esperanza.

"George W. Bush, el peor presidente en 20 años"
Pero los 80 de Ronald Reagan en la Casa Blanca no fueron los únicos años de vértigo informativo del ‘Washington Blade’, si bien es cierto que la cobertura que realizó esos años sobre la crisis del sida catapultó al medio y lo convirtió en una publicación considerada al mismo nivel que cualquier otra.

De hecho, el pasado mes de diciembre el periódico "consiguió un asiento fijo en la sala de reuniones James S. Brady de la Casa Blanca, siendo la primera vez que una publicación LGBTQ recibe este honor", según anunció la propia revista en su página web.

Kevin Naff, que es director del ‘Washington Blade’ desde diciembre de 2002, recuerda ahora que, a pesar de todo, incluso recientemente, ha habido años difíciles en su relación con la Casa Blanca.

"La peor administración, y esto sorprenderá, no ha sido de la de Trump, fue la de George W. Bush. Basó toda su campaña para ser reelegido en 2004 en un ataque continuo al matrimonio entre parejas del mismo sexo, y hasta propuso enmiendas constitucionales para prohibirlo. Y lo peor es que toda su campaña fue cínicamente orquestada por un hombre gay, Ken Mehlman, quien entonces no había salido del armario. Bush fue de lejos el peor presidente que yo he conocido como director", recuerda Naff. En cuanto fue reelegido, "nos retiró la acreditación de prensa para la Casa Blanca".

En octubre de 1980, el ya llamado ‘The Washington Blade’ se hubo convertido en una publicación propiedad de sus propios redactores y, tras los años duros de la cobertura del sida, en abril de 1993 lanzaron, como consecuencia de la Marcha Gay sobre Washington celebrada el día 25 de ese mes, la edición más grande de la revista hasta la fecha: 216 páginas. Los organizadores y el ayuntamiento de la capital cifraron en un millón las personas congregadas en la concentración. En la misma, David B. Mixner, un viejo amigo gay del en ese momento presidente Bill Clinton, dijo: "No os equivoquéis, no comprometeremos nuestra libertad. No retrocederemos. Ganaremos".

Eran los llamados felices 90 de la administración Clinton, del barril de petróleo a 20 o 30 dólares, del fantasma del fin de la historia y de las muy reales terapias antirretrovirales. El cambio de giro hacia una nueva etapa empezaría a llegar con el nuevo siglo. Tras el bache de los años de George W. Bush, en 2008 llegó la era Obama. "Fueron años fantásticos, no sólo por sus políticas como presidente sino por toda la accesibilidad que tuvimos en la Casa Blanca esos años", dice Naff. "Hubo que superar que, al principio de la campaña, la revista apoyó a Hillary, pero una vez pasado ese momento, la relación con esa administración fue excelente".

Además, el candidato a presidente del lado republicano fue el senador por Arizona John McCain. "No diré que era un hombre progresista, pero desde luego era mucho más abierto de mente que muchos en ese partido", dice Naff. John McCain, quien murió en agosto de 2018 convertido en el principal líder republicano en contra de Donald Trump, se convirtió durante la campaña presidencial contra Obama en el primer candidato republicano entrevistado por ‘Washington Blade’. "Nadie más lo ha hecho desde entonces, ni Mitt Romney ni, por supuesto, Donald Trump", dice Naff.

La entrevista con McCain supuso un cambio radical en lo que habían sido los candidatos republicanos respecto a la comunidad LGTBI. "Nuestras entrevistas no son sólo para que el candidato simplemente diga: respeto a la comunidad LGTBI, apoyo sus derechos, no tengo nada en contra y cuatro frases hechas. Le hacemos preguntas muy concretas: si tiene amigos gais, si cuando organiza comidas o cenas en su casa invita a esos amigos, si tiene familiares gais y mantiene una buena relación con ellos, cosas concretas. Y McCain contestó a todo eso de forma muy positiva", dice Naff.

Empiezan los años de Obama y quiebra la revista
En enero de 2009, Barack Obama tomó posesión y comenzaron los años "fantásticos" para la comunidad gay, con avances concretos como el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Pero como la alegría dura poco en la casa del pobre, poco después llegó un susto que casi acaba con la revista para siempre.

Window Media, la compañía que desde mayo 2001 era propietaria del ‘Washington Blade’, declaró la bancarrota en noviembre de 2009, casi 50 años exactos de que aquel primer número de ‘The Gay Blade’ pusiera el pie en la calle.

Sin embargo, la redacción se echó el proyecto sobre los hombros, mantuvo la publicación como pudo bajo el nombre de DC Agenda (DC por el Distrito de Columbia, donde se encuentra la capital del país, Washington) y poco después acabó comprando la marca, de manera que el ‘Washington Blade’ empezó a ser publicado de nuevo en abril de 2010, otra vez bajo ese nombre y ahora como compañía en propiedad de sus redactores y lectores.

La situación actual de la revista es excelente. "En marzo de 2017 abrimos una versión en California, ‘Los Angeles Blade’, publicamos muchas informaciones y reportajes en castellano, seguimos publicando en papel y nuestra web tiene 500.000 visitantes únicos", dice Naff.

Frente a esto, sin embargo, la situación política ha cambiado radicalmente. Tras Obama, llegó Donald Trump. "Es cierto que Trump no fue tan malo como Bush en lo que respecta al colectivo LGTBI, su jefe de prensa era accesible para nosotros y hasta nombró a un hombre abiertamente gay, Richard Grenell, en un puesto de gabinete presidencial, cosa que no había sucedido nunca antes [en febrero de 2010, Trump nombró a Grenell director en funciones de Inteligencia Nacional], pero fue un presidente terrible, sus políticas fueron muy malas, especialmente en los temas relacionados con la comunidad transgénero, a la que tenía en el centro de sus ataques".

Con todo, el principal legado de Trump a largo plazo están siendo sus nombramientos en el Tribunal Supremo. Propuso a tres magistrados y muy conservadores en sólo cuatro años de mandato, lo que ha dejado una mayoría conservadora en el alto tribunal de seis jueces conservadores frente a tres demócratas que durará muchos años puesto que dichos nombramientos son hechos de por vida.

Ese Tribunal Supremo es el que recientemente ha tachado de inconstitucionales las restricciones estatales para regular las armas y eliminado el aborto como derecho constitucional en Estados Unidos. "Después de eso", advierte Naff, "a nadie se le escapa que la comunidad LGTBI somos los siguientes en la lista". La razón de ser del ‘Washington Blade’, casi 53 años después de su nacimiento, continúa tan vigente como nunca.

sábado, 27 de junio de 2020

#hemeroteca #lgtbi #28J | Stonewall, una noche que la comunidad LGTBI no quiere olvidar

Jóvenes en la entrada del Stonewall Inn //

Stonewall, una noche que la comunidad LGTBI no quiere olvidar

El 28 de junio de 1969, tras la redada de la policía en el célebre bar de Nueva York, se iniciaron una semana de revueltas que se conmemoran cada año con el día del orgullo gay
Carlos Sala | La Razón, 2020-06-27
https://www.larazon.es/cataluna/20200623/e64l2kmupbbt5ispo52k7w7tvy.html

A la 1.20 horas de la madrugada del 28 de junio de , seis agentes de la policía entraban en el bar Stonewall, un local del Greenwich VIllage de Nueva York donde homosexuales, lesbianas, transgénero, y travestis se reunían para beber y bailar. Apagaron la música y encendieron las luces al grito de: “¡Policía, tomamos el control del local!”. Había 205 personas allí dentro y todas quedaron en silencio. Algunas intentaron huir, pero la policía tenía controlada las salidas. A las demás se las obligó a formar filas en la pared y a identificarse. Redadas de ese tipo eran constantes y todas seguían el mismo patrón. Pero aquella noche nada fue como siempre.

La redada oficial era clausurar el local debido a no tener licencia de alcohol. Stonewall, como muchos locales similares, estaban regidos por la mafia, que conocía de antemano el calendario de aquel tipo de redadas. Sin embargo, aquella noche era diferente. Nadie hacía avisado. Además, la ley municipal prohibía que ningún hombre vistiese más de tres prendas femeninas, así que de pronto el objetivo de la redada pasó a ser la detención de los travestis y personas transgénero.

En el local había dos hombres y dos mujeres, policías de paisano, que llegaron antes al local de incógnito en busca de confirmar que se vendía alcohol, algo que sabían de sobra, y la presencia “indecente” de personas transgénero. Pasada la una de la madrugada, cuando el pequeño local estaba lleno, (un viernes noche de verano), con la intención de mandar un claro mensaje, llamaban desde el teléfono público instalado en la parte de atrás del local para que se iniciase la redada.

Los protocolos dictaban que las mujeres policía llevasen a las personas vestidas de mujer al lavabo y certificar su sexo. Si éste resultaba ser masculino, eran arrestadas. Nunca se habían atrevido a contravenir las instrucciones de la policía, pero aquel día fue distinto. De pronto, los hombres se negaron a enseñar sus identificaciones y las mujeres no aceptaron que se las llevase aparte a ningún lado. La policía, confusa, no estaba acostumbrada a que se pusiese en duda su autoridad, sobre todo en estos colectivos. Decidió que detendría a todo el mundo e hizo llamar a furgones policiales para arrestos colectivos. “Mi primer miedo fue que me arrestaran. Aunque mi mayor temor era que saliese mi foto al día siguiente en el periódico con el vestido de mi madre”, recordaba Mary Ritter, una joven transexual que aquella noche celebraba su 18 cumpleaños y el fin del instituto. “Yo conocía lo que se contaba que les pasaba a los queer en la prisión... así que imagina”, añadiría.

El local tenía dos salas de baile y se intentó separar a los gays de los transgénero y travestis. Empezó a hacer desfilar a la gente fuera del local a la espera de que llegaran las furgonetas. La sorpresa fue que el boca oreja había hecho que la noticia de la redada corriese por el barrio y ya había más de un centenar de personas observando lo que ocurría y dando ánimos a los que estaban dentro. La policía retrocedió mientras hacía inventario y confiscaba el alcohol. Incluso pretendían llevarse el jukebox que servía de banda sonora. Así que se empezó a dejar marchar a los que no iba a detener. La sensación de injusticia empezó a crecer. ¿Por qué estos sí se podían marchar y los otros no? En lugar de marcharse a su casa, los liberados se quedaron con los recién llegados y la atmósfera de unidad dentro de la comunidad LGTBI fue in crescendo.

Cuando todavía no eran las dos de la mañana, el arresto de una mujer, que salía esposada del local, provocó las primeras reacciones de rechazo. Ella intentó zafarse, asegurando que las esposas le hacían daño. Un policía la agredió y a partir de aquí los ánimos se descontrolaron. “¡Por qué no hacéis nada!”, gritó a los que miraban la detención. Otro punto de fricción empezó cuando una mujer travestida agredió con su bolso a un policía que la estaba empujando. “No me toques”, gritaba. La policía, de pronto, ya no era intocable.

Empezaron a volar monedas hacia los policías, después fueron botellas de cerveza, hasta que empezaron a lanzarse contenedores de basura. Los agentes, que todavía no entendían lo que estaba pasando, en inferioridad numérica, no pudieron más que refugiarse en el local y esperar a que llegaran los refuerzos. Pero ya era tarde, un nuevo movimiento había nacido. Por primera vez, la comunidad LGTBI se daba cuenta que, unida, era una fuerza poderosa y podía hacer recular a sus perseguidores. “Creo que todos sentimos de forma colectiva que ya habíamos aguantado suficiente este tipo de humillación. No hubo nada que lo provocase, ninguna acción o palabra, sino una acumulación de mierda que esa noche superó a todos y explotamos. Cada uno de los que estábamos allí sabíamos de forma inconsciente que no había marcha atrás, era el momento de reclamar lo que nos habían negado todo este tiempo... nuestra dignidad”, recordaba el activista Michael Faber.

En aquellos momentos había mucha gente en las inmediaciones de la calle Christoph, donde estaba el Stonewall Inn. Allí estaba, por ejemplo, Holly Woodland, actriz warholiana y la mujer transvestida que inspiró a Lou Reed su “Walk on the wildside”. También estaba el crítico y escritor Edmund White, el músico folk y mentor de Bob Dylan, Dave van Ronk. O artistas como el escultor Martin Boyce, el pintor Richard Segalman, el creador kitch Thomas Lanigan-Schmidt o el escritor John O’Brian. “Los gays nunca habían sido una amenaza para la policía. Se esperaba que fuéramos débiles, incapaces de defendernos. Pero ahí estábamos, peleando y atacándolos”, rememoraba éste.

Además, junto toda aquella confusión, dos mujeres transgénero empezaron a liderar la revuelta, empezando a lanzar ladrillos a los furgones blindados de la policía. Eran la portorriqueña Sylvia Rivera y la afroamericana Marsha P. Johnson, amigas desde 1963 y activistas a favor de las mujeres transgénero cuya vida estaba tan al límite que se les llamaba “ratas callejeras” por su capacidad de supervivencia a pesar de todo. “Fue el mejor día de mi vida”, afirmaba Rivera. “Recuerdo ver desfilar a los drags más ostentosos y extravagantes en fila, acercándose al local, gritando todo tipo de cosas. Todo tenía una aureola cargada de energía, en una de las noches más calurosas que recuerdo”, comenta Joey P, uno de los primeros homosexuales que liberaron.

Los cánticos ahora conocidos como “¡Gay power!” empezaron a oírse y el espíritu de fiesta fue creciendo, a la par que los roces empezaron a crecer y los nervios sustituyeron a los comentarios jocosos. Cuando llegaron los refuerzos, ya nada era una broma. Las inmediaciones del Stonewall ahora estaban repletos y empezaron a haber las primeras cargas. A las cuatro de la madrugada, la situación estaba controlada, el silencio volvía a imperar en la calle, y la policía había regresado a sus comisarías. 13 personas fueron detenidas, una docena tuvo que ser hospitalizada y cuatro policías fueron heridos. Todo lo que había en Stonewall quedó destrozado, el teléfono público, los lavabos, los espejos, la máquina de tabaco, el jukebox, no se sabe si por los clientes o la propia policía. Y, aun así, el local abrió al día siguiente.

Pero el recuerdo de aquella larga noche no paraba de crecer. La prensa informó en primera página de lo sucedido y la noticia se convirtió de interés nacional. Ahora que la comunidad LGTBI veían lo que podían conseguir juntos, no iban a dar marcha atrás, y aquella misma tarde se inició la primera manifestación por defender sus derechos. “¡Poder gay! No es maravilloso... ya era hora de que hiciésemos algo para darnos valor”, dijo el poeta beat Allan Ginsberg, que vivía en la misma calle de Stonewall. Aquella noche, él no había estado, pero sí fue al día siguiente. “Los chicos eran tan hermosos, habían perdido la mirada herida que todos los maricones teníamos hace diez años”, afirmó.

Cada día hasta el 3 de julio se reprodujeron este tipo de protestas, hasta que empezó a tener eco en otras ciudades americanas. Más de 50 años después, su alcance es ahora universal y cada 28 de junio se celebra el día del orgullo gay para no olvidarlo nunca.

domingo, 3 de noviembre de 2019

#hemeroteca #television #valores | ‘Barrio Sésamo’ cumple 50 años: medio siglo criando infancias

Imagen: El País / Epi y Blas
‘Barrio Sésamo’ cumple 50 años: medio siglo criando infancias.
El programa de Epi, Blas y Coco conmemora este mes medio siglo de su primera emisión en Estados Unidos convertido en una institución mundial.
Antonia Laborde | El País, 2019-11-03
https://elpais.com/cultura/2019/11/01/television/1572605552_152185.html

Johnny Cash cargaba en brazos a su hijo John cuando, en 1973, conoció a Caponata. El cantante de 'country' pisó por primera vez los estudios de Barrio Sésamo en la quinta temporada del programa infantil de la televisión pública estadounidense, PBS. Cantó dos temas junto a Óscar el Gruñón. El legendario intérprete volvió a encontrarse con el pájaro amarillo en 1992, pero en dicha ocasión lo acompañaba su hija Roseanne, de 37 años, y era a su nieta a quien llevaba a cuestas. Acompañado de un títere llamado Jeff, cantó ‘Five Feet High and Rising’. Con esa canción explicaba la importancia de protegerse en una zona alta durante una inundación y lo útil que es saber nadar.

La historia de esta familia se puede contar a través de ‘Barrio Sésamo’. Al igual que incontables otras desde el 10 de noviembre de 1969, cuando se estrenó en Estados Unidos la entonces inaudita apuesta de la productora Joan Ganz Cooney y el psicólogo Lloyd Morrisett: usar la televisión para enseñar, a través de títeres, actores y cantantes, desde el abecedario hasta los valores de una sociedad abierta. Querían acortar la brecha educativa entre los niños de familias de bajos ingresos y los de altos. Las nociones básicas de conocimiento iban dirigidas a los niños que no podían ir a la guardería y cuyos padres seguramente no habían acabado el instituto. Los creadores intencionalmente ubicaron el plató en una calle urbana, donde los personajes representaban minorías raciales y vivían en apartamentos básicos. La fórmula acabó emitiéndose en 150 países y 70 idiomas. En España, se estrenó ocho años después. Generaciones de niños españoles se criaron con las enseñanzas de las marionetas estadounidenses, y algunos añadidos: Don Pimpón y un erizo rosa llamado Espinete.

‘Barrio Sésamo’ fue el primer programa infantil en tener un elenco predominantemente de color. Sonia Manzano, quien dio vida a María en 1971, fue el primer papel principal de un latino en la historia de la televisión de EE UU. El Estado de Mississippi inicialmente trató de prohibir su emisión por la integración entre blancos y afroamericanos, alegando que sus espectadores “no estaban preparados”. También hubo críticas porque había personajes de mujeres solteras e independientes. Aunque la Organización Nacional de Mujeres protestó porque quienes sostenían los títeres, obras maestras de Jim Henson, eran en su mayoría hombres. El espacio dio vida después al más juvenil ‘Show de los Teleñecos’.

Barrio Sésamo ha enseñado con inteligencia a lidiar con casi todo lo que se pueda vivir dentro de un hogar. La muerte de un ser querido, el divorcio de los padres, el autismo o el trauma del 11-S forman parte de su acervo de ya casi 5.000 episodios. Uno de los últimos grandes ejemplos es el personaje nuevo de Karli, una niña de seis años que vive en una casa de acogida mientras su madre se recupera de una adicción a los opioides, la crisis que ha cobrado 400.000 vidas en EE UU en las últimas dos décadas.

En 2015, Sesame Workshop, la organización sin ánimo de lucro que produce el programa, presentó pérdidas que pusieron en riesgo la continuidad del espacio. Hicieron lo que durante 46 años resultó impensable: saltaron al sector privado. Firmaron por cinco temporadas con HBO, con lo que de repente pudieron asumir casi el doble de contenido por temporada, realizar un 'spin off' con los Teleñecos y algunos programas especiales. El negocio fue estupendo para HBO. Se llevó el catálogo casi completo y estableció que los nuevos episodios se estrenaran primero en la televisión por cable y solo nueve meses después en la televisión pública. El acuerdo fue criticado por ponerle barreras de acceso a las familias de escasos recursos —la audiencia a la que en teoría está destinado el programa— y, además, por traspasarle el contenido a un canal que debe gran parte de su fama a producciones con contenido violento y sexual. La temporada 51 de Barrio Sésamo se transmitirá exclusivamente en HBO Max, el servicio de 'streaming' que Warner Media estrenará el próximo año (también en España).

El pasado mayo, en previsión de este aniversario, el ayuntamiento de Nueva York nombró una de sus calles, entre Broadway y la 63, 'Sesame Street' (nombre del programa en inglés). A la ceremonia acudió Michelle Obama. Recordó que tenía cinco años cuando se emitió el primer episodio y ella era una de las miles de niñas del sur de Chicago que se sentaba de piernas cruzadas frente a la televisión. “Antes de los iPads y Disney XD y Cartoon Network, solo había un canal para niños, y en nuestra casa, ese era el Canal 11, PBS”, explicó. Y añadió: “Cuando me convertí en Primera Dama, sabía que quería ayudar a los niños a alcanzar su potencia. Mi primera pregunta fue simple: ‘¿Pueden decirme cómo llegar al Barrio Sésamo?”.

Y TAMBIÉN…
Drogas, autismo, sida o terrorismo: así se lo explica a tus hijos ‘Barrio Sésamo’.
Una niña cuya madre es adicta a las drogas es la última incorporación a la versión estadounidense del programa, que desde sus orígenes y en todas sus adaptaciones es un termómetro de la realidad social de cada país.
Guillermo Alonso | El País, 2019-10-11
https://elpais.com/elpais/2019/10/11/icon/1570790608_576235.html
Epi y Blas, dentro y fuera del armario.
¿Dijo Mark Saltzman, guionista de 'Barrio Sésamo', que las legendarias marionetas de Henson eran gais?
Manuel Jabois | El País, 2018-09-20
https://elpais.com/cultura/2018/09/19/television/1537375683_857785.html

lunes, 19 de agosto de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #stonewall | El caso de Stonewall y cómo nació el movimiento del orgullo gay

Imagen: El Mundo / Marty Robinson, activista gay, un mes después de Stonewall, 1969
El caso de Stonewall y cómo nació el movimiento del orgullo gay.
Gonzalo Ugidos | El Mundo, 2019-08-19
https://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2019/08/18/5d514b36fdddff85178b4623.html

Si a alguien le quedan dudas de por qué el Día Internacional del Orgullo se celebra a finales de junio, en la sexta entrega de nuestra saga del verano queda aclarado. En dicho mes, hace ahora medio siglo, una redada policial en un antro nocturno, santuario de homosexuales y otros 'apartados' de la sociedad más tradicional, fue la mecha que encendió el movimiento de reivindicación de derechos de este colectivo, hasta entonces criminalizado.

La madrugada del 28 de junio de 1969 en Nueva York, la oveja plantó cara al lobo. En palabras del poeta gay Allen Ginsberg fue la noche "en que los maricas perdieron su cara de miedo". Los homosexuales se extrañaron de su propio milagro, pero muy poco, porque la rabia había alcanzado masa crítica y desencadenó una catalítica explosiva, como cuando arrimas la lumbre al gas.

El Stonewall Inn, en el 53 de la calle Christopher del Greenwich Village neoyorquino, había abierto sus puertas en 1967 como club gay nocturno dirigido por la mafia. El clan de los Genovese invertía en estos tugurios 'underground' para vender alcohol manipulado, tabaco de contrabando y ese tipo de delicatessen. El garito no tenía salida de emergencia, el alcohol era de juzgado de guardia -bautizado y encima caro-, y de la higiene mejor no hablar: los vasos se enjuagaban en tinas con agua sucia, como para jugar a la ruleta rusa con la hepatitis. Cutre y ruidoso era, sin embargo, muy popular: el santuario de los que eran demasiado jóvenes, demasiado pobres o demasiado amanerados para ir a otra parte. A las reinas del cuero, pipiolos afeminados de espinilla rebelde, osos de pelo en pecho, drags, cachorros trans y demás forajidos sexuales les parecía guay por su tolerancia, por sus espectáculos y porque era uno de los pocos bares de ambiente en donde se podía bailar. Allí se sentían en su salsa, podían ser ellos mismos, respiraban libertad y compartían su calvario. Se escuchaban historias de gais que por culpa de la pluma habían sido despedidos del ejército y habían terminado sus días como chaperos; de lesbianas que habían perdido su trabajo por un arrumaco y habían fingido que todo estaba bien porque no podían ver la manera de cambiarlo: tenían miedo.

A pesar de que los dueños del Stonewall untaban a la policía con generosos sobornos, no eran raras las redadas so pretexto de que el local violaba la ley con demasiado descaro o, simplemente, para que la pasma sacara más tajada. O porque era año electoral, como el de 1969, y el alcalde quería enjabonarse ante la prensa.

Aquella noche, unos doscientos clientes -trans, drags, boys y hasta tipos convencionalmente trajeados- estaban bailando el frug, un tipo de rock en el que apenas se mueven los pies. Se comían con los ojos a los go-go boys o buscaban plan cuando irrumpió la bofia. Se esperaba lo normal en esos casos: algún que otro grito y algún arañazo al arrastrar a las locas fuera del local para ficharlas por vestirse de mujer. Lo previsible era que la mayoría de los clientes se identificara y se esfumara rápidamente. Pero no fue eso lo que pasó aquella calurosa noche de fin de semana.

En su libro 'Stonewall', cuenta David Carter que Seymour Pine, inspector adjunto de la policía de Nueva York, estaba decidido a cerrar el local que, sin serlo, pretendía ser un bottle bar (un club privado que no servía alcohol pero donde los clientes podían llevar sus botellas). El martes 24 de junio, Pine entró y confiscó todas las botellas, pero cuando se fue, el gerente Michael Fader se jactó de que volvería a abrir al día siguiente. Pine se fue picado, en parte porque sabía que era verdad. De hecho, el bar abrió el miércoles y Pine rumió el contragolpe. Volvió en la noche del viernes 28 al sábado 29 con ganas de guerra y un plan meticuloso: obtuvo una orden de registro, colocó agentes de paisano dentro del bar e invitó a presenciar la operación a los funcionarios municipales y federales concernidos.

A la una y veinte de la madrugada, Pine y su escuadrón del vicio llegaron a las puertas dobles del bar. La música se apagó, las luces principales se encendieron y comenzó el baile cuando la pasma se incautó de veintiocho cajas de cerveza y diecinueve botellas de licor. Eran la prueba de cargo de que el Stonewall no era un bottle bar. Ordenaron a los clientes alinearse contra la pared e identificarse, aquellos cuyo sexo no estuviera claro serían llevados a un reservado para verificarlo. Los intersex y las drags se negaron a acompañar a los agentes al reservado. Otros clientes tenían buenos motivos para no identificarse y empezaron a gritar y a maldecir a los asaltantes. Cuando los iban a llevar a comisaría, Marsha P. Johnson, una negra trans, se opuso con poca diplomacia: lanzó una botella al espejo. Marsha celebraba en el local su 25 cumpleaños y, como muchas mujeres trans, actuaba como drag queen. Su gesto marcó un antes y un después porque su botellazo mostraba el camino a la resistencia: algunos clientes se escabulleron, pero la mayoría se quedó para armar alboroto.

Fuera del local se había concentrado una multitud de unos seiscientos aliados y a Pine no le llegaba la camisa al cuello. Corrió el rumor de que en el interior la poli se había liado a golpes y uno de los espectadores gritó: "¡Poder gay!", alguien comenzó a cantar 'We Shall Overcome' [un tema de gospel que con el tiempo se convirtió en canción protesta] y, dispuestos a vencer, el himno se multiplicó en boca de todos. La policía arrestó a algunos, entre ellos al cantante Dave Van Ronk que, aunque no era gay, conocía bien la violencia policial por haber participado en manifestaciones contra la guerra de Vietnam: "Cualquiera que se enfrentara a la bofia me tenía de su lado, por eso me quedé", dijo resumiendo el credo de tantos.

Cuando sacaron a la primeras locas esposadas, Stormé DeLarverie -lesbiana marimacho, drag king, cantante y guardaespaldas- llevó la tensión a su punto de ebullición luchando cuerpo a cuerpo contra los agentes, que la zurraron de lo lindo. Cuando la metían en el furgón, se volvió hacia la multitud y gritó: "¿Por qué no hacéis algo?". Los gais y sus aliados podían hacer algo, por supuesto, a fin de cuentas eran muchos más que los polis. Una andanada de piedras, monedas, botellas de cerveza, latas, cubos de basura y ladrillos cayeron sobre los guardianes de la ley. Se pincharon neumáticos y se arrancaron parquímetros del pavimento, que usaron como arietes. No lograban identificar qué sentimientos estaban experimentando: oscilaban entre el triunfo y el miedo; pero sobre todo estaban a tope de adrenalina.

Con la pistola desenfundada, la policía tuvo que refugiarse en el bar y los insurrectos le pegaron fuego, hubo que llamar a los antidisturbios y a los bomberos. La escena era tan incendiaria, y al tiempo tan mística, que Sylvia Rivera, una drag queen portorriqueña de 17 años, gritó: "¡Es la revolución!". Fue de las más activas en la pelea, dominaba la técnica de tocar los huevos lanzando botellas. La peña del bar estaba compuesta de blancos, negros e hispanos, y aunque había pocas mujeres trans, lesbianas dyke y drags fueron las más decididas, el auténtico catalizador de los disturbios.

A las cuatro de la mañana, el Stonewall estaba en ruinas y las calles tranquilas. Parecía que todo había terminado; pero de eso nada. El espíritu Stonewall se reactivó la noche siguiente, y la siguiente, y la otra. Los que habían salido del armario no querían volver a entrar. No se había visto nada igual desde el Boston Tea Party.

Unos días después se fundó en Nueva York el Frente de Liberación Gay y, muy pronto, en otras ciudades otros grupos ya estaban predicando el "orgullo gay", enfrentándose a la poli y exigiendo que se cambiaran las leyes. De la noche a la mañana, surgieron cabeceras como 'Come Out', en Nueva York, 'Fag Rag' en Boston, 'Gay Sunshine' en San Francisco, todas con el mismo mensaje: la homosexualidad no era una enfermedad, una "perversión" o una forma inferior de sexualidad, era hora de que los gais dejaran de menospreciarse a sí mismos. Había que acabar con la ocultación de las preferencias sexuales, los hombres y mujeres homosexuales que fingían no serlo entorpecían la lucha, perpetuaban las prácticas discriminatorias de contratación y despido, y nutrían el hampa sórdida de bares gais, chantaje sexual y extorsión policial. El 'Manifiesto Gay' de Carl Wittman comparaba a los "maricas vergonzantes" con los Tíos Tom negros, cipayos que tenían la astucia del proscrito y su camuflaje. Wittman captó la idea, había llegado el tiempo de dejar de huir de "polis chantajistas, de familias que nos repudian o nos toleran, de rufianes que nos maltratan".

Antes de la rebelión en el Stonewall, todas las semanas más de un centenar de homosexuales eran detenidos en Nueva York. Travestirse o las demostraciones públicas de afecto podían resultar en graves acusaciones con cárcel o multa. Ser gay era tan ilegal como robar coches o asaltar bancos. Por eso vivían dentro del armario. El miedo los mantenía a raya, les impartía lecciones de moral. Después de Stonewall, el 'Manifiesto Gay' pedía que salieran a la luz del día: "No os escondáis más, salid".

Y lo hicieron. Salieron en tropel. La perpleja Norteamérica normal se encontró de repente conviviendo con una segunda sociedad gay, un mundo social paralelo que había surgido en todas las grandes ciudades y en muchas de las más pequeñas, que abarcaba a millones de hombres y mujeres. Hacia 1980 en Estados Unidos y Canadá se había desarrollado la minoría homosexual más grande, mejor organizada y más poderosa de la historia del mundo. La edición de 'Gayellow Pages' (páginas amarillas gais) de Nueva York-Nueva Jersey contenía 96 páginas de listas y anuncios que ofrecían a los homosexuales todo tipo de servicios. El nuevo mensaje, proclamado tanto desde las páginas de populares manuales matrimoniales, que explicaban los placeres del sexo, como desde los desplegables centrales del Penthouse, Playboy y Playgirl, era que el sexo ni está ni tiene por qué estar al servicio de la reproducción.

Por supuesto, los bares gais no se convirtieron milagrosamente en paraísos utópicos al día siguiente de los disturbios. El control de la mafia y las redadas de la policía continuaron; pero la poli se lo pensaba dos veces antes de pasarse de la raya. El miedo estaba cambiando de bando. Los humillados y sumisos se habían convertido en activistas irascibles del 'gay power'; los desesperados, en partisanos airados del 'gay pride'. Total, que los gais se soltaron el pelo, que es como tituló el antropólogo Marvin Harris un ensayo sobre la liberación homosexual.

Todavía hoy no es fácil saber lo que produjo aquella alquimia; tal vez la inspiraron los negros y sus movimientos de liberación, tal vez el movimiento feminista, seguramente los gais aprendieron de los hippies a dejar de guardar las apariencias. El cuerpo militar tebano llamado Batallón Sagrado debía su fuerza a la unidad homosexual de sus guerreros, ahí tenían los rebeldes del Stonewall un espejo en el que mirarse para enseñarle los dientes a la bofia. Eso sin olvidar que el calor funde el hielo y la redada en el Stonewall tuvo lugar un fin de semana muy caluroso del verano junto a Christopher Park, territorio de adolescentes sin hogar, sin familia, sin trabajo y sin nada que perder incendiando el barrio. También sumó la chiripa de que, como cientos de neoyorquinos, dos periodistas de The Village Voice, un semanal muy influyente, tropezaron con el motín y la redada se dejó oír de costa a costa. En cualquier caso, había algo en lo que los insurgentes podían estar de acuerdo: todo ocurrió rápida y espontáneamente. En 'El mago de Oz', Judy Garland, icono gay, cantaba 'Over the Rainbow', que evocaba un lugar más allá del arco iris donde los sueños se hacían realidad. Acababa de morir; pero su canción fue el himno de la movida.

Me tropiezo con esta frase de Camus: "En las profundidades del invierno, finalmente descubrí que dentro de mí había un verano invencible". Tal vez fue algo parecido a eso lo que, aquella noche sofocante, descubrieron de golpe los maricas del Stonewall. Aupados al pedestal de su victimismo histórico y de su inocencia manifiesta, conquistaron un largo verano.

lunes, 15 de abril de 2019

#hemeroteca #lgtbi #memoria | El Pasaje Begoña se hermanará con Stonewall, cuna mundial de los derechos LGTBI

Imagen: Sur / Pasaje Begoña, Torremolinos
El Pasaje Begoña se hermanará con Stonewall, cuna mundial de los derechos LGTBI.
El evento tendrá lugar en el Instituto Cervantes de Nueva York y en el mítico bar estadounidense, que sufrió una redada policial dos años antes de que ocurriera en Torremolinos.
Alberto Gómez | Sur, 2019-04-15
https://www.diariosur.es/costadelsol/torremolinos/pasaje-begona-hermanara-20190415171944-nt.html

Torremolinos sigue rescatando su legado como referente del colectivo de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI) en España. El Pasaje Begoña, un enclave donde hasta la década de los setenta convivían sin problema discotecas gays, tablaos flamencos y restaurantes familiares, firmará en junio su hermanamiento con Stonewall, cuna mundial de los derechos del colectivo LGTBI.

Ambos lugares guardan similitudes históricas: en 1971, una macrorredada policial clausuró y multó a varios locales alegando supuestas infracciones contra la moralidad pública y las buenas costumbres. Algunas informaciones de la época sostienen que fueron detenidas 139 personas. Otras crónicas elevan la cifra por encima de las 400, sobre todo turistas. Dos años antes, en 1969, al otro lado del océano, en el pub conocido como Stonewall Inn, situado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, se produjeron manifestaciones espontáneas y violentas en protesta contra una redada policial que evidenciaba la complicidad de los cuerpos de seguridad con un gobierno que perseguía a los homosexuales.

La firma del hermanamiento tendrá lugar el 26 de junio en este mítico bar y en el Instituto Cervantes de Nueva York, con la organización del Consulado General de España, la Embajada española ante Naciones Unidas, el Instituto Cervantes de Nueva York y Turespaña. Hace días se presentaron las conclusiones de un estudio realizado por dos antropólogos y profesores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, José María Valcuende del Río y Rafael Cáceres Feria, quienes llegaron a la conclusión de que el régimen franquista practicó una «libertad vigilada» en el Pasaje Begoña, hasta que la macrorredada dio origen a la degradación de la zona.

«Pese a la época de privación de libertades de la dictadura de Franco, aquí todas las personas eran bien recibidas y convivían en esta isla de libertad con independencia de su condición afectiva y sexual», explica el presidente de la Asociación Pasaje Begoña, Jorge Pérez, que incide en la oportunidad de «traer a la memoria, desde un punto de vista positivo, todo lo que significó y la historia que cuenta el pasaje». El pasaje ha sido declarado Lugar de Memoria Histórica.

domingo, 14 de abril de 2019

#hemeroteca #lgtbi #memoria | El Pasaje Begoña y Stonewall Inn se hermanan

Imagen: Andalucía Información / Stonewall Inn
El Pasaje Begoña y Stonewall Inn se hermanan.
El acto será el 26 de junio en el bar donde comenzó el Orgullo LGTBI y en el Instituto Cervantes de Nueva York.
Alicia Matas | Andalucía Información, 2019-04-14
https://andaluciainformacion.es/torremolinos/819261/el-pasaje-begona-y-stonewall-inn-se-hermanan/

La Asociación Pasaje Begoña de Torremolinos firmará el próximo 26 de junio uno de los capítulos más importantes en su trabajo por recuperar el esplendor de esta zona del centro de la localidad, cuna de los derechos LGTBI en el sur de Europa.

Será este día cuando se celebre el acto de hermanamiento entre el Pasaje Begoña y el Stonewall Inn de Nueva York, lugar donde comenzó el Orgullo LGTBI tras tres días de protesta en junio de 1969. El evento institucional tendrá lugar en este bar y en el Instituto Cervantes de Nueva York, con la organización del Consulado General de España, la Embajada española ante Naciones Unidas, el Instituto Cervantes en Nueva York y Turespaña, junto a ambas asociaciones.

Según detallan desde la Asociación Pasaje Begoña, este hermanamiento es fruto de “meses de conversaciones con los copropietarios actuales del establecimiento que dio lugar a la liberación LGTBI”.

Hace tan solo 10 días se presentaron las conclusiones del estudio que han realizado dos antropólogos y profesores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, José María Valcuende del Río y Rafael Cáceres Feria, quienes llegaron a la conclusión de que el régimen franquista practicó una “libertad vigilada” en el Pasaje Begoña, que terminó cuando el turismo en España pasó a ser un turismo familiar y de masas, “aunque Torremolinos siempre mantuvo su sello de libertad”.

martes, 3 de julio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #memoria | El origen del Orgullo tiene nombre de mujer trans, drag queen, racializada y prostituta

Imagen: El Diario / Syvia Rivera y Marsha P. Johnson (i)
El origen del Orgullo tiene nombre de mujer trans, drag queen, racializada y prostituta.
Recuperamos la memoria de Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, dos de las participantes en los disturbios de Sontewall del 28 de junio de 1969 que dieron lugar a la celebración del Orgullo LGTBI. Marsha, drag queen afroamericana, y Sylvia, mujer trans latina, eran trabajadoras sexuales y fueron un acicate del movimiento, al que criticaron por excluir a aquellas personas que no encajaban en la norma. "La noche de Stonewall fue para todo el mundo como una fiesta al aire libre. No había nada planeado", explicó en alguna ocasión Sylvia.
Marta Borraz | El Diario, 2018-07-03
https://www.eldiario.es/sociedad/origen-Orgullo-LGTBI-racializada-trabajadora_0_788471834.html

El inspector del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) que dirigió la operación dijo de ellos que apenas habían dado problemas nunca, porque "tenían las de perder". Se equivocaba. Seymour Pine, que capitaneó la acción policial del 28 de junio de 1969 contra el pub ‘de ambiente’ Stonewall, no cayó entonces en la cuenta de que lo que no tenían era nada que perder. Así lo explicó la activista Sylvia Rivera años más tarde al hablar de la noche en que estalló el movimiento por la liberación LGTBI tal y como lo conocemos: "No le quitamos nada a nadie, no teníamos nada que perder".

Con ello Rivera se refería a las personas más excluidas de la comunidad LGTBI: trans, jóvenes con pluma, gais en la cárcel, personas racializadas, ‘drags queens’, prostitutos, personas sin hogar... Un abanico de disidentes sexuales frecuentemente ignorados pero que jugaron un papel decisivo en los disturbios que se conmemoran cada Orgullo LGTBI desde hace casi 40 años. Las vidas de dos de ellas han trascendido al paso del tiempo: Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, una mujer trans y otra ‘drag queen’ racializadas que ejercían el trabajo sexual a las que la Historia les debe un lugar propio.

"En el relato oficial Stonewall ha pasado como una revuelta masculina, gay y blanca. Sin embargo, muchas de las que participaron eran como Marsha y Sylvia, trans, racializadas, negras e hispanas", explica la investigadora en raza, género y sexualidades Esther Mayoko Ortega, que hace hincapié en que esto "se debe a un doble factor fundamental: por un lado, la supremacía blanca y por otro la supremacía masculina".

Así se detalla en Stonewall. El Origen de una revuelta, el libro de Martin Duberman que en los años 90 arrojó luz sobre lo que había pasado en Stonewall. En él, además de recuperar la célebre frase "el primer Orgullo Gay fue una revuelta", el autor se propone acabar con lo que llama "el mito de Stonewall", que vendría a nombrar protagonistas a "tipos gais, cis, blancos, jóvenes, 'socialmente' guapos y 'liberados'". Sin embargo, "las trans racializadas lo dieron todo junto a las chaperas callejeras y a las bollos de todo tipo, y no faltó la presencia de maricas que luchaban ocultas en grupos anarquistas, autónomos, antibelicistas, comunistas o de liberación racial".

Así fue Stonewall
Dos de las personas que protagonizaron los disturbios fueron Marsha y Sylvia. Ambas, buenas amigas, ejercían el trabajo sexual en la misma calle y también juntas fundaron posteriormente STAR (Street Transvestite Action Revolutionaries) con el objetivo de prestar apoyo a las personas LGTBI más excluidas y las mujeres trans sin hogar.

Sylvia, de ascendencia portorriqueña y venezolana, fue una mujer trans –también se refirió a sí misma en alguna ocasión como ‘drag queen’– que en varias ocasiones relató los hechos que ocurrieron el 28 de junio en Stonewall, una noche que la propia Sylvia recordaba "cálida y húmeda": "Mi amante y yo estábamos bailando. Al momento siguiente se encendieron las luces. Era una redada. Empezaron a fichar a las ‘queens’ y a meterlas en los coches de policía y sacaron las armas. Volaron cócteles molotov. Pensé 'Dios mío, la revolución está aquí. ¿Nos habéis tratado como mierda todos estos años? Ahora es nuestro turno'".

El pub, situado en Greenwich Village, una de las zonas en las que se movía la comunidad LGTBI, era por aquella época uno de los pocos lugares en los que las personas que no encajaban en la norma podían alternar en un momento de enorme persecución y hostigamiento hacia los homosexuales y transexuales. Las redadas de la brigada policial, llamada literalmente 'Escuadrón de la moral' (‘Moral Squad’, en inglés), capitaneada por el inspector Pine, eran habituales en el local. Pero aquel 28 de junio fue diferente.

"La noche de Stonewall fue para todo el mundo como una fiesta al aire libre. No había nada planeado. Fue algo que simplemente ocurrió", explica Sylvia en una entrevista incluida en la recopilación de documentos sobre STAR elaborada por el colectivo editorial Untorelli Press.

"Cuando fui el sitio seguía en llamas. Sylvia Rivera y otras estaban en el parque tomando un cóctel. Estábamos volcando coches por las calles y, cielos, bloqueando el tráfico, gritando, chillando", dice la voz emocionada de Marsha P. Johnson en el documental sobre su vida estrenado en Netflix el año pasado. Marsha, una de las ‘drag queens’ más conocidas de la ciudad, era afroamericana nacida en Nueva Jersey y desempeñó un papel relevante en la lucha LGTBI y contra el VIH, en el colectivo Act Up.

La muerte de Marsha, que se produjo en julio de 1992, todavía sigue siendo un misterio. Su cuerpo fue encontrado flotando en el río Hudson. La policía consideró que se había suicidado, pero su entorno siempre dudó de esa versión. Exactamente en el lugar en el que fue encontrada se sucedieron los homenajes: "Hoy estamos aquí para hablar de qué vamos a hacer acerca de la pérdida de un tesoro nacional, de este icono de la comunidad gay, de este fuego en Stonewall", decía frente al micrófono su entonces compañero de piso Randy Wicker, que también se ha referido a ella para afirmar que "se elevó por encima de ser un hombre o una mujer".

Reinas Callejeras
Marsha y Sylvia participaron en las manifestaciones del Orgullo que comenzaron a celebrarse a partir de 1970, pero su discurso era un dardo cargado de crítica contra la comunidad LGTBI, a la que Sylvia llamó "un club blanco y de clase media". Desde su posición disidente, ambas consideraron siempre que el movimiento estaba dejando atrás a aquellas que no se ajustaban a la norma de lo que la sociedad consideraba mínimamente aceptable.

"Las reinas callejeras revolucionarias de color fueron un impedimento en el objetivo de asimilación en el mundo capitalista, blanco y heterosexual", afirma sobre ellas en su libro Duberman. La propia Sylvia lo resumió en una charla que ofreció en 2001 en el Centro comunitario de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero de Nueva York.

"Integración, normalidad, ser normal. Entiendo cuánto les gusta a todos encajar en esa comunidad ‘mainstream’ gay y lesbiana. Veo que volvemos al llamado armario liberado porque nosotros, los miembros de esta comunidad dominante, deseamos casarnos, deseamos este estatus. Eso es todo perfecto. Pero te estás olvidando de tu propia identidad. No creo que tenga que encajar en ese armario de la sociedad normal y a la que se dirige la corriente principal homosexual".

Sylvia y Marsha fueron críticas con la exclusión que, consideraban, vivían las personas trans y no normativas en la comunidad LGTBI –"la comunidad trans ha permitido que la comunidad gay y lesbiana hable por nosotros"– y censuraron la tendencia habitual de justificar la consecución de derechos solo para algunos como un avance, mientras otros se quedan atrás. "Déjenos llegar y luego os ayudaremos a obtener el vuestro –explicaba Sylvia– Si lo escucho una vez más, creo que saltaré del edificio ‘Empire State’".

Ninguna estaba dispuesta a dar su brazo a torcer y su posición radical hizo que fueran a menudo marginadas y ninguneadas en el propio movimiento. Sin embargo, no se quedaron sin señalarlo. En la marcha del Orgullo de 1973, Sylvia, que moriría 29 años después, irrumpió en el escenario entre abucheos tras abrirse paso para aferrarse al micrófono. Allí dio un discurso que ha pasado a la historia: "He estado tratando de subir aquí todo el día por vuestros hermanos gais y hermanas lesbianas en la cárcel", comienza.

jueves, 28 de junio de 2018

#hemeroteca #orgullo #memoria | ¿Por qué se celebra el Día Internacional del Orgullo LGTB el 28 de junio?

Imagen: BBVA / Stonewall Inn, Nueva York
¿Por qué se celebra el Día Internacional del Orgullo LGTB el 28 de junio?
David Corral | BBVA, 2018-06-28
https://www.bbva.com/es/celebra-dia-internacional-orgullo-lgtb-28-junio/

El 28 de junio de 1969 todavía existían bares en los que una persona podía arruinar su vida sólo por atravesar sus puertas. Ser cliente del pub ‘Stonewall Inn’ de Nueva York podía suponer quedar señalado por la sociedad. La persecución contra personas homosexuales en EE. UU. era una realidad.

Fue una madrugada de hace 49 años cuando una redada policial contra aquel pub propició por primera vez en la historia de Estados Unidos una revuelta en defensa de los derechos LGTB (Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales). En las décadas centrales del siglo XX pocos bares admitían a personas abiertamente homosexuales, y eran frecuentes los registros y redadas por parte de la policía.

El procedimiento era separar a hombres y mujeres para comprobar su sexo. El protocolo establecía que las personas vestidas de mujer tenían que acompañar a las policías a los servicios; si finalmente algún hombre era descubierto con ropa de mujer era inmediatamente detenido. La redada del ‘Stonewall’ terminó en disturbios, el colectivo se unió en masa contra los agentes de policía. Aquellos hechos supusieron un punto de inflexión: al año siguiente tuvieron lugar las primeras marchas del orgullo en Nueva York y Los Ángeles. Había comenzado una revolución por los derechos.

La figura de Harvey Milk
“Si una bala atraviesa mi cerebro, dejad que esa bala destruya las puertas de todos los armarios”, como si de una maldición se tratase la frase de Harvey Milk recayó sobre él el 27 de noviembre de 1978. Cinco disparos acabaron con la vida del concejal de San Francisco. Milk tuvo muchas vidas antes de morir a manos de un rival político: Dan White.

Militar y político... fue su etapa como concejal de San Francisco la que hizo que se ganase el respeto de sus conciudadanos. Milk logró movilizar por primera vez a una gran multitud LGTB en las calles de San Francisco para derrocar la iniciativa ‘Briggs’, un proyecto de ley que obligaba a despedir a los maestros homosexuales y a todo empleado público que defendiera sus derechos.

San Francisco, 28 de junio de 1978
Harvey Milk se diferenció por su activismo. A las marcha del orgullo LGTB de aquel verano del 78 se estima que asistieron en San Francisco hasta 375.000 personas. La figura del político comenzó a convertirse en un icono durante su discurso en esa gran manifestación, encendida por una ley que recortaba los derechos de una parte de la sociedad. Durante su intervención las referencias al aniversario de ‘Stonewall’ fueron constantes y su mensaje caló entre los participantes.

No había comenzado el invierno cuando Milk encontró la muerte junto al alcalde de su ciudad: George Moscone. La historia del asesinato comenzó un 10 de noviembre con la renuncia de un concejal: Dan White, político de marcado perfil conservador y beligerante ante la incorporación de los derechos a homosexuales. El propio New York Times definía así al asesino de Milk: “candidato blanco, de clase media y contrario a la creciente comunidad homosexual de San Francisco”.

La incompatibilidad del cargo con un trabajo fuera del ayuntamiento le hizo dimitir. Sin embargo, White quiso volver a ocupar su puesto, ya que alegaba que no contaba con los suficientes ingresos para mantener a su familia, fue el 14 de noviembre cuando pidió la vuelta a su anterior puesto en el ayuntamiento. Varios concejales con Milk a la cabeza consideraban que no era oportuna aquella readmisión. El 27 de noviembre White entró al consistorio y asesinó con arma de fuego al alcalde Moscone y al concejal Milk. Un lunes negro que supuso la desaparición de un icono en la lucha de los derechos LGTB.

La diversidad en BBVA
En el mundo somos siete mil millones de personas. El 50 % son mujeres, el 42% tienen entre 25 y 50 años. Más de mil millones viven con algún tipo de discapacidad. Y un 10% son zurdos. Existen más de 200 nacionalidades y un número incalculable de profesiones y formas de vida.

Por eso, en BBVA creemos que contar con un equipo formado por personas con diferentes maneras de contemplar el mundo y de enfrentarse a cada reto nos hace obtener mejores resultados. Queremos fomentar la diversidad de género, de edad, cultural y de capacidades. Queremos atraer el talento. Esta es nuestra apuesta para ofrecer un mejor servicio a nuestros clientes. Si el mundo es diverso, ¿cómo no vamos a ser así en BBVA?

Por ejemplo, nuestros compañeros de BBVA Compass han recibido la nota más alta posible (100%) en el Corporate Equality Index 2018, que mide la equidad en la empresa para empleados/as gais, lesbianas, bisexuales y transexuales, y que sirve como referencia entre las empresas más grandes e influyentes del país.

El banco apoya desde hace seis años la Houston Pride Parade. Este año, también lo ha hecho como patrocinador platino, en una fiesta que ha congregado a miles de personas en la ciudad tejana.

viernes, 22 de junio de 2018

#hemeroteca #mujeres #historia | Judy Garland: la estrella que fue incapaz de alcanzar la felicidad

Imagen: El Mundo / Judy Garland
Judy Garland: la estrella que fue incapaz de alcanzar la felicidad.
'Si soy tal leyenda, ¿por qué me siento tan sola?'. A Judy Garland la felicidad se le escapó entre los dedos mientras nos llevaba al otro lado del arcoíris.
Álex Ander | Cinemanía, El Mundo, 2018-06-22
http://cinemania.elmundo.es/noticias/judy-garland-la-estrella-que-fue-incapaz-de-alcanzar-la-felicidad/

En algún lugar sobre el arcoíris, los cielos son azules, y los sueños que te atreves a soñar se hacen realmente realidad. Judy Garland tenía 17 años la primera vez que cantó estos versos del archiconocido ‘Over the Rainbow’ en la película ‘El mago de Oz’ (1939). Y la letra de ese tema musical hizo honor a la triste vida personal de la actriz, que siempre anduvo buscando (de forma infructuosa) esa especie de felicidad prometida.

Icono gay femenino, actriz instintiva y comediante con una dulce voz de canto y excelentes aptitudes para la danza, Garland llegó a ser considerada una leyenda y la mayoría de la gente la adoraba, pero aquello no fue suficiente para que dejase de sentirse desdichada. “Si soy tal leyenda, ¿por qué me siento tan sola? ¿Por qué me siento en casa durante horas mirando el maldito teléfono? Las leyendas están muy bien si tienes a alguien alrededor que te ama, un hombre que no teme enamorarse de Judy Garland”, comentó en alguna de las notas que escribió hacia el final de su vida para un inacabado proyecto de autobiografía.

Natural de Minnesota, su padre murió cuando ella tenía 12 años. Con 18, y presionada (entre otras cosas) por una madre demasiado exigente, tuvo que acudir a un psiquiatra por primera vez, y unos años después intentó quitarse la vida. Se enfrentó a un sinfín de dolencias físicas y sufrió los efectos de las drogas (pastillas y estupefacientes) que empezó a consumir siendo muy joven. Se casó en cinco ocasiones y tuvo varios romances más o menos conocidos. Sin ir más lejos, tres meses antes de su fallecimiento —ocurrido el 22 junio de 1969 — se casó con Mickey Deans, gerente de una discoteca. Y fue precisamente él quien encontró el cuerpo sin vida de Garland en el baño de la casa que ambos compartían en el distrito londinense de Belgravia.

Frances Ethel Gumm a.k.a. Judy Garland parecía predestinada a la infelicidad desde niña. Sus padres, artistas de vodevil, alentaron siempre a sus tres hijas a participar del mundo del espectáculo y la actriz creció bajo la presión de las altas expectativas de sus padres. Con solo dos añitos, su madre vio el potencial talento de la artista estadounidense el día que esta no paró de cantar ‘Jingle Bells’ durante uno de los shows navideños de sus progenitores, y la tuvo que sacar pateando y a rastras del escenario. Eso sí, después de aquello decidió que la pequeña cantaría con sus dos hermanas mayores en un grupo que llamó The Gumm Sisters, y no se cortó ni un pelo a la hora de llevarla durante un tiempo por diversos clubes nocturnos, cabarets, hoteles y teatros del país. “[Mi madre] estaba muy celosa porque ella no tenía absolutamente ningún talento […] Si yo estaba enferma de la tripa, me decía ‘¡Sal y canta o te envolveré alrededor de la pata de la cama!’, así que yo salía a cantar”, comentó Garland sobre la actitud de su progenitora. Su padre, por su parte, vivió su homosexualidad de forma oculta, pero sus líos con otros hombres obligaron a la familia Gumm a tener que abandonar la ciudad en más de una ocasión.

Por suerte para todos ellos, el magnate de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) Louis B. Mayer escuchó cantar a la estadounidense en 1935 y decidió apostar por ella. El Hollywood, la joven fue bautizada como Judy Garland (usando el apellido de soltera de su madre) y debutó en el cine en el musical ‘Locuras de estudiantes’ (1936). Los famosos estudios de cine la explotaron sin ningún tipo de reparos, a pesar de que al principio no la veían glamurosa y creían que era demasiado mayor para interpretar papeles infantiles.

Según contó la propia actriz, fueron ellos quienes la iniciaron en el hábito de los barbitúricos para dormir y las anfetaminas para trabajar, suministrándole con frecuencia estas pastillas para mantenerla despierta durante las maratonianas sesiones de rodaje —que, en muchas ocasiones, se prolongaban durante seis días a la semana, 18 horas al día—.

Con dieciséis años, Garland logró el papel más recordado de su carrera, dando vida a una niña huérfana de Kansas llamada Dorothy Gale que sueña con huir de su monótona vida en la granja en ‘El mago de Oz’ (1939). Una película que con el tiempo se convirtió en un clásico del cine musical y que le valió a su protagonista un premio Oscar en febrero de 1940. “Siempre me tomé ‘El mago de Oz’ muy en serio, ya sabes. Creo en la idea del arcoíris. Y he pasado toda mi vida tratando de superarlo”, comentó en una ocasión la actriz.

Ganaba dinero y comenzaba a ser muy famosa, pero Garland se sentía presa de las inseguridades, la sobrecarga de trabajo y las presiones en el estudio. Tanto, que tuvo que empezar a ver a un psiquiatra. Y comenzó a tomar estimulantes, calmantes y alcohol. Además, tan solo tres meses después de firmar un contrato con la MGM, su padre murió a causa de una meningitis espinal. Pero ella transitó el camino del duelo trabajando, y en poco tiempo se consagró como una de las actrices más taquilleras de Hollywood.

Taquillera, sí. Desdichada, también. Con 19 añitos, se casó con el compositor y pianista David Rose, del que se divorciaría poco después. Su matrimonio se fue a pique cuando, tras descubrir que estaba embarazada, su madre y la MGM la persuadieron para que abortase —la premisa del estudio de cine era que sus chicas podían casarse si querían pero debían mantener siempre su imagen virginal y de niña buena—. Para entonces, la diva había protagonizado ya su primer papel adulto como artista de vodevil durante la Primera Guerra Mundial en el musical ‘Por mi chica y por mí’ (1942).

Como un clavo saca otro clavo, Garland se casó en 1945 con el cineasta Vincente Minnelli, considerado el padre de los musicales modernos. Bajo su dirección, la carrera de Garland prosperó y la actriz tuvo a su primera hija, Liza. Pero su salud mental empezó a deteriorarse, y la de Grand Rapids comenzó a sufrir alucinaciones y a recurrir a las acusaciones falsas hacia distintas personas (incluido su marido). Su cuerpo empezó a resentirse y llegó a intentar suicidarse —cortándose las muñecas con un vaso de cristal roto—. Todo eso la condujo a ser ingresada en un centro de rehabilitación, lo que la dejó bastante tocada anímicamente.

Con su imagen pública algo dañada y con un evidente sobrepeso, la mala racha de la actriz continuó cuando la MGM decidió rescindir su contrato con ella, al no soportar su carácter volátil y su falta de profesionalidad y fiabilidad. Poco después, se divorciaría también de Minnelli. Tras el forzoso parón, Garland regresó a los escenarios en 1951, en Inglaterra, con un espectáculo musical en solitario que tuvo bastante éxito y se quedó embarazada del que poco después se convertiría en su tercer marido, el empresario Sid Luft —al que había conocido en un club de Manhattan cuando ella estaba aún casada con Minnelli y con quien tuvo dos hijos—.

Garland demostró al mundo que aún tenía mucho que decir, y firmó un contrato con la productora Warner Bros., volviendo a la gran pantalla con el drama musical ‘Ha nacido una estrella’, junto a James Mason. La película se convertiría en uno de los últimos trabajos cinematográficos de Garland, pero su interpretación le valió un Globo de Oro y una nominación al Oscar —que le arrebató Grace Kelly, un día después de que diese a luz a su tercer hijo en el hospital—. Para decepción de muchos entendidos en la materia, la actriz había perdido el Premio de la Academia. Pero también estaba perdiendo su dinero, ya que su marido —adicto al juego— comenzó a dilapidar su fortuna. Su relación de pareja se volvió volátil e intermitente y acabó en un litigio por la custodia de los niños.

Garland siguió actuando como pudo —llegando a percibir hasta 55 mil dólares por semana por un show musical en el Frontier Hotel de Las Vegas— y, en noviembre de 1959, ingresó en un hospital de Nueva York, donde los médicos descubrieron que padecía hepatitis (y le dieron cinco años más de vida, como máximo). “La presión estuvo fuera de mí por primera vez en mi vida”, llegó a confesar la actriz sobre el momento en que recibió la fatal noticia. Ellos le hablaron claro: ahora era una semi-inválida y, por supuesto, no podía volver a trabajar.

Pero ella hizo caso omiso a las advertencias y, a principios de los sesenta, intentó retornar a los escenarios por enésima vez. Sus promotores prepararon un calendario repleto de actuaciones para ella y ella intentó cumplir con sus compromisos, ofreciendo espectáculos como el icónico concierto que dio en el Carnegie Hall en abril de 1961 (y que dio lugar a un exitoso álbum grabado en directo). Y, como el gusanillo de la interpretación seguía picándole, se embarcó poco después en una serie de televisión semanal que acabó siendo retirada de la parrilla después de una temporada por falta de audiencia.

Como andaba sin blanca y no quería encerrarse en casa, se marchó a Australia para llevar a cabo una nueva gira de conciertos, pero una inoportuna (y recurrente) laringitis hizo acto de presencia y decidió darla por concluida antes de tiempo. En ese momento, habló públicamente (y en serio) sobre la posibilidad de retirarse y dedicarse al cuidado de sus tres hijos. “Mis hijos nunca ponen mis discos en casa. No están demasiado interesados en mi carrera. Una vez la pequeña Lorna, bastante bruscamente, le dijo a un periodista inglés condescendiente que le había preguntado si Judy Garland le cantaba canciones de cuna a sus hijos antes de acostarse: ‘No, no lo hace, y no la llamamos Judy Garland, solo mamá'”, comentó la estadounidense en una entrevista concedida en esa época.

Lo que vino después podría calificarse de definitivo ocaso de una diva. Después de divorciarse de Luft, Garland se casó con el actor y promotor de su gira Mark Herron, en una pequeña capilla de Las Vegas. El matrimonio duró menos de dos años y se acabó después de que Garland acusase a Herron de haberla golpeado —aunque él respondió a la acusación asegurando que solo le pegó una vez, y que fue en defensa propia—.

La americana se fue a vivir a Londres a finales de 1968, con la intención de retomar su carrera musical. Actuó en el London Palladium y se atrevió con una torturada residencia de seis semanas en el club nocturno ‘The Talk of the Town’. Fue durante esa gira cuando anunció que se casaría con el dj Mickey Deans, a quien había conocido en Nueva York en 1966 —cuando un amigo en común le pidió que le entregase un paquete de pastillas estimulantes a Garland y este, para mostrarse discreto, se presentó en la habitación de su hotel ante ella y sus hijos haciéndose pasar por médico—. “Este es él. Por primera vez en mi vida, soy realmente feliz. Finalmente, estoy enamorada”, comentó ella de su último maromo.

Deans siempre confió en el regreso triunfal de su chica, pero Garland no fue capaz de curarse, ni de dejar a un lado sus adicciones, y ofreció el último recital de su vida en Copenhague en marzo de 1969. Poco después, murió de una sobredosis de barbitúricos aparentemente accidental, dejando un legado compuesto por más de 35 películas, varios discos y el recuerdo de una voz y una mirada difícilmente olvidables.

sábado, 25 de junio de 2016

#hemeroteca #memoria | Stonewall Inn: Obama designa el primer monumento nacional a los derechos de los gais

Imagen: El País / Stonewall Inn en Nueva York
Obama designa el primer monumento nacional a los derechos de los gais.
El bar Sontewall Inn de Nueva York se considera la cuna de la reivindicación LGTB.
Amanda Mars | El País, 2016-06-25
https://elpais.com/internacional/2016/06/24/estados_unidos/1466794269_837561.html

El Stonewall Inn de Nueva York, el mítico local considerado la cuna de las reivindicaciones por los derechos de los homosexuales, se ha convertido en el primer monumento de carácter nacional en Estados Unidos en reconocimiento a la lucha del colectivo LGTB (Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales).

El presidente, Barack Obama, que otorgaba la designación este viernes, dos semanas después de la masacre llevada a cabo en una discoteca gay de Orlando y en la víspera de la celebración del Orgullo en la Gran Manzana, aunque la medida ya estaba prevista. En el Stonewall, que ya gozaba de la categoría de monumento histórico, se produjeron unas revueltas tras una redada policial en 1969 que se consideran el inicio de la lucha por la liberación LGTB.

"Creo que nuestros parques nacionales deben reflejar la historia completa de nuestro país, la riqueza y la diversidad y el espíritu únicamente estadounidense que siempre nos ha definido", señaló Obama en un vídeo.

El 28 de junio de 1969, agentes de policía entraron al que era uno de los lugares más populares de los gais en Nueva York porque estaba prohibido vender bebidas alcohólicas a los homosexuales, pero lo que era una redada rutinaria acabó como las fuerzas del orden no esperaban. Los clientes se negaron a identificarse y muchos simpatizantes empezaron a concretarse en la puerta en señal de protesta. El enfrentamiento con la policía acabó con violentas revueltas.

El Stonewall, que sigue abierto en el Greenwich Village, es hoy un lugar de peregrinaje y culto. La manifestación del Orgullo pasa por allí cada año.