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jueves, 6 de febrero de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Violeta, el maricón y la folclórica, vistos por el foco de Humberto Rivas

Violeta la Burra, vista por Humberto Rivas
Violeta, el maricón y la folclórica, vistos por el foco de Humberto Rivas.
Fernando Morales | Valencia Plaza, 2020-02-06
https://valenciaplaza.com/violeta-el-maricon-y-la-folclorica-vistos-por-el-foco-de-humberto-rivas

Hace unos días fallecía la transformista más famosa de Barcelona desde la etapa predemocrática. Violeta, cuyos retratos firmados por el fotógrafo argentino forman parte de los fondos del IVAM, alegró a los viandantes con sus castañuelas, rosas y CDs de grandes éxitos.

Se creen que es fácil. Pero vivir desnudo, exhibiendo sin pudor la persona con la que te identificas, a veces se convierte en un infierno; un infierno frívolo, ostentoso y fotografiado. La semana pasada murió Pedro Moreno, una persona inusual, valiente, que pasó la vida a la sombra de la mujer en la que se transformaba cuando salía a la calle: Violeta La Burra, o simplemente Violeta. Su historia fue heroica por muchos motivos, pero no habría sido tan conocida de no haberla retratado Humberto Rivas desde el año 1976, en una serie de fotografías que, en parte, podemos disfrutar en la colección del IVAM, y permanecen expuestas estos días en la muestra ‘Tiempos Convulsos’.

Precisamente hace unos meses, La Nau también celebraba una antológica de Rivas, que incluía otra serie de retratos de Violeta, en los albores de su inquietud transformista, cuando posaba ante la Polaroid con los primeros toques de maquillaje, sin ocultar sus rasgos de masculinidad. Esa brecha, entre hombre un mujer, se resistió a desaparecer de los retratos casi obsesivos con los que Humberto Rivas nos regalaba la presencia de Violeta y de Pedro, un transformista homosexual que se popularizó en la época franquista y venció a la represión de la época. Desde su pueblo natal, Herrera (Sevilla) hasta llegar a Barcelona; España tuvo la oportunidad de acercarse a una pionera de las ‘drag’ de la noche.

La conocieron también en París, donde vivió varias temporadas. Allí y aquí se rodeaba de la gente de la calle, de los mendigos, de los que deambulaban y sufrían los efectos de noche, de los narcotraficantes y los bares clandestinos. Pero también fue admirada por el mundo de la cultura. Francisco Umbral la mentaba a menudo: “Va de melenita negra, barba con granos, blusa de flores y sandalias ambiguas, en la mañana laboral y contractual”. Era un icono de la calle, de la noche. Siempre defendía a capa y espada una personalidad llevada al terreno de la estética, irrenunciable, y eso propulsó a Pedro para ser pionero de los movimientos LGTBI en defensa de la diversidad, de la identidad libre.

Convertido en Violeta, con maquillaje y vestimentas muy sencillas, a veces femeninas, pero siempre mostrando su lado su masculinidad, su incipiente barba, su pecho peludo, se daba a conocer cantando copla y flamenco por las calles. Pronto llegó a las salas y los teatros. En el año 1977 editó su primer ‘cassette’, con una carátula en la que aparecía como hombre semidesnudo, maquillándose; haciendo explícita esa transformación diaria a la que se sometía, y que quería visibilizar tanto como su arte vocal. Así, burló la ley de peligrosidad y rehabilitación social, que acababa metiendo en centros psiquiátricos a homosexuales y a quienes se travestían.

El primer corte del álbum con el que se dio a conocer se titulaba ‘Violeta’, autodefiniéndose. Y muchos la recuerdan cantando su versión de ‘La violetera’ por las calles, a viva voz, sin instrumentos. En el mercado barcelonés de La Boquería, “se presentaba y pedía a los tenderos algunas zanahorias o nabos, que daban mucho juego, y cantaba hasta que en el puente de la canción le gritaban ‘¡Violeta Burra!’ y ella se tiraba al suelo”, relata Bibiana Fernández. Sus hitos escénicos los alcanzó formando parte del cuerpo de baile de Lola Flores. Y ya en la cumbre de su carrera, se convirtió en artista residente de la sala parisina Paradis Latin, durante dos años.

Fue una de las pocas supervivientes de una época muy difícil. Ahora cualquier persona puede ponerse falda, peluca y maquillaje y pasar inadvertida. Pero Violeta era una excepción, una estrella con luz propia de barrios oscuros, donde recuerdan haberle visto hace poco tiempo, ambientando las veladas con su personalidad arrolladora, que atravesaba barreras de idioma y de clase social. Igual desayunaba tirada por el suelo, que se tomaba unas copas con Salvador Dalí, con el que mantuvo una buena relación de amistad durante una larga etapa de su vida.

Actuaba para todos desde el escenario de Los Claveles, en la calle Escudellers, junto a Rosarito y Marilí, dos de sus pocas compañeras de trayectoria. Cuando actuaba en otros locales de la Rambla barcelonesa, igual compartía cartel con Estrellita Castro, que con Antonio Machín; una anomalía en la época. El gran público no veía con buenos ojos la mezcla de transformistas y grandes artistas de la canción. Pero Violeta era las dos cosas.

En la última etapa, ya como octogenaria, Pedro salía a las calles con su peluca, casi remarcando la silueta habitual de las señoras del barrio, un poco disfrazada de Marujita Díaz, a la que admiraba. Vendía sus discos compactos en un bazar travesti ambulante; cargado de rosas que mantenía hidratadas desde una botella de plástico reciclada. Hacía chistes verdes, ironizaba con sus espectadores habituales y, a veces, recitaba poesía.

Violeta nunca hacía referencia a su persona como mujer, se definía como maricón, palabra que repetía sin ton ni son, referida a todo el mundo; no había barreras para coartar su homosexualidad, ni para violentar a los conservadores. Su discurso popular le convertía en un personaje muy querido. En Valencia, salvando las distancias, su nivel de popularidad habría tenido reflejo en el personaje de Blanquita, del barrio del Carmen. En Barcelona, hoy queda su memoria impregnada en la corona de Mónica, la reina del Raval.

Umbral, en otro de sus textos, la define con un epitafio perfecto: “Andalucía, trocada y trucada en Violeta la Burra para no ser hombre ni mujer, perder su identidad entre dos párrafos constitucionales que no entiende, como la ha perdido Violeta, que antes era la Dulce y ahora es la Burra y se come las flores”.

Toda esa potencia rebelde que Violeta ilustró durante su vida quedará para siempre en el legado colectivo a través de las fotografías de Humberto Rivas. Un artista del retrato que no solo pretendía documentar momentos, sino darle importancia al protagonista, a la estrella invitada ante el objetivo, crear imágenes artísticas partiendo del costumbrismo. Escenas diseñadas, pensadas y cuidadas como el retrato que el argentino hizo de Pedro en ‘Violeta La Burra y su madre’; una foto encajada entre un taburete, un cristo y una silla de playa. Así, podremos seguir viendo en las salas del IVAM algunas de las tomas más incisivas, más ingenuas y descriptivas de una persona que marcó un antes y un después en las salas de fiestas españolas.

domingo, 2 de febrero de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Una foto de Violeta

Imagen: El Periódico / 'Violeta la Burra y su madre', por Humberto Rivas
Una foto de Violeta.
Lucía Lijtmaer | El Periódico, 2020-02-02
https://www.elperiodico.com/es/opinion/20200202/columna-opinion-lucia-lijtmaer-una-foto-de-violeta-7832646

Comenzó a circular por las redes un retrato de Violeta la Burra en blanco y negro, uno que desde hace tiempo se exhibe en los museos, donde está joven, de frente, mirando a cámara, maquillada para el espectáculo. Lo primero que se me ocurre al verla repetida ahora por todas partes es que en esa fotografía se intuye algo de una Barcelona que parece extinta: cabaretera, nocturna, díscola. Una ciudad directa y sin eslóganes, una ciudad de puerto que huele a salitre y a ultramar.

Quizás por eso fascinó tanto a Humberto Rivas, autor del retrato, migrante como Violeta y cuya mirada, que marcó la fotografía en este país, podía ser clínica, incluso dolorosa y punzante en ocasiones, algo parecido a una autopsia en vivo. Pero no con Violeta. Como explicaba una vez Lucía, la hija de Humberto, él no sabía retratar con dureza a quien tenía verdadero cariño.

A lo mejor de ese respeto y esa admiración que traspasa la imagen salió ese retrato menos conocido de Violeta con su madre, junto al busto de un cristo doliente. En esa foto se transparenta la humanidad, la intimidad y lo cotidiano de un amor filial a prueba de bombas. Y algo más. Rivas, como tantos otros, entendió la ternura de lo que encarnaba Violeta, y la tremenda inteligencia de aquel que ejerce el papel más importante en las circunstancias más complicadas: crear un personaje y utilizarlo puede ser un instrumento para poner en primer plano aquello que a los demás les resulta insoportable, intolerable y que por tanto debe ser reprimido.

Violeta, Pedro Moreno, artista que trascendió décadas y ciudades, encarnó en su última etapa el mito romántico de una florista barcelonesa, siempre sonriente, con su canasta bajo el brazo dispuesta a alegrar la noche a los de las barras de la Esquerra de l’Eixample a cambio de una rosa. Queda en memoria de muchos su simpatía y su dulzura, en esta ciudad que ya es otra. En mi memoria queda la foto de una Violeta nocturna y cabaretera y también esa otra foto de una familia expuesta y transparente, justo antes de que todo cambiara, justo antes de que todos empezáramos a cambiar.

viernes, 31 de enero de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Violeta de arriba, Pedro de abajo

Imagen: El Periódico / Violeta La Burra
Violeta de arriba, Pedro de abajo.
La muerte del travesti nocturno Violeta la Burra casi pone fin a una era ruda pero genuina del mundo del espectáculo y entristece a su vecindario del Eixample.
Luis Troquel | El Periódico, 2020-01-31
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20200131/muerte-biografia-violeta-la-burra-7830837

¿Existe la alta cultura 'trash'? Si es así, pocos como Violeta la Burra alzaron ese estandarte. O ese pendón, mejor habría que decir. No era exactamente un transformista, pues no emulaba a otros personajes, y ejercía solo de travesti con nocturnidad. Su nombre de carnet de identidad siempre fue Pedro Moreno Moreno. Al parecer, inicialmente le llamaban 'la Dulce' pero le gustaba decir tales animaladas en el escenario que un día se le quedó lo de 'Burra' a instancias de un espectador.

Su muerte en Sevilla el pasado 29 de enero ha vuelto a poner sobre ella el foco como hacía mucho no resplandecía. Pero, aun con 83 años, al caer la noche para Violeta seguía empezando la función: se maquillaba, se vestía de mujer y recorría bares y calles vendiendo rosas. Lanzando y recogiendo piropos de gente que en muchos casos nada sabía de su trayectoria artística. Algo que no parecía importarle lo más mínimo. Ni mucho menos molestarle. A fin de cuentas, en su mejor momento profesional lo dejó todo para cuidar a su madre cuando cayó enferma. Llevaba dos años en París, donde trabajó con Jean-Marie Rivière en el Paradis Latin y hasta tuvo su propio espectáculo en el Moulin Rouge.

Había nacido en 1936 en el pueblo sevillano de Herrera y muy joven cogió el tren y se instaló en Barcelona. Primero actuando en Los Claveles, en la calle de Escudellers. Entre otras muchas salas triunfó en el Barcelona de Noche e incluso fue la gran estrella en la reapertura del Teatre Arnau con una entonces pujante Loles León. En plena transición el propio Paco Umbral la glosaba y los retratos que le hizo Humberto Rivas hoy pueden verse en museos.

Lo suyo era infinitamente más atrevido que el punk entonces reinante y estaba en las antípodas de la corrección política de las actuales corrientes LGTBI. Tampoco era el mito a lo Flor de Otoño de hombre que oculta durante el día sus noches travestidas. A él le gustaba decir: "Violeta de arriba, Pedro de abajo".

Sus discos y casetes son tesoros bizarros. No le importaba mancharse con el trazo grueso y pocas rimas le gustaban tanto como las que pueden hacerse con las palabras “salchichón” y “maricón”. Entre canción y canción tenía desternillantes 'speaks' sobre las redadas de la policía, los meaderos de la plaza Catalunya, las palizas de los chulos y similares lindezas.
Con su dulce sonrisa se hacía querer allí donde iba. Tanto entre los compañeros de profesión como en el actual día a día. Vivía desde hacía mucho en Enric Granados con Còrsega y en cualquier sitio donde coincidieras se palpaba el cariño que cualquiera le tenía. Ayer el vecindario estaba consternado. En El Filete Ruso hasta habían colgado fuera una foto suya enmarcada. Enfrente, la estilista Carolina Allande explicaba como hace escasos días vino a verla. No le dijo nada de lo avanzado que estaba ya el cáncer que padecía, pero sí que quería que tuviesen una nueva foto juntas.

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Carta a Violeta la Burra: 'La nit és morta'

Violeta la Burra, según Alex Gallego
Carta a Violeta la Burra: 'La nit és morta'.
Has ajudat a fer Barcelona més divertida, amable i gamberra.
Albert Om · Periodista | Ara, 2020-01-31
https://www.ara.cat/opinio/Albert-Om-Carta-Violeta-la-Burra-Nit-morta_0_2390761061.html

"Soy la noche", proclamaves estirant el coll, amb la mirada al cel de Barcelona i un repic de castanyoles per subratllar la frase. La nit s'ha mort i, inevitablement, aquesta setmana se t'ha emportat també a tu, Violeta la Burra, un dels seus personatges més transgressors, estimats i populars.

Com deia Neus Català, l'ocell torna al niu a morir. Tu també, Pedro Moreno Moreno, més conegut per Violeta la Burra –el teu ‘alter ego’ transformista–. T'han enterrat als 84 anys aquest dijous a Herrera, el poblet de Sevilla on vas néixer. Ara tocarà que et facin un homenatge a Barcelona, la ciutat on has viscut més de 50 anys i que has ajudat a fer més divertida, amable i gamberra. Primer, en cabarets i teatres del Xino i del Paral·lel, i tots aquests últims anys en locals de l'Eixample, on et vèiem entrar amb l'abric, la perruca rossa, un pom de roses vermelles i aquella gràcia natural i aquella veu enrogallada que t'obria les portes del Dry Martini i de tot el que sorgís després.

Llàstima que els periodistes –tan ocupats que estem sempre en altres coses– t'haguem deixat marxar sense que haguéssim documentat exactament tota la teva vida. Hi ha algunes excepcions: una entrevista de Toni Vall a l'ARA i una de Carles Flavià a Betevé. Busqueu-la. És un dels pocs documents en què se't sent parlar. A Flavià –la nit tampoc ja no és la nit, sense ell– li expliques com vas arribar a Barcelona, el 1965. La primera nit vas dormir a l'Estació de França. El coixí va ser la maleta de fusta que duies. Ara m'agradaria saber com va ser el teu últim viatge a Sevilla. L'ocell torna al niu a morir. La vida no és el que et quedava en aquell viatge de tornada a casa, que ja era poc, sinó tot el que has viscut i has fet viure.

Ens quedarà un gran record teu, Violeta. M'admirava de tu que sempre mostraves la teva millor cara. El transformisme també deu ser això. Sortir al carrer lluint la millor versió de tu mateix. Alegrar les nits, alegrar la vida. No se m'acut un objectiu més noble i més bo. “ Ay, qué guapa soy y qué chocho tengo”. Vas ser un personatge popular, quan encara no es necessitava la televisió ni Instagram per ser-ho. I vas envellir amb la dignitat de no quedar-te tancat a casa ni arrossegar-te per platós decadents aspirant a ser un altre dels seus friquis. La nit, els bars, el carrer, l'artista al costat del seu públic. I si s'han de vendre roses, es venen roses: “ Hay que ver, hay que ver, lo que hay que hacer pa comer”.

P.D. L'últim cop que et vaig veure va ser una nit de principis de desembre, al Tapas 24. Com aguanta, vam comentar. Potser sense l'eufòria d'altres vegades, però eres allà, cada nit, deixant-nos imaginar per uns instants com devia ser aquella Barcelona de quan nosaltres tot just naixíem.

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Adiós a ‘Violeta La Burra’ artista, maricona y mejor persona

Imagen: La Vanguardia / Violeta la Burra
Adiós a ‘Violeta La Burra’ artista, maricona y mejor persona.
Muere Pedro Moreno, un personaje conocido como ‘Violeta la burra’ en la noche de Barcelona que ya no existe y que defendió su homosexualidad en tiempos de ostias.
Joaquín Luna | La Vanguardia, 2020-01-30
https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20200130/473219487497/violeta-la-burra-barcelona-artista-la-rambla-homosexualidad.html

En los últimos meses Violeta La Burra ya no castañeaba con salero al entrar en los bares y locales nocturnos de Barcelona donde además de vender rosas que portaba en una botella de plástico, aún tabaco y algún CD suyo tenía siempre un piropo al punto. Si uno estaba solo, el piropo era para ti y si estabas acompañado el piropo era para ella. ¡Qué manera de llamar guapo y guapa! Su presencia, entre a lo Sara Montiel y Marujita Díaz, ojos grandes y floripondio con gusto, alegraba la noche porque antes que artista popular o vendedora fue siempre persona y muy maricona, condición que reivindicaba y le había reportado más de un par de ostias en alguna comisaría.

Violeta La Burra se llamaba Pedro Moreno Moreno y ha muerto muy querida en Barcelona y de cuerpo presente en Herrera, su pueblo natal de la provincia de Sevilla, donde nació en 1936, año triunfal y muy jodido porque empezó la guerra y se prolongó la miseria en Andalucía. Su madre quería un varón. “Que mi mare desía que quiero un varón, que quiero un varón, cuando iba a nacé yo, aversimentiendes, que quiero un varón, que quiero un varón, la pobresita, y así nací yo”, le contó tal cual a Francisco Umbral en uno de sus “Spleen de Madrid”.

La pobreza más que la homosexualidad le llevaron antes de los veinte años a Barcelona, que la estaba esperando aunque llegase en tren expreso. Con los años, Violeta se hizo más barcelonesa que Rius i Taulet y tan del Barça como la Feliu (no hay más que escuchar “Soy culé del derecho y del revés”, homenaje al Tiki-taka con segundas, canción de su último disco, “2012, mejor que nunca”, canto del cisne cargado de coña, alegrías y dobles intenciones, como anticipan los títulos: “La crisis me pone”, “Z de zorrón” o “Yo soy mariquita”).

Violeta encarriló su vocación artística y el espíritu alegre en los bajos y artísticos fondos de Barcelona, cabe a La Rambla, en tablados, garitos y cabarets donde el franquismo se desentendía de la moral y se mariconeaba mucho. Finales de los años 50. Los Claveles, El Andalucía de Noche, el Jardínes de Córdoba y de allí el gran salto al Bagdad y el Barcelona de Noche, aprovechando el filón del travestismo en los años de la transición, tiempo de pasiones, nobles y bajas. Violeta La Burra cobró fama por su gracia, arte y desparpajo hasta el punto de que fue contratada en París, de donde venían muchos niños y todas las perdiciones.

Jean Marie Rivière, “rey de la noche de París”, la fichó para el Paradis Latin, meca del travestismo europeo en los años 70. “Yo no lo he inventado, sólo le he dado cartas de nobleza”, decía Rivière del género. El estrellato se prolongó un par de años porque Violeta tenía a su madre delicada y lo suyo era más Barcelona y la Semana Santa de Herrera que la bohemia de París.

Con el siglo XXI y la edad, le llegó el declive y eso tan cursi de “reinventarse” aunque nunca presumía de haberse codeado con Lola Flores o Salvador Dalí ni se lamentaba de los chulos que le sacaron las perras y cosas peores. “Me había llevado unas palizas...”, confesó una noche en el Dry Martini, su segunda casa, donde Javier de las Muelas y su buena gente le daban cobijo, zumo de naranja o alguna copa de champaña en su deambular por ciertos locales y restaurantes del centro de Barcelona donde todos la apreciábamos y mucho, a diferencia de las calles de sus éxitos, como Escudillers, tomadas por extranjeros que nunca hubiesen apreciado el lujo de ver, saludar y charlar con Violeta La Burra, gran amiga o amigo, da igual, tan andaluza y barcelonesa.

jueves, 30 de enero de 2020

#hemeroteca #trans #inmemoriam | La ciutat de Violeta la Burra

Imatge: Ara / Violeta la Burra
La ciutat de Violeta la Burra.
Mor als 84 anys un símbol de la nit barcelonina.
Toni Vall | Ara, 2020-01-30
https://www.ara.cat/societat/ciutat-Violeta-Burra_0_2390161107.html

Cada vespre es maquillava, es posava la perruca rossa i l'abric. Agafava la mitja ampolla de Font Vella amb les roses a dins en remull i uns quants CD per si sonava la flauta i algú se n'encapritxava. I sortia al carrer a menjar-se el món. Tenia més de vuitanta anys però Pedro Moreno continuava sent cada nit Violeta la Burra. Dimecres va morir a la seva Herrera natal, on havia marxat conscient que el temps se li escolava entre els dits i on volia passar els seus últims dies. Havia regalat el seu ocell a un botiguer amic per assegurar-se que algú el cuidés bé quan ja no hi fos.

Feia més de quaranta anys que vivia a Barcelona, a Enric Granados amb Còrsega. Havia pintat el timbre de l'intèrfon de vermell perquè dient "el timbre rojo" no calia dir gran cosa més. Havia vingut de terres andaluses, on va viure la misèria de postguerra i on el camp i les oliveres li van ensenyar tot el que no va poder aprendre a l'escola. Barcelona de Noche, Los Claveles, el Paral·lel, havia pujat als escenaris barcelonins més mítics de quan la solera era encara una paraula important a la ciutat. Lola Flores se la va endur a París per actuar amb ella en un viatge irrepetible que era molt fàcil sentir-la rememorar.

El transformisme, la ‘copla’, el flamenc, van ser la seva vida. Va patir la repressió d'uns temps d'intransigència i castració però sempre va sortir-ne vencedora. Hem sigut tota la vida veïns. Era fàcil trobar-te-la pel barri fent la ronda nocturna de bars i restaurants. Sempre amb la simpatia a punt, sempre alerta per si una parella volia escoltar-la durant uns segons i li podia donar una mica de xavalla o comprar-li una rosa. El Dry Martini, el Solo Pizza, el Quilombo... A tot arreu l’estimaven i deixaven que durant uns minuts oficiés el seu xou particular. Ella els portava una foto emmarcada i dedicada i ells la penjaven com un homenatge en vida.

A l'Antonio Ávila, perruquer irreductible, sempre li explicava la vida, sempre estava feliç encara que més atrotinat del que voldria. Una altra perruquera, la Carolina, propietària d'Estilistes de Cinema, a Enric Granados, encara no se'n sap avenir: "Creo que ya me voy”, li va dir fa pocs dies, conscient que ja faltava poc per al viatge final.

La vaig veure fa dos dissabtes asseguda a la barra del Tapas 24 a Diagonal amb Tuset. Vestida. Hi sopava cada nit i era fàcil que la convidessin. Vam xerrar una estona. Sempre xerràvem, sempre m'explicava alguna novetat: una exposició que li volien dedicar, un nou CD recopilatori (que es pagava ella mateixa), una grip empipadora que ja havia passat de llarg... Ara hi vaig a esmorzar per explicar-los la notícia. Els cambrers es queden glaçats, durant uns segons, desconcertats, no saben quin cafè amb llet toca servir a qui. Tantes nits de xerrera esmolen els sentiments i l'estimació. Ja fa mesos que tenen penjades tres o quatre fotos seves a la paret. Ella ja no hi és però allà continuaran les fotos, per ser contemplades i recordar. Era un d'aquells personatges que et vacunen contra els prejudicis, que et modelen l'empatia i que injecten personalitat a un barri i a una ciutat. Ja no en queden com ella. Bon viatge, Violeta, no t’oblidis de les roses vermelles!

#hemeroteca #trans #inmemoriam | Muere Violeta la Burra, icono transformista durante el franquismo

Imagen: El Periódico / Violeta la Bruua
Muere Violeta la Burra, icono transformista durante el franquismo.
Fue un símbolo de los cabarets catalanes, donde actuó siempre en clave de flamenco.
EFE | El Periódico, 2020-01-30
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20200130/muere-violeta-la-burra-artista-icono-transformista-cabarets-espana-franquismo-7828107

El cantante transformista Pedro Moreno Moreno, conocido artísticamente como Violeta la Burra, que se convirtió en un símbolo de los cabarets catalanes en la España del franquismo y llegó a actuar en varios escenarios de París, ha muerto a los 84 años en Sevilla, según ha informado el Ayuntamiento de Herrera (Sevilla). Violeta la Burra será enterrado esta tarde en el cementerio de su localidad natal, tras un funeral que tendrá lugar en la Parroquia de Santiago El Mayor.

Nacido en este municipio sevillano en 1936, de niño trabajó en los campos de olivos de su pueblo, pero con 20 años comenzó a decantarse por el mundo de la música y de las folclóricas que triunfaban en la época, lo que unido a la dureza del trabajo en el campo le hizo emigrar a Barcelona, donde encontró rápidamente trabajo en algunos de los locales de moda de entonces.

Allí, comenzó a actuar como travesti, primero los fines de semana, donde se subía al escenario de Los Claveles, en la calle Escudellers, junto a compañeras como Rosarito y Marilí, actuando siempre en clave de flamenco, para luego pasar a locales de más importancia, entre los que estaban Andalucía de Noche y Jardines de Córdoba, donde el nivel subía hasta estar en carteles con Antonio Machín o Estrellita Castro.

Salvador Dalí y Lola Flores
De allí pasó a la sala estrella de la capital catalana, Barcelona de Noche, donde conoció a Salvador Dalí, con el que trabó amistad enseguida. Posteriormente, se incorporó al cuerpo de baile de Lola Flores en los espectáculos que representaba en los teatros Victoria y Calderón.

La cima de su carrera llegó cuando un empresario francés se fijó en su espectáculo y se lo llevó a París, donde fue artista de referencia en la sala Paradis Latin durante dos años, hasta que su madre enfermó y decidió volver a España con ella.

Con casi 80 años mantenía parte de su actividad artística, durante la que grabó varios discos, que se vendían sobre todo en formato de casetes, y siempre se mantuvo en contacto con su pueblo, donde su madre tiene una calle con su nombre y al que volvía en varios momentos del año, con una visita fija siempre en Semana Santa.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

#hemeroteca #trans #fotografia | Los retratos en crudo de Humberto Rivas

Imagen: El País / Violeta la Burra, fotografía de Humberto Rivas, 1978
Los retratos en crudo de Humberto Rivas.
El fotógrafo hispanoargentino, fallecido en 2009, reconocido con su mayor retrospectiva en España.
Manuel Morales | El País, 2018-09-19
https://elpais.com/cultura/2018/09/18/actualidad/1537269307_897068.html

Un buen día de 1968, sin saber por qué, el argentino Humberto Rivas decidió dejar de pintar, y eso que le iba bien, como él mismo reconocía. A partir de ese momento, Rivas, nacido en Buenos Aires, en 1937, se centró en la fotografía, a la que ya había dedicado parte de sus afanes creativos. De la obra que desarrolló desde entonces hasta su fallecimiento en Barcelona (2009) dedica la Fundación Mapfre, en Madrid, su mayor retrospectiva, del 21 de septiembre al 5 de enero de 2019.

De la exposición, formada por unas 180 imágenes, todas copias realizadas por el propio autor, destacan sus intensos retratos, duros, a menudo frontales, a veces primeros planos y siempre en blanco y negro, que muestran a la persona en toda su crudeza. Rivas los planteaba como una batalla con el fotografiado, decía, para mostrar su lado oculto, "desde el respeto, pero sin fotogenia", ha explicado en la presentación de la muestra su comisario, Pep Benlloch. Este fue asistente ocasional de Rivas en aquellos procesos: "Humberto se iba fijando en personas que le llamaban la atención. Luego se ponía a hablar con ellas una hora... pero no les decía a qué se dedicaba. Cuando ya había confianza, les pedía retratarlos, entonces sacaba el equipo o los llevaba al estudio".

Rivas vivió poco más de la mitad de su vida en su país. En Buenos Aires montó su primera exposición de pintura, en 1958, y al año siguiente repitió con una de fotografía. En 1962 le propusieron dirigir el departamento fotográfico del prestigioso centro de arte Instituto Torcuato Di Tella, en el que retrató a las grandes personalidades de la cultura argentina, incluido Jorge Luis Borges, o al que consideraba su maestro, el fotógrafo ruso Anatole Saderman. Cuando la realidad se puso turbia, se marchó para recalar en Barcelona con su esposa. En la España que salía del franquismo tuvo noticia del golpe militar en Argentina.

La muestra 'Humberto Rivas' dedica precisamente uno de sus bloques a la ciudad catalana. De ese periodo, entre otros retratos, sobresale la serie de seis fotos que hizo al travesti Violeta la Burra, personaje carismático de la noche barcelonesa. Benlloch destacó que este conjunto no se ha mostrado antes, y que fue excepcional porque Rivas "trabajó repetidamente" con La Burra, algo que no salía hacer con sus personajes. Le acompañan desnudos en los que rara vez hay una sonrisa e imágenes de esquinas de la ciudad poco iluminadas, al amanecer o al anochecer, inquietantes y misteriosas.

La galería Spectrum
En aquella Barcelona encontró también la galería Spectrum, rara avis porque solo se dedicaba a fotografía y en la que exponían jóvenes autores como Toni Catany o Joan Fontcuberta. Rivas defendió desde aquella plataforma, y después como profesor, que la fotografía debía ser considerada un arte y no una técnica marginal, como ocurría entonces. "Empezó a ejercer su maestría e influencia en fotógrafos españoles", subrayó Benlloch. Así hasta los años noventa, "su mejor etapa", en la que fue distinguido con el Premio Nacional de Fotografía (1997).

La exposición continúa con su obra en color, de tonos tenues, tan delicados que hacen dudar si no estamos ante más blanco y negro. Son imágenes poéticas, melancólicas, en las que muestra más esquinas y fachadas de edificios de Valencia, Martorell, Corrientes, Ámsterdam... Un contraste con la que fue su ocupación durante más de una década, las coloridas campañas publicitarias para marcas como Burberry.

El cierre es para lo que los organizadores han denominado ‘Proyecto de vida’, espacio en el que se reflejan sus últimos trabajos, algunos experimentales, como ‘Crucifixiones’, composiciones de nueve imágenes en las que fragmentó a mujeres en esa posición.

jueves, 24 de abril de 2014

#hemeroteca #trans #testimonios | Pedro Moreno (Violeta la Burra): Per un ram de roses vermelles

Imagen: Ara / Violeta la Burra
Pedro Moreno (Violeta la Burra): Per un ram de roses vermelles.
Toni Vall | Ara, 2014-04-27
https://www.ara.cat/premium/societat/roses-vermelles-Pedro-moreno-violeta_0_1127887246.html

Per Violeta la Burra és Sant Jordi tots els dies de l’any. Cada vespre es maquilla, es posa la perruca rossa rinxolada i amb el seu gerro de roses vermelles recorre els bars del seu barri. Canta una copla, un cuplet, una cançó picant o improvisa una sevillana amb les castanyoles. El repertori varia segons el dia, la inspiració o depenent de com bufi el vent. Qui sap si ‘Hasta pronto’ o ‘La Robustiana’, ‘El salchichón’ o ‘Cabeza loca’. Potser només passeja entre les taules remenant la cua, explica un acudit verd o llança una floreta a la parella de l’última taula al fons a la dreta. I passa el cistellet. “ Nene, una propinilla, ¿no? ” Fa quaranta anys que viu al seu piset d’Enric Granados amb Còrsega i que injecta vida i caliu a un barri on subsisteixen pocs clàssics com ella. És una supervivent. De nit, entre les taules del Solo Pizza i el Quilombo o sota els focus del Dry Martini, és Violeta. De bon matí, baixa a esmorzar a l’Itxaso, la fa petar amb el botiguer de la cantonada i compra la verdura per al gaspatxo. La Violeta descansa a casa al costat de les roses que ahir no va vendre. Durant unes hores, és la vida del Pedro.

Al Pedro Moreno la pell se li va torrar de ben jove sota el sol majestuós de Sevilla. Va néixer a Écija però als quinze anys ja treballava als camps d’oliveres d’Herrera. Divuit hores al dia recollint olives en una època (els anys 50) en què l’Andalusia popular encara arrossegava la rèmora d’una Guerra Civil devastadora. “Es passava gana”, recorda. No va anar a l’escola però està orgullós d’afirmar que la vida l’hi ha ensenyat tot. A llegir, a escriure i a relacionar-se amb la gent. Bé, la vida i l’escenari, esclar.

Gràcia natural
Ja ben entrats els vint anys, comença a descobrir el gust per la música, per la cançó tradicional i les folklòriques. Vol treballar i la duresa del camp de la seva terra no és l’horitzó que més l’entusiasma. Destí: Barcelona. La seva gràcia natural, una certa facilitat pel cant -“en realitat cantava regular”- i una bona planta -“era un mariquita guapet”- faciliten que ben aviat una amiga el convenci per provar sort amb el transvestisme i l’espectacle de cabaret. Primer a Los Claveles del carrer Escudellers, on treballa els caps de setmana i li paguen un sou decent perquè juntament amb la Rosarito i la Marilí animin el ‘tablao’ de flamenc. Són anys de repressió i cal anar amb compte amb segons quines exhibicions d’homosexualitat. Res d’anar maquillat pel carrer. “Jo vaig tenir sort. A alguns amics els van detenir i apallissar. Ens tractaven com a criminals”.

En locals com Andalucía de Noche i Jardines de Córdoba coincideix amb artistes de la talla d’Antonio Machín, Estrellita Castro i Ana María González. Són anys de descoberta, de nits interminables i vides al límit. També freqüenta la sala més mítica de totes, Barcelona de Noche. Allà coincideix molt sovint amb Salvador Dalí, enamorat de la nit i fascinat per la transgressió d’uns personatges que, com la Violeta, sembla que visquin en un altre temps, en un tros de vida imaginada. Conèixer Lola Flores és un punt i a part. La Faraona sempre li deixa bones propines i aviat li proposa que l’acompanyi als seus espectacles fent de ballarina en teatres com el Victoria i el Calderón. La incipient notorietat fa que un empresari francès es fixi en ella i la fitxa per actuar primer a l’Hotel Ritz amb La Violetera -el personatge que Sara Montiel havia popularitzat al cinema- i després se l’emporta a París. Al Paradis Latin de la capital francesa s’hi està dos anys i triomfa amb una Carmen carregada de força i vitalitat. La delicada salut de la seva mare l’encamina abans de temps altre cop a Barcelona. Al Teatre Arnau treballa amb Loles León i Sílvia Marsó, es disfressa de Carmen Miranda per a diversos espectacles i no perd mai la seva trempera extraordinària.

Una nit, un espectador va exclamar amb simpatia: “Mira la Violeta! Que n’és de burra!” I Burra es va quedar. Els anys passen, però el xou no s’atura mai. L’espectacle continua, tant és si amb lluentons o ‘faralaes’, no importa si amb pintallavis o perruca. No pot estar-se quieta. Té quasi vuitanta anys, però no concep quedar-se tancada a casa. Ha editat diversos CDs recopilatoris amb els seus èxits d’ara i de sempre, però continuar al peu del canó no és fàcil. El prejudici i el comentari ofensiu són armes afilades quan algú no vol ser interromput en ple sopar. “De nit sóc un pallasso, rebo aplaudiments i alegria. Però a vegades també ploro”.

El Pedro reconeix que ha tingut una vida bonica. A aquestes alçades de la pel·lícula, no li ve de gust que ningú li amargui l’existència, desitja que el repic de les castanyoles s’escolti encara una estona més. No hi ha punt final. Serà una riallada de Violeta la Burra qui alçarà el teló d’aquesta nit. Hi haurà un testimoni: un ram de roses vermelles.

martes, 24 de junio de 1980

#hemeroteca #trans #testimonios | Violeta la Burra

Imagen: Google Imágenes / Violeta La Burra y su madre. 1978. Fotografía de Humberto Rivas
Violeta la Burra.
Francisco Umbral | El País, 1980-06-24
https://elpais.com/diario/1980/06/24/sociedad/330645608_850215.html

Va de petenera desvencijada o de violetera contracultural, entre los metales nocturnos, bajo ese sol de los muertos que es la luna. Va de melenita negra, barba con granos, blusa de flores y sandalias ambiguas, en la mañana laboral y contractual. Violeta la Burra, artista fina del género español se llama Pedro, tiene 43 años y es de un pueblo de Sevilla.
-Que mi mare desía que quiero un varón, que quiero un varón, cuando iba a nacé yo, aversimentiendes, que quiero un varón, que quiero un varón, la pobresita, y nasí yo.

Andalucía, esa inmensa Andalucía atroz, que no crece, que no la dejan crecer por el 143 ni por el 151, ha dado siempre y da el pueblo más original y oriental/ occidental de España, un pueblo que dos veces por siglo entra a saco en las tierras del señorito, hasta morir litografiado de sangre entre los trigos, un pueblo que, individualmente, se salva y desclasa en la espiral del torero, el «torbellino de colores» de Lola, que le dijo Pemán, o la noche oscura del alma y la garganta de Manolo Caracol. El andaluz que no quiere morir de pie la muerte del paro, antes se hacía torero, cantaor o folklórica: ahora se hace travesti.

-Ya tú ves, miarma; yo, de mujé, nada, miarma, pero me ha ido muy bien en el arte, ya ves cómo me arreglo, lo guapa que me pongo, todo los días compro frores nuevas, miarma, para la cabesa, y aquí, en la grande siudade, hay porveni y comprensión para nozotro loartizta.

Hemos ido juntos a un sitio oficial y ha sido un cante cuando el conserje nos ha pedido el carné de identidad, y Violeta, tan hembra, ha sacado su carné virilísimo: el conserje miraba el carné y la miraba a ella/él y volvía a lo mismo:

-Pero éste será el carné de su marido.

-Que es er mío, señó, que soy artizta.

Andalucía, siempre machiembrada, entre el 143 y el 151, entre el lujo metafórico de Góngora y la miseria y el tracoma de los niños almerienses, Andalucía es Violeta la Burra. Andalucía, de la que los oligarcas madrileños sólo toman un torero, una Tirana, una Lola, un Caracol, como flor exquisita de percal popular. Andalucía, que ha sido planchada en un disco, decorada con lunares de pólvora en la bata de cola que es su día inmenso y general. Andalucía, donde hoy arden cosechas como en la República -«ahora vais a comer República»-, por no dar trabajo ni pagar mano de obra, según dicen que dicen que me han dicho. Andalucía, asesinada en Lorca, renaciente en Felipe, trocada y trucada en Violeta la Burra para no ser mujer ni hombre, perder su identidad entre dos párrafos constitucionales que no entiende, como la ha perdido Violeta, que antes era la Dulce y ahora es la Burra y se come las flores. Andalucía.

-Le peó fue, miarma, cuando de chiquitiyo le dije yo a mi mare de que si podía depilarme un poco las cejas. «Pero sólo unos pelitos», me desía la pobre. Ahí empesó tó y aquí me tiés triunfando.

Hace en su show una Violetera, con nabos y butifarras, que viene a destruir uno de los totems infraculturales del sentimentalismo nacional, una Violetera desgarrada y macho, que nos despoja para siempre de la querencia familiar y kitsch de Raquel Meller. Es una agresión a la burguesía que silba de oído el tiempo pasado, porque todo tiempo pasado fue mejor, cuando la verdad es que en todo tiempo se han fusilado andaluces, quemado cosechas, criado niños a los que el tracoma hace sagrados.

-Y tú que ere tan importante, un señó tan importante, un ezcritó, yo no te leído ná, pero lo zé. Ay, Dió mío, y el Gran Podé, que nunca morvida.

Religiosa y supersticiosa, la Andalucía amarga del Amargo, tan bien escrita por Barrios, y por Grosso, y por Halcón. Tras la complacencia señoril de Valera, Rivas y Alarcón. Andalucía es Violeta la Burra, mitad burra de carga, mitad violeta de Juan Ramón, que pierde su identidad en un travesti o se suicida de amor como Belmonte. Pero se recupera, eterna, en cuanto Alberti recita o Alfonso Guerra pega cuatro gritos.