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viernes, 7 de marzo de 2025

#hemeroteca #pinkwashing | Mario Vaquerizo: “He llamado a ‘La revuelta’, pero me han dicho que no interesaba”

Mario Vaquerizo: “He llamado a ‘La revuelta’, pero me han dicho que no interesaba”
Pareja de Alaska y uno de los hombres más famosos y divisivos de España, ahora vuelve a la música después de tres años. En su nuevo sencillo, con su grupo Nancys Rubias, no faltan referencias a la caída que casi le cuesta la vida
Guillermo Alonso | El País, 2025-03-07
https://elpais.com/icon/2025-03-07/mario-vaquerizo-si-me-autocensuro-dejo-de-ser-interesante.html

Mario Vaquerizo //
En el fondo de pantalla del móvil de Mario Vaquerizo (Madrid, 50 años), sobre la mesa del despacho de su discográfica, se ve a la estrella televisiva posando con otra estrella televisiva, la ‘vedette’ murciana Charo. Pronto revela que haberlo dejado ahí no es del todo casual. “Mi móvil es un medidor. La gente que reconoce a Charo Baeza habla mi idioma”. A continuación se acelera hablando del tipo de artistas que le seducen, empezando por Charo y terminando en el Elvis gordo y crepuscular que actuaba en Las Vegas. “Todos esos que son considerados subproductos son los que a mí me gustan”.

Mario, al que algunos consideran también subproducto de la fama, ha pasado por uno de los grandes sustos de su vida tras una aparatosa caída el pasado octubre que le ha dejado secuelas con las que aún lidia, pero durante todas las entrevistas promocionales de su nuevo sencillo, Reset, en cuyo vídeo aparece subido a un giratutto parecido al que casi le cuesta la vida, hace bromas al respecto. “Mostrarse contento frente al público es un ejercicio de generosidad. Todos tenemos nuestras mierdas, nuestros días malos, pero es muy desagradable mostrar que tienes un mal día para el que te está escuchando”.

P. Mucha gente se tomó su caída con pitorreo.
Yo le quité en todo momento importancia. No me apetecía contar lo que me había pasado o lo que se me pasaba por la cabeza cuando me daban esos diagnósticos reservados. Mi forma de ser es contar que hay un problema, pero no que tenía un 5% de visión. ¿Para qué preocupar a la gente?

P. ¿Ya ve bien?
Me he recuperado, ¡de forma milagrosa! Ahora tengo una nueva visión. ¿Tú recuerdas el bar de Malasaña Nueva Visión, que estaba frente a la Vía Láctea? No, tú eres muy joven. Pues como a mí en la facultad no me interesaba ni el ‘grunge’ ni Kurt Cobain me iba al Nueva Visión y ahí descubrí a los Cramps y a los Ramones. Así que ahora yo tengo una nueva visión. ¿Veo como antes? No, pero sigo viendo. ¿Qué me ha ayudado a recuperarme? El factor suerte, el factor de la fe y en el factor de uno mismo. Yo no ingresé por la fractura en el cuello, sino en oftalmología. A los tres días de caerme dejé de ver. Y ahí me di cuenta de la gravedad de lo que había pasado. Porque yo no lo pasé mal, yo me di un hostión y no recuerdo nada. Empecé a ser consciente de la gravedad cuando me dijeron: tenemos buenas noticias, pero tal vez no vuelvas a ver. Y yo le digo: ¿pero cuáles son las buenas noticias? Y responde el médico: que estás vivo. Y eso te cambia todo.

P. Da decenas de entrevistas y habla en ellas a bocajarro, ¿no hay nada que se guarde para usted, que prefiera ocultar?
No. Soy muy sincero. Soy periodista, he entrevistado a mucha gente y sé que no tengo que estar todo el rato hablando de mi disco. Yo agradecía mucho eso cuando era entrevistador. Me acuerdo de cuando entrevisté a Marilyn Manson y me pusieron con otros medios, ‘Rockdelux’, ‘Mondosonoro’... y le preguntaban por el disco, por su sonido. ¡Si el disco y el sonido ya está ahí para que lo escuchen! Yo iba con ‘Vanidad’, una revista de tendencias, más frívola, y le pregunté qué personaje le hubiese gustado ser de ‘The Rocky Horror Picture Show’. Y los compañeros me miraron con una cara que me fulminaron. ¿Sabes lo que me dijo Marilyn Manson delante de esos dos maricones? “Hazme dos preguntas más, que a ti te las doy”.

P. ¿Y qué más le preguntó?
Si le gustaría trabajar con John Waters, cómo sería una banda sonora para una película suya, y le dije también que parecía Rocío Jurado. Y me dijo: “¿quién es Rocío Jurado?”. Y yo le dije: una mujer que llevaba el cardado como nadie. Dicho todo esto, ¿cosas que intento no contar de mí? Que en algunos momentos estoy triste, inseguro, que a veces pienso mal de la gente, que grito mucho...

P. A menudo sus declaraciones y exabruptos son recogidas por otros medios y muy comentadas. ¿Nunca se arrepiente de ninguna?
Sí y no. Estamos en unos momentos que son un coñazo, en el que todo es blanco y negro. Y yo no soy así. En estos momentos de tanta dictadura de la cancelación, de polarización, cuando tú te muestras tal y como eres, no compensa. No compensa el ser condenado por un titular por parte de algún dogmático. Hay una cosa muy peligrosa que es la autocensura. Yo me aplico la autocensura folclórica: decirlo todo sin decir nada, y a pocas palabras, buen entendedor. Si por el qué dirán dejo de mostrarme tal y como soy, dejo de ser una persona interesante. Todos somos lo que pensamos y lo que decimos, todos luchamos por ser uno mismo.

P. Pese a no juzgar a nadie por su ideología, ¿no tiene ni una línea roja con la gente con la que se relaciona?
Es que tengo la manga muy ancha. A ver cómo lo digo... a mí me han pedido muchas veces que vaya a las cárceles. ¿En las cárceles quién está? Si vas, quedas bien. Si no vas, no. ¿Qué haces?

P. ¿Qué le pedían que fuese a hacer a las cárceles?
A dar charlas, a estar allí. Y a mí no sé si me apetece estar con un violador. Tú me dices: ¿con quién no te sentarías a una mesa? Pues ahora mismo, a día de hoy, no me lo he planteado. Pues hombre, con los asesinos de Marta del Castillo pues no. Tampoco me sentaría con la gente que tiró del pelo a la Pantoja. Con la gente maleducada. Con la gente intolerante, dictatorial. Con la gente que si les das la mano te la deja floja. A mí me enseñó mi padre que entre caballeros se aprieta la mano.

P. En un podcast dijo: “A mí me tiraban piedras en el colegio. Llamé a mi padre y a mi hermano y ellos les dijeron que dejasen de hacerlo. Hoy no podríamos hacerlo: no meterían en la cárcel al que tira piedras, sino al que te viene a defender”.
Eso lo estamos viendo hoy en día con la ocupación. Meten en la cárcel a quien está siendo ocupado, no al okupa. Todas las personas que están sufriendo ‘bullying’ lo siguen sufriendo porque muchas veces hoy se ampara al delincuente y al maltratador.

P. ¿Pero realmente tiene esa visión tan desoladora del mundo?
No, es que simplemente por callarte, porque no es políticamente correcto... te van ganando terreno. Hay que proteger a todo el mundo, pero la sobreprotección de unos puede llevar a desproteger a otros. A mi suegra, América, a lo mejor hoy le hubieran retirado la tutela de su hija porque hizo Pepi, Luci, Bom con 16 años. Es que ser buena madre también es dar libertad a tu hija. ¡Es el sentido común! Yo estoy muy contento porque mi madre y mi hermano fuesen a decirle cuatro cosas a los niños que me tiraban piedras, no volvieron a hacerlo. Y me alegro de haber vivido en una casa donde se hablaban las cosas, porque a mí me daba vergüenza contar eso. La adolescencia es lo peor. Lo más gracioso de todo es que años después uno de los que me tiraban piedras la estaba chupando en el Strong. ¡Eso es maravilloso!

P. Pensé que iba a decirme que le pidió un autógrafo.
¡Se lo hubiera dado! Mira, a una amiga mía un guardia civil una vez la detuvo y cuando se hizo famosa ese mismo guardia civil le pidió un autógrafo y se lo firmó.

P. No me va a decir quién es su amiga.
No, pero creo que es fácil.

P. En el documental Alaska Revelada dijo usted que el colectivo LGTBQ se había vuelto contra su esposa. ¿Lo cree de verdad?
Más que ha hecho Alaska por el colectivo, o más que yo he hecho por el colectivo, hablando en femenino, no lo ha hecho nadie. Yo no pertenezco a ningún colectivo, porque dentro de un colectivo, aunque represente una causa común, hay muchas opiniones. Yo por eso soy individualista, sin estar en contra de ningún colectivo. Pero dentro del colectivo, como Alaska empezó a trabajar con Jiménez Losantos, la tildaron de facha. Y a mí eso... pues me cago en el colectivo, porque mi mujer es de todo menos facha, y Losantos también. Si nos movemos en los dogmas, nos perdemos. ¡Pero si me han llamado del Orgullo! El que quiera ir con la pancarta, que vaya. Yo estoy a favor de todo. ¡Todos mis amigos son maricones! Solo tengo dos amigos heterosexuales, que además son heterosexuales raros.

P. Usted es amigo de Pablo Motos y excolaborador de ‘El Hormiguero’. ¿Iría a ‘La Revuelta’?
Si ellos quieren sí. Yo he llamado, pero me han dicho que no interesaba. Pero tampoco quiero entrar en ninguna guerra, yo creo en el derecho de admisión y cada uno en su casa recibe a quien quiere. Yo voy a todos los sitios menos a programas que falten al respeto a la gente.

P. ¿Qué programas son esos?
No lo sé, porque no les presto atención, no me interesan.

P. Usted habla mucho de dinero, ¿por qué cree que en España está mal visto admitir que gusta el dinero?
Porque la gente es muy falsa. El dinero bien ganado lo veo muy honrado. ‘¡El dinero bien ganado lo veo muy honrado!’ Mira, eso da para una canción. Yo soy autónomo, no tengo paga extra ni mes de vacaciones. Si tengo que estar tres semanas seguidas trabajando para ganar más dinero y comprarme un abrigo de piel falsa de Yves Saint Laurent... que luego me dio rabia porque yo pensaba que era piel verdadera. Me lo dijo Elena Benarroch.

P. ¿Cuánto le costó?
20.000 pavos. Pero para eso los gano. ¿No hay gente que se compra un coche? Pero bueno, aunque no sea de piel estás pagando la marca, el diseño de Carabelo.

P. ¿Vaccarello?
Vaccarello, eso, es que no sé cómo se llama. Que habrá que pagarle a él.

P. Usted se quejaba mucho de que los medios no prestaban atención a su grupo, pero anoche los vi una hora en ‘prime time’.
Hombre, ayer estuve en ‘El Hormiguero’, pero es que ese programa está hecho por un marciano, Pablo Motos, que viene del ‘underground’ y se permite hacer lo que quiera. Pero si yo tuviese que estar en un programa de música no me considerarían músico porque no sabemos tocar.

P. Pero ahora está tomando clases de canto.
Sí, pero eso ha sido por el accidente. Como la laringe está aplastada por llevar tanto tiempo collarín y como tengo que volver a actuar, y como canto, aunque la gente se crea que no, y quiero estar bien de voz, estoy dando clases de canto. Y me estoy divirtiendo un montón porque relaja mucho. ¡Con 50 años aquí tomando clases de canto gracias a un accidente que casi me deja paralítico!

P. En sus fantasías, ¿en qué posición le gustaría que estuviese su grupo Nancys Rubias?
Me gustaría hacer una gira por la América profunda, por clubes de mala muerte, de teloneros de The Horrors. Que por cierto, cuando los conocí nos quedamos con ellos en la piscina en Benicassim.

P. ¿Fueron majos?
Majísmos. Todos los ídolos que he conocido los he acabado admirando. A Deborah Harry, que vino a cenar a mi casa, a Ana Torroja...

P. ¿Qué ídolo le queda por conocer?
A Enrique Naya, de las Costus. Hubo un día una cosa muy bonita que escribió Olvido que fue que si existiera el cielo y le dieran oportunidad, ella pasaría una tarde con su abuelita y con Enrique. Yo, como copio todo, también me gustaría esa oportunidad. Cinco horas con Warhol, cinco horas con Enrique Naya...

P. ¿Usted cree que irá al cielo?
Sí. Porque soy buena gente. Cuando me muera me gustaría que dijeran: era muy pesado, pero buena gente. Y vestía bien.

lunes, 2 de octubre de 2023

#hemeroteca #maricas | Christo Casas: "Hay maricas malas, sucias, de clase obrera que nos resistimos a ser domesticadas"

 Christo Casas, autor de 'Maricas malas' //

Christo Casas: "Hay maricas malas, sucias, de clase obrera que nos resistimos a ser domesticadas"

María Cabré Solé | Revista Mercurio, 2023-10-02

https://www.revistamercurio.es/2023/10/02/christo-casas-maricas-malas/

No sé si es que Christo Casas (Cuenca, 1991) ha echado a volar para tomar distancia y ver con claridad, o es que cuenta desde siempre con esta mirada perspicaz. Pero 'Maricas malas' (Paidós, 2023) no es solamente un ensayo que desvela cosas que pueden comprenderse desde la distancia, sino que también está dotado de la cercanía de quien lo ha vivido. El autor ha aparecido justo a tiempo para presentar promesas orgullosas, autoafirmativas y desafiantes que ponen en jaque la mirada colonizadora. Un incentivo emancipador directo en vena. Que revisa la idea del trabajo como chantaje, del matrimonio igualitario, del VIH y de los prejuicios sobre las maricas, las migrantes, las tullidas, las racializadas, montado sobre la idea, o al menos así lo interpreto yo, de que lo prestablecido no siempre tiene una orientación profunda. Que, a veces, solo es forma sin relieve: una costumbre a revisar.

Este es el ensayo de un nuevo edén: el del mundo tal y como lo conocemos, pero al revés. Más compasivo, más libre y más colorido. El de un lugar que rescata las diferencias de las «maricas malas», las marginadas desde siempre, para darles su lugar.

P. ¿Cómo surgió la idea de escribir ‘Maricas malas’?
La imagen que se tiene de lo que ha de ser un gay o un homosexual desde la sociedad es la de una persona de clase alta, que vive en barrios pijos, que tienen un gusto excelente y exquisito por la decoración carísima, y una cantidad de estereotipos en los que me era bastante imposible encajar por mi condición de clase. Si tenemos en cuenta que, por mera probabilidad estadística, la inmensa mayoría de personas LGTBI son personas de clase obrera, estaba bastante convencido de que las ‘Maricas malas’ éramos mayoría dentro del colectivo, y que había llegado la hora de desmontar ese estereotipo, y es que hay maricas malas, sucias, de clase obrera que nos resistimos a ser domesticadas de alguna manera.

P. ¿Qué hay detrás del concepto de ‘marica’? ¿Es una realidad o una propuesta?

La palabra «marica» tiene muchísima tradición en el idioma español. Viene del siglo XIX, y hacía referencia a aquellos hombres que, como eran afeminados y no podían reproducirse, formaban parte de una clase social inferior, como lo eran los adolescentes, los niños o las mujeres que, aunque fueran de clase obrera, tampoco eran consideradas como trabajadoras porque lo que ejercían eran los cuidados. Mi propuesta es recuperar la perspectiva previa a lo que en los estudios ‘queer’ se llamaría «el giro sexo-centrado». Y es que en los años 70-80, con la revolución sexual, pasamos a construir nuestras identidades a través de con quién nos acostamos, y es aquí donde irrumpe la etiqueta «gay».

En «Ames a quien ames no importa» o «Love is love», el amor está en el centro del discurso, pero realmente la discriminación, el acoso, el insulto o la agresión a las personas LGTBI no se hace por con quién se acuesten, sino por cómo somos. Por la pluma que tenemos, nuestra estridencia, porque molestamos. Por eso propongo recuperar el término «marica», porque vuelve a poner esto en el centro.

P. ¿Basta identificarse con lo marica para serlo?
Esto es quizá lo más controvertido del libro. He querido hacer una propuesta poco identitaria, es decir, que lo que define nuestras identidades no es quiénes somos ni de dónde venimos, sino qué hacemos y hacia dónde vamos. Y aunque esto es un poco ‘spoiler’ del libro, lo que vengo a decir es precisamente eso, que marica es quien quiera serlo. Porque lo que debe unirnos, y configurarnos, es el destino hacia el que nos dirigimos, la propuesta que tenemos, el horizonte que perseguimos. Para mí cualquier persona que persiga el mismo horizonte de emancipación de clase, el mismo horizonte igualitario, el mismo horizonte de libertades, de respeto y de dignidad para todas las personas, independientemente de si son maricas o heteros, blancas o negras o racializadas, de si son capacitadas o discapacitadas… todas las personas que busquen el mismo horizonte son maricas como yo.

P. ¿Y hacia qué horizonte debe mirar lo marica?

Creo que la definición de un horizonte marica es la indefinición. Una queja que hago en el ensayo es que la sociedad cishetero nos obliga a establecer categorías estancas y encajonarlo todo de manera muy definida. Para mí lo más ‘queer’, lo más LGTBI, lo más marica, lo más punk, es romper con ese encasillamiento, esos cajones estancos. Como Víctor García Mora creo —y lo cito en el libro si no me equivoco— que lo ‘queer’ es aquello que se desborda, es aquello que mira hacia un afuera frondoso, dice él; es decir, hacia un mundo abierto de posibilidades infinitas, y que nos permita escoger a cada persona lo que nos acomoda. Aquello que nos haga más felices, individualmente, aunque en el camino hacia allá luchemos de manera colectiva.

P. ¿Y hacia dónde quieres llevarnos con este ensayo?
El activismo LGTBI se ha centrado mucho en destacar el sufrimiento, el dolor, la persecución que padecemos, las discriminaciones, y esto hace parecer que ser una persona LGTBI o ser una persona marica se explica exclusivamente a través del dolor; cuando ser una persona LGTBI es también una fuente de felicidad y de posibles alternativas a lo heterosexual, y también tenemos una vida plena. Hacia donde quiero llevar es a la idea de que los modelos de las personas LGTBI también puedan plantearse imitar los modos de vida o la cultura marica, la bollera, la trans, imitar otras realidades subalternas que les pueden dar también alegría, que pueden ser fuentes de placer para ellas en sus proyectos vitales.

P. En tus perfiles de Instagram y Twitter te defines como maricón de clase obrera. ¿Por qué no lo haces como antropólogo, activista o periodista?

Tengo bastante conflicto con estas definiciones, porque mi sensación es que tendemos a definirnos muy rápidamente por nuestro oficio. Al final, lo que hacen es trasladar en primera instancia cuál es nuestro estatus socioeconómico. Explicar claramente que tenemos una profesión respetada, una profesión con altos ingresos.

Esto me facilita mucho contar una anécdota que me gusta. Cuando me licencié en periodismo, hace ahora 11 años, durante los primeros tres o cuatro años después de terminar la carrera trabajé como camarero. Y lo curioso es que, mientras lo hacía, decía que era periodista, pero realmente era camarero. El hecho de identificarnos con una profesión a menudo nos pone también en un cajón que nos impide establecer relaciones horizontales y de reciprocidad con gente que se dedica a otras profesiones. Creo que nos divide como clase, y en este sentido prefiero mucho más identificarme como maricón o como clase obrera, que son identidades transversales, que pueden interpelar a más gente y que pueden construir puentes.

P. En el ensayo optas por el uso del lenguaje femenino.

Opto por el plural femenino como una apuesta política por el lenguaje. Creo que es necesario un lenguaje inclusivo, un lenguaje que no esté marcado por el género para respetar todas las identidades. Cuando tendemos a utilizar lenguaje sin marca de género, se desvanece esa reivindicación política. Porque podría decir «el alumnado» en lugar de decir «los alumnos y las alumnas», o decir «las alumnas». Pero en el momento en que digo «el alumnado», aunque sea la palabra más correcta para incluir a todos, y una forma que en español ya está aceptada, lo que hago es invisibilizar que estoy rechazando el uso del masculino genérico. Entonces, cuando apuesto por el femenino plural lo que hago es poner sobre la mesa o evidenciar que tenemos un problema con la lengua española desde el momento en que no incluye y no respeta a todas sus hablantes. Además, marica es un término femenino.

P. Criticas eslóganes como «Love is love» o «Ames a quien ames, Madrid te quiere» como ejemplos de ‘pinkwashing’. ¿Cómo podrían desarrollarse políticas más eficaces o reales hacia el colectivo LGTBI?
Yo no tendría ningún problema con el ‘pinkwashing’, siempre y cuando llevara también consigo actuaciones de calado. Por ejemplo, si cada 28 de junio una marca saca ropa con arcoíris o banderas, o saca anuncios con los colores o mensajes como «Love is love», y también realiza políticas activas de defensa de los derechos LGTBI en su plantilla laboral, para mí no hay ningún problema porque hay coherencia. El problema es cuando las empresas usan esto como lavado de cara pero siguen discriminando a sus trabajadoras LGTBI.

Ya que me preguntas por hacer propuestas activas, y ahora aquí viene otro punto del ensayo, considero que las personas LGTBI hemos de ser aliadas del resto de personas que se encuentran en situación de opresión o persecución, incluida, por supuesto, toda la clase trabajadora en su conjunto. Yo creo que seguiría siendo ‘pinkwashing’ si esa empresa tiene un anuncio LGTBI e implementa políticas inclusivas pero fabrica en Bangladesh explotando a la población local de un país del sur global.

P. Afirmas que el matrimonio igualitario es una derrota, porque alimenta esa idea de gay arquetípico.
Este es otro de los temas controvertidos del libro. Es indudable que este ensayo ha sido publicado en un momento en que el clima de opinión y la esfera política española están teniendo un giro hacia la derecha, y estamos normalizando discursos que desplazan el marco de cómo percibimos las políticas y la opinión pública hacia el conservadurismo.

Dicho esto, Didier Eribon, uno de los antropólogos que cito en el ensayo (y que en su caso defiende el matrimonio igualitario porque Francia es un país donde ha costado mucho más conseguirlo e incluso hoy, diez años después de su aprobación, se sigue cuestionado ampliamente), explica que el matrimonio igualitario debe ser un derecho para todos mientras el matrimonio a secas también sea un derecho. Pero una vez esto haya sido aceptado socialmente, hay que exigir un desplazamiento y ser autocríticos con lo que se ha planteado. Es precisamente este desplazamiento lo que plantea mi ensayo. Afortunadamente, en España no estamos en una situación como la de Francia y creo que formamos parte de una sociedad suficientemente madura como para analizar y debatir las consecuencias que ha tenido la perpetuación del matrimonio instrumentalizando a la gente LGTBI; o, remitiendo a la pregunta previa, hablar del ‘pinkwashing’ que se ha hecho del matrimonio instrumentalizando a la gente LGTBI, cuando era una institución criticada por los feminismos o la izquierda en los 80 y 90.

P. Después de leerte me surge la duda de si te gustaría que lo marica absorbiese lo gay, si quieres que lo lidere o simplemente que se acepten como narrativas distintas.
Creo que lo gay nos obliga a las personas LGTBI españolas, concretamente a los maricas, a los hombres que tienen sexo con hombres, a observarnos a nosotros a través de la óptica de Estados Unidos, de la óptica anglosajona. Por el tipo de ocio que consumimos, por el tipo de cultura que nos llega, los productos culturales, las series, las películas, la narrativa ‘bestseller’. Digamos que el eje de las personas que viven en Europa está desplazado hacia Estados Unidos. Entonces, sí que creo que reivindicar la palabra marica es, de alguna manera, volver a conectar un poco con la realidad cultural local. Todas las personas tienen el derecho a definirse desde el lugar y desde la etiqueta que les sea más cómoda, o incluso a deshacerse de todas las etiquetas si les resulta mejor, pero soy de la opinión de que ha llegado el momento de reivindicar lo marica y exigirle respeto, lo cual no tiene por qué desplazar ni absorber lo gay.

P. Comentas que la LGTBIfobia y el clasismo están entrelazados, que son el mismo problema. ¿Pero cómo persuades a quienes poseen ciertos privilegios a renunciar a ellos en beneficio de la igualdad?
La solución más fácil que te daría es «eat the rich». Pero también entiendo que hay otras formas que no requieren de comerse a nadie, a menos que sea una parafilia de la persona que desea ser comida. En todo caso, yo creo que hay herramientas de redistribución que demuestran que aquellas sociedades más igualitarias, o aquellas sociedades donde hay mayor igualdad de oportunidades, redundan en el beneficio común y son positivas para todas. Estoy bastante seguro de que hay gente que tiene tantísimo dinero que no va a saber qué hacer con él en su vida y que va a morir sin haberlo gastado. Realmente hay un fetichismo de la acumulación de riqueza, de la acumulación material. Entonces, se trata más bien de un cambio cultural y de percibir que no necesitamos tanto dinero, ni acumular tanto como creemos, y que redistribuyéndolo tendríamos una sociedad mejor, incluso para las personas que acumulan. Bibliotecas del tiempo, bibliotecas de objetos, modos colectivos de poseer… Es difícil de conseguir, porque como explicaba antes, nos han convencido de que la acumulación y el éxito son sinónimos. Pero estoy seguro de que podemos llegar a este cambio cultural.

P. ¿Puedes compartir ejemplos personales de privilegios a los que hayas tenido que renunciar y las ventajas que has encontrado al hacerlo?
A través de este ensayo, lo que planteo es que hay que cuestionar también el concepto de privilegio, porque hemos llegado a un punto en que se está llamando privilegios a derechos básicos. Tú tienes una casa, ¡qué privilegiado eres! Tú no has estado nunca en el paro, ¡qué privilegiado! Tú tienes derecho a voto y yo no, ¡qué privilegiado! Y no. Estamos llamando privilegios a cosas que son derechos. La diferencia entre un privilegio y un derecho es que el privilegio no debería tenerlo nadie y el derecho debería tenerlo todo el mundo. En el momento en que llamamos privilegio a trabajar, tener un hogar o votar, estamos diciendo que no habría que tenerlo, cuando en realidad se trata de derechos que habría que garantizar.

En mi caso, la experiencia que tengo como hombre blanco ocupando espacios me ha hecho darme cuenta de que en muchas ocasiones había gente que no es que no tuviera opinión o no quisiera expresarla, es que no lo hacía porque mi presencia, por una tradición cultural, les lleva a callarse, como es el caso de mujeres que no expresan su opinión en espacios masculinizados o personas racializadas que no expresan su opinión en espacios muy blancos. ¿Y qué es lo que yo he ganado? Pues simplemente el hecho de escuchar una experiencia diferente a la mía, y la maravillosa sensación de cambiar de opinión me parece ya un motivo para callarse de vez en cuando.

P. En el ensayo haces notar la diferente percepción social entre la prevención del embarazo y la prevención del VIH. ¿Cómo podríamos desafiar los estereotipos de género y las normas sociales para promover una visión más equitativa de ambas formas de prevención?
Sí, en el ensayo hago esta afirmación partiendo del contexto del análisis de lo que viene a ser el discurso médico. En un primer lugar, para conseguir superar estos estigmas que hay hacia la prevención del embarazo o hacia la prevención del VIH, que presento como diferenciados. Incido mucho en que las mujeres que son responsables de su salud sexual y reproductiva son estigmatizadas y tratadas de putas, de zorras o de guarras. Y lo mismo nos pasa a los maricones. Lo que creo que hay que hacer es reformar en primera instancia el discurso médico. ¿Por qué? Porque la medicina, incluso en 2023, está diseñada desde el punto de vista del hombre cisheterosexual. Por poner un ejemplo, los testeos de medicaciones o de tratamientos médicos se siguen haciendo sobre cuerpos de hombres cis y occidentales, y esto ignora por completo la diversidad fisiológica que hay en todos los cuerpos del planeta. En consecuencia, vemos que hay efectos secundarios no previstos, o desdeñados, en los cuerpos de las mujeres o de las personas de otros orígenes que no sean europeo o estadounidense. Creemos que el discurso médico es neutro porque es ciencia, pero lo cierto es que está atravesado por los prejuicios de las personas que hacen la ciencia.

Esto obviamente tendrá también una incidencia en el discurso social porque los médicos, los doctores, los estudios sobre salud, los ministerios, son instituciones que percibimos como autoridad, son personas cuyos discursos respetamos. En el momento en que veamos a una persona que entendemos como autoridad en una materia cuestionar el machismo o el prejuicio homófobo que hay dentro de la medicina, creo que la sociedad en general comenzará a cambiar su perspectiva sobre estos tratamientos.

P. Está claro que hay que seguir combatiendo la homofobia, pero ¿hay otras maneras de hacerlo que no sea desde lo LGTBI?
De hecho, la única manera de hacerlo es no haciéndolo desde allá, porque cuando decimos que la homofobia debe ser combatida por las personas LGTBI, lo que estamos haciendo es obligarlas a llevar la carga de su propia defensa. Y, de algún modo, esto tiene una cara B muy fea. Cuando decimos que las personas LGTBI son las responsables de educar y de evitar la homofobia, lo que estamos asumiendo es que al recibir una agresión homófoba, es también culpa de ellas porque no han sido suficientemente pedagógicas o no han sabido explicarse para evitar esa agresión. Por tanto, yo creo que la mejor manera de combatir la LGTBIfobia es que las personas que no son LGTBI se den cuenta de ella y la combatan entre ellos. Es decir, si tú eres un tío heterosexual y escuchas a un amigo tuyo, o lo ves en el grupo de WhatsApp, diciendo barbaridades sobre las personas LGTBI, intervén.

P. ¿Qué les dirías a las infancias de hoy para que sean más maricas el día de mañana?
La clave no está tanto en qué decirles a las infancias, porque las infancias son tremendamente maricas. Lo que quiero decir es que los niños, las niñas y les niñes, antes de ser educadas en sociedad, hacen cosas tremendamente maricas. Si un niño ve a su hermana jugando con una Barbie y le apetece, lo dice sin ningún complejo a los tres, a los cuatro, a los cinco años. Pero deja de decirlo conforme crece. Los vamos desamariconando conforme los educamos, en el momento en que decimos: «No, tú no puedes jugar con una Barbie porque eso es de niñas»; «No, tú tienes que ir al fútbol y no puedes ir a ‘ballet’»; «No, tú tienes que llevar pantalones y no puedes llevar falda». No se trata tanto de qué le diríamos a las infancias, se trata de desencasillar la infancia en el sentido que antes decía de un horizonte ‘queer’ sin límites. Yo entiendo que le tienes que poner límites como a qué hora se tiene que ir a dormir, pero no aceptar que un niño quiera hacer una cosa que tú consideras de niña, o que una niña quiera hacer una cosa que tú consideras de niño, no es un límite, es un prejuicio que estás imprimiendo en esta niñe, niña o niño, que va a crecer creyendo que aquello que no hacía daño a nadie, jugar con una muñeca, es algo tremendamente malo y perverso. Las infancias, para que sean más maricas, tienen que tener paternidades y maternidades más maricas.

P. «Amariconad el mundo», dice en imperativo el último capítulo, al que luego siguen unas páginas que rebosan de cuidados y ternuras. A quienes puedan pensar que tienes intención de ‘queerizar’ lo cishetero, ¿qué les dirías?
Que sí, que absolutamente tengo la intención de ‘queerizar’ lo cishetero. Creo que durante todos estos años de activismo, aunque se ha pretendido que lo LGTBI parezca más cishetero, nos han llevado algunas frustraciones dentro del colectivo. De alguna manera parece que teníamos que recortarnos nosotros aquellas estridencias, como decía en la pregunta previa de aquel niño que tiene que evitar jugar con una muñeca. Lo mismo ocurre cuando llegas a ser adulto, resulta que tienes que evitar hacer cosas con mucha pluma para evitar llamar la atención en el trabajo. O tienes que evitar especificar en un contrato de alquiler que tu pareja es del mismo género. Todas estas cosas están imbricadas en la deriva de los últimos años que nos ha llevado a parecer más cishetero para ser aceptados. Lo cual me lleva a preguntarme si hoy en día hay menos LGTBIfobia porque la gente es más respetuosa o porque las personas LGTBI parecemos menos LGTBI que antes.

En cuanto a ‘queerizar’ lo cishetero, quiero decir que en el momento en que las personas cishetero desdibujen sus límites, sean estridentes, tengan pluma y encuentren alegría en ello, porque han tenido que renunciar a muchas cosas que les harían felices para llegar a ser cishetero, ya no habrá la posibilidad de que te digan en un contrato de alquiler que no puedes acceder a la vivienda porque «tienes demasiada pluma y aquí buscamos una familia normal»; porque lo normal no existirá, no habrá una persona cishetero con la que compararte para decir «ella es más normal que tú y, por tanto, le vamos a dar el alquiler o el contrato de trabajo a ella».

P. ¿Harry Styles es marica mala o no?
Pues voy a romper una lanza por él porque todo el mundo está cuestionando su sexualidad por cómo va vestido. Y llevar la ropa que te dé la gana como lo hace él, independientemente de cuál sea su género, su orientación afectivo-sexual, es de marica mala.

P. ¿Rosalía?
Pues depende. Por ejemplo, Rosalía con Tokischa es una marica malísima, de las mejores. Me encanta, porque es un videoclip y un tema que habla sobre la sexualidad femenina, la sexualidad entre mujeres. Lésbica o sáfica, totalmente desacomplejada, reivindicando ser tremendamente guarras, cerdas y estar orgullosas de ello. Eso es supermarica. En cambio, Rosalía con Rauw Alejandro, la ruptura… está teniendo una narrativa tremendamente cisheterosexual, de marica buena, de se ha acabado una relación romántica y está supertriste y hay que hacer un drama de ello. Cuando yo creo que lo reivindicativo de una marica mala es que aunque se acabe el vínculo puedes tener una relación maravillosa, alegría, felicidad y promiscuidad con tu expareja.

P. ¿Samantha Hudson?
Es lo más marica mala que existe ahora mismo en el panorama español. Su voluntad férrea de ser estridente, de llamar la atención, de no pasar desapercibida y de decir siempre lo que le dé la gana sin pedir perdón ni permiso, es el modelo de marica mala por antonomasia.

P. ¿Almodóvar?
En el ensayo digo que marica mala no se es, sino que se hace. Y la filmografía de Almodóvar es tremendamente marica mala, y como castellano manchego y maricón, me he educado con ella.

viernes, 3 de mayo de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | El drama de Oto de Supervivientes: drogas, prostitución y homofobia

Imagen: Cotilleo / Oto Vans
El drama de Oto de Supervivientes: drogas, prostitución y homofobia.
Cotilleo, 2019-05-03
https://www.cotilleo.es/el-drama-de-oto-de-supervivientes-drogas-prostitucion-y-homofobia/

Detrás del maquillaje que habitualmente luce Oto Vans, uno de los concursantes de la nueva edición de ‘Supervivientes’, se esconde un duro pasado muy alejado del brillo y la purpurina que a menudo adereza su vida de ‘influencer’ de éxito.

Nació en 1995 en Croacia, pero salió de este país con su madre y uno de sus hermanos cuando solamente tenía cinco años. La razón fue los problemas de sus progenitores con las drogas. Una circunstancia que marcó su infancia, pues los servicios sociales tenían la intención de retirarles la custodia.

Él mismo ha contado en alguna ocasión (como en la entrevista que le hizo Sindy Takanashi en el programa de Flooxer ‘Las Uñas’), que hicieron el trayecto desde Croacia en furgoneta. Se dirigían hacia Portugal, pero tras dos días de viaje, ésta se averió en País Vasco y decidieron quedarse allí, pues la asociación que iba a ayudarles, también tenía sede en esta zona. Su padre se permaneció rehabilitándose en Croacia y llegó a España cinco meses más tarde.

Pasaron allí catorce años y Oto reconoce que fue una experiencia dura, pues tenía que esconder su homosexualidad al no estar aceptado en dicha organización, donde el componente religioso estaba muy presente. Estuvo prácticamente aislado en un pueblo de 68 habitantes en el que apenas tenía contacto con otros chicos de su edad, lo que le marcó bastante.

Rompiendo moldes
Y puede que fuera toda esa represión y frustración el germen del que surge la forma de ser provocadora, explosiva y expansiva de Oto Vans, que se hizo famoso hace unos años a través de los vídeos que colgaba en redes sociales. Comenzó comentando su vida, riéndose de sí mismo y de quien se cruzara por el camino (lo que le ha generado más de una crítica), pero siempre siendo auténtico y sin miedo de mostrarse tal y como es. En definitiva, libre. Tanto es así, que ha llegado a confesar que se prostituyó de vez en cuando.

Y además, ha roto moldes de género apostando por una estética eminentemente femenina que inspira por igual a chicas y chicos. No obstante, esto ha provocado un distanciamiento con su padre, que no acepta que Oto se maquille o hable en femenino. Incluso llegó a prohibirle comer helados de fresa porque eran de color rosa.

Ahora Oto tiene más de 325k seguidores en Instagram (aunque le han cerrado el perfil cinco veces), vive en Madrid la vida que siempre soñó y gana más dinero que su padre. Oto Vans es todo un superviviente. Y ahora tendrá la oportunidad de demostrarlo en Honduras. Por cierto, su verdadero apellido es Tomicic, pero usa Vans porque le gusta mucho esta firma de zapatillas. Lo dicho: autenticidad en estado puro.

jueves, 2 de mayo de 2019

#hemeroteca #lenguajeinclusivo | ¿Qué tiene que pasar para que usemos el femenino para referirnos a hombres y mujeres?

Imagen: El País
¿Qué tiene que pasar para que usemos el femenino para referirnos a hombres y mujeres?
Los cambios en gramática son lentos, difíciles y no se pueden controlar.
Jaime Rubio Hancock | Verne, El País, 2019-05-02
https://verne.elpais.com/verne/2019/03/18/articulo/1552902519_086128.html

-Hola a todos.

Esta frase es correcta si me refiero a 20 hombres. O a diez hombres y a diez mujeres. O a 19 mujeres y un hombre.

En español, el masculino puede usarse para referirse tanto a ellos como a ellas, mientras que el femenino solo se usa para ellas. ¿Esto podría cambiar en un futuro? ¿Podríamos acabar usando también el femenino para referirnos a grupos de hombres y mujeres? ¿La RAE acabaría admitiendo este cambio si todos (¿todas?) usáramos así el femenino?

Por qué no es correcto
En su 'Libro de estilo de la lengua española', la RAE explica que el masculino en español es el género no marcado. Es decir, es la forma por defecto y considerada más o menos neutral. Igual que en otros idiomas, la forma no marcada funciona tanto para el femenino como para el masculino.

No es algo que ocurra solo con el género, como explica a Verne Pedro Álvarez de Miranda, miembro de la Real Academia Española y autor de 'El género y la lengua'. También pasa con el singular y el plural: el singular es el número no marcado y puede asumir la representación del plural en frases como “el perro es el mejor amigo del hombre”, en la que no nos referimos a un perro en concreto sino a todos en general.

Lo mismo ocurre con los tiempos verbales y el presente. El tiempo no marcado, el presente, puede usarse para el pasado ("la Revolución Francesa comienza en 1789") y para el futuro ("la semana que viene no voy a trabajar").

Álvarez de Miranda explica que es muy posible que el origen de esta característica de la lengua está “en que la sociedad ha sido en buena medida androcéntrica o patriarcal”. Pero también apunta que “es ingenuo pensar que vamos a cambiar la sociedad por cambiar el lenguaje. En todo caso, será al revés”.

¿El femenino podría llegar a usarse para hombres y mujeres?
Cuando Pedro Sánchez nombró a una mayoría de ministras en su Gobierno, se mencionó la posibilidad de hablar del Consejo de Ministras. No cuajó, pero Fundéu recordó que "cuando estos usos se generalicen” y los hablantes “entiendan que el femenino es más adecuado que el masculino en algunas situaciones y lo empleen así”, la RAE, “notaria de la lengua, previsiblemente registrará que el masculino ya no es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto".

Pero esto no es nada fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que hay más de 480 millones de personas que tienen el español como lengua materna: “Los cambios en el sistema gramatical son lentísimos -explica Álvarez de Miranda-. Pueden durar siglos”. Coincide en este punto María Márquez, profesora de la profesora de la Universidad de Sevilla y autora del libro 'Género gramatical y discurso sexista', que añade que los cambios se deciden en el uso de los hablantes. Son ellos quienes decidirán qué soluciones son “las más eficaces, económicas, claras y precisas”. Estos cambios, apunta, no se llevan a cabo por un acuerdo, sino que son “inconscientes y progresivos”.

No es lo mismo que introducir un neologismo, que puede tener éxito más o menos rápido, dependiendo del término y del contexto, como tuitear, walkman o televisión: “La gramática es la columna vertebral de la lengua”, recuerda Álvarez de Miranda. Podemos incorporar una palabra y luego dejar de usarla si ya no es útil, pero los cambios en la gramática afectan a toda la lengua.

Otra cosa, apunta Márquez, es el uso político de algunas de estas formas, como la candidatura de Unidas Podemos: este uso del femenino genérico “quiere reflejar cuestiones sociales” y generar debate, “pero difícilmente pasará a la lengua general”.

Por qué a veces es un problema
Pero todo esto no quiere decir que el masculino genérico se entienda siempre bien. Como recuerda Márquez, el masculino genérico puede presentar ambigüedad, ya que “su mención puede ser específica o genérica, dependiendo del contexto”.

Esto quiere decir que ha habido “usos abusivos del masculino genérico en el que no funcionaba como un auténtico genérico”. Por ejemplo, recuerda, “en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de la Revolución Francesa, en ningún momento se contemplaba a la mujer, que ni siquiera votaba”.

En ocasiones, “el abuso del masculino genérico invisibiliza a la mujer”, añade. “Esto no tiene que ver ni con sentimientos ni con lo políticamente correcto, sino que es un fallo en el comportamiento comunicativo”. Es decir, hay contextos en los que es necesario especificar si nos dirigimos solo a hombres o a hombres y mujeres. Hacerlo es, precisamente, una cuestión de “eficacia comunicativa”, apunta Márquez.

Hasta ahora, esta necesidad de especificar en muchos contextos no era tan habitual porque los hombres monopolizaban muchos espacios públicos, por lo que la ambigüedad no se manifestaba de forma tan habitual. No se trata de que con la lengua se quiera cambiar la sociedad, como se apunta en ocasiones, sino que la sociedad ha cambiado y los hablantes buscan nuevas formas de reflejar estos cambios.

Desdoblamientos: manual de uso
La RAE considera que desdoblamientos como “ministros y ministras” son “artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico”. La mención del femenino solo se recomienda cuando es relevante en el contexto, como en el ejemplo “el desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad”.

Aun así, Álvarez de Miranda recuerda que usar los dos géneros es normal "como muestra de cortesía" en encabezamientos o en caso de duda. No es nada nuevo, sobre todo al principio de discursos que comienzan con encabezados como “señores y señoras”, aunque luego sigan con un “estamos reunidos”. En estos casos “es muy lógico subrayar la presencia de los dos sexos, poniendo como ejemplo el Cantar del Mío Cid: “Salíanlo a ver mujeres y varones, / burgueses y burguesas por las ventanas son”. Hace ocho siglos nadie se quejaba de la supuesta dictadura de lo políticamente correcto.

También apunta que es normal que lo veamos más a menudo que hace unos años porque cada vez hay más mujeres presentes en la esfera pública. Por ejemplo, en su opinión es lógico que el pie de una foto de Pedro Sánchez con sus ministros y ministras especifique que aparece el presidente con sus ministros y ministras: “En la foto se veían más mujeres y sería anómalo que solo pusiera ministros”. Pero estos desdoblamientos “no se pueden llevar a sus últimas consecuencias porque sería agotador”.

Al final, es lo que hemos hecho siempre: “Siempre han sido necesarias la precisión y la claridad”, explica Márquez. Simplemente ocurre que la precisión y la claridad que son necesarias no son estáticas, sino que responden a los cambios sociales. Si cada vez hay más mujeres en la esfera pública, es normal que en nuestros discursos las incluyamos más a menudo.

La creación de nuevos femeninos
La creación de femeninos también ha generado resistencias a lo largo de la historia, como pasó con presidenta y jueza. Pero “la creación de femeninos específicos cuando hay referencias humanas”, como en el caso de las profesiones, es “una de las tendencias estructurales desde los orígenes de la lengua” y “está asentada desde hace siglos”, explica Márquez, que añade

Palabras como señor, trabajador, infante y parturiente no tenían formas femeninas, que se crearon espontáneamente: señora, trabajadora, infanta y parturienta. Por ejemplo y como escribía en Verne Lola Pons, “señor” se usaba para hombres y mujeres hasta finales de la Edad Media, cuando se crea la forma femenina, con "a" al final, en lo que difícilmente se puede ver como una imposición de lo políticamente correcto, sino, como sucede siempre en estos casos, una respuesta que damos los hablantes a nuevas realidades.

Márquez también recuerda que muy a menudo los cambios en profesiones generan resistencias mayores cuanto más prestigio tenga esa profesión: los femeninos de sirvienta y asistenta no generaron ni de lejos tantas quejas como presidenta, a pesar de ser casos gramaticalmente iguales.

Es decir, no se trata de que se quiera cambiar la sociedad mediante cambios en la lengua, sino que la sociedad ha cambiado y queremos reflejar estos cambios a la hora de hablar y escribir. Es normal que surjan dudas e incluso que se cometan excesos lingüísticos, pero Márquez recuerda en su libro que estos cambios “siempre obedecen a necesidades expresivas de los hablantes, que pueden ser funcionales, sociales, culturales o estéticas, pero nunca son azarosas o caprichosas”. En su opinión, la lengua es “un proceso y no un código, y tiene un desarrollo dinámico. La lengua no refleja la realidad como un espejo, pero entre ambas hay “interdependencia e influencia mutua”.

Todos, todas y... ¿todes?
Tanto Álvarez de Miranda como María Márquez no le auguran ningún futuro a opciones como “chicxs, chic@s o chiques”. Ambos recuerdan que la arroba y la X ni siquiera se pueden pronunciar. Márquez apunta que pueden tener sentidos en ámbitos como mensajes de texto, igual que otras abreviaturas que la RAE considera admisibles en ciertos ámbitos, pero no cree que puedan pasar a la lengua general.

En el caso de “chiques”, Álvarez de Miranda explica que es un morfema inventado, que no viene del latín, como ocurre con el masculino y el femenino. “Jamás ha ocurrido, en ninguna lengua, que se imponga de arriba a abajo un morfema nuevo”, por lo que no cree que esta propuesta tenga mucho recorrido. Márquez apunta que esta forma se usa para hacer referencia también a identidades sexuales no binarias, pero recuerda que “aunque haya interrelación entre la lengua y la realidad, la primera no es un calco de la segunda”. Ni son independientes la una de la otra, ni hay un juego de espejos en el que la lengua refleje la realidad de forma exacta.

domingo, 3 de marzo de 2019

#hemeroteca #gais #musica | Armarios, dinero y gente tóxica: confesiones de Nacho Canut, el gran deslenguado del pop español

Imagen: El País / Nacho Canut
Armarios, dinero y gente tóxica: confesiones de Nacho Canut, el gran deslenguado del pop español.
Ha escrito los himnos más famosos del pop español y forma desde hace 30 años el dúo Fangoria junto a Alaska. Ha prometido dejar de decir todo lo que piensa y lo ha conseguido... a medias.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2019-03-03
https://elpais.com/elpais/2019/02/27/icon/1551262961_972427.html

Ex Pegamoide, ex Dinarama y actual mitad de Fangoria, para las nuevas generaciones Nacho Canut (Valencia, 1957) es conocido como el tipo silencioso que está en el escenario detrás de Alaska y que da muchas menos entrevistas que ella. Una pena: es el conversador más apasionado del pop español, un auténtico generador de sentencias corrosivas y aforismos sobre cualquier cosa. Pero, tras algunos palos en los medios y en las redes sociales, le ha podido la autocensura y ha decidido medirse. Confiesa que en las promociones lo que más le aburre es hablar de su disco, así que solventemos eso rápido: en ‘Extrapolaciones y dos preguntas’, Fangoria versiona a OBK, Los Planetas, Family o McNamara y además incluye dos canciones nuevas que, muy en su línea, hablan de culpa y paranoia a 128 BPM.

P. Me han dicho que le ha cogido miedo a las entrevistas.
R. Como todos los ciudadanos: cada vez que dices algo estás en peligro. Y como me encanta hablar, tengo que controlarme. Mi lema ahora es lo que siempre han dicho las Nancys Rubias [el grupo de Mario Vaquerizo]: “Callada y misteriosa”. Como ahora vivimos en la dictadura del ‘clic’ y cualquier frase puede hacer que miles de personas se metan en un artículo para insultarte (o para lo contrario), hay que medir lo que vas a decir. ¡Por otra parte está bien! Así todos vamos a empezar a pensar realmente y a hacernos responsables de lo que decimos.

P. Es una pena porque usted era nuestro Morrissey, alguien que expresaba sin ambages su opinión sobre los demás.

R. ¡’Era’! Porque la gente se tomaba lo que yo decía como algo personal. ¡Pero si ya no puedes ni decir “feliz Navidad” sin que alguien te corrija por “feliz solsticio de invierno”! Y yo soy ateo, ¿eh?

P. Hay gente que cree que el primer sencillo del nuevo disco, '¿De qué me culpas?', es una respuesta a las críticas que han recibido. ¿Es cierto?
R. No y sí. Con todo lo que hay actualmente en las redes o en la prensa estamos culpando a todo el mundo de todo tipo de cosas. Y no hablo de ‘Sálvame’, sino de la cultura de culpabilizar y acusar. Me da rabia que sea actual porque no me gusta nada hacer temas de actualidad. Pero cuando hicimos ‘¿A quién le importa?’ también nos pasó.

P. Entre sus seguidores pasa mucho que hay alguien que dice: “Están hablando de mí”. ‘Criticar por criticar’ es el ejemplo paradigmático: en 2006 todo Madrid creía que le habían dedicado ustedes la canción.
R. Claro, pero a mí me pasa lo mismo con los Pet Shop Boys. Cuando sacaron 'So hard' pensé que hablaba de mí. Y 'Please please please let me get what I want', de Morrissey, también. Son cosas que me podrían pasar a mí, pero luego también comprendo que tanto Neil Tennant como Morrissey son caballeros de mi edad y por lo tanto es normal que tengamos las mismas vivencias. Lo que pasa es que ellos escriben mucho mejor. Además, siempre hemos intentado… bueno, parece que uso el plural mayestático, pero estoy tan acostumbrado a hablar de mí y de Carlos, de “nosotros”, que… [Nacho habla de Carlos Berlanga, amigo de la infancia y compañero en todos sus grupos antes de Fangoria y fallecido en 2002]

P. Eso es muy bonito 17 años después de su muerte.
R. No sé cuántos años han pasado. Para mí una vez que una persona se ha muerto ha desaparecido y ya no pasa el tiempo más.

P. Pero sigue hablando de él en presente.

R. Porque estoy acostumbrado a trabajar con él. Y siempre hemos utilizado el neutro también, o sea, ni hombre ni mujer.

P. ¿Cómo los chiques o los ‘niñes’, términos tan reivindicados ahora?

R. ¡No! ¡Eso no! Yo estoy a favor de que todo el mundo hable como le dé la gana, pero yo nací en 1957 y no se me puede exigir que me comporte como una persona del siglo XXI. Cuando sea robot, que espero que ocurra de aquí a diez años, me podrán poner una especie de cosa y hacerme un ‘reboot’. Y entonces diré ‘chiques’ y ‘amigues’. Pero apoyo a todo el mundo que utiliza eso y me parece fenomenal que surjan palabras nuevas. Pero hay muchas palabras en el castellano que se pueden utilizar que son neutras sin decir ‘chiques, ¿eh?

P. A eso íbamos:’ que Carlos Berlanga y usted utilizaban un lenguaje neutro.

R. O el femenino. Siempre nos hemos referido entre nosotros y hacia los demás así: “Ay, amiga, qué tarde llegas”. Yo estoy acostumbrado desde 1978 a que todos hablásemos en femenino sobre hombres y mujeres. Por eso a mí lo de ‘amigues’… yo prefiero llamar a todo el mundo en femenino.

P. Es usted uno de los pocos gais visibles en España que nunca ha salido del armario porque nunca ha estado dentro.

R. Carlos y yo nos conocemos desde que teníamos poquísimos años. Cuando te crías con un amiguito que es… ¡es que ni había la palabra gay, no hacía falta decirlo! Luego conocimos a Alaska que, como ella está harta de decir, es otro maricón. Y a otros mariquitas amigas de Alaska. Llegó un momento a finales de los setenta en que estábamos metidos en la casa de las Costus [Enrique Naya y Juan José Carrero, pareja de artistas cuyo apartamento en Malasaña se convirtió en epicentro de la llamada Movida] y nos preguntamos: “Oye, ¿conocemos a algún heterosexual?”. A mí nunca se me ha ocurrido decir lo que no soy. El insulto que más nos dedicaban por aquel entonces cuando salíamos de Casa Costus, que estaba al lado de la sede de Fuerza Nueva, era "rojo maricón". "¡Rojos! ¡Maricones!". Así todos los días. Y yo pensaba: el problema no es mío, sino de esta persona. Si alguien ve raro que me gusten los hombres, el problema es suyo. Carlos y yo íbamos a México y nos preguntaban: “¿A ustedes les gustan las chicas rubias o morenas?”. Y nosotros respondíamos: “Pues mire, usted perdone, pero a nosotros nos gustan los hombres y personalmente a mí me da igual que sean rubios o morenos. ¿Y a ti, Carlos?”. Y él: “Pues yo prefiero rubios”.

P. ¿Y cómo reaccionaban?

R. Si tú te comportas con naturalidad la gente te va a tratar con total respeto. Por eso yo jamás he comprendido a artistas que son gais y no lo quieren decir. ¡Te metes en un callejón sin salida! Y cuanto más lo ocultes peor vas a quedar, porque en algún momento lo vas a tener que decir.

P. Es triste en 2019 ver a cantantes jóvenes en televisión, no voy a dar nombres pero los podemos imaginar, hablando de novias o diciendo cómo les gustan las chicas, ¿no cree?
R. Es muy triste porque… ¿qué está pensando esa persona de sí misma si para presentarse decide mentir sobre el aspecto más importante de tu vida? Yo sería incapaz, porque además no soy buen actor, ¡y es que me niego! ¡Desde el primer momento me he negado!

P. ¿No cree que hay algo monetario? Ricky Martin solo salió del armario cuando tenía todas su mansiones pagadas.
R. Sí, puede ser. Pero también tiene un manager, habrá firmado un contrato… Cuando nosotros empezábamos no ganábamos un duro, por dinero no lo íbamos a hacer. Además si yo digo en la tele que soy heterosexual y luego llego esa noche a Casa Costus, me tiran por el balcón. Cuando estás rodeado de mucha gente como tú te viene la sensación de estar traicionando a tu mundo, a tu gente.

P. Una frase suya que me encanta es...
R. ...¡Cuidado, que esas frases son ‘anteriores a’...!

P. Esta es inofensiva: dijo usted que la vejez es la nueva homosexualidad.

R. Si hay algo que ahora hay que disimular y que da vergüenza o que hay que intentar evitar es la vejez. Te perdonan ser todo lo que quieras ser, pero viejo no.

P. ¿Usted se considera viejo?
R. No, yo me considero adulto. Pero tengo que explicarlo: yo me considero adulto desde los 21 años. Una vez me vi con treinta años vistiendo chaqueta de cuero, vaqueros y zapatillas y me dije: “A ver, no. Parezco Disco Sally”. Y Genís Segarra, de Hidrogenesse, me dijo: ”Nacho, a partir de cierta edad, como un traje nada”. Cuando no te pueden atacar por ningún lado te acaban atacando por edad. Y si no que se lo digan a los que le llaman ese insulto nuevo que yo no entiendo: ‘pollavieja’.

P. Eso es lo que llaman algunos jóvenes a Pérez Reverte o a Javier Marías, por ejemplo.

R. Claro, ¿pero qué les están diciendo? ¡"Vieja"! No te perdonan ser viejo. Y además a Reverte o Marías, que son personas súper interesantes. Me alegro de que ellos tengan esa libertad de ser y de decir. Es absolutamente necesario que haya gente como ellos que sigan diciendo lo que piensan. ¿Qué quieren que hagan? ¿Que se suiciden? ¡Hay que aprender a ser viejo, no pasa nada! Nosotros, cuando éramos pequeños, cuando tenía yo 20 y Olvido 15, íbamos con gente mucho mayor. Habían vivido más y tenían mucho que contar. Yo con los viejos no tengo ningún problema.

P. Pero las radios sí. Ustedes suenan en Los 40, pero Madonna, Kylie o Pet Shop Boys ya no.
R. A mí me parece bien que Madonna y Kylie no suenen en la radio porque lo que hacen musicalmente ya no interesa. Pero lo que no puede ser es que no suenen porque son viejas. Perdone usted, pero Leonard Cohen, Picasso, Dalí, Bob Dylan… a ellos se les permite todo porque son hombres. Nadie se burlaba de Leonard Cohen en un escenario con 80 años. Y de Madonna, sin embargo, dicen: “¡Mira la vieja!”. Me temo que en ese sentido las mujeres lo tienen peor. A una mujer mayor no se le perdona nada. Mira, existe el concepto Disco Sally [como se apoda a quien sigue bailando en las discotecas con más de 50 años] pero no el concepto Disco Tom.

P. A Alaska la han llamado de todo, pero vieja aún no.
R. Es cuestión de tiempo. Ya la han llamado gorda y le ha dado igual. Lo de vieja también le va a dar igual, pero acabarán llamándoselo.

P. Cuando cumplió 50 años se hizo el propósito de dejar de estar con gente tóxica. ¿Quién es la gente tóxica?

R. Gente con la que yo he viajado y convivido y, de repente, hablan mal de Olvido y Mario [Vaquerizo] y al día siguiente los llaman para saludar. ¡Eso existe! Hay una edad en la que hay que decir: “Se acabó, señoras. Gótica, en su casa”. En todos nuestros seguidores, por ejemplo, cada vez que hay un intercambio generacional los que acaban de dejar de seguirnos nos empiezan a poner verdes y a insultarnos. Y los nuevos, en cambio, nos defienden a muerte.

P. Es que ustedes tienen algunos fans que es para darles de comer aparte.

R. Nosotros somos un grupo que, por nuestra manera de ser, atraemos a gente muy… apasionada. Que se lo toma todo de manera muy personal. Yo nunca he sido ese tipo de fan, pero como seguidor de Morrissey, Marc Bolan, Marc Almond, Madonna… ¡toda esa gente no es normal! Ni Olvido ni yo, no somos el chico de la puerta de al lado. Somos marcianas, decimos cosas que molestan, no somos cómodos, no nos llevamos bien con nadie…

P. Versionan en el nuevo disco ‘Gritando amor’, de McNamara. Como usted lo conoce: ¿lo suyo con la bandera del aguilucho en el Valle de los Caídos y su defensa de Franco es una ‘performance’?
P. McNamara, desde que yo lo conozco, es una persona de otro mundo y está loca. Está loca de verdad. Es muy especial y con él yo actúo siempre como público. Cuando le veo hacer esas cosas me digo: "Ay, Dios mío". No tengo que defenderlo, no soy quién. Alucino con él, pero siempre he alucinado con él. Cuando no eran estas cosas, eran otras. Siempre extremas. Y esto es lo más extremo que se puede hacer ahora. No es una ‘performance’ como tal. Todo lo que hace, lo cree. Es lo que él siente. Yo le quiero muchísimo porque es mi amigo, bueno, conocido, desde Casa Costus. Y asisto sorprendido a las cosas que dice, como la mayoría del público.

P. De toda su carrera musical, ¿qué etapa recuerda con menos cariño?
R. La de Alaska y Dinarama cuando tuvimos el éxito masivo. Era un rollo. De repente no sabíamos qué hacer, con quién hablar… estábamos rodeados de grupos que no nos interesaban nada. Cuando íbamos a una entrega de premios nos preguntábamos: "¿Pero quiénes son estas personas?". Ya luego llegaron Astrud o Los Planetas y nos sentimos acompañados.

P. ¿Ningún grupo contemporáneo de los ochenta les gustaba?
R. No. No es tanto que no me gustasen como que no teníamos relación. Ahora, cuando tocamos en festivales, la mayoría de los grupos no me gustan, porque a mí me gusta el tecno y el rollo Britney [Spears], pero al menos me caen bien. En aquel momento todos los grupos eran como robots aburridos. Además, Carlos [Berlanga] tenía muchos problemas de drogas y era un rollo tener que tratar con alguien con esos problemas.

P. ¿Recuerda el momento en que se hizo rico?

R. Cuando publicamos ‘Deseo carnal’ me dieron la Visa Oro, que al día siguiente la perdí. Al pedir otra en el banco me dijeron: “Mire, señor, no se la volvemos a dar”. Ese fue el momento en que realmente empecé a ganar dinero, pero por los conciertos. Yo nunca he ganado dinero por los discos. Cuando veo el dineral que ganaban otros grupos alucinaba: nunca he ganado tanto. Siempre he necesitado hacer conciertos. Al disolver Dinarama en 1989, Carlos se fue a vivir con sus padres y Olvido y yo nos quedamos en la calle. Carlos ganó mucho dinero gracias a hacer la música para una serie de su padre [‘Villarriba y Villabajo’, en TVE], pero Olvido y yo teníamos que ser pinchadiscos. No ganábamos nada de dinero. Poco a poco, nos fuimos recuperando con Fangoria y gracias a los directos. Mi madre era muy amiga de la madre de los Cano [José María y Nacho, de Mecano], fuimos al colegio juntos. Y ella me decía: “A ver, ¿por qué cuando yo voy a Nueva York me dice la madre de José y Nacho que puedo quedarme en su apartamento? ¿Dónde está tu apartamento en Nueva York?”. ¿En qué me he gastado yo el dinero? ¡Pues no lo sé! No tengo coche, mi casa tiene 65 metros cuadrados, nunca he sido drogadicto, no me gustan las joyas... Lo del dinero a mí no se me da muy bien.

P. Por favor, cuénteme alguna anécdota divertida con los Cano.
R. Yo iba más con Jose; Nacho era más pequeño e iba con mi hermano Johnny. Dejémoslo. Tengo muchas anécdotas, pero no te las voy a contar.

P. ¿Cuál es la celebridad que más le ha impresionado conocer?
R. Todos los famosos me impresionan, ¡todos! Olvido, Carlos y yo siempre hemos tenido ‘famositis’. Lo que pasa es que Olvido y yo no nos atrevemos a nada y Carlos siempre iba a pedir un autógrafo. ¿Que está ahí Billy Idol? Pues aunque a Carlos no le gustase, iba. Así me consiguió un autógrafo suyo. ¿Pero la persona que más me ha impresionado? A ver, ¡yo he visto a Neil Tennant [el cantante de Pet Shop Boys]! De lejos. No me acerqué.

P. ¿Es simpático?
R. No, no, no. No son simpáticos. [La asistente de Nacho entra a preguntar cómo vamos de tiempo]. Pues mira, me está diciendo que parecen simpáticos los Pet Shop Boys, así que necesito diez minutos más para explicárselo. [Vuelve a mí] A ver, es posible que alguien diga de mí que tampoco lo soy. Porque uno está con sus amigos y lo último que quieres es que venga un desconocido a decirte nada. Además, yo pienso: “¿Y qué le digo?”. “¡Neil, Neil!”. ¿Qué le digo yo a Neil o a Chris Lowe? Que, por cierto, recuerdo que una vez coincidieron en el [gimnasio] Holiday Gym aquí en Madrid Chris Lowe y Victor Sandoval [hoy colaborador televisivo de Telecinco, por aquel entonces amigo de Fangoria y cantante]. Y llega Victor a casa y me dice: “¿Sabes con quién he estado entrenando y quién me ha invitado a cenar?”. También he visto a Kraftwerk en persona, y a Damon Albarn [líder de Blur], a Siouxsie, pero a no ser que ellos me hablen a mí, ¿qué les digo? Solamente una vez por la calle Arenal paré a Sylvain Sylvain, una de las New York Dolls, y le dije: “¿Tú eres Sylvain Sylvan? ¡Viva tú!”. Y le hice una reverencia, ni una foto ni nada.

P. Los Pet Shop Boys tomaban a menudo a una musa en decadencia tipo Liza Minnelli o Dusty Springfield y le producían un disco. ¿Con cuál lo haría usted?

R. Recuerdo estar un fin de año en Galicia, en la gala de la televisión autonómica, y te encontrabas por allí a Boney M, a Sara Montiel, Massiel, Samantha Fox… era impresionante, una mesa muy grande donde estaban sentadas todas estas personas. Y de repente le dice Sara a Carlos: “¡Carlitos! ¿Cuándo me hacéis unas canciones?”. “Sara, cuando tú quieras”. Y lo hicimos, porque había algún contacto entre la familia de Carlos y Sara Montiel. Si no, no se nos hubiese ocurrido. Pero no lo hicimos para salvar la carrera de nadie. En el caso de los Pet Shop Boys sí podían hacerlo, pero nosotros… También escribimos una para Rafaella Carrá, 'No pensar en ti'. Que eso también fue impresionante. Porque Sara Montiel vale, pero yo crecí viendo los ‘playbacks’ de Rafaella en televisión. A mí Sara Montiel… yo no era ese tipo de maricón. Esas divas me vienen un poco más de segunda mano, que las aprecio, pero mis divas eran Iggy Pop, David Bowie… más ese rollo que Sara.

P. Y pudiese elegir una cantante ahora mismo para hacerle una canción, ¿quién sería?

R. Me encantaría hacer algo con la Pantoja porque es un personaje muy fuerte. También es por el hecho de ir a su casa, entrar en Cantora… Eso me impresiona. Con otros artistas que me impresionan ya hemos trabajado, como Raphael o Camilo Sesto. Me encanta Rosalía, pero ella se hace sus canciones. La Pantoja es la única que queda. Te puede gustar o no, puedes pensar lo que quieras de ella, pero es la última, cuando ella no esté ya no van a quedar más. Porque Alaska es la única que podría seguir esa estela, tiene un marido famoso y una vida complicada… bueno, qué tontería, complicada no, se la hacen complicada.

P. Desarrolle eso, ¿le hacen la vida complicada a su compañera?
R. No, a ver, siempre están diciendo cosas de ella que son mentira.

P. Y a veces le cae a ella el chorreo por cosas que en realidad dijo usted, como cuando dijeron que los discos están muy caros y varias tiendas retiraron sus álbumes.
R. ¡Yo lo dije, efectivamente! ¡Y nos retiraron los discos! Vamos a ver, entonces todos estos artistas tan solidarios, que hay tantos, tan a favor de público... ¿y nos retiran los discos a nosotros y a todos estos que van de rebeldes no les pasa nada? ¡Es porque van de rebeldes pero no dicen ‘na-da’! ¡Es tan fácil ser rebelde cuando estás diciendo cosas sabiendo que todos te van a aplaudir! ¡Di algo que no sea lo que la gente espera oír de ti, a ver si tienes cojones!

P. ¿Ve cómo no debería autocensurarse?
R. No. No puede ser. Decir lo que piensas es una fuente inagotable de disgustos. Alaska es una diva antigua que trata con todo tipo de gente y no le pregunta a nadie cómo piensa y qué ideas políticas tienen. Antes eso se daba. Ahora ya no, ahora solo te puedes juntar con gente con tus mismas ideas. Pero cada persona es diferente. Como dijo ese sabio del que hemos hablado antes, Fabio [McNamara]: “Cada maricón es un mundo”. Y volviendo a la pregunta de antes: a mí me encantaría trabajar con Britney, que es una persona muy interesante.

P. Pero se ha convertido ya en señora, allí asentada en Las Vegas.
R. Siempre lo ha sido. Yo la vi cuando era una niña chiquitita y ya era una señora americana. Toda esa generación es así. Kim y sus hermanas, todas las Kardashian, son señoras. Esas sí que siguen un poco la estela de la Dúrcal o la Jurado. Las Kardashian podrían ser perfectamente de Marbella. Si estuviesen las Kardashian en su casa, sonase el timbre y apareciese Rocío Jurado, ellas le dirían: “Pasa, Rocío”. Y no desentonaría. El mundo de Rocío Dúrcal, Rocío Jurado o Isabel Panroja siempre lo he visto muy unido al mundo del rap. Les pega todo, tendrían que tener novios raperos brutos, ‘reguetoneros’. A mí el ‘reaggeton’ es una cosa que me fascina, lo que más me gusta de lo que se hace ahora. Los cantautores, la ‘folktrónica’… ¡ay, qué pereza! Pero de repente apareció el ‘reaggeton’ con esas tetas, esos tangas… ¡Eso es el pop!

P. ¿Qué opina de C. Tangana?
R. Es de los pocos famosos con los que yo he coincidido en un ‘backstage’ y me atreví a pedirle un selfi. Me dijo: “¿Y tú quién eres?”. ¡Fue perfecto!

martes, 15 de mayo de 2018

#hemeroteca #lgtbi | Boti García Rodrigo dedica su medalla al Madrid de las "subversivas" y el de las calles "teñidas de arcoíris"

Imagen: Diario de Madrid / Manuela Carmena y Boti García Rodrigo
Boti García Rodrigo dedica su medalla al Madrid de las "subversivas" y el de las calles "teñidas de arcoíris".
La veterana activista por los derechos LGTBI recibe la medalla de Oro de la capital de las manos de la alcaldesa, Manuela Carmena. "Es el Madrid en el que nací y en el que el activismo me salvó la vida y construyó la persona que soy sin saberlo", ha dicho.
Europa Press | Público, 2018-05-15
http://www.publico.es/sociedad/boti-garcia-rodrigo-dedica-medalla-al-madrid-subversivas-y-calles-tenidas-arcoiris.html

La activista por los derechos LGTBI Boti García Rodrigo ha dedicado su Medalla de Oro, concedida por el Ayuntamiento de Madrid, a su ciudad, la de "las subversivas que han encontrado en la ciudad cuerpo de acogida y lugar de reivindicación" en unas calles "teñidas de arcoíris".

"Es el Madrid en el que nací y en el que el activismo me salvó la vida y construyó la persona que soy sin saberlo", ha declarado desde el Retiro, flanqueada por la alcaldesa, Manuela Carmena, y la portavoz del Gobierno, Rita Maestre, a quienes ha agradecido esta medalla "a una lesbiana y activista" y que supone un premio "a las personas de la diversidad sexual que han luchado con alegría reclamando su lugar en el mundo, que han sufrido leyes represoras y que siguen sufriendo la homofobia cotidiana".

García Rodrigo ha recordado que este 15 de mayo se cumplen siete años "del mayo que nos hizo despertar", el 15-M y casi un año de la celebración en Madrid del Orgullo mundial. "Y hoy vamos todos juntos a la pradera porque es el santo de la Isidra", ha lanzado, después de recordar que el escudo de Madrid también es femenino, con su osa junto al madroño.

La activista se ha declarado "anonadada" con este reconocimiento que le ha aportado "tanta felicidad". Se ha definido como una "madrileña muy enamorada de Madrid", ciudad de la que le gusta "todo, hasta sus defectos". Madrid es para ella la "ciudad más bonita, alegre, acogedora, inclusiva y diversa".