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viernes, 30 de mayo de 2025

#libros #testimonios | El universo de Judy Garland

El universo de Judy Garland / José Luis Álvarez ... [et al.].
Madrid : Notorious, 2022 [05-30].
240 p.

/ ES / Libros / ENS / BIO / Artistas / Cine / Hollywood / Interpretación / Judy Garland / Testimonios

📘 Ed. impresa: ISBN 9788418181429 / 36.95 €
📝 Cita APA-7: Álvarez, José Luis [et al.]. El universo de Judy Garland. Notorious.

El libros definitivo sobre Judy Garland, para muchos la artista más completa que ha dado Estados Unidos. Gran actriz, gran cantante, buena bailarina… Con una biografía tan apasionante como trágica, el misterio de Judy Garland hace que destile a la vez alegría y tristeza, energía y abatimiento. La niña prodigio de la voz sublime que fue exprimida y abandonada por Hollywood, que resurgió después como suprema cantante en los mejores escenarios, y cuya leyenda no hace más que crecer en la mitología popular. Un nutrido grupo de autores analizan en 'El universo de Judy Garland' todos sus films, sus directores, sus compañeros de reparto, sus amigos, sus canciones, sus problemas… Todas las constantes de su vida y obra. Una enciclopedia sobre su vida y obra, con impresionante despliegue fotográfico.

😏 Autoría: Juan Luis Álvarez, David Felipe Arranz, César Bardés, Juan Manuel Corral, Inés de Cuenca Barella, Jose Fernández, Miguel A. Fidalgo, Noemi Guillermo, Juan Carlos Laviana, Luis López Varona, José Madrid, Guillem Medina, Alejandro Melero Salvador, Enric Ros, Gerardo Sánchez, LucÍa Tello Díaz, Joaquín Vallet, Juan Carlos Vizcaíno.

DOCUMENTACIÓN
100 años de Judy Garland: éxito, drogas y dramas de un icono gay 'más allá del arco iris'
José Madrid | Vanitatis, 2022-06-10

https://www.vanitatis.elconfidencial.com/celebrities/2022-06-10/judy-garland-50-anos-tragedia-vida-mago-oz-icono-gay_2083060/ 

miércoles, 21 de agosto de 2019

#hemeroteca #cine #queer | Un extraño camino de baldosas amarillas

Imagen: El País / Fotograma de 'El mago de Oz'
Un extraño camino de baldosas amarillas.
La influencia cultural de 'El mago de Oz' no ha cesado desde su estreno en agosto de 1939. La enigmática película es un ensayo del poder político de la rareza.
Carlos Primo | El País, 2019-08-21
https://elpais.com/elpais/2019/08/16/ideas/1565948918_002260.html

Si nos limitamos a los datos objetivos, la película ‘El mago de Oz’ fue resultado de una cadena de expectativas frustradas. Victor Fleming, el director que finalmente la firmaría, tuvo que ausentarse sin terminarla para rematar ‘Lo que el viento se llevó’, la gran apuesta de la Metro-Goldwyn-Mayer. Precisamente la historia de Scarlett O’Hara, estrenada ese mismo año, arrasó en los Oscar; ‘El mago de Oz’ compitió en seis categorías y se hizo solo con dos estatuillas, a la que se añadió un premio honorífico juvenil para Judy Garland. También en esto hay algo de equívoco: la actriz tenía 16 años en el momento del rodaje, pero el personaje que interpretaba, Dorothy Gale, contaba apenas 12, así que Garland, a la sazón una estrella en ciernes de la Metro, tuvo que enfundarse en un corsé y abrazar al perrito ‘Totó’ sin pausa para disimular el volumen de su pecho. Las frustraciones continuaron tras el estreno, en el que este largometraje tuvo resultados más bien discretos. Su éxito, a la larga, fue una bomba de relojería que solo estalló cuando las televisiones comenzaron a reponerla; de manera paradójica, varias generaciones de espectadores descubrieron la película sin disfrutar de su mayor golpe de efecto, que es el momento en que Dorothy abre la puerta de su casa en Oz y la imagen pasa del blanco y negro al brillo chillón del tecnicolor. En las televisiones de posguerra, Oz solo existía en escala de grises.

Sin embargo, lo que debía ser una película gafada por los vaivenes y por su propia era histórica (en muchos países no pudo ser estrenada hasta 1945, tras la II Guerra Mundial) acabó convirtiéndose en uno de esos artefactos estéticos que, a falta de otra etiqueta, se acaba calificando como “de culto”. Contaba Salman Rushdie en una crónica publicada en The New Yorker en 1972 que, en el Bombay de su infancia, ver ‘El mago de Oz’ fue una experiencia iniciática. La historia de una niña que, queriendo salvar a su perro, acaba convirtiéndose en la salvadora de un complicadísimo reino de fantasía ubicado al otro lado del arcoíris era todo un ejercicio de exotismo en el que, aseguraba Rushdie, solo un detalle falla: el empeño de la protagonista en regresar a la aburrida y gris Kansas. “Para mí, la idea de ‘Como en casa, en ningún sitio’ es la menos convincente de la película”, escribió.

La novela de L. Frank Baum (1900) en la que se basa la película era un ‘best seller’ de largo recorrido, un cuento de hadas enclavado en un paisaje típicamente estadounidense. Hay carreteras infinitas, páramos vacíos, localidades rurales y capitales de provincia aparentemente (pero solo aparentemente) sofisticadas. En este escenario conviven arquetipos procedentes de cuentos europeos clásicos. Hadas buenas y brujas malas, puntos cardinales irremediablemente enfrentados y personajes alegóricos. Un hombre de paja, otro de hojalata y un león. Un mago tan charlatán como un político, una terrateniente despótica y los conflictos de clase que, para los historiadores, hablan de las disputas monetarias y la desigualdad social.

Alegorías aparte, esta versión ‘country’ de la Alicia de Carroll podría haber sido material excelente para una película de animación (de hecho, Walt Disney sopesó la idea de adaptarla), pero sus productores decidieron emplearla como salvoconducto para mostrar al público el poder del tecnicolor. De aquella decisión deriva hoy una de sus mayores virtudes, que es la sensación de extrañeza y fascinación que experimenta el espectador ante esta fábula híbrida.

En ‘El mago de Oz’ todo, desde las flores de vidrio hasta el complicado vestuario diseñado por Adrian produce la atracción estética de las creaciones extremas. El 'kitsch' refinado de Fleming está más cerca de las fantasmagorías surrealistas de Cocteau que de las superproducciones de Hollywood. De hecho, es un caso aislado. En los años posteriores, el imperio de Disney estableció que la fantasía era territorio exclusivo del cine de animación, y hay que esperar a ‘delicatessen’ como 'Piel de asno' (1970), de Jacques Demy, para asistir a una cabalgata tan espléndidamente desquiciada.

Los derroteros críticos de la pe­lícula han sido, por lo menos, igual de retorcidos que el camino de baldosas amarillas desplegado en espiral desde el punto exacto en que la casa de Dorothy aplasta a la malvada Bruja del Este. Al fin y al cabo, ‘El mago de Oz’ es una historia de criaturas marginales que no acaban de encajar en el mundo racional del siglo XX. Y Judy Garland, futura estrella maldita del entretenimiento, supo convertir el tema musical más famoso de la película, ‘Over the Rainbow’, en el momento álgido de los espectáculos que ofrecía en los años sesenta en el Carnegie Hall, todo un punto de encuentro para la comunidad gay neoyorquina. Garland falleció en el verano de 1969, 30 años después del estreno de la película que la había consagrado. Tras sus multitudinarias honras fúnebres, muchos de sus fans se fueron a ahogar sus penas en alcohol a The Stonewall Inn, un antro de Greenwich Village. Y pocas noches después la rabia, el desencanto y el cansancio ante el atosigamiento policial fueron la chispa que prendió las protestas que dieron origen al movimiento del Orgullo Gay, y cuya bandera arcoíris es, en parte, una referencia al tema más famoso de la más inclasificable de las películas. ‘Over the Rainbow’, por cierto, suena este verano insistentemente como hilo musical de ‘Camp: Notes on Fashion’, la exposición en la que el Costume Institute del Metropolitan Museum de Nueva York explora fenómenos estéticos entre lo grotesco, lo cursi, lo disruptivo y lo sublime.

Si el ‘camp’ es político, ‘El mago de Oz’, como obra maestra ‘camp’, se adentra en profundidades simbólicas que convierten cada fotograma en un interrogante. El que ha reivindicado el diseñador Virgil Abloh en su colección de este verano para Louis Vuitton es uno de los más inquietantes: en su camino a la Ciudad Esmeralda, Dorothy cae en la trampa de la malvada Bruja del Oeste y se adentra en un campo de amapolas capaces de hacerla caer en un sueño letal. Basta entender la conexión entre la amapola y los opiáceos para que la imagen de Dorothy dormida se transforme en una alegoría y una premonición: la de los estragos que las drogas y la enfermedad hicieron en los años ochenta y noventa entre las filas de los “amigos de Dorothy”, una expresión habitual en la época para aludir a los hombres gais.

Tampoco resulta casual que, en una exposición dedicada a la influencia de la película celebrada en 2008 en el Wattis Institute de California College of the Arts, la obra que diera la bienvenida al público fuera Untitled (Passport II), una de esas instalaciones de Félix González Torres consistentes en una pila de láminas que el público puede coger libremente, decidiendo si contribuir o no a la desaparición final de la obra. La obra data de 1993, tres años antes de que González Torres falleciera de sida, y la imagen impresa en el papel mostraba la sombra de unos pájaros. Una visión del otro lado del arcoíris y una lectura insospechada, pero pertinente, de una película de entretenimiento que es, en realidad, todo un ensayo sobre el poder político de la rareza.

miércoles, 26 de junio de 2019

#hemeroteca #cine #homosexualidad #memoria | 'Los amigos de Dorothy': 'El Mago de Oz' y el Orgullo

Imagen: El Mundo / Fotograma de 'El Mago de Oz'
'Los amigos de Dorothy': 'El Mago de Oz' y el Orgullo.
El clásico cumple 80 años. Un libro del sello Notorious explica el filme, incluido su valor como símbolo para miles de homosexuales que vieron en él una representación de sus vidas.
Luis Alemany | El Mundo, 2019-08-26
https://www.elmundo.es/cultura/cine/2019/06/26/5d12577621efa0627f8b4768.html

«Judy Garland personifica una forma gay de manejar los valores, las imágenes y productos de la cultura dominante a través de la ironía, la exageración, la trivialización, la teatralidad y una manera ambivalente de reírse con y de lo respetable».

El entrecomillado pertenece al ensayista Richard Dyer y aparece citado en ‘El mago de Oz’ como icono de la cultura gay, uno de los capítulos del libro dedicado al 80º aniversario de 'El mago de Oz' que acaba de publicar la editorial Notorious. En sus páginas, 24 artículos explican la película de Victor Fleming en cada fleco. Ninguno parece tan atractivo en la semana del Orgullo LGTBI como el que explica el vínculo entre Dorothy, el hombre de Hojalata y compañía y la lucha por los derechos de los homosexuales.

«Dorothy es una chica de pueblo que no encaja en su mundo. Su familia le quiere pero ella sabe que es la rarita del lugar, la que siempre está un poco de más. Su único amigo es un perro y sueña con encontrar otro mundo en el que se sienta más cómoda. Entonces, emprende un viaje hacia ese mundo, que es la ciudad de Oz, y por el camino se va encontrando con otros raritos como ella. Juntos van descubriendo un mundo en el que les rodean la música y los colores y en el que van comprendiendo que en realidad no existe ningún problema en ser como son. Que sólo necesitan encontrar la fuerza que está en su interior para estar cómodos en el mundo. Esa idea nos puede parecer un poco tópica hoy, pero ha sido muy importante para las sucesivas generaciones de homosexuales que han peleado por su libertad durante estos años».

Quien habla ahora es el escritor Alejandro Melero, el autor de ‘El mago de Oz’ como icono de la cultura gay. Tal y como la cuenta, es imposible no entender la película de Judy Garland como una gran representación de la experiencia de crecer siendo homosexual y una explicación de todo aquello que hoy hemos entendido como cultura gay durante muchos años: el juego estético con el kitsch, el fondo desafiante, el hedonismo... Todos esos rasgos no son caprichos sino que tienen explicación.

«La Ciudad Esmeralda representa la promesa de un refugio, es el sitio seguro, que han anhelado tantos gais», explica Melero. «Es un lugar seguro en el que en el que poder ser uno mismo y, entre otras muchas cosas, reconciliarse con el mundo exterior... En cambio, el León Cobarde representa la opción del ocultamiento, simboliza al chico que decide no enfrentarse a aquellos que no lo aceptan, el que prefiere una vida asexuada para no enfrentarse a sus deseos y que está permanentemente temeroso de ser descubierto en su secreto».

El león, además, es un personaje de maneras amabilísimas, ‘insuficientemente’ masculinas para el mundo heterosexual. Vito Russo, el primer académico que estudió el ‘El mago de Oz’ en clave LGTBI, colocó su fotografía en uno de sus estudios con una leyenda provocadora debajo: «¿Quién es un marica?»

Continuemos con los simbolismos: «Es imposible ser gay, ver la película, el momento en el que los personajes se encuentran y caminan juntos y no pensar en el momento en el que uno empezó a tener una pandilla de amigos homosexuales o fue por primera vez a un bar gay», explica Melero.

Más: en algún momento de la película, la Bruja Buena del Oeste grita a los ‘munchkins’, los duendecillos de Oz, «salid, salid de donde quiera que estéis» y existe la teoría de que esa frase fue el origen de la expresión «salir del armario». Además, , en una encrucijada del camino de ladrillos dorados, Dorothy duda por qué lado continuar y el Espantapájaros le da consejo: «Unos siguen este camino, otros siguen el otro y hay gente que unas veces va por un camino y otras veces el otro».

«Incluso la Bruja del Este representa el estereotipo de la lesbiana que es como una vampiresa, la lesbiana mala que está tramando maneras de seducir a la inocente Dorothy», explica Melero. «Es una interpretación que hizo Alexander Doty, que viene del psicoanálisis y que yo, personalmente, veo con algunos reparos, pero que también es interesante».

Y esa inmensa alegoría, ¿la pensó alguien conscientemente o fue un asunto ‘freudiano’, una falla en la tierra que nadie veía pero que estaba a punto de crujir?

Por si a alguien le interesa saberlo: el guión de El mago de Oz tiene tres autores oficiales y un ejército de escritores subcontratados que ayudaron con los textos. De los tres autores, Y.E. Harburg, Noel Langley y Edgar Allan Woolf, sólo éste último era homosexual. En cuanto a Frank Baum, el autor de la novela original, fue un señor casado que tuvo cuatro hijos, si es que esa información cambia en algo las cosas.

Gay antes de tiempo
«Es difícil saber cómo salió adelante esta historia. No sé si fue una obra conscientemente gay, para empezar, porque el concepto de gay no existía en 1939 o, si existía, era muy diferente al que tenemos hoy», explica Melero. «Pero había una mirada homosexual en el cine, eso es una certeza, porque hasta 1934, el cine pre code [el Hollywood anterior al código de moralidad impulsado por William Hays] representó a los homosexuales muy libremente y no necesariamente en papeles negativos. También sabemos que existían redes, grupos de amigos que funcionaban como familias de homosexuales en Hollywood. Es imposible explicar esa época ignorando esa mirada homosexual».

Son dos certezas, igual que sabemos que siempre existieron espectadores homosexuales que reconocieron en Dorothy su historia personal. Cuando Judy Garland murió, hace ahora 50 años, algunos de esos espectadores cantaron ‘Over the rainbow’ en su funeral en Nueva York, la ciudad a la que habían llegado sus restos embalsamados de Garland desde Londres. Aquel duelo terminó en los sucesos de Stonewall, donde varios dolientes desafiaron a la policía. Y aquella canción inspiró la bandera del arcoíris que esta semana ondea por medio mundo.

«El arte es un referente muy importante cuando eres homosexual y creces al margen de loq ue es normativo. Te da modelos en los que reconocerte y también sirve para que tus amigos heterosexuales entiendan las cosas de otra manera. Por eso hay que insistir tanto en la cultura gay», termina Melero.

La historia de ‘El Mago de Oz’ tiene un epílogo que lleva hasta los años 70, cuando Sidney Lumet estrenó una nueva versión de la misma historia protagonizada por actores negros: Michael Jackson hizo de Espantapájaros, Richard Pryor de Mago y Diana Ross (otra actriz predilecta para el público gay), de Dorothy. Kansas dejó de ser Kansas y se convirtió en Harlem. El país de Oz fue el lado de Manhattan que queda al sur de la calle 125, el límite que nunca había se había atrevido a cruzar Dorothy. En cuanto a la ciudad Esmeralda, su color era el del dinero, la herramienta que utilizaba el Mago para manipular a los habitantes de Oz.

La película, llena de música disco y soul, tenía la estética de una película de ‘blaxplotaition’ para niños. Fue candidata a cuatro premios Oscar pero no tuvo éxito comercial y quedó olvidada para siempre. Da igual: lo interesante es descubrir que el mensaje de liberación de ‘El mago de Oz’ funciona igual si cambiamos la homofobia por el racismo o por cualquier otra forma de discriminación.

martes, 4 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | La celebración del Orgullo Gay cumple medio siglo

Imagen: El País / Orgullo LGTBI en Guadalajara, México
La celebración del Orgullo Gay cumple medio siglo.
Los disturbios policiales en un bar de Nueva York contra el colectivo homosexual en 1969 dieron lugar marchas pacíficas y festivas en todo el mundo para reivindicar sus derechos.
Alberto López | El País, 2019-06-04
https://elpais.com/sociedad/2019/06/04/actualidad/1559631027_422141.html

El Desfile del Orgullo Gay se ha convertido con el paso de los años en un símbolo de celebración imprescindible en las grandes capitales del mundo, aunque no exento de polémica y rechazo por otros sectores conservadores de la sociedad. También se ha convertido en un signo de liberación para toda la comunidad LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales) y en una reivindicación de igualdad de derechos.

El significado de la palabra “Orgullo” que define este movimiento reside en que ninguna persona debe avergonzarse de su sexo biológico, de su orientación afectiva ni de su identidad sexual o su rol de género. Lingüísticamente, “Orgullo” pretende designar la dignidad y estima que cada persona tienen como merecedoras de respeto y consideración.

Todo comenzó en este mes de junio de 1969, hace medio siglo, con los conocidos como disturbios de Stonewall, que consistieron en una serie de manifestaciones espontáneas contra una redada policial que tuvo lugar en el bar denominado Stonewall Inn, del barrio neoyorquino de Greenwich Village, contra el colectivo homosexual. A medio camino entre la leyenda generada aquel día y la realidad, aseguran quienes allí estuvieron que en el momento de la entrada de la policía sonaba en el bar la canción ‘Over the rainbow’, tema de la película ‘El Mago de Oz’ interpretada por la actriz Judy Garland, fallecida tan solo unos días antes y que pasó a la posteridad como icono LGTB.

Estos disturbios se citan como la primera ocasión en la historia de Estados Unidos en la que la comunidad LGBT luchó contra un sistema que perseguía a los homosexuales con la aquiescencia y el beneplácito del gobierno, y son reconocidos como el catalizador del movimiento moderno en favor de los derechos LGTB en Estados Unidos y en todo el mundo.

Desde el año siguiente a los disturbios, en 1970, se tiene constancia del primer desfile del Orgullo para conmemorar precisamente los disturbios de Stonewall. Esas primeras marchas reivindicativas tuvieron lugar en las ciudades de Nueva York, Chicago, San Francisco y Los Ángeles, dando lugar a una tradición que se ha extendido por todo el planeta con un multitudinario desfile en el que las carrozas y los disfraces exagerados llenan las principales capitales coincidiendo con la llegada del verano.

Antes de los sucesos de Stonewall los estados norteamericanos, a excepción de Illinois, penalizaban el sexo homosexual consentido entre adultos en el ámbito privado. Cualquier persona homosexual podía ser acusada de “crimen” o llegar a pasar entre 5 y 20 años en prisión e incluso toda la vida.

En 1971, dos años después de la manifestación espontánea contra la represión policial, una veintena de estados americanos aún mantenía leyes que permitían la detención de homosexuales por esa razón. La castración, la terapia emética, la hipnosis, la terapia de electrochoque y las lobotomías eran los medios usados por los psiquiatras para intentar ‘curar’ y reprimir a los homosexuales de sus deseos.

A pesar de la postura de no enfrentamiento con otros grupos que siguieron los movimientos homosexuales en aquellos años, el final de la década de los 60 fue turbulento debido a la confluencia de varias reivindicaciones sociales, que desencadenó en lo que se conoce como los disturbios de Stonewall: el movimiento afroamericano pro derechos civiles (1965-1968), la contracultura de los 60 y las manifestaciones contra la guerra coincidieron en esos años creando un clima social muy beligerante.

Una vez superadas muchas de esas barreras, la celebración del Orgullo en la actualidad se desarrolla con coloridas marchas (en inglés ‘pride parades’; en francés ‘marches des fiertés’) en las que los símbolos del orgullo LGTB -la bandera con los colores del arcoíris y los triángulos rosas- se exhiben durante los desfiles. Además, se dan cabida a las reivindicaciones sociales o políticas que identifican a los colectivos participantes y también se realizan actividades culturales y lúdicas.

En la actualidad la reivindicación incide en denunciar la discriminación hacia el colectivo LGTB, como la lucha por la legalización del matrimonio homosexual o el establecimiento de las familias homoparentales, el respeto a la identidad sexual de las personas transexuales y sus derechos, además de denunciar la LGTBfobia aún existente.

Los colectivos homosexuales de todos los países eligen una ciudad distinta cada año de forma itinerante para celebrar conjuntamente el orgullo LGTB de todo el continente europeo, que se denomina Euroorgullo (en inglés 'Europride'). La marcha más multitudinaria es la de Madrid, seguida de las de París, Londres, Berlín, Ámsterdam, Estocolmo y Roma.

Comienza, por tanto, la cuenta atrás para MADO 2019, la gran fiesta del Orgullo LGBT que se celebrará en el barrio de Chueca y en algunas de las principales calles de Madrid del 28 de junio al 7 de julio próximos. El año pasado la capital de España cumplió 40 años de las marchas del Orgullo, y en esta edición un gran festival servirá para celebrar, debatir y mostrar la diversidad, con el acto central que será la Manifestación del Orgullo LGBT el sábado 6 de julio, en la que se espera la participación de dos millones de personas procedentes de todo el mundo.

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Celebración Orgullo: Todo empezó con una redada policial antigais y Judy Garland

Imagen: El Periódico / Beso lésbico en la marcha del Orgullo LGTBI de Guadalajara, México
Celebración Orgullo: Todo empezó con una redada policial antigais y Judy Garland.
Google dedica un 'doodle' al Día del Orgullo Gay como parte de la reivindicación de los derechos de la comunidad LGBTI en todo el mundo y de la visibilidad que han ganado a lo largo de cinco décadas.
El Periódico, 2019-06-04
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20190604/celebracion-orgullo-7488025

El Día del Orgullo Gay es un símbolo de celebración y liberación para toda la comunidad LGBTI, que salen a las calles de las principales ciudades de todo el mundo, para celebrar su identidad y también para recordarle a la sociedad que se han convertido en un grupo que poco a poco ha reivindicado sus derechos a lo largo de estos 50 años.

Todo comenzó en junio de 1969, cuando una redada policial en el bar Stonewall, en el barrio de Greenwich Village en Nueva York, que pretendía arrestar a homosexuales desembocó en una protesta contra estos abusos y curiosamente, cuando comenzaron los disturbios en ese local sonaba ‘Over the Rainbow’, uno de los temas de la película Mago de Oz, para conmemorar la muerte de Judy Garland, uno de los mayores iconos del colectivo LGTBI, que había fallecido unos días antes.

De este evento que parecía aislado, a lo largo de los años desembocó en el Día del Orgullo Gay, algo que Google celebra pero también hace un recorrido a lo largo de estas cinco décadas y como ha ido evolucionando hasta convertirse en un festejo universal que congrega a millones de personas en todo el mundo.

Colores y alegría
Con una especie de viñetas, el doodle es la representación de los logros alcanzados por la comunidad LGBTI y se visualiza no solo en la cantidad de personas que se fueron sumando a este evento, sino por la esencia festiva que fue ganando a lo largo de los años.

De esta manera, el color es uno de los elementos más importantes y también se simboliza con la bandera gay, por lo que según explica Nate Swinehart, uno de los creadores de este doodle, “el color también jugó un papel muy importante en la concepción, ya que quería representar la vitalidad y la energía de la comunidad”.

Así, para el año 1969 que fue la génesis de este movimiento, todo se ve con tonos de gris, pero uno de las primeras señales de avance es el arcoíris a través de un espacio comunitario. Una década después, a pesar de que sigue siendo todo monocromático en rosa, el color comienza a extenderse, primero en personas individuales, luego a la ciudad que los rodea, hasta que finalmente supera toda la composición.

Todo comienza a colorearse
Para 1989 el entorno es en tonalidades y matices azules; para 1999 que fue además el fin del Siglo XX, todo es más verde y con elementos muy puntuales de que también hay alegría, música y diversión entre los participantes. Finalmente ya en el nuevo siglo, las combinaciones de colores son mucho más amplias y para el 2009 es tonos amarillos y rojos y para el 2019, 50 años después del inicio de todo, Google lo representa con una congregación multitudinaria y con mucho color.

“También quería que la progresión del color fuera significativa, comenzando con el triángulo rosado inicial que fue reclamado por la comunidad como un símbolo de liberación. Desde allí, retrocedemos a través del arco iris de púrpura a rojo, hasta que vemos que todos los colores se unen en armonía en la imagen final”, explica Nate Swinehart.

Las curiosidades del Orgullo Gay
Una de las principales curiosidades es el significado de la bandera gay, que es una creación del artista estadounidense Gilbert Baker, que hizo su primer diseño en 1978 de lo que hoy conocemos como el mayor símbolo del orgullo gay. Originalmente contaba con 8 franjas horizontales teñidas con pinturas naturales sobre una tela de algodón. Posteriormente, y por cuestiones técnicas, se retirarían dos de ellas.

Pero cada color, lejos de ser aleatorio, representa un concepto distinto para así, en su total, resumir en un arcoíris toda la ideología del Orgullo Gay. El magenta simbolizaba la sexualidad; el naranja, la sanación; el amarillo, la luz del sol; el verde, la tranquilidad y la naturaleza; el turquesa, la magia y el arte; el índigo, la armonía y el violeta, la espiritualidad.

Otra de las principales curiosidades de esta celebración, es que el día del Orgullo Gay de Sao Paulo (Brasil) está considerado el más grande del mundo ya que cada año acuden millones de personas y en 2006 consiguió el Record Guinness al albergar a cerca de 2,5 millones de personas en sus calles para esta celebración.

Mientras que en España, la primera marcha del Orgullo Gay tuvo lugar en Barcelona, en Junio de 1977, convocada por el FAGC (Front d’Alliberrament Gai de Catalunya) para protestar por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social aprobada en 1970, que fue usada de forma sistemática para la represión de la homosexualidad y la transexualidad en la última parte de la dictadura franquista.

lunes, 27 de mayo de 2019

#libros #cine #culturagay | El mago de Oz : el libro del 80 aniversario

El mago de Oz : el libro del 80 aniversario / Quim Casas, Gerardo Sánchez (eds.).
Madrid : Notorious, 2019 [05-27].
240 p. : il.
ISBN 9788415606819 / 29,95 €

/ ES / ENS / REC
/ 1939 / Aniversarios / Arcoíris / Cine / Cultura gay / Dorothy / Judy Garland / Historia – Siglo XX / Signos y símbolos

En el 80 aniversario del film ‘El mago de Oz’, varios autores de prestigio analizan los diferentes aspectos de la película. El original literario, el rodaje, los personajes, la dirección artística, las canciones, el technicolor, los efectos especiales, las influencias... Todo ello acompañado por un gran despliegue gráfico con fotografías de la película.

‘El mago de Oz’, 80 años de magia, color y simbolismo.
Álex Ander | Culturamas, 2019-07-30

https://www.culturamas.es/blog/2019/07/30/el-mago-de-oz-80-anos-de-magia-color-y-simbolismo/

La vida de Judy Garland —con más de 35 películas y varios discos a sus espaldas— estuvo plagada de éxitos y escándalos. Y su muerte —por una sobredosis de barbitúricos aparentemente accidental, con tan solo 47 años— copó multitud de portadas de periódicos y revistas.

El 28 de junio de 1969 —apenas unas horas después del funeral por Garland—, un grupo de gais de Nueva York se organizó, espontáneamente, para reaccionar frente a una redada policial contra el colectivo homosexual que tuvo lugar en el bar Stonewall Inn, en el barrio de Greenwich Village. Un año después, coincidiendo con la conmemoración del aniversario de aquel episodio, comenzarían oficialmente las manifestaciones del Orgullo Gay.

Desde entonces, se ha hablado bastante de la conexión directa entre las revueltas de Stonewall y el mito de Judy Garland. “Muchas fuentes (por ejemplo, la dueña del Stonewall y otros testigos de aquellos incidentes) han confirmado que, efectivamente, la diva gay, la pena de su pérdida y la frustración que provocaba que no les dejaran rendirle tributo libremente fueron alguna de las chispas que hicieron saltar la revolución”, señala Alejandro Melero en la obra colectiva ‘El Mago de Oz. El libro del 80 aniversario’ (Notorious Ediciones).

Para Melero, la Dorita de Garland —gracias, sobre todo, al paroxismo y la vulnerabilidad que la actriz logró transmitir con esa interpretación— trascendió al paso del tiempo como referente absoluto e icono para muchos homosexuales. “En España es difícil de entender el mito de Judy Garland, entre otras razones porque la mayoría de sus películas ni siquiera se estrenaron aquí en su momento”, asegura el autor a ‘Culturamas’. “Esto puede parecer extraño porque hoy se consideran clásicos, pero fue una actriz poco relevante en comparación con otras de su generación. En Estados Unidos y otros países, sí que fue un gran icono del cine musical, y caló entre gais de distintas edades, hasta nuestros días. Todavía se la sigue imitando en bares de drags, por ejemplo. Su vida es muy dramática, y muchos de sus papeles cuentan esas historias de melodrama que tanto han gustado al público gay. Por ejemplo, ‘Ha nacido una estrella’, que es muy importante para entender su lugar en la historia del cine”.

Pero Stonewall no es el único símbolo que las culturas homosexuales han tomado de la película. Alguno de ellos, como la bandera arcoíris —un homenaje claro al archiversionado tema ‘Over the Rainbow’, considerado un himno gay—, es de sobra conocido. “La canción habla de escapar de un lugar opresor para encontrar un mundo de fantasía y, a partir de ahí, reconciliarse con el hogar. Así que es fácil entender que ese mensaje calara entre gais y lesbianas”, apunta Melero.

Asimismo, el autor recuerda que el personaje del poco valiente y amanerado León guarda bastante relación con las preocupaciones de muchos homosexuales: “El León es, como Dorita, un personaje que tiene que entender que la solución a sus problemas está, más que dentro de sí mismo, en pasar por aceptarse como es. Y luego están los tirabuzones…”.

Eso sí, simbolismos a un lado, no cabe duda de que ‘El Mago de Oz’ de Víctor Fleming no es una película musical más. La cinta sigue influyendo en las distintas generaciones de espectadores y Melero tiene claro el porqué: “Visualmente, sigue siendo muy atractiva, y eso creo que no se va a perder con el paso del tiempo. Su plástica es brutal, y conecta con los espectadores de cualquier lugar o edad. Lo mismo ocurre con la música, que está a la altura de cualquier gran musical clásico, y por eso puede volver a escucharse e incluso revisarse para montajes teatrales contemporáneos. Y, claro, la historia es universal, llena de metáforas que no pierden su valor. El mundo está lleno de magos de Oz”.

viernes, 22 de junio de 2018

#hemeroteca #mujeres #historia | Judy Garland: la estrella que fue incapaz de alcanzar la felicidad

Imagen: El Mundo / Judy Garland
Judy Garland: la estrella que fue incapaz de alcanzar la felicidad.
'Si soy tal leyenda, ¿por qué me siento tan sola?'. A Judy Garland la felicidad se le escapó entre los dedos mientras nos llevaba al otro lado del arcoíris.
Álex Ander | Cinemanía, El Mundo, 2018-06-22
http://cinemania.elmundo.es/noticias/judy-garland-la-estrella-que-fue-incapaz-de-alcanzar-la-felicidad/

En algún lugar sobre el arcoíris, los cielos son azules, y los sueños que te atreves a soñar se hacen realmente realidad. Judy Garland tenía 17 años la primera vez que cantó estos versos del archiconocido ‘Over the Rainbow’ en la película ‘El mago de Oz’ (1939). Y la letra de ese tema musical hizo honor a la triste vida personal de la actriz, que siempre anduvo buscando (de forma infructuosa) esa especie de felicidad prometida.

Icono gay femenino, actriz instintiva y comediante con una dulce voz de canto y excelentes aptitudes para la danza, Garland llegó a ser considerada una leyenda y la mayoría de la gente la adoraba, pero aquello no fue suficiente para que dejase de sentirse desdichada. “Si soy tal leyenda, ¿por qué me siento tan sola? ¿Por qué me siento en casa durante horas mirando el maldito teléfono? Las leyendas están muy bien si tienes a alguien alrededor que te ama, un hombre que no teme enamorarse de Judy Garland”, comentó en alguna de las notas que escribió hacia el final de su vida para un inacabado proyecto de autobiografía.

Natural de Minnesota, su padre murió cuando ella tenía 12 años. Con 18, y presionada (entre otras cosas) por una madre demasiado exigente, tuvo que acudir a un psiquiatra por primera vez, y unos años después intentó quitarse la vida. Se enfrentó a un sinfín de dolencias físicas y sufrió los efectos de las drogas (pastillas y estupefacientes) que empezó a consumir siendo muy joven. Se casó en cinco ocasiones y tuvo varios romances más o menos conocidos. Sin ir más lejos, tres meses antes de su fallecimiento —ocurrido el 22 junio de 1969 — se casó con Mickey Deans, gerente de una discoteca. Y fue precisamente él quien encontró el cuerpo sin vida de Garland en el baño de la casa que ambos compartían en el distrito londinense de Belgravia.

Frances Ethel Gumm a.k.a. Judy Garland parecía predestinada a la infelicidad desde niña. Sus padres, artistas de vodevil, alentaron siempre a sus tres hijas a participar del mundo del espectáculo y la actriz creció bajo la presión de las altas expectativas de sus padres. Con solo dos añitos, su madre vio el potencial talento de la artista estadounidense el día que esta no paró de cantar ‘Jingle Bells’ durante uno de los shows navideños de sus progenitores, y la tuvo que sacar pateando y a rastras del escenario. Eso sí, después de aquello decidió que la pequeña cantaría con sus dos hermanas mayores en un grupo que llamó The Gumm Sisters, y no se cortó ni un pelo a la hora de llevarla durante un tiempo por diversos clubes nocturnos, cabarets, hoteles y teatros del país. “[Mi madre] estaba muy celosa porque ella no tenía absolutamente ningún talento […] Si yo estaba enferma de la tripa, me decía ‘¡Sal y canta o te envolveré alrededor de la pata de la cama!’, así que yo salía a cantar”, comentó Garland sobre la actitud de su progenitora. Su padre, por su parte, vivió su homosexualidad de forma oculta, pero sus líos con otros hombres obligaron a la familia Gumm a tener que abandonar la ciudad en más de una ocasión.

Por suerte para todos ellos, el magnate de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) Louis B. Mayer escuchó cantar a la estadounidense en 1935 y decidió apostar por ella. El Hollywood, la joven fue bautizada como Judy Garland (usando el apellido de soltera de su madre) y debutó en el cine en el musical ‘Locuras de estudiantes’ (1936). Los famosos estudios de cine la explotaron sin ningún tipo de reparos, a pesar de que al principio no la veían glamurosa y creían que era demasiado mayor para interpretar papeles infantiles.

Según contó la propia actriz, fueron ellos quienes la iniciaron en el hábito de los barbitúricos para dormir y las anfetaminas para trabajar, suministrándole con frecuencia estas pastillas para mantenerla despierta durante las maratonianas sesiones de rodaje —que, en muchas ocasiones, se prolongaban durante seis días a la semana, 18 horas al día—.

Con dieciséis años, Garland logró el papel más recordado de su carrera, dando vida a una niña huérfana de Kansas llamada Dorothy Gale que sueña con huir de su monótona vida en la granja en ‘El mago de Oz’ (1939). Una película que con el tiempo se convirtió en un clásico del cine musical y que le valió a su protagonista un premio Oscar en febrero de 1940. “Siempre me tomé ‘El mago de Oz’ muy en serio, ya sabes. Creo en la idea del arcoíris. Y he pasado toda mi vida tratando de superarlo”, comentó en una ocasión la actriz.

Ganaba dinero y comenzaba a ser muy famosa, pero Garland se sentía presa de las inseguridades, la sobrecarga de trabajo y las presiones en el estudio. Tanto, que tuvo que empezar a ver a un psiquiatra. Y comenzó a tomar estimulantes, calmantes y alcohol. Además, tan solo tres meses después de firmar un contrato con la MGM, su padre murió a causa de una meningitis espinal. Pero ella transitó el camino del duelo trabajando, y en poco tiempo se consagró como una de las actrices más taquilleras de Hollywood.

Taquillera, sí. Desdichada, también. Con 19 añitos, se casó con el compositor y pianista David Rose, del que se divorciaría poco después. Su matrimonio se fue a pique cuando, tras descubrir que estaba embarazada, su madre y la MGM la persuadieron para que abortase —la premisa del estudio de cine era que sus chicas podían casarse si querían pero debían mantener siempre su imagen virginal y de niña buena—. Para entonces, la diva había protagonizado ya su primer papel adulto como artista de vodevil durante la Primera Guerra Mundial en el musical ‘Por mi chica y por mí’ (1942).

Como un clavo saca otro clavo, Garland se casó en 1945 con el cineasta Vincente Minnelli, considerado el padre de los musicales modernos. Bajo su dirección, la carrera de Garland prosperó y la actriz tuvo a su primera hija, Liza. Pero su salud mental empezó a deteriorarse, y la de Grand Rapids comenzó a sufrir alucinaciones y a recurrir a las acusaciones falsas hacia distintas personas (incluido su marido). Su cuerpo empezó a resentirse y llegó a intentar suicidarse —cortándose las muñecas con un vaso de cristal roto—. Todo eso la condujo a ser ingresada en un centro de rehabilitación, lo que la dejó bastante tocada anímicamente.

Con su imagen pública algo dañada y con un evidente sobrepeso, la mala racha de la actriz continuó cuando la MGM decidió rescindir su contrato con ella, al no soportar su carácter volátil y su falta de profesionalidad y fiabilidad. Poco después, se divorciaría también de Minnelli. Tras el forzoso parón, Garland regresó a los escenarios en 1951, en Inglaterra, con un espectáculo musical en solitario que tuvo bastante éxito y se quedó embarazada del que poco después se convertiría en su tercer marido, el empresario Sid Luft —al que había conocido en un club de Manhattan cuando ella estaba aún casada con Minnelli y con quien tuvo dos hijos—.

Garland demostró al mundo que aún tenía mucho que decir, y firmó un contrato con la productora Warner Bros., volviendo a la gran pantalla con el drama musical ‘Ha nacido una estrella’, junto a James Mason. La película se convertiría en uno de los últimos trabajos cinematográficos de Garland, pero su interpretación le valió un Globo de Oro y una nominación al Oscar —que le arrebató Grace Kelly, un día después de que diese a luz a su tercer hijo en el hospital—. Para decepción de muchos entendidos en la materia, la actriz había perdido el Premio de la Academia. Pero también estaba perdiendo su dinero, ya que su marido —adicto al juego— comenzó a dilapidar su fortuna. Su relación de pareja se volvió volátil e intermitente y acabó en un litigio por la custodia de los niños.

Garland siguió actuando como pudo —llegando a percibir hasta 55 mil dólares por semana por un show musical en el Frontier Hotel de Las Vegas— y, en noviembre de 1959, ingresó en un hospital de Nueva York, donde los médicos descubrieron que padecía hepatitis (y le dieron cinco años más de vida, como máximo). “La presión estuvo fuera de mí por primera vez en mi vida”, llegó a confesar la actriz sobre el momento en que recibió la fatal noticia. Ellos le hablaron claro: ahora era una semi-inválida y, por supuesto, no podía volver a trabajar.

Pero ella hizo caso omiso a las advertencias y, a principios de los sesenta, intentó retornar a los escenarios por enésima vez. Sus promotores prepararon un calendario repleto de actuaciones para ella y ella intentó cumplir con sus compromisos, ofreciendo espectáculos como el icónico concierto que dio en el Carnegie Hall en abril de 1961 (y que dio lugar a un exitoso álbum grabado en directo). Y, como el gusanillo de la interpretación seguía picándole, se embarcó poco después en una serie de televisión semanal que acabó siendo retirada de la parrilla después de una temporada por falta de audiencia.

Como andaba sin blanca y no quería encerrarse en casa, se marchó a Australia para llevar a cabo una nueva gira de conciertos, pero una inoportuna (y recurrente) laringitis hizo acto de presencia y decidió darla por concluida antes de tiempo. En ese momento, habló públicamente (y en serio) sobre la posibilidad de retirarse y dedicarse al cuidado de sus tres hijos. “Mis hijos nunca ponen mis discos en casa. No están demasiado interesados en mi carrera. Una vez la pequeña Lorna, bastante bruscamente, le dijo a un periodista inglés condescendiente que le había preguntado si Judy Garland le cantaba canciones de cuna a sus hijos antes de acostarse: ‘No, no lo hace, y no la llamamos Judy Garland, solo mamá'”, comentó la estadounidense en una entrevista concedida en esa época.

Lo que vino después podría calificarse de definitivo ocaso de una diva. Después de divorciarse de Luft, Garland se casó con el actor y promotor de su gira Mark Herron, en una pequeña capilla de Las Vegas. El matrimonio duró menos de dos años y se acabó después de que Garland acusase a Herron de haberla golpeado —aunque él respondió a la acusación asegurando que solo le pegó una vez, y que fue en defensa propia—.

La americana se fue a vivir a Londres a finales de 1968, con la intención de retomar su carrera musical. Actuó en el London Palladium y se atrevió con una torturada residencia de seis semanas en el club nocturno ‘The Talk of the Town’. Fue durante esa gira cuando anunció que se casaría con el dj Mickey Deans, a quien había conocido en Nueva York en 1966 —cuando un amigo en común le pidió que le entregase un paquete de pastillas estimulantes a Garland y este, para mostrarse discreto, se presentó en la habitación de su hotel ante ella y sus hijos haciéndose pasar por médico—. “Este es él. Por primera vez en mi vida, soy realmente feliz. Finalmente, estoy enamorada”, comentó ella de su último maromo.

Deans siempre confió en el regreso triunfal de su chica, pero Garland no fue capaz de curarse, ni de dejar a un lado sus adicciones, y ofreció el último recital de su vida en Copenhague en marzo de 1969. Poco después, murió de una sobredosis de barbitúricos aparentemente accidental, dejando un legado compuesto por más de 35 películas, varios discos y el recuerdo de una voz y una mirada difícilmente olvidables.

jueves, 9 de febrero de 2017

#hemeroteca #violenciamachista | Por qué se airean ahora las miserias sexuales del viejo Hollywood

Imagen: El País / Judy Garland en 'El Mago de Oz'
Por qué se airean ahora las miserias sexuales del viejo Hollywood.
El acoso sexual a Judy Garland o Tippi Hedren desvelado recientemente pone de manifiesto la desprotección y el sexismo silenciado de la industria durante décadas.
Noelia Ramírez | El país, 2017-02-09
http://smoda.elpais.com/celebrities/acoso-sexual-viejo-hollywood/

“La vida de Judy en el set fue miserable por culpa de ellos. No dejaban de meterle mano por debajo de su vestido”. Judy Garland era prácticamente una niña cuando interpretó a Dorothy en ‘El mago de oz’ en 1939 –tenía 17 años–, pero ni eso la libró de ser acosada sexualmente por varios actores que interpretaban a los Munchkins, los personajes de talla pequeña que ayudaban a Dorothy tras seguir el camino de baldosas amarillas. Así lo desvela Sid Luft, uno de los ex maridos de Garland –estuvo casado con ella entre 1952 y 1965–, en 'Judy and I: My life with Judy Garland', un libro póstumo que saldrá en marzo a la venta y al que ha tenido acceso 'The Guardian'. “Esos hombres tenían 40 años. Ellos creían que podían salirse con la suya siempre porque eran muy bajitos”, apunta el empresario en el libro.

Luft, con sus declaraciones póstumas (murió en 2005) añade leña a las versiones que se habían dado sobre los ‘problemáticos’ enanos durante el rodaje. Lejos de las imágenes idílicas y naïf de la película, la propia Garland, en 1967, dijo que los munchkins “eran unos pequeños borrachos” que “se ponían hasta arriba cada noche y la policía los recogía con cazamariposas”. La intérprete contó que cuando se decidió a salir con uno de ellos y éste vio a su madre como carabina en la cita dijo: “Suficiente, dos fulanas por el precio de una”. Bert Lahr, que interpretó al León Cobarde, apuntó que los munchkins actuaban lejos de las cámaras “en plan pandillero, chuleando y contratando a prostitutas” y el productor, Mervyn LeRoy, confirmó que estos intérpretes “montaban orgías en el hotel” y que se tuvo que contratar a policías en cada planta. Unos angelitos, vaya.

Las vergüenzas de Hollywood
Que el manoseo a Judy Garland se haya convertido en un episodio noticiable lo es gracias a una sociedad (supuestamente) sensibilizada frente al acoso sexual y decidida a no normalizar este tipo de prácticas. Animadas por el repunte del activismo feminista en los últimos años, las actrices o artistas de hoy en día no tienen miedo a denunciar las agresiones sufridas. Así lo han probado Evan Rachel Wood (Dolores en ‘Westworld’, que desveló recientemente que fue violada en dos ocasiones), Gabrielle Union (violada a punta de pistola hace 25 años) o Ashley Judd (violada cuando tenía 14 años). Tampoco hace falta ser una actriz de renombre para enfrentarse a oscarizables nombres, como bien ha probado el caso de la productora y directora de fotografía llevando a juicio el acoso sexual de Casey Affleck.

En el pasado –y hace diez años, si apuramos– ninguna de estas actitudes eran reprobables socialmente. Ya fuese en la intimidad del hogar, en los anuncios de brandy donde sí se podía pegar a una mujer o en sets de rodaje repletos de supuestos trabajadores del sector más liberal del mundo. El “don’t ask, don’t tell” (‘no preguntes, no digas’) también se imponía en un gremio que desprotegía y negaba la asistencia a las víctimas; escondiendo sus vergüenzas, secretos a voces en la industria, debajo de la alfombra.

Ahí está el polémico caso de la actriz Maria Schneider, que rodó una escena no consensuada sobre una violación en ‘El último tango en París’ y, pese a la humillación que vivió, se vio sin apoyos a para denunciar el abuso que sin su conocimiento perpetraron Marlon Brando y Bertolucci: “Debería haber llamado a mi agente o haber tenido un abogado que viniese al set porque no puedes obligar a alguien a hacer algo que no está en el guión, pero yo no sabía aquello en aquel momento”, dijo al ‘Daily Mail’ años más tarde.

Algo parecido ha pasado con Tippi Hedren, que ha acusado en sus memorias a Alfred Hithcock de acoso sexual. El director se abalanzó sobre ella en un taxi e intentó besarla. Su obsesión con la madre de Melanie Griffith llegaba a tal exceso que no permitía que el resto de actores la tocasen o hablasen y llegó a engañarla para rodar escenas de riesgo. Hedren asegura que no dijo nada a nadie porque en la década de los sesenta no se hablaba del acoso sexual –el término se empezó a utilizar a partir de 1991, cuando la abogada Anita Hill acusó al juez Clarence Thomas de acoso sexual en el trabajo y el delito se popularizó a escala planetaria–. También sabía que el estudio silenciaría sus acusaciones: “¿Quién de los dos era más valioso para ellos, él o yo?”.

No sólo acoso, también abortos
Lejos del “si un productor menciona la palabra dieta, lo mando a tomar por culo” que defiende ahora Jennifer Lawrence, hace unas cuantas décadas, el control sobre el cuerpo de las actrices iba mucho más allá de unos michelines de más. Si una actriz de un gran estudio del viejo Hollywood quería quedarse embarazada entre los años 20 y los 50, ni ella ni el padre podían decidir. Para eso ya estaba el grupo de hombres que dirigía la Metro Goldwyn Mayer, Paramount Pictures, Warner Bros o RKO, actuando como una suerte de ‘equipo de sabios patriarcales’ en función a las expectativas de taquilla.

“Los abortos eran nuestra pastilla anticonceptiva”, dijo una vez una actriz sobre la más que común práctica de los estudios. La cita la rescatan Marcie Bianco y Merryn Johns en una investigación reciente para 'Vanity Fair'. Allí contaban los casos de Tallullah Bankhead, cuyo biógrafo, Lee Irael, dijo que “se practicaba tantos abortos como mujeres se hacían la permanente” o la “infección de oído” oficial (embarazo en realidad) de la sensación Jeanette MacDonald en 1935 que mandó “a curar” el jefe de la MGM, Louis B Mayer.

Joan Crawford tampoco se libraría. Separada de su marido, Douglas Fairbanks, se quedó embarazada de quién creía hubiese sido hijo de Clark Gable. Howard Strickling, publicista de la MGM y fixer habitual de los escándalos de la época, lo arregló todo para que abortase, siguiendo esa asunción popular de que “las estrellas glamourosas no podían ser famosas si tenían hijos”, tal y como relata Cari Beauchamp en Without Lying Down. Crawford nunca le dijo la verdad a Fairbanks. Le contó que perdió el bebé al resbalarse de un barco rodando Rain.

Otra que rehuía de los hijos por imperativo de su carrera fue Bette Davis, que tuvo un buen número de abortos y no fue madre hasta los 39 años porque “si no habría perdido los mejores papeles de mi vida”. A Jean Harlow no la dejaron casarse con William Powell porque, según cuenta Anne Helen Petersen en ‘Scandals of Classic Hollywood’, “la MGM había escrito una cláusula en su contrato que le prohibía contraer matrimonio”. Judy Garland, la misma que tuvo que aguantar a un grupo de enanos manoseándola sin cesar durante un rodaje, se saltó las normas, rompió su imagen de ingenuidad y se casó con 19 años con David Rose sin la aprobación de MGM. Cuando se quedó embarazada, su madre se confabuló con el estudio para conseguirle un aborto en contra de su voluntad.

Estas historias no son tan desfasadas como parecen. El imperativo telegénico sigue existiendo con todas esas veinteañeras ejerciendo de amantes de cuarentones en pantalla. El público tampoco perdona y se suma a esa concepción edaísta que no deja envejecer a sus actrices fetiche cómo les dé la gana (Carrie Fisher ya lo advirtió: “No es que los hombres envejezcan mejor que las mujeres, solo es que se les permite hacerlo”). ¿El cambio? Todas esas actrices que saben que no se ha alcanzado la igualdad y que reclaman el mismo salario que sus compañeros (Natalie Portman, Jennifer Lawrence o Robin Wright, entre otras) o un peso en pantalla alejado de madres abnegadas o amantes hipersexualizadas. El activismo feminista en Hollywood ya no se silencia, se aplaude. Y ya no hay cláusulas en los grandes estudios para frenarlo.

lunes, 1 de agosto de 2016

#hemeroteca #memoria | La Mondragón cumple 40 años

Diario Sur / La Orquesta Mondragón en directo en Eibar en 2010 //

La Mondragón cumple 40 años

El grupo de Javier Gurruchaga prepara un disco y una gira para celebrar su aniversario
Ricardo Aldarondo | Diario Sur, 2016-08-01
https://www.diariosur.es/culturas/musica/201608/01/mondragon-cumple-anos-20160731182201.html

Una novia, con su cofia a la antigua, completamente drogada y tirada en una silla de ruedas, era empujada hasta el borde del escenario, mientras sonaban los primeros y lentos acordes del ‘Rock & Roll’ de Lou Reed. Javier Gurruchaga, en ese vestido de novia y con gafas negras de diva acabada, estiraba el brazo hasta al micrófono y musitaba con su cuelgue total las primeras palabras de la canción en un arrastrado pichinglis. De pronto la banda atacaba el electrizante cambio rítmico de la canción, la novia saltaba de la silla de ruedas, Popocho tiraba serpentinas fosforescentes con un spray y sacaba la muñeca hinchable y la decena de músicos y actuantes enloquecía con quince minutos de éxtasis rocanrolero. Era la culminación de ‘El chorizo de Johnny Cimbel’, el primer show de la entonces naciente Orquesta Mondragón.

Los que asistimos atónitos en la adolescencia o primera juventud a aquel espectáculo disparatado, insólito y transgresor, en el salón de actos del colegio Marianistas, nada menos, en diciembre de 1976, no dudábamos de que había nacido una estrella y un showman sin igual, y toda una banda-espectáculo.

Otros momentos álgidos del show eran una colectiva fumada de puerros (manojo vegetal con supuestos efectos lisérgicos) o una lección de inglés imposible, entre excelentes versiones de Duke Ellington o Renato Carosone. Ahora se cumplen 40 años de esos primeros shows y la Orquesta Mondragón se reactiva con un nuevo disco de éxitos regrabados en colaboración de amigos, y una gira. Su propio banquete de bodas.

De la radio al escenario. Javier Gurruchaga (San Sebastián, 1958) nos cuenta sus primeros recuerdos de la formación de la Orquesta Mondragón: «Nos reuníamos en casas de amigos, de manera improvisada, y sobre todo en el programa de Gregorio Gálvez en Radio Popular, Club 44. Le hacían mucha gracia nuestras gamberradas y le debemos mucho a Gregorio. Empezamos ahí a comienzos de 1976, parodiando programas de radio y personajes conocidos. Y como la cosa gustaba, decidimos dar el salto al escenario. Nuestra primera actuación fue donde yo estudié, el colegio de Los Ángeles, en la calle San Juan. Y el 19 de diciembre volvimos a actuar en Marianistas, donde estudió Popocho». Gurruchaga también recuerda que «en ese 1976 fuimos Cheli (José Luis Lanzagorta, uno de los guitarristas de la inicial orquesta, luego componente de Puskarra y La Buena Vida) y yo a ver a los Rolling Stones en su primera visita a Barcelona, nos quedamos deslumbrados y dijimos: Tenemos que hacer algo así a nuestro estilo».

Todo revuelto. Con otros componentes como el guitarrista José María Insausti o el barbudo Jesusorsky ideaban música y sketchs al mismo tiempo. «Teníamos 18 o 19 años, íbamos a ver las películas de Fellini, estábamos pendientes de los maquillajes de Bowie, alucinábamos con los Rolling Stones, con Lindsay Kemp, que yo lo vi en Madrid. Y queríamos hacer un compendio de todo, con un señor pequeñito que hacía de matón, que era Popocho. También nos gustaba la fórmula de Les Luthiers, con charla entre las canciones». Incluso fueron pioneros del multimedia: «Entonces no existían los videoclips, pero nosotros ya hacíamos algo parecido, cortometrajes en 16 mm. que dirigía Fernando Canales y los proyectábamos durante algunas canciones. El cine siempre ha estado muy presente, y hay varias canciones basadas en películas, como ‘Garras humanas’, que en 2013 fue la inspiración para nuestra participación en el cartel de la Semana de Terror, nos gustó mucho hacerlo y quedó bien bonito».

Transgresores. Cuando sólo hacía unos meses que había muerto Franco, los escenarios no estaban habituados a presentar esas cosas. «Ahora sería aún más transgresor, todo se ha edulcorado demasiado, con un humor políticamente correcto. De hecho, tardamos en grabar el primer disco, porque las discográficas no veían qué hacer con todo aquello. Gastábamos mucho dinero en muñecas hinchables, porque siempre se pinchaban, Popocho se cuidaba mucho de que nadie tocara su muñeca, porque luego tenía que andar poniéndole parches. Las comprábamos en Francia, pero muchas cosas de las que usábamos en el escenario las comprábamos en Krinda, la tienda de Reyes Católicos», recuerda Gurruchaga.

La ciudad surrealista. «Había una serie de gente en ese mundo surrealista de San Sebastián en aquel momento que nos ayudó mucho, como el pintor Vicente Ameztoy, el dibujante Juan Carlos Eguillor, Juan Kruz Unzurrunzaga que luego se dedicó a promotor de arte... En 1977, actuamos en el Ku, y ya venía a vernos gente de Bilbao y de otros sitios».

Asalto al Festival de Cine. La foto de Gurruchaga vestido de novia con Popocho subiendo la escalera del Victoria Eugenia, es otro de sus hitos primerizos. «En el Festival de Cine de 1979 estrenamos nuestro primer disco, ‘Muñeca hinchable’, con una actuación en el Príncipe, cuando aún era un teatro. Y montamos nuestro pequeño circo, con Vicente Ameztoy vestido de 'poxpolina' repartiendo flores y con zapatos de tacón como si fuese Judy Garland, yo vestido de novia y Popocho con un helado gigante. La entrada fue triunfal pero la salida fue a la carrera, porque hubo una amenaza de bomba al final del concierto y salimos corriendo. Además, casi se incendia el teatro, porque alguien puso unas velitas que quedaban muy bien pero prendieron en un cortinón. En el concierto estaban Eduardo Haro Ibars, que nos hizo varias letras de ese primer disco, Ivan Zulueta, que había hecho la portada, Carlos Saura que había presentado ‘Mamá cumple cien años’ en el Victoria Eugenia, y también fuimos allí».

Movida antes de la Movida. «A Madrid fuimos por primera vez en 1978. En esa etapa nuestro manager era Santi Ugarte, que nos ayudó mucho, creía en nosotros. Hizo las gestiones para que actuáramos en el teatro de La Comedia. Hubo vascos que vivían en Madrid y fueron pensando que la Orquesta Mondragón tocaría piezas de Sorozabal. Y, claro, vieron a un tío vestido de novia, a un enano con un oso de peluche, y Jaime Stinus tocando la guitarra como un loco, y salieron espantados. Fuimos para cinco días, se fue corriendo la voz y al final llenamos el teatro.

A mal viaje, buena cara. El segundo álbum, ‘Bon Voyage’ (1980), con Gurruchaga vestido de piloto y saludando en portada, nació de una desgracia: «Tuvimos varios accidentes seguidos, en uno chocamos con un camión al ir a Bilbao al aeropuerto, yo me llevé un buen golpe en la cabeza y otros salieron peor parados. Pero dijimos: Vamos a darle la vuelta con una buena dosis de humor negro. Y de ahí salió ‘Viaje con nosotros’, que fue un gran éxito».

El gran circo del rock &roll. Crecía la popularidad del grupo y la dimensión de los shows. Tras discos como ‘Bésame, tonta’ (1982) y ‘Es la guerra’ (1984), el álbum ‘Rock & Roll (1986) dejó constancia de su directo: «Este disco fue también un guiño a la película que hicieron The Rolling Stones con John Lennon, The Who y otros músicos, ese título expresaba muy bien lo que era la Mondragón, el circo, el cabaret, el humor y el rock & roll. La portada la hizo Zumeta, otro pintor vasco maravilloso. Creo que es uno de nuestros mejores discos».

Queridas gordas. Y llegó ‘Ellos las prefieren gordas’ (1987). «La portada era como una Marlene Dietrich inflada y travestida, una foto francesa que vimos por casualidad nos gustó mucho, y la compramos. Luego había un famoso travesti canario que con una amiga nuestra hacían de gordas en el escenario. El disco fue un gran éxito, uno de los que más se vendió de nuestra carrera y llegó a varios países. Ahora cuando hemos estado en México la gente se acuerda mucho de esa canción, y una admiradora se acercó a decirme: «¿Y por qué no tocan ustedes esa canción? A nosotros nos encanta, a toda la familia. Hay que decir que somos todos gordos». Es cierto que no solemos tocar mucho ‘Ellos las prefieren gordas’, aunque junto a ‘Caperucita feroz’ y ‘Viaje con nosotros’ es de las más conocidas.

Descubrir a Colón. «En los 80 nos fue muy bien, en los 90 ya se empezaban a vender menos discos. En esta profesión hay momentos buenos y otros no tanto, y luego yo empecé a alternar la Orquesta con mi actividad televisiva. También me empezaban a llamar más del cine, hice ‘El rey pasmado’ con Imanol Uribe, y ‘Tirano Banderas’, y con las dos me nominaron al Goya... Esto es así, hay que reinventarse continuamente. Entonces hicimos también ‘El huevo de Colón’, en el que Joaquín Sabina colaboró con varias letras». Ahora Gurruchaga combina el doblaje de ‘Buscando a Dory’ con la obra teatral ‘Héroes’ junto a Luis Varela e Iñaki Miramón.

Fundamental Popocho. Nunca ha cantado ni ha tocado instrumentos, pero el genial Popocho con su mímica y sus personajes «ha sido fundamental para la Orquesta Mondragón. «El grupo lo he conducido sobre todo yo con grandes y estupendos músicos, y a Popocho lo hemos tenido mucho tiempo con nosotros, pero también ha habido épocas en que no ha podido ser, por problemas de salud. Ahora está bien y ha estado conmigo en los conciertos que hicimos en México, pero no siempre puede. También hemos reforzado la parte musical, no dependemos tanto del chiste o de la presentación visual». Y ya preparan canciones nuevas para un siguiente disco.
  • El disco: 'Anda suelto Satanás' se publicará en mayo, retomando canciones de la Orquesta en colaboración con Luis Eduardo Aute, Rafa de La Unión, Alejandra Guzmán, los mexicanos Molotov y Moderatto, Nacho García Vega, Vinila Von Bismark, Mago de Oz...
  • La gira: Aún sin fechas concretas, tendrá un inicio en el teatro La Latina de Madrid en mayo. 

 

Javier Gurruchaga y Popotxo entran disfrazados al Victoria Eugenia para promocionar su álbum 'Muñeca hinchable', Festival de Cine de San Sebastián, 1979 //

Recogido en:
Orquesta Mondragón
Andoaingo Jubilatuak, 2017-03-25

http://andoaingojubilatuak.blogspot.com/2017/03/orquesta-mondragon.html
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Y ADEMÁS…
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1975. Pitadas, pateos y otras formas de protesta
Victoria Eugenia, 100 años, 1912-2012

https://www.victoriaeugenia.eus/100urte/laredsocial_historia_1975.html
 
'Muñeca hinchable'. 1979. La Orquesta Mondragón asiste al estreno de 'Mamá cumple cien años' de Carlos Saura para promocionar su primer álbum: 'Muñeca hinchable'. Media hora más tarde tuvieron que huir con lo puesto debido a una amenaza de bomba.