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sábado, 11 de noviembre de 2017

#hemeroteca #francisbacon |arte | “Bacon estuvo rodeado de personas que se aprovechaban de él”

Imagen: El País / 'Pope' de 1992 (i) y de 1979, de Francis Bacon
“Bacon estuvo rodeado de personas que se aprovechaban de él”.
Cristiano Lovatelli, "amigo íntimo" del artista dublinés, lleva al Niemeyer una selección de los dibujos que el pintor le regaló durante una década.
Manuel Morales | El País, 2017-11-11
https://elpais.com/cultura/2017/11/10/actualidad/1510345472_185771.html

Esta orgía de dibujos con ojos que quieren salirse de las órbitas, rostros deformes y bocas retorcidas los recibió Cristiano Lovatelli Ravarino durante los años ochenta por correo ordinario de su "amigo íntimo" el artista Francis Bacon (Dublín, 1909-Madrid, 1992). Un legado de cientos de obras de las que este periodista italiano ha enviado 73 —18 no vistas antes en España— al Centro Niemeyer (Avilés) para la exposición 'Fran@is Ba@on. La @uestión del dibujo', abierta hasta el 8 de abril de 2018. Parte de estas obras ya recalaron en Madrid y Valencia este año.

Lovatelli, en declaraciones a El País por teléfono (no ha podido acudir a la inauguración por un accidente de coche) asegura que Bacon le hizo entrega de estos dibujos por su gran relación y “por venganza hacia las terribles personas que rodeaban al artista en Londres, que se aprovechaban de él y vivían de su dinero”. Entre estas piezas a lápiz y pastel sobresale la serie de más de 20 ‘Papas’, nacida de su obsesión con el ‘Inocencio X’ que retrató Velázquez en 1650. Una fijación de la que Lovatelli asegura haber sido testigo. Una de las veces que se vieron en Roma, Bacon le pidió que le llevase a la galería Doria Pamphlj para ver el cuadro. “Se pasó siete horas observándolo”. Las reinterpretaciones de Bacon muestran al sumo pontífice vestido con colores ‘kitsch’ y con un acusado contraste entre las bocas retorcidas que expresan horror y la quietud del cuerpo y las manos, que descansan una sobre otra.

La sacudida emocional se intensifica al contemplar la serie de crucifixiones, con seres carnales de pene al aire y pose agresiva. Escenas espantosas fruto de su fascinación por los cuadros de mataderos. “Un martirio de la carne”, en palabras del comisario de la exposición, Fernando Castro Flórez, que puede hacernos pensar que el autor era un ser atormentado, expulsado del hogar a los 16 años porque su padre no aceptaba su homosexualidad y que vio el suicidio de uno de sus amantes, George Dyer, en 1971 por una sobredosis de somníferos.

Sin embargo, Lovatelli lo desmiente con rotundidad. “Aunque estas obras reflejen una tragedia vital, Bacon era una persona encantadora, muy viajada, a la que le gustaba mucho salir de fiesta aunque lo hacía secretamente. Pero se ha proyectado una imagen de él trágica, cuando en realidad era muy alegre". En este punto de la conversación, Lovatelli señala como responsables de crear ese sambenito a la galería londinense Marlborough, con la que Bacon trabajó prácticamente toda su vida artística. “Ellos lo presentaban como alguien que vivía en el drama y el dolor”.

Este “amigo íntimo” de uno de los grandes artistas del siglo XX, encuadrado en lo que se dio en llamar, tras la Segunda Guerra Mundial, la nueva configuración, añade que el pintor “ni siquiera tenía el papel adecuado para su trabajo, y él se lo enviaba de forma secreta a la secretaria de Bacon porque los Marlborough lo controlaban todo”. Lovatelli ahonda en sus invectivas contra los galeristas de su amigo porque solo le daban “el 20% de lo que generaba con sus obras”. Lovatelli añade que cuando alguien le advertía al genio irlandés de que podía aumentar sus márgenes de ganancias, él decía que “con lo que le daban ya tenía bastante”.

Volviendo a lo que se exhibe en el Niemeyer, el comisario de la exposición, Fernando Castro Flórez, subraya la técnica: “Muchos dibujos están realizados con unas ceras casi escolares, con una gran insistencia en las cabezas. En los retratos, lo más trabajado son los ojos y la boca, que transmiten mucha angustia”. El propio Bacon manifestó que no sabía lo que significaban esas imágenes que construía y que la primera ministra Margaret Thatcher tildó de “cuadros espantosos”.

Unas 15 cabezas de rostros fantasmagóricos se suceden en otro apartado de la exposición, cuyo nombre, ‘Fran@is Ba@on. La @uestión del dibujo’, alude a la polémica, con juicios incluidos, que durante años ha acompañado a las piezas de la colección de Cristiano Lovatelli. El comisario explica que “primero se discutió la firma de las obras, cuando se decidió que esta era auténtica, se discutió si lo eran los dibujos. La fundación de Lovatelli ha ido ganando todos los procesos y para ello ha sido importante que se demostrase que el papel sobre el que están hechas estas obras es el mismo que se encontró en su estudio”. Un estudio que, como se recuerda en la exposición, era como un basurero de recortes de periódicos, trapos manchados, hojas arrancadas de libros y polvo.

Otra “leyenda” que Lovatelli quiere enterrar con la muestra en Avilés, es la de que Bacon no era dibujante. Castro Flórez apostilla que este cliché sobre el artista se debe a los malentendidos en algunas de las entrevistas que dio. “Él señaló que no hacía esquemas preparatorios, pero no dijo que no dibujara. Son piezas en las que se advierte el empeño por que tengan sentido en sí mismas”. Lovatelli concluye este debate con una anécdota: “Una vez, en un restaurante en Bolonia, Bacon se vio implicado en un pequeño incidente. Para salir del paso, tomó papel y lápiz e hizo un retrato en solo unos segundos”.

domingo, 2 de octubre de 2016

#hemeroteca #arte | La huella digital que condujo hasta los ladrones de los ‘bacons’ robados

Imagen: El País
La huella digital que condujo hasta los ladrones de los ‘bacons’ robados.
Un programa reveló la cámara usada para fotografiar las obras y quién era su dueño.
José María Irujo / Luis Magán | El País, 2016-10-02
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/29/actualidad/1475167727_213449.html

Una fotografía digital puede conducir hasta el modelo de la cámara que se ha utilizado y señalar a su dueño, algo que ignoraban los autores del mayor robo de arte contemporáneo de España. Dos fotografías de uno de los cinco cuadros de Francis Bacon robados en Madrid a un heredero del genial pintor irlandés fueron una de las pistas principales para conducir hasta los presuntos autores del robo y detenerlos. Los sospechosos, un grupo de intermediarios, peristas y anticuarios, mostraron y enviaron a un marchante catalán dos fotografías de uno de los cuadros robados. La huella de esa fotografía fue una de las pistas principales de una investigación que continua porque las obras valoradas en más de 30 millones siguen sin aparecer.

Los agentes recibieron de Art Loss Register la fotografía de uno de los retratos robados, por delante y por detrás. La compañía británica ligada Sothebys la había recibido a su vez del anticuario catalán Juan Marce al que le habían ofrecido la obra dos intermediarios de El Rastro de Madrid. Antes de iniciar su venta y buscar un comprador Marce quería comprobar si la obra figuraba en el listado de Interpol de cuadros robados y había pedido un informe al respecto. La empresa inglesa informó de inmediato la consulta a la Policía española al descubrir que era una obra robada y los policías solicitaron a Art Loss Register que demorar todo lo posible su respuesta al anticuario español para ganar tiempo en su investigación.

Para intentar llegar hasta el autor de las fotografías los miembros de la Brigada de Patrimonio Histórico la Policía emplearon el programa informático Picasa, un software especializado en la extracción de los metadatos (Exif) que les facilitó la fecha y hora exacta en la que se hizo la fotografía; marca y modelo de la cámara utilizada y objetivo; propiedades de la imagen; localización exacta y ubicación; número de serie de la cámara. Con este número de serie emplearon un software online gratuito http://www.stolencamerafinder.com mediante el cual obtuvieron otras fotografías hechas con la misma cámara y la fecha en las que se tomaron. Los agentes buscaron en Google Chrome esas instantáneas que a su vez les guiaron hasta el enlace de una página en Internet de un fotógrafo profesional.

Estas últimas imágenes, todas de índole publicitaria, llevaban el crédito de su autor, el fotógrafo J. M. R., pero la Policía comprobó que se habían realizado con otra cámara diferente. No era la Canon EOS 5D Mark II empleada en septiembre de 2015 en fotografiar el retrato de Bacon robado dos meses antes en el número 2 de la Plaza de la Encarnación, en pleno centro de Madrid.

A las 8,30 de la mañana del pasado 17 de marzo los agentes registraron la casa del fotógrafo con orden judicial. Llevaban semanas vigilándolo y con su teléfono móvil intervenido sin observar nada raro. El profesional les explicó que hacía varios años había vendido su cámara a la productora madrileña Addict Studios. La cámara había sido alquilada allí por una persona que firmó el albarán con el nombre de Cristóbal Caballero, nombre y segundo apellido de un marchante de arte relacionado con Ricardo Barbastro, la persona que movió las fotografías e intentó vender los cuadros en su casa de Majadahonda (Madrid), y con Cristian Ferriz, un conductor de empresa que supuestamente participó en una reunión de un bar en la calle Doctor Fleming de Madrid donde se ofrecieron los cuadros robados a una galerista que los rechazó. Este marchante también conocía a los dueños de la productora, pero niega cualquier relación con los hechos y asegura que suplantaron su nombre e imitaron su firma para alquilar la Canon.

Una prueba pericial no ha podido acreditar que el marchante alquilara la cámara y el testimonio del empleado de Addict Studios R.B.O que la alquiló describe al cliente como “un varón de unos 50 años que se presentó muy arreglado”. No recuerda sus rasgos faciales debido al tiempo transcurrido.

El examen mediante programas informáticos de las fotografías que mostraron los intermediarios facilitó a los investigadores más pistas que otros métodos convencionales empleados en la búsqueda de los cuadros. Según consta en las diligencias judiciales el juez que investiga el caso autorizó la petición a las operadoras de telefonía móvil Lycamobile SL, Digi Spain Telecom S.L.U., Vodafone Ono S.A.U, Tuenti Technologies SL y Pepemobile S.L para que les facilitaran todas las llamadas hechas en la zona del robo entre las 20.30 horas y las 22.30 del pasado 25 de junio, presumiblemente la fecha en la que se produjo el robo; los vídeos de las cámaras del Senado, muy cercano al domicilio; y las matrículas de los vehículos aparcados en la zona durante esos días que ha proporcionado el Servicio de Estacionamiento Regulado del Ayuntamiento de Madrid (SER).

Quince meses después del robo los cinco ‘bacons’ continúan desaparecidos pese a que las pistas obtenidas lograron la detención de siete personas a las que el juzgado acusa de encubrimiento. Juan Marce, el anticuario de Sitges que recibió las fotografías y rechazó la obra al comprobar que eran robadas, se lamenta así: “En vez de haberme intervenido el teléfono, la Policía tenía que haber pedido mi colaboración. Yo les habría dado cuerda, habría simulado que había un comprador y se habrían recuperado. He tenido obras de Bacon, pero al principio pensé que eran falsificaciones. Luego comprobé que se trataba de un original. Este es un robo misterioso y creo que conflictivo. En mi opinión estas obras no aparecerán nunca”.

jueves, 29 de septiembre de 2016

#hemeroteca #arte | Bacon y su obsesión por la carne y por sus maestros, Velázquez y Picasso

Imagen: El País
Bacon y su obsesión por la carne y por sus maestros, Velázquez y Picasso.
El Guggenheim de Bilbao enfrenta en una gran exposición 50 cuadros del pintor irlandés, algunos nunca vistos en España, y 30 de grandes artistas que le influyeron.
Ferran Bono | El País, 2016-09-29
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/28/actualidad/1475085104_550737.html

Ni florecillas bonitas, ni arbolitos, ni escenas bucólicas. Nada de eso hay. Hay carne: mórbida, ensangrentada, deseada, desasosegante, descuartizada. Tampoco engañaba sobre sus propósitos Francis Bacon: “Cuando veo un trozo de carne en la carnicería siempre pienso que debería estar yo”, afirmó en una ocasión el artista irlandés y recordó esta mañana Martin Harrison junto a un violento e impresionante tríptico, en el que algunos apuntan la figura del autorretrato del pintor. Esta obra, ‘Tres estudios para una Crucifixión’ (1962), forma parte de la extraordinaria exposición que el Museo Guggenheim de Bilbao le dedica a Francis Bacon y a la influencia que ejercieron sobre él algunos artistas españoles como Velázquez, Picasso, Goya, El Greco, Zurbarán o Ribera. Harrison es el comisario de la muestra y editor del catálogo razonado de reciente publicación del pintor nacido en Dublín en 1909 y fallecido en Madrid en 1992.

No en vano, junto a ese tríptico se exhibe ‘Cristo crucificado con un donante’ (1640), de Zurbarán. Y enfrente una de las cincuenta variaciones que Bacon hizo del retrato del Papa Inocencio X, de Velázquez, incorporando ese grito de horror y pánico que tomó prestado de la película de ‘El acorazado Potemkin’, de Eisenstein, de la reacción de la mujer cuando ve caer el carrito de su bebé en la famosa escena de las escaleras. No está el original porque esa obra de Velázquez no sale de la Galería Doria Pamphili de Roma. Al parecer, Bacon se negó a verla directamente y basó su serie en fotografías, en reproducciones.

“Era un tipo raro”, repitió Martín Harrison con ironía en alusión a Bacon, mientras mostraba las 50 obras del pintor y las 30 de otros grandes artistas, especialmente españoles, pero también franceses o asimilados, que conforman la exposición ‘Francis Bacon. De Picasso a Velázquez’, patrocinada por Iberdrola y abierta hasta el 8 de enero. Harrison insistió en que tampoco hay que hacer mucho caso a lo que decía Bacon, porque era “muy camp”, le gustaba exagerar y ‘epatar’ a la gente. Porque no es verdad, por ejemplo, que no le gustara el Guernica, de Picasso, explicó el comisario, aunque sí es cierto que el periodo que más apreciaba del pintor malagueño era el comprendido entre 1927 y 1933.

Picasso fue uno de sus grandes maestros. Proveniente de una familia de clase media-alta sin ninguna formación ni vinculación con el arte, Bacon decidió ser pintor cuando, con 17 años, vio la obra del malagueño en la galería Paul Rosenberg. En sus primeros cuadros se deja notar notablemente. El propio Bacon reconoció el magisterio de un pequeño cuadro, expuesto en Bilbao, ‘Figura femenina en una playa’, de 1927, que es, en realidad, una llave fálica entrando en una cerradura.

Tampoco se ha salvado mucha documentación de Bacon, como cartas o escritos donde hable de su pintura y de su obra. Solía destruir toda su correspondencia. Y en las cartas salvadas por sus amigos, el artista sólo se refería a deudas que había saldado o debía saldar por su afición al juego o pedía disculpas por su comportamiento en una noche de borrachera. "Ese es el privilegio del artista: ser intemporal. La pasión te mantiene joven, ¡y la pasión y la libertad son tan seductoras!, Cuando pinto, no tengo edad. Sólo siento el placer o la dificultad de pintar", decía Bacon. Hasta la década de los setenta, no logra un gran reconocimiento internacional. Y fue clave su gran exposición en París de 1971. Fue el primer artista vivo, después de Picasso, al que el Grand Palais le dedicó una retrospectiva.

“No encontrarán florecillas, ni arbolitos”, reiteró Harrison haciendo de cicerone en el paseo por las amplias salas del museo diseñado por Frank Gehry, donde los enormes lienzos de Harrison no solo respiran estupendamente, como dicen los expertos, sino que incluso pueden hiperventilar. E incidió en que, a pesar de lo que se pueda pensar del cuadro de la violación anal (‘Figura tumbada en un espejo’, de 1971, préstamo del Museo de Bellas Artes de Bilbao), la obra de Bacon no es especialmente violenta.

Sí existencialista, agregó, como se puede comprobar en buena parte de sus obras o en las afinidades electivas de este irlandés, británico de adaptación y afrancesado de formación y cultura (era un ávido lector de Baudelaire y Proust y un apasionado de Degas, Manet o Seurat), que vivió en Londres, París y Mónaco y pasaba temporadas en España. Sentía también verdadera admiración por los dibujos y pinturas de Giacometti, del que se exhiben dos obras en la muestra, pero no por sus más conocidas esculturas.

Una parte importante de la exposición se vio el pasado verano en Mónaco (la Fundación Grimaldi colabora en la organización), si bien esta selección se centraba más en la influencia francesa. El director gerente del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, y el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, saludaron la exposición como una oportunidad única para conocer algunas pinturas nunca vistas en España del creador.

Con préstamos de diversos museos, entre ellos el Prado o el Pompidou, y de colecciones privadas la muestra de Bilbao incluye también algunas rarezas en la trayectoria del pintor. Es el caso de una pintura prácticamente abstracta. Se trata de uno de los escasos paisajes de Bacon, ‘Mar’, de 1953, un espléndido lienzo con reminiscencias a Rothko. “Pero él odiaba que alguien le pudiera definir como expresionista”, apostilló el comisario.

Harrison rechazó de plano la opinión de que Bacon hacía arte abstracto desde su figuración. “No es verdad, tiene toda una iconografía, y los pájaros forman parte de ella", además de sus amantes y los hombres de su vida. "El pinta figuras”, remachó. “Bacon es un pintor figurativo, pero sus cuadros están impregnados de ideas abstractas”, ha declarado, por el contrario, David Lynch, confeso admirador de Bacon, como otros muchos cineastas, pintores y artistas en general, cuyas obras son deudoras de la visión existencialista y descarnada del ser humano de un pintor cuya influencia no deja de crecer, al igual que la cotización de su obra.

jueves, 11 de agosto de 2016

#hemeroteca #testimonios | Por dónde entra el aire en los cuadros de Bacon

Imagen: El País / Francis Bacon
Por dónde entra el aire en los cuadros de Bacon.
Asmático, su estudio era un basurero ilustre; sus cuadros fueron crónicas de la sangre, de la carne y de la huida.
Juan Cruz | El País, 2016-08-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/10/actualidad/1470842896_630811.html

Daba la mano con decisión, mirando para otro lado, como si se estuviera yendo. Elegante, camisa con rayas violetas, una chaqueta negra de tela muy fina, ese tupé que parecía redondeado por un pincel ante un espejo cóncavo. Sus ojos rozando los tuyos como si se los fuera a dibujar en uno de esos cuadros en los que se crucifica a sí mismo en medio de un torbellino de carne y estupor.

Tenía asma cuando llegó a la galería Marlborough de Londres, y lo dijo. Era junio, a las cuatro en punto de la tarde. Tener asma en Londres es una de las cosas más serias del mundo. Cuando dijo “tengo un ataque de asma” fue como si hubiera dicho “paren la vida, vuelvo en un rato”.

Su cara se hizo violeta, como las rayas de su camisa, hasta que volvió a su ser, dejó de ser también de viento y violencia su cara bien afeitada pero dura como el saludo de un enemigo.

Como en las de sus cuadros, las caras de Bacon fueron cambiantes mientras estuvimos con él, de pie, o cuando nos sentamos en una isla de madera que había debajo de uno de sus trípticos. Allí se revolvían caras como si estuvieran en una batalla romana, o griega, a punto de reventarse los ojos. Todas las caras de Francis Bacon son víctimas de una ventolera, como si la carne fuera agitada por un ciclón. Como su propio cuerpo, los personajes de sus cuadros buscan violentamente el aire, parecen desaparecer en medio de una ventolera. Como el pulmón de un asmático, el aire es el deseo que impulsa la violencia de esas huidas que retrata.

Sin embargo, cuando se ve su estudio, lleno de potingues sagrados, parece que se ha asentado allí toda la basura del mundo. Como si jamás hubiera entrado allí una escoba para limpiar el detritus oscuro de los descendientes de Diógenes.

En los bares ese hombre necesitado de aire y de viento y de respiración urgente se sentaba como a esperar, como sentaba a sus personajes Samuel Beckett, su solitario semejante. Los bares eran siempre los mismos, pues en esa costumbre de asomarse a las mismas geografías basaba su deseo de no ser importunado por las novedades de gente que pregunta con la nariz o con la cara: “¿Es usted el pintor?”.

La última imagen pública de él está tomada después de la vida entera, cuando no hay ni viento ni esplendor ni miseria. Cuando hay la muerte y ésta es una inscripción fatal en el dedo de un pie muerto. Un pie, no una cara ni un brazo, ni los dedos de pintar. Un pie fue el último testimonio gráfico de Francis Bacon; en el verso famoso de José Hierro, aquel emigrante Rodríguez está tendido, muerto, en D’Agostino, una casa funeral de Nueva York. Bacon estaba echado así, con su pie desnudo, en una cama de hospital, en Madrid, donde tanto quería. Pero ya estaba solo, era solo Francis Bacon, irlandés, buscó tachar la vida, y ahí estaba, culminando su excursión sobre la tierra. 82 años. Es en ese momento, como decía Walter Benjamin, cuando ya puede decirse quién fuiste, pues ya no serás nunca nadie más que quien fuiste hasta ese instante del que no se vuelve.

Su pintura, como la de Caravaggio, fue sobre la lucha o la muerte o la sangre; o, más bien, sobre lo que hay inmediatamente antes de la muerte, esa ventolera. Pero no era el estrafalario Diógenes de su estudio ni el sedentario de los bares, o no únicamente. Bacon era, también, un asmático que necesitaba el aire y, por tanto, huía en busca del viento, en medio de cuyas turbulencias retrataba a sus personajes, amigos o mitos. Sus temas eran la sangre y la carne, y la despedida; retratos como de atletas que se despiden hacia la nada o hacia otro cuadro que debía nacer, limpísimo, veloz, de aquel campo minado que era su estudio.

En aquel momento de nuestra cita era pulcro, aseado y elegante, entonado como un caballero inglés vestido informalmente para pasar desapercibido en los bares y en las fiestas. Tenía una sonrisa arrepentida, como si considerara vulgar reírse en público, y comunicaba de inmediato su gusto o su disgusto. Los que no son asmáticos quizá no entiendan cabalmente su sentido del tiempo, la prisa que imprimía a su rostro; un asmático es ansioso porque no halla la razón de su asfixia, y si no tiene a mano su ventolín (que usaba en público, como los asmáticos veteranos, que no sienten vergüenza de su padecimiento) se siente perdido y es huraño, como si quisiera que se lo tragara la tierra. Enloquece el asmático solitario, necesita el viento seco. No sólo por eso venía a Madrid. Venía por amor, se dijo, hasta cuando era entrevistado mandaba cartas de amor y desgarro.

Su última vez en público fue en el bar Cock de Madrid. Él bebía con la tristeza reconcentrada de los tímidos, y hasta que la somnolencia de la borrachera no le pusiera en camino del corredor sin retorno no dejaba el vaso. Buscaba la respiración, el viento, por eso en sus cuadros dibuja el aire moviéndose, como si retratara la asfixia y el color del siglo oscuro. "Quedará un color, seguro. Oscuro, color de sangre, cualquier color. Acaso al final quedará un solo color. Y cuál será. Quién sabe". Eso fue lo último que le escuchamos decir en Londres, con nosotros estaba Mary Cruz Bilbao, ella nos juntó. Un año después Bacon murió en Madrid, el último viento de abril de 1992.

sábado, 19 de marzo de 2016

#hemeroteca #francisbacon | El compañero español de Francis Bacon sale del país ante el revuelo generado por el robo de sus obras

Imagen: El Diario / José Capelo, Barry Joule y Francis Bacon
El compañero español de Francis Bacon sale del país ante el revuelo generado por el robo de sus obras.
«José es la persona más privada y discreta del mundo. Le horroriza el protagonismo, nunca ha querido hablar sobre el tema», dicen desde su entorno.
Angie Calero | ABC, 2016-03-19
http://www.abc.es/estilo/gente/abci-companero-espanol-francis-bacon-sale-pais-ante-revuelo-generado-robo-obras-201603190708_noticia.html

Uno de los peores temores de Francis Bacon se cumplió el 28 de abril de 1992: morir rodeado de monjas. «En aquella última semana perdió el control de su vida. ¿Qué es eso de morir entre curas y monjas? Francis una vez me dijo que no se imaginaba una muerte peor que rodeado de hermanas. Su final fue un misterio», decía su biógrafo, Michael Peppiatt. Es curioso que precisamente en la madrileña plaza de la Encarnación, justo enfrente del Real Monasterio de la Encarnación -un convento de monjas agustinas recoletas-, José Capelo Blanco, el español que compartió con el pintor los últimos cuatro años de su vida, comprara una vivienda el 2 de diciembre de 1994. Un cuarto piso con buhardilla donde el pasado mes de junio se produjo uno de los mayores robos de arte contemporáneo. Cinco cuadros de una colección de retratos y paisajes, valorados en 30 millones de euros, desaparecían de esta vivienda de 200 metros cuadrados sin que los cacos dejaran ni una sola pista.

El nombre de Capelo -que ahora tiene 59 años- y su relación con el artista se daban a conocer en 2014, cuando Barry Joule hacía públicas unas grabaciones con su amigo Bacon donde decía que le había regalado a su compañero español cuatro millones de dólares y varios cuadros. A Capelo no sólo le han robado los recuerdos del pintor, también le han arrebatado el anonimato, la discreción y la intimidad. El hermetismo de su entorno es admirable, sobre todo cuando se trata de una historia tan jugosa para la prensa. Lo que sí ha podido saber este periódico es que ante el revuelo mediático que se ha generado, Capelo ha decidido salir del país una temporada, hasta que él ya no sea un motivo de percha de actualidad ni protagonice titulares. «José es la persona más privada y discreta del mundo, nunca ha querido hacer declaraciones sobre el tema a pesar de que le han perseguido en Inglaterra y en España. A él le horroriza todo tipo de protagonismos y hablar sobre este tema. Le está agobiando mucho toda esta situación. Por eso ha decidido irse», cuenta a ABC una persona cercana a su entorno, de las pocas a las que este periódico le ha podido arrancar unas palabras sobre él. La mayoría prefiere callar. Un silencio sepulcral que dice mucho del discreto y leal círculo íntimo que rodea a este ingeniero. Pese a ello, parece que los astros se han alineado para que se conozcan ciertos detalles de la relación de Capelo con Bacon. «Nadie ha visto su casa, ni sus amigos más cercanos. Nunca ha organizado nada ahí, ni una cena informal ni una copa después de cenar», cuentan sobre la casa donde habita.

Los inicios de la relación
Bacon y Capelo se conocieron en Londres a finales de los 80 en una fiesta en honor al coreógrafo Frederick Ashton, a la que el ingeniero español acudió para hacer bulto cuando se confirmó que no asistirían Freddie Mercury y Rudolf Nureyev. El pintor, que por aquel entonces tenía 78 años, se quedó prendado por ese moreno y varonil joven de 35. Al contrario que los tres grandes amores de Bacon, Capelo era de buena familia, educado, sabía idiomas, pertenecía a la sociedad madrileña y no le importaba su dinero. Con él, el artista viajó por Europa central e Italia. También conoció Andalucía, Cataluña, el País Vasco y se enamoró (todavía más) de Madrid. «Francis amaba Madrid a través de una persona que estaba en Madrid. Y eso no lo compartía con nadie», decía Brian Clarke amigo del artista y responsable de preservar su legado junto con John Edwards, el que fuera el gran amor de Bacon y al que le dejó todo.

Cuando venía a Madrid siempre se alojaba en el Hotel Palace o el Ritz, así estaba a cuatro minutos caminando del Museo del Prado, donde estaban sus admirados Diego Velázquez y Francisco de Goya. Al caer la tarde era fácil encontrarle con Capelo en el Cock, un refinado pub inglés que lleva abierto en la capital desde 1921. Eran los años tardíos de la movida, un movimiento que a Bacon le fascinaba por su desenfreno. El vino y los toros fueron las otras grandes aficiones del irlandés en España. El aspecto de Bacon no tenía edad, era imposible pensar que por aquel entonces estaba a punto de ser un octogenario.

El amor para Bacon
«Hay que pensar que no es nada normal que alguien de 35 años como José tenga una relación conmigo. ¿No lo ves? Tengo 40 años más que él», confesó Bacon a Barry Joule la noche en que conoció a Capelo. Pero al español no le importaba la diferencia de edad. Después de cuatro años, su relación terminó porque Capelo no quería hacer pública su homosexualidad, algo que Bacon no podía soportar. «Estar enamorado de forma extrema es como tener una enfermedad espantosa. No se lo deseo ni a mi peor enemigo», le diría durante aquellos años a Michael Peppiatt. Quizá por eso, el 18 de abril cogió un avión —en contra del diagnóstico de los médicos, que le acababan de extirpar un riñón canceroso— y voló hasta Madrid con el único pretexto de reconciliarse con Capelo. Diez días después fallecía en la clínica Rúber, sin recibir ninguna visita, por una parada cardiorrespiratoria.

Veintidós años después de su muerte, Capelo ocupó las páginas de los periódicos cuando Joule hizo públicas las conversaciones con el pintor. Los amantes de la obra de Bacon ataron cabos y descubrieron que aquel hombre que aparecía en el famoso «Tríptico 1991» —que forma parte de la colección del MoMA de Nueva York—, no era otro que Capelo, al que el artista plasmó en un cuadro al que llamó «Retrato de José Capelo». Hasta entonces, el último novio del pintor, aquel amor español que no le maltrataba como sí hicieron otros, que no era alcohólico ni analfabeto, que tampoco tenía ataques de furia contra él y sus obras, aquel que le protegía, había permanecido en el anonimato.
 
DOCUMENTACIÓN
El hombre de los cuadros.

Las cinco obras de Francis Bacon robadas de un piso de Madrid pertenecen a José Capelo, un español que fue el último amor del artista. Bacon decía del español que no se parecía a los «brutos» que solían atraerle.
Carlos Benito | El Norte de Castilla, 2016-03-18
http://www.elnortedecastilla.es/sociedad/201603/18/hombre-cuadros-20160315115324.html
El misterioso robo de los cinco cuadros del amante secreto de Francis Bacon.
Cinco cuadros de Francis Bacon fueron robados en el centro de Madrid a un propietario cuyas siglas, J.C.B., apuntan a que se trata del amante del pintor. Las obras están valoradas en 30 millones de euros y fueron robadas en junio del año pasado en una vivienda del centro de Madrid, cercana al Senado. La Policía sospecha que los cuadros no han salido de España.
David Sarabia | El Diario, 2016-03-14
http://www.eldiario.es/cultura/arte/obras-Francis-Bacon-robadas-junio_0_494500666.html 
Roban cinco obras de Francis Bacon en la casa de su amante español en Madrid.
El pintor, que falleció en la clínica Ruber en 1992, había dejado pinturas y una suma de dinero a José Capelo.
ABC, 2016-03-13
http://www.abc.es/cultura/arte/abci-roban-cinco-obras-francis-bacon-casa-amante-espanol-madrid-201603132149_noticia.html
El regalo millonario de Francis Bacon a su amante español, un banquero 40 años más joven.
Un amigo del artista revela que obsequió antes de morir con casi tres millones de euros a su novio, José Capelo, a quien retrató en un tríptico que cuelga en el MoMA.
Borja Bergareche | ABC, 2014-02-05
http://www.abc.es/cultura/arte/20140204/abci-bacon-regalo-201402041653.html
Los secretos sexuales de Francis Bacon, al descubierto.
El historiador de arte John Richardson aporta jugosas revelaciones sobre el atormentado artista, al que conoció en su juventud.
EFE | ABC, 2009-11-23
http://www.abc.es/20091123/cultura-arte/francis-bacon-200911231129.html

miércoles, 13 de noviembre de 2013

#hemeroteca #arte #francisbacon | Francis Bacon: el pintor más oscuro del alma humana que es récord de ventas

Francis Bacon: el pintor más oscuro del alma humana que es récord de ventas.
El artista irlandés que ayer vendió una obra en U$127 millones, es uno de los más cotizados en el mercado del arte.
J. L. F. | La Tercera, 2013-11-13
http://www.latercera.com/noticia/francis-bacon-el-pintor-mas-oscuro-del-alma-humana-que-es-record-de-ventas/

“El hombre que pinta esas fotos horribles”, dijo de su obra la ex Primera Ministra británica Margaret Thatcher. Francis Bacon, el pintor irlandés y uno de los más trascendentes del siglo XX, no es un artista de medianías: se le ama o se le rechaza, porque su trabajo fue -y es- una inmersión hacia el lado más oscuro y retorcido del alma humana, con rostros, cuerpos y figuras desmembradas, mutiladas y expuestas desde distintos ángulos.

Uno de los favoritos del circuito de subastas de arte, Bacon rompió en 2014 el récord histórico de una subasta pública de arte con su Tríptico de 1969 que le dedicó a su amigo pintor Lucien Freud, se convirtió en la más alta venta en subasta, con 142 millones de dólares transados en una puja de la casa Christie’s en Nueva York.

La alta cotización de Bacon en los mercados del arte se produjo a renglón seguido de su muerte, ocurrida en 1992. Tras una vida muy difícil y tormentosa, donde incluso la primera parte de su obra, realizada antes de la II Guerra Mundial fue destruida por él mismo, Bacon comenzó a ser valorado por su obra ya en una edad adulta, cuando situó la figura humana como el eje de sus preocupaciones formales, en una forma de romper con la figuratividad clásica, que fue llamada justamente Nueva figuración.

La forma en que Bacon retrató al cuerpo humano se origina en el trauma que le ocasionó la guerra y las consecuencias psicológicas de esta, además de su propia interioridad: fue expulsado de su casa a los 16 años al manifestar su homosexualidad y tendía fuertemente hacia la autodestrucción. Sus primeros éxitos datan de 1944, cuando realiza el tríptico Tres estudios de figuras junto a una crucifixión, considerada una de las obras clave de la pintura contemporánea. Justamente nace con esta obra su predilección por el tríptico, formato que le dio un sello personal y donde se acerca al motivo desde distintos ángulos pero siempre manteniendo la unidad de la obra, generando una sensación de ambigüedad sobre el objeto, en especial en los retratos.

En 1949 comienza su serie de versiones sobre el 'Retrato de Inocencio X' de Velázquez, un momento clave en su obra y donde se reúnen las ideas pictóricas sobre la angustia y la expresión atormentada de sus personajes que luego desarrollaría con profusión, como el gusto de presentar los rostros de manera borrosa, a la manera de una pesadilla. Influenciado por el noruego Edvard Munch, es en las décadas del 50′ y 60′ que Bacon logra repercusión en los círculos del arte, siendo adquiridas por importantes museos.

Otro momento clave en su carrera fue el encuentro con George Dyer en 1964, a quien sorprendió robando en su taller y que luego se transformaría en su amante, en una relación tormentosa que le provocó una estimulación creativa notable, con gran cantidad de pinturas, entre ellas varios retratos de Dyer. Este terminó suicidándose con barbitúricos en 1971.

La cotización de Francis Bacon en subastas ha tenido hitos como la venta de Triptych 1976, que fue subastada en el 2012 en 86,2 millones de dólares y adquirida por el ruso Roman Abramovich. Anteriormente su récord fue en 2998, cuando 2008, cuando Sotheby’s vendió otro de sus trípticos por 55,3 millones de dólares. También el artista Damien Hirst compró una obra de Bacon, Crucifixión, en 33 millones de dólares, y por el mismo precio fue subastado el Retrato de Henrietta Moraes (1963).

Justamente, Hirst fue quien definió el lugar de Francis Bacon en el arte contemporáneo: “Bacon es el mejor. Tiene los huevos para joder en el infierno. Es el último bastión de la pintura. Antes de Bacon, la pintura parece muerta, totalmente muerta”, dijo.