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miércoles, 24 de junio de 2020

#hemeroteca #trans #memoria | Sylvia Rivera, La pionera Latinx que estuvo al frente de la revolución por los derechos LGBTQ+ en Estados Unidos

Imagen: Al Dia / Sylvia Rivera

Sylvia Rivera, La pionera Latinx que estuvo al frente de la revolución por los derechos LGBTQ+ en Estados Unidos.

“El infierno no conoce la furia de una drag queen despreciada.”
Ana María Enciso Noguera | Al Día, 2020-06-24
https://aldianews.com/es/articles/culture/sylvia-rivera-la-pionera-latinx-que-estuvo-al-frente-de-la-revolucion-por-los 

Con motivo del mes del orgullo LGBT recordamos a Sylvia Rivera: una gran líder y activista trans latina, que estuvo en Stonewall, hizo parte del nacimiento del movimiento por los derechos civiles, guió iniciativas innovadoras para apoyar y proteger a la comunidad LGBT de la violencia estructural.

Sylvia Rivera marcó un antes y un después.

¡La revolución finalmente está aquí!
Stonewall Inn era un bar controlado por la mafia. Ese, el famoso bar en Greenwich Village en que empezaron los disturbios que marcaron el inicio de la lucha por los derechos LGBT el 28 de junio de 1969.

La mafia no tenía especial compasión por la comunidad gay y lesbiana de Nueva York. Se trataba, simplemente, de un tema de negocios: había un sector de la población que nadie más quería pero que estaba dispuesto a pagar para tener un lugar. Y donde hubiera dinero, la mafia estaba.

Los vínculos que la mafia tenía con la policía hacían que habitualmente fueran avisados de las redadas que se llevarían a cabo en sus bares, pero el día de Stonewall fue diferente.

Las redadas eran tan frecuentes y el mecanismo entre los dueños de los bares y la policía estaba tan preestablecido, que habitualmente la policía llegaba temprano, alineaba a todos los clientes del bar afuera, revisaban documentos, arrestaban a quienes no tuvieran y a las personas trans y luego se iban. Acto seguido, el personal del bar sacaba el licor que tenían en una bodega trasera aparte y retomaban funciones suficientemente temprano para que, aún con el operativo, fuera una noche habitual de negocios para el establecimiento.

Ese 28 de junio el inicio fue el esperado, pero no el desenlace. Los carros de policía en que se habrían llevado a las personas arrestadas tardaron en llegar; los que habrían podido irse no se fueron y una batalla se desató entre los clientes del bar y la policía.

Sylvia Rivera contaba que en el momento en que vio la primera bomba molotov volar por los aires, hacia la policía, se dijo a sí misma, en español, “¡Dios mío, la revolución finalmente está aquí!” y empezó a gritar “Freedom! We’re free at last!”.

Al ver los videos que se conservan de ella hablando en público –como el discurso que dio en la marcha de la liberación de 1973– es fácil imaginarla con esa furia de fiera maltratada y herida, esa furia que ni el infierno conoce, rugiendo “Freedom!”, confrontando a la policía, gritando, golpeando oficiales y lanzando botellas.

Porque al fin había llegado el momento en que todos habían decidido que era suficiente. El momento que marcaría un antes y un después.

Hay versiones encontradas sobre este hecho. Sylvia sostuvo hasta la muerte que estuvo allí, pero según otras narraciones, ella estaba dormida, luego de haberse inyectado heroína.

Sobre dos cosas no hay controversia: uno, que en ese momento estuvo Marsha P. Johnson, recordada como la Rosa Parks de los derechos trans, y dos, que Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera harían un dúo incansable en la lucha por los derechos LGBT, incluso en los momentos en que su propia comunidad les daba la espalda.

Damas a la espera
Sylvia Rivera nació bajo el nombre de Ray Rivera el 2 de julio de 1951 en Nueva York y murió a los 50 años, el 19 de febrero de 2002, de cáncer de hígado, en la misma ciudad.

De ascendencia puertorriqueña y venezolana, sufrió a una temprana edad el abandono de su padre y a los tres años el suicidio de su madre. Quedó bajo al custodia de una de sus abuelas, con quien tuvo una relación conflictiva por sus gestos afeminados y por haber empezado a maquillarse en cuarto grado.

A los diez años y medio huyó de casa y empezó su vida en la prostitución y cometiendo crímenes menores. Pero su abuela siguió velando por ella en la distancia y muchas veces pagó su fianza, como le contaría a Eric Marcus –el anfitrión del podcast Making Gay History– en una entrevista en 1989. Fue un grupo de drag queens quienes la acogieron y la llamaron Sylvia, nombre al que respondería durante la mayoría de su vida adulta.

Para este momento Sylvia se identificaba como drag queen porque era la palabra que había en el momento para describir las identidades sexuales que no se sentían en consonancia con el sexo asignado al nacer. Los términos “transexual” y “transgénero” empezaron a aparecer a medidados de los 60’s y como términos en manuales de patología sexual.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud sacó la transexualida de su lista de enfermedades mentales apenas en junio de 2018.

Como dijo Sylvia Rivera en un fragmento de su libro “Travestis callejeros, revolucionarios de acción: supervivencia, revuelta y lucha antagonista queer”, las drag queens soportaron toda la opresión imaginable, como damas en espera, esperando a que algo pasara. Y cuando pasó, ellas estaban en el lugar indicado.

Nace STAR
Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson fundaron STAR, Street Transvestite Action Revolutionaries, en 1970.

La idea original se le ocurrió a Rivera y era a la vez simple e inmensamente compleja de realizar: dar un refugio a quien lo necesitara y evitar que tuvieran que pasar por lo mismo que ella.

Sylvia y Marsha, con el apoyo del Gay Liberation Front consiguieron un apartamento de cuatro habitaciones en el 213 East 2nd Street, en el East Village de New York. El apartamento no tenía electricidad ni calefacción y ellas adecuaron, aún sin saber bien cómo se hacía.

En la casa STAR, Marsha y Sylvia recibieron personas trans y gay sin hogar y les protegieron. Ellas dos siguieron ejerciendo la prostitución para lograr mantener a quienes acogían al margen de las calles.

Simultáneamente, STAR también fue una plataforma para el activismo con la que Sylvia se relacionó con los movimientos por los derechos civiles más radicales que había, los Young Lords de Puerto Rico y las Panteras Negras entre ellos.

Desafortunadamente, la casa STAR sólo duró un año. El 15 de julio de 1971 las dos activistas fallaron en el pago del alquiler, por la precariedad en que ya vivían y sostenían a tantas personas y el dueño del apartamento los desalojó.

“Todos ustedes deberían callarse, más bien”
La historia de Sylvia y Marsha nos lleva a recordar la manera en que los privilegios y las formas de discriminación se cruzan entre sí.

Ellas no solamente lucharon contra la discriminación por ser transexuales, sino también por ser mujeres de color. Y en su momento fueron discriminadas incluso por la comunidad gay, por cuyos derechos lucharon tanto.

La postura de Sylvia podría describirse como una búsqueda por la liberación, mientras que buena parte del movimiento gay de la época podría caracterizarse como de asimilación.

Por eso las mujeres trans no eran bienvenidas: porque destacaban, les chirriaban los dientes de lo distintas y, con frecuencia, estrambóticas que eran: mientras Sylvia y Marsha salían a marchar en spandex y plumas, la primera marcha gay fue en traje de paño y corbata.

Uno de los momentos de indignación más grandes para Sylvia, cuando más dolorosamente se sintió traicionada por el movimiento, fue en la marcha por la Liberación de 1973: tras todos sus esfuerzos por los derechos LGBT, a Sylvia le habían prometido un espacio para dar un discurso público. En vez de eso, fue empujada al fondo de la marcha, con vergüenza por su transexualidad.

Sylvia, harta, se abrió paso a los codazos y en el video en blanco y negro se ve la cara de desconcierto del anfitrión de la ronda de discursos cuando vio que no había manera de evitar que ella hablara. Sylvia le arrebató el micrófono –en un momento parece que le fuera a pegar con el trípode que lo sostenía– y acalló a la multitud que la abucheaba.

Marsha P. Johnson murió en 1992. El caso fue cerrado como si se tratase de un suicidio en el río Hudson, pero sus familiares y amigos sostienen que ha debido tratarse de un homicidio.

Tras su muerte, Sylvia vivió en la calle durante años, hasta que gracias al apoyo de Rusty Mae Moore y Chealsea Goodwin se recuperó del alcoholismo y retomó el activismo.

A pesar de que la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ ha avanzado en los últimos treinta años, la población trans, y más aún la población trans de color, sigue siendo terriblemente vulnerable. A penas la semana pasada la Corte Suprema reconoció que no era constitucional negar a alguien el derecho al trabajo por ser transexual.

Pero esta furia que llevaba Sylvia en el pecho ha seguido y seguirá empujando la conquista de los derechos que en toda ley les pertenecen.

viernes, 5 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Entre Stonewall y Las Ramblas, un viaje en imágenes por las primeras revueltas LGTBI

Imagen: El Diario / 'Gay Liberation Day' de 1970 en Nueva York
Entre Stonewall y Las Ramblas, un viaje en imágenes por las primeras revueltas LGTBI.
El Centro LGTBI de Barcelona reúne en una muestra dos hechos históricos que han marcado la lucha del colectivo: las revueltas de Stonewall y la marcha de Barcelona. Hasta el 31 de octubre se puede ver esta exposición gratuita que cuenta en exclusiva con fotografías del archivo del LGBT Community Center de Nueva York. En la muestra se pueden ver caras conocidas de activistas como Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, Kate Millet y la española Gretel Ammann.
Rubén Serrano | El Diario, 2019-07-05
https://www.eldiario.es/sociedad/Historicas-cabecera-abrir-camino-arcoiris_0_916908919.html

Una parte del legado que ha dejado la revuelta de Stonewall cuelga en forma de instantáneas en blanco y negro de las paredes del Centro LGTBI de Barcelona. La exposición "Barcelona – Stonewall: un viaje de ida y vuelta a las primeras manifestaciones LGTBI" reúne 34 fotografías históricas, muchas de ellas cedidas en exclusiva por el Centro LGTBI de Nueva York y entre las que se encuentran rostros tan importantes para esta lucha como los de Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera.

Con motivo del 50 aniversario de Stonewall, el Centro LGTBI de Barcelona repasa en esta selección cómo los hechos que ocurrieron en el club neoyorkino en 1969 no iniciaron solamente lo que ahora conocemos como la marcha anual del Orgullo LGTBI, sino también el impacto que tuvieron en otras luchas a favor de los derechos humanos. Ese recorrido culmina con la manifestación de Las Ramblas de Barcelona en junio de 1977, conocida como la primera concentración a favor de la liberación homosexual en España.

La muestra, que se puede ver gratis hasta el 31 de octubre, cuenta con imágenes del Arxiu Fotogràfic de Barcelona, de la colección de la fotógrafa Isabel Steva "Colita" y de los fondos del LGBT Community Center de Nueva York. "Stonewall y Las Ramblas significaron la pérdida del miedo a través de una respuesta colectiva", explica el activista Pol Galofre, encargado de coordinar el trabajo con el centro estadounidense, que remarca que "las similitudes entre ambos hechos" radican en que una vez que las personas LGTBI "salen a la calle, ya no hay vuelta atrás".

Hartos de las continuas redadas, la madrugada del 28 de junio de 1969 los clientes del bar Stonewall de Nueva York –hombres gais, mujeres lesbianas y personas trans de clase obrera en su mayoría– dieron un golpe en la mesa para enfrentarse a los cuerpos policiales. "Hasta este momento, el movimiento había estado escondido en los bares. De repente, salen a la luz y pasan el día en Central Park besándose", cuenta Galofre.

De la clandestinidad a la lucha en la calle
La primera parte de la exposición revela justamente este despertar a través de imágenes de las dos manifestaciones conmemorativas de Stonewall, celebradas en junio de 1970 y 1971, que reunieron a más de 2.000 personas y que captó con su lente el fotógrafo Leonard Fink. "Se llamaron Chistopher Street Gay Liberation Day [ubicación del famoso club] porque querían alejarse del nombre de Stonewall. Los bares estaban controlados por la mafia y querían centrarse en la calle porque ahí es donde empezó el levantamiento", relata el activista.

Así, se pueden ver fotografías en las que aparece el grupo Gay Activists Alliance –que fueron los primeros que utilizaron la letra griega lambda como símbolo de lucha del colectivo– y pancartas como "lesbianas unidas", "gay es bueno" y "Street Transvestite Action Revolutionaries (S.T.A.R.)", que evidencian que ya no había ningún pudor ni temor a significarse.

Sin embargo, el movimiento por la liberación homosexual no se quedó encerrado en una calle y en un solo día del año, sino que salió a la conquista de otros espacios y unió sus fuerzas a otras reivindicaciones. Entre ellas, a una protesta frente al Hospital Bellevue, donde se hacían "terapias reparativas" según apunta Galofre, otra contra el político local Thomas J. Cuite y otra contra el Consejo de Educación de Nueva York. Una de las más importantes fue la que hicieron en Albany, capital del Estado de Nueva York, en marzo de 1971 en la que congregaron a 3.000 personas.

En una de las fotografías pertenecientes a esta manifestación se encuentra Kate Millet, una de las escritoras y pensadoras clave de la segunda ola del feminismo y abiertamente bisexual. Sin embargo, no es la única figura conocida que hace acto de presencia en la exposición. También se puede contemplar a Marsha P. Johnson sosteniendo una pancarta de su organización S.T.A.R. y a Sylvia Rivera en una protesta. Ellas, dos mujeres trans, trabajadoras sexuales y pertenecientes a la comunidad afroamericana y latina, han pasado a la historia como las dos personas más importantes de Stonewall. Otras caras de activistas relevantes del movimiento que se dejan ver son Vito Russo, miembro de Gay Activist Alliance y confundador de GLAAD, y Gretel Ammann, filósofa y ensayista lesbiana española, que representa con sus manos el símbolo del triángulo feminista durante la manifestación en Las Ramblas de 1977.

La impronta de Stonewall llegó a Barcelona
Esta pionera marcha en España es la encargada de cerrar la exposición. "Stonewall supuso un cambio radical en la manera de entender el activismo LGTBI", subraya Galofre, y eso también se vio en aquel día de verano en la Barcelona posfranquista de hace ya 42 años. En ese primer Orgullo español, entre 4.000. y 6.000 personas se concentraron para protestar contra la ley franquista de Peligrosidad Social que seguía persiguiendo a personas homosexuales y trans.

Una de las fotografías más recordadas de ese día es la que hizo la fotógrafa "Colita", que logró captar para la posteridad a las mujeres trans que encabezaron la marcha. La muestra del Centro LGTBI de Barcelona presenta una perspectiva nueva de esta icónica imagen, firmada también por "Colita", y recoge una instantánea del fotoperiodista Pérez de Rozas donde aparecen las mismas protagonistas pero celebrando y aplaudiendo desde otro punto de Las Ramblas.

La exposición forma parte de un completo programa de actividades gratuitas que el Centro LGTBI de Barcelona ha preparado para conmemorar las cinco décadas de Stonewall. Entre julio y octubre se proyectarán películas que reflexionan sobre el surgimiento del movimiento LGTBI contemporáneo con títulos como 'Pride' (Matthew Warchus, 2014), 'Queerama' (Daisy Asquith, 2017) y el documental 'I hate New York' (2018), del cineasta español Gustavo Sánchez. Además, el escritor Sebastià Portell dirigirá un club de lectura donde analizará textos como 'Teoría King Kong' de Virginie Despentes y el historiador Leopold Estapé realizará rutas temáticas por Barcelona para enseñar la huella que ha dejado en la ciudad la lucha LGTBI.

martes, 3 de julio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #memoria | El origen del Orgullo tiene nombre de mujer trans, drag queen, racializada y prostituta

Imagen: El Diario / Syvia Rivera y Marsha P. Johnson (i)
El origen del Orgullo tiene nombre de mujer trans, drag queen, racializada y prostituta.
Recuperamos la memoria de Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, dos de las participantes en los disturbios de Sontewall del 28 de junio de 1969 que dieron lugar a la celebración del Orgullo LGTBI. Marsha, drag queen afroamericana, y Sylvia, mujer trans latina, eran trabajadoras sexuales y fueron un acicate del movimiento, al que criticaron por excluir a aquellas personas que no encajaban en la norma. "La noche de Stonewall fue para todo el mundo como una fiesta al aire libre. No había nada planeado", explicó en alguna ocasión Sylvia.
Marta Borraz | El Diario, 2018-07-03
https://www.eldiario.es/sociedad/origen-Orgullo-LGTBI-racializada-trabajadora_0_788471834.html

El inspector del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) que dirigió la operación dijo de ellos que apenas habían dado problemas nunca, porque "tenían las de perder". Se equivocaba. Seymour Pine, que capitaneó la acción policial del 28 de junio de 1969 contra el pub ‘de ambiente’ Stonewall, no cayó entonces en la cuenta de que lo que no tenían era nada que perder. Así lo explicó la activista Sylvia Rivera años más tarde al hablar de la noche en que estalló el movimiento por la liberación LGTBI tal y como lo conocemos: "No le quitamos nada a nadie, no teníamos nada que perder".

Con ello Rivera se refería a las personas más excluidas de la comunidad LGTBI: trans, jóvenes con pluma, gais en la cárcel, personas racializadas, ‘drags queens’, prostitutos, personas sin hogar... Un abanico de disidentes sexuales frecuentemente ignorados pero que jugaron un papel decisivo en los disturbios que se conmemoran cada Orgullo LGTBI desde hace casi 40 años. Las vidas de dos de ellas han trascendido al paso del tiempo: Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, una mujer trans y otra ‘drag queen’ racializadas que ejercían el trabajo sexual a las que la Historia les debe un lugar propio.

"En el relato oficial Stonewall ha pasado como una revuelta masculina, gay y blanca. Sin embargo, muchas de las que participaron eran como Marsha y Sylvia, trans, racializadas, negras e hispanas", explica la investigadora en raza, género y sexualidades Esther Mayoko Ortega, que hace hincapié en que esto "se debe a un doble factor fundamental: por un lado, la supremacía blanca y por otro la supremacía masculina".

Así se detalla en Stonewall. El Origen de una revuelta, el libro de Martin Duberman que en los años 90 arrojó luz sobre lo que había pasado en Stonewall. En él, además de recuperar la célebre frase "el primer Orgullo Gay fue una revuelta", el autor se propone acabar con lo que llama "el mito de Stonewall", que vendría a nombrar protagonistas a "tipos gais, cis, blancos, jóvenes, 'socialmente' guapos y 'liberados'". Sin embargo, "las trans racializadas lo dieron todo junto a las chaperas callejeras y a las bollos de todo tipo, y no faltó la presencia de maricas que luchaban ocultas en grupos anarquistas, autónomos, antibelicistas, comunistas o de liberación racial".

Así fue Stonewall
Dos de las personas que protagonizaron los disturbios fueron Marsha y Sylvia. Ambas, buenas amigas, ejercían el trabajo sexual en la misma calle y también juntas fundaron posteriormente STAR (Street Transvestite Action Revolutionaries) con el objetivo de prestar apoyo a las personas LGTBI más excluidas y las mujeres trans sin hogar.

Sylvia, de ascendencia portorriqueña y venezolana, fue una mujer trans –también se refirió a sí misma en alguna ocasión como ‘drag queen’– que en varias ocasiones relató los hechos que ocurrieron el 28 de junio en Stonewall, una noche que la propia Sylvia recordaba "cálida y húmeda": "Mi amante y yo estábamos bailando. Al momento siguiente se encendieron las luces. Era una redada. Empezaron a fichar a las ‘queens’ y a meterlas en los coches de policía y sacaron las armas. Volaron cócteles molotov. Pensé 'Dios mío, la revolución está aquí. ¿Nos habéis tratado como mierda todos estos años? Ahora es nuestro turno'".

El pub, situado en Greenwich Village, una de las zonas en las que se movía la comunidad LGTBI, era por aquella época uno de los pocos lugares en los que las personas que no encajaban en la norma podían alternar en un momento de enorme persecución y hostigamiento hacia los homosexuales y transexuales. Las redadas de la brigada policial, llamada literalmente 'Escuadrón de la moral' (‘Moral Squad’, en inglés), capitaneada por el inspector Pine, eran habituales en el local. Pero aquel 28 de junio fue diferente.

"La noche de Stonewall fue para todo el mundo como una fiesta al aire libre. No había nada planeado. Fue algo que simplemente ocurrió", explica Sylvia en una entrevista incluida en la recopilación de documentos sobre STAR elaborada por el colectivo editorial Untorelli Press.

"Cuando fui el sitio seguía en llamas. Sylvia Rivera y otras estaban en el parque tomando un cóctel. Estábamos volcando coches por las calles y, cielos, bloqueando el tráfico, gritando, chillando", dice la voz emocionada de Marsha P. Johnson en el documental sobre su vida estrenado en Netflix el año pasado. Marsha, una de las ‘drag queens’ más conocidas de la ciudad, era afroamericana nacida en Nueva Jersey y desempeñó un papel relevante en la lucha LGTBI y contra el VIH, en el colectivo Act Up.

La muerte de Marsha, que se produjo en julio de 1992, todavía sigue siendo un misterio. Su cuerpo fue encontrado flotando en el río Hudson. La policía consideró que se había suicidado, pero su entorno siempre dudó de esa versión. Exactamente en el lugar en el que fue encontrada se sucedieron los homenajes: "Hoy estamos aquí para hablar de qué vamos a hacer acerca de la pérdida de un tesoro nacional, de este icono de la comunidad gay, de este fuego en Stonewall", decía frente al micrófono su entonces compañero de piso Randy Wicker, que también se ha referido a ella para afirmar que "se elevó por encima de ser un hombre o una mujer".

Reinas Callejeras
Marsha y Sylvia participaron en las manifestaciones del Orgullo que comenzaron a celebrarse a partir de 1970, pero su discurso era un dardo cargado de crítica contra la comunidad LGTBI, a la que Sylvia llamó "un club blanco y de clase media". Desde su posición disidente, ambas consideraron siempre que el movimiento estaba dejando atrás a aquellas que no se ajustaban a la norma de lo que la sociedad consideraba mínimamente aceptable.

"Las reinas callejeras revolucionarias de color fueron un impedimento en el objetivo de asimilación en el mundo capitalista, blanco y heterosexual", afirma sobre ellas en su libro Duberman. La propia Sylvia lo resumió en una charla que ofreció en 2001 en el Centro comunitario de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero de Nueva York.

"Integración, normalidad, ser normal. Entiendo cuánto les gusta a todos encajar en esa comunidad ‘mainstream’ gay y lesbiana. Veo que volvemos al llamado armario liberado porque nosotros, los miembros de esta comunidad dominante, deseamos casarnos, deseamos este estatus. Eso es todo perfecto. Pero te estás olvidando de tu propia identidad. No creo que tenga que encajar en ese armario de la sociedad normal y a la que se dirige la corriente principal homosexual".

Sylvia y Marsha fueron críticas con la exclusión que, consideraban, vivían las personas trans y no normativas en la comunidad LGTBI –"la comunidad trans ha permitido que la comunidad gay y lesbiana hable por nosotros"– y censuraron la tendencia habitual de justificar la consecución de derechos solo para algunos como un avance, mientras otros se quedan atrás. "Déjenos llegar y luego os ayudaremos a obtener el vuestro –explicaba Sylvia– Si lo escucho una vez más, creo que saltaré del edificio ‘Empire State’".

Ninguna estaba dispuesta a dar su brazo a torcer y su posición radical hizo que fueran a menudo marginadas y ninguneadas en el propio movimiento. Sin embargo, no se quedaron sin señalarlo. En la marcha del Orgullo de 1973, Sylvia, que moriría 29 años después, irrumpió en el escenario entre abucheos tras abrirse paso para aferrarse al micrófono. Allí dio un discurso que ha pasado a la historia: "He estado tratando de subir aquí todo el día por vuestros hermanos gais y hermanas lesbianas en la cárcel", comienza.

martes, 30 de junio de 2015

#libros #activismo | Acción Travesti Callejera Revolucionaria : supervivencia, revuelta y lucha trans antagonista

Acción Travesti Callejera Revolucionaria : supervivencia, revuelta y lucha trans antagonista / Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera
Zaragoza : Ed. Imperdible, 2015 [06]
135 p.
ISBN 9788460679035 / 4 €

/ ES / ENS
/ Activismo / Disidencia sexual / Historia – Siglo XX / Liberación sexual / Queer / STAR / Transfeminismo / Transgénero

Después del 45 aniversario de la Revuelta de Stonewall Inn, tenemos en castellano quizás uno de los mejores trabajos sobre autoorganización y revolución queer y transfeminista: la historia de S.T.A.R. contada por dos de sus protagonistas, Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera. La portada de este libro inmortaliza la presencia en una concentración frente al ayuntamiento neoyorkino por la ordenanza antidiscriminatoria a inicios de los 60. S.T.A.R., “Street Transvestite Action Revolutionaries”, puede traducirse como “Acción de Travestis Callejeras Revolucionarias”. Este acrónimo significa “estrella”, palabra que era un icono gay como recordada por los Panteras Negras por ser la Estrella del Norte referente para los esclavos negros que se fugaban de sus amos, aunque desconocemos por qué lo eligieron.

Fueron un referente para su época y las posteriores. Levantaron desde la miseria económica y social en la que se criaron un proyecto revolucionario de apoyo mutuo entre disidentes sexuales jamás visto en tal proporción en nuestra historia reciente. Sin estudios, sin dinero, sin trabajo estable y sin comodidades, siendo su campo de prácticas la calle y punto. Aquí gozamos de varios de sus textos, el último del orgullo gay de 2001. Casi diez años antes Marsha había sido hallada flotando en el rio Hudson, y casi en el décimo aniversario del fallecimiento de su amiga, Sylvia moría a los 51 años debido a un hígado demacrado por las drogas y diagnosticado de cáncer. En 2005 el progresista ayuntamiento neoyorquino, en un auténtico lavado de imagen dio su nombre a una de las calles de Greenwich Village, donde años antes Sylvia lanzaba un cóctel molotov contra la policía municipal que acosaba a las mariconas del Stonewall. La represión permanece en la ciudad, pero le toca camuflarse y cambiar con los nuevos tiempos de integración.

Este libro va dedicado a estas dos grandes personas, y a quienes siguen luchando bajo unos similares preceptos de auto-organización, apoyo mutuo y disidencia sexual. Recomendamos leerlo detenidamente. Las negras tormentas de sexofobia y violencia que se avecinan lo convertirán en una útil herramienta para nuestra supervivencia.