Mostrando entradas con la etiqueta CETI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CETI. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de julio de 2021

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia #poblacionmigrante | La lucha interminable para el asilo LGTBI

Imagen: El País / Hamza Merchich //

La lucha interminable para el asilo LGTBI.

Solo el 5% de las solicitudes estudiadas en 2020 en España conceden la protección internacional, pero no hay cifras sobre cuántas son por orientación sexual.
Escuela de Periodismo UAM | El País, 2021-07-29
https://elpais.com/masterdeperiodismo/2021-07-29/la-lucha-interminable-para-el-asilo-lgtbi.html 

Un año y medio después de presentar su solicitud de asilo en Madrid, Hamza Merchich, joven marroquí de 24 años, está a punto de quedarse en la calle. “Mi ayuda económica terminará este mes y no encuentro un trabajo”, afirma. Este azafato de una línea aérea de vuelos internacionales, que habla cuatro idiomas y se define como gay no binario (no se identifica con un género en particular), huyó hace 18 meses de Casablanca (Marruecos). Fue después de recibir una carta de despido de la empresa aeronáutica en la que trabajaba, que le recomendó seguir una terapia psicológica por su orientación sexual para poder conservar su puesto. Obtuvo poco más tarde un empleo de teleoperador y con el dinero ahorrado durante dos años voló a España. Consiguió un visado, pero ahora se enfrenta a un nuevo reto: conseguir un sustento que le permita sobrevivir mientras espera una respuesta a la petición de protección internacional que presentó el 17 de enero de 2020.

Mientras en algunos países encarcelan a personas del colectivo LGTBI, los que logran escapar hacia el sueño del asilo español se enfrentan al riesgo de terminar en la calle. La burocracia del sistema y la discriminación que persiste en la sociedad amenazan la posibilidad de una vida mejor para estos migrantes. A la hazaña de cruzar la frontera se suma el reto de conseguir recursos para sobrevivir mientras esperan la respuesta a su petición. Eva Menéndez, especialista de género de ACNUR España, estima que las resoluciones pueden tardar hasta cinco veces más de lo que marca la ley. Además, los solicitantes deben superar barreras como el desempleo, el idioma y las diferencias culturales.

A partir de este mes de agosto, Merchich dejará de recibir el apoyo que el Gobierno otorga durante año y medio a los solicitantes que se encuentran en situación de vulnerabilidad, como establece la ley de asilo. De febrero a julio de 2020, recibía 300 euros al mes, además de un techo bajo el que vivir, y desde entonces hasta el pasado 28 de junio, 670 euros. No obstante, el marroquí no sabe cómo pagará un alquiler en Madrid si no consigue un empleo, pese a contar con un permiso de trabajo. “La realidad es que las empresas no quieren contratar a personas que tienen papeles temporales”, declara mientras muestra el documento que obtuvo hace un año. Sus opciones para conseguir empleo y recursos se agotan. Merchich, que se considera perseguido en su país por su orientación sexual, asegura que tiene amigas transexuales que “ejercen la prostitución para sobrevivir”. “Yo no quiero hacerlo, pero estoy en una situación complicada y me siento un poco obligado”, confiesa.

Pese a que la legislación marca un plazo de seis meses para resolver las solicitudes, una vez admitidas a trámite, el sistema de asilo arrastra deficiencias que alargan los tiempos de respuesta. Menéndez afirma que las peticiones difícilmente son instruidas en seis meses y llegan a tardar más de tres años. “Esto tiene un impacto muy fuerte en las personas migrantes porque su vida pende del resultado de la solicitud”, indica.

La cantidad de peticiones denegadas también nubla la esperanza de quienes buscan protección internacional. Este tipo de asilo constituye la máxima protección para aquellos que huyen de la persecución que sufren en sus países “por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas”, según lo establecido en la Convención sobre los Refugiados de Ginebra, firmada por España. Solo 5.700 personas la consiguieron en 2020, es decir, menos del 5% de las 114.919 solicitudes totales de asilo estudiadas —por cuestiones políticas, género, raza, etcétera—, según el último informe de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Aunque Menéndez estima que la orientación sexual es uno de los principales motivos por los que se pide esta protección, no existen cifras oficiales sobre este colectivo doblemente vulnerable. “Este es uno de los grandes retos que siempre nos encontramos en España con el tema del asilo, que falta una mejor recogida y presentación de los datos, para analizar lógicamente tendencias, lagunas y necesidades”, apunta.

El miedo a tener que regresar a la pesadilla de la que huyó atormenta a Merchich: “Cuando era pequeño mis compañeros de clase me enseñaban el porno gay y me decían: ‘¡Ellos son animales como tú!”. Para el análisis de su caso, Merchich ha tenido que presentar pruebas ante la Oficina de Asilo y Refugio sobre la violencia que padecía en Marruecos. Entre ellas, una carta firmada por su familia paterna con amenazas para que abandonara el país por “no ser normal”, y el certificado médico que prueba que fue víctima de abuso sexual en la escuela. Su país castiga hasta con tres años de prisión la homosexualidad, al igual que otros como Camerún, Sudán, Kenia, Malaui o Zambia. La represión hacia el colectivo LGTBI llega hasta la pena de muerte en Irán, Afganistán, Pakistán y Somalia.

La activista lesbiana Danielle Mboume (30 años, Camerún) explica el sentimiento de desamparo de quienes, como ella, intentan poner en orden sus papeles mientras buscan alojamiento y manutención al llegar a España: “Recibes la ayuda de la solicitud de asilo entre un año y medio y dos años, pero ¿qué haces cuando se acaba?”. Mboume tardó un año en obtener una respuesta a su petición. A los 19 llegó en una patera a Ceuta, donde fue rescatada por la Guardia Civil junto con su actual esposa. “Nos llevaron a la comisaría y luego nos derivaron al CETI —Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes—. Allí nos hablaron del asilo, me sentí identificada y lo pedí”, explica.

Una década después de haber conseguido el estatuto de refugiada, Mboume aún sufre discriminación y desempleo. “En febrero de 2020 abandoné un trabajo porque no aguantaba los chistes hacia mi orientación sexual”, relata. “Además de racismo y homofobia, también sufrimos xenofobia”, sentencia. Al igual que Merchich, Mboume espera conseguir pronto un sustento, aunque lamenta que a veces “es muy difícil” porque no les queda más remedio que acceder “a los trabajos más precarios”.

Aunque su camino no ha sido fácil, ambos conservan el anhelo de dejar atrás el miedo de terminar en una prisión al otro lado de la frontera. Mboume desea rescatar la Asociación Día-Día África Libertad, que fundó en 2014, para apoyar a otras mujeres migrantes. Mientras, Merchich sueña con volver a ser azafato, como lo hacía antes de ser despedido en su país, y probar suerte en el mundo de la moda. “En Marruecos yo no podría tener el pelo largo ni salir a la calle como una chica, con tacones y maquillaje”, expresa con alivio.

lunes, 20 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #poblacionrefugiada | El Gobierno mantiene a más de 1.600 migrantes hacinados en el CETI de Melilla

Imagen: El País / Llegada de migrantes a Melilla
El Gobierno mantiene a más de 1.600 migrantes hacinados en el CETI de Melilla.
Interior frena los traslados a la Península pese a la saturación de las instalaciones que funcionan al doble de su capacidad.
Laura J. Varo | El País, 2020-04-20
https://elpais.com/espana/2020-04-19/el-gobierno-mantiene-a-mas-de-1600-migrantes-hacinados-en-el-ceti-de-melilla.html

El Gobierno mantiene a más de 1.600 personas hacinadas, en plena cuarentena, en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla, un alojamiento provisional de 782 plazas. En circunstancias normales, traslados periódicos a la Península consiguen aliviar la enorme presión de este centro, pero desde que se decretó el estado de alarma Interior los ha paralizado. El confinamiento ha dejado encerrados a todos los residentes, incluidas familias con niños, obligados a convivir en unas instalaciones con más del doble de su capacidad.

Las denuncias sobre la situación del centro se han intensificado en los últimos días. ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, ha pedido al Ministerio del Interior y al de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones “medidas urgentes” para descongestionar el CETI y “proporcionar un alojamiento digno a los residentes”. El Defensor del Pueblo también ha denunciado que estas condiciones impiden mantener las medidas de seguridad ante la covid-19. El centro se encuentra a un 214% de su capacidad, según responde el Ejecutivo a una pregunta parlamentaria planteada por el diputado de EH-Bildu Jon Iñárritu.

El número de residentes en el CETI de Melilla es el mayor, al menos, desde 2015, cuando el centro alojó un pico de 2.000 personas en plena crisis de refugiados de Oriente Medio. Desde entonces, nunca ha estado por debajo de su capacidad (480 plazas en 2015, hasta las 782 actuales). Actualmente, el centro registra su mayor índice de ocupación en el último lustro. En Ceuta, con una ocupación mucho menor (129%), la Delegación del Gobierno sí consiguió orquestar la salida de 105 y 37 personas en dos traslados a finales de marzo, semanas antes de detectarse en un bebé el primer positivo por coronavirus. En abril no se han vuelto a realizar más traslados y, según diversas fuentes, no se prevé que se reactiven.

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, último responsable de la gestión de estos alojamientos temporales, mantuvo esta semana en el Congreso que la situación del centro de Ceuta estaba controlada, pero reconoció su “preocupación” por la sobreocupación del de Melilla. Su Secretaría de Estado de Migraciones no ha dejado de solicitar a Interior traslados desde principios de año, pero estos no se han producido. Pese a que la gestión del centro depende de la secretaría de Estado, las autorizaciones de los traslados llevan el sello del departamento de Fernando Grande-Marlaska.

La semana pasada, y tras multiplicarse las presiones al Ejecutivo de Pedro Sánchez para reducir la saturación del centro, se avisó a varios residentes de que sí habría “salida”, como se llama coloquialmente a los traslados en barco a la Península. Según testimonios recabados por El País, los elegidos ya tenían sus billetes para embarcar rumbo a Málaga y el transporte para llevarlos hasta el puerto estaba preparado. A última hora de la tarde se anuló, sin dar explicaciones a los afectados. El dispositivo, coordinado por la Delegación del Gobierno en Melilla y la dirección del centro, fue paralizado atropelladamente por Interior para reevaluar los perfiles de las personas seleccionadas, según admiten fuentes del ministerio, que aseguran estar trabajando en el traslado de varias decenas de personas para esta misma semana.

Criterios arbitrarios
El listado de los residentes que pueden ser trasladados a la Península lo elabora la Comisaría General de Extranjería y Fronteras; y los criterios de selección, que dependen también del número de plazas disponibles en el resto del territorio (de acogida humanitaria para migrantes o de asilo para solicitantes de protección internacional), suelen ser arbitrarios y desconocidos.

El tiempo medio de estancia varía enormemente en función de la nacionalidad y el colectivo en el que encuadran a los residentes. Esto también es caprichoso. Ha habido épocas en las que se ha priorizado el traslado de determinados grupos (refugiados, colectivo LGTB, perseguidos políticos), mientras que hay otras en las que prima el criterio de las nacionalidades (Siria, África Subsahariana) o del perfil (familias u hombres solos). Los bloqueos también afectan prioritariamente a algunos colectivos, especialmente a los magrebíes. A finales de enero, un primer bloqueo provocó una grave crisis con jóvenes tunecinos registrados como solicitantes de asilo a quienes se vetó la entrada en el CETI, que estaba saturado.

Desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) denuncian que las decisiones del ministerio a la hora de aprobar o no los traslados y elaborar las listas no son jurídicamente sostenibles. Normalmente, prima una situación de vulnerabilidad en determinados perfiles: solicitantes de asilo, mujeres o familias monoparentales y enfermos crónicos. La pasada semana, el Defensor del Pueblo solicitó el traslado urgente de una mujer marroquí y sus tres hijos que aún siguen en el CETI. La madre padece asma, lo que la convierte en población de riesgo ante la covid-19, y es víctima de malos tratos.

La actual sobreocupación del CETI en Melilla contrasta con la reducción de llegadas de migrantes y solicitantes de asilo en 2019 y 2020 con respecto a 2018, cuando se registró en Melilla el mayor pico de llegadas en los últimos cinco años. El pasado 6 de abril, 53 jóvenes lograron acceder a la ciudad sorteando la valla. Debido a la congestión, tuvieron que ser acogidos en una carpa instalada en una ubicación distinta, en terrenos de titularidad privada. Pasaron casi 12 horas a las puertas del CETI, algunos heridos, atendidos por sanitarios de Cruz Roja y vigilados por las fuerzas de seguridad. Hasta entonces, tanto el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, como la delegada del Gobierno en Melilla, Sabrina Moh, habían mantenido que la situación en el centro estaba controlada.

domingo, 25 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | Ceuta y Melilla, la falsa libertad para los gais de África

Imagen: El País
Ceuta y Melilla, la falsa libertad para los gais de África.
Los centros de inmigrantes son la pesadilla de los solicitantes de asilo perseguidos por su orientación sexual.
María Martín / Laura J. Varo | El País, 2018-11-25
https://elpais.com/politica/2018/11/24/actualidad/1543079049_803591.html

Wessam ha sufrido palizas desde que tiene 12 años. Le ha pegado su padre, sus seis hermanos y hasta los vecinos de cada pueblo en los que ha vivido. Está lleno de cicatrices, no sabe decir cuántas veces le han apedreado. “En mi país es así como creen que deben morir los gais”, dice este marroquí de 26 años. Su amigo Yamil, con quien vive en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta, escondió su homosexualidad hasta los 20 años. “Me miraba al espejo y lloraba, le preguntaba a Dios por qué me había hecho así”, recuerda. Cuando se desveló su secreto hace cinco años, su hermano casi lo mata a cuchillazos.

Los dos sortearon la frontera para alcanzar la libertad de Europa. Pero los centros para inmigrantes de Ceuta y Melilla, las dos ciudades españolas del norte de África, se están convirtiendo en el armario cerrado de un continente donde la homosexualidad es delito en 33 de sus 54 Estados reconocidos. En estos territorios fronterizos se aplica una excepción que la jurisprudencia española no respalda y se restringe la libertad de movimiento de los solicitantes de asilo, como Wessam y Yamil. Su libertad se limita a los 18 y 12 kilómetros cuadrados de cada enclave hasta que se resuelva su expediente o hasta que el Ministerio del Interior autorice su traslado. La convivencia con el resto de inmigrantes es un infierno.

En Marruecos ser gay es un delito penado con hasta tres años de cárcel y la persecución, en la mayoría de los casos, comienza en casa. “Mis vecinos le dijeron a mi familia que besaba a hombres. Mi madre se puso muy nerviosa, pero mi padre me pegó mucho. Son muy religiosos”, rememora Wessam, que durante su época universitaria vivió en casa de su tío, aislado en un cuartucho construido en el hueco de la escalera para que no se mezclase con sus primos: “Por ser gay y femenino me tuvieron cinco años encerrado como a un animal”.

Samir (nombre ficticio, como el del resto de protagonistas de este reportaje) se enfrenta a los mismos tres años de prisión si regresa a Túnez, solo por ser algo que él no puede evitar: “Gay, gay, pero gay auténtico”, enfatiza. El joven salió de la conservadora provincia de Kasserine hace dos meses y ya lleva cuatro semanas bloqueado en el CETI de Melilla, donde espera que se resuelva su solicitud de asilo.

En su pueblo ni sus padres ni sus dos hermanas dirigían la palabra al único varón de la prole. No le envían dinero, ni le prestan apoyo, así que malvive pidiendo y saliendo de tarde en tarde del centro para beber con la gente de su mismo colectivo. En el CETI melillense, cuentan, son unos 30. En el de Ceuta, varía, pero ronda la decena. “Yo he dejado mi país para encontrarme aquí con 300 tunecinos”, protesta Samir, “y solo cinco me hablan”.

En Melilla, donde estos trámites se han agilizado, quienes alegan persecución por orientación sexual pueden tardar meses en salir. En Ceuta, el limbo llega a alargarse un año. Wessam y Yamil ya cuentan ocho y seis meses conviviendo con cerca de un millar de africanos, sintiendo el desprecio a diario. Yamil, que muestra un vídeo en el que se ve a más de una decena de subsaharianos intentando echar su puerta abajo, ya ha intentado suicidarse con un puñado de pastillas que recopiló durante días. “No quiero morir, pero ¿qué tengo que hacer para que me saquen de aquí?”, clama. “Todos los días tenemos problemas. Un día me tiraron piedras. Otra vez”, lamenta Wessam. “Nos gritan ‘maricones’, sufrimos racismo como árabes y como gais...”, lamenta Samir, en Melilla.

“Se trata de un grupo especialmente vulnerable alojado en un centro no especializado en el asilo”, explica Rafael Roldán, presidente de AMLEGA, organización LGTBI melillense. “Aunque el centro de Melilla se ha adaptado con baños y cuartos propios, ponen un pie fuera del CETI y les pegan y les roban”.

Morir antes que volver
Hana, una adolescente marroquí que aún no ha cumplido 18 años, ya comparte centro con los adultos, según cuenta, por petición expresa. Antes vivía en un centro melillense gestionado por una congregación religiosa que acoge a menores extranjeras no acompañadas tuteladas por la ciudad. Pidió el traslado, asegura, porque le costaba contenerse. En el CETI, sin embargo, tiene que llamar al vigilante para que dejen de toquetearla. “Los hombres te agarran y te preguntan que si no te vas a casar. Cuando les contesto que sí, pero con una chica, me dicen que necesito un psicólogo”, cuenta.

“La droga es lo único que nos queda”, exclama Hana y ríe elevando al aire una lata de cerveza del pack que comparte con Samir y Sheila. “Ella es lesbiana 100%”, se indigna mirando a su amiga a la que han denegado el asilo. Sheila es parca en palabras, pero cuando se expresa, es contundente. “Mi problema ha sido la entrevista”, comenta sobre su solicitud. “Me daba vergüenza contestar, yo normalmente me trago el dolor y pensarían que estaba mintiendo. Hay que llorar para que te crean, pero yo no lloro”. Sheila no ha firmado la denegación de su solicitud y alerta: “Como me devuelvan a Marruecos, me suicido”.

Wessam descubrió antes de marcharse de Marruecos que tiene VIH. “Ahora solo tienes que esperar a morirte. Todo el mundo va a saber que eres gay y enfermo, me dijo mi padre”, recuerda. Él solo quiere que le dejen en paz. “Soy gay y estoy enfermo, pero no soy solo eso. Quizá me muera pronto, pero me gustaría vivir al menos un año o dos tranquilo. Quiero morir normal, no por una piedra”. Al despedirse, Wessam se emociona cuando recibe un abrazo. “Aquí nunca nadie me toca”.

lunes, 12 de noviembre de 2018

#hemeroteca #poblacionmigrante | Magdalena Valerio: “No me gustan las devoluciones en caliente”

Imagen: El País / Magdalena Valerio
Magdalena Valerio · Ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social: “No me gustan las devoluciones en caliente”.
La ministra de Trabajo y Migraciones defiende que hay que atender a los inmigrantes que llegan a España, pero "tampoco podemos decir que vengan todos".
María Martín | El País, 2018-11-12
https://elpais.com/politica/2018/11/11/actualidad/1541957753_548616.html

Al asumir el cargo de ministra, Magdalena Valerio abarcaba también la Secretaría de Estado de Migraciones en un año muy complicado. Hasta el inicio de noviembre ya han entrado 54.000 personas en España de forma irregular, un récord histórico. De Valerio dependen, entre otras cosas, las plazas de acogida humanitaria (que han pasado de casi 3.000 a 5.000), la red de protección a los refugiados y la promoción de medidas que incentiven la inmigración legal y segura, una bandera del Gobierno que aún no ha dejado claro cómo va a promover. Valerio, junto a los ministros a los que les compete la materia migratoria, coincide en el discurso de que retoman un área descuidada por el PP.

Pregunta. Este Gobierno defiende una inmigración legal y segura, pero España prácticamente carece de vías para esto. ¿Cómo piensa desincentivar la entrada de miles de personas clandestinamente y promover una vía legal?
R. Vamos a seguir perseverando en la línea de trabajo que tenemos. Que vengan contingentes de personas a trabajar de forma regularizada. Las temporeras de Huelva pueden ser un ejemplo de esos contingentes, si se necesitan trabajadores porque no hay en nuestro país quien pueda cubrir esos puestos. Hay que encontrar un punto de equilibrio porque rápidamente los que están alimentando la línea xenófoba y racista dirán que no hay trabajo para los españoles. Y a los que están viniendo hay que darles atención humanitaria, pero tampoco podemos decir que vengan todos.

P. La línea oficial del Gobierno es la de esperar al veredicto del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos sobre las devoluciones en caliente. ¿Qué opina de estas expulsiones?
R. No son de mi competencia. Que yo sepa no se están haciendo ahora, pero a Magdalena Valerio no le gustan las devoluciones en caliente. Con el asesoramiento legal pertinente no pasa nada porque haya devoluciones y que sean repatriados a sus países, pero respetando la legislación de este país y los convenios internacionales.

P. El Ministerio del Interior trabaja en una propuesta de reforma del modelo de los Centros de Internamiento de Extranjeros. ¿Qué debería cambiarse?
R. Pues ahí sí que no voy a responder, me falta información. Bastante tengo con gestionar los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta y Melilla, que están saturados. Queremos intentar mejorar, dar la mejor atención posible, pero hay momentos puntuales que es tal el número de personas que es imposible.

P. ¿Cómo está afectando a su ministerio el embotellamiento de la oficina de asilo, que tiene paralizadas las solicitudes?
R. Cuando uno llega al Gobierno no puede elegir si acepta o no la herencia, no puede rechazarla si hay más deudas que beneficios. La herencia es la herencia. Ha habido una dejación total del anterior Gobierno para dotar de personal y de recursos materiales y humanos a todo lo que tiene que ver con la atención de los inmigrantes y solicitantes de asilo. Las entradas por la costa y el número de los que pedían asilo crecían y no se dotó de personal para resolver de forma exhaustiva esos expedientes. Igual que tampoco había dispositivos de atención humanitaria. No ha habido ninguna previsión y ¿qué ocurre? Hasta que no se incorporen los nuevos funcionarios a la oficina de asilo tenemos un tapón. La impresión que tengo es que había tantas cosas por hacer que ahora se pretende que problemas enquistados y endémicos de muchos años los resuelva ya este Gobierno.

miércoles, 14 de junio de 2017

#hemeroteca #lgtbifobia | España, asilo sexual de gais marroquíes: “Cuando escucho Marruecos pienso en suicidarme”

Imagen: El Español / Tony
España, asilo sexual de gais marroquíes: “Cuando escucho Marruecos pienso en suicidarme”.
Aumentan las solicitudes de refugio debido a la persecución y acoso que sufre el colectivo LGTBI en Marruecos. El último caso de violencia se dio hace una semana, cuando dos jóvenes fueron detenidos por mantener relaciones después de que la madre de uno los denunciara.
Sonia Moreno | El Español, 2017-06-14
http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170613/223478225_0.html

"Me gusta vestirme de mujer, pero en Nador no podía. Son muy cerrados y me iban a matar. Me cubría la ropa con una chilaba para que no me conocieran", recuerda Tony, como se hace llamar Tarek en España.

Tarek tiene poco más de 20 años y es de Nador (Marruecos), pero vive desde hace más de un año en un piso de acogida en Málaga. Huyó de Marruecos por una larga lista de motivos: "No podía vestirme como quería, me echaban de las cafeterías y restaurantes, no me daban trabajo, no podía ir a estudiar a ningún centro, me echaban del autobús, se burlaban de mí, me insultaban en la calle, la familia no me aceptaba... me han pasado muchas cosas muy malas. Si las cuento todas no voy a terminar". Cuando acudía a la comisaría a denunciarlo, "la policía se burlaba más de mí que la gente de la calle".

Su abuelo lo echó de casa. Sus vecinos insultaban a su padre y a sus hermanos. La mayoría del colectivo LGBTI marroquí oculta su condición sexual a la familia. En el caso de Tony solo lo sabe su madre. "Me trata como femenino, pero no me acepta todavía como gay". Habla con su hijo "a escondidas" porque tiene miedo. "Si el abuelo se entera, la puede echar también de la casa".

Ha sobrevivido en la calle, durmiendo debajo de un puente en su ciudad, en el norte de Marruecos. Le han robado y violado, no solo "yonquis de la calle"; en una ocasión un marroquí le engañó para llevarle a su casa. "Se hizo pasar por francés para que le indicara una dirección y me subí a su coche. Después me llevó a su domicilio y me retuvo hasta que conseguí escaparme", recuerda Tony.

Marroquíes LGBTI se juntan en España

Tony se gusta como mujer, se siente bien; por eso quiere mostrar su transformación e invita a El Español a acompañarle a visitar a un grupo de amigos homosexuales marroquíes en Sevilla, también refugiados en España por su condición sexual.

Casi una docena de jóvenes, incluida una lesbiana, se reúnen en la casa de uno de ellos para tomar té verde, bailar música árabe en el salón y reírse como cualquier chico de su edad.

A media tarde comenzó el cambio. Fuera pantalón de chándal, tenis y demás indumentaria masculina y deportiva. A Tony le lleva tiempo maquillarse, perfilarse los labios en rojo pasión y ponerse la peluca que le convierte en una morena de cabello largo y ondulado. Se enfunda un vestido negro y blanco bien ajustado al cuerpo, unas medias de cristal negras y unos zapatos con mucho tacón. Preparado para salir.

El grupo de amigos se desplaza en autobús. Está lleno de pasajeros, pero apenas nadie se sorprende de ver a un grupo de chicos homosexuales, dos de ellos vestidos de mujer. Muy diferente a su país. "Aquí, en España, no te insultan, no te mira nadie. Consideran la sexualidad como algo personal, privado. Hay alguna persona que a veces habla con otros y dice algo, pero si te hacen cualquier cosa, la policía te puede ayudar o la gente te defiende. No como en Marruecos".

Abuso extremo y violencia física

Los jóvenes coinciden y relatan ante la cámara que han sufrido situaciones de abuso extremo, incluida violencia física ejercida por familiares, rechazo reiterado y generalizado por parte de la sociedad y agresiones físicas en la calle.

Mientras vivió en Nador y durante mucho tiempo, Tony se preguntaba "¿por qué yo soy así? ¿Por qué yo soy así?", hasta que recibió tratamiento psicológico en España, primero en Melilla y después en Málaga. Desde los 7 años, cuando veía a los chicos sentía algo. "Siempre he sido así, ¿qué voy a hacer ahora, cambiar porque me lo dice un artículo?", se pregunta reflexionando sobre la ley de su país que penaliza las relaciones entre personas del mismo sexo.

Prisión para los homosexuales
Se refiere al artículo 489 del Código Penal de Marruecos, que castiga a "cualquiera que cometa un acto impúdico o contra natura con un individuo de su sexo" con penas de cárcel de seis meses a tres años y una multa de 20 a 100 euros, "a menos que el hecho constituya una acción más grave".

El último arresto se produjo la pasada semana, en pleno Ramadán, el mes sagrado en el islam. La Gendarmería Real detuvo el 5 de junio a dos jóvenes de 16 y 19 años en la localidad de Arekman, provincia de Nador, tras la denuncia de la madre de uno de ellos, que los sorprendió manteniendo relaciones sexuales en una casa abandonada cerca de la playa durante el ayuno. Según denunció la asociación marroquí Akaliyat, defensora de la comunidad gay, se enfrentan a los 3 años de cárcel penados por mantener relaciones teniendo el mismo sexo y al incumplimiento del ayuno en Ramadán sancionado con hasta seis meses de cárcel.

El Código Penal de 1962 se reformó globalmente en 2015, aunque el artículo que criminaliza la homosexualidad permanece a pesar de las críticas que recibe desde distintas organizaciones de defensa de los derechos humanos nacionales e internacionales y de los medios de comunicación occidentales.

Desde la independencia de Marruecos en 1956, más de 5.000 homosexuales han pasado por los tribunales por delitos relacionados con este artículo y actualmente hay ciudadanos cumpliendo condenas por su condición sexual. La organización LGBTI marroquí Aswat, de carácter clandestino, documenta que en tres meses se llegaron a producir hasta cuatro arrestos de ciudadanos que habían mantenido relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.

Todos los colectivos LGBTI piden la derogación de este artículo. A éstos se unen personas conocidas en el mundo del arte, el periodismo y la cultura. Por ejemplo, el primer artista marroquí que reconoció públicamente su homosexualidad, el escritor y realizador Abdellah Taïa. En una entrevista con El Español explica que "no podemos pedir a un marroquí que cambié su mentalidad. Pienso que la mentalidad cambiará si el Gobierno marroquí se responsabiliza y protege a los homosexuales, cambiando la ley que los criminaliza". Salió de Marruecos joven y se "refugió" en el cine y la escritura, se construyó él "solo". "No tenía amigos homosexuales cuando era pequeño en los años 80. Transformé ese deseo de emanciparme y existir libremente como homosexual, y me cobijé en mi carrera", recuerda el intelectual.

Sin embargo, ahora los homosexuales se comienzan a agrupar en los colectivos LGBTI no legalizados por el Gobierno y se unen a los asociaciones pro derechos humanos delante de los tribunales cuando se juzga a marroquíes por su condición sexual.

El guardián del orden moral

Mustafa Ramid, a cargo del recién creado ministerio de Derechos Humanos, ha cerrado la puerta a todas las llamadas en favor de las libertades y los derechos individuales de los homosexuales. No recibe a las asociaciones que defienden las libertades personales y anunció en el diario ‘Akhbatal Yaoum’ que "Marruecos está decidido a rechazar todas las prácticas que atentan contra el orden moral, como la libertad sexual, las relaciones sexuales fuera del matrimonio y la homosexualidad".

Para el político, conocido como el guardián del orden moral, los vídeos donde se ven linchamientos a homosexuales, como los dos casos muy difundidos que ocurrieron en Fez y Beni Mellal, "atestiguan que la sociedad marroquí es muy conservadora y no tolera estas prácticas".

Para el escritor Taïa, está claro que "la homofobia existe en Marruecos". "Se continúa maltratando a los homosexuales, violándolos, linchándolos. Son actos horribles, que hace falta condenar. Y hay que pedir al Gobierno marroquí proteger a estos homosexuales aquí", reclama a las autoridades.

Sin embargo, según Ramid, el rey Mohamed VI no puede aceptar la homosexualidad como comendador de los creyentes, porque el monarca encarna la máxima figura religiosa del país. Esto dificulta una apertura tanto en el ámbito legal como social, porque avala la creencia de la mayoría de los marroquíes, que siguen considerando que la homosexualidad está prohibida por la religión.

Y esto precisamente molesta a muchos marroquíes homosexuales que se consideran igualmente musulmanes. Taïa pide que dejen de "utilizar la religión para criminalizar" y mantiene que él, además de ser homosexual, "representa los valores marroquíes", es musulmán, viste chilaba, come cuscús y bebe té, como cualquier otro ciudadano del país.

"Cuando escucho Marruecos pienso en suicidarme"
Al preguntarle a Tony si volvería a su país, no duda en contestar rápida y firmemente: "¿Y yo qué voy a hacer en Marruecos? No quiero volver a esa vida. Cuando escucho Marruecos, pienso en suicidarme". Ese día en que se le pasó por la cabeza terminar con su vida, tomó una mejor decisión; entró a Melilla y pidió la protección internacional.

Desde noviembre de 2013, cuando se aprobaron normas para la acogida de los solicitantes de protección internacional en Europa, los homosexuales perseguidos en sus países pueden solicitar asilo en Europa, siempre y cuando quede bien constatado que el demandante corre un verdadero peligro, y que se pruebe que el país del que proviene el solicitante realmente aplique las penas que contempla contra los homosexuales. Tres marroquíes, un argelino y dos malienses residentes en Marruecos solicitaron amparo al tribunal de Melilla solo dos meses después de la aprobación del reglamento europeo.

Además en estos últimos años el número de solicitudes de asilo han ido en ascenso. En 2016, Madrid atendió más de 150 peticiones de asilo sexual procedentes de Marruecos. A la organización Colega Madrid han llegado incluso funcionarios marroquíes con trabajo estable pero que "no soportan la presión social que les supone ser homosexuales". Según el presidente de esta organización, Samir Bargachi, "hay un efecto llamada desde que en los últimos tres años España concediese protección a muchas más personas homosexuales.

A los marroquíes se suman los migrantes homosexuales en tránsito que llegan al país magrebí con el sueño de pasar a Europa y se quedan atrapados en Marruecos, un país sin garantía de protección. Es el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) quien les reinstala a terceros países para garantizar su seguridad. En 2016 fue el principal motivo, y casi la mitad de los reinstalados en Canadá y Estados Unidos, países que tienen acuerdo de acogida de migrantes con Marruecos, fueron personas LGBTI.

El trato a los homosexuales en los CETI
Los Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI) de Ceuta y Melilla son la primera parada de los marroquíes LGBTI una vez salen del país camino de Europa. Los demandantes de asilo sexual suelen ser de las regiones del norte de Marruecos y tienen acceso a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, donde piden la protección y amparo al Estado español.

El centro de Melilla acogía a finales de 2016 más de 60 homosexuales, entre ellos también mujeres lesbianas, por ser objeto de persecución y acoso en su país debido a su orientación sexual o identidad de género, explica Amnistía Internacional a El Español. En Ceuta, según el confirmó el personal del centro a Human Right Watch (HRW), residen entre 70 y 80 solicitantes de asilo, de los que al menos diez son LGBTI.

La mayor parte son marroquíes que esperan se regularicen sus papeles para entrar en la Península y liberarse así del rechazo familiar y social. Pueden tardar desde tres meses hasta casi un año, depende de la demanda de asilo.

De los 73 marroquíes solicitantes de asilo en el primer trimestre de 2016 en Melilla, la mayoría lo hizo por su condición sexual. No tienen el sueño de El Dorado, solo quieren vivir fuera de su país. La mayoría ha sufrido abusos y violaciones, y pretende huir de Marruecos.

El CETI "es una cárcel donde nos agreden"
Hamid, de 27, años es de Nador y antes de llegar a Sevilla, pasó por el CETI de Melilla. No guarda buen recuerdo del centro. "Es una cárcel donde la mayoría de los internos nos insultan, nos llaman "maricones, incluso nos agreden", denuncia a El Español. Cree que los marroquíes, sirios, argelinos y los subsaharianos musulmanes son "poco tolerantes". El rechazo lo achaca a la religión y por eso se ha convertido al cristianismo, que piensa que es "más tolerante" y acepta la libertad sexual de las personas.

Personal del CETI de Melilla confirmó a El Español que otros residentes se burlan de ellos y los acosan, dentro del centro y en las calles. Incluso no aceptan compartir una habitación con ellos. Por eso normalmente se concentran todos los LGTBI en las mismas estancias.

Para Judith Sunderland, directora asociada para Europa y Asia Central de HRW, este colectivo tendría que disponer de alojamiento en habitaciones individuales, traslados a centros más pequeños, capacitación específica para el personal y facilitación del acceso a organizaciones LGBT y redes de apoyo".

Amnistía Internacional ha solicitado "el traslado inmediato a la península" de personas en situación de especial vulnerabilidad, como las personas LGBTI. Sin embargo, "están atrapados en Ceuta y Melilla por causa de una política que está diseñada para disuadir las solicitudes de asilo", denuncia HRW en su último informe del mes de abril.

Los homosexuales que solicitan asilo no aparecen en la directiva como personas consideradas vulnerables. Sin embargo, HRW coincide con la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Untersex (ILGA-Europa) que muchas personas LGBT que buscan asilo reúnen los requisitos debido al tipo de persecución que viven en sus países de origen.

La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) denunció en un informe sobre la persecución que sufren las personas LGTB en diversas partes del mundo que a muchas personas LGTBI las autoridades españolas les están denegando su solicitud de asilo bajo el argumento de que la persona podría evitar la persecución y seguir viviendo en su país sin hacer pública su condición sexual, llevando una vida con discreción, manteniendo oculta su preferencia sexual o su identidad de género.

Precisamente a esto es a lo que se niegan Tony y sus amigos, y también el escritor Abdellah Taïa, que quieren vivir su sexualidad con libertad y sin tener que ocultarse para no ser agredidos.

martes, 25 de octubre de 2016

#hemeroteca #acogida | “Queremos salir de Melilla porque ahora mismo nos sentimos como en una cárcel”

Imagen: El Faro Melilla / Protesta en Melilla, 2016-10-24
“Queremos salir de Melilla porque ahora mismo nos sentimos como en una cárcel”.
Melanie Stüber | El Faro Melilla, 2016-10-25
http://elfarodemelilla.es/2016/10/25/queremos-salir-melilla-ahora-nos-senitmos-una-carcel/

“Queremos salir de Melilla porque ahora mismo nos sentimos como en una cárcel”. Con esta frase, Abdelmonsaim El Aldouni, un joven marroquí de 31 años y que reside en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), expresó ayer su firme deseo de abandonar la cuidad. Participó junto a otros compañeros en una manifestación en la Plaza de España para reivindicar que se agilice su proceso de acogida y para exigir se les permita desplazarse “libremente” por el país.

El Aldouni habló de una “discriminación directa” ofreciendo un “trato desigual” a los inmigrantes que quieren ejercer a su derecho al asilo, distinguiendo por “origen” y “raza”. “A muchos sirios se les tramita en semanas su solicitud de asilo, algunos de nosotros llevamos casi un año esperando que finalice nuestro proceso de acogida”, manifestó.

Antonio Zapata, un abogado que ayer se sumó a la protesta, denunció que los solicitantes de asilo marroquíes que se encuentran en Melilla, pero también en Ceuta, reciben “un trato excluyente, diferencial e injustificado”, encaminado a impedir el goce de su derecho de asilo en igualdad de condiciones”. “Estamos aquí para revindicar los derechos fundamentales de estos jóvenes y la libertad en su acepción más básica que es la de moverse libremente”, dijo.

El letrado indicó que de la solicitud de asilo no se extrae una limitación de la libertad de desplazamiento. “Existe un control de frontera, pero no pueden prohibir el paso”, aseguró.

El presidente de la asociación Pro Derechos de la Infancia (Prodein) José Palazón, explicó que prohibirle el paso a la península a los solicitantes de asilo de Marruecos es un problema que inició en 2010. “Desde 2010 no se permite el acceso al barco a los ciudadanos marroquíes y argelinos que llegan a Melilla para poner en marcha su proceso de acogida. Según Palazón, desde el Ministerio del Interior achacaron en aquel entonces este “cambio” al “colapso en las solicitudes de asilo”.

Retraso
Muchos de los jóvenes que se concentraron ayer en la Plaza de España llevan un año esperando que se tramite su solicitud de asilo. Zapata apuntó que los retrasos se deben, en parte, a la saturación en las oficinas en Madrid. No obstante advirtió que la existencia de demoras generalizadas genera una situación de vulnerabilidad para los jóvenes. “Muchos de los jóvenes que hoy están aquí han huido de su país por su orientación sexual, por motivos religiosos o pensamientos adversos al régimen político”, dijo.

Manifestación
Los jóvenes residentes del CETI se manifestaron de forma pacífica. Portaban una banderas multicolor, una de Europa y varias pancartas en las que se leía: “Hemos pedido asilo en España, no en Melilla”, “Somos solicitantes de asilo. Tenemos restringido el derecho a movernos en libertad”, o “I am gay like you, a man without rights (Soy homosexual como tú, un hombre sin derechos)”.

El grupo fue respaldado por representantes de Podemos, así como de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en Melilla.