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miércoles, 22 de febrero de 2017

#hemeroteca #libros #mujeres | Segunda oportunidad para Annemarie y Ella

Imagen: El país / Annemarie Schwarzenbach y Ella Maillart
Segunda oportunidad para Annemarie y Ella.
Un libro muy emotivo recrea la relación entre las viajeras escritoras Schwarzenbach y Maillart.
Jacinto Antón | El País, 2017-02-22
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/02/21/actualidad/1487694062_404107.html

Annemarie Schwarzenbach y Ella Maillart, las dos grandes viajeras suizas, unieron sus destinos en un viaje mano a mano a Afganistán a bordo de un Ford Roadster 18 CV matrícula GR 2111. Partieron de Ginebra el 6 de junio de 1939 y la experiencia se convertiría en una aventura legendaria. Cada una escribió un libro, de muy distinto signo, sobre el viaje, considerados ambos clásicos de la literatura del género, y con el tiempo incluso se ha realizado una película sobre el episodio. Eran dos mujeres muy diferentes. Schwarzenbach, de una rara belleza andrógina, procedía de una rica familia de industriales, presentaba un fuerte desequilibrio fruto de una acusada hipersensibilidad, una madre posesiva, la adicción a la morfina y la frecuentación de compañías tan complejas y disolutas como los hijos de Thomas Mann, Klaus y Erika.

Cinco años mayor, Maillart, de familia liberal, consumada deportista -miembro del equipo olímpico suizo de vela en 1924 y del equipo nacional de ski-, era al contrario una persona centrada, serena y nada proclive a los dramatismos. Se conocieron poco antes de marcharse juntas en Zurich en 1938 y concluido el viaje, excepto cinco días que pasaron juntas en la India, al acabar, no volvieron a verse nunca más, aunque no dejaron de escribirse hasta la muerte de Annemarie, en 1942 (Ella viviría hasta los 94 años -viajó al Tíbet a los 83-). Si hubo algo entre ellas más que amistad -Schwarzenbach era lesbiana, Maillart nunca se casó ni tuvo hijos- es algo que nunca se ha sabido.

Ahora un libro insólito y documentadísimo que han escrito a cuatro manos la escritora Montse Barderi y la actriz Emma Vilarasau recrea desde la ficción la relación entre las dos mujeres, inventándoles una hermosa historia de amor. ‘Caminos para un reencuentro’, ‘Camí d'anada i tornada’ en la edición original catalana (Ediciones Huso y Columna, respectivamente) se plantea como un cruce de cartas entre Annemarie y Ella a partir del final de la aventura afgana. Fan irredento de la Schwarzenbach y su sed de absoluto digna de Lawrence de Arabia, y admirador de Maillart, he de confesar que me acerqué al libro con mucha prevención. Sin embargo, me ha parecido un prodigio de sensibilidad y una dignísima vuelta de tuerca emocional sobre la historia de esas dos fascinantes mujeres. Barderi y Vilarasau insuflan una dimensión amorosa a la relación que es dudoso que tuviera: Maillart acabó hasta las narices de las complejidades psicológicas de su compañera (de volante al menos) y de sus recaídas en la droga. Pero la versión resulta maravillosa. “En realidad aquí tampoco llegan a consumar la relación”, explica Vilarasau, en el bar de la sala Villarroel donde hablamos mientras espera a que se inicie la representación de 'La mare', que protagoniza. A la actriz le cuesta creer que estas dos mujeres tan libres, inteligentes, maduras y vividas, que se encuentran solas en medio de semejante viaje, "no tuvieran al menos una noche tonta".

Las cartas inventadas revelan una velada de deseo en la que estuvieron a punto de amarse. "No tenemos la sensación de haberlas traicionado", señala Barderi. "Ni creemos que ofendamos a nadie, es un homenaje". En todo caso, a lo que asistimos los lectores es a una relación epistolar de creciente emotividad y en la que Schwarzenbach llega a renunciar a su mismísima esencia, a su malditismo, a todo lo que nos la hace tan fascinante, por el corazón de su amiga. Los pasajes en que explica cómo ha matado a su ángel -a Annemarie se la conocía como el ángel devastado y el ángel inconsolable-, lo mejor de sí misma, sacrificándolo en aras del amor, resultan de un lirismo digno de las mejores páginas de la propia viajera. Y observar como la equilibrada, racional, desapasionada Ella le declara a su vez su amor a su ex compañera de viaje es tremendamente turbador. "Les hemos dado una segunda oportunidad, a ellas y a la vida", apuntan las autoras. Vilarasau y Barderi quieren llevar este cruce de cartas al teatro (que era la idea original antes de que lo convirtieran en novela epistolar). La Vilarasau tiene claro que ella va a hacer de Maillart, la mujer sensata. Queda encontrar una actriz que ponga rostro, cuerpo y voz a nuestro tan amado ángel inconsolable. Ahí es nada.

viernes, 17 de febrero de 2017

#libros #literatura | Caminos para un reencuentro

Caminos para un reencuentro : inspirado en los personajes reales de Ella Maillart y Annemarie Schwarzenbach / Montse Barderi, Emma Vilarasau.
Madrid : Ediciones Huso, 2017 [02-17]
ISBN 9788494624551 / 17 €

/ ES / CAT* / NOV
/ Amores / Annemarie Schwarzenbach / Ella Maillart / Lesbianismo / Literatura / Mujeres – Historia / Testimonios

En 1939 dos mujeres excepcionales emprenden un viaje hacia Asia con el objetivo de llevar a cabo una travesía inédita para otorgar un nuevo sentido a sus vidas. Pero el viaje no acabó como se habían imaginado y meses después ambas reanudan su relación a través de las cartas. Basándose en un hecho real, el viaje que Annemarie Schwarzenbach emprendió junto a Ella Maillart en 1939 de Suiza a Kabul. Emma Vilarasau y Montse Barderi crean una obra de ficción inolvidable, que nos sitúa en la Segunda Guerra Mundial y nos enfrenta a los grandes temas del ser humano: la soledad, el sentido del viaje, las segundas oportunidades y las relaciones densas, complejas e inclasificables. Todo ello con un lenguaje preciso, casi aforístico, que combina tanto el cuidado estilístico como la profundidad de significados.

#hemeroteca #libros #mujeres | “Caminos para un reencuentro” de Montse Barderi y Emma Vilarasau se publica en español

Imagen: Todo Literatura / Montse barderi y Emma Vilarasau
“Caminos para un reencuentro” de Montse Barderi y Emma Vilarasau se publica en español.
Todo Literatura, 2017-02-17
http://www.todoliteratura.es/noticia/12000/actualidad/caminos-para-un-reencuentro-de-montse-barderi-y-emma-vilarasau-se-publica-en-espanol.html

Una escritora, Montse Barderi, y una actriz, Emma Vilarasau, se han unido para escribir una novela epistolar sobre Ella Maillart y Annemarie Scharzenbach, dos mujeres líderes y libres, nacidas a principios del siglo XX, que se atrevieron a hacer un viaje de miles de kilómetros, de Suiza en Kabul, en 1939 con un Ford de dieciocho caballos. Con esta obra las laureadas creadoras han liderado la lista de los libros más vendidos en catalán durante varias semanas. Huso Editorial presentará el libro en español, junto a las autoras, el próximo 6 de marzo en Madrid.

«Deseo que puedas leerme, deseo que te llegue, deseo no llegar tarde ... El tiempo ahora mismo me hiere, y si ya no hay tu voz al otro lado no sabré cómo sostener el peso de todas las horas que me quedan por vivir». Connecticut, 27 de diciembre de 1940. Annemarie escribe una carta en la que pide ayuda a Ella raíz de la muerte de su padre. Ella vive en la India desde hace algún tiempo y responde inmediatamente a los ruegos de su amiga, con quien hizo un viaje de miles de kilómetros, de Suiza en Kabul, unos meses antes con un Ford de dieciocho caballos. Unidas por un vínculo inexplicable, intenso y profundo, descubriremos en sus cartas dos maneras de ver el mundo y de relacionarse con la vida.

En ‘Caminos para un reencuentro’, libro que en catalán publicó la editorial Planeta y que en español lanza Huso Editorial, Emma Vilarasau y Montse Barderi han creado una correspondencia entre el Annemarie Schwarzenbach y Ella Maillart inspirada en sus vidas, en un ejercicio insólito de creación. Todo un homenaje a las mujeres a partir de los grandes temas: el antibelicismo, el sentido del viaje, las relaciones íntimas profundas y atípicas, las segundas oportunidades ... y, especialmente, la necesidad de mostrar la propia alma y vencer la soledad. Una novela inspirada en hechos reales.

Ella Maillart (Ginebra, 1903 - Chandolin, 1997). Escritora, reportera, viajera, fotógrafa, etnógrafa y una figura destacadísima de la literatura de viajes del siglo XX. Gran deportista, fue la única mujer que participó, entre atletas hombres de veinte y siete naciones, en las Olimpiadas de 1924. Viajera incansable, llegó a atravesar Asia varias veces, sola, en camello o caminando. En 1939 hizo un viaje de Suiza en Kabul con Annemarie Schwarzenbach, un largo periplo que duró medio año y que anteriormente ya había intentado hacer en autobús, ya que no tenía un vehículo propio. El vehículo que necesitaba lo tenía el Annemarie, la hija de una de las familias industriales más ricas de Suiza, los Schwarzenbach.

Annemarie Schwarzenbach (Zúrich, 1908 - Sils, 1942). Icono de su tiempo y del nuestro, despertaba pasiones donde iba. Fue amiga de Erika y Klaus Mann -hijos de Thomas Mann y amor imposible de Carson McCullers. Poeta, historiadora, arqueóloga, autora de novelas, relatos, foto se y reportajes y luchadora antifascista, vivió en una Europa en guerra haciendo equilibrios entre los intentos de suicidio, las depresiones, la dependencia de las drogas y un insobornable deseo de 'absoluto.

Como han escrito sus autoras..., ‘Caminos para un reencuentro’ es un libro de las primeras veces ...

Es la primera vez que Ella Maillart y Annemarie Schwarzenbach aparecen originariamente en la literatura española, en este caso como personajes de una novela epistolar.

Hasta donde llega nuestro conocimiento, también es la primera vez, en nuestro país, que una actriz y una escritora hacen un libro juntas. Esto nos ha sorprendido mucho porque la escritura y la interpretación son vasos comunicantes: los dos mundos tienen que ver con la empatía, la imaginación, las palabras, la tensión dramática ...

Con este libro hemos cogido dos personajes históricos y los hemos hecho pasar por los lugares y los hechos que vivieron y hemos hecho una interpretación propia sobre quiénes eran, qué sentían y qué querían. Se trata de un homenaje hecho desde la libertad creativa de tratar los temas que nos interesan: el antibelicismo, el compromiso político, Europa, el sentido del viaje, el hecho de entregarse a la vida o mantener una distancia de seguridad, las relaciones íntimas profundas y atípicas, las segundas oportunidades ... y, especialmente, la necesidad de decirse y la lucha para vencer la propia soledad.

Esta es una reflexión sobre la vida y las relaciones en formato de carta y también es un homenaje a la carta en sí. La carta a menudo tiene la fuerza de otorgar una interpretación definitiva en el que se ha vivido, y, además, nos ha permitido darles la posibilidad (que no tuvieron) de mostrarse sin la inmediatez física de la otra y el tiempo necesario de espera y reflexión para asumir y quererse.

Las autoras aseguran que “Este libro nace de nuestra fascinación por la historia de estas dos mujeres líderes y libres, nacidas a principios del siglo XX, que se atrevieron a hacer un viaje de miles de kilómetros, de Suiza en Kabul, en 1939 con un Ford de dieciocho caballos”.

‘Caminos para un reencuentro’ se presentará, por vez primera, en Madrid el 6 de marzo, a las 19:30 horas, en la Casa del Libro de Gran Vía. Las autoras Montse Barderi y Emma Vilarasau compartirán su obra con los lectores; ambas serán presentadas por Mayda Bustamante, editora de Huso.

Montse Barderi (Sabadell, 1969). Es escritora, periodista y filósofa. Especialista en estudios de género. Caminos para un reencuentro es su quinto libro. Anteriormente ha publicado novela y ensayo: Perder para ganar; Los arcos del agua; Marta, mira’m, t’he de dir tantes coses… (en ediciones Cumbres); El amor no duele. Este último traducido al italiano, el portugués y romanés. Es especialista en comunicación y colabora asiduamente en medios, especialmente con artículos de opinión y crítica cultural. Ha formado parte de la junta Filosofía y Género de la UB y fue subdirectora del X Simposio Internacional de Filósofas IAPH con Fina Birulés. Patrona fundadora de la Fundación Maria-Mercè Marçal. Finalista del Premio Ramon Llull de las Letras catalanas el año 2007. Una de sus obras formó parte del proyecto ganador Etwining 2015, en el ámbito europeo de ciudades educadoras.

Emma Vilarasau (Sant Cugat del Vallès, 1959). Licenciada en interpretación por la Escuela Superior de Arte Dramático, Institut del Teatre, de Barcelona. Completó su formación con seminarios con John Strassberg, Carlos Gandolfo y Philip Gaulier en París. Justo después inicia su trayectoria en el Teatre Lliure de Barcelona donde permanecerá diez años. Ha participado en una cuarentena de obras de teatro además de cine y series televisivas. Entre los premios que ha recibido destacan tres de la Crítica teatral de Barcelona, tres Butaca, el Sant Jordi de cine, el Extraordinario Ciudad de Sant Cugat, mejor actriz del WorldFest-Houston International Film Festival, Max mejor actriz de teatro y la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya. En el campo de la docencia ha sido profesora del grado de interpretación, en Esart. Esta es su primera incursión literaria, una obra de la que también ha hecho la adaptación teatral.

jueves, 3 de noviembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #fotografia | Marianne Breslauer regresa a España

Marianne Breslauer regresa a España.
Una retrospectiva muestra en el MNAC fotografías inéditas del viaje de la gran fotógrafa por el norte del país en los años treinta.
Gloria Crespo MacLennan | El País, 2016-11-03
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/11/03/babelia/1478182460_191870.html

En la primavera de 1933, un Mercedes Mannheim, blanco y descapotable atravesaba las sinuosas carreteras del Pirineo catalán. En él viajaban dos mujeres solas; extranjeras, altas, guapas, de aspecto poco convencional y raras costumbres para la época. Se trataba de la fotógrafa Marianne Breslauer (Berlín, 1909 - Zúrich, 2001) acompañada por la escritora y la periodista suiza Annemarie Schwarzenbach al volante. Ambas pertenecían a aquella generación de ‘nuevas mujeres’ que supieron aprovechar las condiciones que les brindaba la República de Weimar y se abrían paso desafiando los roles tradicionales. Su toque ‘chic’ y andrógino las delataba; vestidas con pantalones, pelo corto, maquilladas y cigarro en mano buscaban voz propia en un mundo de hombres, mientras Alemania se encaminaba a la barbarie de la Segunda Guerra Mundial.

El viaje tenía como fin un reportaje financiado por la agencia alemana de fotografía ‘Academia’: Breslauer se encargaba de la fotografía, Schwarzenbach del texto. La ruta se ceñía solo al norte, Hemingway había puesto de moda Pamplona con su ‘Fiesta’. Pero fue también un libro de viajes, el inspirador de esta prometedora aventura; ‘Ein Pyrenäenbuch’ (Un libro sobre los Pirineos) de Kurt Tucholsky, publicado bajo el seudónimo de Peter Panter, quien durante dos meses viajó del País Vasco a Andorra. El periplo de las artistas fue corto; duró solo dos semanas. Breslauer tomó 96 fotografías, cincuenta de las cuales se pueden ver por primera vez en la exposición que dedica el Museo de Nacional de Arte de Cataluña a la fotógrafa, Marianne Breslauer. Fotografías 1927-1938. Son más de un centenar las imágenes que se exhiben y recorren su corta pero fructífera trayectoria artística. “Es la primera exposición dedicada en exclusiva a la fotógrafa en España, y además supone una primicia mundial mostrar las imágenes del viaje a España en su conjunto, algunas de ellas inéditas”, señala Mercedes Valdivieso, comisaria de la exposición.

Recorrieron Gerona, Barcelona, San Sebastián, Andorra, Huesca y Pamplona entre otros lugares. Pero el reportaje nunca llegó a publicarse en su totalidad. Con la llegada de Hitler al poder, la agencia no se atrevió a publicar las fotografías, debido al origen judío de la autora. Existía la posibilidad de utilizar un seudónimo, pero la artista se negó. Hitler, la guerra y más tarde el exilio pondrían fin a una corta carrera fotográfica (1927-1938). “Aun así su obra fue lo suficientemente relevante como para figurar a día de hoy en importantes colecciones, ser objeto de exposiciones y recibir un reconocimiento unánime a escala internacional”, dice Valdivieso.

“Descubrí a Breslauer en una exposición celebrada en Barcelona en 1995 titulada ‘Las mujeres fotógrafas de la República de Weimar’, donde figuraban 59 autoras diferentes”, cuenta la comisaria. ”Hubo muchas mujeres en los años 30 en la Europa Central dedicadas a la fotografía, mientras en España solo se conoce a Rene Rahola. En Berlín había una escuela que desde 1890 impartía clases de fotografía. A esto se unía la gran concentración de gacetas ilustradas que existía en aquel momento, lo que fomentaba la profesión”. Si bien el autorretrato era un género frecuente en las mujeres fotógrafas, quienes lo utilizaban como método de exploración de la identidad femenina, no lo era tanto autorretratarse desnuda. Breslauer fue la primera fotógrafa que lo hizo semidesnuda al lado de su cámara, subrayando su faceta tanto de fotógrafa como de mujer sensual. “Las fotógrafas de la época que se autorretrataron desnudas, lo hicieron a través de escenificaciones o disfraces. Breslauer no se mete en ningún rol, se retrata a ella misma. Lo que se podría interpretar como una clara señal de autoconfianza. Retratarse al lado de su cámara profesional también lo hicieron muchas, pero no desnudas. Se desconoce cuál era la intención del retrato. Este no se hizo público hasta los setenta, pero sus hijos aseguran que ella se sentía muy orgulloso de él”, destaca Valdivieso. Pero tampoco fue algo frecuente entre los hombres, de hecho, solo se conoce un ejemplo: el de su amigo Erwin Blumenfeld.

Procedente de una familia burguesa y adinerada alemana, donde el arte desempeñaba un papel importante, la artista comenzó sus estudios de fotografía en la escuela de la Asociación Lette Verein. Eran los tiempos en los que László Mogoly-Nagy proclamaba a la fotografía como un nuevo arte y, liberada de los tintes pictorialistas, se regía por sus propias normas. Entre sus mejores amigos de juventud se encontraban Umbo y Paul Citroen, quienes llegarían a formar parte de la nómina de los fotógrafos de la vanguardia de Entreguerras. Ambos fueron alumnos de la Bauhaus. “Con Citroen realizó los primeros ‘close ups’ (nuevo tipo de retrato en el que se acerca la cámara de tal forma que la cara queda frecuentemente recortada y, en algunos casos, incluso desenfocada o reducida a un fragmento, como la boca o los ojos). “Tengo la sensación de que se mantuvo alejada de cualquier planteamiento teórico. Buscó desde sus comienzos una coexistencia entre el realismo y la poesía, participando de la estética de la Nueva Visión”, añade Valdivieso.

París era el destino lógico para las aspiraciones artísticas de esta fotógrafa, quien fue admitida en el estudio de Man Ray pero este, tras ver sus fotografías, consideró que no tenía nada que enseñarle. “Breslauer dominaba ya la técnica fotográfica, la escuela de la que procedía tenía muy buena reputación. Mientras Man Ray era autodidacta. Posiblemente, ella conocía la técnica mejor que él”, destaca Valdivieso. "Mi forma de fotografiar era muy diferente de la de Man Ray", escribía Breslauer años después, mientras recordaba como cayó desmayada en sus brazos, al ver la secuencia de ‘Un chien Andalou’ en la que una cuchilla de afeitar atraviesa un ojo. Años más tarde se retratarían mutuamente.

"Lo que más me interesaba era deambular simplemente por París y fotografiar a gente normal, escenas cotidianas, los momentos que pasan inadvertidos, cosas triviales... Este tipo de fotografía estaba en el ambiente y creo que yo lo percibí bastante pronto. Quiero imaginarme que mis fotografías desprenden una cierta poesía y no tienen nada que ver con la Nueva Objetividad, que estaba en auge en la década de los veinte. Como ya he mencionado, en mis fotos hay algo más bien poético y esto me continúa satisfaciendo hasta hoy”, escribía la fotógrafa en los años sesenta.

A su regreso a Berlín comenzó a trabajar de fotoperiodista para la editorial Ullstein. Su desahogada situación económica le permitió abandonar el trabajo y establecerse como artista independiente al no sentirse satisfecha con el tipo de reportajes que la encargaban y así se mantuvo hasta la guerra. Se exilió a Suiza y más tarde se estableció en Ámsterdam con su marido, un prestigioso marchante, para quien continuó haciendo fotografías para su negocio. “No volvió a pisar un cuarto oscuro. Decía que no tenía la tranquilidad ni el ambiente deseado para practicar la fotografía y optó por abandonarla”, cuenta Valdivieso. Sería en los ochenta cuando su figura y su obra fue rescatada del olvido.

martes, 1 de noviembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #testimonios | La chica que retrató al ángel

La chica que retrató al ángel.
Breslauer es la autora de la icónica fotografía de la escritora Annemarie Schwarzenbach.
Jacinto Antón | El País, 2016-11-01
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/10/30/catalunya/1477857749_906670.html

¡Qué hermosa, maravillosa sorpresa la exposición del MNAC sobre Marianne Breslauer! Interesante por tantas cosas, la fotógrafa judía alemana era para algunos de nosotros sobre todo la autora del retrato icónico, seráfico, de una escritora rodeada del aura de leyenda, leyenda a la vez bella y maldita: Annemarie Schwarzenbach. Creadora de algunos de los textos más arrebatadores, melancólicos y desgarradores de la literatura de viajes (y de la literatura en general), la suiza Schwarzenbach (1908-1942), niña bien, lesbiana, antifascista, culta, chic, irredenta adicta a la morfina, voluntarista arqueóloga, paseó su ‘mal de vivre’ y su agónica hipersensibilidad por una época y unos paisajes que le devolvían la imagen de su alma herida. Sus escritos sobre Persia y Afganistán (que recorrió en 1939-40 con Ella Maillart, que la convirtió en la inolvidable Christina de ‘La Voie cruelle’),especialmente, destilan una poesía oscura de una emoción inconmensurable.

Todo lo que ella fue encontró exacta definición en una frase y una imagen. La frase la puso Thomas Mann, nada menos —era amiga de sus hijos Klaus y Erika—, que la describió como un “ángel devastado” (‘veröderte Engel’); y la imagen, Breslauer. El retrato que le hizo a Annemarie Schwarzenbach en 1932 en Berlín no ha cesado desde entonces de dejar mudos a los que lo contemplan. “Ella me provocó en aquel momento el mismo efecto que a todo el mundo”, dijo luego la fotógrafa, “esa extraña mezcla de hombre y mujer. Para mí correspondía a la imagen que me hago del ángel Gabriel en el Paraíso”.

La foto muestra un rostro de una rara belleza embargado por una insondable desesperanza. La propia Schwarzenbach —lo cuenta su biógrafa Dominique Laure Miermont— juzgaba que la foto había fijado de ella “Die dunkle Seite”, el lado oscuro, la cara tenebrosa. “¿Dios no hará nunca la paz conmigo?”, imploraba. Dios ni siquiera la dejó morir bien: tuvo diez semanas de enloquecida extinción tras golpearse en la cabeza al caer de una bicicleta en Silvaplana, cerca de Saint-Moritz.

La exposición del MNAC y el espléndido catálogo que la acompaña nos presentan a la chica que retrató al ángel y que viajó con él al volante por los Pirineos en 1933. Es emocionante recordar que nuestro ángel estuvo en San Cugat, en Montserrat, en Girona, en Puigcerdá, que condujo hasta Andorra, y que se dejó algunas plumas asistiendo a espectáculos de travestís en Barcelona... Breslauer plasmó a Schwarzenbach en ese viaje en toda su fascinante androgínia, con el cabello corto y el mono de automovilista. Ahora, descubriendo las fabulosas fotos de Breslauer, como los autorretratos y la serie del chico del circo, uno se da cuenta de que probablemente el ángel estaba en los dos lados del objetivo: Annemarie y Marianne.

lunes, 31 de octubre de 2016

#hemeroteca #mujeres #fotografia | Marianne Breslauer, la fotógrafa truncada por el nazismo

Imagen: El País / Annemarie fotografiada por Marianne en los Pirineos, 1933
La fotógrafa truncada por el nazismo.
El MNAC dedica una muestra a Marianne Breslauer, que viajó por España en 1933.
José Ángel Montañés | El País, 2016-10-31
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/10/30/catalunya/1477856287_074679.html

El nazismo no solo acabó con la vida de miles de personas. También con la carrera profesional de jóvenes con talento que podrían haber continuado sus actividades artísticas si el régimen y la guerra no las hubiera truncado de forma brusca. Es lo que le ocurrió a Marianne Breslauer (Berlín, 1909-Zúrich, 2001), una joven de la alta burguesía de origen judío con formación fotográfica y gran sensibilidad para capturar instantes con su cámara que el ascenso del nazismo obligó a exiliarse y refugiarse con su familia en Suiza; una experiencia traumática que le hizo abandonar su cámara para siempre tras realizar apenas medio millar de instantáneas. Reivindicada en su país natal y en el de adopción a partir de 1980, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) le dedica la primera exposición individual en España, con 127 de sus imágenes, la mayoría inéditas, del viaje que Breslauer hizo durante dos semanas en la primavera de 1933 por Cataluña, Navarra, País Vasco y Andorra en compañía de su amiga, la periodista y escritora suiza Annemarie Schwarzenbach (1908-1942), otra enigmática figura de aquellos tiempos. Casi ninguna de estas imágenes pudieron publicarse a causa del régimen nacionalsocialista por ser Breslauer judía, tras negarse ella a hacerlo bajo un pseudónimo, ya que se prohibió imprimir obras de los "no arios".

En la primavera de 1933 las dos mujeres se embarcaron en la aventura, atraídas por la fama de la "fiesta" de Hemingway, pero obedeciendo a un encargo de una agencia. Desde Montpelier y a bordo de un enorme Mercedes Mannheim blanco recorrieron localidades como Girona, Barcelona, Sant Cugat, el monasterio de Montserrat, Puigcerdà, Andorra, Huesca, Pamplona, San Sebastián y Loyola. Del viaje solo se conocen 96 imágenes, más una decena que se han debido extraviar porque se publicaron en revistas suizas años después. Pocos monumentos, como la catedral de Girona o la fachada de Montserrat, muchos personajes como niños jugando en la calle, gitanos desaliñados, guardias civiles, campesinos y pastores, jóvenes en la playa y pequeños detalles como le ocurrió en Barcelona donde solo fotografió a las ocas del claustro durante su visita a la catedral.

De todas, su preferida era la fotografía de una niña de Girona con semblante sereno y sonriente que viste uniforme de colegio de monjas y que la artista utilizó varios años para felicitar la Navidad. "Estaría bien que alguien reconociese en esta niña a algún familiar suyo. O quizá vive todavía, quién sabe", explica Mercedes Valdivieso, comisaria de la exposición.

La muestra, abierta hasta el 29 de enero, presenta, además, una selección de las imágenes realizadas durante los once años en los que Breslauer se dedicó a la fotografía, entre 1927 y 1938, ejemplo, según los expertos, de la Nueva Fotografía, caracterizada por el antipictorialismo, en la que se repasan sus primeros trabajos en la escuela de fotografía, retratos de amigos y compañeros, en los que abundan planos picados, juegos de luces , sombras e imágenes como secuencias fílmica. Entre ellas, el autorretrato que se hizo desnuda en 1933.

"Hay pocos fotógrafos que se autofotografíen con sus cámaras y desnudos. Ella demuestra su seguridad como mujer y fotógrafa", remarca la comisaria. Pero lo que más destaca, según Valdivieso, es su forma "poética de tratar la vida cotidiana y los momentos pasajeros". Según Valdivieso, sus fotografías son fruto no de una escenificación sino de "anticiparse al famoso instante decisivo. "No son decisivos ni la técnica perfecta, ni tampoco que se trate de un tema extraordinario, lo que cuenta es la fuerza de la imagen, del secreto de momento capturado", decía la propia Breslauer. Como la imagen de Picasso, casi irreconocible, con sombrero y gabardina realizada en 1932.

A Breslauer la fotografiaron otros artistas como Man Ray al que a su vez ella retrató en 1932 en París en un sofá con su mirada melancólica. Tras conocerla, el surrealista afirmó que sabía tanto de fotografía que no había nada que él pudiera enseñarle. Viniendo de él, fue todo un halago.

domingo, 8 de marzo de 2015

#hemeroteca #testimonios | Annemarie Schwarzenbach, bello ángel de tinieblas

Annemarie Schwarzenbach, bello ángel de tinieblas
Elegante, sofisticada y enigmática, vivó 34 años (de 1908 a 1942). Fue escritora, viajera, arqueóloga y morfinómana. Ejerció una libertad sin límites y 'gozó' de una personalidad herida. Enamoró por igual a hombres y a mujeres, pero siempre estuvo sola. Escapaba de sí misma y huía de los otros.
Antonio Lucas | El Mundo, 2015-03-08
http://www.elmundo.es/cultura/2015/03/08/54fb58c9268e3ee9098b456d.html

La cosa consistía en decir «No» a tiempo completo, en vestirse de chico con sastrería impecable, en ponerse muy ciega, despreciar cualquier convención despreciable y hacer saber a la tropa que bajo esa estructura de dama imprevista tronaba una fuerza de bacanal y tinieblas, y un talento feroz, y una tristeza sin hora. Annemarie Schwarzenbach dio pronto señales de alerta. En medio del lujo familiar, pertenecía a uno de los linajes más ricos de Suiza, la muchacha abdicó en favor de una austeridad que descompensaba los nervios de los padres.

Educada en casa con institutrices y propensa a una libertad de alta gama y a una rebeldía garduña, Annemarie (Zúrich, 1908) fue poco a poco traicionando las expectativas que la madre (emparentada con el canciller Von Bismarck) depositó en la tercera de sus cinco hijos. Quiso hacer de ella una esforzada pianista. Quiso convertirla en impecable amazona. Quiso liofilizarla como esposa de un mozo de alcurnia. Pero ante un destino tan bien previsto, Annemarie decidió montárselo por su cuenta acumulando una vastísima cultura de tono insumiso, una musicalidad de figura andrógina y la sentimentalidad tumultuosa de quien no espera mucho de la vida. Esa rebeldía la envió directamente al canapé de un psiquiatra que no tardó en reducirlo todo a diagnóstico: esquizofrenia. Veredicto que nadie pudo confirmar.

El descalabro de nacer inmensamente rica le facilitó la posibilidad de viajar, que es mitad huir y mitad perseguir. Y ella se concedió el consuelo de escribir, que es mitad confesión y mitad extravío. La adolescencia fue la forja de una facultad mística para parecer permanentemente una criatura distinta y de una fecunda fragilidad. Todo lo disimulaba con el fulgor de la aventura, pero en Annemarie Schwarzenbach se da una concentración de pureza y daño de gran calidad. El ingreso en la Universidad de Zurich, en 1923, fue el principio de la expedición. Estudió Historia y Literatura. Inflamaba entusiasmos en ellos y en ellas. Era flaca y altiva. Conoció a los hijos malditos de Thomas Mann, Erika y Klaus. Se enamoró fieramente de ella (sin respuesta) y se alió en extravagancias con él. El novelista, cuando la conoció, dejó el mejor diagnóstico para entender a la inexplicable amiga de sus cachorros: «Es un bello ángel devastado». Y en una sobremesa le mostró simpatía con esta sentencia: «Si usted fuese un hombre, debería ser declarado excepcionalmente hermoso».

La literatura comenzó a hacer efecto en la muchacha, que afianzaba con la edad su condición de pez abisal. La vida le iba dando contorno y una luz sanguínea delicada, atractiva, propensa al enigma. Lejos de mamá comenzó a publicar reportajes, desató su apetito de mujeres, sucumbió a todos los tormentos con esa vocación escapista de aquellos que no pueden salir ilesos de sí mismos. Y afianzó su vocación de dandi que no necesita hacerse entender. Su fuerza es devastadora. En 1927 se doctora en Filosofía y en 1930 publica su primera novela, “Los amigos de Bernhardt”, donde bucea en la angustia, la falta de valores, el rechazo a los ideales burgueses, la indeterminación sexual de un grupo de amigos donde toda combinación es posible. Ya ha centrado su mundo. Su mundo es ella.

Viaja a París, a Escandinavia, a España, a Berlín (que en 1930 tenía las noches más fieras de Europa). Bebía. Follaba. Escribía. Le sacaba chispas a los nervios. Traicionaba a su familia. En 1932 Mopsa Sternheim le proporciona el primer vuelo sin motor de morfina y en el paraíso artificial del opio se queda a vivir. Es el momento de conocer por fin Persia. Lo había leído todo. Y en 1933 sube al Orient-Express para un viaje de siete meses donde enfermó, se drogó, frecuentó prostitutas en los barrios más turbios de las ciudades. Annemarie gastaba una insaciable sed oscura. La arqueología y el exceso le contornearon en esos días. Regresó cuando los nazis ya arrasaban Europa y un año después volvió a Persia para trabajar en una misión arqueológica. Fue quizá el único momento de su vida en que fue feliz. Se casó en Teherán con Claude Clarac, diplomático francés de gustos homosexuales fascinado por el diseño de galán de su mujer. Y ella conoció a Yalé, hija del embajador de Turquía, que irrumpió en su deseo como un nudo de haces magnéticos. A ella le dedicó Muerte en Persia, quizá el más herido de sus libros, el más inconsolable. El más bello. Escrito paradójicamente en el Valle de Lahr, el Valle Feliz.

La libertad había roto aguas en Annemarie Schwarzenbach, que regresa a casa sin Clarac. Decididamente antinazi. Ciegamente yonqui. Altamente frágil. Era uno de esos seres dotados con una pericia singular para el fracaso. Vivir consistía no detenerse. En 1936 facturó su tristeza con destino a EEUU, donde realizó reportajes en ciudades industriales de Pensilvania y sobre los conflictos raciales del sur, con los desclasados como voz y como denuncia. En esos años emprende el último viaje árabe. Junto a la escritora suiza Ella Maillart marchan en coche a Afganistán. Es 1938. En este instante de su biografía hay en ella un pálpito devastado que sólo encuentra calma en aquellos paisajes de belleza imprevista, perfumados de especias y virutas de incienso. Ese conglomerado de sensaciones contrarias comenzó a dejar huella en su maleado caletre. Y de allá trajo otro libro espectacular: “¿Dónde está la tierra de las promesas?”.

La inteligencia de Annemarie, en plena confusión, buscó cobijo de nuevo en EEUU. Llevaba bajo el brazo una nueva amante, la multimillonaria Margot von Opel. Vivió con ella y con su marido en el Hotel Plaza de Nueva York. Escribía impulsada por una pócima de alcoholes y drogas que aceleraban su pulso a igual velocidad que la ansiedad braceaba en la penumbra. La joven novelista Carson McCullers, de 23 años, se enamoró de ella. Un amor insano. Brutal. Extremo. Imposible. Y le dedicó una de sus mejores novelas: “Reflejos de un ojo dorado”. Pero Annemarie no quería abandonar a Margot, a la que, de paso, intentó estrangular en dos ocasiones. La última cuando recibió un telegrama de mensaje atroz: «Papá ha muerto». A partir del ahí comenzó el desbarrancadero. Ingresó en un sanatorio mental en el que se dio de bruces con la carrocería de la locura. Escapó porque la terapia incluía la prohibición de escribir. En busca y captura clínica se alojó en casa de un amigo, donde intentó suicidarse. Estaba inscrita en la derrota con todo el alma entregada a la autodestrucción. Internada de nuevo en un psiquiátrico de White Plains fue declarada defectuosa y expulsada del país.

Para entonces ya había escrito un aullido que pudo ser epitafio: «¡Dejadme sufrir!». Entre la vida y ella se estaba dando un intercambio de rehenes. Regresó a casa en 1940 con el único propósito de escapar de nuevo. Aquella joven contaminada de extravío puso la brasa del pitillo en dirección a Lisboa y de allí al Congo Belga. Residió en Lisala, donde Conrad escribió 'El corazón de las tinieblas'. Estaba ya sobrepasada por la morfina. Allí puso en pie su último libro, “El milagro del árbol” bajo la protección de la propietaria de la mayor plantación del país, madame Vivien. Annemarie tomó aire en África y aquel nuevo destierro le asestó una leve alegría, una tregua, un bálsamo. Así regresó a Europa. Así se instaló en Suiza. Así comenzó a escribir para recuperar a los amigos. Así montó en bicicleta una semana de septiembre, por una sucesión de azares. Y así tomó una cuesta abajo soltando el manillar hasta estrellarse de cabeza, como un ángel eléctrico, contra una piedra. Perdió la memoria y el habla. Perdió los motivos. Y dos meses después murió. Era el 15 de noviembre de 1942. Tenía 34 años y muchas vidas gastadas por dentro. Esta mujer libre, elegante y valiente no llegó a comprender que pertenecía a la insólita raza de esos seres de los que no importa tanto el origen de su vuelo como el porqué de su impulso. Y de su caída.

DOCUMENTACIÓN
La viajera más triste del mundo
Jacinto Antón | El País, 2004-02-07

http://elpais.com/diario/2004/02/07/babelia/1076114364_850215.html