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viernes, 7 de abril de 2023

#hemeroteca #gais #mayores | "Por ser gay, mis padres me aplicaron electrochoques"

Sport / Enric Mur y Ramón Ferrándiz //

"Por ser gay, mis padres me aplicaron electrochoques"
Enric Mur y Ramón Ferrándiz vivieron la represión franquista y familiar, y ahora en la vejez se enfrentan a la soledad y las estafas amorosas
Elisenda Colell | Sport, 2023-04-07
https://www.sport.es/es/noticias/sociedad/gay-padres-aplicaron-electrochoques-ahora-85747892 
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La soledad del colectivo LGTBI en la vejez: "En los bares de ambiente nos dicen que vayamos a cambiarnos el pañal"

Enric Mur y Ramón Ferrándiz vivieron la represión franquista y familiar, y ahora en la vejez se enfrentan a la soledad y las estafas amorosas
Elisenda Colell | EPE, 2023-04-09
https://www.epe.es/es/sociedad/20230409/soledad-colectivo-lgtbi-vejez-bares-85747887

"Para mí conocer a Ramon en la fundación Enllaç ha sido imprescindible para seguir viviendo, es como mi hermano", explica Enric Mur, jubilado de 68 años que se ha pasado media vida escondiendo su orientación sexual, rodeado de rechazo. Le escucha atentamente Ramon Ferrándiz, profesor de Bellas Artes ya retirado, de 66 años, que admite, sin tapujos, tener ganas de suicidarse pero no ser valiente para hacerlo. Se funden en un abrazo en la sede de la Fundació Enllaç, la entidad donde coinciden desde hace menos de un año, y donde han encontrado amigos y actividades para realizar con total libertad. Hablan de la soledad que sufren con mayor intensidad las personas del colectivo LGTBI al llegar a la tercera edad, así como de los problemas que tienen para enamorarse, ya que las estafas y engaños amorosos sobrevuelan el colectivo.

La historia de Enric Mur está teñida de dolor y libertad a partes iguales. "Él es como un Ave Fénix que surge de las cenizas", bromea su amigo. Mur descubrió su homosexualidad de muy pequeño. En la escuela, y en casa, le decían que estaba enfermo. "Mis padres me llevaban a terapias psicológicas y psiquiátricas, lo que ahora llaman terapias de reconversión. Una vez al mes, en Francia, me hacían electrochoques para corregirme", explica. Él tenía 15 años, y aquello duró hasta los 20. "Aún me acuerdo de los cables, las descargas... seguro que me ha pasado factura. Me podrían haber destrozado la cabeza, hoy podría estar en un psiquiátrico", cuenta.

La necesidad de amar
Mur jamás habló abiertamente con sus padres de su orientación sexual. "Nunca me atreví, y siempre viví con ellos. He tenido parejas, pero me tenía que ver a escondidas, los fines de semana", añade este auxiliar de geriátrico retirado. Aún hoy recuerda cómo, durante el franquismo, iba a los lavabos públicos de plaza Catalunya para encontrarse con otros chicos y tener su primeras relaciones sexuales. Luego llegó el destape, la libertad. "Yo recuerdo aquellos años en el Bocaccio, donde pasaba de todo: te podía venir un señor con su mujer, te cogía de la pierna y te pedía que te acostaras con él", cuenta Ferrándiz. Tienen historias para parar un tren. "Para mí el amor es una necesidad, pero no es correspondido. Como un libro, que lo disfrutas aunque sabes que se va acabar", sigue este hombre acostumbrado a los desamores.

En 1994 Ramón Ferrándiz decidió alejarse de todo y centrarse en cuidar de su madre, que siempre le entendió. "Hasta que murió, y me vi muy solo... aunque siempre me he sentido así", sigue. "Tú puedes estar rodeado de gente y sentirte profundamente solo", explica Ferrándiz. "Me he cansado de vivir, me he cansado de todo. La vida me ha decepcionado", justifica. Mur le da un beso en la mejilla y le agradece que esté a su lado. Ferrándiz llegó a Enllaç en 2018, cuando murió su madre. Mur hace justo un año que está en la entidad. "Hacemos actividades, tenemos un grupo de charla para conocer a gente... es un lugar donde sabes que se preocupan por ti", sigue Mur.

Creyente
Mur le cuenta a Ferrándiz sus problemas y penas, que no son pocos. Explica que es muy creyente y durante 20 años fue profesor de catequesis. "Hasta que me desahogué con un compañero y al día siguiente me echaron: me dijeron que no era un buen ejemplo". Dice que a veces su familia le ha recriminado su religiosidad. "Un día una familiar me dijo: '¿y tú te consideras un buen cristiano?' De verdad, es que yo he llorado mucho", reconoce.

Estafas amorosas

Ahora ambos están solteros, no tienen hijos. A Ferrándiz ya no le queda familia y Mur cree que no acaba de encajar en ella. Pero el rechazo también viene de otros lugares. "A veces vamos a los bares de ambiente y nos llaman 'las gallinitas', para echarnos temprano. Un día nos dijeron que nos teníamos que cambiar el pañal. Que te digan esto delante de todo el mundo no es de recibo", se queja Mur. "Igual que necesitas amor, necesitas sexo, pero hoy día no están contigo más de 15 minutos: todo es rápido", se queja Mur, que visita saunas y locales de ambiente. Él sigue buscando el amor, pero le aparece en forma de estafa. "Te piden que les compres cosas, que les des dinero... y cada vez más. Yo busco a alguien con quien ser feliz", añade.

Al menos les queda el apoyo del local de la Fundació Enllaç, en la calle de Rosselló. Un lugar donde gais, lesbianas, personas trans y bisexuales de la tercera edad encuentran un espacio donde conocer a gente como ellos y poder librarse de los prejuicios del resto de personas de su generación. "Con todas las agresiones que está sufriendo el colectivo, la gente de mi edad tiene miedo de salir a la calle", lamenta Mur. "Aquí sabes que le importas a alguien", resume Ferrándiz.

jueves, 27 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #mayores | Homofobia y edadismo: la doble discriminación de las personas LGTBI mayores de 60

Imagen: El Español / Presentación del estudio sobre personas LGTBI mayores de 60
Homofobia y edadismo: la doble discriminación de las personas LGTBI mayores de 60.
Un nuevo estudio se marca como objetivo destacar la "invisibilidad social" que vive el colectivo en de la franja de edad más avanzada.
Crónica Global, El Español, 2019-06-27
https://cronicaglobal.elespanol.com/cronica-directo/curiosidades/lgtbi-mayores-doble-discriminacion_256818_102.html

Las personas que tienen más de 60 años y que pertenecen al colectivo LGTBI sufren una doble discriminación: por una parte, se refleja la homofobia hacia el grupo y, por otra, el rechazo por su avanzada edad.

Esta es una de las conclusiones de un estudio encargado por la Diputación de Barcelona, que ha sido presentado --aunque no editado-- en una jornada sobre diversidad sexual y de género en ancianos. La investigación parte del afán de "dar visibilidad" y de "reflexionar" sobre las personas LGTBI de edad avanzada, un grupo social que no se suele tener en mente, en primera instancia, cuando se habla de este colectivo.

Invisibles en la sociedad
El estudio "pone de relieve la invisibilidad social que todavía existe respecto de este grupo" y destaca los "retos" a lograr en torno a la realidad de las personas LGTBI mayores de 60 años. La investigación ha sido llevada a cabo por Grup d'Innovació i Recerca en Treball Social (GRITS), la Fundació Envelliment y Salut de la UAB, la Fundació Enllaç i la Associació Encara en Acció. El trabajo se ha estructurado en diferentes apartados, como las relaciones; salud y autonomía, discriminación y servicios.

Además de la edad, de la orientación sexual y la identidad de género, el estudio revela otros ejes de discriminación. Por ejemplo, gran parte de las mujeres entrevistadas aseguran que todavía hay incomprensión, por parte de las familias y círculos sociales cercanos, durante los procesos de "salida del armario".

Salud y servicios
En el ámbito dedicado a los servicios, se observa que los centros para personas mayores son percibidos como "no deseables debido a la rigidez con la que se tratan los roles de género". Los profesionales consultados han constatado que la ocultación dificulta el diagnóstico y la intervención en estos colectivos y, sobre todo, que las políticas y acciones institucionales hacia el colectivo LGTBI no tienen en cuenta a las personas de edades avanzadas, sino que se centran especialmente en las personas más jóvenes.

En el ámbito de la salud, destaca que la calidad de vida de las mujeres transexuales mayores puede estar condicionada por los efectos adversos producidos por los procesos de hormonación actuales y pasados, que pueden coincidir con tratamientos antirretrovirales, y en cuanto a los hombres gais entrevistados, se desprende que aún ahora el VIH está condicionando de forma profunda conductas sexuales y sociales.

jueves, 28 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #mayores | Jubilados LGTBI, una vida de soledad

Imagen: El Periódico / Pere Traveria
Jubilados LGTBI, una vida de soledad.
La Fundació Enllaç alega que las residencias y centros de día no se adaptan a las personas mayores del colectivo. El Ayuntamiento de Barcelona implantará un programa de formación para hacer de estos centros un espacio abierto a la diversidad.
Felipe Valenzuela | El Periódico, 2018-06-28
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20180628/dia-orgullo-jubilados-lgtbi-residencias-mayores-soledad-6913624

Las residencias y los centros de día no están hechos para las personas mayores LGTBI. Los lugares donde la tercera edad disfruta de sus últimos años pasan a ser sitios donde miembros del colectivo no se encuentran a gusto. "Es lógico, no tienen gran cosa en común con los otros usuarios, más que nada porque ellos hablarán sobre la mujer o los nietos", asegura Jaume Piqué, coordinador de Formación y Sensibilidad de la Fundació Enllaç. El Ayuntamiento de Barcelona llevará a cabo un programa de formación para centros de la tercera edad. Según Laura Pérez, concejala de Feminismos y LGTBI, es importante dar a conocer que se puede ser mayor y vivir fuera del armario.

Un estudio realizado por la Universidad de Barcelona mostraba la diferencia estratosférica entre la vida social de las personas mayores LGTBI a la de la población general: solo un 6,2% de los ancianos de este colectivo son usuarios de 'casals' mientras que únicamente el 0,4% se atreve a ir a residencias.

Un ambiente lejano a la diversidad
“El ambiente en los centros de día es muy machista”, afirma Pere Traveria, un señor de ya 75 años y uno de los primeros miembros del Front d’Alliberament Gai de Catalunya. “No importa la edad, todos los hombres que van ahí lo hacen con la intención de ligar con mujeres”. El activista denuncia que ninguno de estos centros está vinculado al sistema de lucha por el colectivo. “Yo fui a uno donde el director era gay y aun así lo único que hacían era jugar a las cartas y al dominó”.

La situación en las residencias tampoco es favorable para personas LGTBI. “Conocí a una pareja de mujeres en Sabadell que lo único que querían era estar juntas hasta la muerte. Las trabajadoras las pusieron en habitaciones diferentes”, explica Traveria. Para Piqué, el tema de los 'casals' es tan simple como sensibilizar y visibilizar. “Poniendo una bandera, por ejemplo, envías un mensaje: a miembros del colectivo les dices que es un sitio donde serán aceptados y a los homófobos les avisas de que están entrando en un centro abierto a la diversidad”.

Rafael Arteaga, de 71 años, afirma que la vida social del colectivo es complicada. "Si tienes pareja se hace más amena porque no tenemos lugares de encuentro, no entramos en la nueva tecnología, los 'casals' y las residencias están enfocadas al mundo heterosexual", asegura. "El gay de la tercera edad está marginado, no tenemos ni carroza en el mismo pride. Yo porque tengo 71, pero hay gente de 80 o 90 años que no tienen contacto con nadie".

“Todas las ancianas de aquí crecieron con la idea de que el sexo solo era para procrear, así que imagínate lo que deben pensar sobre estar con alguien del mismo sexo”, explica una trabajadora de una residencia de Barcelona. “Algunas usuarias se atreven y dicen ‘¿por qué no?’, pero porque la situación está más relajada. Hay un señor que es homosexual y lo lleva muy mal. Se casó y tuvo dos hijos pero él mismo se lamenta de que nunca pudo vivir como realmente quiso, nunca pudo estar con un hombre”, concluye.

La solución del ayuntamiento
El Ayuntamiento de Barcelona ha sido uno de los primeros en tomar cartas en el asunto. Laura Pérez afirma que se debe romper con una realidad donde se piensa que todos los miembros del colectivo son jóvenes. “No debemos caer en los estereotipos. Hablamos de personas que llevan en la lucha ya más de 40 años”, afirma la concejala.

El proyecto del consistorio se aplicará a centros de día y a residencias para que los trabajadores puedan tener una formación que les enseñe cómo tratar una persona mayor LGTBI. El programa también incluirá exposiciones y actividades culturales en varios espacios de la ciudad. “Debe haber un reconocimiento por aquellos que, durante el franquismo, gritaron por la libertad”, afirma Pérez.

Una parte olvidada del Orgullo
“Se ha perdido el respeto, y por mucho Orgullo que se celebre los jóvenes se han olvidado de la historia, es una fiesta que ha perdido su motivo”, se lamenta Traveria. “Es hora de que los partidos políticos, ayuntamientos y diputaciones se pongan en serio con la tercera edad, nos sentimos olvidados y estamos muy enfadados”, exige.

“Nos gustaría que un Orgullo se dedicase a la tercera edad”, afirma Piqué. “Han pasado 40 años y nunca se ha hecho un reconocimiento explícito no solo a las personas que salieron a manifestarse por primera vez sino a todos aquellos que sobrevivieron al franquismo”.

#hemeroteca #lgtbi #mayores | Orgullo gay a partir de los 60: no hay edad para salir del armario

Imagen: El País
Orgullo gay a partir de los 60: no hay edad para salir del armario.
Cada vez más los mayores LGTBI deciden visibilizar su verdadera sexualidad, a pesar de los prejuicios que aún persisten en la sociedad. Nunca es tarde para ser libre.
Nacho Meneses | El País, 2018-06-28
https://elpais.com/elpais/2018/06/28/sesenta_y_tantos/1530173472_802145.html

Una de las comedias más populares de Netflix, 'Grace and Frankie', narra desde 2015 las vicisitudes de dos mujeres tras descubrir que sus maridos, amigos de toda la vida a punto de jubilarse, llevan 20 años teniendo una aventura; ante el estupor familiar y aprovechando que el matrimonio homosexual es por fin una realidad, deciden abandonarlas para casarse. Un argumento que bien podría servir para ilustrar la situación de muchos mayores LGTBI si no fuera por los numerosos prejuicios y obstáculos sociales y familiares que continúan existiendo en la sociedad. Hace hoy 40 años, el 28 de junio de 1978, 7.000 personas se manifestaron por primera vez en Madrid para reivindicar la despenalización de determinadas opciones sexuales, y coincidiendo con este aniversario comienzan los actos de celebración de Madrid Orgullo 2018.

“Este es el año de la memoria”, dice Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre en defensa de los derechos de los mayores LGTBI. “Es el aniversario de la primera manifestación del Orgullo en Madrid, pero también de la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que había sustituido a la de Vagos y Maleantes (…). Ahora mismo el colectivo está con otras problemáticas que son importantes, como la situación de los transexuales, los jóvenes, el bullying en las escuelas… Pero todo esto tiene que estar unido a la memoria. Hace 40 años era imposible salir del armario porque te encerraban. Nos podían hacer de todo y cualquiera te podía denunciar”, recuerda. “Nadie ha trabajado eso; hemos sido vilipendiados y machacados. Nuestra historia se tiene que limpiar, se tiene que resarcir aún a esas personas víctimas de la homofobia del franquismo. No hay ni un monumento, y los símbolos son muy necesarios”.

La misma sociedad que sigue sorprendiéndose al hablar de sexualidad activa en la tercera edad tiene aún más dificultades para aceptar que alguien quiera visibilizar su verdadera sexualidad a una edad tardía, algo que cada vez es más común. “Hay personas que por sus circunstancias se ven obligadas a ocultarlo a lo largo de su vida. Sin embargo, no hay edad para salir del armario... Ocultarlo puede suponer un mayor riesgo de depresión, ansiedad y estrés”, cuenta Paula Alcaide, psicóloga especializada en terapia afirmativa lesbiana. Para ella, nunca es tarde para dar el paso y los beneficios son múltiples: “A nivel psicológico añade bienestar y a nivel social implica la no aceptación de un sistema heteronormativo que excluye a muchas personas”.

La decisión, evidentemente, no es fácil, como apunta María Victoria Ramírez, sexóloga y psicóloga de la Lasexologia_com: “Una persona homosexual o bisexual puede temer el rechazo por parte de sus compañeros de trabajo, la pérdida de ventajas e incluso el despido. Además, hay personas mayores a las que les ha costado mucho (y aún les cuesta) aceptar su propia orientación sexual; no digamos ya vivirla en libertad”. La presión social es considerable, al igual que el temor al rechazo familiar, como apunta Armenteros: “Crees que te van a odiar y abandonar; temes perder el cariño de tus hijos, de tus nietos… Tienes que tener un apoyo. Nosotros hemos ayudado a muchos a salir del armario junto con sus hijos”. Es importante destacar que esto “nunca se hace en contra de nadie sino porque la persona necesita ser auténtica y estar tranquila, dando coherencia a su yo interno y su yo social” añade Alcaide. “No es recomendable que las personas se invisibilicen por sacrificio hacia su entorno, porque nunca se nos ocurriría pedirle a una persona heterosexual que ocultase cómo se siente, a quién ama, a quién desea, cómo vive... Ni es lógico ni es sano vivir en una mentira por el qué dirán”.

Sin embargo, el que una persona mayor opte por visibilizarse “dependerá de que existan opciones que les faciliten la vida, entornos que les acojan, vínculos personales que no les juzguen negativamente y les acepten”, dice Ramírez, como la futura puesta en marcha en Villaverde (Madrid) de la primera residencia de mayores LGTBI a cargo de la Fundación 26 de Diciembre. “Muchas residencias y centros asistenciales parten de la premisa que todos los mayores son heterosexuales, con lo que muchos mayores homosexuales no se sienten acogidos ni sienten esos espacios como propios. Además, muchos de estos centros están gestionados por la iglesia católica, lo cual les obliga a envejecer en soledad o a “volver al armario” en ellos”. Las 66 plazas de la futura residencia, en un local cedido por la Comunidad de Madrid, servirán “para darles tranquilidad y que se sientan no solo atendidos sino también comprendidos”, señala Armenteros, que llama la atención sobre la especial vulnerabilidad de este colectivo. “Tenemos un alto índice de enfermedades mentales, de depresión e incluso de suicidios… porque los mayores no tienen familiares que les apoyen. Tenemos muchos casos de deterioro cognitivo, de Alzheimer y de Parkinson a los que por fin se está dando respuesta… Lo peor es el aislamiento que muchos sufren: nadie te llama ni se preocupa por ti”. Muchos mayores de 70 u 80 años se quedan en sus casas “porque es el único sitio donde se sienten seguros y nadie les culpa o les ataca. Si tienen sida les dicen que ellos se lo han buscado por ser maricones… A ellos nadie les cuida y por eso surgió la fundación, para buscar recursos y que puedan vivir con una calidad de vida aceptable”. También están hablando con el ayuntamiento para que cree al menos un centro de mayores LGTBI “que facilite un envejecimiento activo y saludable”. La Fundación Enllaç, en Barcelona, trabaja también por la dignidad y sus derechos.

Para quien ha vivido gran parte de su vida en esta suerte de clandestinidad sexual, a veces incluso con una homofobia interiorizada con sentimientos de vergüenza, culpa, ansiedad e hipervigilancia, salir ahora del armario es un proceso en el que primero es necesario vencer no pocas barreras internas. “Muchas de las personas que ahora tienen 60 o 70 años vivieron en sus carnes la represión y persecución por parte del franquismo y de parte de la iglesia. Recordemos que la Ley de vagos y Maleantes castigaba con prisión su orientación del deseo. Socialmente eran rechazados y perseguidos; y luego tuvieron que hacer frente a los inicios del sida, cuando se sabía tan poco y fueron tachados como “grupo de riesgo”, dice Ramírez. “Al estigma de ser homosexual o lesbiana se une el de ser mayor en una sociedad que ensalza la juventud”. Muchos mantienen relaciones no reconocidas legalmente, con lo que al morir su compañero o compañera pierden protección y derechos patrimoniales. “Para no pocos, el matrimonio entre parejas del mismo sexo ha llegado tarde”. Y si viven en un entorno rural o en una población pequeña, que suele ser más conservadora y homófoba, las dificultades son aún mayores.

Una vez el mayor decide visibilizar su verdadera sexualidad, “la actitud de la familia debe ser de absoluto respeto”, sostiene Alcaide, ya que hacerlo “implica que ha tenido que hacer un proceso de autoaceptación y afirmación complejo, luchando con sus propios prejuicios, con miedo de perder a la familia y a las personas que quiere, a que se le estigmatice. Es importante que los familiares no hagan sentir a la persona que les está fallando ya que no es una elección y por tanto no es ni debe ser algo modificable ni castigable”. Si los familiares tienen problemas en aceptar la nueva situación, pueden acudir a asociaciones LGTBI, que suelen tener grupos de apoyo familiar, e incluso acudir a un sexólogo o sexóloga. Y sobre todo “no culpar nunca a la persona por su sexualidad, ni tacharlo de capricho, afirmar 'que lo mejor sería que disimulara' o tratarlo como una enfermedad o trastorno. A veces la propia familia necesita educación sexual, alguien que les oriente y un poco de tiempo”, señala Ramírez.

Y aunque sea difícil generalizar, porque cada caso es diferente, si la acogida del entorno es buena no hay motivo para no disfrutar de su sexualidad el resto de su vida. Ese miedo inicial, señala Alcaide, “se transforma en tranquilidad y coherencia. El hecho de no tener que mentir hace que se sientan más libres y se rebaja la sensación de tener que estar controlando constantemente. Viven su afectividad y su sexualidad de una forma diferente ya que su autoestima se fortalece porque se dan cuenta de que algo que les causaba pavor lo han podido afrontar y se han hecho valer, porque también son personas válidas y tienen derechos”.

sábado, 6 de enero de 2018

#hemeroteca #mayores #lgtbi | Vida lejos del armario

Imagen: El Periódico / Celbración solidaria en la Fundació Enllaç
Vida lejos del armario.
La Fundació Enllaç lleva 10 años defendiendo los derechos y la dignidad de las personas mayores LGBTI en situación de vulnerabilidad. El grupo da charlas de sexualidad a ancianos.
Anna Rocasalva | El Periódico, 2018-01-06
http://www.elperiodico.com/es/eixample/20180105/fundacio-enllac-10-anos-derechos-lgbti-6533119

En la sede de la Fundació Enllaç (Rosselló, 328), un cartel en la pared exige la reflexión del lector: "¿Cuando ya no estés te gustaría que otros decidiesen por tu pareja? ¿Quién se ocupará de ti y de tus cosas si algún día lo necesitas?". La respuesta se concentra en forma de lema en otra pared: "Ya somos mayores para volver al armario". Toda una declaración de intenciones que los miembros de la entidad repiten como si de un mantra se tratase. Porque ellos lo tienen claro, al envejecer y perder facultades, no quieren renunciar a todo por lo que lucharon y tanto les costó conseguir.

La Fundació Enllaç se creó en el 2008 para defender los derechos y la dignidad de las personas mayores LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales), en especial en situaciones de vulnerabilidad. "¿Qué pasa si el cuidador que viene a casa es homófobo? -se preguntan los miembros de la fundación- ¿O si hay que ir a una residencia donde no se respeta la orientación sexual de los usuarios? ¿Habrá que volver al armario de nuevo?".

Generación luchadora
Los objetivos de Enllaç son varios. El primero es dar a conocer la existencia de las personas LGBTI de edad avanzada "porque hasta ahora la opinión pública ha percibido la homosexualidad asociada a la juventud y la fiesta", explica el presidente de la fundación, Joan-Andreu Bajet. "Y connotar a la gente mayor de una dimensión sexual también es importante para la misma concepción de vejez", añade.

"La creación de la fundación fue un proceso natural -comenta el coordinador de la formación de la entidad, Jaume Piqué- porque somos la primera generación LGBTI de entre 60 y 70 años con conciencia de colectivo en este país". Una generación vinculada al movimiento de liberación gay, que lideró las primeras luchas durante el régimen y la etapa posfranquista, y que en todo momento se ha preguntado: ¿qué toca ahora? Y el siguiente paso lógico, dicen sus miembros, era fundar una entidad que diera servicios de apoyo social y psicológico y asesoramiento legal al colectivo LGBTI de edad avanzada. "No queremos suplantar la actuación de la Administración, pero sí hacer de intermediarios", aclara Bajet.

"Los retos a los que se enfrenta este colectivo son la soledad, la vulnerabilidad, el aislamiento y la depresión", explica la trabajadora social y una de los 22 voluntarios Paula Rodriguez. Una situación que comparten muchas personas heterosexuales mayores, sin pareja ni hijos, pero con el agravante añadido de la homofobia, "que tiene la categoría de catástrofe social", sentencia el presidente de Enllaç. Por este motivo, la fundación también ofrece actividades de lucha contra el aislamiento, como las tertulias en la propia sede, el taller de taichí y el acompañamiento a personas mayores para dar un paseo por la ciudad.

Fundació Enllaç, junto con estudiantes de Trabajo Social de la UB, ha desarrollado un marco de formación sobre diversidad sexual y de género, y ofrece cursos generales y actividades de sensibilización. "Nos desplazamos a residencias y casals y damos la clase de sexualidad que nunca se dio en el colegio -explica Piqué-. Y te das cuenta que la gente mayor está tan preparada para hablar de estos temas como el resto de la sociedad". Una sociedad a la que aún le queda camino. "Nuestro presidente honorífico, Ignasi Pujades, dice que la fundación se creó para la próxima generación y que por eso es tan importante seguir luchando y mostrar a la comunidad LGBTI joven que hay referentes de homosexuales de edad avanzada y poner en valor su discurso", añade.

martes, 29 de diciembre de 2015

#hemeroteca #testimonios | Queipo de Llano: “Cualquier afeminado o desviado que insulte el Movimiento será muerto como un perro”

Imagen: Revista Rampla / Nazario y Jordi Petit
Queipo de Llano: “Cualquier afeminado o desviado que insulte el Movimiento será muerto como un perro”.
La represión franquista contra lesbianas y gais, y contra el colectivo que hoy conocemos como LGTBI, es uno de los episodios más ocultos de la dictadura y los primeros años de la Transición. En Barcelona recogemos los testimonios de algunas de sus víctimas.
Javier Coria | Revista Rambla, 2015-12-29
http://www.revistarambla.com/v1/sociedad/articulos/3135-queipo-de-llano-cualquier-afeminado-o-desviado-que-insulte-el-movimiento-sera-muerto-como-un-perro

El militar golpista Gonzalo Queipo de Llano -que llamaba a Franco “Paca la culona”-, proclamó: “Cualquier afeminado o desviado que insulte el Movimiento será muerto como un perro”. Para el jefe de los Servicios Psiquiátricos del régimen franquista, para algunos el Josef Mengele español, el médico y militar Antonio Vallejo-Nájera, los homosexuales y lesbianas eran una muestra de la degeneración de la “raza” que, según él, había comenzado con la Segunda República, con una “enfermedad mental”, el marxismo. Simpatizante del nazismo, aconsejó la esterilización eugenésica de las presas republicanas y de los homosexuales, y entre otras cosas escribió en su ‘Tratado de psiquiatría’ (1944) y en ‘Lecciones de psiquiatría’ (1952): “Adquieren estos postencefalíticos todas las características propias de las personalidades psicopáticas: holgazanería, importunidad, mal intención, hábitos viciosos, amoralidad, tendencias cleptómanas, agresividad, vagabundeo, etc. lo característico es la habilidad cinética, y la tendencia a la acción, sin finalidad o con fines perversos. Son sujetos que se entrometen en todo, se hacen insoportables, es imposible el aprendizaje escolar o profesional, se permiten bromas groseras y pesadas con las personas mayores, importunan al médico con peticiones imposibles de satisfacer, propagan la homosexualidad”. Si todo esto se hubiera quedado en palabras, nada más sería la muestra de las teorías anticientíficas de un fanático que se miraba en el oscuro espejo del nazismo, pero las palabras tuvieron sus consecuencias, en cárceles, en manicomios, en electrochoques…, en definitiva, en el sufrimiento y muerte de muchas personas.

La represión en la dictadura franquista y durante los primeros años de la Transición, como se ha visto, no sólo fue contra los opositores ideológicos –comunistas, republicanos, masones, separatista, etc.-, también la sufrieron las personas por su orientación sexual, al margen de sus ideas políticas. El colectivo de lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI) fueron las víctimas propiciatorias de leyes como la Ley de Vagos y Maleantes, ley que procedía de la Segunda República (ley conocida como La Gandula, 1933), pero que el régimen franquista modificó (el 15 de julio de 1954) para incluir la represión por orientación sexual, con cosas como estas: “Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás”. En estos días se cumple el 45º aniversario de su derogación, en 1970. Año en que fue sustituida por la Ley de Peligrosidad Social, que recogían lo esencial de la anterior ley, pero además contemplaba penas de cinco años de internamiento en cárceles o manicomios. Esta ley -junto con el artículo del Código Penal de “escándalo público”- reprimió a homosexuales y transexuales, y no fue derogada hasta 1995, por lo que ahora se cumplen veinte años de su derogación.

Esta represión tuvo muchos cómplices, principalmente en la iglesia católica, pero también en las propias familias y, por qué no decirlo, por acción u omisión, también entre amplios sectores de la oposición al franquismo. Mientras los presos políticos salieron a la calle con las amnistía parcial de 1976 y total de 1977, las lesbianas y homosexuales siguieron en las cárceles y los pabellones psiquiátricos. Para el Estado eran degenerados peligrosos, para la iglesia y la moral imperante, unos pecadores, y para la medicina y especialmente la psiquiatría, unos enfermos. El Memorial Democrático de la Generalitat de Catalunya, con su presidente Jordi Palou-Loverdos a la cabeza, reunió a víctimas y activistas para dar testimonio de esta represión que aún se mantiene oculta.

“Llevé cilicios en los brazos”
Conocido con el nombre de “guerra” de Jordi Petit durante la lucha clandestina, Jordi Lozano González (Barcelona, 1954) es uno de los primeros y más conocido activistas por los derechos civiles de gais y lesbianas en el estado español. Reconocida su labor internacionalmente, fue secretario general de la International Lesbian and Gay Association y el primer coordinador del Front d’Alliberament Gai de Catalunya, organización que en este año de 2015, cumple el 40º aniversario de su fundación. Petit recibió la Medalla de Honor de la ciudad de Barcelona en 2003, y también se reconoció su labor social, y especialmente su lucha contra el SIDA, con la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya, en 2008. Por primera vez en público habla de su experiencia personal:

“Desde que con trece años, en 1967, confesé mi homosexualidad, sufrí lo que hoy se llama bullying (acoso escolar) y la represión directa. Yo vengo de una familia formalmente normal y ejemplar, pero aún recuerdo las palizas que mi padre le daba a mi madre. Yo con ocho o nueve años intentaba separarlos, pero no podía. Al ser un hijo único, era bastante amanerado, pero para decirlo de alguna manera, con un estilo pijo. Por ello, en la escuela, con los salesianos, sufrí toda clase de insultos y agresiones. Mi grupo de amigos de Castelldefels, chicos y chicas, entre los que había los hijos del gobernador civil de aquella época, un día me dijeron que ya no podía salir con ellos. Para contrarrestar el rechazo, yo estudiaba como un loco, y siempre sacaba muy buenas notas. Con trece años mantuve mis primeras relaciones sexuales, y como a todos, empezó la confusión, el pecado, la rareza… Yo me confesaba casi a diario. Luego llegaron al colegio un grupo de monitores del Opus Dei, y uno de ellos, como guía espiritual, me aconsejó que para refrenar los impulsos homosexuales tenía que aplicarme la automortificación. Durante un tiempo llevé cilicios en los brazos y en los zapatos, piedras y chapas de botellas. Luego un sacerdote psicólogo me aclaró las ideas, por lo que seguí “pecando”, pero sin confesarme. Luego vino una segunda fase, donde dejé atrás el acoso escolar y me encontré con la represión pura y dura. En 1971 milité en las juventudes comunistas, y en la universidad, en el PSUC. Un día se me ocurrió pintar con un rotulador una frase antifranquista en una cabina de teléfonos y me detuvieron. Pasé por el Tribunal de Orden Público y fui a parar a la cárcel Modelo. Luego pasé por la prisión dos veces más. Hice la mili en la marina, y cuando había prácticas de tiro, nosotros no podíamos ir, porque: “los rojos no nos conviene que sepan disparar”, decían. En el sorteo de destinos, a mí me enviaron directamente a la prisión naval de Caranza, en el Ferrol del Caudillo. No estaba preso, vigilado sí, estaba en una brigada especial con otros reclutas fichados por su labor política contra el régimen. Allí me hice amigo de un compañero catalán que era boxeador y que me protegía, pero cuando se fue, me violaron. El asunto de la violación de los hombres daría mucho para hablar, porque nadie se atreve a confesarlo.

Como dije, pasé dos veces más por la cárcel, aún legalizado el Partido Comunista, los que teníamos antecedentes políticos nos llevaban a la cárcel por “sospecha de subversión”. Pasé unos días muy duros en celdas de aislamiento, y durante todo ese tiempo, nadie de mi familia ni amigos me vino a ver. En fin, si queréis saber más sobre la comunidad gai durante el franquismo, de mi libro Vidas de Arcoiris está a punto de salir la segunda edición”.

“La iglesia está llena de maricones vistiendo vírgenes”
Nazario Luque Vera (Castilleja del Campo –Sevilla-, 1944) es más conocido como Nazario, autor de cómics, escritor y pintor, es uno de los genuinos autores de lo que se dio en llamar el “cómic ‘underground’, erótico y canalla” de la escena española. Afincado en Barcelona desde 1972, junto al fallecido pintor José Pérez Ocaña, fue uno de los mayores exponentes de la “movida” barcelonesa de los setenta y ochenta. Desde hace 36 años convivió con el escultor Alejandro Molina. Con sus famosos trabajos ‘Turandot’ y ‘Alí Babá y los 40 maricones’ publicados en la revista Makoki, Nazario dejó el cómic por la pintura y la ilustración, siendo los autorretratos y la fauna humana de la plaza Real, donde tiene su vivienda, recurrentes motivos de sus obras. Entre otros premios, tiene la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Nazario no suele utilizar eufemismos y es bastante directo en sus comentarios, muestra de ello es su testimonio que recogemos aquí:

“Mi historia de infancia y juventud es muy parecida a la de tantos andaluces que vivíamos en pueblos pequeños. Yo tenía una madre muy religiosa que me inculcó esta historia de autorrepresión, lo que me hacía estar arrepintiéndome siempre. Estudié en un colegio de curas, y tenía la cabeza vuelta del revés. Me gustaban dos o tres padres salesianos, pero no me atrevía. Cuando tenía veinte años me encontré con un compañero de clase, los dos supongo que éramos un poco afeminados, y me explicó que todos aquellos curas que a mí me gustaban, se los estuvo tirando él durante todo el curso. Pensé en el tiempo que había perdido, y me dediqué a recuperarlo lo máximo que pude. En mi pueblo había bastante represión. Estábamos los afeminados de clase media que no nos atrevíamos a manifestarnos, y los maricones clásicos, los folclóricos, que bailaban sevillanas, tocaban los palillos, iban al Rocío y todo el mundo se divertía mucho con ellos. Los demás no existíamos. Es curioso que la iglesia esté llena de maricones vistiendo vírgenes y santos como si fueran sus muñecas, lo pasan bien, pero me parece incongruente con la posición que tienen ante la homosexualidad. Yo me vine a Barcelona y viví la movida contracultural de los setenta. Tuve dos grandes amores de mi vida, pero el último me duró 36 años, hasta el año pasado. Yo estaba en contra del matrimonio, éramos pareja de hecho, pero al final me casé en ‘In articulo mortis’, cinco días antes del fallecimiento de mi compañero.

Como coleccionista, guardo mucho material gráfico de los setenta que recogí en un libro. Los periódicos “normales” ocultaban toda la movida contracultural, que sí salía en revistas como Ajoblanco o Star. Yo empiezo el libro con un prólogo sobre los sesenta en Sevilla, y con la derogación de la Ley de Peligrosidad Social. El prólogo lo ilustro con una imagen muy curiosa del año 1973, que salió en una revista amarillista llamada ‘¿Por qué?’ Habían hecho una redada en Sitges, y la revista lo tituló “Redada de violetas”, con unas fotografías de personas vestidas de mujer y cuyo pié de foto decía: “Aquí donde los ven, son hombres”. La movida de Barcelona fue más importante que la de Madrid, porque fue aparejada a todos un movimiento social. Se crearon los primeros movimientos ecológicos, de homosexuales, y todo lo que supusieron las jornadas libertarias. Yo recojo los panfletos, carteles y las fotos de la represión. El ayuntamiento me reeditó el libro para una exposición que se llamó “Rambleros”, pero luego no se volvió a saber más del libro. Habrá unos quinientos libros arrinconados en algún almacén municipal. Estoy buscando tiempo para volcarlo gratuitamente en Internet. Parece ser que cuando llegaron los socialistas a los ayuntamientos, no quisieron saber nada del pasado social y reivindicativo de los barrios y ciudades”.

“Es la iglesia la que tiene que salir del armario”
Paulina Blanco (El Torno, Cáceres, 1949) lleva 43 años casada con Encarnita. Las dos son católicas, y sufren un doble rechazo: “Entre los católicos por ser lesbianas, y entre el mundo lésbico, por ser cristianas”. Paulina, como maestra, llegó al pequeño pueblo de Zorita (Cáceres, Extremadura) formando parte de un programa de alfabetización. Allí conoció a la joven telefonista, Encarnita, corría el año 1972. Las presiones de familiares, del cura y del entorno, las obligaron ir en busca de una gran ciudad, donde el anonimato les permitiera seguir con su historia de amor. Y llegaron a Barcelona, ciudad en la que residen desde hace décadas y, según cuenta Paulina, “Salimos de un armario al que nunca volveremos”. Y a fe mía que lo hicieron, pues se convirtieron en grandes activistas por los derechos de gais y lesbianas. Colaboran con el Consell Municipal LGTBI de Barcelona y el Consell Nacional LGTBI. Y, desde el año 1983, participan en el Congreso Internacional de Cristianos Gais y Lesbianas, además de ser patronas fundadoras de la Fundació Enllaç, asociación que trabaja por los miembros del colectivo LGTBI mayores, con discapacidad o en situaciones de pobreza y exclusión social. Paulina Blanco nos dio este testimonio:

“Yo nací en plena posguerra en un pequeño pueblo de Extremadura. En una familia patriarcal, sin recursos, sin cultura ni oportunidades. En los años sesenta hubo un gran éxodo de la gente del campo a las ciudades, y mi familia se fue, como tantos otros, a la gran ciudad. Allí tuve la gran oportunidad de conseguir una beca, lo que me permitió estudiar. Cerca de casa había un colegio religioso y caí ahí, suerte para mí. Me enseñaron a ser una buena hija, una buena cristiana, buena esposa, buena madre…, todo esto lo pongo en interrogantes, claro. En la adolescencia descubrí mí homosexualidad, el problema es que yo nunca había conocido ninguna persona con esta identidad. Yo no sabía qué era eso. No tenía referentes, no sabía quién era, qué me pasaba. Miedo, soledad y desconcierto es lo que viví en esa época. Creía que era la única persona en el mundo a la cual le pasaba esto, pues me enamoré de una compañera de clase. Me dediqué a estudiar. En los años setenta ya no podía esconder lo que me pasaba, entonces empezó en rechazo familiar, social, eclesiástico, porque yo había estudiado en un colegio de monjas y quería ser una buena católica. Lo que me pasaba a mí era un pecado, una enfermedad…, peligrosidad social, yo no tenía esa sensación, más tarde supe que había una ley que nos consideraba así. En mis estudios de pedagogía se calificaba lo que me pasaba a mí como enfermedad, por ello se me ocurrió ir a un psiquiatra, que me recomendó un tratamiento de electrochoques. Luego me enamoré de Encarnita, pero ¿se imagina dos mujeres enamoradas en un pequeño pueblo de Extremadura? En Barcelona salimos del armario, nos registramos como pareja de hecho y lo extraordinario es que nos abrieron las puertas del armario en la parroquia donde acudíamos desde hacía diez años. Luego nos casamos en un ayuntamiento y fue estupendo, lo único malo es que la iglesia no quiere bendecir nuestro amor. Yo soy creyente, y creo que algún día llegará ese momento, ya sé que cuando digo esto la gente me sonríe y dice: sí, sí, pero yo lo pienso. Creo que la iglesia en algún momento tendrá que salir del armario”. En marzo de este año de 2015, la pareja volvió a su Extremadura natal, en este caso para un gran acontecimiento. En Mérida, la Asamblea de Extremadura aprobaba la primera Ley LGTBI de la Comunidad Autónoma.

Erradicación de la homofobia y la transfobia
En el año 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría decidió eliminar la homosexualidad del Manual de Trastornos Mentales. Hubo que esperar casi dos décadas, en 1990, para que la Asamblea General de la OMS hiciera lo propio sacando la homosexualidad de la lista de enfermedades psiquiátricas. Por primera en el estado español, el Parlament de Catalunya aprobó, con el voto en contra del PP y de Unió Democrática,fuertemente presionados por el Obispado de Barcelona, la Ley de los Derechos de las Personas Gais, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales y para la erradicación de la Transfobia y la Homofobia. En los impulsores de esta ley estaba el recuerdo de Sonia Rescalvo, la transexual asesinada a palos en el Parque de la Ciudadela de Barcelona por un grupo de neonazis, en 1991. Pero lejos de leyes, la sociedad y la escuela aún tienen una labor ingente para eliminar prejuicios y actitudes discriminatorias. Y en esto nada ayuda que, en pleno siglo XXI, obispos como el de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, en marzo de 2015 publicara una carta pastoral vinculando la homosexualidad con la pederastia, o que el citado obispo impartiera, en 2013, un curso sobre sexualidad. En el curso se habló de mujeres que deben ser sumisas a sus maridos y de una pretendida guía para “curar la homosexualidad”.

“La transfobia nos mata. Yo también soy Alan”
Muchos muros que derribar, muchos armarios de la dictadura franquista que aún siguen sin orear, pero como decíamos, a veces los derechos reconocidos por leyes van por detrás de la intolerancia y los prejuicios de la sociedad. En el momento de finalizar esta crónica, nos golpea la noticia que nos hace llegar la asociación Chrysallis, compuesta por familiares de menores transexuales. El joven Alan, con tan sólo 17 años, se quitó la vida tras sufrir acoso en su instituto. Este joven de Rubí fue el primero en Catalunya –el segundo del Estado- a los que un juez autorizó cambiar el nombre de su DNI y otros documentos oficiales para que estuvieran acordes a su condición sexual. En todo este proceso el menor contó con el apoyo de su familia, como las 240 familias que componen la asociación Chrysallis, que salieron a la calle para exigir a la sociedad que respete a sus hijos y en contra de la transfobia, con el lema “La transfobia nos mata. Yo también soy Alan”. Por nuestra parte, sirva este trabajo como homenaje a Alan y a todos los que sufrieron y siguen sufriendo por ejercer uno de los principales signos de libertad, que es la libertad de amar y de elegir vivir acorde a la condición sexual de cada uno.

miércoles, 18 de marzo de 2015

#hemeroteca #politica | Paulina y Encarnita, pareja desde hace 43 años, vuelven a Extremadura para aplaudir el nacimiento de la Ley LGTBI

Imagen: El Diario
Paulina y Encarnita, pareja desde hace 43 años, vuelven a Extremadura para aplaudir el nacimiento de la Ley LGTBI
Ambas se fueron hace años de su tierra y regresan para contemplar desde la tribuna del Parlamento extremeño la aprobación de una ley que les conmueve
Jesús Conde | El Diario, 2015-03-18
http://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/Paulina-Encarnita-Extremadura-Ley-LGTBI_0_367813949.html

Una historia como otras muchas: el docente que acaba en un pueblo dando clases y se enamora de la joven telefonista. Sin embargo es un relato diferente, incluso transgresor, porque se trata de dos mujeres extremeñas, que en plena dictadura franquista osaron vivir su sexualidad con libertad.

Paulina y Encarnita se fueron hace décadas de Extremadura. Acabaron en Barcelona, donde han vivido su relación en libertad, bajo el respaldo que otorga el anonimato de una gran ciudad y fuera de las presiones que les restringían. Las losas familiares y sociales que no aceptaban su historia de amor, la moralidad que aconsejaba a las muchachas buscarse un novio y tener hijos.

Ambas han regresado a Mérida para contemplar cómo se aprueba este jueves en la Asamblea de Extremadura la primera ley LGTBI de la región. Son momentos de recuerdos, emociones, sentimientos a flor de piel. Porque estas mujeres, que siempre intentaron disimular su relación en su tierra, han regresado esta semana con la cabeza bien alta. Vienen a celebrar lo que consideran un avance de gigantes.

Una es de El Torno, y la otra de Zorita, dos pequeños municipios de la Extremadura rural. Tienen 65 y 63 años, aunque viven este momento con la misma euforia adolescente que se siente con el primer amor. Porque para Paulina y Encarnita esta ley es un homenaje para todos aquellos gais, lesbianas, transgénero e intersexuales que han luchado por sus derechos.

Para todos aquellos extremeños y extremeñas que han sido víctimas de la homofobia social, laboral o moral. Y por supuesto, según destacan emocionadas, en memoria de todas todas aquellas personas que se fueron y no van a vivir este momento.

"La historia de dos lesbianas en una dictadura"
Estas mujeres ya han superado los fantasmas que antaño les impedían hablar con naturalidad de su sexualidad. Ahora hablan abiertamente de su relación de pareja, de que son lesbianas. “Cuando sales del armario, ya no quieres entrar de nuevo. Es como liberarse de una prisión emocional, tras sufrir un estado que ataca a todo el sistema nervioso”, según define Paulina.

Y la verdad que no ha sido fácil llegar a este estado de tranquilidad emocional con el franquismo dando sus últimos coletazos, con sus familias en contra y rodeadas de toda serie de cortapisas.

Su historia de amor nació en Zorita, a donde fue destinada Paulina como profesora con un programa de alfabetización. Por aquellos entonces una jovencísima Encarnita trabajaba de telefonista. Ambas recuerdan con todo lujo de detalles el comienzo de su relación: fue un 26 de noviembre, a las diez de la noche, de 1972. Lo recuerdan entre risas.

Eran vecinas, vivían una enfrente de la otra, y tenían que esconderse para vivir un noviazgo que por aquellos entonces no era comprendido ni estaba bien visto. Disimulaban entre bailes, paseos con las amigas y veladas en la discoteca. Aunque pronto le llegaron los comentarios al padre de Encarnita. Le decían que su hija "pasaba mucho tiempo con la maestra esa". También por parte del cura, que sentenció su relación afirmando que la amistad que había entre ambas “no les convenía”.

Pero se equivocó. Su amistad perduró, y lo que comenzó como una relación de amor loco, en plena efervescencia juvenil, pasó a consolidarse en una pareja que se casó cuando se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo en este país.

"Nunca supe que a dos mujeres juntas se les llamaba tortilleras"

Aunque claro, en medio han vivido muchas dificultades. Ambas reconocen que no tenían ni idea de lo que era la homosexualidad, y menos una relación entre mujeres. “Nunca supe que a dos mujeres juntas se les llamaba tortilleras. La primera vez que lo escuché fue en boca de mi madre”, lamenta Paulina, que cuenta que su madre murió sin aceptar su relación.

Pero vienen nuevos aires, nuevas batallas que solventar. Y ambas quieren estar presentes en el momento en que se apruebe la ley extremeña. “Esta ley nos permite ser quien somos”.

Ahora en Barcelona se han convertido en dos grandes activistas, defensoras de los derechos de gais, lesbianas, transgénero e intersexuales. Trabajan codo con codo en el Consell Municipal LGTB de Barcelona y en el Consell Nacional LGTBI. Además son patronas fundadoras de la Fundació Enllaç, que trabaja en defensa de las personas mayores y las personas LGTBI con discapacidad.

DOCUMENTACIÓN
Silvia Tostado, activista LGTBI de Fundación Triángulo: “Esta tierra es amable, quedan personas ancladas en posiciones hostiles hacia nosotros, pero haremos pedagogía”

“La nueva ley LGTBI nos permite dar un paso imprescindible para nosotras y nosotros, personas adultas que aún vivimos en una sociedad donde hay resistencias a valorar la diversidad de la sociedad”. “Las mujeres lesbianas somos ante todo mujeres, y como todas las esferas las mujeres vamos varios pasos por detrás”. “Afortunadamente puedo decir que desde el día que decidir dar ‘la patada’ al armario no he tenido problemas por mi sexualidad”
Jesús Conde | El Diario, 2015-02-18
http://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/posiciones-hostiles-seguiremos-haciendo-pedagogia_0_367814026.html
Diez puntos para entender la nueva ley LGTBI de Extremadura
La Asamblea de Extremadura aprobará previsiblemente por unanimidad la nueva ley, que quiere erradicar las discriminaciones por razón de género y orientación sexual
Jesús Conde | El Diario, 2015-03-18
http://www.eldiario.es/eldiarioex/politica/puntos-entender-nueva-LGTBI-Extremadura_0_367813932.html

domingo, 22 de febrero de 2015

#hemeroteca #mayores | ¿Volver al armario? No, gracias


Imagen: Hanna Jarzabek
¿Volver al armario? No, gracias
Las primeras generaciones de gais, lesbianas y transexuales que lucharon por sus derechos se están jubilando. Tienen constancia de que muchos ancianos vuelven a ocultarse cuando necesitan cuidados y exigen servicios específicos.
Núria Marrón / Fotos: Hanna Jarzabek | El Periódico, 2015-02-22
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/volver-armario-gracias-3958313

Lola tiene 64 años y ninguna de sus amigas más cercanas sabe que es transexual. «Siempre he sido muy femenina y el tema tampoco ha salido», dice. Qué quieren... Desde que con 14 años empezó a trabajar en un cabaret como cantante y bailarina, la discreción ha sido su aliada. Por pura superviviencia, enseguida intuyó que el vestido nunca debía ser demasiado chillón. Ni el peinado demasiado despampanante. Gracias a esa invisibilidad, cree, se ahorró la persecución durante el franquismo y el rosario de abusos que le han sobrevivido y que sí han sufrido muchas de sus amigas.

A diferencia de la mayoría de transexuales, Lola tampoco tuvo problemas ni en la mili ni con la familia. «La primera vez que fui con mi novio a visitar a mis padres, me encontré con una cama de matrimonio en mi antigua habitación. '¿Qué? -me soltó mi madre-. No dormiréis por separado, ¿no?'». A grandes trazos, Lola, que toma hormonas y no se ha operado, no inventaria grandes reveses en su vida. Sin embargo, hace dos años murió la pareja con la que había convivido durante más de cuatro décadas. Y entró, dice, en un «agujero negro». Al dolor de la pérdida se han sumado un montón de facturas que no sabe cómo pagar, un subsidio de apenas 426 euros, una jubilación inexistente -jamás cotizó por su trabajo en el mundo del espectáculo- y un puñado de preguntas sin respuestas claras. ¿Qué pasará cuando no se pueda hacer cargo de sí misma? ¿Quién la cuidará, si no tuvo hijos? Y, sobre todo: ¿será seguro para ella, esté en su propia casa o en una residencia, que a su alrededor descubran que su sexo es “otro” al esperado?

Formación e investigación
Estas y otras inquietudes que a un heterosexual jamás se le pasarían por la cabeza están entrando a grandes zancadas en el orden del día del colectivo LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales). Durante años, la vejez fue ignorada por la propia comunidad, en parte por su tendencia a glorificar la juventud y, sobre todo, porque durante décadas se centraron en las luchas por la equiparación de derechos. «Olvidar lo que puede padecer esta población es un suicidio», avisó ya en el 2002 la activista Beatriz Gimeno en uno de los primeros ensayos sobre la cuestión. Así que cuando las primeras generaciones que se zafaron del secretismo han empezado a jubilarse, han visto que el tráiler que anunciaba Gimeno era cierto: la tercera edad llegaba a paso ligero sin apenas investigación académica ni, por supuesto, políticas públicas específicas.

Que algo está cambiando, sin embargo, lo demuestra la aparición de fundaciones como Enllaç, que desde el 2008 da apoyo a personas mayores o en situaciones de vulnerabilidad. Esta entidad, junto con el Ayuntamiento de Barcelona, han puesto en marcha un grupo de trabajo e imparten formación especializada a cuidadores para que tengan en cuenta desde sus problemas específicos de salud hasta su fardo emocional.

Además, en colaboración con el Departamento de Trabajo Social de la Universitat de Barcelona, ultiman la primera investigación que se realiza en España sobre LGTB y tercera edad. El estudio radiografía al colectivo a partir de entrevistas a 245 personas mayores de 50 años del área de Barcelona, a las que se les ha preguntado por cuestiones que van desde la salud y la autonomía hasta los cuidados y la violencia. «Una de las conclusiones que emerge con más fuerza es que la mayor parte del colectivo quiere servicios específicos, siente que la atención que pueden recibir es poco respetuosa y temen que perder la autonomía les suponga una vuelta al armario», avanza el profesor e investigador Josep Maria Mesquida, del Grup de Recerca i Innovació en Treball Social, responsable del estudio.

En un país donde el cuidado de los padres dependientes recae en los hijos en más del 86% de los casos, los servicios de asistencia resultan vitales para esta comunidad, ya que muchos o no tuvieron descendientes o -aunque cada vez menos- los perdieron en el camino de reconocerse a sí mismos. La realidad, sin embargo, a menudo llega en forma de puñetazos. Hace años que el grupo Gais Positius denunció los insultos que algunas personas con VIH han recibido en los geriátricos por parte de otros usuarios, y que, en algún caso, había provocado que el afectado acabara refugiándose del clima hostil en un psiquiátrico. También se tiene constancia de algunas residencias que han negado la entrada a mayores seropositivos, amparándose en la normativa que limita el número de pacientes de enfermedades infecto-contagiosas.

El problema de la ocultación
La activista Paulina Blanco, una de las fundadoras de Enllaç, llega a la conversación con unos cuantos agravios más. Los ginecólogos, por ejemplo, siempre dan por supuesta la heterosexualidad y algunas instituciones -en las que por sistema se niega la sexualidad de la gente mayor- han llegado a separar a parejas. Epígrafe aparte, dice, merece el problema de la ocultación: «Una vez, fuimos a una residencia que acogía a más de 200 personas y cuando preguntamos cuántas personas LGTB había nos contestaron que ninguna. Nos echamos a reír. ¿Quién podía creerse eso? -recuerda la activista, de 65 años-. Se estima que entre el 3% y el 10% de la población es gay, pero la mayoría, al hacerse dependiente, lo esconde por miedo a ser rechazado, a que lo maltraten o le hagan el vacío, ya sea el personal o los propios usuarios.

Imagen: Hanna Jarzabek
Pako Boza: "Por fin ya puedo disfrutar del día a día"
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/pako-boza-por-fin-puedo-disfrutar-del-dia-dia-3958307

Yo no quería ser homosexual. Y luché mucho por no serlo. Ya de muy joven me sentía un bicho raro, que un pecado grave anidaba en mí. Aquello me quemaba por dentro, y más aún por no poder hablarlo con nadie. Una semana antes de casarme, fui a ver a un cura que conocía de pequeño. «Esto es una barbaridad, no lo puedo hacer», le dije. Y él me contestó que no me preocupara, que con fuerza de voluntad lo conseguiría. Y entre que yo no quería ser como era y que la ilusión de mi vida era formar una familia, equivocadamente, le creí.

Pronto, sin embargo, me di cuenta de que mi cuerpo tenía su necesidad. Por entonces ya tenía un hijo, todo se había complicado y no sabía qué hacer. Iba pasando el tiempo y la bola era cada vez más grande. En mi cabeza pensaba que con hombres podía tener sexo, pero nunca amor. Sin embargo, a los 30 años me enamoré de un señor. Y la bomba... explotó.

Tras el divorcio, empecé a ser poco a poco cada vez más yo. Sin embargo, con mis hijos, que eran pequeños, tuve fases de encuentros y desencuentros. Imagínense, ¡enterarte con 12 años de que tu padre es gay! Debe de ser traumático. Afortunadamente, mi relación con mis hijas ya es fantástica. Con mi hijo mayor la cosa aún está un poco cuesta arriba. Para los chicos es un poco más complicado aceptar la homosexualidad masculina. Pero creo que en el futuro todo se arreglará. Seguro que sí.

Mi madre no quería que me divorciara. «De cara a la sociedad y al trabajo, estarás mejor visto si estás casado», me repetía. Y es verdad que entonces el matrimonio era como un certificado de garantía de que todo funcionaba de maravilla, ¿no? Yo le contesté que ya estaba cansado de mentir, pero lo cierto es que ella llevaba razón: por entonces trabajaba en un banco y tuve muchos problemas por ser gay. Jodidos íbamos.

¡Pero menuda liberación quitarme de encima aquel estrés de pensar continuamente cómo miraba y cómo actuaba para que “no se me notara”! Yo gesticulo mucho, parezco más italiano que español, y en aquella época me obligaba siempre a ir con las manos en los bolsillos. «Las mueves tanto que se te va a notar», me repetía. También me cuidaba de no cruzar las piernas al sentarme, cosa que me sale de forma natural. Cada cuatro palabras, decía un taco. Y de muy joven, empecé a fumar tabaco negro, creía que eso me hacía más hombre, hasta que un amigo me dijo: «Vigila cómo coges el cigarrillo». ¿Qué absurdo, no?

Ahora vivo en Cardedeu. Me mudé para estar cerca de mi hija. Y me lo pensé mucho. «Un pueblo», me repetía. ¿Y si le ocasionaba problemas a ella? ¿Y si volvían los comentarios? ¿Y si me convertía en la maricona del pueblo? En la universidad para la tercera edad escuché algún insulto homófobo, no a mí, pero fue desagradable. Aquí, sin embargo, todo es perfecto. La gente me respeta como soy y, además, hay mucha vida cultural. Doy clases de ganchillo en el casal a un grupo de señoras. Como podrán imaginar, no viene ningún hombre, pero digo yo que irá siendo hora ya de romper esquemas, ¿no?

A mí me ha costado mucho llegar hasta aquí y no volveré atrás de ninguna manera. El pasado, pasado está. Ahora por fin disfruto del día a día. ¡Es obvio que estamos mucho mejor que antes! Sin embargo, creo que aún etiquetamos mucho. Que si gay, que si lesbiana, que si hetero. ¿Por qué no hablamos de las personas? Yo soy Pako. Y soy gay, sí. Pero en primer lugar soy Pako.

Imagen: Hanna Jarzabek
Marià Trabal: "Me denunció mi padre por maricón"
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/maria-trabal-denuncio-padre-por-maricon-3958301

Estuve casado. Y tengo dos hijas, pero perdí el contacto con ellas cuando me separé hace 20 años. Desde entonces vivo solo y ahora, con casi 88 años, me las apaño como puedo en este piso social. Voy a comprar solo. A la biblioteca solo. Y cocino y limpio solo. Alguna vez me veo con una prima. Pero cuando me operaron de un ojo, quienes me acompañaron fueron voluntarios de la Cruz Roja. No tengo ningún cuidador. Mi pensión de 426 euros apenas da para sobrevivir y, además, temo que venga alguien y no me sienta a gusto. Cuando vea mis pinturas e intuya que soy homosexual, ¿cómo reaccionará? Mucha gente aún piensa que ser gay es una cosa fea, y no podría vivir con eso en mi propia casa. Claro que me gustaría tener pareja, pero ya es tarde para mí: tengo la sensación de que me robaron la vida y que no pude hacer las cosas como habría querido.

La vergüenza y el miedo los recuerdo de siempre. De joven tuve novias, y me parecían dulces, pero siempre me sentí atraído por los chicos. Me esforcé mucho en apartar de mí ese fantasma. Tanto que, con 23 años, trabajando de publicista en un laboratorio, llegué a inyectarme un extracto testicular porque, imagínense, sentía que la homosexualidad superaba en mí a la heterosexualidad. No pensaba que estuviera enfermo, pero tenía miedo a que me descubrieran. Un día, durante el franquismo, la policía me pilló con un chico. Nos siguieron, nos detuvieron, y nos pidieron dinero. Si pagábamos, dijeron, no nos pasaría nada. Y así lo hice: estaba casado y me aterrorizaba que en casa se enterasen.

¿Que por qué me casé? Con 20 años me enamoré platónicamente de un chico con el que aún mantengo el contacto. Luego alterné hombres y mujeres, y finalmente dejé a las chicas de lado. No me decían nada. Pero la presión era asfixiante. «¿Cómo? ¿No tienes novia?», te decían ya a los 19 años. Y empezaba el runrún y el dedo acusador. Creo que mi madre nunca supo nada, pero cuando ella murió, en 1955, mi padre se ensañó. Una vez, en plena calle, me gritó: «¡Camina bien como un hombre!». Mis hermanos se casaron y me quedé en casa con él. Me escribía anónimos y llegó a denunciarme por comunista y maricón. Imagínense: ¡tuve que ir a declarara la policía! Después de eso me fui a vivir con mi hermano, que siempre se ha sentido avergonzado de mi homosexualidad, aunque nunca hayamos hablamos del tema. Y cuando gané una beca para estudiar inglés en Londres, huí.

Allí conocí a mi mujer, una italiana con la que me casé en 1960. Supongo que me pareció el atajo más corto para zanjar las habladurías. Duramos bastante, pero yo, lo reconozco, fui un mal marido. Al principio la cosa fue bien. Pero luego, lo poco de hombre macho y de jefe de familia que había en mí se acabó. Es la primera vez que lo digo tan claro. Fue un error mío y lo pagué. Hablaba en sueños y mi mujer se dio cuenta de qué pasaba. Me dijo que no lo comprendía, pero que hacía esfuerzos por tolerarlo. Aquello me hundió y nos separamos. Pero entonces ya era tarde para casi todo.

Me fui sin nada. Y me da igual, porque solo quería acabar. Ahora me siento libre, pero nunca hablo de mi sexualidad con parientes o amistades. Ellos ni siquiera se plantean que yo pueda ser homosexual y a veces hacen comentarios despectivos. ¿Qué por qué doy entonces este paso? No sé. Creo que un día me iré, pero que al menos mi voz se quedará aquí y, ojalá, contribuya a limpiar la mentalidad de la gente.

Imagen: Hanna Jarzabek
Maite Torres: "Mis vecinos no saben que soy lesbiana"
http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/maite-torres-mis-vecinos-saben-que-soy-lesbiana-3958300

“Me estás hablando como un chico lo hace a una chica”, me dijo un verano una muchacha. Yo había tenido algún noviete, pero mi atracción por las chicas había ido creciendo de forma natural. Siempre había sido rebelde, me subía por los tejados, por los árboles. «Machota», me llamaba mi madre. Con 16 años, viví mi primera historia homosexual. Luego llegaron otras. Con chicas. Con chicos. Y luego… luego llegó el convento.

Yo iba a un colegio de monjas y había una de la que estábamos enamoradas. Creo que esa fue la razón por la que entré. ¡Qué se yo! Tenía 18 años y solo pasé allí nueve meses. La comida era escasa, estaba mal cocinada y me dañó el estómago. Además, las reglas eran muy duras: pensaban que el fervor religioso pasaba por la humillación. Yo no estaba bien, y las religiosas decidieron que me fuera. Al poco logré la readmisión y, a los dos años, me fui a otra ciudad. Allí conocí a otra monja, esta vez de clausura, y decidí entrar de nuevo en un convento. Durante ocho años fui muy feliz. Pero me enamoré de mi madre maestra y los males volvieron. Algo en mi naturaleza no me dejaba estar allí. Con el psiquiatra no me sinceré porque jamás me quedaba a solas con él. El único que conocía mis «problemas» era mi confesor, que me repetía que me dominara. Y yo lo intentaba, pero de aquella lucha solo sacaba insomnio y dolores de cabeza. Al final me fui.

Lo pasé fatal. ¿Qué haría con mi vida? Encontré trabajo como enfermera y empecé un periodo tumultuoso con experiencias bisexuales. Me quedé embarazada y arreglé un matrimonio con un señor con dos hijos. La cosa fue mal. A mí él me resultaba desagradable y era violento. Yo intentaba ser perfecta y, durante años, me sumí de nuevo en la lucha. Hasta que una Navidad no pude más. Mi hijo, de 9 años, mi hija, de 8, y yo nos fuimos de allí en bicicleta. «Papá y yo siempre hemos sabido que eras diferente», me escribió al poco mi madre. Qué alivio. Con ella, todo estaba bien. A mi hijo, en cambio, le costó un poco más, aunque ahora puede hablar del tema abiertamente.

Las cosas no eran fáciles. Cuando conocí a Rosa, que también tenía hijos, me enamoré y formamos una gran familia. Durante 14 años fuimos muy felices. Trabajamos muy duro y nos hacíamos pasar por primas, pero en el barrio supongo que se daban cuenta. A veces llamaban por teléfono y gritaban: «¡Tortillera, asquerosa, lesbiana!». La única preocupación era el trabajo. Las dos éramos cuidadoras y temíamos perderlo. ¿Cómo sacaríamos adelante a los niños? Pero como nosotras había muchas. Entonces se consideraba que solo el hombre tenía sexualidad y, de alguna manera, podíamos disfrutar de esa libertad de ser invisibles.

Con Rosa aún somos amigas, vamos juntas de vacaciones y a las reuniones cristianas LGTB. Sin embargo, los secretos han vuelto. En los apartamentos para mayores donde vivo no le he dicho a nadie que soy lesbiana. ¡Aún hay mucha gente que nos ve como a tigresas asalta-mujeres! Eso me hace sentir sola, pero mis vecinos no lo entenderían. Aquí hay una mujer a la que, por llevar pantalones, le llaman «la lesbiana». Ni idea de si lo es, pero ojalá viniera un día y me dijera: «Maite, que soy así». ¡Qué alegría me llevaría! 

DOCUMENTACIÓN
Fotoreportaje “Flores de otoño” publicado en “El Periódico”
Hanna Jarzabek, 2015-02-25

https://hannajarzabek.wordpress.com/2015/02/25/fotoreportaje-flores-de-otono-publicado-en-el-periodico/
El hombre llamado Flor de otoño
Hanna Jarzabek, 2015-02-10
https://hannajarzabek.wordpress.com/2015/02/10/el-hombre-llamado-flor-de-otono/
“Flores de otoño” y otros proyectos – BTV, Barcelona
Hanna Jarzabek, 2015-01-27
https://hannajarzabek.wordpress.com/2015/01/27/flores-de-otono-y-otros-proyectos-btv-barcelona/
La exposición de “Flores de otoño” se acerca: proyecto sobre personas LGTB mayores
Hanna Jarzabek, 2014-11-14

https://hannajarzabek.wordpress.com/2014/11/14/la-exposicion-de-flores-de-otono-se-acerca-proyecto-sobre-personas-lgtb-mayores/
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ENLACES
Centre Civic Jardins de la Pau | Hanna Jarzabek · Las Invisibles

http://imatge.ccjardinspau.org/las-invisibles/
Fundació Enllaç
http://www.fundacioenllac.cat/