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lunes, 20 de enero de 2020

#hemeroteca #poblacionracializada | Varios activistas nos cuentan qué opinan del término "racializado"

Imagen: El País / Lucía Mbomio
Varios activistas nos cuentan qué opinan del término "racializado".
Hablamos con personas de colectivos antirracistas sobre esta palabra y lo que representa para los colectivos no blancos.
Marta Villena | Verne, El País, 2020-01-20
https://verne.elpais.com/verne/2020/01/19/articulo/1579427716_072030.html

A menudo, se confunde el término "racializado" como un sinónimo de "negro", "chino" o "gitano". Pero no lo es. “En realidad, aúna a todos los colectivos no blancos y que se utiliza no solo para denunciar el racismo sistémico que sufrimos, sino como reivindicación de que existimos”, explica a Verne en conversación telefónica Paula Guerra. De 42 años y original de Chile, es la presidenta de la asociación SOS Racismo Madrid, a la que no le ofende que le llamen por su fenotipo.

La palabra se ha colado continuamente en la información de actualidad en los últimos días. “Hemos reorganizado el equipo de este Ministerio para que haya una presencia visible de mujeres pertenecientes a colectivos racializados. Eso significa que no asumiré la Dirección General”. Así anunciaba en Twitter Alba González Sanz (Unidas Podemos) su renuncia a liderar el área de Igualdad de Trato y Diversidad Étnico-racial –dependiente del Ministerio de Igualdad– el pasado miércoles.

Fuentes ministeriales confirmaban después que la sustituta de González sería su compañera de formación Rita Bosaho. Una decisión aplaudida por colectivos antirracistas que ya preparaban un comunicado donde expresaban su descontento ante la decisión de que este departamento no fuese encabezado por una persona racializada. Bosaho, activista antirracista, fue la primera diputada negra en el Congreso de los Diputados en 2016.

Sin embargo, su nombramiento, lejos de zanjar el tema, se ha convertido en objeto de debate en redes sociales y medios de comunicación en torno al término “racializado”, que utilizan las personas de colectivos discriminados por raza o etnia para autodesignarse.

"Es una manera desde la que describir la categoría racial. Es una categoría más como pueden ser el género o la sexualidad. Estrictamente una persona racializada es alguien que recibe un trato favorable o discriminatorio en base a la categoría racial que la sociedad le atribuye", explica el periodista Moha Gerehou en un artículo sobre el tema para eldiario.es.

Hablamos con varias activistas antirracistas sobre este término y lo que representa para los colectivos no blancos.

Paula Guerra: "La raza conlleva estereotipos"
“Yo soy mestiza, tengo sangre indígena y no indígena, aunque sea blanca de piel, también soy una persona racializada porque mi condición de sudamericana conlleva unos estereotipos que derivan en una discriminación racial o étnica”, comenta Paula Guerra, de SOS Racismo.

Anna Fux: "Sirve para dar nombre a otra lucha social"
Para la activista antirracista Anna Fux (25 años), “el concepto racializado puede ser un poco complicado, como todos los conceptos que creamos ante la necesidad de darnos nombres en las luchas sociales”.

“Es importante hablar del proceso de racialización porque hay personas de las que sí se destaca su raza, pero claro, son todas aquellas que no son blancas”, dice Fux, de padre alemán y madre filipina. “Más que con mestiza, que es una palabra un poco controvertida, me siento más identificada con la palabra racializada”.

“Que exista este debate ahora mismo es sintomático de que en España todavía no se ha iniciado una conversación a escala nacional de lo que es el racismo”, concluye.

Antumi Toasijé: "Un gesto de solidaridad"
Como explica a Verne Antumi Toasijé (50 años) –director del Centro de Estudios Panafricanos y doctor en Historia, Cultura y Pensamiento–, “todas las personas, incluidas las blancas, están racializadas, por eso no creo que sea apropiado utilizar este término para referirnos únicamente a personas no blancas, aunque entiendo que se utiliza como solidaridad entre los que son discriminados por motivos raciales”.

Según el historiador español de origen colombiano, este término comenzó a popularizarse a partir de los años setenta asociado a fenómenos sociales, cuando se empezó a escuchar frases como “la racialización de la pobreza o racialización de la analfabetización” para problemáticas que se asociaban a determinados grupos de personas que no eran blancos. “Así, vemos como el verdadero problema surge de las connotaciones negativas y positivas que se establecen a las razas, pero que no siempre ha sido así”, explica Toasijé.

La palabra raza se empezó a utilizar originalmente en la Edad Media para designar, sin ninguna connotación, las líneas ascendentes de grupos de personas –lo que hoy conocemos como etnias–. “La raza irlandesa, británica, germánica, etíope, sudanesa… grupos de personas con rasgos físicos similares y relacionados, por supuesto, geográficamente”, pone de ejemplo Toasijé.

“Con el tiempo, se fueron reagrupando estas etnias en lo que hoy conocemos como razas, atribuyéndoles una serie de características, más bien estereotipos, como que los blancos eran más inteligentes o las personas negras estaban mejor dotadas anatómicamente, por ejemplo”, añade.

Lucía Mbomio: "Fruto de una lectura desigual entre personas"
Para la periodista y activista antirracista Lucía Mbomio (38 años), “estos estereotipos raciales han generado una lectura desigual entre individuos”. “A las personas blancas se las considera dentro del paradigma de normalidad, mientras que los que no somos blancos sí que estamos atravesados por un componente racial diferenciador".

"Por eso se habla de colectivos o personas racializadas, aunque haya gente de colectivos no blancos a los que no les gusta este término porque consideran que no se está especificando las diferencias y necesidades de cada uno de ellos”, explica Mbomio, a quién no le molesta que le digan negra. “Negra, sí, o mestiza, porque lo soy, pero a mi edad que no me digan negrita para suavizarlo”, añade.

“Lo que de verdad me apena de toda esta polémica es que se haya perdido tanto el tiempo hablando de terminología y que haya tan poco respeto en la autodesignación de las personas”, dice.

María José Jiménez: "No debería haber debate en torno a un nombre"
“Que nos llamemos mujeres racializadas o mujeres gitanas viene a ser un poco lo mismo porque al final los payos nos llaman así para dejarnos claro que somos de otra raza”, dice María José Jiménez (43 años), presidenta de la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad.

“El término racializadas surge también desde la necesidad de combatir el feminismo hegemónico blanco, europeo, centro payo que ha estado menospreciando aquellos feminismos que hablan de la interseccionalidad y el peso que tiene la pertenencia étnica o la raza”, explica Jiménez y añade que “es vital que se hable de racialización, pero el debate no se debería crear en torno a un nominalismo”.

Aurora Ali: "Con una palabra, la lucha cobra más fuerza"
Aurora Ali (40 años), activista hispano-egipcia de la Asociación Musulmana por los Derechos Humanos –con sede en Madrid–, está de acuerdo con Jiménez. Cree que “esta polémica surgida en las redes sociales en torno a la terminología es intencionada y promovida por los mismos que crean ese discurso de odio hacia las personas no blancas y que han visto que, bajo esta palabra, las diferentes luchas de personas atravesadas por violencias racistas cobran más fuerza”.

En el caso de Ali, esas violencias vienen determinadas por cuestiones religiosas pero que también extranjerizan a los individuos. “Yo soy blanca de piel, pero si llevo hiyab, inmediatamente se me asignan una serie de características que, por supuesto, van a provocar mi discriminación social”, lamenta la activista.

jueves, 8 de noviembre de 2018

#hemeroteca #feminismo #poblacionromani | La feroz crítica de una activista gitana al feminismo blanco: "Nos machacáis, nos hundís, nos derrotáis"

Imagen: Huffpost
La feroz crítica de una activista gitana al feminismo blanco: "Nos machacáis, nos hundís, nos derrotáis".
"Cuando las gitanas feministas disentimos, todas las mujeres payas hacéis una critica feroz".
Carlota E. Ramírez | Huffpost, 2018-11-08
https://www.huffingtonpost.es/2018/11/08/la-feroz-critica-de-una-activista-gitana-al-feminismo-blanco-nos-machacais-nos-hundis-nos-derrotais_a_23583509/

María José Jiménez es activista gitana y ha incomodado a una sala repleta de personas en el auditorio de Zaragoza durante las Jornadas Feministas de CTXT, en una mesa que habla sobre las mujeres excluidas. Jiménez ha tenido que levantarse de la silla y ha dado un duro discurso sobre la discriminación que sufren las mujeres gitanas no sólo por parte de los hombres, sino —y esto es más doloroso— por parte de las mujeres payas.

"Cuando hablan las payas y las gitanas, negras, o las 'nadie' no las aplaudimos y no les servimos de maniquíes, entonces no servimos. Si no vamos de palmeras o figurantes no servimos. En el momento en el que cuestionamos y disentimos u os decimos que sois unas privilegiadas, no os revisáis los privilegios", ha criticado duramente ante una sala llena mayoritariamente de mujeres blancas.

"Tenéis que revisaros los privilegios, porque tenéis un discurso feminista pero vosotras no os revisáis. Cuando estáis en un foro de hombres que quieren tener el control, las feministas payas no lo toleráis, pero eso mismo hacéis con las racializadas: nos cuestionáis", ha continuado. "No entendéis que el 'yo te creo' cuando se trata de 'las nadie', nosotras, se convierte en veto. Cuando las gitanas feministas disentimos, todas las mujeres payas feministas hacéis una critica feroz: nos machacáis, nos hundís, nos derrotáis", ha dicho rotundamente.

Además, ha señalado que el feminismo hegemónico "no es antirracista" porque "no toca": "No sois negras, gitanas, árabes... No tenéis nuestros cuerpos". Ha señalado que, en ocasiones, cuando habla, se siente como en 'El Planeta de los Simios': "Como si dijesen 'hostia, la mona habla'".

"¿No nos peleamos tanto por las cuotas o por los techos de cristal? ¿Y qué pasa con las que estamos en el suelo? Vuestros discursos de vuestros techos de cristal no nos sirven, ¿dónde están nuestras cuotas?", ha señalado ante un auditorio mudo.


NOTA DE IGLU: La fuerza y el discurso de María José Jiménez es impresionante, así lo pudimos comprobar en Feministaldia 2017, en Donostia. Pero en tiempos de tanta zozobra sobre purismos y puritanismos, también nos preguntamos si, en verdad, somos tan 'blancas' como parece.

viernes, 31 de agosto de 2018

#hemeroteca #cine #lesbianismo | Romeo y Julieta, ‘Carmen y Lola’

Imagen: El País / Zaira Romero, Arantxa Echevarría y Rosy Rodríguez
Romeo y Julieta, ‘Carmen y Lola’.
La película sobre un amor adolescente entre gitanas, que despertó elogios en Cannes y se ha colocado en el centro de una polémica feminista, llega a los cines la semana que viene.
Elsa Fernández-Santos | El País, 2018-09-31
https://elpais.com/cultura/2018/08/30/actualidad/1535654173_524382.html

Rosy Rodríguez y Zaira Romero se han criado en un mundo de vendedores ambulantes y feriantes, pequeños negocios de perritos calientes, fruta, ropa o cerámica. Querían ser modelos y hace casi dos años se presentaron a un casting que buscaba adolescentes gitanas para una película. Zaira se presentó primero. 18 años y merchera, lleva los nombres de sus padres tatuados en los brazos (“en mi familia también hay cantantes y algún futbolista, pero no puedo dar el nombre”, dice). Rosy, 21, casada y gitana, llegó unos meses después: “Yo había intentando lo de modelo, pero me estafaron 60 euros en la academia en la que me apunté. La hoja del casting la vi en casa de mi madre”, recuerda. En el pecho lleva el nombre de su marido, en las manos, sus hermanos, y en la pierna un regalo de fin de rodaje en el que se lee: “Mi madre, mi marido, mis hermanos, mi latido”.

En aquella primera cita las esperaba Arantxa Echevarría (Bilbao, 1968), una directora nutrida en el documental y el cortometraje que había decidido dar su salto a la ficción con Carmen y Lola, la historia de amor entre dos chicas gitanas. Lola, una grafitera de carácter independiente que aspira a estudiar, y Carmen, que pese a su corta edad se ha prometido ya para casarse. “Yo quería hablar del primer amor, de ese momento en el que piensas que si no te quieren se acaba el mundo. En 2009 leí una noticia en EL PAÍS sobre una boda entre dos mujeres gitanas. En la foto salían de espaldas y en la información con nombres falsos. A la boda no había ido nadie. Fue cuando empecé a interesarme por cómo sería una historia de amor entre dos mujeres en ese entorno”, señala Echevarría.

Seleccionada para la Quincena de realizadores del último festival de Cannes y elegida por la Academia del Cine Europeo junto a ‘Handia’, de Jon Garaño, Aitor Arregi, y ‘Petra’, de Jamie Rosales, para representar a España en sus premios, Carmen y Lolase estrena el próximo 7 de septiembre en salas comerciales. La película ha sido descalificada con dureza por algunas asociaciones, como Gitanas Feministas para la Diversidad, que consideran que perpetúa los estereotipos del mundo gitano: machismo feroz, homofobia y la condena al matrimonio y a la casa de las mujeres jóvenes. “Ser gitana y lesbiana es difícil en un mundo payocentrista y heteronormativo, no solo en la comunidad gitana como pretende mostrar la película”, asegura un comunicado de la asociación. “Estigmatizar, criminalizar y estereotipar sobre el pueblo gitano no es libertad de expresión, es fomentar el antigitanismo”, añade. Para Carmen Fernández, su vicepresidenta, las críticas no son contra la película (“que no la hemos visto”) sino contra las declaraciones “de feminismo paternalista” de la directora.

‘Carmen y Lola’ está interpretada enteramente con actores naturales, a excepción de la actriz Carolina Yuste, en la piel de una asistente social. “Dos veces a la semana, durante seis meses, vimos a 1.250 gitanos. Fue muy complicado, de entrada porque todas las chicas querían salir, pero no de protagonistas. Zaira fue la número 8 y Rosy la 875. Eso no lo olvido. Sin ellas hubiese tenido que renunciar al proyecto”. Ahora Zaira, que admite que ni se leyó el guion de ‘Carmen y Lola’, será la nieta de Carmina Barrios en ‘El silencio del pantano’, opera prima de Marc Vigil.

En un principio, la película transcurría entera en El Ruedo, el edificio de la M-30 proyectado por el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza y que en los años noventa sirvió para realojar a familias que vivían en poblados de chabolas, pero la cantidad de vecinos del edifico dificultaba algunos trabajos técnicos, así que se optó por situar la trama entre los barrios de la Uva de Hortaleza y Vallecas, en un entorno de vendedores ambulantes de frutas y antigüedades.

Echevarría explica que quería hacer un Romeo y Julieta con chicas adolescentes y en “un entorno marginal”. “Me moví en todos los foros LGTB para contactar con lesbianas gitanas y conocer sus historias. Toda comunicación que no fuera a través de las redes se hizo muy difícil”. Este verano la película iba a proyectarse en la Muestra Internacional de Cine y Mujeres de Pamplona pero la cineasta se negó a asistir a un debate con las representares de Gitanas Feministas para la Diversidad y el festival retiró la película. “No hay debate posible cuando se ha llegado a la descalificación personal y el insulto, no quiero un enfrentamiento público con ellas”, afirma la directora. “Se nos ataca como violentas y al final son sus opiniones las que trascienden, y nosotras quedamos de agresivas”, responde Carmen Fernández, de la asociación gitana.

En la película, Moreno Borja interpreta a Paco, el padre de Lola. Gitano de 42 años criado en el barrio madrileño de Pan Bendito, trabaja en una empresa de seguridad, pero su papel en ‘Carmen y Lola’ le está abriendo un inesperado horizonte como actor. Estará en el reparto de la serie de Paco León sobre los años de Ava Gardner en España, ‘Arde Madrid’, y tiene dos ofertas más. “Me he enamorado de la interpretación, en el rodaje me encontré con algo fundamental: la paciencia y el respeto de Arantxa”, afirma. “Mi personaje es un hombre conservador, de sus costumbres, de sus leyes y de su cultura. Él está orgullo de esos valores. Hace tiempo que he dejado de leer los comentarios sobre la película. Ni la directora ni nadie pretende representar al pueblo gitano”. “Yo tengo un primo gay al que no hablaba porque mi familia no le habla”, relata Rosy. “Cuando acabó la película lo llamé para pedirle perdón. Él y su marido vendrán al estreno”.

En este tiempo, ella y Zaira han aprendido a vivir en la piel de otro, a experimentar con su propio dolor, a llorar sin ganas. “Al principio no podía tener una cámara enfrente, tardé en acostumbrarme. También me daba mucho miedo sentirme sola, y esa ha sido la mayor sorpresa de este trabajo, que sientes algo familiar con gente que no conoces”, explica Rosy. “Los días de bajón nos apoyábamos la una en la otra”, añade Zaira. Para ellas la mayor dificultad era ocultar su verdadera naturaleza, alegre y expansiva, para comportarse como dos chicas tímidas, inseguras y en ocasiones torturadas. Hasta algo tan sencillo como fumar ante la cámara era un problema, en ocasiones mayor que besarse entre ellas. “Lo de fumar, bueno, nosotras, por respeto no fumamos delante de los adultos”.

Con la directora llegaron a un trato, no se harían ni tatuajes ni ‘piercings’ hasta que no terminase la película. “Es que cada día llegaban con algo nuevo. Así que le prometí un regalo a cada una si se dejaban quietas la cara y el cuerpo”. El trueque acabó en un tatuaje para una y las primeras clases de la autoescuela para la otra.

“No es fácil tocar la sensibilidad de actores no profesionales”, explica Echevarría. “Para trabajar su dolor hablábamos mucho de cosas importantes de sus vidas. Por ejemplo, trabajamos muchos pensando en sus hermanos, a los que adoran”. Zaira recuerda cómo la directora se acercó a ellas el último día de rodaje para disculparse: “Nos pidió perdón por manipularnos muchas veces sabiendo que lo hacía. Ella entendía que el tema de la película era delicado, y por eso, y aunque ya tenga un hijo en casa, con nosotras ha sido una madre”. Las lágrimas, las de verdad, finalmente llegaron, pero en Cannes. “El día de la proyección nos aplaudían sin parar. Llorábamos porque era el fin. Fue bestial, nos sentimos como Penélope Cruz. La gente nos pedía posar en la calle con ellos. ¿Pero esto qué es?, nos decíamos”.

Actores que son “pedazos de realidad”
Pier Paolo Pasolini solía explicar que su preferencia por actores naturales era casi “ideológica”, ya que en sí mismos representaban “pedazos de realidad, como un paisaje, el cielo o el sol”. “Son todos elementos que manipulo para convertirlos en lo que quiero”, decía. El cineasta italiano, como Vittorio de Sica, Rossellini, Robert Bresson, o Buñuel con sus mendigos de Viridiana, sentía adoración por estos rostros puros. 

Dando un salto de gigante, en el tiempo y en todo lo demás, ‘Mustang’ (2015), la película turca de Demiz Gamze Ergüven sobre cinco hermanas huérfanas sometidas a una estricta vida doméstica, y que muchos vieron como una vuelta de tuerca a ‘Las vírgenes suicidas’ de Sofia Coppola, es referente directo al trabajo con las intérpretes de ‘Carmen y Lola’. También en Cannes, la película belga ‘Girl’, de Lukas Dhont, sorprendía a todos con su protagonista, una pequeña bailarina trans en la piel de sí misma.

sábado, 14 de julio de 2018

#hemeroteca #feminismo #racismo | Antirracista a ratos

Imagen: Pauline Park / Orgullo Crítico de Madrid en 2017
Antirracista a ratos.
Es mucho más fácil pedir a los hombres que retrocedan y renuncien a sus privilegios que aplicarse el cuento como euroblanca.
June Fernández | El Diario, 2018-07-14
https://www.eldiario.es/norte/vientodelnorte/Antirracista-ratos_6_792380772.html

Llegué al feminismo a través del antirracismo. La primera organización en la que milité fue SOS Racismo Bizkaia. Leí ‘El harén en Occidente’, de Fátema Mernissi, mucho antes que ‘El segundo sexo’, de Simone de Beauvoir. La primera situación de hostigamiento machista en Internet que viví fue por ser portavoz de una acción que demostró la discriminación racista en el ocio nocturno bilbaíno.

La agenda de la comisión feminista de SOS Racismo incluía conocer los impactos específicos de la reforma de la Ley de Extranjería en las mujeres migradas, denunciar la situación de las trabajadoras del hogar y cuidadoras en régimen de internas o señalar a la política inhumana de fronteras como la principal causa de la trata de mujeres para la explotación sexual.

Así, entré al feminismo menos condicionada por los sesgos etnocéntricos de lo que cabría esperar de una euroblanca. Aún era liberada en SOS Racismo cuando en 2010 montamos ‘Pikara Magazine’, un medio que se comprometía también a practicar un feminismo antirracista. Pero había un riesgo: la autocomplacencia.

Por esa época empecé a identificar agriamente el machismo en compañeros de militancia, esos compañeros que hablaban en femenino y nos animaban a las mujeres a empoderarnos. Fue uno de los motivos por los que dejé el activismo antirracista y me centré en los espacios feministas. Observé que, mientras ser una mujer feminista estaba demonizado, ser un hombre profeminista daba puntos: los medios te hacían caso, te convertías en un reputado experto en género, ligabas más… A la par que seguías manteniendo actitudes de control hacia tu pareja y de baboseo y paternalismo hacia otras mujeres, con la coartada de estar en permanente deconstrucción. Pasé del entusiasmo hacia el movimiento de hombres por la igualdad al escepticismo y a la abierta hostilidad. Cité siempre que pude dos artículos que publicamos en ‘Pikara’. En ‘¿Qué hacemos con la masculinidad: reformarla, abolirla o transformarla?’ (2013), Jokin Aspiazu criticaba el discurso de las nuevas masculinidades por ser autorreferencial y no aprender suficiente del feminismo, por centrarse en el hombre, heterosexual, cisgénero, con familia normativa, y por mantener el apego hacia la masculinidad. En ‘Una carta abierta a los hombres feministas’ (2014), Alexander Ceciliasson planteaba que el papel de los hombres ante el feminismo debe consistir en retroceder, callarse y hablar con otros hombres.

Difundí iniciativas que reclamaban a los hombres ese ejercicio de renunciar a sus privilegios. Por ejemplo, el manifiesto ‘No sin mujeres’, lanzado en 2015 por la asociación Clásicas y Modernas, y revitalizado recientemente con el impulso de la histórica huelga del 8 de marzo. Emplaza a los hombres a no participar en congresos, mesas redondas, tertulias en medios o jurados en los que se hubiera excluido a las mujeres. “Usen el privilegio que el sistema les concede de ser llamados los primeros, cuando no los únicos, para decir ‘no sin mujeres’. Conozcan a las mujeres de sus áreas de conocimiento, nómbrenlas, desígnenlas o propónganlas para obtener puestos, menciones, honores”. En ese momento, la iniciativa pasó bastante desapercibida. En 2018, cerca de un millar de académicos la han suscrito.

De 2010 a 2017, Pikara se siguió autoproclamando antirracista a la par que prestábamos una atención irregular a los derechos de las personas migradas y racializadas, y consolidábamos un equipo de colaboradoras casi totalmente blanco. En un momento dado, entendimos que urgía pasar de “dar voz a las otras” a incluir voces diversas que transformasen nuestro medio. En 2017 incluimos como autoras habituales a dos comunicadoras muy potentes: la activista gitana Silvia Agüero Fernández, que ha hablado de historia del pueblo romaní, pero también de violencia obstétrica o lactancia materna, y la periodista Lucía Mbomío, cuyos reportajes deberían ponerse como ejemplo en todo curso de periodismo interseccional. Fue la irrupción de colectivos como Gitanas Feministas por la Diversidad o la revista Afroféminas la que nos hizo ponernos las pilas. Afroféminas, por cierto, decidió no secundar la huelga del 8 de marzo considerando que era una movilización de blancas que invisibilizaba a las mujeres racializadas. En las redes sociales, las reacciones fueron muy similares a las de los machistas-leninistas: “estáis dividiendo la lucha feminista” o “primero hay que erradicar el machismo y después hablamos de racismo”.

Y entonces empecé a identificar situaciones que había estado obviando, yo que me creía tan antirracista. Citaré dos:

Participé como moderadora en unas jornadas sobre xenofobia y discursos del odio organizadas por un ayuntamiento guipuzcoano en el que todos los ponentes eran blancos y payos. Me di cuenta cuando vi a la activista de origen brasileño Katia Reimberg entre el público, aportando un discurso más crítico que el de los supuestos expertos.

Me propusieron participar por segunda vez en un programa de La Sexta: la primera vez fue en un reportaje sobre machismo normalizado en el que todas las entrevistadas éramos blancas y payas, y no caí en la cuenta de ello. Esta segunda vez, querían explicar el patriarcado y contaban para ello con mujeres blancas y payas, de clase media, con estudios universitarios. Les di nombres de feministas negras, gitanas y trans. Se mostraron reticentes: querían hablar de machismo, no de racismo o de transfobia. Les expliqué que no se puede explicar bien el patriarcado si se aísla de otros sistemas de poder y si lo explican mujeres con un perfil muy determinado, y privilegiado. Hicieron un tímido amago de invitar a Lucía Mbomío a última hora, y finalmente todas las participantes fueron blancas. Propuse en Twitter un ‘No sin mujeres diversas’: mi compromiso a no participar en espacios que excluyan a mujeres racializadas. Lo estoy intentando aplicar, pero cuando no eres el sujeto oprimido sino el privilegiado, es mucho más fácil bajar la guardia. Es mucho más fácil pedir a los hombres que retrocedan y renuncien a sus privilegios que aplicarse el cuento como euroblanca.

¿Se puede ser hombre y feminista? Han corrido ríos de tinta y de tuits sobre esa pregunta. Ahora me interesa más hacerme otra que me interpela: ¿Se puede ser blanca y antirracista? Se puede y se debe, diréis. A mí cada vez me da más pudor definirme como tal. Leí una vez a alguien decir que, ahora que el feminismo es ‘trending topic’ y estrategia de ‘clickbait’, medios como ‘El País’ o ‘Vanity Fair’ practican un “feminismo a ratos”. Mientras publican reportajes sobre micromachismos o critican a las famosas que reniegan del feminismo, mantienen una estructura patriarcal y un sesgo androcéntrico en el resto de contenidos. Entonces me di cuenta de que yo practico un antirracismo a ratos.

Termino este artículo aplicándome el compromiso de utilizar mi privilegio para nombrar a comunicadoras y activistas racializadas y/o migradas que me nutren y me sacuden:

Silvia Agüero Fernández, Lucía Mbomío, Katia Reimberg, Mariana Olisa, Rebeca Santiago, Magda Piñeyro, Desirée Bela-Lobedde, Norma Vázquez, Míriam Hatibi, Noelia Cortés, Esther Maroko, María José Jiménez ‘Guru’, Gabriela Contreras, Hajar Samadi, Daniela Ortiz, Rosa Jiménez, Cony Carranza, Lucrecia Masson, Jeanne Roland Dacougna.

lunes, 11 de junio de 2018

#hemeroteca #cine #lesbianismo | "Queremos que se muestre la diversidad gitana: ni todas vendemos en el mercado ni somos violentas"

Imagen: El Diario / Fotograma de 'Carmen y Lola'
"Queremos que se muestre la diversidad gitana: ni todas vendemos en el mercado ni somos violentas".
La Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad se pronuncia sobre ‘Carmen y Lola’, una película que aborda una relación lésbica entre dos gitanas. La directora asegura haber recibido "escupitajos e insultos" desde su estreno en Cannes, pero las activistas gitanas aseguran que solo pretenden "dialogar y protestar de forma pacífica". La asociación le afea no haber cuidado más el entorno gitano de la producción y de la trama, y que haya incidido sin querer en "estereotipos negativos",
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2018-06-11
https://www.eldiario.es/cultura/cine/Carmen-Lola-diversidad-gitana-violentas_0_781122256.html

"Siempre estamos igual, Paco, nunca la dejas ir a ningún sitio, hijo, de verdad", dice la madre de familia a su marido. "Flor, por mi raza que te estallo. Vuélvete muda, eh, vuélvete muda", le replica el patriarca levantando el puño.

Esta escena de violencia familiar forma parte de la película ‘Carmen y Lola’, un debut cinematográfico que no ha caído demasiado bien entre la comunidad gitana.

Su directora, la bilbaína Arantxa Echevarría, pretendía llevar a la gran pantalla una historia de amor entre dos adolescentes gitanas y visibilizar una "temática tabú en la cultura gitana más tradicional", según sus propias palabras. Pero el resultado, si bien captó la atención de Cannes, donde se estrenó a nivel mundial, ha sido rechazado por la misma población que representa.

La primera en reaccionar fue la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad, cuyas representantes afirmaron que la película "recrea estereotipos y perpetúa los prejuicios en las personas payas que nos marginalizan". Pero más que por la cinta en sí misma -que reconocen no haber visto-, las activistas se han sentido denigradas por las declaraciones posteriores de Echevarría. En concreto, por una entrevista ofrecida en Público en la que la directora dijo que, "o cuenta una paya la situación de la mujer gitana o no la cuenta nadie. Y, desgraciadamente, tiene que ser una paya porque ellos no tienen voz".

En un comunicado posterior, la cineasta debutante puntualizaba que "no he querido ni pretendido ser la voz de la mujer gitana. Ellas tienen la suya propia y asociaciones, sociólogas, colectivos feministas y mujeres gitanas empoderadas que ya se encargan de ser su propio altavoz".

Al ponernos en contacto con ella para abordar la polémica, Echevarría ha preferido remitirse directamente a esta nota, donde detalla cuáles son sus intenciones con la película y cómo ha recibido "escupitajos e insultos por la calle y por las redes" desde su estreno en Cannes.

La situación se tensó aún más cuando la Muestra Internacional de Cine y Mujeres de Pamplona organizó unilateralmente un coloquio entre la directora y la Asociación de Gitanas Feministas. Ante el rechazo de la primera, porque "¿qué tipo de coloquio se puede mantener con alguien que ya te ha juzgado y sentenciado antes de ver la película?", el festival comunicó lo ocurrido a las activistas gitanas, quienes tomaron la decisión de acudir igualmente como público.

"En este escenario expondremos, sin permiso, nuestro análisis de la película y tendrá que ser escuchado, eso sí, lo haremos desde el patio de butacas y con ruido de fondo", anunció la AGFD en su sitio web. "El IPES de Pamplona, por miedo a represalias, me comentó que mejor era quitar la película de la programación", explica la directora por otra parte en su comunicado. Y en ese momento estalló la bomba.

"Parece que las personas gitanas no podemos dialogar, analizar o protestar si no es con violencia. Después de silenciarnos, nos tachan de salvajes. Queríamos asistir a la muestra para debatir, ¿qué más se creían que íbamos a hacer? ¿Quemar la sala?", se lamenta Carmen Fernández, vicepresidenta de la Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad. "Lo único que hace eso es alimentar el prejuicio y el estereotipo".

Aún así, "no vamos a boicotear la película ni vamos en contra de Arantxa", promete. Para exponer mejor su indignación, la portavoz se remonta a la primera y única reunión que Echevarría concertó con la AGFD para pedirles consejo antes de rodar Carmen y Lola. "Estábamos encantadas al principio cuando nos llamó. De hecho, el encuentro fue amigable y bastante largo. Seis de nosotras estuvimos hablándole de nuestras costumbres, música, tradiciones y situaciones LGTBI durante horas", cuenta Fernández.

Dice sentirse bastante sorprendida por las palabras de la directora, que afirma en su comunicado que "[la relación lésbica] era un tema que ellas no veían interesante". "¿Cómo no vamos a querer que hable de homosexualidad en el Pueblo Gitano? Si la visibilización de otras identidades sexuales en hombres y mujeres gitanas ha sido una de nuestras luchas", replica. "Lo que le pedimos es que se documentase bien y que mostrase la heterogeneidad que existe en nuestra comunidad", explica.

Fernández se refiere a que todo el entorno de ‘Carmen y Lola’ se muestra asfixiante, intolerante y sexista con las muchachas: dos chicas de dieciséis años que trabajan en el mercado con sus padres. La primera acaba de ser ‘pedida’ a un joven de su edad, que pronto se descubre tan machista como sus mayores y presiona a Carmen para solo "cuidarme a mí y a los hijos que tengamos, ¿estamos?". La segunda, Lola, aún se resiste, algo que su padre no tolera y que su madre apoya en la medida de lo posible.

"Le explicamos la necesidad de que existiera una heterogeneidad, que es lo que falta en el cine. No muestra nada positivo respecto a la población gitana. Y, al final, lo que vende es que nuestra cultura nos asfixia", dice la activista gitana. Lamenta que, "tras hablar desde una perspectiva de género, LGTB, antirracista y decolonial", la directora "haya buscado en el bulto".

Arantxa Echevarría, por su parte, afirma que dicha reunión "fue desalentadora", y que tuvo que encontrar por diversos foros a chicas gitanas y lesbianas con realidades "dramáticas" y violentas". "Me costó años granjearme su amistad, hablar con ellas en chats, y siempre desde su anonimato", asegura en el comunicado. Fernández no duda de que eso ocurriese, pero echa en falta más sensibilidad a la hora de representar un entorno "que no ayuda ni al Pueblo Gitano ni a la sociedad mayoritaria".

"Ha acudido a espacios y realidades sesgadas, como el ‘mercao’. Claro que hay gitanos que venden en el ‘mercao’, pero no todas lo hacemos. Igual que no somos violentas. La hubiésemos apoyado si, como paya, le hubiera otorgado la seriedad correspondiente al contexto y argumentado mejor sus decisiones", asegura Carmen Fernández.

Para eso, "tendría que haberla hecho con el cuidado, con la profesionalidad y con el asesoramiento necesario. De hecho, con mucho más cuidado que si hubiese hablado de su realidad, porque no conoce al Pueblo Gitano", concluye.

Lo más grave, según ella, es que sugiera "que las adolescentes deben renunciar a su identidad para ser libres". Arantxa Echevarría ideó su película como una forma de mostrar otras realidades del Pueblo Gitano al público mayoritario, pero para ellos es "más de lo mismo". "Gitanos que venden en el ‘mercao’, que son antiguos, machistas y muy violentos", dice Fernández. "Nada del empoderamiento de las mujeres gitanas que existe, de las más de 150 leyes antigitanas de nuestro país o del efecto pigmalión. La gente va a conocer cosas de los gitanos, sí, pero otra vez lo negativo", protesta.

Carmen se queda con la sensación de que "se podía haber hecho algo realmente impactante y beneficioso: un boom de antirracismo". Pero, más allá de rencillas en muestras de cine y debates por la libertad de expresión, ¿’Carmen y Lola’ no servirá para que las gitanas hagan pedagogía feminista y antirracista sobre lo que muchas veces se nos escapa? "Eso es lo único que estamos intentando... si nos dejan", remata.

martes, 5 de junio de 2018

#hemeroteca #cine #lesbianismo | Gitanas Feministas por la Diversidad arremete contra 'Carmen y Lola' sin verla

Imagen: Público / Fotograma de 'Carmen y Lola'
Gitanas Feministas por la Diversidad arremete contra 'Carmen y Lola' sin verla.
La Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad lanza una campaña feroz contra la película ‘Carmen y Lola’ y su directora Arantxa Echevarría, tachándola de “racista” y de “caricatura comercial”, sin haberla visto previamente. Dicen que ellas han “criticado lo que hemos visto, el tráiler y sus entrevistas”.
Begoña Piña | Público, 2018-06-05
http://www.publico.es/culturas/gitanas-feministas-diversidad-arremete-carmen-lola-verla.html

“He tenido que soportar escupitajos, insultos y recriminaciones por la calle y por las redes”. Arantxa Echevarría, autora de ‘Carmen y Lola’, una magnífica película que retrata el amor adolescente de dos mujeres gitanas, se ha topado con la asociación Gitanas Feministas por la Diversidad, que sin haber visto la película, han desplegado toda su fuerza en contra de ella y de su directora. Lo último, la acusan de vetarlas en la Muestra de Cine de Mujeres de Pamplona y de “chantajear al festival” para ello.

Una feroz campaña en redes sociales ha conseguido, incluso, que se llame desde otros grupos al boicot de una película que, por cierto, representó a España en el Festival de Cannes y que ha sido un éxito en los cines franceses. Pero, mucho más importante, una película que está con las mujeres protagonistas, que las apoya y que denuncia el machismo del pueblo gitano. ‘Carmen y Lola’ es una excepción no solo en el terreno cinematográfico, por su calidad y su humanidad, lo es también en el terreno social, donde prácticamente nadie, excepto naturalmente las asociaciones de mujeres gitanas, alza la voz para denunciar la situación de este colectivo. “Nosotras no hemos visto la película”, asegura Carmen Fernández, una representante de Gitanas Feministas, “pero hemos visto el tráiler y hemos leído sus entrevistas”.

"Racista y endemoniada"
La Muestra de Cine de Mujeres de Pamplona invitó a Arantxa Echevarría a presentar su película, sería su estreno español. Poco después, comunicaron a la directora que habían invitado a representantes de Gitanas Feministas por la Diversidad a un coloquio posterior. A raíz de una entrevista concedida a Público el 26 de abril, Echevarría acaba recibiendo comentarios “destructivos, infamantes e insultantes” —la llegaron a llamar “racista” y “endemoniada”—.

“Esta iba a ser la primera vez que se proyectara la película en España, nadie la ha visto (ni siquiera ellas), ¿qué tipo de coloquio se puede mantener con alguien que ya te ha juzgado y sentenciado antes de ver la película? ¿Ese era el decorado que deseaba para la primera proyección en España de la película? Una no hace una película para crear ‘polémica gratuita’. Lo hace porque quiere contar algo desde las entrañas”, aclara en un comunicado que ha difundido este martes por las redes sociales.

Las Gitanas Feministas por la Diversidad, por su parte, la acusan en un comunicado de “chantajear al festival para que se convierta en cómplice de la propagación de estereotipos racistas, machistas y opresores de las mujeres gitanas”. A una pregunta sobre estos comentarios sobre ‘Carmen y Lola’, Carmen Fernández, que reconoce el machismo y sexismo que existe, dijo: “Que no diga que está retratando al pueblo gitano, esa es la imagen nuestra que se vende todo el rato. Parece que pertenecemos a un pueblo desagradable y morboso”.

Entrevista en 'Público'
La chispa saltó en la citada entrevista, cuando la directora dijo: “O cuenta una paya la situación de la mujer gitana o no la cuenta nadie. Y desgraciadamente tiene que ser una paya porque ellos no tienen voz”. No se refería, por supuesto, al trabajo de asociaciones gitanas de mujeres sino al territorio cinematográfico, donde, desgraciadamente, solo hay un director gitano, pero ninguna mujer ni directora, ni guionista, ni productora. “Las gitanas sí tenemos voz, lo que no tenemos es visibilidad”, afirmó sobre esto la representante de Gitanas Feministas.

Malinterpretado, seguramente, por esta asociación, se inició una campaña en contra que ha derivado en los peores insultos y acusaciones, después de que Arantxa Echevarría y su equipo acudieron a ellas antes de rodar para pedir su ayuda.

“Cuando se habla del mundo gitano solo se habla en negativo”, dice Carmen Fernández. “En el cine las mujeres gitanas siempre salimos como folclóricas, chaboleras o ladronas”. A pesar de que no es esa la imagen que aparece en la película, ella insiste en que en el tráiler han visto la imagen de una mujer con “abalorios, corona… en medio de un circo”. En realidad, esa es la imagen de una boda y la mujer que aparece es la novia.

"¿Tenéis que hablar de 'eso'?
La directora explica que la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad le dijeron en una reunión previa que "era un tema que ellas no veían interesante. ‘¿Hay cientos de temas de los que hablar y tenéis que hablar de ‘eso’?” (El ‘eso’ es el lesbianismo de las protagonistas). “El tema contado por mí —continúa la directora—, una paya, seguro que estaría plagado de clichés y conceptos patriarcales. Sin leer el guion dieron por sentada la falta de veracidad y de respeto de nuestra historia. ¿Por qué no contaba la historia de dos gitanas en la que una fuera abogada y la otra enfermera para mostrar la otra realidad gitana?”

Ante esa respuesta, el equipo se puso a investigar, tarea a la que dedicó años, y recibió incluso el ruego de mujeres gitanas lesbianas. “Ellas me pidieron ‘por favor, cuenta nuestra historia ya que nosotras no podemos’. Y eso he hecho, darles voz, y usar las pantallas de cine como un altavoz”.

Libertad de expresión
Este episodio recuerda tristemente al que vivió hace catorce años la película ‘La pelota vasca’, de Julio Medem, que se encontró con una brutal oposición de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, muy próxima a los planteamientos de José María Aznar y la FAES, mucho antes de que nadie de dicho grupo hubiera visto la película.

Comunicado de la directora Arantxa Echevarría sobre su película, 'Carmen y Lola' by Público.

lunes, 4 de junio de 2018

#hemeroteca #cine #lesbianismo | La directora Arantxa Echevarría veta a gitanas feministas en la proyección de su película

Imagen: El Salto / Fotograma de 'Carmen y Lola'
La directora Arantxa Echevarría veta a gitanas feministas en la proyección de su película.
La película ‘Carmen y Lola’ ha sido retirada de la Muestra de Cine y Mujeres de Iruñea tras la denuncia de la Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad, quienes señalan que fueron invitadas por la organización y después se les comunicó su no participación tras el veto de la directora.
Hordago, El Salto, 2018-06-04
https://www.elsaltodiario.com/pueblo-gitano/arantxa-echevarria-directora-de-carmen-y-lola-veta-gitanas-feministas-pelicula

La Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad ha denunciado que la directora de cine Arantxa Echevarría las ha vetado en la Muestra de Cine y Mujeres que se celebrará del 8 al 15 de junio en Iruñea. En esta muestra estaba programada ‘Carmen y Lola’, la película dirigida por Arantxa Echevarría que gira alrededor de dos jóvenes lesbianas gitanas que se enamoran a pesar de las objeciones de sus respectivas familias. Según la asociación feminista, la organizadora del festival, IPES Elkartea, les había invitado a participar pero Echevarría vetó su invitación. La denuncia de las feministas gitanas ha provocado que finalmente se haya desprogramado la película ‘Carmen y Lola’, por lo que Arantxa Echevarría tampoco asistirá al festival.

‘Carmen y Lola’ es la opera prima de Arantxa Echevarría que recientemente ha sido presentada en el festival de Cannes. Desde la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad critican a la directora porque "los estereotipos que ella recrea en su película perpetúan los prejuicios en las personas payas que nos marginalizan". También añaden que su colectivo se reunió con Echevarría durante el rodaje de la película y le aconsejaron que debía hacer unos cambios "para no caer en el antigitanismo". También señalan que otros artistas y activistas gitanos "con amplia experiencia en la lucha antirracista", como el productor y guionista José Heredia le "aconsejaron eliminar ciertos estereotipos por inciertos y contraproducentes y ante la negativa de la directora ellos abandonaron el proyecto".

Desde el departamento de estudios de las mujeres IPES indican que se ha tomado la decisión de sustituir la proyección de la película prevista para el 13 de junio "ante el desencuentro ya existente entre la directora y el colectivo". "Nuestra filosofía es promocionar a las directoras y películas dirigidas por mujeres ayudando a su visibilización, así como expresar realidades sociales de mujeres diversas a través de sus miradas y sus colectivos, por lo que se invitó a la directora y a la Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad", remarcan desde IPES, quienes no quieren entrar en detalles y afirman que les ha supuesto "un perjuicio importante".

Arantxa Echevarría ha afirmado en un comunicado que no quería realizar un debate ante "los comentarios destructivos" que había recibido por parte de la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad y pide "respeto" por la película aunque "en ningún momento he querido ni pretendido ser la voz de la mujer gitana".